Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Sete Veus" de Marcus Viana perteneciente al Soundtrack original de la telenovela "El Clon/O Clone" de 2001 y "Laily Lail" de Mario Reyes y Carole Samaha de la telenovela "El Clon" de telemundo de 2011.
Rio de Janeiro/Brasil
-¿Izumi?— lamo Itachi tras nada más cerrar la puerta tras de si y no ver a su esposa en la sala.
Sobradamente acostumbrado la rutina de llegar a casa y pasar tiempo con su hermosa esposa tras una larga y fructífera jornada de trabajo en la tienda—siendo acompañado por Rai y Yuudai gran parte del día, al igual que su primo Kagami que era su mano derecha en todo—, resulto por demás extraño para Itachi encontrar solo silencio al entrar, no es como si su hogar estuviera desbordante de ruido y caos si es que esa era la cuestión, pero dado que con Emi todo eran riñas, peleas y discusiones el Uchiha inevitablemente esperaba oír algo de barullo al entrar, mas esta vez todo era silencio, como si no reinase alma alguna en su hogar…salvo por el dulce e hipnótico sonido de una música que él conocía bien y que provenía de su habitación hacia donde se dirigió cuanto antes sabiendo que allí encontraría a su Izumi. Habiendo optado por convertirse en una distracción para Itachi, para aliviar sus preocupaciones y tensiones como el padre y líder de esa familia, Izumi sonrió para si al escucharlo llamarla desde la sala más guardando silencio, dejando que la música en el ambiente hablase por ella; doña Emi y sus hijos no estaban en casa, les había dado la instancia de acompañar a la Uchiha a su clase de gimnasia—porque asistía aunque Itachi se lo hubiese prohibido—para asegurar que su conducta fuera intachable así como para permitirle frecuentar a Arsen Namiashi de quien estaba tan prendada y viceversa, aunque Izumi fuese realmente feliz no sentía que pudiera serlo en plenitud hasta que su enérgica y critica cuñada consiguiera casarse, y para permitirle ser tan feliz como ella, e Izumi estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario.
Fingiendo que se encontraba ajena o por lo menos habiéndolo estado hasta ese punto, Izumi danzo para sí misma delante del espejo de su tocador, envolviendo su figura con un largo velo color rojo, volteando a ver a su esposo con una radiante sonrisa en su rostro mientras se acercaba a él, jugando con sus manos alrededor de su cuello y envolviéndolo a medias entre el velo mientras lo guiaba hacia la cama donde lo sentó, sosteniéndole la mirada y danzando solo para que él en ningún momento le quito los ojos de encima, ¿y cómo hacerlo? Vestía un elaborado traje de danza fucsia brillante que conformaba un brasier que se amoldaba a la curvatura de sus pechos y decorado por múltiples dijes de oro en forma de tulipán de los que pendían cadenas que abarcaban las inmediaciones de su vientre a imagen de los sarcillos que decoraban la falda hasta la altura de los muslos a partir e donde la larga falda se volvía medianamente traslucida para crear una imagen muy clara de su figura, con acampanadas mangas de velo que iban desde el codo hasta las manos, con su largo cabello castaño cayendo como una cascada tras su espalda y adornado por una rosa rojo brillante en el costado de su coronilla. Retrocediendo lentamente para alejarse de Itachi y dándole la espalda, Izumi jugo con el velo entre sus manos, imitando el cadencioso vaivén de sus caderas y que replicaban el ritmo de la música, arqueándose para encontrar su mirada con la suya y dándole en el proceso una generosa visión de su escote con todo el propósito, oscilando el velo contra el aire, cubriendo y exponiendo su rostro y silueta ante su ansiosa y deseosa mirada, pudiendo palpar su agitada respiración.
Siguiendo con su mirada cada uno de los movimientos de su esposa, Itachi se abstuvo de bufar con frustración personal en cuanto ella se irguió y le dio la espalda, impidiéndole contemplar cada parte de ella como deseaba hacer, mas yendo en su ayuda y siguiendo el seductor vaivén de la música con el movimiento de sus caderas es que Izumi se envolvió el velo a su alrededor, danzando a lo largo de la habitación, acercando y alejándose de él que preciso de todo su autocontrol para no levantarse y envolver sus brazos alrededor de ella como deseaba hacer…ni siquiera le importaba donde estaban sus hijos y su hermana en ese momento, así de absorto estaba por la dueña de sus suspiros. Por fin acudiendo para saciar su propio anhelo y el de Itachi, Izumi se acercó cadenciosamente hasta arrodillarse delante de él, jugando con el velo que aun sostenía para envolverlo alrededor de su cuello y aproximar lo más posible su rostro al suyo para por fin encontrar sus labios en un torrente de devoción que lo guió a envolver sus brazos alrededor de su cintura, cargándola en sus brazos y dejándola cuidadosamente sobre la cama, apoyando sus brazos a cada lado de su rostro para no aplastarla mientras devoraba apasionadamente sus labios, dificultándoles a ambos el respirar, pero ignorando adrede esto para tan solo deleitarse del egoísta placer de estar juntos y a solas en su propia casa, sin nada ni nadie que los restringiera de amarse como solo ellos podían hacerlo, rompiendo el beso al no soportar más la falta de aire más pegando sus frentes entre si y entrelazando sus miradas, sonriéndose entre sí antes de fundirse en un nuevo beso.
Eran plenamente felices, no podían pedir nada más que seguir juntos y tener armonía en su hogar, lo cual ya lo tenían y de sobra, ¿se podía ser más feliz?, ¿se podía desear más? Ellos por su parte no necesitaban más que estar juntos y amarse más y más cada día.
Aunque no lo demostrase en su diario vivir ni a cada momento del día, tanto por lo habituado que estaba a realizar todo tipo de viajes y alejarse de casa debido a su trabajo, Sasuke se sentía enormemente pleno y tranquilo desde que habían regresado a Marruecos, en primer lugar porque ahí estaban todos sus amigos y gran parte de sus familiares, porque ese era su hogar, y en segundo lugar porque ahora todo era diferente, Sakura y él habían conseguido pisotear el pasado y no permitir que hiciese mella en su preciado presente, seguían juntos pese a haber atravesado tal vez por lo más difícil en sus vidas, y eso bien merecía celebrarse. Puede que apenas hubieran pasado un par de días desde su regreso a Marruecos pero sin importar cuanto lo deseara sabía que esta breve calma y sensación de libertad era solo algo momentánea, pronto tendría que viajar a otro lugar—seguramente El Cairo, o también se rumoreaba que Singapur—y alejarse de su esposa, de sus hijos, pero no viajaría solo, puede que Sarada aún no hubiera cumplido dieciocho años pero su madurez y resolución era su sello de confianza para que Sasuke confiara en su hija todo tipo de responsabilidad…aunque era triste que su niña estuviese comenzando a alejarse aunque él quisiera aceptarlo. Ahora que era de noche y sus hijos estaban profundamente dormidos, Sasuke se sentó tranquilamente tras la cama, desabrochándose la camisa no sin antes dirigir una mirada hacia la puerta del baño donde Sakura había desaparecido hace lo que parecía ser una eternidad, más desconociendo que podía estar haciendo.
-Cada día hay menos responsabilidades de la que ocuparse, y con Sarada en casa ya no hay tanto trabajo— menciono el Uchiha a fin de entablar comunicación con su esposa, aunque no pudiera verla.
-Eso es porque es una buena niña que quiere a sus hermanos— justifico Sakura, observándose arduamente delante del espejo del baño, preparándose. —Ya no me deja tratarla como a una niña…más pronto que tarde tendremos que dejarla ir— ni siquiera a ella le gustaba pensar en eso pero dentro de medio año Sarada cumpliría dieciocho y seria momento de hacerla entrar en un buen matrimonio, como había pasado con ellos.
-Pues yo planeo que sea más tarde— protesto Sasuke, aun viendo a su hija como una niña y no una adulta sin importar el tiempo que pasara. —¿Puedes decirme porque tanto secretismo?— curioseo por fin haciendo amague de levantarse de la cama, —Sakura, ¿Qué estás haciendo?— inquirió, frustrado al no poder verla.
-Te tengo una sorpresa— contesto ella con voz cantarina antes de asomar la cabeza por el umbral del baño. —No, no te levantes, quédate donde estas— se apresuró a indicar al ver que él pretendía levantarse de la cama.
-Me estoy impacientando— advirtió él, haciendo a un lado la paciencia, solo deseando verla.
-Solo un minuto— sosegó la pelirosa, conteniendo una risa en el proceso al oírlo bufar para sí.
No era la primera ni la última vez que Sakura trama algo sin decirle nada de antemano, la vedad era una rutina constante en su vida pero que evitaba que su matrimonio—como tal si podía sucederle a otras personas—se estancara en la monotonía y el aburrimiento, aunque para Sasuke jamás podría existir aburrimiento alguno con ella en su vida, eso era imposible. Tan pronto como la música comenzó a sonar, manteniéndose sentado sobre la cama y aguardando a que su esposa apareciera, Sasuke se quedó absolutamente boquiabierto y sin palabras en cuanto la vio aparecer en el umbral del baño; era prácticamente imposible vislumbrar tan siquiera una parte de ella además del sencillo traje de danza color blanco compuesto por un sencillo brasier que se amoldaba a su figura y una larga falda de encaje, con su largo cabello peinado en una larga coleta que caía tras su espada para despejar su rostro, decorado por una diadema de perlas a imagen de los largos pendientes de oro en forma de flor de jazmín con perlas engarzadas que estaban usando, el problema era que por sobre el traje de danza e impidiéndole contemplarla como desearía se encontraban una serie de velos de múltiples colores que pendían de su falda, pecho y brazos—sujetos al brazalete y pulsera que usaba en el brazo izquierdo y la muñeca derecha además de un velo que cubría la parte inferior de su rostro…no podía negar que se veía hermosa, más que nadie en el mundo, pero era todo un desafío para él quedarse viéndola únicamente, una tortura tenerla delante de él y que sin embargo fuera tan inalcanzable, era frustrante.
Lentamente y siguiendo el dulce vaivén de la música, Sakura desprendió el primero de los velos de su falda sin apartar en ningún momento su mirada de Sasuke, jugando con el lienzo entre sus manos, extendiéndolo contra el aire para rodear su figura en círculos que la cubrían y exponían al mismo tiempo, jugando al juego del gato y el ratón, avanzando hacia su esposo y retrocediendo al mismo tiempo antes de dejar caer el velo al suelo, descartándolo para apropiarse de otro, exponiendo parte por parte la falda de su traje y resultando el ser más hipnótico sobre la tierra ante el cadenciosamente erótico movimiento de sus caderas que en ningún momento cesaban de seguir el ritmo de la música. Mas a medida que el ritmo de la melodía aumentaba, los inicialmente delicados movimientos de Sakura se hicieron aún más seductores, jugando con el lienzo entre sus manos para envolverlo a sí misma como si fuese una segunda piel, disfrutando de ser el centro de atención…no de otro, sino de Sasuke. Dejando caer el velo a propósito y sin apartar sus ojos de los de su esposo, Sakura trazo suaves líneas invisibles contra el aire al no tener velo alguno en las manos antes de desprender uno que pendía de la parte trasera de su diadema, tras su cabeza, extendiéndolo entre sus manos, mientras veía cada uno de los velos envolverse alrededor de la figura de su esposa como si se tratasen de una segunda piel, rodeándola de la misma forma que él quería hacer, Sasuke tuvo que contenerse para no levantarse de la cama desde donde estaba observándola y envolver sus brazos alrededor de ella para no soltarla nunca más…pero aun no era tiempo de hacerlo.
Existía un relato muy antiguo sobre el origen de la danza de los siete velos y que Sakura estaba interpretando tan magistral y cadenciosamente, dejando caer el velo entre sus manos lentamente para extender y remplazarlo por otro que pendía de su falda siguiendo el vaivén de sus caderas; en la leyenda había existido una princesa muy hermosa llamada Sumiye que había conseguido enamorar a un rey al danzar para él, envuelta en siete velos que parte por parte se había quitado, y al final de la fiesta el rey se había embelesado tanto por su belleza y encantos que había prometido darle lo que pidiera, incluso la mitad de su reino. Aun cuando Sasuke jamás hubiese presenciado esa danza en particular si había oído que era la más complicada de interpretar, mas al seguir cada uno de los movimientos de Sakura y el modo en que el velo se deslizaba de sus dedos para ser reemplazado por otro que pendía de su falda, exponiendo favorablemente su figura, Sasuke no podría jamás imaginar que alguien pudiera ser mejor que ella en cualquier aspecto de la vida porque simplemente no existía nadie más hermosa, mas encantadora, mas complaciente y seductora, única. Jugando con el velo entre sus manos y sin dejar de sonreír bajo el velo que cubría su rostro, Sakura se aproximó lo más posible a la cama, creando un margen de seda entre Sasuke y ella, oscilando el velo entre ambos antes de retroceder lentamente y volver a alejarse más dejando caer el lienzo a propósito en las manos y el regazo de su esposo, llamándolo con su mirada mas no deseando que ese complejo rito entre ambos terminase, por lo menos no aun.
Considerando que ambos ya habían tenido suficiente de esa pantomima, Sakura deshizo lentamente el nudo que ataba uno de los velos a brazalete en su brazo izquierdo, dejando el lienzo envolviese su figura en el proceso, rodeándose con él de forma breve antes de dejarlo caer el suelo y hacer lo mismo con el segundo velo que había prendido de la pulsera en su muñeca derecha, envolviéndose en cadenciosos círculos que cubrían y exponían su figura a ojos del Uchiha, acercándose lentamente a la cama mientras dejaba caer el lienzo sobre el suelo, ahora tan solo restando un impedimento para ser contemplada largamente por Sasuke; el velo que cubría su rostro. Incapaz de soportar por más tiempo esa tortura, Sasuke se levantó de la cama para ser quien personalmente quitase el velo que cubría el hermoso rostro de ella, más intuyendo sus pensamientos es que Sakura—de pie frente a él—desanudo el lienzo tras su nuca, sosteniéndolo entre sus manos, aun danzando, empleando el lienzo como un nuevo margen entre ambos, cubriendo a medias su rostro, sonriéndole detrás del velo antes de soltarlo lentamente y dejar que cayese al suelo exponiendo su rostro sonriente a los ojos de su esposo. Contemplando esa sonrisa cargada de dulzura y esos ojos brillando de alegría, Sasuke no lo pensó dos veces antes de envolver sus brazos alrededor de ella y devorar sus labios, impidiéndole respirar en el proceso más anhelando desesperadamente cada parte de ella, incapaz de encontrar forma de saciarse de ella, cada día y segundo del día más y más enamorado de ella que correspondió plenamente al beso, aferrando sus manos a sus hombros.
-¿Cuándo aprendiste esto?— pregunto Sasuke al romper el beso, pegando su frente a la suya, absolutamente embelesado por ella y todo lo que le significaba.
-Te sorprenderías de lo que se puede hacer en un día con tiempo de sobra— contesto Sakura con una sonrisa de fingida arrogancia que lo hizo entornar los ojos distraídamente.
-Yo también te tengo una sorpresa, cierra los ojos— indico el Uchiha, viéndola arqueo una ceja en respuesta, confundida por su solicitud. —Confía en mí— pidió únicamente al sostenerle la mirada, haciéndole saber sus intenciones.
-Confió— asintió ella sin siquiera dudarlo, y sin apartar sus ojos de los suyos.
No podría pronunciar otras palabras, no cuando en el último tiempo ambos habían probado que su matrimonio no era solo amor sino también lealtad, incondicionalidad y principalmente confianza, por lo que Sakura no dudo en voltearse y darle la espalda a Sasuke, cerrando los ojos en el proceso, confiando ciegamente en él, mas toda clase de pensamientos cruzaron la mente de Sakura mientras permanecía con los ojos cerrados, probablemente su esposo tuviera en mente hacerle un nuevo presente como ya había hecho en ocasiones anteriores, un presente que ella no había pedido—jamás le pedía nada—pero que agradecería y usaría de forma infaltable con sumo placer como hacía con cada uno de sus regalos. Sonriendo ladinamente sin poder evitarlo, Sasuke extrajo del bolsillo de su pantalón un presente diferente de todos aquellos que le había hecho a Sakura en el pasado; se trataba de un sencillo collar de plata compuesto por una cadena de la que pendía un dije de cuna de plata con una piedra de jade idéntica al color de sus ojos en el centro y cuyo broche cerro alrededor de su cuello con enorme cuidado, permitiéndole por fin abrir los ojos, mas nada preparo a Sakura para la sorpresa de volver a sentir y ver esa piedra alrededor de su cuello…no era una piedra cualquiera, era su piedra, el collar que su madre le había obsequiado cuando era una niña y que había perdido hace casi veinte años atrás, tuvo la imperiosa necesidad de envolver su propia mano alrededor de su cuello para saber que no era un sueño, que la había recuperado, y así era, ahí estaba el símbolo de su vida y de su suerte, nuevamente alrededor de su cuello como si jamás la hubiera perdido.
-Mi piedra…— suspiro Sakura, abrumada por tanta alegría, volteando a ver a Sasuke con una incontenible sonrisa de oreja a oreja que adorno su rostro, —¿Cómo?— pregunto, más feliz de lo que jamás se hubiera sentido.
-La encontré en el mercado, de alguna forma alguien la encontró y pensó que valía lo suficiente para intentar venderla— contesto Sasuke con una sonrisa ladina, feliz en tanto ella también lo fuese, —pero solo hay alguien que puede tenerla— juzgo con fascinación ante la perfecta combinación de los bellos ojos de ella con el color de aquella simple gema.
Nunca había sido su intención pero a lo largo de los años y de alguna manera le había obsequiado las joyas más magnificas que pudiesen existir para llenar el vacío de la perdida de ese collar que para ella significaba tanto, sin éxito, pero ahora y viéndolo alrededor de su cuello, haciendo juegos con sus ojos, Sasuke se dio cuenta de que no precisaba más que su sola belleza y su corazón para ser más hermosa que el mejor de los sueños que pudieran existir; ella era perfecta siendo quien era, no quería que cambiase jamás, porque él la amaba tal y como era, voluble, temperamental, determinada y apasionada. Había encontrado el collar en puesto en el mercado de la medina antes de que tuviese lugar el viaje a Brasil, guardándolo como un obsequio especial para ella, mas no era hasta ahora que había decidido entregárselo por lo que en el pasado había hecho de su matrimonio un tormento—la falta de confianza al momento de casarse—, hoy era su pilar más fuerte porque confiaban ciegamente el uno en el otro. Hasta entonces jugando con el dije de su collar entre sus dedos, Sakura no dejo de sonreír al momento de envolver sus brazos alrededor de los hombros y la espalda de Sasuke en un cálido y afectuoso abrazo antes de encontrar sus labios desesperadamente contra los suyos, jadeando de sorpresa contra sus labios al sentir como él envolvía sus brazos alrededor de su cintura y la cargaba en brazos, solo por fin rompiendo brevemente el beso y encontrando sus ojos una última vez, sonriéndose entre sí antes de fundirse en un beso aún más demandante y que no tardo en arrebatarles el aliento, mas ambos se negaron a separarse mientras se tumbaban sobre la cama.
Esa piedra era el símbolo de su vida, de su destino; la había perdido a causa del miedo y hoy la había recuperado por medio del amor confirmando que Sasuke era su destino y que su vida estaba en sus manos…por fin su vida estaba completa.
Rio de Janeiro/Brasil
-Buenas noches, papá— deseo Ayame al momento de dirigirse a su habitación cargando en brazos sus libros.
-Buenas noches— correspondió Itachi con una sonrisa, siguiéndola con la mirada hasta perderla de vista.
Otra noche tranquila en el hogar de los Uchiha a medida que el tiempo comenzaba a pasar, Rai, Yuudai y Hana ya estaban durmiendo en sus camas a excepción de Ayame que se había quedado hasta tarde estudiando en la sala acompañada por su padre, preparándose para el importante examen que tendría esa semana; Ayame tenía muy claro el futuro, puede que como mujer musulmana que era su gran expectativa de vida no fuese sino casarse y ser una buena ama de casa, pero al igual que había sucedido con su tía Sakura, Ayame deseaba poder estudiar y graduarse de la universidad, era algo imposible pero que ella planeaba hacer posible a toda costa. Sentado sobre uno de los divanes, Itachi contemplo con orgullo a su hija mayor, sonriendo para sí ante lo parecida que era a Izumi físicamente pero a su vez lo determinada que era, tenía un carácter muy fuerte y decidido, sabía lo que quería y eso era algo importante, así Itachi sentía que podría confiar en que ella supiera ser feliz a través de su propio coraje. Trayendo dos tazas de té y tras contemplar la mirada de orgullo en los ojos de Itachi al ver a Ayame, Izumi se sentó a su lado en el diván, volviendo automáticamente en el centro de atención, vistiendo una larga túnica azul oscuro de profundo escote en V—bajo la cual se encontraba una blusa blanca de escote redondo—y mangas ceñidas, bordada en hilo de oro y estampada en complejos bordados en forma de flor de jazmín y tulipanes, pantalones color negro y cómodos zapatos con su largo cabello castaño cayendo como una cascada sobre sus hombros y tras su espalda, a ninguno de los dos le gustaba aceptarlo pero era triste y nostálgico ver pasar el tiempo y contemplar que sus hijos ya no era niños como si les parecía.
-Izumi, nuestros hijos están creciendo— suspiro Itachi, leyendo sus pensamientos y expresando lo que ella no quería o no podía hacer.
-Parece como si hubieran nacido ayer, mi amor— contesto Izumi, apoyando el rostro contra una de sus manos con una expresión de pura nostalgia.
-Es verdad— asintió el Uchiha con la mirada perdida en sus propios pensamiento, —ya es tiempo de pensar en su futuro; arreglar un matrimonio para Ayame y buscar una esposa para Rai— la mirada de su Izumi inmediatamente se centró en él al decir eso, preocupada por lo que eso podría significar. —Tío Hiruzen tiene razón al decir que debemos casar temprano a nuestros hijos, si eso es allá en Fez donde las personas tienen religión y siguen las costumbres, imagínate en una tierra como esta— quería proteger a Ayame de ese mundo occidental tal corrupto, y lo mejor era hacerlo a través de un buen matrimonio.
-Lo sé, Itachi, pero…— la pelicastaña negó únicamente, bajado la mirada, incapaz de expresarse apropiadamente con palabras, chocando entre su sentir de madre y su sentir de esposa.
-Izumi, corremos el riesgo de ver a nuestros hijos descarriarse, intentando copiar la corrupción que ven todos los días en la calle, por ello tenemos que comenzar a ver este asunto con calma— recordó él, sabiendo lo difícil que era para ella, mas era necesario.
-Es que aún son muy jóvenes— obvio Izumi, alzando la mirada para encontrarla con la suya, siendo sincera en parte ya que no quería ser sobreprotectora.
Como madre que era, ella jamás podría dejar de ver a sus hijos como sus niños pequeños, como unos dulces inocentes sin importar que a ojos del resto del mundo Ayame ya fuese casi una adulta, Rai tenía dieciséis, Yuudai catorce y Hana doce, una mera cuestión de edades al estar en Brasil donde era habitual que una mujer se casara desde los veinte años en adelante…pero no en Marruecos donde incluso las adolescente de catorce años se casaban como si fuese lo más normal del mundo, Sakura y ella había sido un caso especial al casarse al alcanzar la mayoría de edad y lo agradecían pero eso era un caso especial tal y como ahora sucedía con Ayame a quien Itachi estaba protegiendo lomas posible hasta asegurarse de que ella estuviera preparada para casarse. Comprendiendo a la perfección los sentimientos de su esposa, Itachi entrelazo una de sus manos con la de ella, guiando a hacer que se levantara del diván y se sentara en su regazo, ambos pegando su frentes entre si y disfrutando de estar juntos…ya no era los mismos adolescentes que se habían casado hace casi veinte años, Ayame ya no era una bebé a la que solo tenían que mimar, amar y consentir, protegiéndola de todo, les gustase admitirlo o no, Ayame ya era una mujer fuerte e independiente que día a día comenzaba a necesitarlos cada vez menos. Era doloroso, ningún padre ni ninguna madre jamás estaba preparado para dejar ir a sus hijos pero en su caso y al no poder detener el tiempo, todo lo que podían hacer era intentar lograr el mejor de los futuros posibles para sus hijos de la mano de Alah y siguiendo lo que él ya había determinado que sucediera en su destino.
-No estoy diciendo que tengan que casarse mañana— esclareció Itachi, sabiendo bien el miedo de su esposa a alejarse para siempre de sus hijos, —pero es mejor tener tiempo de sobra para poder escoger a una buena familia con calma— necesitaban estudiar el porvenir que tendrían sus hijos en el futuro y para eso debían tener en cuenta a otras familias que fueran dignas de su confianza.
-Si, tienes razón— acepto Izumi con una ligera sonrisa, lamentando no poder detener el tiempo para estar más junto a sus hijos.
Sentada sobre el regazo de su esposo, Izumi se dejó abrazar por Itachi que enterró su rostro contra el cuello de ella, inhalando su dulce perfume a dalias, serenándose el uno al otro en el proceso mientras se encontraba atrapados en ese abrazo. No les gustaba la idea de dejar de ver a sus hijos como los niños que seguían siendo a sus ojos, pero ya fuera que ambos estuvieran de acuerdo con la idea o no es que Ayame ya no era una niña y dentro de un par de años Rai tampoco lo seria, ya era momento de pensar en el futuro…sus hijos estaban creciendo y había llegado la hora de buscar un buen matrimonio y un buen futuro para ellos.
Cerrando la puerta de si tras entrar a casa en compañía de Sarada, y trayendo una serie de bolsas con las compras para preparar el almuerzo y la cena que en ese momento dejo sobre el suelo para quitarse el velo color mantequilla que cubría su cabello, la Uchiha suspiro gratamente al regresar a casa y solo encontrar silencio, pero no cualquier silencio sino que armonía pura, Sasuke estaba ocupado visitando al tío Homura que le necesitaba hablarle de nuevos inversionistas que estaba de visita en Marruecos y que estaban interesados en hacer negocios con él. Vestía una holgada blusa rojo brillante de favorable escote en V y que se amoldaba a su figura, de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y larga falda hasta el suelo en un hermoso degrade que iba del rojo al naranja y mantequilla, alrededor de su cuello se encontraba una elaborada guirnalda de inspiración egipcia compuesta por múltiples cuentas doradas y cristales en una caída en V hasta la altura del escote y en cuyo centro de encontraba un dije en forma de flor de jazmín, y ente sus largos cabellos rosados que caían sobre sus hombros y tras su espalda se dejaban entrever un par de largos pendientes de oro en forma de flor de jazmín con tres lágrimas de perla que rosaban el costado de su cuello, con un brazalete de oro en su brazo izquierdo y la pulsera gemela en su muñeca derecha. Dejando su velo sobre uno de los divanes de la sala, Sakura cargo las bolsas, ingresando en la cocina donde las dejo sobre la encimera a la par que Tenten ingresaba en la cocina con una expresión de clara preocupación en el rostro, lo que al instante preocupo a Sakura, ¿acaso había sucedido algo malo?
-Señora— saludo la pelicastaña como muestra de respeto, mordiéndose el labio inferior al contener su propia preocupación.
-¿Qué pasa, Tenten?— cuestiono Sakura, sintiendo un dolor sordo en el centro de su pecho, imaginándose lo peor.
-Es Mikoto, enfermo de pronto, tiene fiebre y tuve que recostarla— informo ella sabiendo que sería para peor si le ocultaba información.
Frunciendo el ceño a causa de la confusión mas no ignorando la preocupación que sentía, Sakura solo necesito de esa información para abandonar la cocina rumbo al segundo piso acompañada por Tenten, apoyando una de sus manos en el barandal para no tropezar…hace apenas una hora, la salir de casa a hacer las compras junto a Sarada había dejado a Shina y Mikoto en casa y jugando juntas bajo la atenta vigilancia de Tenten y Kin que se encargaban de la casa en su ausencia mientras que Daisuke, Sanosuke y Kagami estaban acompañando a su tío Hiruzen en su visita a las caravanas de camellos, ¿Cómo es que su hija podría haber enfermado tan repentinamente? En silencio a causa de su propia preocupación, Sarada siguió de cerca a su madre, sujetándose la falda del vestido amarillo brillante que estaba usando—de escote corazón y largo hasta los tobillos, con un bolero mantequilla por sobre este y con su largo cabello castaño cayendo tras su espalda sobre sus hombros—para no tropezar, sintiendo un deje de culpa, creyendo que como hermana mayor debería de haberse quedado en casa y cuidando de sus hermanas cuando su madre abrió la puerta de la habitación de Mikoto que era cuidada por Kin quien estaba velando por ella a su lado en la cama y que se levantó en cuanto la puerta se abrió para hacerle lugar a su señora que al instante situó su mano sobre la frente de la pequeña pelirosa que se removió con un incómodo gemido ante la sensación de la palma fría de su madre contra su frente que sentía arder y que le permitió abrir los ojos, mas sintiéndose incapaz de levantarse de la cama.
-Mi princesita— arrullo Sakura con una dulce y maternal sonrisa para hacer sentir mejor a su hija.
-Mami…— reconoció Mikoto con los ojos entreabiertos, sintiéndose cansada y adolorida, incapaz de moverse.
-¿Qué te duele?— pregunto la Uchiha amorosamente, acariciando con su mano su frente y el contorno de su rostro.
-La cabeza, mucho— se quejó la pelirosa, cansándose por tan solo tener los ojos abiertos.
-Tenten, tráeme agua fría y unos lienzos— indico Sakura por fin, apartando brevemente su mirada de Mikoto. Asintiendo en silencio, la pelicastaña abandono la habitación hacia la cocina para obedecerla. —Kin, ve a avisarle a Sasuke, rápido— destino siendo obedecida al instante y quedándose a solas en la habitación junto a sus hijas.
Sin hacer desaparecer su sonrisa, Sakura acaricio el rostro de su hija hasta inclinarse y besarle la frente, haciéndole sentir en todo momento que todo estaba bien, desviando la mirada hacia Sarada que sintiéndose inevitablemente culpable se arrodillo junto a la cama estrechando una de las manos de su hermana entre las suyas y ante lo que Sakura envolvió uno de sus brazos alrededor de sus hombros, confortándola en el proceso. No podían volver el tiempo atrás, tan solo podían apoyarse entre sí y hacer feliz a Mikoto en tanto durase su enfermedad fuera cual fuera, por lo que solo restaba ser pacientes y estar ahí para ella, y lo harían.
Desarraigado y convertir completamente en presa de la preocupación, Sasuke apenas y se dio cuenta cómo y cuándo cerró la puerta tras de sí al entrar, posiblemente por mera inercia al igual que dejar su portafolios apoyado contra uno de los divanes antes de dirigirse a toda prisa hacia el segundo piso, específicamente a la habitación de su hija, habiendo dejado tras de sí hace mucho tiempo a Kin que había acudido a comunicarle lo que estaba pasando; era una suerte que su reunión con los inversionistas que estaban visitando Fez y a quienes su tío Homura conocía hubiera terminado solo unos minutos antes de que Kin llegara para informarle que Mikoto estaba enferma y que fuera lo que fuese parecía ser serio, motivo más que suficiente para que él regresase a toda prisa y sin miramientos a casa tanto por su preocupación por su hija como para acompañar incondicionalmente a Sakura, esperando, orando porque ninguno de sus otros hijos pudiese correr algún peligro. Hasta ese momento sentada sobre la cama, vigilando el dormir de su pequeña Mikoto, Sakura volvió su mirada hacia la puerta tan pronto como la escucho abrirse, encontrándose con Sasuke quien lucía excepcionalmente preocupado, mas levantándose de la cama en silencio y siendo suplida por Sarada que no se alejaba de Mikoto en ningún momento, Sakura se situó delante de Sasuke con los brazos medianamente cruzados sobre su pecho, como si se abrazara y consolara a sí misma, un gesto que solo realizaba cuando tenía mucho miedo y preocupación como en ese momento, temiendo por su hija tanto como lo hacía Sasuke.
-Vine tan pronto como pude— menciono él, aprovechando la instancia para recuperar el aliento que inconscientemente había contenido, —¿Qué tiene?— pregunto, intercalando su mirada entre Mikoto que permanecía dormida y su esposa delante de él.
-Ya vino la doctora, dijo que es dengue— contesto ella, alzando una de sus manos para posarla sobre los hombros de él a modo de sosiego y consuelo.
-¿Dengue?— repitió Sasuke, confundido y nada familiarizado con el término, aunque no era preciso comprenderlo, solo saber que su hija estaría bien.
-Es común en Brasil— tranquilizo Sakura, transmitiéndole la misma serenidad a su esposo en el proceso, —la doctora dijo que debió contraerlo mientras estuvimos en Rio de Janeiro— añadió con un deje de culpa al haber dejado que sus hijos viajaran a Rio de Janeiro junto a ellos, mas solo ahora veía las repercusiones.
Contrario a lo que podía inferirse debido a lo tranquila que se mostraba, Sakura no estaba para nada de familiarizada con el dengue a través del tiempo que había vivido en Brasil hasta los dieciocho años, nunca había experimentado la enfermedad pero si había oído de ella y de lo como que era, además de que como pediatra sabia como lidiar con ella, lo cual agradecía en ese momento para poder cuidar de su hija personalmente. El dengue era una enfermedad muy parecida a la gripe—podía aumentar si no se tenía el debido cuidado—y que era transmitida por medio de la picadura de un mosquito, causaba fiebre, dolor de cabeza y cuerpo además de sarpullidos durante aproximadamente a la semana y los síntomas comenzaban a manifestarse entre 4 días y dos semanas después de la picadura del mosquito…y casualmente había pasado una semana de su regreso a Marruecos. Afortunadamente el dengue no era una enfermedad grave en lo absoluto y que remitía—primero la fiebre y luego los demás síntomas—tras una semana de su manifestación, por lo que Mikoto se recuperaría, eso era algo seguro y de lo que Sakura pensaba ocuparse personalmente. Por otro lado y a diferencia de su esposa, habiendo vivido mucho menos tiempo que ella en Brasil, Sasuke jamás había oído de esa enfermedad pero si Sakura se mostraba tranquila al respecto, si ella creía que no era algo de lo que preocuparse entonces él también lo creía, aunque si le preocupaba que ella pareciera adjudicarse la culpa de que Mikoto estuviera enferma cuando ella era absolutamente inocente de cualquier cargo o culpa, él lo sabía mejor que nadie.
-Me siento tan culpable, no debí hacer que viajara con nosotros— suspiro Sakura, por fin diciendo lo que oprimía su corazón; la culpa, —ninguno debió hacerlo— era una suerte que sus demás hijos estuvieran ilesos o de otro modo no se perdonaría nunca tal descuido.
-No fue tu culpa, no podíamos anticipar que ocurriría algo así— reprendió Sasuke sin siquiera dudarlo, para empezar él había tenido que viajar y había insistido en que todos lo acompañaran como familia, en realidad en gran parte era su culpa y no de ella, —¿Sarada y Shina están bien?—consulto esperando que el resto de sus hijos no enfermaran también.
-Si, al igual que Daisuke, Sanosuke y Kagami— sosegó ella, entrelazando una de sus manos con la de su esposo, afortunadamente sus hijos parecían no haber corrido la misma suerte. —La doctora dejo unos medicamentos y receto reposo además de líquidos, habrá que esperar a que baje la fiebre— menciono tanto para su esposo como para tranquilizarse a sí misma en el proceso.
Puede que la enfermedad por la que Mikoto estaba travesando fuese algo superfluo, la punta de un alfiler, algo que desaparecería si tan siquiera dejar huella dentro de solo unos días, en tanto brindasen la atención y cuidados apropiados para su recuperación, pero habiendo llevado nueve meses a esa niña en su vientre tal y como había hecho con Sarada, Daisuke, Sanosuke, Shina y Kagami, Sakura sufría con tan solo ver a su hija tumbada sobre la cama, con fiebre y su pequeño cuerpo siendo azorado por el dolor, ¿Cómo no sentirse así si esa niña era una parte de su alma? Intuyendo bien los pensamientos que rondaban por la mente de su esposa sin importar que pareciese tranquila en el exterior, Sasuke envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Sakura, abrazándola por la espalda y apoyando su mentón contra el costado del cuello de ella en tanto ambos contemplaban a Mikoto de pie tras la cama.
Rio de Janeiro/Brasil
Vistiendo el común informe de la escuela-camiseta gris azulado de mangas cortas y con el emblema del colegio, falda gris oscuro hasta la rodilla, medias y zapatos, con su largo castaño suelto—, Ayame fue una de muchos alumnos que suspiraban con tranquilidad ahora que la jornada de clases y exámenes había terminado y podían regresar a casa, deteniéndose en medio de la entrada para esperar al resto de sus hermanos y regresar a casa juntos, como de costumbre...o por lo menos así fue hasta que su mirada se encontró con alguien. Era un joven alto, guapo, de profundos ojos oscuros y corto cabello castaño, con una sonrisa cálida y que a ella en particular no dejaba de ponerla nerviosa, ¿Cómo no? Era encantador, aunque no era la primera vez que veía a este chico, sabía que era aún año mayor que ella y que ya estaba en la universidad además de que formaba parte del circulo de sus amigos en la escuela, lo había visto una vez en una fiesta de cumpleaños a la que había asistido hacia menos de un año, pero aun no sabía su nombre en lo absoluto y a ciencia cierta se moría de ganas por saberlo. Para mayor suspenso y a poco de sentirse en una fantasía, Ayame se quedó completamente estática en su lugar en cuanto vio a ese chico avanzar en su dirección, no iba a hablar directamente con ella, ¿o sí? Se sintió tonta en ese momento, sosa y poca cosa, deseando cuando menos acomodarse el cabello más cualquier reflejo que hubiera deseado realizar fue tardío tan pronto como el muchacho se detuvo delante de ella…por Alah, sentía como si las piernas le estuvieran temblando como gelatina, era solo su imaginación ¿verdad?, esperaba que sí.
-¿Cuál es tu nombre?— pregunto el pelicastaño por fin, siendo el primero en romper el hielo.
-Ayame— contesto la Uchiha, cruzando nerviosamente las manos tras su espalda, —¿y el tuyo?— curioseo igualmente deseosa por conocerlo.
-Haruto— contesto él, incapaz de tan siquiera apartar sus ojos del rostro de ella.
Okey, aun se sentía como una completa tonta pero como una tonta afortunada, sonriéndole a este muy atractivo chico por él que estaba enamorada como una tonta desde la primera vez en que lo había visto, y sintiéndose infinitamente halagada por ser el centro de su atención, por Alah, ¿Cuántas chicas de su edad tendrían esa oportunidad? Ella sí y no quería desperdiciarla, ¿más cómo ser encantadora al estar a punto de ser descubierta por sus hermanos en cualquier momento? Precisamente pensando en ellos y pese a que le resulto todo un reto, Ayame aparto su mirada de Haruto, observando por encima del hombro de él la entrada a la escuela, pero sin ver a sus hermanos aparecer, aun. Con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón en un gesto nervioso aunque no lo pareciera, Haruto se sintió como un bobo delante de esta chica a la que había admirado en silencio desde la primera vez en que la había visto hace un año; era encantadoramente cándida con esos brillantes ojos negros y su largo cabello castaño que caía como una cascada sobre sus hombros y tras su espalda, con sus mejillas teñidas de un dulce dolor rosa, ambos sonriéndose entre sí…se moría de ganas por pedirle una cita para poder hablar mejor con ella, para conocerla más en profundidad pero según había oído ella era musulmana y aunque no supiera mucho de la religión, Haruto no quería faltarle al respeto al cruzar una línea que tal vez la incomodase, por esto había acudido a hablar con ella por fin por primera vez, porque había una instancia de conocerla mejor, pero quería saber si ella asistiría o no.
-Todos irán a la playa mañana— menciono Haruto, viéndola asentir como prueba de que lo sabía, —¿vendrás?— inquirió, cruzando los dedos en su mente para que la respuesta fuera sí.
-No sé si pueda— se lamentó Ayame, lamentando tener que dar esa respuesta pero no podría asistir, no como sus amigos, —es que mi mamá está enferma y me pidió llegar temprano a casa— mintió, absteniéndose a morderse la lengua al saber que era un pecado mentir.
-¿Qué tiene?— pregunto él por curiosidad, esperando que no fuese nada grave.
-Es gripe— contesto la Uchiha tan pronto como pudo, —o por lo menos eso creo— añadió en un susurro para no ser oída.
Estaba mintiendo descaradamente y por Alah que lo sabía pero no tenía otra opción, las clases estaban a un par de semanas de terminar y por lo que pronto todos podrían disfrutar de algo de paz en casa o donde prefirieran debido a las vacaciones por lo que era una especie de costumbre reunirse y pasar un día juntos antes de probablemente no volver a verse nunca más ahora que todos estaba escogiendo una universidad para continuar sus estudios…pero Ayame sabía que no podría ir, no con sus amigos o por lo menos no del modo en que deseaba; ya desafiaba las normas de su religión y las costumbres enseñadas por sus padres al asistir a clases y no llevar el velo—siempre salía y regresaba a casa con él, pero no lo usaba en clase—para cubrirse el cabello, mucho menos podría usar traje de baño ni estar tan expuesta, eso estaba prohibido para ella. No había pedido nacer como musulmana y tampoco es como si fuese precisamente algo malo, creía en Alah con todo su corazón y seguía los lineamientos del Corán en todo momento, pero Ayame no podía negar que deseaba ser libre y ser como la mayoría de las adolescentes de su edad, se sentía extraña, como poco menos que un bicho raro en esta tierra tan liberal por no poder asistir a fiestas o dormir en casa de sus amigas, más sabia que jamás podría convencer a su padre para que abriese su mente a la cultura occidental, era imposible, el mundo colapsaría antes que eso sucediese.
Pero en ese momento y sonriéndole a Haruto, incapaz de apartar sus ojos de él y viceversa, Ayame sintió como si todo pudiera ser diferente, como si fuera su destino marcar una huella, un presente…y tal vez lo hiciera.
A esa hora de la mañana e incondicionalmente presente como madre, Sakura dormitaba de vez en vez mientras vigilaba el sueño de su pequeña Mikoto, asegurándose de que la fiebre remitiera, humedeciéndole la frente con lienzos húmedos cuando sentía que la fiebre podía aumentar, más en ese momento y dejándose abatir por el cansancio es que la Uchiha dormito en silencio apoyando su cabeza contra su mano derecha en una posición incómoda y que probablemente le provocaría dolor de cuello, mas nada de eso le importaba. Sasuke había cuidado el sueño de Mikoto durante la noche, aprovechando que aún no tenía mayores motivos por los que salir de casa, pero ahora que amanecía y con la luz del sol filtrándose a través de la ventana es que Sakura lo había relevado para que pudiera dormir un poco, Sarada también quería ayudar pero Sakura y Sasuke no estaban dispuestos a permitir que sus hijos perdieran el sueño por algo que ellos debían remediar, ellos eran padres, ellos eran quienes debían protegerlos a ellos, no al contrario. Con los ojos cerrados hasta ese momento, mas sintiendo la luz solar contra sus parpados, Mikoto apretó fuertemente los ojos, emitiendo un quejido que hizo que su madre abriese los ojos a la par que ella también lo hacía, encontrando sus miradas; la pequeña pelirosa no pudo evitar sonreír al ver a su madre a su lado en ese momento, velando su sueño, sentada junto a su cama como decía haber hecho cuando era una bebé y la mecía en su cuna para que no llorase…ambas se sonrieron la una a la otra, como si intuyesen los pensamientos que la otra estaba teniendo.
-Mami— saludo Mikoto, sonriendo tanto como le fue posible, aun sintiéndose cansada pero no como antes.
-¿Cómo te sientes?— pregunto Sakura, alzando una de sus manos para palpar su frente y que por fin ya no se sentía tan caliente.
-Mejor— contesto la pequeña pelirosa, pero aun sintiéndose demasiado cansada, más no dejaría que eso la debilitara. —Me pondré bien, lo prometo— se comprometió, observando a su madre con enorme determinación.
-Mi princesita…— sonrió la Uchiha sin poder evitarlo, admirando su increíble convicción.
Hasta entonces sentada sobre la silla junto a la cama de su hija, Sakura se levantó para sentarse junto a su hija y envolverla protectoramente con sus brazos, enormemente orgullosa de sus palabras y escuchando a Mikoto reír en el proceso mientras—aun con pocas fuerzas, pero lo que no resulto en lo absoluto un impedimento—correspondía al abrazo, aferrándose a los brazos de su madre y besándole la mejilla. En ocasiones, al estar tan pendiente de Sarada como la mayor de la familia, Sakura debía reconocer que olvidaba que Mikoto y Shina también eran sus hijas, no eran tan frágiles como parecían pese a lo aun pequeñas que eran con trece y once años respectivamente, es más, eran increíblemente determinadas, eran el tipo de persona que al tropezar y caer al suelo no dudaban en levantarse y continuar caminando aunque sus rodillas sangraran y el dolor fuese muy grande, y eso la enorgullecía, la enorgullecía ver a su niña frágil con un corazón tan fuerte, aunque Mikoto estuviese enferma, Sakura agradecía poder disfrutar de estas instancias y poder ver el corazón de sus hijas y ver las grandes mujeres en que se convertirían algún día.
Estaba orgullosa de sus hijas, esa era la verdad.
PD: Saludos, mis amores, como pueden atestiguar he regresado y traigo conmigo nuevas actualizaciones que espero sean de su agrado, deseando que todos hayan disfrutado de las fiestas y tengan muchas bendiciones en este nuevo año :3 Como les prometí a partir de esta semana retomare todas las actualizaciones del resto de mis historias, esta semana será el turno de "Cazadores de Sombras", "El Rey de Konoha" y nuevamente "El Velo del Amor" para continuar la próxima semana con "Mas Que Nada En El Mundo" y "Queen The Show Must Go On" :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole cada una de mis historias como siempre y enviándole un afectuoso abrazo por sus maravillosos comentarios) a Mila (esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado y deseándole una feliz navidad) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y deseándole una feliz navidad), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras y deseándole una feliz navidad) a abrilfrijo03gma (dedicandole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Khadija Rachid como Sarada Uchiha
-Samira Rachid como Ayame Uchiha
-Ze Roberto como Haruto Gekko
Curiosidades y Diferencias:
Danza de los Siete Velos & Amor Joven: si bien no se ha probado del todo su origen, la danza de los siete velos es una de las variantes mas antiguas y complejas de este baile, aunque irónicamente parece no tener nada de musulmán, según cuenta la historia fue la princesa Salome quien bailo para el rey Herodes en su fiesta de cumpleaños, portando siete velos que se quitaba al danzar, el rey quedo tan encantado por su belleza y su talento para la danza que no dudo en ofrecerle incluso la mitad de su reino como premio por tan magnifico regalo al bailar para él, en la novela Giovanna Antonelli hace una interpretación magistral, por lo que sentí que necesitaba representar esa escena dentro de la historia ya que es una de mis favoritas. El hecho de que Mikoto contraiga de dengue no es un invento mio, en la novela original Khadija (la hija de Jade y Said) si enferma debido a esto en uno de los capítulos. En el capitulo anterior mencione que Ayame (la hija mayor de Itachi e Izumi) tendría una suerte muy parecida a la de Sakura y aquí esta la razón, al igual que su tía en el pasado, Ayame esta enamorada de un occidental, algo imposible para los musulmanes donde la mujer puede convertirse a la religión para casarse pero no los hombres, mas a diferencia de lo que sucedió con Sakura, Ayame y Haruto si podrán estar juntos mas eso no implica en lo absoluto que vaya a ser fácil, pero les prometo que ellos si tendrán su final feliz.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
