Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta.
Rio de Janeiro, Brasil
Ser diferente…¿Qué era aquello con exactitud? Todos eran diferentes en su estado fundamental, la vida era igualitaria pero las condiciones, las características personales o físicas, las creencias, todas estas menciones subjetivas no tenían importancia sustancial, pero en una sociedad siempre se juzgaba primero por la apariencia y conducta y luego por todo lo demás porque se luchaba por encajar, no importaba cuantos años o siglos pasaran, en el aspecto humano la sociedad seguía siendo conformada por personas que intentaban encajar, algunos abandonaban sus creencias en busca de algo más, otros sus hogares y otros como Sakura intentaban integrarse al estilo de vida de otros pero sin poder vivir libremente como tanto pudiera desear, siempre sintiéndose el bicho raro, aquella que no encajaba a sus dieciocho años en que era tan importante formar parte de algo más, sintiéndose sola mientras observaba por la ventana de la sala del apartamento que compartía su madre, a través de la cortina de persianas que la apartaba del mundo y la gente normal, contemplando la calle del exterior que era transitada, esperando divisar a su madre que había salido a hacer las compras. En cuanto la vio aparecer en el umbral del edificio, esbozo una ligera sonrisa que se transformó en un gesto de inevitable incertidumbre cuando vio que su madre era seguida por un pequeño grupo de jóvenes de su edad que eran parte de su clase en la escuela, amigas suyas y que la habían invitado a una fiesta de cumpleaños…solo que había un pequeño problema, su madre no le permitía ni le permitiría asistir a la casa de otras personas, su religión lo impedía.
-Señora, por favor— rogó Ami, sin darse por vencida.
-Por favor, espere— secundo Eiko, quien acompañaba lealmente a su amiga.
-¿Qué es lo que quieren con Sakura?—cuestiono Mebuki, deteniendo su andar y volteando a verlas, cansada de intentar ignorarlas sin resultado.
-Voy a celebrar en una discoteca mi fiesta de cumpleaños, señora Mebuki—comunico Ami con una sonrisa, esperando que la señora Haruno diera su aprobación para que Sakura asistiera a la fiesta.
-Sakura no puede ir a las discotecas, nuestra religión no lo permite—objeto la Haruno luego de oírla, dando por terminado el asunto.
Ya sea que supiera que iba a suceder o no, Mebuki presto oídos sordos y continuo su camino al interior del edificio, escuchando tras de sí un inevitable coro de risas de parte de aquel grupo de jóvenes adolescentes que como era de esperar no entendían que no era diferentes solo porque si, su religión y forma de pensar era completamente diferente de la de ellas, pero a diferencia de como hacían esas jóvenes que se burlaban, ellos respetaban sus creencias sin importar lo dispares que fuera. Mebuki había pasado toda su vida en Brasil como una mujer musulmana criada en occidente, se había enamorado y casado con Kizashi, un amoroso esposo y un hombre de buena familia que tristemente había fallecido hacía ya varios años, dejándola sola y con una hija que criar y educar por su cuenta en una sociedad distinta a la que estaba acostumbrada en su natal Marruecos, como era de esperarse y en un mundo tan diferente del que se vería si estuvieran en Marruecos, Sakura anhelaba la libertad que veía en las calles, quería ser igual a la mayoría de las jóvenes de su edad, ingenua por su juventud y demasiado enamorada de la vida como para ver que una mujer debía adaptarse al rol que le tocara interpretar y no solo a sus deseos personales. Recobrando el aliento tras subir por las escaleras hasta el tercer piso donde se encontraba su apartamento, Mebuki abrió la puerta de la casa que no tenía seguro a esa hora, dirigiéndole una mirada a su hija que la observaba de pie junto al sofá, con una expresión ligeramente decepcionada y de brazos cruzados, la postura que siempre tomaba cuando quería pedir algo…ay, que niña, podía no ser egoísta, pero si quería algo no se daba por vencida hasta conseguirlo o bien llevarse una triste desilusión.
-Esas muchachas brasileñas no nos dan un momento de paz—se quejó la Haruno, negando para sí y emitiendo un bufido por lo bajo, cerrando la puerta tras de sí.
-¿Por qué les dijiste que no puedo ir por causa de mi religión?—pregunto Sakura, ayudando a su madre con las bolsas, dejándolas sobre la mesa de la cocina. -Ahora todas van a reírse de mí, a burlarse—ya era bastante malo ser tan diferente como para ahora dar aún más razones todavía para que se burlaran de ella.
-¿Burlarse?, ¿de qué?—cuestiono Mebuki, no entiendo el porqué de semejantes pensamientos de parte de su hija. -Nosotras no nos reímos de la religión de ellas, ¿Por qué van a burlarse de la nuestra?—no debería existir disidencia en el mundo, solo unión.
Occidente no entendía lo importante que era vivir en todo momento del día en comunión con Dios, los occidentales habían perdido el temor a los castigos con motivo de los malos actos que cometían, para ellos Dios era un ser invisible que existía para asustar a los niños, para ellos Dios era algo sin sentido y que no existía pero contrarios a ellos, los musulmanes veían en Dios a un padre amoroso y permisivo que amaba a la humanidad, su gran creación pero que como padre en ocasiones tenía que castigar a sus hijos y recordarles el orden de las cosas. Puede que Brasil no fuera el mejor lugar para criar a una hija y eso Mebuki lo tenía claro, Sakura tenía la consciencia de una joven musulmana, seguía todo lo que dictaba el Corán tal y como ella se lo había enseñado, pero…y era un gran pero; estaba tan familiarizada con el modo de vida de los occidentales que en ocasiones parecía querer cambiar de vida, claro que su fe por Alah, por Dios, era incuestionable pero parecía estar dispuesta a dejarlo todo por aquello que conquistara su corazón, una postura bastante romántica e idealista. Seria, cruzando los brazos por sobre su pecho, Sakura observo estoicamente a su madre, tenía dieciocho años por el amor de Dios, ¿Por qué no podía ir a una fiesta como lo haría cualquier chica de su edad?, ¿Por qué tenía que pensar en todos los pros y contras antes de hacer algo? Se sentía como un pájaro encerrado en una jaula de oro, batiendo sus alas a cada instante, anhelando probar la libertad y disfrutar de ella como tanto quería, sintiendo que tenía un lugar al que pertenecer pero por lo visto y según le había inculcado su madre, tal cosa era imposible porque su vida era demasiado diferente del resto de la gente en Brasil, era totalmente diferente.
-Yo nunca puedo hacer nada—se quejó Sakura, casada de esa situación, cansada de tener que ser diferente todo el tiempo cuando lo que quería era formar parte de algo más, -no puedo estudiar en la casa de nadie, ni dormir en la casa de nadie ni a fiestas con nadie—enumero, rogándole entre líneas a su madre que le permitiera algo de libertad, aunque fuera un poco.
-Hagan la fiesta aquí en la casa—contrario la Haruno a su hija, como si fuera lo más natural del mundo, y lo era para ellas, -trae a tus amigas para estudiar aquí, para dormir aquí—sugirió, no objetando en lo absoluto a que tuviera amigas, pero no así a que se dejase corromper por los occidentales como hacia la mayoría de la gente.
-No son malas las discotecas, madre—intento convencer ella con ojitos de cachorro, porque aquello que era diferente no tenía por qué ser malo si se le daba una oportunidad.
-Dios bendito, paciencia—oro Mebuki en voz alta, haciendo oídos sordos a los ruegos de su hija, no gustándole el camino que estaba tomando la conversación. -Estoy tan impaciente porque termines esos exámenes, ya me deprime bastante lo que escucho en el hospital—se quejó, cambiando el tema, logrando sensibilizar a su hija que bajo la mirada, preocupada como siempre de su enfermedad. -Hay dos cosas en la vida que la gente solo valora cuando se acaban; la juventud y la salud—nombro de mejor humor ya que ella ya no tenía ninguna de las dos, especialmente la primera.
Usualmente tanto Sakura como su madre elegían no tocar mucho el tema, su religión les hacía creencia fielmente que todo problema siempre venia junto a una solución que se encontraba con el tiempo, por lo que no descartaban que el tratamiento médico que la matriarca Haruno estaba recibiendo para tratar su cáncer de corazón tuviera el éxito que esperaban sumado al hecho de que en el último tiempo Mebuki ya no sentía problemas para respirar ni para dormir, se sentía mejor y podía hacer su vida como haría una mujer normal, por supuesto que no trabajaba en nada porque su religión no veía con buenos ojos que una respetable viuda abandonara su hogar y se exhibiera por la calle, de hecho era su familia política por parte de su difunto esposo quien le brindaba ayuda, enviando dinero suficiente cada mes como ara sobrevivir sin problema alguno, tal vez no tenían una casa pero ese pequeño y acogedor apartamento era todo cuanto podían necesitar, después de todo existían personas que ni siquiera tenían un techo bajo el cual dormir o comida que llevarse a la boca y eso sí que era triste, no podían ignorarse los regalos de Alah, eso era un pecado demasiado grande. Emitiendo un quedo suspiro por lo bajo, sintiendo una opresión en el pecho al imaginar una vida sin su madre, Sakura intento concentrarse en lo que realmente era importante para ella en ese momento; su libertad, tenía dieciocho años y recientemente se había graduado de la secundaria por lo que ahora tenía eran grandes anhelos de entrar a la universidad y convertirse en médico, pero no sabía si podría hacerlo ya que su religión consideraba que el único lugar de una mujer estaba en su casa y junto a su esposo ya que tenía edad suficiente como para pensar en el matrimonio.
-Desde luego, madre—acepto Sakura, no pudiendo discutir respeto a ese tema, -¿pero y los compañeros de mi escuela, y mis amigas?—no era su intención drogarse o beber hasta perder el conocimiento, pero si tener una noche normal como cualquier chica de su edad.
-Ellas son brasileñas, pero tú no lo eres—recordó Mebuki con severidad, observando seriamente a su hija que le sostuvo la mirada como siempre. -Las discotecas son lugares para beber, de lujuria, son lugares de pecado—obvio, aludiendo sus creencias y las de su hija que finalmente bajo la mirada, no pudiendo pasar por encima de su fe y de todo lo que creía como musulmana que era. -Ese no es tu ambiente, Sakura—intento hacerle entender, alzando una de sus manos y acariciándole las mejillas amorosamente.
-¿Y dónde está mi ambiente, madre?—inquirió la pelirosa, volviendo a sostenerle la mirada. -Yo crecí aquí, siempre he vivido aquí—evidencio lo obvio, no pudiendo más con la frustración de sentirse un bicho raro, y su madre no le aportaba ideas para superar este sentir, -estoy cansada, me siento diferente, quiero ser igual a todo el mundo—se quejó, no queriendo tener que seguir siendo un pez fuera del agua, eso era horrible.
-Tu solo estas aquí de paso, mi princesa, un día no muy lejano vamos a volver, viviéremos con la familia de tu padre en Marruecos—se expresó ella, estrechando las manos de su hija entre las suyas, -esa es nuestra casa, nuestro lugar—añoraba su tierra y no dudaba de que Sakura se enamoraría de aquel inmenso desierto en cuanto lo viera, estaba en sus venas.
Su pequeña de ojos jade como la piedra que llevaba alrededor del cuello era demasiado inocente y ese era el mayor temor de Mebuki, a ella ya le había tomado años adaptarse a la vida de una mujer musulmana tradicional, siempre haciendo y siendo lo que su esposo le pedía que fuera sin importar que lo hubiera amado y aun lo amara, Sakura por otro lado pensaba como una occidental en cuanto al amor se refería, creía que todo era perfecto como en los cuentos de hadas y que algún día su vida sufriría un gran cambio por encontrar al hombre que amaba, pero las cosas no eran tan fáciles, menos aún en Brasil, si tenía el tiempo suficiente de vida, el mayor deseo de Mebuki era regresar a Marruecos junto a su hija y lograr encontrarle un buen matrimonio que la hiciera feliz y la protegiera de sí misma. Haciendo un infantil puchero, Sakura observo seriamente a su madre quien comenzó a guardar el contenido de las bolsas, la pelirosa a nada estuvo de ayudar como siempre antes de ser salvada por la campana que era su teléfono que vibro sobre el sofá como prueba de que acababa de recibir un mensaje que reviso lo más sigilosamente posible; estoy afuera, ¿lo de nuestra cita sigue en pie? Una sonrisa se plasmó en el rostro de la encantadora pelirosa que se mordió disimuladamente el labio inferior, recordando que es lo que había prometido en su última cita. Para que su madre no la viera, Sakura regreso su teléfono al sofá, acudiendo en su ayuda para guardar cuanto antes el resto de los víveres en la despensa, intentando camuflar lo mejor posible su alegría para no ser descubierta por su madre hasta que una vez libre, espero la oportunidad perfecta para pedir permiso y salir de casa ahora que ella estaba ahí.
-Iré a pasear a la playa—solicito Sakura, queriendo dar por terminada la conversación y no enojarse con su madre que siempre hacia todo lo posible por verla feliz.
-Ve, pero ten cuidado, no te asolees demasiado—consintió Mebuki, dándole como siempre y entre líneas cuando mucho de una a dos horas de plazo en la calle, no más.
Asintiendo apresurada, Sakura beso la mejilla de su madre, casi chillando de una alegría que resulto contagiosa para Mebuki que sonrió al verla dirigirse a toda velocidad a la sala de donde tomo su chaqueta verde claro, guardando su teléfono en los bolsillos y su velo que acomodo ante el espejo para que ocultarla eficientemente su cabello, cruzando el lienzo sobre su hombro, dirigiéndole una última mirada a su madre antes de abandonar el apartamento. Entre las más importantes tradiciones musulmanas se encontraba la de que una mujer que menstruara debiera cubrirse la cabeza con el velo como símbolo de respeto de su persona para con el resto y no ser un símbolo de lujuria que atrapara la atención de otros, y si bien Sakura no creía ser nada encantadora como para necesitar del velo para pasar desapercibida, cumplía con esta norma al pie de la letra. Serena en todo momento, Sakura se mantuvo calmada e imperturbable al momento de abandonar edificio en caso de que su madre la estuviera observando por la ventana del apartamento, pero en cuanto doblo por la esquina, una luminosa sonrisa se plasmó en su rostro, haciéndola correr lo más rápido posible a los brazos de su novio que la elevo del suelo, envolviendo sus brazos alrededor de ella. Bueno, Gaara y ella eran novios pero a espaldas de sus padres; ella no le había dicho nada a su madre por temor a decepcionarla y Gaara tampoco le había dicho nada a su padre porque él ya estaba presionando mucho para que entrara a la universidad y estudiara derecho, decirle que tenía novia y todavía más que esta era musulmana era algo muy difícil de expresar, pero Gaara estaba decidido a darle la noticia y pronto.
-¿Cuánto tiempo tenemos?—pregunto Gaara al romper el abrazo, acariciándole la mejilla amorosamente, disfrutando del simple hecho de poder verla sonreír solo para èl.
-De una a dos horas, le dije que iría a la playa—contesto Sakura, casi chillando de alegría al volver a verlo luego de una semana separados, -vamos, rápido—apremio, besándole la mejilla.
Tan ansioso y entusiasta como ella, Gaara le abrió la puerta del auto, permitiéndole subir antes de hacerlo por su cuenta y encender el motor, alejándose de allí hacia su propio paraíso…
Mantener una relación en secreto era difícil, pero no imposible si se aprovechaban todas las instancias posibles como hacían Sakura y él, por lo que Gaara no pudo agradecer más que la ama de llaves no estuviera en casa y su padre en la oficina, encerrándose a solas en su habitación junto a Sakura como ambos habían querido hacer desesperadamente durante el último tiempo. Llevaban unos meses de relación en este permanente estado de secretismo y ambos eran tan tímidos que habían tardado mucho en llegar a este punto de su relación en que habían contenido lo más posible el fuego que se había formado ente los dos tras tanto tiempo conociéndose, entregándose mutuamente a la incomparable experiencia que representaba perder la inocencia en los brazos del otro, tumbados sobre la cama a plena luz del día, con el sol iluminando sus pieles mientras se besaban, conociendo cada rincón de sus cuerpos, marcando como suyos cada poro y fragmento de su piel hasta sentir el clímax hacerlos gritar de pasión, sosteniéndose la mirada entre sí. Recuperando el aliento uno al lado del otro sobre las sabanas, ambos se dedicaron a observar en los ojos del otro como si no existiera nada absolutamente más importante que ellos y su amor, más el intenso contacto entre sus miradas fue roto una vez Gaara sintió su teléfono vibrar contra la superficie de la mesa de noche, tomándolo y leyendo el mensaje que su padre acababa de enviarle, bufando por bajo al ver terminada su tarde junto a su novia, reacción que no pasó desapercibida para Sakura quien temió que hubiera ocurrido algo malo.
-¿Qué pasa?—pregunto Sakura, sentándose sobre la cama, no sintiéndose vergüenza como para cubrir su desnudez, ignorando sus largos cabellos rosados que cayeron sobre sus hombros, cubriéndola de forma inconsciente.
-Es mi padre, quiere que vaya a la empresa— contesto Gaara, regresando el teléfono a su mesa de noche, volteando a verla solo a ella, ignorando todo lo demás.
Su padre era un empresario muy exitoso y no esperaba otra cosa que el hecho de que su hijo siguiera sus pasos ya sea que lo quisiera o no, no, esperaba no era la palabra correcta; quería que su hijo siguiera sus pasos y cuando a Rasa Sabaku se le metía algo en la cabeza, rara vez no lo conseguía y eso Gaara lo tenía muy claro siendo su hijo, no importaba que él tuviera el corazón de un artista y quisiera ser músico, no, lo único importante para el señor Rasa Sabaku es que su exitosa empresa siguiera adelante sin importar que. En un gesto espontaneo pero irresistible para Gaara, Sakura apego sus rodillas hacia su pecho en un cuatro que ojala y hubiera sido retratado; ella sentada sobre su cama, completamente desnuda y con aquella embriagadora mirada jade cargada de inocencia, con sus largos cabellos rosados cayendo tras su espalda y sobre sus hombros para cubrir sus pequeños pechos, con aquellos labios rojos llamándolo, mas él se contuvo, centrándose en contemplarla como la diosa que aprecia ser y no como el objeto de su deseo. Tal vez ella debería ser más exigente y hacer que Gaara diera a conocer formal y apropiadamente su relación a su padre porque Sakura sabía que había cometido una locura al ir en contra de lo enseñado por su religión y entregar su virginidad a un hombre sin estar casada con él, pero estaba tan enamorada de Gaara que nada la había detenido, además ambos iban muy enserio en su relación y ella estaba completamente segura de que se casarían a futuro, por lo que ella apoyaba que él no quisiera seguir lo que su padre tenía en mente para él al estudiar derecho y administración de empresas en una universidad y pasar el resto de su vida en una monótona oficina como un aburrido empresario.
-¿En verdad quiere que estudies derecho?—pregunto Sakura, entre divertida y confundida ya que eso en nada coincidía con el espíritu libre de su novio.
-Sí, pero si por mí fuera solo me dedicaría a la música, y a ti—contesto Gaara, inclinándose para unir brevemente sus labios con los de ella que se estremeció ligeramente como siempre hacia cuando disfrutaba de algo. -¿Te lastime?—pregunto, golpeándose la frente mentalmente por no haberle hecho esa pregunta momentos atrás.
-Un poco, pero me alegra que lo hicieras tú—tranquilizo la pelirosa con una sonrisa, pegando su frente contra la de él.
En ese punto estaba mintiendo un poco, claro que había sido placentero que su primera vez fuera junto a la persona que amaba y estando a solas sobre esa cama y sumergidos en su propio mundo…pero esta primera vez no había sido tan perfecta como ella había imaginado que lo seria, había sido bastante torpe y dolorosa sumado al hecho de que ella no había alcanzado un orgasmo como tenía entendido que si ocurriría, de hecho nada de lo que ella había pensado que sería este importante y único instante en su vida había sido como ella lo había imaginado, pero no quería arruinar la felicidad que ella y Gaara tenían con una queja así de su parte, esta era solo su primera vez, cuando lo volvieran a intentar ella ya no volvería a sentir dolor y con el tiempo ambos se conocerían mucho más como para dejar este momento ligeramente agridulce atrás, pero ella se prometía con certeza no volver a compartir semejante intimidad con él hasta que al menos estuvieran prometidos en matrimonio. Por supuesto que amaba a Gaara pero no podía arriesgar todo lo que tenía por él, él no debería pedírselo tampoco ya que él amor no era tan egoísta a su entender, por lo que ahora lo mejor era devolverlo a la realidad y a sus obligaciones porque tal vez así su padre el señor Rasa vería que ella solo quería lo mejor para él y si ese algo mejor era liderar la empresa después de él, pues sea. Volviendo ligeramente su mirada hacia el reloj sobre la mesa de noche tras Gaara que la observaba intensamente, Sakura reparo en que contaba con el tiempo justo para regresar a casa como le había permitido hacer su madre al momento de permitir salir, si quería más permisos tenía que seguir las reglas.
-Yo también debería irme— determino la Haruno finalmente, levantándose de la cama para recoger su ropa, siendo imitada por él, -no quiero que mi madre se preocupe—menciono, pensando en que diría su madre si supiera lo que estaba haciendo a sus espaldas.
-Oye—llamo Gaara, haciéndola alzar la mirada mientras acunaba su rostro entre sus manos, -te prometo que muy pronto lo haremos oficial, hablare con tu madre y de ser necesario me voy a convertir—prometió sosteniéndola la mirada en todo momento, haciéndole ver la veracidad de sus palabras.
Amaba a Sakura, por supuesto que no era particularmente creyente en Dios ni en nada semejante pero si la única forma de estar junto a ella era convirtiéndose en musulmán, él no tenía problema con eso, y una vez hecho eso le pediría la mano de Sakura a su madre, es más, hoy mismo tenía pensado informarle a su padre de su relación, haría todo eso y más por ella. Enternecida por sus palabras, Sakura sonrió alegre, haciendo que sus ojos jade brillaran a la luz, embelesándolo todavía más. Estarían juntos, se amaban, ¿Qué más era necesario?
Por precaución y para no ser vistos por personas conocidas y que brindarían miradas indiscretas o que pudieran crear rumores, Sakura no tuvo problemas y tomar un autobús en su regreso a casa en lugar de dejar que Gaara la aproximase a su casa en su auto, él ya tenía que reunirse con su padre en la empresa y ella no se perdonaría ser un lastre o carga para él, jamás lo había sido, no se sentía cómoda con ello. En cuanto el autobús se detuvo, Sakura se levantó de su asiento y bajo del vehículo, ignorando la mirada de curiosos que la observaban diferente por el velo que cubría su cabello ni su larga falda blanca hasta los tobillos junto a su chaqueta verde claro, sintiendo la brisa remover sus cabellos, caminando por la calle con absoluta calma en su regreso al apartamento, revisando la hora en su teléfono en espera de no romper con el plazo que su madre le había dado más afortunadamente disponía incluso de tiempo de sobra por lo que no recibiría reprimenda alguna. La pelirosa acomodo mejor el costado del velo sobre su hombro mientras caminaba para que el viento no expusiera su cabello más de lo debido, frunciendo ligeramente el sueño en cuanto doblo la esquina y vio en la entrada del edificio de apartamentos a una de sus vecinas que aprecia estar esperando algo o a alguien, nerviosa y con la mirada baja, algo muy confuso y por lo que Sakura acelero su andar lo más posible en un intento por ser de ayuda, esperando que no hubiera ocurrido algo malo. Alzando la mirada, Toka algo la mirada desde su lugar al percibir movimiento junto a ella, suspirando de alivio o mayor preocupación al ver que se trataba de Sakura, la hija de su vecina.
-Sakura, gracias a Dios que llegaste, no sabía cómo encontrarte—suspiro Toka al verla, no sabiendo si agradecerlo o lamentarse por ello.
-¿Qué paso?—pregunto la pelirosa, sintiendo un escalofrió recorrerle la espalda, temiendo lo peor.
-Tu madre se desmayó—contesto ella ante la expresión de preocupación de la joven.
-¿Qué?—Sakura sintió como si se le helara la sangre, no…tenía que haber un error.
-Ya llame a la ambulancia—informo la pelicastaña, intentando serle de apoyo.
Queriendo dar las gracias por la ayuda y la atención hacia su madre pero no pudiendo tolerar escuchar más, Sakura paso corriendo junto a la señora Toka, entrando a toda velocidad al edificio y subiendo las escaleras, apoyándose en la baranda e intentando no tropezar en el proceso, sintiendo como si cada parte de su cuerpo temblara de forma incontrolable debido a sus propios nervios, sintiendo la culpa bañarla de los pies a la cabeza, porque en ese momento se arrepentía de todo el tiempo que había pasado junto a Gaara, porque en lugar de salir a pasear y pensar en el amor debería de haberse quedado en casa y ayudado a su madre en todo lo que fuera necesario e incluso más porque tal vez ella si se había sentido mal antes de permitirle salir y solo había callado para proporcionarle una alegría a ella que era tan tonta y egoísta, y que no había hecho sino quejarse por ser víctima de limitaciones de su parte. En cuanto llego a la puerta del apartamento, Sakura ingreso de golpe sin molestarse en lo absoluto en cerrar la puerta tras de sí, llamando en voz alta a su madre una y mil veces pese a saber que no obtendría respuesta porque su madre no se encontraba bien pero si en un intento por calmarse a sí misma, aun así recorrió cada habitación antes de dirigirse al cuarto de su madre donde la encontró recostada sobre la cama, ligeramente pálida y con una expresión cansina en el rostro, como si la simple acción de parpadear le resultara agotadora más aun así le dirigió una sonrisa a su hija que ingreso lentamente en la habitación, arrodillándose junto a la cama y sosteniendo la mano de su madre que no dejo de verla en todo momento como si fuera lo más maravilloso del mundo, y lo era para ella.
-Mamá—murmuro Sakura, con la voz quebrada de preocupación, -¿Qué paso, mamá?—pregunto, estrechando una de las manos de su madre entre las suyas.
-Mi pedacito de miel…- nombro Mebuki, observando atentamente a su hija, solo concentrándose en ella y en nada más.
-Llamare a tu médico—decidió ella, pretendiendo levantarse pero su madre le apretó ligeramente las manos en respuesta.
-No llames a nadie—pidió la Haruno haciendo que su hija se mantuviera a su lado y escuchándola, -ya llego mi hora, lo sé, este es el fin, gracias a Dios—su vida había sido demasiado larga sin su esposo, ahora por fin volvería a ver a Kizashi, no volvería a estar sola.
-No hables así, mamá, el doctor dice que tu corazón está bien, que el tratamiento está resultando—intento animar Sakura, no entiendo porque su madre se encontraba mal si el doctor decía que el tratamiento estaba resultando muy bien.
-Mi preciosa flor, mi princesa…- nombro Mebuki, contemplando con asombro como la niña que había nacido de ella se había convertido en una hermosa jovencita.
-¿Qué es lo que más te duele?, dime—solicito la pelirosa sin soltar la mano de su madre, intentando distraerla y hacerla sentir mejor.
-Tu tío Hiruzen va a cuidarte, pequeña, como cuido también a tu prima Izumi—aseguro la Haruno a su hija, sabiendo que la dejaba en las mejores manos, -ya verás lo hermosa que es nuestra tierra; vas a ver las dunas, el mercado, la mezquita, las caravanas de camellos—nombro sintiendo nostalgia de cada una de las maravillas de su tierra que hubiera deseado poder ver al menos una última vez antes de morir.
-No, madre, tenemos que conocer todo juntas—negó Sakura, no queriendo ver nada de esa tierra por sí sola, quería hacerlo junto a su madre, ella había prometido que regresarían a Marruecos juntas.
-Cuando eras pequeña, todo lo que querías era subir a un camello—recordó Mebuki, sintiéndose joven otra vez al recordar a su hija como una pequeña niña, -allá nunca te sentirás diferente de los otros, mi florecita, serás feliz, muy feliz—aseguro, confiando en que por fin su hija sabría cuál era su lugar, por fin sabría que formaba parte de algo aún más importante.
Para los occidentales, Marruecos era una tierra perdida, un lugar en medio del desierto con poca o nula importancia pero para aquellos como Mebuki, Marruecos lo era todo; había crecido allí antes de que su familia se mudara a Brasil donde había conocido a Kizashi, había regresado a esa tierra en una o dos oportunidades en su pasado; una mientras había estado embarazada y la segunda cuando Sakura había tenido siete años, apenas dos años antes de que Kizashi muriera y las dejara solas. Pasar todos esos años sola había sido muy duro para Mebuki, al fin y al cabo según su religión una mujer no era nada sin su esposo y un hombre no era nada sin su esposa, su único consuelo para hacerla aferrarse a la vida había sido su pequeña hija pero ahora Sakura ya no era una niña, tenía la edad apropiada para casarse y ser entregada con bien a un buen matrimonio, Hiruzen se encargaría de eso, se lo había prometido y sabiendo que lo cumpliría, Mebuki pudo soltar ese último aliento que había estado conteniendo hasta ese instante. Sosteniendo la mano de su madre entre las suyas en todo momento, Sakura sintió un balde de agua fría caerle por la espalda en el momento en que sintió la mano de su madre como un peso muerto que no se aferraba a ella, percibiendo como el calor abandonaba su piel y su pecho dejaba de ascender y bajar como señal de que estaba respirando, y su mirada que hasta entonces se había concentrado en ella repentinamente se centró en la nada de donde no se apartó, sin parpadear y con los labios ligeramente entre abiertos. Conteniendo el aliento, Sakura zarandeo ligeramente el hombro de su madre que se mantuvo quieta e inerte, haciéndola sollozar por lo bajo al darse cuenta de que su madre ya no estaba ahí a su lado.
-No, mamá, no me abandones, por favor—sollozo Sakura, acariciando la mejilla de su madre cuyos ojos observaban a la nada, -solo te tengo a ti, madre, no me dejes. ¿Qué haré sin ti?— enterró su rostro contra el cuello de su madre, sin soltar su mano en ningún momento, refugiándose en su calor que se evaporaba.
Hasta hoy su mayor temor había sido no encajar, ser completamente diferente del resto de las personas que la rodeaban, ser una extraña…pero ahora se daba cuenta de que su mayor temor había sido estúpido y superficial porque ahora se encontraba completamente sola en el mundo, ahora si era diferente de todos quienes la rodeaban porque ya no tenía a su madre a su lado para guiarla ni hacerla sentir bien con un beso en la frente y un abrazo. Estar sola y sin la persona más importante en su vida, eso era lo más aterrador que podía existir.
Rasa Sabaku era un hombre de gran prestigio en Rio de Janeiro, un hombre que había labrado su propia empresa y fortuna casi con pura fuerza de voluntad hasta convertirse en uno de los exportadores de alimentos más reconocidos en todo el país y en el medio internacional, además de su empresa contaba con un laboratorio medico a cargo de un gran amigo suyo que estaba realizando importantes investigaciones sobre la viabilidad de tratamientos naturales alternativos para tratar enfermedades como el cáncer y que estaban dando exitosos resultados, ¿pero que eran todos estos logros si no conseguía transmitirlos? Su esposa Karura había fallecido hacia seis años atrás debido al cáncer de útero, una enfermedad que tristemente continuaba cobrando vidas en el mundo, pero pese a lo doloroso que fuera para él tener que vivir solo, no podía olvidar que la empresa dependía por completo de él y de quien habría de sucederlo. Formalmente tenía tres hijos; Kankuro que vivía en el extranjero y que había hecho su vida de forma independiente, Temari que estaba terminando la universidad en Norte América y finalmente Gaara, su joven hijo de dieciocho años a quien día y noche intentaba moldear a imagen de sí mismo, ignorando adrede la consciencia artística de su hija para volverlo el hombre de negocios que debería ser, buscando la mejor universidad posible para que estudiara derecho y administración de empresas para dirigir todo lo que un día le pertenecería cuando llegara el momento, salvo que había un problema, su hijo estaba enamorado y quería casarse, nada grave descontando el hecho de que la joven que había conquistado el corazón de su hijo era musulmana, algo inadmisible para él que no consentía ni consentiría jamás una relación así.
-Debes estar bromeando, Gaara—fue todo lo que Rasa pudo contestar luego de que su hijo le explicara con la suficiente claridad que es lo que pretendía hacer estando enamorado.
-¿Por qué?, ¿Qué tiene de malo?—cuestiono Gaara ante la negativa de su padre, intentando hacerlo entrar en razón y entender lo que quería decirle.
-¿Qué tiene de malo?—repitió el Sabaku ante la torpeza romántica de la que era víctima su hijo. -Eres mi único hijo, y no voy a perderte ni mucho menos ser el hazmerreír de la gente porque quieras convertirte en musulmán por una chica que ni siquiera conozco y que hasta ahora da todas las señales de no ser de mi agrado—francamente le importaba un bledo la tal Sakura que si bien parecía ser de buena familia hasta hoy le era una completa desconocida, y él no quería cambiar esa situación.
-Papá…- intento contrariar él inútilmente, ya sabiendo que su padre lo haría callar.
-No, no cambiare de opinión—corto el Sabaku tajantemente, no queriendo oír la opinión de su hijo respecto de ese tema, -corta cuanto antes tu relación con esa muchacha, tengo en mente un mejor prospecto para ti—admitió haciendo que su hijo alzara la mirada como prueba de que lo estaba escuchando aunque no lo pareciera, -su nombre es Matsuri Sunagakure; hermosa, respetable, inteligente, culta y de buena familia, muy bien relacionada—detallo con personal satisfacción, queriendo a esa joven como nuera y a ninguna otra. -Confía en mi hijo, yo sé lo que es mejor para ti—aconsejo, situando una de sus manos sobre el hombro de su hijo en uno de sus pocos gestos paternales para con él.
-Si, padre—contesto Gaara mecánicamente, resignado a hacer lo que su padre considerara mejor, no imponiéndose a su voluntad como siempre.
Como un buen católico practicante, no era precisamente alentador para Rasa escuchar de la propia boca de su hijo que prefería cambiar de religión para volverse musulmán por una muchacha que no conocía era ridículo, ya podía imaginar a su hijo con su tapete y orando hacia la meca…Dios, sería el hazmerreír de todo el mundo, sumado a que por costumbre musulmana debería pagar una dote por la joven de la que su hijo estaba enamorado, algo completamente inconcebible, pero afortunadamente y contrario al resto de sus hijos, Gaara le tenía un muy profundo respeto, era incapaz de desafiar lo que él le pidiera y contaba con ello para dar por terminada esta relación de inmediato. En ese momento Gaara deseaba imponerse a su padre, decirle que no estaba de acuerdo con lo que él le estaba diciendo y que quería estar con Sakura sin importar lo que él pensara al respecto…pero no se atrevía a desafiarlo, no estando solo, su hermano mayor Kankuro había estado con él siempre que en el pasado había tomado grandes decisiones en su vida, Kankuro era el valiente y temerario en la familia, quien no temía hacer lo que le diera la gana aun hiendo contra lo que dijera su padre, pero él no era así y por mucho que Gaara amara a Sakura en ese momento sabía que no podía dejarlo todo por ella sin importar cuanto lo deseara, el futuro dependía de él sin importa que lo quisiera estudiar derecho o administración porque el futuro de la empresa dependía por completo de él y si quería hacer que su padre se sintiera orgulloso de él, no había cabida en ese futuro para el idealismo y el amor, no había un lugar para Sakura sin importar que tanto quisiera tener una vida junto a ella. El joven pelirrojo se sintió salvado por la campana en cuanto escucho al igual que su padre como llamaban a la puerta.
-Adelante—permitió el Sabaku antes de que la puerta se abriera permitiendo el ingreso de su secretaria. -¿Qué pasa?—inquirió, esperando que se tratara de algo importante.
-Hay una llamada para el joven Gaara, señor—informo la joven con el profesionalismo que acostumbraba.
-¿Una llamada?, ¿de quién?—cuestiono Rasa ya que nadie o más bien muy pocas personas llamaban a la empresa para preguntar por su hijo.
-Dijo que se llama Sakura Haruno—contesto ella antes de retirarse, sabiendo que no requerían de su persona en ese momento.
-Ahora es la oportunidad perfecta—decidió el Sabaku aludiendo su anterior conversación.
-Padre…- intento protestar Gaara, no pudiendo hacer eso, no precisamente hoy.
-Ahora—exigió Rasa sin esperar otra cosa salvo obediencia de su parte.
Acababa de decirle a su hijo que debía dar por terminada esta relación de inmediato por él tenía un mejor futuro en mente para él, Gaara aún era un niño y Rasa sabía muy bien que debía recordarle el orden y la forma de hacer las cosas que él debía seguir, por lo que en ese momento a su entender no había pero que valiera la pena postergar más una decisión que ya estaba tomada, la única obligación de Gaara era seguir al pie de la letra lo que él le había ordenado, nada más. Obedeciendo a su padre como siempre, Gaara se levantó del sofá en dirección al escritorio donde yacía el teléfono que aguardaba a ser contestado por él que se sentía tan aterrado que en ese momento sintió toda su vida pasar frente a su ojos y vio cada paso dado transcurrir en cámara lenta, no queriendo hacer eso, no queriendo dar por terminada su historia con Sakura en este día que había comenzado siendo tan importante para ambos, pero hablando honestamente, ¿Qué más podía hacer? No podía ser egoísta, su padre confiaba en él y la empresa lo necesitaría algún día, a él, no a Kankuro que se había desligado hacía ya mucho tiempo de sus obligaciones o de Temari que estaba más concentrada estudiando en otra parte como para ayudarlo en ese momento. Igualmente nervioso, prácticamente temblando, Gaara levanto lentamente el auricular del teléfono, situándolo contra su oído mientras inspiraba aire profundamente en un intento por serenarse a sí mismo y no titubear, no delante de su padre que lo observaba seria y atentamente desde el sofá…no, no importa que tanto quisiera dejarlo todo y estar junto a Sakura, eso ya no era posible.
-¿Sakura?, ¿Qué paso?—pregunto Gaara, esperando poder ganar tiempo o iniciar una conversación que le permitiera explicarle calmadamente lo que estaba pasando.
-Gaara, mi madre falleció—contesto ella con la voz quebrada, sollozante mientras se refugiaba en su voz en un intento para escapar del dolor.
-¿Qué?, ¿Cuándo?—por un momento él se olvidó por completo de lo que tenía que hacer, lamentando que algo así hubiera ocurrido.
-Hoy, luego de que regresara a casa—contesto Sakura, intentando no llorar mientras hablaba con él, -Gaara, ella quería que me fuera a Marruecos, tengo que obedecerla, pero si hablamos con tu padre estoy segura de que permitiría que nos casáramos, así no tendría por qué irme—planteo, intentando estar alegre ya que no estaba completamente sola, no teniéndolo a él. -¿Dónde estás, mi amor?—pregunto, esperando que él pudiera venir a su lado y prestarle afecto y consuelo, al menos con un abrazo ahora que más lo necesitaba.
-Sakura, lo siento muchísimo pero tenemos que terminar— respondió Gaara, lamentando tener que decírselo de esa forma pero no había otra opción.
-¿Qué?—sintió como si pudiera respirar a causa de la impresión, confundida por sus palabras luego de lo que habían vivido hoy.
-Le dije a mi padre de lo nuestro y no dio su aprobación—confeso él, intentando ser lo más claro posible en porque estaba haciendo aquello para no lastimarla más.
-Pero podemos vivir juntos, buscare un trabajo, haremos que funcione, lo se…- intento plantear ella, no queriendo creer que todo llegara a su fin luego haber llegado hasta ese punto.
-Sakura, lo lamento, pero este es el adiós—contesto el Sabaku, dándolo todo de sí para prestar oídos sordos a sus ruegos sin importar lo mucho que quisiera estar con ella.
Tan pronto como le fue posible y pese a que no quisiera romperle el corazón de ese modo, Gaara colgó el teléfono tras decir estas últimas palabras…en ese momento no podía ver el rostro de Sakura, no podía saber cuál habría sido su reacción ni como se sentía pero en su mente se hacía una idea de lo mucho que la había lastimado con su frialdad y displicencia, se suponía que hoy sería el primer día del resto de sus vidas, que siempre estarían juntos…pero él no tenía el valor suficiente como para pelear por ella, tenía demasiado miedo de decepcionar a su padre como para desafiarlo y vivir esta historia de amor. Contemplando s u hijo delante del escritorio y con la mirada baja, como si buscara fuerzas para no derrumbarse, Rasa se levantó de su lugar sobre el sofá donde había permanecido hasta ese momento, levantándose y situándose junto a su hijo, haciéndole sentir su presencia a su lado al situar una de sus manos sobre su espalda. Si, puede que lo que Rasa le estuviera a su hijo fuera demasiado, tal vez estaba siendo poco humano al no empatizar con sus sentimientos románticos por esta joven pero si lo hacía era debido a que se había sentido tan devastado en su día por la muerte de Karura que por poco y había olvidado cuales eran sus responsabilidades en la empresa, había estado a punto de arruinar el futuro de sus hijos, afortunadamente había recuperado la cordura y se había centrado en lo que realmente era importante; el papel que le tocaba interpretar, Gaara tal vez lo odiara por ser tan frió y exigirle sacrificios como este pero Rasa solo estaba velando por su bien como haría cualquier padre, porque que no exteriorizara sus sentimientos no significaba que no los tuviera
-Bien hecho, hijo—felicito Rasa, orgulloso de él como siempre.
No sabiendo muy bien como tomar las palabras de su padre, todo lo que Gaara pudo hacer fue asentir por lo bajo, sintiendo como si en ese momento hubiera matado a una parte de sí mismo y ceñido una cuerda invisible alrededor de su cuello. Por otra parte y en casa, sentada en el suelo junto a la cama donde yacía su madre quien también la había abandonado, Sakura lloro desconsoladamente con el corazón hecho trizas; el error había sido suyo, la tentación había sido suya, su madre le había dicho una y mil veces lo traicioneros que eran los occidentales, que no se podía confiar en ellos porque eran diferentes pero hasta hoy Sakura no había querido creer que Gaara fuera ese tipo de persona pero lo era, no se trataba de si Gaara la amaba o no, se trataba de que él era un cobarde que no la amaba lo suficiente como para poder ir contra su padre por ella, no la amaba lo suficiente como para ir contra todo y contra todos por su amor, para protegerla, él no estaba dispuesto a desacomodar su vida por ella, Gaara no la amaba, nunca lo había hecho, no realmente, amar era cambiar la vida por quien se amaba y Gaara jamás había estado dispuesto a nada de eso, solo le había dado palabras, palabras que cualquiera podía decir, promesas falsas. Ahora solo tenía un lugar a donde ir, solo tenía una familia a la que recurrir y que la protegiera. Brasil ya no era su hogar…
PD: ¡Volví, mis amores! Ye esta vez permanentemente porque aprobé mi examen y salí exitosamente de la universidad, adelante felicítenme :3 mentira, lo digo porque soy humilde :3 Bueno, siendo honesta hoy pensaba iniciar el fic "Queen: The Show Must Go On" pero extrañamente este fin de semana se me ocurrió iniciar una nueva historia inspirada en este novela que fue tan importante en mi infancia y que hasta hoy me tiene completamente enamorada de Oriente y todas sus maravillas, pero no se preocupen que mas pronto que tarde iniciare esta secuela sobre la historia de Queen y continuare el resto de mis historias, eso ni lo duden :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima :3
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno.
-Salua El Adib como Mebuki Haruno
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Lucas Ferraz como Gaara Sabaku
-Leonidas Ferraz como Rasa Sabaku
-Maysa Assunção como Matsuri Sunagakure
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
