Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Resistiéndose Al Amor

By Rossy Castaneda

Capítulo Epílogo

Cuatro meses mas tarde, los esposos Grantchester viajaban rumbo a Escocía. La repentina boda de Lady Victoria Kelly con Albert sorprendió a mas de uno, por la manera tan rápida como se dieron las cosas.

Durante la fiesta de compromiso, Lady Victoria se había desmayado antes de bajar al salon de baile. Todos excepto Lady Elroy y la nana Pony se alarmaron en gran manera, pues la joven había sido hasta ahora una muchacha sana y sin complicaciones.

El diagnostico médico solo les confirmó lo que sospechaban, Lady Victoria Kelly estaba en cinta y tanto Lady Elroy como la nana Pony sabían de sobra que no era producto del Espíritu Santo, ya que ni Albert era José ni Lady Victoria era Maria y el bebé tampoco sería el Salvador del mundo, sino que de ser varón, sería el futuro heredero de la dinastía Ardley y de no serlo, estaban seguras que Albert estaría complacido en seguir trabajando hasta conseguirlo, solo que ya no tendría necesidad de hacerlo a escondidas como ellas lo habían pillado saliendo a hurtadillas de la habitación de Lady Victoria no una, sino varias veces mientras ella los visitaba.

Lejos de enfadarse por lo poco caballeroso de la conducta de Albert, ambas mujeres sonrieron la primera vez que lo pillaron ya que creyendo que se trataba de un ladrón habían salido de sus habitaciones con palos en mano, decididas a hacerle frente.

—Ya era hora —había dicho Pony aquella noche con una pícara sonrisa —que recupere el tiempo perdido ¿no le parece?

Por un segundo a Lady Elroy se le cruzó por la cabeza las normas de la sociedad, pero ante las palabras dichas por Pony, envió al demonio los prejuicios.

—Tienes razón Pony, Aberdeen necesita un heredero, así que para que perder el tiempo en tonterías..

Pony rió de buena gana, era la primera vez que la escuchaba hablar de aquella manera tan despreocupada.

Tras las llegada de Candy y Terry a la Villa Ardley, las risas inundaron cada rincón de aquella enorme casa.

Terry se desvivía por complacer cada uno de los antojos de su esposa que lucia una pequeña y casi invisible barriguita de tres meses.

Horas mas tarde los Cornwall en compañía de sus respectiva prometidas y Lady Daisy junto a su hermano Alfred, arribaron a la Villa.

Cada uno fue instalado en sus respectivas habitaciones.

—Tal vez y tengamos suerte y veamos a Anthony una de estas noches saliendo a hurtadillas de la habitación de Daisy y en dos meses estemos nuevamente celebrando otra improvisada boda —Pony comenzó a reír por sus propias palabras.

Lady Elroy se le unió —Que cosas dices Pony, aunque debo reconocer que no es del todo una idea tan descabellada.

Las dos comenzaron a reír.

—De que tanto se ríen ustedes dos —Anthony ingresó al salon de te donde ambas mujeres disfrutaban de una humeante tasa.

—Le decía a t Tía, que deberías de seguir el ejemplo de Albert —soltó Pon sin más.

—¡Nana! —las mejillas de Anthony se encendieron furiosamente.

—¿Que? —replicó Pony con una sonrisa —yo no veo a ningún monje por aquí.

—Contigo es imposible —Anthony comenzó a reír —pensándolo bien —tocó su nariz —no sería mala idea —ladeó el rostro —pero tendrían que hospedar a Fred a la habitación mas apartada, o de lo contrario creo que me matara antes de intentarlo siquiera.

—¿Hablas en serio? —preguntaron ambas mujeres al unísono.

Anthony comenzó a reír, pues les estaba tomando el pelo a ambas... aunque pensándolo bien, si ellas alejaban a Fred, él no tendría ningún problema en entrar a hurtadillas a la habitación de Daisy.

La ceremonia fue de carácter familiar. Tanto los Kelly's como los Ardley's disfrutaron de una ambiente agradable.

Dos días mas tarde los viajeros regresaron a Londres.

Seis mese después..

—Terry —Candy comenzó a llamarlo con desespero.

—¡Candy! —exclamó él al verla en un charco de agua y doblándose de dolor . —Madre —Terry comenzó a gritar. Sus gritos desesperados se escucharon por todo el castillo Grantchester.

—¿Que sucede Terry, que son esos... ¡Oh Por Dios! —Lady Eleonor exclamó —rápido avísale a Pony y a Lady Victoria que ya es hora, ellas sabrán que hacer.

—No quiero alejarme de Candy.

—De acuerdo, de acuerdo, quédate con ella —dijo Eleonor —yo iré por ellas.

Mientras bajaba las escaleras a toda velocidad, Lady Eleonor agradecía que Pony y Lady Victoria hubiesen llegado 2 semanas antes para cuidar de Candy y atenderla cuando se llegara la hora del parto.

—Pony, Pony —lady Eleonor comenzó a dar gritos antes de llegar a la cocina en donde Pony mantenía una charla con Maria, el ama de llaves del castillo Grantchester y con quien se había hecho amiga.

—Milady , ¿que sucede?

—Ya es hora —respondió Lady Eleonor con la respiración agitada por el gran esfuerzo —Hay que avisar a Lady Victoria.

Pony maldijo por todo lo bajo.

—Acaba de salir con Albert.

—¿Que vamos hacer ahora?

—María, prepare agua caliente y paños limpios y llévelos de inmediato a la habitación de mi niña —Pony comenzó a dar indicaciones.

—Y yo, que puedo hacer para ayudarla —preguntó Lady Eleonor.

—Venga conmigo, necesitaré ayuda.

Mientras subían as escaleras, los gritos de dolor de Candy inundaron los oídos de Pony.

—Mi pobre niña —musitó

Si tocar siquiera la puerta, ambas mujeres ingresaron a la habitación. Ver la palidez de Candy aterrorizó a la siempre optimista Pony .

—Es la tercera vez que se desmaya —dijo Terry con preocupación —¿Es eso normal? —preguntó.

Mientras el carruaje salía del castillo Grantchester, Lady Victoria recordó que había olvidado algo.

—Albert, debemos regresar, he olvidado el libro que debo entregarle al doctor Marti.

Albert le comunicó al cochero que regresara al castillo. En cuanto el carruaje se detuvo, una azorada Maria les salió al encuentro.

—Milady, gracias al cielo que han regresado.

—¿Que sucede Maria? —preguntó Albert.

—Milord, Lady Candice ... el bebé.. —Maria comenzó a llorar.

Albert y su esposa ingresaron a la casa y subieron las escaleras a toda prisa olvidando por completo el estado de gestación de ella.

—¿Como están?

El duque de Grantchester abrazaba a su esposa

—Su excelencia —Albert se acercó a ellos —¿le ha sucedido algo a Candy o al bebé?

Al ver como Lady Eleonor comenzaba a llorar desconsoladamente en el hombro de su esposo, Lady Victoria se apresuró y abrió la puerta. Candy yacía inconsciente en la cama bañada en sudor y con el rostro pálido mientras Pony intentaba reanimarla y Terry se sujetaba los cabellos y caía de rodillas a un lado de la cama.

—Candy, amor, no me hagas esto, prometiste que estarías conmigo siempre

Los desgarradores gritos de Terry alertaron a Albert y en un impulso ingresó a la habitación.

—Candy, despierta —ordenaba el joven marqués entre un llanto desgarrador.

Lady Victoria se a acercó a Pony quien la puso al tanto de la situación de su joven cuñada.

—Albert, saca a Terry de la habitación... ahora —ordenó.

—No, no voy a dejar a Candy sola.

—Si quieres quedarte debes tranquilizarte —Lady Victoria habló como médico.

Terry asintió.

Candy comenzó a recobrar el conocimiento y dio un grito de dolor.

—Terry, sujeta una de sus manos y tu Albert, sujeta la otra. Nana Pony, necesito que me ayude a que Candy mantenga sus piernas abiertas —cada uno obedeció a las indicaciones de Lady Victoria.

—Candy necesito que me ayudes, la vida de tu bebé depende que permanezcas consciente y pujes con tanta fuerza sea posible, ¿lo entiendes?

Débilmente, Candy asintió.

Vickie se puso frente a ella —Candy, sujétate fuertemente de la mano Terry y Albert — Candy obedeció —ahora Candy, puja ahora.

Las uñas de Candy se enterraron en la mano de Terry y de Albert.

—Una vez mas Candy, puja con todas tus fuerzas.

El llanto de un bebé hizo que Lady Eleonor y el Duque de Grantchester se miraran uno a otro.

—Es hermoso —Lady Vickie colocó al pequeño bebé en el pecho de Candy.

—Nuestro bebé —musitó Candy visiblemente fatigada por el gran esfuerzo —Terry nuestro bebé —dijo antes de perder el conocimiento.

—Candy está bien —dijo Lady Victoria antes de que Terry se alterara —solo necesita reposar, eso es todo.

Dos años después..

Mientras sus padres estaban en el jardín ultimando los últimos detalles para festejar el segundo año de su primogénito, Lady Eleonor se ponía de pie para ir tras él.

—Ven aquí pequeño bribón.

—Déjalo Elie, es natural que quiera explorar un poco.

—Te tengo —Lady Eleonor como la protectora abuela que era lo alzó en brazos —cada día estas mas hermoso y se me apetece comerte a besos.

El pequeño Terry comenzó a reír.

Dos horas mas tarde, los miembros de la familia Ardley tanto de Escocia como de Londres llegaron al castillo Grantchester.

Con una radiante sonrisa Candy los recibió, en especial a aquella pequeña rubia de ojos azules que se lanzó a sus brazos en cuanto la tuvo enfrente.

—Mi pequeña princesa —Candy besó sus sonrojadas mejillas

—¿Y para nosotras no hay una calurosa bienvenida?

—Tia Elroy, nana Pony —Candy se abalanzó a ellas y las abrazó como solía hacerlo cada vez que las veía.

Luego de darle la bienvenida a todos, dieron inicio a la fiesta de cumpleaños.

Desde donde se encontraban, Candy y Terry observaban como lady Elroy y la nana Pony mantenían una conversación mientras cuidaban del pequeño Terry y la pequeña Rosemary. Miran hacia otro extremo y se encontraron con Lady Anabella, Lady Patricia y Lady Daisy quien conversaban muy entretenidas y a juzgar por la manera como acariciaban sus abultados vientres Candy estaba segura que hablan sobre eso. En otro lado del jardín se encontraba Albert junto a Stair, Anthony, Archie riendo por algo que Lord Alfred había dicho. Sentados en una de las mesas se encontraban Lady Eleonor junto al duque de Grantchester sonriendo por una travesura que el pequeño Terry acaba de hacer. En otra de las mesas se encontraba Lady Victoria junto a Lady Karen, novia de Fred, quien no paraba de hacerle preguntas.

Candy suspiró —Es agradable tenerlos a todos juntos

Terry la abrazó desde atrás —¿Eres feliz?

—Completamente. ¿Y tu?

—Como jamás imaginé serlo —besó su cuello —que te parece si aprovechamos la distracción de todos y...

—¡Terry! —se ruborizó —compórtate.

—Lo estoy haciendo —respondió con una sonrisa —Y mi propuesta sigue en pie.

—Eres incorregible.

—Es culpa tuya —susurró en su oído.

—Mi culpa —ella le siguió el juego.

—Claro —respondió él —la maternidad te ha vuelto mas apetecible.

—Terry este no es el momento —musitó ella al sentir la dureza de su entrepierna rozando su trasero.

—Lo sé —respondió él alejándose un poco, ya que de no hacerlo terminaría llevándola a la habitación inventando cualquier excusa —¿Te he dicho hoy cuanto te amo?

—Muchas veces —sonrió —tantas que hasta he perdido la cuenta.

—Y no me cansaré de repetírtelo —rozó sus labios —Te amo Candy, nuestro hijo, tu y este pequeño o pequeña que viene en camino, son lo mejor que me ha pasado en la vida —guardó silencio —tuve mucho miedo de perderlos cuando Terry nació —acarició su abultado vientre —ese mismo miedo me invadió cuándo me dijiste que estabas embarazada una vez más.

—Terry —Candy le habló con ternura —Vickie nos explicó cuales fueron los motivos por los que me puse tan mal en aquella ocasión.

—Lo sé —respondió él —pero no pude evitar sentir miedo —acarició su rostro —Candy, no sé que sería de mi sin ti y sin ellos —dirigió su mirada hacia donde se encontraba su primogénito y luego se hincó sobre una de sus rodillas y besó su abultado vientre.—Has pensado que nombre le pondrás si es niño?

—En vista que ya hay un Willian en mi familia y otro en camino —dijo dirigiendo su verde mirada hasta Lady Daisy —he pensado en llamarlo Richard —respondió ella.

—Mi padre se volverá loco de alegría —dijo él con una sonrisa de medio lado —¿y si es niña? —preguntó.

—Eleonor como tu madre —respondió ella con una amplia sonrisa.

—Creí que la llamarías como tu madre.

Candy negó con la cabeza —Nuestra madre nos hizo jurar que el día que nos casáramos y tuviéramos nuestros propios hijos, jamás llamarías a una de nuestras hijas como ella —sonrió al recordar aquel día —ella decía que su nombre era horroroso y que no sabía como su madre fue capaz de llamarla de esa manera.

Terry rió —ahora comprendo a quien salió Anthony.

—¡Aush! —Candy se quejó —creo que no le ha gustado que hables mal de su Tío —dijo acariciando su vientre —o quizás no quiere perderse la fiesta de cumpleaños de su hermano mayor.

—Lamento informarle que aun le faltan dos semanas —le susurró Terry al huésped del vientre de Candy.

Ambos rieron ante la reacción. El bebé comenzó a moverse con violencia.

—Me temo que se ha molestado —musitó Candy acariciando la parte izquierda

—Y mucho —dijo Terry haciendo lo mismo pero en la para derecha.

Un rayo de luz se colaba por una ranura de la cortina. Candy se removió perezosamente.

—¡Aush!

Su grito alertó a Terry, quien envuelto en una toalla salió del cuarto de baño.

—Terry ponte algo rápido y ve por Vickie, ya es hora.

—¡Eh! —abrió los ojos —no, no voy a separarme de ti. ¿Que si me necesitas?

—Te...Rry... E...Ta...Ré Bi...En —decía Candy mientras respiraba de la manera como su cuñada Vickie le recomendó hacerlo —Ve... Por... Vi.. Ckie... A... Ho... Ra.

Luego de tres horas, el llanto de un bebé hizo que al resto de los huéspedes del castillo Grantchester tuvieran un motivo mas para celebrar.

—¿Que ha sido? —preguntó una ilusionada Lady Eleonor.

—¿Que han sido? —la corrigió la nana Pony con una sonrisa —Un niño y una niña

—¡Oh por Dios! —exclamaron al unísono las damas ahí congregadas.

Terry tomó entre sus brazos a ambos bebés.

—Gracias Candy —depositó un beso a cada uno —Te amo mas que a nada en este mundo y cumpliré la promesa que te hice hace 3 años, mientras yo viva, no permitiré que nada ni nadie les haga daño —Los Amo mas que a nada en este mundo y por ustedes estoy dispuesto a dar mi vida si es necesario —una sonrisa se dibujó en su rostro —Solo espero que Terry y Richard no vayan por la vida Resistiéndose Al Amor.

—¿Y que hay de la pequeña Eli?

—¡Oh no! Ella si debe debe hacerlo, yo me encargaré de correr a cualquiera que se le acerque.

—Si claro, al igual que lo hicieron Albert y Anthony contigo.

—Es diferente, ellos me conocían muy bien y sabían que su pequeña hermana no podia estar en mejores manos que en las mías.

—Eres un presuntuoso.

—Pero muy guapo —Movió sus cejas traviesamente y rió.

—Que modesto Milord.

—Pero así me amas —le guiñó un ojo.

—Con todo mi ser —respondió ella devolviéndole el gesto y extendiendo sus manos para recibir a los bebes.

—No habrá día que no le agradezca a Dios el que haya guiado mis pasos hasta ti aquella tarde —acercó su rostro al de ella y besó sus labios —Y pensar que iba huyendo de Londres para no perder mi preciada soltería y caí rendido a tus pies, y por mas que intenté resistirme el Amor que nació en mi interior, pero fue tan fuerte que doblegó mi voluntad.

—El verdadero Amor es capaz de derribar murallas —musitó ella mientras besaba a uno de sus bebés —y tu lo hiciste conmigo —sonrió —de no haber sido por tu paciencia y persistencia yo jamás hubiese dicho una sola palabra de lo sucedido en Hyde Park.

—Gracias Terry, muchas gracias por enseñarme que el temor es un sentimiento que lleva al ser humano a tomar caminos equivocados.

—Soy yo quien tengo que agradecerte —dijo él besando sus labios.

La puerta de la habitación se abrió y el pequeño Terry corrió hacia ellos seguido por el resto de la familia. Terry se agachó, lo alzó en brazos y lo acercó a la cama donde yacía Candy junto a los nuevos miembros de la Familia Grantchester.

—Terry, a partir de hoy, debes cuidar de tus pequeños hermanos en especial de la pequeña Eli —dijo Terry padre a su hijo mayor.

Como si comprendiera a la perfección las palabras de su padre, el pequeño Terry sonrió y asintió.

Todos dentro de la habitación comenzaron a reír.

A partir de ese día, las risas y los gritos inundaron todos los rincones del castillo Grantchester.

Fin...

—Ahora si, misión cumplida.

—Feliz día de la Mujer mis bellas chicas ;)