Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Sidi Mansour" de Saber Al Robae, "Yalhaaa Habibis" de Tony Mouzayek perteneciente al soundtrack original de la telenovela "El Clon/O Clone" de 2001, "In The Air Tonight" de Kelly Sweet y "Beautiful Liar" de Beyonce & Shakira.


Rio de Janeiro/Brasil

A usanza de como sucedía cada día, Emi se mantuvo encerrada a su habitación, dispuesta incluso a hacer huelga de hambre de ser preciso mientras se mantenía recostada en su cama, todo entre Arsen y ella iba divinamente, era perfectos el uno para el otro y la Uchiha estaba convencida de que él estaría dispuesto a convertirse al islam y casarse con ella pero cada vez que mencionaba la idea a Itachi es como si le causara repulsión, no concebía en su cabeza que su hermana fuera feliz o al menos así es como Emi veía la situación, indignada al ver a quien debería llamar hermano convertirse en una cobra que ella había criado pegada a su falda. Pero al margen de lo que daban a entender las apariencias, Emi en realidad no estaba haciendo huelga de hambre, porque eso implicaría no probar bocado alguno durante días mientras que lo que ella hacia era mantenerse encerrada en su habitación gran parte del día y cuando todos estuvieran ocupados en lo suyo o bien por la noche iba a la cocina a prepararse algo para suplir la comida que evitaba durante el día, claro que estaba enamorada de Arsen, no existían dudas de ello, pero no era ninguna tonta para no darse cuenta de que sus hermanos no accederían a su matrimonio con el Namiashi sin importar por lo que ella hiciera. En silencio y de pie al costado de la cama de su tía a quien observaban preocupados por su tozudez de no comer hasta que su hermano aprobase el matrimonio entre ella y Arsen, los cuatro hermanos Uchiha; Ayame, Rai, Yuudai y Hana, se reservaron a intentar hacer que su tía abandonase la habitación, pero aun adornando a sus sobrinos Emi no hizo sino negarse de inmediato.

-No me tratan como si fueran de la familia, si ellos me trataran fuera de la familia, ya estaría casada, ellos encuentran marido para todas, menos para mí— acuso Emi sin tapujos mientras observaba a sus sobrinos.

-Por Alah, como eres ingrata, Emi— suspiro Itachi, ingresando en la habitación de su hermana y negando en silencio para sí.

-¿Yo soy la ingrata?, ¿Estoy mintiendo?— cuestiono la Uchiha, sentándose sobre la cama y observándolo desafiante. —Tenía a Arsen que estaba loco por mí y que ustedes lanzaron al viento al igual que con todos los pretendientes que Alah me mando, los lanzaron al viento— acuso con un nudo en la garganta ante su tristeza y frustración, —¡voy a lanzarme al viento!— decidió levantándose apresuradamente de la cama hacia el balcón.

-¡No!— gritaron sus sobrinos, completamente aterrados.

El libro sagrado—el Corán—estipulaba claramente que un hombre musulmán podía casarse con una infiel y extranjera en tanto ella se convirtiera a la religión y llevase el velo, pero no se aplicaba lo mismo a los hombres, según establecían los principios de la religión el hombre era el jefe de la familia y quien tenía el sagrado deber de proteger a su esposa, por ende no era bien visto que el hombre elegido para un matrimonio en cuestión fuera un occidental, porque los hijos de un matrimonio pertenecían por ley a la familia del hombre y de tener lugar un divorcio los hijos que la pareja tuviera en común habrían de vivir con un occidental y bajo sus ideales con seguridad se desviarían de la religión...que pecado más grande. Corriendo a toda prisa tras su hermana, Itachi envolvió sus brazos alrededor de Emi en cuanto llego a las puertas que daban con el balcón de la terraza, evitándole abrirlas y saltar a la muerte como ella pretendía hacer para su horror, susurrándole palabras dulces mientras lentamente retrocedía hasta sentarse sobre la cama con su furiosa e irascible hermana mayor sentada en su regazo, abrazándola firmemente para no dejarla volver a intentar otra locura de esa clase en un descuido suyo, observando a sus hijos que literalmente se encontraban con la boca abierta ante lo que había estado a punto de ocurrir...su tía sí que tenía una forma muy extremista de imponer sus ideales, o se hacía lo que ella quería cuando lo quería o el resto el mundo pagaba las consecuencias, y no era ninguna broma.

-Calma, Emi— sosegó Itachi sin quitar sus brazos alrededor de su hermana que parecía estar tranquilizándose. —El libro sagrado dice que las mujeres no pueden casarse con un hombre si no es de la religión— recordó citando las mismas enseñanzas que ella les había enseñado a Sasuke y él, —no soy yo quien dice eso sino el libro sagrado, si no lo aceptas; reclama con Alah o con el profeta, no conmigo— puntualizo para evitar un conflicto todavía mayor.

-Está bien, está bien— contesto ella con indiferencia, consiguiendo que su hermano la dejara levantarse de su regazo, —pero no apoyare el matrimonio de nadie, si no puedo tener un marido ni casarme, ¿Por qué he de festejar la alegría de los demás?— dicho esto salió de la habitación sin voltear en ningún momento.

-Emi…— suspiro el Uchiha, enterrando el rostro entre sus manos, pidiendo paciencia a Alah, —no pasa nada, tranquilos— les sonrió a sus hijos que asintieron en silencio.

Un día de estos acabaría matando a su hermana, ¿Quién podía vivir con ella? En ocasiones desearía enviar a su hermana de regreso a Marruecos para que Sasuke se hiciera cargo de ella en su lugar, porque él en lo personal estaba a punto de volverse loco intentando lidiar con ella, pero cuando pensaba en ello es que recordaba que Emi no soportaría estar en Marruecos y cuidando el hogar de su hermano, discutiendo perpetuamente con Sakura a quien Sasuke defendía incondicionalmente. Tener a Emi en su casa era el peor de dos males, por lo que tendría que seguir soportándola pero solo Alah sabía cuánto duraría eso.


Hombres guapos existían muchos en el mundo, algunos tan hermosos como para perder el aliento y uno de ellos indudablemente era Naruto Uzumaki a quienes sus aliados y enemigos llamaban "la maldición del faraón" por su carisma con las mujeres, destacando de forma inevitable ante su rebelde cabello rubio y brillantes ojos azules, aunque su apariencia podía resultar engañosa; si, tenía fama con las mujeres pero estaba felizmente casado con su esposa Hinata y tenían dos hijos juntos, eso era más que suficiente para que él se sintiera pleno y realizado en la vida, bueno, eso y sus exitosos negocios que primero lo habían radicado en El Cairo donde había conocido a Hinata, luego a Rio de Janeiro donde hasta hace poco habían criado a sus hijos y ahora en Marruecos donde esperaban reencontrarse con las costumbres ahora que sus hijos tenían edad para contraer matrimonio. Pese a ser musulmán, Naruto se consideraba a sí mismo un occidental, haber vivido tantos años lejos de la religión lo había hecho alguien liberal y desprejuiciado, prueba de ello era ser el dueño de una exitosa cadena de clubes a lo largo del mundo, clubes que trabajaban con alcohol, algo muy mal visto por los musulmanes pero que a él ciertamente le daba igual. Entado en silencio delante de su escritorio, el rubio contemplo el documento que certificada el permiso para que su negocio comenzara a trabajar cuanto antes, leyendo dos, tres e incluso cuatro veces de arriba abajo para asegurarse de que todo estuviera en orden, esbozando una sonrisa para si antes de firmarlo, alzando la mirada hacia la puerta a la cual llamaron antes de abrirla y entrar de todas formas.

-Disculpe, señor— se presentó Konohamaru respetuosamente, su mano derecha en todo.

-¿Qué pasa?— consulto Naruto, suponiendo que debía tratarse de algo importante o no lo interrumpiría así.

-Su amigo llego— informo el Sarutobi con una ligera al ver sonreír a su jefe y amigo.

Sonriendo como un bobo producto de la emoción, Naruto no dudo en levantarse de su escritorio y abandonar su oficina al instante, recorriendo el pasillo con premura como si fuera un niño en dirección a la sala donde se paralizo al ver a un hombre dándole la espalda; el mismo cabello azabache azulado y la misma prestancia arrogante que él recordaba en el niño que hacía más de tres décadas había llamado su mejor amigo, y lo corroboro aún más en cuanto Sasuke volvió el rostro en su dirección esbozando una sonrisa ladina, escudriñándolo con la mirada y asintiendo en silencio, ambos leyéndose el pensamiento como habían hecho en su remoto pasado. Durante su infancia, Sasuke había tenido pocos amigos en Marruecos a los que había añorado con el pasar del tiempo y el más importante de esos amigos era Naruto Uzumaki con quien había perdido contacto al mudarse a Sao Paulo donde había vivido bajo la tutela de los parientes de su madre, y cuando había regresado a Marruecos Naruto se había mudado a El Cairo y luego a Rio de Janeiro, sin dar tiempo a que ambos se reencontrasen y pudiera hablar, pero en cuanto se había enterado que el renombrado inversionista brasileño que había establecido una nueva sucursal de sus clubes en Marruecos no era otro que Naruto, no había dudado en buscarlo cuanto antes. Al verse las caras por primera vez en más de treinta años, aun recordando con nostalgia el pasado, ambos hombres se fundieron en un inmediato abrazo antes de encontrar sus miradas y sonreírse entre sí, parecía broma que hubiese pasado tanto tiempo desde la última vez en que se habían visto, y aun más que el día de hoy ambos fueran empresarios exitosos y casados, ¿quién lo hubiera pensado?

-Sasuke, Salam Alaykom— saludo el Uzumaki por fin, recobrando el habla y sintiéndose como un tonto en el proceso.

-Alaykom Salam— correspondió el Uchiha, desestimando su tardío saludo, —tu casa es muy bonita, Naruto— aprecio apartando la mirada de su amigo para examinar los elegantes decorados del hogar de su amigo y que casi competía con su casa…casi.

-También estoy contento con ella, salió exactamente como Hinata y yo la imaginábamos— asintió Naruto, contemplando con igual interés cada detalle de la sala, desde los tapices a las cortinas y los detalles de la arquitectura, todo elegido por Hinata que siempre sabía qué hacer para hacerlo inmensamente feliz. —¿Por qué Itachi no vino? Hace tantos años que no lo veo, desde niños— inquirió esperando que el hermano mayor de su amigo estuviera bien.

-Está viviendo en Rio de Janeiro— contesto Sasuke sorprendiendo a Naruto por la ironía; él se había mudado si saber que Itachi vivía en la misma ciudad que él, —además ya conoces a Itachi, es muy apegado a las costumbres y no frecuenta a quien trabaja con bebidas alcohólicas— aclaro para no perder costumbre, porque de seguro Itachi se escandalizaría al saber en que trabajaba Naruto.

-Debe estar asustado por mi negocio— supuso el rubio, conociendo bien a Itachi y lo diferente que era de su mejor amigo.

-Ni siquiera se lo dije— confeso el pelinegro encogiéndose de hombros despreocupadamente.

No sentía vergüenza de admitir que Naruto y él eran amigos si es que esa era la cuestión, todo lo contrario, pero simplemente prefería guardar silencio antes de que su hermano mayor montara un escándalo sobre la moral, las costumbres, la ley de Alah y bla, bla, bla…claro que la reacción Itachi no sería tan escandalosa como la que de seguro tendría su tío Homura cuando se enterara de quien era Naruto realmente y a que se dedicaba, a él ciertamente le importaba un bledo si Naruto había pisoteado las costumbres, era como un hermano para él y no iba a romper el contacto por una cuestión de creencias e ideales, además sabía que su amigo seguía siendo un fiel creyente que jamás olvidaba sus raíces aunque no lo demostrara. Decir que le sorprendía que Itachi tuviera prejuicios con respecto a su persona seria una mentira, en realidad a Naruto no le extrañaba en lo absoluto saberlo, Itachi siempre había sido más seguidor de las costumbres que Sasuke, más estricto en su moral y tenía una mente un tanto más cerrada, y con razón al ser el primogénito varón de la familia, Sasuke por otro lado seguía las costumbres pero siempre anteponiendo su propio criterio, por eso había estudiado ciencias políticas en la universidad para tener más visión de mundo y Naruto lo sabía por las cartas que habían mantenido a lo largo de los años. Resignado, el rubio sonrió ligeramente en respuesta, prefiriendo mantener la calma que irritarse por pequeñeces, en primer lugar porque no ganaría nada enojándose y en segundo lugar porque prefería vivir en paz su reencuentro con su mejor amigo.

-Sasuke, crecí en el extranjero desde niño, viviendo una cultura completamente diferente de la nuestra, es fácil desviarse— esclareció el rubio viendo asentir a su amigo que no se dejaba llevar por esos prejuicios como si hacían otros. —Itachi sentirá eso en carne propia cuando sus hijos crezcan, ¿Cuánto hijos tiene?— curioseo ya que la vida del mayor de los hermanos Uchiha le resultaba un completo misterio

-Dos niñas; Ayame y Hana, y dos niños; Rai y Yuudai— contesto pelinegro con una sonrisa ladina.

-Maravilloso— asintió Naruto, compartiendo la alegría. —Tenemos mucho de qué hablar— obvio envolviendo uno de sus brazos tras la espalda de su amigo, indicándole que tomaran asiento.

Sobradamente dispuestos a recuperar todos los años que habían pasado separados y sin poder comunicarse por otro medio que no fuesen cartas, ambos amigos tomaron asiento en los divanes de la sala a la par que Konohamaru ingresaba trayendo un par de tazas de té para hacer más amena la reunión, tenían mucho de qué hablar…


Rio de Janeiro/Brasil

-Izumi…— jadeo Itachi completamente extasiado, pegando su frente a la de su esposa.

No había muchas oportunidades en privado que pudiera pasar juntos como si habían hecho hace muchísimos años atrás, tener cuatro hijos era una gran alegría para ambos pero dificultaba tener intimidad o por lo menos intimidad en otro lugar que no fuera su habitación, los días en que tener sexo en la sala, en la cocina o en cualquier lugar de la casa sin reparo alguno habían quedado atrás o por lo menos hasta esa instante en que, a solas gracias a que Emi había salido de compras y sus hijos estaban en la escuela, pudieron tener unos breves instantes para sí mismos, a solas en la cocina. En medio de una acalorada sesión de besos que los hizo gemir contra los labios del otro, luchando de forma brevemente por respirar pero sin estar dispuestos a separarse en ningún momento, Itachi cargo sin esfuerzo a su esposa en sus brazos para sentarla sobre la mesa y teniendo las piernas de ella a cada lado de su cuerpo. Forzados a romper el beso por la necesidad de respirar, Izumi se mordió el labio inferior para acallar un sonoro gemido en cuanto los labios de Itachi recorrieron el costado de su cuello hasta llegar a su escote, haciéndola estremecer al sentir su agitada respiración contra su piel y el modo en que trazaba sus curvas por encima de la ropa, haciéndola sentir desnuda pese a la tela. Aun completamente vestidos, el Uchiha se acomodó entre las piernas de su esposa, alzando desesperadamente la falda para sentir su piel bajos sus manos, volviendo a reclamar sus labios con idéntica pasión como si no hubiera un mañana, ajenos a la realidad y sumergidos en su propio mundo en ese momento…

-Papá— llamo Rai al tener suficiente de ese cuadro tan incómodo, volviendo el rostro hacia sus hermanos menores que se cubrían los ojos.

Tan sumergidos como estaban en su propio mundo de amor, vehemencia, entrega y lujuria hasta ese momento, fundiéndose en un frenesí de besos y caricias apasionadas, Itachi e Izumi rompieron el beso abriendo los ojos a mas no poder y observándose entre sí con terror antes de volver lentamente la mirada hacia el umbral de la cocina donde se encontraban Rai avergonzado a mas no poder y a su lado Yuudai y Hana que se cubrían los ojos. Corroborando que aquello no era una broma, lo que solo contribuyo a quitarles más fácilmente la respiración a ambos, Izumi bajo de la mesa y se aliso ominosamente el cabello de la forma más natural que le fue posible antes de que Itachi y ella se acomodaran apresuradamente la ropa cuando sus hijos menores se descubrieron los ojos, claramente abochornados, no por lo que no habían visto—gracias a la advertencia de su hermano Rai—pero si por lo que si sabían que había estado sucediendo antes de que llegar, aunque no era tan extraño ver algo así, les recordaba que sus padres tenían un matrimonio normal y que se amaban. Observándose una vez más entre sí, avergonzados por la instancia en que sus hijos los habían encontrado a ambos, Itachi e Izumi se aclararon ligeramente la garganta, sonriendo con nerviosismo ante el silencio que se había forjado; por cosas como esas es que no podían volver al pasado y vivir su relación de pareja otra vez, al final siempre tenían que relegar el sexo y la intimidad a su habitación porque de otro modo probablemente necesitarían llevar a sus hijos continuamente al psiquiatra.

-Rai, Yuudai, Hana— saludo Izumi, siendo la primera en atreverse a hacer menos tensa la situación.

-¿Dónde está Ayame?— pregunto Itachi al reparar en la ausencia de su hija mayor en ese cuadro.

-No lo sé, no nos esperó— contesto Rai encogiéndose de hombros, pues cuando ellos habían salido de clases Ayame no estaba esperándolos.

-¿Cómo que no los espero?, Ayame sabe que debe regresar a casa junto con ustedes— cuestiono el Uchiha, frunciendo el ceño ante su desconcierto.

La hasta entonces serenidad de Itachi comenzó a esfumarse dando paso a la preocupación e indignación, imaginándose los peores escenarios en su mente y temiendo donde pudiera estar su adorada hija. Caminando a toda prisa de regreso a casa con la mochila colgando de su hombro izquierdo y acomodándose apresuradamente el velo sobre la cabeza para no ser descubierta en su mentira, Ayame bufo en silencio para sí, recobrando el aliento; fuera de su religión era una chica completamente normal de dieciocho años que estaba terminando sus clases y preparándose para entrar en la universidad, una chica con sangre en el cuerpo y sentimientos en el corazón…pero si bien se consideraba a sí misma como alguien normal, no era como la mayoría de las chicas que sin ningún problema podían quedarse hablando a solas con un después de la escuela, era el tipo de chica que no podía andar con la cabeza descubierta en clase pero que-a espalda de su padre-se quitaba el velo antes de entrar a la escuela-y que en ese momento regresaba en solitario a casa, teniendo toda clase de mentiras en su mente para justificar que hubiera llegado más tarde que el resto de sus hermanos, todo para esconder que se había quedado hablando con Haruto, ambos conociendo mejor, porque en definitiva no podría decirle a su padre nada de eso o le daría un ataque, literalmente. Sonriendo para sí al doblar en la esquina, la alegría de Ayame se esfumo en cuanto cruzo la reja de su casa y vio a sus padres esperando por ella, junto a sus hermanos.

-Ayame— saludo Itachi de brazos cruzados y con el ceño fruncido, claramente molesto por su llegada tardía.

-¿Dónde estabas, hija?— pregunto Izumi a su hija mayor, mucho más tranquila que su esposo.

-Me quede esperándolos, me dejaron atrás— mintió Ayame observando con disgusto a sus hermanos que no podían creer su cinismo.

-Tú nos dejaste— protesto Rai, respaldado por Yuudai que asintió en respuesta, ofendido su acusación.

-Sin peleas, silencio— acallo Izumi, no queriendo ver a sus hijos discutir entre sí, es más, quería evitarlo a toda costa.

-¿Por qué no me avisaste?— cuestiono Itachi, sin creerle más a ninguna de las partes en ese momento.

-Si tuviera un celular te habría avisado, papá— contesto Ayame a modo de defensa. —¿Por qué no me compras un celular, papá?— solicito con ojitos de cachorro para convencerlo.

-Mamá, yo también quiero uno— pidió Hana, apoyando su cabeza contra el hombro de su madre.

-Está bien, tendrán celulares— acepto Itachi, tanto para evitar una pelea como porque no le veía nada de malo a darles ese gusto.

-Vayan a bañarse, preparare la cena— dicto la Uchiha al momento de volver a entrar en la casa.

Había sido un día largo, los habían interrumpido a Itachi y ella y ahora Ayame regresaba sola a casa, eso era más que suficiente para pedirle a un solo día, por lo que sin esperar quejas o protestas de ninguna clase, Izumi volvió a entrar en la casa, confiando en que sus hijos la seguirían, dirigiéndoles una severa mirada en el proceso y siendo acompañada por Itachi que sin palabras dispuso ayudarla a cocinar como siempre. Observando con suspicacia a su hermana, incapaces de creer en su mentira—al menos no Rai ni Yuudai que no sabían de su interés por Haruto, no como Hana si—los hermanos Uchiha se mantuvieron en silencio mientras volvían a entrar en la casa, cerrando la puerta tras de sí y dirigiéndose cuanto antes a sus habitaciones para dejar sus útiles y cambiarse el uniforme por ropa más cómoda antes de cenar, dejando atrás ese malentendido…por ahora.


Sentada en silencio sobre el diván ante su tocador, a solas en su habitación, Sakura esbozo una sonrisa para sí mientras contemplaba la camisa nueva que estaba confeccionando, ¿por qué? No había ninguna razón en particular, así como Sasuke disfrutaba hacerle regalos tan solo para recodarle lo mucho que la amaba, ella también disfrutaba de hacerle presentes, de hecho gran parte de las camisas que Sasuke usaba a diario habían sido hechas por ella misma, eran las favoritas del Uchiha al momento de viajar al extranjero o tener juntas de negocios y ella siempre sonreía cuando lo veía usándolas, además no había muchas cosas que hacer en casa a esa hora, aun faltando mucho antes de la hora de la cena. La pelirosa vestía una sencilla blusa blanca de escote en V y que se componía de una sola manga holgada que se ceñía en la muñeca derecha donde estaba una pulsera de oro, dejando expuesto su brazo izquierdo adornado por un brazalete a juego, una larga falda de velo color mantequilla hasta los tobillos cubría el resto de su figura en un hermoso degrade del amarillo al blanco, su largo cabello rosado estaba peinado en un ligero recogido que hacia caer sus largos risos hasta la altura de sus caderas como si se tratara de una cascada, dejando dos tenues ondas que enmarcaban los lados de su rostro y casi opacando un par de largos pendientes de oro en forma de flor de jazmín y de los que pendían tres perlas en forma de lagrima y por ultimo alrededor de su cuello se encontraba una sencilla guirnalda de oro que replicaba flores de jazmín. Tan concentrada como se encontraba, Sakura alzo la mirada hacia la puerta al percibir movimiento, encontrándose con Sarada.

-Mamá, ven, mira esto— indico la Uchiha con una sonrisa, haciendo que su madre la siguiera.

Hasta entonces como guardiana de sus hermanas que estaban jugando en la sala, Sarada aprecio en el umbral de la habitación de su madre junto a quien retorno a la sala; la Uchiha vestía una sencilla blusa color violeta oscuro que cubría holgadamente su figura con un ligero corte bajo el escote y casi exponiendo sus hombros, con mangas que se ceñían a la altura de las muñecas y una larga falda hasta los tobillos hecha de velo y que formaba un hermoso degrade del purpura al malva, con su largo cabello negro cayendo libremente tras su espalda y sin otra joya más que una guirnalda de oro en forma de rosas alrededor de su cuello. Tan pronto como llego a la escalera Sakura ya se hizo una imagen de lo que podía estar sucediendo en la sala ante la música proveniente de la sala, y su alegría al llegar fue tal que la pelirosa no pudo evitar cubrirse los labios para no reír a causa de la emoción. Danzando animosamente al ritmo de la música al igual que hacia su hermana Shina y siendo aplaudidas por sus hermanos Daisuke, Sanosuke y Kagami que habían irrumpido su hora de estudios para compartir tiempo juntos, cualquiera que hubiera visto a Mikoto no habría creído que hace tan solo un par de días se hubiera recuperado por completo del dengue, parecía como si jamás hubiese enfermado, tanto que ahora no podía dejar de bailar. De brazos cruzados y con una sonrisa en el rostro, Sarada encontró su mirada con la de su madre antes de volver a centrarla en Mikoto que al igual que Shina no dejo de bailar en ningún momento, ambas niñas sonriéndose entre sí mientras danzaban, intentando imitar lo mejor posible a su madre quien por supuesto danzaba más hermoso que nadie.

-Mamá, baila con nosotros, por favor— invito Mikoto, abrazando a su madre y recibiendo un beso en la frente a cambio.

-Si, mamá, queremos bailar como tú— pidió Shina, igualmente abrazando a su madre y rogándole que accediera con la mira.

-Está bien— acepto Sakura sin poder evitar reír, zafándose del abrazo de sus hijas para acercarse a la grabadora y cambiar la música.

Tan pronto y como la música comenzó a sonar y dejándose guiar por ella, no danzando como lo haría en privado-ya que sus hijas aun eran demasiado pequeñas para emprender-eso sino que como danzaría en una fiesta, trazando cadenciosas figuras contra el aire ante el movimiento de sus manos y marcando el sinuoso ritmo de la música con el vaivén de sus caderas, siendo inmediatamente imitada por Mikoto y Shina así como por Sarada que no tardo en unirse sin dejar de sonreír, las cuatro siendo aplaudidas por Daisuke, Sanosuke y Kagami. ¿Se podía pedir más más o harmonía en un hogar? Tenían todo lo que pudieran desear, alegría, paz y estaban todos juntos, eso era la mayor felicidad que se podía existir.


Rio de Janeiro/Brasil

El silencio reinaba en el hogar de los Uchiha, Itachi y sus dos hijos Rai y Yuudai junto al primo Shisui habían acudido a la Mezquita para la oración del día tal y como dictaba la religión, pero Ayame, Hana y su madre no habían podido acudir ya que estaban pasando por su periodo menstrual y por ende eran impuras, debían esperar que pasara la menstruación para poder acudir a la Mezquita. Recostada a solas sobre su cama, sosteniendo entre sus manos y sobre su regazo una pequeña agenda, Ayame se mordió el labio inferior mientras escribía el nombre Haruto en una de las paginas como una tonta enamorada, dibujando pequeños corazón a su alrededor y riendo para sí, ¿no era hermoso el amor? Sabía que Haruto estaba enamorado de ella tal y como ella estaba enamorada de él, ambos se lo habían dicho, pero nadie más que ellos—en especial no su familia ya que jamás lo aceptarían—podía saberlo. Tatareando alegremente para sí, Izumi ingreso en la habitación de su hija mayor sin necesidad de tocar a la puerta, ingresando para dejar sobre su cama la ropa limpia que ya había lavado y planchado, arqueando una ceja al ver a su Ayame tan feliz y sonriente mientras se mantenía sumergida en su propio mundo, aprovechando esa misma distracción para rodear la cama y observar por sobre su hombro que es lo que estaba haciendo, más la curiosidad de Izumi se esfumo en cuanto vio el nombre Haruto escrito en la página, despertando por fin de su ensueño a su hija que se sobresaltó antes de abrazar la agenda contra su pecho en un intento por ocultar lo que había estado haciendo.

-¿Quién es Haruto, Ayame? Dímelo— pidió Izumi muy seriamente, cruzando estrictamente los brazos por sobre su pecho.

-Un conocido— fue lo primero que se le ocurrió a Ayame, viendo a su madre arquear una ceja en respuesta, —estaba haciendo una lista de todos los amigos que quiero que conozcan la tienda de nuestra familia, y escribí el nombre de Haruto primero— mintió, mordiéndose la lengua, sabiendo que lo que hacía estaba mal.

-Ayame, no es bonito decir mentiras, el ángel que está detrás de ti, está tomando nota de todas las mentiras que dices y el día del juicio Alah va a leerlo todo— recordó la pelicastaña y sin creer ni una palabra de lo que oía.

-Lo sé— suspiro ella, bajando la cabeza con decepción, no pudiendo mentirle a su madre.

-¿Quién es Haruto?— volvió a preguntar Izumi, esta vez esperando oír la verdad y nada más.

-Es el amigo de una amiga del colegio— contesto Ayame, ya que en ese caso aquello no era mentira.

-¿Solo eso?— inquirió la pelicastaña, no sabiendo bien si creer del todo.

-Mamá, estoy enamorada— confesó la Uchiha en un suspiro, incapaz de callar por más tiempo.

No podía seguir ocultando lo que sentía por más tiempo, ¿qué sentido tenia hacerlo al fin y al cabo? Su madre la entendía mejor que nadie y Ayame quería creer que su madre comprendería lo que estaba sintiendo, porque su madre le había enseñado del amor verdadero desde que tenía uso de razón y de memoria, siempre había visto al amor más puro representado en el matrimonio de sus padres y quería creer que su madre conseguiría hacer que su padre entrara en razón para permitirle ser novia de Haruto como haría cualquier chica normal de estar en su lugar, porque Haruto y ella estaban enamorados y él la respetaba en todo momento a tal punto en que aunque hubieran declarado sus sentimientos ni siquiera se habían besado porque él sabía la importancia del respeto para su religión, y la honraba tanto vasallaje. Incapaz de creer lo que oía, Izumi se llevó una mano al centro del pecho, sintiendo como se le cortaba la respiración, viendo realizado el mayor de sus miedos. Había estado ahí para apoyar a Sakura y consolarla en su dolor, para ver cuánto había llorado de angustia y dolor por la traición de Gaara, por verse convertida en un juguete, una baratija de un occidental, había sido testigo de cuanto les había costado a Sasuke y ella convertirse en un verdadero matrimonio y ser felices, y por lo mismo es que Izumi había orado vehemente a Alah para que protegiera a sus hijas de un destino así, para que no permitiera que sus hijas se enamorasen de un occidental, primero porque su religión e Itachi no lo permitirían y segundo porque no quería ver a sus hijas ser víctimas de semejante traición.

-Alah, no…— jadeo Izumi, forzada a sentarse sobre la cama, incapaz de permanecer de pie, —no, Ayame, no, tu no— rogó enterrando el rostro entre sus manos, sollozando de temor.

-No sé si él me quiere, porque no puedo hacer nada fuera de casa, ni ir a fiestas, llamarlo por teléfono o salir a pasear con él— enumero Ayame sin poder evitarlo, estaba enamorada de Haruto y él de ella pero no sabía si la amaba, aún era demasiado pronto. —Es maravilloso, mamá— aseguro con una irrefrenable sonrisa soñadora.

-Ayame, no dejes que entre a tu corazón— pidió la pelicastaña con desesperación, —tu tía sufrió tanto por causa de un occidental, no soportaría verte correr el mismo destino—aparto la mirada, no pudiendo detener las lágrimas que descendieron por sus mejillas.

-No llores, mamá— pidió la Uchiha con la voz quebrada, envolviendo sus brazos alrededor de su madre.

Con un nudo en la garganta, Ayame abrazo amorosamente a su madre, sintiendo u puñal en su corazón por tan solo ver a su madre llorando por ella, porque si hubiera sabido que eso iba a pasar, jamás le hubiera contado nada. Abrazando a su hija entre lágrimas, Izumi se reprendió a si misma por su ingenuidad y estupidez, debería haber hecho que Itachi y ella volvieran a Marruecos para que sus hijos fueran criados apropiadamente en su tierra y dentro de las costumbres, no debería haber puesto a sus hijos en una escuela normal, debería haber llamado a una profesora a casa para que educara a sus hijos…todo era su culpa, debería haber pensado mejor la cosas. Apegando hacia si a su hija, Izumi lloro por miedo, tenía tanto miedo de que su Ayame tuviera el mismo destino que Sakura y que no encontrara a alguien que la amara y protegiera como Sasuke si había hecho, tenía miedo de ver a su hija abandonada al viento y mancillada por un occidental que la ilusionaría con promesas falsas.


-Mami, ¡Mami!— llamo Mikoto a todo pulmón, gritando vehemente desde su habitación.

Hasta entonces concentrada en ordenar la sala con ayuda de Sarada-no es como si desordenaran demasiado precisamente, pero siempre se debían mover los almohadones de lugar y cambiar ligeramente el eje de los muebles, abriendo las ventanas para dejar circular el aire y evitar la infestación del polvo-tanto la matriarca Uchiha como su hija mayor se dirigieron a toda prisa hacia la habitación de Mikoto, subiendo apresuradamente la escalera ante esos gritos tan desesperados. La Uchiha vestía una sencilla blusa blanca de escote redondo que se amoldaba holgadamente a su figura, con cortas mangas de velo que se abrían a la altura de los hombros para exponer sus brazos, el derecho adornado por una pulsera de oro en la muñeca derecha y el izquierdo por un brazalete, también usaba una larga falda de velo hasta los tobillos y que creaba un hermoso degrade del blanco al durazno, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, y alrededor de su cuello se encontraba una hermosa guirnalda de oro que dejaba caer hasta la altura de su escote un sinfín de cuentas doradas, ámbar, perlas y diamantes de las que pendían dijes de plata en forma de lágrimas en una ostentosa pero hermosa joya que ella amaba lucir, porque había sido regalo de Sasuke por supuesto. Tan pronto como abrió la puerta de la habitación de su hija Mikoto, Sakura espero encontrarse con el peor de los escenarios más lo que vio la dejo simplemente anonada tanto por la sorpresa como por la emoción, cubriéndose los labios tal y como hizo Sarada que se recuperó más velozmente, sonriéndole a su hermanita que lucía tan emocionada.

-Mi princesita…— jadeo Sakura, por fin recuperando el habla y sentándose en la cama delante de su hija.

-Por fin voy a poder usar velo, madre— sonrió Mikoto, insuperablemente emocionada, casi saltando de la emoción.

¿Cuál era el motivo tras tanta algarabía? Ahí y sentada sobre la cama en compañía de su hermana Shina quien permanecía de pie a su lado y sonreía de oreja a oreja tanto compartiendo su alegría como anhelando vivirla también, Mikoto apretaba su manos alrededor de parte de la falda de su vestido malva claro que tenía una vistosa mancha de sangre, sangre que por supuesto no pertenecía a ninguna herida sino a algo más, algo más profundo; para los musulmanes era motivo de celebración cuando una niña alcanzaba la edad apropiada para casarse—en realidad eso dependía del criterio de la familia—y cuando su propio cuerpo lo expresaba a través de la menstruación que se estuviera convirtiendo en una mujer como por fin había pasado con Mikoto quien por cierto había estado preocupando bastante a sus padres por lo mismo, era normal que gran parte de las niñas-así había sido con Sarada-tuvieran su primer periodo a los once o doce años pero Mikoto ya tenía catorce años y aun nada. Como seguidora de las costumbres y teniendo en su mente desde muy niña la ilusión de casarse con un hombre guapo y de buen corazón que la amara y le diera mucho oro tal y como era su padre con su madre a quienes veía como la pareja más perfecta del mundo, Mikoto estaba simplemente extasiada de emoción ante este acontecimiento, por un lado porque podría usar esos hermoso velos bordados en oro como los que llevaban su madre y su hermana Sarada, y por otro lado porque por fin podría hablar con su padre y con tío Hiruzen para que buscaran un buen esposo para ella.

-Ya puedo casarme— sonrió Mikoto hablando tanto para sí misma como para sus hermanas.

-Todavía no, tu padre decidirá eso— corrigió Sakura, mordiéndose el labio inferior para no reír ante su ímpetu.

-Acostúmbrate a la idea, Mikoto, él ya decide por mí— menciono Sarada con disgusto por lo mismo.

-Gracias, Sarada— contesto la matriarca Uchiha con sarcasmo, volviendo brevemente el rostro hacia el suyo.

Como si fuera lo más natural del mundo y así lo era para ella, Sarada se encogió de hombros despreocupadamente, tampoco es como si estuviera desesperada por casarse pero por lo menos le gustaría tener a alguien fijo en mente y su padre con sus celos sobreprotectores la estaba manteniendo fuera del alcance de cualquier posible candidato a esposo, aunque eso tampoco le desagradaba tanto, después de todo su padre sabía que era mejor para ella. Negando en silencio para sí ante el desafío de Sarada que jamás perdía ocasión de poner sobre la mesa lo prioritario que era encontrarle esposo, Sakura le sonrió radiantemente a su pequeña pelirosa, besándole amorosamente la mejilla y envolviendo protectoramente sus brazos a su alrededor, por una parte compartiendo su alegría y por la otra sintiendo nostalgia, tendría que dejar ir a otra de sus niñitas y Alah sabía que aún no estaba preparada para ello, pero afortunadamente no tendría que dejar partir a Mikoto ni hoy ni mañana, aun había mucho tiempo que pasar juntas y disfrutaría cada momento de ello, era una promesa. Alargando uno de sus brazos a Shina que permanecía de pie y que correspondió de inmediato con gran emoción, Sarada hizo más grande el abrazo para anexarla a ella y Sarada no tardo en unirse de todas formas, abrazándola por la espalda.


Según establecía el islam y el libro sagrado, la primera menstruación de una mujer era motivo de celebración porque significaba una transición como no existía otra en el mundo, una niña dejaba atrás la infancia para convertirse en una mujer y la prueba de ello es que tras la primera menstruación se volvía algo conveniente y bien visto por los fieles que la mujer en cuestión se cubriera la cabeza con un velo al salir a la calle o al estar en presencia de un hombre que podría ser su marido o que bien le era extraño, era un signo de decoro y respeto que todos valoraban ya que cuanto más cubierta se mostrase una mujer al salir de casa, mas religiosa era y más seguidora de las costumbres. Con una incontenible sonrisa en el rostro, Hiruzen Sarutobi regreso a su casa, animoso y con razón; se había encontrado en la medina con Sakura acompañada por Sarada, Shina y Mikoto, buscando el velo más hermoso que pudiera haber en Fez para que la pequeña pelirosa lo llevara por primera vez, dándole a él la buena nueva cuanto antes, y sabiendo la noticia es que el Sarutobi estaba más que decidido a organizar una fiesta para compartir la alegría que la familia estaba sintiendo, además siempre era bueno organizar celebraciones, tenían mucho que agradecer, Alah había enviado muchas gracias a sus vidas y siempre era bueno festejar por ello e invitar a sus amigos y conocidos para compartir la alegría, además estaba seguro que Sasuke y Sakura estarían completamente de acuerdo con su decisión.

-¡Biwako!— llamo Hiruzen al entrar en la sala, encontrando a su amiga aguardando por él. —Llama a las bailarinas de El Cairo, quiero ver una fiesta muy grande en esta casa— encomendó de muy buen humor y no queriendo que nada opacara eso.

-¿Qué sucedió, señor?— curioseo Biwako ya que su amigo y señor siempre compartía toda buena noticia con ella.

-La sangre de Mikoto bajo— revelo el Sarutobi con una sonrisa que no tardo en contagiarle también a ella.

-Gracias a Alah, Sasuke y Sakura fueron muy bendecidos — sonrió ella e igual modo, entendiendo por fin el motivo de tanta alegría. —Llamare a los músicos en seguida— aseguro asintiendo apresuradamente.

Presurosa, Biwako se dirigió hacia el despacho de su señor donde se encontraba la guía telefónica para buscar cuanto antes el número de teléfono de los músicos de El Cairo, sonriendo al igual que había hecho su señor al imaginar a esa pequeña pelirosa usando un velo sobre su cabeza. Riendo para sí, Hiruzen se dirigió hacia la cocina donde de seguro Biwako habría dejado algo preparado para él, había tantas gracias en las vidas de todos que debían agradecer la alegría y compartirla con todos, esa era la voluntad de Alah.


Rio de Janeiro/Brasil

-Yo también te extraño mucho, Haruto— contesto Ayame con una inevitable sonrisa.

-¡Ayame!— reprendió Izumi en voz alta, indignada ante lo que acababa de oír

No habían muchas instancias en las que pudiera ponerse en contacto con Haruto, ella aún estaba en sus últimos días de clases antes de las vacaciones y él estaba en la universidad, no había un ambiente en común en el que pudiera encontrarse salvo cuando ella salía de la escuela y él esperaba por ella para que dieran un paseo por el parque, algo muy breve ya que de otro modo sus hermanos—Hana lo sabía pero no así Rai o Yuudai—la descubrirían. Por fin habían encontrado un modo con el que mantenerse en contacto; a través del teléfono, pero Haruto no podía llamarla todo el tiempo ya que de otro modo su padre o cualquiera se enteraría de lo que pasaba entre ambos, pero ella si llamaba a Haruto cuando estaba sola en casa o acompañada de Hana, entonces nadie podía hacer ni decir nada, entonces podían hablar de lo que fuera y como si no hubiera un mañana. Sobresaltada por la voz de su madre, Ayame cortó la llamada antes de devolver el teléfono a su lugar apretándose nerviosamente las manos mientras volteaba a ver a su madre. Con el ceño fruncido y los labios apretados de ira, Izumi negó en silencio mientras veía a su hija, estaba profundamente decepcionada a de Ayame, su hija le había prometido que no frecuentaría más a ese muchacho, que no dejaría que entrara en su corazón...¡le había mentido descaradamente! continuaba frecuentando a ese joven, incluso lo llamaba por teléfono en su propia casa, ¿y si Itachi llegaba a enterarse?, ¿es que acaso Ayame no tenía temor? Izumi no conseguía entender de donde es que su hija se infundía tanto valor para actuar de ese modo, ¿de dónde?

-Mamá, estoy enamorada y mi padre tendrá que aceptarlo— espeto Ayame sin temor, airosa y con la frente en alto.

-¿Cómo que enamorada?— cuestiono ella, sorprendida de que lo admitiera con tanto desparpajo

-Lo estoy, él ya es mi novio— corroboro la Uchiha, ya que a ella si podía decirle la verdad.

-No, eso no es correcto, Ayame, un día estás con uno, otro día estás con otro, como las occidentales, no es correcto— comparo Izumi, negando para sí, —no hay noviazgo, te casas y punto, el noviazgo no existe— recordó ya que eso dictaban las costumbres.

-No existe en Fez, aquí es Rio de Janeiro— puntualizo Ayame cruzando los brazos por sobre su pecho, sin ceder en lo absoluto.

-¡Silencio!— acallo ella sin tolerar escuchar eso por más tiempo. —Como es allá, es aquí— determino ya que Itachi seria incluso más estricto de estar en su lugar.

-Te lo advierto, madre, mi padre tendrá que aceptar a Haruto, porque estoy enamorada de él— insistió la Uchiha, obligada a romper su promesa porque no podía dejar de amar a Haruto. —Mamá, tú te casaste con quien quisiste, yo también tengo derecho a casarme con quien yo quiero— explico acortando la distancia entre ella y su madre, estrechando sus manos entre las suyas.

Rompiendo el contacto entre sus manos, Izumi simplemente negó en silencio, incapaz de oponerse más a su hija porque sabía que no conseguiría nada pero sin aprobar ese romance, ¿qué podía hacer? Si Itachi se enteraba de la verdad la culparía de todo, enviaría a Ayame a Marruecos y haría que se casara con un hombre criado dentro de la religión. Alah, suspiro Izumi, llevándose una mano al mentón y cerrando los ojos, intentando pensar, ¿que hice para merecer esto? se preguntó, acallando su propio dolor, ¿cómo iban a remediar esa situación?


PD: Saludos mis amores, prometí actualizar este fin de semana y lo cumplo, incluso teniendo tiempo de sobra :3 las siguientes actualizaciones serán "Mas que Nada En El Mundo" a mas tardar el miércoles, "Queen: The Show Must Go On" el viernes y "El Velo del Amor" el domingo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole cada una de mis historias y enviándole un afectuoso abrazo por sus maravillosos comentarios como siempre) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicandole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Sidi Ali como Hiruzen Sarutobi

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Khadija Rachid como Sarada Uchiha

-Samira Rachid como Ayame Uchiha

-Ze Roberto como Haruto Gekko

Curiosidades y Diferencias:

Menstruación y Religión: el islam dicta que tras la primera menstruación de una niña, cuando se convierte en una mujer, es un signo de dignidad cubrirse la cabeza con un velo cuando sale a la calle o se esta en presencia de hombres que no son conocidos de la familia o que no sean su esposo. Mucho de lo que expreso en los pensamientos de alegría de Mikoto en la escena corresponden a como me sentía yo cuando tuve mi primer periodo, creía que todo seria mas fácil a partir de ahí ya que deje de ser una niña pero me equivoque, por un lado los dolores son insoportables y en segundo no mucho a cambiado ya que las obligaciones a la larga se vuelven mayores. Según dicta el Corán, el libro sagrado para los musulmanes, las mujeres de otras religiones pueden convertirse al islam y casarse con un hombre musulmán pero la religión prohíbe que una mujer musulmana se case con un hombre perteneciente a otra religión, el hombre puede convertirse pero no es bien visto por los fieles a la religión. En un principio no tenia en mente representar al personaje de Zein—amigo de Said—en esta historia porque no se me ocurría ningún personaje apropiado, pero finalmente me decidí por Naruto Uzumaki, pero aquí no es ningún mujeriego sino un hombre de negocios que esta felizmente casado y tiene una familia junto a su esposa Hinata, pero que vive como un occidental.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3