Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "El Leila" de Amr Diab para la escena entre Sasuke y Sakura antes de la interrupción de Emi, y "Wherever I Go" de Miley Cyrus y Emily Osment para representar el vinculo entre Sakura e Izumi.
Si le hubieran preguntado a Emi como se sentía estando en Rio de Janeiro su respuesta habría sido absolutamente feliz, rodeada de pretendientes que suspiraban por ella y que realmente querían hacerla su esposa, pero…cuando le había planteado la posibilidad a su hermano Itachi de casarse con un brasileño que se convirtiera a la religión la inmediata respuesta que había recibido era no, no toleraba que un hombre que no fuera de la religión se casara con ella ni aunque prometiera convertirse al islam, eso no bastaba para su hermano y de inmediato había quedado claro para Emi que nadie pensaba en su felicidad, todos eran egoístas y no tolerando más esa injusta situación es que Emi había preparado su equipaje y le había escrito una carta a Sasuke antes de emprender su regreso a Marruecos, confiando en que él si velaría por su felicidad, tenía que hacerlo. Cargando el equipaje de su hermana que no cesaba de hablar de la crueldad de Itachi y de lo justo que era, Sasuke comenzó a pensar si era buena idea estar feliz de que ella regresara a su hogar, no iba a ser un mal hermano y decir que no extrañaba a su hermana porque estaría mintiendo, pero…poder pasar semanas enteras con Sakura, sin nadie más que ellos dos mañana, tarde y noche, sin que nadie perturbara su alegría era algo incomparable y que se vería interrumpido porque ahora no podrían ser solo ellos dos sino que Emi también estaría ahí. No, se dijo Sasuke ante la clase de ideas que estaba teniendo, no podía pensar lo peor a la primera oportunidad, tenía que confiar en que Sakura conseguiría amenizarse con Emi y en que ambos podrían seguir siendo felices, aunque hubiera una tercera persona bajo el mismo techo que ambos.
-¿Qué te hicieron?— pregunto Sasuke al ver que la conversación no avanzaba de las recriminaciones de su hermana que no cesaba de decir lo cruel que era Itachi con ella.
-Itachi y su mujer arrojaron mi suerte por la ventana— contesto Emi, no deseando pronunciar más el nombre de esos dos traidores. —Tu siempre reconoces lo que he hecho por ustedes dos, pero él no, sin nuestra madre yo podría haberlos arrojado a ustedes dos al viento— podría haber sido egoísta y descuidar a sus hermanos para lograr ser feliz, pero no lo había hecho y lo que más le dolía ahora es que no se le retribuyera su amor de hermana.
-Lo sabemos— suspiro él, perdiendo la cuenta de cuantas veces había oído las mismas palabras.
-Tú si lo sabes, él no— puntualizo ella, valorando enormemente a su hermano menor que con seguridad se preocuparía por su felicidad a diferencia de Itachi. —Que conste que no quería regresar, pero Brasil es más aburrido que esta casa— por ahora no tenía caso aguardar a un esposo en Brasil, no si Itachi no iba a permitirle casarse de todas formas.
-Salam Alaykom, doña Emi— saludo Sakura con una sonrisa, ingresando en la sala con una actitud positiva para evitar conflictos con esa mujer.
Lejos del cuadro que Emi esperaba encontrar, resulto sorprendente para ella ver a Sakura vistiendo de una forma tan sencilla, una blusa blanca de aspecto inocente, recatado escote en V que se ceñía bajo el busto con un ligero fajín de encaje y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, pantalones color negro y cómodos zapatos oscuros con sus largos cabellos rodados peinados en una cascada de ondas que caían sobre sus hombros y tras su espalda enmarcando una exquisitez alrededor de su cuello, un collar de oro del que pendían seis cunas en forma de lagrima con un cristal azul claro en el centro y a juego con un par de pendientes que se dejaban entrever entre sus cabellos y una pulsera en su muñeca derecha…por lo visto esa niña era muy preciada para Sasuke, si le obsequiaba semejantes joyas luego de haber perdido todas las otras hace un corte tiempo, era obvio que ella lo tenía en la palma de su mano, lo cual de inmediato resulto frustrante para Emi, eso hasta que encontró el talón de Aquiles donde sembrar su veneno; Sakura, al igual que Izumi, no estaba embarazada aun, podía jugar todo lo que quisiera con las pasiones de Sasuke pero eso de nada le servía si no tenía un hijo en el vientre que convirtiera su matrimonio en algo inquebrantable y aunque tuviera un hijo nada le garantizaba que Sasuke no fuera a reemplazarla algún día, ella se encargaría de eso, porque ni Izumi ni Sakura serían felices si ella no lo era, era lo justo ¿o no? Ella había planeado sus matrimonios y si eran felices era debido a ella, por lo que deberían de ayudarla, cosa que no estaban haciendo.
-Alaykom Salam, Sakura— contesto Emi, observándola de arriba abajo con interés. —Por lo que veo las cosas no cambian, primero en Brasil y ahora aquí— menciono, interiormente feliz al ver que sus dos cuñadas estaban al borde del mismo limbo, dependiendo de ella para sobrevivir y así quería tenerlas; en la palma de su mano.
-¿De qué hablas?— inquirió Sasuke, casi pudiendo predecir una discusión por su causa, ya era usual después de todo.
-Tú esposa— esclareció la Uchiha, volviendo su rostro hacia su hermano por encima de su hombro, —Itachi aún no tiene hijos, ni tú tampoco— admitió sin ningún miramiento ni tacto.
-No tenemos prisa, los hijos vendrán cuando deban hacerlo— contrario Sakura con total seguridad, manteniendo la calma en el exterior aunque por dentro llevase una tormenta que se esforzaba por contener. —Con permiso, tengo que preparar el almuerzo— se excusó, no teniendo razón alguna para permanecer en la sala.
Con esta disculpa, Sakura se retiró a la cocina, alzando la mirada hacia la escalera donde estaba Tenten y que de inmediato la siguió para ayudarla incondicionalmente como siempre; evitaría lo más posible discutir con Emi porque todo lo que deseaba era que Sasuke fuera feliz y que nada trastocase la paz y armonía de su hogar pero si Emi buscaba una confrontación, la encontraría, por Alah que lo haría y no lamentaría hacerlo. Al contrario de Itachi que pecaba de ingenuo sobre la actitud de Emi, hasta donde él tenía entendido, Sasuke sabía bien que Emi había regresado a Marruecos porque estaba ofendida con Itachi por restringir su libertad pero Itachi había hecho lo correcto, Emi no era capaz de idear un matrimonio apropiado, no sin ayuda de ellos y en consecuencia había descargado su furia con Izumi, y seguramente planeaba hacer lo mismo con Sakura y él, desatando tempestad y perturbando la armonía en su hogar solo que no lo conseguiría, Sakura y él podían molestarse el uno con el otro y discutir pero al margen de cualquier conflicto siempre podían resolverlo todo en un instante gracias a Sakura que siempre estaba dispuesta a parlamentar y resolverlo todo, y lo agradecía porque de otro modo ni siquiera él soportaría a Emi quien en ese momento no vio con buenos ojos la actitud de Sakura, Izumi era dócil y complaciente aun cuando no estuviera de acuerdo con ella gran parte del tiempo pero Sakura era una historia completamente diferente, ella se mantenía firme en su posición y con la frente en alto, no claudicaba sin importar lo que pasara y eso era tanto una virtud como un defecto a ojos de la Uchiha.
-Tu esposa parece tener una respuesta para todo— aprecio Emi en voz alta, para nada complacida ante la permanente actitud rebelde de esa niña, —ya veremos si puede tener hijos— obvio, observando la entrada de la cocina donde había desaparecido.
Solo dedicándose a observar a Emi en silencio, Sasuke negó sutilmente para sí, conteniéndose para no entornar los ojos…aquí estaban de nuevo con el mismo asunto, no importa que tras cuatro meses de la boda Sakura aún no estuviera embarazada pero en cierto modo era mejor así ya que eso les estaba permitiendo conocerse más cada día, los hijos vendrían cuando ambos estuvieran listos para ser padres, por ahora no necesitaban nada para ser más felices, se amaban y eso era más que suficiente para ambos.
Rio de Janeiro, Brasil
Puede que ahora Emi estuviera lejos en Marruecos pero aun así Izumi no se sentía realmente feliz y libre como había creído que se sentiría porque había algo que no la dejaba dormir tranquila; la idea de un embarazo, llevaba cuatro meses casada y hasta ahora no había tenido ni siquiera un retraso en su periodo ni nada que indicase que odia estar embarazada y eso la frustraba, Itachi estaba ilusionado con la idea de que formaran una familia, era el mayor de la familia y era su deber tener un hijo que asegurara la continuidad del nombre de su familia y aun no lo tenían…ese podía ser un motivo para tener una segunda esposa sin importar que Izumi no quisiera admitirlo y con franqueza ya no sabía qué hacer para hacerlo desistir de la idea al menos por un tiempo. Sosteniendo con una mano el auricular del teléfono y sosteniendo con la otra una varilla de incienso mientras se movía por la habitación para desplegar mejor el dulce aroma, Izumi escuchó atentamente las palabras de Biwako comenzando a desesperarse interiormente al ver que en este momento tan crucial para ella no podía mantener la armonía en su hogar como tanto deseaba hacer, o si lo hacía no conseguía evitar que Itachi pensara en el futuro y en la idea de tener hijos y con razón, ambos eran jóvenes, estaban casados y el futuro del apellido Uchiha dependía enteramente de ambos así como de Sasuke y Sakura, no importaba quien de los dos matrimonios lo lograse pero debían tener un hijo varón que perpetuase el nombre de su familia, era algo vital y que aún no conseguían hacer.
-Biwako, ahora todos los días Itachi habla de los hijos que aún no vienen— suspiro Izumi, teniendo que rebatir las palabras que oía del auricular, —prendo todos los inciensos, como me enseñaste— obvio en su defensa, eso y que había hecho todo lo necesario hasta ahora para quedar embarazada, y nada. —¿Sera que Itachi no puede tener hijos?— pregunto ya que ella no tenía ningún problema y las mujeres en su familia eran muy fértiles.
-No, Itachi no, el hombre musulmán ya nace fértil— negó Biwako, eso y que hasta donde todos sabían la familia Uchiha poseía un prestigio y estirpe absolutamente envidiable para todos.
-¿Entonces qué hago?, ¿Por qué Alah me está haciendo esto, Biwako?— cuestiono la pelicastaña, sentándose sobre el sofá, no sabiendo que más hacer para remediar la situación por la que atravesaba.
-Se hábil, desvía su pensamiento, no lo dejes pensar en lo que le está faltando— aconsejo ella, instándola a dejar de ser solo una cara bonita complaciente y comenzar a usar la cabeza, como Sakura, —recuerda a Sanavber; durante mil y una noches consiguió distraer al Sultan Indra que quería cortarle la cabeza, cada noche le contaba una historia tan bonita que el retrasaba cortarle la cabeza porque quería saber cómo continuaba la historia al día siguiente— claramente Sakura conocía esta vieja historia y le estaba sacando partido muy bien, tenía un matrimonio perfecto y lleno de armonía, ¿por qué? Porque utilizaba su inteligencia para unirse más a su esposo.
-Eso es, Biwako— sonrió Izumi al entender la treta que le había explicado, —yo distraigo a Itachi y él no piensa en hijos ni en la segunda esposa— solo necesitaba ser más apasionada en su entrega así como inteligente, y entonces todo estaría a su favor. En medio de la llamada escucho los pasos de Itachi aproximarse a la puerta principal, —llego, tengo que colgar— se disculpó apresuradamente antes de finalizar la llamada.
Es cierto, hasta ahora había estado muy al pendiente de hacer a Itachi feliz pero había desestimado las artes que sabía que Sakura si estaba empleando; ella estaba llevando su vida a su propio ritmo—según afirmaba en sus cartas—, Sasuke no la presionaba con la idea de tener hijos aun, ¿y porque? Porque su vida estaba más centrara en conocer y descubrirse el uno al otro que en concebir un hijo que probablemente fuera a quitarles tiempo de pareja si solo tenían un hijo para cumplir con lo que se esperaba de ellos. Con una sonrisa en el rostro y dándose prisa, Izumi devolvió el auricular a su lugar sobre el teléfono, dirigiéndose a toda prisa hacia su habitación, necesitaba darse prisa si quería poner el plan en marcha. Silbando quedamente para sí, retornando a su hogar tras cerrar la tienda, Itachi cerró la puerta tras entrar, percibiendo de inmediato el dulce aroma de los inciensos como siempre aunque para su decepción no había rastro de Izumi en la sala, esperándolo como si había hecho en ocasiones anteriores pero conociéndola bien es que se dirigió a la cocina pensando que tal vez si podía estar ahí, mas nada más cruzar el umbral corroboro que tampoco estaba presente. Eso era cosa rara, Izumi no era el tipo de mujer que se quedaba en casa sin hacer nada o tomando una siesta, siempre había algo que tenía que hacer cuando no lo acompañaba atendiendo el negocio, por lo que Itachi se detuvo antes de pensar en dirigirse a la habitación, tampoco era precisamente tarde como para que su esposa no hubiera preparado la cena, especialmente porque Izumi siempre estaba un paso por delante de él, en el mejor sentido.
-Izumi, ¿mi amor?, ¿dónde estás?— pregunto él, sin moverse de la cocina.
-Ya voy— contesto ella desde la sala.
Luego de escuchar esta respuesta, Itachi pretendió dirigirse a la sala desde luego, mas no tuvo tiempo porque una cadenciosa figura femenina se lo impidió a la par que una melodiosa música lo inundaba todo haciendo parecer a Izumi una especie de aparición divina, envuelva en un ligero velo fucsia que cubría gran parte de su figura y la parte inferior de su rostro y que distendió tras encontrar su mirada con la de él, exponiendo el traje de danza que usaba, un conjunto sencillamente maravilloso e inocente como ella; brasier rosa brillante que parecía replicar detallados pétalos de flores sobre la superficie con sarcillos de cuentas y perlas rosa a juego cayendo hasta casi la altura de su vientre y larga falda de velo semi transparente color violeta que se arremolinaba a la altura de sus tobillos, con un caderin en forma de pétalos y con largos sarcillos cayendo hasta la altura de los muslos, con su largo cabello castaño cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda…era tan hermosa. Sosteniendo estratégicamente el velo con una de sus manos, Izumi mantuvo el lienzo cruzado sobre su hombro izquierdo para que cubriera gran parte de su figura pero no toda, convirtiéndose en un reto para Itachi que se esforzaba por no perder detalle alguno de ella, atrapado por el acompasado movimiento de sus caderas que replicaban el ritmo de la música con claridad, aun bajo el suave lienzo del velo que sostuvo entre sus manos, desenvolviéndolo de su figura por completo antes de situarlo delante de su cuerpo como una cortina transparente, avanzando lentamente en su dirección y sin apartar su mirada de la suya.
Sintiendo su ego, su orgullo como mujer en una especie de pedestal al ver a Itachi sin habla y observándola como si fuera la mayor maravilla del mundo, Izumi sostuvo el velo entre sus manos antes de envolverlo contra los hombros de Itachi, acortando todavía más la distancia entre ambos, instancia que el Uchiha desde luego no desperdicio—recobrando parcialmente el control sobre sus emociones—, envolviendo sus manos en la cintura de ella que percibiendo su intención no dudo en separarse de inmediato; no, era ella quien tenía el control de las reglas del juego esta vez, no él. Reservado a la frustrante experiencia de solo ver a la mujer que amaba y no a tocar, Itachi se resignó, a mantenerse donde estaba, e satisfecha con esto es que Izumi dejo caer el velo al suelo y dedicándose de lleno a marcar el ritmo de la música con el armonioso movimiento de su vientre y caderas en un vaivén hipnótico, mas retrocediendo muy lentamente hacia la mesa a su espalda y sentándose sobre la superficie, dirigiéndole una inconfundible mirada a Itachi que por fin teniendo el camino libre se acercó a ella, envolviendo sus brazos alrededor de su cuerpo, devorando desesperadamente sus labios y encontrando su lengua con la de ella. Sorprendida por lo agitada que era la respiración de él así como por lo vehemente de su tacto, Izumi no pudo evitar jadear contra los labios de su esposo a causa de la sorpresa más sin pensar en ningún momento en romper el beso es que, envolviendo sus brazos alrededor del cuello y los hombros de él, Izumi se tumbó lentamente sobre la mesa arrastrando a Itachi consigo...
Todo era un plan, pero uno muy satisfactorio y le encantaría continuar ejecutándolo por largo tiempo.
-Biwako, ¿Qué pasa?— pregunto Sakura nada mas escuchar los gritos provenientes de la sala.
-Es Anko otra vez, haciendo tempestad— bufo Biwako, incapaz de entender a esa mujer, —dice que el señor Hiruzen es injusto con ella y que va a quejarse con el juez— esclareció ante la preocupada mirada de la Uchiha.
Como cualquier día normal en su vida, Sakura había planeado hacer una visita a su tío Hiruzen, no solo porque le placiera hacerlo sino también para escapar de la reprobatoria mirada de doña Emi que siempre tenía algo que criticar de ella, o bien su actitud, la forma en que cocinaba, la forma en que aseaba la casa, la forma en que oraba o leía…necesitaba escapar de su hogar que no tenía nada de armonioso durante el día desde que esa mujer estaba nuevamente bajo el mismo techo que ella, pero tras nada más cruzar la puerta principal del hogar de su tío y quitarse el velo Sakura escucho un incesante coro de gritos provenientes de la sala hacia donde se dirigió, encontrando con Biwako que cruzo el umbral de la sala para no tener que presenciar la discusión que tenía lugar. Anko era la más tormentosa de las tres esposas de su tío, y si bien Sakura no se llevaba mal con ninguna de ellas, también debía reconocer que era bastante difícil lidiar con Anko que era solo reclamos e ira donde Mito y Naori eran serenidad y armonía, claro que entendía que su tía en ley fuera una mujer enamorada pero la forma en que intentaba ganar territorio no era sensata porque no podría cambiar su situación, siempre sería la tercera esposa en tanto Mito y Naori estuvieran vivas y su tío no planeara divorciarse de ellas, cosa que estaba lejos de suceder. Ignorando las palabras de Biwako, Sakura cruzo el umbral de la sala encontrando en el interior de esta una contienda verbal que fácilmente podría compararse con un campo de batalla, con su tío y Anko gritándose el uno al otro en un permanente tira y afloja en que uno de los dos debía ganar y el otro perder, no había otra forma de solucionar el conflicto, como siempre.
-¿Qué diablos dices?, por el profeta, voy a doblarte en dos, voy a olvidarte si conservas esa actitud— advirtió Hiruzen, apenas y pudiendo entender las demandas y acusaciones que ella lanzaba contra su persona.
-¿Qué le está diciendo?— pregunto Sakura a Biwako, no entendiendo bien que decía Anko ya que hablaba demasiado rápido y con ira.
-Que el señor Hiruzen durmió tres noches en esta semana con la primera esposa y ninguna con ella, dice que su suerte es triste, que se casó y no tiene marido— tradujo Biwako envolviendo uno de sus brazos alrededor de ella, sintiéndola temblar de miedo. —Esto no terminara bien— era imposible que salieran con bien de este conflicto, ya parecía como si estuvieran a punto de pedir el divorcio.
-Mentira, siempre he respetado al Corán y tratado a mis esposas como manda el libro sagrado, me doy igual para todas ellas— se defendió el Sarutobi, cansado de las calumnias de esa mujer escandalosa. —¡Te repudio!— soltó finalmente, cansado de escucharla gritar.
-Si lo dice tres veces, se habrá divorciado de ella— aclaro Biwako para la pelirosa a su lado y que intentaba comprender bien lo que Anko decía en su defensa, —haz que no lo diga— oro en voz alta, tan aterrada como Sakura.
Quieta en su lugar, Sakura asistió a lo que estaba sucediendo con un nudo en la garganta; estaba presenciando el que era uno de sus mayores temores, que algún día Sasuke dejara de amarla, que dejara de confiar o creer en ella, o que cometiera un erro lo suficientemente imperdonable como para que él deseara divorciarse…más aun siendo su mayor miedo, todo lo que Sakura podía hacer era quedarse ahí y mirando lo que ocurría. En occidente los divorcios eran un asunto legal, los hombres y las mujeres debían de estar de acuerdo por igual y dividirse la custodia de los hijos que tuvieran en común y de los bienes dependiendo el contrato que se hubiera establecido pleno a un matrimonio, si es que lo había. Pero para los musulmanes el divorcio era algo diferente, era uno de los actos más repudiados por Alah, a tal punto que aunque un hombre dijera tres veces a una mujer la palabra "te repudio", podía recapacitar y regresar con ella al menos dos veces tras haber solicitado el divorcio porque Alah no quería que las personas se enemistaran entre sí, menos aún un matrimonio, e incluso si se separaban el acuerdo era esperar tres menstruaciones—en caso de un embarazo—antes de separarse y el marido debía permitir que su esposa conservara todo el oro dado durante la duración del matrimonio. En ese momento y aun siendo tan racional como se jactaba de serlo, Hiruzen no podía pensar, solo podía pronunciar las palabras que tenía en la punta de la lengua, furioso con la mujer delante de ella y deseando aplacar la tempestad que provocaba en su hogar, fuera como fuera y sin importar las consecuencias que trajera.
-¡Te repudio!— repitió Hiruzen, por fin consiguiendo despertar el miedo en esa mujer que le suplico que lo dijera una tercera vez, — ¡Alah!, la próxima vez voy a gritarlo tres veces, ahí te quedaras de verdad sin marido— acepto, absteniéndose de pronunciar por tercera vez esa infame palabra y de la que bien podía acabar arrepintiéndose.
-Gracias a Alah— suspiro Biwako, agradecida de no tener que presenciar un hecho del que su amigo y señor seguramente se arrepentiría, pocos se divorciaban sin sentir remordimiento por ello, —es horrible la suerte de una mujer divorciada— menciono para Sakura quien observo a Anko en todo momento, recobrando lentamente la calma.
Sola, sin marido y sin poder cuidar de sus hijos que por la ley musulmán pertenecían a la familia del hombre y no con sus madres…¿Qué mujer podía desear esa suerte? Era algo horrible. Llevándose una mano al centro del pecho, Sakura agradeció que su tío no cometiera la imprudencia de desamparar a una de sus esposas, por eso y porque por un momento Sakura se sintió en el lugar de Anko y la aterro que por poco y hubiera sentido su corazón latir vertiginosamente dentro de su pecho, mas Alah mediante jamás lo estaría, no quería vivir esa desgracia, no quería perder a su marido.
Los musulmanes estaban sujetos a costumbres muy marcadas, esa era la parte más estricta de su modo de vida, en si tenían muchas libertades de las que disfrutar pero también muchas obligaciones dictadas por el llamado padre del islam, el profeta Hagoromo, y una de esas obligaciones asociadas a su fe era el pago del llamado Zakat, una contribución económica a los más pobres y necesitados, a aquellos que no eran capaces de trabajar y que no tenían más remedio que depender de otros, era en palabras simples una limosna a los pobres pero también de las ambiciones vanas de la vida terrenal y por las que en ocasiones era tan fácil dejarse llevar, era una obligación pero que por ahora Sasuke había estado posponiendo adrede. El Uchiha comprendía muy bien cuál era su deber y agradecía que su tío Homura estuviera sentado junto a él en la sala de su hogar, preocupándose por su vida y sus negocios, pero él sería quien rindiera cuentas a Alah por sus actos, nadie más lo haría por él, sabía que debía dar un 2,5% de su riqueza a los pobres según mandaba el Zakat pero últimamente estaba tan concentrado en reconciliarse con Sakura y en restaurar poco a poco hasta la última de las joyas que ella había perdido que simplemente había descuidado esta obligación. De entre las familias más reconocidas de Fez y todo Marruecos, los Uchiha se enorgullecían en particular por seguir las costumbres y obligaciones al pie de la letra, sin excepción, por lo que resulto completamente inadmisible para Homura escuchar a su sobrino diciendo con ligereza de opinión que aún no había pagado el impuesto a los pobres pero que lo haría pronto, la palabra pronto no existía, debía hacerlo cuanto antes.
-No hiciste el Zakat este año y aun no pagas lo que debes a los pobres— suspiro Homura, incapaz de entender a su sobrino y su irresponsabilidad, su padre estaría decepcionado si lo viera priorizar su matrimonio por encima de las costumbres.
-Voy a pagarlo, tío— insistió Sasuke, empezando a cansarse de esa discusión, sabía que era lo que debía hacer y lo haría, pero en su momento, no ahora sin importar cuanto insistiese su tío en el asunto.
-Pues paga pronto— aconsejo el Uchiha, observando muy severamente a su sobrino, —la hilandería está cerrando un gran negocio y Alah nos está ayudando mucho, no sigas posponiendo el pago de lo que debes— aclaro ya que si Alah así lo deseaba bien podía perder toda la riqueza que poseía por no seguir su voluntad, todo por causa de su esposa.
-Lo sé muy bien— bufo el azabache, negando en silencio para sí, lo importante era que pagara el Zakat una vez al año, ¿no?, pues lo haría pero a su tiempo, no antes ni después. Justo en ese momento, en medio del debate resulto audible para ambos hombres el tenue eco de algo al caer y que rompió con el ambiente, —¿qué fue eso?— pregunto volviendo el rostro hacia su tío Homura que simplemente pudo encogerse de hombros, no sabiendo de que podía tratarse.
Estaba convencido de haber escuchado un ruido proveniente de su habitación, sutil pero que en una casa como esa se sentía como casi un estruendo, por lo que se disculpó con la mirada con su tío Homura antes de levantarse del diván y dirigirse hacia el segundo piso; Emi estaba en casa del señor Hiruzen y Tenten había salido a hacer unas comprar antes de que anocheciese por completo y Sakura estaba durmiendo por lo que no había razón para el ruido, aun así y viendo la puerta entreabierta de la habitación de su esposa, Sasuke ingreso lentamente y con cuidado para no despertarla. Sobre la cama y durmiendo profundamente se encontraba Sakura, con los ojos cerrados, sus largos cabellos rosados arremolinándose sobre sus hombros y una expresión absolutamente serena en su hermoso rostro, era tan hermosa que resulto imposible para Sasuke resistirse a prendarse al observarla y fue entonces cuando noto que es lo que había provocado el ruido, al descender la mirada reparo en que uno de los brazos de ella se encontraba alargado hacia el suelo donde reposaba su anillo de matrimonio que aparentemente se había deslizado de su dedo cayendo sobre el suelo, junto a la alfombra. Arrodillándose sobre el suelo, Sasuke recogió el anillo y lo ciño con cuidado de regreso al dedo anular de Sakura como si no hubiera sucedido nada, besando a propósito el dorso de su mano antes de situar está bajo la almohada para que no volviera a perder su anillo por accidente. Contemplando su sereno dormir, Sasuke acaricio sus sedosos cabellos rosados…la amaba tanto, que poder disfrutar de la egoísta paz de verla dormir era una de las maravillas que más agradecía de su matrimonio, pero la mayor de las maravillas era tenerla a su lado cada día.
No sería feliz de no ser por ella, y esperaba que Sakura también lo fuera porque solo eso podía pedir, que ella fuera feliz.
Rio de Janeiro, Brasil
Como una buena musulmana criada dentro de las costumbres, Izumi había crecido aferrándose a la idea de que nadie podía cambiar jamás lo escrito por Alah, claro que en ocasiones sentía rabia y frustración por no comprender ni conocer cuál era realmente su destino, al no saber si Itachi tomaría o no una segunda esposa en el futuro y si ella podía evitarlo o no, pero ahora comprendía que su destino—fuera cual fuera el caso—era estar al lado de Itachi, la noticia que había descubierto era la prueba de ello, no podía ser de otra forma. Aun sabiendo que estaba mal y que nadie de su familia vería con buenos ojos que una mujer respetada y casada estuviera fuera de casa en medio de los occidentales, Izumi se paseó incesantemente delante de la entrada de su casa con una radiante sonrisa iluminando su rostro en todo momento, aguardando a que Itachi regresara a casa para almorzar como siempre hacia a esa hora del día, cerrando la tienda por una hora que ella había aprendido a cronometrar muy bien, ansiosa por contarle la verdad cuanto antes, por ello es que literalmente corrió a sus brazos al verlo cruzar la calle, sorprendiendo a su esposo con efusivo abrazo al que Itachi correspondió de inmediato, incapaz de negarle nada. Confundido porque su esposa estuviera fuera de casa a esa hora precisamente—cuando acostumbraban a almorzar juntos—, Itachi se alejó ligeramente sin romper el abrazo, acunando el rostro de ella entre sus manos y observando fascinado la alegría que se había adueñado de su rostro y la luminosa sonrisa, estaba más feliz de lo que la había visto en toda su vida y el de inmediato deseo conocer la razón de su alegría.
-Itachi, mi amor— hablo Izumi finalmente, aferrando sus manos a los hombros de èl, sin apartar sus ojos de los suyos en ningún momento.
-¿Qué paso?— pregunto Itachi, dando por hecho que ella había recibido una buena noticia y deseando saber de qué podía tratarse.
-Fuimos bendecidos, tendremos un hijo— revelo ella finalmente con la voz quebrada a causa de la emoción.
-Izumi…— jadeo él, ambos habían esperado tanto por esa noticia que ahora estar escuchándola era demasiado maravilloso como para creerlo.
-Vamos a tener un hijo— reitero Izumi sin dejar de sonreír, intuyendo que él tenía la misma impresión que ella al descubrirlo.
-¡Vamos a tener un hijo!— repitió Itachi, elevándola del suelo en medio de su abrazo y haciéndola reír de alegría.
Por un momento deseo que Emi no hubiera regresado a Marruecos, deseo que estuviera ahí ene se momento para que atestiguara con sus propios oídos que Izumi no era la mujer infértil que ella se había empecinado en hacerle creer que era durante su estadía, y él no podía estar más feliz por haber creído como siempre en la palabra de su esposa, dejando a su Izumi sana y salva sobre el suelo, dirigiéndose cuanto antes al interior de su casa ya que lo último que era aconsejable era montar un espectáculo en plena calle. El nombre de su familia no se perdería, no como Emi había dicho que si ocurriría, el embarazo de Izumi era la prueba y él se sentía el hombre más afortunado sobre la tierra por tenerla como esposa así como por tener la bendición de tener un hijo con ella, porque Alah sí que había colmado su vida de alegría desde que ella estaba en su vida. Tras pronto como ingresaron en su casa y cerrando la puerta tras de sí, Izumi se quitó el velo antes abrazar nuevamente a Itachi con todas sus fuerzas, haciendo que ambos cayeran sobre el sillón entre risas y sin dejar de abrazarse. Había empleado el método que cualquier mujer utilizaría para salir de la duda ante un retraso en su periodo, especialmente siendo tan regular; una prueba de embarazo que había comprado en la farmacia el día anterior pero que no se había realizado hasta esa mañana por nervios pero ahora que lo había comprado, ahora que sabía que era verdad que iba a tener un hijo todo lo que podía hacer era estar inmensamente feliz porque Alah hubiera escuchado las oraciones que le había dirigido de forma incansable.
-Nuestro hijo va a nacer en Marruecos, volveremos— decidió Itachi, deseando compartir su alegría con el resto de los miembros de su familia, especialmente con su hermano.
-¿Y la tienda?— pregunto Izumi ligeramente preocupada, porque no sería sensato descuidar el negocio por mucho de que su egoísmo estuviera justificado.
-El primo Kagami se hará cargo— desestimo el Uchiha, concentrado de lleno en la alegría que ambo sentían, pegando su frente a la de ella.
Su primo llevaba bastante tiempo hablando sobre lo interesado que estaba en trabajar con él una temporada para conocer occidente, bien, pues él le daría la oportunidad de encargarse de todo mientras Izumi y él estaban en Marruecos, porque quería que su hijo naciera en la misma tierra en que habían nacido todos los hombres y mujeres de su familia. Regresarían a Marruecos...
Puede que durante el día ambos tuvieran que tolerar encontrarse separados gran parte del tiempo, Sasuke teniendo que administrar la hilandería y ella cuidando de que todo se mantuviera en orden en casa o bien visitando a su tío, pero por las noches ya no tenían que preocuparse por lo que pasaría con ellos sino que solo tenían que pensar en ser felices en los brazos del otro, podían hacer a un lado todo signo de estrés o preocupación y entregarse por completo al placer de ser egoístas y amarse sin que nadie se entrometiera en sus vidas. Al mismo tiempo en que la grabadora reproducía la cadenciosa música que tanto adoraba y la hacía sonreír de emoción, Sakura ingreso en la habitación tras abandonar el baño, vistiendo un bello traje de danza; brasier marrón claro decorado por cuentas ámbar y cristales color avellana que pendían como sarcillos bajo el borde del brasier hasta la altura de sus costillas y a juego un caderin a juego cuyos sarcillos de cuentas llegaban hasta la altura de los muslos afortunadamente ya que en ese momento eran la única defensa que tenía para la intensa mirada de Sasuke ya que la falda transparente de velo color dorado bajo el caderin dejaba mucho a la imaginación con aventuras ambos lados de las piernas pero que ella se empeñaba en ocultar al sostener entre sus manos un velo color miel que cubría la parte inferior de su rostro y que parecía una frustrante pared invisible entre ella y Sasuke, casi pudiendo palpar su deseo que ella sabía avivar como nadie por el simple hecho de no desear ser en lo absoluto una presa fácil sino que un permanente desafío.
Aun cuando el velo que Sakura sostenía resultase un muro infranqueable para él, Sasuke se deleitó con el simple placer de verla tan hermosa como solo ella podía serlo a sus ojos, siguiendo con la mirada hasta el más sutil de sus movimientos, la forma en que sostenía el velo, el cadencioso movimiento de sus caderas…podía ser la criatura más inocente del mundo a simple vista, eso en ocasiones le hacía pensar que era un ángel o una diosa, pero ahí y en la intimidad de la habitación, lejos de la mirada inquisitiva de todos sobre su persona se convertía en la representación misma del fuego, de la pasión, cuando creía que podía saciar hasta la más diminuta llama en él no hacía sino avivar el fuego que sentía por ella hasta convertirlo en un torrente con que jugar a su voluntad, y él no se negaba a continuar deseándola. Con una sonrisa en su rostro, Sakura agradeció como siempre la innegable atención de Sasuke sobre su persona, jugando con el velo entre sus manos al apartarlo de su figura lentamente, jugando con él a la altura de sus caderas al marcar con toda intención el ritmo de la música, envolviendo el fino lienzo alrededor de sí misma en un juego al que ya se había vuelto adicta, arremolinando el lienzo a su alrededor mientras danzaba, cruzándolo por encima de sus hombros y sosteniendo los extremos por encima de su cabeza, descendiendo la mirada y concentrándose de lleno en el lento vaivén del movimiento de su vientre así como en el marcado y cadencioso movimiento de sus caderas que seguían la música, regresando su mirada a Sasuke, sin dejar de sonreír en ningún momento
Ninguno de los dos iba a negar que lo acontecido hacía semanas atrás había sido una difícil prueba de confianza pero que había servido para demostrar que pasara lo que pasara ambos estaban mejor juntos que separados, no por nada días después de eso habían viajado a Túnez según lo planeado, dejando atrás cualquier malentendido porque su matrimonio y felicidad era más importante para ambos que cualquier otra cosa. Distendiendo el velo a su alrededor para dejarlo caer el suelo, Sakura avanzo lentamente hacia la cama pero sin dejar en ningún momento de marcar el ritmo a través del vaivén de su vientre y caderas, ni aun al momento de sentarse en el borde de la cama, más concretamente sobre el regazo de Sasuke, trazando con sumo cuidado líneas invisibles a los costados de su rostro, aproximando muy lentamente su rostro al de él, sintiendo su agitada respiración contra su rostro y viendo el deseo en sus ojos, empujando intencionalmente sus caderas y sintiendo el miembro completamente erecto de Sasuke entre sus piernas antes de por fin unir sus labios en un beso que ambos llevaban anhelando casi todo el día, ambos gimiendo contra los labios al otro al sentir la fricción entre los dos y que los guiaba de forma incansable a saciar o más bien avivar todavía más el deseo que sentían el uno por el otro. Sin romper el beso sino que profundizando en él, Sakura jadeo contra los labios de Sasuke al sentirlo desabrochar el brasier tras su espalda, ayudándolo a quitarlo y dejarlo caer al suelo, envolviendo sus brazos alrededor de los hombros de él y descendiendo sus manos para desabrocharle la camisa en medio del beso.
Ascendiendo lentamente sus manos a través de la suave piel de las caderas y la espalda de ella, Sasuke deslizo su lengua entre los labios de ella que gimió contra sus labios hasta encontrarla con la suya, recorriendo con ella toda su cavidad, sintiendo las manos de Sakura aferrarse a sus hombros desesperadamente como si le rogara que parara y continuase al mismo tiempo en un debate permanente que los colmaba a ambos en cada ocasión; hasta donde estaban dispuestos a llegar por ese descomunal torrente de pasión que los guiaba a descubrir más el uno del otro a cada momento, pero nunca había una respuesta clara, menos aún en ese momento al mecer sus caderas contra las de ella, con movimientos más precisos y rápidos, embelesado por los gemidos de ella que se sofocaban contra sus labios. Impaciente, Sakura se mordió el labio en medio el beso, rodeando la cintura de Sasuke con sus piernas, aumentando todavía más la fricción entre ambos, no teniendo suficiente con un mero roce, e intuyendo cuales eran sus pensamientos, Sasuke rompió el beso, pegando brevemente su frente a la de ella antes de descender su boca de su cuello a sus pechos, depositando un beso en el valle entre estos, barriendo con su lengua todo el contorno de la superficie a su paso antes de decidirse a concentrarse y apresar entre sus labios su pezón derecho, escuchando los gemidos de Sakura y pudiendo palpar con desquiciante precisión lo desesperada que era su respiración y el ligero temblor del que era presa mientras se aferraba a sus hombros.
Pero eso no fue suficiente para Sasuke quien en deslizo su mano derecha entre los cuerpos de ambos hasta encontrar el clítoris de ella bajo su tacto mientras seguía empujando contra el cuerpo de ella y aumentando la velocidad de las embestidas. Teniendo que morderse el labio inferior para no gritar y gemir para evidenciar la desesperación que sentía por llegar a la cumbre del placer que Sasuke le estaba ofreciendo, Sakura jadeo su nombre al deslizar la camisa sobre su hombros, arañándole a medias la espalda al empujar sus caderas contra las de él, ¿cómo hacer feliz a Sasuke y demostrarle que estaba completamente comprometida a ser la esposa que él quería que fuera? Usándose a sí misma como un arma; tanto en occidente como en oriente los hombres eran susceptibles a las recompensas, todo lo que ella tenía que hacer era mantener a Sasuke en una esfera de continuo placer cada vez que estuviera junto a ella, nada de peleas, nada de discusiones, nada de preocupaciones, solo goce, harmonía, placer, alegría y lujuria pura, después de todo, todo estaba permitido en el matrimonio, ¿no? Entonces tener pudor a esas alturas no tenía ningún sentido, no podía cambiar el pasado ni remediar ninguno de sus errores, pero si podía vivir el ahora y eso era lo más importante para ambos. En medio de este frenesí, Sasuke situó su mano izquierda sobre el pecho izquierdo de Sakura, masajeándolo, retorciendo y pellizcando su pezón mientras sus dedos penetraban en el interior de ella que jadeaba contra el costado de su cuello…estaba tan cerca.
No pudiendo soportarlo por más tiempo, Sakura presiono su cuerpo contra el de Sasuke gimiendo su nombre al momento de llegar al orgasmo tras sus atenciones y la fricción del miembro de él contra su feminidad, pero tan pronto como superaron la tempestuosa y abrasadora bruma del placer ambos se contemplaron a los ojos; no era suficiente, ambos necesitaban más, mucho más…ajena a lo que sucedía entre su hermano y cuñada, Emi agradeció a Tenten quien le tendió una carta que acababa de ser entregada por un mensajero antes de proceder a retirarse a su habitación, ya era tarde y no tenía otra razón por la que quedarse despierta ahora que todos habían cenado y era tarde, dejando a solas a la hermana de su señor quien se paseó por la sala mientras abría el sobre. Con el ceño ligeramente fruncido, malhumorada como siempre, Emi desdoblo la carta con desinterés, suponiendo que tal debía tratarse de un carta de los comerciantes de El Cairo y Túnez de Sasuke con quienes se había asociado en el último tiempo, pero para su incredulidad y alegría—aunque en otra instancia tal vez no lo fuera a demostrar por su orgullo y dignidad—la noticia que albergaba la carta le resulto tan grata como para hacerla sonreír de inmediato mientras torpemente regresaba la carta al sobre para entregársela a su hermano menor, dirigiéndose hacia las escaleras y apoyando una de sus manos en el barandal para no tropezar a causad e la alegría, no podían culparla ¿cierto? Se trataba del futuro de su familia, era imposible no estar feliz ante tan maravillosa noticia aunque no fuera su alegría.
-¡Sasuke!, llego una carta para ti— anuncio Emi antes de entrar en la habitación de su hermano, encontrándola vacía, más encogiéndose de hombros antes de dirigirse a la habitación de su cuñada y cuya puerta se encontraba entreabierta, —¡Sasuke!, llego una carta, es de…— abrió la puerta antes de quedarse sin aliento nada más entrar.
Lo que Emi esperaba encontrar al entrar en la habitación de su cuñada era encontrarse tal vez con un cuadro romántico—eso es lo que había sucedido en las ocasiones en que había irrumpido en la habitación de Itachi e Izumi, estando en Rio de Janeiro—pero la dejo sin aliento ver a Sasuke y Sakura sentados uno al lado del otro sobre la cama, su hermano con la camisa desabrochada y el cabello ligeramente despeinado, y Sakura escasamente vestida con una traje de danza del vientre—la falda y el caderin, ya que el brasier se encontraba en el suelo—y abrazando una almohada que cubría sus pechos…sin duda ambos eran muy diferentes de Itachi e Izumi que eran romance y ternura pura donde Sasuke y Sakura era fuego y lujuria, y Emi había estado tan concentrada en regresar a Marruecos que nunca había pensado siquiera en encontrarse en una situación así. Resulto una suerte para ambos que a Emi se le hubiera ocurrido anunciarse al entrar en la habitación, dándoles a ambos el tiempo suficiente para separarse y acomodarse ligeramente la ropa en el caso de Sasuke y de intentar cubrirse en el caso de Sakura que eran solo pudo aferrarse a una de las almohadas para cubrirse, lamentando no conseguir recoger el brasier a tiempo, y tener a Emi ahí petrificada y observándolos resulto un cuadro de lo más irrisorio e incómodo, porque si bien entre las cuatro paredes de la habitación se mostraban devotos y apasionados el uno por el otro, en público eran más bien reservados; carraspeando ligeramente, Sasuke se aclaró la garganta para hacer reaccionar a su hermana mayor que finalmente pareció recobrar la compostura ante su gesto, tendiéndole la carta como había pretendido originalmente.
-Gracias— contesto Sasuke, rompiendo con el tenso silencio. Fingiendo o bien predisponiéndose a la idea de no haber visto nada, Emi se retiró con un deje de incredulidad para sí…si esos dos continuaban así, pronto habría un hijo en camino y eso era seguro. Tan pronto como Emi abandono la situación, Sakura tuvo que morderse el labio inferior para no reír, más prestando atención de todas formas a la carta que Sasuke extrajo del sobre, leyendo el contenido superficialmente. —Es de Itachi, Izumi y él van a tener un hijo— leyó en voz alta, volviendo el rostro hacia su esposa.
-Que alegría— sonrió Sakura, compartiendo la alegría de su prima de todo corazón…pero también sintiendo un deje de envidia porque Izumi ya tenía la alegría que ella aun no podía concebir; un hijo. —Tendremos un hijo pronto, lo prometo— prometió, entrelazando una de sus manos con la de Sasuke.
Ciertamente hasta ahora no había conseguido quedarse embarazada pero era tan solo cuestión de tiempo a que eso sucediera, ambos eran jóvenes, se amaban y tenían todo a su favor para ser felices…solo necesitaban un poco más de tiempo. Perdiéndose con inagotable fascinación en el sereno y a la vez tormentoso brillo en los ojos de su esposa, Sasuke sonrió ladinamente en respuesta, confiando en ella y en sus promesas que había cumplido sobradamente hasta ahora, acunando el rostro de ella en sus manos y besando su frente. Pronto ellos vivirían su propia alegría, solo había que ser pacientes hasta que ese día llegara, porque Sasuke estaba convencido de que llegaría, nunca podría ser feliz junto a nadie más que no fuese ella que era su mundo entero, y esa era una certeza.
-Nuestra medina, estamos de nuevo en nuestra medina— agradeció Itachi, deteniéndose en medio de la calle, volviendo el rostro hacia su esposa.
-Si…— sonrió Izumi, igual de feliz que él, solo que más absorta y sin palabras por lo mucho que había extrañado su hogar.
Tan pronto como se habían puesto en contacto con el primo Kagami y lo habían dejado a cargo de la tienda en Brasil—hospedándolo en su casa como miembro de su familia que era—, Itachi e Izumi habían abordado el primer vuelo a Marruecos para regresar a la tierra que era el hogar de ambos, maravillándose con volver a pisar ese suelo, con ver el desierto, sentir el abrasador calor del sol y contemplar la medina que habían recorrido para abandonar Marruecos antes de su partida y que ahora recorrieron—deteniéndose para saludar a sus viejos conocidos en el trayecto—en compañía de Tokuma, el leal sirviente de su tío mientras se dirigían a su casa donde se hospedarían durante todo el tiempo que durase su estadía y que sería todo el embrazo de Izumi y los cuarenta días de reposo antes de retornar a Brasil donde estaba su vida. Tan pronto como llegaron al hogar de los Sarutobi y cruzaron el umbral de la puerta principal acompañados por Tokuma quien se adelantó para abrir la puerta y permitirles entrar, ambos se llevaron una grata sorpresa al darse cuenta de que en plena entrada de la casa estaba teniendo lugar una fiesta para darles la bienvenida, con músicos, odaliscas e invitados aguardando tan solo porque ellos dos llegaran y en el centro de todo se encontraban los miembros de sus respectivas familias aguardando su llegada, ¿Cómo no sentirse bienvenidos de esa forma? Ambos habían extrañado muchísimo su hogar y lo sabían, pero no fue hasta ese momento que realmente se daban cuenta de cuanto habían añorado su vieja vida y a sus familias.
-¡Biwako!— no pudiendo evitarlo, Izumi de inmediato se arrojó a abrazar a la mujer a quien veía como su madre y luego a su tío, —¡Tío!— chillo emocionada a mas no poder.
-Sean bienvenidos, trajeron la luz, trajeron la alegría— declaro Hiruzen, abrazando a su sobrina y dándole la bienvenida al igual que a Itachi que sonrió en respuesta, agradecido.
Al cálido recibimiento de su tío y Biwako pronto se unieron los sinceros deseos de buena ventura y prosperidad de parte del tío Homura que pronuncio una plegaria en pro de que el niño en camino naciera con salud y trajera alegría a sus vidas, que era todo lo que Itachi e Izumi podían pedir. Tan pronto como vio el camino libro, Sakura no dudo abrazar con todas sus fuerzas a su prima a quien había extrañado con todo su corazón al mismo tiempo que Sasuke abrazaba a Itachi. Estaban separadas por miles de kilómetros, Izumi en Rio de Janeiro y ella en Marruecos por lo que no era extraño que se extrañaran la una a la otra, eso sumado al hecho de que ambas habían crecido siendo hijas únicas y viéndose como hermanas entre sí, porque nadie podía entenderlas mejor de cómo se entendían la una a la otra, porque conocían sus verdades y sus miedos, y no se juzgaban la una a la otra por ello sino que todo lo contrario, por ello es que ambas no dudaron en chillar de emoción en medio del abrazo como si fueran dos niñas. Claro que no iba a decirlo en voz alta más en el fondo Sakura debía reconocer que sentía algo de envidia, quería sentir la misma alegría que Izumi, claro que Sasuke no la estaba presionando para que tuvieran un hijo ahora pero ella quería coronar su alegría con un hijo, además adoraba a los niños, pero si aún no estaba embarazada es que todavía no había llegado su momento más esperaba que sucediera pronto. Tan pronto como ambas rompieron el abrazo lo hicieron sino sonreírse y observarse la una a la otra para analizar en silencio cuanto habían cambiado en los meses en que habían estado separadas, porque ya no era niñas.
-Estas tan linda, Sakura— aprecio Izumi en voz alta, pudiendo palpar la alegría en su prima. Tomándola de la mano es que ambas se dirigieron hacia las escaleras que daban con la que antes había sido su habitación para poder hablar a solas y sin que nadie las molestara. —Fui bendecida, Sakura, enormemente bendecida— suspiro tan pronto como ambas se encontraron a solas. —Alah me dio al hijo que tanto pedí y al esposo que tanto quise— no podía pedir nada más para ser feliz porque ya lo era inmensamente, —¿Y tú, Sakura?— pregunto, deseando tener más detalles de los que su prima le relataba en las cartas. —Supe que Sasuke es rico, que te llena de oro, ¿eres feliz?— pregunto directamente, esperando no ser una impertinente.
-Inmensamente feliz— aseguro Sakura con una inmediata sonrisa, sin siquiera dudar en admitirlo aunque amara a Sasuke por su corazón y no por los regalos que le hacía, que eran incomparables cabe añadir, —pero confieso que te tengo envidia— aludió descendiendo su mirada al aun plano vientre de su prima.
-Ya tendrás hijos, prima— aseguro la pelicastaña porque ella ya había estado en su lugar, también había creído que Alah no le permitiría tener hijos pero s lo había hecho y era enormemente feliz por saber que en su vientre crecía una pequeña vida, su hijo.
-Es lo que más quiero— acepto la pelirosa, porque lo único que podía desear para que su felicidad fuera completa era tener un hijo, aunque no había logrado quedarse embarazada hasta ahora. —Si pudiera vivir toda mi vida de nuevo…evitaría tantos errores— no importa cuanto lo intentase, no podía dejar el pasado atrás, tenía tanta rabia contra Gaara y tanto amor por Sasuke…tenia tanto miedo de que algo arruinara su felicidad, tenía tanto miedo de perder a su esposo. —No, no tengo que pensar en eso— se recordó en voz alta, desestimando estos pensamientos al ver la preocupada mirada de Izumi que entendía bien cuáles eran sus pensamientos porque conocía la verdad.
-Ven, baila conmigo— invito ella, tanto para distraerla como para hacerla participe de la enorme alegría que sentía.
Incapaz de decirle que no a su prima a quien había extrañado con todo su corazón, Sakura encendió la grabadora que aun reposaba sobre el escritorio donde ambas la habían dejado la última vez en que habían compartido esa habitación, riendo y danzando al ritmo de la música sin dejar de sonreírse la una a la otra. Amabas habían descubierto la alegría del matrimonio y que el amor no era solo una historia que se le contaba a los niños, era una realidad y era la fuerza más poderosa del mundo, el felices para siempre existía, solo que no había que rendirse para lograrlo y Sakura no lo haría, no se rendiría, pronto ella también conocería la alegría que Izumi estaba sintiendo, lo sentía en su corazón.
PD: Perdón, queridos míos, no pude actualizar esta semana el resto de mis historias porque estuve demasiado ocupada desarrollando el guion de "El Imperio de Cristal", una de las historias que pretendo iniciar mas adelante pero les prometo que la próxima semana retomara las actualizaciones mas por ahora no podía dejarlos sin al menos una historia que leer y por lo que espero me perdonen pero como les he dicho antes por ahora dispongo de poco tiempo para escribir tanto como quisiera mas les prometo que no abandonare ninguna de mis historias :3 este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (pidiéndole perdón por postergar las actualizaciones que tanto quiere) a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) a Guest (profundamente agradecida por sus palabras y porque que la historia sea de su agrado), a Adri-ojousama (profundamente agradecida por sus palabras y dedicándole este y los próximos capítulos) ,y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Primera Esposa de Ali como Mito Uzumaki
-Tercera Esposa de Ali como Anko Mitarashi
Curiosidades y Diferencias:
Coitus Interruptus: la escena de Sasuke y Sakura siendo interrumpidos por Emi estaba tomada de la versión original de El Clon/O Clone donde Nazira llama a Jade y Said para contarles una noticia y ambos aparecen en la sala en un cuadro bastante incomodo donde resalta Jade vestida con un traje de danza del vientre cosa que solo se usa en la intimidad, esta escena no se replico en la versión de Telemundo y por lo que me inspire en este momento pero dándole mi propia interpretación así como modificando el momento en que ambos reciben la noticia del embarazo de Izumi. La mención sobre Sasuke obsequiándole mas oro a Sakura para reponer las joyas que perdió es una referencia a la versión original de la historia donde Nazira dice "cielos, cuanto oro…cada vez que te veo estas mas cargada de oro" cuando transcurrió poco tiempo de que Jade perdiera sus joyas. Además el deseo de Sakura por ser madre no es un invento mío ni nada parecido ya que en la historia original Jade declara que deseaba tener tres hijos pero al contrario de la versión original de El Clon/O Clone donde Said presiona a Jade insistiéndole en que tengan un hijo, Sasuke es feliz con Sakura y no ve premura alguna para que tengan un hijo si aun no es el momento apropiado, porque para él es mas importante verla feliz y amarla antes de amarrar sus vidas con una pequeña vida, pero pronto ellos también sentirán su propia alegría.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
