Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Resistiéndose Al Amor
By Rossy Castaneda
Capítulo Dos
La belleza de aquella joven rubia, cautivo a Terry, pero el verde de sus ojos carentes de brillos y entristecidos, le dejaron claro que ella escondía una algo detrás de aquella mirada.
Y ahora que lo pensaba, ¿como era posible que una muchacha tan hermosa como ella se negara a ser presentada en sociedad?
¡Por Dios! —otras en su lugar estarían ansiosas por hacerlo, pero ella simplemente se negaba, pero...¿por que? —¿era acaso que al igual que él no quería perder su preciada libertad? —No lo sabía, pero lo investigaría y pronto.
—Creo que por hoy, ordenaré a Dorothy que suba la cena de Candice a su recamara —dijo Lady Elroy dirigiendo su mirada a la segunda mujer que las acompañaba —Pony permanezca con ella.
Paulina Giddings era una de las más antiguas empleadas de la Villa Ardley, una señora de edad avanzada, pero con un carácter suave y la sonrisa mas dulce que alguien de su edad pudiera mostrar. En el pasado había sido la mucama de Lady Priscilla White cuando esta era soltera y cuando la joven se casó con Lord William Ardley, se convirtió en la niñera de cada uno de los bebes que su joven patrona procreó.
Albert esbozó una leve sonrisa.
—Gracias Tía, Gracias nana Pony.
—Una vez mas, le ofrezco una disculpa milord —Lady Elroy hizo una reverencia y salió tras Candy y Pony.
Terry se les quedó mirando hasta que desaparecieron de su campo visual y fue entonces que cayó en cuenta que no había escuchado la voz de la joven.
¿Sería posible que el timbre de su voz era tan espantoso para negarse a hablar? Lo duda, pero en su vida había visto y escuchado de todo —sonrió para sus adentros al recordar la voz grave de Lady Flammy una joven que conoció en el baile de presentación de Lady Susana, la chica tenía un vozarrón como el de un comandante de la guardia de sus majestad —hizo una mueca mental al recordar la voz de Lady Susana, tan aguda y molesta al igual que la de su amiga Lady Elisa..¡Por Dios! La muchacha tenia una espantoso voz nasal, era como si de pronto mantuviera un broche de manera permanente en su nariz —se mordió el labio al recordar a la voz de Lady Karen quien parecía una cacatua que hablaba hasta por lo codos —suspiró al recordar la voz pausada de Lady Patricia y la dulce, suave y armónica voz de Lady Annie.
—¿Siempre se ha comportado de esa manera?
—No —respondió el rubio —ha empezado con ese comportamiento desde nuestro regreso de Londres y se niega a decir una sola palabra, y su mutismo aumenta cuando hay algún desconocido entre nosotros, ¿entiendes ahora mi preocupación?
Terry asintió.
—Hablaré con ella para que no te vea como tal.
Terry estaba acostumbrado al asedio de las jovencitas quienes se alebrestaban y se arremolinaban a su alrededor abanicando sus pestañas y haciendo lo que fuera por llamar su atención cuando él hacia su arribo a algún salon de baile, aquella actitud, era la causante principal por la cual se encontraba en Escocia. En otras circunstancias le hubiese encantado el que la muchacha le diera aquel trato, pero ella lo tuvo para ella sola y lo había ignorado por completo, su orgullo masculino se vio afectado.
Si antes estaba dispuesto a ayudar a su amigo con su "pequeña hermana", ahora que había conocido a la joven, su disposición aumentó. no es que le interesara por el momento casarse, pero, tal vez y sola tal vez las cosas podían cambiar durante su estadía en Escocia. —Sacudió la cabeza para ahuyentar aquellos pensamientos, él no quería perder su preciada soltería o ¿si?
—No la forces a hacer algo que no desea de momento Albert, como bien me lo pediste antes, permíteme a mi, acercarme a ella, ganarme su confianza y luego ya veremos que sucede.
Minutitos mas tarde Lady Elroy se les unió en el comedor. Tia y sobrino le decían algo, más Terry estaba inmerso en sus pensamientos, realmente los ojos de Lady Candice tenían un claro indicio que ocultaba algo y que él por supuesto iba a descubrir costara lo que le costara.
Tras culminar la cena y ponerse al día, Terry fue guiado por Dorothy a la habitación que le fue asignada, con la esperanza de ver aunque sea de lejos a la joven, pero no corrió con suerte.
Varios días después...
Terry no había visto nuevamente a Lady Candice, aquello era por demás extraño para él, pues..¿como era posible que viviendo bajo el mismo techo no se cruzaran ni por un instante siquiera? ¿Era tan desagradable su presencia para la "pequeña hermana" de sus amigos ? Aquello era ilógico, no había otra manera de llamarlo, pues ¿como alguien podía saber si una persona era o no agradable sin cruzar una sola palabra con esta siquiera?
—¿Tu hermana nunca sale de su habitación? —Se atrevió a preguntar Terry mientras cabalgaba junto a su amigo.
—Si lo hace —respondió el rubio con una media sonrisa —¿recuerdas que te dije que suele no hacerlo cuando hay personas extrañas?
Claro que lo hacía, al igual que recordaba cada una de las cosas que Albert le había dicho sobre como solía ser y la rutina que ella hacía cada día antes de aquella maldita tarde.
—Pero ya he estado en tu casa por dos semanas ¿no es a caso ese el tiempo suficiente para que deje de considerarme un extraño?
Albert se encogió de hombros.
—Te advertí que ella y tu tienen el mismo carácter —Albert rió entre dientes —Candy es al igual que tu, mas terca que una mula.
—Asi que crees que soy un terco ¡eh! —pues te mostraré lo que es serlo realmente —se detuvo y miró a Albert —claro, si tu me lo permites.
—Si lo que tienes en mente hacer, ayudará a que Candy vuelva a ser la misma de antes, adelante, tienes no solo mi permiso, tienes mi apoyo y mi ayuda —entrecerró los ojos —y ¿Po que no? Tienes también mi bendición —rió al ver el rostro de sorpresa de Terry.
A la mañana siguiente, tal y como Candy se lo pidió, Pony llegó a la habitación de Lady Candice para prepararle el baño, vestirla y peinar sus cabellos.
El día era espléndido, como para dar un paseo a caballo, algo que desde hacía mucho tiempo no hacía, pero que le apeteció hacer esa mañana. Sería una cabalgata rápida y regresaría antes que todos despertaran.
A pesar de lo extraño de la situación, Pony sintió un atisbos de felicidad al ver que su pequeña Candy montando sobre Cleopatra. Aquello era sin duda una buena señal.
Terry se despertó mas temprano de lo usual, tras tomar su baño y ataviarse, se dirigió al comedor. Creyéndose solo, el joven Ingles estaba a punto de lanzar un silbido despreocupado cuando las vio.
Candy sabía de sobra que Albert, la Tia Elroy y el amigo de su hermano, bajaban a tomar el desayuno a las 8 de la mañana, razón por la cual luego de su corta cabalgata decidió tomar su desayuno y subir luego a su habitación de donde no planeaba salir por el resto del día, pero no contaba con que el invitado de su hermano bajaría antes de la hora para tomar el desayuno.
—Buenos días Lady Candice —saludó Terry con una sonrisa —lamento mucho irrumpir en su espacio.
Ante la falta de respuesta, Terry se dirigió a la mujer mayor.
—Buenos días Miss. Pony —le dirigió una sonrisa amable —en vista que anoche no fue posible que nos presentarnos apropiadamente, lo haré ahora mismo —mi nombre es Lord Terrence Grantchester soy amigo de Lord Albert y Lord Anthony —Terry tomó su mano y besó el dorso de esta, provocando que la mujer se sonrojara.
—Encanta de conocerle Milord —Pony sonrió —¿gusta acompañarnos? —mostró la silla junto a Candy.
—Lo haré si no es un incordio para Lady Candice.
—Por supuesto que no lo es —respondió Pony ganándose una mirada fulminante de Candy —será un placer contar con su compañía —Pony le guiñó un ojo cómplice —¿no es así Candy? La susodicha la miraba con ojos muy abiertos, pero sin decir una sola palabra asintió con la cabeza y le indicó a Terry que tomara asiento junto a ella.
Terry sonrió para sus adentros, sin proponérselo, notó que en Pony tenía un aliado más
Terry 2, Lady Candice 0 —su yo interno dijo entre risillas. Este juego recién comenzaba y estaba seguro que él sería el vencedor. Una arrogante sonrisa se dibujó en sus labios al tiempo que ocupaba su lugar.
—¿Piensa quedarse mas tiempo milord? —preguntó Pony con una cálida sonrisa.
—Todo depende —respondió Terry dejando de lado el tenedor.
—¿De que? —preguntó la curiosa Pony.
—De que cumpla la meta que me he propuesto —respondió Terry metiendo a su boca un trozo de pan y comenzó a masticarlo.
—Espero que no sea pronto —una pícara Pony musitó mirando a Lady Candice quien estaba mas tiesa que un trozo de mármol.
—¿Por qué ? —preguntó Terry con extrañeza.
—Porque me había hecho a la idea que tal vez usted podría ser una excelente compañía para mi niña —soltó la picara mujer ocultando una sonrisa al ver los ojos súper abiertos de Candy y el ataque de tos que Terry presentó.
—¡Pony!
Los oídos de Terry se maravillaron al escuchar por primera vez la dulce voz de Lady Candice la cual se asemejaba al canto de un ruiseñor, pero el encanto le duró poco ya que por la impresión, se atragantó con el sorbo de té que tomaba.
—¿Se siente bien milord? —Pony se puso de pie y le propinó golpecitos en la espalda.
—Si, si —respondió el joven Inglés tras recuperarse.
Pony le mostró una dulce sonrisa
—Como le decía...espero que su estancia es Escocia sea suficiente para que ...
—Basta Pony
Terry giró el rostro al percatarse que Lady Candice se había puesto de pie, con las mejillas sonrojadas y se preparaba para retirarse.
—Vuelve a tomar tu lugar Candice —la voz autoritaria de Lady Elroy se escuchó en el comedor.
—Ya he terminado mi desayuno —respondió la joven bajando el rostro.
—No lo has hecho aun —Replicó la mujer mayor mirando el plato aun lleno —y es de muy mala educación retirarse de la manera como pretendes hacerlo...¿Que pensará nuestro invitado? —la retó.
—Pero se me ha ido el apetito —respondió la joven dirigiendo una mirada suplicante a su hermano mayor.
—Mi tia tiene razón pequeña, no es propio que te marches en la manera que pretendías.
Para mala suerte de Terry la discusión terminó, y con ello el placer de seguir escuchando la dulce voz de Lady Candice.
El habiente en la mesa se suavizó luego de unos minutos.
—Pony —Lady Elroy se dirigió ella —podrías decirme, ¿ Cual es la razón por la que Candice pretendía marcharse del comedor?
A pesar de la mirada suplicante de Candy, la cual ignoró, Pony respondió con toda la naturalidad y confianza que le permitían los años trabajando para los Ardley quienes a su vez la consideraban parte de la familia.
—Le decía a Lord Terrence que sería agradable que su estancia en esta casa se prolongara un poco ya que creo que él seria una agradable compañía para mi pequeña Candy.
—Me parece una excelente idea —dijo Lady Elroy mirando a Candy y luego a Terry —claro, siempre y cuando usted este dispuesto a hacerlo, Milord —Lady Elroy le dirigió una mirada de advertencia a Candy, una que no daba lugar a réplica.
—Yo estaré encantado de hacerlo, Milady, pero es Lady Candice quien debe decidir si desea o no mi compañía —le dirigió una sonrisa.
Los ojos de Candy se abrieron como platos...—¡Por Dios! ¿Era acaso que todos se habían confabulado en su contra?
Giro su rostro para buscar apoyo en su hermano, sin duda él no le fallaría...—Albert jamás le había impuesto nada que ella no quisiese y estaba segura que esta no seria la excepción...pero Lady Candice aprendería que siempre existía una primera vez y lo que escuchó se lo demostró.
—Claro que querrá —intervino Albert —¿no es así pequeña?
La mandíbula de Candy se desencajó y estuvo a punto de pedir las sales ya que se sintió ligeramente mareada. Nada la había preparado para algo así, ¡por Dios! —había evitado a aquel hombre por últimas dos semanas y ahora su nana Pony quien se suponía cuidaba de ella, su Tia Elroy, quien la había mimado tanto los últimos años y su hermano mayor quien siempre le permitió tomar sus propias decisiones la estaban enviando a las mismísimas garras del depredador..¡Por Dios del cielo! ¿Seria posible que si Anthony estuviera presente en ése momento le daría también la espalda?
—Yo también creo que Terry será una excelente compañía para ti.
Todos se giraron para encontrarse con un sonriente Anthony.
Ahora sí, Candy necesitaba con urgencia las sales aromáticas.
Terry sonrió para sus adentros.
Terry 4, Lady Candice 0 —su yo interno dijo triunfante antes de ponerse en pie e ir a saludar a su recién llegado amigo.
Continuará...
