Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Sob o Sol, Sagrado Coração da Terra" de Marcus Viana y "Nour El Ain" de Amr Diab que pertenecen al soundtrack original de la telenovela "El Clon/O Clone" de 2001, "Rich Girl" de Gwen Stefani para representar a Emi y "My Love" de Sia para representar el amor de Sasuke y Sakura.


Rio de Janeiro, Brasil/2 años después

Luego de transcurridos dos años desde el nacimiento de su pequeña hija Ayame, Itachi había supuesto que Izumi y él podrían tomarse con calma los planes de tener n segundo hijo ahora que—según las enseñanzas del profeta y de Alah en el Corán—se encontraba plenamente recuperada, pero por lo visto Alah tenía otros planes en mente pues antes de que siquiera pensaran en tener dicha conversación y plantear el tema ambos descubrieron que de hecho su segundo hijo ya estaba en camino. En esta ocasión toda la tensión y las expectativas se habían concentrado en un punto verdaderamente critico; tras cuatro años de matrimonio Izumi y él aun no tenían un hijo varón, solo una hija, Ayame, y de la misma forma Sasuke y Sakura aún no tenían un hijo, el apellido Uchiha estaba peligrando si no existía ningún hombre que pudiera heredarlo a la siguiente generación, era una vergüenza… pero por ahora nada de eso resultaba importante para Itachi que se paseaba en la sala de su hogar como si de un león enjaulado se tratase, casi halándose el cabello de los nervios ante los gritos de Izumi que provenían de la habitación, su primo Kagami se estaba haciendo cargo de la tienda en tanto él aguardaba por el nacimiento de su hijo, con Izumi siendo ayudada por Emi, Seina la esposa del primo Kagami y Masumi la esposa del primo Shisui que había salido con Ayame al parque para mantenerla apartada del tenso ambiente que tenía lugar en su hogar, era demasiado pequeña como para que fuera necesario comprender la forma en que los bebés venían al mundo y dolor que ello conllevaba.

-Y yo aquí, solo…sin Sasuke, ni tío Homura— murmuro Itachi para sí mismo, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera sentirse culpable.

Puede que fuera lo más normal del mundo que una mujer pasara por el dolor del parto, pero Itachi de todas formas sentía un espantoso remordimiento de conciencia por ser—en parte—el causante de que Izumi estuviera atravesando por un dolor tan espantoso, amaba de todo corazón a su esposa y lo último que deseaba era que sufriera de alguna forma. Desearía no estar solo en ese momento, desearía que su hermano o bien su tío Homura estuvieran a su lado en ese momento mas no era posible, de la misma forma que él su hermano Sasuke estaba preparándose para el nacimiento de su segundo hijo y no sometería jamás a Sakura a un viaje tan engorroso e incómodo aunque fuera por una reunión familiar y eso Itachi lo entendía, pero no dejaba de sentirse como un tonto y un bobo ahí solo en la sala y paseándose como un animalillo enjaulado. Dentro de la habitación, Izumi respiro profundamente, intentando ignorar el dolor lo más posible y concentrándose en lo único que era importante para ella en ese momento; su hijo, pronto lo tendría en sus brazos y entonces podría olvidarse por completo del dolor pero por ahora seguía sintiéndose como u infierno, estrechando con todas sus fuerzas su mano derecha contra la de doña Emi que le seca el sudor de la frente y los lados del cuello, recordándole como debía respirar y alentándola a no rendirse, no lo iba a admitir pero agradecía no estar sola en un momento así, su cuñada no era tan mala después de todo, no ahora que pasaba tanto tiempo con ella, pero ni soñando Izumi se atrevería a decirlo en voz alta, no le daría ese triunfo.

-Puja, ya viene, puja más fuerte, Izumi— alentó Masumi, alzando la mirada de entre sus piernas y encontrándola con la suya.

Escuchando estas palabras e intentando convencerse de que en efecto el dolor terminaría pronto, Izumi apretó con aun más fuerza la mano de doña Emi—que hizo lo mismo en respuesta—antes de pujar con todas las fuerzas que le quedaban, apretando fuertemente los dientes para no gritar y desplomando su cabeza contra las almohadas tan pronto como escucho un sollozo inundar la habitación. Cansada y algo perdida, todo lo que Izumi sintió—incapaz de escuchar que sucedía a su alrededor—fue el tacto de doña Emi contra su mano mientras le secaba el sudor de la frente, le sonreía pero Izumi no fue capaz de comprender porque hasta que comenzó a recuperarse, lazando la mirada hacia la prima Seina que estaba limpiando al bebé antes de entregárselo, dejando en evidencia lo que ella tanto había deseado; era un niño, gracias Alah pensó Izumi inevitablemente, por fin pudiendo escuchar el llanto de su hijo y por fin tanta espera había valido la pena, por fin Itachi y ella podrían vivir tranquilos, por fin su futuro estaba aseguro, ya nadie le quitaría su lugar. Tan pronto como Itachi dejo de escuchar los gritos de Izumi, sin siquiera pensarlo y sin esperar que Emi o alguien más apareciera en la sala para decirle que había tenido otra hija o bien un hijo, Itachi ingreso en la habitación tan pronto como escucho el llanto de su hijo, contemplando las sonrisas en el rostro de todas las presentes, especialmente en el rostro de Izumi que envolvió sus brazos alrededor del pequeño bulto que era su bebé, tanta alegría solo podía significar una cosa pero Itachi no quería ilusionarse en vano, incapaz de hablar o preguntar, solo contemplando a Izumi y al bebé en sus brazos…era un cuadro tan perfecto que no importaba si era un niño u otra niña.

-Alabado sea Alah, es un niño— declaro Seina en voz alta, volviendo el rostro hacia Itachi que permanecía estático y de pie en el umbral de la puerta.

-¿Es niño?— repitió él, sintiendo que por fin su corazón volvía a latir al escuchar aquella respuesta

-Mi amor— arrullo Izumi, besando la frente de su hijo y acariciando sus cortos cabellos azabache.

-Izumi…— aun torpe y aletargado por la sorpresa, Itachi se aproximó a la cama, sentándose frente a Izumi que por fin encontró su mirada con la suya.

Ambos provenían de una sociedad en donde era fundamental tener hijos varones pero su alegría no provenían solo de cumplir las expectativas—lo cual resultaba en realidad un alivio ya que por fin sentían que no había nadie respirándoles contra la nuca todo el tiempo—sino de tener a otra pequeña vida para llenar de alegría y plenitud su existencia, otro recordatorio viviente de lo mucho que se amaban. Según su religión era importante que cada individuo tuviera un buen nombre pero Itachi y ella no se abrumarían pensando en que nombre podrían darle a su hijo porque ya lo habían decidido hace mucho tiempo…según la costumbre y por ser el primer varón de la familia deberían nombrarlo Fugaku en honor a su padre, pero Itachi y ella habían pensado en el nombre Rai en honor a uno de los profetas de su religión y preferían este último por encima de cualquier otro, porque Alah había recompensado las incansables oraciones que le habían dedicado y la paciencia que habían tenido para aguardar al nacimiento de este niño, eso era lo mínimo que podían hacer a modo de agradecimiento, ¿cierto? Quien también se mostraba sumamente feliz—aunque estuviera en una especie de guerra campal contra su hermano que no aceptaba a sus pretendientes para que ella pudiera casarse—era Emi quien sonreía radiante a su pequeño sobrino, después de todo no era tan malo estar en Brasil en ese momento, soltera o no, no cambiaría nada en el mundo por el placer de ver a sus hermanos felices, pero no lo diría, no Alah, no, cuando ella estuviera casada solo entonces les diría que era feliz con verlos felices a ellos, antes no.

-Por fin el apellido Uchiha va a continuar existiendo sobre la faz de la tierra— afirmo Emi en voz alta, satisfecha de ver que tanta esperaba había valido la pena.

-Que Alah multiplique tus días, que tu vida sea dulce y alegre, que seas generoso y bueno, y traigas mucha prosperidad para esta casa— deseo Seina en una plegaria para brindar suerte y ventura al pequeño.

Deseando con todas sus fuerzas que su pequeño tuviera un buen futuro y que fuera inmensamente feliz, Izumi sintió un nudo en su garganta mientras acariciaba los cortos cabellos de su hijo y contemplando su rostro…parecía un sueño, parecía como algo irreal de contemplar y tan pronto como alzo la mirada hacia Izumi y vio los lagrimas bailando en sus ojos supo que él se sentían tan abrumado como ella. El nacimiento de Rai—como lo había sido el de Ayame, dos años antes—era un renacimiento, el renacimiento de su amor y su felicidad, y vendrían muchos más.


"Piso la tierra como un tapete, creo siete cielos sobrepuestos y deposito en ellos la luna reluciente y el sol como una lámpara…." sentada sobre su cama, Sakura leyó en silencio el Corán, apoyando el costado de este contra su vientre de siete meses que acaricio por encima del vestido, desviando la mirada hacia Sarada que estaba sentada junto a ella, incapaz de entender del todo las palabras que estaban escritas en el libro pero si disfrutando de estar junto a su madre, intrigada por el nacimiento de su hermano o hermana. Se le recomendaba a un bebé—ya fuera recién nacido o que aun estuviera en el vientre de su madre—que escuchara la palabra de Alah tan pronto como tuviera conciencia, por lo que Sakura no cesaba de leer el Corán en cada momento libre, ella se había educado alejada de las costumbres y había cometido un gran error por ello, no quería que Sarada y su bebé en camino cometieran sus mismos errores, quería protegerlos con todo su corazón y lo haría. Alzando el rostro hacia Biwako que sentada sobre el diván ante el tocador le estaba relatando todo sobre el nacimiento del bebé de Izumi, Sakura no pudo evitar bajar ligeramente la mirada hacia su vientre…le había tomado menos tiempo de lo que ella misma había esperado volver a embarazarse—teniendo en cuenta cuanto había tardado en concebir a Sarada—y esperaba que esta vez si fuera un niño, el nacimiento del hijo de Izumi le quitaba presión y angustia pero no tanto como deseaba ya que tío Homura aún estaba intentando convencer a Sasuke para que tomara una segunda esposa, sin éxito alguno cabe añadir.

-Un hombrecito para Izumi e Itachi, lo nombraron Rai, por uno de nuestros profetas— termino de relatar Biwako haciendo sonreír a Sakura que cerro el Corán con cuidado y lo dejo sobre la cama. —Dentro de poco el tuyo va a nacer, y si es niño Sasuke se va a volver loco de emoción— vaticino inevitablemente, aunque nadie le quitaría su lugar de honor a Sarada.

-Espero que nazca pronto— ansió Sakura acariciando su vientre por encima de la tela de su vestido, siendo imitada por Sarada que la observaba atentamente, —me siento horrible, apenas y puedo estar de pie o caminar sola— tenía solo siete meses pero sentía como si estuviera a punto de dar a luz en cualquier momento y eso la incomodaba.

-Es buena señal, un niño grande y fuerte alegra un hogar— sosegó ella ante estos pensamientos, era bueno que deseara que su hijo naciera pronto, y de hecho tantos malestares aseguraban que tendría un niño, los niños eran muy inquietos.

Los embarazos no eran algo que los musulmanes vieran como algo extraño o preocupante, de hecho los veían como una absoluta bendición, por lo que la atención prenatal no era algo tan rutinario como en occidente si ya que se dejaba en manos de Alah la suerte del bebé en tanto estuviera en el vientre de su madre, claro que se brindaba la medicación y asistencia apropiada en tanto fuera necesario, pero no había necesidad de ecografías ni nada parecido por lo que Sakura no tenía la más remota idea de si esta vez tendría un niño o no, pero sentía que sí, durante el embarazo de Sarada todo había sido tranquilo, apenas y sentía unas cuantas pataditas a diario y los antojos habían sido inexistente, pero ahora apenas y podía levantarse de la cama ante lo inquieto que era el bebé en su vientre, y Biwako la visitaba muy seguido para traerle postres o dulces con que satisfacer los antojos que Tenten intentaba mitigar, si, sentía que esta vez sí sería niño. Siendo alertado por Tenten—en la sala—de que Biwako se encontraba de visita, Sasuke ingreso en la habitación siendo recibido de inmediato por una cálida sonrisa de parte de Sakura que se encontraba sentada sobre la cama y por Sarada que bajo efusivamente de la cama—casi tropezando en el proceso—y corriendo para abrazar a su padre que la cargo en brazos y le beso la frente, Sarada era especialmente cercana a su madre porque ambas eran muy parecidas entre sí pero si había alguien que la adorara en el mundo esa persona era su padre, no había nada que pudiera negarle en ningún momento y Sarada no se sentía preocupada por el nacimiento de su hermano o hermanita sino que todo lo contraria, ya quería conocerlo para cuidarlo y mimarlo como su madre hacía con ella.

-Sasuke, ¿ya te enteraste?— curioseo Biwako sin tener necesidad de ahondar más en el tema.

-Si, tío Homura me lo dijo— contesto Sasuke, abrazando a Sarada que envolvió sus brazos alrededor de su cuello.

Sin soltar a Sarada en ningún momento—aunque con su firme agarre ella bien podría sostenerse sola-, Sasuke se inclinó ligeramente para besar la frente de Sakura y sentarse a su lado sobre la cama, rebelando algo que hasta ese momento había mantenido oculto tras su espalda; un estuche. Sonriendo ladinamente repuesta, Sakura sostuvo el estuche entre sus manos, mordiéndose el labio inferior para no jadear de impresión al abrirlo, en su interior se encontraba una hermosa guirnalda de oro con ocho dijes en forma de flor de jazmín sumamente elaboradas a juego con una pulsera y un par de pendientes. Sintiéndose tan abrumada como siempre ante estas muestras de afecto de parte de su esposo que parecían no tener fin, Sakura acerco su rostro hacia el de Sasuke, besándole la mejilla y pegando su frente a la suya, ambos siendo observados por Sarada que sonrió apoyando su cabeza contra el hombro de su padre. Su felicidad era demasiado grande…más pensando en el bebé en su vientre es que Sakura negó en silencio para sí, no, su felicidad estaba a punto de ser aún más grande de lo que ya era.


Rio de Janeiro, Brasil

Casi brincando de emoción, Ayame ingreso a toda prisa en la habitación de su madre, intentando subir a la cama mas no lográndolo sin la ayuda de su madre que sostuvo sus manos entre las suyas y envolviendo sus brazos a su alrededor para sentarla sobre su regazo para que contemplara a su pequeño hermanito que reposaba a su lado sobre la cama, dormitando serenamente y resultando sumamente curioso para Ayame que inclino su rostro sobre el suyo observando cada parte de su rostro y luego volviendo la mirada hacia su madre que le beso la frente y las mejillas haciéndola reír. Observando este cuadro desde el umbral de la puerta, Itachi ingreso en la habitación, mucho más tranquilo ahora que todo se había calmado y por fin podía estar a solas con Izumi y sus hijos sin que nadie los importunara, sentándose sobre la cama y sosteniendo un estuche que le tendió a Izumi quien lo recibió intrigada antes de abrirlo. Aun ambos recordaban como antes de su boda Izumi había hecho a un lado su vanidad al aceptar como regalo de compromiso una joya simple, pero ahora en el interior de ese estuche se encantaba una joya idéntica a la que ella había deseado tener en su día, se trataba una guirnalda de cuentas de oro de dos vueltas y de las que pendían decenas de cuentas en forma de monedas hasta la altura del escote por obra de finos hilos de oro, era una joya esplendorosamente opulenta y que en ese momento dejo a Izumi sin palabras, puede que en su día Itachi no hubiera podido darle el sol, la luna y las estrellas, pero hoy si y era un mejor porque así su felicidad era aún más grande porque tenían a sus hijos consigo para compartirlo todo.

-Para ti, Izumi, por hacerme el hombre más feliz del mundo— manifestó Itachi sin perder detalle alguno de su rostro, esperando en que el presente que había elegido para ella fuera de su agrado.

-Itachi, es hermoso— suspiro Izumi, por fin pudiendo recobrar el habla, conmovida en lo más profundo de su corazón.

Era un regalo simplemente esplendido, extravagante y llamativo, una joya preciosa para Izumi que adoraba el oro más que cualquier otra cosa en el mundo y que agradeció en el alma el presente de su esposo y lo que representaba, más en el fondo sentía que no necesitaba de tantos regalos, claro, ¿Qué mujer no podía sentirse alagada cuando el hombre que amaba la agasajaba de ese modo? Pero ella sentía que Ayame y Rai ya era un regalo demasiado abrumador como para requerir de algo más, en ese momento sintió un ápice de molestia en su interior, deseo poder insistirle a Itachi en que necesitaba que el firmara un documento por escrito—escrito de su puño y letra—en que dijera que jamás tendría una segunda esposa, ese sería el regalo que ella más deseaba, pero en ese momento prefirió ignorar este pensamiento y descartarlo, Rai ahora estaba en su vida y era su seguro, su vida representaba la promesa de que nadie podía ocupar su lugar porque ella era la madre de los hijos de Itachi, su primera—y esperaba—única esposa. Todo lo que Izumi hizo fue estrechar una de las manos de Itachi entre las suyas y sonreírle el respuesta, no, ya tenía todo lo que siempre había deseado, exigir más en ese punto era innecesario, ya lo demás lo decidiría Alah, no ella…


Con siete meses de embarazo, todo lo que Sakura sentía que le restaba por hacer era ser paciente y aguardar a que los dos meses que aún faltaban para que diera a luz transcurrieran rápidamente, ya estaba familiarizada con el dolor del parto desde que había nacido Sarada, por lo que ya no tenía miedo, o no lo había sentido hasta el momento en que—sentada sobre uno de los divanes de la sala del hogar de su tío a quien había visitado acompañada por Sarada, aunque lastimeramente no estaba en casa—sintió una dolorosa punzada recorrerle el vientre sin antelación alguna, haciéndola jadear del dolor y la sorpresa, en un principio pensó que podía tratarse de una falsa alarma—algo normal en una mujer embarazada después de todo—, pero en cuanto sintió que se humedecía la falda de su vestido se dio cuenta de que no era una falsa alarma; había roto fuente y eso solo significaba una cosa. En esta ocasión era toda una fortuna que Biwako estuviera junto a ella en la sala, porque así no se sentía tan perdida y sola al momento de levantarse del diván con su ayuda y dirigirse a la habitación en tanto Natsu cargaba en brazos a Sarada y se dirigía a la cocina para avisar al resto de las mujeres y mantener a esa pequeña niña alejada del trance del parto. Envolviendo uno de sus brazos alrededor de los hombros de Sakura para ayudarla a caminar, Biwako algo la voz tanto como le fue posible, puede que el señor Hiruzen no se encontrara en casa en ese momento pero si estaba presente Tokuma—su mano derecha—y a quien necesitaba para que le avisara cuanto antes de lo que estaba pasando.

-¡Tokuma!— grito Biwako, y tras lo que pareció una eternidad el aludido por fin apareció en la sala tan pronto como le fue posible. —Ve a llamar al señor Hiruzen, rápido— sin más indicación que esa, Tokuma abandono la sala de inmediato. —Vamos, apóyate en mí— indico, sosteniendo una de las manos de Sakura entre las suyas, sin soltarla en ningún momento.

Aferrándose a la mano de Biwako como si de su tabla de salvación se tratara, Sakura se apoyó ligeramente en el barandal para subir lentamente la escalera hacia la habitación, sintiendo todo lo que estaba viviendo como una reminiscencia de lo que ya había experimentado al momento del nacimiento de Sarada, con una única diferencia; esta vez no quería que hijo naciera, era demasiado pronto y la aterraba la idea de perderlo, la aterraba la idea de entrar en labor de parto en ese momento, no, no, su hijo no podía nacer en ese momento, no podía hacerlo.


No le importaba si Tokuma había seguido las indicaciones de Biwako o no, no le importaba si ene se momento Sasuke ya sabía por lo que estaba pasando ni sabía si ya había llegado y estaba en la sala aguardando por el nacimiento d su hijo, todo lo que Sakura podía hacer era rogar de todo corazón que Alah tuviera compasión por ella y no permitiera que el niño en su vientre naciera, sollozando en silencio mientras apretaba fuertemente las sabanas bajo sus manos, recostada sobre la cama y siendo asistida por Biwako, Koharu y el resto de las mujeres. Había anhelado tanto al niño en su vientre y ahora aprecia como si Alah pretendiera quitárselo cuando era más feliz, ¿Por qué? El dolor de la idea de perder a su bebé la aterraba, porque sinceramente ¿Qué posibilidades existían de que naciera sano siendo tan prematuro? No, si Alah pretendía quitarle a su hijo Sakura bien prefería morir también, no podría vivir soportando un dolor tan grande, no podría ni quería hacerlo. Sintiendo como el cabello se le pegaba a los hombros y el cuello producto de la tenue capa de sudor que cubría su piel, removiéndose incomoda sobre la cama, Sakura alargo una de sus manos hasta encontrarla con la de Biwako que examinaba el progreso del parto, todo transcurría perfectamente—como ya había sucedido durante el nacimiento de Sarada—, pero Sakura se negaba a pujar, estaba empecinada a no dejar que el niño en su vientre saliera y con razón, tenía miedo, pero nada podría cambiar lo que Alah había decidido, ese niño nacería ya fuera que ella lo quisiera o no, y cuanto peor fuera su negativa más largo seria el tormento.

-No quiero que salga de mi cuerpo, Biwako, es demasiado pronto— jadeo Sakura, levantando la cabeza de la almohada, negando desesperadamente, aterrada.

-No digas eso, Sakura— contrario Biwako sin otra opción, porque era evidente que el niño quería nacer, aunque fuera demasiado pronto, —tiene que nacer, ya quiere venir al mundo— obvio, alzando la mirada hacia Koharu que de inmediato abandono la habitación en busca de más agua caliente.

Claro que Biwako nunca había sido madre, por lo que no podía entender cuán grande era el dolor que Sakura estaba sintiendo pero si podía hacerse una idea y por ello es que no podía decirle que aguantara el dolor, si quería gritar debía hacerlo porque nada detendría esa situación, claro que Biwako también estaba preocupada por el hecho de que el bebé quisiera nacer tan prematuramente pero no había poder en el mundo que pudiera alterar una decisión que de antemano había sido tomada por Alah, que más desearía ella que brindarle un consuelo pero no podía, nadie podía detener lo que estaba pasando. Puede que fuera una locura en ese momento pero Sakura de todas formas intento no dejarse llevar por el dolor ni las contracciones como si había hecho durante el nacimiento de Sarada, esforzándose lo más posible por retener en el interior de su vientre a su hijo, el dolor que sentía era espantoso, sentía como si pudiera desgarrarla desde adentro pero se negaba a claudicar por ello, no era medico ni nada parecido pero solo tenía siete meses, no era sano que un bebé naciera tan pronto, la sola idea de permitirlo la aterraba, ¿y si le sucedía algo a su hijo? No, Alah, no quería imaginarlo, ella bien podría morir intentando dar a luz y le daría igual, pero su hijo…no podía ni quería permitir que le sucediera algo, y si podía darle tiempo iba a serlo aunque fuera de la forma más loca del mundo. Incapaz de morderse el labio inferior, Sakura se quejó de dolor ante las constantes contracciones que sentía, apretando con todas sus fuerzas una de las manos de Biwako entre las suyas, sollozando de miedo, no por el dolor, sino por la idea de perder al bebé que quería abandonar su vientre.

-Tengo mucho miedo, Biwako, no quiero que le pase nada, no quiero que salga— insistió Sakura, incapaz de cambiar de parecer sin importarle nada.

¿Por qué era tan difícil de entender? Una madre no podía vivir su hijo, no podía y Sakura no quería ser la primera en intentarlo, no quería perder a su hijo, ¿Por qué nadie podía entenderla en ese momento?, ¿Por qué nadie podía ayudarla? Apretó con todas sus fuerzas las sabanas bajo sus manos en un intento por aliviar el dolor que no cesaba de recorrerla por completo, desplomando su cabeza contra la almohada. No es justo, no es justo, Alah, declaro en su mente, sollozando por el dolor de las contracciones sumado a la opresión que atenazaba a su corazón, no quería perder a su bebé.


-No entiendo porque se demora tanto, ya es de noche y mi hijo aún no ha nacido— se quejó Sasuke en voz alta, incapaz de encontrar sosiego ante su angustia y frustración.

Lo mejor a hacer en momentos de tensión era ocultar los sentimientos para no quedar en evidencia como alguien débil o quebradizo, para no romper con lo que se esperaba que fuera y eso era precisamente lo que Sasuke estaba haciendo en ese momento, en el exterior cualquiera que lo viera pensaría que era un hombre normal que estaba ansioso e inquieto por el nacimiento de su hijo, pero no se trataba solo de eso, Sakura solo tenía siete meses, aún era demasiado pronto para que estuviera dando a luz, estaba preocupado y frustrado de tener que permanecer en esa sala y paseándose como león enjaulado y sin poder hacer nada cuando lo que deseaba era sostener su mano y hacerle sentir que todo estaba bien, pero no podía hacer nada de eso, solo estaba relegado a esperar y fingir que todo estaba bien, pero no lo estaba, no hasta que no viera a Sakura y supiera que ella estaba bien, no se calmaría hasta que la viera. Había sido medio día al momento en que Tenten había llegado corriendo a al hilandería para avisarle que Sakura había entrado en labores de parto y ahora ya era de noche, se había oscurecido por completo y su hijo o hija un no nacía y no sabía qué clase de tormento estaba atravesando Sakura, ¿Cómo mantenerse tranquilo? La única otra persona que se mantenía en silencio era el señor Hiruzen, tan inquieto como él y paseándose en círculos, Hiruzen ya tenía una familia y muchos hijos, sabía que un parto podía ser largo e incluso durar días en algunos casos, por lo que no quería angustiarse innecesariamente en caso de que no estuviera sucediendo nada grave, conocía a su sobrina y lo fuerte que era, eso le impedía sentir miedo.

-Sasuke, nadie llega al mundo en una hora distinta a la que Alah decidió— recordó Hiruzen, manteniendo la calma ante todo, porque de nada servía dejarse abrumar por la desesperación. —Siéntate ahí, calma— aconsejo señalando uno de los divanes, mas Sasuke negó en silencio, prefiriendo mantenerse de pie, dispuesto a subir a la habitación en tanto fuera oportuno.

-¿Ya pensaste en el nombre que le darás a tu hijo?— pregunto Homura en voz alta, receloso como siempre y esperando que esta vez su sobrino si tuviera un hijo varón.

-El nombre es muy importante— recordó Hiruzen en voz alta, intentando aligerar la situación, —el día del juicio vamos a ser llamados por nuestro nombre, es importante tener un buen nombre— reflexiono para mantener a Homura alejado de los pensamientos de Sasuke.

Su tío Homura había intentado hacer que tomara una segunda esposa pero Sasuke se había negado por todos los medios y nunca cambiaría de parecer, mas por ahora todo lo que preocupaba a Sasuke era lo que estaba sucediendo en esa habitación, le preocupaba el bienestar de Sakura a quien no había visto en casi todo el día, su hijo que estaba naciendo demasiado prematuro…tenía miedo, incluso alguien tan serio como él debía reconocer que estaba aterrado en ese momento y nada calmaría su miedo, solo se calmaría cuando viera a Sakura y supiera que estaba bien, hasta entonces el resto del mundo bien podía consumirse en el fuego y a él no le importaría.


Luego de tantas horas de esfuerzos que parecían infructuosos por ambas partes, dolor de las contracciones llego a ser tan espantoso que al final Sakura simplemente acabo por resignarse, puede que una parte de ella aun luchara de forma insistente—su mente—para que su hijo no naciera porque sabia y sentía que no era seguro, pero su cuerpo ya que había rendido al dolor para dejarse hacer, era terca y combativa pero ni aun alguien tan determinada como ella podía luchar contra la voluntad de Alah en ese momento, lo único que le restaba por hacer era rezar porque en el peor de los casos Alah tuviera compasión y se llevara su vida si iba a tomar la de su hijo. Levantándose brevemente de la cama, Biwako recibió el agua que Koharu había traído, esta vez con seguridad ya que el bebé estaba a punto de nacer, permitiéndole a Biwako vaciarla en uno de los cuencos y dejarla sobre la cama, levantando la sabana de las piernas de Sakura y examinando el progreso; solo bastaba un último intento y le niño o niña por fin iba a nacer. Había que admirar la persistencia de Sakura, estaba pujando porque no había otra opción más interiormente resultaba evidente que no quería que su hijo naciera, su angustia era tan grande que se negaba a perderlo, muchas madres en su lugar se resignarían pero ella no. Apretando fuertemente las sabanas bajo sus manos de forma incansable, Sakura levanto ligeramente la cabeza de la almohada para encontrar su mirada con la de Biwako que casi al mismo tiempo busco una de sus manos para entrelazarla con la suya, incapaz de dejarla sola y menos aún en un momento así.

-Puja, Sakura, ya casi termina, casi termina— alentó Biwako si soltar su mano, instándola a hacer un último intento.

Sintiendo a Koharu secarle el sudor de la frente y el cuello, Sakura por fin hizo algo que no había hecho hasta ese momento, apretar la mano de Biwako con todas sus fuerzas y pujar desesperadamente, gritando tan fuerte como se lo permitieron sus pulmones, cerrando los ojos, negándose a ver si su mayor miedo iba a cumplir o no, desplomándose contra las almohadas tan pronto como sintió que el bebé dejaba su cuerpo y sus sollozos llenaban la habitación, más de todas formas se negó a abrir los ojos por miedo y no entendió la razón para que su hijo hubiera nacido prematuramente…o más bien no entendió hasta que volvió a sentir el mismo dolor recorrer su interior, como si sintiera que aún faltaba que siguiera pujando, no fue hasta ese momento que entendió que su miedo había sido injustificado todo ese tiempo. En la sala, Sasuke oro en silencio para no perder a su esposa, ya le había pedido a Natsu que llevara a Sarada de regreso a casa para que durmiera horas atrás, mas nada le impidió escuchar el llanto proveniente de la habitación, subiendo apresuradamente la escalera en compañía del señor Hiruzen y tío Homura, ingresando en la habitación donde Biwako y Koharu estaban limpiando a dos bebés que sollozaban a todo pulmón en tanto Sakura permanecía recostada sobre la cama, evidentemente cansada y con los ojos ligeramente entreabiertos, incapaz de apartar su mirada de los dos bebés…por eso el parto se había adelantado tanto, no era un parto prematuro, eran dos bebés lo que de inmediato dejo sin aliento al señor Hiruzen así como a Homura, ambos incapaz de pronunciar palabra alguna.

-Son mellizos, Sasuke, dos niños— anuncio Biwako, exultante de felicidad al momento de alzar la mirada hacia el umbral de la puerta.

-Alah…es un verdadero milagro— declaro Hiruzen, convencido de que el nacimiento de ambos niños era una señal de Alah, —en la historia de esta familia jamás habían existido mellizos— añadió para aclarar el porqué de su sorpresa.

-Ni en la nuestra tampoco— afirmo Homura igualmente sorprendido, no teniendo nada que recriminar sino al contrario, mayor seria la alegría porque no era solo un niño sino dos.

Los niños eran una bendición, era quienes transmitían el apellido a la siguiente generación, y que no fuera uno solo sino dos era motivo para aun mayor alegría de la que ya habían vivido hasta entonces. Por fin pudiendo respirar tranquila, Sakura cerró los ojos, no por cansancio sino que para serenar su mente, deseando llorar interiormente al ver extinguido su miedo, llevándose una mano al centro del pecho más siendo detenida por Sakura que aprovecho ese momento para entrelazar su mano con la suya, sentándose sobre la cama y acariciando rostro, sintiendo como si la vida volviera a él al verla a salvo. Cansada, sí, pero no demasiado, Sakura se aferró al tacto de Sasuke contra el suyo, sonriéndole ligeramente y recibiendo a cambio un beso sobre la frente. Cada vez que sentía que Alah iba a castigarla por sus errores, cada vez que sentía que iba a perderlo todo lo que Alah hacia era darle aun mayor seguridad, era recompensar aún más su sufrimiento, ya no tenía casi sentir más miedo ni más angustia, por fin podía respirar tranquila, desde hoy estaba completamente segura de ello.


Alah creo el tiempo que construye y destruye todas las cosas, la sucesión de días y noches donde Alah escribe con su caligrafía la historia de los seres humanos…con gran satisfacción, Sasuke y Sakura vieron pasar los años demasiado rápido, aún más de lo que ellos podrían haber deseado, al nacimiento de Sarada, Daisuke y Sanosuke pronto se unió una nueva pequeña dos años después a la que llamaron Mikoto en honor a la madre de Sasuke, dos años más tarde otra niña a la que llamaron Shina y finalmente un tercer niño al que llamaron Kagami, colmando su hogar de aun mas felicidad de la que hubieran podido anhelar en sus vidas y que no hacía sino crecer y crecer con el paso del tiempo. Puede que tío Homura no se hubiera rendido en su empeño de hacer que Sasuke de alguna forma tomara una segunda esposa, pero en el fondo ya no tenía sentido continuar insistiendo porque con tantos niños llenando de alegría su hogar resultaba innegable para todos que Sasuke no necesitaba de nadie más que no fuera Sakura, ni tampoco quería a nadie más. Con el mismo amor que su madre le había mostrado a ella, Sakura mimo incansablemente a sus hijos, enseñándoles las costumbres que ella en su día había ignorado, esmerándose en su educación con toda su alma y en hacer de ellos no personas importantes sino futuros hombres y mujeres llenos de bondad que no conociera el egoísmo ni las malas intenciones, apoyándose principalmente en Sarada que siempre estaba ahí para ella como un reflejo, tan parecida a ella pero a la vez tan diferente. El tiempo que nos hace nacer de Alah y nos lleva de regreso con él…

Del mismo modo que Sasuke y Sakura eran felices con su vida en Marruecos, en Rio de Janeiro, Itachi e Izumi vieron prosperar y crecer a su familia con el paso de los años, expandiendo aún más las sucursales de su negocio a lo largo de todo Rio de Janeiro y haciendo crecer las gracias en su vida y la alegría dentro de su hogar que se llenó de risas y alegrías con sus pequeños hijos Ayame y Rai a quienes con el paso de los años se les unieron un pequeño llamado Yuudai y por ultimo una pequeña llamada Hana, tras tantos años Itachi e Izumi por fin sentían que su felicidad era total y absoluta al ver crecer a sus hijos y al amarse más y más cada día, agradeciendo infinitamente a Alah por gozar de tanta paz y armonía, incluso doña Emi debía reconocer que estaba feliz de poder mimar a sus hermosas sobrinas y a sus atentos sobrinos, estaba feliz de ver a su hermano feliz junto a Izumi y disfrutaba de tanta paz…pero no dejaba de sentirse como una esclava o nodriza para su hermano Itachi que con el tiempo fue descartando a sus pretendientes por ser occidentales, Emi sabía que su hermano solo buscaba su felicidad pero ella estaba decidida a encontrarla por su cuenta sin importar que él estuviera de acuerdo o no. Es con el tiempo que la vida se renueva y las almas cumplen con el destino que deberán cumplir, todo el mundo sabe alguna cosa del tiempo, pero nadie sabe con certeza lo que significa ni lo sabrá nunca porque el tiempo es un misterio…solo Alah conoce la clave de todos los misterios, él dibuja el camino de nuestra vida con su pincel y cuelga al cuello de cada quien su destino.


Quince años después

Era de lo más común que el señor Hiruzen celebrara reuniones o pequeñas festividades dentro de su hogar, le gustaba disfrutar de la vida y agradecer a Alah por todas las gracias que le habían sido otorgadas, le gustaba estar en armonía con sus conocidos y vecinos a quienes no dudaba en invitar a cada nueva reunión y aún más importante, le gustaba ver a su familia feliz y reunida, por lo que en nada extraño que en ese preciso momento tuviera lugar una fiesta al interior de su hogar, pero si bien estaban presentes los mismos músicos de El Cairo que siempre contrataba, esta celebración era ligeramente particular, había odaliscas y bailarinas pero el centro de atención no eran ellas sino una joven de diecisiete años. Era hermosa como un sueño, de piel blanca como el marfil, ojos oscuros como dos ónix y largo cabello azabache que formaba ligeras ondas bajo el elaborado velo de seda dorada bordado en hilo de oro que se arremolinaba sobre sus hombros, era encantador como un sueño con su cálida sonrisa mientras danzaba para los invitados a quienes conocía desde que era niña, ataviada en un bello vestido de chiffon y gasa dorada de recatado escote redondo, mangas holgadas hasta los codos y largo hasta los tobillos que se ceñía a su figura por un fajín dorado adornado por cuentas en forma de monedas y que remarcaba su figura. Sin dejar de sonreír y disfrutando ser el centro de atención, Sarada se acercó a uno de los divanes para abrazar a su tío Hiruzen que la beso en la mejilla, puede que una joven de su edad no debiera desear ser el centro de atención, pero estando rodeada de conocidos sabía que podía olvidarse de las formas y hacer lo que deseara, tenía esa libertad.

Desde que Sarada tenía memoria, su tío siempre la dejaba ser el centro de atención en las fiestas al permitirle danzar para los invitados desde que era una niña pequeña, por lo que Sarada ya estaba sobradamente acostumbrada a disfrutar de la atención y era usual a su edad, ya tenía la edad adecuada para casarse y sin embargo su padre aun no lo permitía….no hasta que fuera mayor de edad, y ella estaba resignada a aceptar y dejar esperando a todos los pretendientes que tenía en la puerta, que no eran pocos. Pensando precisamente en su padre, Sarada volteo a verlo por encima del hombro con fingida arrogancia, acercándose al diván para sacar a bailar a sus hermanas Mikoto y Shina que no dudaron ni siquiera un instante en seguirla, aprovechando para abrazar a su padre que la beso en la frente y sonriéndole a su madre que por fin accedió a levantarse del diván y unírsele, no había nadie que danzara más hermoso que su madre y no solo lo creía ella sino que todo el mundo. Sentado sobre el diván, Hiruzen suspiro profundamente, sintiéndose más pleno de lo que se hubiera sentido en su vida, dirigiéndole una mirada a Sasuke quien no apartaba la mirada de su esposa y sus hijas. Tras lo que había parecido una eternidad, las vidas de todos estaban totalmente en paz, todos eran felices y reinaba la armonía, ya no había disputas ni peleas innecesarias y eso bien merecía celebrarse, por ello es que le gustaba hacer este tipo de fiestas y eso Biwako lo sabía bien mientras se encontraba sentada a su lado y contemplándolo todo, era dichoso por vivir para presenciar estos días tan felices.

-Sasuke y Sakura fueron muy bendecidos— declaro Biwako como si leyera los pensamientos de su amigo y señor, —Sarada es hermosa y dulce como un ángel del paraíso— obvio igual de asombrada por la bella jovencita en que se había convertido la bebé que ella había ayudado a traer al mundo.

-Que su casa siempre esté llena de alegría, Alah mediante— oro Hiruzen en voz alta, completamente de acuerdo con Biwako, deseando la mayor de las alegrías para esa joven.

-Sasuke no hace más que evadir la decena de pretendientes que Sarada ya tiene en la puerta, no quiere que cualquiera se case con ella— aludió ella ligeramente divertida, Sarada ya quería casarse pero Sasuke no daría su beneplácito hasta que cumpliera 18 años.

-Es una muchacha muy bien educada, es natural que quiera el mejor futuro para ella— defendió el Sarutobi, él también era padre de niñas y no era cosa fácil pactar un buen matrimonio. —El libro sagrado dice que quien sea padre de tres niñas debe ser precavido, mesurado y paciente— recordó citando el Corán y sintiendo compasión por la carga de Sasuke.

Era verdad, Sasuke tenía una cargada muy pesada sobre sus hombros al ser padre de tres niñas, unas de ellas—Sarada—ya tenía la edad de casarse y encontrar a un buen esposo no era tarea fácil, por lo que el Uchiha estaba aguardando a conciencia que su hija mayor cumpliera dieciocho años para que fuera capaz de decidiría por su cuenta que es lo que quería para su futuro, era su primogénita y lo que Sasuke mas deseaba era que fuera feliz. Lo más asombroso de observar de la familia Uchiha con el paso de los años eran sus seis hijos de extraordinaria belleza, tres niñas y tres varones; Sarada, Daisuke y Sanosuke que eran mellizos, Mikoto, Shina y Kagami, para todo Fez—o para todo Marruecos en realidad—, Sasuke y Sakura Uchiha formaban la pareja perfecta, no había nadie que no envidiara su felicidad y la armonía que tenían en su vida. Daisuke y Sanosuke de quince años intercambiaron una breve conversación entre si antes de regresar la mirada a sus hermanas, ambos prácticamente idénticos a su padre y el uno al otro, casi como si fueran gemelos pero con personalidades muy dispares, Daisuke era un romántico y Sanosuke un erudito, por otro lado su pequeño hermano Kagami de nueve años seguía la corriente en todo a sus dos hermanos mayores como el menor de la familia. Mikoto con trece años era casi idéntica a su madre con su brillante cabello rosado pero era tan determinada como su padre en contraste con su hermana Shina de once años que era más dulce y sensible, con largo cabello rubio castaño como el de su fallecida abuela Mebuki a quien se parecía tanto.

Si bien a Sarada le gustaba ser el centro de atención, sabía bien la diferencia que se establecía entre danzar para uno mismo o como se danzaría para quien habría de ser su esposo, y como se danzaría en una fiesta, por lo que la Uchiha tuvo sumo cuidado con cada uno de sus movimientos, trazando cadenciosas líneas en el aire por encima de sus ojos, jugando a propósito con el velo dorado que cubría su cabello, sonriéndole a su madre e imitando cada uno de sus movimientos al danzar como tanto adoraba hacer, admiraba profundamente a su madre y lo fuerte que era, había crecido forjada a su imagen y semejanza, siempre obedeciéndola, siempre escuchándola y era en momentos como ese—en que resultaba evidente lo idénticas que eran salvo por rasgos obvios—en que más disfrutaba de parecérsele tanto. Puede que Sarada fuera el centro de atención y Sasuke están feliz por ello, mas su mirada de todas formas no hizo sino concentrarse en Sakura que sonrió en respuesta a su mirada, incomparablemente hermosa, portando una sencilla blusa de gasa rosa pálido que se anudaba tras el cuello y dejaba expuestos sus hombros cubiertos a medias por un ligero chal de chiffon rosa brillante bordado en hilo de oro a juego con la larga falda que llegaba hasta el suelo, con su largo cabello rosado peinado en una coleta alta que dejaba un par de rizos libres para enmarcar su rostro…puede que llevaran casi veinte años juntos, pero en momentos así sentía como si fuera solo el primer día. Sintiendo que la música llegaba a su fin, Sarada dejo de danzar, sonriéndole a su tío Hiruzen que en ese momento se levantó del diván para abrazarla amorosamente.

-Nadie baila más bonito que nuestra Sarada— declaro Hiruzen en voz alta, manifestando su evidente satisfacción a todos los invitados que aplaudieron en respuesta.

-Solo su madre— añadió Sasuke por lo bajo y solo para que Sakura lo escuchara.

Los musulmanes sostenían la creencia de que el embarazo y los hijos embellecían a una mujer y no era mentira que con cada nuevo nacimiento de sus hijos Sakura no hacía más que embellecer a sus ojos, ya no parecía la niña ingenua que se había casado con él hace diecinueve años, dueña de una figura esbelta y cadenciosa, con caderas marcadas y pechos ligeramente más grandes, ni siquiera tenía cuarenta años y ya tenía seis hijos y una belleza envidiable así como una armonía absoluta junto a su esposo con quien era inmensamente feliz, ¿Qué más se podía pedir? Él en lo personal no dejaba de enamorarse más y más de ella con cada día que pasaba. Acostumbrada a los halagos y palabras dulces de su parte, Sakura sonrió ligeramente, evitando bajar la mirada porque entonces dejaría en evidencia que se estaba sonrojando, así que en lugar de ello sostuvo la mirada a Sasuke que envolvió uno de sus brazos alrededor de sus hombros y la beso en la frente…creía en el destino y en lo escrito por Alah y creía con todo su corazón en que había nacido para amar a Sasuke y él había nacido para amarla a ella, no podía ser de otro modo. Decidida a no desaprovechar que su padre estaba feliz y de buen humor en ese momento, Sarada se abrazó a su pecho volviéndose el centro de su atención como siempre ante la divertida mirada de su madre que arqueo una ceja al suponer que es lo que Sarada pediría al observar a su padre con ojitos de cachorro como acostumbraba a hacer cada vez que quería algo y eso Sasuke bien lo sabía, era su hija, más de todas formas en ese momento se sentía incapaz de negarle algo de lo que pidiera.

-Papá, ¿Quién más me ha pedido?— curioseo Sarada en un intento por volver a tocar el tema del matrimonio, aunque sabía que su padre no dejaría que se casara…aun.

-Por Alah, esta niña tiene mucha prisa— jadeo Biwako, divertida por su entusiasmo.

-Es muy pronto para casarse, Sarada— regaño Hiruzen, era una buena joven musulmana muy bien educada, pero seguía siendo demasiado joven.

-Aun eres muy joven, Sarada, todo a su tiempo— sosegó Sasuke, jugando con sus sedosos cabellos azabache, —dieciocho años, no antes— puntualizo observando muy seriamente en los ojos de su hija.

-Lo sé— asintió ella, sin darse por vencida aun. —Tengo que terminar de estudiar primero— añadió en voz alta, porque quería terminar la secundaria y luego entrar a la universidad.

-¿Para que una profesión?— cuestiono Homura al escuchar la conversación que tenía lugar, —cuando el estudio se une a una mujer; el hogar peligra, la mujer es quien hace y deshace en la casa— estableció, completamente en desacuerdo con esa idea del feminismo que cobraba tanta importancia en el ultimo tiempo.

-Homura, si ella no descuida a su marido y a sus hijos, nada impide que tenga una profesión— contrario Hiruzen, era padre y tío de mujeres, sería injusto de su parte no darles el derecho que merecían de poder estudiar y ser igual de capaces que un hombre.

No era necesario decir que de inmediato Hiruzen y Homura comenzaron otra de sus tantas discusiones ideológicas sobre el choque de culturas y los nuevos tiempos que imperaban, no podían retrasar la modernización de su mundo sino aceptar los cambios y tomar detalles de occidente para incorporarlos a su cultura para sobrevivir y no perder sus tradiciones. Inevitablemente, Sakura entorno los ojos ante las palabras de tío Homura, volteando a ver a Sasuke quien solo negó en silencio más completamente de acuerdo con ella, tras el nacimiento de Daisuke y Sanosuke, Sasuke le había permitido retomar sus estudios y graduarse como pediatra en una de las mejores universidades de Marruecos, no solo porque ella se lo había pedido sino porque él no podía negarle nada, y a la larga ambos habían educado a sus hijas según esta creencia, quería que Sarada, Mikoto y Shina estudiaran, que no fueran simples mujeres sumisas que entrarían a un matrimonio y serian buenas esposas o madres, no, merecían ser mujeres independientes y lo serian, confiaba en ello aunque existieran personas que pensaban muy diferente. Cuando quedo en evidencia que su conversación con Homura no llegaría a ninguna parte, Hiruzen se retiró a la cocina junto a Biwako para encontrar un escenario que los hizo reír a ambos; en la cocina tenía lugar una fiesta privada para Koharu, Natsu y el resto de las mujeres que danzaban para sí mismas, fiesta a la que Biwako y Hiruzen no dudaron en unirse para dejar atrás el mal sabor de boca de la conversación con el señor Homura, eso y seguir disfrutando de la alegría que embargaba todo y a todos.

-Esta es la cocina más alegre de Marruecos— rió Hiruzen, dichoso al ver que la felicidad que reinaba en su hogar no era solo suya, la sentían todos. —Qué noche tan bonita, Biwako, me gusta ver a mi familia reunida y feliz— suspiro, feliz, pleno, sintiendo una paz absolutamente inquebrantable.

-Sasuke fue un obsequio de Alah para traer felicidad a la vida de Sakura— reflexiono Biwako, casi sintiendo como un breve sueño todas las dificultades que Sakura había vivido en el pasado, sin importar que ella las hubiera presenciado.

-¿Ves cómo la sabiduría del Corán fue comprobada?— indago el Sarutobi, por fin viendo sentido en todo cuanto había sucedido en el pasado. —No sirvió de nada la desesperación y el temor que sentimos por el futuro de Sakura, todo sucedió como estaba escrito, nadie logra escribir encima de lo escrito por Alah— habían sentido mucho miedo, pero hoy todo dejaba en claro que Alah le había dado una nueva oportunidad a Sakura para ser feliz.

Sonriéndose el uno al otro, completamente maravillados por la felicidad y la paz de la que podían disfrutar, Hiruzen y Biwako se dedicaron a disfrutar de la fiesta que tenía lugar en la cocina, ojala y fuera tan fácil olvidarse de las preocupaciones y disgustos de esa manera, pero ya volverían, siempre los había, especialmente cuando Hiruzen pensaba en sus conflictivas esposas…Alah, que destino. En medio de la algarabía de la celebración que parecía no tener fin, Mikoto se acercó a su madre para pedir su ayuda cuando el broche de su collar se enredó contra su cabello, siendo prontamente auxiliada por su madre que cuidadosamente le aparto el cabello hasta acomodar el collar alrededor de su cuello…¿Por qué una mujer no podía estudiar? Mikoto no cesaba de hacerse esa pregunta, observando atentamente a su madre, nunca la había visto estudiar ni trabajar porque estaba en casa cuidando de ellos, pero Sarada si la había visto y había estado presente en su ceremonia de graduación, claro que Mikoto quería casarse al igual que sus hermanas Sarada y Shina, pero también quería poder estudiar y trabajar, quería tener un diploma que dijera en palabras claras que era capaz de sobrevivir por sí sola, que no necesitaba depender de ningún hombre para que hablara por ella tal y como su padre siempre les había inculcado que hicieran, quería casarse pero solo para vivir la misma felicidad que veía en su padre y su madre, ella, sus hermanos y hermanas eran el fruto de un matrimonio de amor y querían tener la oportunidad de vivir el amor, solo eso. Intuyendo cuales eran los pensamientos de su hija, Sakura sostuvo las manos de su pequeña Mikoto entre las suyas, jugando con sus largos cabellos rosados.

-Mamá, ¿Por qué tío Homura dice que cuando una mujer se une al estudio pone en peligro a su familia?— pregunto Mikoto finalmente, su padre y su madre le habían enseñado que no era malo que una mujer estudiara y ella quería hacerlo.

-Ignoren a tío Homura, no sabe lo que dice— desestimo Sakura, dirigiendo una sutil mirada venenosa al tío de su esposo que la despreciaba tanto como ella a él.

-Una mujer puede estudiar y tener su profesión— respaldo Sarada, sentándose sobre el diván junto a Shina a quien sentó en su regazo, —mamá lo hizo, y yo también lo haré— añadió con inquebrantable seguridad, sonriéndole a su madre.

Admirando la joven en que Sarada se había convertido, Sakura asintió, sonriéndoles a Mikoto y Shina que asintieron ante las palabras de su hermana mayor, decididas a estudiar y ser como su madre. Era bueno que una mujer tuviera su profesión y pudiera ser independiente, su madre la había criado así y Sakura había trasmitido el mismo ideal a sus hijas, en su día había pensado que no podría terminar de estudiar por estar casada pero solo había necesitado mencionárselo a Sasuke para que él se encargara de ayudarla a entrar en la universidad, porque compartían un mismo ideal. Sus hijos tenían sueños diferentes a sus sueños y a los sueños de Sasuke, todos eran diferentes, pero Sasuke y ella los dejarían soñar, los dejarían ser felices, vivían por eso.


Rio de Janeiro, Brasil

Puede que casi hubieran pasado veinte años desde que había orquestado el matrimonio entre sus hermanos Itachi y Sasuke con Izumi y Sakura, pero Emi continuaba viviendo en disputas con sus hermanos y cuñadas aunque ni en sueños dejaría Brasil para regresar a Marruecos, a pesar de los años que habían transcurrido Emi se encontraba permanentemente enojada con el destino que le había tocado vivir, estaba a mediados de los cuarenta años, la posibilidad de formar una familia ya era algo imposible para ella pese al gran número de pretendientes que había tenido y seguía teniendo, pero la razón de que su felicidad se hubiera eclipsado era que su hermano Itachi los espantaba a todos siguiendo los principios de que una mujer musulmana no podía casarse con un idolatra infiel, pero a ella le daba igual eso, solo quería amar y ser feliz pero nadie la entendía, ¿era algo tan difícil de entender? Tras cerrar la puerta del taxi y dar las gracias al conductor que se alejó al dejarla a solo una cuadra de su casa, Emi no pudo evitar bufar para si al acomodar la numerosa cantidad de bolsas que traía en las manos, llenas de ropa y cosas que había comprado para ella, mas ojala y tuviera algo de ayuda en ese momento, no quería cansarse. Como un enviado de Alah, un hombre pareció ver el predicamento en que se encontraba, aproximándose a ella y ayudándola con las bolsas sin darle tiempo a protestar siquiera y quitándole el aliento, era guapo como un sueño, con corto cabello castaño y una intensa mirada oscura que la hizo ruborizarse como una colegiada, además de que no estaba usando camisa…Alah, que hombre, pensó Emi, estática en su lugar, inmóvil y boquiabierta observándolo.

-Por Alah…— jadeo la Uchiha sin poder evitarlo, imposibilitada de apartar sus ojos de ese hombre tan guapo y no dejaba de verla.

-Yo la ayudo, descuide— contesto él, entrelazando difusamente sus manos con las de ella para terminar de cargar el resto de las bolsas.

-Shukran— contesto Emi sin dejar de sonreír al verlo, ese hombre parecía un sueño hecho realidad, era como un príncipe.

-La acompaño— dispuso, aguardando a que ella le indicase la dirección para seguirla, una mujer hermosa como ella no debería hacer semejantes esfuerzos por si sola.

-Es un caballero— alabo ella, suponiendo o casi afirmando que estaba sonrojada producto de la emoción mientras comenzaba a caminar junto a él, —mi nombre es Emi, ¿y el suyo?— curioseo ya que un hombre tan galante debía tener un nombre igual de atractivo.

-Arsen— contesto él, igual de intrigado por la belleza de ella, sumado a que nunca antes la había visto.

-Adentro entonces— sugirió la Uchiha, señalando con la mirada la que era su casa o mejor dicho la casa de su hermano.

Claro que Arsen no era ningún tonto, ciertamente se había mudado a Rio de Janeiro recientemente pero no desconocía Brasil porque allí había nacido solo que en los últimos años estaba más ocupados recorriendo el mundo que viviendo en su propia ciudad, trabajaba como entrenador profesional y era el encargado de preparar a luchadores de diferentes partes del mundo pero no había sido hasta ahora y por primera vez en años que podía regresar a Brasil indefinidamente y observando intensamente a la bella mujer que requería de ayuda, Arsen decidió que puede que su estadía fuera aún más satisfactoria de lo que había imaginado, no era ningún niño, tenía más de cuarenta años y una vida libre de compromisos, ¿Por qué no darle una oportunidad al amor y establecerse mientras aun podía? Y esta bella mujer parecía toda a una flor del desierto. Siguiendo a Emi como un perrito, Arsen sonrió en respuesta cuando ella se detuvo en la entrada de la casa, volviendo el rostro por encimad e su hombro con una sonrisa que le resulto encantadora y la propuesta de entrar lo era todavía más…pero Emi apenas acabo de posar su mano sobre la perilla cuando la puerta se abrió revelando a su hermano Itachi que la sujeto del brazo obligándola a entrar y cortando la magia del momento al quitarle a Arsen las bolsas de la manos y agradecerle brevemente por la ayuda antes de cerrar la puerta y voltear a encarar a su hermana que se fingía inocente, ¿Qué creía Emi que hacia junto a un hombre semi desnudo? Si solo fuera un occidental no sería tanto, pero un hombre sin camisa…¿en qué pensaba su hermana? Aparentemente inocente, Emi observo furiosa a su hermano por su exabrupto, ignorando adrede la presencia de sus sobrinos Yuudai y Hana que estudiaban sentados sobre uno de los divanes.

-¿Qué es eso, Emi?— cuestiono Itachi, dejando las bolsas junto a uno de los divanes y observando a su hermana muy seriamente, de brazos cruzados. —Mi hermana exhibiéndose con un hombre desnudo— si su hermano Sasuke estuviera ahí, sería bastante menos indulgente, de eso estaba seguro.

-¿Crees que soy un camello para cargar todo esto?— cuestiono Emi a modo de defensa, señalando con la mirada todas las bolsas con las que Arsen la había ayudado. —Le cierras la puerta en la cara a ese hombre que tuvo esa gentileza conmigo— Arsen había sido un caballero como no había conocido a uno en mucho tiempo, y su hermano había arruinado todo.

-Tú cubres de vergüenza nuestra familia, derrumbas nuestra casa— acuso él sin creer en la palabra de su hermana porque sus acciones contradecían lo que se empeñaba en hacerle creer.

-¿Qué hago aquí?, ¿Qué hago en la casa de este ingrato?— se preguntó ella en voz alta, perdiendo la cuenta de cuantos disgustos iguales a este había tenido a lo largo de los años. —Es por tu causa que no tengo hogar, es por tu causa que no tengo familia, ¡es por tu causa que no tengo marido! Porque tú espantas a todos los pretendientes que consigo— acuso, deseando intensamente regresar a Marruecos con Sasuke quien no la trataría así…pero no, tenía un nuevo pretendiente y no iba a dejarlo escapar. —Mis sobrinos, los quiero mucho, solo a ustedes— recordó al volver la mirada hacia Yuudai y Hana que la observaban sentados sobre el diván.

-Y nosotros te queremos a ti, tía— contesto Hana, sonriéndole a su dulce tía que en esta ocasión no estaba de buen humor.

Acostumbrados de sobra a discusiones como esta, Hana y Yuudai simplemente se observaron entre si antes de regresar a sus estudios, afortunadamente su madre estaba en la escuela acompañando a Ayame y Rai en la reunión de padres y maestros porque de lo contrario probablemente tía Emi había aprovechado la ocasión para adjudicarle culpas. Bufando para sí, Emi tomo sus bolsas y se dirigió cuanto antes a su habitación, ignorando adrede a su hermano como si no estuviera ahí, pero no se daría por vencida, ya mucho había tenido que postergar su felicidad pero ya no más, no volvería a dejar escapar a ese hombre, Arsen se había fijado en ella y ella lo quería a él, había perdido a todos sus anteriores pretendientes por culpa de su hermano pero con Alah como testigo que no dejaría ir a Arsen, no lo haría.


-Luego la arropamos así, no hay que dejar que saque los brazos porque puede enfermar— indico Sarada pausadamente, envolviendo protectoramente la muñeca con una pequeña mantita, —y luego la acostamos— añadió, intercalando la mirada entre sus dos hermanas para comprobar que estuvieran entendiéndola.

Cualquier persona que hubiera estado presente en el hogar de los Uchiha habría pensado que reinaba el caos en la sala pero lo cierto es que el caos era ciertamente justificado, Sarada envolvió con cuidado una de las muñecas como habría de hacer con un bebé al momento de enseñarles minuciosamente a sus hermanas como cuidar de ella tal y como su madre le había enseñado en su día antes de dejarla sobre la pequeña camita que representaba una cuna, siendo observada en todo momento por Mikoto y Shina que se sonreían entre si al observar a su hermana mayor que estaba a cargo de la casa en tanto Tenten y Kin habían salido a hacer las compras. Por otro lado Daisuke y Sanosuke estaban rodeado de libros, la mitad que ya habían leído de los cuales estaban tomando notas que ellos consideraban importantes y la otra mitad que aún les quedaba por leer, con su hermanito Kagami apilando a modo de juego los libros que sus dos hermanos ya habían leído, entreteniéndose con solo verlos tan concentrados. Resultaba un cuadro de lo más enternecedor de contemplar y que hizo sonreír a Sasuke nada más entrar, cerrando la puerta tras de sí, dejando su portafolio contra uno de los divanes y observando a sus hijos, no había un solo día en que no agradeciera tenerlos en su vida, pero de entre todos sus hijos su preferida era Sarada, ella era su joya, no cambiaría a su Sarada ni por diez hijos varones, ella era simplemente única, más en ese momento brillaba por su ausencia quien precisamente era irremplazable para él. Besando en la mejilla a Mikoto y Shina que siguieron sus indicaciones, Sarada levanto la mirada hacia su padre a la par que el resto de sus hermanos.

-Hola, papá— saludo Sarada con una inmediata sonrisa.

-Hola— correspondió Sasuke, inclinándose para besarle la frente, —¿Y su madre?—indago ante su ausencia.

-Está en la cocina— contesto Daisuke, levantando la mirada de su lectura y señalando con la cabeza el umbral de la cocina.

Vigilando a sus hermanos en todo momento, Sarada siguió con la mirada a su padre hasta perderlo de vista en el umbral de la cocina, sonriendo cándidamente para sí…ojala y ella alguna vez pudiera encontrar a un hombre que la amara tanto como su padre amaba a su madre, eso era todo lo que podía desear. Ocultando bien el estuche que traída tras su espalda, Sasuke observo atentamente a Sakura quien cerro el horno, examinando bien que la temperatura antes de voltear y encontrar su mirada con la de Sasuke, sonriendo nada más verlo, apoyando sus manos sobre la mesa mientras él se acercaba lentamente hasta estar delante de ella, acariciando cuidadosamente su rostro. Vestía una holgada blusa azul oscuro de cuello redondo cuyas mangas holgadas casi llegaban a las muñecas y que cubría holgadamente su figura, escasamente ceñida a la altura de la cintura y bajo la cual se encontraba una camiseta negra de tirantes que apenas y era visible bajo la blusa, pantalones negros y cómodos zapatos de igual color, con su largo cabello rosado recogido en una coleta alta y ligeramente desordenada, con un par de largos pendientes de oro en forma de flor de jazmín. Era imposible para Sasuke no prendarse de ella por solo observarla, ese rostro tan angelical, esos rasgos tan cincelados, esos labios rojos, esos ojos relucientes y desafiantes como dos esmeraldas cuyo fuego jamás se extinguía, esa piel tan cándida, dulce y satinada…la amaba tanto que no importa que llevaran casi veinte años juntos, para él cada día era como un nuevo despertar, cada día agradecía más y más por tenerla en su vida.

-Itachi e Izumi ya están en su casa nueva— informo Sasuke ya que recientemente ambos estaban al tanto de que Itachi e Izumi estaban mudándose a una casa más grande.

-Que gran noticia— sonrió Sakura, suponiendo que Izumi pronto la llamaría para contarle todo, y ella aprovecharía para tener su nuevo número de teléfono.

-Traje esto para ti— menciono el Uchiha, tendiéndole el regalo que hasta entonces había estado ocultando.

Finalmente revelo el estuche que había mantenido oculto tras su espalda al entrar, déjalo en las manos de Sakura quien arqueo una ceja, fingiéndose impresionada y reprendiéndolo en silencio, si, Sakura siempre decía que no necesitaba de tanto oro y tantas joyas, que no necesitaba de presentes, pero mientras viviera Sasuke se había prometido de cubrirla de seda, oro y joyas preciosas, y lo cumpliría. Claro que otros podían hablar porque no tomara una segunda esposa pero él jamás necesaria a nadie más que a ella, no pensaba así solo porque tío Hiruzen dijera que cuadro mujeres solo daban trabajo a un hombre y que lo ideal era solo casarse una vez, sino porque Sakura era la primera mujer en su vida y sería la última, nadie era más hermosa que ella, nadie lo conocía mejor que ella, ni nadie lo hacía tan feliz como ella. Apartando su mirada de la de Sasuke, Sakura por fin abrió el estuche, conteniendo el gesto de llevarse una mano al centro del pecho producto de la impresión; en el interior del estuche reposaba una incomparable guirnalda de oro compuesta por doce cunas de oro en forma de corazón que se intercalaban mirando de arriba hacia abajo con un diamante rosa pálido en el centro, con una cuna en forma de lagrima en el centro con un diamante de igual color, con cinco finas cadenas pendiendo de las cunas de oro en el centro y los lados del cuello, y una tenue cascada de cuentas en forma de lagrima en los costados, era algo absolutamente arrebatador, abrumadora, tanto que Sakura solo pudo negar en silencio, sonriendo para sí, no podría ser más feliz ni más afortunada porque Sasuke la amaba con todo su corazón y ella lo amaba a él.

-Sasuke…— suspiro Sakura, observándolo sin poder decir nada, incapaz de tan siquiera darle las gracias, abrumada por cada nueva muestra de su amor por ella.

-Me gusta verte así, hermosa, alegre— justifico Sasuke, ella siempre insistía no necesitar de ningún regalo, pero a él le encantaba verla hermosa y feliz. —Entraste a mi corazón la primera vez que te vi, y de inmediato pensé; quiero hacer feliz a esta mujer— recordó como cada día, haciéndola sonreír aún más, —¿Lo conseguí?— pregunto en caso de que ella necesitara de algo más para ser aún más feliz, porque de ser así lo conseguiría para ella.

-No podría ser feliz junto a nadie más, Sasuke— contesto ella sin siquiera dudarlo, dejando el estuche sobre la mesa y envolviendo sus brazos alrededor del cuello de su esposo, —te amo— recordó sin apartar sus ojos de los suyos en ningún momento.

-Te amo— correspondió él, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y pegando su frente a la suya.

Observando intensamente esos profundos orbes ónix que la hacían decir que si a todo, Sakura aprovecho la cercanía entre ambos para unir sus labios con los de Sasuke en un continuo y silente recordatorio de lo mucho que lo amaba, gracias a él su corazón estaba tranquilo, su miedo de ser infeliz se había extinto hacía ya muchos años, caro que había sufrido un pequeño susto en el nacimiento de Daisuke y Sanosuke pero eso era cosa del pasado, hoy todo lo que importaba es que estaban juntos, se amaban y que tenían a sus hijos consigo para recordar y disfrutar de su alegría. Como si su vida dependiera de ello, Sasuke disfruto del beso lo más posible, acariciando el costado del rostro de ella con una de sus manos al momento de romper el contacto entre sus labios, disfrutando del brillo de sus ojos, de la dulce electricidad que evocaban los labios de ella al estar tan lejos y tan cerca, siempre ansiando por más de ella…que maravillosa era la vida junto a ella, no había nada mejor en el mundo ni lo habría jamás, no para él. Sonriendo radiantemente ante la mirada de Sasuke sobre cada aspecto e ella, Sakura entrelazo su mirada con los intensos orbes ónix de su esposo, estrechando una de las manos de él contra la suya y situándola contra su pecho, precisamente sobre su corazón como si con ese simple gesto le recordase que su corazón latía por él como el corazón de él solo latía por ella, porque eran uno solo y se amaban con toda el alma, ¿hacía falta decir algo? No, las palabras sobraban en ese momento, solo bastaba una mirada para que ambos supieran que es lo que el otro estaba pensando.

-Hay noticias importantes— menciono Sasuke por fin, intentando no parecer tan absorto.

-¿En serio?, ¿De qué se trata?— inquirió Sakura, siempre que se tratara de algo bueno ella estaba feliz de poder compartir su alegría.

-Como ya sabrás, estoy extendiendo la cadena de hoteles a Brasil, y recientemente comenzamos a construir uno en Rio de Janeiro— menciono él ya que siempre mantenía a su esposa al tanto de cada una de sus actividades, —tengo pensado hacer un gran lanzamiento y quiero que tú me acompañes— revelo ya que era una buena oportunidad para que sus hijos conocieran el país en que ambos habían crecido.

El paso de los años había sido muy bueno con todos en todos los ámbitos y si algo agradecía Sasuke era la fortuna que había forjado con los años y que no hacía más que aumentar, pero pronto lo haría todavía más tan pronto se inaugurara el nuevo hotel en Rio de Janeiro, por lo que deseaba que Sakura estuviera con él a cada paso. Puede que Sakura supiera que Sasuke hacia esto con buenas intenciones, pero tan pronto como menciono la palabra Rio de Janeiro, sintió como si un balde de agua congelada cayera sobre sus hombros, se había esforzado tanto por escapar de ese pasado, se había esforzado tanto por olvidarlo y enterrarlo, pero de todas formas el pasado vivía a ella, solo que parecía que esta vez no podría escapar y la aterraba saberlo, no quería perder su felicidad, no quería perder a Sasuke.


PD: perdónenme por favor, lamento haberme ausentado por toda una semana y lamento aun mas no haber actualizado como prometí pero esta semana fue particularmente difícil para, mi, no tenia ánimos para nada y no conseguía escribir ni tan siquiera media palabra hasta ayer cuando comencé a escribir este capitulo, pero prometo no dejar ninguna historia inconclusa, lo prometo :3 ahora tal y como prometí, volveré a actualizar "El Sentir de Un Uchiha" y "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield" a lo largo de esta semana y la siguiente :3 este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole cada una de mis historias y disculpándome por mi ausencia) a Mila (deseando que cada nuevo capitulo sea de su agrado y dedicándole la historia) a Guest (esperando que la historia sea de su agrado y dedicándole cada nuevo capitulo), a Adri-ojousama (agradeciendo sus palabras y dedicándole cada nuevo capítulo) ,y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Miro como Arsen Namiashi

-Tio Abdul como Homura Mitokado

-Khadija Rachid como Sarada Uchiha

-Samira Rachid como Ayame Uchiha

-Amim Rachid como Rai Uchiha

Curiosidades y Diferencias:

Paso del Tiempo & Familia: en la versión original, Jade y Said tienen una única hija llamada Khadija y probablemente no tuvieron mas hijos porque como ya he mencionado en capítulos anteriores, Jade no amaba a Said, mas en un punto de la trama Jade intenta tener la oportunidad de amar a Said de verdad y su primera propuesta es que tengan otro hijo juntos, lo que indica que si ambos se hubieran dado la oportunidad de dejar el pasado atrás y amarse, seguramente habrían tenido una familia grande. Khadija es la hija mayor de Jade y Said y si bien tiene aspectos de la personalidad y el físico de sus dos padres, es esencialmente idéntica a Jade, astuta, inteligente y manipuladora cuando quiere serlo, por lo que en esta versión Sarada es idéntica a Sakura salvo por el color de ojos y cabello, y piensan de una forma muy similar entre si, además por ser casi mayor de edad Sarada será su apoyo en cada aspecto y la protegerá de quienes considere un peligro. Los hijos de Sasuke y Sakura tienen dos años de diferencia entre si—Sarada tiene diecisiete, Daisuke y Sanosuke quince, Mikoto trece, Shina once y Kagami nueve—porque es la costumbre musulmana que haya un intervalo de dos años entre el nacimiento de cada hijo, como los hijos de Itachi e Izumi; Ayame tiene dieciocho, Rai dieciséis, Yuudai catorce y Hana tiene doce. Como dato especial, Sakura se graduó como pediatra, pero no trabaja para cuidar de sus hijos menores, aun así es una profesional y sus hijas también quieren poder estudiar y graduarse como ella.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3