Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Resistiéndose Al Amor
By Rossy Castaneda
Capítulo Tres
Con la llegada de Anthony, permanecieron en el comedor por un poco mas de tiempo. Mientras el recién llegado los ponía al tanto de algunos asuntos que lo llevaron a Londres, Terry observó detenidamente a Lady Candice quien se había movido de lugar para estar cerca de Anthony.
Observó como su rizada y dorada cabellera en contraste con su blanca piel le daban una aire angelical.
Cuando por fin Anthony terminó de hablar, el silencio reinó entre todos los presentes por unos minutos hasta que Terry lo irrumpió.
—Los jardines de este lugar son preciosos —sonrió —¿Lady Candice le importaría acompañarme?
Lady Candice apretó los labios y se puso rígida, realmente deseaba que él se hubiese olvidado de la locura de pasar tiempo con ella.
—Ve Candy, nadie mejor que tu para mostrarle nuestros jardines a Terry —la animó Anthony.
Lady Candice alzó el rostro y fijo sus esmeraldas en los azules profundos de Terry.
Terry fingió desinterés, cuando en realidad tuvo que contener la respiración para no emitir un sonoro suspiro, por la manera como ella lo miraba sin pestañear siquiera, pero vio en su mirada temor.
—El día es hermoso y soleado, no te vendrá mal una caminata mi niña.
Candy se giró y miró a Pony con los ojos muy abiertos, la mujer en cambio le mostró una un guiño de ojo.
Terry le ofreció su brazo y Candy no tuvo mas remedio que aceptarlo o terminarían reprendiéndola; pero no pronunció palabra mientras salían de la Villa.
—Veo que no es muy conversadora con las personas que no conoce milady —Terry la miró de re ojo —no importa, yo hablaré por los dos.
Candy quiso apartarse de su brazo pero Terry fue mas rápido y no se lo permitió.
—No tiene razón para verme como un desconocido, como se habrá dado cuenta soy amigo de sus hermanos y como tal me pongo a su disposición, en mi puede encontrar un buen amigo en quien confiar. Desconozco la razón por la cual dejó de ser quien antes era, pero debe saber que su familia está muy preocupada por usted y harían lo que fuera porque usted volviera a ser la misma que fue en el pasado.
Al no ver ninguna reacción en ella, Terry enarcó una ceja.
No es que fuera pretencioso, pero por lo general las jóvenes de su edad abanicaban sus pestañas cuando estaban frente a él y hacían lo que fuera para llamar su atención, pero Lady Candice no mostraba ni una sola reacción. "¿O él estaba perdiendo encanto, o la joven frente a el era una inmune a estos?". La verdad no podía saberlo ni tenía el tiempo de averiguarlo de momento ya que él estaba completamente deslumbrado por su belleza. ¿Quien lo diría? Salió de Londres para tener un poco de respiro de la cabeza hueca de Lady Susana que no lo dejaba ni respirar y ahora estaba ahí atrapado en aquella verde mirada que escondía algo.
—Creo que ya es tiempo de regresar a casa, no es bueno para mi piel exponerla tanto al sol.
¡Uf!, el sonido de su voz fue música a los oídos de Terry..—¡Por Dios! ¿Que estaba pasando con él?, sintió deseos de envolver a aquella joven entre sus brazos —¿era acaso que el cazador estaba siendo cazado? —sonrió para sus adentros —Lady Candice 1 Terry 4 —pensó.
Mientras caminaban de regreso a casa, Terry observaba cada cierto tiempo a Lady Candice, notó como ella aparentaba una tranquilidad que estaba lejos de sentir, pues el temblor de su brazo la delataba
Candy ingresó a su recámara en donde se dejó caer sobre la amplia cama y dejó escapar un sonoro suspiro que pretendía ser de alivio.
—Al parecer la pasaste muy bien... ¿quien no lo haría, con ese apuesto Inglés.?
—Nana —Candy se levantó como impulsada por un resorte —me asustaste.
Pony sonrió
—Parecías como si estabas metida en una burbuja cuando ingresaste, estuve a punto de ir el por el viejo violin y tacar junto a tu cama —se burló.
—Eso no es cierto, si suspiré no fue precisamente por lo que imaginas sino de cansancio —intentó defenderse
—¿Y como sabes lo que estaba pensando?
—Te conozco y sé que has comenzado a crearte ideas que no son.
—¿Como cuales? —Pony no desistiría hasta que ella dijera la verdad.
Candy puso sus brazos en jarra.
—No lo dejaras hasta que lo diga ¿verdad?
Pony asintió.
—Está bien, está bien, tu ganas —rodó los ojos. En otras circunstancias Pony le habría dicho que eso no era propio de una dama, pero ahora lo dejaría pasar, su atención estaba centrada en otra cosa mas importante que en cualquier norma sobre el comportamiento de una dama. —Él es agradable —musitó Lady Candice con las mejillas sonrojadas.
—Y te gusta ¿verdad?
—¡Pony! —chilló escandalizada —¿como puedes pensar eso, apenas y lo conozco?
—¡Aja! — Pony negó con la cabeza —¿crees que no me he dado cuenta la manera como lo ves?
—¿Como puedes decir tal cosa, si apenas hoy he tenido contacto con él?
—No necesitas tener contacto con él para devorarlo con la mirada —cubrió sus labios para ahogar una carcajada —he visto como lo has observado todos estos días desde la ventana —achicó los ojos —aunque trates no puedes engañarme, lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé —respondió Lady Candice en un susurro —reconozco que Lord Terrence posee buenos modales, tiene mucha presencia, unos hermosos ojos y es simpático, nada más.
—¿Simpático? —Pony rió —no creo sea eso lo que realmente crees.
—Está bien, está bien —Lady Candice alzó las manos en señal de rendición —es apuesto... muy apuesto
—Y te gusta —Pony movió las cejas.
—Tienes razón nana, no puedo negar que me siento atraída por él, ¿como no hacerlo? —bajó el rostro —pero no puedo permitirme este sentimiento y lo sabes.
Pony negó con la cabeza.
—Lo único que sé, es que estas dejando pasar el tiempo por algo que no provocaste ni tampoco hiciste.
Gracias a la ayuda y complicidad de todos en la Villa Ardley, Terry avanzaba a pasos agigantados.
La mañana era hermosa y soleada. Tras tomar el desayuno, Terry salió con la intensión de dar una cabalgata cuando la vio sentada en el pasto mientras leía un libro.
Con paso firme y seguro comenzó acercarse a ella; se detuvo a unos cuantos pies de distancia para pensar en una buena excusa para sentarse junto a ella.
—¿Todo bien, milord?
Terry se giró para encontrarse con el sonriente y amable rostro de la nana Pony.
—Me dirigía a las caballerizas y... —la mente de Terry se quedó en blanco para su sorpresa, se sintió de pronto como un niño pillado en medio de una travesura.
—¿Y se ha perdido? —el tono de mofa en la voz de Pony era mas que evidente —las caballerizas están hacia el otro lado —dijo señalando el lugar.
Terry pasó sus largos dedos por su cabellera castaña
—Si claro, tiene razón —mostró sus blancos dientes en una sonrisa nerviosa —la verdad vi a Lady Candice sola y quise hacerle compañía.
—¿Quiso, o quiere?
¡Por Dios! Mis Pony estaba poniéndolo nervioso, algo que no era usual en él quien era tan seguro de si mismo.
—Por que no se une a nosotras, hemos planeado un pequeño Picnic, el día es agradable como para no disfrutarlo.
—Lo haría encantado —respondió él —sin embargo creo que a Lady Candice no le agradará la idea.
—Tonterías hijo ...¿puedo llamarlo así?
—Claro —respondió él —usted puede llamarme como desee.
—Cuidado con lo que pide —Pony rió entre dientes provocando que Terry hiciera lo mismo —Venga, acompáñame a la cocina y ayúdame a colocar en una canasta lo que necesitamos para nuestro Picnic.
Desde la ventana, los hermanos Ardley, observaban como Candy cruzaba unas palabras con Terry.
—Creo que fue muy acertado de tu parte pedirle a Terry que se quedara por un tiempo, sin duda su compañía le hace bien a Candy —decía Anthony.
Albert asintió.
—¿Puedes creer que creía que Candy era una pequeña niña de 13 años? —rió a carcajadas al recordar la cara de poker de Terry. —Anthony se unió a estas.
—¿Y de donde sacó Terry tan errada conclusión?
—De mis cartas, yo me refería a Candy como "mi pequeña", por esa razón él se hizo a la idea que se trataba de una niña, hubieras visto su rostro cuando supo que Candy no era una niña y la impresión que se llevó cuando la conoció —Albert tomó un sorbo de Whisky —¿y ahora dime, pudiste encontrarlos?
—Si —respondió Anthony.
—Candy se pondrá feliz cuando lo sepa, pero ¿por que no los has traído contigo?
—Creí que dejarlos en Londres ayudaría a que Candy acepte ir para allá y así aprovechamos para presentarla en sociedad como se debe.
—Muy acertado de tu parte, aunque le pedi ayuda a Terry con eso y con lo persistente que es, estoy seguro que lo conseguirá pronto —sorbió un trago más —tu has visto cuanto ha avanzado estos últimos días.
Anthony dio un vistazo por la ventana que daba al jardín.
—Realmente ha conseguido lo que nosotros no habíamos hecho.
Dos días después...
Terry bajó al comedor como era costumbre, le extrañó un poco no ver a la joven y a la señora Pony presentes..—¿Se habría enfermado? —se preguntó, pues el dia anterior habían permanecido hasta muy tarde caminando por los jardines de la Villa.
—Milord —Dorothy lo sacó de sus pensamientos —ha venido esta misiva para usted de Londres.
Terry tomó la carta e hizo una mueca; era de su madre —. Suspiró imaginando la reprimenda que le esperaba a travez de aquellas lineas, se había comportado como un ingrato hijo quien olvidó por completo escribirle a su madre para ponerla al tanto de todo.
—Puedes ir al despacho y leerla cómodamente —propuso Albert.
—Gracias —respondió Terry poniéndose de pies —Con su permiso —dijo haciendo una venia antes de retirarse.
Londres Inglaterra.
Hola Terry,
En vista que te has comportado con el mas ingrato de los hijos estos dos últimos meses en donde no te has dignado a escribirme unas cuantas lineas para saber de ti, he decidido finalmente hacerlo yo y saber algo sobre ti.
¿Cómo te encuentras? —imagino que bien ya que es mas que evidente que has encontrado algo de interés en casa de tus amigos como para que te hayas olvidado de tu pobre madre quien ha tenido que soportar no solo los regaños de tu padre sino las visitas de quien tu ya sabes, Argggg! hasta escribir su nombre me causa jaqueca, tu mejor que nadie sabes lo exasperante que es.
Terry rió imaginando a su madre apretando los labios de disgusto mientras escribía esas últimas lineas.
Si no está en tus planes regresar a Londres por un tiempo más, escríbeme una cuantas lineas al menos para que me pongas al tanto de los asuntos o mejor dicho el asunto que te retiene en Escocia. Dime, es una dama ¿verdad?, ¿es bonita?, ¿Cuantos años tiene? ¿Es educada? ¿Que color de ojos tiene? ¿Es amable y sincera?.
Bueno, no quiero agobiarte con tantas preguntas, como tu madre que soy y conociendo tus gustos, imagino que cuenta con todos las virtudes que tu buscas en una dama ¿no es así?
Espero tener noticias tuyas muy pronto. —Tu madre que te ama y te extraña.
Eleonor Grantchester
P.s
¿Cuando la traerás a Londres para conocerla?
Terry dobló la misiva y la colocó en el sobre, buscó entre los cajones del escritorio y sacó una pieza de papel, tomó la pluma junto al tintero y comenzó a redactar una misiva para su madre.
Edimburgo, Escocia.
Hola madre,
Te ofrezco una disculpa por lo ingrato de mi comportamiento, realmente el tiempo en este lugar se ha ido tan rápido que olvidé escribirte.
Es mas que evidente que me conoces tan bien... si, hay algo de interés que me retiene en este lugar, y claro no te equivocas se trata de una muy bella dama, aunque debo decirte que desde que llegué hace dos meses, a penas hace unos días he podido conversar con ella, ya que antes de esa fecha, evitaba encontrarse conmigo.
Te preguntarás quien es ¿verdad?, sé que la curiosidad es una de tus mejores virtudes, por esa razón te lo diré ya que de no hacerlo y conociéndote muy bien, sé que eres capaz de improvisar un viaje hasta aquí e investigarlo por tu cuenta. Se trata de Lady Candice Ardley, es la hermana menor de Albert y Anthony y tiene la edad suficiente como para ocupar un espacio el cual sé que mi padre desea.
Albert me pidió que le ayudara con ella, ya que desde hace dos años, cambió de un día para otro ...sabes, es bastante misteriosa... a pesar de haber ganado un poco de terreno, aún no consigo que ella se habra completamente... tal vez unos consejos tuyos escritos en la próxima misiva pueden ser de gran utilidad en estos momentos, espero puedas ayudarme un poco.
Tampoco yo quiero agobiarte con mis asuntos, así que dejaré la misiva hasta este punto.
Saluda a mi padre de mi parte y dile que estoy muy bien.
Tu hijo que te quiere,
Terrence Grantchester
P.s
En cuanto a tu pregunta de cuando la llevaré a Londres, debo decirte que no lo sé, pero espero poder conseguirlo pronto, no tengo ninguna duda que Lady Candice te encantará.
Lady Eleonor suspiró al leer aquellas lineas, saber que Terry se encontraba bien la llenaba de paz y tranquilidad —sonrió al imaginarlo suspirando por una joven dama Escocesa ya que se había marchado de Londres por el asedio de las jóvenes Londinenses en edad casadera en especial por la mas melosa de todas, a quien ella no soportaba, Lady Susana y su molesta y cacatua madre Lady Olivia Marlowe.
Colocó la carta dentro del sobre y salió del salon del té para reunirse con su esposo en el despacho y ponerlo al tanto de las buenas nuevas.
Continuará...
