Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Reachin' For Heaven" de Diana DeGarmo para el relato de Biwako a Sakura, y para la escena entre Ayame y Haruto "Bring Me To Life" de Evanescence para la escena entre Sasuke y Sakura después de la pelea con Takara, "Girls Just Wanna Have Fun" de Cyndi Lauper para la conversación de Ayame y Hana, y "El Alem Alah" de Amr Diab para la escena de la fiesta, perteneciente al soundtrack original de la novela "El Clon/O Clone" de 2001.
Con una permanente sonrisa en el rostro, Sakura ingreso en el hogar de su tío en compañía de Biwako, ambas cargando una serie de numerosas bolsas mientras hablaban entre sí, por un lado afinando los últimos detalles con respecto a la fiesta en honor a Mikoto ahora que estaba dejando de ser una niña y por otro lado habían acudido a la medina para comprar velos y ropa nueva para la pequeña pelirosa, Sasuke estaba muy ocupado últimamente en reuniones con sus socios de El Cairo que estaban de visita en Marruecos por lo que había encomendado a ella que eligiera un regalo para que Mikoto usara en la fiesta, confiando en su buen gusto. La Uchiha vestía una sencilla blusa de gasa color durazno que cubría holgadamente su figura transparentando su silueta de manera sugerente, de escote alto y cuadrado que casi dejaba expuestos sus hombros, mangas holgadas y transparentes que se abrían a la altura de los codos para exponer los brazos y cómodos pantalones de velo blanco con una falda transparente de color dorado sobre ellos, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, sin otra joya más que su collar de jade alrededor de su cuello a excepción del brazalete de oro en su brazo izquierdo y la pulsera en su muñeca derecha. Suspirando profundamente, Sakura se dejó caer sobre uno de los divanes de la sala, arrastrando a Biwako consigo, tanto para descansar como para hablar, porque siempre era placentero hablar con Biwako que era como una segunda madre para ella.
-Eres romántica, Biwako, demasiado romántica— reflexiono Sakura ante todo lo que habían tratado en la medina en su regreso a casa. —Dime la verdad, ¿nunca te enamoraste de nadie?— curioseo ya que no entendía como es que estaba soltera siendo una mujer tan maravillosa y atenta, además de bonita aunque ya no fue tan joven.
-Una vez me iba a casar— confeso ella para sorpresa de Sakura que sonrió al oír aquello, —era un joven guapo que trabajaba en las tinas del señor Hiruzen, tiñendo cuero— su mirada inevitablemente se tiño de nostalgia al recordar esos días en que había sido joven y se había ilusionado ante la idea de vivir el amor, —nunca lo vi, pero Natsu decía que era muy guapo— aclaro ya que como dictaban las costumbres no era apropiado que un hombre y una mujer se conocieran sin estar prometidos.
-¿Y porque no te casaste?— pregunto la Uchiha, porque quien se negara a casarse con ella estaría demente, —¿Murió?— supuso cubriéndose los labios al pensar en ello.
-No, Izumi nació y me enviaron a Brasil a cuidarla— negó Biwako, dejando libre una carcajada ante la disparatada idea de Sakura, —cuando volví él ya se había casado con otra y nadie más vino a pedir mi mano— añadió ante la curiosa mirada de Sakura que estaba atentamente su relato.
-Que historia tan triste, Biwako— suspiro la pelirosa, Izumi se sentiría culpable si supiera que Biwako había abandonado la posibilidad de casarse por criarla a ella.
-Era mi suerte, Alah lo quiso así— se conformó ella tal y como había hecho siempre a lo largo de los años. —Ya soy feliz con solo verte, tu felicidad es la mía— declaro con una sonrisa al ver a Sakura tan feliz junto a Sasuke, teniendo una familia y viviendo en paz.
Conmovida por las palabras de Biwako, Sakura no dudo en besarle la mejilla y abrazarla con todas sus fuerzas, retribuyéndole en cierto modo todo el amor de madre que le había dado a lo largo de los años y que para ella era invaluable. Puede que no hubiera podido vivir el amor y ser feliz como otras mujeres de su edad si habían hecho en su día, pero Biwako no iba a negar que había logrado ser feliz a su propio modo, el señor Hiruzen siempre había estado ahí para ella como lo haría un marido, siempre había podido hacer y decidir sobre esa casa como si fuera ama y señora a causa de la confianza que él le tenía, y lo mejor es que había podido criar a Izumi como si fuera su propia hija y había vivido lo suficiente para verla a Sakura y a ella formar sus propias familias, siendo parte importante en todo, ¿qué más podía pedirle a la vida? Era feliz, a su propio modo pero era inmensamente feliz.
Nuevamente Ayame se había apartado de sus hermanos al salir de clases, porque esa era ciertamente la única oportunidad que tenia de estar junto a Haruto, las clases terminarían en una semana y luego no podrían frecuentarse tanto como quisieran porque su padre no la dejaría salir de clase con libertad, en esta oportunidad Ayame había mentido al decir que debía quedarse buscando algo en la biblioteca—en realidad si había tomado prestado un libro de la biblioteca de la escuela pero esa era otra historia—y que regresaría más tarde a casa, sentada en una de las bancas del parque en compañía de Haruto, ambos enteramente concentrados el uno en el otro y en verse a los ojos, pudiendo disfrutar del silencio y de solo estar sentados uno junto al otro, guiados por un sentimiento mucho más fuerte y que sentían que no necesitaba un nombre porque sabían bien que era en su mente y corazón; amor. Revisando la hora en su teléfono—regalo de su padre y a su vez permanente recordatorio de que no podía engañarlo—, Ayame apretó los labios en una línea recta, no teniendo el valor de decir que había llegado el momento de regresar a su casa y poner fin al maravilloso tiempo que estaban pasando juntos, no quería romper con la magia del momento, aunque de todas formas Haruto ya lo sabía y fue el primero en levantarse de la banca por lo mismo, siendo imitado por ella.
-Voy contigo— declaro Haruto, cansado de tener que esconderse, estando dispuesto a enfrentar todo por ella.
-Haruto— protesto Ayame, de nada serviría que lucharan ahora, solo los separarían de hacerlo.
-¿No quieres que sepa dónde vives?— cuestiono el pelicastaño, aunque en cualquier caso ya sabía dónde vivía.
-No es eso— negó la Uchiha, no deseando que él se hiciese una idea equivocada, de ser por ella ya lo habría llevado a su casa hace tiempo.
-Pues, vamos— determino él encogiéndose de hombros despreocupadamente, porque según ella señalaba no había ningún problema.
-Es que…aún no he dicho que somos novios— menciono ella jugando distraídamente con sus manos.
-Puedes decir que soy tu amigo— sugirió Haruto en caso de que eso les permitiera verse con más frecuencia.
-No…no puedo— suspiro Ayame, mordiéndose el labio inferior, intentando postergar decirle lo que se tornaba inevitable.
-¿Qué sucede, Ayame?, ¿No puedes tener amigos?— inquirió él en caso de que su conducta pudiera resultar ofensiva para la familia de ella.
-No, es que…— la Uchiha se sentía literalmente entre la espada y la pared, sabía que debía ser sincera, no había otra opción, —mi padre nunca me dejara ser novia de un brasileño, solo me dejara si eres de la misma religión, no puedo presentarte con él por causa de eso— confeso por fin, porque no quería seguir mintiéndole.
Qué más quisiera que llevarlo a casa y decirle a su padre que Haruto y ella eran novios, pero él no lo aceptaría ya que al igual que su madre había dicho, el noviazgo no existía para los musulmanes ellos solo creían en el compromiso y matrimonio, en nada más, pero ella había encontrado el amor y estaba dispuesta a luchar por ello a como diera lugar. De pie uno delante del otro en ese parque, Ayame no se dio cuenta hasta ese momento de lo cerca que estaban Haruto y ella, uno delante del otro y con centímetros efímeros distanciando sus rostros, haciendo que ella se mordiera el labio inferior por impulso ante el desbocado deseo que sentía por besarlo al menos una vez y que en ese momento la guio a dejarse llevar por sus sentimientos y acercar su rostro al de él. Era una completa locura hacer algo así en ese lugar, en el parque, de día, a vista y paciencia de todos...más sin importarles nada, guiados enteramente por lo perfecto que era el momento, ambos se dejaron llevar por lo que sentían estando juntos hasta unir lentamente sus labios en un roce lento, respetuoso de parte de Haruto que hasta ahora jamás se había atrevido a dar el primer paso para no ofenderla, más lentamente y con idéntico cuidado acuno el rostro de ella entre sus manos, sonriendo contra los labios de ella al romper el beso, embelesándose con sus ojos negros cargados de inocencia y que brillaron aún más al encontrarlos con los suyos.
-Me gustas tanto…— sonrió Haruto, sin poder apartar sus ojos del rostro de ella que era más hermosa que nadie en el mundo a sus ojos
-Tú también me gustas— correspondió Ayame, pegando su frente a la suya. —Y mi padre tendrá que aceptar— decidió como promesa de que más pronto que tarde ya no tendrían que ocultarse en lo absoluto.
¿Cuantas personas en el mundo morían sin tan siquiera tener oportunidad de conocer el amor? Ella lo había conocido y deseaba vivir en su plenitud, aunque supiera que tuviera a todo su mundo en contra, ¿Alah no había creado acaso a los humanos para ser felices? pues ella deseaba ser feliz, y en ese momento uniendo sus labios con los de Haruto una segunda vez, sin dejar de sonreír, decidió que iba a ser feliz, aunque debiera huir de casa para lograrlo, pero iba a ser feliz a como diera lugar.
Ahora que otra de sus hijas estaba dejando de ser una niña—aunque en su corazón siempre vería a sus hijos como si siguieran siendo los bebés que habían estado casi nueve meses en su vientre—, Sakura se sentía permanentemente inquieta, temía por el futuro que se podría avecinar, temía que sus hijas cometieran los mismos errores que ella y en tan tensa situación, para no preocupar a Sasuke, supo a quién dirigirse, visitando el hogar de su tío Hiruzen que jamás postergaba sus preocupaciones y que siempre la escuchaba. Sentada delante de su tío en el diván, Sakura suspiro mucho más tranquila para sí misma al oír que no estaba sola en esta lucha, hermosa como siempre la pelirosa vestía una sencilla blusa color jade de escote en V y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, falda de velo de gasa dorado apagado sobre unos cómodos pantalones de velo blanco que casi parecían ser una falda, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda peinado en un ligero recogido para hacer resaltar un par de largos pendientes de oro y esmeralda en forma de lagrima con su collar de jade de forma infaltable alrededor de su cuello y que había vuelto a usar desde que Sasuke lo había regresado a su vida, y por ultimo un brazalete adornando su brazo izquierdo y una pulsera en la muñeca derecha. Su tío siempre había estado ahí para hacerla entrar en razón, si hoy era la mujer que era en gran parte se debía a él y agradecía a Alah que él también pudiera estar presente para sus hijas.
-Gracias por sus palabras, tío, me da paz con su presencia— sonrió Sakura, mucho más tranquila al saber que siempre podía contar con su familia cuando más lo necesitaba.
-Siempre se debe compartir la sabiduría, Sakura— el Sarutobi estrecho las manos de ella entre las suyas, viéndola como si fuese su hija y la amaba así, —el conocimiento es para todos, pero debe usarse con sabiduría— menciono como lección para ella que asintió con una radiante sonrisa en respuesta.
-Señor— saludo Biwako al entrar en la sala y hacerse presente, esperando no intervenir en la conversación.
-¿Qué sucede, Biwako?— pregunto Hiruzen, ya que cuando se presentaba así es porque había llegado alguna visita.
-El señor Homura está aquí— revelo ella con interno disgusto ante lo que eso podía significar.
-¿Homura, aquí?— repitió él, no sorprendido pero si preparándose para la disputa que probablemente tendría lugar. —¿Dijo por qué?— inquirió con inevitable curiosidad.
-No me dijo nada, señor— negó Biwako, encogiéndose de hombros. Sin otra opción, el Sarutobi se levantó del diván y abandono la sala hacia la entrada de la casa. —Vino acompañado por una joven muy bella— menciono para Sakura que permaneció sentada en el diván.
Esa sola mención fue suficiente para que Sakura se levantara en el acto del diván de un salto, apretándose nerviosamente las manos mientras se dirigía hacia el umbral de la sala en compañía de Biwako que temía lo que ella pudiera hacer en un arranque de cólera. ¿Por qué no se le había ocurrido pensar que tarde o temprano tío Homura intentaría hacer que Sasuke tomara una segunda esposa? infinitas habían sido las oportunidades en que a lo largo de los años el tío de su esposo había aludido a Sasuke la posibilidad de tener una segunda esposa y lo beneficioso que eso sería para él a través de menciones al azar pero por primera vez en muchos años se había atrevido a encontrar a una mujer en concreto, lo que enfureció de inmediato a Sakura, aunque no la viera ni supiera quien era esa mujer. Con las manos a cada lado de su cuerpo, cansado de tener que lidiar con el Uchiha que siempre discutía con él de alguna forma, Hiruzen frunció ligeramente el ceño al llegar a la entrada de la casa y ver a Homura acompañado por una joven que con seguridad no tenía más de dieciocho años y que inclino respetuosamente la cabeza al verlo...ya se hacía una idea de la razón del Uchiha para estar ahí pero prefería no decir nada ni acusarlo infundadamente sin tener pruebas, eso y porque quería evitarse otra pelea que añadir a la lista de las que ya habían sostenido entre si hasta hoy.
-Salam Alaykom, Homura— saludo el Sarutobi, prefiriendo no hacer juicios preconcebidos y actuar con educación.
-Alaykom Salam, Hiruzen— correspondió el Uchiha inclinando ligeramente la cabeza en respuesta. —Ella es Takara de la familia Otogakure— presento volviendo la mirada a la joven que lo acompañaba y que inclino la cabeza con respeto. —Vine aquí para pedir tu ayuda, durante el último viaje de mi sobrino a Brasil me di cuenta de lo descuidada que dejo su casa, sin una mujer que se ocupara de todo— explico para exponer el asunto en cuestión.
-No difames, Homura, mi sobrina es una buena mujer que se ocupa de su casa— advirtió Hiruzen, porque la conducta de su sobrina estaba fuera de cuestión, —si la casa se quedó sola fue porque Sakura y sus hijos acompañaron a Sasuke, él lo quiso así— recordó ya que todo el asunto del viaje a Brasil había sido decisión de Sasuke y de nadie más.
-Aun así— diferencio Homura, haciendo oídos sordos a sus palabras, porque él hablaba desde el afecto. —Takara es una joven de una buena familia, es perfecta para ser una segunda esposa, es mucho menos escandalosa y exhibicionista que tu sobrina— comparo de forma inevitable.
-Eso no lo permito, Homura, no tolerare que difames a mi sobrina en mi propia casa, Sakura es una buena mujer— protesto él de inmediato, cansado de este tipo de situaciones y que no hacían más que repetirse día si y día también.
Ahí estaba nuevamente esa maldita discusión que siempre y de alguna forma conseguía espantar el buen ánimo de Hiruzen, sabía que su sobrina había cometido errores pasados que él por cierto había encubierto en su día, pero esos errores no volverían a repetirse porque conocía bien a Sakura y la mujer que era, y no toleraría que Homura pese a ser el representante de mayor edad de la familia Uchiha—a la que Sakura pertenecía por matrimonio—se atreviera a difamarla y llamarla exhibicionista o mujer escandalosa, ya quisieran muchas familias tener a alguien como Sakura, ella era un tesoro viviente. Desde su lugar en el umbral de la sala y acompañada de Biwako, Sakura contemplo a esa mujer que recorría todo con la mirada intentando familiarizarse con un entorno que ya consideraba propio, vestía una sencilla blusa marfil claro de escote alto y en V, de mangas acampanadas y que llegaba hasta la altura de los muslos, pantalones holgados, usando un par de largos pendientes de oro en forma de sol de los que pendían sarcillos de oro y con su largo cabello naranja cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, culto por un velo igualmente blanco, era muy bonita con esa piel blanca como la leche, esos ojos oscuro, rostro dulce y largos cabellos de ese particular tono naranja, además de joven, lo suficiente como para hacer sentir insegura a Sakura que apretó fuertemente los puños, porque no permitiría que nadie le quitara su lugar en la vida de Sasuke, jamás.
-Ni muerta tolero a una segunda esposa, ¡ni muerta!— declaro Sakura a Biwako de manera inquebrantable. Sin dudarlo ni por un momento, llevada enteramente por la rabia, Sakura se abalanzo contra la desconocida pelinaranja. —Maldita víbora, ¡bruja!— le arranco el velo a esa mujer mientras la jalaba del cabello, forcejando con ella.
-¡Natsu!, ¡rápido, ayúdenme!— llamo Biwako a todo pulmón, sujetando a Sakura de los hombros e intentando separarla de esa mujer.
Siempre se había considerado a sí misma como una mujer razonable y que anteponía el entendimiento y la razón a todo, pero en ese momento Sakura peleo con todas sus fuerzas con esa mujer que no dudo en corresponder a su actuar, ambas abofeteándose y forcejeando entre sí, jalándose el cabello en medio de los constantes intentos de interferencia de Biwako, Natsu y las criadas de la cocina, siendo observadas por Hiruzen y Homura que no se atrevieron a intervenir. Se sentía furiosa, furiosa con la idea de que alguien pensara que podía meterse en su vida y apartarla del otro que amaba, tanto que todo lo que Sakura sentía en ese momento era una ira ciega mientras era apartada de esa mujer por obra de las criadas y Biwako a la par que esa mujer también era apartada de ella, forcejando por liberare y continuar golpeándola hasta el cansancio. Para cualquiera que hubiera visto esa pelea hubiera resultado un verdadero pandemónium de gritos y golpes, pero nada detuvo a Sasuke que tan pronto como entro cruzo el umbral de la puerta envolvió sus brazos alrededor de Sakura para apartarla de esa mujer, zarandeándola de los hombros para hacerla entrar en razón, ¿que creía que estaba haciendo? ella no era el tipo de mujer que peleaba ante la más leve provocación y con una completa desconocida, incluso la sentía temblar bajo su tacto a causa de la ira que se había apropiado de ella, ¿que la había hecho actuar así?, ¿que la había hecho montar semejante escándalo?
-Basta, Sakura, ya basta— dicto Sasuke, sin soltarla hasta estar seguro de que ella estaba recobrando la calma, —¿Qué significa esto?— cuestiono en espera de una explicación ante ese escándalo de su parte.
-Fue ella quien comenzó, ella me golpeo y me ofendió— acuso Sakura pese a que fuera mentira, sin darse por vencida en sacar a esa mujer de esa casa cuanto antes.
-¡Mentirosa!— protesto Takara igual de furiosa, intentando zafarse del agarre de las criadas. —Que Alah disminuya tus días— proclamo con veneno a la pelirosa por atreverse a golpearla.
-Que Alah disminuya tu suerte— deseo la pelirosa de igual modo, intentando zafarse del agarre de Sasuke y golpearla de nuevo.
-¡Silencio!— acallo el Uchiha, soltando a Sakura que fue retenida por Biwako y las criadas, —no quiero peleas, Sakura, no con personas de otras familias— recordó ya que podía tolerar muchos errores de su parte pero no que hiciera un escándalo sabiendo que él detestaba eso.
-La trajeron para ser tu segunda esposa, ¡quiere ser tu segunda esposa!, ¡quiere reemplazarme!— revelo Sakura, exponiendo su razón para sentir tanta ira. —Jura por Alah que es mentira, mujer, ¡jura!— demando con furia, intentando soltarse para golpearla pero siendo detenida por Biwako.
-No juro, no juro, es haram jurar— acepto la pelinaranja sin titubeo alguno, porque si quería casarse con él.
¿Por qué iba a negarlo si era la verdad? El señor Homura la había traído con ese propósito, para conocer a Sasuke Uchiha, y aunque en ese momento estuviera actuando como una mujer escandalosa al pelear de esa manera, Takara quería casarse con él pese a ver un futuro cargado de discusiones en el rostro y animo de quien era su primera mujer. Por supuesto que sería tonto de parte de Sakura creer que el peligro de una segunda esposa hubiera desaparecido, si, tras el nacimiento de Sarada se había desecho de toda posible competidora, alejando a esas víboras de Sasuke pero era muy difícil continuar haciéndolo cada día, no tenía ojos en todas partes y sabía que incluso todos hablaban de la buena reputación de Sasuke tanto como hombre como por sus negocios, incluso en El Cairo se hablaba de mujeres que estaban interesadas en casarse con él…no permitiría jamás que otra mujer apareciera en su casa, ella sería la única esposa de Sasuke, nunca habría ninguna otra, era una promesa a sus hijos y a sí misma, no importa que tuviera que hacer, matar de ser preciso pero Sasuke no tendría una segunda esposa, ella no lo permitiría, pero ese momento y al escuchar a aquella mujer reafirmar sin ningún miramiento o titubeo que su deseo era ser la segunda esposa e Sasuke, Sakura sintió las fuerzas desvanecerse de su cuerpo y antes de tan siquiera darse cuenta estuvo a punto de desmayarse de no ser por Sasuke que de inmediato envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, impidiéndole caer.
-Sakura— el Uchiha la zarandeo ligeramente de los hombros para comprobar que estaba bien.
-Estoy bien, estoy bien— tranquilizo la pelirosa con un vago asentimiento, llevándose una mano a la frente ante lo mareada que se sentía.
-Llévala arriba, a recostarse— indico Biwako, tanto porque era lo mejor como para dejar atrás aquella discusión tan infausta.
Sin siquiera dudarlo, Sasuke obedeció a la indicación de Biwako, cargando en brazos a Sakura que se sentía demasiado débil como para protestar mientras era llevada a la que había sido su antigua habitación, ambos siendo seguidos por la preocupada mirada de Sarada que había llegado junto a su padre y que sin embargo no abandono la entrada de la casa, quería hacerlo pero no podría ayudar a su madre si tan solo la seguía, era aún más importante que se deshiciera de la mujer que ilusa mente creía que podía quitarle su lugar y a quien Sarada volteo a ver con arrogancia. La Uchiha parecía increíblemente inocente en el exterior ante lo joven que era, vistiendo una sencilla blusa rosa coral de cortas mangas hasta los codos y que cubría holgadamente su figura dejando al descubierto su hombro derecho, larga falda de velo rosa pastel hasta los tobillos y ligeramente transparente, con su largo cabello azabache peinado en un ligero recogido que hacia caer sus largos rizos libremente tras su espalda salvo por un par de cortos rizos que enmarcaban su rostro y casi ocultaban los pendientes de oro que usaba y de los que pendían finos sarcillos decorados con diamantes a juego con la guirnalda de inspiración egipcia alrededor de su cuello, tan hermosa como venenosa, Sarada le dirigió una despectiva mirada a la mujer que tenía delante, consiguiendo intimidarla al instante mientras aminoraba la distancia entre ambas al dar un paso más cerca de ella como una cobra que tenía delante a su víctima.
-Vete de aquí, lárgate— ordeno Sarada con voz clara y decidida, —¿no me oíste?— cuestiono al ver que la mujer se había quedado estática mirándola.
¿Creía que solo por ser demasiado joven estaba jugando? Pues no lo estaba y solo basto con que Sarada le sostuviera la mirada a aquella insulsa mujer por dos segundos más para que la pelinaranja inclinase la cabeza en señal de rendición y se retirara como si jamás hubiera estado ahí, haciéndola sentir mucho más tranquila mientras mantenía la frente en alto con gran dignidad al verla partir. Puede que ante la ley de Alah, ella y sus hermanos pertenecieran a la familia de su padre y tuvieran que vivir con él si—Alah no lo quisiera—sus padres llegaban a divorciarse o decidían vivir separados, pero teniendo a Alah como testigo es que Sarada se comprometía a huir de ser preciso pero jamás se alejaría de su madre, ni ella ni tampoco sus hermanos, por lo que si para proteger a su madre debía deshacerse de quienes pudieran significar un peligro para su madre, entonces lo haría.
Su madre la había protegido siempre y ahora era su turno de protegerla a ella.
Sentada delante del tocador de su hermana, Hana practico la forma adecuada de maquillarse, teniendo sumo cuidado de la forma en que delineaba sus ojos delante del espejo, tal y como su tía Sakura le había enseñado durante su estadía en Rio de Janeiro hacía ya tantas semanas, sonriendo coquetamente delante del espejo pese a saber que aún era demasiado joven para maquillarse de ese modo, pero practicar como hacerlo jamás estaba demás al fin y al cabo no sería una niña para siempre. Sin dejar de sonreír ante su reflejo, la Uchiha jugo distraídamente con una de las varillas de incienso que su hermana tenia encendida, disfrutando del dulce aroma que rozo su nariz y la hizo sonreír todavía más mientras volvía la mirada hacia Ayame que se encontraba sentada en el borde de la cama. Sus hermanos desconocían por completo lo que Ayame estaba haciendo, ¿por qué? porque seguramente se opondrían a que su hermana mayor estuviera enamorada de un occidental y tal vez se lo dirían a su padre, arruinándolo todo, Hana al igual que Ayame se consideraba alguien muy enamoradiza y que quería vivir el amor, y como parte fundamental de ella consideraba importante que su hermana encontrase el amor verdadero, ¿y quién decía que Haruto no era el indicado? se notaba a leguas que amaba a Ayame, pero solo había una forma de comprobarlo, una forma en que todos acabarían aceptando su relación tarde o temprano.
-Mamá cree que no es nada serio, que olvidare a Haruto— suspiro Ayame, dejando de observar a la nada y enfocándose en el rostro de su hermana que la escuchaba atentamente, —pero no puedo, estoy muy enamorada de él— declaro pese a saber que alguien podía escucharla ya que la puerta de su habitación se encontraba abierta.
-Llévalo pronto con el sheikh, Ayame— sugirió Hana a modo de ayuda, aunque pensándolo bien le sorprendía que su hermana no hubiera pensado en eso antes, —así cuando papá lo sepa, Haruto ya será musulmán y nadie podrá decir nada— aclaro al ver incredulidad en el rostro de su hermana que claramente no había considerado aquello.
-Eres una genio, Hana— celebro la Uchiha sin poder creer haber dejado pasar ese detalle.
Tan enamorada como estaba de Haruto y tan concentrada como estaba en enfrentarse al mundo por él de ser preciso...Ayame jamás había tan siquiera considerado esa posibilidad; si Haruto se convertía al islam, incluso siendo un occidental, quedaría como un joven respetable y de buenas intenciones a ojos de su padre, no sería visto como infiel o idolatra, además nadie tenía porque saber que no era musulmán una vez se convirtiera tendría que vivir como uno y nadie notaria la diferencia, ¿que si Haruto aceptaría convertirse al islam por ella? claro que si, en su último encuentro incluso le había preguntado que podía hacer para que su familia aceptara su relación, solo que ella no había sabido que contestar, pero ahora si lo sabía y todo gracias a Hana a quien abrazo con todas sus fuerzas al levantarse de la cama, ambas riendo efusivamente entre sí. Al escuchar el ruido de la risa de sus hermanas, Rai se detuvo en medio del pasillo tras regresar a su habitación por un libro para leer en la sala, apareciendo en el umbral de la habitación de su hermana Ayame—cuya puerta permanecía abierta de par en par, cabe mencionar—y desde donde observo de brazos cruzados lo felices que se mostraban sus dos hermanas que no dudaron en separarse y sostenerle seriamente la mirada al advertir su presencia, puede que Rai no dijese nada pero en el fondo sabía muy bien que esas dos se traían algo entre manos, esos susurros que compartían entre si no podían ser una buena señal.
-¿Qué tanto conversan las dos?— curioseo Rai sin hacer desaparecer la expresión de seriedad de su rostro.
-Nada— contesto Ayame tranquilamente y encogiéndose de hombros mientras le sostenía la mirada.
Qué más quisiera que poder compartir su secreto con Rai y Yuudai tal y como hacía con Hana, pero aquello no era posible porque ellos le dirían la verdad a su padre y Ayame no quería correr ese riesgo, por lo que prefería mantener la boca cerrada y contarle todo solo a Ayame, aunque supiera que de ese modo la convertir en su cómplice en cierto modo. No sabiendo si creer o no en la palabra de sus hermanas, Rai se reservó su juicio para sí mismo, contemplándolas en silencio por un par de segundo más antes de darles la espalda y regresar a la sala, pretendiendo o dando a entender que había ignorado lo que sea que hubiera sucedido o fingiendo que no sucedía nada aunque en su mente llevase nota de todo muy minuciosamente. Nuevamente a solas, ambas hermanas se observaron entre si antes de volver a reír.
Entre chicas era bueno tener sus propios secretos, ¿verdad?
Aunque estuviera molesto con Sakura en ese momento, Sasuke se permitió ignorar por completo la escena que había visto al entrar en la casa mientras ingresaba en la habitación y con sumo cuidado dejaba a Sakura sobre la cama, sentándose a su lado, muy pendiente de sus reacciones en todo momento, todo su comportamiento del día de hoy lo estaba preocupando, por un lado su pelea con esa mujer que le resultaba una completa desconocida y por otro lado este abrupto desmayo y que la había dejado tan frágil, ¿qué le estaba pasando? Demasiado débil como para protestar, Sakura se dejó recostar sobre la cama, llevándose una mano a la frente con miedo ante la sensación que la recorría, sentía como todo le daba vueltas, ni siquiera podía enfocar claramente con la vista lo que estaba delante de ella hasta luego de varios segundos que fue cuando noto que Sasuke estaba a su lado y entonces se aferró a su presencia, abrazándolo con todas sus fuerzas y como si su vida dependiera de ello. No era ninguna tonta, sabía bien que lo que tío Homura quería era que Sasuke se casara de nuevo, tío Homura estaba a favor de las antiguas costumbres que veían con buenos ojos que un hombre tuviera más de una esposa pero ella no aceptaría eso jamás, lo que él en realidad quería era que Sasuke la abandonara y le daba miedo esa posibilidad, pero no solo eso, le daba miedo esta sensación al momento de desmayarse y que había sentido desde hace varios días, temía lo que pudiera significar.
-Sasuke…— suspiro Sakura, mucho más tranquila y reconfortada al tenerlo a su lado en ese momento.
-Tranquila, no te inquietes— sosegó el Uchiha con sus brazos alrededor de ella, acariciando sus sedosos cabellos rosados bajo sus manos.
-Júramelo, júrame que nunca tendrás otra esposa, júralo— rogó la pelirosa con vehemencia, sin sentirse tranquila hasta escuchar esa promesa de su boca.
-Lo juro, lo sabes— prometió Sasuke, no solo porque sabía que eso la haría sentir mejor sino porque era la verdad, porque no quería a nadie más que a ella.
Puede que a ojos de los demás Sakura no fuese la mujer perfecta, tenía defectos, pero era perfecta para Sasuke, prefería ser infeliz junto a ella que ser feliz lejos de ella porque para él solo existía vida si ella estaba a su lado, no concebía una existencia diferente, no importa que ella montase un escándalo como el que acababa de suceder, él jamás podría pensar en apartarla de su vida, no cuando ella era lo más importante en su mente, su mundo entero y no la cambiaría por nada ni por nadie. Los segundos pasaban delante de Sakura, permitiéndole recobrar parte de la cama, de sentirse segura al percibir el material de la cama bajo su cuerpo, el calor de la presencia de Sasuke al abrazarla pero sin embargo el miedo persistía en su pecho, el miedo ante este desmayo que para otros podría significar nada pero que para ella era todo, ¿Por qué se había desmayado?, ¿Por qué ahora? Lo primero que se le vino a la mente fue su fallecida madre Mebuki que había sufrido de desmayos idénticos a causa de su enfermedad y los síntomas que ello traía, ¿es que significaba algo?, ¿es que era una señal de que su felicidad había terminado y que debía prepararse para morir? Negando en silencio para sí, Sakura se negó a aceptarlo mientras se aferraba a Sasuke con todas sus fuerzas, solo pidiéndole que se quedase ahí con ella y que le recordase lo mucho que la amaba, tanto como ella lo amaba a él.
-Solo vivo por hacerte feliz, Sasuke, solo por eso…— aseguro Sakura en medio del abrazo, aferrándose al presente y no deseando pensar en nada más.
-Tranquila, tranquila— repitió Sasuke sin separarse de ella, enfadándose al instante con su tío por alterarla y asustarla de ese modo.
Abrazando a Sasuke con todas sus fuerzas, Sakura debía reconocer que tenía muchísimo miedo, sentía un miedo espantoso latiendo de manera desbocada en su corazón, el miedo a que su felicidad terminara, ¿Qué otra cosa podían significar este desmayo y la sensación que los acompañaba? Sollozando en silencio contra el cuello de Sasuke, Sakura intento olvidar e ignorar su miedo, refugiándose en su presencia y su amor…no podía ser verdad, su felicidad no podía terminar ahora, no podía ser así.
Dejar lo que había sucedido con esa mujer llamada Takara atrás había sido increíblemente fácil para Sakura tan pronto como Sasuke le había prometido que no tendría a otra esposa que no fuese ella, creía en su palabra, era el tío Homura en quien no confiaba porque sabía que él no la consideraba una buena esposa. Con una ligera sonrisa, Sakura ingreso en la sala del hogar de su tío trayendo consigo un jarrón repleto de rosas rojas que estaba ordenando, alzando la mirada al ver a Sasuke en la sala. La pelirosa vestía una sencilla blusa color durazno de escote en V que cubría holgadamente su figura, de mangas holgadas que se ceñían a la altura de los codos, falda de velo hasta los tobillos y que formaba un elegante degrade del marrón al negro, con su largo cabello peinado en un complejo recogido que dejaba caer sus ríos a la altura de su nuca, largos pendientes de oro en forma de flores de jazmín, su collar de jade alrededor de su cuello y un brazalete de oro en su brazo izquierdo a imagen de la pulsera en su muñeca derecha. Ambos se observaron largamente el uno al otro antes de tomar rumbos separados, Sakura digiriéndose hacia la mesa donde estaba Biwako acomodando un mantel y en que dejo el jarrón, y Sasuke dirigiéndose hacia el despacho para hablar con su tío Hiruzen, este era el castigo de Sasuke por el escándalo que ella había provocado; su silencio y dormir sola por unos cuantos días, una tortura para los dos cabe añadir.
-¿Por qué no lo llamas para ver qué opina de los preparativos?— pregunto Biwako confundida por la alegría de parte de la pelirosa quien no dejaba de sonreír.
-No, Biwako, ya hice un escándalo por causa de esa mujer— negó Sakura sin hacer desaparecer su sonrisa o no por completo, —Sasuke es muy orgulloso, sé que no me lo dirá pero está enojado— si algo detestaba Sasuke eran los escándalos y ella sabiéndolo había actuado indebidamente, lo había ofendido y lo sabía, —Deja que su ira se aplaque, espera a esta noche, yo se mejor que nadie como ganar su perdón— inevitablemente una pícara sonrisa adorno su rostro, teniendo una estrategia muy clara de que hacer.
-Sakura…— sonrió ella, ya pudiendo hacerse una idea de lo que la pelirosa tenía en mente.
-Siento que va a ocurrir algo muy bueno, Biwako, mi corazón me lo dice— contesto la Uchiha simplemente y sin hacer desaparecer su sonrisa.
Días atrás se había sentido muy asustada por aquel desmayo pero hoy todo lo que quería era vivir el presente e ignorar sus miedos, solo quería concentrarse en la fiesta en honor a su pequeña hija y que tendría lugar esa noche, por lo que todo debía ser absolutamente perfecto, pero principalmente solo quería concentrarse en Sasuke y en hacer que perdonara su comportamiento al enfrentarse con esa mujer días atrás, y para ello sabía bien que hacer; iba a danzar para él en la fiesta, iba a seducirlo como solo ella podía hacerlo, igual que la primera vez.
Como siempre, no existía absolutamente nadie mejor que los musulmanes si de preparar una fiesta se trataba, haciendo que Mikoto se sintiera absolutamente feliz tras nada más cruzar el umbral y ver la celebración que tío Hiruzen había orquestado en su honor, haciéndola sonreír radiantemente en todo momento. Desde las odaliscas traídas especialmente desde El Cairo hasta los músicos, todo era absolutamente perfectos e incluso Homura debió reconocer al encontrarse invitado a la fiesta, mas desde cierta distancia era observado por Sarada que no le quitaba los ojos de encima en ningún momento. La Uchiha portaba un elegante vestido de seda color jade, en honor de su madre desde luego, sin mangas y de escote corazón bordado en oro en el borde del escote y en el centro del corpiño para replicar un bordado en forma de mariposa, con un fajín bordado en oro y que se anudaba en el costado de su caderas y larga falda hasta los tobillos que formaba un elegante degrade entre el jade y esmeralda, su largo cabello azabache caía libremente sobre sus hombros y tras su espalda, enmarcando los largos pendientes de oro que sostenían un dije en forma de flor de cerezo con una esmeralda en el centro, su ánimo no era precisamente festivo pero todo fuera por la alegría de su hermanita, solo en eso quería pensar.
Quienes igualmente tenían un ojo vigilante sobre tío Homura eran Daisuke y Sanosuke que permanecían al lado de su hermana mayor y de brazos cruzados, por mucho que ellos estuvieran ceñidos a otras reglas en la ley musulmana debido a su género, no permitirían jamás que su madre tuviera que compartir techo con otra mujer, no permitirían que su padre tomara otra esposa, pero si en ese momento no estaban montando un escándalo eso se debía solo a su hermana Mikoto, esta noche era solo suya. La pequeña pelirosa se encontraba ataviada por un hermoso vestido de gasa y chiffon dorado claro, de cortas mangas transparentes que se ceñían a la altura de los codos, escote en V que cubría holgadamente su figura, larga falda hasta los tobillos, bordado en oro a lo largo de la tela, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, decorado por una diadema de oro de la que pendían finos sarcillos que se entrelazaban con sus cabellos a imagen de la guirnalda de oro alrededor de su cuello,, a su lado su hermana Shina usaba una sencilla blusa de gasa y encaje blanca, de escote alto y redondo cerrada por tres botones color dorado en el frente, larga falda hasta los tobillos color azul pastel y su largo cabello rubio castaño cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, con una fina cadena de oro alrededor de su cuello idéntica a la pulsera-anillo en su mano derecha, abrazando por la espalda a Kagami y haciéndole cosquillas mientras jugaban a perseguirse entre sí.
-Tío Hiruzen, ¿ahora ya puedo casarme?— pregunto Mikoto, ansiosa por conocer a quien sería su futuro esposo, pero primero tenía que terminar de estudiar, claro.
-Tienes más prisa que yo— rió Sarada sin poder evitarlo, mas lastimeramente su hermanita se estaba impacientando en demasía.
-Aun debes esperar, Mikoto— sosegó Hiruzen con una sonrisa, —cuando seas mayor de edad podrás casarte, por ahora puedes comprometerte— aclaro para calmar su ímpetu y juvenil emoción.
-Tío Hiruzen puede ayudarte a encontrar un buen esposo, él fue quien orquesto el matrimonio de nuestros padres— menciono la pelinegra con una sonrisa cómplice ya que su tío había acordado ayudarla primero a ella a encontrar un buen esposo.
-Si, tío— asintió la pelirosa con igual emoción, colgándose de su brazo, —quiero un marido muy guapo y rico que me dé mucho oro— aclaro con una permanente sonrisa en el rostro.
Sin poder evitarlo, Hiruzen y Biwako entornaron los ojos mientras se observaban entre sí, esa pequeña sí que tenía prisa por casarse, incluso más que Sarada. Separados entre sí por varios pasos de distancia autoimpuesto como prueba de que habían tenido una discusión, Sasuke dirigió inevitablemente su mirada hacia Sakura que se encontraba de pie junto a Mikoto y Sarada, luciendo más hermosa que nunca si es que eso era posible; vestía una sencilla blusa de gasa color negro de generoso escote en V, de cortas mangas hasta los codos y que cubría holgadamente su figura dejando al descubierto parte de su vientre, larga falda de velo decorada con una serie de sarcillos y monedas de oro a imagen de cómo sería una falda para la danza del vientre , con su largo cabello rosado peinado en una coleta alta que dejaba caer sus largos rizos rosados a la altura de su nuca para exponer su rostro, alrededor de su cuello se encontraba un hermoso collar de oro que se ceñía a la curvatura de su delicado cuello, largos pendientes de oro en forma de sarcillos que casi rosaban su cuello y un brazalete de oro adornando su brazo izquierdo a semejanza de la pulsera en su muñeca derecha...era hermosa como un sueño, haciendo que en ese preciso momento Sasuke se olvidase por completo que estaba molesto con ella, tan solo concentrándose en recorrer cada parte de ella con la mirada y sonriendo ligeramente al recordarse mentalmente que esa hermosa mujer, incomparable a ninguna otra no era sino su esposa, solo suya.
-Mira, Biwako— señalo Sarada con la mirada, sin apartar la mirada de sus padres. —Parece que mi padre ya no está enojado— noto con una sonrisa ladina, feliz en tanto sus padres también lo estuvieran.
-Gracias a Alah, que se reconcilien— celebro ella con una sonrisa, Sakura siempre conseguía lo que se proponía, más si se trataba de Sasuke.
-Ya se reconciliaron— afirmo Hiruzen a ambas, —solo basta ver la mirada de Sasuke—obvio teniendo una percepción muy clara desde donde estaba.
Lentamente y en su lugar, Sakura se dejó llevar por el dulce ritmo de la música, teniendo prolijo cuidado con cada uno de sus movimientos mientras trazaba líneas contra el aire ante el suave movimiento de sus manos para enmarcar su rostro, dejando que el acompasado vaivén de sus caderas imitara el ritmo de la música al dejarse llevar al centro de la sala por las mismas odaliscas que era el centro de atención, siguiendo con la mirada a Sasuke quien si bien hasta entonces se había mantenido un tanto aparto, tomo asiento en uno de los divanes para observarla largamente, ignorando todo lo demás y tan solo concentrándose en ella. Para nadie de entre los presentes invitados a la fiesta resulto extraño ver un cuadro así, todos quienes conocieran a la familia Uchiha siempre habían sido más que bienvenidos a compartir parte de su vida privada a lo largo de los años, y además no es como si Sakura se estuviera exhibiendo adrede, estaba siguiendo las costumbres y danzando como era apropiado en una fiesta, no como lo haría una exhibicionista, pero por el brillo en su mirada y la forma en que no despegaba sus ojos de los de Sasuke era imposible no notar que ambos se encontraban en un permanente tira y afloja entre sí, seduciéndose mutuamente y dejando tras de sí todo acontecimiento que los hubiera enfrentado, completamente concentrados el uno en el otro, y eso era evidente para todos.
Todo, partiendo por la luminosa sonrisa que adornaba su rostro hasta el insólito modo en que cada día no hacía más que volverse todavía más hermosa a sus ojos, todo sobre Sakura hacia que Sasuke se enamorara más y más de ella en ese preciso momento, permaneciendo en su lugar y contemplando cada aspecto de ella, desde su incomparable belleza hasta el modo inocente y a la vez sugerente en que danzaba para él, como si no hubiese nadie más presente, como si estuvieran solos en esa habitación. Con una permanente sonrisa en el rostro, Sakura simplemente se dejó llevar por el ritmo de la música, usualmente siempre le gustaba danzar en las fiesta, ¿y a quien no si se estaba de buen humor? pero nunca tanto como en ese instante, tener sobre si la mirada de Sasuke le brindaba un poder diferente de cualquier otro y que adoraba porque sabía que tenía su voluntad en la palma de su mano en el mejor de los sentidos sin duda, lo estaba seduciendo con cada uno de sus gestos, desde el cadencioso vaivén de sus caderas hasta el lento movimiento de sus hombros y pecho, enmarcando su rostro con el lento movimiento de sus manos, ¿cuántas mujeres en el mundo podían respirar y sentirse deseadas en un instante? Ella si podía y se sentía maravillosa por saberlo, eso solo la motivaba a sonreír todavía más y a olvidarse de todas y cada una de sus preocupaciones.
Se encontraba feliz y absolutamente radiante de alegría, más feliz de lo que nunca antes se hubiera sentido en su vida porque sentía que lo tenía todo, mas y aunque pretendiese ignorarlo había algo que estaba comenzando a preocuparla pese a lo concentrada que se encontraba con la danza, volvía a sentir ese extraño malestar, lentamente sentía como todo daba vueltas a su alrededor, se sentía sobre una nube y no precisamente de alegría, se sentía insegura y tambaleante, más de toda formas empujo esa sensación hasta el fondo de su mente, ignorándola para tan solo concentrarse en Sasuke...hasta que el malestar se apropió por completo de ella y le impidió seguir de pie. Aunque se encontrase tan embelesado por Sasuke, de pronto algo comenzó a suceder y eso Sasuke lo noto, frunciendo el ceño ligeramente desde su lugar al percibir algo en los gestos de Sakura al quedarse repentinamente quieta y verla llevarse una mano a la frente, cerrando los ojos, el mismo gesto que había tenido días atrás al desmayarse y que lo hizo levantarse del diván al instante por reflejo al preocuparse por ella, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de ella que se desvaneció en sus brazos, completamente inconsciente.
-Sakura— llamo Sasuke zarandeándole ligeramente el hombro, sin recibir respuesta alguna, —¿Sakura?— volvió a llamar, acunando una de las mejillas de ella bajo su mano.
El desmayo hizo que la fiesta se interrumpiera al instante haciendo que todos contemplaran con preocupación a la pálida pelirosa que se encontraba inconsciente en los brazos de Sasuke, era el segundo desmayo en menos de una semana y esta vez en una situación completamente cotidiana, normal, ¿Qué podía significar? Esta vez incluso Sasuke estaba aterrado.
PD: Hola, hola, mis amores, prometi actualizar antes del domingo y lo hago a toda prisa porque mañana haré un pequeño viaje a la playa, asi que no podre escribir, esperando que me perdonen pero necesito un breve respiro :3 las siguientes actualizaciones serán "Antuco: Sueño Blanco" a mas tardar el miércoles, "El Siglo Magnifico: El Sultan & La Sultana" el viernes y "El Velo del Amor" el domingo a mas tardar, lo prometo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias como siempre por sus maravillosos comentarios) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicandole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Tio Abdul como Homura Mitokado
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Khadija Rachid como Sarada Uchiha
-Samira Rachid como Ayame Uchiha
-Amim Rachid como Rai Uchiha
-Ze Roberto como Haruto Gekko
-Rania como Takara Otogakure
Curiosidades y Diferencias:
Pelea de Mujeres & Seducción Marroquí: en el capitulo 154 y 155 de la novela original "El Clon/O Clone" Jade tiene un serio enfrentamiento con la segunda esposa de Said, Rania, sus razones son completamente diferentes de las de Sakura en esta escena sin embargo considere que la escena y la pelea entre ambas mujeres eran tan importante que simplemente tenia que representarla en esta historia aunque fuera de manera muy breve. Ya que en esta historia Sasuke no toma una segunda esposa, Takara es simplemente una mujer de una buena familia que es barajada como una posibilidad de Homura para intentar hacer que Sasuke tome una segunda esposa, además de una competidora mas para Sakura, pero eso no significa en lo absoluto que Sasuke este pensando en tener otra esposa, en lo absoluto. El vestido que Sarada usa en la fiesta es el mismo que lucio Sandra Echeverría en una fotografía promocional para la telenovela "El Clon" de Telemundo, el vestido de Mikoto esta tomado de un vestido usado por Karla Díaz quien interpreta a Khadija (la hija de Jade y Said) en "El Clon/O Clone" de 2001. La escena de Sakura danzando para seducir a Sasuke en la fiesta es una replica casi exacta de lo que sucedió en el capitulo 206 de la novela original, salvo que en esta situación el desmayo es real y trae una consecuencia que se dará a conocer en el siguiente capitulo, por lo que manténgase atentos y expectantes a la siguiente actualización
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
