Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "The Devil Within" de Digital Daggers para Sakura, "My Escape" de Ravenscode para Sasuke, y "Llegaste Tu" de Jesse & Joy para Emi y Arsen.


Existía un antiguo dicho entre los musulmanes; la oscuridad del pasado nunca desaparece, siempre te sigue como una sombra…pero aunque Sakura conociera bien el dicho, jamás había imaginado que podría aplicarse a ella, menos aún ahora luego de tantos años alejada de la vida que una vez había llevado en Rio de Janeiro y de a quienes había conocido, pero no importa que tanto lo intentara, parecía que no podía escapar de ese pasado y reconocerlo la aterraba. Había dejado a sus hijos a cargo de Sarada así como de Tenten y Kin para visitar el hogar de su tío, no porque requiriera realmente de su ayuda y consejos en ese momento sino porque necesitaba de la imparcial y maternal personalidad de Biwako que sin dudarlo la recibió en la cocina, ofreciéndole una taza de té de manzanilla para conseguir calmarse. Diecinueve años escapando, diecinueve años intentando olvidar sin éxito la desilusión que Gaara le había causado, Sakura no tenía sentimientos positivos hacia él sino que todo lo contrario, lo odiaba como jamás creía poder haber odiado a nadie en su vida porque por su culpa había estado a punto de morir, había estado a punto de condenar a su familia a la vergüenza, había estado a punto de perder al amor de su vida, a Sasuke, todo por haberse dejado ilusionar por promesas de amor vacía y lo peor de todo es que Gaara había seguido con su vida como si nada, la había descartado como una baratija…no quería pensar en el pasado ni recordar nada de lo que había vivido, esa había sido su estrategia hasta hoy pero hoy el pasado volvía a golpearla como una dolorosa bofetada y esta vez sentía que no podría escapar.

-No quiero volver a Brasil, Biwako— reitero Sakura tras un silencio que a ella se le hizo eterno. —Alah es testigo de que me pase semanas llorando en silencio desde que Gaara me traiciono, sintiéndome como poco menos que una baratija por su causa— aun recordaba muy bien todo el dolor vivido y nunca podría olvidarlo, —no sé de qué sea capaz si lo tengo delante— su corazón no estaba tranquilo desde que Sasuke había mencionado el viaje a Brasil, esa vieja herida había vuelto a abrirse y estaba sangrando de nuevo.

-Nada dice que tengan que cruzarse, Sakura— intento sosegar Biwako a modo de ayuda, —además ahora todo es diferente, ¿o es que aun sientes algo por él?— inquirió en caso de que tanta inquietud se debiera a eso.

-No, lo que una vez sentí por Gaara nació y se consumió en un parpadeo— aseguro la Uchiha sin tan siquiera dejar pasar un instante. —Amo a Sasuke con todo mi corazón pero no soy ninguna tonta como para no saber que si vuelvo a Brasil me encontrare con Gaara no importa que tanto lo evite— había intentado olvidar el dolor y el rencor que sentía más le resultaba imposible, la herida era demasiado grande así como las consecuencias. —Tengo todo lo que siempre pude desear; paz, amor, alegría, mi familia…pero en el fondo mi corazón sigue enojado— solo eso sentía, un torrente de ira y un dolor demasiado grande, —¿Y si Sasuke se entera? Es capaz de matar a Gaara— eso era lo que más temía, temía volver a lastimar a Sasuke, porque él acabaría por descubrir la verdad tarde o temprano.

-No pienses en eso, armas una tormenta en un vaso con agua— negó ella, entrelazando sus manos con las de la pelirosa.

Por supuesto que Biwako comprendía bien que Sakura estuviera asustada ante esta posibilidad, que tuviera miedo de volver a enfrentarse al pasado pero a su entender Sakura estaba exagerando un poco, casi habían transcurrido veinte años desde entonces, ¿acaso no habrían cambiado las cosas en todos estos años? Ella quería creer que sí y quería que Sakura entendiera que no todo podía ser tan malo como ella estaba pensando, pero ¿cómo hacerla entender aquello? Gran pregunta. Una triste sonrisa adorno el rostro de Sakura ante las palabras de Biwako, ojala y ella pudiera creer tan ingenuamente que todo sería sencillo y ameno al regresar a Brasil, haría que sus hijos conocieran la tierra en que haba crecido, acompañaría a Sasuke en todo como siempre hacia, pero…no era así, nada sería así. Nunca podría olvidar su noche de bodas hacía ya tantos años, nunca podría olvidar lo que Sasuke había hecho por ella, el modo en que había pisoteado su orgullo para salvarla a ella y a su familia de la peor de las vergüenzas, a cambio de que nunca más ninguno de los dos tocara el tema de lo que había sucedido esa noche, ella había cumplido con su parte y se había esforzado por hacer de su matrimonio una unión de la que cualquier persona en Marruecos pudiera sentir envidia y Sasuke le había dado una segunda oportunidad ignorando el pasado que ella hubiera podido tener, ¿pero qué pasaría ahora? Si llegaba a encontrarse con Gaara por alguna razón y Sasuke lo descubría, todo lo que ambos habían construido a lo largo de los años, todo el vergel que había disfrutado desaparecería para siempre y eso era algo que Sakura no podría soportar, de ahí venia su miedo, de lo inevitable.

-Sasuke me pidió nunca volver a hablar de la noche de bodas— recordó Sakura en voz alta, viendo a Biwako a los ojos. —¿Cómo crees que reaccionara si tiene delante a Gaara?— cuestiono dejando en claro el porqué de su miedo. —Yo ya quiero destrozarlo en pedazos, imagínate él— ni sus mayores temores podían hacerle justicia a lo que solo Alah sabía que acabaría pasando, por eso estaba tan aterrada.

-Ha pasado mucho tiempo, tu vida tomo otro rumbo y la vida de ese hombre también debió haberlo hecho— obvio Biwako a modo de ayuda y sosiego ante sus preocupaciones. —Piensa en reencontrarte en Izumi e Itachi, piensa en tus sobrinos, piensa en hacer que tus hijos conozcan la tierra donde creciste— aconsejo para que dejara de ver este viaje como una condena cuando podía ser todo menos eso.

-Tengo miedo de regresar al pasado, Biwako, tengo miedo de perder el amor de Sasuke por el error que cometí— confeso la pelirosa con un nudo en la garganta, incapaz de calmarse o encontrar algo de serenidad.

-Pero Sasuke te ama— negó ella sin soltar las manos de Sakura que solo pudo bajar la mirada en respuesta, —su amor no es algo tan superficial, está dispuesto a todo por ti, hay que ser ciego para no verlo— había vivido para ver a Sasuke ignorar toda adversidad para estar con ella y protegerla cuando otros hombres no harían sino rendirse, —él lo entenderá—aseguro, alzando una de sus manos para acariciar la mejilla de la pelirosa.

-¿Y si cree que no lo amo?— pregunto la Uchiha por fin alzando la mirada, formulando la pregunta que había contenido hasta entonces. —No soportaría perder su amor, Biwako, no podría vivir, él es mi destino, mi aire y mi tiempo— una vida sin Sasuke no era vida para ella, era un futuro que no quería ni soportaría vivir.

No sabía cuánto tiempo permanecería en Brasil junto a Sasuke y eso es lo que más temía, temía acercarse al pasado, dolía la idea de volver a abrir una herida que ya creía cerrada, había entregado su corazón con tanta inocencia al primer amor solo para ver destrozadas sus ilusiones, había creído que nunca más volvería a amar hasta que Sasuke entro en su vida. Nadie podía cambiar lo que estaba escrito por Alah; Maktub, su futuro no había estado junto a Gaara sino junto a Sasuke, él era su destino, él era todo lo que necesitaba para ser feliz y no podía imaginar perderlo, no podía imaginar vivir sin él.


La casa estaba en completo silencio tal y como sucedía todas las tardes, Daisuke y Sanosuke estaban estudiando en sus habitaciones tras regresar de la escuela, Kagami seguramente estaba con ellos como siempre, y Mikoto y Shina estaban jugando juntas en sus habitaciones o bien terminando alguno de sus recientes bordados a causa del silencio reinante, mientras que en la sala Sasuke y Sakura se encontraban sentados uno junto al otro, la pelirosa observando tranquilamente como Sasuke revisaba una serie de documentos y en ocasiones ayudándolo al leer los más extensos. Inevitablemente ambos levantaron la mirada al escuchar el ameno silencio siendo roto por la puerta principal que se cerró anunciando la llegada de Sarada que sonriendo para sí misma se quitó el velo al entrar antes de dejarse caer sobre uno de los almohadones sobre la alfombra a los pies de su madre ante la atenta mirada de su padre que arqueo una ceja al verla llegar sin decir nada, últimamente Sarada pasaba más y más tiempo fuera de casa y más tiempo en casa del señor Hiruzen tras salir de la escuela desde hace mucho tiempo, antes había sido porque Sarada estaba intentando ayudar al Sarutobi a encontrar una cuarta esposa pero este hecho era tan difícil de realizar—puesto que el señor Hiruzen cambiaba de parecer ante la idea de casarse cada vez que discutía con alguna de sus esposas, principalmente con Anko—que Sarada había acabado por rendirse, mas por ahora nadie sabía con exactitud qué es lo que motivaba a la primogénita de la familia a ausentarse tanto de casa hasta esa hora.

-¿Qué tanto haces en la casa del tío Hiruzen, Sarada?— inquirió Sasuke por fin tras tanto silencio de parte de todos.

-Lo estoy ayudando a escoger una cuarta esposa, no puede elegir a cualquier mujer— mintió la Uchiha, jugando con su velo entre sus manos, porque admitir la verdadera razón era cosa suya, ella también tenía derecho a tener sus propios secretos, —y a cambio prometió ayudarme y encontrar al mejor marido para mí, como hizo con mamá— añadió sabiendo que su madre entendería que había estado en casa de su tío por esto último, porque estaba intentando encontrar un buen esposo, como su padre.

Por supuesto que Sarada comprendía que era apresurado desear casarse pero en realidad lo que Sarada quería era tener a mayor cantidad de pretendientes posibles—pertenecientes a buenas familias, cabe añadir, no podría ser de otro modo—para abarcar la mayor cantidad de opciones posibles y así decidir bien al final, por ello es que ahora estaba recurriendo principalmente a la ayuda de tío Hiruzen para asesorarse, él había preparado el matrimonio entre sus padres y estaba segura de que nadie más que él podía encontrar un buen esposo…aunque para eso aun debía esperar poco más de un año porque su padre no dejaría que se casara antes de cumplir dieciocho y terminar la escuela, por lo mismo y estando a punto de terminar la secundaria es que Sarada ya había hecho un borrador de un posible contrato de matrimonio para estipular que el hombre con el que se casara la dejara entrar a la universidad y cumpliera con todas sus exigencias. Como si se leyeran la mente entre sí, ambos encontraron sus miradas al mismo tiempo ante las palabras de Sarada, sonriéndose el no al otro, muchos matrimonios comenzaban como había comenzado el suyo; como un contrato pactado por intereses mayores, un acuerdo de beneficencia mutuo y en el que poco importaban los sentimientos sino en el prestigio que se pudiera obtener, pero muy pocos matrimonios tenían la suerte de acabar por convertirse en amor verdadero como es que les había sucedido a ambos y en que podían afirmar que todo lo que necesitaban para ser plenamente felices era tenerse el uno al otro, nada más.

-Hay varias firmas brasileñas que han entrado en contacto conmigo— informo Sasuke a su esposa e hija mayor quienes siempre estaban al tanto de sus decisiones.

-¿De verdad?— curioseo Sakura, fingiendo interés o al menos intentando distraerse del miedo que le ocasionaba el inminente viaje.

-Llame a un exportador de alimentos, quiere recibirnos— asevero él, volviendo a centrar la mirada de sus documentos.

-¿Cómo se llama?— indago Sarada, sintiéndose curiosa por el inminente viaje, ansiosa por poder conocer occidente

-Gaara Sabaku— leyó Sasuke en voz alta al revisar el documento.

La sociedad de la que formaba parte se estaba expandiendo, ya no solo se trataba de comercio textil y una cadena hotelera sino que ahora además querían abarcar la exportación de alimento lo cual era algo bueno, de hecho y además se estaba planteando un trato con unos inversionistas de Singapur más adelante pero por ahora Sasuke quería cerrar este trato en Rio de Janeiro, además suponía que sería una buena ocasión para que Sakura regresara al lugar que antes había llamado hogar, y podrían hacer que sus hijos conocieran ese país en que ambos habían crecido, ¿no era caso una buena oportunidad? Sakura agradeció no tener nada en las manos, como una copa o algo porque si lo hubiera tenido esta habría caído al suelo y se abría resquebrajado en pedazos en el acto tan pronto como escucho ese nombre como una dolorosa punzada contra el centro de su pecho y que casi le arrebato el aliento, ahí estaba su mayor temor haciéndose realidad, ahora no solo se trataba de que Sasuke y ella fueran a Rio de Janeiro sino que tendrían que verle la cara a Gaara, peor aún, Sasuke tendría que asociarse con Gaara…la punzada en el centro de su pecho se hizo aún más dolorosa a tal punto que sentía como si no pudiera respirar, más se esforzó por no demostrarlo para no quedar en evidencia, percatándose de la mirada de Sasuke sobre ella y que claramente se encontraba confundido ante su reacción y su silencio, frunciendo ligeramente el ceño al analizarla, intentando entender sus razones para parecer tan sorprendida, mas no se le ocurría nada y ella prefería que siguiera así porque descubrir la verdad sería algo que solo Alah sabía lo que causaría.

-¿Has oído hablar de él?— pregunto Sasuke ante la reacción de su esposa.

-No— negó Sakura, recordándose mentalmente respirar para no sofocarse. —No me estoy sintiendo bien, iré a recostarme un poco— se disculpó al levantarse del diván.

-Te llevare un té de manzanilla, mamá— prometió Sarada al instante para hacerla sentir mejor.

No le gustaba ver a su madre así, triste, puede que lo ocultara muy eficientemente de los ojos de su padre pero Sarada había aprendido a leer sus emociones desde que tenía uso de razón y de memoria, primero porque ambas eran muy parecidas entre si y segundo porque su madre siempre le contaba a ella lo que no podía decirle a nadie más, y estaba convencida de que un té de manzanilla con un poco de miel sería lo ideal para hacerla olvidar cualquier preocupación como pasaba con ella. Todo lo que Sasuke pudo desear ante este abrupto malestar fue que no fuera nada grave, aunque si lo fuera Sasuke estaba seguro de que Sakura se lo diría. Apoyando una de sus manos en el barandal de la escalera, Sakura se masajeo los sienes para intentar palear la jaqueca que intentaba adueñarse de ella, sentía como si fuera a desmayarse en cualquier momento mientras ingresaba en la habitación sin darse cuenta de que dejaba la puerta entre abierta, dejándose caer sobre la cama, pegando las piernas hacia su pecho, sintiéndose insignificante como un granito de arena en medio del basto desierto, perdida y aterrada como cuando había sido una niña que le temía a la oscuridad…ya había sentido miedo al saber del viaje a Brasil ya había temido enormemente a las posibilidades que ahora sentía aún más miedo, el suficiente como para que la opresión en el centro de su pecho se transformara en lágrimas que silenciosamente se deslizaron por sus mejillas sin que se diera cuenta, abrazándose en silencio a sí misma, no sabiendo que hacer para calmar el miedo que sentía, no sabiendo que hacer para hacer efímera su angustia.

-¿Por qué?, ¿Por qué ahora, Alah?, ¿Por qué?— se preguntó en casi un susurro, cerrando fuertemente los ojos para detener las lágrimas.

No podía ni quería entenderlo, ¿Qué podía haber hecho como para que ahora todo regresara a ella?, ¿Por qué no podía vivir tranquila y fingiendo que su vida siempre había sido vivir en Marruecos junto a Sasuke?, ¿Por qué no podía escapar del pasado? No podría soportar perderlo todo, ese era un futuro que no quería presenciar, no podría vivir. De pie en el umbral de la habitación de su madre, oculta por la puerta entrecerrada, Sarada observo en silencio a su madre con un nudo en la garganta al escucharla llorar, confundida y preocupada al momento de volver ligeramente el rostro hacia la escalera, o más precisamente haca la sala…esperaba sinceramente que lo que sea que la tristeza que su madre estuviera sintiendo no fuera por causa de su padre, porque de ser así Sarada no respondía a lo que podría hacer con tal de proteger a su madre de quien fuera y de lo que fuera.


Rio de Janeiro, Brasil

Aburrida ante el día que pasaba con monotonía delante de ella, Emi termino de ojear la revista antes de dejarla sobre su cama, suspirando profundamente para sí mientras se mantenía recostada con las manos a la altura de su regazo…solo podía pensar en ese gallardo caballero sin armadura que había conocido, Arsen, era una lástima que Itachi hubiera arruinado lo que podría haber sido entre ambos aunque de todas formas ella no pensaba darse por vencida y pensando precisamente en ello es que Emi se levantó de la cama y se dirigió al balcón de su habitación, abriendo las puertas de par en par, contemplando el hermoso día que tenía lugar en el exterior, apoyando sus brazos en el barandal, viendo a la gente pasar por la calle con una libertad que ella soñaba tener, veía a las parejas disfrutar de la plenitud y alegría entre sí, abrazándose, besándose…le habían quitado tanto en su vida, le habían quitado la posibilidad de vivir el amor y ser feliz, ¿cómo no sentirse desdichada? En ese preciso momento y como si Alah lo hubiera puesto en su camino—ella lo sentía así—es que vio a Arsen pasar por la calle en compañía de un joven un par de años menor que con seguridad debía ser su amigo y que en ese momento desvió la mirada hacia la casa, sonriendo al ver a Emi en el balcón y que solo pudo sonreír como una adolescente enamorada y saludándolo efusivamente con la mano. Puede que no fuera la oportunidad que ella esperaba para poder verlo pero con tal de verlo al menos una vez ya era feliz, porque jamás había conocido a nadie como él en toda su vida y no iba a perderlo de vista, ni soñando.

Cruzando los brazos sobre su pecho, Aren no pudo evitar quedarse estático y de pie ahí en la calle ante la confundida mirada de su amigo Raiden que lo observo e intercalo su mirada hacia la mujer en el balcón, negando en silencio para sí, su amigo no era un casanova ni nada parecido pero sería un completo tonto si no se diera cuenta de que Arsen se había enamorado aunque no sabía si él se había dado cuenta. Arsen estaba convencido de que esta mujer era completamente singular de cualquier otra que hubiera conocido en su vida, era una flor del desierto, una gema incomparable, claro que era un imposible fantasear con tener algo con ella mientras la observaba con una incontenible sonrisa, ella era musulmana y Arsen—que había recorrido el mundo—tenía la suerte de estar familiarizado con las costumbres de esa gente como para saber que nunca podría haber algo entre ellos, él era un occidental, nunca podría haber algo pero entre tanto sería necio de su parte decía que no sentía algo por ella, era demasiado hermosa como para decir semejante mentira. Tan absortos como estaban el uno en el otro, Emi y Arsen fueron completamente incapaces de reparar en la presencia de Itachi que cerró la puerta principal tras de sí para dirigirse a la tienda tras haber almorzado en casa, frunciendo ligeramente el ceño al ver al mismo hombre que días atrás había ayudado a su hermana al regresar a casa, observando a su casa, y cuando Itachi alzo la mirada hacia el balcón es que comprendía porque es que ese hombre estaba ahí; su hermana estaba en el balcón exponiendo su figura sin ningún disimulo como una mujer exhibicionista.

-¡Emi!— llamo Itachi, no pudiendo creer su descaro para actuar de ese modo.

La hasta entonces sonrisa de Emi se desvaneció tan pronto como escucho a su hermano y reparo en su presencia en la entrada de la casa y que la observaba indignado por estar en el balcón y observando a un hombre. Que suerte tan triste la mía, se lamentó Emi dirigiéndole una fúrica mirada a su hermano antes de cerrar las puertas de su balcón y chillando de frustración antes de dejarse caer sobre la cama, ella no quería ser como el resto de las aburridas mujeres de su mundo que aceptaban casarse con hombres a quienes no conocían, ella quería tener la oportunidad de reunirse con aquel al que quisiera por esposo a quien ya había elegido, a Arsen, lo quería a él y sabía bien que él también la quería a ella pese a la negativa de su hermano. Ante la nueva interferencia de aquel hombre que parecía ser el hermano de la Uchiha, Arsen suspiro tristemente para sí, apartando su mirada del balcón cuyas puertas se cerraron, siguiendo su camino junto a su amigo Raiden…una nueva decepción, pero no se rendiría, sabía que no podría haber nada entre Emi y él, pero se había sentido tan flechado por ella desde el primer momento que sin importar lo que pasara quería conocerla, quería pasar más tiempo por ella.

No se daría por vencido, no a menos que ella se lo pidiera.


Tal y como hacia cada día a esa hora, Hiruzen termino su lectura del Corán cerrando con sumo cuidado el libro sagrado antes de dejarlo sobre la mesita delante de él justo cuando su sobrina ingreso en la sala, sonriéndole a su tío mientras se quitaba el largo velo malva claro que hasta entonces había cubierto su cabello, vestía una sencilla blusa de gasa azul violáceo claro de favorecedor escote en V y que se ceñía vagamente bajo el busto, mangas holgadas y traslucidas que se ceñían a la altura de las muñecas y larga falda de velo malva claro hasta el suelo y que se asemejaba muchísimo al blanco, alrededor de su delicado cuello se encontraba una elegante guirnalda de oro de inspiración egipcia compuesta por un sinfín de pequeñas cuentas con un diamante ámbar en el centro y de los que pendía un dije en forma de lagrima hecho de oro para replicar una caída en V hasta la altura del escote a juego con un par de pendientes en forma de mariposa con pequeños sarcillos pendiendo de ellos, con su largo cabello rosado peinado en un ligero recogido tras la nuca y que dejaba caer sus largos rizos hasta sus caderas con un par de finos rizos enmarcando los lados de su rostro. Hiruzen estaba sobradamente al tanto del inminente viaje a Brasil, gracias a Alah Biwako siempre lo mantenía al tanto de todo lo que sucediera haciendo que Hiruzen compadeciera profundamente a su sobrina y el tormento que se acercaba, Sakura estaba a punto de vivir su mayor prueba y por lo que Hiruzen no dudo en acercarse y besar su frente, viendo a esa bella mujer como la adolescente rebelde que hacía ya casi veinte años había llegado a Marruecos y había sido puesta a su cuidado, amaba a esa mujer como si fuera su hija y estaba dispuesto a protegerla como tal.

-Tío, su bendición— solicito Sakura respetuosamente, sosteniendo una de las manos de su tío entre las suyas y besando el dorso de esta, agradeciendo tenerlo en tal difícil momento.

-Alah te bendiga— deseo Hiruzen genuinamente, sosteniendo las manos de ella entre las suyas e invitándola a sentarse.

-¿Quería hablar conmigo?— pregunto ella señalando lo obvio, preguntando interiormente cual podría ser el motivo de su tío para querer hablar con ella.

-Sakura, a veces Alah nos pone a prueba y ahora tú estás siendo probada— planteo el Sarutobi aludiendo el tema sin necesidad de mayores detalles, sabiendo que ella entendería, —sabes que probablemente vas a ver de nuevo a ese hombre— aclaro viéndola a los ojos en todo momento.

-Puedo evitarlo— refuto la Uchiha al instante, sin dejar pasar ni tan siquiera un segundo.

Puede que fuera demasiado anticipado de su parte hablar con tanta certeza como si lo que su tío acababa de decir fuera algo que jamás iba a pesar pero en realidad tanta certeza se debía a lo mucho que Sakura se conocía a sí misma, en realidad no sabía si podría evitarlo como afirmaba, podía comprometerse a no dirigirle la palabra a Gaara sin importar que lo tuviera delante por azares del destino, podía prometer hacer todo lo que fuera necesario e incluso más con tal de no encontrárselo cara a cara, encerrándose en el cuarto de hotel de ser preciso…pero no podría evitar que Sasuke y Gaara se encontraran porque eso acabaría pasando, y lo peor de todo es que ese era el verdadero peligro a tener en cuenta, había ocultado eficazmente de Sasuke todo detalle sobre su pasado hasta hoy pero esto era algo que no sabía si podría ocultar por mucho tiempo, sabía que podía evitar encontrarse con Gaara pero no podría evitar que Sasuke se encontrara con él, el viaje dependía de eso después de todo. Sin poder evitarlo una ligera sonrisa se apropió de Hiruzen al escuchar la seguridad impresa en las palabras de su sobrina, no dudaba de ella no lo absoluto si es que esa era la cuestión, pero si dudaba que Alah la ayudara tanto como ella pensaba esta vez porque Alah había esperado mucho, había sido muy paciente en evitar que este día llegara a tal punto que esta vez lo que sucedería no era evitable, tarde o temprano la verdad se sabría y nadie podría detenerla, ni siquiera él, quería creer que Sasuke ya no era tan impulsivo ni rencoroso como lo había sido en su día pero era incapaz de saber eso, solo Sasuke concia sus propios pensamientos y lo que acabaría sucediendo o no.

-Pero si no logras evitarlo debes estar muy bien preparada— aconsejo el Sarutobi a modo de simple advertencia, viéndola asentir en respuesta. —¿Qué piensas respecto de todo lo paso?— inquirió ya que jamás había tocado el tema por respeto a su sobrina, hasta ahora.

-Fue solo un sueño, tío, una fantasía de adolescentes— contesto Sakura muy seriamente, perfectamente capaz de ver desde el exterior que el amor que ella había idealizado en su día había sido solo una farsa. —Si pudiera volver el tiempo atrás, haría todo diferente para vivir todo junto a Sasuke— aseguro sin titubeo alguno, aunque sabía que nunca podría cambiar su pasado ni todo lo que había vivido, solo podía…aceptarlo.

-A veces los sueños son más peligrosos que la realidad, la realidad se impone a nosotros pero los sueños hacen de nosotros lo que quieren— recordó Hiruzen de forma filosófica haciendo que su sobrina sonriera ligeramente, comprendiendo bien a que se refería, —la realidad no interfiere con la fantasía pero la fantasía interfiere mucho en la realidad— comparo estratégicamente para que ella tuviera ocasión de diferenciar bien las cosas en caso de que ya no lo hubiese hecho.

-Quédese tranquilo, tío, desperté a tiempo de ese sueño— asevero la Uchiha con idéntica certeza que antes, manteniendo la característica sonrisa de arrogancia en su rostro, algo que había aprendido de Sasuke; ocultar sus sentimientos bajo una pared invisible.

-Lo sé— asintió él, estrechando las manos de su sobrina, confiando en que ella haría lo que fuese mejor, —pero cuando llegues allá recuerda lo que dice el libro sagrado; los placeres de este mundo son pasajeros, pero los placeres del paraíso son eternos— cito a modo de aliento, porque lo necesitaría ante lo que estaba por venir.

-Mi paraíso es mi hogar, mis hijos y mi marido, tío— diferencio Sakura plasmando a la realidad las palabras de su tío, porque sería inmensamente feliz en cuanto tuviera a Sasuke y a sus hijos consigo, no de otro modo, —no retrocederé para perder todo lo que tengo, no cambiaría mi presente por nada ni nadie— prometió en voz alta, no para sí misma porque ella ya sabía eso, sino para su tío en caso de que él albergase dudas.

Si una vida sin Sasuke era algo que no quería ni soportaría vivir, porque él era su mayor razón para ser feliz, pero era aún más imposible para ella llegar a imaginar una vida en que no tuviera a sus hijos; sin Sarada que era como su ángel guardián y que leía sus pensamientos cuando nadie más podía hacerlo, sin Daisuke y Sanosuke que eran tan rebeldes como diligentes y que siempre sabían cómo sacarle una sonrisa al igual que Kagami cuya inocencia era un bálsamo de serenidad en los peores momentos, sin Mikoto que era dulce como la miel y que con un solo abrazo exterminaba las preocupaciones o sin Shina que la hacía recordar tanto a su fallecida madre Mebuki y que siempre sabía que decir para hacerla sentir bien…Sasuke se había ganado su amor desde el primer momento, había derribado las barreras invisibles hacia su corazón con su afecto sincero hasta ganar el lugar más importante en su vida y en su corazón, porque no había creído realmente ene el amor verdadero hasta conocerlo a él y eso era algo que agradecía a Alah cada día, la oportunidad de volver a empezar desde cero a su lado. Era increíble para Hiruzen—y sabía que Biwako también se sorprendía en ocasiones—ver a esta bella mujer y recordar a la adolescente que había recibido en su casa y que de inmediato se había negado a aceptar las costumbres propias de su gente y sus raíces, había cambiado tanto que en ocasiones le costaba creer que fuera la misma joven, pero también era admirable ver la mujer en que se había convertido, no había cedido en sus ideales, seguía llevando una tormenta en el interior de su corazón pero sabía cómo controlarla a voluntad, esa era la diferencia.

-Alah te tiene reservada una gran recompensa, mi niña— aseguro Hiruzen, alzando una de sus manos para acariciar la mejilla de su sobrina que sonrió ante sus dulces palabras, no por nada su tío conocía el Corán mejor que nadie, —persevera y la veraz pronto— aconsejo únicamente porque ella sabría hacer el resto.

Al ver a su sobrina y el modo en que fácilmente había dejado atrás sus errores pasados, Hiruzen no pudo evitar recordar una frase del Corán; Alah dijo al profeta, "Profeta, di a tus esposas que si ambicionan la vida de este mundo, con sus adornos y sus placeres, lo tendrán, y si prefieren a Dios y a su mensajero, si quieren al paraíso como su última morada, Alah preparo para ellos una recompensa magnifica". Su sobrina, Alah mediante, tendría un futuro tranquilo y en el día final Alah sabría recompensar el modo en que había tranzado cada adversidad con bondad, valentía y sabiduría.


Rio de Janeiro, Brasil

No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, reflexiono Sakura inevitablemente, respirando profundamente una vez cruzo el umbral de las puertas y abandono el aeropuerto, inspirando aire como si no hubiera respirado realmente en mucho tiempo…y no lo había hecho, esta era la primera vez en casi veinte años que volvía a pisar Brasil…más por muy incómoda que se sintiera—como un dolorosa punzada en el centro de su pecho—se esforzó de todo corazón por no demostrarlo, sus hijos en nada tenían que eclipsar la alegría de su visita por su causa. Sin poder evitarlo, Sasuke desvió su mirada hacia su esposa que parecía algo lejana en ese momento, como si estuviera en su propio mundo. Una holgada blusa beige cubría holgadamente su figura, de escote en V y mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas, larga falda color mantequilla hasta el suelo compuesta de capas de velo a juego con el lienzo color ámbar que cubría su cabello peinado en una coleta alta haciendo que sus rizos cayeran a la altura de su nuca y dejaba libre un par de rizos para enmarcar su rostro, alrededor de su cuello se encontraba una guirnalda de oro solido que se ceñía alrededor de su cuello y dejaba caer una serie de cuentas compuestas por finas caderas de oro en decline hasta el borde del escote a juego con un juego de brazaletes idénticos, uno en la muñeca derecha y el otro bajo la blusa en el brazo izquierdo. Por una parte no podía evitar admirar lo hermosa que era pero por otro lado no quería perder detalle alguno de su reacción ante este regreso al lugar que una vez había llamado hogar, lo último que podía desear era hacerla sentir mal sin darse cuenta.

-¿Estás bien?— consulto Sasuke, entrelazando una de sus manos con la de ella.

-Perfectamente— asintió Sakura, sonriendo como prueba y sin apartar sus ojos de los de él.

-Voy a buscar un taxi— se excusó él, besándole la frente al sostenerle la mirada.

Sin dudarlo, Sakura correspondió con una inmediata sonrisa, alejando de si lo más posible, siguiendo con la mirada a su esposo hasta perderlo de vista. No fue hasta momentos como ese que Sarada y el resto de sus hermanos fueron conscientes del choque cultural del lugar al que provenían y…occidente, mientras que en esta tierra tan ajena para ellos las mujeres y los hombres vestían de forma muy similar entre sí, sin pensar en el respeto o el pudor, los musulmanes no podían ni tan siquiera pasarlo por alto y la mayor prueba era la forma en que vestían Sarada, Mikoto y Shina en contraste con sus hermanos; Sarada portaba un largo vestido violeta claro hasta el suelo, de cortas mangas por encima de los codos, de escote cuadrado y bordado en oro en el borde del escote, en los lados del pecho, a lo largo de la caída y especialmente en el centro del fajín que enmarcaba su cintura, alrededor de su cuello se encontraba una cadena de oro adornada por seis dijes en forma de amapola—su flor favorita—a cada lado y una de mayor tamaño en el centro del collar y de la que pendían cuatro cuentas de oro con un diamante en el centro a imagen del dije de sus pendientes y que se dejaban entrever en medio de su largo cabello azabache y el velo dorado que cubría su cabello, mientras que por otra parte sus hermanos vestían muy diferente, Daisuke por ejemplo vestía pantalones gris oscuro y camiseta blanca con las mangas arremangadas hasta los codos, era un contraste tan agudo que en un principio resulto chocante e incluso incomodo, algo por demás divertido para Sakura que tuvo que morderse el labio inferior para no reír.

-Mamá, que ropa tan extraña— jadeo Mikoto, apenas y creyendo lo que veía.

-Aquí es diferente, Mikoto— rió Sakura, encontrando su mirada con Sarada que solo negó en silencio para sí, siendo más tolerante debido a su madurez.

-Las mujeres no usan velo— aprecio Shina, igual de sorprendida que su hermana, —¿no saben que es pecado no usar velo?— pregunto volviendo la mirada a su madre que acaricio sus cabellos en respuesta.

-No, mis princesas, es su costumbre— negó la pelirosa, intercalando la mirada entre sus hijos que asintieron sencillamente, —cada pueblo tiene costumbres diferentes— recordó sabiendo que Sarada, Daisuke y Sanosuke comprendían esto especialmente, y podrían hacer entender a sus hermanos.

Aunque hoy resultara difícil de creer, en su día Sakura también se había sentido increíblemente perdida en esa tierra, puede que hubiera crecido allí desde que tenía uso de razón y de memoria pero en cierto modo Sakura siempre se había sentido extraña y ajena, había sido educada como una musulmana en medio de infieles e idolatras, cristianos y ateos, había mantenido su fe en Alah y sus creencias pero había tropezado en el camino, sintiendo que no tenía un lugar al que pertenecer…hasta que había experimentado la traición y regresado a la cuna de su nacimiento, al hogar de sus padres y antepasados para reencontrarse con sus costumbres y comprender quien era en realidad, hasta conocer a Sasuke y sentir que realmente si tenía un lugar que llamar hogar, y se sentía infinitamente agradecida por ello, más de lo que era capaz de expresar. Quienes parecían menos absortos y sorprendidos que sus hermanos menores por las diferencias de su cultura con las de los occidentales eran Sarada, Daisuke y Sanosuke, puede que jamás hubieran pisado occidente hasta hoy—si Egipto y otras ciudades cercanas, acompañando a su padre y su madre en viajes de negocios—pero si habían tenido ocasión de leer e investigar por su cuenta, por lo que la sorpresa era menor y su habilidad para ser tolerante lo era todavía más, pero nada quitaba lo extraño que se sentía estar ahí en ese momento. Tan divertida como estaba por la reacción de sus hijos a la tierra en que ella había crecido y que sin embargo hoy le resultaba tan extraña, Sakura no pudo evitar sorprenderse cuando sintió a su esposo a su lado.

-Vamos, el taxi está esperando afuera— guió Sasuke, estrechando una de las manos de Sakura entre las suyas.

-Papá, ¿tío Itachi sabe que llegamos?— curioseo Kagami, deseoso por reencontrarse con sus primos y sus tíos.

-No lo sabe, su padre no quiso avisarle— acuso Sakura a modo de broma, quitándose culpa de lo que eso pudiera traer.

-Le daremos la sorpresa luego de instalarnos— acepto él, encontrando su mirada con Sakura que sonrió divertida ante su plan.

Era increíble el modo en que la cultura a la que pertenecían se diferenciaba tanto con occidente, o lo era esencialmente para Sarada y sus hermanos que ingresaron algo confundidos al taxi por el hecho de que aquí se cobrara por taxímetro y no por medio de la tradicional costumbre de regatear y negociar para todo, no tanto así para Sasuke y Sakura que no pudieron observarse sonreírse el uno al otro, ambos habían vivido en ciudades diferentes en el pasado—Sasuke en Sao Paulo y ella aquí en Rio de Janeiro—pero de igual modo habían tenido ocasión de familiarizarse con occidente lo cual era una ventaja, así no se sentían tan perdidos.


Antes de este día, Sarada, Daisuke, Sanosuke, Mikoto, Shina y Kagami ya habían realizado viaje fuera de Marruecos junto a sus padres, no demasiado lejos pero lo habían hecho, pero lo que lo primero que la familia Uchiha espero tan pronto como el taxi se detuvo fue descender del auto y encontrar un elegante hotel aguardando por ello, principalmente las mullidas camas en que deseaban tomar una siesta por lo agotador que había resultado el viaje, más para incredulidad de todos al bajar nos e encontraron con un hotel sino que una imponente casa que les quito el aliento nada más la vieron, dándoles tiempo a los guardias que custodiaban la entrada de ocuparse del equipaje y llevarlo al interior junto con las sirvientas. Fácilmente la casa podía comprarse con un palacio de aspecto neorrenacentista, era un lugar hermoso y a la vez imponente, con enormes verjas abiertas de par en par, invitando al descubrimiento de una forma abrumadora y tentadora, Sarada a nada estuvo de abofetearse para despertar del ensueño y reaccionar mas no tuvo necesidad de hacerlo, cerrando su boca para no parecer tan absorta. Llevándose una mano al mentón y arqueando una ceja, entre divertida y sorprendida—más sabía bien como disimularlo—, Sakura volvió su mirada hacia Sasuke que se fingió inocente ante la mirada de ella, como si haber cambiado la estadía en un lujoso hotel por una casa aún más lujosa fuera lo más normal del mundo…en verdad que cuando ese hombre hacia algo, lo hacía en grande, solo él podía planear cosas como estas sin que nadie supiera nada, ni siquiera ella que siempre acababa por descubrir todo.

-¿Una casa, papá?— más bien afirmo Sarada, sonriendo encantada con la idea de poder sentirse cómoda, como si no hubiera salido de Marruecos.

-Entren— alentó Sasuke, ya que si el exterior les causaba sorpresa, el interior era aún mejor.

-Creí que nos quedaríamos en un hotel— menciono Sakura, cruzando los brazos por sobre su pecho.

-Preferí gastar un poco más— desestimo él como si fuera lo más natural del mundo.

Si, puede que tal vez comprar una casa fuera un gasto por demás innecesario para otras personas pero no para Sasuke, es cierto que hacía muchos viajes y usualmente debía residir en hoteles—de muy buena categoría y prestigio inigualable—en lo durase su estadía, pero esta vez y al viajar con toda su familia sentía como una obligación brindarles comodidad y los lujos que se merecían, especialmente a su esposa, era lo mínimo que merecían. Entornando los ojos con diversión y sin hacer desaparecer la sonrisa de su rostro, Sakura se aferró al brazo de su esposo al momento de entrar, y tan pronto como cruzo el umbral de las puertas tuvo que admitir que Sasuke tenía razón en su afirmación, si el exterior de la casa ya era digno de admirar el interior lo era todavía más. El interior era casi una copia—había diferencias desde luego—de su hogar en Marruecos, partiendo por la sala amplia y acogedora que de inmediato transmitía una comodidad sin par, con la mesa de la sala adornada con rosas rojas tal y como Sakura siempre adoraba ver, elegantes divanes con mullidos almohadones y un espacio basto recubierto por mármol y cerámica con una escalera que daba hacia el segundo piso y un despacho aledaño donde Sasuke habría de encargarse de trabajar en solitario tal y como hacía en casa…todo era simplemente perfecto, lo suficiente como para que Sakura—que se quitó el velo y a nada estuvo de dejarlo resbalar de sus manos—se sintiera encandilada como una libre delante del faro de luz de un auto en medio de la oscuridad, y la reacción de sus hijos no distaba mucho de la suya a decir verdad.

-Es preciosa, papá— aprecio Mikoto, recorriendo todo cuanto veía con sus ojos, conteniendo para no chillar de emoción.

-Casi compite con nuestra casa en Marruecos— Sanosuke sonrió ladinamente, desviando la mirada para encontrarla con la de su mellizo.

-Vayan a sus habitaciones, hay una sorpresa esperándolos— invito Sasuke, señalando la escalera hacia el segundo piso con la mirada.

Nada más escuchar esto, Mikoto, Shina y Sarada subieron apresuradamente las escaleras para descubrir cuál era la nombrada sorpresa, siendo seguidas con más calma por Daisuke y Sasuke que se observaron entre si y siendo seguidos por Kagami que se colgó de la espalda de Sanosuke. Al encontrarse a solas, Sasuke entrelazo una de sus manos con la de Sakura al guiarla hacia el segundo piso, escuchando el ruido en las habitaciones hasta llegar a la que habría de ser suya y cuyas colosales puertas de mármol decoradas con oro la sorprendiendo. Ni aunque se hubiera preparado mentalmente—cosa que no hizo—nada podría haber preparado a Sakura para lo que vio al abrir las puertas e ingresar en la habitación; se trataba de un espacio tan basto como la habitación de su hogar en Marruecos y que estaba tan bien decorada como para hacerla sentir en casa, el tocador de caoba con un amplio espejo fue lo primero en que poso los ojos, sonriendo nada mas ver un pequeño jarrón con rosas frescas y un elegante diván malva claro delante, una amplia cama de dosel azul oscuro y colcha purpura que se veía muy mullida cuanto mas se acercaba, con una mesita de noche a cada lado, y un armario que le pareció imponente y que seguramente tenia ropa nueva en su interior al igual que el alhajero que reposaba sobre el tocador…Sasuke nunca dejaba de sorprenderla, todo era simplemente magnifico, de ahí que hubiera estado tan atareado con los preparativos antes del viaje. Esperando que el silencio de Sakura y la mirada que dirigía a todo a su alrededor fuera una prueba de que todo era de su agrado, Sasuke envolvió sus brazos alrededor de ella, abrazándola por la espalda y besándole la mejilla, sin perder detalle alguno de sus reacciones.

-¿Este es mi cuarto?— afirmo Sakura, aunque el armario era más grande de lo esperado, además de otros detalles pequeños.

-Nuestro, no veo porque tener habitaciones separadas estando aquí— corrigió Sasuke para sorpresa de su esposa que volvió el rostro en su dirección, sonriendo de alegría pura y expresando su dicha con el brillo en sus ojos. —El personal estará tus ordenes, todo lo que tú digas se hará— delego con total confianza, porque nadie era tan capaz de administrar su hogar como ella, Sakura siempre sabía qué hacer para que todo fuera perfecto a sus ojos, —haz el cambio que gustes— añadió en caso de que algo de lo que existiera en la casa o en esa habitación no fuera de su agrado.

-No quiero cambiar nada— negó ella al instante, volteando a verlo sin romper el abrazo y aferrando sus manos a sus hombros, —todo está perfecto— garantizo sin apartar en ningún momento su mirada de la suya.

Buscando sosiego de la única forma real en que podía encontrarla, Sakura abrazo a Sasuke con toda sus fuerzas, solo pudiendo sentirse tranquila al sentir los brazos de él a su alrededor como si pudiera protegerla de todo lo que existiera en el mundo, especialmente de sus mayores temores y debía ser fuerte para hacerlo, Sasuke ya había hecho demasiado por ella, ahora era su turno de pelear contra los demonios de su pasado, o lo hacía de frente y confrontando a Gaara para dejar todo atrás—cosa que no quería hacer—o simplemente se encerraba en esa casa hasta que todo pasara, ya vería que hacer. Puede que Sakura y él llevaran casi veinte años casados pero aún muchas cosas sobre ella eran un completo misterio que Sasuke deseaba entender mientras la abrazaba en silencio, sabía que realmente era feliz, no solo porque la viera sonreír sino por el modo en que sus ojos brillaban a cada momento y por la forma en que se expresaba de todo y todos, pero había tanto sobre ella que quería descubrir y que sentía que ella no le permitía descubrir por razones que para ambos eran obvias, era una mujer extraordinaria no solo por su fortaleza sino por el modo en que ocultaba sus pensamientos en un abrir y cerrar de ojos, no mostraba lo que realmente sentía, siempre se comportaba pétrea y actuaba como se esperaba que lo hiciera aunque por dentro llevara la misma tormenta que lo había enamorado cuando la había visto a los ojos por primera vez.

Sakura tenía muchas historias ocultas que Sasuke deseaba conocer, pero sería paciente hasta que ella se las contara personalmente.


-¡Espere, por favor!— pidió Emi en vano, no pudiendo creer su mala suerte al ver el taxi partir y alejarse de ella. —Ay, Alah…— suspiro, elevando la mirada al cielo, negando en silencio para sí.

En momentos como ese Emir realmente no podía entender su amala suerte, debería de haber escuchado a su hermano Itachi y haberle pedido a sus sobrinos Rai y Yuudai—que ese día no tenían clases—que la acompañaran al centro comercial para comprar todo lo que en ese momento tenía dentro de las bolsas que sostenía en sus manos, bufando para si al intentar detener un taxi que la había ignorado olímpicamente para mayor frustración suya. Era un día hermoso pero hacía un calor de los mil demonios y el suelo de asfalto no hacía sino maximizar aún más el calor a tal punto que ni siquiera su falda, blusa y velo hechos del material perfecto para aislar el calor la estaban ayudando, ¿Qué haría?, ¿Cómo podía regresar a la casa así, cargada de bolsas y con tanto calor? Regresando a casa de un paseo por la ciudad como solía hacer siempre que estaba aburrido, Arsen condujo calmadamente su motocicleta por las calles casi vacías de Rio de Janeiro, hacía un calor espantoso y todo lo que la gente quería era refrescarse en sus hogares o en algún pub por lo que no había visto mayor entretenimiento a lo largo de su recorrido hasta que vio a su flor del desierto parada, Emi, en la puerta del centro comercial a imagen del primer día en que la había visto, cargando una serie de bolsas en sus manos y completamente sola, haciéndolo sonreír inevitablemente mientras detenía su motocicleta al costado de la acera, delante de ella que no pudo hacer nada más que sonreír apenas lo vio, ¿acaso era una señal de Alah? Este hombre aparecía cuando más lo necesitaba para alegrarla.

-Hola— saludo Arsen, con una inmediato sonrisa, —¿todo bien, amiga?— indago al verla completamente sola, algo extraño dicho sea de paso.

-Todo…— asintió Emi antes de darse cuenta de lo que acababa de decir, —es decir nada, no he conseguido taxi— se corrigió tristemente, esperando que él pudiera ayudarla de alguna forma.

-Sus problemas acaban de terminar— decidió el Namiashi, gustoso de poder ayudarla por segunda vez, —¿la llevo?— sugirió señalando su motocicleta ante la atónita mirada de Emi.

-¿En esa cosa?— pregunto la Uchiha, un tanto asustada ya que jamás se había subido a una motocicleta.

-No hay problema, es seguro— garantizo él con una sonrisa tranquilizadora. —Sujete el freno, aquí— índico sosteniendo una de las manos de ella al ponerla sobre el freno. Un tanto sonrojada, Emi no dudo en hacerlo en tanto le entregaba sus bolsas a Arsen que sin ningún contratiempo las acomodaba entre el espacio de la motocicleta con el asiento. -Suba detrás de mí y sujétese fuerte— añadió tras acomodar las bolsas, sin soltarle la mano para ayudarla a subir hasta estar seguro de que ella estaba sentada detrás de él.

-Espera, mi velo— Emi acomodo con cuidado el lienzo sobre sus hombros para no dar una mala imagen de sí misma en pleno viaje.

-Abráceme muy fuerte— índico Arsen volteando a verla por el rabillo del ojo, sonriéndole en todo momento.

-Ay, Dios mío…— jadeo ella al abrazarlo por la espalda, ya lo había visto sin camisa antes, pero poder tocar sus músculos…Alah, sabía que era un pecado pensar así, pero que hombre.

-¿Está bien?— asevero el Namiashi antes de encender la motocicleta.

-Estupendamente— asintió la Uchiha de inmediato, abrazándolo con todas sus fuerzas como si su vida dependiera de ello.

Tan pronto como recibió esta respuesta, Arsen volvió a encender el motor de la motocicleta, se puso en marcha cuando antes sorprendiendo a Emi que chillo de emoción mientras se abrazaba a él, una parte de ella de miedo y la otra de una emoción arrolladora que al instante la hizo olvidar el infundado miedo que había sentido, riendo al igual que Arsen nada más sentir el viento contra su rostro y su velo que ondeo ligeramente a causa del viento…era una sensación maravillosa, diferente de nada de lo que hubiera podido sentir en su vida, aunque siendo honesta siempre que estaba cerca de este hombre sentía emociones como nunca antes hubiera creído que podría sentir y eso siempre la llenaba de alegría. En medio del camino, ambos encontraron sus miradas, chillando a pleno pulmón en medio de las calles casi vacías, riendo como dos niños y disfrutando del simple placer de estar juntos.


Reencontrarse con los miembros de su familia era un placer culpable para todo ser humano, especialmente cuando había amor y sentimientos a los que aferrarse y que no cambiaban sin importar cuanto transcurriera el tiempo, ahora que los hijos de ambas partes de la familia eran relativamente mayores—Ayame acababa de cumplir dieciocho años hace apenas un mes, Sarada lo haría dentro de un año, y Hana solo tenía once años a la par que Kagami solo tenía nueve—las razones para viajar a Fez ahora que sus hijos estaban estudiando en la escuela eran cada vez menores así que había transcurrido mucho tiempo desde la última vez en que los primos se habían reencontrado y en que sus padres habían tenido ocasión de abrazarse como no hacían desde hace años. Mas aunque el contacto físico y los saludos o felicitaciones en persona no hubieran tendió lugar desde hace tanto, si se habían mantenido en contacto a través de la correspondencia y las infaltables llamadas, pero de todas formas Izumi no acababa de sorprenderse al ver a su prima luego de tantos años, parecía como si estuviera aún más hermosa cada vez que la veía, tan sorprendida como Sakura que no podía dejar de sonreír mientras abrazaba a Izumi efusivamente, puede que hubieran transcurrido más de cinco años desde la última vez en que habían visto pero para Sakura su prima permanecía inafectable por el tiempo, igual de dulce y encantadora que la última vez en que se habían visto a los ojos, aunque Izumi estaba un poco sorprendida por la llegada de Sakura y Sasuke, tal vez porque si le hubieran dado tiempo habría preparado una buena recepción, pero ya que no habían hecho eso, ni modo, Itachi y ella solo podían estar inmensamente felices de volver a verlo tras tanto tiempo.

-Que alegría, prima—celebro Izumi, por fin rompiendo el abrazo y estrechando las manos de su prima entre las suyas. —Pero, ¿Por qué no avisaron? Podría haber preparado algo decente— se quejó sin poder evitarlo, sintiéndose casi como una mala ama de casa, casi.

-Y yo habría ido a buscarlos al aeropuerto— reprendió Itachi de igual modo, mas encogiéndose de hombros, restándole importancia a ese detalle. —Ven, hablemos— invito a su hermano, dirigiéndose a su despacho para hablar a solas, algo que no hacían desde hace años.

-Que hermosa estas, Sakura— elogio Izumi sinceramente, preguntándose a donde había ido a parar la adolescente temperamental que ella recordaba, aunque tampoco es como si su prima fuera precisamente dócil.

-No tanto como tú— negó ella, porque si Izumi decía que ella era hermosa, entonces ella lo era todavía más porque no había nadie más hermosa.

-Vamos a mi cuarto— guió la pelicastaña, así podrían hablar sin que nadie las importunara o interrumpiera innecesariamente.

Asintiendo de inmediato y sosteniendo la mano de su prima como habían hecho desde que era niñas, Sakura se dejó guiar hacia el segundo piso en tanto los hijos de ambas se desenvolvían con absoluta libertad en la sala para reencontrarse tal y como hacían sus padres. Lo verdaderamente importante por ahora era reencontrarse como familia y recuperar todo el tiempo que habían perdido a causa de la distancia, ya habría tiempo para cenar, disfrutar y sentirse como en casa pero por ahora lo más importante era la familia, y hablando de familia es que una pregunta se formó en el inconsciente de todos los presentes, ¿Dónde estaba Emi?


-Me encanto, me encanto, ¡me encanto!— chillo Emi nada más bajar de la motocicleta, emocionada como una niña ante tan maravillosa experiencia, ¡y ni siquiera sabía que existía!

Resulto toda una sorpresa para los vecinos que vivían en esa calle y que pese al calor se encontraban en la calle ver una motocicleta estacionarse en el hogar de los Uchiha y ver descender de ella a nada menos que Emi Uchiha quien apenas y sintió vergüenza al acomodarse la falda que en medio del trayecto había expuesto sus piernas, pero nasa de eso le importaba mientras bajaba de la motocicleta, sonriéndole a Arsen que hizo igual mientras le entregaba sus bolsas, quitándose el casco y revolviéndose el cabello, había sido por lejos el mejor viaje en motocicleta, jamás había conocido a nadie que pudiera disfrutar tanto de ello más que ella, y gustosamente repetiría la experiencia si ella se lo pidiera, más la hasta entonces sonrisa en el rostro de Arsen se esfumo lentamente al observar la puerta del hogar de los Uchiha, cosa que Emi no tardo en replicar, no sabiendo si sorprenderse o bien indignarse. De pie y en la puerta principal, de brazos cruzados y claramente disgustados se encontraban Itachi y Sasuke que la observaba reprobatoriamente ante este comportamiento. Sin otro remedio, Emi tuvo que despedirse apresuradamente de Arsen, agradeciendo su ayuda antes de ingresar a la casa hecha una autentica furia y siendo seguida por sus hermanos a lo que en cosa de segundos tuvo que rendirles explicaciones para que dejaran de acusarla de ser una mujer exhibicionista, ¡ni siquiera tenía idea de que Sasuke llegaría de visita! Y no, no podía solo saludar a su hermano menor, no, ahora resultaría que también lo tendría a él respirándole en la nuca durante su estadía, ¡¿Cuándo podría pasar tiempo a solas con Arsen?! Por lo visto, nunca.

-¡¿Qué querían que hiciera?!, ¿Querían que viniera a pie desde la tienda hasta la casa con este calor?— cuestiono Emi, más que harta de tantas recriminaciones hacia su persona. —A nadie le importo en esta casa, a nadie— acuso sin ningún disimulo, muy segura de que si desapareciera nadie notaria su ausencia, —¿alguien pensó en la pobre esclava Emi? En la puerta de la tienda, ¡esperando un taxi que no apareció nunca!— dramatizo sintiéndose tan insignificante como una cucaracha.

-Emi, ¿Cómo podíamos adivinar que estabas esperando un taxi?— se defendió Itachi ante las acusaciones de ella, sin dejar de estar enojado con ella.

-¿Por qué no llamaste?, yo habría ido a buscarte— respaldo Sasuke, ya que para algo tenía un teléfono pero por lo visto ella no había pensado en eso.

-Por lo menos podrías llevar a Rai o Yuudai contigo—recordó el mayor de los Uchiha y que siempre le aconsejaba a su hermana salir acompañada. —Emi, ¡¿Por qué estabas sentada arriba de una motocicleta?!— pregunto por fin y a punto de tener un colapso nervioso.

-Calma, Itachi— sosegó su hermano, ya que de nada les servía gritar, solo enfurecerían aún más a su hermana.

-Si tío Homura se entera de algo así, su alma escapa de su cuerpo—aseguro Itachi, conociendo bien a su tío y lo que pensaría del actuar de Emi.

-¡Basta!— chillo la Uchiha, poniendo fin a esta discusión innecesaria. —Estoy harta de sacrificarme por esta familia, ustedes ya me quitaron todo, ya me quitaron marido, hijos y familia, ya no quiero ser el sacrificio de esta casa— decidió, agotada de tener que oírlos si no iban a decirle nada productivo o que la hiciera feliz al menos.

Ya había tenido que hacer demasiadas cosas que no había querido hacer en su vida por causa de sus hermanos pero ya no más, Arsen había sido el primer hombre en su vida que había sido realmente atento con ella y que le había hecho sentir emociones nuevas, que le había recordado que era mujer y que merecía sentirse querida, que merecía vivir experiencias nuevas y que merecía ser feliz…algo que ni siquiera sus hermanos se habían molestado en saber si era o no, pues ya se había acabado el tiempo de la esclava Emi que siempre había estado ahí para cuidar sus hogares, ahora era su tiempo y ella solo dedicaría a ser feliz, nada más, punto final. Dicho esto y sin preocuparle en lo absoluto lo que opinaran sus hermanos, Emi se dirigió a su habitación con las bolsas en las manos, y nada más verla partir el primer impulso de Itachi fue seguirla más nada más intentarlo fue detenido por Sasuke que simplemente negó en silencio, Emi claramente está enojada y no lograrían nada al confrontarla ahora, lo mejor era que esperaran y hablaran con ella cuando estuviera más tranquila, después de todo lo importante es que estaba en casa y a salvo, nada más sin importar que por dentro su hermana les estuviera desquiciando los nervios…era su hermana después de todo.


PD: Saludos mis amores, actualice este fin de semana tal y como tenia previsto aunque por poco y creí que no podría hacerlo :3 no se desesperen, mañana actualizare "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield" cuyo capitulo esta casi listo, y la próxima semana sigue "Queen: The Show Must Go On" y "El Sentir de Un Uchiha", nuevamente lamento haberme retrasado pero como dije antes no me he sentido anímicamente bien y necesitaba algo de tiempo para mi, por lo que espero que me entiendan, prometiendo que no dejare inconclusa ninguna de mis historias :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole cada una de mis historias de forma infaltable) a Mila (deseando que cada nuevo capitulo sea de su agrado y dedicándole la historia) a Guest (esperando que la historia sea de su agrado y dedicándole cada nuevo capitulo), a Adri-ojousama (agradeciendo sus palabras y dedicándole cada nuevo capítulo) ,y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Miro como Arsen Namiashi

-Tio Abdul como Homura Mitokado

-Khadija Rachid como Sarada Uchiha

-Lucas Ferraz como Gaara Sabaku

Curiosidades y Diferencias:

Del Amor del Odio: en la historia original Jade no quiere reconocerlo pero quiere volver a Brasil, quiere volver a encontrarse con Lucas porque siente que no es realmente feliz con su matrimonio, siente que hay algo que falta en su vida ya que no existe la tempestad de los días pasados, eso y sigue creyendo que ama a Lucas, en esta versión Sakura no quiere regresar a Brasil porque el dolor que le causo la traición de Gaara en su día se ha convertido en un rencor muy fuerte y que ella día a día intenta olvidar, ama sinceramente a Sasuke y su mayor temor es reabrir la herida que surgió en su noche de bodas cuando Sasuke ignoro las tradiciones y costumbres para permitirle vivir y tener un futuro a su lado, este viaje—al igual que en la historia original, donde no acabo bien—se convertirá en la mayor prueba para su amor y su matrimonio, y les enseñara como un contrato matrimonial de honro acabo por convertirse en amor. En la novela "El Clon/O Clone", Miro se siente muy interesado en Nazira hasta el final de la historia pero parece no sentir mayor tracción por ella, si bien la escena del paseo en motocicleta esta tomada literalmente de la historia, hice ciertos cambios para hacer de este romance que pareció fugaz una historia de amor verdadero, porque si; Emi y Arsen terminaran juntos, aunque no pregunten como.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3