Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta.


-Bismilah—pronunciaron todos al unísono como símbolo de respeto.

Luego de que finalizara la práctica de futbol Biwako las había llevado a pasear por la medina, no solo porque Izumi quería tener en mente algunas piezas de joyería de donde escoger como regalo de compromiso—además de observar varias telas para futuros vestidos, ansiosa por agradar a su futuro esposo desde el primer día—sino también para que Sakura se familiarizara con la ciudad y pudiera salir con confianza y por su cuenta sin temer perderse, por supuesto que el hecho de que aún no hablara árabe dificultaba su desenvolvimiento total en la sociedad musulmana pero era un dato menor ya que la joven aprendía todo muy rápidamente con su agudo ingenio y memoria, algo muy admirable. Posteriormente y apenas regresaron a casa se retiraron a la habitación que ambas adolescentes compartían, conversando animadamente entre si—Izumi mas que ella debido a su matrimonio, obviamente—hasta que el almuerzo estuviera listo, bajando a la sala para comer junto a su tío que estaba esperando por ellas. La sociedad musulmana era muy diferente de la occidental, no solo porque las mujeres tenían una vida mucho más restringida de la que tendrían en una sociedad más liberal y occidental sino porque en cuanto llego la comida a la mesa, Sakura reparo brevemente en la ausencia de cubiertos de los que disponer para servirse, más su confusión duro muy poco en cuanto vio a su tío y a Izumi tomar un bocado del plato con la mano…encogiéndose de hombros para sí interiormente, haciendo a un lado su sorpresa y diversión al mismo tiempo, Sakura no dudo en imitarlos, reservándose a aprender del mundo al que pertenecía y quería integrarse, prefiriendo no preguntar por ahora.

-Debes extrañar la falta de cubiertos, ¿cierto, Sakura?—afirmo Hiruzen, percibiendo muy bien la incomodidad de su sobrina.

-Es extraño comer con la mano—reconoció la pelirosa con una sonrisa, absteniéndose de reír, volviendo el rostro hacia Izumi que le sonrió divertida.

-Con los cubiertos todo el mundo come, con mis manos solo como yo— contesto el Sarutobi, tranquilizando las inquietudes de su sobrina y explicándole cada vez más de ese mundo, permitiéndole tomar con confianza un bocado del plato. —Comes muy poco, muchacha—reprendió con gran confusión, haciendo sonreír a su sobrina que recordó a su madre por aquellas palabras, —si continuas adelgazando así muy pronto vas a desaparecer—advirtió a modo de broma, intercambiando una mirada con Biwako.

-Ya me canse de decírselo—contesto ella encogiéndose de hombros, negando para sí mientras observaba a aquella niña.

-Al hombre no le gusta una mujer así, sino una mujer grande y bonita, que llene la cama—menciono el Sarutobi haciendo reír a sus sobrinas que se observaron entre sí.

Occidente realmente era diferente de Marruecos; para los occidentales una mujer no podía envejecer, no podía dejar de seguir un canon de belleza, no podía subir de peso o engordar, no podía despreocuparse de su aspecto físico tan siquiera un momento, para los occidentales que una mujer no fuera hermosa parecía un pecado pero no para los musulmanes, para ellos todas las mujeres eran hermosas porque la mujer era la figura más importante del mundo, un ser que debía ser protegido y que brindaba protección, el único ser creado por Alah que daba la vida y que debía ser admirado por lo que entre musulmanes no había cánones de belleza; rubias, morenas, pelirrojas, de piel clara o morena, delgadas, gordas…para los musulmanes lo más importante era el corazón y la virtud de una mujer, no su belleza. Era maravilloso y confuso para Sakura encontrarse en un mundo tan diferente; siempre había estado acostumbrada a seguir los cánones de belleza de occidente, siempre había tenido cuidado de cuanto comía para no subir de peso, temiendo que fuera mal visto, siempre cuidando mucho su apariencia…pero aquí no tenía que hacer nada de eso, se le instaba a ser lo más natural y genuina posible, algo muy desconcertante ya que en el fondo siempre había reservado su propia personalidad para sí misma pero ahora por fin sentía que podía ser ella misma, era libre, de una forma diferente pero era libre. Callada hasta ese momento, Izumi no pudo alejar el pensamiento de su inminente matrimonio, curiosa y deseosa por saber más de su novio y de cuándo podría volver a verlo.

-Tío, ¿planeaste con mi novio cuando voy al mercado a elegir mi oro?—pregunto Izumi, intentando no parecer tan impaciente de como realmente estaba.

-Mañana en la tarde, después de la oración—contesto Hiruzen intentando parecer sereno, sabiendo que no podría postergar la verdad que ellas debían y merecían saber.

-Me encantarían muchos collares, adoro los collares—comento la pelicastaña, profundamente ilusionada por la idea de elegir su regalo de compromiso, —¿y mi novio pregunto por mí?—curioseo intercambiando una mirada con Sakura quien se mostraba feliz por ella

-Izumi, cambiamos los planes—menciono el Sarutobi a modo de advertencia, pero su sobrina no lo vio así.

-Quiere adelantar el matrimonio, ¿es eso?—supuso ella gratamente sorprendida pero al mismo tiempo satisfecha con el cambio.

-Doña Emi descubrió que Sasuke y tu tuvieron la misma ama de leche, la libanesa Koharu; son hermanos—rebelo él tan claramente como le fue posible para que no existieran dudas.

-Es decir que, ¿ya no nos casaremos?— inquirió Izumi pese a haber entendido todo muy bien, mas no queriendo creer que todo hubiera cambiado tan drásticamente,

-Encontramos una buena solución—intento tranquilizar Hiruzen, teniendo la absoluta atención de Izumi, mas no así la de Sakura que se mantenía ajena al tema, creyendo que no le competía, -tú te casas con Itachi y Sakura se casa con Sasuke—comunico para incredulidad de sus dos sobrinas.

-¿Qué?—Sakura sintió como si se le helara la sangre de solo escuchar aquello, queriendo creer de todo corazón que se tratara de una mala broma.

-Solo tengo una exigencia; Izumi se casa primero, es más justo,—puntualizo el Sarutobi, eligiendo ignorar todas las preguntas hasta haberles dicho todo, —Sakura se casa una semana después—concluyo observando a esa niña que aun desconocía mucho de su mundo pero que aprendería todo lo necesario muy pronto, él se encargaría de eso.

-¿Por qué?, ¿Por qué ella con Sasuke?—cuestiono Izumi, no sabiendo si enojarse o llorar ante estas noticias, -¡Es mi novio!—chillo frustrada a mas no poder.

Indignada porque se hubiera hecho semejante cambio en su ausencia y sin su consentimiento, y furiosa porque doña Emi osara meterse en su vida y porque Sakura fuera a casarse con el hombre que debería haberse casado con ella, Izumi se levantó de la mesa entre sollozos, abandonando la sala tan pronto como le fue posible, siendo prontamente seguida por Biwako que acudió a su lado para consolarla. No estaba disgustada con el hombre que ahora habría de ser su esposo, lo había visto y era inmensamente guapo pero era un golpe realmente abrupto pasar de ser la futura cuñada a la futura esposa de un hombre, ¿Cómo matar toda la ilusión que había sentido por Sasuke hasta hoy?, ¿Seria verdad que Sasuke y ella eran hermanos o doña Emi lo había dicho para arruinar su felicidad? Fuera cual fuera el caso, Izumi solo quería llorar y liberar todo este torrente de emociones que quería quebrarla, dejando a Sakura y a su tío solos en la sala. Sentada frente a su tío, Sakura sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua congelada en la espalda, ¿casarse? Alah, tiene que ser un broma, fue lo que Sakura pensó de inmediato más el pasar de los segundos, la seria convicción de su tío y los sollozos de Izumi que llegaron a ella desde el pasillo le hicieron ver que esto no era ninguna broma, se había orquestado un matrimonio sin su consentimiento y aun cuando hubieran solicitado su opinión ella se habría negado de inmediato porque no quería casarse ni quería saber nada del amor porque ya no creía en eso, ¿es que no podían dejarla decidir sobre su propia vida? No, ni muerta se casaría, ni ahora ni nunca, prefería estar sola que pasar el resto de su vida junto a un completo desconocido.

-No voy a casarme con nadie—declaro Sakura superando su sorpresa, negándose a aceptar este compromiso arreglado.

-¿Me estás desafiando?—cuestiono Hiruzen, recordándole que como el hombre de mayor autoridad en la familia, él debía decidir por ella y buscarle un futuro seguro.

-Ni muerta me casare con un hombre que no he visto—insistió la pelirosa modificando sus palabras para no ofenderlo pues esa no era su intención.

-Yo lo he visto y sé que es lo mejor para ti—objeto el Sarutobi, sin cambiar de parecer ante tan injustificada protesta de su parte, -es bueno casarse pronto—añadió ya que lo que hacía era velar por su futuro aunque ella no lo viese así.

-Prometió que iba a estudiar—protesto ella, sintiéndose traicionada al ver que su tío había olvidado todo lo que le había prometido días atrás.

-Si tu marido lo permite, podrás estudiar—afirmo en un intento por tranquilizar los turbulentos pensamiento que ella tenía.

-¿Si lo permite?—repitió Sakura con sarcasmo, sosteniéndole la mirada para dejar en claro su posición ante esta decisión.

Debía estar escuchando mal, ¿necesitaba el permiso de un hombre para poder estudiar?, ¿en qué siglo creían que vivían? Ella había sido criada en occidente donde las mujeres tenían sus propios derechos, donde se buscaba que estudiaran y accedieran a cargos de importancia, que tuvieran una voz en todo…pero resulta que en esta sociedad se estaba haciendo todo lo contrario, donde las mujeres ni siquiera luchaban por obtener algo para sí mismas, siempre temiendo lo que los hombres pudieran pensar de ellas y tan solo dedicándose a ser buenas hijas, mujeres, esposas o madres, no pudiendo ser egoístas, no pudiendo pensar en sí mismas, ¡pues ella sería diferente! Ella iba a estudiar, siempre había querido ser médico y lo conseguiría sin importar que para lograrlo tuviera que huir, pero no iba a casarse, ¿Quién era ese hombre de todos modos?, ¿Cómo podían obligarla a casarse con un hombre al que nunca había visto y que nunca la había visto a ella? Temeroso y sorprendido, Hiruzen observo con contenida preocupación a su sobrina, viendo encarnados en ella todos los valores que se buscaban en una buena mujer; bondad, inteligencia, sensatez, dignidad, valor…pero también grandes defectos como la terquedad, la imprudencia y la soberbia de creer que tenía la razón, era la mezcla perfecta de una musulmana y una occidental…debería haber impedido que Mebuki criara a esa niña en Brasil porque ella tenía el corazón de una musulmana pero se encontraba contaminada por los pecados de occidente y su mentalidad liberal, dividida entre quien era y quien quería ser cuando en realidad solo existía un camino que seguir, y sería mejor que ella entendiera eso y pronto.

-Sakura estas muy dividida; la conciencia de una musulmana y los deseos de una occidental— comprendió Hiruzen en voz alta, temiendo por el destino que tenía escrito esa niña, —Dios no puso dos corazones en el pecho de la gente, nadie puede ser feliz mirando dos caminos—aconsejo en un intento por hacerla entrar en razón, -es bueno casarse, el matrimonio va a protegerte de ti misma—justifico con absoluta calma, esperando que ella entendiera que él tenía la razón y que en nada le servía protestar.

-No lo acepto, tío—protesto Sakura, sosteniéndole la mirada, sin cambiar de parecer en lo absoluto, —¡No lo acepto!— chillo fúrica en caso de que no hubiera quedado claro.

Sin dudarlo, Sakura se levantó de la mesa de inmediato, abandonando la sala, siguiendo los pasos de Izumi y Biwako. Había venido a Marruecos con el propósito de estar junto a su familia, de estudiar y ser libre, libre de ser dueña de su propia vida y hacer lo que quisiera pero ahora le estaban quitando todo eso, querían encerrarla en una jaula como lo era el matrimonio para ella que no quería saber nada sobre el amor y ella no aceptaría eso, no permitiría que le arrancaran las alas, volaría sin importar que pensaran de ella. Observando la partida de su sobrina, Hiruzen negó para sí porque de nada servía la negativa de Sakura, él estaba haciendo lo mejor para ella sin importar si ella lo veía así o no, necesitaba protegerla de sí misma y de los errores que pudiera cometer…si es que no los había cometido ya.


Una mujer musulmana no tenía muchos derechos en la sociedad en que vivían, el isla establecía que el lugar de una mujer era su casa y que su conducta siempre debía ser virtuosa por lo que siempre el hombre más importante y de mayor edad—sabio, por ende—de la familia debía acordar un matrimonio para ella, para velar por su futuro e Izumi había estado de acuerdo con ello desde el primer día, siempre confiando que su tío haría lo que fuera mejor para ella y esta vez no pensaba diferente si importar el drástico cambio que había sufrido su compromiso, pero si sentía una enorme ira contra la mujer que habría de ser su cuñada; Emi Uchiha quien en su último encuentro había dejado bastante en claro que ella debía subordinarse bajo su autoridad y hacer todo lo que ella le dijera si no quería perder a su esposo y ser reemplazada por una segunda esposa, por lo que Izumi estaba convencida de que Emi había inventado esta mentira para hacerla infeliz y forzarla a entrar en un matrimonio en que nunca había pensado y que si bien no le desagradaba por completo era demasiado abrupto. Sentada sobre el diván que era la cama de Izumi en la habitación, Biwako contemplo en silencio a la pelicastaña que se encontraba sentada en el suelo delante de ella con lágrimas en los ojos, intentando pensar claramente en medio de la bruma de ira que sentía, llena de emociones negativas y que la forzaban a querer destruir todo a su alrededor para liberar la frustración e ira que sentía, no queriendo creer que su futuro hubiera cambiado tanto mas no pudiendo revelarse a lo que Alah había escrito para ella, pero n queriendo conformarse con ello.

-Doña Emi invento esa historia porque me vio demasiado alegre, es una víbora disfrazada de oveja—pensó Izumi para sí misma y en voz alta, intentando aclarar sus ideas sin mucho éxito, -hay tantas Koharu en el Líbano, ¿Cómo sabe que la Koharu que amamanto a Sasuke es la misma que me amamanto a mí?—pregunto, no pudiendo creer que tal cosa fuera verdad, no podía serlo. —Habla con el tío Hiruzen, por favor, dile que no es la misma Koharu, díselo, díselo—rogó abrazando las piernas de Biwako entre lágrimas.

-¿Y si lo fuera?—cuestiono Biwako, no siendo Alah para saber que era verdad y que era mentira en este asunto. —Yo sería la responsable de casar al hermano con la hermana…Dios me libre, es un pecado demasiado grande—jadeo, negándose a perpetrar tal acto que la condenaría al fuego del infierno.

-No puede ser, voy a ser sacrificada como un carnero…- sollozo ella, enterrando su rostro en el regazo de Biwako.

Sabía que el tiempo pasaba para ella y que si ya había sido difícil encontrar un buen esposo para a sus dieciocho años, seria todavía más difícil hacerlo en el futuro, no estaba disgustada con la idea de casarse con un hombre guapo y de buena familia como lo era Itachi pero si estaba furiosa porque Emi se metiera en su vida, ¿Qué debía esperar ahora? Si Emi ya hacia todo eso sin que aun fueran familia entre sí por matrimonio y tuviera—parcialmente—derecho de interferir en su matrimonio, ¿Qué sucedería cuando Itachi y ella estuvieran casados?, ¿Acaso tendría que consultarle todo a cada hora del día? Alah, sálvame, rogó Izumi siendo abrazada por Biwako que le hacía saber que estaba ahí para ella. Biwako realmente desearía poder hacer algo por aquella niña a la que había criado desde que había sido una niña, porque veía a Izumi como si fuera su hija al no haber tenido sus propios hijos ni su propia boda, comprendía su frustración ante este drástico cambio de planes pero no se podía luchar contra el destino ni contra lo escrito por Alah, cuando se era la parte más débil no se confrontaba sino que se disimulaba y como mujeres no podían hacer más que aceptar lo que decidieran los hombros y conspirar cuando llegara la ocasión, ocasión que no tendría lugar hoy. Furiosa e iracunda como un volcán a punto de hacer erupción y destruir todo a su paso, cargando consigo un torrente de fuego que parecía quemarla por dentro, Sakura ingreso en la habitación encontrando el desgarrador cuadro de Izumi llorando contra el regazo de Biwako quien la abrazaba y que alzo la mirada al igual que su prima en cuanto la vio entrar.

-No me caso, no me obligaran—declaro Sakura en cuanto entro en la habitación, -¡No me caso!—grito, estando dispuesta a lo que fuera para escapar de este matrimonio.

-Voy a ser sacrificada como un carnero, Sakura—sollozo Izumi volteando a verla, tan desesperada por ella por escapar de este enlace en que no sabría si podría ser feliz.

-Izumi, hay que huir, podemos hacer huelga de hambre—sugirió la pelirosa, intentando armar un plan coherente.

-Van a casarse delgadas, pero van a casarse—refuto Biwako para apagar las tontas ilusiones de estas niñas que la observaron y escucharon atentamente, —el señor Hiruzen no es hombre que rompa su palabra—menciono para Izumi que sabía muy bien que esto era cierto y para Sakura quien creía poder escapar del compromiso.

-Entonces haremos que los novios desistan de ambas, quedaran tan horrorizados que no van a querer saber nada de matrimonio—contrario Sakura sin pensar en resignarse en lo absoluto.

-¿Y si no consigo otro novio?— inquirió ella con la voz quebrada, mucho más aterrada de ese futuro que de no enamorarse de Itachi.

-Ya dejen de lamentarse, si fue así es porque tenía que ser, compréndanlo y acepten su destino—contrario Biwako, habiendo vivido en carne propia lo que implicaba estar sola y no queriendo el mismo futuro para ellas.

Puede que sonara demasiado dura e insensible al imponerles a ambas niñas la obligación de seguir el destino que Alah había escrito para ellas, pero nadie podía cambiar lo escrito por Alah, además un matrimonio no era el fin del mundo, claro que podía no existir amor entre ambos cónyuges pero al final el enlace traía alegría mediante los hijos sin importar que una pareja no llegara a sentir más que cariño entre sí porque a través de la unión una mujer también obtenía seguridad y un futuro seguro al entrar en una familia que tuviera consideración de ella y la protegiera, lo verdaderamente triste era que una mujer pasara toda su vida sola, relegada a trabajar en casa de otros, criando hijos de otros, cocinando para otros sin poder escapar y ser libre porque una mujer musulmana no podía ser libre, eso lo sabía Biwako por experiencia porque ya siendo una mujer mayor y no habiéndose casado nunca no tenía otro destino salvo servir en esa casa y bajo la protección de su amigo Hiruzen. Desesperada, no sabiendo que más hacer para huir de este matrimonio que no había pedido, Sakura se derrumbó sobre el suelo, abrazando las piernas de Biwako producto de los nervios y el temor que sentía, buscando refugio en su presencia; no podía ni quería casarse, por culpa de lo que Gaara le había hecho ya no creía en el amor y aunque pensara por un momento que podía encontrar a alguien a quien amar, no pensaba intentarlo, ya había salido lastimada una vez y no quería volver a sufrir por un hombre, además no podría ser una buena esposa porque carecía de la pureza de la que podría enorgullecerse cualquier mujer musulmana de estar en su lugar. No podía ni quería casarse.

-Biwako, ayúdame, no puedo casarme—rogó Sakura con la voz quebrada, suplicándole con la mirada que no la desamparara, -no puedo, ya no soy virgen—confeso en casi un susurro, enterrando su rostro en el regazo de Biwako.

-¿Qué?—cuestiono, no pudiendo creer lo que acababa de oír.

Con la cabeza apoyada contra el regazo de Biwako que no cabía en su incredulidad ante semejante declaración, Izumi se cubrió los labios para no gritar ante semejante confesión, observando aterrorizada a su prima que se abrazó de las piernas de Biwako con los ojos inundados de lágrimas, sin afirmar ni negar nada, demasiado aterrorizada por el futuro que se avecinaba y demasiado avergonzada para verla a Biwako y a Izumi a los ojos. Ya lo había dicho, no lo volvería a repetir. No podía casarse, una mujer debía ser virgen para casarse y ella no lo era…


De aquella declaración por parte de Sakura sentían como si hubiera transcurrido una eternidad cuando tan solo había pasado un día porque Sakura no solo no había vuelto a tocar el tema sino que se había a negado a explicar porque había dicho lo que había dicho, guardando celosamente para si aquel secreto, y Biwako e Izumi sentían demasiado terror como para indagar más en el asunto teniendo en cuenta lo que le sucedía a una mujer que no era virgen. Luego de sostener una larga conversación con Biwako, Izumi había acabado por resignarse a este nuevo acuerdo matrimonial para su persona, recordando una y mil veces en su mente el rostro del Itachi, intentando hacerse a la idea de que tendrían que compartir todo, que tendría que serle leal, amigable, amorosa, dulce y sumisa como cualquier buena esposa, y la verdad…es que cuanto más pensaba en el matrimonio con él, mas emocionada se encontraba. Por Sasuke había sentido atracción pero ahora comprendía que solo había sido enamoramiento, con Itachi sentía que no debía temerle a nada, que siempre estaría a salvo, ¿no era eso amor? Quería creer que sí. Acompañadas por Biwako, Izumi y Sakura ingresaron en el despacho de su tío a quien voluntariamente no le habían dirigido la palabra otra vez, demasiado impactadas por el enorme cambio que tendría lugar en sus vidas pero que sentían—Izumi ya que Sakura seguía determinada a escapar de su matrimonio, fuera como fuera—ya no podían evadir más. Hiruzen alzo la mirada de su lectura del Corán en cuanto sus sobrinas cruzaron el umbral del despacho, ambas más tranquilas y resignadas de cómo se habían mostrado hasta ahora, bueno, Izumi en especial, Sakura era otro asunto a discutir a parte.

-¿Llamaste, tío?—pregunto Izumi con el debido respeto, algo avergonzada por su conducta anterior siendo que ahora estaba aceptando a Itachi en su corazón.

-Vayan a pasear al mercado para distraerse un poco—sugirió Hiruzen, queriendo ver alegres a su sobrinas, -Biwako, ve con ellas y deja que elijan vestidos nuevos—instruyo a su amiga, concediendo esa frivolidad a sus sobrinas para verlas felices, aunque fuera un poco.

-Sí, señor—acato Biwako con un certero asentimiento.

-Vayan, que Alah este con ustedes—deseo el Sarutobi, intercalando su mirada entre Sakura e Izumi.

Ambas primas y Biwako abandonaron el despacho rumbo a la sala siendo observadas por Hiruzen que se mantuvo muy al pendiente de ellas hasta perderlas de vista por completo, suspirando en silencio para sí. No era ajeno a la verdad; sin importar lo que estuviera en juego—alianzas, creencias, virtudes o fortuna—una mujer siempre buscaba encontrar el amor, los hombres podían ser increíblemente brutos y carentes de sentimientos pero las mujeres no imaginaban la idea de vivir sin amor más lo cierto era que el amor estaba en todas partes, solo había que intentar cambiar de perspectiva para encontrarlo, lo más importante era entrar en una familia respetable que tuviera consideración con ella si se encontraba sola—si enviudaba prematuramente—en el futuro, tratándola como parte de su familia y protegiéndola, por ello había orquestado este doble matrimonio, porque quería que sus sobrinas estuvieran a salvo y pudieran vivir tranquilas. No fue hasta que llegaron a la sala que Izumi sintió que podía hablar con tranquilidad con su prima observando la espalda de Sakura que caminaba dos pasos por delante de ella, haciendo que todo lo que Izumi pudiera hacer fuera verle la espalda al igual que hacia Biwako, ¿Cómo preguntarle algo tan vergonzoso?, ¿Quién era el responsable de que ya no fuese virgen como había afirmado? Para los musulmanes la virginidad era algo sagrado tanto en el hombre como en la mujer, ya que se reservaba para el matrimonio, y que Sakura no lo fuese…era una profanación imperdonable, aunque por lo visto ella no sabía nada de eso porque de saberlo no podría dormir ni comer tranquila, Izumi no podría ni siquiera respirar de estar en su lugar.

-Sakura—llamo Biwako, adelantándose a todos sus pensamientos, haciendo que la pelirosa voltease a verlas, -habla ahora, ¿Quién es?—cuestiono en un intento por ayudarla al menos porque si alguien más lo descubría, moriría con seguridad.

-¿De qué hablan?—interrogo ella, frunciendo el ceño, no teniendo idea de que le estaban hablando.

-Dijiste que ya no eras virgen—recordó Izumi, teniendo mucho cuidado del tono que usaba para no ser oída.

-Hablo y se arrepintió, pero desde ayer no tiene el valor de mirarnos a la cara— afirmo Biwako observando reprobatoriamente a la pelirosa que sentía como si se le helase la sangre, no sabiendo muy bien que decir para defenderse.

-Hable por hablar, por desesperación—justifico Sakura, casi conteniendo el aliento al no lograr convencer de sus palabras a su prima y a Biwako, —¿Cómo puedo no ser virgen?— pregunto al aire, emitiendo una sutil carcajada para distender la situación.

-Sakura, soy tu prima, no me mientas— rogó Izumi sosteniéndole la mirada a Sakura, pidiéndole que confiara en ella.

-Déjala, Izumi—objeto Biwako, sabiendo que de nada serviría insistir si Sakura no quería hablar, -el día del juicio no podrá mentir porque sus pies, sus manos, su lengua; todo va a atestiguar contra ella—menciono citando lo que decía el Corán que ocurriría con cada persona en el día del juicio, —van a contar donde estuvo y con quien hablo—añadió con toda la intención de infundir temor a la muchacha para que confesara la verdad.

Para los occidentales mentir era una acción más como cualquier otra, era permisible para todos, todos mentían sobre todo a cada hora del día, para los occidentales el mundo al que pertenecían era una mentira pero no para los musulmanes que veían la mentira como un gran pecado y que los condenaría al fuego eterno porque mentir por otra persona u ocultar un secreto implicaba compartir un pecado y tener que pagar por ello, aunque nada de eso parecía preocupar o asustar a Sakura que intercalo su mirada entre Izumi y Biwako, intentando pensar lo más rápido posible. ¿Cómo escapar de esa situación ahora? Había sido una completa locura decir que no era virgen pero una locura que había cometido en un intento por escapar de un matrimonio del que no quería formar parte porque no sentía absolutamente nada por el hombre con el que habría de casarse y a quien no conocía, ¿Cómo aceptar de tan buena gana que su vida tomara semejante rumbo? Era absurdo, a esas alturas no sabía que es lo que le ocurría a una mujer que no era virgen, solo sabía que era muy importante para una familia que una novia trajera honor a un matrimonio y para lograrlo una mujer debía ser virgen. La familia a la cual pertenecía por parte de su padre provenía de Lúxor, al sur de Egipto, en esa familia se seguían todas las costumbres tal y como dictaban las palabras de Alah y las palabras del profeta escritas en el Corán, Sakura esperaba poder familiarizarse más con las costumbres del mundo al que pertenecía en lugar de casarse, quería convertirse en una verdadera musulmana…tal vez encontrase consuelo y ayuda en el Corán para escapar de este matrimonio, solo necesitaba tiempo para buscar una solución.

-Voy a ponerme el velo—se excusó Sakura con el fin de abandonar ese asunto, dirigiéndose de inmediato al segundo piso para salir con la cabeza cubierta.

-Está mintiendo, lo sé—afirmo Izumi para si tras verla partir.

Puede que Sakura y ella no se hubieran visto desde la infancia y que ahora llevasen muy poco tiempo juntas, pero a faltas de hermanos Izumi siempre había sido a Sakura como a su hermana, a una hermana a quien hoy quería ayudar pero que temía pudiera arruinar su matrimonio si es que en verdad ya no era virgen, porque de no serlo nadie querría tomarla como esposa a ella tampoco, sería una vergüenza, un pecado demasiado grande como para ser perdonado. Lo único que Biwako pudo hacer, a su lado, fue asentir en silencio y rogar porque en verdad Sakura hubiera mentido, porque de no ser virgen y de ocultarlo hasta la boda…el destino que le aguardaba, nadie podía desearlo, y nadie podría salvarla de esa condena.


Por norma establecida en el sagrado Corán, un hombre debía alagar a la muer que estuviera destinada a ser su esposa, no solo para ganar su amor o afecto sino también para hacerle saber la gran importancia que tenía en su vida ya que para los musulmanes no existía metal más precioso que el oro y que se obsequiaba desde antes del matrimonio para agradar a la mujer elegida, por lo que según lo acordado en el contrato de matrimonio ya pactado, Biwako acompaño a Izumi a recorrer la Medina rumbo al mercado donde ya los esperaba la familia Uchiha en lo que sería el primer encuentro oficial de Itachi e Izumi como prometidos ya que hasta la fecha quien más había interactuado con Izumi—socialmente hablando, claro—había sido Sasuke quien ahora sería su cuñado. En el camino por el mercado, Izumi no pudo evitar detenerse en varios de los puestos, observando hermosos ejemplares de joyería, queriendo hacerse una idea anticipada de que querría escoger como regalo de compromiso; un collar, una pulsera, pendientes…Alah, era tan difícil escoger solo una cosa cuando lo que ella quería era todo. Los hermanos Uchiha que habían estado esperando por la llegada de la sobrina del señor Hiruzen Sarutobi, alzaron la mirada en cuanto la vieron aparecer en la calle junto a Biwako, quien se mostró más emocionada de los tres fue Emi quien ya se sentía como parte de la familia Sarutobi por sus intenciones de convertirse en la cuarta esposa del señor Hiruzen así como por el matrimonio que pronto se concretaría con su hermano Itachi quien contuvo inconscientemente el aliento al ver a la abrumadora belleza castaña que apenas y le sostuvo la mirada, sonrojándose y fascinándolo todavía más de ser posible.

-Salam Alaykom—saludo Emi con una deslumbrante sonrisa, pareciendo lo más alegre que le fue posible.

-Alaykom Salam—contesto Izumi, apoyando intentando ocultar su sonrisa tras el hombro de Biwako, apoyándose en ella.

Resulto todo un reto para Biwako no reír al ser testigo del comportamiento de Izumi quien parecía estar a punto de romperse el cuello en cualquier momento, intentando evadir la mirada del Uchiha que la observaba intensamente desde que la vio aparecer, algo digno de elogiar ya que pocos hombres mostraban tanto interés por la mujer que habría de ser su esposa tras llevar tan poco tiempo conociéndola, eso y que hasta ahora Itachi e Izumi no habían compartido conversación alguna entre sí. ¿Podían culparla por sentirse como se estaba sintiendo? Izumi sabía que probablemente estuviera mal pensar de la forma en que estaba pensando, pero lo hacía; Sasuke había sido su prometido hasta hace apenas unos días, se había hecho a la idea de casarse con él, se había ilusionado con la idea del amor y un futuro con él pero ahora con quien se casaría era Itachi, y sus sentimientos habían cambiado tan rápido que incluso Izumi se sorprendía que ahora no pudiera dejar de sonrojarse cada vez que observaba al Uchiha que intentaba encontrar su mirada con la suya en todo momento mientras que ella intentaba no sostenerle la mirada o quedarse observándolo mucho tiempo para no ser descubierta…realmente Itachi era muy guapo y con cada nueva oportunidad en que se imaginaba un futuro con él, quería que ese futuro comenzara y ya, puede que sonara muy superficial ya que el amor debía nacer con la convivencia y no tan pronto, pero esta vez sentía algo que jamás había sentido por nadie, no era el romántico enamoramiento que había sentido por Sasuke, esta vez estaba completamente convencida de que era amor.

-¿Cómo está el señor Hiruzen?, ¿Ya eligió a su cuarta esposa?—curioseo la Uchiha, intentando no hacer evidentes sus verdaderas intenciones.

-No demorara en elegir—tranquilizo Biwako con una cortes sonrisa, guardando las apariencias, —cuando se casen sus sobrinas, podrá dedicarle más tiempo a su vida—menciono sin darle esperanzas concretas por obvias razones.

-Las esposas del señor Hiruzen son muy jóvenes, le hace falta una mujer con más experiencia para administrar la casa—planteo Emi, intentando no ser demasiado directa más sus intenciones resultaron evidentes para Itachi y Sasuke que se observaron entre sí, —yo siempre lo he dicho; los hombres son como niños, no saben lo que es mejor para ellos, la mujer mayor tiene experiencia, es más comprensiva, mas amiga—se expresó con una actitud tan positiva que hizo reír a Izumi quien intento ocultar lo mejor posible su diversión ante los planes de su futura cuñada. -Izumi está contenta, falta una semana para tu boda—celebro sonriendo con cierto aire maternal, aunque solo fuera por las apariencias.

-Sí, estoy muy contenta—admitió ella, alzando la mirada brevemente y encontrándola con la de Itachi que le correspondió de igual forma.

-¿Sakura no vino?—pregunto Sasuke, intentando no parecer tan decepcionado de cómo se encontraba, esperando una explicación.

-Se quedó en casa, leyendo el Corán—contesto Biwako para satisfacción de todos que vieron con buenos ojos tan digno comportamiento de parte de una mujer tan joven.

Esa no era ninguna mentira, habían invitado a Sakura a participar de la selección del regalo de compromiso para Izumi pero la pelirosa había desistido por completo, mucho más interesada en quedarse en casa y leyendo el Corán para aprender más de la mujer que se esperaba que fuera según los lineamientos de su religión y mucho menos—por no decir nada ya que quería escapar del inminente enlace—interesada en conocer al hombre al que se encontraba prometida en matrimonio, no queriendo ni siquiera escuchar la palabra matrimonio, anhelando desesperadamente ser libre, pero no tenían por qué decirle eso a Sasuke. Pese a lo difícil que le resulto, Sasuke contesto con un asentimiento, intentando contener lo más posible su decepción al tener que esperar por más tiempo el que sería su primer encuentro con su prometida, su hermana Emi había hecho una descripción muy preciosa de cómo era Sakura en general pero Sasuke no podía ni quería creer en declaraciones que podían estar sujetas a prejuicios, quería ver a la mujer que habría de ser su esposa con sus propios ojos sin importar que en un matrimonio como el suyo lo más importante no fuera la belleza de la mujer en cuestión sino el porte y dignidad que ella trajera al enlace como sobrina de un hombre respetado a lo largo de todo Fez por seguir de forma envidiable las costumbres y las enseñanzas que dictaba el Corán, pero Sasuke había crecido en occidente, criado dentro de las costumbres pero en occidente al fin y al cabo por lo que siempre prefería ver con sus propios ojos aquello sobre lo que decidiría, mas ahora ya que la mujer con la que se casaría tendría el lugar más importante en su vida, algo que no pasó desapercibido para su hermano Itachi.

-Sasuke tenía deseos de conocer a su novia—menciono el Uchiha en ayuda de su hermano, esperando obtener algo más de información.

-Sí, pero no será esta vez—negó Biwako siendo amable y cordial en todo momento, interiormente preocupada por la estrategia de Sakura y su negativa a casarse.

-Vengan, vamos a escoger oro—apremio Emi, queriendo deleitar sus ojos, sosteniendo el brazo de Izumi y guiándola dentro del puesto que habían elegido para visitar.

No pudiendo resistirse en lo absoluto a aquella oferta, Izumi intercambio una radiante sonrisa con Biwako quien la sujeto del brazo en todo momento, por otro lado ambos hermanos la siguieron con bastante menos entusiasmo, especialmente Itachi que lamentaba profundamente tener que mentirle en algo tan vital como el regalo de compromiso a quien sería su futura esposa…


Ni aunque le hubieran dado todo el oro en el mundo, Sakura no habría acompañado a Izumi y Biwako al mercado aunque su vida dependiera de ello, de hecho y de tener todo el oro del mundo lo primero que haría sería comprarse un pasaje al otro lado del mundo para estar lo más lejos posible del desconocido hombre al que se encontraba comprometida en contra de su voluntad, no quería saber nada del matrimonio que tendría lugar, solo quería tiempo para ella misma para idear un plan que le permitiera escapar, buscando ideas en su lectura del Corán que su tío le había obsequiado, tumbada sobre el diván que era su cama, hojeando las páginas con solemnidad hasta que Natsu—una de las criadas de la casa—entro en la habitación haciéndole saber que su tío requería su presencia en su despacho. Su tío no tenía problemas con su comportamiento, claro que sabía que ella no quería casarse pero en tanto ella no expresara abiertamente su rebeldía contra el matrimonio ni hiciera nada que causara la vergüenza y deshonor de la familia, Hiruzen no tenía problema de que ella se resistiera al matrimonio pues al final ya no tendría que ser responsable de la conducta de esa niña sino que lo sería su futuro esposo. Sentado ante su escritorio, Hiruzen alzo la mirada del documento que había terminado de revisar, contemplando a su sobrina que apareció en el umbral de la puerta, contemplando satisfactoriamente como ella sostenía el Corán que él le había obsequiado entre sus manos…siempre era bien visto que una mujer—especialmente una tan joven—estudiase y llevase consigo la palabra de Alah, después de todo esta muchacha no era una mala musulmana, solo necesitaba reencontrarse consigo misma.

-¿Llamaste, tío?—consulto Sakura por respeto, esperando que no se debería a algo malo o para hablar de su matrimonio porque aquello era lo último en lo que quería pensar.

-Si, ¿aprendiste las páginas que te dije?—pregunto Hiruzen, levantándose de su escritorio, observando atentamente a su sobrina en todo momento.

-Así es—asintió la pelirosa ya que incluso había leído paginas nuevas por su propia cuenta, —¿quiere que recite algo?—curioseo ya que en caso de ser necesario había memorizado las páginas que su tío le había indicado que leyese con anterioridad.

-Mañana, ahora voy de salida—negó Hiruzen, orgulloso al ver que la muchacha ante él se adelantaba a cualquier pensamiento, sabiendo muy bien cómo comportarse, —esta semana no visite a mi segunda esposa y estoy en deuda con ella—menciono ante la inevitablemente curiosa mirada de su sobrina, -el Corán manda que todos los hombres se den por igual a cada una de sus esposas, así que avísale a Biwako que no llegare a cenar—explico, enseñándole detalles en cada una de sus palabras, sabiendo que ella le prestaba suma atención.

-Si, tío— acato ella, intentando no sonreír ya que aún le resultaba bastante curioso aceptar que un hombre pudiera tener más de una esposa según consentía la religión.

Según establecía Alah en el Corán y las palabras del profeta Hagoromo, un hombre solo podía tener más de una esposa si tenía la capacidad de dividir todos sus bienes materiales y espirituales por igual entre el número de esposas que tuviera, en tiempo remotos los hombres solían casarse con más de una mujer—preferentemente viudas—para no desampararlas, para brindarles techo, sustento y una vida tranquila porque según la ley de Alah desamparar y no ayudar a quien lo necesitara era un pecado imperdonable ya que quienes más cerca se encontraban de Alah eran los pobres, no los que tenían techo, fortuna y comida de la que atiborrarse plácidamente, y como buen musulmán que seguía al pie de la letra las costumbres, su tío Hiruzen no se permitía ser injusto con ninguna de sus esposas, pasando el mismo tiempo con una que con las otras dos. En cuanto Sakura vio la mirada de su tío señalando el Corán entre sus manos, no dudo en entregárselo suponiendo que quería que leyera determinadas paginas en concreto y así fue pues con delicadeza—ya que el Corán era el libro más sagrado que podía existir para los musulmanes—señalo las nuevas páginas que habría de leer y que Sakura contemplo con personal fascinación…en cuanto leyera el Corán por completo leería uno escrito en árabe, ya no era la misma niña inocente que había llegado a Marruecos hacia un semana, ahora era una mujer que estaba aceptando quien era realmente y a donde pertenecía, no quería casarse aún, pero en todo lo demás ya se sentía como una verdadera musulmana, por fin ya no se sentía diferente de nadie, por fin se sentía parte de algo importante.

-Para mañana quiero que te aprendas estas páginas—señalo él, ocultando su interior satisfacción por ver el espíritu de su difunto hermano Kizashi en el corazón de esa niña

-Si, tío—asintió Sakura con una radiante sonrisa, ansiosa por aprender más y sabía que se convertiría en una buena musulmana a través de las enseñanzas de su tío.

-Continua estudiando, vas muy bien—felicito el Sarutobi devolviéndole el Corán a su sobrina que lo recibió gustosa, sin dejar de sonreír.

Esa niña se había criado en occidente y rodeada de los pecados más aberrantes—exceptuando el incesto, hasta donde Hiruzen sabia los occidentales aun no cometían ese pecado afortunadamente—, y como consecuencia tenia los deseos de una occidental pero en su corazón era una musulmana y eso era suficiente para hacer de ella una buena mujer, eso lo dejaba tranquilo. Sonriendo en respuesta, Sakura sostuvo de una de las manos de su tío, besando el dorso de esa en sinónimo de respeto antes de abandonar el despacho, abriendo el Corán en el camino y continuando con la lectura que su tío le había indicado, tanto por su propia fe y deseos de aprender como para buscar una posible idea para escapar del matrimonio porque en definitiva no iba a casarse, no señor.


El tiempo paso volando para Izumi mientras observaba las mejores joyas que el orfebre procedió a mostrarle bajo el ojo crítico de Biwako y doña Emi quienes se aseguraron de que fueran piezas de gran valor, aunque Izumi ya tenía un ojo bastante crítico porque para ella debía ser oro de la mejor calidad y de gran belleza, no aceptaba menos, por lo que observo con enorme satisfacción cada pieza que le era mostrada, cada una más hermosa que al anterior, dificultándole elegir una cuando habría deseado llevárselas todas hasta que por fin algo llamo su atención. La pieza en concreto era simplemente magnifica, se trataba de un collar de cuentas de oro de dos vueltas entrelazadas por hilo de oro y que se ceñían alrededor del cuello, con siete hileras de cuentas que pendían hasta el centro del pecho…ese collar era opulencia en su estado más puro, sería la prueba de su honor y la prueba del amor de cualquier hombre que quisiera casarse con una mujer y dijera amarla lo suficiente como para poner el mundo a sus pies, ¿podía existir un mejor regalo de compromiso? Desde su lugar junto a la puerta y acompañado por su hermano Sasuke, Itachi sintió una mano invisible alrededor de su cuello, cortándole la respiración; el collar que había atrapado por completo la atención de Izumi era fastuoso, único, maravilloso, demasiado maravilloso como para alcanzar el presupuesto que él podía permitirse, en verdad lamentaba tener que acabar con las esperanzas de quien habría de ser su futura esposa pero por ahora él no disponía en lo absoluto del dinero suficiente como para obsequiarle un collar tan magnifico.

-No…- suspiro Itachi, negando para sí, llevándose una mano al mentón, intentando pensar en cómo salir de este predicamento, -no tengo dinero para pagar todo ese oro, tendré que revocar el compromiso, que vergüenza.

-¿Por qué no le dijiste al señor Hiruzen que no podíamos comprar la misma cantidad de oro?—obvio Sasuke, no sintiendo mucha compasión por su hermano que había elegido mentir, nadie lo había obligado. —Tengo más dinero que tú—se jacto con sutil orgullo, más aun ansioso por conocer a quien habría de ser su futura esposa.

-Si no aceptaba, perdía la boda—recordó él haciendo un gran esfuerzo para no perder la paciencia ante su propia frustración.

Sasuke era quien dirigía el negocio de la hilandería y quien por ende recibía las mayores ganancias, la herencia de su difunto padre Fugaku se había repartido entre él, Sasuke y Emi en cuanto habían alcanzo la mayoría de edad como dictaban las costumbres, pero aun cuando Itachi tuviera un trabajo estable y que le aportaba el dinero suficiente para mantener a una familia no podría hacer nada de eso si gastaba más dinero del que podía permitirse en el obsequio de compromiso, por supuesto que sabía que era parte importante del cortejo conquistar el corazón de su futura esposa con un obsequio digno de su honor pero no que superase su presupuesto. Quería casarse con Izumi con todo su corazón, por ello le había planteado al señor Hiruzen la idea de mantener el enlace que había sido pensado entre ambas familias a través de un matrimonio entre Izumi y él luego de que quedara en evidencia de que Sasuke no podía casarse con ella, porque sabía de la envidiable virtud y reconocimiento que tenía la familia Sarutobi y sus descendientes a ojos de todos en Fez y porque Izumi se había adueñado de su corazón desde el primer momento en que la había visto, pero aunque ya la amara no podía permitirse otorgarle un obsequio tan opulento, no si quería tener un futuro junto a ella. De pronto surgió una idea en la mente de Itachi; Sasuke disponía de más dinero que él, el doble del presupuesto que él se permitía, ¿No significaba eso que Sasuke podía incluso prestarle dinero con tan solo desearlo? Resultaba vergonzoso pedirle dinero a su hermano menor, pero lo último que Itachi quería hacer en su vida era decepcionar a Izumi sin aun haberse casado con ella ni demostrarle lo importante que era para él.

-¿Podrías prestarme dinero?—pregunto el Uchiha observando con esperanza a su hermano menor, esperando que pudiera ayudarlo

-Ni lo sueñes, yo debo comprar el oro de mi novia, pagar la fiesta de bodas, costear el viaje de vuelta a Brasil y gastar en las tiendas de Rio de Janeiro— enumero Sasuke, no pudiendo brindarle su ayuda ni aunque quisiera porque aún tenía una joya de compromiso que elegir para ser digno de conquistar el corazón de quien sería su esposa. -Si no puedes casarte, no estaba en tu destino—menciono en un intento por ayudarlo a resignarse.

Si la situación fuera otra, Sasuke no tendría problema alguno en ayudar a su hermano y prestarle dinero, conocía bien a Itachi y sabía que él siempre pagaba sus deudas, fueran cuales fueran pero esta vez había demasiado en juego, Sasuke aún no conocía a su futura esposa pero la espera no hacía más que aumentar su deseo por agradarle y para lograrlo necesitaba un buen regalo de compromiso por lo que hasta ahora tenía muy bien hechas las cuentas en su mente para disponer del dinero suficiente para todo, incluyendo la celebración de la boda y su viaje de regreso a Brasil después de la boda para encargarse de los negocios que Itachi y él estaban estableciendo en Rio de Janeiro además de los que ya tenían en Sao Paulo. Estoy perdido, pensó Itachi, enterrando su rostro entre sus manos, solo teniendo una opción para no perder la oportunidad de casarse con Izumi…sabía que tal vez fuera ofensivo para ella realizar semejante proposición pero perderla como esposa por no tener el dinero suficiente era algo que él no quería imaginar; susurro el nombre de su hermana Emi tan claramente como le fue posible para que solo ella lo escuchase y afortunadamente así lo hizo, aproximándose a él que le indico que necesitaba decirle algo, susurrándole al oído el difícil predicamento en que se encontraba y que ella entendió de inmediato, acatando su petición y regresando junto a Izumi, susurrándole a Biwako la situación que tenían entre manos y que no le hizo mucha gracia a la mujer que veía la fascinación de Izumi por el collar que ya había elegido, veía a esa niña como su hija y lo último que quería era que devaluara su honor por causa de un problema monetario.

-Quieren comprar menos oro—revelo Biwako en un susurro para sorpresa de Izumi quien apretó entre sus manos el collar que había elegido, -es tu oportunidad de revocar el matrimonio si quieres, te dio el motivo en bandeja, tú sabes si aceptas o no aceptas esa ofensa—aconsejo ya que de estar en su lugar no permitiría que valorizaran su honor en tan poco.

-Con la edad que tengo, ¿Qué tal si ya no me caso?—pregunto Izumi, demasiado aterrada del destino que significaba quedarse soltera, seca y sin hijos…no, que destino más triste.

-Eso no importa, nosotros no sabemos porque suceden las cosas—contrario ella, recordándole que debía enaltecer su valor como mujer ante semejante insulto.

Si Alah tenía en mente otro futuro para Izumi, ¿Quiénes eran ellas para pretender cambiar el destino que ya había sido escrito? Exactamente, solo podían seguir la corriente y rogar por tener una vida tranquila. El señor Hiruzen había sido muy claro al momento de aceptar el compromiso entre Itachi e Izumi; el regalo de compromiso debía ser oro de veinticuatro quilates, no de menos, eso era lo mínimo que valía su sobrina y él mismo no quería ser tratado como un tonto y ser burlado en este acuerdo, por lo que sería inadmisible que su nombre se pisoteara de esa manera traicionando lo acordado e Izumi lo sabía bien pero no quería que eso afectase su poder de decisión, porque siendo honesta, ¿qué opciones tenia? Ya tenía dieciocho años y había encontrado dificultades en el camino para encontrar un hombre de una buena familia que quisiera casarse con ella pese a también pertenecer a una buena familia y que hubiera sido criada según las costumbres y los lineamientos del Corán, ¿Qué certeza tenia de que en el futuro otro hombre se interesaría lo suficiente en su persona como para pedir su mano en matrimonio? No, no quería arruinar su futuro matrimonio con Itachi tan solo porque la pieza de que ella quería superaba el presupuesto que él tenía en mente, no, no importa que dificultades hubieran en el camino ella las transaría todas porque realmente quería casarse con Itachi, tiempo para que él le diera más oro—como ella tanto quería ya que adoraba el oro—había de sobra y por ahora no tenía problema alguno en hacer a un lado su vanidad y conformarse con pocos regalos para a cambio tener al hombre de sus sueños el resto de su vida.

-Bueno, no me gusta mucho esta pieza— contesto Izumi finalmente, devolviendo el collar a la mesa, dispuesta a elegir algo más simple.

-Alah bendito—suspiro Itachi desde su lugar, cubriéndose los labios de la incredulidad, infinitamente agradecido por lo que Izumi había hecho por él.

-¿Ves? Cuando Dios quiere, él resuelve—tranquilizo Sasuke con una sonrisa ladina, golpeándole el hombro.

Demasiado aturdido como para contestar, Itachi solo asintió en silencio, sin apartar la mirada de Izumi quien se concentró en elegir una pieza de oro diferente, dando todo de sí para evadir la intensa mirada ónix de él y que sentía podría hacerla desmayar si la encontraba con la suya. Con más seguridad de la que hubiera sentido hasta ese momento, Itachi se convenció de que esa hermosa mujer que lo había enamorado con su sonrisa y el brillo de sus ojos era la mujer de sus sueños y pronto seria su esposa.


PD: ¡Lo logre! Les confesare queridos míos que creí que terminaría de escribir este capitulo el domingo pero asombrosamente he logrado terminarlo siendo poco mas de media noche-teóricamente es domingo igual, pero felicitenmelo que me dará tiempo de sobra para actualizar el nuevo capitulo que ya esta escrito hasta la mitad y actualizar otras de mis historias, por lo que les sugiero mantenerse atentos en caso de que sea de su interés :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311(enviándole un enorme abrazo desde la distancia y agradeciendo que siempre haga sentir bien a este despreciable intento de escritora con sus maravillosas palabras), a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y prometiendole que en el próximo capitulo por fin ambos se verán frente a frente) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

Diferencias:

Diferencias y Detalles: En la historia original Jade no quería casarse por haber sido criada como una occidental y por estar enamorada de Lucas, ya que en este caso la protagonista sufrió una traición previa en el amor su mayor miedo es enamorarse y volver a ser utilizada como un objeto como ya lo fue para Gaara, por eso no desea casarse ya que en la sociedad musulmana la mujer debe ser una figura sumisa ante su marido, quien por ahora sigue siendo completamente desconocido para Sakura, pero conocerá a Sasuke en el siguiente capitulo, lo prometo. En los comentarios he notado el agradecimiento que me dan por explicar la cultura musulmana y es que me veo en la obligación y deseo personal de hacerlo porque en la historia original muchas veces parecía darse a entender que uno conocía muchos detalles de la cultura cuando en realidad surgían dudas al no comprender la religión en primera persona o sin una narración directa, pero aunque parezca una sociedad muy atrasada en comparación con nosotros tiene sus propias ventajas, así como una moralidad y respeto envidiable, solo vista en la cultura hindú o japonesa, además es una sociedad a la que admiro profundamente—me considero feminista pero fuera de ello me parece asombroso el respeto que se le da a la mujer pese a que no tenga libertad de opinióny que me gustaría conocer si algún día tengo la oportunidad de viajar a Marruecos que es mi sueño.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3