Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Resistiéndose Al Amor
By Rossy Castaneda
Capítulo Uno
Lord Terrence Grantchester estaba harto de todo, a sus 23 años su padre no paraba de recordarle que estaba en edad para contraer nupcias y procrear el heredero que aseguraría la sucesión del Ducado de Grantchester.
Según su padre, Lady Susana Marlowe era la candidata ideal, hermosa, culta, sumisa y un sin número de tonterías que a él no le interesaba en lo mas mínimo.
Desde la noche que asistió a la presentación de la muchacha, y de eso habían pasado ya 4 años, Lady Susana se presentaba con cualquier excusa a casa de sus padres, cada vez que él llegaba de vacaciones tras un estresante año de estudios, y ahora que había regresado a casa, las visitas de la muchacha era con mayor frecuencia. Aquella actitud lo tenia exasperado; amaba su libertad, su independencia y no se le apetecía perderla por nada ni por nadie, no por el momento. ¡Por Dios! Su vida apenas comenzaba como para atarla a alguien tan asfixiante como aquella joven.
Gracias a Dios, contaba con el apoyo de su madre, a quien tampoco le agrada la melosidad de aquella jovencita.
Con la complicidad de su madre, logró escabullirse de Londres, y se dirigió a Escocia, para pasar una temporada en casa de sus amigos Albert y Anthony a quienes no veía desde hacía un par de años.
Miró por la ventana del carruaje en donde iba abordo, se maravilló al ver la belleza de aquel lugar, sin duda alguna, las praderas Escocesas serian el lugar ideal para aminorar el estrés de los últimos años. Haría lo que fuera por retrasar su retorno a Londres.
Luego de salir del carruaje, Lord Terrence Grantchester flexionó su cuerpo en un intento por relajar sus maltratados músculos.
Sus brazos dolían como si de pronto hubiese cargado un gran roca.
Con el andar elegante y seguro que lo caracterizaba, emprendió la marcha hasta la puerta de entrada, esta se abrió antes que el tocara siquiera.
—Buenas tardes Milord —saludó con una leve reverencia, quien Terry imaginó era el mayordomo.
—Buenas tardes —mostró una sonrisa —soy Lord Terrence Grantchester y he venido a visitar a Lord Albert y Lord Anthony Ardley, ¿se encuentran en casa? —preguntó.
—Solo uno de ellos —respondió el hombre mayor —pase por favor, Lord Albert se encuentra en la biblioteca con su administrador discutiendo algunos asuntos.
Terry siguió al hombre hasta la sala de estar.
—Póngase cómodo, está en su casa —le indicó el mayordomo —le avisaré a Lord Albert que usted aguarda por él —sonrió —antes de retirarme, le ofrezco algo de comer o beber, té, galletas? —preguntó de manera amable.
—Estoy bien, pero se lo agradezco —Terry sonrió.
Cuando se quedó solo, Terry echó un vistazo a todo el lugar. Era elegante, fino y adornado apropiadamente, sin duda las manos femeninas habían obrado magia en aquel lugar, se podía respirar paz en cada rincón.
De manera despreocupada, Terry se dejó caer en una de las sillas que adornaba aquel lugar, estiró sus largas piernas y apoyó su espalda en la cómoda silla, colocó sus dos manos detrás de su nuca, cerró sus ojos, y dejó escapar un silbido de despreocupación.
El llamado de atención de alguien hizo que Terry abriera los ojos de golpe.
—Es notorio que usted posee una buena adecuación —dijo mirándolo de pies a cabeza —como para mostrar ese comportamiento tan inusual —Las cejas de la mujer se fruncieron en un gesto de desaprobación a su desfachatez.
—Disculpe —musitó sonrojándose de vergüenza al ser pillado de aquella manera —no ha sido mi intensión ofenderla en ninguna manera milady —alzó el rostro buscando el lugar de donde provenía la voz, pero no miró nada —he venido a visitar a Lord Albert y Lord Anthony y el mayordomo me ha dicho que me ponga cómodo que estaba en mi casa y eso es lo que he hecho —respondió recuperando su aplomo.
—Pero eso no lo disculpa ante su comportamiento, ¿a caso no le han enseñado que debe pedir permiso antes de entrar a un lugar y saludar como se debe a una dama?
Terry barrió con la mirada una vez mas la sala de estar, sus ojos se abrieron como platos al ver la figura seria de una mujer mayor que se puso de pie de una silla ubicada en un punto oscuro de la sala de estar, a quien Terry la identificó inmediatamente. Se puso de pie como impulsado por un resorte, tras erguir su postura en una pose correcta correspondiente a su título, dijo:
—Milady, es un placer conocerle en persona —soy Lord Terrence Grantchester —se presentó con una reverencia, y depositando un beso en el dorso de la mano de la dama frente a él de manera galante.
—¿Lord Terrence Grantchester, ha dicho?. —la mujer suavizo sus facciones —Mi sobrino no me aviso que venía —se apresuró a decir —siempre es agradable recibir en casa a los invitados de Albert y Anthony y mas cuando se trata de su mejor amigo. Ellos han hablado mucho de usted, Albert dijo que fue una verdadera pena que se conocieran mientras él terminaba su ultimo año en Eton y de eso ya han pasado algunos años.
—Siete para ser exactos —respondió Terry con una sonrisa.
Ambos se enfrascaron en una charla hasta que la voz de Albert los interrumpió.
—Terry, amigo, ¿a que o mejor dicho a quien le debo el honor de que te hayas dignado a visitarme después de tantos años?
—Hola Albert, también me da gusto verte —respondió sarcástico.
Jajajaja —Albert rió —hay cosas que nunca cambian —se acercó a él y lo abrazó fraternalmente —Veo que ya has conocido a Tia Elroy —Albert abrazó a la anciana mujer.
Terry asintió.
—Así es —sonrió avergonzado —aunque me temo que nuestra introducción no fue de las mejores.
Albert rió —puedo imaginarlo —dijo al recordar el insolente y rebelde chico que solía ser Terry en el pasado.
—Imagino que tendrán muchas cosas de que hablar —dijo Lady Elroy —Los dejare a solas —hizo un venia antes de retirarse —fue un placer conocerle Milord.
—El placer fue todo mío, Milady —Terry devolvió el gesto y depositó un beso en el dorso de su enguantada mano.
Tan pronto la mujer desapareció de la vista de ambos, Albert le indicó a Terry que lo acompañara a la biblioteca.
—¿Te ofrezco algo de beber?
—No, estoy bien así, gracias.
—No sabes la alegría que me da verte después de tanto tiempo, aun cuando hemos mantenido la comunicación a través de las misivas que hemos compartido durante todos estos años —Suspiró —sin duda tu presencia en este lugar será de gran ayuda en estos mementos.
—¡Ah si! —Terry achicó los ojos —¿Por algún motivo en especial? —preguntó.
Albert suspiró
—Necesito tu ayuda para con mi pequeña hermana, hace un tiempo que está actuando muy extraño.
A través de las cartas que compartían, Terry tenia conocimiento que Albert tenía a parte de Anthony una pequeña hermana de quien solo conocía su nombre.
Por la manera como Albert se refería a ella, Terry imaginaba que se trataba de una pequeña niña de unos 13 años cuanto más.
—Albert, no deberías de preocuparte tanto, es natural que los chicos sufran cambios de comportamiento a cierta edad.
—Pero mi pequeña era muy alegre —se quedó pensando —sabes desde que Anthony partió a Londres hace algunos días para resolver algunos asuntos, mi pequeña Candy no ha querido salir de su habitación y cuando lo hace, se niega a hablar.
—Ahí lo tienes —respondió Terry —tal vez a tu pequeña hermana le ha afectado separarse de su hermano, son muy unidos ¿no?
—Si lo son, de echo Anthony le consiente todo —suspiró —bueno al decir verdad todos en casa lo hacemos —sonrió —Candy era la alegría de esta casa.
—¿Era?, ¿es que acaso ya no lo es?
Albert suspiró
—Como te decía, hace 2 años que no es la misma, Anthony solía siempre acompañarla a todas partes, pero una tarde él no lo hizo y ella fue sola y cuando regresó algo había cambiado en ella, y tengo miedo que le haya pasado algo.
—¿Como? ¿y su institutriz no la acompaño? —preguntó Terry con sorpresa.
—¿Institutriz? —Candy no necesita de ninguna institutriz.
—¿Como? —Preguntó —en tus cartas me has dicho que decidiste no enviarla mas al colegio y que sería instruida en casa.
—Así es —respondió Albert —pero ha crecido y no lo necesita más.
—Albert, una niña de 13 años necesita ser instruida.
Albert comenzó a reír.
—¿Que te parece tan gracioso? —Terry frunció el ceño.
—Tu lo eres —Albert se aclaró la garganta al ver el ceño fruncido de su amigo —es decir tu comentario lo es —aclaró —¿de donde sacas que Candy tiene 13 años?
—De ti —respondió el joven Inglés —en tus cartas te refieres a ella como mi pequeña hermana todo el tiempo y has dicho que es la menor de los tres.
—Si lo he hecho —reconoció el rubio —porque así la llamo de cariño —sonrió —Candy es una joven de 22 años.
Los ojos de Terry se abrieron como platos.. ¿22 años?—todas sus alarmas se activaron.
¿Y si la hermana de Albert era la típica jovencita que abanicaba sus pestañas cuando lo veían?...¡Ay no! Aquello en vez de vacaciones seria sin duda la pero de sus pesadilla, había huido de Londres por esa razón..¿que se suponía que haría ahora? ..pero...un momento...Su amigo había dicho que la joven "era" muy alegre hasta hace unos días, luego de su regreso del rio, así que sin duda algo había pasado.
—Sabes Terry, mi padre murió 1 año después que yo regresé a casa , mi madre se veía bien fisicamente y podía mantener una conversación fluida y de pronto todo cambio —sus ojos se entristecieron —ella supo ocultar muy bien su verdadero sentir, ya habían pasado seis meses desde el deceso de mi padre cuando enfermó. Parecía como si de pronto hubiera perdido el deseo de vivir.
Albert cerró los ojos
—Yo no estaba preparado para enfrentar aquella situación, todo fue tan rápido. Mi madre se veía tan mal y supe entonces que Anthony y Candy tenían que regresar a casa, a pesar de mis esfuerzos por que los chicos llegaron a tiempo para despedirse de ella, todo fue inútil. Mi madre respiraba con dificultad y no aguantó mucho. Antes de morir, me hizo prometerle que cuidaría de mis hermanos en especial de su pequeña Candy, en su lecho de muerte me pidió que no la enviara mas a aquel colegio y así lo hice desde que Candy tenía 16 años, he cuidado de ella como el mas preciado tesoro, por esa razón me preocupa que le haya pasado algo la tarde que regreso del parque.
Escuchar aquella parte de la historia de su amigo, la cual Terry desconocía aún cuando mantuvieron comunicaciones, hizo que al joven aristócrata se le escogiera el corazón, Albert era definitivamente alguien sorprendente. Ahora era cuando Terry comprendía muchas cosas. Por aquellos años, Anthony había recibido una carta y luego dejó el colegio, para cuando regresó, era otro...siempre cayado y ausente.
—¿Fue esa la razón por la cual Antony cambió tanto, aquellos años?.
—Si —respondió Albert —Tía Elroy y yo tratamos de persuadirlo que no regresara a Eton por ese año, pero él se negó, dijo que si permanecía en casa no superaría la partida de nuestra madre, Candy en cambio, luego de saber que la última voluntad de nuestra madre fue que ella ya no regresara al colegio, a pesar del dolor de la ausencia de mamá le provocó, permaneció en casa. Cuando cumplió los 18 años se negó a viajar a Londres para su presentación pero hace dos años finalmente aceptó hacerlo, viajamos junto a Tia Elroy, todo estaba preparado para su presentación en sociedad, pero dos días antes de que eso sucediera, dijo que no quería estar un día mas en Londres y tuvimos que regresar a Escocia y desde entonces se ha negado a ir a Londres y ser presentada en sociedad como es debido..
Vaya, aquello si que era una verdadera sorpresa para Terry, pero no mostró su asombro, supo ocultarlo perfectamente en su máscara aristocrática.
—Comprendo —musitó Terry —dime una cosa Albert ¿no le han preguntado a tu hermana que pasó esa tarde?
—Ya lo hicimos —suspiró —he perdido la cuenta de la cantidad de veces que tanto mi Tia, Anthony y yo le hemos preguntado y se niega a decir una sola palabra.
Terry tocó su barbilla
—Me dijiste hace unos minutos atrás que mi presencia en este lugar será de gran ayuda en estos mementos, dime, ¿como puedo ayudarte?
—Acercándote a Candy, gánate su confianza, sé que puedes hacerlo..
—¿Por que estas tan seguro de ello?
—Porque te conozco lo suficiente, y sé que tienes la capacidad de convencer a cualquiera.
—Pero si no lo ha hecho con ninguno de ustedes, ¿por que habría de hacerlo conmigo?
—Candy es muy parecida a ti, y sé que cuando logres romper esa coraza en la que ha decido esconderse durante estos últimos días, se convertirán en grandes amigos.
Terry no estaba tan seguro de aquello, si la muchacha era parecida a él como Albert aseguraba, uno de ellos terminaría en el fondo del rio, o ambos acabarían sacándose los ojos.
Unos toques a la puerta hicieron que Terry saliera de sus pensamientos.
Sus verde azules ojos se fijaron en la figura de la joven que acababa de ingresar a la biblioteca junto a Lady Elroy y otra mujer mayor de aspecto robusto. A sus cortos años de vida había visto muchas jóvenes hermosas, Lady Susana entre ellas, pero la joven que estaba frente a él las superaba por mucho a todas, era una verdadera belleza no solo Escocesa sino de toda Europa. Su vestido era sin lugar a duda digno de una reina, enmarcaba tan perfectamente su pequeña cintura, su pechos resaltaban.
Ante el escrutinio de Terry, la joven bajó el rostro.
—Pequeña, te presento a Lord Terrence Grantchester, un viejo amigo de Anthony y mío, ha venido de Londres para pasar unos días con nosotros.
Lady Elroy se vio obligada a intervenir al ver que la joven no respondió y ladeó el rostro negándose a mirar al desconocido.
—Lo lamento Milord —Lady Elroy se disculpó —no le gusta hablar frente a extraños.
—Descuide Milady, Albert me ha puesto al tanto —Terry dio un paso al frente —Un placer conocerle Lady Candice —musitó tomando su enguantada mano y depositando un beso de cortesía en el dorso de esta.
Ella alzó levemente el rostro, regalándole a Terry la oprtunidad de ver el verde de su ojos.
Terry sintió que la mano de ella tembló, pero no tuvo tiempo de comprobar si realmente lo hacia, ya que Lady Candice removió la mano inmediatamente, hizo una leve reverencia y salió casi corriendo de aquel lugar.
Continuará...
