Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Tema 2: Amor (O Love).


Primogénito

"Family is family."

Linda Linney.


«Es mi hijo.»

Oliver tragó en seco y continuó avanzando un paso a la vez, sin poder apartar la vista del bebé que dormía plácidamente en la cuna.

Desde que se enteró de la noticia, se comportó de la manera más despreocupada que pudo mientras se convencía a sí mismo de que aún hacía falta un tiempo para que… se acostumbrara a la idea de que sería padre. Los días se convirtieron en semanas y estas en meses; antes que lo hubiera notado, tuvo que interrumpir su cena con Percy para regresar rápidamente a su apartamento: debía estar para el nacimiento de su primogénito. No tenía ningún inconveniente en tratar con niños pequeños, o con adolescentes que tenían la madurez mental de un niño pequeño, pero su interacción con ellos se limitaba a firmar autógrafos y posar para fotografías.

Era un parte de su profesión que le encantaba, ¿por qué debería ser diferente con este bebé?

«¿Qué hago?»

El niño era tan hermoso: tenía una pequeña mata de pelo marrón con unas pequeñas ondulaciones en las puntas, claramente heredado de Morag; también heredó el color de ojos de su abuelo paterno: una especie de azul que, para él, siempre se vería azul. Morag lo llamó inculto en esa área. Habían recibido un serie de inoportunos consejos de parte de sus respectivos padres: de cómo debían educar al bebé, de que debían preocuparse por enviarlo a una buena escuela antes que fuera a Hogwarts, qué tipo de alimentos adquirir para que el niño gozara de buena salud… La lista seguía y seguía. Lo agobiaba y encabronada a Morag.

Los dos sabían que querían lo mejor para su nieto pero eran demasiado metomentodos.

—También quiero lo mejor para él —admitió en voz baja.

—El sentimiento es mutuo. —Morag le sonrió aunque se oyó un poco adormilada—. Llevo despierta un par de minutos. ¿Tienes miedo?

—¿Yo, miedo? —repitió. Ella asintió—. Supongo que sí.

Era tan extraño. Estaba a un par de centímetros y había un millón de preguntas que le llenaban de inseguridad. Su bebé tenía un par de horas de nacido: era tan pequeño y parecía tan frágil que no se atrevía a cargarlo. Era un guardián pero incluso él dejó caer un par de quaffle antes. Era un error que no quería cometer con… el bebé que necesitaba un nombre. ¡Genial!, ni siquiera eso había hecho. Sacudió la cabeza tratando de serenarse.

¿Desde cuándo dudaba de sus propias decisiones? Era un hecho indiscutible que siempre sabía qué hacer en el campo de juego: sus compañeros confiaban en el razonamiento de Oliver para que encontrara un modo de ganar, incluso en las circunstancias más adversas. Le llevaba la gloria el Puddlemere United. El quidditch era su devoción, su pasión; trabajó arduamente para obtener lo que actualmente poseía: renunció a un montón de cosas en beneficio de su cumplir su sueño.

Por muy cursi sonara, creyó que tenía lo que podría querer hasta que conoció a Morag. O, más bien, se reencontró con Morag. La muchacha no estuvo en el equipo de quidditch de Ravenclaw, así que lógicamente no se interesó en ella durante sus años escolares. Lo más extraño era que su novia tenía un increíble desinterés por los deportes, que Oliver juró y perjuró que sería la causa de que cualquier posible relación con ella estuviera destinada al desastre.

Se equivocó.

Y ahora tenía un bebé.

»¿Algún consejo? —preguntó a su novia.

—No esta vez —respondió. Oliver suspiró—. ¿Qué te parece «Jeremiah»?

—¿Igual que tu padre?

—¿Entonces qué opinas de «Austin»?

—¿Igual que mi padre?

—No soy buena en eso —dijo Morag—. ¿Tienes alguna propuesta? Podría elegir entre uno de los nombres de mis personajes favoritos, pero eso sería cómo preguntarme cuál es mi libro favorito. Nuestro hijo no se merece tener un montón de nombres por culpa de su indecisa madre.

—Darren, Roderick, Randolph, Fabious…

—¿Están relacionados al quidditch?

Oliver se sonrojó ligeramente.

—No.

Morag puso los ojos en blanco.

—Preguntémosle a Lisa o Percy —sugirió ella—. Uno de ellos debe tener una idea aceptable para los dos.

—¿En serio quieres que vivamos en mundo donde uno de ellos ha nombrado a nuestro hijo?

—Eh…

—¿Le pregunto a Blaise?

—¿Estamos desesperados?

—Estamos desesperados.