Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta.
Fez, Marruecos
A posteriori tras la muerte de su madre, Sakura se encontró profundamente sola, sin nadie que la ayudara a ferrarse al mundo porque no tenía más familia en Brasil, no iba a rogarle a Gaara que reconsiderara su decisión de terminar su relación…no, él había decidido arrojar al viento todo lo bueno que habían vivido y ahora Sakura no quería retroceder o pedir clemencia, si Gaara no la quería ella iba a olvidar que lo había conocido y comenzar a vivir su propia vida, tampoco podía recurrir a sus amigas de la secundaria o a sus vecinos más cercanos porque los musulmanes veían muy mal que una persona con familia se dejase acoger por desconocidos. Tras reunir todas sus pertenencias y vender el oro de su madre, Sakura contó con el dinero suficiente como para pagar su pasaje de avión hacia Marruecos, más concretamente a la ciudad de Fez en donde sabia la esperaba el resto de su familia paterna a quienes conocía muy poco ya que había crecido lejos de ellos y las pocas veces en que los había visitado había tenido lugar hacía ya varios años cuando había sido una infante, pero se había llevado muy buenos recuerdos de ello. En el aeropuerto, Biwako la encargada principal de la casa del señor Hiruzen Sarutobi, se encontraba aguardando la aparición de una de las dos sobrinas de su señor y amigo, una de esas dos sobrinas se encontraba en ese momento de pie a su lado; Izumi, quien vistiendo una larga túnica rosa pálido y con su largo cabello castaño cubierto por un velo color marfil se mostraba tan curiosa como ella, ambas pareciendo niñas emocionadas en la loza de descenso, expectantes ante la llega de Sakura quien tras lo que pareció una eternidad finalmente hizo acto de presencia con su largo e inconfundible cabello rosado a medias cubierto por un velo blanco que pendía de sus hombros.
-Es ella…- reconoció Biwako indudablemente, sorprendida de lo que veía.
-¡Sakura!—llamo Izumi, emocionada como una niña abarrotada de azúcar.
La última vez que Izumi recordaba haber visto a su prima había sido hacia más o menos media década, por entonces ambas habían sido inseparables durante su tiempo juntas, como hermanas pese a que sus padres fueran completamente distintos entre sí, por lo que Izumi se sintió profundamente emocionada al ver a la niña que guardaba en sus memorias convertida en una chica de incomparable belleza, y no fue la única, no necesitaba voltear a ver a Biwako para saber que en ese momento ella se sentía igual si es que no mas emocionada. El viaje en avión había sido tranquilo afortunada, aunque no le gustaba pasar tanto tiempo quieta por lo que las horas se le habían hecho tediosas, y ahora cargando con su única y muy pesada valija, Sakura se encontró ansiosa por poder recorrer toda esta ciudad desconocida con libertad porque no se imaginaba teniendo que cargar su pesado equipaje hasta la que era la casa de su tío, tan solo para empezar ya que ni siquiera tenía muy en claro donde vivía y como llegar allí con exactitud. No tuvo tiempo de tan siquiera recorrer la loza de descenso para saber si alguien estaba esperándola pues nada más cruzar el umbral escucho incesantes gritos que la llamaban por su nombre, reparando en dos mujeres que la llamaban con la mirada con gestos de lo más divertidos e infantiles y a quienes no dudo en correr a abrazar. La mujer de mayor edad era Biwako, la mano derecha del hogar de su tío y quien había sido una segunda madre para ella en sus años de infancia, y junto a ella se encontraba su prima Izumi a quien por un momento apenas y reconoció, puede que tuvieran la misma edad salvo por ligeros meses de diferencia entre sí pero ambas habían cambiado bastante de las niñas que habían sido la última vez en que se habían abrazo.
-Izumi—saludo Sakura, abrazando a su prima con todas sus fuerzas, temiendo separarse de ella ahora que por fin sentía que tenía a alguien en el mundo, que no estaba sola.
-Prima—coincidió Izumi, estrechándola entre sus brazos, emocionada mientras sentía si todos los momentos compartidos pasaran delante de sus ojos para alegrar todavía más.
-Que gusto volver a verte—recibió Biwako, no pudiendo creer que la joven que tenía delante fuera la misma niña a quien había despedido hace más o menos una década.
-Biwako—la pelirosa solo acepto romper el abrazo que la había unido a Izumi para abrazar a quien la había cuidado tanto en su infancia y que ahora le daba el calor de madre que tanto había añorado.
-Mira cómo has crecido—admiro ella antes de romper el abrazo, sosteniendo las manos de aquella bella jovencita entre las suyas, admirando la niña que había dejado de ser, -¿Dónde quedo aquella niña tan tierna, Sakura?—pregunto, haciéndola sonreír ante su propia incredulidad. -Pero estas demasiado delgada, ¿Qué manía tienen los occidentales de ver a las chicas en los huesos?—era bella, pero demasiado delgada en su opinión.
Por supuesto que Biwako no estaba diciendo bajo ningún concepto que Sakura no fuese bonita, Alah la librara de tal afirmación; con ese largo cabello rosado—muy poco común en Marruecos—ojos jade de gran prestancia e intensidad así como piel blanca como el marfil, la Haruno era por lejos una de las jóvenes más bellas que ella hubiera visto hasta el día de hoy y eso que aún era una adolescente…Alah, que gran belleza seria cuando se convirtiera en una mujer y esposa, todos los hombres habrían de conformarse con admirarla en silencio. Pero si bien Sakura era encantadora de contemplar, Biwako no pensaba ignorar lo delgada que era, seguía el margen occidental y no el proverbio musulmán que consideraba que una joven corpulenta y robusta, sana, era el auténtico símbolo de la belleza, pero tiempo para que la bella pelirosa acentuara su figura de adolescente a la de una mujer había de sobra. No pudiendo evitarlo, Sakura bajo la mirada ante tal elogio, uno de sus defectos era lo insegura que era; sus caderas no eran muy marcadas, sus pechos eran pequeños, ella misma era bajita y consideraba que tenía una frente demasiado grande, por lo que mantener a dieta y conservar una figura esbelta era la única forma que sentía que tenía para sentirse segura y confiada en sí misma. Relvándose una mano a los labios, Izumi perdió su mirada en la nada mientras intentaba recordar con exactitud qué edad habían tenido Sakura y ella al momento de su último encuentro, encontrándose sumamente feliz de ver a su prima más querida luego de tantos años separadas pero apenas y pudiendo asimilar que ninguna de las dos fueran niñas a esas alturas, en cuanto Sakura llegara a casa del tío Hiruzen con total seguridad le lloverían pretendientes.
-Cuanto tiempo…¿Cuándo fue la última vez que la vimos, Biwako?—pregunto Izumi finalmente, no consiguiendo recordar con exactitud la edad que habían tenido en su último encuentro.
-Al menos diez años o más, creo que diez años—recordó Biwako, intentando no equivocarse ya que por entonces Sakura e Izumi habían tenido siete años, no más.
-Mi madre soñaba con venir aquí—suspiro la pelirosa con inevitable melancolía, -y al final vine sola—una solitaria lagrima se deslizo como mejilla, deseaba llorar pero sabía que no estaba bien hacerlo…nada traería de vuelta a su madre, menos aún sus lágrimas.
-No derrames más lágrimas, no se debe llorar por los muertos—intento consolar Izumi, conociendo en carne propia el dolor que significaba perder a sus padres, ella los había perdido aun siendo una niña pero no tenía sentido llorar día y noche a quienes había perdido porque de hacerlo no les permitiría descansar en paz en el paraíso.
-Sé que es muy triste ser una huérfana, pero si ella murió fue porque Dios lo quiso—conforto Biwako, acariciando la mejilla de la bella pelirosa. -Es pecado revelarse contra la voluntad de Dios, Sakura, es pecado—recordó citando lo que enseñaba el libro sagrado.
Con las manos de Biwako estrechando las suyas y con la cálida mirada de Izumi sobre si, Sakura asintió en silencio y esbozando una ligera sonrisa, resignada a tener que pasar el resto de su vida sin su madre pero sintiendo que esta vez ya no estaba sola, tenía a toda una familia esperando por ella en esta tierra que desconocía tanto pero a la cual pertenecía. No, no estaba completamente sola en el mundo, aún tenía a su familia y eso para ella lo era todo.
Una vez más recuperada del viaje en avión y ayudando con su equipaje, Biwako, Izumi y Sakura subieron a un taxi tras abandonar el aeropuerto y poniéndose en marcha hacia la medina en cuyas calles se encontraba la casa de tío Hiruzen. Contrario a como ocurría en occidente donde siempre se establecía un precio fijo para otorgar un servicio o adquirir algún elemento o propiedad sin importar cual fuera, en Marruecos la gente estaba acostumbrada a negociar el precio hasta llegar a un consenso que satisficiera a ambas partes, por lo que Sakura se abstuvo de reír al ver a Biwako discutir con el taxista, pareciendo como si se gritaran entre sí en árabe cuando lo que en realidad estaban haciendo era regatear un precio justo y eso ella lo sabía muy bien, al menos su padre le había legado esa costumbre musulmana desde que era una niña, no lo había olvidado. Ahora y en paz, con el silencio siendo roto por el choque del viento contra el sonido en el exterior, Sakura contemplo el árido paisaje por la ventana del taxi, sentada en el medio del asiento trasero, con Izumi a su izquierda y Biwako a su derecha, casi pudiendo olvidar por completo lo triste y sola que se había sentido en días anteriores, teniéndolo todo ahora como para sentirse perdida o desgraciada de alguna forma. Sentada junto a su primera y estrechando sus manos entre las suyas, Izumi se sintió más feliz de lo que pudiera haberse sentido en su vida hasta ahora; ahora tendría una amiga incondicional a quien contarle todo, a quien en el pasado había llamado su hermana—además de a Biwako a quien muchas veces veía como si fuera su madre—, y esa misma noche se concretaría su compromiso, brindándole la oportunidad de conocer al hombre con el que habría de casarse dentro de un par de semanas y que la ilusionaba enormemente.
-Llegaste en el mejor momento, prima, hoy es mi compromiso—anuncio Izumi, queriendo compartir con su prima la gran alegría que la embargaba, sintiendo su vida casi completa.
-¿Te vas a casar?—repitió Sakura, asombrada y emocionada de lo que oía ya que su prima y ella tenían la misma edad salvo que Izumi era un par de meses mayor que ella, -¿Cómo es él?—curioseo en espera de poder hacerse una imagen más o menos exacta de quien sería el esposo de su prima.
-No sé, no lo conozco, pero espero que sea muy atractivo —contesto la pelicastaña con contenida emoción para incredulidad de la pelirosa, -Lo veré hoy, ira a mi casa a hacer la petición, su nombre es Sasuke—profundizo, ilusionándose con la idea de dejar de ser una niña y cumplir su rol natural como esposa, mujer y madre si Alah así lo quería, -¡voy a vivir en Brasil!—soltó en un chillido de emoción casi infantil y que hizo reír a su prima. -Tú llegas y yo me voy—se quejó abrazando a medias a su prima, no queriendo separarse ahora que por fin estaban juntas de nuevo.
La vida para una mujer musulmana no era fácil, claro que las mujeres tenían la opción de estudiar y formarse pero solo hasta determinado punto, Izumi ya se había graduado de la secundaria pero no tenía intenciones de entrar a la universidad, el deber de una mujer era contraer matrimonio mientras aún era joven para poder tener muchos hijos, el plazo se establecía luego de un año de transcurrida la primera menstruación—o inmediatamente el año en que sucedía la primera menstruación—hasta los dieciocho años ya que posteriormente se consideraba que una mujer podía ya no ser tan fértil ni capaz de tener hijos sanos o varones, además Izumi no tenía claro que carrera estudiar a futuro por lo que antes de destrozarse los nervios pensando en ello prefería reservarse a cumplir su rol como mujer; casándose y dedicando a vivir por su esposo y su familia, si quería estudiar más adelante o no eso correría por cuenta de su esposo que vería si le permitía estudiar o bien no. Para Sakura que se había criado en occidente era impensable que los matrimonios concentrados continuaran existiendo, le parecía que tenían más que ver con la época medieval y no la realidad pero por lo visto estaba equivocada, ¿Cómo es que Izumi se entusiasmaba ante tal futuro? Ella misma había intentado forjar su propio futuro y las cosas no habían salido muy bien, no, ella ni en sueños pensaba casarse hasta ser mayor y tener la experiencia y sabiduría suficiente como para elegir por su cuenta y conociendo al hombre con el que quisiera casarse, no se casaría con un completo desconocido, ¿Qué clase de vida era esa? No pudiendo evitarlo y estando sentada a su lado, Biwako recorrió con su mirada a la joven pelirosa; blusa marrón oscuro de escote redondo ligeramente y mangas cortas, jeans azul oscuro y cómodos zapatos bajos marrón oscuro…algo nada apropiado en una joven musulmana.
-No es por nada, pero ¿Sakura aparecerá frente al señor Hiruzen con esa ropa?—cuestiono Biwako, intentando que sus palabras no resultaran demasiado ofensivas.
-¿Qué tiene mi ropa?—pregunto Sakura, confundida, sintiendo que estaba apropiadamente cubierta además del ligero bolero blanco que traía consigo y que no estaba usando debido al calor, sumado al velo que llevaba colgado de los hombros.
-Nada, solo cambia esa blusa por una más holgada, más amplia, que no muestre tu cuerpo así, Sakura—sugirió Izumi, sabiendo muy bien a que se refería Biwako ya que las jóvenes de su edad y educadas en las costumbres no tenían por qué vestir así, -yo te prestare una—aludió, teniendo ropa suficiente como para prestarle de ser necesario. -Tío Hiruzen no estará en casa cuando lleguemos—menciono quitándole de forma inconsciente un peso a su prima que se sentía nerviosa por la idea de conocer a su tío.
No debían olvidar que si bien Sakura era musulmana como ellas, había sido criada en un lugar donde la gente había olvidado el temor hacia Dios, usaba el velo y cubría su figura como era debido pero la ropa que usaba era demasiado ceñida como para ser del todo apropiada pero eso podía cambiarse. Intentando no causar problemas innecesarios, Sakura asintió con una ligera sonrisa pese a la incomodo que le resultaba que se criticara su forma de vestir, algo que su propia madre jamás había hecho, pero ya no estaba en Brasil donde estaba bien usar poca ropa, estaba en Marruecos y aquí permanecería por lo que debía acostumbrarse a su nueva realidad.
-Gracias—aprecio Izumi, despidiéndose del taxista con una ligera sonrisa, cargando voluntariamente el equipaje de su prima para ayudarla.
Por momentos el viaje en taxi pareció volverse un camino en círculos a entender de Sakura, todo el paisaje era el mismo; arena ligeramente más espesa y pequeños arbustos que crecían muy cerca del suelo, prácticamente pegados a él, sumado a eso se sentía muy nerviosa sobre el panorama que encontraría cuando conociera a su tío Hiruzen a quien poco y nada había frecuentado en sus escasas visitas a Marruecos en su infancia, y de haberlo hecho no lo recordaba bien por lo que temía no agradarle, Biwako, Izumi y él eran la única familia que tenía y no quería decepcionarlos, no quería estar sola otra vez. El único hombre de relevante y única importancia en su vida, su padre, permanencia en su memoria como un hombre de gran sentido del humor, alegre y muy agradecido con la vida por tener una familia sin importar que esta fuera pequeña; su madre y ella, pero por encima de todo un fiel creyente de la voluntad de Alah que pensaba que todo lo que sucedía en el mundo era obra de Dios y que no se podía ir contra el destino, solo seguir la corriente y tratar de no ofender a Alah con los actos que uno cometía. Sakura se consideraba una creyente, seguía todo lo que padre le había enseñado, no manejaba el árabe con suficiente fluidez pero estaba poder adaptarse a todo con algo de tiempo y dejar de sentirse diferente como su madre le había dicho que sucedería y creía en ello. Por un breve instante, mientras el taxi se alejaba de ellas, las tres mujeres se dedicaron a contemplar la ciudad que se veía tan cercana y a la vez tan lejos, un complejo mar de calles que Biwako e Izumi habían recorrido en incontables ocasiones pero que para Sakura parecían un laberinto sin fin y en el cual temía perderse si no contaba con la ayuda suficiente como para orientarse.
-Desde aquí tenemos que ir a pie—indico Biwako, suponiendo que Sakura se encontraba confundida sobre como llegarían hasta la casa del señor Hiruzen, pero ellas la guiarían por lo que ella no tenía por qué preocuparse ni asustarse.
-¿Cómo es tío Hiruzen?—pregunto Sakura, intentando no hacer evidente su temor por no agradar, su temor de no lograr despertar el afecto en su familia.
-Es un jefe de familia que manda a todo el mundo—definió Izumi quien si bien adoraba a su tío como si fuera su padre, le tenía un respeto único por ser la mayor autoridad dentro de su familia, -tiene una planta aquí en Fez y varios negocios en El Cairo—menciono, dando por hecho que Sakura se sentía nerviosa entorno a este futuro primer encuentro.
-Es un hombre bastante sabio, conoce muy bien las palabras del profeta—añadió Biwako quien respetaba muchísimo a su gran amigo y señor. -Va a hacer todo por ti, los huérfanos son muy sagrados para el Corán—garantizo acariciando la mejilla de Sakura quien sonrió en respuesta, sintiéndose un poco más tranquila. –Vamos—indico, comenzando a caminar junto con Sakura e Izumi quienes se mantuvieron muy cerca de ella.
Los primeros pasos que Sakura dio en la medina fueron acompañada en todo momento y de forma maternal por Biwako e Izumi, haciendo que Sakura se sintiera segura y obnubilada al mismo tiempo ya que Fez era una de las ciudades más importantes de Marruecos, era la capital del islam así como el centro religioso y cultural del país, por lo que no resulto difícil para Sakura distraerse con todo lo que la rodeaba; la gente de la ciudad así como los turistas que transitaban, el aroma de comida proveniente de las diversas tiendas, locales o cafés…todo le resulto tan maravilloso que al final y antes de darse cuenta siquiera de cuando había pasado, se vio sola en medio de la calle, rodeada de un gran número de personas que transitaban en todas direcciones pero no veía cerca ni a Izumi ni a Biwako y eso comenzó a asustarla. Si tan solo conociera bien esta ciudad su temor resultaría estúpido e injustificado, podría llegar a un punto neutro de la ciudad y esperar a que Biwako e Izumi la encontraran, pero ya que no sabía cómo ubicarse en la calle es que comenzó a desesperarse, concentrándose en caminar hacia adelante, buscando con la mirada a Izumi y Biwako, intentando tener cuidado de por dónde iba, transitando una calle, luego otra y otra…hasta tener que detenerse en medio de la calle en que se encontraba, volteando a ver a todos lados, intentando ubicarse más sabia bien que no podía hacerlo si no le preguntaba a alguien y lo peor es que no manejaba el idioma lo suficiente como para hacer aquello. Decidiendo seguir caminando en lugar de quedarse sin hacer nada, por accidente tropezó con un pequeño puesto ambulante haciendo caer varias piezas al suelo que se resquebrajaron ante la ira del encargado.
-Lo siento, perdóneme por favor—rogó Sakura, lamentando ser tan torpe en ese momento por culpa de sus nervios. -Soy de Brasil, no era mi intención, perdóneme, por favor, no tengo dinero para pagarle—insistió solo recibiendo a cambio una serie de palabras que no podía entender muy bien por la velocidad en que eran pronunciadas y porque no manejaba muy bien el árabe. Sabiendo que estaba en problemas, un hombre mayor se acercó a ella y sin decir mucho la guió hasta la esquina donde se encontraban Biwako e Izumi. -Muchas gracias—agradeció al hombre antes de correr hacia donde estaban su prima y Biwako, abrazándolas, temiendo haberse encontrado perdida y sola otra vez. -Creí que nunca iba a volver a verlas—suspiro, pudiendo recobrar la calma ahora que las veía a ambas.
-¿Qué paso, Sakura?—pregunto Izumi al verla tan asustada, más Sakura no tuvo tiempo de contestar ya que un grupo de mujeres se le acercaron, abofeteándole ligeramente los brazos en un gesto o reclamo que ella no pudo entender.
-¿Qué?—pregunto la pelirosa, no pudiendo comprender que es lo que le estaban diciendo.
-Váyanse de aquí, ya—despidió su prima alzando la voz y haciendo que ese grupo de mujeres se marchara tan pronto como había aparecido.
-Es por andar con los brazos descubiertos—regaño Biwako desanudándole el bolero de la cintura y tendiéndoselo para se cubriera, -cúbrete al menos con esto—insistió ante la confundida mirada de ella.
-¿Aún no hablas árabe?—más bien afirmó Izumi ya que su prima no había podido entender lo que decían aquellas mujeres.
-Casi nada—admitió Sakura, avergonzada ya que llegaba a una tierra en que se supone había nacido y a la que pertenecía pero de la cual no comprendía el idioma.
Era de lo más vergonzoso pero si bien entendía el idioma no lo hacia lo suficiente como para sostener una conversación completamente fluida sin cometer errores, su madre se había esmerado durante el último año en hacer que aprendiera el idioma pero el árabe era demasiado complicado, por supuesto que si le pedían hablar en otro idioma Sakura bien podía comunicarse en español, ingleses, francés, algo de italiano pero esos idiomas se relacionaban entre si y era fácil aprenderlos, no como el árabe que se escribía de una forma y se pronunciaba de otra completamente diferente. Escuchando la respuesta de su prima, todo lo que Izumi atino a hacer fue emitir una contagiosa carcajada ya que a ella misma le había tomado un par de años aprender el árabe con fluidez y aun hasta hoy elegía comunicarse en español muchas veces porque sus padres así se lo habían inculcado, tal vez ella pudiera hacer que Sakura se familiarizara un poco más con sus raíces de ser posible. Esta vez sujetando el brazo de Sakura para que no se perdiera, las tres mujeres continuaron caminando sin llamar la atención, ahora teniendo un rumbo muy claro de a dónde ir…en medio del camino se encontraron con un caos inentendible, un tumulto sinfín de personas que parecían estar felices por los cánticos que entonaban y por la forma en que bailaban, lo que más llamo la atención de Sakura fue una mujer que iba al frente y que llevaba sobre su cabeza una bandeja de plata de forma redonda en la cual se encontraba un lienzo blanco que tenía una mancha no demasiado grande de color rojo, el primer pensamiento de Sakura fue que la mancha era de sangre pero no podía estar muy segura, ¿Por qué hacían todo eso?, ¿Qué propósito tenía tanta algarabía?
-Mira, Sakura, una boda—señalo Biwako, contagiada de la alegría que transmitía aquel acontecimiento feliz.
-¿Qué llevan?—pregunto la pelirosa, intrigada por tanta algarabía y que asemejaba más a un desorden completamente inentendible para ella que no comprendía muy bien el árabe.
-Es la costumbre de la gente del interior, festejan que la novia era virgen, van mostrando la sabana nupcial para que todo el mundo la vea—explico ella ya que no existía mayor honor para una mujer musulmana que demostrar que virginidad se reservaba solo para su esposo.
-¿Y si no fuera virgen?—pregunto Sakura, curiosa con respecto al tema moral en esta tierra tan contraria a Brasil.
-Dios la libre, la devuelven a su casa—contesto Izumi, no deseando correr con semejante suerte en el peor de los casos, no, ni en sus peores pesadillas.
-O muere—acoto Biwako a modo de recordatorio, encogiéndose de hombros con simpleza ya que eso era pan de cada día.
Criada con un pensamiento ligeramente más occidental, Sakura se sorprendió por la naturalidad de las respuestas de Izumi y aun más de la de Biwako, pero la parte inocente de ella quiso creer y se aferró a la idea de que tal vez le estaban mintiendo para asustarla y ceñirla en torno al camino que inculcaba la religión. No, pensó Sakura mientras seguía a Biwako e Izumi, sin separarse de ellas en ningún momento para no desviarse del camino y perderse otra vez, no puede ser tan grave, se dijo a sí misma, intentando no sentirse como la peor mujer del mundo por el hecho de ya no ser virgen…no, nadie podía saberlo.
En compañía de Izumi y Biwako, Sakura ya no se sintió tan perdida durante el resto del trayecto hacia la casa de su tío, la ciudad podía ser una de las más antiguas que pudieran conocerse, su fachada así lo demostraba pero todo era tan exótico y maravilloso que aun viendo calles llenas de casas de aspecto rudimentario y sencillo, Sakura tuvo que mantener su brazo alrededor del de Izumi en todo momento para no volver a perderse por culpa de lo obnubilada que estaba, su madre había tenido razón, por primera vez en su vida no le importaba tanto encajar y ser como la mayoría en esta tierra, es como si el aire de las dunas del desierto la colmara de fuerzas, todo lo que quería hacer era vivir en paz en este paraíso propio que invitaba al descubrimiento. Tras lo que mí y para Sakura resulto ser un trayecto corto, las tres mujeres llegaron a la que era una calle ligeramente más estrecha y que desembocaba en un par de pesadas puertas de madera a las que Biwako llamo antes de que una de estas se abriera, indicándoles a ellas o más en específico a Sakura que entrara…el interior de la casa era una auténtica maravilla, todo el suelo cubierto de cerámica de colores y diseños únicos, con una magnifica fuente en el centro de la entrada, columnas de piedra se alzaban a cada lado de la entrada formando un arco y alzándose hacia el techo para exponer una planta superior con un barandal a modo de balcón, pero además de la arquitectura lo que llamo la atención de Sakura fue el gran número de mujeres que parecía estar esperándola y que estallaron en aplausos nada más verla, todas ellas eran mujeres de todas las edades y a quienes no conocía en lo absoluto pero que la hicieron sentir bienvenida de inmediato.
-Que hermosas, ¿verdad, Sakura?—afirmo Izumi, sonriente de alegría ante tanta euforia. –Están felices porque viniste y quieren que los vecinos sepan que sucede algo bueno en nuestra casa—esclareció, señalando con la mirada a las animadas presentes.
-¿De qué se están riendo?—pregunto la Haruno entre dientes y sin dejar de sonreír para no ofender a nadie pese a saber que las mujeres presentes no hablaban español.
-Es que creen que eres graciosa, diferente, Sakura—explico Biwako, divertida por el infundado temor de la joven. –Silencio, la van a asustar—acallo al resto de las presentes con indiscutible seriedad, haciéndose respetar.
Aun cuando Biwako dijera que atraía miradas por ser diferente del modelo existente de mujeres que reinaba en esa casa, esta vez Sakura no se sintió tan incómoda de oír aquella palabra lo cual era una consuelo, había pasado tanto tiempo intentando no ser diferente, intentando no cometer tantos errores…que ahora y por tan solo estar en su tierra sentía que ya no tenía que angustiarse por nada, como si de forma inconsciente el alama de su madre le trajera la paz a cada instante. Sabiendo que no podían perderla de vista ya que ella desconocía casi todo del lugar donde se encontraba, Biwako e Izumi se encargaron de guiar a Sakura por el resto de casa para hacer que se familiarizara con lo que la rodeaba, más específicamente a la plata alta que daba con un balcón que mostraba el exterior y la parte trasera de la casa que desembocaba en una seguidilla de calles aún más estrechas que aquellas por las que había transitado minutos atrás y que también deba con una maravillosa vista del resto de la ciudad con su aspecto tan antiguo y a la vez tan fascinante. Era una vista pacifica, viendo a la gente desenvolverse con naturalidad mientras caminaba por la calle a la par que atestiguaba la laboriosidad de quienes no dejaban de trabajar en lo que parecían ser múltiples pozos repletos de agua y materiales de múltiples colores realizando el que era uno de los oficios más antiguos que existía en Marruecos como lo era curtir el cuero o la piel de los animales para hacerla flexible así como prepararla para la fabricación de diferentes objetos. Todo lo que Sakura veía le resultaba más y más fascinante, aun se sentía un poco perdida y desorientada en este lugar que aún le parecía extraño y por todo lo que estaba viendo, pero más allá de eso se sentía como en casa.
-Aquí es donde pigmentan el cuero, tío Hiruzen es dueño de quince de esas tinas—señalo Izumi, sintiéndose tranquila con ese sereno aunque laborioso paisaje. -Ven, corre—invito a su prima antes de retornar al interior de la casa, más concretamente a su habitación.
Siguiendo de inmediato a Izumi que corría como una niña emocionada, Sakura estudió atentamente el resto de la casa con la mirada, fijándose por donde iba para no caer o algo parecido pero su prima pronto vino en su ayuda, sujetándole la mano en todo momento y haciéndola ingresar en lo que con seguridad era una habitación absolutamente maravillosa, con elegantes cortinajes de múltiples colores adornando la entrada en lugar de una puerta y que se asemejaban muchísimo a las cortinas traslucidas que cubrían las ventanas, un par de divanes de aspecto sumamente cómodo adornaban la estancia, decorados por múltiples almohadones como prueba de que no eran solo muebles donde sentirse cómodas sino también sus respectivas camas, también había un escritorio con libros, una silla, un armario, un espejo…viendo todo aquello Sakura comenzó a sentir como si todo le estuviera dando vueltas, como si sus pies no tocaran el suelo y pudiera flotar y alejarse de este lugar en cualquier momento más no era así, no, estaba en casa, una casa que no podía recordar haber frecuentado en el pasado pero que ahora le daba la bienvenida de un modo insuperable. Ya no se sentía extraña, ¿es que podía sentirse más dichosa de lo que ya se sentía? Biwako dejo el equipaje de Sakura sobre el diván que habría de ser su cama antes de abandonar la habitación dejando a solas a ambas primas, teniendo que concentrarse en regresar a la cocina y ponerse a trabajar ya que de otro modo las cosas no se harían solas, ya costaba que se hicieran si ella delegaba sus responsabilidades a otra de las mujeres por tan siquiera un momento, no, no podía descuidarse, no este día en que Sakura por fin estaba con ellos.
-Que casa tan linda…- aprecio Sakura casi sin aliento, pareciendo una liebre ante el faro de un auto en movimiento, completamente obnubilada, -me siento perdida—reconoció, sentándose sobre uno de los divanes repletos de almohadones, sintiendo como si fuera a desmayarse en cualquier momento por causa de la impresión.
-Te acostumbraras, a mí también me sucedió a pesar de que era niña—tranquilizo Izumi, desabrochando los broches de su velo y quitándoselo, exponiendo su largo cabello castaño, -pero cuando comiences a hablar en árabe podrás hacer amigos y todo será más fácil—su prima solo debía dedicar un poco de tiempo más a terminar de aprender el idioma y entonces todo sería mejor, así le había sucedido a ella.
-Tengo miedo, miedo de tío Hiruzen, miedo por lo que no conozco—confeso ella, sintiendo que podía ser honesta con su prima con quien siempre había compartido un vínculo muy cercano. -¿Izumi, no tienes miedo de casarte con un hombre al que nunca has visto?—inquirió ya que si por ella fuera, se pasaría la vida soltera ante semejante prospecto.
-Me da temor que no vaya a gustarle—admitió la pelicastaña bajando la mirada ligeramente, avergonzada por sus propias inseguridades, -me dan escalofríos de pensarlo— estaba entrando a un punto de su vida en que casarse se le haría difícil. -¿Sabes cómo fue?—pregunto en voz alta a su prima que negó, deseando saber un poco más. -Su hermana me vio en una fiesta, le dio mi descripción y yo le simpatice—simplifico para mayor incredulidad de ella que no creía lo que oía. -Estaba segura de que no iba a casarme—tenia dieciocho años, muchas mujeres no se casaban después de esa edad y eso sí que era triste. -¿Y tú?, ¿Ya hay un hombre en tu vida?—curioseo pareciendo romántica.
-Lo hubo, pero ya está muerto para mí—reconoció Sakura, mas deseando dejar ese pasado en Brasil, muerto y muy bien enterrado para que no volviera a hacerla sufrir. -Una vez pensé que nada me detendría si sentía escalofríos al ver a un hombre, pero no sucedió—había idealizado demasiado el amor y se había decepcionado tanto que ahora ya ni siquiera podía creer que el amor existiera realmente, o por lo menos no en su caso. -Por eso no entiendo que seas su novia sin haberlo visto en persona, para mi sin amor es mejor seguir sola—o simplemente seguir sola, al menos a su entender, no quería saber de más hombres por el resto de su vida luego de terminar su relación.
-Pues tal vez te parezca imposible, pero yo me siento completamente apasionada por mi novio—aseguro su prima, muy segura de lo que decía, muy segura de que amaría al hombre con el que se casara porque sabía cuál era su lugar, -puede ser que al ver su rostro eso cambie, pero no creo, sería muy difícil que eso suceda—por lo que le habían comentado Sasuke era muy guapo, ¿Qué motivos podía tener para no querer casarse?
-También estar sola es bueno—menciono la Haruno despreocupadamente, prefiriendo ese destino luego de su primera y desastrosa experiencia en el amor.
-Dios me libre de que eso suceda—rogó Izumi, negando de incredulidad ante la opinión de su prima. -Ser una mujer sola para vivir cuidando la casa de otros, criando los hijos de otros…que horrible destino—no importa que, debía y quería casarse, y esperaba que fuera con un buen hombre.
Para Izumi el futuro estaba claro; se casaría, amaría a su esposo, tendría muchos hijos y se ocuparía del cuidado de su casa, eso era todo lo que ella podía pedir, pero para Sakura…ella aun no tenía claro que es lo que quería de la vida, luego de lo que Gaara le había hecho ya no quería saber nada del amor, pero si de algo estaba segura es que quería sentirse parte de ese mundo, quería ser parte de la vida y la tierra en la que habían crecido sus padres y lo haría, llevaría con honor el apellido Haruno, no decepcionaría a nadie, era una promesa.
Intentando no sentirse tan perdida en este nuevo hogar, Sakura abandono la habitación que a partir de hoy compartiría con Izumi, respirando la brisa fresca que le otorgaba el exterior, en el balcón y desde donde se entretuvo contemplando la vista y las personas a quienes veía caminar por la calle. Habiendo llegado hasta este punto de su vida en que aún no era del todo una mujer pero en que tampoco seguía siendo ninguna niña, Sakura tenía muy en claro que es lo que quería hacer; continuar estudiando por supuesto, así se lo había manifestado a su madre en su momento y tal pensamiento de su parte no había cambiado, tampoco quería saber nada de matrimonio por ahora sin importar lo entusiasmada que se encontrara Izumi, prefería estar sola y viviendo su propia vida, ¿Quién decía que era su deber u obligaciones depender de un hombre? Su madre y ella habían vivido muy bien pese a encontrarse solas tras la muerte de su padre y aun ahora Sakura consideraba que no necesitaba de nadie salvo ella misma para pelear sus propias batallas, al menos Gaara le había legado esa enseñanza al abandonarla. Tras no encontrar a Sakura en la habitación de Izumi, Biwako no dudo en dirigirse al balcón donde de inmediato encontró a la joven pelirosa contemplando la vista con serenidad, ajena a la llega del señor Hiruzen quien estaba ansioso por recibirla en su hogar como Dios mandaba, sintiendo la mirada de alguien sobre si, Sakura volteo a ver a Biwako que se acercó a ella, contemplando brevemente la vista que la tenía tan absorta antes de contarle la noticia de quien estaba en casa para recibirla.
-Tío Hiruzen te llama, Sakura—informo para nerviosismo de la joven que de inmediato pareció estar a punto de desmayarse de los nervios. -Ven, te arreglare la blusa. Adelante—indico antes de abrocharle mejor el bolero para no formar escote alguno en la tela.
El señor Hiruzen era un hombre muy tolerante, benevolente y compasivo pero también muy religioso y que no toleraría jamás que su familia se viera sumida en un escándalo de ninguna clase, por lo que Biwako no dudo en revisar minuciosamente a la joven con la mirada en espera de que nada de su apariencia pudiera resultar ofensivo, claro que a partir de mañana habría de vestir ropa un tanto más holgada si lo que pretendía era demostrar que era una buena musulmana pero esos eran detalles no tan relevantes. Tranquila y callada, Sakura se dejó guiar en todo momento por Biwako, tanto para conocer la casa para como para saber por dónde iba pero en cuanto llegaron a la sala principal Sakura se dio cuenta de que Biwako se había quedado quieta al pie de la escalera por la que habían descendido, haciéndole saber que no podría acompañarla a hablar con su tío, pero si señalándole con la mirada cuál era su despacho. Temblando ligeramente debido a sus tontos nervios de adolescente, Sakura entro en el despacho, guardando silencio mientras observaba a su tío que se encontraba orando en dirección a la Meca tal y como dictaba la religión, arrodillado sobre una pequeña alfombra y con la vista al cielo. Indudablemente era mayor del hombre que hoy sería su padre si estuviera vivo y eso la intimidaba un poco ya incluso entre los mismos musulmanes existían los prejuicios u las personas de mente cerrada, ¿y si su tío no estaba satisfecho con su presencia?, ¿Y si creía que ella no podría encajar en este lugar? Alah, sentía como si fuera a desmayarse en cualquier momento por culpa de los nervios, mas su tío acudió de inmediato en su ayuda tras finalizar sus oraciones, dedicándole una cálida sonrisa como recibimiento.
-Tu eres la hija de mi hermano Kizashi, que Dios lo tenga en su gloria—reconoció Hiruzen, rompiendo con el silencio, suponiendo lo inquieta y nerviosa que se encontraba su sobrina. -Se bienvenida, Sakura, me traes mucha felicidad—recibió, dichoso por tener a otro miembro de su familia en casa, especialmente a la hija de su querido hermano menor.
Por supuesto que recordaba a la hija de su hermano menor pero solo la había visto una vez cuando había sido una bebé de tan solo unos días de nacida, por aquel entonces Kizashi había vivido en Marruecos en otra casa pero habían mantenido un buen contacto como deberían de hacer todos los hermanos, su muerte hacía varios años atrás lo había afectado muchísimo por lo que ahora tener de nuevo junto a él a una parte de su hermano lo colmaba de alegría, se prometía a si mismo cuidar de esa muchacha como si fuera su propia hija, tal y como había hecho con Izumi. Sin siquiera dudarlo, más tranquila con este amable recibimiento de su parte, Sakura sostuvo una de las manos de su tío, besando sus nudillos en el tradicional gesto de solicitar su bendición como la autoridad y hombre de mayor edad en su familia, a quien siempre debería de rendirle cuentas hasta que se casase. Ya sea que ella se sintiera intimidada por este hombre o no, lo cierto es que Sakura sentía que ni en mil vidas podría devolverle todo lo que él había hecho por su madre y por ella, como viuda y según lo que dictaba la religión su madre no había podido trabajar para mantenerla a ella y a su hogar porque se suponía que el rol de una mujer como viuda era el de permanecer en su casa y ser una figura digna de admirar, pero ni aunque su madre hubiera pretendido violar este precepto no habría tenido tiempo de hacerlo pues tras la muerte de su padre inmediatamente este hombre, su tío, les había enviado dinero cada mes sin falta para que pudieran subsistir con comodidad y para que nunca les faltara absolutamente nada, ¿Cómo no estar eternamente agradecida con él después de eso?
-Debo agradecerle por lo que hizo por nosotras, enviando dinero para mi madre, estoy agradecida con usted—agradeció la pelirosa, profundamente conmovida por el apoyo recibido de su parte a lo largo de los años, porque de otro modo no sabía cómo es que habrían podido sobrevivir.
-Dios manda que ayudemos a los parientes en dificultades—contesto Hiruzen tranquilamente, sabiendo que había cumplido con su deber como familia política de Mebuki, -de dónde vienes no es así, cada quien piensa por el bien propio—se sentó sobre el diván, invitando a su sobrina a hacer igual y sentirse cómoda en su presencia. -Occidente está demasiando a Dios, dicen que Dios está muerto—Sakura asintió en respuesta mientras se sentaba a su lado, habiendo atestiguado aquello con sus propios ojos. -Viviste entre ellos, no sé cuánto te alejaste de nosotros, ¿fuiste educada según los lineamientos del Corán?, ¿haces oraciones cinco veces al día?—pregunto, temiendo que su sobrina no compartiera la devoción de Kizashi y toda la familia por la ley de Alah.
-Si rezo, no a las horas correctas pero rezo—asintió Sakura, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo, -es porque en Brasil no escuchamos al muecín llamando, entonces se pierde la hora de rezar—era una fiel creyente de que su vida y destino estaban en manos de Alah, y seguía las enseñanzas del libro sagrado lo mejor posible si es que esa era la cuestión.
-Aquí vas a reconciliarte con tus raíces—tranquilizo él, situando una de sus manos sobre la de su sobrina, sonriéndole de forma paternal, -yo veré por tu futuro, ¿deseabas estudiar?—consulto, queriendo conocer los pensamientos y opiniones de su sobrina.
-Mucho, quiero ser médico—sonrió la Haruno, emocionada con la idea de entrar a la universidad como tanto quería hacer.
Su mayor deseo en el mundo era poder ser independiente, poder luchar por sí misma como lo haría cualquier mujer porque tenía el pensamiento de que nada era demasiado difícil o complicado en el mundo como para que una mujer no lo pudiera hacer y ser médico era su mayor sueño personal en la vida, quería tener la oportunidad de ayudar a otros y hacer un bien, era lo mínimo que podía hacer por la memoria de su madre, su padre le había inculcado el amor por hacer algo por otros porque nadie podía ser verdaderamente feliz en el mundo si habían personas que sufrían necesidades o carencias de alguna clase, todos siempre tenían y debían que ayudar a otros. Por un breve instante Hiruzen estuvo convencido de ver la misma tenacidad de su difunto hermano en los ojos de esa joven, el mismo deseo voluntarioso por no ser egoísta y eso era digno de admirar, pero claro que aunque el permitiera gustosamente que Sakura estudiara, eso no quería decir que fuera a ser excesivamente permisivo; Marruecos era un país de constantes cambios, el mundo en general se encontraba sumergido en una permanente metamorfosis, pero Hiruzen no se dejaba guiar ni por los cambios culturales excesivos ni por las reformas de occidente, en su hogar se respetaba la ley de Dios, del profeta y el Corán sin importar las contradicciones que pudieran verse en las calles, por supuesto que él haría todo lo posible para que la joven ante él se sintiera integrada a ese mundo como merecía y debía ser, pero también sería estricto con ella para convertirla en una mujer de bien y que fuera la digna esposa de cualquier hombre.
-Tenemos universidades aquí en la ciudad, comienza tus estudios y después pensamos en el matrimonio—planteo Hiruzen, confiando en que aquello era del agrado de su sobrina. Estremeciéndose al recordar de forma inconsciente a Gaara, Sakura no se sintió muy entusiasta ante la idea de casarse...no, no quería tener nada que ver con hombres, no luego de lo vivido, -¿estás bien así?, No tengas miedo de nosotros, somos tu familia—sosegó al ver el miedo y la incertidumbre bailar en los ojos de su sobrina que asintió en respuesta, confiando en él, -¿tu sangre ya vino?—inquirió, intentando no ser demasiado entrometido.
-¿Qué?—Sakura se sintió confundida ante tal pregunta, no entiendo a que se refería.
-¿Tu sangre, ya vino?—repitió el Sarutobi, no sabiendo de que otro modo plantear aquella duda para no incomodarla.
-¿La menstruación?—supuso la pelirosa, esperando no estar equivocada, recibiendo un certero asentimiento de parte de su tío. –Sí, ya. Señor—asevero con un asentimiento ya que su periodo era relativamente regular desde los doce años.
-Entonces en conveniente que te cubras la cabeza cuando salgas a la calle o cuando estés delante de un hombre que puede ser tú marido—aconsejo él con amabilidad y paciencia, sabiendo que tal vez un contraste tan inmediato le resultaría aterrador. -La belleza de la mujer debe ser conservada para su esposo—recordó aludiendo a las enseñanzas del libro sagrado.
-Sí, señor—acato la Haruno sin el menor problema, conociendo bien lo que se esperaba de ella como buena musulmana.
No tenía problemas con llevar el velo al salir de casa, ya lo había hecho mientras había vivido en Brasil, pero no se sentía particularmente feliz con la idea de un matrimonio, menos si era concertado y si ella no conocía en lo absoluto al hombre con el que quisieran que se casara, ella no era tan soñadora como Izumi, quería tener la opción de elegir al hombre con el que fuera a pasar el resto de su vida si pasaba porque en ese punto de su vida lo único que sentía por la idea el amor era ira, una ira que le nublaba el corazón y que solo la hacía desear estar sola el resto de su vida si eso le evitaba revivir el dolor de la traición de…no, ni siquiera merecía la pena recordar su nombre, debía dejar todo ese pasado atrás y concentrarse en lo importante que era vivir junto a su familia y honrar lo que estaban haciendo por ella al recibirla tan desinteresadamente en su casa, sin esperar nada a cambio o como retribución. A sus casi cincuenta años, Hiruzen llevaba encima toda una vida de experiencia, había sido formado en la escuela coránica y hasta hoy se dedicaba a enseñar las palabras del profeta a los niños para que en el futuro fueran personas e bien, había aprendido a leer en el corazón de las personas y ver sus emociones por lo que no le resulto difícil percibir la gran tristeza que reinaba en el corazón de su sobrina y que le resultaba preocupante, los musulmanes no creían que fuera bueno llorar de forma excesiva a sus muertos porque eso impedía su descanso y por mucho que Hiruzen empatizara con esa joven y su dolor, debía recordarle que era una musulmana y que el pasado era algo de lo que todos debían desligarse porque lo verdaderamente importante era el presente, ya sobre el futuro Dios decidiría en su magnanimidad y misericordia.
-No llores más, Sakura—pidió el Sarutobi, estrechando las manos de ella entre las suyas, —supe que estabas llorando por la muerte de tu madre, morir es parte del destino de todo ser humano, está escrito; toda alma debe probar el sabor de la muerte—recordó, citando las palabras del profeta. Sabía que habían sido difíciles para su sobrina y que ahora con seguridad querría descansar, por lo que Hiruzen eligió dar por término este primer encuentro, levantándose del diván y siendo inmediatamente imitado por ella. -Salam Alaykom; que la paz este contigo—deseo sincera y afectuosamente.
-Alaykom Salam; con usted también—correspondió la pelirosa con una luminosa sonrisa.
No era una extraña en este lugar, no era una pariente lejana que venía a suplicar afecto, no…era una sobrina, una prima, una más de la familia, ahora le costaba adaptarse al choque cultural entre quien había sido y quien hoy debía ser pero con el tiempo se amoldaría a su nueva vida, solo necesitaba tiempo y la oportunidad de decidir por sí misma porque en definitiva no iba a casarse por obligación, no señor, ella elegiría quien sería su esposo, no elegirían por ella sin su consentimiento.
PD: Lo se, ya se lo que parece pero actualice muy seguido porque ya tenia casi listo este capitulo y por el buen recibimiento que trajo esta historia, pero no se ofendan queridos míos, por favor, les prometo que muy pronto continuare actualizando mis otra historias, por lo que manténganse atentos si alguna de las futuras actualizaciones es de su agrado :3 La próxima semana iniciare el fic "Queen: The Show Must Go On" pese a que tenia pensado iniciarlo durante esta semana, porque requiero un poco mas de tiempo, lo prometo :3 Este capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311(que siempre esta presente, agradeciendo sus palabras y presencia, dedicándole esta así como el resto de mis historias), a Mila (agradeciendo sus palabras de todo corazón, y diciéndole que la respuesta a su incógnita es si ya que esta historia narra lo que yo habría hecho con la novela original, inclusive la pareja central) y a todos que leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima :3
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Salua El Abid como Mebuki Haruno
-Lucas Ferraz como Gaara Sabaku
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
Diferencias:
Giovanna Antonelli-Jade El Adib: desde la primera vez que vi esta fantástica novela mi personaje favorito fue el de la hermosa joven brasileña que vivía intentando encontrar la felicidad junto al hombre que ella creía que estaba en su destino, pero si bien este personaje lleno de terquedad fue de mi agrado, ahora que soy mayor y entiendo mas las cosas puedo ver que Jade es un personaje muy egoísta en la historia original, siempre estando dispuesta a arriesgarlo todo por lo que ella cree que el traerá la felicidad, sin pensar ni tan siquiera por un momento en su familia, algo que yo quiero cambiar imprimiendo parte de mi propia personalidad en este personaje femenino y mi amor por la cultura musulmana. La actriz Giovanna Antonelli que interpreto magistralmente a Jade dijo que su personalidad no tenia nada que ver con el personaje; "lucharía por un amor como todas las mujeres y los hombres, dentro de mis limites, pero jamás renunciaría a nada en nombre del amor", me inspire en estas declaraciones suyas para hacer cambios el personaje.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
