Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír la canción Laily Lail de Mario Reyes y Carole Samaha, perteneciente al soundtrack del remake de Telemundo El Clon de 2010.


Luego de observarse ante el espejo, Itachi abandono su habitación rumbo a la sala de su casa que en momentos así parecía enormemente vacía ante la ausencia de su hermano menor que estaba en El Cairo y de Emi que aún se encontraba arreglándose tan y como él que se aliso ominosamente la chaqueta del elegante traje gris oscuro que usaba, acomodando la corbata negra alrededor de su cuello, su cabello lo tenía sin cuidado ya que jamás le daba problemas ante lo liso que era y sujeto en una coleta. En la sala lo esperaba uno de los pocos familiares que aun brindaban su apoyo tras la muerte de su padre Fugaku; su tío Homura, uno de los tres tíos directos—al ser hermanos de su difunto padre—y que en esta ocasión tenía una responsabilidad moral con él. Recibiendo a su joven sobrino con u abrazo, Homura observo gustoso el hombre en que se había convertido desde la última vez en que lo había visto hace ya varios años…Fugaku estaría muy orgulloso de él si lo viera, por ello es que estaba en esa casa y reencontrándose con sus sobrinos por primera vez en todos esos años, porque en ausencia de sus padres esos tres muchachos requerían de todo el apoyo y ayuda posible para poder tomar las riendas de sus propias vidas y comenzar a escribir su futuro de la mano con Alah. Entre los musulmanes existía la costumbre de transmitir experiencias y vivencias a través del tiempo, por lo que cada familiar tenía el sagrado deber de brindar consejos y ayuda cuando la siguiente generación llegaban a la edad lo suficientemente madura como para ser considerados adultos, y eso era algo que se debía hacer con especial énfasis el día de la boda como mandaban las costumbres.

-Hijo mío, siéntate aquí—indico Homura a su sobrino al romper el abrazo, sentándose frente a él en el diván contiguo, observándolo seriamente en todo momento. —Como hermano de tu padre, estoy aquí para darte los consejos que tu padre te daría en este día—obvio ya que era una obligación ineludible pasar el conocimiento y experiencia a la siguiente generación.

-Si, tío—asintió Itachi, deseando interiormente que su hermano menor estuviera con él en un día tan importante, pero entendía las razones que le impedían estar ahí.

-Itachi, ten cuidado con los sentimientos de las mujeres— comenzó a explicar el Uchiha, quien podía sentirse orgulloso de ser ecuánime con sus dos esposas, —los sentimientos de las mujeres son tan delicados como un cristal, se quiebran, no se recuperan nunca más— inculco clara y pausadamente para ser entendido, —además no seas atrevido en la primera noche, no invadas a tu mujer como si fueras un bruto—era difícil mantener el control en la primera vez, pero era una obligación que todo hombre debía seguir al pie de la letra si quería ser un buen esposo.

¿Por qué le estaba dando esa charla a Itachi? Esa pregunta tal vez pudiera hacerla alguien no musulmán y que no entendiera la importancia de la moral y las buenas costumbres; para los musulmanes el sexo antes del matrimonio estaba absolutamente prohibido, ya fuera con su prometida o una prostituta, era adulterio de todas formas, un acto inmoral ante los ojos de Alah porque uno de los valores más importantes era la castidad, es decir la pureza de ambos cónyuges, más en la mujer que en el hombre, pero se apreciaba por los seguidores de la costumbres que un hombre se mantuviera virgen hasta el matrimonio porque esto era un medio a través del cual los instintos y necesidades físicas o emocionales eran controlados y satisfechos al mismo tiempo que se seguía la voluntad de Alah. Atento y sereno en todo momento, Itachi asintió al escuchar las palabras de su tío, sabiendo bien—por lo aprendido de su hermana Emi, sobre las costumbres—que el gozo y el placer estaban unidos al concepto de felicidad y que si quería ser un buen esposo para Izumi como tanto deseaba, su mayor deber era velar incondicionalmente y en todo momento porque fuera feliz y dar todo a su alcance para lograrlo, ella ya lo hacía inmensamente feliz, era su responsabilidad retribuirle todo eso como merecía. Del mismo modo que Itachi sostenía aquella charla con su tío Homura, en casa del señor Hiruzen el patriarca de la familia se encontraba reunido a solas con su sobrina Izumi en su despacho, admirando la hermosa novia que era a la par que le brindaba consejos sobre cuáles serían sus derechos, obligaciones y deberes ahora que dejaría de ser una niña y se convertiría en la esposa de Itachi, consejos que ella escuchaba con suma atención.

-Nunca te niegues a tu marido cuando te llame a la cama, la mujer nunca debe negarse a su marido, y recuerda que en el matrimonio todo está permitido—explico Hiruzen a su sobrina, hablando con calma y prosiguiendo tras verla asentir, asegurándose de que ella no tuviera ninguna duda o confusión ante sus palabras. —Está escrito en el libro sagrado que Alah creo el sexo para ser disfrutado por los hombres y por las mujeres como ellos quieran, en tanto sean uno—occidente habían olvidado que el sexo no existía por mero placer sino por el amor, pero ellos no, ellos seguían lo escrito por Alah.

Resulto curioso y hasta divertido para Izumi—quien no pudo evitar sonreír tímidamente para si al escuchar cada explicación—estar sosteniendo este momento tan importante con su tío, si su madre estuviera vivía ella seria quien le estuviera dirigiendo estas palabras o incluso su padre, pero su tío era toda la familia que tenía y no podía estar más agradecida por contar con su presencia en un día tan especial como este. Además, no tenía sentido ser tímida o ruborizarse ahora, claro que el islam era una religión sumamente moralista pero increíblemente el libro sagrado de los musulmanes—el Corán—evocaba sin pelos en la lengua ni reparos de ninguna clase todo lo que debiera saberse sobre la sexualidad en más de 82 capítulos; existía solo una verdad en el mundo y había que decirla, especialmente en ese momento. Contrarios a como sucedía en occidente, donde el sexo solo era importante para el goce de una de las partes, ignorando si la mujer sentía placer o no, los musulmanes consideraban la insatisfacción como una culpa demasiado grande para un hombre y la satisfacción como un deber sagrado ya que creían que el sexo era una forma de acercarse al paraíso. Alah había creado a la humanidad separándola en dos mitades; hombre y mujer, con la necesidad de tener un compañero que inspirara amor, cariño y contención en momentos de preocupación y tristeza, el matrimonio era la unión, el compromiso y consentimiento de vivir juntos bajo las enseñanzas de Alah, porque el ser humano existía para vivir en compañía de su complemento en el mundo—dependiente de la perspectiva era hombre o bien mujer—, para amar y ser amado también.

-No pienses solo en ti, piensa en ella—puntualizo Homura, notando la forma en que su sobrino parecía tomar nota mental de todo para no cometer ningún error, —el profeta enseña que el hombre no puede salir de la cama y dar el asunto por concluido mientras la mujer no se encuentre contenta también, y para que ella se sienta contenta tú no puedes tener la velocidad de los pájaros, tienes que ser lento, sin prisa—el libro sagrado mandaba cumplir con todas las obligaciones y no existía obligación más sagrada que ser justo con su esposa como el profeta lo había sido con sus mujeres. —El profeta tenía varias mujeres y ellas nunca se quejaron de él—recordó a modo de norma crucial ya que todo buen musulmán se dedicaba a vivir según las enseñanzas y vivencias del profeta.

El profeta Hagoromo Otsutsuki, llamado el padre del islam, había tenido en total dieciséis mujeres y como representante del islam—al ser su fundador—era un continuo modelo a seguir para todos los hombres que seguían las enseñanzas que él había dejado en el libro sagrado: el Corán, y si el profeta había tenido dieciséis mujeres sin dejar insatisfecha a ninguna, cuidando muy bien de sus obligaciones y responsabilidades en todos los ámbitos del matrimonio, ¿Por qué el resto de los hombres habrían de fallarle a sus esposas si cuando mucho solo tenían permitido tener cuatro y dependiendo del contesto? Era su sagrado deber hacer feliz a la mujer que eligieran como compañera de sus vidas, especialmente a su primera esposa que tendría un lugar de honor insuperable como su primera compañera. Entre los derechos y obligaciones para los hombres musulmanes se establecía con claridad que una pareja—casa, obviamente—debía velar por satisfacer plenamente las fantasías, necesidades y deseos del otro a través de las relaciones sexuales de cualquier forma que les placiera hacer ya que como esposo y esposa una pareja tenía permitido todo en tanto brindaran su consentimiento, las relaciones sexuales eran algo sagrado y cuyos detalles no podían compartir con nadie, además los hombres debían anteponer el placer de las mujeres por encima del propio en todo momento porque el descontento sexual—es decir que la mujer no lograra el orgasmo—era considerado una base absolutamente legitima para que una mujer solicitara el divorcio, y esa era una imperdonable vergüenza para un hombre, cabe mencionar.

-Guarda tu belleza para tu marido, ponte el velo en la calle, pero dentro de casa debes estar bonita y arreglada para tener sus ojos solo sobre ti—menciono el Sarutobi aunque esto su sobrina ya lo tenía muy claro dada su completa educación en la fe y las costumbres.

Emocionada cuanto más escuchaba, Izumi sonrió y asintió de inmediato, agradecida por todos los consejos recibidos…que Alah les concediera a Itachi y ella una vida larga y plena, así como una familia de la que sentirse orgullosos porque hoy comenzaba el resto de sus vidas donde nunca más estarían solo, a partir de hoy serian uno para siempre.


El resto del día el tiempo fue ocupado por el ceremonial que se acostumbraba en las bodas musulmanas; las tradicionales bodas por poderes donde el novio contraía matrimonio no directamente con la novia sino con la autoridad investiga en el representante que la tenía a su cargo que en este caso era el señor Hiruzen, y no fue hasta que el contrato fue pronunciado con absoluto rigor en presencia de testigos—momento en que se pidió el beneplácito de la novia para llevar a cabo el matrimonio—que por fin y tras tantas horas el novio y la novia por fin pudieron encontrarse cara a cara como no habían hecho hasta ahora ya que en cuanto las festividades comenzaron luego de que se dirigieran al hotel reservado para la ocasión y donde ya no encontraron impedimentos para hablar con confianza el uno con el otro, conociéndose mejor, apenas y pudiendo prestar atención al modo en que discurría la celebración, disfrutando de ello por supuesto pero mucho más perdido en los ojos del otro, deseado que la eterna celebración acabase para retirarse a su habitación, más nervioso por lo que se avecinaba y que ambos deseaban. Cuando ya resulto evidente que la feliz pareja había tenido suficiente con la celebración y cuando ya el sol desaprecio del cielo fue el propio Hiruzen quien les realizo una señal a los músicos y bailarinas para que se detuvieran, aproximándose hacia el lugar de honor desde donde Itachi e Izumi habían estado observándolo todo y que se levantaron para recibirlo. Era doloroso para Hiruzen despedir a la sobrina a la que había criado durante años como si fuera su hija, pero todo era por un bien mayor, por un futuro seguro al unirla a una familia respetada y que velaría por ella como él ya lo había hecho hasta el día de hoy.

-De ahora en adelante mi Izumi está bajo tu protección, Itachi—entrego Hiruzen, sosteniendo la mirada del Uchiha, creyendo en el buen hombre que era y que cuidaría de su sobrina, —cuida de ella como yo la cuide— solicito con especial preocupación, no deseando en lo absoluto que su sobrina sufriera o se sintiera triste ni por un solo instante.

-Daré todo de mi por hacerla muy feliz, tío— prometió Itachi de inmediato y sin siquiera dudarlo, considerando a la mujer que ahora era su esposa como un verdadero tesoro.

-Eso espero, que Alah este con ustedes—deseo el Sarutobi con una sonrisa ante la alegría de la joven pareja, confiando en las palabras del Uchiha a quien ya consideraba su sobrino.

-Después quiero ver la prueba de sangre, es una costumbre que nuestra familia no dispensa—menciono Emi a Izumi que se sobresaltó al no haberse dado cuenta de su presencia a su lado hasta ese minuto.

La familia Uchiha era sumamente conocida por seguir las costumbres al pie de la letra y el mayor honor para los hombres de la familia era casarse con mujeres absolutamente intachables y para demostrarlo mostrar la sabana nupcial a la familia tras la consumación era un rito infaltable, y esa niña no podría escapar de eso, Izumi se aseguraría de ver la sabana con sus propios ojos. Mientras Izumi veía a Itachi apartarse un momento de su lado para compartir una conversación con su tío Homura, ella alzo la mirada hacia su tío Hiruzen que solo pudo encogerse de hombros; si la familia de su esposo y a la cual ahora pertenecía por matrimonio consideraba como algo infaltable seguir esa norma, él ya nada podía hacer por ella salvo aconsejarse que se resignara. Sin más contratiempos ni conversaciones que sobraban en ese momento, la pareja abandono el salón del hotel donde se había desarrollado la celebración hasta ese momento, escoltados por una de las odaliscas y que danzo para ellos a lo largo del camino hacia la habitación en un simbólico deseo de felicidad y prosperidad para la pareja, abriendo la puerta para ellos y conduciéndoles por primera vez en toda la noche algo de intimidad, lejos de cualquier mirada en cuanto la puerta se cerró tras ellos, sumergiéndolos en un silencio que resulto ansioso e incómodo para ambos que se observaron vagamente entre si ante lo que sabían debería ocurrir ahora que estaban a solas, algo que desde luego que deseaban pero que los llenaba de nervios ya que jamás lo habían hecho con nadie más, siempre en espera de esa persona con la que habrían de compartir la vida…y ahora se tenían el uno al otro.

-Hace calor aquí, ¿no?—pregunto Itachi para romper la tensión en el ambiente, sintiéndose como un tonto al no saber qué hacer para que ella se sintiera más cómoda, -¿Quieres cambiarte?—consulto ya que el bello ajuar de novia debía resultarle pesado luego de tantas horas llevándolo.

-No, primero tú—sonrió Izumi, nerviosa pero sin embargo más temerosa de que algo de su persona lo decepcionara cuando se quitase el ajuar de bodas y se pusiera el camisón.

-No, no, primero tú—negó el Uchiha, priorizando la comodidad de ella por encima de la propia.

-No, por favor, primero tú—permitió ella, mordiéndose el labio inferior para no reír ante lo divertida que se estaba tornando la situación.

-No, primero tú—sonrió él, contagiado por la encantadora sonrisa de Izumi.

-¿Qué tal si yo me cambio en el baño y tú en la sala?—propuso la pelicastaña ya que no tenía sentido alguno seguir con esa discusión por más tiempo.

-Perfecto—accedió el pelinegro, completamente de acuerdo ella.

¿Qué era con exactitud lo que estaba bien sentir en ese momento?, ¿Cómo saberlo? Sentían nervios desde luego, nervios ante la idea de fallar y decepcionar al otro por la inexperiencia con la que cargaban…en occidente era normal, e incluso entre los propios musulmanes que se distanciaban de las costumbres que tal vez el hombre eligiera romper con la castidad e involucrarse en secreto con una mujer para saber qué hacer en su primera noche con su esposa, pero este comportamiento era condenable para su religión, Itachi se sentía como un tonto en el ese momento al saber que hacer pero no sabiendo cómo dar el primer paso pero jamás habría deseado no compartir esta primera noche por Izumi. Por otro lado Izumi se sentía más ansiosa que nerviosa, gracias a varias novelas y capítulos grabados de un par de series que Sakura había traído desde Brasil—en Marruecos los cines y canales de televisión prohibían mostrar besos o algo mas—había conseguido perderle el poco miedo que había sentido ante el pensamiento de su primera ve, se había hecho a la idea de que sentiría un pequeño dolor y luego se sentiría bien…además era mejor que pensara así, eso evitaría que hiciera de esta primera noche un momento incómodo para Itachi y ella sino una noche que recordaran por el resto de sus vidas. Sobre el baúl tras la cama reposaban dos bolsos, uno color negro que pertenecía a Itachi y otro miel dorado que era de Izumi y que ambos tomaron antes de dirigirse hacia las dos puertas que se conectaban con la habitación nupcial en dos lados completamente opuestos de la habitación, más pronto se dieron cuenta de que habían tomado camino complemente distintos de lo previsto originalmente.

-Este es el baño—rió Itachi, volteando a ver a su esposa que hizo igual, alejándose de la puerta y dirigiéndose hacia la sala.

-Y esta es la sala—contesto ella, riendo nerviosamente, retrocediendo de la puerta y dirigiéndose hacia el baño.

Tan pronto como les fue posible, ambos ingresaron respectivamente en el baño y la sala, conteniendo el aliento sin saber que otro hacia lo mismo en la habitación contigua, sonriéndose ante su propio nerviosismo antes bufar y proceder a cambiarse para sentirse más cómodos…


Acomodándose ligeramente la camiseta ante el espejo y revolviendo su largo cabello ébano que había soltado de la coleta, Itachi enterró brevemente su rostro entre sus manos en una muda plegaria, orando por no cometer ningún error imperdonable esta noche, por no hacer nada que pudiera decepcionar a su esposa que hasta ahora había demostrado ser un verdadero sueño en la tierra para él…negando para sí ante tan negativa perspectiva de su parte, el Uchiha negó para sí, serenándose antes de abrir la puerta y retornar a la habitación, quedándose sin aliento; de pie junto a la cama, jugando con los pétalos de rosa que recubrían las sabanas se encontraba Izumi vistiendo un ligero camisón de encaje blanco, de escote corazón y sin mangas sino que tirantes, con la larga falda hasta los tobillos siendo materialmente transparente y su largo cabello castaño cayendo como una cascada tras su espalda. Sintiéndose observada, Izumi dejó caer de sus manos los pétalos de rosa con los que había estado jugando de forma inocente, volteando a ver a Itachi, sonriendo de inmediato, sabiendo que no tenía por qué tener miedo. El resto del ceremonial tradicional de la boda se llevó a cabo con tranquilidad, con Izumi sentándose sobre la cama e Itachi lavando sus pies con agua de rosas, ambos dedicándose mucho más observarse el uno al otro en todo momento más que en concentrarse en prestar atención al ceremonial, tan solo pronunciando plegarias mentales para que todo saliera bien esta noche y pudiera abrir los ojos a la mañana siguiente sabiendo que estaban junto a la persona correcta y que por el resto de sus vidas no habrían de hacer sino compartir una felicidad que se vería multiplicada desde esta noche.

Lo que sucedió después fue lo que ambos llevaban esperando durante tanto tiempo y que en ese momento simplemente no pudo ser más perfecto. Observando con veneración a la mujer sentada sobre la cama, arrodillado delante de ella para estar a la misma altura que ella, Itachi se quedó observando como el eterno enamorado de su belleza que era la profundidad de sus ojos negros, dichoso al ver que ella hacia igual sin romper el contacto de sus miradas hasta que la misma Izumi inclinase su rostro hacia el de él en un beso tímido, respetuoso, como si temiera cometer un error más nada de lo que ella hiciera podría resultar malo a ojos de Itachi que correspondió de inmediato, sonriendo contra los labios de ella que hizo igual. Apoyando sus manos sobre el colchón, Izumi se levantó de la cama en medio del beso que se encargó de no romper, suspirando con ardor al sentir los labios de Itachi succionando los suyos y encantando su lengua con la suya, ambos ignorando por completo la timidez y dejando paso a un fuego que pareció crecer dentro de ambos cuanto más participaban del beso. Siguiendo el ejemplo de no tener miedo, de sentirse segura consigo misma y con su cuerpo tal y como había leído en los libros de su prima que había leído hasta apenas ayer, Izumi rompió el beso, pegando su frente a la de Itachi, encogiéndose ligeramente de hombros y bajando los tirantes del camisón de seda que cayo desordenadamente a sus pies como un charco, exponiendo cada parte de ella a ojos de Itachi que lejos de quedarse observándola anonadado como quería hacer, decidió continuar con el beso, haciéndola sentir a gusto y deseada por cada una de sus acciones.

En cuanto Izumi envolvió sus brazos alrededor de su cuello, y ser ni muy brusco ni muy vehemente, Itachi la cargo en brazos sin romper el beso, situando sus brazos bajo las rodillas de ella que jadeo contra sus labios, mas no haciendo sino profundizar el beso al sentir los pétalos de rosa sobre la cama a su espalda en una serie de caricias que la hicieron estremecer…por un lado el sentir que evocaba en ella el continuo roce se sus labios con los labios de Itachi, el tacto de sus manos contra sus piernas, y ahora la sensación de los pétalos de rosa brindándole diminutas pero electrizantes caricias que le quitaban el aliento, Alah, no había quien aguantara eso, y solo estaba comenzando. El Uchiha no protesto cuando, en medio del beso, sintió las manos de Izumi deslizarse lentamente por su pecho hasta llegar al borde de la camiseta, como si le pidiera permiso en cada gesto, como si temiera cometer un error cuando era él quien prestaba atención hasta al más leve estremecimiento de su parte para corroborar que no estaba siendo demasiado brusco, rompiendo el beso para quitarse la camiseta el mismo así como los pantalones, volviendo a tumbarse sobre ella y reanudar ese beso que ninguno de los dos se atrevía a romper como si sus vidas dependieran de ese dulce roce al que se habían vuelto adictos, no viendo nada más que no fuera su amor. Acomodándose sobre la cama en medio del beso, gimiendo contra los labios de Itachi en medio de ese beso que se negaba a romper y en el cual se recordaba respirar para no sofocarse por el fuego que parecía quemar incluso su aliento, Izumi envolvió sus piernas alrededor de las caderas de él en una muda señal que él entendió de inmediato.

Apoyando uno de sus brazos sobre el colchón para no aplastarla ni incomodarla de ninguna forma y situando su mano libre sobre la cadera de ella, Itachi se negó a romper el beso al momento de entrar en ella en un solo intento sabiendo que así el dolor sería lo más breve posible, pegando su frente a la de Izumi a modo de disculpa, porque de ser posible le evitaría este dolor mas era algo que desgraciadamente no podía hacer. Dolía, si, Izumi no iba a negarlo, pero no era un dolor que sintiera que no pudiera soportar, se sentía como el piquete de un estilete en la palma de la mano y que generaba un ardor extraño en su interior, un ardor que de inmediato la hizo desear más contacto, deseaba que Itachi se moviera porque sentía que solo de ese modo podría deshacerse de la incomodidad. En cuanto Itachi sintió a Izumi arquear la espalda, en cuanto la sintió envolver con aun más seguridad sus piernas alrededor suyo, Itachi rompió el beso para encontrar su mirada con la de ella solo para estar seguro, retirándose muy lentamente para luego volver a entrar, sintiendo como si el mundo se detuviera en cuanto escucho un dulce gemido abandonar los labios de ella, lo que de inmediato los hizo sonreír a ambos al encontrar sus miradas antes de reformar el beso, con Izumi aferrando sus manos a los hombros y espalda de él y con Itachi envolviendo sus brazos alrededor de ella, trazando líneas inentendibles sobre la piel de ella, intentando grabar cada gesto suyo en su mente; la sedosidad de su piel, el calor que le prodigaba, la seguridad que le hacía sentir…sentía que solo tenía un lugar a donde ir y una única persona a la que le importaba en el mundo, a ella, a Izumi, a su Izumi.

Ignorando el que estaba bien o mal y concentrándose tan solo en el placer que estaban compartiendo y que en ese momento venció todo lo demás, Izumi no hizo más que arquearse una y otra vez al sentir a Itachi retirarse una y otra, y otra vez en un vaivén al que simplemente se entregó a corresponder, recorriendo con sus manos la espalda de él, deleitándose ante la sensación del continuo roce entre sus cuerpos, de la seguridad que le transmitían sus músculos, su ternura hacia ella, la pasión que aviaba el sudor que cubría las pieles de ambos, sus pechos aplastándose contra el torso de él, sus lenguas en una continua lucha, no por dominarse entre sí sino que por fusionarse…todo lo que sentían era el calor de la piel del otro contra la suya y un placer incomparable llenándolos por completo, todo lo que sentían era el aroma de las rosas rodeándolos a ambos.


La mañana encontró a Izumi tumbada relajadamente sobre la cama e iluminada por la cálida luz del sol que entraba por el ventana tras la cama y que era atenuada por el cortinaje de encaje. Feliz como nunca antes se hubiera sentido en su vida hasta ese momento, la bella pelicastaña se dedico a jugar con las sabanas que se encontraban arremolinadas alrededor suyo, disfrutando de tener la cama para sí sola desde que Itachi se había levantado hace menos de cinco minutos, disfrutando de sentirse como una niña en ese momento al revivir en su mente todos los eventos que habían tenido lugar; los besos, las caricias la pasión, la entrega total…intentando no reír ante la vergüenza que sentía pese a estar sola en la habitación, como si alguien pudiera aparecer y condenarla por tener esos pensamientos así como por sentir deseo hacia su marido, Izumi se envolvió con las sabanas como si se tratara de un ovillo ante la divertida mirada de Itachi que la observo desde el umbral del baño, deseando reír ante lo divertido que era verla comportarse como una niña a la para que enternecido, pero no podía reír porque se encontraba fascinado por todo lo que ella era, enamorado perdidamente de cada aspecto de ella, desde su dulce personalidad hasta la incondicionalidad de su amor…se prometía de todo corazón proteger a esa mujer del mundo entero si hacía falta, porque era lo más inocente e incorruptible en su mundo y deseaba que siguiera siendo así. Interrumpiendo de forma inconsciente—o consciente, dependiendo el caso—en la calma reinante en la habitación es que repentinamente llamaron a la puerta con vehemencia haciendo que ambos se observaran con nerviosismo entre sí.

-¡Abran!—grito Emi del otro lado de la puerta, con una urgencia tal que parecía como si el mundo se fuera acabar.

-¡Ya voy, esperen!— contesto Itachi, ayudando, no sabiendo que hacer con exactitud; si abrir la puerta o esperar a que su esposa estuviera presentable.

A toda prisa, Itachi tomo el camisón de su esposa del suelo, ayudándola a vestirse entre risas al saber que quienes mostraban tanta urgencia en entrar en la habitación no era sino sus propios familiares y que probablemente no fueran conscientes de lo poco presentables que se encontraban o que bien pretendían entrar de todas formas, invadiendo su privacidad. Tranquilizando con la mirada a Itachi que se mostraba tan nervioso como ella, Izumi le indico que abriera la puerta mientras ella torpemente se levantaba de la cama acomodándose las mangas del camisón así como el cabello para no deslucir, con su esposo observándola de pie junto a la puerta, esperando a que ella estuviera presentable antes de abrir. En cuanto la puerta se abrió ingresaron dos criadas trayendo una serie de platillos cubiertos sobre una bandeja para que la joven pareja pudiera desayunar a gusto luego de que no hubieran probado bocado alguno luego de la fiesta de bodas, y tras ellas ingresaron el resto de los integrantes de las familias, primero la familia del novio: Emi, desde luego, acompañada por sus tíos Homura, Teyaki e Inabi, y al mismo tiempo la familia de la novia: el señor Hiruzen junto a Biwako que era una madre para Izumi, y Sakura que se sintió fuera de lugar, ingresando en esa habitación en un momento tan íntimo para su prima y para Itachi, pero ambas familias parecían haber llegado a un acuerdo de que darles toda la noche para conocerse en profundidad y disfrutar de su noche de bodas era tiempo suficiente para entrometerse en sus vidas a primera hora de la mañana, apenas y dándoles tiempo a Itachi e Izumi de respirar siquiera para proceder a abordarlos con abrazos y felicitaciones…nada de eso ocurriría en occidente, o por lo menos no de ese modo.

-Buenos días para los novios—felicito Hiruzen abrazando a Itachi, dándole oficialmente la bienvenida a su familia así como la familia de él ya había aceptado a Izumi.

-Que Alah este con ustedes—deseo Homura a la joven pareja, confiando en que todo había resultado exitoso y que el matrimonio estaba consumado.

-Muy bien, quiero ver la prueba—apremio Emi, menos entusiasta hasta estar completamente segura de que esa muchacha era digna de pertenecer a su familia.

Conteniendo de entornar los ojos como deseaba hacer en ese momento ante las exigencias de doña Emi a quien a partir de ahora habría de soportar como cuñada ya fuera que lo quisiera o no, Izumi les indico a las mujeres que la siguieran desdoblando las sabanas de la cama para exponer la mancha de sangre que impedía que aquellos lienzos blancos fueran impolutos y que resulto prueba suficiente para Emi que sonrió y asintió en respuesta; el matrimonio era tan honroso como cualquiera podría desear, motivo suficiente para llenar de alegría los corazones de todos y para seguir celebrando.


Rio de Janeiro, Brasil

En cuanto las celebraciones de la boda pasaron, inmediatamente Itachi e Izumi hicieron el equipaje y viajaron a Rio de Janeiro donde habrían de comenzar su nueva vida. Regresar a Brasil luego de más de una década sin pisar occidente había resultado todo un reto para Izumi que ahora apenas y reconocía el país donde había nacido y pasado su temprana infancia, llevaba años en Marruecos, casi había olvidado por completo que más allá del imponente desierto y la opresión del velo y las costumbres existía un mundo completamente diferente, un mundo donde hombres y mujeres hablaban con libertad entre sí, donde las mujeres exponían su figura a ojos de todos para seducir a los hombres con una inocencia que en Marruecos no existiría…esta era una tierra de libertades impensables para el Islam, una tierra de pecado e idolatría para quienes se consideraban pertenecientes a la verdadera fe pero que respetaban toda forma de vida. Luego de bajar el equipaje del taxi que los había dejado en la puerta de su nuevo hogar, Izumi mantuvo los ojos cerrados en todo momento tal y como Itachi le había pedido que hiciera, cubriéndose los ojos con las manos, escuchando la puerta cerrarse tras de sí, chillando de emoción al no saber qué escenario vería hasta que Itachi sostuvo sus manos y la aparto de sus ojos, dejándola anonada ante la elegante sala que ella recorrió con sus ojos negros; las paredes era de un tono marfil que de inmediato le recordó a su hogar pero las paredes estaban desprovistas de cuadros o fotografías, un lienzo en blanco para ser decorado, con divanes, alfombras, almohadones, sofás y demás adornando la sala…era mejor que la casa que ella había imaginado tener, era perfecta.

-Esta es tu casa—obvio Itachi sin apartar sus ojos de los de ella, esperando que todo fuera de su agrado.

-Es como la soñaba, mejor que eso, es perfecta—sonrió Izumi, absolutamente feliz, imposibilitada de sentirse insatisfecha o disconforme con algo porque todo era perfecto.

Volteando a ver a Itachi que asintió de inmediato, casi pidiéndole permiso para recorrer el espacio ante sus ojos y sentirse a gusto en su nuevo hogar, Izumi de inmediato se dirigió al umbral de la primera puerta que llamo su atención, suspirando y cubriéndose los labios para no chillar como una niña desesperada al darse cuenta de que esa era su habitación, desabrochándose el velo y quitándoselo, como si así pudiera respirar mejor, ya no sabiendo que hacer ni cómo reaccionar. Las paredes eran de un azul precioso, ni muy oscuro ni demasiado claro, transmitiéndole una serenidad inmediata tal y como sucedía con la presencia de Itachi, una enorme cama de dosel sobre la que se tumbo de inmediato, deseando dormirse cuanto antes ante la suavidad del colchón bajo su cuerpo, irguiéndose para recorrer el resto de la habitación con su mirada; un bello tocador color marfil, solo para ella, atiborrado con perfumes y todo lo que podía desear así como unas serie de velos ya esperando para que los usara, un televisor, un armario lo bastante grande para Itachi y para ella, dos estantes repletos de libros, archivadores y carpetas se encontraban junto a la puerta junto a un escritorio, lo que de inmediato le hizo sabe que esa habitación no era solo suya sino de ambos, que Itachi y ella seguirían compartiéndolo todo a diferencia de otros matrimonios donde las parejas elegían tener habitaciones separadas, y no podía estar más feliz por esa decisión. Irrumpiendo favorablemente en sus pensamientos, Itachi ingreso en la habitación trayendo el equipaje, sonriendo de inmediato al ver a su esposa tan feliz, sonriendo como una niña, llena de felicidad y así quería verla siempre.

-Mi casa…- rió Izumi, apenas y pudiendo creer que realmente estuviera viviendo eso, que realmente estuviera casada con él…Alah, parecía un hermoso sueño hecho realidad.

-Va a quedar aún más bonita—aseguro Itachi, cediéndole el mando de la casa al instante, —nunca te faltara nada, tendrás todo lo que quieras—prometió ya que a partir de hoy y con libertad ella podía hacer y deshacer las cosas como quisiera.

-Quiero llenar esta casa de hijos, Itachi—manifestó ella sin ningún titubeo ya que su felicidad solo sería verdaderamente plena en cuanto formaran su propia familia. —Fui muy bendecida—realmente era muy dichosa al ser su esposa, no podría ser feliz con absolutamente nadie más, estaba segura de eso.

-No, yo fui bendecido—negó él, sentándose a su lado y viéndola a ella como lo que era en su vida; la razón de su felicidad, la dueña de su corazón y su mayor alegría.

Aprovechando la cercanía entre ambos, Izumi alzo una de sus manos para acuñar el rostro de Itachi, inclinando su rostro hacia el de él para unir sus labios, recostándose sobre la cama y arrastrando a Itachi consigo, sin romper el beso. Estaban casados, eso quería decir que todo estaba permitido, y lo mejor de todo es que estaban en su casa, con sus vidas convertidas en una sola ahora que estaban casados…entonces debían estrenar su casa, ¿no?


Regresar a Marruecos era algo que Sasuke había deseado hacer desde el primer momento en que se había marchado a El Cairo, pero ahora no tenía forma de sentirse dichoso por ello, protegiendo su frágil vista con un par de lentes de sol, negando para sí e intentando no perder la paciencia, masajeándose las sienes a la par que continuaba caminando, volteando de vez en vez para vigilar a las mujeres que lo seguían en silencio y sin protestar cargando con sus equipajes. ¿Cómo me metí en esto? Se preguntó el Uchiha, ya perdiendo la cuenta de cuantas veces se había hecho esa pregunta hasta ahora, resignándose a seguir con su camino hacia el hogar del señor Hiruzen…se había perdido de la boda de su hermano ¿para eso? Desearía no haber emprendido ese bendito viaje al Cairo porque había demostrado ser un problema en lugar de una bendición. Por su parte y en silencio, con sus pensamientos llevándolas hacia donde sea que estuviera Sasuke en ese momento, Sakura fue la primera en advertir que alguien había llegado a la casa de su tío al encontrarse con los brazos apoyados contra el balcón de la escalera desde podía verlo todo, esbozando una inmediata sonrisa al ver que se trataba de Sasuke…más su alegría se transformó en absoluta confusión al ver el elevado número de mujeres que lo acompañaban y que iban desde muchachitas hasta ancianas. En ese momento el señor Hiruzen apareció para recibir al Uchiha junto a Biwako luego de que su sirviente Tokuma le informara de su llegada, observando con sorpresa y desconcierto a todas esas mujeres y luego a Sasuke que mantenía una permanente expresión de disgusto y cólera.

-Pero, ¿qué es esto?—pregunto el Sarutobi, desconcertado al ver que había regresado con semejante compañía.

-La herencia del tío Madara—contesto el Uchiha simplemente y con estoicismo, manteniendo a raya su cólera lo mejor posible.

-¿La herencia?, ¿La herencia era un harem?—cuestiono Hiruzen, incrédulo mientras observaba al grupo de mujeres, no sabiendo si sentir envidia o lastima.

-Quince mujeres—afirmo él, aunque más que quince mujeres él las veía como quince bocas que alimentar y mantener de su propio bolsillo.

-Tu tío era rico, hoy en día solo un rey puede tener quince mujeres en un harem—celebro ya que solo un hombre con una venturosa situación económica podía tener cuatro esposas, y para tener quince mujeres se debía ser millonario cuando menos.

-Quince mujeres y un negocio quebrado, lleno de deudas—especifico Sasuke, no viendo semejante herencia como una bendición sino más bien todo lo contrario.

-Ven, hijo, hablemos—contesto él envolviendo su brazo alrededor de los hombros de su futuro sobrino, guiándolo a su despacho.

Suerte, destino…podía llamarse como fuera, pero en ese momento todo lo que logro serenar el agitado ánimo del Uchiha fue el preciso momento en que inconscientemente alzo la mirada hacia lo alto de la escalera, en el segundo piso, y donde se encontraba Sakura, con sus brazos apoyados contra el balcón y que le dedico una luminosa sonrisa que alejo todas sus preocupaciones, deseo permanecer ahí en medio de la entrada y contemplando su belleza, la inocencia en sus hermosos ojos esmeralda, mas en ese momento todo lo que pudo hacer fue dejarse guiar por el señor Hiruzen hacia su despacho, por el momento mas concentrado en solucionar el predicamento en que se encontraba. Tan pronto como le fue posible y en cuanto estuvo segura de que su tío y Sasuke se encontraban en el despacho, Sakura bajo tan aprisa como pudo la escalera, apoyándose en el barandal, agradeciendo que la falda del vestido que estaba usando le llegara cinco centímetros bajo la rodilla para no incomodarle al caminar, situándose lo más pronto posible junto a Biwako que observaba a las mujeres delante de ella con lastima y sorpresa entremezcladas, desviando el rostro hacia Sakura…había oído y leído de la historia de su tierra, de lo que era un harem, pero jamás había pensado que vería uno con sus propios ojos, ¿Qué clase de hombre había sido el nombrado tío Madara? Según relataba el Corán solo un hombre había tenido tantas mujeres, el profeta Hagoromo que había tenido dieciséis en total, ¿Qué haría Sasuke para salir de este problema? Cualquiera se sumiría en la bancarrota por tener que cuidar y alimentar a esas quince mujeres.

-A doña Emi le va a dar un ataque—menciono Biwako luego de tan extraño silencio, no cabiendo en sí de la sorpresa así como de la incredulidad.

Todo lo que Sakura pudo hacer fue asentir de pie a su lado, porque sería raro que doña Emi no armara todo un escándalo al saber que la herencia no era lo que todos habían creído, eso y que en lugar de ser millonaria ahora probablemente estuviera en la bancarrota por tener que destinar sus bienes a velar por esas mujeres, ¿Cómo saldrían de ese embrollo?


Con sigilo para no ser importunada por nadie en su camino, Sakura se detuvo ante la puerta del despacho de su tío, agradeciendo que como siempre la puerta no estuviera completamente cerrada, su tío tenía la costumbre de mantenerla así todo el tiempo en caso de que alguien necesitara entrar y decirle algo, sumado a que estaba en su propia casa y no tenía por qué tener secretos con nadie como el jefe de la familia. Volteando a ver por encima de su hombre que nadie la estuviera observando o hubiera seguido, estando su propia casa, Sakura se ocultó a medias tras la puerta que se encontraba lo suficientemente entreabierta para permitirle ver con claridad lo que sucedía en el interior del despacho, guardando sepulcral silencio para escuchar la conversación que tenía lugar así como para poder observar a Sasuke luego de casi dos semanas que se le habían hecho eternas. Dentro de la habitación Hiruzen escuchaba con suma atención lo que el Uchiha le estaba relatando que había sucedido desde su llega a El Cairo para recibir la herencia tal y como se había especificado en la carta. Era vergonzoso para Sasuke decirlo pero era la verdad; la noche antes de partir a El Cairo había dormido creyéndose millonario y la noche antes de regresar a Marruecos había dormido sintiéndose miserable porque si ahora no caía en la bancarrota perdiendo todo lo que tenía e incluso más para mantener a esas mujeres, ¿Cómo casarse ahora? Quería darle a Sakura la vida de una reina, de una Sultana, que no tuviera que pensar en nada porque él la cubriría de oro, ¿Cómo hacerlo ahora? Sería el hazmerreír de todo el mundo y lo peor de todo es que sería indigno de Sakura.

-La casa que era un palacio se quedó para un primo, los negocios que son una mina de oro; para otro, y para mí; ellas—concluyo su relato el Uchiha, en cierto modo sintiéndose mejor al contarle todo a alguien que no fuera su familia. —¿Qué hago con ellas? No quería traerlas pero me obligaron—de ser posible habría huido de esa responsabilidad pero esa sería una vergüenza imperdonable para su apellido y su familia.

-Heredaste a las mujeres, ¿y no querías traerlas?—cuestiono Hiruzen, divertido y contrariado ante la actitud del joven sentado a su lado. —Sería un gran pecado, Sasuke, tienes un compromiso sagrado con esas mujeres—reprendió como buen musulmán, sabiendo que un hombre debía cumplir con todas las obligaciones.

-¿Yo?—repitió él, no sabiendo que responsabilidad o deber podía tener con esas mujeres a quienes no conocía en lo absoluto.

-¿Cómo van a vivir?—pregunto el Sarutobi al aire con sencillez. —No tienen casa, no tienen familia, ni salario, no tienen nada—recordó ya que pocas mujeres musulmanas lograban obtener una educación completa con el beneplácito del hombre que las tuviera bajo su cuidado. —Tu tío era responsable por ellas y te pasó esa responsabilidad a ti—herencia deseada o no pero era una herencia y Sasuke debía hacerse cargo de aquella responsabilidad, era su deber como hombre.

-¿Y ahora yo tengo que mantener a quince mujeres?—inquirió el pelinegro con sarcasmo ya que no quería tener nada que ver con esas mujeres, por lo menos no de buena gana.

-¿Qué querías?, ¿tirar quince mujeres a mitad de la calle?—pregunto Hiruzen, apelando a la moral del joven hombre como fuerte para recordarle sus obligaciones.

-Pero tío, estoy lleno de deudas—recordó Sasuke, angustiado ante la posibilidad de no casarse con Sakura por causa de esta dichosa "herencia", —la tienda en Rio de Janeiro, no he acabado la remodelación, la mercancía que no he terminado de pagar, los pasajes, los gastos, Emi, Itachi, mi boda con Sakura…— enumero ante la comprensiva mirada del señor Hiruzen que lo escucho pacientemente, como si fuera su padre.

Fuera del despacho, Sakura se mordió el labio inferior para contener un suspiro de preocupación que a nada estuvo de abandonar sus labios, prestando total atención a las palabras de Sasuke pero teniendo el corazón oprimido, ¿Qué era lo que Alah tenía en mente para ella para poner este obstáculo en su camino? Ahora que por fin volvía a tener esperanzas, ahora que volvía a creer en el amor, ¿Cuál sería su destino si no podía casarse con Sasuke? No, Alah mediante este predicamento sería algo transitorio y que pronto podrían dejar en el olvido.


Mientras Sakura intentaba averiguar qué sucedería con su futuro y si podría casarse con Sasuke, Biwako recorrió las calles de la medina hacia el hogar de la familia Uchiha para contarle a doña Emi que Sasuke había regresado de El Cairo y que había traído consigo la herencia del susodicho tío Madara, su podía llamarse herencia al harem de mujeres que tenía la obligación de cuidar y mantener. A solas en la sala de su casa, teniendo la basta mansión que era el hogar que su padre les había legado para ella sola ante la ausencia de sus hermanos, Emi analizo la larga serie de objetos de donde tenía para escoger; perfumes, lienzos, sedas, oro, joyas de todo tipo, ahora que se había esparcido la noticia de que el adinerado pariente que tenían en El Cairo había muerto legándoles una herencia, los comerciantes más reconocidos de todo Marruecos le enviaban una larga lista del catálogo de muestras de donde escoger como si fuera una Sultana a la que todos querían rendir honores y tributos…Alah mediante lograría encontrar un esposo pronto, pero no quería casarse a la primera, no, primero quería dejarlos esperando a todos, suspirando por ella antes de emprender un viaje para recorrer Europa como había hecho su padre en su juventud, conocer el mundo y luego de eso regresar a Marruecos y casarse, teniendo la oportunidad de elegir entre la lista de pretendientes que sin duda la estarían esperando en la puerta. En medio de su selección de presentes es que escucho que llamaban desesperadamente a la puerta, suspirando soñadoramente al apartar la mirada del festín para los ojos que tenía delante, dirigiéndose con tranquilidad hacia la puerta.

-Ya voy—contesto Emi ante tan incesante golpeteo contra la puerta que abrió encontrándose con la leal amiga y mano derecha del señor Sarutobi. —Biwako, entra—invito de inmediato, inmensamente feliz como si pudiera matar dos pájaros de un tiro. —Mira todo lo que trajeron los comerciantes para mí, para que yo escogiera lo más bonito, ahora que somos ricos todos quieren vendernos algo—sujeto la mano de ella, guiándola hacia el interior de la sala sobre cuyos divanes tenia desplegados lienzos, oro y joyas para ver de dónde escoger.

-Doña Emi, Sasuke regreso—comunico Biwako, sondeando el ambiente en busca del momento propicio de decirle la verdad.

-Tan pronto— celebro la pelinegra, serena en todo momento ante la plenitud que sentía, —¿y trajo la herencia?— pregunto ya que solo entonces su felicidad seria total.

-Sí, eso creo— contesto ella con la mirada baja, no sabiendo cómo expresarse para no herirla.

-Qué bueno— sonrió la Uchiha, concentrando toda su atención en las joyas, perfumes y lienzos de entre los que debía escoger…era tan difícil, lo quería todo.

¿Cómo matar la ilusión? Independiente de si Biwako consideraba o no a doña Emi una víbora de cascabel como ya había demostrado ser, llevando tempestad a donde sea que fuera, en ese momento no se sentía capaz de destrozar la felicidad que esa pobre mujer había sentido, ilusionándose desde el primer momento en que había tenido conocimiento de la dichosa herencia como haría cualquier mujer de estar en su lugar porque en la sociedad musulmana existían tres caminos a través de los que una mujer podía casarse; por lo virtuosa que era y era lo más codiciado por todo hombre, por lo adinerada que fuera o por lo hermosa que pudiera ser y este último camino era el que pocos buscaban ya que representaba lujuria, un pecado muy grande, pero cualquiera de los tres caminos servían para no morir seca que era una suerte que ninguna mujer quería tener. Como una mujer que había dedicado su vida entera a criar a sus hermanos, educándolos y volviéndolos hombres de bien, ahora que tenía casi treinta años y mantendría su juventud y belleza por solos unos años más Emi deseaba casarse desesperadamente, con un hombre digno, religioso, noble, reconocido y adinerado, guapo, y hasta ahora solo existía un hombre que ella conocía que cumplía con todos esos requerimientos; el señor Hiruzen, no le disgustaría ser su cuarta esposa si hacía falta pero quería casarse con ese hombre y casualmente en ese momento tenía a Biwako delante, a su mano derecha, a la mujer que podría hablar en su nombre para convencerlo, ¿Por qué no aprovechar la ocasión y pedir su ayuda? Ahora que era millonaria, rica, podía ser todo lo que un hombre quisiera y más, nadie podría rehusarse.

-Doña Emi, debería…— intento hablar Biwako, pensando en alguna forma de no ser hiriente al decir la verdad, pero no había una forma.

-Mira este conjunto, Biwako, son un espectáculo—interrumpió Emi, no logrando prestarle atención, tendiéndole uno de los estuches de joyas, no sabiendo de donde escoger, ¿y porque debía hacerlo? No quería una cosa, lo quería todo. —Me encanta el dinero, me encanta el oro—confeso sin reparo alguno, feliz como nunca se había sentido.

-Doña Emi…- llamo ella, intentando en vano ser escuchada por la alegre mujer.

-Biwako, tú me tienes que ayudar con el señor Hiruzen—rogó la Uchiha, sosteniéndole las manos y observándola con ojos de cachorrito, dependiendo de su ayuda, —tienes que decirle que soy bonita, bien educada, que tengo modales refinados, si logro casarme con él te prometo que te recompensare con todo el oro que quieras—si lograba ser la cuarta esposa y con lo millonaria que ahora era, le daría su peso en oro. —Te regalo esto—garantizo su promesa, tendiéndole uno de los collares de oro, generosa en su alarde.

-Doña Emi, no puede…- protesto, no teniendo ni la más remota idea de que hacer para que ella entrara en razón.

-Puedo, Biwako, puedo hacer lo que quiera—negó la pelinegra quien solo sentía necesitar el título de Sultana para tener el mundo a sus pies.

-¡La herencia era un harem!—soltó Biwako de golpe, sabiendo que esperar e irse por las ramas no serviría de nada si ella no quería escucharla.

-¿Qué?—Emi no creía lo que oía, no, tenía que ser una mala broma, solo podía ser eso.

-La herencia son quince mujeres que Sasuke tiene que mantener, hay de todo, desde ancianas a muchachas—especifico ella, más tranquila con su consciencia al poder decirle todo.

Indignada, horrorizada ante aquellas palabras, Emi chillo de disgusto, dejándose caer al suelo, debatiéndose entre la consciencia y el desmayo ante la pobre de Biwako que intento hacerla reaccionar lo mejor posible…Alah, que suerte tan triste la mía, sollozo Emi internamente, deseando morir en ese preciso momento, ¿Cómo casarse ahora? Qué vergüenza, por Alah, su vida estaba absolutamente arruinada, su vida y la de su hermano menor.


Volviendo su rostro hacia el otro extremo del pasillo para asegurarse de que en efecto nadie apareciera para interrumpirla o delatarla por estar espiando la conversación de dos hombres, uno de ellos su propio tío y el otro un hombre con el que aún no estaba casada, algo por lo que podrían acusarla de conspirar pero de todas formas Sakura continuo escuchando en silencio el debate que tenía lugar dentro del despacho de su tío, observando con lastima y preocupación a Sasuke…tenía un privilegio insuperable, estaba viendo su actitud en su peor momento, podía ver su ira, su frustración, su preocupación y su angustia mientras se paseaba en círculos como león enjaulado delante de su tío Hiruzen que permanecía sentado delante de su escritorio, él tenía razones de sobra para pensar que no podrían casarse aunque de ser posible ella le daría el sí de inmediato sin importar que no tuviera fortuna, porque él se había ganado un lugar en su corazón con solo aparecer, con solo encontrar su mirada con la suya, ¿es que no sería posible el enlace? Ella quería casarse y Sasuke también, eso era lo importante, ¿Qué más se requería? Por otro lado y ligeramente divertido ante la angustia del joven delante de él, Hiruzen veía ironía en la escena que sucedía delante de sus ojos, porque Sasuke veía un problema donde él veía una solución, todo problema era una invitación a una solución pero como todo hombre joven Sasuke creía que lo que estaba sucediendo ahora era su ruina, su mayor desdicha cuando bien podía ser lo contrario si él solo le diera la oportunidad, o así es como el Sarutobi veía la situación, y esperaba lograr hacerlo entrar en razón.

-Sasuke…— llamo él, intentando lograr que sosegara sus preocupaciones.

-Voy a ser sacrificado como un carnero— se lamentó el Uchiha, incapaz de ver más allá de su actual desgracia, —y lo peor es que ni conocía al tío Madara ni me acosté con esas mujeres— no, de ser ese el caso no se estaría quejando ni lamentando por la carga que debía llevar.

-No conociste al tío, pero si te hubiera dado el palacio no estarías llorando—obvio Hiruzen evidenciando el por qué se sentía divertido con la situación mas no logrando contagiar su buen ánimo al Uchiha.

-Tío, ¿Cómo puedo casarme así?—cuestiono Sasuke, no se lamentaría si solo tuviera que mantener a esas mujeres y tenía como, pero el problema es que si hacia eso no podría casarse, no tenía el dinero suficiente para ambas cosas. —No podré mantener a mí esposa, menos a una familia— realmente deseaba casarse con Sakura más que nada en el mundo y no se perdonaría dejarla esperando por más tiempo, eso sería imperdonable para su orgullo y la dignidad de ella. —El destino me caso con las deudas del tío Madara- concluyo, negando con desdicha para sí.

-Sasuke, piensa en el presente, no en el futuro— aconsejo el Sarutobi calmadamente, indicándole al joven delante de él que se sentara, algo a lo que Sasuke no se negó, ya no sabiendo que hacer para salir de aquel predicamento, —estas imaginando un sufrimiento que no llega aun, en el presente esta la solución, porque la hay— tranquilizo más que dispuesto a brindar su ayuda en esta situación.

-¿La hay?— repitió él a modo de pregunta ya que hasta el momento se sentía completamente desamparado.

-Heredaste a esas mujeres pero no tienes por qué cargar con ellas— inicio Hiruzen confundiendo al Uchiha que frunció el ceño, no entendiendo que quería decirle. —Vamos a darles un destino a esas mujeres— propuso con entusiasmo, transmitiéndole esperanza al joven a su lado. —A las jóvenes les das la libertad y consigues marido para ellas, a las mayores les consigues empleo y a las más viejas y enfermas…tendrás que mantenerlas, pero son pocas—si no calculaba mal las ancianas del harem eran cuando mucho dos o tres, no más, y era justo hacer eso, así el Uchiha no desentendería sus obligaciones de ninguna forma y se vería beneficiado con el dinero de las dotes que recibiera de las mujeres que habrían de casarse.

-Tío, eres hábil, un genio—celebro Sasuke, admirando sinceramente su ingenio al encontrar tan hábil e insuperable solución.

-En la vida todo nace pequeño, después crece—menciono él, no deseando llevarse el mérito por algo que Alah había escrito que sucediera así, -solo la desgracia nace enorme y después disminuye— Alah había dado la inteligencia a la humanidad para usarla con sabiduría y eso es lo que él haría por Sasuke y por Sakura.

Mucho más tranquilo ante la explicación de quien pronto seria su tío, Sasuke sonrió ladinamente, recibiendo un amistoso golpe en el hombro de parte del señor Hiruzen que rió al ver desaparecer la preocupación y angustia de la faz de aquel joven a quien ya consideraba parte de su familia al igual a su hermano Itachi. Del otro lado de la puerta y con una radiante sonrisa Sakura alzo la vista al cielo, agradeciendo a Alah por zanjar cada abismo y obstáculo, tranquilizando sus temores; se casaría con Sasuke, era un hecho, estaba escrito en su destino que uniera su vida a la de ese hombre, estaba totalmente segura.


PD: Saludos, mis amores :3 les confieso que habría actualizado ayer a eso de las tres de la mañana pero tenia una jaqueca espantosa y no pude terminar el capitulo hasta ahora, por lo que pido su perdón de todo corazón :3 La próxima semana actualizare el fic "Operacion Valkiria" y comenzare a escribir una nueva historia fuera del universo de Naruto, por lo que manténganse atentos en caso de que lo que tengo en mente sea de su interés :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi queridisima amiga y lectora DULCECITO311 (esperando que el capitulo sea de su agrado y prometiendo actualizar el resto de mis historias), a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Tio Abdul como Homura Mitokado

Curiosidades y Diferencias:

Matrimonio y Sexo: Contrarios a como ocurre en occidente donde hasta hoy el placer antes que el fin de concebir un hijo es visto como un pecado, los musulmanes sostienen la firme creencia de que no puede existir fruto de una relación—un hijo o hija—si no hay placer para ambos integrantes de la pareja, ¿Qué quiere decir esto? Que tanto el hombre debe sentir placer como la mujer y que solo a través de la satisfacción mutua pueden acercarse a la felicidad y al cielo, como dicta el Corán y el profeta Mahoma. Además en el matrimonio todo esta permitido si del sexo se refiere salvo el sexo anal o la homosexualidad. Lejos de la cultura restrictiva y machista que muchas veces se nos ha presentado así como un mundo cerrado y terrorista, el islam es una de las religiones con mas adeptos en el mundo después del cristianismo y contrario a este ultimo el islam no obliga a nadie a abrazar su fe por obligación ni tortura como ya hizo en el pasado la inquisición católica, los musulmanes sostienen que quien no abre su corazón a Alah voluntariamente no tiene porque vivir como un musulmán. Con respecto a la prueba de sangre, en la actualidad se sigue sosteniendo en algunas zona de medio oriente que la sabana de la noche de bodas se muestre a los familiares y cercanos para dar testimonio de que la novia es virgen y solo se elude la costumbre si el representante de la novia—puede ser su padre, su tío u otro pariente—asegura que es completamente virgen al momento de casarse.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3