Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Resistiéndose Al Amor
By Rossy Castaneda
Capítulo Once
Tras escuchar los murmullos provenientes de la parte de afuera del establecimiento, Lady Candice, sintió pánico. El rechinar de las ruedas del carruaje fue tan fuerte que hizo que toda ella se estremeciera.
—Es Lord Albert —dijo la ayudante de Madam Charlotte ingresando al cuarto.
Tras escuchar el nombre de su hermano mayor, Lady Candice alzó la falda del vestido de novia que se estaba probando y salió con tal velocidad que Madam Charlotte no lo vio venir.
—Milady no puede salir así, es de mala suerte que el novio la vea antes del gran día —la pobre mujer cubrió su rostro. De nada le sirvieron sus intentos por detenerla. Lady Candice había atravesado las cortinas sin ningún miramiento seguida por Lady Elroy y la nana Pony
Lady Candice palideció al ver la cantidad de personas que se habían arremolinado en el lugar de los hechos. Como pudo se abrió paso. Al llegar, sus ojos se abrieron como platos. Su hermano mayor yacía en el suelo sobre una dama, quien en ese momento de un tirón lo removía y se ponía de pie para arremeter contra él.
—Quien demonios cree que ha...
—¡Oh por Dios! —exclamó con evidente sorpresa la nana Pony a espaldas de Candy.
—Nana, Albert está bien salvo que ahora tiene que enfrentarse a una fieresilla —Candy rió al ver como su hermano se ponía en pie.
Pony dejó caer dos lágrimas. Nadie mejor que ella sabía lo que Albert había sufrido años atrás, cuando salió de la Villa Ardley con muchas ilusiones y regresó con el corazón destrozado.
—Nana —Candy se acercó a ella —¿te sientes bien?
—Pony, porque lloras —Lady Elroy finalmente llegó hasta ellas —¿le ha sucedido algo a Albert?
—No milady, es solo que...—incapaz de terminar la frase, señaló a la joven.
Lady Elroy parpadeó tres veces para asegurarse que lo que sus cansados ojos veían no era un espejismo.
—¿Que pasa? —preguntó Candy al ver sus rostros de sorpresa —giró su rostro al escuchar como la dama se dirigía a su hermano.
—Albert, ¿en verdad eres tu?
¿Que diantres? —Lady Candice arqueó una de sus cejas.
—Hola Vickie, es bueno verte después de tantos años.
A Lady Victoria Kelly se le cortó la respiración al escuchar como era llamada, solo los mas allegados a ella lo hacían.
—¡Be..Bert! —balbuceó.
Albert suspiró al escuchar el diminutivo de su nombre en los labios de ella. ¿Cuantas veces había alucinado escucharlo una vez mas pronunciado en aquellos tentadores labios?
Pony y Lady Elroy reaccionaron y comenzaron a despejar el lugar. Cotillas era lo último que necesitaban en ese momento.
—Señores, pueden volver a sus menesteres, como pueden ver todo está bajo control.
Cuando finalmente el último curioso se marchó, con la mirada le indicaron a Albert que mantener una charla en medio de la calle no era una buena idea.
Lady Victoria aceptó el brazo ofrecido y se dejó guiar al interior de la casa de moda de Madam Charlotte.
—Que pequeño es el mundo —musitó ella cuando se acomodaron en el sillón color marfil.
—Lo es —respondió él —¿hace cuanto regresaste de Italia?
—Hace dos días —respondió —fui a buscarte y me informaron que habías venido a Londres y...
—¿A buscarme? —la interrumpió —¿Para que? —preguntó con temor a su respuesta.
—Te prometí que lo haría cuando lograra mi sueño.
Él asintió —¿Has venido sola?
—Por supuesto que no, mi...
—Claro imagino que tu esposo no te permite viajar sola —dijo él interrumpiéndola.
—¿Mi esposo? —Lady Victoria Kelly frunció el ceño —¿de donde sacas que estoy casada?
—¿Y no es así? —Albert apretó la mandíbula.
—Bert —ella comenzó a jugar con sus dedos —despedirme de ti aquella tarde, fue la decisión mas difícil que tuve que tomar —por una parte estaba mi sueño de abrirme camino en un mundo dominado por hombres —apretó los labios —y por otra —hizo una pausa para mirarlo a los ojos como solía hacerlo en el pasado —mis sueños de ser feliz con el chico de mis sueños.
Albert abrió los ojos como plato, incrédulo ante sus palabras —¿Ella acababa de decir que él era el chico de sus sueños?
—Pero creo que yo no era el suyo, puesto que no hizo nada por detenerme aquella tarde —sonrió con tristeza.
Albert se sintió de pronto mareado, si no hubiese estado sentado a su lado se habría caido de bruces. Si ella supiera que él tuvo que guardarse lo que iba a decirle aquella tarde, porque no quería ser un impedimento para que ella realizara su sueño. Su yo interno lo abofeteó para que reaccionara de una bendita vez. "Ella está abriendo su corazón, que esperas idiota, tu haz lo mismo de una maldita vez o piensas quedarte para vestir Santos, si ese es tu plan te aviso que no hay plaza disponible y aunque la hubiera no cumples los requisitos" —le gritó una vocecita en su interior rodando los ojos —"hasta tu entre pierna me da la razón, lo vez" —se burló.
—Tu novia es muy bonita —musitó Lady Victoria.
—¡Mi novia! —¿de que novia estaba hablando? —se preguntó confundido.
—Si, la chica que acaba de ingresar al medidor con Lady Elroy y la nana Pony.
—No...no es mi novia, es mi hermana Candy.
—¡Candy! —ella solo tenía quince años cuando la vi por ultima vez y fue justo cuando tu regresaste de Eton.
—Y de eso han pasado siete años.
—¿Esta por casarse?
Albert asintió —Vickie no hablemos sobre Candy, sino de nosotros.
—¡Nosotros! —repitió ella abriendo los ojos —a que te refieres exactamente.
Albert le tomó las manos y besó cada una de ellas.
—Victoria, aquella tarde, yo también tomé la decisión mas difícil de mi vida. Tuve que callar lo que iba a decirte, porque no pensaba ser yo quien te cortara de tajo tus alas y te robara el sueño de convertirte en quien eres ahora. No tienes idea de todas las noches que desee subir a un barco que me llevara a Italia e ir por ti y decirte lo que no te dije entonces, pero la muerte de mi padre me lo impidió, no podía dejar sola a mi madre y cuando creí que todo estaba bien con ella, seis meses mas tarde enfermó y murió de manera inesperada y me vi de pronto asumiendo la responsabilidad de toda mi familia.
—Albert —los ojos de Lady Victoria Kelly se empañaron de lágrimas al comprender la intensidad de las palabras de él —Yo... yo..
—Shhhh, no digas nada —puso su dedo índice sobre sus labios para silenciarla —Vickie, aquella tarde iba a decirte lo enamorado que estaba de ti e iba a pedirte que aceptaras ser mi novia, pero tu hablaste primero y me compartiste tu sueño.
—¿Estabas?.
—Aun lo estoy —respondió él —pero no sé si tus sentimientos hacia mi han cambiado.
Ella negó con la cabeza
—¿Tengo entonces una oportunidad?
—Siempre la has tenido.
Albert cerró los ojos y dejó caer dos lágrimas producto de la inmensa alegría.
—Vickie, te he amado desde que tengo uso de razón y ni el tiempo ni la distancia han podido cambiarlo.
—Y yo también lo he echo Bert, pero me vi obligada a guardar mis sentimientos, ya sabes, no es propio de una dama —sonrió mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas—además tuve temor a no ser correspondida.
—Eso jamas hubiera sucedido —dijo él sacando su pañuelo y limpiando sus lágrimas, para luego acercar su rostro al de ella y rozar por primera vez sus labios en un casto beso.
El carraspeó de dos gargantas y una particular risa cantarina hizo que Albert se separara de inmediato e irguiera su postura al recordar que no estaban solos.
Dos semanas después...
Era la enésima vez que Terry miraba su reloj de bolsillo, dándose cuenta que Candy tenia diez minutos de retraso. Giró su rostro y miró uno a uno a los invitados, cuando finalmente su mirada se posó en la puerta de la entrada de la Iglesia, la vio de pie sujeta al brazo de Albert.
Su padre se acercó a él y palmeó su hombro —te lo dije, es normal que las novias se retrasen unos minutos.
Los ojos verdes de Candy se iluminaron al verlo de pie frente al altar vestido con un elegante e impecable Frac color blanco ajustado perfectamente a su atlético y perfecto cuerpo. Los mechones de sus cabellos castaños caian libremente. Sus impresionantes ojos azules con destellos verdes estaban fijos en ella. De no haber sido porque estaba bien sujeta del brazo de Albert, Candy estaba segura que se habría caído ahi mismo. El efecto de aquella profunda y penetrante mirada hacia que sus piernas temblasen como gelatina. Cuando finalmente llegó hasta él y tomó la mano que le ofrecía, sintió un escalofrío recorrerle todo su cuerpo.
Ambos se miraban de reojo incapaces de concentrarse al cien por ciento en las palabras que el clérigo decía.
El momentos de pronunciar los votos llegó y cada uno, mirándose directamente a los ojos hicieron la promesa de amarse, respetarse, y permanecer juntos todo el resto de la vida y aún mas allá si les era permitido.
Mientras el clérigo retomaba la palabra, Terry deseaba con el corazón y el alma que las tan esperadas palabras fueran pronunciadas. Un suspiro salió de la garganta de ella en el momento en que las tan esperadas palabras fueron dichas.
—Por el poder que me confiere ser ministro de Dios ante los hombres, los declaro marido y mujer, por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Puede besar a la novia.
Con mucha delicadeza, Terry alzó el velo que cubría su hermoso rostro. Acercó su rostro al de ella y besó sus labios con mucha ternura. El sonidos de suspiros de las damas y vítores por parte de los caballeros, se escuchó dentro de la Iglesia.
Uno a uno los convidados al enlace matrimonial fueron saliendo de la capilla de la casa Grantchester luego de felicitar a los nuevos esposos y se dirigieron al salon de baile que se encontraba exquisitamente decorado para la ocasión.
Tras bailar su primer vals como esposos y el respectivo brindis, Candy lanzó el bouquet de rosas blancas. Lady Victoria Kelly no tuvo necesidad de esforzarse tanto entre las damas solteras que alucinaban por quedarse con el maravilloso arreglo floral, ya que este, cayó directamente en sus manos.
Pasada la media noche y cuando por fin el último de los invitados se marchó, Terry alzó a su amada esposa en brazos y subió cada uno de los escalones que lo separaban de la habitación que había sido preparada para ellos.
Con su mano libre, Candy le ayudó a abrir la puerta. Sus ojos verdes se maravillaron al ver cada uno de los detalles dentro de aquella habitación.
—Mi madre se encargó de acondicionarla para nosotros —dijo Terry respondiendo a la silenciosa pregunta de ella.
—Es realmente hermosa —musitó ella mordiendo su labio inferior.
Con delicadeza Terry la puso en pie y la contempló detenidamente.
Candy bajó la mirada visiblemente avergonzada por lo que sabía vendría. Pues a pesar de no tener experiencia en aquellos menesteres, Lady Elroy y la nana Pony habían tenido una larga charla con ella sobre los deberes de una mujer para con su esposo.
Terry le tomó el mentón y alzó este para que lo viera a los ojos.
—No temas Candy, todo estará bien —besó sus labios —¿confías en mi?
—Si —musitó ella en un hilo de voz al sentir escalofríos recorrerle el cuerpo al sentir el cálido aliento de él entre su cuello y su oreja izquierda.
Candy cerró los ojos y se dejó guiar por él, sabiendo que jamás le haría daño de manera voluntaria, se lo había demostrado de todas las formas posibles.
Uno a uno, los botones del vestido fueron cediendo. Con suavidad, Terry removió primero uno y luego el otro tirante de su vestido y éste cayó al suelo, quedando ella ataviada con un corset blanco, sus bragas y el liguero que sostenía sus medias.
El pudor se hizo presente en ella y antes que hiciera cualquier cosa, Terry negó con su cabeza y ella se quedó inmóvil, obedeciendo a su pedido silencioso.
—Eres realmente hermosa, no solo por fuera, lo eres también por dentro. Soy el hombre mas afortunado sobre la faz de la tierra y pensar que durante mucho tiempo estuve resistiéndome al sentimiento que nació en mi desde el primer día que te vi en la biblioteca de tu casa, pero con el tiempo me di cuenta que un hombre no puede ir por la vida Resistiéndose Al Amor cuando este es verdadero y profundo —conforme hablaba Terry besaba cada centímetro de la piel expuesta —Te amo Candy y le agradezco a Dios el que te haya puesto en mi camino, ahora comprendo que cuando no te toca, aunque te pongas de frente y cuando te toca aunque te quites, te resistas o hullas siempre llegará a ti sin que te lo propongas siquiera —la última prenda que cubría su desnudez cayó al suelo.
Con movimientos rápidos, Terry se deshizo de su ropa y quedó al igual que ella completamente desnudo.
Los ojos verdes de Candy se oscurecieron al igual que lo hicieron los de él.
Con suavidad, Terry la depositó en el lecho y comenzó el ritual tan temido pero a la vez cargado de expectación para las jóvenes damas.
Luego de besar y explorar el cuerpo de su esposa por primera vez, Terry se posicionó sobre ella. Sus jadeos y la humedad en su entre pierna le indicaron que estaba mas que lista para recibirlo.
Sabiendo que era su primera vez, Terry comenzó a entrar en ella lentamente. Se detuvo al sentir la barrera de su virginidad. No quería lastimarla, pero no había manera de evitarlo en ese momento. Y para no prolongar su dolor, hizo sus caderas hacia atrás y en una sola envestida entro en ella.
Candy enterró sus uñas en la espalda de él, apretó la mandíbula y acalló un gemido de dolor entre el cuello de él.
—Perdóname Candy —él buscó sus labios y los besó con ternura —no fue mi intención hacerte daño, y si hubiese existido una manera para evitarlo, te juro por Dios que lo habría hecho.
—Está bien —susurró ella —sé que después de hoy no volverá a doler.
Él sintió gran alivio al escuchar su dulce voz.
—¿Y ahora que sigue? —preguntó luego de sentir que la punzada de dolor desaparecía.
—Tocaremos juntos el cielo —respondió él comenzando a moverse primero lento para que ella se adaptara a la intromisión. Aumentó poco a poco su ritmo al sentir como el cuerpo de ella se relajaba bajo el suyo y poco a poco se unía a sus envistes.
El miembro de él entraba y salía de ella. Arriba y abajo. El calor que emanaba de sus cuerpos desnudos era sofocante. Sus cuerpos se encontraban sudorosos. La respiración de ambos estaba agitada. Sus corazones palpitaban con tal intensidad, que cada uno podía escuchar el de el otro.
Después de unos minutos, el orgasmo se hizo presente en los dos. Fueron inundados por oleadas de placer que los hizo sentir que tocaban el cielo juntos, tal y como Terry lo había dicho.
Permanecieron unidos por un tiempo más. Terry besó sus labios y salió de ella.
Candy experimentó una especie de vacío en el momento en que él salió completamente de ella y se recostó junto a ella y acomodó su rubia cabellera sobre su pecho desnudo y comenzó a acariciar sus rizos dorados.
—¿Siempre será así? —preguntó ella alzando levemente el rostro.
—No —respondió él comprendiendo perfectamente a lo que se refería —cada vez será mejor que la otra —le guiñó un ojo y rió pícaramente.
—¿Me enseñaras que debo hacer para complacerte? —preguntó ella de la misma forma.
—Por su puesto —respondió él sintiendo como su miembro comenzaba a dar muestras de volver a repetir lo que acababan de hacer, pero se obligó a controlar su instinto ya que sabía que era muy pronto y ella estaría aun adolorida por muy tranquila que se veía.
—Te Amo Terry —musitó ella besando su pecho desnudo —no sabes cuan agradecida le estoy al creador por haberte llevado aquella tarde a Escocia en donde le diste un sentido a mi atribulada vida. Eres el ser mas maravilloso sobre la faz de la tierra y haré todo lo que esté en mis manos para que te sientas orgulloso de mi.
—No tienes que hacer nada —susurró él besando la coronilla de su cabeza —me siento orgulloso de ti, eres el ser mas noble, dulce y amoroso que jamás haya conocido. —con suavidad, alzó la barbilla de ella para que lo mirase a los ojos. Verde y azul se encontraron — Te amo Candy y dedicaré cada uno de mis días para demostrártelo no solo con palabras sino también con hechos. —Inclinó su cabeza para unir sus labios a los de ella y sellar con un beso sus palabras.
Fin.
Muy bien mis bellas lectoras, hemos llegado al final de esta historia la cual espero hayan disfrutado al máximo. Nos queda únicamente el Epílogo el cual compartiré con ustedes tan pronto me sea posible.
No olviden dejar sus likes y comentarios los cuales aprecio en gran manera.
Muchísimas gracias por todo el apoyo incondicional que me brindan hasta este momento. A pesar de no conocernos en persona, quiero que sepan que les tengo gran estima y las siento como parte de mi familia.
Les envío muchos abrazos, besos y abundantes bendiciones a la distancia ;)
