Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Speechles" de Naomi Scott o bien "Castle" de Halsey.


El Cairo, Egipto

Como un joven empresario dueño de una cuantiosa fortuna de la cual podía disfrutar sin reparo alguno—aunque su hermana pensara que su forma de proceder era incorrecta y que debería ser más prudente—y que estaba viendo sus negocios ser bendecidos al forma una sociedad con algunos de los mayores inversionistas de El Cairo, Sasuke sentía que lo tenía todo en la vida para ser feliz, en el plano económico claro ya que en el plano personal solo necesitaba de algo para ser feliz; del amor de su esposa, y tenía eso. El Uchiha se encontraba tranquilamente recostado sobre la cama al momento en que la habitación del hotel en que Sakura y él se estaban hospedando se inundó de una suave melodía a la par que la puerta del baño se abría, dando paso a su esposa que portaba un traje simplemente cautivante, compuesto por un top en forma de mariposa negra bordado en hilo de oro, anudado tras el cuello y en la espalda baja con una serie de cuentas de oro pendiendo a la altura de su vientre expuesto y larga falda negra de seda y chiffon que se traslucía desde los muslos hasta los tobillos, son la tela bordada en hilo de oro para replicar capullos de rosa con un ligero caderin de cuentas negras bajo el cual se encontraban dos aberturas a los lados de las piernas. La pelirosa sostenía entre sus manos un sable del que pendía un ligero velo negro transparente que de inmediato formo una intolerable barrera entre Sasuke y ella, lo percibió ante la intensa mirada de él que de inmediato pareció devorar cada parte de ella con sus ojos, teniendo serias intenciones de desnudarla con la mirada pero el ligero velo entre ambos se lo impedía.

Sosteniendo entre sus manos aquel sable, teniendo cuidado de no soltar el velo que formaba el único margen entre Sasuke y ella, Sakura fingió ignorar la satisfacción que provocaba en ella la intensa mirada de su esposo, dándole la espalda una y mil veces en cadenciosos giros con el propósito de evadir su mirada, disfrutando de la forma en que el velo parecía envolver su figura, imposibilitando aún más que él fantaseara con la idea de quitarle hasta la última prenda como evidentemente deseaba hacer y por lo que oscilo los remolinos en movimientos más amplios para permitirle ver parte de ella aunque fuera muy poco. Realmente Sasuke agradeció el momento en que Sakura detuvo aquella insostenible tortura al volver a convertir el velo en un tenue margen entre ambos, dejando caer con elegancia y exponiendo su figura con esa confianza tan arrolladora que le hacía pensar que no amaba solo a una mujer de gran belleza sino que a una diosa, tal vez a la propia Isis por la tranquilidad que le transmitía y parecía una diosa ante el sugerente movimiento de sus caderas que seguían un vaivén lento y tentador que era imitado por las ondas trazadas en el aire por sus manos con una delicadeza tal que pareció desquiciarlo por completo en tanto el sable sobre su cabeza apenas y se movía…era absolutamente perfecta. Sin romper la unión de sus miradas y sin minimizar el suave vaivén de sus caderas o las líneas que trazaban sus manos en el aire, Sakura doblo lentamente las rodillas hasta conseguir sentarse sobre el suelo con las piernas medianamente abiertas, trazando suaves ondas en el aire a la altura de los ojos, conteniéndose para no sonreír al ver que Sasuke en ningún momento apartaba sus ojos de los suyos.

Haciendo alarde de aquella seguridad y confianza que resultaba tan atractiva en ella y que ostentaba ante la intensa mirada de Sasuke sobre ella, Sakura apoyo ambas manos en el suelo tras su espalda mientras dejaba que sus caderas marcaran por si solas el suave vaivén del ritmo de la música, relajando su cuerpo ante la melodía, arqueando lentamente su cuerpo hasta casi hacer que su espalda rozase el suelo, sin dejar de mover sus caderas en ningún momento más apartando a propósito su rostro del de Sasuke, volviendo aun mayor el desafío. No ver a los ojos a la mujer que amaba era algo impensable para Sasuke, puede que ambos pudieran entregarse por mucho al fulgor de la pasión, sin moderación, permitiendo que el instinto y la necesidad los consumieran casi por completo pero en ese momento resulto una tortura casi inaguantable no poder ver esos ojos jade que lo obnubilaban por completo, tan solo reservado al mundano placer de recorrer con sus ojos cada porción de piel visible, desde el recatado escote que apenas y daba lugar a la imaginación a ese vientre y caderas cuyos suave movimiento le hacía pensar en el incomparable placer que compartían en la intimidad, deslizando lentamente su mirada por esas piernas que eran su perdición y su propia cárcel, ¿era posible estar más enamorado de la mujer que estaba a tan solo unos pasos de distancia de él? Como si leyera su mente, Sakura irguió su cuerpo en ese momento, volviendo a encontrar su mirada con la suya con esa intensidad que podía transmitir mil y un cosas y que lo llevaba a él a recorrer cada parte del cuerpo de ella con su mirada solo para volver a esos ojos, a esos profundos pozos color jade.

Esbozando una ligera sonrisa, intentando no evidenciar su satisfacción personal al ver que la magia de concentrarse el uno en el otro con tanta intensidad no se rompía con nada, Sakura se levantó lentamente y dándole la espalda al Uchiha a propósito, volviendo a arquear el cuerpo en movimientos lentos y cautivantes hasta volver a encontrar su mirada con la de él, situando el sable justo bajo su busto de donde no perdió el equilibrio sin importar el suave movimiento de sus caderas ni la difícil posición en la que se encontraba, pudiendo percibir e identificar con claridad el brillo en los orbes ónix de él; se estaba desesperando por tenerla a su alcance y eso siempre era una buena señal. Irguiéndose, por fin volteo a verlo sosteniendo el sable con ambas manos y manteniéndolo muy cerca de su rostro, casi enmarcando su faz y la tenue sonrisa que luchaba por no demostrar para no darle la victoria a Sasuke. Con movimientos lentos y pausados que hacían que las aberturas a los lados de la falda expusiera adrede—o bien inconscientemente, dado el juicio de cualquiera de los dos—la piel de sus piernas, Sakura avanzo certeramente hacia la cama sosteniendo el sable entre sus dos manos pero sin dejar de mover cadenciosamente sus caderas al restante ritmo de la música, y sin apartar su mirada de la del Uchiha en ningún momento, luchando no volverse presa absoluta de ese extraño hechizo que intentaba adueñarse de ella por todos los medios cada vez que encontraba su mirada con la de él, ¿amor? Otros podrían llamarlo como quisieran pero ella prefería usar ese nombre porque era lo que le decía su corazón y lo que cantaba su alma.

Tan pronto como se encontró de pie junto a la cama, con apenas unos centímetros separándola de Sasuke, es que airadamente blandió el sable en su mano izquierda situando el filo de la hoja contra el cuello de él en una advertencia; él tenía su forma de ser y ella tenía la propia, no era una dulce muñeca que buscaba ser protegida del mundo con mimos y atenciones sino que era una mujer que anhelaba ser amada por él como si no hubiera un mañana, por lo que contener sus pasiones era lo último que ella podía desear que hiciera, todo lo contrario, quería despertar en el las mayores fantasías para cumplirlas en la realidad porque ella era la única que podía saciar su lívido tanto como él era el único hombre capaz de saciar sus deseos. En el mundo existía dos tipos de mujeres; las que querían poder material y las que querían poder en la cama, ¿Qué es lo que quería ella? Lo segundo, por supuesto, como toda mujer en el mundo tenia ambiciones y disfrutaba de tener una buena vida pero no era eso lo más importante para ella sino el amor que sentía por Sasuke y que él sentía por ella, y cada noche compartida juntos, cada intimidad en la cama o donde fuera reafirmaba su amor, por lo que ese era el único lugar del mundo donde deseaba tener poder, solo entonces se sentía tranquila. Observándose el uno al otro, ambos se sostuvieron las miradas; eran almas afines entre sí, se amaban intensamente pero ambos vivían en un permanente tira y afloja, imponiendo sus reglas del juego en todo momento, de ahí que el fuego en el interior de sus corazones no hiciera sino crecer y crecer, porque ninguno de los dos se daba por vencido.

Sin temor a aquella amenaza, Sasuke se levantó de la cama sin apartar en ningún momento su mirada de la de Sakura, rozando hasta casi el final la piel de su yugular contra el filo del sable, demostrándole que no le tenía miedo ni a ella ni a sus exigencias en tanto ella estuviera dispuesta a afrontar las consecuencias. Rodeándola lentamente y observándola como un depredador a su víctima, el Uchiha entrelazo una de sus mano con la de ella para quitarle el sable y dejarlo caer sonoramente al suelo, observando esos refulgentes ojos jade al momento de dirigir sus manos al bolsillo de su pantalón donde había estado ocultando un presentes que ciño alrededor de su cuello mientras deslizaba sus labios por su cuello, saboreando su piel a lo largo del cuello hasta su hombro, en medio de esos apasionados besos y caricias Sakura sintió un collar cerrándose tras su cuello, desciendo la mirada para analizar la cadena de oro de la que pendían quince lágrimas de oro pendiendo de finos sarcillos, mas apenas y pudiendo mantener los ojos abiertos, sintiendo cada parte de ella temblar ante la calidez de los labios de él, deseando que la recorriera por completo. Inhalando profundamente el aroma de jazmines que brotaba de la piel de ella, Sasuke desato los dos pequeños nudos que envolvían el top alrededor de su cuerpo, sin despegar sus labios del cuello de ella pese a sentir a la tela caer al suelo, deslizando de inmediato sus manos hacia el frente, ascendiendo por su vientre y rozándole ligeramente los costados hasta llegar a sus pechos, amasando su piel bajo sus manos, sintiendo sus pezones endurecidos contra sus palmas, bajo su tacto.

Sobrecogida por el torrente de fuego y pasión pura que recorría cada parte de su piel, Sakura fue incapaz de resistirse—ni era esa su intención—al tacto de Sasuke, arqueando el cuello hasta apoyar el costado de su rostro contra el hombro de él, gimiendo y entregándose de lleno a sentir sus caricias en esa área tan sensible de su anatomía y que tanto la acomplejaba pero que increíblemente era uno de los lugares favoritos de su esposo si de prodigar atenciones se trataba. Sintiendo las caderas de ella moverse hacia atrás de forma inconsciente, rogando por mas, Sasuke dejo que una de sus manos se deslizara a lo largo del vientre de ella y bajo la falda para ahuecar su sexo y penetrar en su interior, sonriendo ladinamente mientras aun presionaba húmedos e insistentes besos sobre su piel. Con la respiración agitada, impaciente por sentir más placer, Sakura se deshizo del certero agarre de su esposo alrededor de su cuerpo, volteando a verlo a los ojos y envolviendo sus brazos alrededor de su cuello fundiendo sus labios en un nuevo beso y arrastrando consigo a Sasuke al retroceder hacia la cama…durante su compromiso Sasuke le había hecho una promesa, que nunca le faltaría nada porque él se encargaría de cubrirla de sedas y oro, pero ni aun ahí, siendo desnudada en esa habitación, no sentía que le faltase nada en la vida para ser feliz, ninguno de los dos sentía que existiera un vacío en sus vidas, eran inmensamente felices y se amaban.


Rio de Janeiro, Brasil

-Vamos, Izumi, sino el sol quema mucho— apremio Itachi desde la sala, eso y que si no llegaban pronto a la playa no conseguirían un buen lugar.

-¡Ya voy!— contesto Izumi, observándose una última vez ante el espejo de la habitación.

Mientras que en Marruecos todas las piezas parecían tomar su propio sitio con el paso del tiempo, en Brasil Itachi e Izumi pretendían aprovechar que era un día festivo y que por ende no tenían razón para trabajar y abrir la tienda, para ir a la playa y distraerse aunque fuera una vez. Afortunadamente Itachi había crecido en Brasil al igual que Izumi y ambos estaban familiarizados con las excentricidades de occidente y con las costumbres diferentes a las que tenían que adecuarse por lo que habían logrado adquirir su propio equilibrio y formar su propia vida, en paz. En tanto Izumi terminaba de prepararse—de ajustarse el velo, ya que en un lugar público no podía mostrarse descubierta en lo absoluto—Itachi aguardo pacientemente en la sala cargando las sillas de playa y sombrilla al momento en que el teléfono sobre la mesita de la sala comenzó a sonar, lo que lo forzó a hacer un equilibrio admirable para no soltar nada y aproximarse lentamente para tomar el teléfono con una mano, dejando todo lo demás sobre el sofá justo en el momento en que Izumi apareció en la sala cargando el bolso con todo lo que habrían de necesitar y que de inmediato acudió en su ayuda, curiosa sobre quien podría estar llamándolos; su tío siempre prefería llamar durante la tarde para lo que aún faltaban varias horas, Biwako llamaba por la noche antes de la hora de la oración para no molestar y Sakura o Sasuke estaban de viaje en El Cairo así que no tenían tiempo para efectuar llamadas, ¿de quién podía tratarse entonces? Izumi prefirió no pecar de preguntona y aguardar a averiguar la respuesta por sí sola, viendo a Itachi tomar el auricular del teléfono y contestar.

-¿Hola?— contesto el Uchiha.

-¿Quién es?— curioseo Izumi inevitablemente, mordiéndose la lengua por dentro al entrometerse.

-Emi— respondió él sin ningún problema, igual de confundido por recibir una llamada de su parte y toda más de las palabras que escucho. —No, Emi, Izumi no está esperando ningún hijo— sí que era extraño escuchar eso, si Izumi estuviera embarazada él sería la primera persona en saberlo, —¿Por qué?— pregunto en caso de que se hubiera esparcido un falso rumor.

-¿Pero qué está sucediendo, Itachi? Parece que tienes problemas— reprendió Emi ante el ritmo que estaban tomando las cosas y que por ahora favorecía sus críticas.

-Yo no tengo problemas, Emi— obvio Itachi de inmediato, en la familia jamás había existido un solo hombre que no pudiera tener hijos y él no sería la excepción.

-Entonces si los tienes— desestimo ella, disfrutando de dejar esa espinita clavada a propósito, —tu familia no está como debe estar, si los pequeños no aparecen es porque alguien en tu casa tiene algún problema— aludió ya que si su hermano decía no tener problemas, eso quería decir que Izumi si los tenía.

-Pues no soy yo, ¡no soy yo!— insistió él, ofendido por semejante suposición, terminando la llamada de inmediato.

Para los musulmanes que tenían fama de ser una de las etnias—o bien sociedad religiosa, dependiendo si era una comunidad que practicaba la religión o que bien pertenecía a un lugar determinado—más proliferas de la tierra no existía mayor ofensa que suponer que un hombre no era capaz de tener hijos o que bien tenía un problema, pensar eso era tan ofensivo como cuestionar si una mujer podía tener hijos, y de entre todo Marruecos la familia Uchiha era una de las conocidas por su intachable descendencia a lo largo de los años tanto en hombre como en mujeres. Era insoportable para Itachi tener que lidiar con la actitud entrometida de su hermana ese a estar separados por miles de kilómetros de distancia y en dos continentes completamente opuestos, Izumi y él eran felices juntos pero ahora resulta que a ojos de Emi eso no era suficiente si no había un niño en camino, ¿Por qué tanta premura de todas formas? Itachi podía ser muy tolerante con respeto a doña Emi pero Izumi no lo era, ella podía ver a través de sus ardides y comprender que lo que estaba buscando era crear tempestad en la relación entre Itachi y ella para motivarlo a buscar una segunda esposa porque esa mujer no concebía dejar que ella fuese feliz, podía ser muy inocente e ingenua pero no era ninguna tonta, era mujer y no permitía que nadie en el mundo le quitase su lugar, nunca toleraría que Itachi tuviera a otra esposa o que lo considerase siquiera, el día que eso pasara ella haría las maletas y se regresaría Marruecos, prefiriendo ser devuelta a su familia de ser preciso pero jamás devaluaría su dignidad como mujer al compartir a su esposo con una extraña que con seguridad disputaría su afecto.

-Doña Emi quiere conseguir otra esposa para ti— concluyo Izumi de inmediato, conociendo bien a la mujer que era su cuñada.

-No es eso, Izumi, solo quiere saber porque aún no tenemos un hijo— intento tranquilizar Itachi, tomando literalmente las palabras dichas por su hermana.

-Te quiere casar con otra mujer, nunca permitiré eso— estableció la pelicastaña, lamentándose internamente de no haber exigido ser la única esposa de Itachi en su contrato de matrimonio, —volveré a Marruecos y pediré el divorcio, no dejare a otra mujer entrar a mi casa, voy a ser la única siempre, mi marido es mi marido y solo mío— advirtió, imponiendo su dignidad en caso de que Itachi pensara siquiera en otra mujer.

-Sí, mi amor, eso no va a pasar nunca— sosegó el Uchiha, incapaz de pensar siquiera en que existiera otra mujer capaz de hacerlo tan feliz como solo Izumi podía hacerlo.

-Itachi, ¿puedes jurar que nunca has pensado en tener una segunda esposa?— cuestiono ella, incapaz de tranquilizarse hasta escuchar esas palabras de su boca.

-Nunca, mi amor, te lo juro— reitero él con una ligera sonrisa, no deseando que ella se enojara innecesariamente.

Si bien personas como su tío Homura o su propia hermana Emi consideraban atractivo que un hombre tuviera más de una esposa—tanto para desligarse de la rutina como para tener una familia numerosa—, Itachi era del tipo de persona que lo mejor que podía existir en el mundo era vivir en paz y para lograrlo lo mejor era tener una sola esposa, si bien no lo hacía establecido por escrito en su contrato de matrimonio no tenía intención alguna de pensar en otra mujer si tenía a su esposa, los matrimonios sucedían para controlar los impulsos—ese era el fin moral por el que se planeaban los enlaces matrimoniales en cuanto una pareja tuviera la edad suficiente—, entonces ¿Por qué habría de desviar la mirada?, ¿Qué base tenia para hacerlo? Las palabras de Itachi resultaron ser un inmediato bálsamo para las inseguridades de Izumi que si bien se sentía el eje de mayor importancia en la vida de Itachi desde que se había casado con él, sentía terror ante la idea de perder su lugar como su primera y única esposa al no tener raíces en la tierra en que había sido plantada como un capullo de rosa, ¿Qué certeza tenia de ser la primera esposa siempre si aún no tenía un hijo? No le gustaba admitirlo en lo absoluto pero incluso ella deseaba poder vivir tranquila y no lo conseguiría hasta no tener un hijo de Itachi y ella en sus brazos…puede que ya fuera tiempo de dejar de vivir para los placeres de la vida matrimonial y comenzar a hacer a un lado la protección para establecer su lugar, debía hacerlo si quería cerrarle la boca a doña Emi e impedir que una mujer exhibicionista—porque nadie salvo una mujer sin moral aceptaría ser segunda esposa de un hombre—le quitase a su esposo.

-Itachi, Alah va a mandarnos un hijo el día y la hora en que él quiera, no cuando doña Emi quiera— recordó Izumi, observándolo muy seriamente en caso de que incluso él la creyese una ingenua porque no lo era. —Vámonos a la playa, rápido— apremio, dirigiéndose hacia la puerta con el bolso en mano y la sombrilla.

En silencio, Itachi siguió a su esposa cargando las demás cosas, sabía que Izumi estaba enojada y prefería guardar silencio y no aumentar su ira, ya hablarían cuando estuviera más calmada pero él no cambiaría de parecer no importa que sucediese, para él solo existía una mujer en su vida y en su corazón, solo tenía y tendría una esposa y esa mujer era Izumi. Emi podía desvivirse resaltando defectos que Izumi no tenía pero él no dejaría de creer que la mujer a su lado era perfecta.


Conocer El Cairo por una semana había sido una experiencia absolutamente insuperable para Sakura, se había reconciliado con las raíces de sus abuelos paternos y de su fallecido padre que había crecido en esa ciudad, se había enamorado de la Gran Esfinge y del imponente desierto que se había sentido capaz de contemplar por horas y horas…la experiencia había sido maravillosa, la luna de miel que Sasuke y ella no habían disfrutado inmediatamente tras la boda, pero como todo lo hermoso en vida eso no había podido durar para siempre, y aunque ambos habían disfrutado largamente de pasar días y noches juntos, pronto habían tenido que regresar a Fez porque Sasuke no podía pasar tanto tiempo desatendiendo su trabajo y ella misma no podía desligarse de su hogar y descuidar sus responsabilidades, prefiriendo asegurarse personalmente de que todo se hiciera de la forma en que a ella le gustaba que se hicieran sin importar que no pudiera soportar a doña Emi. Observándose una última vez ante el espejo, Sakura se acomodó el cabello con las manos y aliso la tela de su blusa antes de tomar el velo que había dejado sobre la capa y que distendió mientras se dirigía hacia la sala, no teniendo necesidad de apoyarse en el barandal mientras bajaba las escaleras; desde su llegada el día anterior no había acudido a visitar a su tío y saludarlo debidamente, pidiendo su bendición, eso era algo inaceptable y que pretendía remediar en ese momento, siendo observada por doña Emi que se levantó de uno de los divanes de la sala con las manos en las caderas, ya escudriñándola con la mirada nada más verla.

-Iré a casa de tío Hiruzen, doña Emi— aviso Sakura, acomodando el velo almendra sobre su cabello y parte del lienzo izquierdo sobre su hombro.

-Pero antes me gustaría tomar un té— detuvo Emi, incapaz de dejarla ir hasta que le sirviera una taza de té.

-Le pediré a Tenten que lo traiga— dispuso ella, pretendiendo dirigirse hacia la cocina.

-No, quiero que seas tú quien lo traiga— insistió la Uchiha, causando que se detuviera en el umbral.

-Mi tío me espera, tengo prisa— negó la pelirosa, ya había postergado mucho tiempo hacerle una visita a su tío y no quería seguir haciéndolo.

-Sakura, ¿te estas rehusando a servirme una taza de té?— cuestiono Emi con una sonrisa ladina, divertida por su desacato hacia su persona. —¿A mí, que crié a tu marido, que fui mucho más que una hermana para él? Fui una madre para él— esa niña no podía negarse a nada de lo que ella dijese, si lo hacia Sasuke se enfadaría con ella, ese era su seguro para ser obedecida.

-¿Quiere dejar que Tenten le haga el té?— inquirió Sakura, cerrando los ojos por un momento, respirando serenamente para no perder la paciencia y decir algo de lo que fuera a arrepentirse.

Ya había perdido la cuenta de la innumerable cantidad de veces que había oído esas palabras a tal punto que prácticamente parecía haber perdido valor emocional, si, Emi había criado a sus dos hermanos menores ante la temprana muerte de su padre y su madre, había tenido que ser una madre para ambos y por ende era en gran medida responsable de que ellos fueran los hombres que eran hoy en día pero eso no implicaba como obligación que Sakura tuviera que bajar la cabeza ante ella las veinticuatro horas del día, ella era la dueña de su hogar y era Emi quien debería respetar que ella se hiciera cargo de todo y saliera de casa cuando deseara hacerlo, algo que cabe añadir hacia muy poco, ¿Qué diferencia había entre que ella sirviese una taza de té para Emi a que Tenten lo hiciera? Emi no estaba minusválida ni era una anciana por lo que no tenía por qué acceder a todo lo que le pidiera. Al momento de buscar una esposa para su hermano, Emi había buscado en primer lugar a una buena mujer que perteneciera a una familia respetable y cuyo honor fuera incuestionable, y lo había logrado, Sakura era una buena mujer y pese a su crianza liberal había demostrado ser toda una joya pero no tenía la actitud sumisa que Emi había buscado como prospecto de cuñada, esa niña le rebatía cada cosa que sentía que no se hacía de la forma en que a ella le gustaba...esa niña se tomaba demasiadas atribuciones, se sentía ama y señora de esa casa cuando su deber como esposa de su hermano era rendirle pleitesía a ella y subordinarse a sus órdenes, tenerle respeto como si fuera la madre de Sasuke y eso era razón suficiente para que Emi considerase a esa niña como una piedra en su zapato.

-Yo jamás te simpatice, ¿cierto? Sakura— más bien afirmo Emi, suponiendo que esa era la razón de esa niña para oponerse a todo lo que ella dijera. —Quieres arrancarme de la vida de Sasuke, quieres que caiga la desgracia sobre mí— si realmente la respetara, la obedecería en lugar de protestar ante su influencia y presencia.

-¿Yo?— pregunto la pelirosa, ligeramente divertida porque supusiera eso ya que jamás le había dado razones para pensar eso, siempre la había respetado solo que no la obedecía todo el tiempo y eso era algo distinto.

-Sí, porque yo veo tus intenciones en seguida, veo cosas que Sasuke no ve— obvio la Uchiha, sosteniéndole la mirada y viéndola como lo que era; una enemiga en su vida.

-Ya estoy cansada de escucharla hablar así de mí— bufo Sakura, pasando junto a ella y dirigiéndose hacia la puerta, no tenía por qué seguir escuchándola.

-No eres buena, solo vas a traer disgustos a esta familia— declaro ella, siguiendo sus pasos, no dejándola marchar hasta que hubiera escuchado todo lo que ella tenía que decir. —Espero que nunca tengas hijos, que Sasuke encuentre a otra esposa y se divorcie de ti— quería infundirle el miedo de ser repudiada, remplazada si Sasuke tomaba una segunda esposa, quería ver el terror en esos ojos.

-También me aborrece, ¿verdad?— afirmo la pelirosa, ya que Emi quería seguir esa línea. —No puede soportar que sus hermanos vean a otra mujer que no sea usted— si Emi cuestionaba tanto a Izumi y a ella, si las consideraba insuficientes es porque tal vez les tenía envidia.

-¿Cómo te atreves?— la Uchiha se encontró simplemente sin habla…nadie jamás se había atrevido a hablarle así, ¿Quién se creía que era esa niña?

-No tengo la culpa si no puede casarse con ellos, no tengo la culpa si esta indecisa entre ambos, no tengo la culpa e Izumi tampoco la tiene— esclareció Sakura, diciendo por fin aquello que llevaba conteniendo desde que se había casado con Sasuke, nadie más iba a decirle eso a la cara pero ella sí.

Con el aliento atrapado en la garganta, Emi contemplo sin habla como Sakura abría y cerraba las puerta tras de sí, dejándola sola en la sala y con la palabra en la boca, temblando de ira pura. Esa niña era valiente, temeraria gracias al amor de Sasuke, pero Emi sabía muy bien como desprestigiarla y hacerla parecer falsa como el agua, sabia como volverla vulnerable al despertar la duda en Sasuke y lo haría…


Siempre era satisfactorio para Hiruzen ver a su sobrina, especialmente desde su regreso de El Cairo, por lo que no tuvo mayor alegría que recibirla en su casa, sinceramente habría deseado que a su regreso Sakura trajera consigo la insuperable noticia de que pronto la unión matrimonial se concretaría realmente a través del nacimiento de un hijo pero tristemente aun parecía ser demasiado pronto para esperar fruto de dicha unión, ni siquiera Izumi en Brasil daba indicios de un embarazo lo que resultaba en un limbo; sus sobrinas aun eran niñas pero también mujeres casas y él no podía evitar sentir nostalgia, deseaba volver al pasado para tenerlas de nuevo bajo su protección sin importar que fuera un deseo egoísta. Sentado delante de él se encontraba Sakura, hermosa y luciendo una elegante blusa marrón claro de seda, escote en V y mangas acampanadas ribeteada en encaje en el borde de las mangas y el escote, ceñidos pantalones marrón sepia, cómodos zapatos bajo y su largo cabello rosado peinado en una cascada de ondas que caían libremente tras su espalda haciendo destacar el grueso collar de oro alrededor de su cuello y las argollas de oro a juego así como la pulsera en su muñeca izquierda…era una mujer feliz, enamorada y complacida con la vida y con su matrimonio, dedicándose a verse hermosa y ensalzar todas las muestras de amor que recibía de parte de su esposo, estaba feliz, era imposible no ver eso, y Hiruzen estaba feliz pero necesitaba escuchar esa confirmación de su propia boca, no estaría tranquilo hasta que ella le garantizase que realmente era feliz junto a Sasuke.

-Cuéntame, ¿Cómo va tu matrimonio?— pregunto Hiruzen, sosteniendo las manos de su sobrina entre las suyas, —¿eres feliz con Sasuke?— enfatizo, observando sus ojos para descubrir si ella estaba mintiendo para no preocuparlo.

-Más de lo que pensé que podría serlo, tío, mil veces más— contesto Sakura de inmediato y sin delación, sonriendo radiantemente.

-Y trasmites esa alegría, el brillo en tus ojos lo dice todo— celebro el Sarutobi, mucho más tranquilo al ver la sonrisa en su rostro. —¿Te gusto El Cairo?— inquirió esperando que la respuesta fuese .

-Muchísimo, por un momento creí que me sumergiría en ese desierto y no querría salir a respirar nunca más— rió ella, anhelando volver a visitar esa tierra en que habían nacido sus abuelos y su padre, le había resultado incomparable contemplar ese desierto, era algo hermoso. —Tío, si todo sale bien, espero poder tener un hijo muy pronto— menciono, esperanzada de que Alah atendiera a sus oraciones pronto.

-Llenarías de alegría esta casa con esa noticia— correspondió él, feliz por ver esa ilusión danzar en los ojos de su sobrina.

Era joven aun, solo tenía dieciocho años y toda la vida por delante pero lo cierto es que ya estaba en campaña para la idea de tener un hijo, aunque no es como si Sasuke y ella hubieran empleado algún tipo de protección hasta ahora porque ciertamente no lo habían hecho, no se habían decidido inmediatamente a tener hijos sino a conocerse pero sería tonto de parte de ambos no saber que sin medidas preventivas para no concebir era prácticamente seguro que incluso a esas alturas un bebé se encontrara en camino…pero no era si, por muy ilusionada que se encontrase Sakura con la idea de tener un hijo de Sasuke, aún no estaba embarazada, se había hecho una prueba de embarazo esa mañana para descartar la posibilidad y en cierto modo aún era bueno que no tuvieran un hijo, ambos tenían mucho más que conocer y disfrutar el uno del otro como para tener un hijo en los primeros meses de casados, no, por ahora lo mejor era esperar y hacer planes del futuro que ambos querían tener y que estaban escribiendo juntos. Hiruzen estaba realmente feliz por la alegría que transmitían los ojos y la sonrisa de su sobrina y aunque estaría feliz de que ella llenara esa casa con el ruido de la actividad de un niño, también prefería que ella siguiera siendo la niña que había recibido hacia unos meses, no quería dejarla ir aun, Sasuke y ella aun eran jóvenes y Alah mediante los hijos vendrían pronto. Irrumpiendo involuntariamente en la conversación, Biwako llamo a la puerta del despacho de su señor y amigo que como siempre permanecía entreabierta, cruzando el umbral de la puerta y haciendo que tanto el señor Hiruzen como Sakura volteasen a verla.

-Señor— se anunció Biwako al entrar, sabiéndose el centro de atención por su presencia. —Es Sasuke, vino a buscarte— revelo volviendo su rostro hacia Sakura que frunció ligeramente el ceño.

-Dile a Sasuke que pase para que tomemos el té— invito el Sarutobi de inmediato, dichoso con la noticia de una visita tan agradable para él.

Siempre era bueno para Hiruzen recibir visitas en su casa y mejor todavía si se ataba de aquel a quien era su sobrino en ley y a quien veía como un hijo más desde que se había casado con su sobrina, pero si bien él estaba gratamente sorprendido por la llegada de Sasuke, Sakura se encontraba confundida, levantándose de inmediato de la silla ante el escritorio de su tío y abandonando el despacho rumbo a la sala, ¿Por qué Sasuke acudiría a buscarla a esa hora? Debía estar trabajando, no perdiendo el tiempo ya que ni siquiera había adquirido esa costumbre pese a que el tiempo compartido por las noches pareciese insuficiente, ella conocía bien su horario de trabajo y lo mesurado que era, nada podía distraerlo salvo ella pero ni siquiera ella disfrutaba de metiéndose en su vida tal y como él no se entrometía cuando ella estaba en la cocina. Ralentizando sus pasos a propósito, Sakura se detuvo en el umbral de la sala antes de entrar, estudiando el comportamiento de su esposo que se paseaba en círculos como un león enjaulado con un mano a la altura del mentón,…estaba enojado, lo conocía bien, más aun así y queriendo pensar que se debía a algo relacionado con el trabajo es que Sakura finalmente entro en la sala siguiendo permanentemente con su mirada los movimientos de Sasuke—no advirtiendo que Biwako la seguía muy de cerca, permaneciendo en el umbral de la sala—que al advertir su presencia volteo a verla y lejos de serenarse su ira no pareció sino enfocarse específicamente en ella, como si ella fuera la culpable de que él se encontrase de esa guisa.

-Sasuke…— saludo Sakura con una ligera sonrisa, feliz de verlo tras haberlo extraño a lo largo del día hasta ahora.

-¿Qué le hiciste a mi hermana?— cuestiono Sasuke de inmediato, incapaz de permitirle hablar siquiera.

-Yo no le hice nada— contrario ella confundida, comenzando a entender el porqué de su presencia en ese momento.

-Está llorando y lastimada porque fue insultada por ti— acuso el Uchiha, ofendido al ver la paz de su familia siendo interrumpida por causa de ella.

-Es mentira, Sasuke, yo no le hice nada— aseguro la pelirosa de inmediato, entrelazando su mirada con la de él, pidiéndole que le creyese.

-Emi no miente, conoce la religión— refuto él, conociendo mejor que nadie a su hermana, ella había sido una madre para él a lo largo de los años, no podía dudar de ella.

-¿La que miente soy yo, entonces?— cuestiono Sakura, molesta al saber que la respuesta era si aunque Sasuke no estaba dispuesto a afirmarlo de viva voz.

-Quiere abandonarnos, dice que trabajara como sirvienta en casa de extraños porque fue humillada por ti— contesto él simplemente, centrándose en lo importante y no en debates emocionales de ese tipo.

-No creo que dijera eso— bufo la pelirosa, incapaz de creer en la palabra de Emi porque si conocía sus defectos a diferencia de él.

-Sakura, hago todo para que seas feliz, pero hay una cosa que no admito; que agravies a mi hermana— recordó Sasuke muy seriamente, la amaba con todo su corazón pero incluso su amor por ella tenía límites. —Mi hermana es sagrada, debes respetar a Emi como respetarías a mi madre— en ausencia de su fallecida madre, siguiendo las costumbres Sakura debía dirigirle idéntico respeto a Emi porque era la mujer más importante de la familia. —Ahora vamos, le pedirás disculpas porque si se va, la culpa va a ser tuya— indico, queriendo remediar este problema y cuanto antes.

-Iré por mi velo— suspiro ella con idéntica ira que él, ofendida porque Sasuke no creyera en su palabra pero si en la de Emi.

Sin cesar en su ira y disgusto, reviviendo una y otra vez en su mente las palabras de Emi, incapaz de no confiar y creer en la palabra de su hermana…Sasuke sintió culpa y remordimiento, de inmediato pensó que había sido demasiado injusto con Sakura al dudar de su palabra e imponer el vínculo entre Emi y él por encima de su matrimonio, pero no podía confiar en ella de la misma forma en que confiaba en Emi, ella era su hermana y jamás le había dado razones para desconfiar de ella, pero Sakura era otra historia sin importar que no quisiera dudar e ella si tenía razones para hacerlo y muy serias. Apretando fuertemente las manos mientras caminaba, Sakura se dirigió hacia el despacho de su tío para recuperar su velo que había dejado sobre su escritorio, furiosa más intentando contenerse de liberar su ira en un quiebre impropio, ¿Por qué sorprenderse de que Emi hubiera mentido para hacerla quedar mal y crear tempestad entre Sasuke y ella? Emi era capaz de todo para culminar sus planes…no la odiaba ni detestaba pero si anhelaba que esa mujer se casara y tuviera su propia vida porque estando en su casa, permanentemente encima de Sasuke y ella casi las veinticuatro horas del día no les permitía tener la intimidad que toda pareja merecía tener, la semana que Sasuke y ella habían pasado en El Cairo había sido simplemente perfecta pero ahora se daba cuenta de que su alegría no podía durar. En el camino de regreso al despacho de su tío, Sakura fue detenida por Biwako que le tendió su velo personalmente a la par que le sujetaba el brazo, pudiendo palpar su ira, incapaz de dejarla partir así de enfurecida o seguramente Sakura haría algo de lo que acabaría arrepintiéndose.

-Haz lo que te está pidiendo, después cambiaras con doña Emi—aconsejo Biwako en un susurro, haciendo que Sakura la observase indecisa a causa de su propia ira, —se mas lista, Sakura— insistió, conociendo bien a esa niña, confiando en que haría lo correcto al final.

Estaba indignada, furiosa porque Sasuke aún no confiara en ella como para creer en su palabra, pero Sasuke tenía sobradas razones para dudar de ella, lo sabía bien y debía resignarse por ahora. Había herido el orgullo de Sasuke y esa herida aun no sanaba por completo, necesitaba más tiempo pero lo haría, ganaría la confianza de Sasuke no importa que es lo que tuviera que hacer y Emi no iba a perturbar su felicidad, no dejaría que lo hiciera. Sin otra opción, Sakura asintió por lo bajo, regresando a la sala junto a Sasuke…


Para que un matrimonio fuera exitoso lo fundamental era que existiera confianza entre dos personas, que pudieran creer el uno en el otro a pesar de las mentiras que pudieran ser inventadas por terceros pero por más que él quisiera creer en la palabra de Sakura no podía hacerlo y ella parecía haberse resignado a mantener silencio respecto al tema tan pronto como regresaron a casa, Sakura dirigiéndose de inmediato a la cocina en completo silencio, apenas y dirigiéndole una mirada a Sasuke quien de todas formas la siguió a la cocina, no quería dudar de ella ¿pero qué otra opción tenia? No quería dudar pero su familia estaba primero, si hoy era el hombre que era se debía a que Emi había dedicado más de una década a criarlo a él y a Itachi, ¿Cómo no creer en su hermana mayor que había sido una madre para él? En tanto Sakura terminaba de preparar el té, Sasuke retorno a la sala donde su hermana Emi se mantenía permanentemente recostada sobre uno de los divanes con el dorso de su brazo apoyado contra su frente en un gesto de agotamiento puro…una parte de él sabía bien que Emi tenia a exagerar las cosas pero hasta ese punto de su vida nunca le había mentido, ¿Por qué dudar de ella entonces? No le gustaba admitirlo pero claramente Sakura le daba mayores razones para dudar y por lo que prefería asirse a la confianza que le transmitía su propia familia por encima de su unión conyugal. Preocupado por su hermana, Sasuke se sentó en el diván contiguo, observándola, esperando que la debilidad que ella insistía sentir no fuera algo grave, estando dispuesto a llamar a un medico si esa dolencia permanecía.

-¿Estas mejor?— pregunto él tras observar largamente y en silencio a su hermana mayor.

-Un poquito mejor— tranquilizo Emi, sosteniendo una de las manos de su hermano entre las suyas, —pero me siento mal de la cabeza, me tiembla el cuerpo…que debilidad—se lamentó falsamente, ni siquiera intentando erguirse del diván, permaneciendo recostada.

-Llamare al médico— decidió Sasuke, prefiriendo pecar de alarmista antes que de negligente.

-No lo llames, es solo una emoción, ya pasara— negó ella, estrechando la mano de su hermano, dirigiéndole una inocente sonrisa para sosegar su preocupación.

Oh, no, no, no, no; lo último que necesitaba en ese momento para quedar en evidencia como una mentirosa es que un médico llegara para examinarla, no, preferiría fingir un infarto de ser preciso pero no permitiría que Sakura ganara esa partida, esa niña estaba guiando a su hermano a su propia perdición y lo estaba alejando del buen juicio, lo estaba volviendo presa fácil de los placeres, ¿Cuándo Sasuke pasaba tanto tiempo en casa o tenía tan buen ánimo día sí y día también? Desde que ella estaba en su vida todos los días eran dichosos para ellos dos pero no para ella que había llegado a su límite, no permitiría que Sakura hiciera lo que quisiera, ella no lo consentiría. Para alguien como Sakura que había crecido siendo autosuficiente, era insostenible no poder dirigir a gusto su propia casa, era una mujer casada pero siempre tenía que pedir la opinión de doña Emi en todo porque no tenía otra opción; las costumbres y la religión estipulaban que la mujer de mayor edad en la familia debía respetarla y dejar que se hiciera cargo de todo, no le agradaba en lo absoluto la idea de ser sirvienta dentro de su propia casa siendo que ni siquiera ella le pedía a Tenten que se subordinase a sus órdenes todo el tiempo, pero no podía ser mala persona, no le costaba ser amable con esa mujer, no le gustaba la idea de tener que bajar la cabeza pero tenía que ganar la confianza de Sasuke y si ese era el camino…lo haría. Apretando sutilmente el borde de la bandeja que cargaba y en que traía té, azúcar, miel, dulces y unos pequeños panecillos, Sakura ingreso en la sala con una sutil expresión de disgusto que supo camuflar con indiferencia para que Sasuke no se diera cuenta.

-Traje té para usted, doña Emi— anuncio Sakura al entrar, sin pensar siquiera en sentarse a gusto en la sala de su casa porque puede que incluso se le juzgara por ello.

-Sakura lo preparo con mucho afecto para ti— garantizo Sasuke, esperando que pudieran dejar atrás lo ocurrido cuanto antes.

-¿Quiere miel o azúcar?— pregunto la pelirosa, dejando la bandeja sobre la mesita ante el diván para servirle.

-Miel, quiero miel— contesto Emi con un tono infantilmente exigente, disfrutando de que su cuñada ahora fuese su sirvienta…dulce venganza, pensó la Uchiha, sonriendo por dentro.

Resignada a mantener la cabeza baja para dejar este problema atrás aunque fuera solo por ahora, Sakura sirvió la taza de té añadiendo la porción suficiente de miel para que fuera del agrado de doña Emi, tendiéndole la taza que la Uchiha recibió con una sonrisa falsa para no quedar en evidencia como mentira a los ojos de su hermano que en ese momento le beso la frente mientras ella se llevaba la taza a los labios, aprovechando la distracción de su hermano menor para arquear con ingenio una ceja a Sakura que apretó fuertemente la mandíbula al tener que disculparse por algo que ni siquiera había hecho…se mas lista, se mas lista, repitió Sakura una y otra vez en su mente, serenándose y esbozando una sonrisa igualmente falsa cuando Sasuke volteo a verla para cerciorarse de que la enemistad entre ambas había terminado, ¿Emi era buena mintiendo descaradamente? Bien, ella también podía seguirle el juego porque no le daría el gusto de estropear su matrimonio, no habría tempestad en su felicidad junto a Sasuke, no lo permitiría.


Rio de Janeiro, Brasil

Tarareando para sí, Izumi barrio la entrada de la tienda con calma mientras desviva de vez en vez la mirada hacia la calle donde un grupo de niños estaban jugando al fútbol…en momento así extrañaba Marruecos la libertad de poder practicar un deporte que por años le había significado una gran alegría y que por ahora no podía practicar, no solo porque no tenía donde hacerlo sino porque ya no era ninguna niña sino que una mujer casada. Pero no era solo eso, no se trataba únicamente de que extrañase su tierra, su medina y mezquita, o el fútbol sino también del pensamiento que tenía en el último tiempo, su deseo de tener un hijo tanto por su propia estabilidad en la familia por la que ahora llevaba el apellido Uchiha sino también por su propia felicidad, Itachi y ella eran realmente felices pero su felicidad realmente seria plena y total cuando tuvieran un hijo, mas Alah seria quien dijera cuando sucedería eso, no ella ni nadie, mucho menos doña Emi. Con un sobre abierto en la mano, Itachi se dio prisa en regresar a la tienda que había dejado bajo el cuidado de Izumi mientras se había dirigido hacia la oficina de correos, sabía bien que no era correcto dejar a su esposa sola y desprotegida, ni siquiera por unos minutos pero no había tenido otra opción ya que había llegado una carta muy importante para él y que contenía una noticia maravillosa que quería compartir con Izumi a quien vio sumamente concentrada barriendo la entrada de la tienda, sumergida en su propio mundo y ajena a lo que él iba a decirle, lo que lo motivo a darse prisa en llegar al lado de ella y sacarla de ese ensueño; la sorpresa seria aún más maravillosa.

-Mi amor, mi alma— envolvió sus brazos alrededor de Izumi tan pronto como se encontró frente a ella.

-Itachi— correspondió ella, siempre disfrutando de un abrazo de su parte o de cualquier tipo de muestras de afecto.

-Llego una noticia maravillosa— anuncio Itachi, alzando en su mano el sobre abierto.

-Cuenta, cuenta— rogó Izumi, incapaz de quitarle el sobre y leer la carta, prefiriendo que él se lo dijera.

-Hemos sido bendecidos por Alah— él no podía ver de otro modo la noticia recibida, era una bendición tener a las dos mujeres más importantes de su vida dentro de su casa.

-Pero cuenta, ¿Qué paso?— insistió ella casi brincando de la emoción, comenzando a impacientarse seriamente.

-Emi vendrá, ¿no es una bendición? Viene a pasar una temporada con nosotros— revelo el Uchiha finalmente, feliz delirantemente, solo hacía falta que su hermano y Sakura le hicieran una visita y sería realmente feliz. —Prepara cuanto antes el cuarto de huéspedes, que alegría tener a Emi aquí, ¿no lo crees?— Emi no le había dado razones del porqué de su visita en la carta, pero esperaba que no se tratase de algo malo.

-Si…— suspiro Izumi, con una falda sonrisa, apretando los dientes para sí misma.

¿Por qué yo, Alah?, ¿Por qué? Se cuestionó Izumi mentalmente mientras apretaba fuertemente sus manos alrededor del palo de la escoba, sin darle a entender a Itachi en ningún momento que lejos de estar feliz estaba furiosa y angustiada por la noticia de la visita de esa víbora, porque estaba segura de que esa mujer se dedicaría a hacer de su vida un infierno apenas llegara, esa mujer no era feliz y no permitía que nadie más lo fuese…Sakura ya la había soportado en Marruecos y ahora ella debería tolerar su presencia en Brasil.


Ahora que Emi había partido a Brasil, Sakura sentía que realmente podía ser feliz y estar tranquila, Emi no había parado de decir una y mil veces que se sentía ajena en la casa de su hermano y que tal vez Itachi fuera más comprensivo y la recibiera en Brasil con amor en tanto que en Marruecos Sakura la trataba como a su enemiga. Aún estaba ofendida por la desconfianza de Sasuke hacia su persona pero comprendía mejor que nadie que ella era la responsable de esa desconfianza, todo sería distinto si ella o hubiera tenido un pasado previo a conocerlo pero eso no era así, mas ese era un pasado olvidado y enterrado por ella. En ausencia de Emi por fin odia hacer todo lo que quisiera, dar órdenes a diestra y siniestra en su casa contando con la ayuda y asistencia de Tenten, además ahora podía salir de casa siempre que quisiera y visitar a Sasuke en el trabajo o pasar tiempo con su tío sin que nadie le dijera que estaba bien o que estaba mal…se respiraba tanta calma como un mar sereno y oscilante. Acompañada por Biwako en su regreso a casa, Sakura no ceso de agradecer que Alah hubiera atendido a sus plegarias dándole a Sasuke y ella tiempo de sobra que pasar juntos, aunque nadie afirmaba que eso fuese a durar mucho conociendo bien a Emi. Aunque no es como si ella fuese egoísta y se despreocupase adrede de lo que sucedía fuera de su entorno, sabía bien que mientras que ella por fin respiraba calma en su hogar, Izumi debía de estar viviendo una verdadera tempestad, pero le resultaba inevitable no estar feliz al no tener a Emi encima todo el tiempo y sabía que Izumi también compartiría su alegría cuando Emi planease regresar, porque lo haría.

-Gracias a Dios, confiemos en que se quede en Brasil el resto de la vida— deseo Sakura sinceramente, aunque incapaz de creer que la ausencia de esa víbora durase demasiado.

-Pobre de mí inocente Izumi, sola en Brasil sin nadie que la proteja— Biwako se estremeció de solo pensar lo que esperaba a Izumi ahora, teniendo que soportar a doña Emi, —doña Emi va a desquitar con ella la rabia que siente por ti— obvio, ya que Izumi era mucho más dócil que Sakura, no era tan propensa a discutir.

-Pues tendrá que soportarme— desestimo la Uchiha con una ligera sonrisa arrogante. Ella era la esposa de Sasuke y lo seria siempre, por lo que solo podían aceptarla, no hacer que él la despreciase, eso era imposible. —Ven, quiero mostrarte algo, es secreto— instruyo, sosteniéndole la mano a Biwako y apresurándose en llegar a casa cuanto antes.

-Entonces prefiero no saber, si me lo cuentas ya no será secreto— contesto ella, recelosa de esa actitud de parte de Sakura que fingió ignorarla.

-Cuidado, pueden oírte— advirtió antes de abrir la puerta y cerrándola tras de sí nada más entrar.

-Si fuera algo incorrecto, si fuera un pecado muy grande, prefiero no saberlo— insistió Biwako, sintiendo una cubeta de agua helada cayendo sobre su espalda en caso de que estuviera cometiendo un pecado imperdonable por causa de esa niña.

Cerrando la puerta tras de sí y sujetando la mano de Biwako hasta llegar a la escalera, Sakura desabrocho uno de los extremos de su velo para quitárselo, no teniendo ni sintiendo necesidad alguna de elevarlo dentro de casa…no desconfiaba de Tenten si esa era la cuestión, pero sabía bien que un secreto no era realmente secreto si lo sabían más de dos personas, y si ya iba a contárselo a Biwako no tenía por qué decírselo a nadie más. No era intención de Biwako dudar de Sakura, pero con sutil desconfianza como siempre es que ingreso en la habitación que le pertenecía, recelosa al contemplar inquisitivamente a Sakura que tomo de su tocador un bello cofre marfil de tamaño mediano que dejo sobre la cama antes de abrirlo, exponiendo toda la riqueza en su interior; brazaletes, sortijas, pulseras, pendientes, collares, gargantillas y todo lo que se pudiera imaginar, todas esas joyas hechas de oro de diferentes quilates y que eran un verdadero festín para la vista que dejo sin habla a Biwako. Una mujer tenía el deber de ser una buena compañera para su esposo, de ser dócil y obediente, de ser una buena ama de casa, y si bien Sakura no se consideraba ni consideraría nunca a sí misma como una mujer dócil, si era una mujer hacendosa y que sabía muy bien cómo hacer feliz a su esposo, de ahí todo ese oro, Sasuke no lo decía con palabras pero recompensaba cada muestra de afecto de su parte y cada momento feliz con un nuevo presente a tal punto que Sakura sentía que pronto debería adquirir un cofre más grande que esa pequeña cajita para poder guardar su oro, porque ese pequeño cofre ya casi no se daba abasto.

-Mira, ¿no es maravilloso?— sonrió Sakura, tomando una pulsera del interior del cofre y probándosela por el banal placer de hacerlo.

-¿Sasuke te dio todo este oro?— más bien afirmo Biwako, sorprendida, alargando una de sus manos para tocar la superficie de esas joyas…en promedio una mujer debería esperar cuando menos un año para recibir tanto oro, Sakura sin duda alguna era muy afortunada.

-Sí, pero yo no le he pedido nada, él me da todo por su cuenta— puntualizo ella, ya que constantemente le recordaba a Sasuke que no era necesario que le hiciese tantos regalos, pero él insistía en hacerlo porque era una de sus maneras de demostrarle lo mucho que la amaba, —y ahora con doña Emi lejos de aquí, mi felicidad está completa— suspiro soñadoramente, tumbándose sobre la cama y manteniendo esa radiante sonrisa.

En realidad no necesitaba que Sasuke recompensase sus muestras de amor con presentes, era evidente, pero no iba a negar que era agradable ser agasajada como si fuera una Sultana o algo parecido, y ahora que Emi estaba muy lejos indefinidamente es que realmente podía ser feliz, nada ni nadie se entrometería en su matrimonio con Sasuke, daría todo de sí para hacer que todos los malos recuerdos del pasado fueran una fantasía, un efímero alfiler en su vida, era una promesa.


Rio de Janeiro, Brasil

-¡Izumi!— llamo Itachi nada más entrar, dejando a su hermana sola en la sala para que se acomodase en tanto él ingresaba en la habitación, encontrando a su esposa sentada delante del tocador. —Emi está en la sala, loca por darte un gran abrazo—aseguro, animándola a dirigirse a la sala.

-Arreglo mi cabello y voy— contesto Izumi con una aparente sonrisa, aunque fuera solo para no preocuparlo.

-Está bien— asintió él, retornando a la sala para no dejar sola a su hermana.

Había esperado este día con inescrutable lentitud, rogándole a Alah que no llegase, que doña Emi decidiera permanecer en Marruecos en lugar de viajar a arruinar la harmonía de su hogar con su presencia pero Alah no la había escuchado porque simplemente tal suceso no parecía estar en su destino. Se había mantenido en silencio en su habitación, sentada ante su tocador con los brazos como respaldo, analizando sus propios ojos e intentando encontrar en sí misma la fuerza y el temperamento suficiente para enfrentar a doña Emi, ella no era Sakura, no poseía ese fuego interior que la hacía cuestionar y desafiar todo a su paso hasta satisfacer sus dudas y liberarse, ella prefería seguir las reglas la mayor parte del tiempo excepto ahora, sabía que doña Emi había venido a desarmonizar su hogar y no lo permitiría, Itachi no tomaría una segunda esposa. Acomodándose el cabello ligeramente al levantarse de la silla, Izumi se sereno mentalmente antes de abandonar la habitación rumbo a la sala donde la esperaban Itachi…y doña Emi. Al igual que sus hermanos menores, Emi había crecido en occidente y recordando las memorias de su madre Mikoto que había sido brasileña como Sakura, por lo que esa era tal vez la única parte del mundo fuera de Marruecos que pudiera llamar hogar, claro que Rio de Janeiro no era Sao Paulo pero algo era algo. Observando la sala del hogar de su hermano con una mirada crítica en todo momento, Emi asintió satisfecha ante el orden que veía, desabrochándose el velo y peinando su largo cabello azabache con sus manos, estando dentro de casa no tenía por qué llevar el velo.

-Sasuke se está volviendo rico, entro en sociedad con la gente de El Cairo, pero Sakura gasta todo lo que él gana, solo quiere saber de vestidos caros y oro, y él esta hechizado por ella, no escucha a nadie— comento Emi, continuando con la conversación que su hermano y ella habían sostenido desde el aeropuerto. —Ahora de hijos; nada, ni para ti ni para él— era indignante que a casi tres meses de sus respectivas bodas no existiera ningún hijo en camino aun, —si Sasuke y tú no tienen hijos, nuestra familia se acaba, Itachi, es triste que una familia con hombres fuertes y apuestos se acabe por la falta de un hijo— le recordó ya que ellos sustentaban a la rama principal de su familia, sus primos no contaban en ese esquema solo ellos. —Itachi, si Izumi no puede ser madre tienes todo el derecho de buscarte otra esposa— la ley musulmana lo permitía, no era un pecado tomar una segunda esposa en tanto fuera necesario.

-¿Qué está diciendo, doña Emi?— cuestiono Izumi al escuchar esas palabras nada más entrar en la sala, volviéndose de inmediato el centro de atención. —Itachi no necesita una segunda esposa porque yo no tengo defecto alguno, nunca lo tuve, puedo tener todos los hijos que él quiera y los voy a tener— las mujeres en su familia eran conocidas por ser muy fértiles, por lo que no tenían ningún problema para tener hijos.

-Pero eso me alegra, Izumi…— felicito la Uchiha de inmediato, camuflando su sorpresa ante aquellas declaraciones.

-No parece— acallo la pelicastaña, no queriendo oír nada de lo que esa mujer tuviera que decir, —vino a llenar los oídos de Itachi para que escoja otra esposa y yo no voy a aceptar eso, no voy a permitirlo, Itachi, mi marido es mi marido y solo mío— no lo había establecido en su contrato de matrimonio pero eso no significara que fuera a tolerar compartir a su esposo con otra mujer, eso jamás.

-Izumi, Emi no hizo nada, solo está hablando— objeto Itachi, no agradándole el curso que estaba tomando la discusión.

-Solo es un comentario— respaldo Emi, fingiéndose inocente de cualquier acusación.

-Ya le dije a Itachi que si una mujer entra por aquella puerta yo salgo por la otra, pido el divorcio y me voy— insistió Izumi, inamovible en su posición, furiosa ante la sola idea de ser reemplazada por otra mujer. -Prefiero ser una mendiga o vivir como criada en una casa ajena antes de compartir a mi marido con otra mujer— estableció muy claramente para que ambos lo tuvieran muy claro.

-No hables así, mi alma— protesto el Uchiha, no agradándole que su esposa angustiara su corazón innecesariamente pensando en algo que jamás iba a ocurrir, porque él nunca iba a tener una segunda esposa.

Si realmente su intención fuera tomar una segunda esposa—cosa que si habían hecho los tíos de su familia—, Itachi inmediatamente se lo habría dicho a Izumi incluso antes de casarse porque sabía que era cuando menos humillante u ofensivo tener que dividir todos sus bienes y su afecto entre dos mujeres, él nunca pretendería siquiera lastimar a Izumi, nunca se lo perdonaría, por lo que tener una segunda esposa estaba totalmente fuera de discusión sin importar que tomase una eternidad hasta que tuvieran un hijo, tiempo tenían de sobra. El disgusto de Emi era tan grande que por supuesto no estaba dispuesta a tan solo quedarse callada ante lo que había atestiguado antes de la partida de su hermano y Sakura a El Cairo y ante el permanente desafío que esa niña mostraba hacia su persona, claro que Sakura no estaba despilfarrando ni dilapidando el dinero de su hermano ya que jamás exigía nada—lo que inconscientemente solo motivaba a Sasuke a darle regalos cada vez más y más costosos para hacerla feliz—, pero su empeño por comportarse como una buena esposa la había exasperado por completo porque para ella no existía ninguna mujer en el mundo que realmente fuera digna de sus hermanos, ya había causado tempestad en el hogar de Sasuke sin grandes resultados ya que cualquier discusión que sucediese era resuelta al instante porque Sakura siempre estaba dispuesta a parlamentar y resolverlo todo, por lo que ahora esperaba hacer entrar en razón a Itachi, y encontró la ocasión perfecta para sembrar la discordia ante las airadas declaraciones, llevándose una mano al centro del pecho más que dispuesta a fingirse la victima por segunda ocasión.

-Yo llegué aquí pensando que encontraba una hermana y encontré a otra enemiga— declaro Emi con el halito de un mártir, incluso sintiendo lágrimas en sus ojos al actuar, —pero que destino tan triste es el mío, que tristeza…— enterró el rostro entre sus manos, sollozando falsamente y consiguiendo resultar de lo más creíble.

-Izumi…— llamo Itachi al ver a su esposa pasar a su lado y dirigirse inmediatamente la cocina, siguiéndola, —no seas así con Emi— pidió encarecidamente, sabía bien que su hermana no era la mujer más tolerante del mundo pero lo último que deseaba era un campo de batalla dentro de su casa.

-Itachi, ella quiere apartarme de ti— se defendió ella, siendo la única víctima en esta historia.

-Nadie puede apartarme de ti, yo no tengo ojos para ninguna otra salvo tú— recordó él, acunando el rostro de ella entre sus manos. —Trata bien a Emi, yo te lo estoy pidiendo— pidió, acariciando sus mejillas.

-Pero la trato bien…— objeto Izumi con la voz quebrada, no sabiendo si sería capaz de soportar a esa mujer y perder a Itachi, no se imaginaba la vida sin él.

-No se hable más, no llores, ¿sí?— consoló el Uchiha, besándole la frente, no deseando que sufriera innecesariamente. —Conversamos los tres, recordamos nuestra época en Marruecos e ignoramos este malentendido, ¿sí?— sugirió con el propósito de olvidar todo lo ocurrido momentos atrás.

Sabía que es lo que Izumi estaba pensando, podía ver todas sus emociones brillando en sus ojos en tan solo un parpadeo, él tampoco podía ni quería imaginar una vida en que ella no estuviera porque su corazón la había elegido desde el primer momento en que la había visto, ella sería la única mujer que tendría en su vida y en su corazón, era una promesa, por lo que serenamente entrelazo una de sus manos con la de ella para retornar a la sala, Emi era excesivamente terca y temperamental pero tenían que soportarla porque eran familia, ¿pero cómo hacerlo? Yendo un paso a la vez. Ya lo había dicho una vez y lo repetiría mil veces de ser preciso; ella no era como Sakura, no podía luchar y cuestionar todo lo que pasaba a su alrededor hasta las últimas consecuencias, ya que aunque no le gustase tener que tolerar la presencia de doña Emi dentro de su casa…sabía que tendría que hacerlo, la costumbre mandaba que ella debía tenerle respeto a la mujer de mayor edad dentro de la familia a la que ahora pertenecía y en ausencia de su fallecida suegra Mikoto es que debía mostrar idéntico respeto a Emi aunque fuera la peor cuñada del mundo, porque había criado a Itachi y lo había convertido en el hombre que era hoy, por ende es que resignada y de la mano de Itachi es que retorno a la sala donde aguardaba doña Emi sentada sobre uno de los divanes y que alzo la mirada al verlos volver, secándose las lágrimas, Izumi podía ver lo falsa que era pero ese no era momento para discutir, por lo que suspiro profundamente antes de pronunciar unas palabras de las que seguramente pronto se arrepentiría.

-Sea bienvenida, doña Emi, Salam Alaykom— recibió Izumi debidamente, suavizando su tono de voz para evitar desavenencias que nadie quería tener.

-Alaykom Salam— correspondió Emi, aceptando sus disculpas con un idéntico tono, por ahora.

Se había equivocado al juzgar a Izumi, en el exterior lucia como una florecilla delicada a la cual podía llevarse el viento siendo que en realidad estaba probando ser una rosa con espinas tan afiladas como las de Sakura, cuando había esperado que fuera todo lo contrario…pero ni modo, tendría que aprender a lidiar con ella de una forma u otra.


Ahora que doña Emi se encontraba lejos, en Rio de Janeiro, Sakura por fin sentía que realmente era la dueña de su propia casa que dirigía a libre voluntad, incluso la pasada desavenencia entre Sasuke y ella ya estaba olvidada y enterrada, como prueba es que Sasuke se estaba tomando unos días libres del trabajando, tan solo abandonando la casa para llevar cuenta de las ganancias y entablar conversaciones directas con los exportadores que eran sus socios, el resto del tiempo lo pasaban juntos y sin dejar que nadie se metiera en sus vidas. En ese momento y mientras Sasuke revisaba unos documentos que requerían su firma para la adquisición de nuevos materiales para la hilandería, Sakura tarareo de forma casi inaudible para sí mientras planchaba la ropa, alzando la mirada de vez en vez, tan concentrada en su labor como lo hacía Sasuke. Aun cuando estuviera en casa lucia radiante de alegría, vistiendo una blusa blanca de gasa sutilmente transparente y hombros caídos, con las mangas ligeramente ceñidas a las muñecas, larga falda de velo azul claro hasta los tobillos y que parecía amoldarse al contorno de sus piernas, con su largo cabello rosado cayendo libremente tras su espalda y sobre sus hombros en un mar de ondas que hipnotizaba a Sasuke cada vez que alzaba la mirada en su dirección, teniendo que recordarse permanentemente que tenía trabajo que hacer, pero ni aun su esposa podía distraerlo de sus obligaciones ni un poco, simplemente había encontrado la forma perfecta de distribuir su tiempo entre sus responsabilidades y su esposa, eso y que ahora que Emi no estaba podía decirle tranquilo, ya no había nadie respirando contra su cuello las veinticuatro horas del día, por fin se sentía tranquilo.

-Itachi quiere que envié más mercancía para la tienda, estamos creciendo también en Brasil— menciono Sasuke, apartando brevemente la mirada de los documentos y encontrándola con la mirada de su esposa.

-Que alegría— celebro Sakura, ya que si los negocios iban bien eso quería decir que Izumi también era feliz, solo que esperaba que tanto como ella lo era. —Sasuke, sé que iras a Túnez por trabajo pero, ¿hay alguna posibilidad de que pueda acompañarte?— pregunto, mientras apagaba la pancha y la dejaba sobre el soporte. —Sé que ahora que Emi no esta es necesario que alguien se ocupe permanentemente de la casa, pero no quiero quedarme sola— se apretó las manos nerviosamente, bajando la mirada a tener la intensa mirada de su esposo sobre su persona.

Sabia del viaje de negocios que Sasuke efectuaría a Túnez, llevaba pensando en eso desde que Sasuke se lo había mencionado hacía ya dos días y tenía terror ante la idea de quedarse sola, sabía bien que su responsabilidad como esposa era mantener en orden su casa en ausencia de su esposo y que no siempre podía estar junto a él sin importar cuanto lo deseara porque—según el mundo al que pertenecían y las creencias que eran tan importantes para ambos—Sasuke era quien sustentaba su hogar y ella era quien debía encargarse del orden de todo, claro que aun tenia serias intenciones de querer entrar a la universidad en el futuro pero por ahora quería darle tiempo al tiempo y lograr la confianza de Sasuke, pero aunque desease eso no podía dejar abandonada su casa, solo en manos de Tenten que no era mayor que ella y que no tenía experiencia ni autoridad suficiente. Cada quien tenía sus propias responsabilidades en el mundo y Sasuke no sentiría mayor alegría que compartir junto a Sakura un tiempo tan precioso como el que habían disfrutado en El Cairo, peri si bien ese viaje había sido en su mayoría de placer en esta ocasión este viaje a Túnez se debía enteramente a negocios, no alguna clase de divertimento, pero ¿haría tanto daño que descuidaran su casa por una semana? Incluso menos, solo pasaría unos días en Túnez pero debía reconocer que todo sería más ameno si Sakura estuviera a su lado todo el tiempo, se sentiría mucho más tranquilo y no tendría que pensar en una separación que ninguno de los dos quería vivir…puede que fuera a arrepentirse de ello pero ya había llegado a una resolución.

-Creo que podríamos hacer una pequeña excepción— acepto Sasuke finalmente, dejando los documentos sobre la cama y aproximándose hacia Sakura que hizo un esfuerzo sobrehumano para no chillar de emoción de inmediato, —pero que no se te haga costumbre— advirtió antes de besarle la frente y envolver sus brazos alrededor de que ella que se refugió en él y oculto su rostro en su pecho.

Aferrando sus manos a la espalda de Sasuke, refugiándose en el protector calor que le brindaba aquel abrazo, Sakura beso su pecho por encima de la tela de la camisa, sintiendo su aroma como una vaina protectora que la alejaba de todos su miedos y sus inseguridades…era tan feliz, más de lo que nunca había imaginado que lo seria, ¿Qué podía salir mal ahora? Emi estaba lejos, su tío y Biwako la ayudaban todo el tiempo, Sasuke accedía a todo lo que ella le pidiera aunque fueran ruegos o peticiones pequeñas, ¿Cómo es que realmente podía tenerlo todo? No podía pedir nada más, su felicidad era completa.


PD: Saludos, queridos míos, aquí me tienen actualizando nuevamente sin importar que mi situación emocional—la enfermedad por la que atraviesa mi abuela—me haga difícil dedicar el tiempo suficiente a escribir como quisiera, pero les prometo que aunque tal vez tarde una semana mas de lo previsto pronto volveré a actualizar "La Bella & La Bestia", "Queen: The Shos Must Go On" y "El Conjuro Naruto Style 2: Enfield" prometido :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (por quien decidi actualizar gracias a las hermosas palabras que dedico al capitulo anterior, prometiendo actualizar cuanto antes) a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) a Guest (profundamente agradecida por sus palabras y porque que la historia sea de su agrado), y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Tio Abdul como Homura Mitokado

-Mariam como Tenten

Curiosidades y Diferencias:

Luna de Miel en El Cairo: El Cairo es la capital de Egipto y una de las ciudades mas gloriosas de Oriente al unificar el pasado místico de los faraones con la modernidad tomada de occidente pero manteniendo las costumbres propias de su tierra aunque de una forma mas bien liberal ante el choque multicultural que evoca el turismo en contraste con Marruecos o Fez que sostiene una sociedad mucho mas tradicionalista. En la novela original y en el remake de Telemundo se menciona que Jade y Said realizan un viaje a El Cairo por cuestión de negocios, se menciona mucho lo inminente del viaje y Said le promete a Jade que la llevara para que conozca la ciudad y sus maravillas pero en ningún momento de la historia se representa que sucedió durante la estancia de ambos en la ciudad ni se menciona que es lo que hicieron durante su semana allí, y la verdad si bien no pude idear un panorama concreto que representara su estadía en El Cairo ya que se trata de un viaje de una semana elegí transformar una de las escenas de danza representadas mas adelante en la historia según la interpretación de Sandra Echeverría en la versión de Telemundo de donde esta tomada la indumentaria, parte de la coreografía y centralmente el traje pero también mimetizando una de las escenas de baile mas emblemáticas de Giovanna durante los primeros capítulos. Contraria a la versión original donde Jade insistía en pedir sedas y oro a Said como si fueran una muestra del amor que sentía por ella, en esta versión Sakura no quiere dilapidar la fortuna de su esposo por lo que le recuerda a Sasuke que no necesita de regalos porque ya lo ama, pero él se los hace de todos modos.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3