Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Faded" de Alan Walker, que engloba muy bien los sentimientos de Sakura al igual que la preocupación de Sasuke por ella.
Con el sol en medio del cielo que lucía casi completamente despejado salvo por un par de difusas nubes, la paz no hacía sino reinar sobre la tranquilidad ciudad de Fez donde todos se mostraban entregados a su trabajo o bien paseando por las calles, resultaba un cuadro muy ameno de contemplar para Sakura mientras caminaba junto a Sasuke, tomados en dirección a la casa de su tío para pasar un poco de tiempo junto a él antes de dirigirse al aeropuerto, aún faltaban casi tres horas para abordar el avión y en ese tiempo aún tenían que afinar ciertos detalles para que todo se mantuviera en orden durante su ausencia. Su deseo de acompañar a Sasuke a Túnez bien merecía reproches de partes de su entorno de hecho tío Homura le había aconsejado a Sasuke que no viajar junto a su esposa porque el deber de ella era administrar su hogar y mantener todo en orden hasta su regreso pero por otro lado su tío Hiruzen pensaba que lo mejor que podían hacer era viajar juntos, consideraba que el tiempo en pareja era algo que debía emplearse muy bien en tanto se dispusiera de ello. Adelantándose a su esposa, Sasuke abrió la puerta del hogar de los Sarutobi, sosteniendo la mano de ella en todo momento al cruzar el umbral, más la paz que había sentido hasta ese momento se vio interrumpido en cuanto repararon en la presencia de Biwako que parecía estar divida entre la ira y la desesperación, eso y sumado al coro de gritos que pronto se hizo oír y que se veía encabezado por la furiosa voz de su tío Hiruzen junto a la de una voz femenina que Sakura conocía bastante bien; Anko, la tercera esposa de su tío.
-El señor Hiruzen está peleando otra vez con Anko, su tercera esposa, ya no se entienden— explico Biwako en tanto ambos entraron, advirtiéndolos de que había de todo en esa casa salvo paz.
-¿Qué paso?— pregunto Sasuke, para él era impensable soportar una tempestad así, no cuando solo disfrutaba de armonía gracias a la presencia de Sakura.
-Ella dice que él no está siendo justo, que ayer le dio más oro a las otras dos que a ella, y ha desatado una tempestad en esta casa…— negó ella con desesperación, no queriendo que sucediera algo de lo que luego todos se arrepintieran, —Sasuke, ve a llamar al tío Homura, tal vez él consiga conciliarlos— pidió encarecidamente, sabía que solicitaba algo excesivo pero realmente necesitaban de alguien que impartiera justicia en ese momento.
-Si, lo llamare enseguida— acato el Uchiha, besando la frente de su esposa que le sonrió en respuesta antes de retirarse.
-El señor Hiruzen mando a llamar a las otras esposas con todo y su oro— menciono Biwako, sosteniendo el brazo de Sakura y guiándola al interior de la sala para que se sintiera más cómoda mientras esperaba.
-Mi tío no está hablando en árabe— noto la Uchiha al prestar más atención a la inentendible discusión que se oía en el despacho.
-Si, en las peleas más horribles no habla en árabe, así las insulta y ellas no lo entienden, sino se divorciaría de todas— explico ella, prefiriendo dejar la discusión a quienes participan de ella y no inmiscuirse.
El señor Hiruzen había nacido en Lúxor al igual que el padre de Sakura y luego había sido criado en occidente, estudiando en algunas de las mejores universidades, era un hombre muy versado y sabio, podía hablar en varias lenguas sin el menor problema pero siempre había sentido predilección por la lengua brasileña en un inconsciente gesto de predilección por la tierra donde había crecido, mientras que sus esposas eran sencillas mujeres de familias prestigiosas, todas y cada una llenas de virtud…pero ninguna de ellas hablaba otro idioma que no fuera el marroquí o el inglés cuando mucho, por lo que él hacía gala de su buen verso al insultarlas en un idioma que ninguna pudiera comprender. Anko era una buena mujer, la mayor parte del tiempo, era piadosa y muy bella, no era difícil entender porque su tío había elegido casarse con ella, pero a diferencia de Mito o Naori que eran almas genuinamente pacíficas y cargadas de bondad, Anko no cesaba de discutir por todo, exigía cosas que no tenían sentido, siempre creía estar recibiendo menos que las otras dos esposas de su tío cuando en realidad su tío siempre era justo con cada una de ellas y eso Sakura lo comprendía bien, por lo que en ese momento prefirió prestar oídos sordos la discusión al ruar el umbral hacia la sala, dirigiéndose de inmediato a las escaleras hacia el segundo piso en compañía de Biwako que tenía uno de sus brazos envuelto alrededor de ella. ¿Cómo era posible sostener un matrimonio si se discutía de ese modo? Ella por su parte siempre intentaba mediar en cualquier discusión con Sasuke y esperar a que la ira pasara para reconciliarse, no avivando la llama de la ira de ese modo, le resultaba incomprensible.
-Esta vez me parece que si habrá divorcio— opino Biwako mientras subían las escaleras, —Anko tiene muy mal genio, vive con el lápiz en la mano haciendo cuentas; que si le dio más a las otras que a ella, si durmió más con las otras que con ella…— Sakura entorno sutilmente los ojos al oírla, era comprensible que discutiera pero no del modo en que los gritos se oían incluso hasta casi el segundo piso, —las otras esposas son tan buenas con ella, cuando Anko se casó fueron generosas con su tiempo con el señor Hiruzen y ella tuvo una buena luna de miel— eso sí que era difícil, ceder sus días a otra mujer…Sakura negó para sí, ella jamás toleraría algo semejante, ni en un millón de años. —Ruega porque Sasuke jamás quiera una segunda esposa— aconsejo con sabiduría.
-No pasara— negó Sakura de inmediato, gozando de tranquilidad y gran alegría al poder hacer feliz a su esposo y ser feliz junto a él.
-No des nada por sentado— reparo Biwako, era maravilloso que se sintiera segura pero no podía controlarlo todo y eso debía tenerlo en cuenta. —Si eso pasara, las cosas ya no serían iguales para ti, un hombre puede dar todo por igual a una mujer, pero al corazón nadie lo divide por igual— esa era la mayor razón para tantas disputas, que las mujeres no aceptaban que su esposo amara más a una de ellas que a todas por igual.
-No habrá una segunda esposa, solo yo— insistió la Uchiha muy seriamente porque jamás lo permitiría, primero muerta antes que aceptar que Sasuke tuviera una segunda esposa.
No era tan tímida ni sumisa como Izumi si, ella sabía muy bien cuál era su lugar y estaba determinada a no perderlo sin importar lo que pasara, Sasuke le había prometido que nunca habría otra mujer en su vida más que ella y le creía, además, no es como si realmente otra mujer pudiera reemplazarla; ciertamente no había traído honor a su matrimonio al casarse con Sasuke como Izumi si había hecho al llegar incorrupta a su matrimonio con Itachi, pero ella poseía un factor importante, conocía al pie de la letra a Sasuke, conocía sus virtudes y defectos, sabía que era de su agrado y que no, sabía que era indispensable en su vida para ser feliz y lo más importante…sabia como brindarle placer, sabia como hacer que él hiciera todo lo que ella pudiera desear, sabia como tener el mundo a sus pies a través de él pero nunca sacaba partido de ello porque solo quería que él fuera feliz y ella a su vez era feliz al tenerlo a su lado. Ingresando en la habitación que antes había sido de Izumi y ella, Sakura por fin se quitó el velo, y pensando precisamente en hacer feliz a Sasuke es que contemplo su reflejo, preguntándose interiormente que podía hacer para lucir aún más hermosa para el viaje y convertirse en el centro de atención, bueno, por ahora ya había hecho todo lo posible desde que se había bañado hace menos de una hora, ¿o es que existía algo mal que pudiera hacer? Acomodando distraídamente sus cabellos más rebeldes ante el espejo, Sakura sonrió al darse cuenta de que existía algo que hacer, ¿pero no perdería tiempo? Se observó por unos largos segundos antes de llegar a un consenso consigo misma.
-¿Debería ir al peluquero?— pregunto Sakura en voz alta mientras jugaba con sus cabellos. —Quiero estar bonita para el viaje— menciono volviendo la mirada por encima de su hombro.
-Perderías el tiempo, Sasuke y tú tienen un vuelo que tomar, lo retrasaras— negó Biwako, discrepando bastante ante su deseo, tenía sentido pero no era sensato perder el tiempo.
-¿Tomaría tanto tiempo?— inquirió la pelirosa, estando decidida a ir al peluquero…pero no sola. —Acompáñame, ¿sí?— rogó con ojitos de cachorro y un tierno puchero.
No podía aceptar deslucir en el viaje a Túnez, le había rogado a Sasuke que la llevara consigo, ¿y ahora iba a fallarle? Ni pensarlo. Observando seriamente a Sakura quien incluso tenia ojitos de cachorro al observarla, Biwako se mantuvo imperturbable durante un par de segundos en espera de que Sakura se cansara de suplicar pero lejos de hacerlo parecía estar aún más empecinada en ello, por lo que ella acabo aceptando con un vago asentimiento antes de ser abordaba por un efusivo abrazo al que correspondió con gusto, que niña…
En silencio y solitario, Sasuke se mantuvo sentado sobre uno de los divanes de la sala, estar a solas le permitía escuchar con claridad la disputa que tenía lugar en el despacho y que oía perfectamente sin importar que estuviera lejos del despacho…¿Quién podía vivir así? Él ni siquiera podía lidiar con Emi cuando elevaba la voz, ¿Cómo es que el señor Hiruzen podía vivir con una mujer que generaba semejante escándalo? Por ello es que a su regreso hacia unos momentos atrás había traído consigo a su tío Homura, para que él pusiera un alto a la situación. Homura Uchiha era un hombre apegado a las costumbres, había pasado toda su vida en Marruecos donde había nacido y crecido junto a sus hermanos Fugaku e Inabi, tenía su propia familia pero sus hijos eran ya demasiado mayores y tenían sus propias vidas pero se desempeñaba arduamente como juez por su fuerte retorica por lo que siempre se requería su ayuda en múltiples ámbitos, pero en esta oportunidad había acudido gustoso al hogar de su amigo Hiruzen con quien compartía su devoción a Alah y la ayuda que se le brindaba a otros. Escuchando el tenue eco de pasos descender por la escalera, Sasuke se levantó del diván, volteando a ver a Sakura y Biwako que aparecieron en la sala en ese momento, esperaba sinceramente que la tempestad que sucedía pudiera dejarse atrás gracias a la ahora presencia de su tío para brindar su ayuda, confiaba ciegamente en el criterio de su tío y esperaba que fuera de ayuda para aplacar este predicamento.
-Llego tío Homura, ahora está intentando mediar para que no haya un divorcio— menciono Sasuke para tranquilidad de Biwako y Sakura.
-Alah te oiga— oro Biwako, agradecida por su ayuda, —Anko no hace otra cosa que echar más leña al fuego— de esa mujer dependía que el matrimonio terminara en divorcio o no.
El día en que esa injusta mujer entrara en razón…el infierno se congelaría, eso será seguro, era difícil entender a Anko; había aceptado ser la tercera esposa pero vivía en una permanente contienda por llegar a lo más alto, a ser la primera y única mujer aun sabiendo que para lograrlo el señor Hiruzen primer habría de divorciarse de Mito y Naori, cosa que jamás haría cabe mencionar ya que el señor Hiruzen repudiaba el divorcio por completo, Anko era una mujer enamorada pero no parecía comprender que el amor no se conquistaba a través de la tempestad sino que a través de la calma. Escuchando atentamente las palabras de Biwako, Sasuke negó distraídamente para sí, ¿Cómo existía esa clase matrimonio? Sakura y él habían tenido sus diferencias en los primeros días tras la boda pero no discutían o si lo hacían habían aprendido a entender con facilidad, si uno de los dos estaba enfadado el otro simplemente se reservaba a permanecer en silencio o mediar en lo posible pero sin elevarse la voz, comprendían bien que no tenía sentido hacerlo. Centrando su mirada en Sakura, Sasuke se sintió infinitamente feliz realizado al tenerla como esposa, ella no permitía que reinara el caos en su vida ni en su casa, junto a ella todo era serenidad y armonía, era prolija en cada uno de sus actos, paciente, alegre…resultaría tonto de reconocer pero no imaginaba al vida sin ella. En medio de su observación a su esposa, Sasuke se dio cuenta de que Sakura nuevamente llevaba el velo puesto, algo extraño ya que estando en casa de su tío en nada tenía que guardar las apariencias…a menos que pretendiera salir, o eso parecía.
-¿A dónde van?— pregunto el Uchiha con interés, ya que hasta donde sabia Sakura no había hecho planes de nada para ese día.
-Le pedí a Biwako que me acompañe, quería pasar con el peluquero para estar bonita para el viaje— contesto la pelirosa con una sonrisa, —¿no es un problema?— inquirió en caso de que estuviera cometiendo un error o exigiendo demasiado.
-Si eso quieres, pero no tardes— permitió Sasuke, no viendo ningún problema en ello, en tanto regresara a tiempo. —Ve, quiero verte hermosa siempre— recordó, acunando el hermoso rostro de ella entre sus manos, besándole la frente.
No podía decirle que no a nada de lo que ella le pidiera, fuera lo que fuera, además tenían tiempo de sobra del que disponer, él aun debía encargarse de dejar a alguien a cargo del negocio durante el tiempo que durase su ausencia por lo que ella podía hacer lo que quisiera, pero regresando a tiempo para abordar el avión. Sonriente, Sakura sintió de inmediato, despidiéndose de Sasuke con un beso en la mejilla antes de dirigirse hacia la puerta en compañía de Biwako, volteando a verlo una última vez en el umbral de la puerta. Volvería a tiempo, era una promesa
Como hombre musulmán, Hiruzen se consideraba alguien apasionado por la vida, le gustaba seguir las enseñanzas de Alah y del profeta Hagoromo, disfrutaba de seguir las costumbres y la ley sagrada, se enorgullecía de ser justo en todos los aspectos de su vida y por ello es que era una de las personas que más defendía la equidad en el matrimonio, claro que si volviera el tiempo atrás cambiaría todo y solo se casaría con una mujer y no tendría otras esposas para evitarse la tempestad que hoy vivía, pero ya estaba casado con sus tres esposas y tenía una numerosa familia, ya no podía devolver el tiempo atrás ni detener el reloj, la única dirección que podía seguir era hacia adelante. Todos se encontraban reunidos en el despacho del Sarutobi que se paseaba como un león enjaulado ante su escritorio donde se encontraba sentado su amigo Homura Uchiha que pesaba en una balanza cada una de las joyas de oro que Anko—quien se encontraba de pie ante el escritorio—tenia y que él le había obsequiado, y a solo un par de pasos de distancia se encontraban Mito y Naori que se mostraban increíblemente tranquilas a diferencia de la tempestad que ella estaba generando. Anko no cesaba de levantar falsas acusaciones, diciendo que recibía menos oro que Mito o Naori y él estaba dispuesto a demostrar por todos los medios que ella estaba equivocada, él era un hombre justo que seguía la ley de Alah, siempre estaba seguro de obsequiar la misma proporción de oro a cada una de sus esposas, por ello es que en ese momento Homura llevo cuentas de cuanto oro poseía cada una de las esposas de su amigo para asegurar que él no era injusto.
-¿Cuánto oro le estoy dando a Anko?— consulto Hiruzen finalmente, deseando terminar cuanto antes con esa estúpida disputa.
-Alma mía…cuatrocientos gramos— jadeo Homura, casi sin habla ya que él no le daba tanto oro a sus esposas, sin duda Hiruzen era muy permisivo.
-¿Lo mismo que a Mito y Naori?— cuestiono el Sarutobi, volviendo el rostro hacia Anko que lo observaba fieramente y de brazos cruzados.
-Lo mismo— afirmo el Uchiha, observando reprobatoriamente a la tercera esposa de su amigo, —está probado que Hiruzen no cometió ninguna injusticia— declaro para que fuera claro para ella y las otras dos esposas quienes por su parte se mantenían al margen.
-Vete a tu cuarto, mujer escandalosa— ordeno a Anko que le sostuvo la mirada airadamente antes de marcharse con su habitual temple arrogante y llevando consigo sus joyas, y solo entonces Hiruzen pudo suspirar con tranquilidad, centrando su atención en sus otras dos esposas. —Vayan— indico mucho más tranquilo a Mito y Naori, lamentando haberlas hecho pasar por ese molesto transe.
Mito era su primera esposa, era quien tenía más autoridad para hacer y deshacer como quisiera, tenía ese privilegio a través del matrimonio pero sin embargo siempre prefería relegar toda la autoridad en él, confiaba en que él sería capaz de solucionarlo todo por lo que era muy extraño que sucedieran desavenencias entre ambos. Naori era su segunda esposa y muy afín con Mito, tal vez porque ambas tenían tan solo un año de diferencia entre si y se habían convertido en grandes amigas con el paso de los años, no sentían celos la una de la otra, preferían vivir en armonía aunque ambas vivieran en casas separadas, Hiruzen era un hombre exitoso en los negocios y eso le permitía hacer que sus esposas llevasen vidas acomodadas, pero solo Anko jamás estaba satisfecha con nada, siempre exigía todo para sí misma, era demasiado egoísta…a veces desearía divorciarse de ella pero jamás lo hacía, suponía que estaba demasiado encariñado con ella. Sonriendo ligeramente, Mito y Naori procedieron a retirarse en silencio, murmurando amigablemente para sí…ojala y Anko fuera como ella, se evitaría muchos disgustos. Cansado por la sola discusión que había tenido lugar, Hiruzen se dejó caer sobre la silla ante su escritorio, enterrando el rostro entre sus manos ante la mirada de su amigo Homura que negó para si al verlo, él jamás permitiría ese desorden en su casa, tenía dos esposas pero no permitía que discutieran jamás, ¿Cómo es que Hiruzen no era más autoritario con ellas y les recordaba que él era quien sustentaba su hogar y les daba las vidas que tenían? Las mujeres eran todo un misterio, lo mejor era amarlas y no entenderlas.
-Homura, nunca fui injusto con ninguna de ellas, yo sigo el libro sagrado día a día, al pie de la letra, si doy algo a una también a la otra, divido mis noches por igual con todas ellas— aseguro Hiruzen, sobrepasado por estas disputas sin sentido, se suponía que el matrimonio se trataba de ser feliz y él no lo estaba siendo.
-Las mujeres gustan de provocar tempestades, algunas son como una tempestad— tranquilizo el Uchiha, no era agradable lidiar con ello pero en ocasiones había que afrontar ese tipo de problemas, era parte de lo que significaba estar casado.
-Incluso mande pesar las pulseras que compre para que ninguna tenga más que la otra, pero esa mujer sigue reclamando, diciendo que tiene menos— suspiro él, negando para sí, incapaz de saber qué hacer para lidiar con ella, ni tampoco planeaba divorciarse, —solo quiere causar discordia en mi casa— no encontraba otra explicación para el comportamiento de Anko porque ella era la única que se quejaba, Mito y Naori no discutían, no como ella.
-¿Por qué no te divorcias de ella?— sugirió Homura logrando que su amigo alzase la mirada en su dirección. Alah no aprobaba el divorcio, pero existían casos especiales cuando las diferencias eran simplemente irreconciliables. —No es bueno vivir en la discordia— obvio ya que todo buen musulmán debía tratar de vivir en harmonía.
-Si ella no se corrige, me divorcio— acepto el Sarutobi simplemente, dejando la idea archivada en caso de que la necesitara.
Ni siquiera sabía porque se molestaba en decir eso tras cada nueva discusión, al final siempre se enemistaba temporalmente con alguna de sus esposas y luego las perdonaba, no se permitía sentir animadversión por ninguna de ellas pero a su vez también se le dificultaba enormemente vivir con ellas…el matrimonio era una bendición y una tortura para él, ¿alguna vez encontraría a una esposa que realmente lo hiciera feliz? Por ahora tal pensamiento parecía ser solo una fantasía, nada más.
Conteniendo la radiante sonrisa que su rostro le pedía esbozar cuando menos, Sakura prácticamente sentía el movimiento de sus cabellos peinados en ondas bajo el velo almendra claro que usaba, puede que fuera un acto de lo más vanidoso y poco práctico pero le gustaba sentirse hermosa, no por vanidad propia ni porque se sintiera así sino porque este acto tan vano le permitía obtener parte de la seguridad que Sasuke le transmitía cada vez que estaba junto a ella, cuando la miraba, cuando…no, ese no era el mejor momento para tener pensamientos impropios, caminando por la calle junto a Biwako, pero tampoco es como si alguien fuera a culparla por pensar en su esposo a cada hora del día, al fin y al cabo era una mujer casada y solo un hombre tenía derecho a tenerla, nadie más. Pero Sakura no solo había empleado el tiempo en visitar al peluquero sino también en regresar a casa por algo que increíblemente había olvidado, estaba tan emocionada e ilusionada por el viaje a Túnez que se había olvidado completamente de guardar su cofre con todas las joyas que Sasuke le había dado y eso le resultaba imperdonable, ¿Cómo viajar a Túnez junto a Sasuke y deslucir a la vista de quienes lo conocieran? No podía admitir eso, quería que Sasuke fuera la envidia de todo el mundo y se dedicaría de lleno a ello, por lo que aferro hacia si su cofre, envuelto en sus brazos, prestando atención a las palabras de Biwako que le advertía una y mil veces lo riesgoso o peligroso que podía ser pasear por la medina con su oro, aunque ella no entendía el porqué de tantas advertencias si las leyes eran muy estrictas y las personas tenían moral a diferencia de occidente.
-Gracias por acompañarme, Biwako— agradeció Sakura nuevamente con el propósito de interrumpir su discurso, aunque sabía que no tenía caso que lo hiciera.
-No me gusta esta idea tuya, pasear por la calle con tu oro puede ser de mala suerte— insistió ella, descendiendo la mirada al cofre que la pelirosa cargaba en sus brazos.
-No podía dejarlo, Biwako, ¿Qué voy a usar en Túnez?— cuestiono la Uchiha evidenciando lo obvio; su deber era verse esposa a los ojos de su esposo y eso haría, —Sasuke no me perdonaría deslucir— en realidad si la perdonaría porque siempre decía que ella era hermosa de todas las formas posibles. En el camino por la medina, a través de los puestos, una hermosa tela llamo su atención, impidiéndole seguir con el trayecto a casa de su tío. —Que tela tan bonita— jadeo maravillada, posando una de sus manos sobre la superficie…era realmente sedosa, como una pluma o una nube.
-Exquisita— secundo Biwako, palpando la tela bajo sus manos, maravillada con el bordado de oro que poseía, —preguntare por el precio— planteo ya que ella parecía estar muy interesada.
-Gracias— sonrió la pelirosa, pronto encontrándose a solas ante esa tela. En un acto de confianza, dejo su cofre sobre una de las cajas a su lado para poder sentir mejor la tela bajo sus manos. —¿Una blusa o un vestido?— se preguntó, divertida al no poder escoger, e incluso podría hacer ambas. Apartando la vista para tomar el dinero que también llevaba dentro de su cofre, Sakura se aterro al no ver su cofre a su lado, alguien lo había tomado y ya no estaba ahí, —no…no, no, no, Alah, no…— sintió un terror absoluto adueñarse de ella de inmediato.
No le preocupaba perder el dinero que había ahorrado y que estaba dentro del cofre, pero sus joyas…no solo poseían un valor material abismal sino que habían sido obsequio de Sasuke, cada una de ellas, ¿Cómo mirarlo a la cara y decirle que las había perdido? Debería haber obedecido las palabras de Biwako y tener más cuidado, no debería haber estado cargando su oro en plena calle, debería haber guardado antes con el resto de su equipaje. Viendo la espalda de Biwako quien se encontraba discutiendo el precio de la tela con el dueño de la tienda, Sakura sintió un balde de agua vaciarse sobre sus hombros y espalda, llegando a una sola resolución en su mente; no podía volver, la vergüenza a afrontar era demasiado grande y ella no sentía tener el corazón suficiente para hacerlo, antes prefería salir corriendo al desierto mismo y perderse de ser preciso, y eso fue lo que hizo, observando la espalda de Biwako por una última vez antes de salir corriendo en la dirección opuesta a la casa de su tío, sin saber muy bien a donde pero solo deseando desaparecer y no afrontar la vergüenza, incapaz de ver la decepción en los ojos de Sasuke, sintiéndose un absoluto fracaso. Con una sonrisa en el rostro, contagiada por la felicidad de Sakura que estaba tan alegre ante el viaje que Sasuke y ella harían a Túnez, Biwako regreso sobre sus pasos hasta donde se encontraba la tela más para su incredulidad Sakura no estaba ahí, ¿Dónde podía estar? Recorrió con su mirada a la multitud que abarcaba la calle, percibiendo el velo que Sakura estaba usando alejarse de donde ella estaba, ¿Qué estaba haciendo?
-Sakura— llamo Biwako, confundida porque saliera corriendo de ese modo. —¡Sakura!— volvió a llamar, pretendiendo intentar alcanzarla o ver a donde iba, más pronto la perdió entre la multitud. —¡Sakura!— grito en vano, no consiguiendo verla por ninguna parte.
Incapaz de creer lo que acaba de atestiguar, Biwako volvió a recorrer con su mirad a ala basta multitud, esperando haber cometido un error de identificación y que Sakura en realidad no había huido pero para su preocupación no había error, Sakura había huido porque en ese momento se encontraba sola delante de la tienda, contemplando a la nada. ¿Cómo volver a casar del señor Hiruzen ahora?, ¿Qué podía decir? Alah, ayúdame, oro Biwako, aterrorizada.
-Salam Alaykom, tío Hiruzen— saludo Sasuke al entrar en el hogar del Sarutobi.
-Alaykom Salam, Sasuke— recibió Hiruzen con un abrazo, feliz de ver a quien consideraba su sobrino.
Luego de traer a su tío Homura al hogar del señor Hiruzen para ayudarlo a impartir justicia y equidad a su matrimonio tal y como dictaba Alah y las costumbres, Sasuke había revisado los últimos detalles previos a su partida, designando a su primo Shisui como su representante y el responsable de la administración del negocio en su ausencia, además de dar órdenes muy claras a los sirvientes bajo su mando para que llevasen su equipaje y el de Sakura al aeropuerto tan pronto como ambos estuvieran listos para partir, y ahora que podía decirse libre, e incluso con tiempo de sobra de que disponer para llegar al aeropuerto es que el Uchiha regresaba al hogar del Sarutobi en busca de su esposa, habían transcurrido dos horas desde que se habían despedido, cuando ella había pedido su permiso para visitar al peluquero, y ahora era el momento apropiado para dirigirse al aeropuerto, es más, esperaba que ella no hubiera tenido que esperar su regreso por mucho tiempo porque esa no era su intención. De mejor humor ahora que el conflicto en su hogar y su matrimonio se había solucionado—aunque intuía que solo era algo temporal—gracias a la presencia e intervención de Homura, Hiruzen recibió gustosamente a Sasuke en su casa, feliz de poder brindarle su hospitalidad hasta que Sakura y Biwako regresasen—ya que no estaban en casa en ese momento–, mas Sasuke se mostraba confundido, recorriendo con su mirada la entrada de la casa tras ingresar, como si estuviese buscando a alguien, ¿podía tratarse de Homura? Porque de ser así él se encontraba en la sala.
-¿Dónde está Sakura?— pregunto el Uchiha, confundido ya que Sakura debería de estar esperándolo. —Ya tenemos que salir para el aeropuerto— reviso la hora en el reloj en su muñeca y en efecto, contaban el tiempo suficiente para dirigirse al aeropuerto y abordar el avión.
-No la he visto— negó el Sarutobi, de hecho Biwako tampoco estaba presente, lo cual era por demás extraño.
-Cuando la vi por última vez, la deje ir a la peluquería con Biwako— aclaro él en caso de que el señor Sarutobi no supiera nada, —Sakura sabe perfectamente que el vuelo sale en una hora— era extraño que Sakura no estuviera esperándolo cuando ya debería haber regresado.
-Pues no han vuelto— evidencio Hiruzen encogiéndose de hombros, aunque puede que ambas se hubieran quedado paseando por la medina, solía suceder.
-No es posible, no pudieron tardar tanto, eso fue hace dos horas— negó Sasuke, preocupándose interiormente, pensando en que podría haber sucedido algo malo en su ausencia.
-Las mujeres solo dan trabajo— desestimo el Sarutobi, invitándolo a pasar a la sala y esperar, —si no debes perder ese vuelo, no lo vas a perder— tranquilizo con su envidiable calma.
No sabría él lo que las mujeres podían hacer, él tenía tres esposas y afortunadamente las tres vivían en casas separadas, porque si Mito, Naori y Anko vivieran juntas…Alah lo librara de ese infierno, se divorciaría de las tres en un parpadeo por causa de las peleas que orquestaría cada día, Sasuke por otro lado era afortunado, solo tenía una esposa y ambos vivían en perfecta harmonía, especialmente ahora que doña Emi estaba en Rio de Janeiro, y no había que perturbar esa alegría por una ligera demora, al fin y al cabo las mujeres disfrutaban de verse hermosas y seguramente Sakura se había entretenido en algo y pronto regresaría junto con Biwako, por ello es que se vio como una respuesta que la puerta principal se abriera en ese preciso momento, impidiendo que Sasuke y el ingresaran en la sala. El camino de regreso a casa del señor Hiruzen resulto ser todo un calvario para la pobre Biwako que con las manos cruzada sobre su regazo camino lentamente, como un corderito al que llevaban al matadero; había recorrido gran parte de la medina en vano, esperando encontrar a Sakura y hacerla recapacitar o al menos en un intento por entender que la había motivado a huir pero no había conseguido encontrarla y ahora regresaba al hogar de su señor con la cabeza baja y el corazón oprimido de angustia, ¿Qué podía haber sucedido para que Sakura hubiera actuado así? Esa niña podía ser muy temperamental y emotiva pero también era muy inteligente y sensata, ¿Cómo entender este extraño comportamiento de su parte? Ingreso en el hogar del señor Hiruzen con la mirada baja, evadiendo la atención de su señor y de Sasuke
-Por fin— suspiro Hiruzen, más tranquilo al ver a su amiga de regreso, —¿Dónde se metieron, Biwako?— pregunto en espera de entender el porqué de la tardanza.
-¿Dónde está Sakura?— pregunto Sasuke al percatarse de que Biwako había regresado sola.
-¿A dónde fue?— inquirió el Sarutobi de igual modo ante el silencio de ella que se mantenía cabizbaja.
-Yo no sabía nada, no tuve la culpa— contesto Biwako, negando para si al alzar la mirada, no sabiendo que hacer o decir para defenderse.
-¿Qué paso con Sakura?— volvió a preguntar él, frunciendo ligeramente el ceño al no entender que pasaba, igual de confundido que el señor Hiruzen.
-Escapo— revelo ella finalmente con un nudo en la garganta para incredulidad de Sasuke y el señor Hiruzen. —Engaño a mis ojos, señor, se perdió entre la multitud, la busque por todas partes en el mercado de la medina y no la encontré— realmente se sentía desesperada, había hecho todo lo posible pero no había encontrado a Sakura.
-¿Sakura, escapo?— reitero Sasuke, confundido e incapaz de creerlo, ¿Qué razones tendría ella para escapar?
-Yo no sabía que iba a hacer, Sasuke— se disculpó Biwako apartando la mirada, no sabiendo que hacer, sintiéndose inútil al solo poder rendir explicaciones.
-¿Qué hacemos, tío Hiruzen?— consulto el Uchiha, intentando no imaginar lo peor más le resultaba demasiado difícil.
-Calma, Sasuke— sosegó el Sarutobi, aferrándose a mantener la cabeza fría y pensar con cordura.
-¿Y si la raptaron?— supuso el azabache, comenzando a desesperarse ante la sola idea. —Voy a avisar a la policía— decidió finalmente, dirigiéndose hacia la puerta sin esperar respuesta alguna.
-¡Sasuke!, ¡Espera!—llamo Hiruzen, haciendo amague de detenerlo, mas resulto inútil.
Prestando oídos sordos a las palabras del señor Sarutobi, única y enteramente concentrado en su esposa y en encontrarla, Sasuke abandono la casa y no volteo en ningún momento. Observando a Biwako que se mantenía cabizbaja y con lágrimas de preocupación en los ojos, Hiruzen sintió como si alguien le oprimiera el corazón con una fuerza descomunal, ¿Dónde estaba Sakura?, ¿Por qué había huido así? Le resultaba imposible entenderla, mas Alah mediante pronto se solucionaría todo pero por ahora solo podían hacer una cosa, orar.
Era bien sabido por todos que quien estuviera enamorado fácilmente bajaba la luna a la tierra de ser preciso si la persona amada lo pedía y en su caso Sasuke estaba más que dispuesto a recorrer todo Marruecos si hacía falta con tal de encontrar a su esposa pero ni aun cuando los hombres bajo su cargo ni los sirvientes del señor Hiruzen hubiesen brindado su ayuda, Sakura no aparecía y el paso de las horas comenzaba a angustiar seriamente a Sasuke, ¿y si ya era tarde?, ¿y si la había perdido para siempre? No quería pensar en eso pero no era algo descabellado a considerar sin importar que sintiera que moría por dentro ante tan solo sopesar la idea. Bufando para sí, el Uchiha ingreso en casa del señor Hiruzen, dirigiéndose de inmediato a la sala donde su tío Homura y el señor Hiruzen se encontraban reunidos en silencio, resultaba todo un reto para Hiruzen comprender a su sobrina en ese momento porque no conocía sus razones para haber huido pero conociendo bien la mente aguda y juiciosa de Sakura es que Hiruzen estaba convencido de que algo serio y muy grave debía ser como para que Sakura abandonara todo tan abruptamente y saliera huyendo, ojala y hubiese logrado hacerle entender que los problemas se solucionaban enfrentándolos y no huyendo pero prefería guardar su juicio hasta tener todos los antecedentes posibles. Con las manos cruzadas tras su espalda y paseándose como león enjaulado, el Sarutobi alzo la mirada tan pronto como vio a Sasuke entrar en la sala, negando con desgano para si tan pronto como se supo el centro de atención.
-Avise a la policía, recorrí todo el mercado con ayuda de los hombre de los telares y no la encontré— explico Sasuke antes de dejarse caer sobre el diván enterrando el rostro entre sus manos.
-¿Dónde pudo haber ido?— pregunto Homura al aire, intentando entender la mentalidad de esa niña.
-¿Cómo puedo saberlo? Pudo haber sido secuestrada…— el Uchiha negó para sí, no quería imaginarse el peor escenario más era diferente cuando todos parecían guiarlo en esa dirección.
-Biwako dice que escapo— replico él, incapaz de ignorar dicho factor y que podía cargar de vergüenza el nombre de su familia si se comprobaba como cierto.
-¿Para qué iba a escapar?, ¿De qué?— cuestiono el azabache, Sakura era feliz, lo había visto hasta esa misma tarde, ¿Por qué huiría? No, ella no podía haber hecho eso.
-Sasuke— advirtió Homura, instando a su sobrino a mantener la calma sin importar lo difícil que fuera, —sé que quieres a tu mujer, pero no voy a permitir que avergüences a nuestra familia perdonando una falta como esta— ningún hombre debería implorar por la presencia de una mujer a su lado, eso era algo denigrante.
-Cuidado con los juicios precipitados, Homura, estás hablando de mi sobrina— protesto Hiruzen, incapaz de tolerar que se calumniara de esa forma a Sakura, —estas suponiendo que ella cometió un acto escandaloso, pero en tanto continúe desaparecida nadie puede afirmar nada sobre ella— a sus ojos, Sakura era inocente hasta que se probase lo contrario.
Ante la discusión que comenzó a gestarse en la sala, Sasuke se levantó del diván en dirección a la cocina, incapaz de escuchar por más tiempo esas diatribas sin sentido; existían historias sobre los beduinos de las caravanas que raptaban a mujeres, esos hombres no seguían las leyes al pie de la letra y se aprovechaban de cada quiebre de las costumbres para hacer lo que quisieran…no, no quería siquiera pensar en lo que podría haberle sucedido a Sakura. Conocía bien a su esposa, ciertamente Sakura no era una mujer completamente inocente ni libre de culpa alguna pero tampoco es como si él fuera a pensar que las suposiciones de que había huido con otro hombre eran ciertas, ¿Por qué se habría mostrado tan devota y entregada con él hasta ese día entonces? No, Sakura no era ese tipo de mujer, o por lo menos eso es lo que él quería creer. En la cocina, Biwako se encontraba sentada a solas sobre un pequeño taburete con el Corán en las manos, buscando refugio en las palabras de Alah y del profeta, intentando entender el comportamiento de Sakura, ¿Por qué había salido huyendo de ese modo tan abruptamente? Había estado tan feliz e ilusionada por la idea del viaje a Túnez que resultaba inconcebible el modo en que había salido huyendo como si su vida dependiera de ello, y de un momento a otro que era lo peor. Sintiéndose observada, aparto la mirada de su lectura, volviendo el rostro hacia Sasuke quien se mostraba tan angustiado como ella, ojala y pidiera decir algo para consolarlo pero ella misma también estaba aterrada al no saber dónde podía estar Sakura ni lo que podría haberlo ocurrido.
-Estoy abriendo el Corán para ver si me da una respuesta— aclaro Biwako, regresando su mirada al texto en sus manos.
-¿Te respondió?— pregunto Sasuke, intentando no perder la esperanza más realmente le resultaba difícil no hacerlo
-Voy a abrirlo de nuevo— menciono ella antes de cerrar el texto y abrirlo en una página a al azar. —En Alah reposa el destino de todos nuestros asuntos— leyó en voz alta, intentando interpretar esas palabras y aplicarlas a la realidad.
-Biwako, ¿Cómo fue que notaste la ausencia de Sakura?— no pudo evitar preguntar el Uchiha en un intento por entender mejor las acciones de su esposa.
-Nosotras íbamos por la medina…— comenzó a relatar Biwako sin el menor problema, esperando poder ser de ayuda.
-Sasuke, dame el teléfono de Itachi— interrumpió Homura, ingresando en la cocina en ese momento.
-Tío, no necesitamos preocupar a Itachi ahora— discrepo el azabache, Itachi estaba feliz con su vida en Brasil, no tenía sentido molestarlo para contarle lo ocurrido.
-La familia tiene que participar de nuestra alegría y de nuestra tristeza— recordó su tío seriamente. —Dame el teléfono de Itachi— insistió en espera de no obtener protestas esta vez.
Sin otra opción, Sasuke asintió en silencio antes de seguir a su tío de regreso a la sala, volviendo el rostro por encima de su hombro para observar a Biwako que se veía realmente angustiada mientras oraba en silencio y cambiaba la página del Corán, ¿Por qué se comportaría así si no le hubiera ocurrido algo malo a Sakura?…no, no podía pensar mal de Sakura sin conocer los motivos de su desaparición, huida o lo que fuera que había hecho y por las razones que hubiera podido tener para actuar así, debía confiar en su esposa sin importar lo que dijeran las apariencias, él conocía a su esposa y debía creer que pronto todo se solucionaría, así debía ser.
Rio de Janeiro, Brasil
Ajena adrede a las preocupaciones o los problemas que podían estar sucediendo en Marruecos, Emi danzo al ritmo de la melodiosa música que inundaba la sala, acompañada por Izumi que si bien no era la cuñada perfecta que desearía tener, la hacía sentir muy a gusto con su actitud dulce y amable, eso y que estar en Brasil estaba probando ser todo un placer para la Uchiha, en Marruecos debía esperar a que sus hermanos orquestaran un matrimonio para ella pero aquí…Alah, los hombres fácilmente se agolpaban a su paso cada vez que salía de casa, elogiándola y embreándose por su belleza, todos hombres guapos que veían con fascinación la forma en que el velo que usaba sobre el cabello la hacía parecer un regalo que rogaba por ser descubierto. Okey, estaba mal visto que una mujer se casara con un occidental, el Corán incluso reprochaba semejante unión, pero tal vez ella podría hacer que el hombre que quisiera tenerla por esposa se convirtiera al islam, entonces todo sería diferente y tendría lo que tanto anhelaba, un marido y tal vez una familia. Oh, la vida realmente podía ser maravillosa y ella en lo personal no pretendía quedarse soltera para cuidar de los hogares de sus hermanos, aún era joven y hermosa, aún tenía todo a su favor para casarse y lo haría, Alah mediante que lo haría. Ligeramente divertida, danzando al ritmo de la música, Izumi no pudo evitar sonreír mientras se contagiaba pro la gran alegría que veía en los ojos de doña Emi, la mujer podía ser de lo más intimidante pero también una figura a quien quería comprender, al fin y al cabo lo mejor para la amena convivencia de ambas seria que se llevasen bien.
-Estoy tan feliz aquí en Brasil, no vuelvo nunca más a Marruecos— suspiro Emi sin poder dejar de sonreír, ¿cómo no estar feliz si tenía decenas de pretendientes entre los que escoger?
-Pero, ¿Por qué, doña Emi?— curioseo Izumi, intentando no parecer tan incómoda de como realmente se encontraba ante su declaración.
-Porque fui bendecida cuando vine aquí, fui muy bendecida— contesto la Uchiha encogiéndose de hombros, riendo como una niña, feliz delirantemente.
Interiormente Izumi rezo a Alah con todas sus fuerzas para que doña Emi cambiara de opinión porque si bien ambas habían llegado a entenderse en un punto medio—algo natural ya que Izumi no confrontaba a la Uchiha a cada momento como si hacia Sakura—, Izumi apenas y podía tolerar que esa mujer tuviera críticas que aportar a todo lo que hacía como si fuera una niña que no sabía lo que hacía, claro que al momento de casarse no había sido ningún prodigio culinario pero en los pocos meses que llevaba al mando de su casa había comenzado a adquirir habilidades por su cuenta, sin necesidad de tan siquiera contar con una sirvienta para ayudarla con los quehaceres…pero doña Emi siempre tenía algo de que quejarse; que el carnero no estaba bien condimentado, que el sharbat estaba demasiado dulce, o incluso por la forma en que ordenaba las camas y donde se encontraban determinadas cosas, no Alah, ojala y ella cambiase de opinión o de lo contrario Izumi sentía que se volvería loca. Ingresando en la sala tras terminar de revisar el inventario de la tienda, a solas en su habitación, Itachi sonrió feliz al ver a las dos mujeres más importantes de su vida conviviendo y llevándose bien, ¿Qué tan diferente podía ser la esposa de su hermano para que se llevase tan mal con Emi? La respuesta a tal incógnita quedo en el aire en cuanto el teléfono sobre la mesita comenzó a sonar repentinamente, y él desde luego que no dudo en contestar, siendo auxiliado pro Izumi que al escuchar el timbre del teléfono no dudo en apagar la grabadora, igual de atenta que doña Emi al propósito de la llamada.
-¿Diga?— contesto Itachi, siento alegría inmediata al darse cuenta de quien se trataba. —Tío Homura— volvió el rostro hacia Izumi y Emi quienes de inmediato se mostraron felices ante una llamada de la familia, —¿Qué?, ¿De qué hablas tío?— su inicial alegría se transformó en verdadero desconcierto y preocupación ante lo que su tío le estaba diciendo. —Que gran desgracia— era lamentable que su hermano estuviera pasando por tan difícil situación.
-¿Qué paso, Itachi?— inquirió su hermana de inmediato, preguntándose qué podía ser tan grave como para preocuparlo así.
-Si, estaremos rezando aquí— se despidió el Uchiha antes de finalizar la llamada. —Tu prima escapo—revelo finalmente, alzando la mirada hacia Izumi.
-¿Sakura?— afirmo ella, no pudiendo creer lo que oía, ¿Por qué Sakura huiría? No tenía sentido.
-¿Con un hombre?— supuso Emi ya que una mujer nunca escapaba sola, y tan siquiera suponer que hubiera un hombre implicado era algo humillante para el nombre de su familia.
-No lo saben— contesto Itachi, prefiriendo guardar silencio porque si osara creer esa idea, estaría pisoteando el orgullo de su hermano y eso no se lo perdonaría nunca.
-Meto mis dos manos a la brazas a que huyo con un hombre, vi su actitud acicalada, queriendo oro y gastando todo el dinero de Sasuke— declaro la Uchiha duramente, por fin encontrándole sentido a esa actitud tan airosa y arrogante de parte de esa niña, —yo les dije que no servía pero ustedes dos no me escuchan, uno está allá deshonrado, ¿esperaremos al otro ahora?— al escuchar esto, Izumi no lo soporto más y abandono la sala. —Ella debe saber, porque tiene miedo— menciono ya que a su juicio solo huía quien tenía culpa.
-Emi, ¿Qué quieres decir?, ¿Qué Izumi…?— el Uchiha fue incapaz de formular siquiera la pregunta…no, él conocía a la mujer que era su esposa, Izumi era el ser más incorrupto sobre la tierra y él no permitiría que su hermana la acusara injustamente de algo.
-A Izumi aun la tengo en observación, pero no me sorprendería, ya sabes que basta una fruta podrida para contaminar todas las otras— obvio Emi, encogiéndose de hombros, demasiado anonadada como para inferir algo certero, —y encima de todo no te ha dado hijos, está seca— esa si era una verdad, el apellido Uchiha necesitaba de hijos varones que desgraciadamente aun no estaban en camino, ¿Cuánto más deberían esperar?
Nada más escuchar las acusaciones de doña Emi, Izumi había abandonado la sala, retirándose a su habitación ante la preocupada mirada de Itachi que había deseado seguirla de inmediato y consolarla, hacerle saber que las palabras de Emi no significaban nada para él, pero ella no le dio tiempo al desparecer de la sala tan abruptamente y él no podía dejar a su hermana con la palabra en la boca. Sin molestarse en cerrar la puerta de la habitación, Izumi se dejó caer sobre la cama, enterrando su rostro contra una de las almohadas, cubriéndose los labios con una de sus manos mientras sollozaba, ¿Qué había hecho Sakura?, ¿Por qué huir?, ¿Qué podía ser lo bastante malo para abandonar su matrimonio así? Estaba demasiado abrumada por todo; la presencia de doña Emi en su vida y que jamás dejaba de mencionarle a Itachi su derecho a tener una segunda esposa, el hecho de que aun tras tres meses de casada no estuviera embarazada, y la huida de Sakura…si su querida prima hubiera cometido algún crimen imperdonable y el nombre su familia se manchaba de vergüenza, seria devuelta a su familia, ningún hombre querría tener a su lado una mujer cuyo apellido no tuviera honor, e inevitablemente su matrimonio se arruinaría, ¿Por qué?, ¿Por qué Sakura había tenido que cometer una locura así? Todo lo que pudo hacer fue mantenerse tumbada sobre la cama, con su rostro enterrado a medias contra la almohada y sollozando aterrada por el incierto futuro que se cernía lentamente sobre ella, se sentía sola y ni su tío Hiruzen ni Biwako estaban ahí para consolarla.
-Voy a ser sacrificada como un carnero— sollozo Izumi, alzando la mirada de la almohada, —Alah, ¿por qué?— pregunto desesperada, aterrada de que su matrimonio fuera a terminar.
No sabía cuál había sido el error de Sakura, no sabía que es lo que había hecho ni las razones que podría haber tenido para huir tan abruptamente pero todo lo que Izumi pudo hacer en ese momento, tumbada sobre la cama, fue sollozar desconsoladamente contra la almohada, aterrada con la idea de que este incidente fuera una mancha imborrable sobre el honor de su familia y ella pudiese ser devuelta por Itachi, con doña Emi presente en su casa estaba segura de que Itachi al menos sopesaría esa idea ante sus incesantes intrigas y eso angustiaba más de lo que era capaz de expresar, especialmente ya que aún no tenían hijos, ¿Por qué la vida tenía que ser tan injusta con ella? Sakura y ella eran muy diferentes, sus formas de pensar y sus conductas eran distintas pero en ese momento y a ojos de doña Emi es como si ambas fueran un reflejo la una de la otra y eso ya era una condena por sí misma y cuyo pensamiento solo hizo que sollozara con aun mas tristeza contra la almohada, sofocando sus chillidos de angustia contra el suave material para no hacer un escándalo sin importar cuanto le rogase su corazón que liberara su tristeza. Ya haya sido intención de Izumi o no, parte de sus desoladores sollozos resultaron plenamente audibles en la sala donde Emi e Itachi aun discutían y cuya disputa termino de inmediato en cuanto Itachi escucho esos sollozos, intentando dirigirse de inmediato a la habitación para tranquilizar a su esposa y siendo detenido de inmediato por Emi que le sujeto el brazo, impidiéndole ir junto a Izumi cuyos desgarradores sollozos le oprimieron el corazón, todo lo que quería era consolar su miedo y tristeza, hacerle saber que ella no tenía nada que ver con este acontecimiento porque ella era incorruptible a inocente, pero Emi no le permitió moverse de la sala.
-Itachi— detuvo Emi, percibiendo muy claramente cuáles eran las intenciones de su hermano.
-Está llorando…— discutió Itachi, intentando zafarse en vano de su agarre e ir junto a Izumi, mas ella se lo impidió.
-No seas imbécil o te montara como se monta a un camello— regaño la Uchiha, observando reprobatoriamente a su hermano. —Ustedes no saben tratar a sus esposas, educarlas, ni ponerlas en orden, por eso Sasuke está pasando por esa vergüenza, porque ustedes no saben imponerse— su padre no habría cometido los errores que ellos estaban cometiendo, su padre no permitiría que una mujer fuese exhibicionista.
Sus fallecidos padres Fugaku y Mikoto habían sostenido un matrimonio envidiado pro todos porque ambos comprendían claramente cuál era su lugar y sus respectivas responsabilidades pero eso no sucedía con los matrimonio de sus hermanos y se sentía preocupada, Sasuke era demasiado permisivo con su esposa e Itachi demasiado blando, debían tomar el control de sus vidas ahora o mañana perderían todo lo que tenían, ella podía verlo. No sabiendo cómo proceder ante las palabras de Emi, Itachi volvió la mirada por encima de su hombro hacia la puerta de su habitación…no iba a abandonar a su esposa, ni aunque fuera su deber pero él no abandonaría a Izumi por un error que ella no había cometido, mas Alah mediante esta situación se resolvería pronto, porque el honor del nombre de su familia dependía de ello.
PD: Hola, hola mis amores, aquí me tienen nuevamente, actualizando mis historias tal y como tenia previsto, aunque confieso que casi creí que no me alcanzaría el tiempo dado que cuido a mi abuela, pero afortunadamente si lo logre :3 las siguientes actualizaciones seran "Queen: The Show Must Go On" y "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield", por lo que prometo tener listos los nuevos capítulos dentro de una semana :3 Este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (esperando que el capitulo sea de su agrado y ya planeando la siguiente actualización en su honor) a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) a Guest (profundamente agradecida por sus palabras y porque que la historia sea de su agrado), y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Tio Abdul como Homura Mitokado
-Primera Esposa de Ali como Mito Uzumaki
-Segunda Esposa de Ali como Naori Uchiha
-Tercera Esposa de Ali como Anko Mitarashi
Curiosidades y Diferencias:
La Huida de Jade y el Matrimonio Musulmán: en la historia original Jade escapa de Said para reunirse con Lucas y ambos planean una forma de huir juntos ahora que él esta casado con Maysa, pero al ser descubierta miente diciendo que escapo por haber perdido sus joyas, en este caso elegí apegarme a la mentira dicha por Jade en la historia original por lo que Sakura que es infinitamente feliz junto a Sasuke siente tanta vergüenza por perder todo el oro que él le había dado que no ve otra salida mas que huir para evitar que su error quede en evidencia pero en el siguiente capitulo no tendrá otra opción mas que afrontar su error y ver si esto destruye su matrimonio o lo vuelve aun mas solido de lo que ya es. En la cultura musulmana el hombre tiene el sagrado deber de hacer feliz a la mujer que convierta en su esposa, por una parte en el ámbito sexual—ya que de mostrarse insatisfecha la mujer tiene todo el derecho de pedir el divorcio, alegando que su esposo no ha cumplido con sus obligaciones—y por otra parte en el plano sentimental donde se recompensa el amor con joyas de oro como collares, pulseras, anillos, brazaletes, sedas y telas y los regalos pueden verse multiplicados si una mujer ensalza los ojos de su marido danzando para él o haciéndolo feliz de otras maneras, y según esta misma ley es que si un hombre tiene mas de una esposa, ha de ser capaz de dividir sus bienes y afectos entre cada una de ellas sin que ninguna reciba mas que la otra, y de ser injusto la mujer tiene derecho de exigir un consejo de familia para hacer que se cumplan sus requerimientos.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
