Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Marcas de Ayer" de Adriana Mezzadri, perteneciente al soundtrack original de la telenovela "El Clon/O Clone" de 2001, y las canciones "Gift Of A Friend" de Demi Lovato y "Rainbow" de Sia.


3 meses después…

Los meses continuaron pasando en una inmutable sucesión de hechos donde nada cambiaba salvo el tiempo; el embarazo de Izumi marchaba espléndidamente, ya había cumplido ocho meses y todos estaban felices por ella, aguardando ansiosamente el nacimiento del o la bebé en camino…bueno, casi todos. Por primera vez en mucho tiempo, Sakura sentía haber perdido la esperanza, sola—a excepción de Tenten, claro—en casa y recostada sobre uno de los divanes de la sala, sintiendo la luz del sol abandonar su rostro mientras el astro rey terminaba de cruzar el cielo para dar paso a la noche. Sasuke llegaría tarde hoy, había acordado reunirse con los inversionistas de El Cairo en un café a varias calles de distancia para discutir la forma en que prosperaba su sociedad y que en deberían hacer ahora para aumentar las ganancias que estaban recibiendo. Para no tener la necesidad de esperar a su esposo, Sakura pensó en preparar la cena y acostarse ante lo cansada que se sentía, mas tan pronto como pensó en la palabra comida su estómago no paro de dar vueltas al instante, llevaba todo el día con ese malestar, no importa que comiera el dolor persistía desde que había despertado en la mañana pero ella se negaba en quejarse, ya pasaría. Masajeándose las sienes con el enorme cansancio que sentía pero que no podía explicar, Sakura se levantó del diván ante la atenta mirada de Tenten que se había encontrado sentada a su lado, bordando y que le presto total atención, dejando la aguja en el centro de su trabajo en caso de que necesitara de su ayuda.

-Tenten— hablo Sakura, carraspeando ligeramente para aclararse la garganta.

-¿Si, señora?— consulto la pelicastaña, aguardando una orden o solicitud de su parte

-Iré a recostarme, no me siento bien— confeso la Uchiha, dejando de masajearse las sienes y volviendo ligeramente el rostro hacia ella. —Si no me levanto en dos horas, por favor prepara la cena por mí— solicito en caso de que el molesto dolor de estómago no desapareciera para entonces.

-Por supuesto— asintió Tenten con una sonrisa, comprendiéndola muy bien.

No podría negarle a su señora nada de lo que le pidiera, no solo porque era su deber cumplir con todas las ordenes e indicaciones que ella le diera como la mujer más importante—en ausencia de doña Emi quien siempre imponía su autoridad—de la casa, sino por lo sumamente amable que era con ella todo el tiempo, pero siendo honesta Tenten comenzaba a preocuparse seriamente por la salud de su señora, últimamente se sentía demasiado cansada y mareada a lo largo del día, y hoy no cesaba de tener dolor de estómago sin un motivo aparente, en su opinión debería de dejarse ver por un médico, mas Tenten era incapaz de manifestar su opinión, porque esa no era su responsabilidad pero si lo sentía así. El camino de la sala a la hasta la escalera que daba con el segundo piso no era precisamente largo, solo eran ocho o diez pasos, más para Sakura el trayecto hacia la escalera se sintió como una eternidad o como si caminara sobre arena movediza donde todo sucedía en cámara lenta, por una parte sentía ese permanente y molesto dolor en el estómago además de una extraña jaqueca que hacía que todo diera vuelvas a su alrededor en su camino a las escaleras, apoyando una de sus manos contra el barandal al llegar a las escaleras más ni siquiera fue capaz de dar un paso y subir antes de que todo a su alrededor se volviera negro, desplomándose sobre el suelo al pie de la escalera ante la atónita mirada de Tenten que de inmediato se levantó de su lugar sobre uno de los divanes, situándose con prontitud junto a su señora y zarandeándole ligeramente el hombro.

-Señora— llamo Tenten, volviendo a zarandearle los hombros mientras acomodaba su cuerpo contra su regazo, —señora— insistió, no sabiendo que hacer para ayudarla, no sabiendo si era correcto llamar al médico si ella no lo aprobaba.

Intentando hacerla reaccionar, Tenten le golpeo ligeramente la mejilla sin obtener respuesta alguna, acunando la cabeza de la Uchiha contra su pecho. Llamaría al médico, este desmayo era la gota que había rebalsado el vaso.


-Biwako, ¡Biwako!— llamo Natsu dirigiéndose hacia la cocina tras contestar el teléfono.

Gritando a todo pulmón como solía hacer cada vez que descubría algo con lo divagadora que era, Natsu ingreso en la cocina a toda prisa ante la confundida mirada de Biwako que cerro el Corán con cuidado antes de volver a dejarlo sobre la mesa. La casa estaba en calma, el señor Hiruzen estaba cenando en casa del señor Homura mientras sostenían otro de sus eternos debates ideológicos sobre la continuidad de las costumbres en relación a la religión y las nuevas libertades que existían en el mundo por lo que no había mucho que hacer, las demás mujeres se había retirado a dormir porque deberían levantarse muy temprano para volver a trabajar tan pronto como despuntara el alba pero Biwako no, ella solo se iría a dormir una vez que su señor y amigo regresara a casa, esa era su costumbre como su mano derecha. Hasta entonces había pretendido sentarse en silencio y leer el Corán en busca de respuestas a las incógnitas que daban permanentemente vuelvas alrededor de su mente, siento interrumpida por los gritos de Natsu. El hogar de los Uchiha solo contaba con una sirvienta para encargarse de todo lo que hiciera falta, de Tenten, quien tras ayudar a su señora a regresar a su habitación para descansar no había dudado en llamar al hogar de los Sarutobi en busca de ayuda, incapaz de decidir por su cuenta—pues no era su responsabilidad—si sería prudente llamar un médico o no para que examinara a su señora, y en ausencia de tras persona en su hogar la única alma lo bastante competente para decidir era Biwako a quien Sakura consideraba una segunda madre para hacer y deshacer en su nombre.

-¿Qué pasa?— pregunto Biwako, sufriendo de dolor de cabeza con solo oírla gritar así.

-Sakura está muy mal— contesto ella, recuperando el aliento, repitiendo las mismas palabras que Tenten le había dicho por teléfono.

-¿Qué?, ¿Qué tiene?— pregunto sin saber qué hacer en ausencia de su señor.

-No lo sé— negó Natsu, Tenten no le había dado mayores detalles salvo del desmayo.

-Ve a llamar al médico, iré con ella— indico Biwako, levantándose de la silla al instante.

-En seguida— asintió ella, dirigiéndose a la sala para llamar por teléfono.

Alah mediante Sakura no estaría enferma de nada grave, era demasiado joven y ya tenía muchas cosas que soportar como para que ahora otra carga se añadiera a sus tristezas. Acomodándose el velo sobre el cabello, Biwako abandono la casa, dirigiéndose al hogar de los Uchiha…


Tan pronto como Biwako llamo a la puerta del hogar de los Uchiha, fue recibida por Tenten quien de inmediato la invito a pasar, informándole del estado de su señora antes de decirle que la Uchiha se encontraba a solas en su habitación, y con esta información Biwako no dudo en dirigirse de inmediato al segundo piso, apoyándose en el barandal al subir velozmente la escalera e ingresar en la habitación de Sakura. A solas en el interior, Sakura se encontraba recostada sobre la cama cuando Biwako entro, bebiendo lo que quedaba del té de manzanilla que le había pedido a Tenten al despertar hacia minutos atrás, asegurándole que estaba bien, que solo había sufrido un desmayo cualquiera y que no era algo de lo que debiera preocuparse, aunque mentía. Ella si se encontraba preocupada por este extraño desmayo, pensaba inevitablemente en su madre y en los desmayos que ella había sufrido en el pasado; uno antes de que su enfermedad fuera detectada y otro el día de su muerte, por supuesto que Sakura no quería pensar en eso, ¿pero y si la enfermedad de su madre era algo heredable?, ¿y si ella estaba enferma también? Alah…no quería pensar en eso pero era una fuerte posibilidad ya fuera que ella quisiera considerarla o no. En cuanto Biwako entro en la habitación, Sakura le dirigió una ligera sonrisa para tranquilizar sus preocupaciones al devolver la taza de té sobre la superficie de la mesita de noche, irguiéndose ligeramente sobre la cama para corresponder al abrazo que ella le brindo, por poco y había temido que Sakura estuviera gravemente enferma, pero al verlo Biwako sosegó sus miedos, se veía perfectamente bien mas no debía confiarse por ello.

-Sakura, ¿estás bien?— pregunto Biwako, sentándose en la cama a su lado, estrechando las manos de ella entre las suyas.

-Me desmaye— contesto la Uchiha con una ligera sonrisa, encogiéndose de hombros, no sabiendo que hacer o pensar. —Tengo miedo, Biwako, la enfermedad de mi madre comenzó así; se desmayó y se lo detectaron— confeso, intentando mantenerse tranquila porque de nada le serviría estar nerviosa o preocupada.

-No digas tonterías, aun eres demasiado joven, tal vez no sea nada— sosegó ella, inclinándose para besarle la frente. Sakura se sobresaltó ligeramente al escuchar que llamaban a la puerta, —adelante— permitió Biwako antes de que la puerta se abriera permitiendo el ingreso de la doctora en compañía de Tenten que se retiró al instante. —Traje a la doctora, ella nos dirá que tienes— justifico para tranquilidad de la pelirosa que se sintió mejor con esa respuesta.

-Salam Alaykom— saludo Sakura amablemente con una tenue sonrisa, agradeciendo la presencia de la doctora para salir de toda duda.

-Alaykom Salam— correspondió la doctora, inclinando ligeramente la cabeza en respuesta antes de preguntar algo que confundió a Sakura al no entender bien las palabras.

-Pregunta si tienes otro malestar además del desmayo— tradujo Biwako casi al instante, dándose cuenta de la confusión de ella.

-Me duele el estómago— contesto ella, el té de manzanilla había aminorado ligeramente el malestar pero persistía de todas formas.

Escuchando estas palabras—traducidas por Biwako, cabe añadir—la doctora abrió su bolso sobre la mesita de noche, extrayendo todo lo necesario para examinar a Sakura que se mostró solicita desde el primer instante, arremangándose una de las mangas de la blusa para que la doctora le midiera la presión, estrechando una de las manos de Biwako entre las suyas todo el tiempo para aplacar su miedo. Con ayuda de Biwako se descubrió la espalda, tosiendo en cuanto la doctora le ausculto los pulmones, respirando profundamente y tosiendo fuertemente para despejar toda duda, y si bien era normal que de la misma forma la doctora le examinase el pulso y el latir de su corazón, resulto algo confuso para Sakura que la doctora precisamente situase el estetoscopio contra su bajo vientre, entre la altura de su abdomen y estómago, preguntando cosas que a ella la hicieron sonrojar hay que no estaba acostumbrada a comentarlas con nadie más; como era su vida sexual, cuando había sido su último periodo, si los intervalos entre menstruaciones eran normales y lo eran, aunque si tenía un retraso de dos semanas aunque eso no era grave al fin y al cabo nunca había sido precisamente regular. Tras el exhaustivo examen médico, la doctora esbozo una ligera sonrisa al doblar su estetoscopio y regresarlo al interior de su bolso así como el medidor de presión ante la confundida mirada de Sakura, mas intuyendo la pregunta que ella quería realizar, Biwako le solicito a la doctora que le dijera cual era el problema, dándole una respuesta que dejo a Biwako sin habla, haciendo que Sakura comenzara a imaginar el peor de los escenarios en su mente.

-¿Qué es?— pregunto Sakura, preparándose mentalmente para escuchar que padecía la misma enfermedad que su madre, para saber que tenía una sentencia de muerte sobre sí.

-Sakura, estas embarazada— aclaro Biwako, superando su sorpresa e incredulidad y volteando a verla a los ojos.

Claramente atónita, sorprendida y sin habla ante lo que acababa de oír, Sakura intercalo su mirada entre Biwako y la doctora antes de sonreír, sintiéndose plena, dichosa y más alegre de lo que nunca antes se hubiera sentido hasta ese momento de su vida, abrazando a Biwako con todas sus fuerzas y siendo correspondida al instante. Se había desesperado en vano, había creído que Alah la había abandonado, pero no era así, todo lo contrario. Alah por fin había escuchado sus oraciones; por fin tendría un hijo.


Terminando de beber su té de limón y miel, Emi jugo distraídamente con su cabello, recostada sobre uno de los divanes de la sala, tranquila y sin saber que hacer al no encontrarse en casa de su hermano para hacer y deshacer del modo que le gustaría…¿Cuándo tendría ocasión de casarse así? Itachi estaba totalmente concentrado en Izumi y en que tuviera todo lo que pudiera desear para ser feliz, Sasuke por otro lado solo tenía ojos para Sakura e incapaz de pensar en otra cosa que no fuera hacerla inmensamente feliz, entendía la felicidad de Itachi al fin y al cabo iba a ser padre, ¿pero y Sasuke?, ¿de que servía tanta felicidad si no había hijos en camino? Si las cosas seguían el ritmo que llevaban hasta ahora, tío Homura o ella acabarían por conseguirle una posible segunda esposa, porque era impensable que el nombre de los Uchiha se perdiera a causa de una mujer que hasta ahora parecía ser estéril. No era la intención de Emi ser cruel, pero ella también deseaba tener hijos y vivir su propia vida junto a un hombre que la amara como sus hermanos amaban a sus esposas, ¿era tal difícil para sus hermanos dejar de ser egoístas y pensar un poco en ella? Por lo visto estaba pidiendo un imposible ya que nadie pensaba en su felicidad. Irrumpiendo en sus pensamientos, Emi alzo la mirada al escuchar como sonaba el teléfono sobre la mesita junto al diván sobre el que se encontraba recostada, alargando el brazo para contestar y situar el auricular contra su oído, apuntando mentalmente en caso de que fuera necesario trasmitir un mensaje para el señor Hiruzen que se encontraba ausente.

-¿Hola?— contesto Emi, carente de todo entusiasmo. —Biwako, Salam Alaykom— saludo al reconocer la voz del otro lado de la línea. —No, el señor Hiruzen aún no regresa— contesto a la pregunta, casi aburrida de responder a su pregunta, —¿Qué pasa?— curioseo dando por hecho de que no había llamado solo por eso.

-Sakura fue bendecida, la doctora acaba de irse— contesto Biwako, incapaz de controlar su alegría y ocultar la verdad por más tiempo, —Sakura va a tener un hijo— declaro claramente queriendo que todos compartieran la alegría de la buena noticia.

-¿Un hijo?— repitió la Uchiha con incredulidad, casi sin aliento.

-Sasuke aún no lo sabe, pero va a estar muy feliz cuando lo sepa— vaticino Biwako, completamente segura de que cual sería la reacción del Uchiha al descubrir la noticia.

-Ya lo creo— menciono Emi para sí, alejando el auricular de su oído para que sus palabras no fueran escuchadas, —hasta pronto, sí, yo se los comunico— prometió en un tono amable por cortesía antes de regresar el auricular sobre el teléfono. Bufando, se levantó del diván y emprendió rumbo hacia las escaleras, directamente hacia la habitación de Itachi e Izumi que detuvieron su conversación, tumbados sobre la cama, al verla entrar. —Alah va a mandar a mi libertador un día—aseguro, cruzando sus brazos sobre su pecho al verlos a ambos que se observaron con confusión entre sí. —Sasuke tendrá que seguir casado con la esposa que tiene, Sakura tendrá un hijo— comunico finalmente y sin otra opción ya que la noticia se sabría pronto de todas formas.

-¿Sakura?— reitero Izumi, tan sorprendida como Itachi que se encontraba incapaz de hablar, pero enormemente feliz por su hermano. —Gracias a Alah, ellos también fueron bendecidos— agradeció, abrazando a Itachi que no dudo en corresponderle, cuanta mayor fuera su alegría mejor para todos.

Había sido testigo durante todos esos meses de lo realmente difícil que había sido para Sakura estar a su lado y no sentirse mal, y con razón, Sakura anhelaba de todo corazón poder ser madre e Izumi comprendía mejor que nadie que su prima quisiera conocer tan cálido sentir, pero por fin Alah había recompensado su paciencia y al igual que había hecho con ella, le había enviado un hijo, no cuando otros querían que sucediera sino en el momento que él consideraba apropiado, y lo mejor es que además sus hijos serían muy cercanos de edad entre sí, ¿podía existir algo mejor? Discrepando mucho de la visión de alegría que tenían Itachi e Izumi a quienes Emi vio abrazarse y sonreírse entre sí, compartiendo la alegría que Sasuke y Sakura iban a sentir y que era la propia, la Uchiha negó en silencio para sí; mucho se había esforzado en que su hermano comprendiera—del mismo modo en que había intentado hacer entender a Itachi, sin éxito cabe añadir—que lo mejor era que tomara una segunda esposa en caso de que Sakura no pudiera tener hijos, ¿y para qué? Si Sakura tenía una niña seguramente tío Homura en persona se encargaría de buscar una segunda esposa para Sasuke, pero si era un niño…todos deberían cerrar la boca y mostrarse felices. No lo iba a admitir pero estaba feliz, si, Sakura no era una mala mujer como ella intentaba a hacerla ver y por lo mismo es que se merecía la oportunidad de ser feliz, pero Emi no iba a admitir eso en voz alta, no cuando ella era la única en quien nadie pensaba, la única de la familia que se encontraba soltera, no, no le daría ese gusto a nadie.

-Sasuke tendrá que soportar a esa mujer— suspiro Emi, abandonando la habitación y dirigiéndose hacia el balcón de la escalera.

Izumi estaba embarazada de ocho meses, pronto nacería el bebé que esperaba y dentro de varios meses Sakura estaría en la misma situación, Alah mediante ambas tendrían niños varones porque por ahora todo lo que se necesitaba era perpetuar el nombre de los Uchiha en memoria de sus fallecidos padres Fugaku y Mikoto, de otro modo tendrían que ir buscando posibles candidatas para segundas esposa de sus dos hermanos porque el tiempo apremiaba. Ya el tiempo diría si había que disfrutar del nacimiento de hijos varones o seguir buscando a otras mujeres que cumplieran esa labor.


-¿Biwako?— llamo Hiruzen al entrar en su casa, cerrando la puerta tras de sí, —¡Biwako!— insistió sin recibir respuesta alguna mientras se internaba en la sala, solo percibiendo silencio, —¿Dónde estás?— pregunto al aire, comenzando a pensar lo peor de esa mujer.

Horas atrás había abandonado su hogar esperando disfrutar de una buena noche de plática junto a su amigo Homura, ¿y en que había terminado todo? En una noche de debate y pleitos en que ambos habían terminado con la cabeza hirviendo de lo reñida que habían sido las discusiones sostenidas, gritándose el uno al otro hasta cansarse por lo diferentes que eran las ideas que tenían y sus ideologías, Homura tenía la mentalidad de un anciano y él por su parte se enorgullecía de ser tolerante y escuchar cada idea para nutrirse de sabiduría, ¿Cómo entenderse de ese modo? Todo lo que Homura decía eran sandeces…pero no podía enojarse con él, eran amigos y hombres con experiencias, los jefes y patriarcas de sus respectivas familias, tenían demasiado en común como para enemistarse. Pero ahora resulta que regresaba a su casa con el propósito de descansar y dejar atrás todas esas discusiones, y Biwako no estaba en casa para recibirlo, ella que era su mano derecha y que siempre esperaba hasta que reinara el silencio en casa para dormirse esta vez estaba en cualquier lado menos donde debería. Hiruzen simplemente llego a un punto en que se casó de gritar el nombre de esa ingrata mientras se dirigía a la cocina donde parecía no reinar un alma salvo por Koharu que se estaba sirviendo una taza de leche antes de irse a dormir, ya que Natsu y Biwako habían salido, ella había tenido que quedarse despierta, pero ya no más, ahora ella también quería dormir. La pelicastaña volvió el rostro por encima de su hombro tan pronto como se dio cuenta de que su señor había regresado a casa.

-¿Y Biwako?— interrogo Hiruzen, en caso de que estuviera durmiendo, cosa rara.

-Salió corriendo deprisa con Natsu— contesto Koharu con la mirada bajo, quitándose de encima toda culpa.

-¿A dónde fue?— insistió el Sarutobi, ya teniendo en mente a dos exhibicionistas; Biwako y Natsu.

-No lo sabemos— negó ella encogiéndose de hombros, solo Natsu sabía dónde podía estar Biwako porque habían salido juntas, pero nadie más sabia nada.

-Lleva mi te a la sala— ordeno él finalmente, dispuesto a quedarse despierto hasta que alguna de esas dos holgazanas regresara a casa.

-Ahora mismo, señor— acato Koharu, quejándose interiormente por no poder irse a dormir aun.

-Mujeres exhibicionistas, solo me dan disgustos— se quejó Hiruzen por lo bajo en su camino de regreso a la sala.

Dejaba su hogar confiando en que cuando regresara todo se encontraría tal y como a él le gustaba, sin que volara una hoja sin su permiso y así seguía ¿pero dónde estaba Biwako?, ¿Dónde estaba su mano derecha en quien tanto confiaba?, ¿Dónde estaba Natsu a quien había arrastrado consigo? Eso era lo malo de asociarse con mujeres, salían y no decían a donde o porque. Por su palabra que si esa mujer no regresaba pronto pensaría seriamente en si valía la pena depositar toda su confianza en ella del modo en que lo hacía, palabra.


Había sido una noche larga y agotadora para Sasuke que regreso a casa cerrando la puerta tras de sí, dejando su portafolios contra uno de los sofás de la sala, quitándose la corbata y desabrochándose el cuello de la camisa, habría deseado volver a casa antes de lo planeado pero tenía tratos que cerrar con los inversionistas de El Cairo y afortunadamente para bien, cada vez los negocios de su familia prosperaban más y más de lo previsto, primero había extendido una sucursal a Rio de Janeiro, luego a El Cairo y Túnez, y ahora se le estaba ofreciendo la posibilidad de formar parte de una cadena de hoteles triplicando cualquiera de las ganancias que hubiera obtenido hasta entonces…eran grandes las bendiciones y gracias que tenía en la vida, pero ninguna más preciada de su esposa a quien no había visto en casi todo el día y lo cual era imperdonable, tenían mucho tiempo que recuperar juntos, especialmente ahora que Emi se estaba quedando en casa del señor Hiruzen junto a Itachi e Izumi, y todo lo que se respiraba en su hogar era silencio y tranquilidad…casi demasiado silencio. Era tarde, sí, pero no demasiado como para que todos estuvieran durmiendo, de hecho Sakura jamás acostumbraba a dormir hasta que él llegara a menos que Emi estuviera en casa, cosa que no era así, por lo que de inmediato se extrañó de la quietud que reinaba en su casa. Justo en ese momento Tenten descendió lentamente por las escaleras, mucho más tranquila por saber sana y a salvo a su señora, incluso mejor de lo que ella o cualquiera podría haber creído que se encontraría.

-Tenten— llamo el Uchiha, haciendo que reparase en su presencia.

-¿Si, señor?— acato la pelicastaña, presta a seguir sus órdenes como siempre.

-¿Dónde está Sakura?— indago él ante semejante silencio reinante, como si no hubiera nadie en casa.

-Está en cama, señor, la doctora vino a verla porque se desmayó— contesto Tenten como si fuera lo más normal del mundo, manteniéndose serena.

-¿Qué?— si Sasuke ya se había sentido desconcertado, ahora se sintió molesto y aterrado al desconocer lo que había pasado.

¿Por qué no habían ido a buscarlo si Sakura se sentía mal? Había dejado dicho a Emi, a Tenten y a quien fuera necesario que estaría a solo unas calles de distancia, ¿Por qué nadie le había avisado que había sido necesario llamar a la doctora? Sin necesitar de más información, Sasuke se dirigió de inmediato hacia la habitación de su esposa, ignorando la ligera sonrisa en el rostro de Tenten, quien tuvo que morderse el labio inferior para no chillar de emoción. Recostada sobre la cama, Sakura lucho de todo corazón contra el cansancio para no dormir como deseaba hacer para esperar a Sasuke cuando llegara, quería darle la noticia personalmente por ello le había pedido a Tenten—quien le había preparado otro té de manzanilla para su dolor de estómago—que no dijera nada si Sasuke llegaba…inevitablemente poso sus manos sobre su vientre aun plano, un hijo, ¿de verdad y tras más de un año de insistentes suplicas por fin Alah y había cumplir lo que tanto le había pedido? No iba a negar que se había tardado y mucho, pero nada se comparaba a la alegría que no dejaba de sentir desde el momento que la doctora lo había confirmado. Ahora habría muchos planes que hacer, primer nacería el bebé de Izumi y en consecuencia a ello deberían pensar en el futuro de su hijo, y esperaba que fuera un niño para así poder cerrarle la boca a todo el mundo, así podrían vivir tranquilos, más adelante podrían tener un niña pero por ahora todo lo que necesitaban era un niño. Irrumpiendo en sus pensamientos, Sasuke entro en la habitación, centrando al instante su mirada en Sakura, arrodillándose en la cama a su lado, sosteniendo una de las manos de ella entre las suyas.

-Sakura, ¿estás bien?, ¿qué tienes?— pregunto Sasuke, alzando una de sus manos y acariciando el rostro de ella que sonrió al verlo tan preocupado.

-Nada malo, Sasuke— sosegó ella, levantando su cabeza de las almohadas y aproximando su rostro al de él, —no me sentía bien y me desmaye— aclaro para que él no se preocupara innecesariamente. —Estoy embarazada— confeso por fin, casi conteniendo el aliento en el centro de su pecho, expectante a su reacción.

-¿Es verdad?— inquirió él, no queriendo ilusionarse falsamente en caso de que no fuese así.

-Si, lo es— sonrió ella, percibiendo su alegría pero solo esperando su respuesta para manifestarla.

Por un momento, Sasuke sintió como si el mundo entero se le viniera encima, era una bendición demasiado grande, ¿realmente era posible?, ¿iban a tener un hijo? Viendo la sonrisa en el rostro de Sakura, Sasuke no dudo en envolver sus brazos alrededor de ella y abrazarla con todas sus fuerzas, enterrando su rostro contra el cuello de ella, disfrutando de su dulce perfume a jazmines, mas rompió levemente el abrazo para observar el rostro de ella que no dejo de sonreír en ningún momento, pegando su frente a la suya. Ahí estaba la prueba que todos los tontos tanto habían pedido, tanta esperaba había valido la pena y ahora su felicidad no podía ser mayor, por fin iba a ser una familia, ya no tendrían que pensar en la opinión de terceros, por fin solo podrían pensar el uno en el otro y el futuro, en nada más. Sin poder evitarlo y encontrando su mirada con la de él, Sakura aferro sus manos a los hombros de Sasuke, volviendo a recostarse sobre la cama y arrastrándolo a él consigo, ocultando su rostro en el pecho de él y sintiéndose segura con su presencia, su aroma y su calor. Ambos habían sentido demasiada presión, todos los habían empujado a cumplir obligaciones pero la que ahora estaba en camino era sin duda la más dulce de todas ellas y la cumplirían con enorme satisfacción.

Por fin serian una familia.


Cerrando la puerta tras de sí al entrar y deseándole buenas noches a Natsu que de inmediato se dirigió a su habitación para dormir, Biwako sonrió mientras se internaba con calma en la casa, había tenido que marcharse antes pero le habría encantado quedarse y ver la reacción de Sasuke al enterarse de la noticia, mas Natsu y ella había pasado demasiado tiempo en el hogar de los Uchiha y ahora era una hora prudente para regresar a casa, pero en caso de cualquier problema Biwako estaba sobradamente dispuesta a asumir la responsabilidad de ser necesario. No podía dejar de estar feliz, ya se había sentido plena al enterarse meses atrás de que Izumi iba a tener un hijo, pero ahora se sentía todavía más feliz porque había presenciado cada tormento que Sakura había tenido que soportar, había oído de su propia boca lo frustrada que se sentía por la insistencia de doña Emi para hacer que Sasuke tomara una segunda esposa o la mirada recriminatoria del señor Homura que replicaba una y otra vez que no se embarazara aun, ahora todo sería diferente. La alegría de Biwako era tan grande que no reparo en el ceño fruncido del señor Hiruzen quien sentado sobre uno de los divanes la observo reprobatoriamente nada más verla entrar, y lo peor es que encima de todo estaba feliz como una niña, sonriente al advertir su presencia sin pensar en que él pudiera estar enojado por sus acciones, como si no hubiera hecho algo malo al estar hasta tan tarde en la calle, ¿es que no le preocupaba lo que se pudiera pensar de ella y Natsu? Realmente Hiruzen era incapaz de entender a las mujeres, y tenía tres esposas.

-Ya volviste— aprecio Hiruzen en voz alta y con evidente sarcasmo, más ella no pareció entenderlo, —en cuanto no estoy en casa, corres a exhibir tu persona por la medina— regaño, negando reprobatoriamente y sin dejar de verla.

-Señor…— sonrió Biwako, demasiado feliz como para formular palabras coherentes como deseaba hacer.

-Salgo pensando que hay alguien ocupándose de mi casa y no hay nadie— el Sarutobi evidencio lo obvio, sin ser capaz de prestar atención a lo que Biwako intentaba decir.

-Por Alah, no se lo imagina— soltó ella únicamente, intentando formar oraciones coherentes entre sí, mas su alegría se lo impedía.

-No, no me lo imagino— acepto él ya que ella si parecía entender que había hecho algo malo, aunque no se mostraba triste por ello, —vuelvo a casa y no hay nada esperándome, mujer ingrata y traicionera…— acuso, devaluando la integridad que tanto había admirado de ella.

-Sakura fue bendecida— revelo Biwako por fin, serenando sus pensamientos antes de que él le impidiera seguir hablando.

-¿Qué dijiste?— cuestiono Hiruzen, casi estando seguro de haber oído mal, porque debía haber un error en todo eso.

-Sakura y Sasuke fueron bendecidos, van a tener un hijo— explico ella sin dejar de sonreír, queriendo que él supiera cuanto antes la buena noticia ya que nadie se la había dicho aun.

-¿Es verdad?— pregunto él, esperando que ella lo hiciera despertar del ensueño que significaban aquellas palabras en caso de que todo fuera una confusión.

-Es verdad, vinieron a avisarme y yo mande llamar a la doctora— asintió justificando el porqué de su ausencia durante las últimas horas.

-Biwako, eres el ángel que Alah mando a mi casa para cuidarla— el Sarutobi olvido por completo su ira contra Biwako, abrazándola y siendo correspondido por ella que no dejo de sonreír, —que Alah aumente tus días y te cubra de alegría— deseo más feliz de lo que nunca se hubiera sentido hasta ese día.

Alah había vuelto a demostrar lo clemente y misericordioso que era, Hiruzen había esperado tanto tiempo para ser aun feliz al escuchar esas palabras y afortunadamente Alah le había permitido vivir para escucharlas. Ojala y su hermano Kizashi estuviera vivo para presenciar tanta alegría, su hija tendría un futuro glorioso, todo daba claras señales de ello hasta ahora. Era una bendición, una gran bendición.


-Sakura, Izumi, el señor Hiruzen está contando historias del profeta— llamo Biwako al dar con ellas, instándolas a retornar al centro de la sala.

-Vamos, prima— sonrió Izumi, entrelazando su mano con la de su prima, ambas siguiendo a Biwako.

Si las festividades por el nacimiento de Izumi ya habían sido muchas—el señor Hiruzen planeaba una nueva fiesta cada semana para compartir su alegría con sus vecinos—, una vez que se esparció la noticia de que Sakura estaba embarazada las festividades comenzaron a ser todavía mayores de lo que ya habían sido, siempre contando con la presencia de las odaliscas y músicos de El Cairo para alegrarlo todo, siempre el mismo ambiente revitalizante y vibrante abarcándolo todo. Por fin Izumi no se sentía culpable de ser feliz y disfrutar de su embarazo temiendo que su querida prima a quien veía como una hermana se sintiera mal, porque ahora Sakura sentía la misma alegría que ella, solo que su espera habría de ser mayor que la suya. Tomadas de la mano y sonriéndose entre si, ambas primas se internaron en el círculo de la fiesta hasta retornar al centro de la sala donde el señor Homura estaba relatando otra de las historias del Profeta para los invitados, ambas tomando asiento junto a sus respectivos esposos, Izumi junto a Itachi entrelazando una de sus manos entre sí, y Sasuke junto a Sakura quien de inmediato reposo su cabeza contra el hombro de él que envolvió sus brazos alrededor de ella. Por fin había algo de sosiego en la vida de todos ahora que había dos niños en camino y prueba de ello era la presencia de doña Emi y Tío Homura en la sala y que mantenían sus bocas cerradas tal y como hacían todos los demás, prefiriendo disfrutar de las festividades y la alegría, porque no era sensato perturbar la armonía que Alah había dado, no en tan crucial momento.

-Aquella fue su boda con Hana, una de las dieciséis esposas que tuvo— Hiruzen sonrió inevitablemente al ver a sus dos sobrinas presentes y escuchando todo con suma atención, —pues bien, se hizo la fiesta y el profeta estaba ansioso por estar solo con su nueva esposa como cualquier hombre lo estaría— obvio, sabiendo que cualquier hombre presente comprendía a que se refería, —los invitados comieron, bebieron y se fueron pero tres amigos de él no se fueron nunca, solo querían seguir conversando, así que el profeta trajo un velo y lo desplegó entre él y sus tres amigos—el profeta había sido un hombre muy tímido y cortes, por lo que evidentemente no había sido capaz de despachar a sus amigos. —Ahí tuvo una revelación, Alah le enseño las reglas a seguir para asistir a las bodas ajenas, lo que se debe hacer cuando se va a las fiestas de los otros es; comer, beber y después marcharse— explico ligeramente divertido ante la mención de esta última palabra, haciendo reír a los presentes.

Resulto entrañable y preciso para la ocasión que su propio tío relatase aquella historia ahora que se cumplía poco más de un año del día en que Izumi e Itachi se habían casado, justo como Sasuke y Sakura; sus vivencias habían sido diferentes desde luego, Itachi e Izumi solo habían vivido prosperidad, alegría y felicidad, habían vivido la primavera del amor como habían hecho muchas parejas tradicionales…pero Sasuke y Sakura, que encontraron sus miradas en ese momento, habían vivido la tempestad, habían tenido que luchar por mantenerse juntos y probar que estaban hechos el uno para el otro y que sus destinos estaban entrelazadas, pero había valido sobradamente la pena para vivir la alegría que hoy vivían, y con gusto vivirían todo otra vez para volver a estar juntos, de eso no había ninguna duda. Pero por experiencia ya todos deberían saber o recordar que al alegría no podía durar para siempre, por lo que resulto sorpresivo y hasta monótono que la alegría de la festividad se viera empañada por la llegada de una mujer que de inmediato hizo acusaciones contra el anfitrión, el señor Hiruzen, su esposo…se trataba de Anko, otra vez. Para Anko era impensable quedarse callada al descubrir que su esposo que se jactaba de ser un hombre justo le había obsequiado seda a Mito y no a ella ni a Naori, dirigiéndose cuanto antes al hogar de su marido en busca de una expiación ¿Dónde estaba la justicia de que tanto alardeaba? Todas las mujeres de un hombre debían tener igual cantidad de bienes y riquezas y sin embargo ella era degradada por solo ser la tercera esposa, ¿eso era justicia?

-¿Te atreves a invadir mi casa?— discutió Hiruzen de inmediato, ignorando cada acusación salida de la boca de Anko. —Silencio, no quiero saber nada, Anko, no le di más seda a mi primera esposa— contrario, preguntándose interiormente cuantas veces más habría de pasar por la misma situación una y otra vez.

-Ella vio a la primera esposa con una túnica nueva y dice que el señor Hiruzen no obedeció el Corán— tradujo Biwako a Sakura e Izumi quienes sintieron crisparse sus nervios con tan solo estar ahí. —Itachi, llévate a Izumi de aquí—aconsejo al Uchiha, Izumi no debía molestarse innecesariamente y ese ambiente no era el mejor para ella.

-Ven, mi amor— guió Itachi, entrelazando una de sus manos con la de ella y envolviendo protectoramente sus brazos a su alrededor.

Por otro lado y luchando por mantener la calma, Sakura contemplo aquella discusión serenando su mente; eso no iba a pasarle a ella, ella jamás toleraría a otra mujer en su casa, y volviendo ligeramente el rostro hacia Sasuke no tuvo necesidad de preguntar en voz alta para saber que él tampoco pensaría jamás en someterse a la misma discusión, encontrando distraídamente una de sus manos con la de él que correspondió de inmediato. Afortunadamente tío Homura se encontraba presente, él podría solucionar esta discusión antes de que fuera demasiado tarde y tuvieran que recurrir a un divorcio, y todos sabían que Alah no querría eso. Todo lo que Izumi podía escuchar mientras se dejaba guiar por su atento y amoroso esposo hacia el segundo piso eran los incesantes grito de Anko, discutiendo, gritando, quejándose y lamentando su suerte…Alah, no podía imaginar esa suerte, no podía ni quería tener que llegar a esos extremos en algún momento de su vida, no quería que Itachi tomara una segunda esposa, no quería ni podría aceptar que lo hiciera, pero, ¿Cómo evitarlo si no había exigido que se escribiera en su contrato de matrimonio en su momento? Por un lado estaba doña Emi, por otro lado estaba tío Homura quienes siempre criticaban todo lo que sucediera en tanto no estuviera de acuerdo con ellos, ¿Cómo escapar de un destino que en ocasiones aprecia inevitable? Soltando la mano de Itachi al entrar en la habitación, Izumi enterró su rostro entre sus manos, caminando en círculos como un animalillo enjaulado, aterrada de ese destino, no ese no podía ser su futuro, ella no quería que lo fuera.

-Qué horror…— suspiro Izumi, negando en silencio para sí, inquieta y demasiado intranquila.

-Calma, mi amor, si te pones nerviosa también pondrás nervioso al bebé— intento sosegar Itachi, estrechando los hombros de ella bajo su tacto, no queriendo ni soportando verla así.

-Itachi, yo nunca quiero tener pasar por una tristeza así, no quiero— manifestó ella, incapaz de callar lo que pensaba, no con él. —Tú nunca vas a buscar una segunda esposa, ¿verdad?— pregunto directamente, sintiendo su corazón dejar de latir en espera de una respuesta.

-Nunca, mi alma, nunca— prometió él, acunando el rostro de su hermosa esposa entre sus manos.

-¿Escribirías eso para mí, Itachi?— pidió Izumi, solo consiguiendo sosegarse si él plasmaba su palabra en un documento, entonces estaría tranquila.

-Escribiré lo que quieras— accedió el Uchiha de inmediato y sin ningún problema, solo deseando verla feliz, como siempre.

-Quiero eso por escrito, quiero que me lo des por escrito— sonrió ella, mucho más feliz ante su respuesta, dirigiéndose hacia su escritorio, mas tan pronto como llego allí sintió una dolorosa punzada recorrerla a impedirle moverse, y luego algo humedeciendo la falda de su vestido; se había roto la fuente. —Ay…Itachi…va a nacer— se quejó, en voz alta, incapaz de moverse, apoyando sus manos sobre el escritorio, recordando respirar para no dejarse aturdir por el dolor.

-¡Biwako!— llamo Itachi cuanto antes, envolviendo sus brazos alrededor de Izumi, ayudándola a caminar y dirigirse lentamente hacia la cama.

Afortunadamente y gracias a la ayuda de Itachi podía caminar hasta conseguir sentarse en la cama, pero el dolor no desaprecia, no era una contracción al azar, ya se había roto la fuente y eso solo sucedía si el parto era algo seguro, haciendo que el nerviosismo de Izumi no hiciera sino aumentar más y más, aferrándose a la idea de que tendría al hijo que tanto anhelaba y no a una niña como doña Emi tanto había insistido en vaticinar. Con Itachi estrechando una de las manos de ella entre las suyas, Izumi acaricio su vientre, recordando al forma correcta de respirar al tener a Itachi a su lado y apoyándola en todo momento…no sabría que hacer sin tenerlo a él a su lado en tan difícil trance. En la sala reinaba el caos cuando Biwako fue la única capaz de escuchar los gritos de Itachi, por fin habían llegado a un consenso en que cuatro testigos aseguraban haber visto al señor Hiruzen obsequiarle seda a su primera esposa, Mito y no teniendo otra opción más que acordar hacer lo mismo cuanto antes de comprar seda para Anko y Naori, siendo equitativo con cada una de sus mujeres, cabe mencionar que Anko se mostró radiante de alegría tan pronto como Hiruzen tuvo que verse obligado a darle dinero para comprar seda para ella. Prefiriendo dejar atrás esa escena, Biwako se dirigió cuanto antes al segundo, preguntándose interiormente que podría haber sucedido para que requirieran su presencia, mas cualquier cosa era mejor que lidiar con Anko y sus incesantes cambio de humor, encontrándose al ingresar con Izumi recostada sobre la cama y espirando pausadamente para mantener la calma, con Itachi sentado a su lado y sosteniendo su mano en todo momento.

-¿Qué paso?— consulto Biwako nada más entrar, centrando toda su atención en Izumi.

-Va a nacer— contesto Itachi en nombre de su esposa que se esforzaba por no gritar a causa del dolor.

-Alah…-suspiro ella, quedándose sin aliento en el proceso antes de asomarse a lo alto de la escalera, por encima de la sala, —¡vengan, rápido!, ¡necesito ayuda!—llamo a Natsu, Koharu y el resto de las mujeres que no tardaron en aparecer, algunas desapareciendo al instante para proceder a preparar toallas y agua caliente. —Llévenselo de aquí, con los otros hombres, un hombre no tiene nada que hacer en un parto—sujeto a Itachi del brazo, haciendo que se levantara de la cama y saliera de la habitación, negándose por supuesto.

-Itachi…— llamo Izumi, no creyendo ser capaz de hacerlo sola, no sin él.

De nada sirvió de todas formas que Itachi quisiera quedarse junto a su esposa porque Biwako se lo impidiera, ella había criado a Izumi como una hija y si bien desearía con todo su corazón poder darle a Izumi el egoísta confort de tener a su esposo a su lado en ese momento pero debía negarse forzosamente, un hombre no tenía nada útil que hacer en un parto por lo que era mejor que aguardara en la sala como harían los demás, las mujeres ya se encargarían de traer al mundo al niño o niña en camino, ellas estaban capacitadas para eso. El tiempo comenzó a correr en medio de los preparativos, con las mueres ayudando a Biwako a hacer que Izumi se recostara lo más cómodamente posible sobre la cama, dando tiempo a que Sakura ingresara en compañía de doña Emi, contemplando con lastima y empatía el sufrimiento de Izumi que se veía forzada a morderse el labio inferior para no gritar, apretando fuertemente una de las manos de Biwako ente las suyas ante el dolor de las construcciones que no hacían más que aumentar minuto a minuto, intentando respirar profunda y pausadamente para no perder la calma, siguiendo el ejemplo de Biwako quien no se alejaba de ella en ningún momento. Un parto no era una labor fácil, en ocasiones podía tomar muchas horas, días incluso en el peor de los casos ya que se contaba con la asistencia de mujeres con experiencia—como las que trabajaban en el hogar de su tío y a quienes conocía bien, afortunadamente—y no de un doctor como si se hacía en occidente. Tenía muchísimo miedo, dolía tanto que Izumi sentía no ser lo suficientemente capaz de traer a su hijo al mundo.

-Paciencia, él se está esforzando para llegar a este mundo, ayúdalo, Izumi— aconsejo Biwako, encontrando su mirada con la de su niña inocente.

-Duele mucho— se quejó Izumi sin poder evitarlo, el dolor era muchísimo peor de lo que había imaginado y aumentaba más a cada momento.

-Alah permita que ese dolor valga la pena y logres tener un varón— deseo Emi, por fin manifestándose con esas solas palabras que solo contribuyeron a irritar a Izumi, —porque es la mujer quien elige si va a tener niño o niña— obvio, camuflando su empatía con su habitual antipatía.

-Es Alah, nosotros somos demasiado pequeños, no decidimos nada— corrigió Biwako, discrepando totalmente con esa clase de pensamientos. —Saca a doña Emi de aquí— índico a Sakura quien no sabía qué hacer para ayudar.

-Doña Emi, vamos a la cocina, le prepare un poco de té— sugirió Sakura sosteniendo uno de los brazos de doña Emi e invitándola a dirigirse a la cocina por un breve refrigerio.

Volviendo el rostro por encima de su hombro, Sakura vio por última vez el rostro de su prima quien encontró su mirada con la de ella en medio de su dolor, antes de abandonar la habitación sosteniendo el brazo de doña Emi quien afortunadamente se dijo guiar por ella, Izumi no conseguiría dar a luz tranquila si la Uchiha estaba entrometiéndose insistentemente en todo momento, pero ella se encargaría d que su querida prima pudiera estar tranquila, ella le daría toda la calma posible alejando lo más posible a doña Emi y manteniéndola ocupada.


-¡Ya quiero que termine!— grito Izumi con todas sus fuerzas, cansada de tener que soportar más tiempo esa tortura.

Apretando fuertemente las sabanas bajo sus manos, la pelicastaña se abstuvo de maldecir como deseaba hacer a causa del dolor que le estaba nublando el juicio, mordiéndose el labio inferior cada vez que un improperio cruzaba su mente para no decirlo en voz alta por error, las horas pasaban una tras otra y sin embargo el dolor se hacía cada vez más difícil de soportar, ¿era posible que valiera la pena como tanto le habían dicho? Sentía como si fuera a morir de un momento a otro, lo estaba soportando pero dudaba poder olvidarlo alguna vez en su vida, era algo completamente espantoso. Biwako estaba completamente volcada a aguardar el nacimiento de su hijo, examinando entre sus piernas sus avances segundo a segundo al igual que hacían el resto de las mujeres, trayendo agua cada vez que hiciera falta, en tanto Sakura sostenía su mano, secándole el sudor de la frente y alentándola a esforzarse tanto como pudiera o el niño no nacería, recordándole que pronto podría olvidarse por completo del dolor cuando tuviera a un hijo en sus brazos. Como una gárgola en el umbral de la puerta, doña Emi se encontraba de brazos cruzados y contemplando la escena que tenía lugar delante de sus ojos, apretándose fuertemente los brazos sin que nadie la viera, casi sintiendo el dolor de Izumi como propio aunque nunca lo diaria en voz alta por supuesto, era mujer ¿Cómo no comprender ni sentir lastimar por el nacimiento de Izumi? Por sin tras horas y horas de intentos que habían parecido infructuosos, Biwako por fin pudo respirar tranquila, sonriéndole a Izumi que parecía estar a punto de perder la paciencia.

-¡Ya viene! Ya veo su cabeza— anuncio Biwako para satisfacción de todas las presentes. —Puja, Izumi— alentó, faltando solo un empujón más y todo terminaría.

-Puja, Izumi— animo Sakura, apretando la mano de su prima que hizo igual, esforzándose por ese último intento.

Apretando la mano de su prima con todas sus fuerzas como si su vida dependiera de ella, Izumi grito tan fuerte como le resulto posible, irguiéndose ligeramente, incansable hasta sentir que por fin el dolor terminaba en cuanto sintió algo deslizarse desde el interior de su cuerpo. ¿Qué si el dolor valía la pena? Lo valía por completo porque Izumi olvido por completo cualquier malestar que hubiera sentido hasta entonces una vez escucho el llano del bebé que Biwako envolvió y limpio cuanto antes con ayuda del resto de las mujeres. En la sala y aguardando a que todo terminara, no teniendo otra opción, reinaba un silencio sepulcral al momento de que se escuchase el llanto proveniente de la habitación y al que Itachi—que había estado paseándose frenéticamente en círculos como un león enjaulado—no dudo en acudir cuanto antes en compañía de su hermano, tío Hiruzen y tío Homura. Aunque se sentía cansada, como si pudiera dormir por días y días, Izumi no dudo en cargar a sus brazos al pequeño bebé que Biwako le tendió, acercándolo a su pecho y besando su pequeña frente con difusos cabellos castaños aun húmedos, intercambiando una sonrisa con Sakura que se encontraba sentada a su lado…era un ser tan pequeño y perfecto, todo podría haber sido tan perfecto si hubiera sido un niño como todos tanto habían exigido, pero era una niña, más aun así era perfecta para ella. Tan pronto como escucharon pasos, Izumi levanto su mirada hacia el umbral de la habitación, dirigiéndole una pequeña sonrisa a Itachi en cuanto lo vio a entrar, no sabiendo que hacer o decirle ya que ambos habían esperado tener un niño, y no había sido así.

-Es una niña, Itachi— anuncio Biwako en nombre de Izumi que era incapaz de hablar.

-Bien hecho— murmuro Emi con sutil sarcasmo, resultando inentendible para nadie que no fuera Izumi e Itachi.

-Es una niña muy hermosa— felicito Sakura, alzando su mirada para encontrarla con la de Sasuke, feliz por su prima.

-Sí, pero es una mujer— critico la Uchiha en voz alta, estaba feliz de tener una sobrina pero esa niña haría perdurar el nombre de su familia.

-Y debe ser recibida con mucha alegría— obvio Hiruzen, no viendo ningún problema por su parte, —Alah dice que no debe haber ninguna distinción entre los hijos y las hijas—recordó a todos los presentes, porque una niña era igual motivo de alegría que un niño.

Alah había creado a la humanidad con el propósito de amarse y obtener armonía entre sí, los hombres y las mujeres eran iguales ante sus ojos, ¿Por qué los padres deberían hacer distinción específica entre ellos por mera cuestión de sexos? Cierto, no era el niño que todos tanto habían esperado pero en cuanto Itachi se sentó sobre la cama junto a Izumi y tuvo en sus brazos a esa pequeña resulto el ser más perfecto que hubiera podido imaginar en su vida, porque era su hija, suya y de Izumi, ¿Qué importaba si no era un niño? La espera había valido sobradamente la pena y al encontrar su mirada con la de Izumi no pudo sentirse más feliz, por fin eran una verdadera familia y no podía pedir nada más, él no podía pedir nada más, era inmensamente feliz por tenerla a ella en su vida, no necesitaba nada más. Distraídamente y sin desenvolver su agarre alrededor de su hija que acerco a su pecho, Itachi entrelazo una de sus mano con la Izumi que sonrió enternecida, intercalando su mirada entre Itachi y su pequeña hija, ¿Qué nombre elegirían para ella? Habían estado tan seguros de que tendrían un niño que no habían sido capaces de pensar en nada más fuera de esa visión, solo en nombres de niño, pero afortunadamente Itachi si tenía uno en mente y que era perfecto para la ocasión. Izumi era la razón de su alegría, desde que la tenía en su vida no necesitaba pensar en el porvenir que tendría lugar ni en nada salvo agradecer a Alah por despertar cada mañana junto a ella y por ser lo último que viera al dormir, ¡que mejor nombre que uno que fuera la representación misma de la alegría? Si, ese era el nombre perfecto:

-Vas a llamarte Ayame— decidió Itachi, observando a Izumi que sonrió de inmediato, completamente de acuerdo con el nombre.

-Ayame; significa alegría— sonrió Hiruzen, era un nombre hermoso para un niña igual de hermosa.

Contemplando una última vez ese cuadro, Sakura se levantó de la cama, situándose junto a Sasuke y entrelazando una de sus manos con la de él, sintiéndose plena, feliz; pronto podrían disfrutar de la misma alegría, solo debían esperar unos meses más y también tendrían a su hijo en sus brazos, pero…¿tendrían un niño o un niña? Puede que ambos tuvieran perspectivas muy diferentes sobre lo que ambos estaban esperando, pero de todas formas serian felices y eso era lo único importante. El nacimiento de un bebé siempre era una bendición, no importa si era niño o niña.


PD: ¡Lo logre! De confesarles mis amores que por poco y creí que no conseguiría terminar este capitulo, de hecho estaba planeado que actualizara mañana o el domingo pero ayer me emplee a fondo escribiendo mas de la mitad de su contenido y finalizándolo apenas hace unos momentos, por lo que espero que todo lo aquí escrito haya sido de su agrado :3 cumpliendo lo prometido la próxima semana actualizare "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield", luego "El Velo del Amor" el fin de semana y finalmente "El Sentir de un Uchiha" :3 este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole cada una de mis historias y agradeciendo tenerla cerca en todo momento) a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) a Guest (profundamente agradecida por sus palabras y porque que la historia sea de su agrado), a Adri-ojousama (profundamente agradecida por sus palabras y dedicándole este y los próximos capítulos) ,y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Samira Rachid como Ayame Uchiha

-Primera Esposa de Ali como Mito Uzumaki

-Tercera Esposa de Ali como Anko Mitarashi

Curiosidades y Diferencias:

Embarazo y Nacimiento: en la historia original, Jade se embaraza cuando la hija de Mohamed y Latiffa tiene alrededor de dos o tres años, y su bebé nace poco después de que ellos tienen a su segundo hijo, Amim. En esta versión, Sakura e Izumi se embarazan con alrededor de aproximadamente 5 meses y medio de diferencia entre si, es decir que el bebé en camino fue concebido al final del capitulo anterior. En su traducción literal el nombre Ayame significa flor de iris pero también puede ser interpretado como alegría por lo que lo elegí para la hija de Itachi e Izumi por tener el mismo significado que el nombre Samira. Si bien la sociedad del islam y la vida musulmana es centralmente machista, las mujeres tienen el papel mas importante dentro de la sociedad ya que el hombre solo existe gracias a ellas y en su religión se tiene la obligación moral de protegerla, especialmente a las viudas. La mujer mas importante del islam fue Khadija, primera esposa del profeta Mahoma quien fue una mujer muy talentosa en los negocios y llamada "La princesa de la Meca". Ya que esta es mi versión de la historia, añadiré personajes nuevos además de los que comenzaran a aparecer desde este capitulo, como Ayame.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3