Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta.


El impecable cielo de Marruecos vio las horas transcurrir en una sucedió de tonos que iban desde el azul claro hasta el dorado y purpura durante la puesta de sol que había sucedido hacia un par de horas y que ahora mostraba el firmemente nocturno repleto de estrellas de gran belleza y que podían contemplarse de una forma única, incomparable en lo absoluto con occidente donde la iluminación artificial ninguneaba el estado más natural de las cosas. Olvidando o más ignorando sus inseguridades personales, Izumi se observó minuciosamente ante el espejo de su habitación, sin otra luz más que las pequeñas lámparas de noche iluminando la estancia y su persona, dando protagonismo a la hermosa luz de la luna llena que se filtraba por la ventana mientras peinaba su largo cabello castaño que caía como una cascada de seda sobre sus hombros y tras su espalda, enmarcando su rostro, pellizcándose sutilmente las mejillas para lucir favorablemente sonrosada, dejando el peine sobre el tocador antes de colocar el velo sobre su cabello, jugando con el lienzo, intentando decidir de qué forma se vería mejor mientras Sakura terminaba de guardar su ropa en el armario que compartirían durante el tiempo que pasaran juntas, antes de que ella se casara claro, porque para que eso ocurriera no faltaba mucho tiempo y estaba realmente emocionada por ello, tanto que desistió completamente del velo blanco que había elegido hasta ese momento, cambiándolo por otro de color malva claro que yacía sobre el tocador, repitiendo el proceso de colocarlo sobre su cabello, mucho más conforme con el resultado que veía y que combinaba a la perfección con su ropa, resaltando su tono de piel.

-¿No es lindo?—pregunto Izumi mientras observaba su reflejo, jugando con el lienzo, no estando muy segura de como acomodarlo sobre sus hombros para verse lo más bella posible.

-Es muy bonito—coincidió Biwako, muy conforme con la forma que había elegido para vestir; debidamente recatada pero tampoco minimalista, -me gusta más del otro lado—aconsejo acomodándole el velo para que el lado izquierdo del lienzo estuviera sobre el hombro izquierdo para resaltar aún más su rostro.

-¿Y si no me queda?, ¿y si no cree que sea como su hermana me describió?—cuestiono ella, quitándose el velo, demasiado indecisa ante el temor de fallar y ver arruinada su oportunidad de ser feliz.

Ella ya de por si estaba realmente emocionada con la idea de casarse sin importar que el hombre que habría de ser su esposo fuera un completo desconocido para ella, después de todo era normal para los musulmanes interactuar muy poco e incluso nada antes de casarse, ella tenía la suerte de poder ver al hombre con el que habría de pasar el resto de su vida antes de su boda, muchas mujeres llegaban al día de la boda sin saber cómo era el hombre junto al que pasarían el resto de su vida, una clara señal de lo permisivo y tolerante que podía ser su tío en relación con la modernización que estaba viviendo la sociedad. Divertida por los nervios de su prima, Sakura termino de doblar la última pieza de ropa que había traído consigo y guardarla al interior del armario, ella en particular no veía razón alguna para que Izumi se preocupase tanto, era muy bella, tanto como para que cualquier hombre quisiera hacerla su esposa, además era dulce como la miel y cándida como una mariposa, graciosa, emotiva y adorable, ¿Qué hombre podría no quererla como esposa? Era mucho más serena que ella y eso ya era motivo como para que Sakura pensase que su primera era perfecta ya que ella en lo personal consideraba que su carácter era lo que más afeaba su persona. Al guardar la última pieza de su ropa en el armario, Sakura reparo en una pieza de ropa color jade que colgaba del interior y cuyas brillantes cuentas atraparon su atención, extrayendo la pieza para contemplarla mejor a la luz, dándose cuenta de que se trataba de un brasier y caderin decorado con cuentas y una larga falda color jade…había visto esa ropa antes, no sabía muy bien dónde pero la había visto y eso la tenía maravillada y extasiada al mismo tiempo.

-Qué lindo—jadeo Sakura de la impresión, llamando la atención de Izumi y Biwako que de inmediato entendieron el porqué de su asombro, -¿Qué es esto?—pregunto sosteniendo entre sus manos el caderin compuesto de decenas de cuentas verde jade que brillaban a la luz.

-Es una prenda para la danza del vientre, Biwako me la regalo—contesto Izumi, comprendiendo muy bien el porqué de su fascinación, era una hermosa pieza. -Ya casada, danzare para que mi marido me vea, lo volveré loco—aseguro, emocionada por poder poner en practica todo lo que había aprendido hasta hoy y ser una buena esposa.

-¿Se puede?—cuestiono ella, no pudiendo creer que una prenda tan hermosa fuera usada para un fin tan vano, a su entender.

-Para mi marido puedo hacerlo todo—respondió la pelicastaña sin pudor alguno, sabiendo de nada le serviría eso una vez estuviera casada, y siendo honesta no podía esperar a que llegara ese día.

-Deberías ver las cosas que le compre para que se ponga después de la boda; todo transparente y con encaje—menciono Biwako, haciendo sonreír a Izumi que tenía una expresión permanentemente soñadora, como si flotara entre nubes, -la mujer tiene que saber atraer al hombre—preciso como regla primordial que toda mujer debía tener en cuenta para hacer que su matrimonio fuera exitoso para ambas partes. -Ya regreso—se excusó antes de abandonar la habitación para asegurarse de que todo estuviera bien en la cocina.

Para quienes practicaban el islam, especialmente para las mujeres en general, aprender la danza del vientre era algo fundamental desde que se eran niñas porque favorecía la valorización del cuerpo femenino como un instrumento a utilizar; las mujeres no tenían muchas armas con las que contar para lograr algo en la sociedad en la que vivían sin importar que sonara mal decirlo, solo contaban con ellas mismas para cautivar a los hombres como sirenas y hacer que ellos hicieran lo que ellas desearan, como ejemplo se tenía a la princesa Sumiye que por su belleza y encantos había hecho que el rey Akihiko jurara entregarle la mitad de su reino por tan solo verla bailar. En una tan machista como lo la musulmana, no se tenían muchas oportunidades de llegar lejos, por lo que las mujeres que lograban algo de lo que enorgullecerse o eran muy astutas o demasiado malvadas, y esto último era algo por lo que las mujeres eran vistas como una criatura a la que había que proteger y admirar, mas no escuchar. La fascinación de Sakura por aquella bellísima ropa de danza murió en el inmediato instante en que Biwako menciono la palabra matrimonio…de ser por ella bailaría para sí misma, para su propia alegría y placer, no para seducir a nadie, de hecho la palabra matrimonio era lo último que quería oír en su vida por ahora, todo lo que quería era ser libre e independiente, conseguir entrar a la universidad y tener un trabajo propio, por lo que tener un hombre en su vida en ese momento no haría más que arruinar todo lo que tenía en mente, así había sucedido con Gaara y ella ya no quería volver a abrir su corazón a alguien que tal vez no fuera a hacer otra cosa salvo lastimarla todavía más.

-Debería ponerme henna en las manos, quedan más bonitas—comento Izumi, contemplando cada parte expuesta de su anatomía ante el espejo, en espera de no decepcionar a su futuro esposo con ningún aspecto de su persona.

-Ya estás maravillosa así—tranquilizo Sakura, situándose a su lado ante el espejo y sonriéndole en todo momento.

-¿Cómo me pongo el velo?, ¿me ayudas?—pidió la pelicastaña, volviéndose a ver a su prima con ojitos de cachorro, algo ante lo que Sakura no pudo negarse.

-Así, de lado queda más sensual—opino la pelirosa con complicidad, cruzándole el lado izquierdo del velo por sobre el hombro derecho.

-Todo está listo—anuncio Biwako, ingresando en la habitación, recuperando el aliento en el proceso de tanto ir y venir de allá para acá.

-¿Qué ropa me pongo, Biwako?—pregunto Sakura, abrazando a Izumi por la espalda y aprovechando para hacerle cosquillas.

-¿Piensas que puedes aparecer en la sala principal? La, la, la; no—negó ella, ligeramente divertida por la ingenuidad de la pelirosa para pensar en algo así, -vienen hombres extraños, aquí no es Rio de Janeiro, el señor Hiruzen nunca dejaría a las mujeres de esta familia exhibirse así—explico, ya que iría contra las costumbres y el decoro que una mujer quisiera ser el centro de atención, era un pecado ser exhibicionista. -Para estar con las mujeres estas muy bien como estas—añadió al ver a Sakura a punto de protestar, justo antes de que sonara el timbre de la puerta principal.

-Es él, mi novio ya llego—aseguro Izumi, zafándose del juego de Sakura y brincando de la emoción como si fuese una niña pero temblando de nerviosismo como gelatina.

Había llegado el momento más esperados por todos—o casi todos, ya que Sakura no sabía muy bien como sentirse ya que estaba en contra de los matrimonios arreglados—en esa casa, había llegado la oportunidad de Izumi de traer aún más honor y orgullo a esta familia comprometiéndose con un hombre que fuera digno de ella y con quien fuera feliz, y Alah mediante lo seria.


Como buen seguidor de la ley y las costumbres, siempre era una enorme alegría para Hiruzen recibir a personas en su casa y lo era todavía más ahora ya que si Alah lo quería así se decidiría el futuro de su sobrina Izumi, por lo que él se mostró inmediatamente exultante con la familia Uchiha que se presentó en su casa a la hora acordada días atrás. Los Uchiha eran una de las familias más respetadas en Fez, Fugaku había sido un hombre de gran fortuna y que había contado con una esposa respetable como lo había sido Mikoto quien había sido muy pretendida en su juventud, lastimeramente Fugaku había muerto joven y un par de años después también lo había hecho su esposa Mikoto, dejando desprotegidos a sus tres hijos; Emi de quince años, e Itachi y Sasuke de nueve y siete años respectivamente, y que al no contar con más parientes en Fez que pudieran hacerse cargo de ellos habían sido acogidos por unos primos en Sao Paulo, Brasil donde habían sido educados por su hermana Emi que les había enseñado apropiadamente las costumbres pese al liberal ambiente brasileño, antes de regresar a Marruecos hacia tan solo dos años. Ahora siendo hombres que habían creado su propio futuro a través de la fortuna de su difunto padre—Sasuke tenía su propio negocio de textiles de gran renombre e Itachi, como socio de su hermano menor, estaba abriendo una sucursal en Rio de Janeiro, en una ubicación privilegiada—; concluían en que había llegado la hora de encontrar una esposa y forma una familia. Si bien no directamente, el Sarutobi ya conocía a ambos hermanos Uchiha y había oído de ellos, pero a quien desconocía por completo era a la bella mujer que los acompañaba y que destacaba de inmediato con piel blanca como el alabastro y sus intensos ojos negro, con el cabello cubierto por un velo marrón claro bordado en oro, pero no menos bella por ello…todo lo contrario.

-Sean bienvenidos, ustedes trajeron la luz a esta casa—recibió Hiruzen, dichoso de recibir a la familia en su casa.

-Gracias—agradeció Itachi, conmovido por tan cálido recibimiento. -Yo soy Itachi y este es mi hermano Sasuke—se presentó para que existieran confusiones de ninguna clase. –Señor, pido permiso para hablar en español porque Sasuke no sabe el árabe muy perfecto—solicito ligeramente divertido por este pequeño obstáculo, si es que lo era.

-Ni yo, ni tú—acoto Sasuke en defensa de su persona, no haciéndole gracia el comentario de su hermano.

-Sí, pero yo tengo más lengua—contrario él con un tinte de arrogancia, -es como dicen señor; la mitad de un hombre es su lengua y la mitad es su corazón—le dirigió una vaga mirada a su hermano que asintió con resignación, sabiendo que tenía razón.

-Es verdad, Itachi, un hombre que habla bien tiene la llave de todas las puertas—coincidió Hiruzen, completamente de acuerdo con aquel proverbio.

-Señor, esta es nuestra hermana mayor, Emi—presento el Uchiha a quien era su hermana mayor y que inclino la cabeza como muestra de respeto hacia el Sarutobi.

-Me encargue de ellos desde que nuestra madre murió, y ella murió muy joven, los dejo muy pequeños—declaro Emi con orgullo de su labor para con su familia.

-Mis esposas van a estar con usted—delego Hiruzen, dándole la bienvenida a su hogar. Apenas el Sarutobi pronunció estas palabras, dos mujeres ingresaron en la estancia, ambas enfundadas en respetables mantos negros y con el rostro completamente cubierto salvo por los ojos, acompañadas de niños de diferentes edades. -Ella es Mito y ella es Naori—presento a sus esposas que inclinaron la cabeza respetuosamente, -la tercera no vino, tuvo un hijo ayer—añadió a modo de disculpa porque su familia no estuviera completamente presente para darles la bienvenida a su hogar.

Tal vez y de encontrarse en occidente seria mal visto que un hombre tuviera a más de una mujer porque para los occidentales tener una esposas pero al mismo tiempo estar conviviendo con otras mujeres era una clara señal de infidelidad y resultaba ofensivo tanto para la misma esposa como para el resto de las personas, pero no así para los musulmanes que permitían la poligamia pero no para tener amantes sino esposas legales. En la medida en que un hombre tuviera fortuna monetaria suficiente, en tanto siguiera las palabras de equidad del profeta y no se sintiera completamente satisfecho con una sola mujer, podía casarse más de una vez—se permitía un total de cuatro esposas, pero también podían ser más si la situación financiera lo permitía—pero con el consentimiento de su primera esposa que mandaría en el hogar en ausencia de su marido y dirigiría a las otras mujeres. Los amores secretos y el adulterio eran un grave pecado según el islam, el matrimonio existía para evitar el declive moral de la sociedad por lo que ningún hombre ni ninguna mujer tenía permitido interactuar entre sí ni de forma social hasta no contraer matrimonio legal y en presencia de testigos, como dictaba la ley, claro que también existía la posibilidad de que una mujer estipulara la exigencia de ser la única esposa de un hombre en su contrato de matrimonio, pero esto era algo que ocurría muy raramente ya que las mujeres eran criadas para acompañar al hombre, no para dirigirlo. Los hermanos Uchiha no se sintieron en lo absoluto incomodos ante la presencia de aquellas dos desconocidas mujeres, pero si algo confundidos ya que por lo que el señor Hiruzen había dicho, él tenía tres esposas, pero ellos tenían entendido otra cosa…

-¿Son tres?—se sorprendió Itachi ya que hasta donde él tenía entendido el señor Hiruzen tenía cuatro esposas. -Creí que usted tenía cuatro esposas—añadió volviendo el rostro hacia su hermano y hermana que asintieron en respuesta, sosteniendo el mismo pensamiento.

-No, una murió el año pasado—corrigió Hiruzen esbozando una ligera sonrisa, -Dios lo quiso así—él no era nada para oponerse a la voluntad de Alah, solo acatar sus designios.

-Alah permita que encuentre una buena mujer para ocupar ese vacío—deseo Emi, esbozando una sonrisa ligeramente interesada.

Aproximándose a los treinta años, Emi tenía muy en claro de que mientras sus hermanos entraban en la mejor etapa de sus vidas para casarse y formar una familia, el tiempo comenzaba a acabarse para ella que no había podido velar por su propia suerte como había hecho con la de ellos, pero ella no era exigente en lo absoluto, no tenía problema alguno en ser la cuarta esposa de un hombre porque todo lo que deseaba era casarse y tener una vida propia antes de que Alah decidiera privarla de tal posibilidad con el pasar del tiempo, por lo que su deseo hacia el Sarutobi no estuvo orientado tan solo hacia su propio bien sino también hacia el de ella que intento mostrarse lo más encantadora que le fue posible mientras se separaba de sus manos y seguía a las esposas del señor Hiruzen, comportándose apropiada e irreprochablemente en todo momento, sabiendo muy bien lo importante que era causar una buena impresión. Dejándoles a los hombres la responsabilidad de tratar de negocios, el grupo de mujeres abandono la sala en dirección hacia la estancia que estaba destinada a las mujeres y en cuyo camino Emi no pudo evitar quitarse el velo, sofocada de la impresión que le había causado el señor Hiruzen, exponiendo su largo cabello ébano y siendo imitada por las otras esposas que ya no tenían por qué cubrirse al no estar en presencia de un hombre que no fuera su esposo. Ser la cuarta esposa de un hombre no era algo malo sino todo lo contrario, si el señor Hiruzen era tan respetado y justo, si sus esposas eran tratadas con tanta igualdad entre si…Emi quería casarse ya mismo, porque un hombre con fortuna le brindaría un futuro seguro.

-Alah, que hombre—suspiro Emi en cuanto se encontró fuera de la sala, recuperando el aliento contenido a causa de la impresión, -¿el señor Hiruzen está buscando una esposa?—pregunto causando el desconcierto de las esposas del Sarutobi que no hablaban español como para poder entenderla. -Me dejo tan tonta que…- tan tonta que no se en que idioma estoy hablando, dijo para sí misma, enamoradiza como una adolescente.

Pese a que ninguna de las dos hablara español en lo absoluto, Mito y Naori se sonrieron entre sí, pudiendo hacerse una idea bastante clara de que es lo que Emi quería preguntarles, por lo que las tres procedieron a sentarse sobre los divanes ya dispuestos para ellas para conversar con mayor comodidad y rodeadas por el grupo de niños que las acompañaba, por lo visto esta conversación iba para largo…


Sentada sobre el diván que habría de ser su cama, junto a la ventana, Sakura se encontraba sumamente concentrada leyendo bajo la luz de la luna que se filtraba por la venta el Corán en español que su tío le había obsequiado para familiarizarse todavía más con sus raíces, un gesto que Sakura valoraba muchísimo, devorando el contenido del que era el libro más sagrado para su gente, alzando la mirada de vez en vez hacia Izumi que se alisaba ominosamente la ropa con tal de lucir perfecta. Como una sociedad que creía en la moral como el bien más sagrado a conservar, era algo infaltable mantener la pureza de los participantes del matrimonio durante el tiempo que durara el compromiso entre ambas partes, por lo que la joven pareja de novios debía evitar familiarizarse o conocerse demasiado entre sí, debían abstenerse de contemplarse mutuamente para evitar sentir atracción sexual el uno por el otro ya que estaba reservada para la noche de bodas y no antes, sumado a que las pasiones temporales no debían ofuscar la razón y juicio de ninguna de las partes, por lo que el compromiso se realizaba con otros fines prioritarios como lo eran; la piedad, la posición de la familia, la edad, la educación y el interés…la belleza era lo último a tener en cuenta porque era algo superfluo ante la ley de Alah, aun así Biwako regreso a las habitación de Izumi y Sakura con el corazón latiéndole desbocado luego de espiar cautelosamente en la sala a los invitados para poder darle a Izumi al menos una idea de a que se estaba enfrentando, de inmediato atrapo la atención de ambas adolescentes que la observaron con curiosidad en el caso de Sakura y con ansias apenas contenidas por parte de Izumi que le rogaba con la mirada que le diera algún detalle y pronto.

-Por poco y me desmayo—suspiro Biwako, recuperando el aliento, ignorando a propósito la mirada de Izumi que parecía estar a punto de brincarle encima para obtener información. -Son dos, ambos demasiado guapos, una bendición para los ojos de la gente—desvelo por fin, haciendo chillar de emoción a Izumi quien pudo respirar tranquila, muy segura de que no se decepcionaría del hombre que habría de ser su esposo.

-¿Cuál es el mío?—pregunto Izumi, sin saber muy bien porque ya que Biwako había dicho que ambos eran muy guapos, ¿Cómo quejarse así?

-No pude saberlo, pero ambos son encantadores—sosegó ella, aplacando un poco las desovadas ansias de la pelicastaña. -Dentro de poco el señor Hiruzen va a llamarte y tienes que causarles una buena impresión—recordó ya que en nada podía fallar esta noche, todo dependía de la impresión que lograse causar. -Y tu ve prestando atención para que cuando llegue tu turno te sepas comportar—aconsejo a la pelirosa que permanecía sentada sobre el diván, indiferente y para nada emocionada con respecto al tema del matrimonio.

-No pienso casarme, no necesito nada de esto—desestimo Sakura, encogiéndose de hombros y eligiendo volver a concentrarse en la lectura del Corán en lugar de en tonterías.

¿Era necesario que lo dijera en palabras todavía más claras? No quería casarse y punto, no quería saber nada de la palabra amor en su vida, nunca más, todo lo que quería era estar sola pesara a quien le pesara, y ni muerta aceptaría un matrimonio que fuera orquestado sin su opinión, ella no era tan soñadora como Izumi que creía que encontrar el amor era lo más fácil en la vida…pues no lo era, ella ya se había llevado un mal recuerdo de su primera experiencia intentando encontrarlo y no quería volver a hacer el intento para lastimarse todavía más en el proceso. Sin importar que Sakura no estuviera para nada de acuerdo con el compromiso que tendría lugar, las tres abandonaron la habitación, Sakura rumbo a la sala destinada para que las mujeres en lo que durase el acuerdo del contrato de matrimonio posterior al primer encuentro entre los novios, y Biwako e Izumi por su parte se dirigieron a la cocina para servir el sfenj; un postre elegido para probar que Izumi era una buena mujer, capaz de ser una excelente esposa ya que ella misma debería llevar a la sala para los invitados. Nerviosa a mas no poder, Izumi sostuvo firmemente la bandeja, intentando pensar en cualquier cosa con tal de mantenerse serena y no pensar en el hombre que habría de ser su esposo y que se encontraba en la sala, siendo guiada por Biwako tras abandonar la cocina, manteniendo la mirada baja para asegurarse de que no le temblaba el pulso al sostener la bandeja y de paso no tropezar en el proceso.

-Ojo con los modales y la forma de sentarse, ellos van a fijarse en todo lo que haces—recordó Biwako, confiando en que ella lograría ser todo lo que se esperaba que fuera y más.

-Que Alah me ayude—suspiro Izumi, sintiendo como le temblaban las manos y las piernas a causa de los nervios, como si fuera a desmayarse en cualquier momento.

-Y no olvides decir que fuiste tú quien preparo los dulces y el sharbat para que vean que vas a ser una buena esposa—menciono ella ya que Izumi aún no era completamente capaz de cocinar por su cuenta, pero lo seria con el tiempo. –Espera—detuvo a un par de pasos del umbral adornado con cortinaje carmesí que conectaba con la sala, -no dejes que note que estás loca por él, muestra que no eres fácil, que debes ser conquistada—explico, contando con la experiencia suficiente de vida como para aportar tan crucial consejo, -al hombre le gusta…

-Conquistar—completo la pelicastaña, sonriendo tanto por los nervios como por la emoción.

Por fin y recordándose a sí misma como respirar, Izumi ingreso en la sala con la mirada baja, intentando no cometer ningún error, observando de sola sao a los dos hombres sentados y hablando junto a su tío, pero que no dudaron en posponer el la conversación y levantarse de sus lugares para recibirla con respeto en cuanto advirtieron su presencia…Izumi por poco sintió como si fuera a desmayarse en cuanto vio a ambos hermanos, y es que por Alah, eran demasiado guapos, justo como Biwako había dicho, tanto que lo último en que Izumi pensó en ese momento fue en ser exigente, ¡ambos hermanos eran tan guapos que gustosamente se casaría con cualquiera de los dos! De inmediato Sasuke se sintió satisfecho con la joven que estaba delante de él, era bella y delicada como había dicho Emi que lo seria, de belleza sencilla pero cautivamente con aquel cabello castaño oscuro que se dejaba ver tenuemente bajo el velo, pero si bien Sasuke se sintió complacido, Itachi por su parte se quedó sin aliento, de pie tras su hermano y contemplando a la que era por lejos la belleza más grande que hubiera visto en su vida, en efecto era una belleza bastante común con aquel cabello castaño, pero su rostro sereno de piel marfil adornado por un estuche de gemas avellana y un lunar bajo el ojo derecho como mayor marca de belleza, labios rosados y sonrisa dulce…todo en ella hizo sentir a Itachi que había muerto y llegado al paraíso, porque estaba seguro de estar contemplando a un ángel.

-Izumi, él es Sasuke y su hermano Itachi— presento Hiruzen, teniendo una ligera sonrisa de satisfacción en todo momento, muy seguro del encanto de su sobrina y de su excelente comportamiento.

Lo único que Izumi pudo hacer, presa de los nervios a tal grado que ene se momento ni siquiera podía hablar, fue sonreír y mostrarse callada, no queriendo decepcionar ni causar una mala impresión. Alah, ayúdame, rogó para sí misma sin dejar de sonreír, conteniendo su emoción.


-Que nervios, creí que me iba a desmayar—jadeo Izumi, ingresando de golpe en la sala de las mujeres. -Él me gusto, yo le guste—concluyo con una sonrisa llena de alegría, -¡fui bendecida!—celebro finalmente, brincando de alegría como si fuera una niña.

El tiempo que había durado su estadía en la sala había sido muy breve; claro, su tío había logrado crear el momento y ocasión propicia como para que Sasuke y ella pudieran sostener una breve conversación, algo que no muchos prometidos tenían la suerte de tener, pero Izumi hubiera deseado poder pasar más tiempo conociendo al menos un poco al hombre que habría de ser su esposo, más entendía que eso no estaba permitido por el bien de su propia dignidad, así que elegía conformarse al no poder cambiar el orden de las cosas. De inmediato la alegre pelicastaña fue abordada por múltiples felicitaciones tanto por pare de Biwako y Sakura como por parte de Mito y Naori, las esposas de su tío a quienes conocía tan bien, no así de doña Emi que permaneció sentada sobre uno de los divanes, cargando en brazos a uno de los bebes de las esposas del señor Hiruzen, siendo mucho más critica que las mujeres presentes, si, Izumi era realmente encantadora y agradable pero daba las cosas por sentado demasiado pronto, ¿creía que casarse y lograr ser feliz era algo tan simple? Pues no lo era, si bien Emi tenia a Izumi en mente como una posible candidata, eso no significa que fuera la única mujer que tenía en mente para ser la esposa de uno de sus hermanos, no…de hecho, la joven pelirosa que estaba presente en la estancia también había captado su interés, y era todavía más bella, ¿Cómo es que no había sabido de ella antes? Era perfecta para Sasuke.

-Es cierto, fuiste muy bendecida, mi Sasuke vale oro—aseguro Emi, orgullosa del hombre que era su hermano y que merecía a la mejor mujer en el mundo como esposa, no menos. -conseguir marido es fácil pero conservarlo no lo es—advirtió, esperando hacerla descender de su nube de ensueño e ingenuidad. –Sasuke está acostumbrado a ser bien tratado, fue criado por mí, ya que el destino no dejo que me casara, hice por mis hermanos todo lo que tenía capacidad de hacer por un marido—declaro con un tono de voz muy sereno y sumiso como respaldo, victimizándose por su suerte, -soy de esas que viven para darle alegría al hombre; soy cariñosa, soy comprensiva, me despierto riendo—enumero sus virtudes con aparente naturalidad, pareciendo alegre en todo momento.

-Todo esto es para que se lo describamos al tío Hiruzen, está loca por él—murmuro Sakura, manteniendo su sonrisa en todo momento para no ser descubierta.

-¿Crees que no lo vi?—sonrió Biwako con complicidad, ya teniendo edad suficiente como para saber cuándo alguien era honesto y cuando no, y evidentemente doña Emi no lo era. –Es engañosa como una cobra—comparo negando muy sutilmente para sí, no deseando conocerla mejor porque ya podía ver qué tipo de persona era.

No era de extrañar que el señor Hiruzen resultara un partido atractivo que conquistar, tenía negocios a lo largo de todo Marruecos, principalmente en Fez y en El Cairo, estaba habituado a tratar con muchos comerciantes por lo que siempre se encontraba ocupado, era muy adinerado, era bastante envidiado por sus tres esposas de gran belleza y encima de todo sabio a tal grado que muchos hombres de la ciudad recurrían a su ayuda y consejo en momentos de duda o necesidad. Para los musulmanes un hombre que siguiera las costumbres, lo que dictaba la religión y el Corán, aquel que fuera reconocido por ser ecuánime con todas sus esposas aun teniendo más de una era el modelo de hombre que todas las mujeres podían querer como esposo, un modelo de honor, por lo que no era tan mal visto que doña Emi se sintiera interesada por el señor Hiruzen, es más, ¿Qué mujer en su sano juicio no lo estaría? Por supuesto que Emi quería casarse, tenía veinte y siete años y no de estúpida, sus hermanos ya eran mayores y se encontraban muy próximos a tener sus propias familias, ella se estaba quedando relegada por haberlos criado…¡no, señor! Ella también se casaría y con un marido que fuera envidiado por todas las mujeres de Fez, antes de que Alah secara su vientre y se llevara su belleza, Emi quería probar el amor al menos una vez con algún hombre, y sus hermanos no le quitarían ese derecho. Pero volviendo al tema de sus hermanos; ella solo comenzaría su vida cuando estuviera segura de que Sasuke e Itachi eran tan felices como lo eran con ella estando a cargo de sus vidas, por lo que si sus primeras esposas no lograban tal objetivo, bien podrían casarse otra vez, la religión lo permitía después de todo.

-No dejes que él me extrañe—aconsejo Emi a Izumi, disfrazando muy bien su tono de exigencia, algo que no pasó inadvertido para su futura cuñada, -y dale rápido un hijo varón, sino ya sabes que tiene derecho a buscar otra esposa—recordó, queriendo dejarle esa espina clavada para recordarle que ella era quien mandaba en la familia.

-Pero yo no voy a dejar que eso…- protesto Izumi, siendo silenciada por Biwako que le haló ligeramente el brazo, recordándole que aún estaban observándola y que no podía fallar, -no es malo que Sasuke tenga otras mujeres—contradijo, mordiéndose la lengua interiormente ante tal perspectiva pero no teniendo otra opción, -voy a ser la primera, yo mando sobre todas ellas, lo importante es que envejezca a mi lado—concluyo sonriente, pensando en qué hacer para establecer que ella nunca compartiría a su esposo con otra mujer.

Por supuesto que algo demasiado anticipado pensar tan siquiera en la posibilidad de compartir a su esposo con una segunda esposa siendo que aun ni siquiera se convertía en la esposa de Sasuke, pero Izumi juraba por su alma que jamás habría otra mujer en la vida de su esposo, solo ella. Silente e intrigante, Emi solo asintió en silencio como respuesta, desviando su mirada hacia Sakura que se mantenía serena en todo momento, menos emocional que su prima…sería bueno tenerla en cuenta, solo por si acaso.


Uno de los factores claves en la creación del matrimonio era sin duda la elección de la persona adecuada con quien compartir el resto de la vida, independiente del factor de si en el futuro se pensaba o planeaba tomar otras esposas o no, la primera esposa era la más importante de todas, la primera mujer de un hombre, la primera mujer en su casa y quien asumía todas las responsabilidades en su ausencia, desde dirigir el hogar hasta incluso respaldarlo en sus decisiones o negocios, ser su compañera en todos los sentidos. Itachi y Sasuke ya no eran ningunos niños y tenían muy claro que había llegado la hora de sentar cabeza apropiadamente tomando una esposa y transmitiendo la fortuna y el honor de la familia a la siguiente generación tal y como dictaban las costumbres, claro que habían legado la elección de las mujeres apropiadas para ser sus compañeras de vida a su hermana mayor Emi quien los conocía mejor que nadie y que sabía cuáles eran las características, pero aún existía un delicado asunto a tratar; la dote. Una mujer no un objeto, no era solo un recipiente a través del cual perpetuar una estirpe, era una persona que tenía un gran valor e importancia, y con el único fin de ser aceptado en su corazón y su vida es que un hombre debía obsequiarle una costosa pieza de oro como regalo de compromiso—cuyo valor debía ser decidido por los hombres de ambas familias—y una dote que equivaliera al doble y que se pagaba antes, durante y después del compromiso y que se destinaba a la alegría de la mujer para lograr su amor…pero en este caso los Uchiha se encontraban algo obstaculizados para pagar el elevado precio que el señor Sarutobi había establecido para la mano de su sobrina.

-Mi sobrina vale mucho más que eso—negó Hiruzen, sin cambiar de opinión pese a la contraoferta.

-Señor, le doy mi alma y mis ojos, pero no tengo todo ese dinero, se lo juro— se disculpó Sasuke en un intento por no perder esta oportunidad, porque un matrimonio así no se encontraba todos los días.

Un hombre debía contar con una situación financiera estable para tener una esposa, los musulmanes no eran como los occidentales donde solo les importaba la pasión y fulgor del amor al momento de unir sus vidas a las de otra persona, para los musulmanes era algo fundamental e infranqueable que un hombre tuviera un buen trabajo y una buena situación económica para hacer a la mujer que fuera su esposa plenamente feliz porque si la mujer no se sentía satisfecha ni con el trato de su esposo ni con las joyas, sedas o bienes que debía darle por obligación según dictaban las costumbres…ella tenía todo el derecho del mundo a exigir el divorcio, una gran humillación cabe añadir ya que lo usual era que el hombre era quien normalmente tenía problemas respecto de la mujer que tomaba por eso, no al revés, eso era una ofensa imperdonable contra su persona. Sostener un buen negocio era algo que Sasuke agradecía, así tanto el cómo su hermano Itachi podría vivir con seguridad pero expandir el negocio de textiles a Brasil no había sido fácil, había requerido de bastante dinero, un dinero que ahora sería útil para cumplir con las exigencias del señor Hiruzen para dar su consentimiento al compromiso pero del que ya no disponían ni dispondría por un buen tiempo hasta que abrieran la sucursal en Rio de Janeiro y vieran ganancias reales, por lo que de ninguna forma podían cumplir con lo que el señor Sarutobi les exigía, así que debían intentar llegar a un acuerdo mejor

-Mi sobrina no tiene precio—insistió el Sarutobi, muy seguro de su decisión, -pero compro a un hombre, para mí es muy importante comprar a un hombre—puntualizo para sorpresa de ambos hermanos, considerando mejor la situación. -Dentro de seis meses registramos la escritura—aceptó, eligiendo velar por el futuro de su sobrina y no sus propias ganancias.

-Señor Hiruzen, acepte hacer el casamiento lo más rápido posible porque Sasuke tiene que estar en Brasil para hacer la mudanza a Rio de Janeiro—intercedió el Uchiha por su hermano menor, como su socio en el negocio.

-Si dejo mi tienda en manos de gente extraña puede ser malo para el negocio, usted sabe—aclaro Sasuke, de comerciante a comerciante, esperando que el señor Hiruzen.

-Es justo—afirmo Hiruzen, comprendiendo las razones que tenían, pero creyendo en su palabra según lo acordado. –Salud—deseo, alzando su copa de sharbat con familiaridad.

-Salud—correspondieron ambos hermanos, pudiendo respirar más tranquilo ante aquella respuesta.

Como un buen comerciante, Hiruzen tenía muy clara la importancia de ser justo con un negocio y modificar el valor de la dote no tenía por qué ser un problema mayor del que parecía ser en ese momento, tenía solución, solo había que modificarla ligeramente porque el precio que los Uchiha planteaban también era muy favorable y él elegía aceptar la oferta en tanto estuviera sobre la mesa porque no solo se trataba de si él se vería o no se vería beneficiado con el éxito de este matrimonio económicamente hablando sino porque quien merecía verse beneficiada era Izumi quien entraría en una familia respetable y amiga de la suya, eso era más importante para él que cualquier fortuna. Espiando toda la conversación desde el umbral de la sala, Biwako abandono el lugar en cuanto los tres hombres llegaron a consenso, dirigiéndose con pasos presurosos hacia la sala donde se encontraban las mujeres charlando animadamente entre sí. Nerviosa y ansiosa por el resultado de las negociaciones, Izumi se paseó sutilmente en círculos para no evidenciar sus sentimientos delante de doña Izumi cuya mirada crítica no se despegaba de ella en ningún momento, ni de Sakura que sentada sobre uno de los divanes en silencio y de brazos cruzados comenzaba a sentirse incomoda, como si fuera objeto de una evaluación…no, se dijo Sakura, eligiendo fingir que no se sentía incomoda, debían ser imaginaciones suyas ya que ella no estaba disponible para un matrimonio, no quería casarse.

-¡Aceptaron!, ¡Cerraron el trato!—anuncio Biwako, entrando en la habitación bajo la atenta mirada de todas las presentes.

Absteniéndose de chillar de la emoción, Izumi abrazo efusivamente a Biwako que correspondió encantada, compartiendo su alegría como no dudaron en hacer Sakura junto a Mito y Naori, inclusive doña Emi que se mostró cautelosa y observadoramente critica en todo momento. ¡Iba a casarse!, ¿Se podía ser más feliz?


-Tío Hiruzen no me ordeno ponerme el velo, solo dijo que era conveniente—recordó Sakura, resaltando muy bien las comillas, mas sabiendo bien que no podría escapar de ello.

-Al buen entendedor pocas palabras—reprendió Biwako, acomodándole el velo pese al disgusto de ella, -y después de que la sangre baja toda mujer debe andar cubierta—obvio ya que si bien no era una obligación, si era una muestra de la dignidad y el decoro de una mujer, algo muy admirado y observado.

-Así perderé mi entrenamiento—apresuro Izumi, no queriendo esperar más estando lista para ir a la cancha y jugar.

Aunque Marruecos no era Brasil donde había crecido, más pronto que tarde Sakura comenzó a sentirse cómoda en el lugar que ahora era su hogar, cómoda con el horario y la costumbre obligatoria de hacer oraciones cinco veces al día en nombre de Alah, pero algo con lo que no se sentía del todo cómoda era tener que llevar velo ya que en estos días y al no salir de casa había podido conducirse con perfecta familiaridad y lejos de miradas indiscretas luego de que se cerrara el compromiso por el matrimonio de Izumi, pero ahora que iban a salir de casa para acompañar a Izumi, Sakura se resignó a estar delante del espejo mientras Biwako la ayudaba a colocarse apropiadamente un largo velo blanco sobre el cabello. Era una costumbre no obligatoria pero que todos los musulmanes practicaban que la mujer se cubriera la cabeza con un velo al momento de salir a la calle para demostrar dignidad y recato, Sakura había tenido que aprender a seguir esta costumbre desde dos doce años cuando había dejado de ser una niña y convertirse en una adolescente, en occidente se había sentido incomoda llevando el velo porque era vista como poco menos que un bicho raro en una sociedad donde la pureza y el honor no existían, pero ahora…estaba en su tierra, pero sentía como si aún fueran a verla como algo raro por ser quien era, sonaba tonto pero pensaba así, solo necesitaba algo de tiempo más para acostumbrarse mejor a las costumbres que aquí eran pan de cada día, solo eso.

-Izumi, ¿en verdad juegas fútbol?—pregunto Sakura, realmente curiosa y sorprendida de que su tío permitiera algo así ya que muchas cosas divertidas de la vida parecían estar prohibidas para las mujeres aquí.

-Claro, a las mujeres de aquí les encanta en fútbol—contesto ella con una sonrisa, no entiendo porque era tan extraño que le gustase practicar un deporte, -pero en Brasil también—comparo según lo que tenía entendido.

-Nos gusta verlo, pero no es tan común ver mujeres jugando fútbol—acepto la pelirosa ya que a ella le gustaba ver el fútbol pero no jugarlo.

-Tío Hiruzen quedo con mi novio de ir al mercado el jueves a escoger mi oro—comento Izumi, observándose nuevamente al espejo, naturalmente vanidosa, -quiero muchos collares, muchas pulseras…ay, prima, me encanta el oro—suspiro soñadoramente, volviéndose hacia Sakura que le sonrió en respuesta, feliz en tanto ella también lo fuera. –Vamos—apresuro emprendiendo saliendo de la habitación, incapaz de esperarlas por más tiempo.

No queriendo hacerla esperar más, Sakura se acomodó el velo lo mejor posible sobre los hombros, siguiendo a Izumi quien abandono la habitación poniéndose el velo antes de salir a la calle, y Biwako quien envolvió su brazo alrededor del de ella para guiarla y evitar que se perdiera en la medina como había ocurrido la primera vez, así como para ayudarla a orientarse y conocer la ciudad…pero pronto todo el entusiasmo que Sakura había tenido por presenciar algo de libertad en medio de esta sociedad tan restrictiva para las mujeres se fue a pique en cuanto llegaron a la cancha de fútbol y vio a todas las mujeres que integraban ambos equipos—además de a Izumi—vistiendo largas y holgadas túnicas por sobre sus ropas deportivas, con sus velos cubriendo sus cabellos en todo momento, todas ellas jugando muy bien al fútbol con abrumadora normalidad, tan bien como lo haría cualquier hombre e incluso más pero con la diferencia de que de estar en su lugar un hombre no tendría por qué cubrirse y pensar en el que dirán, ¿se podía ser todavía más machista? A un par de pasos de distancia de uno de los arcos, Sakura observo todo de brazos cruzados, mucho menos emocionada que Biwako que aplaudió eufóricamente en cuanto el equipo de Izumi hizo el primer gol, ¿Qué tenía de positivo? Si Izumi vistiera el equipo apropiado y no tuviera que llevar velo, entonces Sakura se emocionaría, de oro modo aquella visión le resultaba bastante indignante.

-¿Por qué juegan con los velos y esas túnicas tan largas?—cuestiono Sakura, no pudiendo creer semejante incongruencia.

-Porque estamos en un lugar público y hay hombres mirando—contesto Biwako calmadamente, no viendo nada de malo conque las mujeres se mantuvieran dignas en todo momento, aun mas en ese ambiente, -si fuera un día de juego en el estadio, solo entrarían mujeres y jugarían descubiertas—puntualizo, esperando que eso sosegara la indignación de la joven, más no fue así.

Negando para sí por tal pensamiento, Sakura se resignó a observar el partido, intentando concentrarse en la forma en que jugaban todas las presentes y no en cómo estaban vestidas, ¿esa era la máxima libertad a la que las mujeres podían aspirar? De ser así, Sakura se encontraba profundamente decepcionada por ver tan restringida su libertad y porque evidentemente Marruecos era muy diferente de occidente, y no en el mejor sentido en este caso.


Luego de llegar a un acuerdo con respeto al matrimonio de su sobrina Izumi, Hiruzen sentía que podía respirar mucho más tranquilo, ya no tendría pesadillas por las noches temiendo por el futuro de una de sus dos sobrinas, Izumi era una criatura muy dulce e inocente, ajena al modo en que el tiempo y sufrimientos cambiaban a las personas, ajena a la malicia o las intrigas, una flor inocente que había crecido en medio de lujos y que desconocía el real rol de una mujer musulmana, pero con el tiempo aprendería y teniendo un buen esposo a su lado nunca le faltaría nada, siempre estaría a salvo, eso tranquilizaba a Hiruzen que por ahora se estaba centrando en planear el futuro de Sakura, considerando que tal vez sería bueno esperar un año antes de comenzar a buscar pretendientes para ella. A diferencia de Izumi que era completamente inocente, Sakura había crecido en occidente bajo todas las perversiones y pecados que vivían a diario aquellos que creían que Dios estaba muerto o que apartaba la vista de quienes perpetraban malos actos, Sakura era devota y sabia cuando discutir y cuando no, evidentemente era más astuta e inteligente que Izumi, él ya lo había notado y por ende quería prepararla mejor para su rol como mujer y esposa antes de entregarla en matrimonio. Resulto curioso para Hiruzen, tras la partida de sus sobrinas y Biwako a la cancha de fútbol, recibir a la familia Uchiha nuevamente en su casa menos de dos días, mas lejos de inquietarse por ello, el Sarutobi no tuvo objeción alguna de brindarles su hospitalidad apenas cruzaron el umbral de la sala, haciéndolos sentir como en casa ya que por lo visto querían tratar un asunto serio, tal vez adelantar el compromiso o discutir los quilates de oro a obsequiar como regalo de compromiso, fuera cual fuera el caso, él escucharía todas las exigencias u opiniones.

-Señor Hiruzen, nuestra hermana Emi quería hacerle una pregunta—inicio Sasuke, siendo el primero en romper el silencio luego de tan atento recibimiento de parte del señor Sarutobi..

-Puede hablar, doña Emi—consintió Hiruzen, cediéndole la palabra para que expresara con libertad aquello que deseaba preguntar.

-Hoy escuche unas palabras que me dejaron el corazón deprimido—suspiro Emi, aun no pudiendo creer que la sombra de la mala suerte se hubiera cernido sobre ellos, -¿por casualidad Izumi tuvo como ama de leche a libanesa llamada Koharu?—pregunto puntualmente, esperando de todo corazón que la respuesta fuese no.

-Koharu…si, fue ama de leche de Izumi—reconoció el Sarutobi, algo confundido por la pregunta y la relevancia que tenía como para que ellos lo supieran.

-Entonces el matrimonio de Sasuke e Izumi no podrá ser ya que Koharu también fue ama de leche de Sasuke—contesto la Uchiha, acongojada por tener que decir aquella verdad.

-Son hermanos—concluyo él, comprendiendo el porqué de esta visita, -en ese caso el acuerdo queda anulado—lamentaba perder un matrimonio tan provechoso para Izumi, pero realmente se lamentaría si esto se descubriera cuando Sasuke y ella ya estuvieran casados, entonces el pecado sería demasiado grande tanto a ojos de Dios como de los hombres.

Los musulmanes tenían una ley sagrada; el matrimonio entre primos estaba permitido ya que se consideraba que el vínculo sanguíneo que los unía no era lo suficientemente fuerte como para hacerlos parientes directos e implicar incesto, pero la religión si prohibía el matrimonio entre padres, hermanos, tíos, sobrinos o en este caso hermanos de leche, un caso medianamente común en una sociedad en que muchas mujeres elegían no dar el pecho y contratar nodrizas o amas de leche para que se encargaran de sus hijos, un caso bastante practicado por la familia Sarutobi y por lo visto también por la familia Uchiha que en ese momento se encontraba decepcionada por ver que la duda que sostenían resultaba un impedimento absoluto para la realización de tan provechoso matrimonio. Como una familia que se había hecho conocida debido a sus negocios, fortuna y respetable prestigio a lo largo de Fez, los Uchiha aspiraban a poder mantener la influencia patrimonio que su padre había forjado y heredado a ellos con su muerte y para poder seguir siendo la reconocida familia que hoy eran no podían perder un buen matrimonio como lo era el que conseguirían junto al señor Hiruzen Sarutobi, pero había una solución que satisfacerla a todos porque nadie saldría perdiendo; Itachi se sentía completamente extasiado por Izumi desde el primer momento en que la había visto, por supuesto que no había dicho nada hasta ahora por respeto a su hermano que se había encontrado comprometido con ella, pero ahora que el compromiso estaba disuelto y también esperando poder encontrar una buena esposa pronto, Itachi quería poner su propuesta sobre la mesa y pedir la mano de Izumi en matrimonio.

-Pero nosotros tenemos una propuesta que hacerle—inicio Itachi, llamando la atención del señor Sarutobi, -yo también busco una esposa y no tome leche de la libanesa Koharu por lo que no tengo impedimento—planteo, exponiendo sus intenciones de forma discreta para no sobrepasar el honor de la joven en cuestión ni el orgullo de su hermano menor, -por lo que si usted acepta, yo me casare con Izumi en lugar de Sasuke—propuso certeramente, ocultando lo genuinamente interesado que se encontraba por aquella joven de gran belleza.

-Sí, es una buena solución, acepto—consintió Hiruzen, no queriendo perder una alianza con una buena familia, sumado a que Izumi estaba permanentemente ilusionada con la idea de casarse e Itachi cumplía con todos los requerimientos que una mujer pudiera exigir.

-Así nuestras familias seguirán unidas—celebro Emi, dichosa al no perder a una futura cuñada y que provenía de una familia tan respetable. -Pero, pensando en mi hermano Sasuke, tengo otra pregunta que hacer—retomo, causando el inmediato interés del señor Sarutobi, -¿su sobrina que vino de Brasil ya está comprometida?—inquirió, casi pudiendo palpar el afán de su hermano menor porque la respuesta fuese no, y con razón.

-¿Sakura?—pregunto el Sarutobi, esperando estar entendiendo bien y recibiendo un certero asentimiento de la Uchiha como respuesta. -No lo está—contesto, entendiendo porque parecían interesados en ella tan repentinamente.

-Ella es muy bella—menciono la Uchiha, evidenciando su interés por volverla parte del círculo familiar.

Egoísta o no, Emi quería un buen futuro para sus dos hermanos, por ende no podía dejar que solo Itachi contrajera matrimonio siendo que Sasuke ya contaba con la edad apropiada como para tener una esposa y formar una familia, por ello es que pensaba en la segunda sobrina del señor Hiruzen a quien había tenido oportunidad de estudiar días atrás y que en nada era inmerecedora de la consideración de convertirse en la esposa de un Uchiha, es cierto que la joven había sido criada en Brasil y con un pensamiento más bien occidental en relación a la forma tradicional que muchas familias tenían de vivir pero poseía tres elementos que cualquiera buscaría en una esposa; en primer lugar provenía de una familia muy religiosa y seguidora de las costumbres, en segundo lugar un doble matrimonio con la familia Sarutobi los beneficiaria enormemente y tercero pero no menos importante es que la muchacha era encantadora, de una belleza que sería envidiable cuando se convirtiera en mujer y madre, y ella en lo personal se había enfocado en resaltar muy bien estas tres características, logrando que Sasuke quedara simplemente fascinado de inmediato, él ya no tenía intención alguna de casarse con Izumi, no, a quien quería era a Sakura, y sin siquiera haberla visto personalmente. Reflexivo, intentando no tomar ninguna decisión que fuera precipitada bajo ningún concepto, Hiruzen considero todos los pros y contras, ciertamente resultaría abrupto para Izumi tener que casarse con otra persona y seria aún más abrupto para Sakura tener que prepararse de la nada para entrar en un matrimonio, aun teniendo mucho por aprender para ser realmente una buena mujer musulmana…pero todo eso eran detalles menores, el objetivo de un matrimonio era otorgar estabilidad y seguridad a una mujer y a través de esta oferta sus sobrinas estarían a salvo.

-No pensaba en la boda de Sakura—admitió Hiruzen en voz alta, pensando en el bienestar de su sobrina a futuro y no tanto en qué opinión tendría de estar en su lugar, -pero…es una buena solución porque así su futuro queda garantizado—consintió finalmente, no teniendo problema alguno en una alianza matrimonial en cuanto sus sobrinas tuvieran un futuro estable. -Itachi se casa con Izumi y Sasuke se casa con Sakura—declaro gustosamente para satisfacción de los Uchiha.

Puede que tal vez fuera una decisión drástica de su parte, no teniendo consideración de la opinión de sus sobrinas, pero vivían en una sociedad en que los hombres tomaban las decisiones y las mujeres no tenían más opción que obedecer, aun así; Hiruzen no había aprobado la propuesta de los Uchiha por un mero rol machista sino porque así sus dos sobrinas estarían protegidas y tendrían un buen futuro, aun si eso significaba sofocar sus opiniones en pro de algo mejor.


PD: Ya lo se, mis amores, pero esto no es lo que parece, como prometí y a partir de mañana continuare actualizando mis otras historias e iniciando la secuela de la historia de Queen "Queen: The Show Must Go On", pero estaba tan sumergida en la concepción de esta historia que no pude evitar avanzar en los primeros capítulos lo mas rápido que fue posible para cimentar una base solida, pero no se inquieten, que cumpliré con lo prometido como siempre y no abandonare en lo absoluto ninguna de mis otras historias y actualizándolas muy pronto, lo prometo :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311(cuya presencia siempre agradezco infinitamente, dedicándole esta y todas mis historias), a Mila (esperando que sea de su agrado los cambios que hice en contraste con la historia original) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima :3

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Primera Esposa de Ali como Mito Uzumaki

-Segunda Esposa de Ali como Naori Uchiha

Diferencias:

Cambios Importantes: como señale en capítulos anteriores, Jade fue uno de los personajes favoritos de mi infancia, me enseño a luchar por lo que uno cree y a aferrarme a mis ideales, fue la primera heroína que conocí y que me ha hecho amar la cultura de oriente hasta hoy, pero por mucho que El Clon haya sido y aun hoy sea una de las mejores telenovelas que he visto en mi vida, tiene sus fallas. El personaje de Jade ve el amor de una forma demasiado perfecta e idealizada sin valorar a Said, un hombre que a lo largo de toda la trama esta dispuesto a lo que sea por ella, tolerando todas su faltas con tal de merecer su amor, por ende en esta versión de la historia el amor se desarrollara según lo que a mi me habría gustado que sucediera y representando la cultura musulmana dentro y fuera del matrimonio, no el choque de culturas entre oriente y occidente de una forma tan directa.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3