Demonios
…
(…)
Parece ser que la tranquilidad no tenía cabida aquí.
La paz nunca fue una opción, y menos desde que aquel bello ser llegó a su vida para arruinársela.
Hinata sabía que no debía de enamorarse de alguien como él, a pesar de tener un gran cuerpo del demonio, que literal lo era, no podía caer en sus encantos. Ni mucho menos con alguien de un nivel superior a ella.
Hinata sólo era una demonio más, en aquel Inframundo y su amor era el mandamás de aquel infierno.
Naruto, era aquel que controlaba todo, junto a sus dos secuaces, Sasuke y Shikamaru. Ambos inflingian el terror por dónde quiera que pasaban.
Se le conocía , a aquel rubio sensual y de ojos rojos como la sangre, por su ambición de querer tenerlo todo. Si le gustaba a alguna mujer que pasará por ahí, hermosa y con gracia, la seducía y se metía con ella, porque sabía que todas caerían redonditas a sus pies.
Hinata no creía posible, además, que el maldito amor existiera ahí, en un infierno donde, lo que más reinaba era el terror, el horror y la destrucción como tal. Era un mundo donde ni un solo ángel se atrevería a pisar el suelo que hasta te quemaba por completo.
Y no creía, mucho menos posible el hecho de que su amor de siempre haya sido el demonio más temible del infierno, aquel demonio que te torturaba de cualquier manera posible.
Pero ahí estaba, Hinata se encontraba frustrada y con el corazón inflado de amor por Naruto. Su colita daba vueltas y vueltas mientras un aura rosada la rodeaba. No podía dejar de pensar en su amor. Y requería hacer algo para poder olvidarlo, porque sabía que sería imposible que el se fijara en ella como algo mas que un simple objeto sexual.
Era difícil esto de ser un demonio, y a pesar de serlo ella no era tan despiadada como otros. Pero le daba igual, mientras no lastimara a nadie, todo estaría bien y en orden.
Las majestuosas alas que cubrían la espalda de Naruto se abrían majestuosas mientras sobrevolaba por ahí, disfrutando del caos y destrucción del lugar. En eso, durante su viaje, vislumbró una cabellera azulada, de un tono muy oscuro, pero lo que le interesó fue esa aura rara que la rodeaba. Sin más, bajó a su lado, curioso de aquel suceso.
—Hola.
Hinata se sobresaltó, saliendo de sus oscuros pensamientos y subió la cabeza, creyendo que todo esto era un sueño suyo, aunque no pudiera dormir realmente, pero lo parecía.
—H-hola.
—Oye, no pude evitar ver, mientras hacía mi rutina diaria, que tú estabas rodeada de un aura especial.—Se relamió los labios interesado, le parecía muy sexy con ese cuerpo de infarto cubierto de piel roja como la sangre, su cola se enredaba a su cuerpo dándole un toque sensual a su figura femenina, y sus cuernos la hacían ver majestuosa.
"La quiero toda para mí"
—Ah, ¿Le pareció eso, señor? Han de haber sido imaginaciones suyas. Yo no podría tener un aura así, y mucho menos una demonio como yo.— Dijo Hinata tratando de que no viera lo nerviosa que estaba y dándole Miles de vueltas para que se fuera. No creía que su corazón fuera capaz de resistir más su hermosa y magnífica presencia.
—¿Segura?—Preguntó Naruto enarcando una ceja, dando a saber que no creía nada de lo que decía.
"Oh, ¿Por qué es tan sexy?"
—S-si. Estoy segura, señor.
—Oh, pero no me llames de señor, por favor. Dime, por mi nombre, Naruto está bien, ¿De acuerdo?
—De acuerdo, Naruto…Kun
A Naruto no le gustó eso, pero, ya que se le iba a hacer.
Hinata no podía creer que el demonio de demonios estuviera ahora con ella, haciéndole plática, en vez de irse a hacer asuntos más importantes. Además no quería que se metiera en su cabeza y supiera su secreto.
Ahí, en todo el infierno, se sabía que Naruto tenía el poder absoluto de todo y unos poderes enormes. Y su mayor cualidad era la de leer mentes, ya que así sabía si lo traicionaban o no.
Así que Hinata trataba de no verlo tanto a los ojos, porque con una sola miradita a esos orbes inyectados en sangre ,sería su perdición.
—Oye, por cierto, no sé tu nombre aún. Todos saben el mío, pero yo no sé el tuyo. Dímelo.—Pidió, más bien ordenó.
—Hinata.—Seca le respondió, sin verlo aún a los ojos.
—Oye pero, ¿podrías mirarme a la cara? Me siento incómodo si tienes la mirada baja, como si me tuvieras miedo o algo. No te voy a morder.
"Aunque quisiera hacerlo"
Hinata se tensó, no quería hacerlo, pero su imponente aura era demasiado fuerte para soportarlo. Así que lo hizo, lento y con un poco de miedo.
Sus ojos dieron de lleno con los de Naruto. Y quedó prendada de ellos al instante. No sabía que tenía el poder de no quitarle la mirada para nada.
Tenía unas pestañas largas y gruesas, éstas cuidaban aquellos ojos grandes y de un extraño color vino, raro entre los demonios. Pero le gustaron. Naruto, al tener esos ojos viéndolo fijo, algo en su ser se movió, sintió una extraña punzada en el lado izquierdo del pecho.
"Esto no puede ser verdad"
Naruto había quedado enamorado al instante de Hinata con solo verla a los ojos.
Sabía que era muy difícil que un ser del infierno se enamorara, pero recordó las palabras que alguna vez le dijeron:
Encontrarás, muy pronto a tu amor, y no podrás evitar enamorarte de ella. Te darás cuenta cuando sientas un pinchazo en el pecho y que los ojos de tu amor sean de color vino. No rojo carmesí, como los tuyos. El color vino representa el amor y una pasión profunda. Y ahí te darás cuenta de quién es tu media naranja.
"Me lleva"
No podía creerlo, no quería creerlo.
¡Naruto, el demonio más temido por todo el infierno se había enamorado!
(…)
Muy bien, me gustó mucho escribir este tema uwu
Espero que les haya gustado.
