Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Resistiéndose Al Amor

By Rossy Castaneda

Capítulo Seis

Luego de planear en su mente todo lo que haría, salió de la biblioteca en busca de su amigo a quien acababa de correr e iría con él a casa de otro, quien fue siempre una especie de jefe del grupo de amigos que solían ser en la universidad. Necesitaba la ayuda de ellos, y sabía que luego de contarles lo sucedido hacía dos años, el último de ellos no dudaría en hacer lo que le pidiera, ya que nada le complacería mas que hacerle pasar un mal rato a Anthony, su eterno rival y desquitarse del desprecio que la hermana de este le hizo dos años atrás y que por su causa la Tía los había desterrado de la familia, luego que él furioso ante el despreció de aquella menuda jovencita le gritó que ¿quien se creía que era para despreciarlo? Que ella no era mas que una maldita huérfana. Aquellas palabras fueron mas que suficientes para que lo echaran casi a patadas de la Mansion Ardley, ya que para desgracia de su amigo en ese justo momento Lady Elroy junto a sus dos sobrinos ingresaban y arremetieron contra él.

Sonrió al imaginar el rostro de aquella pequeña zorra cuando se enterara que él estaba mas vivo que nunca y que se vengaría de ella a como diera lugar.

El rostro de Terry lucia deslumbrante al igual que se veía el de Candy. Para los hermanos Ardley, no pasó desapercibido el brillo en los ojos de ambos desde que ingresaron a la Mansion tras regresar del jardín.

Sin decir una sola palabra, ambos se comunicaban a travez de intercambios de miradas cómplices.

—Pequeña, debes subir a tu habitación y prepararte, nuestros invitados llegaran pronto y no es apropiado que tu bajes tarde.

La joven rubia asintió con una gran sonrisa en sus labios y subió las escaleras a toda prisa.

—¿Sucedió algo allá afuera? —Anthony estudió cada uno de los movimientos Terry.

Terry no respondió, su mirada estaba centrada en la joven rubia que subía las escaleras.

Con el ceño fruncido, Anthony miró a Albert con cara de "¿Y este, que diantres tiene?", Albert se encogió de hombros despreocupadamente a la vez que sonreía.

La hora de la cena llegó. Como Ingleses amantes a la puntualidad los convidados llegaron y luego de los respectivas presentaciones y saludos, tal como lo habían dispuesto cada uno fue acomodado en el lugar correspondiente.

En cuanto la vio, Lady Eleonor y Lord Richard Grantchester quedaron fascinados con aquella encantadora joven rubia de cabellos rizado, realmente su hijo se había quedado corto al describirla, la muchacha lo tenia todo para ser la siguiente Duquesa de Grantchester.

—Me ofrezco a acompañarlas a la casa de moda de Madam Charlotte —Una entusiasmada Lady Eleonor habló luego de culminar la cena —Es una de las mejores modista en todo Londres.

—Es muy amable de su parte su excelencia —Respondió Lady Candice sonrojada—Pero no quiero causarle molestias de ese tipo.

—Para mi no será ninguna molestia, por el contrario, será un enorme placer si me lo permite.

Lady Candice dirigió su verde mirada hacía el lugar donde se encontraba su Tía, esta, con un asentimiento de cabeza le indicó que estaba bien.

—Aceptaré encantada.

Lady Eleonor la miró morderse los labios en una clara señal que quería hacer una petición, pero no se atrevía a hacerlo. Siguió su mirada.

—Sus amigas pueden venir con nosotras y Terry también puede acompañarnos si así lo desea.

Una deslumbrante sonrisa se dibujó en el rostro de Lady Candice.

—¿Le parece bien si pasamos por usted a las 9:00 de la mañana y luego vamos por sus amigas? —Preguntó Lady Eleonor.

—Es usted muy amable su excelencia —musitó Lady Candice.

Desde donde se encontraba, Terry sonrió..

—Mi madre lo hace con el mayor de los placeres —le guiñó un ojo provocando que Lady Candice se sonrojara y su sonrojo no pasó desapercibido por el resto de los convidados a la mesa.

Terry se despertó muy temprano para asegurarse que el carruaje en el que viajarían estuviera listo a la hora indicada. Su plan inicial se había ido a la borda en el momento que su madre invitó a las amigas de su novia para que los acompañaran. Luego que regresaron de la cena la noche anterior, su madre se disculpó con él por haber extendido la invitación a las otras jóvenes y le explicó cuales habían sido sus motivos para hacer tal cosa y no lo que ambos habían acordado minutos antes de comenzar la cena.

Tal y como lo habían pactado, Terry estacionó el carruaje frente a la puerta de la Mansión Ardley.

Sus ojos brillaron cuando la figura de su novia apareció en su campo visual acompañada de Lady Elroy y la sonriente nana Pony.

Sacudió la cabeza al imaginar la cantidad de invitados que se acercarían a ella la noche de la fiesta de presentación, algo que él no iba permitir, si por el fuera ese mismo día tras regresar de la modista hablaría con Albert, Anthony, Lady Elroy y la Nana Pony para ponerlos al tanto de la situación real entre Lady Candice y él, mas sabía que terminarían agotados, así que lo dejaría para el día siguiente.

Bajó del carruaje y abrió la puerta de este para que Lady Candice ingresará en donde su madre aguardaba, no sin antes saludar a las tres damas frente a él y depositar un beso en el dorso de la mano de cada una de ellas.

—Buen día mi preciosa novia, espero haber sido protagonista de tus dulces sueños —susurró mientras depositaba un beso en el dorso de la mano de Lady Candice, demorando mas del tiempo que marcaba la cortesía provocando que ella se sonrojara al recordar los besos compartidos el día anterior.

—¡Mmm! Tu sonrojo ha respondido por ti y me alegra saberlo —le susurró mientras la ayudaba a subir al carruaje.

Con un movimiento de mano, Terry se despidió de Lady Elroy y la nana Pony, tras tomar las riendas de los caballos, emprendió la marcha a la casa de los Brighton en donde recogería a Lady Annabella y a Lady Patricia.

Cuando llegaron a la casa de moda, Madam Charlotte los recibió con la amabilidad que la caracterizaba, luego de saludarlos con una reverencia, la mujer apretó los labios para no reír al ver la manera como Terry contenía los bostezos que amenazaban en salir de su boca.

—Madam Charlotte, he traído Lady Candice Ardley para que obre su magia —Lady Eleonor sonrió.

—Es un gusto verla nuevamente milady —Lady Charlotte hizo una venía —y me temo que esta jovencita no necesita nada de magia, toda ella es preciosa —dijo señalando con ambas manos a la joven frente a ella.

—Muchas gracias —musitó Candy totalmente sonrojada.

Luego de 5 minutos de parloteo, Terry se aclaró la garganta para llamar la atención de las damas.

—Tómense su tiempo, no hay prisa, yo mientras tanto, aguardaré por ustedes en aquel sillón —dijo señalando el lugar en donde se encontraba un sillón color marfil.

En cuanto las damas se perdieron entre las cortinas, Terry cerró los ojos y comenzó a imaginar lo hermosa que se vería Candy con el vestido que eligieran.

Horas mas tarde regresaron a la mansión Ardley.

—Su excelencia, agradezco en gran manera todo lo que ha hecho por mi en este día.

—No ha sido nada querida —Lady Eleonor le guiñó un ojo —sé lo importante que su merced es para mi hijo —le susurró muy bajito al oido para que solo ella escuchara.

Terry ayudó a las tres jóvenes a bajar del carruaje y tras acompañarlas a la puerta de entrada, se despidió de ellas y regresó junto a su madre a la Mansión Grantchester.

Un día después...

Terry llegó a la Mansión Ardley, 1 hora antes de la hora de almuerzo. Necesitaba hablar con los miembros de la Familia Ardley su relación actual con Lady Candice.

Tan pronto todos los interesados estuvieron presentes, Terry se aclaró la garganta y los puso al tanto de la situación.

Conforme Terry hablaba, los rostros de sorpresa de Anthony y Lady Elroy no se hicieron esperar, no así el de Albert y la nana Pony quienes ya estaban enterados en parte de los sentimientos de Terry hacia su pequeña hermana y viceversa. Cuando Terry terminó su relato, Anthony y Lady Elroy sonrieron de satisfacción sabiendo de sobra que no había mejor partido para Candy, en todo Londres y Escocia que aquel joven que llegó a la Villa de Escocia y lo cambió todo en menos de 3 meses.

Pasaron al comedor en donde luego de ingerir los alimentos en un ceremonial silencio, Terry rompió este.

—El día es agradable y sería una pena no aprovecharlo, este día está hecho para disfrutarse ¿no les parece? —dirigió su mirada a Lady Candice —Candy, ¿te gustaría dar un paseo conmigo?.. —Claro si ustedes nos lo permiten —dijo mirando a cada uno de los que se encontraban en la mesa.

—Claro que pueden ir —respondió Albert con una sonrisa.

Tras recibir el permiso del Conde Ardley, Terry se puso en pie y extendió la mano para que Candy se apoyara en ella. Se despidieron de todos y salieron rumbo a su destino.

Con galantería, Terry la ayudó a subir al carruaje y le ayudó posteriormente a descender de este cuando llegaron a la plaza, ofreció su brazo para que ella se apoyara en él y emprendieron la marcha.

—¿Como te sientes? —le preguntó mientras acariciaba los nudillos de su mano.

—Feliz —respondió ella —no creí que mi Tía y mis hermanos se tomaran tan bien nuestra relación puesto que acabamos de conocernos y mucho menos que nos permitieran salir de casa sin la compañía de nana Pony.

Él sonrió de medio lado como solía hacerlo.

—Será porque ellos me conocen mas de lo que puedas imaginarte.

Ella le devolvió la sonrisa.

—¿Como fue que que se conocieron? —le preguntó mientras caminaban por la plaza pública.

—Nos conocimos en Eton, hace 7 años ...—Terry comenzó a relatar la forma como había conocido primero a Albert y luego a Anthony y de como se habían hecho grandes amigos.

Candy sonreía mientras escuchaba atenta todo cuanto Terry relataba hasta que su rostro se tornó pálido de pronto. Se sujetó fuertemente del brazo de Terry, al punto que él sintió las uñas de ella en su piel. Terry dejo de hablar en el momento en que ella se detuvo incapaz de dar un solo paso, él hubiese jurado que ella había anclado sus pies en el suelo. Se puso rígida y su rostro se veía aterrado, como si de pronto hubiese visto a un fantasma.

—Candy, ¿que sucede? —preguntó Terry alarmado mientras con su mano acariciaba la mano de ella que se aferraba a él clavándole las uñas, en un intento por tranquilizarla...pero no lo consiguió.

—Candy, por favor dime algo.. —¿No te sientes bien?

Por mas que lo intentaba, Candy era incapaz de articular una sola palabra, sintió de pronto su boca seca, su palidez iba en aumento, los temblores en su cuerpo incrementaron, sus ojos estaban fijos en un lugar específico, su boca entre abierta respirando con dificultad. La presión en su brazo fue mas fuerte. Su respiración comenzó a agitarse a tal punto que Terry tuvo temor que colapsara en cualquier momento.

Ante la falta de respuesta, Terry siguió su mirada, pero no había nada extraño a su alrededor, todos los rostros tanto de damas como caballeros eran conocidos para él, no así para ella quien solo había estado una sola vez en Londres.

—¿Quieres que nos marchemos?

Ella asintió

La cabeza de Terry daba vueltas. Se preguntaba ¿ que era lo que le había alterado de aquella manera? Todo iba tan bien.

¡Maldición! —pensó —¿sería eso posible? —No, ella había dicho que el bastardo que intentó abusar de ella estaba muerto.. Terry se sintió mareado ante la idea que comenzó a rondarle en la cabeza.

¡Diablos! —¿y si no lo estaba? —solo había una manera de saberlo, y esa era preguntándole directamente a Candy. Pero haciendo uso de todo su auto control, Terry se obligó a permanecer tranquilo aunque la verdad estaba muy lejos de estarlo.

Le ayudó a subir al carruaje, y, una vez dentro le indicó al cochero que los llevara a la Mansion Grantchester. No podía llevar a Candy a su casa en aquel estado, no sin antes saber la razón por la cual ella perdió el control de aquella manera.

El viaje fue en total silencio.

Una vez llegaron a la Mansión Grantchester, Terry descendió del carruaje y le ayudó a salir. Ofreció su brazo para que se apoyara en él, le pidió al mayordomo que nadie los interrumpiera. Dirigió a Candy hasta la biblioteca. Como una autómata, Candy se dejó dirigir por él a donde quiera que la llevara, sabiendo en el fondo que junto a él estaba segura.

Cuando finalmente estuvieron a solas y lejos de oídos y miradas indiscretas, la respiración de Candy comenzó a regularse, el color en su rostro volvió y automáticamente aflojó el agarre.

Al sentirla un poco más relajada Terry se animó a preguntar lo que rondaba en su revuelta cabeza, pero lo haría con tacto para que ella no volviera a alterarse.

Le condujo hasta el divan y una vez se acomodó, con el dorso de su mano, acarició una a una sus mejillas, y con el pulgar y el índice colocados en su barbilla le alzó el rostro para que lo mirase.

—¿Hay algo que quieras decirme? —le preguntó con suavidad.

Candy no respondió.

—Candy por favor, dime que tienes, quiero ayudarte, pero para eso, necesito que tengas confianza en mi y me digas que fue lo que viste en la plaza que te puso tan alterada.

—Él no está muerto como pensaba, él estaba ahí Terry, lo vi, estaba ahí a unos pasos míos, mirándome de manera acusadora.

Terry se sintió mareado de pronto. No sabia si era por lo que acababa de escuchar o lo que su mente le gritaba.

Continuará...

Les ofrezco una disculpa por cualquier error ortográfico que se me haya pasado ;)