Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír la canción de cuna egipcia "Nami Nami" de ODO Ensemble junto a la canción "Nunca me Acuerdo de Olvidarte" de Shakira quien aporto la canción "Whenever, Whenever" para la banda sonora internacional de la telenovela "El Clon/O Clone" de 2001.
-Que Alah los acompañe y lleve la prosperidad a su casa— deseo Hiruzen, dedicándole una amorosa sonrisa a su sobrina.
Radiante de alegría y cargando en brazos a su pequeña hija Ayame, Izumi recibió con gusto un beso en la frente de parte de su tío, sonriéndole en respuesta antes de aproximarse a su prima para despedirse de ella. Luego de dejar pasar los cuarenta días de reposo como se especificaba por costumbre y tras cumplir con todos los requerimientos posteriores al nacimiento de Ayame, Itachi e Izumi ya se encontraban preparados para retornar a Brasil gracias a Alah; gracias porque por una parte Izumi se sentiría mucho más tranquila viviendo en Brasil que en Marruecos, donde Itachi podría tomar una segunda esposa a voluntad, y gracias por Sakura quien acababa de cumplir cuatro meses de embarazo y quería disfrutar de la mayor serenidad y harmonía posible ahora que el embarazo comenzaba a notarse y veía multiplicadas por diez la presión que todos habían sentido para que Izumi tuviera un hijo…ahora todo recaía sobre ella, Izumi no había dado a luz un niño sino que una niña por lo que ahora todo dependía de ella. Amabas primas se abrazaron con todas su fuerzas—teniendo cuidado de no aplastar a Ayame que se encontraba en brazos de Izumi—antes de observarse la una a la otra en silencio y estrechándose las manos, la felicidad de una de ellas ya era plena y ahora era el turno de que la otra pudiera sentir la misma felicidad que embargaba a una mujer al poder ser madre…desearían no separarse, ninguna de las dos tenia hermanos o más parientes cercanos de su propia familia, eran hermanas ente si y separarse seguía siendo doloroso aunque ya no fueran las mismas niñas que habían sido en el pasado.
-Hasta pronto, prima— se despidió Sakura de mala gana, incapaz de acostumbrarse a estas despedidas, incapaz de no sentir nostalgia al no saber cuándo volverían a verse.
-No olvides avisarme cuando nazca, quiero saberlo todo— recordó Izumi para animar a su prima, acariciando su vientre por encima de la blusa.
-Lo sabrás, lo prometo— sonrió la Uchiha sin poder evitarlo, entrelazando una de sus manos con la suya, por encima de su vientre.
La despedida seria momentánea y eso ambas lo supieron, volviendo la mirada hacia Itachi y Sasuke que se despedían de igual modo que ellas…cuando el bebé de Sakura naciera, volverían a verse, tenían que estar todos reunidos en familia para celebrar, no había otra forma de hacer evidente su alegría. Claro que no era un sueño ideal para Izumi tener que regresar a Brasil con doña Emi, pero…si con eso lograba que Sakura tuviera un merecido embarazo tranquilo y feliz, bienvenidos fueran los dolores de cabeza que pasaría de ahora en más. No era una despedida, era solo un hasta pronto…
Rio de Janeiro, Brasil
Cualquier persona—criada según las enseñanzas del Corán y como un buen musulmán o musulmana—de estar en sus cabales no dudaría dos veces en replantearse si el mejor lugar para criar a sus hijos seria occidente, como Rio de Janeiro por ejemplo, pero en cierto modo no había nada malo con el país, un país era solo una porción de tierra del mundo que era habitada por personas iguales a ellos, con perspectivas diferentes de la moral y las costumbres pero esa era otra historia, además había muy buenas escuelas y universidades para que sus hijos se educaran en ellas que era lo fundamental, no había nada más en que pensar. Tan pronto como bajaron del auto, y encontrándose feliz por volver a esta tierra donde aún tenía pretendientes aguardando por ella, Emi permaneció en el umbral de la entrada de la casa contemplándolo todo, ignorando a propósito a su hermano y a Izumi que por su parte ingresaron en la casa para desempacar y hacer que la pequeña Ayame conociera la que habría de ser su habitación. Cerrando la puerta tras de sí, Itachi dejo el equipaje junto a uno de los sofás en la sala, tenían mucho en que pensar; la crianza de Ayame, la reforma de la tienda que expandirían todavía más para aumentar las ganancias…todo era maravilloso, solo alegría. Quitándose el velo al entrar, Izumi respiro profundamente mientras recorría su hogar con la mirada, todo seguía tal y como ella lo había dejado meses atrás, puede que no fuera el hogar de su tío pero era su propio hogar y esa simple palabra la llena de emoción y alegría, porque Itachi y ella estarían solos junto a su pequeña, oh, y doña Emi.
-Mi amor, déjame ayudarte a acomodar a nuestra pequeña en el cuarto y después voy a la tienda para ver cómo van las cosas— sugirió Itachi, descubriendo los divanes y muebles de los lienzos que los habían estado protegiendo del polvo y la suciedad en su ausencia.
-Itachi— llamo Izumi al darse cuenta de algo que por poco y había olvidado hasta ahora, —¿el primo Kagami habrá comprado la cuna que le pedimos?— pregunto ya que quería lo mejor para su pequeña princesita.
-Pues, vamos a ver— sugirió él, recordando ese pequeño encargo. —Llevare el equipaje— negó al ver a Izumi dispuesta a ayudarlo con el equipaje.
Se lo había prometido a Izumi desde el primer día en que habían sabido que tendrían a Ayame en sus vidas, todo lo que ella debía hacer por ahora era descansar y entregarle todo su tiempo a Ayame mientras que él se encargaría de todo lo demás para que ambas fueran inmensamente felices, porque eran su mundo por completo. Dirigiéndose hacia la habitación, Izumi abrió la puerta sin desenvolver su agarre alrededor de Izumi, sonriendo de inmediato al ver a un costado de su cama, junto a la ventana, una pequeña cunita que por poco y tocaba el suelo, hecha de nácar el mejor material y diseño que se podía pedir para que durmiera una bebé. Con cuidado, Izumi se arrodillo sobre el suelo, depositando sobre la cuna a su pequeña Ayame que rió al encontrar sus ojos con los de su madre, alzando sus pequeñas manitos para encontrarlas con las de Izumi que las sostuvo entre las suyas antes de besarlas amorosamente, meciendo suavemente la cuna que oscilo lenta y cadenciosamente en un hipnótico vaivén, todo siendo observada por Itachi se no dudo en abrir las valijas sobre la cama sin dejar de observarlas a ambas, arrodillándose junto a Izumi y besándole la frente. Una familia…no lo iba a negar, esa había sido la razón fundamental por la que Sasuke y él habían buscado casarse hacia ya tanto tiempo, porque era lo apropiado que a su edad comenzaran a tener sus propias vidas pero ninguno de los dos había pensado que encontrarían al amor de sus vidas, a su alma gemela en el proceso, habían pensado que cumplirían con lo que se esperaba de ellos pero habían logrado ser felices y obtener todo lo que podrían haber deseado en sus vidas en el proceso.
-Mi Ayame, que linda eres— arrullo Izumi, acariciando el rostro de su pequeña e inclinándose para besarle las mejillas, escuchándola reír. —Ayame es la primera de los hijos que te daré, llenare esta casa de hijos— prometió, volviendo el rostro hacia Itachi, encontrando intensamente su mirada con la de él.
-Mi alma…— suspiro Itachi, acariciando el rostro de ella, embelesado con su inocencia y su belleza.
Ambos se habían sentido muy presionado por su entorno y lo que se esperaba de ambos pero por fin tenían a Ayame en sus vidas, tenían a su hija tras tanta espera y ahora todo valía la pena. Dirigiéndole una última mirada a su pequeña hija que comenzaba a dormitar completamente a gusto sobre la cuna, Izumi se levantó con cuidado del suelo sin apartar su mirada de Itachi en ningún momento quien la ayudo a erguirse, entrelazando sus manos con las de ella…casi lo había olvidado por completo, el mismo día en que Ayame había nacido había pretendido que Itachi le diera por escrito una promesa de que jamás tomaría a una segunda esposa, pero no habían podido concretar esto debido a las apresuradas labores de parto y todos los demás compromisos que habían tenido que afrontar tras el nacimiento de Ayame hasta su reciente regreso a Brasil, pero ahora que Izumi no le recordaba es que volvía a sentirse inmensamente insegura, doña Emi estaba viviendo en su propia casa de forma indefinida por lo que ella debería tener cuidado y estar atenta para que no le plantease siquiera la posibilidad a Itachi de tomar una segunda esposa, porque no toleraría compartir al hombre que amaba con nadie más, no podría vivir. Como si intuyera la clase de pensamientos que rondaban por la mente de su esposa que bajo inconscientemente la mirada, Itachi acuno el rostro de Izumi entre sus manos para hacerla regresar a la realidad y con él que solo tenía ojos para ella, porque todo lo que ahora deseaba era verla feliz a cada instante, y se dedicaría en cuerpo y alma a lograrlo.
-No me diste por escrito lo que prometiste, amor— recordó ella, lamentando tener que cortar con la dulzura del momento pero era necesario, —de nunca tener una segunda esposa— aclaro al ver la confusión en el rostro de Itachi.
-Pero no necesito dar nada por escrito— minimizo Itachi, sonriendo ligeramente ante su injustificada preocupación, —si te tengo a ti, ¿para qué voy a querer una segunda esposa?— obvio, ella era el amor de su vida y nadie jamás podría ocupar su lugar.
Conformándose con esa respuesta, sonriendo llena de alegría, Izumi abrazo a Itachi con todas sus fuerzas, escondiendo su rostro en el pecho de él que envolvió sus brazos alrededor de ella, jugando con sus sedosos cabellos castaños. No podía imaginar la vida sin Izumi del mismo modo en que ella no podía imaginar la vida sin tenerlo a él, ¿no era eso amor? Para ellos dos si, a su propio modo, porque eran mejores estando juntos, y su felicidad no haría más que engrandecerse con él tiempo, esa era una promesa.
Con una radiante sonrisa iluminando su rostro, Sakura ingreso en el hogar de su tío, danzando de dicha y contagiando en el proceso a todas las mujeres de la cocina, principalmente a Biwako que sonrió nada más verla. La Uchiha gozaba de una felicidad sin presentes ahora que Sasuke estaba expandiendo los negocios de la familia a una cadena hotelera internacional y con doña Emi no estaba en su casa todo lo que sentía y respiraba era alegría multiplicada por cien, además la maternidad le estaba sentando de maravilla, se veía más feliz y hermosa de lo que cualquiera de las presentes al hubiera visto en mucho tiempo. Vestía una sencilla falda azul claro hasta los tobillos hecha de gasa en varias capas ligeramente transparentes y una blusa blanca de escote cuadrado, mangas hasta los codos y que cubría holgadamente su figura pero que de igual modo hacia evidente su vientre de embarazo de cuatro meses, con sus largos cabellos rosados ligeramente recogidos para caer en ondas sobre sus hombros y tras su espalda, con una guirnalda de oro de seis cuentas en forma de sol adornando su cuello a juego con un par de largos pendientes y una pulsera en su muñeca derecha. Ahora que doña Emi no estaba en su casa para perturbar su alegría, todo lo que Sasuke y ella hacían era pasar cada momento posible juntos, disfrutando del silencio y de la presencia del otro, ella podía visitar el hogar de su tío siempre que quisiera, nadie le decía que hacia algo bien o mal, solo estaba concentrada en disfrutar de su embarazo y en administrar su casa, por fin tenia paz y silencio, y era inmensamente feliz por ello.
-Mi casa es tan alegre sin doña Emi— sonrió Sakura, abrazando a Biwako e invitándola a bailar junto a ella.
-Y mi cocina también— asintió Biwako, incapaz de negarse, mas algo se lo impidió momentáneamente, —pero mi niña Izumi…pobrecita, tiene que cuidar de la bebé y además tolerar ese tormento— Izumi no era tan inteligente como Sakura para poder soportar las intrigas de doña Emi y eso la preocupaba.
-Ya volverá, la conozco, volverá— desestimo la Uchiha, entornando ligeramente los ojos al pensar en eso, mala yerba nunca muere, pensó para sí.
-Es verdad— acepto Biwako, intentando animarse y no dejar que estos pensamientos le impidieran compartir la alegría de Sakura, —vamos a aprovechar el respiro que nos está dando— acepto, entrelazando sus manos con las de ella que chillo de emoción.
Danzando con música inexistente, Sakura giro en círculos alrededor de Biwako, plena de una alegría tan grande que no tardó en ser compartida por todas las mujeres que trabajaban en la cocina y que no dudaron en descuidar sus obligaciones aunque fueran por unos momentos para danzar junto a ellas, riendo y aplaudiendo como si fueran niñas. Había que disfrutar de la alegría tanto como pudieran, porque cuando doña Emi regresara tendrían que rezar mucho a Alah y tener nervios de hierro para soportarla, eso y no matarla en el intento.
5 meses después
Los meses pasaron veloces gracias a la ausencia de doña Emi, Sakura consiguió por fin encontrar la paz y la harmonía que tanto había estado buscando, claro que de todas formas había tenido que quedarse sola en casa en más de una ocasión ya que Sasuke había tenido que hacer viajes y ella en su estado no podía acompañarla, pero habían sido momentos mínimos en los que sentirse triste o sola. Con ilusión y alegría había visto pasar los meses, viendo crecer su vientre y preguntándose una y otra vez sí tendría al niño que todos estaban anhelando que naciera, pero cada vez que pensaba en ello se recordaba que todo dependía de ella y que no podía angustiarse innecesariamente con pensamientos sin sentido, pero por lo visto tanta espera había cálido la pena ahora que los nueve meses se habían cumplido. La Uchiha portaba un largo vestido blanco hasta los tobillos que cubría holgadamente su figura, de alto escote en V decorado por cuentas ónix en el borde del escote en el centro del pecho, con las mangas ceñidas hasta los codos y que se volvían holgadas para cubrir casi por completo las manos con una fina cadena de oro alrededor de su cuello y un velo blanco cubriendo su cabello vientre se apoyaba en una de las calles para caminar, sin apartar una de sus manos de su vientre en un intento por sosegar el dolor que la recorría, alegrándose el llegar a la puerta del hogar de su tío y abrir la puerta sin ayuda, dejando que el velo resbalara de su cabeza y se arremolinara sobre sus hombros, recorriendo la entrada con la mirada pero sin conseguir ver a Biwako a quien tanto necesitaba en ese momento.
-Biwako— llamo Sakura, apoyándose en uno de los pilares, incapaz de seguir caminando, no sin ayudar, —¡Biwako!— grito en espera de ser oída, respirando pausadamente y descendiendo la mirada a su vientre.
Se había sentido bien ese día, no había tenido ningún malestar ni tampoco falsas alarmas, su embarazo había sido absolutamente tranquilo pero precisamente hoy que había deseado salir de casa para respirar aire limpio y dar un paseo por la medina, sola, es que había terminado por romper fuente estando demasiado lejos de casa como para volver y recibir ayuda de Tenten, el único lugar al que podía acudir para sentirse tranquila era el hogar de su tío, aunque ahora que estaba ahí parecía como si no existiera alma alguna en esa enorme casa…¿era ese su destino?, ¿tendría que dar a luz sola? Sentía el dolor ir en aumento, mordiendo el labio inferior para no gritar e intentando no moverse para hacer que fuera mayor, acariciando su vientre por encima de la tela de su vestido, rogando en silencio porque el bebé en su vientre fuera paciente y le permitiera sentirse cómoda al menos, no tenía miedo al dolor pero si a travesar por todo sola. Confundida por los gritos que había oído desde la cocina donde se había encontrado reunida junto al resto de las mujeres ahora que el señor Hiruzen se encontraba ausente visitando al señor Homura, Biwako cruzo la sala hacia la puerta principal en compañía de Natsu y algunas de las otras mujeres, deseando que Tokuma estuviera en casa para ayudar más había partido en compañía del señor Hiruzen, pero nada pudo preparar a Biwako para la escena que encontró en la entrada; Sakura recargada contra uno de los pilares, con una expresión de dolor en el rostro y que al verla no dudo en hacer a un lado el dolor y avanzar lentamente en su dirección, forzada a morderse el labio inferior para no gritar ni hacer un escándalo.
-Ya va a nacer— dio a saber la pelirosa ante la expresión de sorpresa en el rostro de Biwako y el resto de las mujeres.
-Natsu, ve a llamar a Sasuke y al señor Hiruzen— ordeno Biwako de inmediato, envolviendo uno de sus brazos alrededor de la Uchiha para ayudarla a caminar.
-Enseguida— contesto Natsu, acomodándose el velo y abandonando la casa de inmediato.
No hizo falta que Biwako diera orden alguna pues de inmediato el resto de las mujeres presentes no dudaron en regresar a la cocina para preparar todo lo que habrían de necesitar durante el parto, como los lienzos y el agua caliente, en tanto Biwako no soltó en ningún momento su agarre alrededor de Sakura, ayudándola a subir lentamente la escalera hacia la habitación que en su día había pertenecido a Izumi y que era la única habitación lo bastante adecuada como para albergarla en ese momento. Tal vez fuera por el hecho de que solo las mujeres podían soportar el dolor que implicaba dar a luz o por la propia tozudez de Sakura quien se negaba a gritar hasta que no fuera el momento apropiado, pero la Uchiha no se quejó ni lamento al llegar a lo alto de la escalera pese a lo difícil que se le hacía caminar, refugiándose en la presencia de Biwako que era una madre para ella en ese momento tan crucial, y solo pudo sentir dolor y quejarse por las contracciones tan pronto como cruzo el umbral de la habitación y vio la cama cada vez más y más cerca, solo deseando recostarse y dejar de moverse. Afortunadamente y yendo en su auxilio es que Biwako junto a Koharu la ayudaron a recostarse sobre la cama, con torpeza debido al dolor además de a lo incomoda que se sentía no importa que hiciera, era un dolor que no podía compararse con nada que hubiera sentido antes y que parecía no tener fin, mas ignorándolo es que Sakura se recordó respirar de manera uniforme y pausada, apartándose de la frente los rebeldes cabellos que se humedecían al ligero sudor que le cubría el rostro y los lados del cuello.
-Alah te dé una buena hora— deseo Biwako sinceramente, sin soltar la mano de Sakura en ningún momento, —recuéstate, Sakura— indico en tanto Koharu acomodo unos almohadones a la espalda de la Uchiha para hacerla sentir mejor.
Apoyándose en la cama pero sin soltar la mano de Biwako, Sakura se acomodó lo mejor posible, sintiéndose mejor en cierto modo al sentir los almohadones contra su espalda, acariciando su vientre por encima de la tela del vestido, respirando pausadamente y encontrando su mirada con la de Biwako y Koharu, ya no sentía miedo pero si una ansiedad desbocada, aterrada por la idea de fallar. Alah, ten compasión de mí, rogó Sakura en silencio.
Cuando Natsu había llegado a la hilandería desgraciadamente no había encontrado a Sasuke quien en ese momento había regresado a casa para almorzar más para su sorpresa Sakura no estaba en casa y ni siquiera Tenten sabía dónde podía encontrarse, pero la respuesta llego tan pronto como escucho que llamaban a la puerta de su casa y Natsu no tardó en dar la noticia que todos llevaban esperando; Sakura estaba dando a luz. Del mismo modo Natsu se había dado prisa en dirigirse primero—al no encontrar a Sasuke en la hilandería—al hogar del señor Homura para informar a este y al señor Hiruzen cuanto antes de la buena nueva, solo entonces dirigiéndose al hogar de los Uchiha. La prioridad de hijos varones en una familia era evidente, no se trataba solo del rol machista y patriarcal de la sociedad a la cual pertenecían sino por el hecho de que al contraer matrimonio el apellido que marcaba dominancia era el de los hombres y los Uchiha se enorgullecían de tener una estirpe numerosa que había perdurado por décadas en el caso de los hombres. Cerrando la puerta principal tras de sí al entrar, Sasuke se dirigió de inmediato a la sala donde ya se encontraban esperando tío Homura y tío Hiruzen que se mantenía sentado sobre uno de los divanes, orando en silencio porque Alah diera buena hora a Sakura y la bebé en camino. Por otro lado el señor Homura le dedico una seria mirada a su sobrino, aproximándose a él, haciendo que Sasuke deseara entornar los ojos, mas tuvo que contenerse para no hacerlo sabiendo bien que es lo que iba a oír de su parte, lo mismo que diría Emi probablemente si estuviera presente.
-Tío— saludo Sasuke escuetamente, desviando de inmediato la mirada hacia lo alto de la escalera, deseando estar junto a Sakura en lugar de quedarse ahí sin hacer nada.
-Por fin Alah te está dando una familia— felicito Homura anticipadamente, por fin viendo algo de positivo en la esposa de su sobrino, —ve si no vas a ser débil con tus hijos como fuiste débil con tu esposa— aconsejo ya que según había dicho Emi, Sasuke era incapaz de imponer su voluntad por encima de la de su esposa.
-Eso no va a pasar, tío— negó el Uchiha sin demasiado interés, escuchándolo pero prefiriendo ignorarlo.
-Eso espero— suspiro él en voz alta, sin dejar de observar al menor de sus sobrinos, —¿Ya le avisaste a Emi?— indago ya que Itachi y Emi merecían compartir la alegría por esta noticia.
-Lo haré, lo haré— asintió Sasuke, dirigiéndose hacia el teléfono.
Había acordado informar cuanto antes a sus hermanos del nacimiento de su hijo y no dudo en marcar el número de teléfono cuanto antes y sosteniendo el auricular, más en su mente todo lo que podía hacer era orar porque todo saliera bien, Sakura le estaba dando la segunda mayor alegría de su vida porque la primera era tenerla a su lado en todo momento, no cambiaría nada de lo que estaba viviendo junto a ella y de amarla, tío Homura podía decir lo que deseara pero para él lo único importante era que Sakura estuviera bien y que el niño o niña que tuvieran estuviera sano, solo eso y Alah mediante así seria.
Rio de Janeiro, Brasil
Abrazando por la espalda a su pequeña hija, Izumi rió de alegría mientras amabas jugaban por los pequeños muñecos de peluche sobre la cama, ambas alzando una de sus manos para decirle adiós a Itachi que debía regresar a la tienda y que les dirigió una sonrisa antes de abandonar la habitación rumbo a la sala. De hecho, resulto toda una suerte que precisamente en ese momento Itachi estuviera en casa cuando sonó el teléfono de la sala mientras se dirigía hacia la puerta, acababa de terminar de almorzar y pretendía retornar a la tienda para seguir trabajando junto a su primo Shisui, pero por lo visto debería postergar eso en caso de que la llamada fuera urgente. Tan pronto como Itachi tomo el auricular del teléfono y contesto la llamada se encontró con una noticia que llevaba meses esperando ansiosamente para poder reencontrarse con su hermano; el bebé de Sakura iba a nacer. Al despedirse luego del nacimiento de Ayame ambos habían acordado que volverían a verse tras el nacimiento del hijo o hija de Sasuke para compartir la alegría con toda la familia, y por lo visto Alah ahora recompensaba tanta paciencia con tan maravillosa noticia, tanto como para que Itachi se quedara sin aliento e incapaz de hablar. Su primer impulso fue volver la mirada hacia la puerta de la habitación que compartían Izumi y él, para llamarla y decirle la noticia más ningún palabra salió de su boca por más que lo intento, mordiéndose la lengua interiormente para no chillar como un niño, mentalizándose a mantenerse sereno y comportándose como un adulto en ese momento, regresando a la realidad que era lo importante.
-¿Está naciendo?— más bien afirmo Itachi en voz alta, sorprendido y dichoso por lo que su hermano acababa de decirle, —¡Izumi!— llamo haciendo que Izumi apareciera en el umbral de la sala cuanto antes, —Nuestro sobrino está naciendo—la sonrisa en el rostro de Izumi no hizo sino crecer todavía más, imaginando la felicidad que su prima habría de sentir dentro de poco. —¡Emi!— llamo sin obtener respuesta, aunque eso no era nada nuevo. —Sasuke, en cuanto nazca, avísame—pidió encarecidamente para comprar los pasajes y viajar a Marruecos. —Hasta pronto— se despidió, por fin terminando con la llamada.
-Que felicidad, mi amor— sonrió Izumi, abrazándolo con todas sus fuerzas. —¿Escuchas, Ayame? Está naciendo— rompió el abrazo, alzando en brazos a su pequeña que rió en respuesta.
-Es una bendición— declaro él, besándole la frente.
Todos se habían mostrado desconformes y críticos ante su matrimonio con Izumi y del mismo modo ante el matrimonio de Sasuke con Sakura, siempre presionándolos y diciéndoles que es lo que deberían hacer y qué expectativas habrían de cumplir, pero primero Izumi y él habían tenido a Ayame y pronto Sasuke y Sakura sentirían la misma felicidad que ellos ya sentían, independiente de si tenían un niño o una niña pero sus familias crecerían que era lo importante y eso bien merecía celebrarse. Abrazándose a su esposa e hija, Itachi se planteó mentalmente comprar los pasajes de avión para Fez tan pronto como Sasuke llamara para avisarle que el bebé había nacido, y eso sucedería de forma inminente…
-Un poco más, Sakura, ya casi, una más y ya— animo Biwako, intercalando su mirada entre el rostro de ella y el bebé que necesitaba nacer con su ayuda.
Nunca había sentido un dolor tan grande en toda su vida y nada la había preparado para lo que estaba sintiendo, parecía como si algo le estuviera destrozando las entrañas desde adentro, era algo espantoso, Sakura había leído muchas veces sobre lo que implicaba el dolor del parto pero en ese momento todo lo que podía hacer era apretar fuertemente las sabanas bajo sus manos, gritando ante cada nueva contracción sin pensar en nada más que en esa tortura terminaba, ¿Cómo es que algo así podía valer la pena? Apretó fuertemente los dientes, pujando con todas sus fuerzas e intentando no gritar, irguiéndose ligeramente y apretando sus rodillas hacia su pecho, sal, sal…rogó en su mente, incapaz de sentir que podría soportar ese dolor por más tiempo, antes de gritar con todas sus fueras y desplomarse contra las almohadas justo cuando un llanto inundo la habitación. Jadeando, por fin sintiéndose libre de ese dolor que había sido su verdugo durante tantas horas, Sakura recobro el aliento, centrando su mirada en el bebé que Biwako sostenía, cortando el cordón umbilical que las había mantenido unidas a ambas por tanto tiempo. Tan pronto como contemplo a esa pequeña, Biwako se sintió incapaz de apartar sus ojos de una criatura tan hermosa, llena de inocencia y que lloraba con todas su fuerzas por el simple hecho de estar lejos de su madre, alzando sus pequeñas manos al aire y contemplando todo con sus profundos ojos ónix, llorando vehemente para obtener lo que quería, a su madre, por lo visto había heredado el mismo temperamento de su madre.
-Es una niña, Sakura— anuncio Biwako, tendiéndole a la pequeña en sus brazos.
No iba a mentir, había esperado tener un hijo varón, eso era lo que todos querían a tal punto que al escuchar que había dado a luz una niña el primer sentimiento que Sakura albergo en su corazón fue decepción hacia sí misma al ver que su situación no cambiaba en nada, porque una niña no podía garantizar su seguridad como un niño sí, pero en cuanto Biwako le tendió a la pequeña toda decepción que hubiera podido sentir se esfumo mientras se sentaba sobre la cama con ayuda de sus abrazos—ignorando u olvidando el dolor producto del trabajo de parto—para recibir a esa pequeña que de inmediato se convirtió en el ser más preciado en su vida, envolviendo sus brazos alrededor de su pequeño cuerpo sin importar que la pequeña aun estuviera cubierta de sangre; esos ojos oscuros y ese cabello azabache en conjunto con ese rostro lleno de inocencia y ternura se volvieron todo para ella, sonriendo con devoción, incapaz de apartar sus ojos de ese rostro, viendo en esos profundos orbes ónix que la analizaban tan intensamente. Sin dejar, de sonreír Sakura sintió un nudo en la garganta, ¿Cómo había podido sentir decepción de algo tan perfecto?, ¿Qué importaba que fuera una niña y no un niño? Era su hija…su hija, eso era, ese era el sentimiento que inundaba su corazón y que la hacía inmensamente feliz por cargar en sus brazos a esa pequeña niña, besándole la frente y cobijándola con su amor, era su hija y todo lo que podía desear hacer a partir de ahora era protegerla, nada más, el resto del mundo bien podía irse al diablo y a ella le daría igual porque lo único importante en ese momento era esa niña; su hija.
-Mi hija…— afirmo Sakura en voz alta, sonriendo con aun más alegría al escuchar lo maravilloso que sonaba, —mi amada hija— arrullo, abrazando protectoramente a su pequeña contra su pecho.
Besando la frente de su pequeña que comenzó a dormitar en sus brazos al sentirse segura, Sakura alzo la mirada hacia Biwako y el resto de las mujeres que de inmediato compartieron su alegría, deshaciéndose en eufóricos bitores antes de proceder a retirarse—excepto Biwako que permaneció junto a Sakura incondicionalmente—para anunciar por toda la casa el nacimiento de tan encantadora pequeña. Cabe decir que tan pronto como las mujeres que habían asistido a Sakura en el parto abandonaron la habitación, no tardo en escucharse un eco veloz de pasos vehementes en la escalera y que pronto se detuvieron en el umbral de la habitación una vez que Sasuke entro en compañía del señor Hiruzen y Homura, los tres contemplando el enternecedor cuadro que encontraron nada más entrar en la habitación. Sentada sobre la cama se encontraba Sakura quien alzo brevemente la mirada antes de regresarla a la pequeña que se encontraba en sus brazos y que era lo más importante para ella, retrayendo las piernas hacia sí y acunando mejor la cabeza de su hija contra uno de sus brazos…¿Qué pensarían ellos? Izumi también había tenido una niña y todos habían sentido decepción pero no en demasía, confiando en que ella sí tendría un hijo varón y no lo había hecho, más de todas formas ella no pensaría siquiera en cambiar a su hija, ella era perfecta tal y como era. Tras entrar, todos esperaron que alguien—Biwako o Sakura—hablara y dijera cual era el sexo del bebé, porque no podía saberse a simple vista, y dado que Sakura guardaba total silencio solo había una persona que podía hablar.
-Es una niña, Sasuke— anuncio Biwako en nombre de Sakura quien guardo absoluto silencio.
Aunque todos hubieran esperado y anhelado que el anuncio de Biwako fuera sobre el nacimiento de un niño, el primer Uchiha de la nueva generación, Hiruzen de todas formas se sintió exultantemente feliz ante el nacimiento de una nueva criatura fuera cual fuera su sexo, porque Alah así la había enviado al mundo y a sus ojos los hombres y las mujeres eran iguales, pero Homura no pensaba igual, menos preciando de inmediato a la pequeña en brazos de la esposa de su sobrino por solo saber que era una niña, ¿Por qué? Porque por ser una niña no podría mantener ni transmitir el apellido familiar de los Uchiha, lo perdería eventualmente al casarse, ¿Qué merito tenía entonces? Como si intuyera esa clase de pensamientos, Sakura alzo la mirada con un deje de vergüenza hacia Sasuke, esperando encontrar decepción en su rostro, mas no fue así, incluso se mostraba feliz, sorprendido más esbozando una ligera sonrisa ladina, incapaz de apartar sus ojos de la pequeña en brazos de Sakura. Si bien Sakura había deseado desde el principio del embarazo que tuvieran un niño para cerrarles la boca a todos y vivir en paz sin pensar en que el resto de la gente se metiera en su vida, en secreto Sasuke había deseado que tuvieran un niña, ¿Por qué? Porque quería que el primer fruto de su matrimonio fuera una niña tan hermosa como Sakura, un vivo reflejo que pudiera recordar día y noche con solo verla, por lo que Sasuke agradeció de todo corazón que Alah le hubiera concedido lo que tanto había pedido, especialmente porque tenía el nombre perfecto en mente, uno al que nadie pensaría en oponerse siquiera.
-Que sea bienvenida— hablo Sasuke finalmente, centrando su mirada en Sakura que intento ocultar su nerviosismo ante lo que él podía estar sintiendo. —Se llamara Sarada— decidió confiando en que nadie objetaría en lo absoluto por la elección del nombre.
-Sarada, ese era el nombre de la primera esposa del profeta Hagoromo— sonrió Hiruzen, más que complacido con la elección.
-Es un nombre muy virtuoso— acepto Homura sin otro remedio más que resignarse a lo que ya era evidente; otra niña.
Nada podía protestar ante ese nombre, claro que existían nombres igualmente hermosos y dignos pero Sarada era un nombre muy particular, la mezcla perfecta de fuerza y fragilidad, como lo era Sakura; Sarada había sido la primera mujer musulmana, la primera esposa del profeta Hagoromo y la más querida de sus mujeres, la hija de un comerciante, una mujer fuerte e independiente que había sido llamada una princesa por la gente por su buen corazón solo igual a su belleza, era el nombre perfecto para una niña igual de hermosa y que contemplo el mundo con inocencia antes de regresar sus ojos al rostro de su madre que la acunaba en sus brazos. Aunque Sakura sintiera temor de la idea de decepcionar a Sasuke ante el nacimiento de una niña y no un niño, el nombre que él había elegido para su pequeña hija era simplemente perfecto, su fallecido padre Kizashi había deseado darle ese nombre al momento de nacer pero su madre no lo había permitido eligiendo el nombre Sakura en su lugar. Sarada era el nombre perfecto para recordar a su familia entrelazada con su presente con Sasuke. Decidiendo darle tiempo a solas a ambos tras tantas horas de espera, Hiruzen, Homura y Biwako no dudaron en retirarse en silencio haciendo que los nervios de Sakura fueran mayores, refugiándose en la presencia de su hija en sus brazos para no demostrarlo en tanto Sasuke se sentó a su lado sobre la cama volviendo a Sarada el centro de su atención, hasta entonces había creído que nunca habría nada más importante en su vida que Sakura, pero ahora no solo tenía a una mujer importante en su vida, tenía a dos, porque ahora su felicidad era todavía más grande al tener a esa niña en su vida.
-¿No estás enojado?— pregunto Sakura, alzando su mirada para encontrarla con la suya, temiendo haberlo decepcionado de alguna forma.
-¿Por qué habría de estarlo?— inquirió Sasuke, observando intensamente los ojos de ella. —Es una niña, como tú— recordó, haciendo que Sakura sonriera ligeramente, olvidando por completo cualquier miedo o preocupación. —Tiempo para niños, hay de sobra— tranquilizo, besándole la frente antes de volver a concentrar su atención en su hija.
Alah había escuchado su oración y ahora tenían una hija, ¿Qué importaba que no fuera lo que todos querían? Eso solo contribuía a hacer mayor su alegría. Con cuidado, Sasuke envolvió uno de sus brazos alrededor de Sakura quien instintivamente apoyo su cabeza contra su hombro. Si existía felicidad mayor que la que ellos estaban viviendo no la conocían ni querían conocerla, porque su mundo eran ellos dos y Sarada, y solo eso importaba. Resultaba tonto ahora pensar todo por lo que habían atravesado para llegar a donde estaban, lo perdidos e inseguros que se habían sentido con respecto a los sentimientos del otro durante tanto tiempo, ¿y para qué? Después de tantas disputas y adversidades seguían juntos y se amaban: su felicidad era completa.
Ya fuera por la cultura machista a la que potencian o no, todo lo que Homura pudo hacer fue negar para si en tanto su sobrino compraba una nueva pieza de oro para su esposa como obsequio por el nacimiento de esa pequeña niña llamada Sarada. No se podía negar una cosa y es que esa niña era encantadora como un sueño pese a ser tan pequeña pero no dejaba de ser solo una niña, alguien incapaz de trasmitir el apellido de los Uchiha como solo un varón podría hacerlo, claro que esa niña formaba parte de la familia Uchiha por nacimiento pero necesitaban a un varón y ya que Izumi y Sakura aun debían esperar para volver a embarazarse solo quedaba una opción, buscar una segunda esposa. Homura no podía buscar una novia para Itachi ya que él estaba en Brasil pero si podía buscar una novia para Sasuke quien si bien estaba embelesado con su esposa parecía olvidar la importancia de tener hijos varones. Ajeno a los planes de su tío, Sasuke estudio el collar dentro del estuche que acaba de comprar; una fina guirlanda de oro decorada con diamantes y que dejaba caer un sinfín de pequeñas cuentas en forma de flor de jazmín a juego con par de largos pendientes, Sakura nunca exigía nada para sí misma pero lo mínimo que quería era darle una alegría por la alegría que le había causado a él por el nacimiento de Sarada…jamás en su vida habría pensado que podría ser tan feliz y gracias a ella lo era, por otro lado su tío Homura que caminaba a su lado por la medina no cesaba de decir lo intolerable que era que tras dos años de matrimonio ni Itachi ni él tuvieran hijos varones, algo que a Sasuke ciertamente le daba igual, no se había casado con Sakura por eso sino porque la amaba.
-Primero la esposa de Itachi y ahora la tuya— negó Homura, incapaz de aceptar lo que había sucedido, —parece que todos quieren que el apellido Uchiha desaparezca de la tierra, porque ninguna niña perpetuara nuestro apellido— aclaro en caso de que no estuviera suficientemente claro para él.
-Tiempo hay de sobra, tío— contrario Sasuke, Sakura y él solo tenían veinte años, tenían toda la vida por delante, no había prisa. —Sakura y yo aún somos jóvenes, los hijos vendrán, con el tiempo— aunque a él no le importaría solo tener a Sarada, ella ya era perfecta.
-Pero nada dice que no podamos apresurar las cosas— aludió él, logrando que su sobrino voltease a verlo. —Ahora que tu esposa te dio una niña, y dejando pasar los cuarenta días de reposo tienes la excusa perfecta para pedir una segunda esposa— aclaro haciendo que Sasuke bufara para sí. —Ya te conseguí una novia, una buena mujer criada dentro de la religión y las buenas costumbres, dicen que es muy bonita— propuso pese a que no hubiera visto personalmente a la joven, pero si conocía a la familia de la que procedía.
-No quiero una segunda esposa— negó el Uchiha sin siquiera detenerse a pensarlo porque no tenía nada que pensar, solo tendría una esposa y esa era Sakura.
-¿Por qué te niegas sin siquiera ver a la joven?— cuestiono Homura ante su tozudez, mas su sobrino parecía no querer cambiar de opinión, —piénsalo, con más mujeres hay más hijos y con más hijos hay más alegría en la casa— esa era la razón para tener más de una esposa, así el hogar de un hombre estaba más alegre. —Escucha a tu tío, tú solo tienes que juzgar, y si te gusta…— dejo la frase inconclusa por obvias razones, —invite a la familia a tu casa, no como un compromiso sino como una simple reunión— dio a saber, dejando a su sobrino entre la espada y la pared.
Negando en silencio para sí, Sasuke fue incapaz de negarse porque no tendría sentido, conociendo a su tío—como conocía a Emi—, sabía que él decidiría todo de cualquier forma, por lo que para evitar gastar saliva innecesariamente prefería callar, aunque su decisión ya estaba tajantemente clara, no tomaría una segunda esposa jamás, Sakura y Sarada eran todo lo que necesitaba en su vida, nada más y no cambiaría de opinión.
Alegre y sonriendo en todo momento, Sakura se mantuvo recostada sobre uno de los divanes de la sala con su pequeña hija en brazos y que parecía intentar reír mientras rozaba su nariz contra la suya, claro que aún era muy pequeña para sonreír pero ya parecía querer hacerlo continuamente. Luego de dejar pasar un par de días para recuperarse del parto Sakura había regresado a casa con Sasuke pero de todas formas no duda en visitar frecuentemente a su tío que se había encariñado profundamente con Sarada, le había prometido que el daría al alegría de tener en casa el eco de pequeños pasos y lo cumpliría, Sarada sería la primera de los hijos que llenarían esa casa del eco de actividad, porque ya estaba pensando en tener el hijo varón que todos tantos exigían pero para eso debía dejar pasar dos años como dictaban las costumbres. Según Sasuke y ella habían decidido, ambos querían dejar pasar unos días antes de hacerle saber a Itachi, Izumi y doña Emi que podían viajar a Marruecos, quería disfrutar de la presencia de Sarada en sus vidas antes de hacerla participe de los festejos que vendrían, ¿Cómo es que había podido vivir sin tener en su vida a esa pequeña? Eso era algo que Sakura se preguntaba continuamente mientras se sentada sobre el diván, abrazando a Sarada contra su pecho, incapaz de separarse de ella ahora que estaba en su vida porque era una parte de su corazón y su alma, su hija. En ese momento Biwako entro en la sala llamando la atención de Sakura quien alzo la mirada con una sonrisa nada más verla, confundida por la expresión de preocupación que tenía en su rostro.
-Sakura, el señor Homura está planeando un matrimonio para Sasuke— revelo tan pronto entro, no sabiendo de qué manera suavizar el golpe.
-¿Cómo lo sabes?— pregunto Sakura únicamente, suponiendo de inmediato que Sasuke no estaba de acuerdo por ello, era imposible.
-Tenten vino a decir que Sasuke recibió en su casa a una familia que quiere casar a su hija— contesto sentándose junto a Sakura en el diván, percibiendo su inquietud, —mañana volverán a presentarse porque seguramente va a comprometerse con esa joven— añadió ya que sería peor si le ocultara algo.
-No lo voy a permitir, Sasuke no se casara con nadie, soy su única esposa— negó ella de inmediato, no dudando en este pensamiento.
-¿Cómo evitaras que le guste esa mujer?— cuestiono Biwako, los cuarenta días de reposo habían pasado, y Sasuke y ella podían volver a compartir la cama como marido y mujer, ¿pero eso sería suficiente?
-Puedo, no sé como pero algo se me ocurrirá— determino la Uchiha, intentando idear un plan en su mente, porque nadie lo haría por ella. —Nadie me quitara a mi esposo—insistió en voz alta, besando la frente de Sarada, acunándola contra su pecho.
Nada en su vida tenia sentido si no tenia a Sasuke y si no tenia a su hija, y no dejaría que nada ni nadie le arrebatara su felicidad porque así como tanto le había costado conseguirla, no la perdería por nada del mundo, todo lo demás—su pasado y la vida que había tenido antes—había quedado enterrado en el pasado, un pasado que ya no existía para ella. Debería haber pensado en que algo así podría ocurrir, debería haber considerado tener cuidado con lo que tío Homura podría hacer ahora que ella no había conseguido dar a luz al niño que todos querían, pero había estado tan feliz por el nacimiento de Sarada que había descuidado las amenazas que aún tenía a su alrededor, mas no claudicaría. Puede que Sasuke y ella fueran inmensamente felices y se amaran pero aun así había muchas mujeres sobradamente interesadas en convertirse en una segunda esposa para él, Sasuke era joven, apuesto y enormemente rico, muchas de las familias de Marruecos e incluso de El Cairo anhelaban la posibilidad de verse emparentadas con los Uchiha al casar a sus hijas con él…afortunadamente Sasuke siempre se negaba a esa sola posibilidad pero eso no exterminaba el miedo de Sakura, Sarada era una verdadera joya para Sasuke y ella pero no dejaba de ser solo una niña a ojos de personas como tío Homura que esperaban el nacimiento de un varón que heredara el nombre de los Uchiha, más aún era demasiado pronto para volver a embarazarse, aun debía esperar dos años para volver a hacerlo pero hasta entonces necesitaba ganar tiempo y creía saber cómo hacerlo.
-Biwako, pídele a Tenten que averigüe el nombre de esa familia, especialmente el nombre de esa mujer— indico Sakura a Biwako, intentando no dejar ningún detalle al azar, —cuando lo sepas vas a invitar a esa mujer aquí antes de que vaya a nuestra casa para ser presentada a Sasuke, pero tiene que ser cuando mi tío no este porque nadie se puede enterar— añadió dando por hecho que su tío desaprobaría sus planes.
-Pero, Sakura…— protesto Biwako, pensando que lo que Sakura debería hacer seria creer en Alah y en su destino, no conspirando para no perder a su esposo, aunque no era precisamente un error.
-Por favor, Biwako, ayúdame— rogó la Uchiha encarecidamente, solo teniéndola a ella, —yo me encargo de todo lo demás—nadie la culparía de nada porque ella haría todo, solo necesitaba un poco de ayuda, un poco.
Viendo en los ojos de Sakura quien casi parecía un cachorrito con esos brillantes ojos esmeralda, Biwako no tuvo otra opción más que asentir en silencio logrando que el gesto de súplica de Sakura se convirtiera en una sonrisa de alegría, descendiendo su mirada hacia Sarada que dormitaba en sus brazos, ajena a todo lo que su madre estaba haciendo para proteger su felicidad, la felicidad de las dos y protegiendo a su padre de las decisiones de terceros, pero ya fuera consiente de algo o no, Sarada si sabía que su madre la protegería.
-Nami, nami, azerí ra, nami, nami, azerí ra, kahla fiha azrei ra— canto Sakura, arrullando a su pequeña hija que dormitaba en sus brazos.
Con cuidado, la Uchiha meció en sus brazos a su pequeña hija mientras terminaba de cantar aquella canción de cuna que su madre le había enseñado desde que era pequeña, según le había dicho procedía de la tierra natal de su padre, de Egipto, aunque Sakura nunca había tenido necesidad de indagar demasiado acerca de ello, ni siquiera ahora que depositaba con cuidado a su hija sobre la cuna de nácar que se encontraba a un par de pasos de su cama, lo más cerca posible de ella que se pudiera porque quería cuidarla y mimarla tanto como pudiera dándole todo el amor que se merecía por ser su primera hija, porque la había estado esperando por largo tiempo y porque la espera había valido la pena. Recostado sobre la cama, Sasuke contemplo en silencio el enternecedor cuadro que representaban su esposa y su hija y a quienes no cambiaría por nada en el mundo, puede que cualquier otro hombre de estar en su lugar preferiría seguir con las tradiciones y lo que esperaba pero él por su parte no cambiaría a su hija ni por diez hijo varones, ni a Sakura por ninguna otra mujer sobre la tierra porque ella era única para él. Depositando un último beso sobre la frente de su hija y meciendo la cuna, Sakura se despojó de la bata, dejándola contra el perchero a un lago de la cama antes de meterse bajo las sabanas, encontrando su mirada con la de Sasuke, dedicándole una luminosa sonrisa de inmediato más sintiendo el momento empañado por la noticia de que tenía conocimiento, Sasuke nunca le ocultaría nada, ¿verdad? Quería creer que no porque confiaba en él, pero necesitaba despejar esa duda, quería saber si él era tan sincero como ella era sincera con él.
-Sasuke, ¿puedo preguntarte algo?— planteo Sakura finalmente sin apartar sus ojos de los de él.
-Claro, ¿Qué pasa?— accedió él sin dudarlo, en tanto pudiera contestar a su pregunta desde luego.
-¿Tienes la intención de tomar una segunda esposa?— cuestiono ella directamente ya que a ninguno de los dos le gustaba irse con rodeos.
-No— negó el Uchiha como lo hacía cada vez que ella se lo preguntaba, —¿Por qué lo preguntas?— indago ya que ella siempre tenía una razón para preguntarle eso.
-Por curiosidad— contesto la pelirosa intentando parecer desinteresada más Sasuke intuyo el porqué de su pregunta.
-No voy a ocultarte que tío Homura quiere presentarme a una mujer con ese propósito— reconoció Sasuke, no queriendo ocultarle nada ni deseando herirla de forma inconsciente, -pero no pienso aceptar— añadió al ver un destello de evidente temor en los ojos de ella.
-¿Y por qué no?— cuestiono Sakura, intentando percibir sus verdaderas intenciones, mas solo veía en sus ojos el inmenso amor que sentía por ella, más fuerte que nunca.
-Porque te tengo a ti— contesto el Uchiha sin ni siquiera dudarlo, muy seguro de que Sakura era la mujer de su vida.
A él le daba igual si su tío quería buscarle una segunda esposa, él no quería a ninguna otra mujer en su vida y no aceptaría un compromiso bajo ningún concepto, ¿para qué quería otra esposa? Sakura era perfecta para él, había nacido para él, estaba convencido de eso, era la mujer más bella que hubiera conocido en su vida y ni aun sus mayores sueños le habían hecho justicia, tenía un temperamento perfectamente afín al suyo; tempestuoso pero reconfortante y sereno al mismo tiempo, alegre, dulce…no podía pasar tan siquiera una noche sin tenerla a su lado a tal punto que hoy no podía comprender como había vivido sin tenerla a su lado, sin conocerla, porque su vida era completamente diferente desde que la tenía a ella, era un hombre completamente diferente desde que ella estaba en su vida, ¿Qué importaba que hubieran tenido una hija y no un hijo? Para él, Sarada era más valiosa que cualquier hijo varón que pudiera tener con cualquier otra mujer, si Alah quería que Sakura y él tuvieran más hijos bien recibido fuera ese futuro, pero de no ser así tener a Sakura y Sarada consigo ya era la perfección misma. Sonrojada por la seguridad de sus palabras y la intensidad de su mirada, Sakura no pudo evitar bajar la mirada, mucho más tranquila al poder contar realmente con la opinión que Sasuke tenía ante la posibilidad de un nuevo matrimonio, plena al saber que Sasuke no sentía que faltara algo en su matrimonio o en su vida como para requerir de otra mujer, segura de que nadie le quitaría a su hija y de que no perdería su lugar como la esposa de Sasuke y la dueña de su corazón, pero eso no significaba que ella no estuviera dispuesta a tomar medidas para sacar del camino a cualquier mujer que osara intentar arrebatarle a su esposo, ¿celosa? Sí, porque no compartiría a su esposo con otra mujer ni ahora ni nunca.
-Con respecto a ese tema, Sasuke— inicio Sakura, recargándose sobre el pecho de él que envolvió sus brazos alrededor de ella, -quisiera saber…¿Qué no soportarías de una mujer?— curioseo, pareciendo lo más encantadora e inocente que le fue posible.
-¿Por qué la pregunta?— inquirió Sasuke ante el repentino cambio en el eje de la conversación.
-Porque tenemos una hija, y quiero que se crié según las costumbres— respondió ella, teniendo muy calculada la estratagema que estaba tramando y que era a prueba de fallas. —Anda, dime— rogó, aproximando su rostro hacia el de él, acariciándole la mejilla.
-Que una mujer deje caer su velo como si fuese una casualidad— contesto el Uchiha con sinceridad si es lo que ella quería saber, —es una superstición mía— añadió ante la confundida e incrédula mirada de su esposa, —si al conocer a una mujer, ella te mira y deja caer su velo intencionalmente, es porque no va a traerte buena suerte; junto a ella toda la vida va a caer de la misma forma que el velo— explico observándola, perdiéndose en esos ojos jade que lo desafiaban a cada instante.
-Tienes razón, si una mujer hace eso es porque no sigue las costumbres— acepto la pelirosa, confiando en su opinión como siempre sumado a que en esta ocasión sacaría partido de su confesión.
No fue hasta ese momento que Sasuke comenzó a pensar en el futuro, Sakura tenía razón en algo y Emi lo había dicho en el pasado, criar a una mujer dentro de las costumbres no era osa fácil ni aun viviendo en Marruecos, pero Alah mediante Sakura y él podrían hacerlo, y él solo consentiría a entregar a su hija cuando estuviera seguro de que podía cuidarse sola por sí misma, no antes. Al ver a su esposo distraído y pensando en Alah sabe que, Sakura alzo una de sus manos para acariciar el costado de su rostro, acercando su rostro al de él hasta encontrar sus labios en un beso lento y dulce que para ambos se hizo eterno, sin presiones de ninguna clase hasta que Sakura no dudo en profundizarlo, enardecida, encontrando su lengua con la de él, apoyando en sus hombros para tumbarse a medias sobre su pecho, no encontrando protesta o replica de ninguna clase ante sus avances, con Sasuke correspondiendo el beso de inmediato, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, receptivo, mas aunque resulto todo un reto Sasuke se vio forzado a sujetar los hombros de su esposa y marcar las distancias, que más desearía que ceder y satisfacer sus propios deseos pero aun no era prudente, no en tanto ella no se hubiera recuperado por completo, pero no viendo aquello como una protesta ante sus atenciones, Sakura no hizo sino descender sus labios para mordisquear ligeramente el cuello del Uchiha que inevitablemente cerró los ojos, entregado, haciendo ademan de intentar alejarla pero aunque una parte de su mente le decía que debería hacerlo, en el fondo lo último que quería hacer era negarse a lo que ella estaba proponiendo.
-Sakura…— protesto Sasuke, no sabiendo como alejarla sin ofenderla en el proceso, porque eso era lo último que desearía hacer en su vida.
-¿Qué?— pregunto Sakura, por fin apartando sus labios del cuello de él y encontrando sus ojos con los suyos.
-Es demasiado pronto— se opuso él, apenas y habían pasado los cuarenta días de reposo, debían esperar más tiempo hasta que ella se hubiera recuperado por completo.
-Sasuke, por algo se llama cuarentena, son solo cuarenta días— negó ella, alzando una de sus manos para acariciarle la mejilla. —Pero si te preocupa lastimarme…se delicado— sugirió, acercando su rostro al de él hasta sentir su respiración como una caricia contra su piel.
Por esta vez, solo por esta vez, había comenzado a beber un determinado té que servía de anticonceptivo, las normas del Corán establecían que debía haber u intervalo de dos años entre cada embarazo para permitir que el cuerpo de una mujer se recuperara y ella lo cumpliría, pero por ahora no había ningún problema para seguir disfrutando de su matrimonio, ¿cierto? Ante esta respuesta, Sakura tazo en silencio el contorno de los labios de su esposa con uno de sus dedos antes de volver a encontrar sus labios con los de ella, no como el asfixiante fuego que siempre parecía devorar y consumirlos por completo sino con lentitud tal y como ella lo había hecho antes, apoyando sus brazos a cada lado del rostro de ella para no aplastarla mientras deslizaba sus labios a lo largo de su cuello en una caricia lenta y delicada que la hizo suspirar y rogar por mas…
En un gesto de avasalladora seguridad, Sakura acomodo uno de sus mechones de cabello por encima de su hombro mientras se contemplaba en el espejo, ahora que los cuarenta días de reposo habían pasado y volvía a ser la mujer de Sasuke Uchiha en todo el sentido de la frase se sentía segura, se sentía hermosa y lo más importante es que no estaba dispuesta a cederle su lugar a nadie. La Uchiha portaba un sencillo vestido aguamarina de escote corazón, ceñido favorecedoramente a su femenina figura que se había acentuado gracias al embarazo y falda hasta los tobillos, por sobre este una chaqueta de chiffon a juego, de cortas mangas por encima de los codos y largo hasta la rodilla, bordada en hilo de oro a lo largo de recatado escote en V y el dobladillo de la tela, ceñido a su figura por un cinturón color dorado adornado con cuentas y que remarcaba su cintura, alrededor de su cuello una guirlanda de oro decorada con diamantes que se ceñía a su cuello y dejaba caer un sinfín de pequeñas cuentas en forma de flor de jazmín a juego con par de largos pendientes y que Sasuke le había obsequiado por el nacimiento de Sarada, con su largo cabello rosado cayendo en un mar de ondas sobre sus hombros y tras su espalda. Tras lo que pareció una espera interminable para Sakura que se observó ante el espejo minuciosamente con el afán de parecer segura y hermosa ante la mujer que pretendía quitarle su lugar, Sakura volvió el rostro hacia el umbral de la habitación tan pronto como vio a Biwako entrar como señal de que esa mujer había llegado…por un momento Sakura se detuvo a pensar si tendría que coraje para enfrentarla, pero debía hacerlo, se trataba de su futuro, el de Sasuke y el de su hija y por eso estaba dispuesta a todo.
-Ya llego— anuncio Biwako, aunque Sakura sabía que ella no habría entrado por otra razón. —Se llama Eri, la invite con la excusa de conocer a la hija de Sasuke, y está muy animada porque ya se está considerando la segunda esposa, por lo que me dio a entender— añadió esto último por un par de preguntas que le había hecho.
-Que sueñe todo lo que quiera, de nada le servirá, a mí nadie me quita mi lugar— negó Sakura en voz alta, muy dispuesta a despedazar esas ilusiones a como diera lugar, —¿Cómo estoy?— pregunto en caso de que necesitara algo más, alisando la tela de su vestido.
-Hermosa— celebro ella ya que parecía una especie de aparición etérea ante lo hermosa que se veía con tanto oro, -y esta tela…— se quedó sin aliento al examinar con la mirada la tela bordada en oro, —¿Dónde compraste este vestido?— curioseo inevitablemente ya que jamás había visto algo tan hermoso, no cualquiera tenía un vestido así.
-Yo lo hice, la tela me la obsequio Sasuke— contesto Sakura, volteando a verse en el espejo una última vez, no deseando dejar nada al azar, todo debía ser perfecto.
-Dime, ¿Qué es lo que piensas hacer?— pregunto Biwako, sabía que solo debería traducir lo que Sakura dijera pero esperaba que no se tratara de algo malo. —No sé si debería haber hecho esto, seré acusada de conspirar contigo— menciono en voz alta, comenzando a lamentar haberle dicho que sí.
-Tú confía en mí, Biwako— tranquilizo la Uchiha, estrechando las manos de ella entre las suyas, —¿es bonita?— inquirió ya que no había preguntado eso hasta el momento.
-Muy bonita— contesto ella sin otro remedio, porque para ser honesta la muchacha no era nada fea.
-Voy a depender por completo de ti— advirtió Sakura antes de que Biwako se hiciera cualquier tipo de idea de lo que iba a ocurrir, —necesito que traduzcas cada cosa que yo diga, pero no puedes cambiar ni una sola palabra— explico observándola muy seriamente pues solo la tenía a ella en tan crucial momento.
Hablaba árabe pero aún tenía problemas con algunas palabras ya que era un idioma muy complejo, por lo que necesitaría de una traductora en algo tan crucial como lo era una conversación como la que planeaba tener y ese sería el rol de Biwako—quien asintió, incapaz de negarse a lo que ella le pidiera—en cuanto a todo lo demás solo necesitaba de sí misma para lograr lo que quería. Con la frente en alto y mentalizándose para comportarse alegre, segura y amable, Sakura se inclinó sobre la cama y cargo en brazos a Sarada que rió de alegría, acunándola contra su pecho antes de abandonar la habitación, apoyando una de sus manos en el barandal de la escalera y siguiendo a Biwako que en todo momento se condujo dos pasos por delante de ella para anunciarla al entrar en la sala donde aguardaba esa mujer llamada Eri. Aunque no fuera su intención, Sakura debía reconocer que la muchacha era muy bonita, seguramente debía tener dieciocho años, no demasiado alta ni demasiado baja, de largos cabellos rubios que apenas y resultaban visibles bajo el velo, ojos azul claro como dos glaciares y piel blanca como la leche, labios rojos y aspecto inocente, pero Sakura no veía nada de inocente en ella, para ella era como contemplar el aspecto de una cobra que parecía seductora pero que ocultaba intenciones oscuras, para ella todas las mujeres eran exactamente iguales. Deteniéndose en el umbral de la sala al mismo tiempo que Biwako quien volteo a verla, Sakura suspiro profundamente, plasmando una sonrisa aparentemente genuina en su rostro al momento de entrar y llamar la atención de la joven que de inmediato se levantó para saludarla.
-Salam Alaykom— saludo Sakura, acercándose a la mujer y besándole la mejilla por mera cortesía.
-Alaykom Salam— contesto Eri, sintiéndose a gusto con el recibimiento más algo abrumada por la belleza de aquella mujer.
-Trajiste luz a esta casa— elogio la Uchiha, sentándose sobre el diván a la par que Biwako traducía sus palabras. —Eres muy bella— reconoció solo para halagarla y hacerla sentir segura aunque por dentro se estuviera golpeando la frente mentalmente.
-Shukran— agradeció ella ante la traducción de Biwako, sería un más maravilloso ser la segunda esposa de Sasuke Uchiha si su primera mujer era tan amable y encantadora.
-Voy a estar muy feliz de que mi marido te elija— la bella pelirosa mintió descaradamente, forzada a mantener la sonrisa en su rostro. —Sasuke es muy bueno y muy generoso, la mujer que se case con él será muy bendecida— garantizo porque era la verdad e incluso más, no por otra cosa. —Te quiero dar un truco para que cuando tú lo veas, lo vuelvas loco— recordó en su mente las palabras de Sakura, sonriendo por la dicha de conocerlo mejor que nadie.
Puede que solo fuera una superstición, pero Sakura elegía creer ciegamente en las palabras de Sasuke, y ras traducir las palabras que Biwako había dicho, la muchacha no dudo en asentir con gran entusiasmo, claramente deseando ya ser la segunda esposa. Pobre ilusa, pensó Sakura sonriendo ante este pensamiento y no por aparente amistad o camaradería femenina como parecía pensar esa muchacha que escucho cada una de sus indicaciones como si de un mantra se tratase, nadie iba a quitarle su lugar, nadie.
Manteniéndose al margen, Tenten se oculto sigilosamente en el umbral de la cocina para asistir a todo lo que tendría lugar e informar a su señora, guardando sepulcral silencio en cuanto su señor y tío Homura ingresaron en la sala para recibir a la familia que había llegado de visita. El Uchiha tuvo que esforzarse para no parecer tan aburrido como realmente se encontraba por esta reunión—a la que no había accedido pero que su tío había planeado de todas formas—, como ya se había sentido el día anterior al conocer a la familia, su tío había ideado todo y había hablado con la familia en su nombre aun cuando él no tenía interés alguno por la joven que habrían de presentarle, porque no quería ni pensaba tener una segunda esposa. para agradar a su tío, Sasuke desvió obligadamente la mirada hacia la joven sin interés alguno, no iba a negar que era muy bonita, era más baja que Sakura, con largo cabello rubio oculto bajo un velo color ámbar, ojos azul claro y piel blanca como la leche, era muy bonita pero para Sasuke que solo tenía ojos para una sola mujer toda aquella imagen era insignificante; Sakura tenía un encanto muy particular y único, no era demasiado alta ni voluptuosa sino que simplemente perfecta, de sedosos cabellos rosados y brillantes ojos como dos esmeraldas, piel blanca como el marfil y conducta inocente pero con un temperamento fuerte, sincera, transparente, angelical pero decidida, encantadora por su sola presencia, era un continuo reto para él aunque llevaran dos años casados, mientras que esta joven parecía un libro abierto, demasiado simple.
-Salam Alaykom— saludo Homura, dándoles la bienvenida al hogar de su sobrino.
-Alaykom Salam— presento el orfebre, agradeciendo el recibimiento. —Mi hija, Eri— presento, desviando la mirada hacia su bella hija que no dudo en dar un paso al frente al instante.
Siguiendo con lo que Sakura le había indicado anteriormente, Eri dejo con cuidado y de forma inocente—aparentemente—que el velo color ámbar que cubría su cabello se deslizase hasta pender de sus hombros para exponer su cabello, cualquiera habría visto esto como una casualidad o un descuido incapaz de controlar pero Sasuke no lo vio así, para él que veía aquello como una superstición eso fue una señal. Él ya había decidido que no tomaría una segunda esposa sin importar lo que pasara, porque Sakura era única para él, pero ahora estaba convencido de que Alah tampoco quería que lo hiciera porque jamás en su vida podría siquiera considerar en tomar por esposa a una mujer que cometiera un acto tan imperdonable a sus ojos, y así lo hizo saber Sasuke, volviendo la mirada había su tío y negando simplemente para su incredulidad. No tomaría una segunda esposa y era el fin de la discusión.
-Mi amor— Sakura beso amorosamente la frente de su hija, abrazándola contra su pecho mientras la mecía en sus brazos, dejándola lentamente sobre la cama para que durmiera un poco antes de decidir regresar a casa, —que hermosa eres— arrullo sosteniendo sus pequeñas manos entre las suyas y besándole las mejillas.
El resto de los acontecimientos que tendrían lugar no era de su interés salvo por la respuesta final que obtendría, creía en Sasuke y en el amor que tenían el uno por el otro, no por nada habían soportado todo lo que habían encontrado en su camino hasta ahora pero Sakura si desconfiaba del resto de la gente a su alrededor porque sabía que pensaban muy diferente de como Sasuke y ella lo hacían, para ambos Sarada era lo más perfecto que hubieran podido imaginar tener en su vida y no necesitaban nada más, pero para personas como tío Homura Sarada no era suficiente, se necesitaba de un niño que en esas circunstancias solo una segunda esposa podía dar. Tumbándose sobre la cama para acompañar a su hija, Sakura acaricio sus cortos cabellos azabaches, había elegido permanecer en casa de su tío hasta obtener una respuesta segura de lo que iba a pasar con su futuro porque aunque le desgarrara el corazón estaba dispuesta a huir con su hija si Sasuke accedía a tomar una segunda esposa, no permitiría que otra mujer ocupara su lugar, ni muerta. Contemplando a su hija que se negaba a dormir, como si estuviera tan inquieta como ella, Sakura tarareo la canción de cuna que acostumbraba a cantar para ella y que su madre le había enseñado, como somos de parecidas las dos, pensó Sakura en silencio al encontrar sus ojos con los de su pequeña hija, era como se comunicaran sin necesidad de palabras o gestos, Sarada parecía saber que pensaba y por eso no conseguía dormirse en ese momento, acompañándola incondicionalmente, al menos tenía el consuelo de que siempre habría alguien que la entendería y ese alguien era su hija.
-Sakura, no habrá matrimonio— anuncio Biwako al entrar para gran alegría de la Uchiha.
-¿No?— repitió la pelirosa a modo de pregunta, necesitando estar absolutamente segura de ello.
-No, a Sasuke no le gusto la muchacha— insistió ella sin ninguna duda, Tenten se lo había dicho por teléfono.
-¡Dio resultado!— Sakura chillo de alegría, abrazando a Biwako con todas sus fuerzas, por fin sintiendo que podía respirar tranquila. —Gracias a Alah— agradeció en voz alta, Sasuke le había prometido que nunca tomaría una segunda esposa y había cumplido su promesa.
-¿Es que Sasuke pensaba casarse?— pregunto el señor Hiruzen al entrar, habiendo escuchado esa última parte de la conversación.
-No, fue el tío Homura quien le busco una posible segunda esposa— contesto la Uchiha para liberar a Biwako de cualquier culpa que pudiera cernirse sobre ella, —y no acepto porque yo hable con ella y la aconseje para que hiciera algo imperdonable para Sasuke, así no la querría— confeso esto último sabiendo que se arrojaba al fuego, pero lo hacía porque elegía confiar en su tío y en que él mantendría el secreto.
-No te alegres demasiado, si no fue esa mujer, será otra— negó él, incapaz de compartir plenamente su alegría porque era hombre y sabía que el afecto podía cambiar. —Puedo ser tu tío, Sakura, pero no voy a protegerte de la verdad; pocas mujeres consiguen ser la única, siempre se quiere más— de ser por su voluntad y viviendo todo lo que había vivido solo se habría casado una vez, pero tampoco iba a negar que era satisfactorio tener más de una esposa, evitaba caer en la rutina.
-Ya veremos si eso pasa, tío, porque estando viva no lo consentiré nunca— contrario Sakura sin cambiar de parecer, dispuesta a escribir su destino y el de su esposo.
-Sakura…— intento discutir el Sarutobi ante sus pensamientos que si bien eran realistas podían no de cumplirse si Alah decretaba lo contrario, y nadie podía ir contra lo escrito por Alah.
-Tío, tú mismo dijiste que de haber sabido como seria tu vida, solo te habrías casado una vez— menciono la Uchiha observando seriamente a su tío, no esperando objeción a sus declaraciones puesto que sabía que lo que estaba diciendo era verdad, —pues estoy cuidando precisamente que Sasuke viva en paz, y solo lo hará teniendo una esposa, a mí— determino como justificativo de su seguridad, eso y la vida de su hija que era más valiosa para Sasuke que cualquier tesoro que pudiera existir sobre la tierra.
Solo estaba repitiendo lo que se le había enseñado, que un hombre perdía fácilmente la paciencia con mujeres peleando en su casa por no poder llevarse bien entre sí, pues Sasuke nunca tendría disgusto alguno por su causa sino que al contrario, siempre habría armonía y alegría en su hogar mientras ella viviera, era una promesa de todo corazón de su parte y que mantendría en tanto ella fuera su única esposa. No había decidido esto solo por orgullo sino también por el futuro, por los hijos que tendría con Sasuke y que no quería que crecieran a la sombra de otra mujer, Sarada era su primogénita pero tendría muchos más hijos, Alah mediante, los suficientes como para que Sasuke jamás tuviera que pensar en tener una segunda esposa, ¿para qué? Ella era suficientemente capaz de satisfacer cualquiera de sus deseos porque lo conocía mejor que nadie, ella había sido quien había encendido el torrente de fuego dentro de él y era la única que sabía cómo mantener viva esa llama cuando con certeza se extinguiría con otra mujer, no era orgullo lo que la empecinaba a proteger su lugar sino la certeza de que Sasuke no podía ni podría ser feliz junto a nadie que no fuese ella del mismo modo como ella sabía que no podría ser feliz junto a nadie que no fuese él. Sorprendido, Hiruzen contemplo como la niña a la que había recibido hace ya casi dos años había desaparecido casi por completo y ante él se encontraba una mujer de fuertes principios, decidida a proteger a su familia e incapaz de compartir a su esposo, una mujer que había aceptado su lugar pero que por dentro aun llevaba la misma tormenta que él había atestiguado desde el primer día…era admirable la metamorfosis que había sufrido esta niña.
-Eres astuta, Sakura— felicito Hiruzen, no teniendo nada más que decirle ya que ella parecía tener todo muy bien calculado en su mente, —y tienes el mejor elemento de tu lado; has alimentado incansablemente el amor que Sasuke siente por ti, eso te garantiza la felicidad— en el pasado había temido por Sakura, pero ahora ya no tenía porque, había dejado de ser una niña ingenua y ahora era una mujer ingeniosa como pocas.
Agradeciendo el reconocimiento brindado por su tío, todo lo que Sakura hizo fue sonreír ladinamente en respuesta, sosteniéndole la mirada sin temor alguno, había tenido que atravesar por muchas tormentas y sufrimientos para llegar a donde hoy estaba y nadie jamás le quitaría su lugar, no lo permitiría ni siquiera estando muerta, porque de morir se levantaría de la tumba y sería aún más fuerte.
PD: lo lamento mis queridos lectores, pretendía actualizar "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield" esta semana pero al final termine actualizando "El Velo del Amor" y de aquí al lunes "El Sentir de un Uchiha" siendo esta ultima una historia que siento he descuidado mucho pero que retomare, no lo duden, pero no me ausente hasta el día de hoy porque no este de animo sino porque fui al deporte y estoy hecha pedazos, por lo que espero que entiendan mi demora, queridos :3 este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (agradeciendo su preocupación por mi y dedicándole cada una de mis historias) a Mila (agradeciendo de todo corazón que la historia sea de su agrado y deseando que cada nuevo capitulo también lo sea) a Guest (profundamente agradecida por sus palabras y porque que la historia sea de su agrado), a Adri-ojousama (profundamente agradecida por sus palabras y dedicándole este y los próximos capítulos) ,y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Tio Abdul como Homura Mitokado
-Khadija Rachid como Sarada Uchiha
-Samira Rachid como Ayame Uchiha
Curiosidades y Diferencias:
La Princesa Khadija & El Matrimonio Musulman: Khadija fue la primera esposa del profeta Mahoma y una comerciante muy reconocida siendo la mujer mas importante del islam y la primera mujer musulmana, se dice que era muy hermosa y que su corazón era tan bondadoso que donaba grandes cantidades de oro a la Meca y Mezquita para los pobres por lo que la gente la llamo "la princesa de la Meca", en la historia original este es el nombre que Said elige para su hija y además es el nombre que el padre de Jade deseaba darle a ella. En la sociedad musulmana esta bien visto que los hombres tengan mas de una esposa porque la religión manda a que los hombres protejan a las mujeres de no poder vivir solas ya sean viudas o si no consiguieron casarse, pero algunas familias tradicionales simplemente ven con buenos ojos que un hombre tenga mas de una esposa sea cual sea el motivo, como no tener hijos varones por ejemplo. La mención de Sakura teniendo que dejar pasar 2 años para volver a tener un hijo es una costumbre musulmana, nada parece indicar que luego e los cuarenta días de reposo un matrimonio no pueda reanudar su vida sexual pero si se prohíbe volver a concebir un hijo hasta no haber dejado pasar 2 años para que el cuerpo de la mujer se recupere apropiadamente. Además la canción de cuna que Sakura canta para Sarada llamada "Nami Nami" es una canción tradicional de cuna de Egipto.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
