Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír la canción "Lying Down" de Celine Dion, que descubrí recientemente pero que encaja perfecto con las emociones del capitulo.
Negociar para ayudar a Sasuke a liberarse de la dichosa herencia del tío Madara no había sido algo precisamente fácil, claro que en el caso de las mujeres jóvenes pertenecientes al harem que por su belleza habían encontrado esposo casi de inmediato gracias a la ayuda de Emi y Biwako que habían utilizado los contactos que tenían entre algunas de las familias de Marruecos, claro que por no ser vírgenes esas jóvenes serian segundas o terceras esposas pero tendrían un buen futuro dentro de todo, Hiruzen incluso había brindado su ayuda diplomática para hacer que algunas de las mujeres encontraran acuerdos matrimoniales en las caravanas de los beduinos, y luego había encontrado trabajo para las mujeres ya mayores en diferentes cafés o puestos de comerciantes a lo largo de toda la medina, ninguna de esas mujeres tenía una instrucción o educación completa por lo que conseguir trabajo de ayuda en la cocina o asistiendo alguno hogar era lo mejor que podían lograr, con respecto a las mujeres ya ancianas, esas debían ser mantenidas pero solo eran dos, nada de qué preocuparse. Por ahora solo restaban tres jóvenes mujeres a las que no habían podido encontrarles esposos ni trabajo, por lo que casi libres de preocupaciones es que todos los implicados en el asunto de la herencia se encontraban reunidos en la sala del hogar de la familia Uchiha; Sasuke, Homura y Emi, todos escuchando atentamente el relato del señor Hiruzen que había tenido una conversación bastante particular con los beduinos para lograr que accedieran a aceptar a algunas de las mujeres pertenecientes al harem como esposas, no porque se opusieran sino porque su forma de hablar era…algo diferente, y las negociaciones que sostenían bastante complejas.
-Fue una negociación complicada que tenían que ver, por poco en vez de devolver las cuatro mujeres, acababa saliendo de ahí con cuatro más— rió Hiruzen, satisfecho de las negociaciones así como divertido de lo compleja que había sido la situación. —Tuve que tomar un barril de te antes de llegar a un acuerdo, pero como digo, el secreto de la solución es la paciencia— el tiempo que llevaba vivo le había enseñado una o dos cosas sobre la paciencia, enseñanzas que nunca cesaba de poner en practica al encontrar en dificultades.
-El señor Hiruzen tiene el don de la palabra— elogio Emi, prendada de su inteligencia y su habilidad para negociar, —la lengua es la mitad del hombre, es la llave que abre todas las puertas, y usted tiene la llave— nunca era un mal momento para halagar a un hombre a fin de conseguir un matrimonio, ¿cierto?
-Bueno…como estaba diciendo— el Sarutobi se aclaró ligeramente la garganta para no parecer tan incómodo de cómo se encontraba, —con las mujeres que les conseguimos empleo más las otras a las que les conseguimos maridos, solo restan tres, yo me quedo con una y tú con dos para que se ocupen de tu casa— sugirió ya que siempre se apreciaba algo de ayuda para mantener en orden su casa, Biwako no siempre podía ocuparse de todo ella sola ni él quería que lo hiciera.
-Es justo— acepto Sasuke ya que cuando se casara con Sakura quería que ella fuera la Sultana de su propio palacio y para ello quería que tuviera todo cuanto podría desear.
-Yo puedo llevar una para Itachi en Brasil, voy para allá porque ellos me necesitan— esa no era una idea vaga en la mente de Emi sino una afirmación, sus hermanos dependían de ella, siempre había sido así, —tengo tanto que enseñarle a Izumi…puedo decir que se todo sobre cómo cuidar a un hombre y una casa— desvió cautelosamente su mirada hacia el señor Hiruzen, sin cesar en ningún momento en su empeño de revelar de que era capaz como mujer, si se le daba la oportunidad.
Luego de escuchar las palabras de su sobrina que por cierto estaban poniendo claramente nervioso a Hiruzen, Homura solo tuvo la necesidad de encontrar su mirada con la de Emi y levantarse del diván en silencio, acompañándolo a la cocina, sabiendo bien que ella lo seguiría y así fue. Para alguien como Homura, que había sido educado en las costumbres y que seguía los mandamientos de Alah a través de su familia y sus dos esposas, era impensable que su joven y bella sobrina se ofreciese a un hombre como un ejemplar de ganado al vender, no, ella tenía mucha más dignidad que eso, era una mujer hermosa y perteneciente a una buena familia, bien relacionada y con un prestigio envidiable, ¿Por qué habría de negociar su propia suerte si había hombres en las familia para hacerlo? Debía ser paciente, hoy era el día de felicidad de sus hermanos Itachi y Sasuke, pero pronto seria el suyo, solo debía esperar. Sin necesidad de que su tío pronunciara siquiera media palabra, Emi ya tenía claro porque le había indicado que se apartaran de Sasuke y el señor Hiruzen que continuaron hablando tras su partida, okey, no estaba siguiendo los principios que sus padres le habían enseñado que debería de hacer una mujer para conseguir un buen esposo, pero su madre había sido menor que ella al momento de casarse y había sido codiciada por muchos, ¿Por qué ella no podía ser feliz? Solo pedía un esposo, ni siquiera aun matrimonio feliz, pero si tener la oportunidad de saber de qué es de lo que se estaba perdiendo al tener que velar por sus hermanos a lo largo de todos esos años, porque no había sigo egoísta antes, ¿Por qué no podía ser egoísta ahora? Merecía casarse, Alah era testigo de que lo merecía, pero ya que nadie la ayudaba debía labrar su suerte sola.
-Si en verdad quieres ser una de las esposas de Hiruzen como veo que quieres, no seas exhibicionista— aconsejo Homura, reprendiendo a su sobrina por comportarse de ese modo.
-Tío Homura, solo estaba diciendo...— intento defenderse Emi, más sabia que de nada serviría porque aquello era justamente lo que había estado haciendo; ser exhibicionista.
-Una mujer no se hace propaganda a sí misma, cuando ella dice lo que es, el hombre lo nota— recordó el Uchiha, esclareciendo que una buena mujer jamás debía exhibirse para lograr algo, eso lo hacían las occidentales pero no una buena mujer musulmana. —Si quieres casarte, deja eso a cargo de los hombres de tu familia, para eso tienes a tu tío y a tus hermanos— no estaba sola en el mundo, tenía hermanos y tíos que velaban por ella, otras mujeres desdichadas no tenían a nadie que las protegiera, y eso sí que era triste.
-Si, tío— asintió ella, no teniendo más que resignarse a continuar esperando…por ahora, claro, porque nada la haría cambiar de perecer en buscar su propia felicidad.
-En el momento adecuado, voy a sondear a Hiruzen— menciono él a modo de sosiego, entrelazando una de sus manos con la de su sobrina que sonrió radiantemente al contar con su ayuda. Solucionando aquella situación, Homura regreso a la sala en compañía de Emi, teniendo algo importante que tratar con su sobrino. —Tengo una propuesta que hacerte, Sasuke— planteo tan pronto como se sentó sobre el diván, llamando la atención de su sobrino, —esa hilandería quebrada que heredaste…estuve viendo que las instalaciones y son buenas, eso puede recuperarse muy bien, hasta estoy pensando en hacer una inversión en ella y convertirnos en socios— propuso ya que con un poco de esfuerzo ese negocio quebrado se convertiría en una nueva sede, expandiendo los negocios de la familia hasta El Cairo.
-¿Lo harías, tío, de verdad?— pregunto el pelinegro, gratamente sorprendido de que su tío le planteara una sociedad.
-Es buen negocio, Sasuke— opino Hiruzen, aconsejándole que aceptara.
-Solo tengo una condición; te quedaras en Marruecos manejando el negocio conmigo— puntualizo Homura, ya que un buen comerciante siempre estaba cerca para manejar sus negocios, y para ello lo mejor era que Sasuke se quedase en Marruecos.
-Itachi puede encargarse de la tienda en Brasil—considero Sasuke en voz alta, deteniéndose a analizar la situación. —Hecho— acepto, estrechando la mano de su tío.
Era un acuerdo muy diferente del que había tenido en mente en sus inicios, su plan era vivir en Brasil junto a su hermano Itachi y hacerse cargo a distancia de la sede en Fez a través de su hermana Emi, pero pensándolo mejor era preferible quedarse, muchas familias musulmanas de gran prestigio perdían su respeto por criar a sus hijos en occidente, lejos de las costumbres y en un mundo corrupto, Sasuke prefería comenzar su vida en la tierra a la que pertenecía por nacimiento, la tierra de su padre y sus ancestros para criar a sus hijos dentro de las costumbres y para que Sakura terminara de adaptarse a un mudo que—sabia—aun le parecía ligeramente ajeno al igual que a él. En ocasiones no era lo mejor ir a un lugar desconocido sin saber que sucedería, en ocasiones lo mejor era quedarse.
-¿Cómo va la cena?— pregunto Hiruzen tan pronto como cruzo el umbral de la cocina de su hogar.
Luego de finalizar la conversación y el acuerdo sobre lo que ocurría con el resto de las mujeres que representaban parte de la herencia del tío Madara, Hiruzen había regresado a su casa tan pronto como le había sido posible sin ser maleducado claro, pero si huía del modo en que lo hacía era para no caer en las redes de doña Emi que si bien era toda una belleza no era el tipo de mujer que él buscaría para tener en su vida. El deber de un hombre al tener más de una esposa era brindar protección a otras mujeres para que no cayeran en la desgracia o el infortunio si no tenían a otro hombre que las protegiera, de ahí que cuando un hombre tenía más de una esposa tuviera que distribuir ecuánimemente sus bienes entre todas ellas pero no así el amor, el amor no era algo que pudiera dividirse en mitades, por ello un hombre siempre amaba más a una de sus esposas mientras que a las otras solo les tenían afecto o cariño, no más. Resulto toda una sorpresa para Hiruzen entrar en su cocina y no encontrar a Biwako dirigiendo a todas las mujeres sino a Sakura que se fijaba muy bien en el contenido de la olla que revolvía, agregando condimentos con una maestría tal que supiera muy bien lo que hacía y diciéndoles a las otras criadas que es lo que deberían hacer…casi parecía una mujer dirigiendo su propio hogar en lugar de la muchacha rebelde que era. Feliz por el regreso de su tío que en los últimos dos días se había dedicado a eliminar los obstáculos en el camino para su enlace, Sakura se encontró ante la insuperable oportunidad de probar lo capaz que era, no soportaba quedarse sin hacer nada, de ahí que hubiera tomado el impulso propio de encargarse de la cena de esa noche, ¿Cómo no estar feliz si se casaría en menos de una semana?
-Prueba, tío— invito Sakura, tendiéndole la cuchara, permitiéndole opinar que tal era en la cocina, mejor que Izumi que apenas y sabia cocinar, eso era seguro.
-¿Quién te enseño a cocinar así?— pregunto él, incapacitado de hablar ante tan sublime sabor…solo su difunta madre había cocinado así, y la última vez en que había probado algo tan delicioso había sido hacía ya varias décadas.
-Mi madre, y también tome un par de cursos— contesto ella con una ligera sonrisa avergonzada, —vivir en Brasil me enseño que se puede aprender todo si no se tiene miedo al trabajo— habían sido cursos dentro del horario de clases pero que habían merecido la pena el esfuerzo y tiempo entregados a ello.
Muchas jóvenes tendían a mentir al momento de casarse, todas eran educadas para ser buenas esposas, para complacer a sus maridos, para ser sumisas y calladas, buenas madres y compañeras de vida pero no todas sabían cocinar al momento de casarse como había sido en el caso de Izumi, claro que su sobrina no era precisamente inútil en el ámbito de la cocina pero tampoco era la gema más brillante, más estando en Brasil Hiruzen estaba convencido de que Izumi se convertiría en la esposa que todo hombre querría tener en su casa, tenía la personalidad idónea para ello, pero era admirable que Sakura, quien tenía la personalidad más conflictiva y temperamental, quien era menos dócil fuera quien más talentos tuviera; manejaba múltiples idiomas, sabia de política e historia, era una conversadora ágil y además una excelente cocinera porque Hiruzen estaba convencido de no haber probado en su vida una comida tan deliciosa, había probado Cuscús muchas veces pero nunca preparado de ese modo, esa niña estaba llena de sorpresas y no era erróneo afirmar que Sasuke sería muy afortunado en tenerla como esposa. Si bien Sakura estaba de buen humor, ya no podía ocultar más la verdad que llevaba callando desde que había llegado a Marruecos, Izumi conocía la verdad, Biwako también y le había brindado su apoyo incondicional hasta ahora pero su tío también merecía saberlo porque ella estaba decidida a aceptar el peso de sus pecados cuando llegara el momento de la noche de bodas, estaba dispuesta a morir para evitarle la vergüenza a su familia pero antes necesitaba que su tío supiera la verdad, necesitaba que él supiera lo que ni siquiera le había dicho a su madre antes de morir; tenía que ser honesta.
-Tendremos invitados esta noche; Sasuke y su familia— revelo Hiruzen, sintiéndose inmediatamente satisfecho al ver una luminosa sonrisa adornar el rostro de su sobrina que intento ocultarla en vano, —esmérate muchacha, ese hombre no deja de suspirar por ti, ábrele tu corazón— aconsejo ya que tenía todo a su disposición para ser feliz, y eso eran algo de lo que pocas personas podían jactarse.
-Ya lo hice, tío, tiene el camino libre para conquistarme— contrario Sakura, no pudiendo evitar dar a conocer su alegría con una sonrisa, porque realmente estaba feliz con la idea de casarse…más había algo más en que pensar por ahora. —Tío, quisiera hablar con usted, ¿se puede?— consulto, no queriendo molestarlo en caso de que él tuviera algo que hacer.
-Claro— accedió él, abarcando la nada con su mirada, dándole oportunidad de expresarse como deseara.
-En privado— especifico ella, no queriendo que nadie más escuchase lo que ella tenía que confesar.
-Ven, hablemos en el despacho— guió el Sarutobi indicándole que abandonaran la cocina rumbo al despacho si eso la hacía sentir más cómoda.
Era curioso para Hiruzen que su sobrina le pidiera que hablaran en privado porque jamás temía expresar su opinión, ese era un rasgo de su carácter que había forjado en occidente pero que podía ser perdonado y alabado, era una buena mujer porque sin importar que hubiera crecido entre occidentales no se había dejado corromper por ellos. Deseándose guiar por su tío hasta llegar al despacho cuya puerta se mantuvo entreabierta como de costumbre, Sakura se tomó un leve instante para considerar muy bien lo que iba a decir, apretándose las manos con nerviosismo sabiendo que podía morir por ello, pero también sabiendo que no podía seguir callando. Merecía todas las condenas del mundo porque no había escuchado las advertencias ni las señales que Alah le había dado desde el primer día, la idea del amor le había cegado los ojos y su buen entendimiento; ahora estaba claro de que Gaara jamás habría desafiado a su familia, jamás lo habría abandonado todo por ella, el amor no exigía sacrificios tan grande ni so demandaba, amar significaba buscar la felicidad del otro por encima de la propia, pero solo ahora podía ver su error…sabía que era egoísta al pedir tener un futuro con Sasuke, no era digna del perdón ni de su amor pero sabía que él sentía algo por ella, lo veía en sus ojos tras cada nuevo encuentro entre ambos y donde parecían ignorar al resto del mundo aunque nunca pudieran estar a solas, quería hacerlo feliz porque sabía que solo podría ser feliz con él, por ello es que había llegado la hora de dejar de mentir y callar, había llegado la hora de decirle la verdad a su familia y afrontar las consecuencias que vendrían sobre ella, fueran cuales fueran.
-Habla, muchacha, no tengas miedo— invito Hiruzen al verla tan indecisa entre si hablar o permanecer en silencio, ¿Qué podía tenerla así?
-Tío…hay algo que no le conté desde el primer día en que llegue aquí, porque no lo creí importante— inicio Sakura, volteando a ver a su tío a quien hasta entonces le había dado la espalda, —pero ahora necesito que lo sepa porque ya no quiero engañar a nadie— necesitaba que él supiese eso de antemano porque de otro modo podía pensar que ella había querido traicionar a su familia y eso no era así.
-Pero, ¿qué pasa, Sakura?, ¿Es que cometiste algún pecado?— pregunto el Sarutobi, no sabiendo que más pensar ya que ella no le daba mayores detalles.
-Y uno grande, tío— asintió ella, con un nudo permanentemente en la garganta. —Ya no soy virgen— confeso por sin, manteniendo la mirada baja, incapaz de ver la reacción de su tío.
-¿Es cierto lo que dices?, ¿no es una excusa para escapar del matrimonio?— ni siquiera tuvo tiempo de abrumarse e indignarse por la confesión de ella, solo pudiendo esperar que fuera una mentira como otras que ella ya había dicho para evitar el matrimonio, porque solo entonces habría solución, de otro modo…solo Alah podía protegerla.
-No, tío, te juro que, le estoy diciendo la verdad— insistió Sakura, alzando la mirada, mas incapaz de encontrarla con la de su tío.
-¿Cuándo?, ¿Con quién?— cuestiono él de inmediato, porque si ella estaba confesando su crimen es porque tal vez quisiera que la ayudasen a mentir y fingir que no había sucedido nada.
-En Brasil, antes de venir aquí— contesto la pelirosa sin dar mayores detalles, porque sobraban en ese momento y no tenían ningún peso circunstancial.
-Por Alah, ¿es que acaso tu madre no te enseño nada?— suspiro Hiruzen, paseándose delante de su joven sobrina, intentando entender cómo es que había cometido semejante locura, —¿Cómo permitió que te desviaras tanto de nuestras costumbres? Consintió que fueras una mujer exhibicionista— Mebuki siempre le había parecido una mujer intachable y de fuertes valores morales, pero eso de criar a su hija en occidente siempre le había parecido una completa locura y ahora demostraba serlo.
-No, tío, mi madre no tuvo la culpa, yo lo hice sola y sin que ella supiera nada— contrario Sakura de inmediato, porque su difunta madre era la última persona que tendría algún grado de culpa por sus acciones, eso era solo culpa suya. —Solo fue una vez, tío, fue un error con un occidental que prometió que se casaría conmigo, que se iba a convertir…pero en cuanto mi madre murió, me dio la espalda— no quería recordar nada de eso, no quería recordar el nombre de…cuanto más lo ignorase, más fácil sería olvidar la rabia que sentía y que pedía ser saciada, mas nada justificaba lo que había hecho, nada eliminaba su pecado. —Quiero a Sasuke y quiero este matrimonio, pero sé que esto se va a saber y si alguien tiene que saberlo, prefiero que sea usted— pronto se sabría que no era la mujer honorable que Sasuke creía que era, y cuando llegase el momento estaba dispuesta a morir, pero deseaba evitar la vergüenza y deshonra a su familia.
Estaba siendo brutalmente honesta, porque bien podría preferir mantener el secreto hasta el final, mentir sin decirle nada a nadie para desentenderse de las consecuencias que con certeza caerían sobre su familia, pero ella no era tan egoísta, no podía hacer eso. Su familia la había recibido con los brazos abiertos pese a que fuera solo una huérfana que poco y nada sabía de la importancia de las costumbres de los musulmanes ni la importancia del islam, pero no habían hecho nada de eso, la habían recibido con el amor que se le daba a una hija quien no veían desde hace años y encima de todo habían acordado un matrimonio para garantizar que estuviera a salvo, ¿Cómo seguir mintiendo así? No, eso no era justo para nadie y así su tío no se sentiría traicionado si era devuelta o asesinada en la noche de bodas, además ella lo liberaba de la obligación de protegerla, le daba absoluta libertad de permitir su muerte si eso evitaba que el nombre de su familia cayera en la vergüenza. Observando a su cabizbaja y triste sobrina, Hiruzen no supo que hacer, claro que la religión mandaba que el deshonor o falta del decoro de una mujer fuera castigado como mandaba la ley de Alah, con la muerte si se probaba que no era virgen al momento de casarse, pero él no se sentía capaz de seguir la ley esta vez, tampoco habría podido hacerlo si Izumi no hubiera sido virgen, ambas chicas eran como sus hijas, eran las hijas de sus fallecidos hermanos, ¿Cómo abandonarlas a su suerte? Irrumpiendo en el debate que tenía lugar en su mente es que Biwako llamo a la puerta que se encontraba entreabierta, postergando la resolución de la conversación temporalmente.
-Señor, llegaron los invitados— anuncio Biwako, esperando que su aparición no resultase inoportuna.
-Recíbanlos apropiadamente, iré en seguida— indico Hiruzen, volviendo su rostro hacia Biwako e indicándole que los dejase a solas, algo ante lo que ella no dudo en obedecer. —Hablaremos de esto en otro momento, por ahora es un secreto, nadie más puede saberlo— tranquilizo, dirigiéndose a su sobrina con palabras suaves para no angustiarla, — ¿se lo has dicho a alguien más?— pregunto en caso de que tuvieran que comprar a alguien para mantener el secreto.
-A Biwako, pero ella prometió no decir nada— contesto Sakura, aun sin atreverse a alzar la mirada.
-Está bien— el Sarutobi acuno el rostro de su sobrina entre sus manos, haciéndola alzar la mirada y ver que él no estaba enojado, o por lo menos no tanto como ella si temía, —ve, lávate la cara y sonríe cuando entres a esa habitación, ¿sí?— aconsejo, limpiando con sus dedos las lágrimas que intentaban resbalar por las mejillas de ella.
-Si, tío— asintió con una ligera sonrisa, tanto para animarse como para no desesperarse.
Su sobrina era una muchacha joven, tempestuosa de carácter pero llena de bondad, Hiruzen sentía que no podía abandonarla ni lo haría, ¿pero cómo salvarla de su propio destino? Esa sí que era una incógnita complicada. Con la mirada baja, Sakura abandono el despacho de su tío teniendo cuidado se tomar el camino opuesto al de la sala, de regreso a la cocina por ahora, tomando aire para calmarse mientras secaba las lágrimas que habían rozado sus mejillas…no, llorar sobre la leche derramada no tenía sentido, todo lo que odia hacer ahora era mirar hacia adelante y seguir caminando como si no pasara nada, la pregunta era, ¿lo conseguiría? Eso solo Alah lo sabía.
Con las manos cruzadas tras la espalda, Sasuke se mantuvo sumergido en sus propios pensamientos, ajeno a la conversación que su tío y Emi parecían sostener, y que en nada podía interesarle en ese momento, preguntándose una y mil veces en su subconsciente si volvería a ver a Sakura, claro que estaban frecuentándose más de lo que Itachi e Izumi lo había hecho a lo largo de su compromiso pero eso se debía a las situaciones que habían tenido lugar y al hecho de que su enlace se encontraba más distante en comparación a la duración de su compromiso, además eso le había permitido percibir con mayor certeza que la mujer que habría de ser su esposa estaba completamente de acuerdo con la boda y que el matrimonio que tendría lugar no era una mera obligación. Resulto todo un reto, incluso para alguien tan experimentado como Hiruzen ignorar temporalmente la confesión que acababa de oír, como si jamás la hubiese escuchado y disponerse a mentir fingiendo que todo estaba bien cuando ingreso en la sala para recibir a la familia Uchiha a quienes había invitado a cenar con él. La religión mandaba que quien encubriera un pecado estaba participando de él y merecía igual castigo e incluso más que quien lo perpetrase originalmente, ¿Cómo arriesgar su lugar en el paraíso por una irresponsabilidad de su sobrina? Esa era tal vez la pregunta que muchos fueran a hacerle, pero debía hacerlo de ser necesario por el alma de su fallecido hermano Kizashi, por él debía velar por Sakura como si fuese su propia hija y eso es lo que haría, sin importar que la vergüenza cayera sobre el apellido Sarutobi.
-Salam Alaykom— saludo Hiruzen con una sonrisa, abrazando a su futuro sobrino.
-Alaykom Salam— correspondió Sasuke de inmediato, sintiendo gratamente bienvenido.
-Pónganse cómodos, traerán la cena en seguida— invito el Sarutobi, tomando asiento sobre uno de los divanes y siendo imitado por sus huéspedes. —Ah, pasa, Sakura— permitiendo que Biwako y su sobrina ingresasen en la sala trayendo la cena.
En cuanto escucho el nombre de ella, Sasuke alzo la mirada en su dirección, viéndola acompañar a Biwako, trayendo la cena que procedieron a servir sobre la mesa antes de mantenerse de pie junto a los divanes, separada de él por tan solo unos pasos pero que para él se hicieron entrañables e inalcanzables. Hermosa como solo ella podía serlo, vestía unos cómodos pantalones blancos ligeramente holgados, zapatos bajos marrón oscuro, una blusa de aspecto agitanado rojo claro levemente anaranjado, de escote recatado y en V decorado con bordados de oro, con una caída que cubría su figura para no hacerla destacar y mangas acampanadas hasta la altura de la muñecas, con un sencillo velo blanco cubriendo parcialmente su largo cabello rosado que caía tras su espalda, pero si bien toda ella ya de por si era hermosa como ninguna otra mujer que hubiera visto en su vida, Sasuke de inmediato noto el regalo de compromiso que él le había hecho y que se encontraba adornando su cuello, aquella cadena de oro de dos vueltas entrelazadas que sostenía seis cunas de oro con un diamante rosa claro en el centro de cada cuna de las que pendían sarcillos de hilo de oro…la presencia de ese collar en su cuello era un mensaje; lo había logrado, estaba en el corazón de esa mujer o al menos lo suficiente como para que ella atesorase esa joya y le placiera usarla, era correspondido y en ese momento eso era todo para él. Si bien Sakura se sentía halagada por la intensa mirada del Uchiha, aparto sutilmente la mirada para no ser objeto de críticas ante la presencia de doña Emi, mas encontrando de todas formas su mirada con la de él, apenas y prestando atención al modo en que la cena degustada en ese momento era de la entera satisfacción de todos, y ella misma la había preparado.
-Muy bueno— aprecio Hiruzen en voz alta mientras degustaba la comida, aunque ya la había probado de antemano. —¿Quién lo preparo?, ¿tu, Biwako?— pregunto, conociendo al respuesta pero queriendo enaltecer a su sobrina.
-No, tío, yo lo hice— contesto Sakura, teniendo ocasión de hablar ahora que él se lo había permitido.
Lo mejor ante la angustia que atenazaba su corazón—angustia por la idea de deshonrar a su familia, preocupación por acarrear una desdicha que no deseaba, terror de herir a Sasuke cuando se supiera la verdad—fue que en ese momento Sakura hiciera alarde un orgullo que pocas veces sacaba a relucir, pero lo cierto es que se había esmerado muchísimo en el cena y le placía que fuera del agrado de todos los presentes aunque si su tío se había manifestado verbalmente se debía a que sabía que ella era quien había preparado todo y quería hacerla quedar bien frente a su futura familia política, porque para que la boda se celebrase restaban solo dos días y unas horas que iban en una cuenta regresiva, ahora no era momento de querer volver atrás y retractarse, ni ella quería hacerlo. Para Sasuke escuchar esas palabras fueron como una afirmación de lo que él ya sabía; la mujer que pronto habría de convertirse en su esposa era todo lo que él esperaba que fuera e incluso más, no era solo una belleza vacía por quien su fascinación podía consumirse en el aire sino que era una mujer cargada de enigmas y talentos como no habría podido encontrar a otra en todo Fez, Marruecos o en el mundo, no era una presa fácil ni tampoco una víbora que pretendiera atacar al menor descuido, era un reto como había encontrado nunca y que si bien parecía corresponder a cada una de sus atenciones jamás parecía satisfecha, siempre parecía demandar más afecto pero no con palabras sino miradas cargadas de un fuego que le hacía sentir que había encontrado el lugar al que pertenecer, una mujer por quien estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera necesario y más para complacer y hacer feliz.
-Sakura, quería que supieras algo—hablo Hiruzen ya que debido a su conversación había olvidado por completo decirle que es lo que sucedería con Sasuke y ella en el futuro, pero ahora y en presencia de su futura familia merecía saberlo, —Sasuke y su tío llegaron a un acuerdo para formar una sociedad, por lo que Sasuke decidió no viajar a Rio de Janeiro después de la boda, se quedaran a vivir aquí en Marruecos—revelo confiando en que eso fuera de su agrado y parecía serlo pues de inmediato vio una sonrisa plasmarse en el rostro de su bella sobrina.
-Me alegra saberlo, tío, no quiero estar lejos de usted—contesto Sakura tan pronto como le fue posible, realmente feliz al ver que en nada cambiaría su vida si permanecía en Marruecos, es más, sería mucho más feliz.
Eso era todo lo que podía pedir para su futuro en caso de que Alah hubiera escrito en su destino que fuera feliz, porque solo sería feliz permaneciendo en Marruecos que ahora era su hogar, no quería regresar a Brasil nunca, no quería volver a pisar ese suelo donde se había llenado de esperanzas e ilusiones vacías que la habían alejado de las enseñanzas de sus padres y sus antepasados. Con una irrefrenable sonrisa en su rostro, encontró vagamente su mirada con la de Sasuke quien parecía estar tan de acuerdo con la idea como ella que guiada por el impulso de encontrar su mirada con la suya más resistiéndose, no mostrándose como una presa fácil. Solo sería feliz en Marruecos, solo sería feliz junto a Sasuke, ¿pero esa su destino ser feliz?, ¿era su destino vivir o morir? Eso solo Alah lo sabía, y prefería dejarle todo a él, prefería no luchar contra su destino.
Sentado en silencio en la sala de su hogar, Hiruzen se dedicó a observar a la nada que lo rodeaba, acompañado por Biwako a quien consideraba sus ojos y oídos en su hogar, quien siempre sabía todo y que tenía más tacto que él como mujer que era y cuya opinión necesitaba en ese momento, porque en verdad se encontraban en una difícil situación, proteger a Sakura no sería sencillo, pero era algo por lo que merecía correrse cualquier riesgo. Como buen musulmán que era, Hiruzen había sido criado dentro de las costumbres, había asistido a la escuela coránica pero esa no era razón para ser injusto con Sakura, él también había sido joven y se había enamorado, y en nada era diferente el amor sin importar que se fuera hombre o mujer, claro que la religión valoraba más que quien mantuviera su virginidad hasta el matrimonio fuera una mujer que quien lo hiciera fuera un hombre, Sakura había cometido un error como lo cometería cualquiera, y él la ayudaría tanto como pudiera. No importa que Hiruzen hubiera pasado años en occidente, aunque se hubiera educado en una universidad en Brasil en su juventud al igual que sus fallecidos hermanos Kizashi y Kiyoshi, ni aunque tuviera amigos occidentales, hasta hoy le resultaba imposible entender a esos individuos tan dispares de los musulmanes, los occidentales no creían en Dios, habían olvidado su existencia o bien la ignoraban porque así les placía hacer, y quien no creía en Alah era capaz de hacer y deshacer lo que fuera como si su palabra fuera insignificante, no como los musulmanes donde la palabra de un hombre era la promesa más sagrada y que debía cumplirle o representaba una vergüenza imperdonable.
-Fue un error dejar que Sakura se criara tan lejos de nuestras costumbres, Biwako, creyó amar y ser amada— hablo Hiruzen finalmente, rompiendo el silencio que había existido hasta entonces. —En occidente no creen en el amor, son muy diferentes a nosotros, ellos viven corriendo detrás del amor pero no soportan vivir el amor, para nosotros el amor nace en la convivencia, para ellos el amor muere en la convivencia— comparo por experiencia propia, conociendo bien occidente al haber pasado años allí.
-Pero Sakura reconoce sus errores y aprende de ellos— contrario Biwako, sabiendo que podía expresarse con confianza en ese momento, —acepto el compromiso y esta ilusionada por ello, quiere casarse— no sabía si Sakura estaba enamorada, había preferido no preguntárselo, pero si estaba claro que si quería casarse.
-Si, ese es un consuelo— acepto el Sarutobi, asintiendo para sí y esbozando una ligera sonrisa, —está comprendiendo sus raíces, por fin sabe a dónde pertenece— Sakura se había desviado de la religión pero estaba volviendo a ella y con suma entrega.
Gozaban de esa oportunidad hasta ahora, Sakura no permanecía atada a occidente ni a lo que allí había vivido o sentido, tampoco parecía guardar sentimientos favorables o reprochables a ojos de su religión por el occidental que la había corrompido e ilusionado pero si bien eso abría una puerta a una segunda oportunidad dada por Alah—quien hasta ahora había sido sumamente compasivo y misericordioso—también mantenía un problema, Sakura no era virgen como si había aseguro su certificado de virginidad que lo era y en un matrimonio consentido como el suyo era requerido que una mujer sangrara para manchar la sabana nupcial en la noche de bodas. Por supuesto que Hiruzen no quería admitirlo y evitaría tal instancia de estar en una situación o contexto diferente pero tal vez tuvieran que pecar encubriendo el pecado de Sakura, era su sobrina y debía protegerla como si fuera su vida, debía hacerlo por la memoria de su hermano. Su sobrina había encontrado el amor en el futuro enlace que sucedería en tan solo dos días, pronto todo podría olvidarse y de hecho existía una solución; algunas mujeres—no lo sabía por experiencia, pero si lo había oído al vivir rodeado de mujeres que o eran sus esposas o bien sus empleadas—no sangraban en su noche de bodas y para evitar ser devueltas recurrían a realizar un pequeño corte con un trozo de vidrio o navaja en alguna parte de sus cuerpos como la palma de la mano o en la planta del pie para que la sangre que brotara de la herida manchara la sabana como prueba de virginidad. Era una mentira, pero una mentira que Hiruzen consideraba útil utilizar, debía intentarlo al menos y confiar en la misericordia y clemencia de Sasuke si se daba cuenta de la treta, y esperaban que no lo hiciera.
-Biwako, te dejo todo a ti, tendremos que mentir— decidió Hiruzen, centrando de lleno su mirada en su gran amiga que asintió de inmediato sin decir que ya había considerado eso sin que él se lo dijese. —Un error por inocencia es un error, pero tiene menos culpa— por eso salvaría a su sobrina de la condena, pero solo si Sasuke elegía perdonarla o solo devolverla a su familia, de otro modo…no creía poder ayudarla. —Debemos encontrar alguna forma de fingir que la noche de la boda es la primera vez de Sakura— prefería no saber los detalles del plan, eso era cosa de mujeres.
-Creo poder encontrar una solución, señor— contesto Biwako con un vago asentimiento, accediendo a mantener el secretismo entorno a ello.
Si Sasuke elegía disolver el matrimonio y devolverla a su familia, Hiruzen estaba dispuesto a proteger a su sobrina, la recibiría de nuevo en su casa como si no hubiera pasado nada, daría cualquier excusa para ello pero no desampararía a la hija de su hermano, pero de lo contrario…si Sasuke elegía seguir lo que mandaban las costumbres, entonces él nada podría hacer para protegerla del peso de su propio pecado.
-Para mí fue un buen negocio haber invertido mi dinero contigo, sobrino—celebro Homura, orgulloso al ver que su sobrino había heredado el agudo ingenio de su fallecido hermano Fugaku, eso le aseguraba una vida llena de éxito y triunfos.
Apenas y podía prestar a las palabras de su tío Homura mientras recorrían la medina, Sasuke no sabía porque pero comenzaba a sopesar en su mente la posibilidad de que Sakura ya no fuera virgen, porque sabía que no había sido criada precisamente dentro de las costumbres como Izumi si, Itachi y él habían sido educados por su hermana Emi en occidente, cierto, pero se habían criado en una comunidad musulmana en Sao Paulo, no en Rio de Janeiro como Sakura ni viviendo como musulmán en medio de occidentales que sembraban la desunión…sería una vergüenza insuperable para el apellido de su familia que se casara con una mujer que no era virgen, con una mujer que solo Alah sabia con cuántos hombres había estado antes de casarse con él, no, no quería pensar en eso, Sakura le parecía absolutamente perfecta desde la primera vez en que la había visto, fuera de la broma que ella le había hecho por teléfono era una mujer intachable, nunca había intentado romper con la tradición ni aproximarse a él más allá de lo debido, incluso se dedicaba a leer el Corán y no salía de casa, el señor Hiruzen y Biwako lo habían atestiguado. ¿Cómo saber que era verdad y que era mentira? Por primera vez en su vida su buen juicio se veía nublado, no podía pensar claramente desde que Sakura había entrado en su vida. Pero, en caso de que su pensamiento fuese cierto, él estaba dispuesto a casarse con Sakura de todas formas, sentía en su corazón que esa mujer era la compañera de su vida, sentía que no tendría un futuro si no fuera con ella, estaba dispuesto a pasar todo por alto para estar con Sakura pero para hacerlo debía deshacerse de quien hubiera manchado su honor para poder comenzar de cero, necesitaba eliminar a esa persona de la faz de la tierra.
-Tío Homura, respóndeme una cosa— planteo Sasuke, no queriendo ni soportando más vivir con aquella duda. —¿Qué merece el hombre que corrompe a una muchacha?— pregunto sin dar nombres ni detalles sobre porque pensaba en esa posibilidad.
-¿Y quién es ese malhechor?— cuestiono el Uchiha de inmediato, ya que un hombre que cometiera semejante pecado merecía recibir la justicia de Alah sobre la tierra; ochenta latigazos.
-Nadie, nadie que tú conozcas— contesto él de inmediato, no queriendo admitir que la mujer corrompida podría ser su futura esposa, —un amigo me lo comento, me hizo esa pregunta y no supe que responder— mintió pese a saber que estaba mal, pero no teniendo otra opción.
-Quien hace eso está esparciendo la corrupción sobre la tierra y merece ochenta latigazos, solo para servir de ejemplo— espeto Homura como buen seguidor de las costumbres, porque esa era la ley.
-¿Y quién le de los ochenta latigazos no va a cometer ningún pecado?— inquirió el pelinegro en caso de que tuviera que aplicar esa medida de justicia contra quien hubiera osado corromper a su esposa.
-No, porque está aplicando la justicia de Alah— tranquilizo él, porque Alah establecía normas a seguir y nadie cometía un pecado mientras siguiera su voluntad.
-Entonces la persona merece la muerte, porque con ochenta latigazos cualquiera muere— obvio Sasuke, ya que de ser cierta esta historia, tomaría la vida de ese hombre con sus propias manos y sin que nadie lo supiera, para proteger a Sakura.
-No, Alah manda dar ochenta latigazos, si muere…— el Uchiha dejó inconclusa la frase evidenciando que lo que sucediera con semejante malhechor era decisión de Alah, no de los hombres, —ochenta latigazos a él y a ella, porque los dos tienen igual castigo— sin darse cuenta su mención dejo sin aliento a su sobrino que cambio de parecer de inmediato ante la posibilidad de impartir justicia sabiendo esto.
-Pero ella es una niña, no sabía lo que estaba haciendo— intento disculpar él en nombre de Sakura, estando convencido de que ella era inocente en esta historia, tenía que serlo.
-No, el castigo tiene que ser igual para los dos, sino no se está haciendo justicia— insistió Homura, para nada de acuerdo con esa ligereza de pensamiento; la ley de Alah era sagrada.
El Uchiha se reservó su respuesta y opinión para sí mismo, observando a la nada mientras continuaba con su camino junto a su tío, no podría hacer lo que mandaban las costumbres, no podría entregar a Sakura al juicio de la religión para que recibiera los ochenta latigazos que mandaba la ley…no, estaba tan enamorado de esa mujer que no podría permitir que le pasara nada. Intentando asirse a la esperanza recordó que su fallecida madre Mikoto había nacido y sido criada en Brasil, justo como Sakura, y había sido una mujer absolutamente envidaba por todos hasta el final de su vida por sus principios e irreprochable moral. Alah mediante sus pensamientos estarían errados y Sakura sería tan virgen, inocente, incorruptible e intachable como él creía que era, porque de otro modo solo quedaba un camino que seguir y no sabía si sería capaz de hacerlo.
Tumbada sobre el diván que era su cama, con su largo cabello rosado esparcido sobre la superficie y cayendo como ondas contra al aire sin tocar el suelo, Sakura se encontraba completamente sumergida en sus pensamientos mientras Biwako se encargaba de hacer limpieza al armario que ahora—temporalmente, claro—solo le pertenecía a ella desde que Izumi se había marchado a Rio de Janeiro, y ella se casaría pasado mañana, ya todo estaba siendo preparado para la ocasión y estaba inmensamente feliz por eso, contaba las horas para que comenzaran a prepararla para convertirse en la esposa de Sasuke Uchiha, más pronto la verdad se sabría a menos que fuera lo suficientemente astuta para mentirle a Sasuke en su noche de bodas, pero solo una pregunta resonaba en su mente en ese momento, ¿Cómo perdonar a Gaara? Había traicionado su fe y las costumbres bajo las que había nacido para estar con él que solo la había dejado en la calle y con el equipaje en la mano, ¿y si no hubiera tenido a su familia esperando por ella aquí en Marruecos? Sería una mendiga, sin techo, sin familia, sin nada…Sasuke era su salvación, por ello es que Alah lo había puesto en su camino, por que él era su destino y todo lo que podía pedir era pasar el resto de su vida junto a él, quería enterrar su pasado en el abismo más profundo que pudiera existir, querría borrar todo lo vivido con Gaara para poder comenzar una vida nueva junto a Sasuke, aunque no sabía si era merecedora de eso. Sasuke era un hombre maravilloso, estaba modificando toda su vida para darle el lugar más importante en su existencia solo a ella, ¿y que había hecho ella? Desafiar las costumbres y convertirse en poco menos que una odalisca, todo por promesas vacías.
-No podemos confiar en ese pueblo occidental, ellos son muy diferentes— menciono Biwako, desviando la mirada hacia Sakura que permanecía tumbada sobre el diván, —hacen promesas pero sus mentes cambian constantemente— no lo decía por experiencia pero si por todo lo que los musulmanes si sabían de occidente.
-Me desecho como si fuera cualquier cosa— contesto Sakura, indiferente y tumbada sobre el diván, observando a la nada pero recordando todo lo vivido en su mente.
-Y fuiste realmente bendecida, Sakura— abandonando su trabajo, Biwako se sentó junto a Sakura, estrechando sus manos entre las suyas, —por no estar ahora ahí abandonada, sin tener a donde ir, fue una gracia de Alah— Sakura se sentó sobre el diván, asintiendo en respuesta, Alah le había dado una segunda oportunidad, la oportunidad de ser feliz.
-Lo fue— contesto la pelirosa, agradecida con Alah y con el destino por no cerrar su corazón a la felicidad ni al amor, —todo lo que quiero ahora es dejar todo eso aún más enterrado de lo que ya está, quiero ser feliz y sé que lo seré con Sasuke; quiero ser feliz con él— estableció con absoluta seguridad de que su destino estaba junto a él.
Estaba segura de que su futuro y su felicidad estaban junto a Sasuke, Biwako había leído en su taza de café—un ritual musulmán para leer la suerte de una persona—y visto que en su futuro se veía un amor que duraba la vida entera, sus sentimientos por Gaara se habían consumido en el aire ante su traición por lo que eso no era amor, pero desde que Sasuke había entrado en su vida todo tenía sentido para ella, por fin sentía que tenía un lugar a donde pertenecer y alguien a quien amar, solo eso podía pedir para ser feliz y sabía que lo seria junto a Sasuke. Se arrepentía tanto de haber conocido a Gaara porque él le había hecho creer en ilusiones y mentiras, le había prometido que haría todo por ella, que tendrían una vida juntos y serian felices, que era capaz de cualquier cosa para estar junto a ella pero todo habían sido solo promesas vacías, no había hecho nada por ella que tontamente había creído en él. Ahora quería amar a Sasuke, su corazón estaba completamente abierto para él pero no importa que tanto lo deseara las palabras te amo no salían de su boca ni en su inconsciente, sentía un nudo en la garganta producto del temor por revivirlo todo otra vez, que Sasuke se casara con ella y luego la devolviera a su familia por no ser virgen, condenándola a recibir los ochenta azotes en la plaza pública como dictaba la ley…Alah, tenía demasiado miedo, no del castigo sino de la vergüenza que traería a su familia, no se lo perdonaría nunca. Pudiendo hacerse una idea de los pensamientos que rondaban la mente de Sakura, Biwako se dio cuenta de que había llegado el momento de hacerle saber de qué había una forma de salir de la noche de bodas con su honor y dignidad intactos; mintiendo.
-Sakura, voy a enseñarte una cosa que vas a tener que hacer el día de tu matrimonio para que Sasuke no perciba que ya no eres virgen— revelo Biwako para sorpresa de Sakura que no había pensado en recibir ayuda en ese asunto, —es un recurso que muchas mujeres usan para no ser devueltas la noche de su boda— añadió a modo de justificativo ya que en ocasiones no se sangraba en la noche de bodas por múltiples motivos.
Con sigilo para que nadie que pudiera entrar las escuchase, Biwako se inclinó hacia el oído de Sakura que asintió al entender la explicación que procedió a hacerle, mentir estaba mal, pero no había otro camino, si quería proteger a su familia, si quería tener un futuro junto a Sasuke…el único camino que tenía era mentir y de no lograrlo entregarse a su benevolencia, rogándole a Alah que la vergüenza que tuviera que su familia pasar por su causa fuera mínima. Solo Alah tenía su destino en sus manos y se rendiría a seguir su voluntad.
PD: ¡Lo logre! Tenia mis dudas, queridos, sobre si podría terminar el capitulo a tiempo ya que pensé que lo terminaría mañana, pero aquí me tienen, actualizando aunque este en un mal momento emocional pero haciendo lo que adoro con el alma; escribir y expresarme como me gusta, ¿Qué creen que se viene en el próximo capitulo? Exactamente, la boda, por lo que intentare actualizar cuanto antes para que sepan que sucederá :3 como prometí, mis amores, la próxima semana actualizare "El Clan Uchiha" y en tanto pueda "Queen: The Show Must Go On", tienen mi palabra :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi queridisima amiga y lectora DULCECITO311 (pidiendo su paciencia para la historia que quiere que actualice y que ya estoy ideando, y deseando que el capitulo sea de su agrado), a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Tio Abdul como Homura Mitokado
Curiosidades y Diferencias:
Virginidad y Religión: Hasta la actualidad tener sexo antes del matrimonio no es siquiera una posibilidad en muchas culturas, siendo la mas conocida el Islam y la sociedad musulmana porque la virginidad es una de las características más elogiadas en una mujer, claro que hoy en día hay mas tolerancia al respecto pero muchas familias que se consideran tradicionalistas prefieren evitar la vergüenza tomando la vida de las mujeres que son devueltas por esto luego de casarse para evitar la deshonra del nombre de sus familias, mas son casos especiales ya que usualmente se implementa algún castigo pero la muerte suele ser algo cada vez menos común. Al igual que en Medio Oriente, los países asiáticos consideran a la virginidad como algo que comprar y por lo que hasta hoy se acuerdan muchos matrimonios con la esperanza de obtener algo o unir familias. En las sociedades cristianas la virginidad ya no es tan importante pero sigue siendo algo bien visto ya que se considera que quien es virgen esta menos contaminada por el pecado, ideal que comparte el islam. Para occidente y la cultura moderna la sexualidad y la religión se han separado con el paso del tiempo a tal punto que hoy la virginidad es algo que tiene relativa importancia y por lo que ya no hay tanto rechazo social como si ocurrió en siglos pasados y donde el noviazgo apenas existía. Esta ultima postura es la que toma Sakura en la historia ya que al desconocer la importancia de la virginidad en el islam no tuvo reparo en perderla por "amor", algo que probara ser el mayor obstáculo en la historia para lograr su felicidad y que también la hará mas determinada.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
