Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír la canción Zahma de Shahzod Guruhi, perteneciente al soundtrack original de la telenovela El Clon/O Clone de 2001.
-Sasuke, llego una carta para ti, de El Cairo—anuncio Emi al ingresar, cerrando la puerta principal tras de sí y quitándose el velo.
Sin importar que Emi no estuviera para nada de acuerdo en esta forma de pensamiento liberal, la mayor de los Uchiha había tenido que aceptar que sus hermanos no precisaban de tal procedimiento de parte de sus futuras esposas a quienes ya no consideraba las mujeres apegadas a las costumbres que había pensado que eran en sus inicios; su difunto padre Fugaku siempre había considerado una vergüenza para la familia que no se cumpliera con el ritual de cortar a las mujeres de las familia, pero siendo la única voz cuerda en la familia lo único que Emi podía hacer era resignarse a que en algún momento sus dos tercos hermanos entraran en razón y acabaran por tomar una segunda esposa que fuera mejor modelo de nobleza femenina que esas dos odaliscas como ya las calificaba. Concentrados hasta ese momento en su conversación sobre el regalo de compromiso que Sasuke había elegido para su prometida o en la próxima fiesta de matrimonio entre Itachi e Izumi para la que tan solo restaban un par de días, ambos hermanos centraron toda su atención en su hermana mayor que en ese momento entro en la sala trayendo un sobre entre sus manos y que le tendió a su hermano menor, sentándose en el diván contiguo, cruzando una pierna por sobre la otra mientras que sus dos hermanos se mostraban sumamente desconcertados al contenido de esa carta. Como el dirigiendo de cada proyecto o idea en cuanto a la fortuna de la familia se trataba, Sasuke estaba acostumbrado a recibir cartas referentes a los negocios que estaban haciendo, pero le resulto sumamente confuso abrir el sobre y encontrar una carta remitida a él por alguien a quien jamás recordaba haber conocido en su vida.
-Es sobre el tío Madara—leyó Sasuke, sumamente confundido ya que no recordaba a ningún pariente con ese nombre.
-¿Quién?— si Sasuke estaba desconcertado por esta carta, Itachi lo estaba todavía más, no recordando a ningún pariente además de sus tíos lejanos Homura, Inabi y Teyaki.
-Un pariente lejano—contesto Emi, ocultando su desconcierto con aparente desinterés, poco y nada había oído de ese tío lejano suyo, pero a diferencia de sus hermanos si sabía que existía y quien era.
-Aquí dice que falleció—menciono el menor de los Uchiha mientras leía, intentando entender el porqué de esa carta si ellos solo eran parientes lejanos.
-Pobre—mentó la Uchiha sin darle importancia al asunto, al fin y al cabo ninguno de ellos jamás había conocido a ese tío lejano en persona.
-Nos dejó una herencia—se sorprendió él, mas no lo demostró al estar más concentrado en leer el contenido de la carta que en lo que estaba comprendiendo de ella.
-¿Una herencia?—repitió Emi, pareciendo mucho más interesada ante tan venturoso panorama, levantándose del diván con los ojos brillantes de alegría. —Nuestro padre decía que tío Madara era muy rico, que tenía palacios y camellos por todas partes—eso si lo recordaba muy bien, según su padre había dicho tío Madara era uno de los hombres más adinerados de todo Egipto.
-¿Somos ricos también?—pregunto Itachi, no queriendo adelantarse a los hechos ni sacar conclusiones apresuradas en tanto Sasuke no acabara de leer la carta.
-Aquí dice que solo hay una condición para recibir la herencia—contesto Sasuke sin apartar su mirada de la lectura, por fin tomándole el peso a lo que leía.
-¿Cuál?, ¿Qué hay que hacer?—cuestiono la Uchiha, entusiasmada a mas no poder ante la posibilidad de ser tan rica como una reina.
Adiós a la espera de encontrar un esposo apropiado siguiendo las costumbres y valiéndose de sus hermanos como representantes y casamenteros, con una fortuna como la que había tenido el tío Madara en vida, Emi estaba segura de que le lloverían pretendientes de entre los que podría elegir un buen marido, ahora todos en Fez—si es que no en todo Marruecos—querrían casarse con ella, ¿Alah podía ser más bondadoso al darles semejante regalo? Fuera cual fuera la condición para obtener la herencia, Emi estaba dispuesta a enviar a su hermano a la otra punta del mundo con tal de obtener esa herencia.
Puede que fuera la tontería más grande del mundo, que cualquiera de estar en su lugar fuera a burlarse al verla comportarse de ese modo pero luego de haber jugado aquella broma que por poco y le había resultado cara a toda su familia, Sakura simplemente parecía encontrarse bajo un embrujo al que no podía resistirse, incapaz de sacar de su mente ni de su corazón la imagen del rostro del Uchiha, la intensidad de su mirada, el sonido de su voz…Alah, ¿Qué hombre era que no podía sacarlo de sus pensamientos en ningún momento? Esbozando una sonrisa soñadora, al pelirosa apretó sus manos que mantenía cruzadas por sobre su vientre mientras caminaba por las calles de regreso a casa de su tío, mucho más familiarizada con Fez ahora que por fin estaba comenzando a orientarse y a hablar lo que manejaba del idioma árabe, pudiendo deambular y pasear a gusto y sin pensar en nada, bueno, salvo en cierto Uchiha. Reparar en la profundidad de sus pasamientos—románticos y que en otra instancia la habrían hecho recriminarse el estar pensando en el amor—la hizo reír apenas se encontró en la puerta de la casa, abriendo y cerrándola velozmente tras de sí, intentando comprender como podía pensar así de la noche a la mañana, mas sus pensamientos fueron interrumpidos de golpe puesto que al entrar la primera persona con quien se encontró fue su prima Izumi quien curiosamente—aun estando dentro de la casa—llevaba el velo cubriéndole el cabello, algo que solo podía suceder si había un hombre extraño—que no perteneciera a la familia—en la casa, y cuando ella había salido no había ninguna visita.
-¿Dónde estabas?—pregunto la pelicastaña nada más verla, nerviosa aunque intentase no demostrarlo.
-Paseando—contesto Sakura encogiéndose de hombros despreocupadamente, —¿Qué pasa?—pregunto, no sabiendo si quitarse el velo o no, en caso de que hubieran visitas.
-Tu novio vino a verte, y tío Hiruzen quiere decirte algo, parece importante—rebelo Izumi seriamente ya que por lo visto algo había sucedido y ella necesitaba saberlo.
-¿Sasuke está aquí?—repitió la pelirosa con una inmediata sonrisa que ciertamente desconcertó a su prima, —¿Cómo estoy?—pregunto, sintiéndose como una tonta por querer causar una buena impresión a estas alturas.
Hace apenas dos días había aborrecido el nombre Sasuke, había querido huir de la posibilidad del matrimonio, había estado dispuesta a todo para ser libre sin importar el precio pero ahora…no sabía que pensar, no sabía que es lo que había cambiado, solo que ya no le disgustaba la idea de casarse e Izumi de inmediato se alegró al oírla hablar así aunque no lo exteriorizo eufóricamente como habría deseado hacerlo para evitar que la alegría de su prima se esfumase con su infantil forma de pensar, reservándose en lugar de ello a sonreírle y acomodar el velo que cubría su cabello para que resultase irresistible a ojos del Uchiha que se encontraba hablando con su tío en la sala. Viajar a El Cairo no tenía como propósito recibir una herencia perteneciente a un tío que desconocía por puros fines materialistas, no, como un hombre criado según las costumbres Sasuke había aprendido a que todo compromiso debía cumplirse y que si su tío le había legad como responsabilidad administrar su herencia, él debía hacerlo en honor a su memoria sin importar que no lo hubiera conocido, claro que se beneficiaría si pudiera aumentar su capital a través de esta herencia y tener una mejor vida para sí mismo y para su futura esposa pero ese era otro tema, la razón por la que en ese momentos e encontraba sentado delante del señor Hiruzen era discutir que por más que estuviera ansioso por casarse con Sakura, la boda debía aplazarse por al menos una o dos semanas más ya que él debía viajar a El Cairo cuanto antes y hacerse cargo de la responsabilidad que su pariente lejano había dejado para él, y todo eso le tomaría al menos una semana y requeriría que se ausentara de la boda de su hermano Itachi.
-La condición para recibir la herencia de mi tío es que debo estar mañana mismo en El Cairo, por eso quería pedirle si podía retrasar mi matrimonio con Sakura una semana—se expresó Sasuke tan claramente como le fue posible, —quiero permanecer allá un corto tiempo para resolver algunos asuntos—casarse con Sakura se trataba del futuro del resto de su vida, por lo que quería asegurarse de tener todo para hacer feliz a esa hermosa mujer.
-Me parece justo—accedió Hiruzen, comprendiendo bien sus razones como comerciante que era y no viendo ninguna razón para no postergar la boda por al menos una semana, —primero hacemos el matrimonio de Itachi e Izumi, y cuando regreses te casas con Sakura—consintió, interiormente más a gusto con la idea de terminar de preparar a Sakura para que se convirtiera en una buena mujer musulmana, algo en lo que estaba progresando enormemente en cuestión de días.
-Perfecto—agradeció el Uchiha, mucho más tranquilo ante su comprensión y entendimiento.
Justo en el preciso instante en que el acuerdo era sellado con la palabra de ambos hombres, Izumi y Sakura ingresaron en la sala en el momento propicio. Desde el momento en que cruzo el umbral de la sala, Sakura recorrió con la mirada todo el lugar hasta dar con Sasuke, analizando con la mirada tal y como había hecho la primera vez en que lo había visto, vestía una simple camiseta blanca de cuello en V, con las mangas arremangadas hasta la altura de los codos, pantalones verde oliva y cómodos zapatos marrón claro, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como acostumbraba y un fino flequillo enmarcando los lados de su rostro…por un momento tuvo que recordarse la necesidad de respirar o se hubiera quedado observándolo como una tonta. Al ver a sus dos sobrinas entrar, Hiruzen se levantó de inmediato de su lugar en el diván para recibirlas, siendo imitado por Sasuke quien de inmediato centro su mirada en Sakura quien lucía hermosa como solo ella podía serlo, vistiendo una blusa rosa pálido estampada en suaves líneas verticales de color rosa levemente oscuro, azul claro, lila, violeta y amarillo, mangas acampanadas hasta la altura de las muñecas, escote alto y en V decorado con encaje en el contorno y en el nudo que se formaba en el centro del escote para mayor recato, cómodos pantalones de gasa bermellón que daban la impresión de ser una falda a simple vista, y un bello velo rosa suave y fucsia pálido así como con un fino bordado de hilo de oro. Tal y como había sucedido días atrás, en su primer encuentro, ambos encontraron sus mirada entre sí en una interminable lucha por hacer que el otro apartase la vista, fingiéndose víctima y a la vez verdugo de sus propias pasiones, casi ajenos a la realidad que imperaba y que el señor Hiruzen los hizo recordar.
-Sakura—saludo Hiruzen a su sobrina al verla entrar, —tu novio ha venido a tratar algunos asuntos conmigo y ha traído tu regalo de compromiso—declaro explicando el porqué de requerir su presencia con tanta urgencia.
Sin dejar de sostenerle la mirada a Sakura que hizo igual, Sasuke abrió el estuche que hasta entonces había sostenido entre sus manos, exponiendo ante los ojos de su prometida—así a los de Biwako que se encontraba presente e Izumi que había ingresado junto a ella—el preciado contenido que de inmediato hizo que Sakura descendiera su mirada para examinar la joya dentro del estuche, entreabriendo los labios de la impresión y haciendo que su rostro hiciera evidente su sorpresa ante lo que veía. Resulto completamente imposible para Sakura no sentirse halagada ante semejante joya; una cadena de oro de dos vueltas que se entrelazaban para sostener seis cunas de oro con un diamante rosa claro en el centro de cada cuna de las que además que pendían dos sarcillos de hilo de oro…no sabía mucho de joyas, ese no era su departamento ni su especialidad pero por Alah que se debía ser tonto o ciego para no darse cuenta del inmenso valor que debía de tener una joya tan elaborada, ¿en verdad él creía que ella valía tanto? Ante tal muestra de afecto y respeto, Sakura sintió como si fuera a desmayarse en cualquier momento, conmovida en lo más profundo de su corazón. Desde su lugar, de pie junto a su prima, Izumi tuvo que apartar la mirada de tan glorioso festín para la vista, sintiendo algo de envidia porque Sakura recibiera una joya mucho mejor que la que ella había recibido como reglo de compromiso más de inmediato desecho esa idea; una joya no tenía gran valor si no era elegida con amor y sacrificio, e Itachi había dado hasta el último céntimo que poseía para prodigarle un regalo de compromiso que fuera de su agrado y lo era infinitamente.
-¿Puedo ponerlo en su cuello?—consulto Sasuke para no ofender ni a Sakura ni a su tío.
-Por favor—permitió Hiruzen, honrado por semejante muestra de afecto hacia su sobrina.
Inevitablemente todo pareció suceder en cámara lenta para Sasuke, contemplando con inevitable fascinación como el velo rosa claro que había cubierto su cabello hasta ese momento se deslizo por sus hombros para exponer con claridad una cascada de hebras rosa que caía sobre sus hombros y tras su espalda…deseaba tocarla, comprobar si esos largos cabellos rosados eran tan sedosos como parecían, mas no podía olvidar que aquello podría significar una falta de respeto no solo a ella sino a su familia ya que tan solo el simple hecho de que ella se quitase el velo delante de él significaba que sería el único afortunado de contemplar su belleza de ese modo, ningún otro hombre tendría ese deleite, y por lo que espero a que ella misma se quitara la cadena de plata de la que pendía aquella piedra de jade—que siempre llevaba alrededor de su cuello—y a que apartase con cuidado el cabello de sus hombros, permitiéndole situar el collar alrededor de su cuello con lentitud, tomándose todo el tiempo del mundo en cerrar el broche, conteniendo el aliento de forma inconsciente al sentir la suave piel del cuello de ella bajo sus manos, mientras que ella por su parte e mantuvo cabizbaja, ocultando el hecho de que se estaba mordiendo el labio inferior, no sabiendo cómo reaccionar ante semejante regalo así como a la veneración con la que había sido puesto alrededor de su cuello, disfrutando lo más posible de sentir el tacto del Uchiha contra su nuca y su cuello como si no hubiera un mañana más de cuyo tacto tuvo que alejarse para voltear a verlo para agradecerle por semejante presente, más de inmediato sintió como si le faltasen las palabras, era completamente incapaz de hablar de lo emocionada que estaba.
-Qué lindo collar, es precioso—aprecio Izumi, haciendo a un lado su muy sana envidia, prefiriendo estar feliz por el futuro que se abría paso para su prima.
-Es un regalo muy bonito, Sasuke—celebro Hiruzen, genuinamente honrado por una joya tan valiosa que hubiera sido elegida para su sobrina, demostraba gran respeto de esa forma.
-Es ella quien lo hace bonito, complementa la belleza del collar—puntualizo Sasuke, había elegido el collar pensando en ella, pero verla usándolo era la mayor recompensa que podría haber esperado.
-Gracias—contesto Sakura apartando muy brevemente su mirada de la de él, conteniendo el aliento de forma inconsciente, apenas y pudiendo expresarse con palabras.
-No, es mi deber, no se debe agradecer una obligación—refuto el Uchiha, sonriendo ladinamente al poder sostener su primera conversación. —Voy a darte mucho más que esto, lo prometo—se comprometió, sosteniéndole la mirada en todo momento como prueba irrefutable de que así lo haría.
Tenía puestas todas sus esperanzas en este matrimonio, Sakura era la mujer más hermosa que había visto en su vida y quería cubrirla de sedas y oro, quería que todo el mundo envidiara su belleza y supiera que ella ya pertenecía a alguien más, pero para ser digno de ella debía ser capaz de darle la vida de una reina, nunca habría de faltarle absolutamente nada estando a su lado, de ahí que estuviera de acuerdo en viajar a El Cairo y adquirir esta herencia, ese era su seguro para hacer feliz a la mujer que habría de ser su esposa. Conmovida y honrada por su promesa, Sakura contesto a la intensa mirada ónix del Uchiha con una ligera sonrisa, entrelazando brevemente su mirada con la de él. Quería casarse, en definitiva Alah le había enviado una señal a través de Sasuke; merecía ser feliz, merecía volver a creer en el amor y en la esperanza, merecía ser feliz y quería serlo junto a Sasuke, estaba completamente segura de que él era el hombre de su destino, estaba segura.
Una vez que Sasuke se marchó, e Izumi y ella retornaron a su habitación, el inmediato impulso de Sakura fue quitarse el velo que hasta entonces había estado cubriendo su cabello, jugando con el sedoso lienzo entre sus manos, siguiendo el ritmo de una música imaginaria que cobraba vida en su mente, danzando de alegría como le gustaba hacer desde que era una niña y que no había sentido deseos de hacer hasta el día de hoy, contagiando de alegría a Izumi que no tardo en unírsele, encendiendo la grabadora presente en la habitación para que ambas pudieran bailar al bello compás de la música en lugar de tener que imaginarla en sus mentes, inmensamente feliz de que por fin ambas pudieran compartir la alegría de unirse dentro de poco en matrimonio a dos hombres a lo que solo podrían haber imaginado tener como esposos en sus mentes románticas e inocentes, ¿se podía ser más feliz? Riendo de alegría y aferrando el velo a sus manos, Sakura se desplomo sobre el diván que usaba como cama con una expresión soñadora, preguntándose en qué momento—si ella ni siquiera había abierto su corazón a la posibilidad del amor—el Uchiha había derribado todas las barreras que ella había puesto alrededor de su corazón, ¿en qué momento había logrado enamorarla? Le resultaba completamente imposible saberlo. Si bien Izumi ya había sido feliz hasta ahora ante la sola idea de casarse con Itachi, saber que su prima por fin había entrado en razón y se había conformado con el destino que Alah había escrito para ella, por fin podía sentir que lo tenía todo para ser feliz salvo por su desagradable futura cuñada, pero ya aprendería a lidiar con ella, estaba segura.
-El jueves llegan mis vestidos—menciono Izumi sin dejar de bailar ante el alegre ritmo de la música, contemplando su reflejo en el espejo, ya deseando lucir su ajuar de novia, —primero vamos a sacar el certificado de virginidad y después vamos por mis vestidos—era un trámite menor a hacer pero que le resultaba insignificante si de lograr casarse con Itachi se trataba.
En el preciso momento en que Izumi pronuncio esas últimas palabras, toda la alegría que Sakura había sentido se transformó en terror cuando se dio cuenta de algo que había olvidado por completo que en los matrimonios musulmanes que no eran concertados a la fuerza—es decir, que la novia tuviera que casarse porque su familia así lo decidía y sin permitirle dar su opinión—el honor de la novia evidentemente podía estar sujeto a duda por lo que para brindar honor a la familia que aseguraba que la novia era virgen, la mujer debía someterse a un examen de virginidad a través del cual obtenía un certificado médico que asegurara que su honor estaba lejos de cualquier duda y que era una mujer que traía consigo honor y dignidad a un enlace. Esa era la costumbre, pero Sakura sintió como si le arrojasen u balde de hielo en la espalda que la congelase de los pies a la cabeza…había mentido, les había dicho a Biwako y a Izumi que había halado por desesperación para romper su compromiso, cosa que ya no quería hacer, quería casarse con Sasuke…¿pero cómo mirarlo a la cara el día de la boda si no era nada de lo que él pensaba que era? El pecado de un hombre siempre seria perdonado, pero el de una mujer era muy distinto aunque resultara machista decirlo, pero la sociedad a la que pertenecía valoraba más el honor de la mujer que el del hombre. Su madre le había hablado que una mujer debía ser virgen para casarse, eso es lo que dictaban las costumbres pero Sakura no tenía claro en su mente que es lo que podría pasarle si descubrían que no era virgen, en occidente eran muy permisivos con el tema ya que la virginidad no era algo de gran importancia, ¿pero que le sucedería aquí?, ¿Qué pensarían cuando supiera que ya no era virgen?
-Izumi, ¿tenemos que ir al médico el jueves?—pregunto Sakura con un nudo en la garganta haciendo que su voz apenas y fuera un susurro.
-¿Debería ponerme henna solo en las manos o en el cuello también?—pregunto la pelicastaña mientras observaba su reflejo, sonriendo soñadoramente al pensar en su boda.
-Izumi—llamo la pelirosa, levantándose del diván para apagar la grabadora y hacerse oír por su prima. —¿Qué pasaría si la mujer ya no fuera virgen? Supongamos que no lo fuera—planteo, no queriendo ceñirse la soga al cuello al confesar lo que había hecho.
-No digas eso, Sakura—rogó ella, ni siquiera queriendo imaginar semejante suerte, —dicen que las mujeres podemos perder la virginidad incluso sin sentir, con una caída— ese era el propósito del certificado; en caso de no haber sangrado, existiría la prueba de que una mujer no había estado con otro hombre antes de casarse, —pero si eso llegara a pasar…si su familia sigue las creencias la matarían—por eso tenía tanto miedo de imaginar ese futuro, la condena era demasiado grande como para quererla, —esa sería la peor desgracia que podría caer sobre una casa—el honor era algo sagrado para los musulmanes y perderlo o pisotearlo no era algo fácil de resarcir sin dar algo muy grande a cambio.
-Pero, ¿matarla?—refuto la Haruno, intentando no parecer tan asustada de como realmente se encontraba al escuchar aquello, —estamos en pleno siglo XXI—recordó ya que muchas cosas estaban cambiando a través de la modernidad y el paso del tiempo.
-Tú no entiendes, Sakura—regaño Izumi ante su ligereza de opinión, sujetándole los hombros para hacerla comprender la realidad, —que una mujer no sea virgen es algo imperdonable, y la única forma de escapar de semejante vergüenza es matar a la mujer que cometa tal crimen—no lo decía ella, lo decía el libro sagrado y las costumbres que todo musulmán debía seguir, —o lo hace su familia o su marido, pero la muerte es la única forma de limpiar el pecado de una familia—en el mejor de los casos una mujer seria devuelta a su familia, pero ese pecado solo se limpiaba de una familia con la muerte de quien lo había cometido.
¿En qué problema se había metido por tan solo dejarse embaucar por el amor?, ¿morir por solo haber estado con un hombre una vez y por error? Solo tenía dos opciones; hacer que de alguna forma milagrosa el doctor que hiciera el certificado de virginidad tuviera clemencia y mintiera por ella…o afrontar el castigo por sus actos, por su inocencia enamoradiza de adolescente y morir o ser la manzana de la discordia para su familia, fuera cual fuera el caso lo que más le pesaba es que tendría que mentirle a Sasuke, tendría que traicionar su confianza y eso era algo que jamás podría perdonarse.
-Tío Hiruzen contrato a las mejores bailarinas de Egipto para la fiesta porque son las mejores que existen—comento Izumi a su prima durante el camino al médico, sonriendo de emoción y dicha pura.
-¿Qué te pasa, muchacha?—pregunto Biwako ante el sepulcral silencio de parte de Sakura que solo pudo apartar la mirada. —Vamos al médico, no a la horca—obvio con evidente confusión ante su comportamiento, completamente opuesto al que había mostrado el día anterior.
No importa que tanto lo hubiese intentado, Sakura no había conseguido dormir ni una sola durante la noche anterior, azorada por sus peores temores representados en pesadillas que tenían lugar mientras imaginaba los peores escenarios…se arrepentía tanto de su estupidez ahora, no debería haber traicionado la confianza de su difunta madre, buscando el amor a sus espaldas y yendo en contra de las costumbres bajo las que había nacido, maldita su estupidez y maldito su deseo de ser como todos los demás mientras había vivido en occidente, pero no importa que tanto lo deseara ahora, nada restituiría su virginidad, llegaría al altar como novia siendo una farsa, y si Sasuke se daba cuenta…no, no, Alah, no podía imaginar qué futuro le esperaba, no podía ni quería imaginar la decepción de Sasuke al saber que ella era todo menos la esposa que el merecía tener. Ajena a las preocupaciones de su prima, Izumi no paraba de hablar de lo ilusionada que estaba por su boda, de cómo tío Hiruzen había hablado con sus contactos en Egipto para hacer traer a los mejores músicos y bailarinas de danza del vientre para alegrar la festividad que estaba a tan solo dos días de ocurrir y que la tenía a ella más impaciente que nunca de ser posible mientras Biwako, Sakura y ella se dirigían por la medina hacia el hospital para sacar sus certificados de virginidad, mas toda la alegría de Izumi a punto estuvo de esfumarse en cuanto—en una de las tiendas de velos que había en el camino—diviso a doña Emi, su futura cuñada quien de inmediato reparo en su presencia y no dudo en acercarse a ella, algo que Izumi no sabía si debía agradecer o lamentar ya que lo único que quería era alejarse de ella lo más posible.
-Doña Emi—saludo Izumi, esbozando la sonrisa más convincente que le resulto posible, más ya deseando salir corriendo de allí.
-Salam Alaykom—contesto Emi con una sonrisa que pareció de lo más cordial pero que bien podía compararse con el siseo de una serpiente si se estudiaba bien. —Sasuke ya está en El Cairo, supo que la herencia es mucho más de lo que pensábamos—confeso, sosteniéndole la mirada a Sakura quien sin embargo no parecía interesada en los bienes materiales y que poca atención presto a sus palabras, —es que el tío Madara no tuvo hijos, por eso nos dejó todo a nosotros y a otros sobrinos que hay por ahí—explico a una muy impresionada a Izumi que veía aquel hecho como una bendición de Alah, y eso era.
-Al parecer les estamos trayendo mucha suerte a nuestros novios—supuso la pelicastaña, intentando ver el mejor lado de la historia.
-Yo diría que ellos les traen mucha suerte a ustedes—corrigió la Uchiha, no queriendo que se hiciera una idea equivocada ni se diera ínfulas de grandeza. —Ojala que sepan conservarlos, porque por lo que he visto hasta ahora ustedes no son muy apegadas a las costumbres—menciono por el simple placer de hacerlo e irritar a aquellas jóvenes que daban demasiado por sentado. —Itachi me espera, las dejo, me encanto verlas—se excusó manteniendo la sonrisa en su rostro y viendo cumplido su cometido.
Por supuesto que no cambiaría de parecer con respecto a esas dos odaliscas como ella prefería llamarlas, no eran los modelos de valor femenino que ella había pensado que eran y dudaba que pudieran ser buenas esposas si seguían comportándose como las dos muchachas caprichosas que eran y que seguramente jamás habían condimentado un carnero o preparado cuernos de gacela siquiera, ¿en que estaban pensando sus hermanos para querer casarse con ellas? Esa era la cuestión que reinaba permanentemente en la mente de Emi, pero ya se había resignado a no angustiarse ni irritarse por ellos, Itachi y Sasuke habrían de aceptar las esposas que habían elegido para sí mismos, y si estaban desconformes con ellas solo debían devolverlas o bien tomar una segunda esposa, el hombre tenía permitido elegir su felicidad pero no así una mujer. Resulto todo un reto para Izumi mantener la sonrisa en su rostro mientras veía a doña Emi marcharse, evidenciando su enojo cuando estuvo segura de que no voltearía a verla y que se encontraba lejos de su rango de visión…detestaba a esa mujer, le encantaba echar sal y limón a las heridas que causaba el miedo, ¿Qué necesidad tendría Itachi de buscar una segunda esposa? Con Alah como testigo que Izumi se prometía ser todo lo que él deseara que fuera; una buena esposa, una buena ama de casa, una buena madre, una buena compañera, una buena amante…él nunca tendría que desear a otra mujer, nunca tendría que sentir que faltaba algo en su vida porque ella se lo daría todo. Era una suerte que Itachi y ella viajaran a vivir a Rio de Janeiro para administrar los negocios que los Uchiha estaban extendiendo, porque todo lo que Izumi podía desear era estar lo más lejos posible de esa mujer.
-Quiero ver la cara de doña Emi cuando lea los certificados de virginidad, se quedara con la lengua de fuera—bufo Izumi, deseando restregarle en la cara a esa mujer que era una mujer digna de casarse con Itachi, —es una víbora, piensa lo peor de nosotras—se quejó para seguir caminando, prefiriendo eso en lugar de descargar su ira como deseaba hacer.
Era más que digna de casarse con Itachi, era todo lo que un hombre podría desear en una esposa—aún estaba aprendiendo a cocinar, pero ya podía ocuparse de una casa como haría cualquier esposa—, por lo que gustosamente se realizaría el examen de virginidad para frustrar los deseos de doña Emi de arruinar su matrimonio, no le daría esa satisfacción. Observando a Izumi, Sakura deseo poder tener su seguridad, deseo poder dar por hecho de que no había nada a lo que temer pero sí que lo había y eso la aterrorizaba, no la idea de la muerte sino la idea de causarle sufrimiento a Sasuke al decepcionarlo, así como vergüenza a su tío, a Biwako, a Izumi, a toda su familia…había cometido un error tan grave sin siquiera saber lo que hacía. No fue hasta ese momento que Biwako comenzó a sopesar una posibilidad; ¿es que acaso Sakura había cometido una estupidez de la cual se estuviera arrepintiendo? Busco la mirada de Sakura para intentar averiguar tal cosa pero la pelirosa no hizo salvo apartar la mirada y aferrarse a su brazo, siguiendo los pasos de Izumi como un corderito que iba al matadero…
No existía nada más satisfactorio para una mujer que proteger y defender su propio orgullo ante la crítica de otros como se debía en este caso por culpa de doña Emi, por lo que Izumi se sintió plena en cuanto abandono la oficina del doctor con el sobre en que estaba el resultado del examen y que ella abrió impaciente por corroborar si allí estaba escrito lo que ella sabía tan bien y así era; virgen, traería honor y virtud a su matrimonio como una novia incorruptible, Itachi nunca tendría queja alguna de su parte, ella se encargaría de hacer de su matrimonio un paraíso y de su hogar un edén. Pero mientras que Izumi se mostraba exultante y feliz como una niña pequeña, Sakura se mantenía callada y sombría, sentada fuera de la oficina del doctor en compañía de Biwako que no le quitaba los ojos de encima en ningún momento y a quien no se atrevía a decirle la verdad por miedo a su reacción. ¿Qué debería decir? Había sido una locura perder la virginidad antes de venir aquí, eso ella lo sabía bien, debería haber pensado mejor las cosas, así tal vez hoy no estaría tan arrepentida de haber conocido a Gaara pero no importa que tanto quisiera volver el tiempo atrás, ya no podía hacerlo, ¿Qué le diría a Sasuke la noche de bodas?, ¿Qué excusa podría dar? Sería la vergüenza de toda su familia si era devuelta la noche de bodas tal y como dictaba la costumbre o en el peor de los casos moriría, pero no le temía a esta última posibilidad porque era lo mínimo que merecía luego de comportarse como una occidental cuando nunca lo había sido, en cuanto al primer asunto no quería condenar a su familia, de ahí que se empeñara tanto en guardar silencio. Sentada a su lado, Biwako no fue capaz de soportar por más tiempo ver a esa joven cargada de tristeza y angustia, ¿Qué había sucedido?, ¿Por qué actuaba así?
-¿Hiciste una estupidez, Sakura?—pregunto Biwako, no queriendo hacer una pregunta todavía más explícita para no ofenderla en caso de que estuviera equivocada.
-Sakura Haruno—llamo el doctor, apareciendo en el umbral de su oficina.
-Prima, es tu turno—secundo Izumi, entusiasta porque su prima recibiera el mismo favorable resultado que ella sostenía entre sus manos.
La pelirosa sintió una mano invisible posarse alrededor de su cuello, acorralada entre la espada y la pared, no pudiendo escapar de este examen que habría de enaltecerla o bien condenarla, pero ella sabía muy bien que resultado recibiría, sería tonto de su parte no reconocer su error. Observo a Biwako con lágrimas en los ojos, lágrimas de preocupación sobre qué es lo que pasaría con su familia si se daba a conocer que ella no era lo que se esperaba que fuera, sumado a que no quería que se revocara el compromiso, si, era egoísta de su parte siendo que Sasuke merecía tener a una mujer digna como esposa, no a ella que no traería fortuna ni dicha a un matrimonio, pero quería casarse con él y sabía que obteniendo un resultado nada favorable no podría hacerlo. No teniendo otra opción, Sakura se levantó lentamente de su lugar bajo la preocupada mirada de Biwako que temió lo peor por ella, contemplando su lento andar, como si se dirigiera al cadalso antes de voltear a verla por última vez en el umbral de la oficina, como si fuera una despedida, ingresando en silencio y cerrando la puerta tras de sí. Mientras que Izumi se mostraba extasiada con el resultado obtenido del examen, releyendo el resultado una y otra vez, Biwako sintió como si hubiera transcurrido una eternidad hasta que la puerta de la oficina del doctor se abrió revelando a Sakura que cerró la puerta tras de sí, trayendo consigo el mismo sobre que le había sido entregado a Izumi tras concluir el examen y que hizo latir angustiosamente su corazón en cuanto la joven pelirosa se detuvo ante ella, tendiéndole el sobre que Biwako abrió con nerviosismo, desdoblando la hoja y leyendo sorprendida el resultado:
-¿Virgen?—leyó ella en voz alta, apenas y pudiendo creer lo que estaba escrito en la hoja.
-El medico es italiano, tuvo lastima de mí—contesto Sakura, conteniendo la sonrisa que quería apropiarse de su rostro por lo inmensamente feliz que se sentía.
-Gracias a Alah…- celebro Biwako con una radiante sonrisa, llena de alegría por la ayuda recibida.
Solo podía tratarse de la mano de Alah protegiendo a esa muchacha, de otro modo ella no habría recibido ayuda en tan delicado asunto y eso hacia feliz a Biwako, si su niña estaba protegida de todo mal, ella siempre estaría feliz. Los italianos eran particularmente tolerantes respecto del tema de la virginidad porque desde tiempos inmemoriales se consideraba que ninguna mujer nacía virgen ya que su sociedad las corrompía demasiado pronto, incluso sin necesidad de la intercesión de un hombre, por lo que el doctor no había dudado en ayudarla emitiendo este diagnóstico falso pero que la salvaría a ella y a su familia de la vergüenza, algo que Sakura agradecía de todo corazón más lamentando no poder pagarle por tan valiosa ayuda. Con ánimos renovados ante esta oportunidad que le daba Alah, Sakura sostuvo entre sus manos el resultado del examen, envolviendo su brazo alrededor del de Biwako que abandono la consulta junto a ella, encontrándose con Izumi que las esperaba en el exterior, delante una tienda de telas. Alah le había dado una oportunidad y no la desperdiciaría, a partir de hoy sería una buena musulmana, haría todo lo que estuviera en su poder para merecer el perdón.
-Que día más feliz, nunca vas voy a dormir sola, voy a tener mi marido—canturreo Izumi, entrando en la cocina con el mejor ánimo que hubiera tenido en su vida hasta entonces.
Como nunca antes había sucedido, a Izumi no le importo en lo absoluto si en el exterior hacia sol, si llovía torrencialmente o si estaba cayendo nieve, para ella este era el mejor día de su vida; ¡iba a casarse!, y el día solo acababa de empezar por lo que ingreso en la cocina con su mejor ánimo, solo vistiendo su pijama que se componía de un par de cortos shorts blancos, una blusa de tirantes y encima una ligera bata de lino, tomando un pequeño recipiente lleno de pétalos de rosa que había sobre la mesa, jugando con los pétalos entre sus manos, arrojando parte de ellos al aire de pura emoción antes de entregárselo a Biwako que necesitaba utilizarlos en la mezcla que estaba preparando, más la alegría de aquella muchacha era tan contagiosa que era imposible no compartirla, haciendo que todas las presentes en la cocina rieran de alegría al verla. Quien entro con mucha más calma en la cocina fue Sakura, vistiendo una ligera falda hasta la altura de los tobillos y una holgada playera azul claro de mangas por encima de los codos que usaba como pijama, con su largo cabello rosado ligeramente despeinado y que de inmediato fue víctima de la alegría de Izumi quien le sostuvo las manos y la hizo girar en círculos en su lugar…vaya forma de despertar, aún faltaban varias horas para la boda pero si Izumi seguía así acabaría haciendo que la celebración se adelantase un par de horas. Ahogando un bostezo, ya que afortunadamente había recobrado el sueño al saber que si podría casarse, Sakura de inmediato se situó junto a Biwako tan pronto como estuvo libre de Izumi, examinando la mezcla que estaba preparando y cuyo dulce aroma era atrayente desde lejos.
-Buenos días—saludo la pelirosa, besando la mejilla de Biwako antes de descender su mirada al contenido de la olla ante el fuego. —¿Qué es eso?—curioseo inevitablemente al verla arrojar a la mezcla pétalos de rosa del recipiente que sostenía.
-Es para depilar a Izumi—contesto Biwako con total naturalidad, volviendo el rostro hacia Sakura que se mostró divertida y a la vez confundida. —Ve aprendiendo, porque después del matrimonio la mujer debe depilarse cada veinte días para su esposo, es la costumbre—indico, explicando parte de lo que significaba ser una esposa.
Lo que divertía a Sakura no era la idea de depilarse, de hecho estaba más que acostumbrada, en occidente se usaban muchos las faldas y la ropa corta por lo una mujer siempre debía mostrarse presentable, pero viendo a las mujeres en la medina, cubiertas de los pies a la cabeza salvo por los ojos—y en algunos casos llevaban solemnes tocas que incluso les cubrían los ojos—, lo que la había hecho pensar que en esta tierra dominada por la religión, la cultura y las costumbres milenarias algo tan banal como la depilación no era bien visto o que ni siquiera se requería…¡que equivocada estaba! Lo que sucedería después sin embargo cambio por completo la alegría de Izumi desde luego. Una vez que la mezcla de miel, limón y pétalos de rosa estuvo preparada y caliente, todas las mujeres presentes en la cocina se dirigieron hacia la habitación de Izumi donde esta tuvo que recostarse sobre la cama y dejar que las mujeres hicieran lo suyo, esparciendo la mezcla por encima de su piernas, aguardando a que estuviera seca para retirarla, cabe decir que el dolor era espantoso y que la alegría de las presentes por la boda comenzaba a no ser tan compartido por Izumi que dudaba que someterse a este "tratamiento de belleza" valiera la pena. De pie en el umbral de la puerta, Sakura observo todo de brazos cruzados y con una expresión entre divertida y compadecida, ella tenía la costumbre de depilarse con cera desde los doce años, se había acostumbrado al dolor pero Izumi por poco y parecía como si fuera la primera vez que se preocupaba por mantenerse hermosa, ¿es que nunca había hecho esto antes? Por la forma en que gritaba era eso o bien era muy sensible.
-Ahora este vellito—animo Natsu, más que dispuesta a proseguir.
-No, duele mucho—detuvo Izumi, comenzando a replantearse si este sacrificio de su parte valía la pena.
-Ya vamos a terminar—tranquilizo ella, pues cuanto más pronto prosiguieran más pronto terminarían.
Desde tiempos remotos—desde la época antes de cristo, según se tenía constancia—las mujeres de oriente se tomaban muy en serio el tema de la belleza a tal punto que en el pasado se habían utilizado materiales como el azufre para resaltar el delineado de los ojos, frutas para enrojecer los labios y dar rubor a las mejillas, e hilos de oro para alto tan banal como la depilación en tiempos en que occidente se concentraba en pecar, porque para los pueblos de oriente la belleza de una mujer era algo sagrado y que debía conservarse para su esposo, y saber sacarle partido ya que si los encantos femeninos se usaban con ingenio, se podía llegar muy lejos con tan solo proponérselo. Ante la duda de Izumi, toda la algarabía que había predominado en la habitación se convirtió en silencio, todas las mujeres observándola y esperando su consentimiento para proceder o bien dar todo por terminado en caso de que su decisión fuera arrepentirse, tanto fue el silencio que Izumi sintió como si se le fuera a detener el corazón, como si en ese momento hubiera estado a punto de cometer un acto sacrílego, ¿en que estaba pensando? Se estaba comportando como una tonta niña de diez años cuando a partir de hoy sería una mujer, una esposa, ya no había vuelta atrás al asunto ni quería que fuera así, hoy era el día más importante de su vida; iba a casarse con Itachi, ¿Cómo podía echarse atrás por un simple procedimiento estético? No, no y no, tenía que forjarse nervios de acero de ser preciso pero llegaría al altar como la novia más perfecta que se pudiera imaginar, con dolor producto de su vanidad pero llegaría al altar y punto.
-Está bien, voy a quedar muy linda para Itachi—accedió Izumi, aferrándose a esa idea e ignorando el dolor lo mejor posible.
Apenas Izumi pronunció estas palabras, la "tortura" continuo, más ella se mostró lo más resignada que le fue posible, centrando su atención en Sakura que permanecía en el umbral de la puerta, pareciendo divertida por verla sufrir y quejarse; ya sería su turno, y entonces bailaría de felicidad al verla en su lugar, porque ahora no le estaba siendo de mucha ayuda.
Si la llamada "tortura" había valido la pena o no, eso solo Izumi podía decirlo, quien tras lo que pareció una interminable hora encerrada en su habitación ingreso en la sala con la escolta de todas las sirvientas de la casa y que junto con Biwako la habían acompañado mientras se preparaba, descendiendo ahora y con cuidado por la escalera, sujetando la falda de su vestido para no tropezar. Como musulmanes provenientes de Egipto, de Lúxor, los Sarutobi eran conocidos por seguir al pie de la letra las costumbres por ello es que el vestido que lucia Izumi había sido diseñado siguiendo los preceptos de las costumbres; el ajuar se componía de tres capas, la inferior era un vestido de seda blanca perfectamente ceñido a su figura, de mangas ceñidas hasta las muñecas, hombros semi caídos y larga falda hasta el suelo, sobre el vestido un caftán de seda y encaje blanco, de cuello alto y en V ceñido a su figura por un fajín que se anudaba tras la espalda y mangas acampanadas junto a la última capa, una ligera capa o abrigo casi idéntico que permanecía abierto, alrededor de su cuello se encontraba una envidiable guirnalda de perlas de cinco vueltas—herencia de su difunta madre—a juego con un par de largos pendientes de oro y perlas como la diadema sobre su largo cabello castaño que se encontraba recogido en una coleta que caía tras su espalda…hermosa como un rayo de sol. Asombrado y orgulloso, Hiruzen recibió con gusto a su sobrina que beso con respeto el dorso de su mano al encontrarse delante de él…era triste tener que despedir a la niña que había recibido en casa y a quien amaba como a una hija, pero todo lo que hacía era por su felicidad, eso debía tranquilizarlo lo suficiente como para ser feliz en tanto ella también lo fuera.
-Eres una gacela de tan hermosa, tu marido es muy afortunado—aprecio Hiruzen, observando a su sobrina en todo momento, sintiendo que la despedida había llegado demasiado pronto. —Alah te bendiga con muchos hijos—deseo sinceramente, también deseando Alah mediante poder vivir lo suficiente para ver a la familia crecer mucho más.
Conmovida por los buenos deseos a quien hasta el día de hoy—y siempre—había visto como a un padre, Izumi contesto con una radiante sonrisa, dejándose guiar por el resto de las mujeres hacia la cocina para aguardar a que su novio llegase y que la boda por poderes se realizara entre los hombres de la familia, ya podría ver a Itachi durante la celebración, y ya ansiaba que se momento llegara. En cuanto Izumi y el resto de las mujeres se marcharon hacia la cocina, se hizo evidente que quien sin mucho esfuerzo podría haber eclipsado a la novia era Sakura en quien poso su mirada ya que ella se había quedado en la sala a solas con él, aparentemente deseando decirle algo. Se encontraba enfundada en un sencillo pero elegante vestido de seda color esmeralda que hacia juego con sus ojos, largo hasta el suelo, de cortas mangas por encima de los codos y recatado escote en V cerrado por ocho botones, ceñido a su figura por un fajín bordado en hilo de oro, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre su hombros y tras su espalda en una cascada de ondas, con una simple pulsera de oro en su muñeca derecha y casualmente en lugar de llevar su tan infaltable piedra de jade alrededor de cuello, estaba usando el envidiable collar de seis cunas de oro y diamantes que Sasuke le había obsequiado como regalo de compromiso además de un par de largos pendientes idénticos—una cuna de oro con un diamante en el centro y de la pendían sarcillos de oro—que también habían sido parte del regalo…esa muchacha era toda una contradicción, primero no había querido casarse y ahora parecía haber aceptado su destino, solo Alah podía saber qué es lo que pasaba por su cabeza.
-Tío, tengo una pregunta que hacerle—inicio Sakura al ver a su tío no pronunciar palabra alguna, decidiendo iniciar la conversación por su cuenta. —¿Qué pasara conmigo?—según había oído hablar a Biwako, su tío planeaba enviarla temporalmente a Brasil junto a Itachi e Izumi hasta el regreso de Sasuke, cosa que ella no quería hacer.
-¿Contigo?—pregunto Hiruzen, confundido porque ella le hiciera esa pregunta.
-Ahora que Sasuke no está, ¿quiere que lo espere aquí o que viaje con Izumi e Itachi a Brasil?— pregunto ella con claridad. Su dolor estaba en Brasil, su sufrimiento y su humillación…no quería volver a pisar esa tierra nunca más en su vida.
-Oh, ya entiendo—asintió el Sarutobi, sonriendo ladinamente para si al saber que la muchacha delante de él era más inteligente y astuta de lo que parecía, lo suficiente como estar al tanto de lo que se pensaba hacer con ella. —Siendo honesto, Sakura, preferiría que te quedaras aquí y esperaras a tu novio—admitió ya que había cambiado de parecer respecto de la idea de enviarla con Itachi e Izumi a Brasil, —aun te queda mucho por aprender de nuestras costumbres, muchacha, por lo que temo que si viajas a Brasil retrocederás y olvidaras todo lo aprendido aquí—había progresado mucho en su aprendizaje en tan corto tiempo y no quería que volviera a alejarse de las costumbres.
-Si, tío, quiero quedarme aquí que es mi lugar, Brasil es un lugar al que nunca quiero regresar—declaro la Haruno sin siquiera dudarlo, no queriendo recordar aquellos días ni encontrarse con su pasado, un pasado ya olvidado. —Quiero estar aquí para ver a Sasuke cuando regrese de El Cairo—estableció inamovible y en espera que nada interfiriera con ese deseo de su parte.
El día anterior había oído una conversación—se había quedado escuchando fuera del despacho de su tío, al oír que hablaban de ella—en que Biwako y su tío discutían sobre la posibilidad de enviarla de regreso a Brasil, más específicamente a Rio de Janeiro, junto a Itachi e Izumi, ya que ahora—por matrimonio—Sakura pertenecería a la familia Uchiha, era responsabilidad de Itachi como el hombre de mayor edad de su nueva familia velar por ella en nombre de su hermano hasta su regreso dentro de una semana, pero Sakura no quería volver a Brasil por nada del mundo, nunca, cuanto más lejos estuviera de Gaara y de aquellos infaustos recuerdos mejor se sentiría, además quería estar en Marruecos cuando Sasuke regresara, habían tenido muy pocas oportunidades—dos si contaban la broma que le había hecho y su encuentro al recibir su regalo de compromiso que estaba usando—de hablar y conocerse…en caso de que sucediera lo peor y Sasuke descubriera que ella no era la mujer incorruptible que él pensaba que era, quería que se enamorara de ella y viera que era sincera, que le correspondía porque en verdad se estaba enamorando de él, lo sentía en su corazón. Resulto asombroso para Hiruzen ver a la rebelde adolescente que había recibido hacía poco más de una semana convertirse delante de su ojos en el modelo de mujer que todo hombre musulmán querría por esposa; era afable pero ingeniosa, tranquila pero fascinante, valiente y decidida pero también muy cabal y devota, puede que resultase menos difícil que se acoplara al mundo al que pertenecía una vez se encontrara casada porque desde que Sasuke había aparecido en su vida esa niña lo estaba haciendo sentido enormemente orgulloso de tenerla en su familia, de ser su tío.
-Me alegra—celebro Hiruzen, deseando que su fallecido hermano Kizashi estuviera vivo para ver a esa niña. —Ya suenas como una buena esposa—admiro recibiendo a cambio una genuina sonrisa de alegría de parte de su sobrina.
Del mismo modo en que Izumi se había sentido conmovida hace unos momentos atrás, Sakura se sintió profundamente honrada de que su tío sintiera que estaba haciendo bien las cosas porque eso era justo lo que quería, quería hacer borrón y cuenta nueva de su pasado, eliminar cualquier error que hubiera cometido y crear un nuevo futuro para sí misma, Alah mediante, y sabía que ese futuro estaba junto a Sasuke.
PD: Hola, hola, mis amores :3 Estaba impaciente por terminar de escribir este nuevo capitulo ya que como he dicho la cultura musulmana me fascina desde que era niña, pero no se inquieten que como prometo y cumplo, actualizare pronto el resto de mis historias, comenzando por "El Siglo Magnifico: Mito, Mei & Mikoto" y luego "Queen: The Show Must Go On", por lo les sugiero mantenerse atentos :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi incondicional amiga y lectora DULCECITO311(se que estas impaciente, pequeño saltamontes, pero te prometo que pronto actualizare esas dos historias), a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que este nuevo capitulo también lo sea) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
Curiosidades y Diferencias:
Diferencias y Cambios: en la historia original, Jade estaba tan enfocada en su amor por Lucas—aferrándose a la idea de que él era el hombre que Alah había destinado para ella, luchando por la idea de escribir su propio destino aunque eso significara perderlo todo—que nunca fue capaz de ver mas allá de ese amor, nunca pudo ver que Said entrara en su vida como una oportunidad sino que desde el comienzo confiesa verlo como un obstáculo para su felicidad a tal punto que jamás intenta ser realmente feliz con él ni valora todo lo que Said hace por intentar hacerla feliz y ganar su corazón. Por otro lado, en esta versión me oriento a plasmar el ¿Qué hubiera pasado si…? Por lo que Sakura intentara ser feliz de todas las formas posibles junto a Sasuke, viendo su aparición en su vida como una oportunidad de Alah para hacer todo diferente, para volver a creer en el amor y reencontrarse con sus raíces, por supuesto eso no significa en lo absoluto que el matrimonio entre ambos valla a ser un camino de rosas donde todo será perfecto, en lo absoluto, ambos tendrán que dejar atrás algo muy difícil y traicionar sus propios ideales y orgullos para poder ser felices y ganar la confianza del otro, tendrán que luchar contra sus propios demonios para mantenerse unidos, para lograr formar un matrimonio solido y una familia que los haga felices a ambos, superando cada obstáculo en su camino gracias a los sentimientos que tienen el uno por el otro y que demostraran ser mas fuertes que cualquier adversidad.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
