Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Recover" de Ruelle para las dos escenas al inicio del capitulo, "Fight Song" de Rachel Platten para Ayame, "Where Do We Go From Here" de Ruelle para Izumi y "PVRIS" de Eyelids para Sasuke y Sakura.


Dejando atrás la fiesta y todo motivo de celebración, nada fue más importante para Sasuke en ese momento que el bienestar de su esposa a quien recostó con sumo cuidado sobre la cama de la que en el pasado había sido su habitación, prácticamente como una reminiscencia de lo que había sucedido días atrás cuando se había desmayado…al igual que ahora, no quería imaginarse el peor de los escenarios posibles en su mente pero ¿Qué más podía hacer? Sakura jamás enfermaba, era medico así que al fin y al cabo siempre se adelantaba a cualquier acontecimiento, siempre estaba bien, pero estos desmayos incluso comenzaban a preocuparlo a él, ¿Qué es lo que estaba sucediendo? Como nunca deseaba con toda el alma tener esa respuesta. Los siguientes en entrar en la habitación, siguiendo a Sasuke y a Biwako que permaneció de pie junto a la cama, vigilante como un halcón, fueron Hiruzen y Homura, el Sarutobi como miembro de la familia y huésped del hogar en que estaba teniendo lugar la fiesta y el Uchiha como miembro de mayor edad de la familia de su sobrino y como principal apoyo en ese momento. Para Hiruzen era imposible entender cómo es que había sucedido algo así, Sakura llevaba días enteros planeando la celebración, siempre mostrándose alegre y entusiasta, sumamente feliz en todo momento, ¿Cómo es que se había desvanecido en un segundo y sin razón aparente? Lo único que agradeció en ese momento fue que todo sucediera en su hogar en lugar de en cualquier otro lado.

-¿Cómo paso esto?— pregunto Homura sin poder evitarlo, intentando entender la situación.

-Estaba tan bien, tan alegre…— respaldo Hiruzen igualmente preocupado y sin apartar la mirada de su sobrina.

Una parte de todos los presentes intentaba asirse al raciocinio y pensar que tal vez el ambiente de la fiesta se había tornado sofocante para hacer que Sakura se desmayase, solía suceder más de lo que creían en las fiestas, siempre había alguien que se desmayara por la sensación de estar rodeado de una gran multitud. Apretando ligeramente los ojos, sintiendo la suave almohada bajo su cabeza, Sakura se removió incomoda sobre la cama, no recordando cuando se había quedado dormida si su última memoria había sido sobre la fiesta, sobre la alegría que la embargaba, entrelazando su mirada con la de Sasuke…y luego todo se había tornado negro en un parpadeo, entonces fue que recordó que no se había dormido, se había desmayado tal y como había sucedido días atrás y tan siquiera saberlo la desespero más que nada en el mundo. Agradeció que Sasuke estuviera sentado a su lado en ese momento, abrazándose a él con todas sus fuerzas, buscando refugio en su presencia para ahuyentar al miedo que intentaba adueñarse de ella, el miedo a perderlo todo. Amaba a Sasuke, a Sarada, Daisuke, Sanosuke, Mikoto, Shina y Kagami más que a nada en este mundo, no podía ni podría dejarlos solos, ese concepto no existía en su mente, no quería pensar que tal vez algún día tendría que abandonarlos porque ellos eran lo único que podía levantarla después de cada caída, no sabía que haría sin ellos, no quería imaginar un futuro en que no estuvieran juntos, la desesperaba tan siquiera intentar pensarlo.

-Sasuke, no te separes de mí— rogó Sakura mordiendo el labio inferior para no llorar. —Tengo miedo…por favor, no te alejes de mí, nunca— suplico con la voz quebrada, enterrando su rostro contra el cuello de él.

-Nunca lo haré, Sakura, te amo, lo sabes— aseguro Sasuke, correspondiendo a su abrazo, haciéndole saber que estaba ahí, con ella.

-Sasuke…— suspiro la pelirosa, comenzando a preocuparse cuando él rompió el abrazo, encontrando su mirada con la suya.

-Iré por un médico, regresare pronto, lo prometo— tranquilizo el Uchiha sin apartar sus ojos de los suyos como prueba, desviando brevemente la mirada hacia tío Hiruzen y tío Homura que abandonaron la habitación en silencio.

Entrelazo su mirada con la de ella, se perdió en esos hermosos ojos jade a los que era adicto, pegando su frente a la suya, cerrando los ojos por un momento y disfrutando del sencillo placer de tener delante a la mujer que amaba, asegurándole en silencio que iba a volver al abrir los ojos, sonriendo ligeramente al levantarse de la cama, volviendo la mirada en el umbral de la puerta y contemplando el rostro de ella una vez más. Sollozando, Sakura se mantuvo sentada sobre la cama, envolviendo sus brazos alrededor de sus rodillas, alzando la mirada hacia Biwako que permanecía de pie junto a la cama y que se sentó delante de ella con esa presencia maternal y amorosa, intentando calmarla pero ella no conseguía encontrar sosiego, no podía porque tenía mucho miedo, Sasuke y ella se habían vuelto tan unidos con el paso de los años a tal grado que ambos eran incapaces de imaginar una vida en que no estuvieran juntos, era una codependencia tan grande que hacia tétrica la idea de la muerte para Sakura en ese instante porque implicaba alejarse de quien más amaba por un tiempo que se vislumbraba demasiado largo, ¿pero por qué no sería posible que ahora la muerte viniera a buscarla? No era nada descabellado considerar esa posibilidad al fin y al cabo tenía casi la misma edad que su madre cuando había muerto y Sarada tenía casi la misma edad que ella cuando se había encontrado sola...¿era eso lo que iba a suceder ahora?, ¿la historia iba a repetirse acaso?, ¿Por qué ahora?

-Biwako, llevo toda la semana con este maldito mareo, ¿y si es una señal?— cuestiono Sakura, no pudiendo más con la preocupación, sintiendo que desfallecería en cualquier momento.

-Sakura…— intento tranquilizar ella en vano, ya que también estaba preocupada de lo que podía significar.

-Tenía la misma edad de Sarada cuando mi madre murió, Biwako— recordó la Uchiha, imaginándose el peor de los escenarios en su mente, y la aterraba que fuera posible, —no me perdonaría desamparar a mis hijos, no podría— sollozo sintiéndose desamparada aunque estuviera rodeada de su familia y quienes más amaba.

-Calma, no formes una tormenta en un vaso de agua, tranquila— sosegó Biwako, sujetándola de los hombros y haciéndola asirse a la realidad que era lo importante.

Quería aferrarse a las palabras de Biwako, asirse a la esperanza pero le resultaba muy difícil porque no encontraba respuesta alguna en su mente para estos desmayos, abrazando sus piernas hacia su pecho como si fuese una niña, viendo mil y un escenarios en su mente y ninguno era alentador en lo absoluto, entonces fue cuando la doctora apareció en el umbral de la habitación como un bálsamo y una preocupación mayor que la hizo temblar, intercambiando una mirada con Biwako que le acaricio el hombro amorosamente. Respirando profundamente, Sakura sereno sus pensamientos: lo que tuviera que ser, seria, nada más…


Dar con un médico o más bien una doctora no había sido nada difícil, afortunadamente y tan pronto como Sakura se había desmayado el señor Hiruzen había encomendado a Natsu que llamara a un médico al instante, por lo que en ese momento y caminando en círculos en la sala como si se tratase de un león enjaulado, Sasuke trato de calmarse lo mejor posible, la fiesta había terminado y Sarada había regresado a casa junto a sus hermanos, dejándolo a solas con sus pensamientos salvo por la presencia de su tío Homura y tío Hiruzen. ¿Qué es lo que podía estar sucediendo? Sasuke se hacia la misma pregunta mil y un veces en su cabeza sin obtener respuesta, imaginándose toda clase de posibilidades e intentando no asirse a ninguna para no ser paranoico, aunque le estaba costando horrores no serlo. A imagen e Sasuke, Hiruzen se sentó sobre uno de los divanes de la sala pese a también haberse paseado largamente por las inmediaciones de la sala, concluyendo que no obtendría nada positivo de ella, solo le restaba esperar a que la doctora terminase de examinar a Sakura, al igual que todos, acallando la voz pesimista en su cabeza que lo llevaba a plantearse mil y un panoramas posibles, ninguno muy alentador cabe añadir, en medio de todo ese silencio es que considero la idea de que tal vez el desmayo de su sobrina fuese algo normal, tal vez su alegría había sido demasiada para darse cuenta que se estaba sofocando y que el ambiente festivo había resultado ser demasiado para ella.

-Pudo no ser nada— el Sarutobi finalmente, rompiendo con el silencio, —las fiestas como estas siempre sofocan a alguien— obvio viendo asentir a Homura que había presenciado eso más de una vez.

-Espero que sea solo eso, porque si fuera algo grave, no me lo perdonaría— suspiro Sasuke, masajeándose distraídamente las sienes, incapaz de hallar sosiego hasta ver a Sakura.

Últimamente no había podido pasar tanto tiempo como quisiera en casa por causa de su trabajo y por reencontrarse con su mejor amigo Naruto, tal vez debería haber ignorado el trabajo, tal vez debería haberse preocupado más por Sakura y por su salud, tal vez esto había comenzado desde hace tanto tiempo, tal vez estos malestares habían comenzado a manifestarse hace días, semanas y él simplemente no había estado cerca para notarlo, y eso lo hacía sentir culpable, sentía que era su culpa que Sakura estuviera mal. En ese preciso instantes y tras una espera que resulto interminable, la doctora descendió lentamente las escaleras hasta aparecer en la sala en compañía de Biwako, todos aguardaban a que ella diera su diagnóstico sin embargo a Sasuke no le importo nada más que Sakura, dirigiéndose cuanto antes de regreso a la habitación para verla, solo se sentiría tranquilo al verla. Sentada sobre la cama, pegando inconscientemente las rodillas hacia su pecho, Sakura sonrió mientras secaba distraídamente las lágrimas que se habían deslizado por sus mejillas, alzando la mirada y alejándose de sus propios pensamientos al ver a alguien aparecer en el umbral de la habitación, ese alguien era Sasuke quien de inmediato se sentó delante de ella, analizando cada parte de ella con la mirada, esperando una respuesta, intentando entender la sonrisa en su rostro y que no hizo sino crecer al hallarse delante de ella.

-¿Estás bien?— pregunto Sasuke sin apartar sus ojos de ella en ningún momento, atento a cada uno de sus gestos.

-Sí, estoy muy bien— asintió Sakura sin hacer desaparecer su sonrisa, entrelazando sus manos con las de él. —Sasuke, tendremos otro hijo— revelo por fin explicando el porqué de su alegría, no pudiendo más con su alegría.

-¿Lo dices en serio?, ¿Es verdad?— cuestiono él, demasiado absorto para asimilar lo que acababa de oír,

-Si, si, es verdad— asintió ella frenéticamente, sonriendo aún más ante la incredulidad que veía en el rostro de él.

Sin esperar reaccionar alguna porque sabía que Sasuke estaba tan feliz como ella, Sakura envolvió sus brazos alrededor de su cuello, fundiéndose en un entrañable abrazo, enterrando su rostro contra el cuello de él tal y como había hecho instantes atrás solo que esta vez sonriendo con más alegría y plenitud de la que hubiera sentido por Alah convertía cada nuevo temor en esperanza y alegría, ¿Por qué no ser feliz si tenían todas las gracias posibles para serlo? Sobrecogido con la noticia que ciertamente lo había tomado por sorpresa, Sasuke suspiro al recobrar la calma, correspondiendo al abrazo de Sakura y envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de ella, refugiándose en su perfume y en la cálida sensación de su presencia para saber que esto no era una mentira; y no lo era, iban a tener otro hijo, probablemente—en ese punto de sus vidas—su ultimo hijo. Ahí, solos en esa habitación, ambos se mantuvieron abrazados, disfrutando del silencio y de tan solo tener el placer egoísta de ser felices. Personas en el mundo entero se pasaban la vida entera buscando la felicidad, buscando algo que se las brindara, buscando a una persona con quien compartir la vida, la existencia y todo lo que eso conllevara y sin embargo ambos lo habían hecho, tenían una familia juntos, un hogar y se amaban, ¿es que se podía pedir más a la vida?

Eran felices, solo eso era lo importante.


Era musulmana y vivía según las enseñanzas de Alah y del Corán y en lo que creía con todos su corazón, pero por haber sido criada en occidente e interactuando diariamente con todas las libertades que veía día a día en la calle, por asistir a una escuela normal es que Ayame nunca había podido sentirse cómoda con su herencia religiosa ni con el mundo al que pertenecía por nacimiento, a diferencia de sus padres, tíos y primos veía el hecho de ser musulmana como un yugo, un yugo simbolizado por el velo que religiosamente debía usar para cubrir su cabello al salir de casa y a lo que se oponía tajante pero silenciosamente ya que su padre, madre y tía no tenían idea de que tras nada más salir de casa y cruzar la esquina o alejarse lo suficiente de su vista, guardaba su velo dentro de su mochila y no volvía a usarlo hasta regresar a casa, luciendo sin tapujo o titubeo su larga melena de lisos cabellos castaños y haciendo cómplices a sus hermanos de su secreto, porque todos ellos disfrutaban de las libertades y de ser iguales a otros, por lo que se protegían entre sí. Mas en ese momento y tras regresar a casa en compañía de Hana de una breve incursión a la biblioteca, Ayame batallo por mantener la vista al frente y cruzar apropiadamente la calle a la par que buscaba su velo al interior de su mochila con una de sus manos, estaba a un par de pasos de casa y sin embargo esta vez no llevaba el velo que luchaba por extraer del interior de su mochila, siendo apresurada por Hana que no era de mucha ayuda precisamente.

-Date prisa, Ayame, rápido, rápido— apremio Hana, sujetándola del brazo al cruzar la calle para darle algo de tiempo.

-Ya casi, espera— bufo la pelicastaña, por fin extrayendo el velo del interior de su mochila.

-¡Ayame!— llamo una voz muy conocida para ambas y que las hizo detenerse, alzando sus aterrorizadas miradas.

El almuerzo había terminado hacía ya varios minutos más Itachi le había confiado el cuidado y administración de la tienda a su primo Kagami mientras pasaba algo de tiempo en casa junto a Izumi, Emi, Rai y Yuudai, disfrutando de celebrar la noticia de un nuevo sobrino o sobrina en camino, mas ahora todo lo que Itachi podía desear era regresar al trabajo, permaneciendo de pie un par segundos en el umbral del portón de su hogar, sonriendo ladinamente al visibilizar a lo lejos a su hija Hana y a Ayame, mas toda posible alegría en el rostro del Uchiha se esfumo de golpe tras nada más ver que su hija no llevaba velo, y peor aún al verla buscarlo dentro de su mochila…¿Qué había estado todo ese tiempo?, ¿Tenía tan siquiera idea del pecado que estaba cometiendo al ir en contra de sus costumbres, de sus raíces? Congelada en su lugar a causa del medio por saberse descubierta, Ayame no puso protesta alguna en cuanto su padre acorto la distancia entre ambos y la sujeto del brazo, guiándola a la fuerza de regreso a casa, ambos siendo seguidos por Hana que se mantuvo en silencio en todo momento, mas no así Ayame que protesto intentando zafarse del agarre de su padre tan pronto como cruzo el umbral de la puerta principal y quedo expuesta ante los atónitos ojos de su madre y su tía, por fin pudiendo zafarse del agarre de su padre y bajando la mirada con inevitable vergüenza: podría haber seguido con esta mentira por el resto de la vida, no le hubiera importado hacerlo, pero ahora todo estaba en evidencia.

-Izumi, Ayame quiere rasgar el velo como las feministas de El Cairo— acuso Itachi al no encontrar otra explicación para el comportamiento de su hija.

-Mi amor…— intento mediar Izumi, aunque siendo honesta esta también era una sorpresa para ella.

-No le enseñaste nada a tu hija— culpo el Uchiha, ya que Ayame no habría hecho nada de eso sin su permiso.

-Estas siendo injusto conmigo, Itachi— advirtió la pelicastaña, ofendida porque pensara eso de ella.

-Usaras el velo, quieras o no, Ayame— declaro Itachi volviendo la atención a su hija que le sostuvo la mirada con desafío, —ninguna mujer en esta familia ha llevado la cabeza descubierta, no arrastraras el nombre de esta familia por la medina— determino preguntándose que habían hecho mal para que ella quisiera apartarse de la religión de ese modo. —Usaras el velo porque está escrito en el libro sagrado que la mujer religiosa debe usar velo— recordó ya que si ella se jactaba de ser creyente era preciso que usara velo.

-Nadie en mi escuela usa velo, papá, no voy a ser diferente de todo el mundo, ¡no voy a serlo!— protesto Ayame de inmediato, negando a acceder a algo con lo que no estaba de acuerdo en lo absoluto.

Ahí estaba la verdad y no tenía miedo alguno en decirla; si, desde los once años debería de usar velo religiosamente porque el corran citaba que era conveniente a ojos de Alah que toda mujer que se considerase religiosa se cubriera la cabeza al salir de casa, que reservara su belleza para su marido, pero Ayame pensaban diferente, ella creía que usar o no usar velo no tenía nada que ver con su fe hacia Alah, creía en Alah y en que profeta Hagoromo era su mensajero pero no iba a ser diferente de todo el mundo por su religión y por tan solo llevar velo, Alah no podía ser tan injusto con ella ni con nadie para exigir algo así. Desde su lugar, Emi se mantuvo en completo silencio, sin habla ante lo que acababa de oír al igual que Izumi quien se cubrió los labios para ahogar un solazoso, ¿Qué es lo que su hija estaba haciendo?, ¿no se daba cuenta acaso de que de esa forma estaba avivando aún más el fuego? Negando en silencio ante lo que cavaba de oír, Itachi se masajeo las sienes siendo observado atentamente por Rai y Yuudai que se observaron entre sí, preparando mentalmente para lo peor: por décadas, la familia Uchiha había sido alabada en Fez y todo Marruecos—incluso en El Cairo—como una familia de intachable moral y una religiosidad incólume, una representación de los valores que mandaba la religión y sin embargo esta vez Itachi estaba superado por la decepción al ver a su propia hija desafiar las costumbres bajo las que había nacido al desear vivir como una occidental.

-No quieres obedecer las enseñanzas de Alah, no quieres seguir los mandamientos de Alah— enumero Itachi, indignado con lo que acababa de oír de los labios de su hija.

-Itachi…— sollozo Izumi, no sabiendo que hacer para remediar aquella situación.

-¿Con que cara miraremos a la gente si nuestra hija escupe sobre las costumbres?— cuestiono él, angustiado por el futuro de su familia ante los actos de su hija y las consecuencias que traerían. —No tendré una hija exhibicionista, o usas el velo o no vuelves a salir de casa— exigió sosteniéndole la mirada a su hija.

-¡No salgo de casa y punto!— acepto Ayame, porque nada la haría cambiar de parecer.

Sin esperar respuesta alguna de su padre, su madre, su tía o sus hermanos, Ayame se dirigió a toda prisa a su habitación, cerrando la puerta tras de sí y sentándose en la cama, hecha una furia; no usaba velo en la escuela ni en la calle, no le gustaba porque era diferente de todo el mundo, no se sentía admiraba sino que se sentía extraña, sentía que era un bicho raro y no había cosa peor en el mundo para ella, solo quería ser igual al resto de las mujeres en el mundo, no le importaba si era la costumbre de su familia, ella quería vivir como todo el mundo porque había crecido en Rio de Janeiro y nada ni nadie la haría cambiar de opinión.

No cambiaría de opinión, se mantendría firme.


Aguardando en silencio en el hogar del señor Hiruzen quien se encontraba en la medina, esperando su llegada se encontraban Sasuke y Sakura sentados en la sala uno delante del otro y sin apartar sus ojos del otro. Hermosa como nunca, la pelirosa vestía una holgada blusa blanca de escote corazón que se acentuaba favorecedoramente a su figura, sin mangas y bajo una chaqueta de gasa transparente de igual color blanco que se cerraba escasamente a la altura del vientre, de mangas ceñidas y que se abrían como lienzos a la altura de los codos para exponer los brazos, cómodos pantalones blancos como una falda de gasa transparente sobre estos, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, enmarcando un par de largos pendientes de oro en forma de lagrima decorados por diamantes y en el centro una amatista en forma de lagrima imagen de la guirnalda de oro alrededor de su cuento y de la que pendía un dije idéntico de gran tamaño y otros más pequeño a lo largo de la superficie, regalo de Sasuke por alegrar aún más su vida y viceversa, y por ultimo portaba un brazalete de oro en su brazo izquierdo y una pulsera gemela en su muñeca derecha. Sin dejar de sonreír, Sakura entrelazo una de sus manos con la de Sasuke, situándola por encima de su pecho a la altura de su corazón en un mudo y perpetuo recordatorio de lo mucho que lo amaba, de lo mucho que él la amaba a ella, de cómo vivían por ese amor cada día y de cómo seguirían haciéndolo hasta el fin de sus vidas.

-Recuerdo que cuando mi tío me dijo que iba a casarme contigo, te vi como un obstáculo para mi felicidad— reflexiono Sakura sin apartar en ningún momento sus ojos de los de su esposo, —quería ser libre, estudiar, tener mi vida…no quería que ningún hombre estuviera en mi futuro, no quería mirarte ni conocerte— la sonrisa en su rostro no hizo sino crecer al recordar lo terca y necia que había sido en aquellos días, —pero cuando te vi por primera vez…fue como si todas las barreras que había creado en mi corazón, para no sufrir, desaparecieran una a una, eliminaste mis miedos e hiciste que me enamorara de ti— había odiado la idea del amor cuando lo había conocido y sin embargo él había hecho que volverá a creer en el amar y a tener esperanzas, había logrado lo imposible.

Hoy no podía creer que por tan siquiera un breve instante hubiera visto a Sasuke como un obstáculo en su vida, porque primero se había enamorado del amor y no de un hombre como había creído, solo se había enamorado de verdad y con toda el alma gracias a Sasuke, gracias a él había podido ser feliz de verdad, él la había conquistado no con palabras vacías sino con hechos, demostrándole día con día que era todo para él, que era absoluta en su vida, habían formado una familia, habían obtenido paz y más que eso, se habían enfrentado a sus temores, ¿acaso no se habían ganado el derecho a ser felices al tener que pasar por todo aquello? Este nuevo hijo o hija en camino era la respuesta, porque había llegado a sus vidas luego de enfrentarse al pasado y vivir el presente, de vivir para amarse, porque esa era la verdadera felicidad. Sonriendo ladinamente, Sasuke alzo la mano que tenía libre para acariciar con cuidado y suma veneración el rostro de su esposa, sin perder detalle alguno del brillo de sus ojos ni de la sonrisa en su rostro, verla feliz lo hacía sentir feliz, porque solo Alah era testigo de todo lo que habían tenido que soportar y enfrentar para permanecer juntos, casi llevaban veinte años casados y sin embargo cada día Sasuke sentía como se enamoraba más y más de ella, siempre descubría algo nuevo que lo hacía fascinarse todavía más de ser posible, porque la amaba y no podía pedir nada más que pasar el resto de su vida junto a ella, nada más.

-Espero que seamos aún más felices de lo que hemos sido hasta ahora— deseo Sasuke de todo corazón, aunque en cierto modo ser más feliz de lo que ya eran parecían imposible.

-Lo seremos— afirmo Sakura sin ningún titubeo, muy segura de que vendrían tiempos incluso mejores de los que ya habían vivido. —Pero tengo una condición, Sasuke, la misma que siempre te he pedido— advirtió muy seriamente haciendo que Sasuke sonriera ladinamente al saber que pediría. —Si llega otra mujer a nuestra casa, si tomas una segunda esposa; yo me voy, para siempre— prometió sin apartar sus ojos de los suyos.

-Lo prometo— tranquilizo él de igual modo, haría lo que ella le pidiera solo para verla ser aún más feliz, además no es como si pensara en tener otra esposa, eso jamás.

Lo escribiría en un papel si hacía falta y tan solo bastaba con que ella lo pidiera y se lo daría, pero le prometería mil y un veces que no tomaría una segunda esposa si hacía falta, ¿para qué pedir más en su vida si ya lo tenía todo? Principalmente harmonía y paz, y todos en el mundo sabían que eso era algo prácticamente inalcanzable, podrían perfectamente el tiempo atrás y él haría todo de la misma forma para tener este perfecto presente junto a ella, porque nada en la vida era mejor que tenerla a su lado. En los cuentos de hadas que les eran enseñados a las niñas un sapo se convertía en un príncipe, pero Sakura había conocido a un príncipe y se había convertido en un héroe, Sasuke era todo para ella, ni siquiera se había dejado conquistar sino que se había mostrado desafiante y difícil desde el primer momento en que se habían conocido y sin embargo él había convertido su historia en una conquista, se había ganado su corazón como nadie más podría haberlo hecho, porque eran el uno para el otro, estar juntos después de casi veinte años era la prueba, y seguirían estando juntos muchos años más. Siguiendo a Biwako que tras cruzar el umbral de la puerta le informo de la presencia de Sasuke y Sakura, Hiruzen se dirigió a toda prisa a la sala para felicitarlos personalmente como no había podido hacer el día anterior al brindarles su propio espacio, sonriendo al ingresar en la sala y ver una sonrisa en el rostro de su sobrina que al instante se levantó del diván para abrazarlo.

-Tío— saludo Sakura con una radiante sonrisa y abrazándolo con todas sus fuerzas.

-¡Sakura!— saludo Hiruzen envolviendo sus brazos alrededor de su sobrina que chillo de emoción.

En un cuadro que resulto de lo más enternecedor de contemplar para Biwako y Sasuke, Sakura abrazo a su tío con todas sus fuerzas y como si fuese una niña pequeña, como haría si su padre estuviera vivo, porque en cierto modo y cuando más lo había necesitado él había estado ahí para ser su padre, para no hacerle sentir que estaba sola y eso era algo invaluable, había perdido a su familia para tener que llegar a Marruecos, primero a su padre y luego a su padre, y sin embargo al llegar había encontrado todo un mundo aguardado por ella: Biwako que era como su madre, Izumi a quien consideraba su hermana y su tío a quien veía como a un padre. Se decía que Alah siempre hacia algo por una razón y ella entendía esa razón, creía haberlo perdido todo y sin embargo había obtenido más que aquello con lo que podría haber soñado, y era feliz por apreciarlo. Correspondiendo al abrazo, Hiruzen agradeció a Alah por haber vivido lo suficiente para ser testigo de toda esta historia, había presenciado el miedo de Sakura y su esfuerzo por intentar ser feliz, su desesperanza y sufrimiento transformarse en alegría y felicidad gracias a Sasuke, ambos merecían ser felices más que nadie en el mundo y él agradecía poder seguir vivo para presencia la felicidad de ambos, para poder contar su historia.

El destino se imponía tal y como Alah lo había escrito: Maktub.


Desde el primer día en que su hija había llegado a su vida llegado a su vida, Itachi siempre se había sentido orgulloso por Ayame, por su valentía ante el mundo, por su voluntad, por su belleza, por su inteligencia...estaba dispuesto a dejarla entrar en la universidad porque quería que fuera una mujer fuerte y que a la vez siguiera las costumbres...pero lo que ella había hecho superaba todos los límites y él no cedería, no dejaría que Ayame saliera de casa de nuevo, no hasta que aceptara usar el velo. Era tan solo un pequeño requisito de la religión, ¿cómo es que podía ser el infierno para ella?, ¿es que realmente podía ser tan egoísta? Izumi no se había pronunciado al respeto, no había defendido ni culpado a Ayame e Itachi no quería estar enojado con ella, ¿pero cómo no enojarse? Los hijos de su hermano y Sakura seguían las costumbres de forma envidiable, sus sobrinas llevaban el velo con orgullo pese a que Sakura hubiera crecido en occidente y desligada de las costumbres, se había convertido en una mujer digna de la admiración de todos en Marruecos, ¿Cómo es que Ayame podía ser tan diferente? Interrumpiendo sus pensamientos, Itachi se levantó del diván al escuchar el ruido del teléfono sonando, negando en silencio para si al sostener el auricular y contestar, sin advertir la presencia de Izumi que contemplo todo desde el umbral de la sala, permanentemente al pendiente de lo que su esposo hacía, esperando ver una oportunidad a través de la cual lograr su perdón, sin éxito hasta ahora.

-¿Hola?— contesto el Uchiha, esbozando por primera vez una sonrisa al oír una voz familiar del otro lado. —Tío Homura, que buena noticia, parece ser un negocio muy bueno— su tío como siempre supo dar con su curiosidad al formar parte de una asociación para engrandecer su negocio, aunque debería viajar a Fez para concretarlo, —no, iré en una semana— accedió por fin ya que nada lo empujaba a quedarse en casa obligatoriamente. —Está bien, tío, viajare pronto a Fez, hasta pronto— se despidió antes de colgar, por fin reparando en la presencia de su esposa que ingreso en la sala en ese momento.

-¿Nos vamos a Fez?— supuso Izumi con una sonrisa nerviosa, por lo que había entendido de la conversación.

-No, yo iré a Fez— corrigió Itachi sin contemplaciones, dándole la espalda y dirigiéndose hacia la puerta.

-¿Solo?— más bien afirmo la pelicastaña, sin recibir respuesta alguna de parte de su esposo. —Estoy perdiendo a mi marido, seré sacrificada como un carnero, Alah…— suspiro al escuchar la puerta cerrarse, dejándola a solas en la sala, sola con sus temores.

Con un enorme peso en el corazón, Izumi se dejó caer sobre uno de los divanes, suspirando profundamente y cerrando los ojos para no llorar como deseaba, al fin y al cabo eso no iba a ayudarla, las lágrimas no solucionarían nada en ese momento. Miles de voces resonaban en su cabeza como coros y un clamor horrible e incontrolable atenazaba su corazón, ni siquiera sabía que decir o pensar en esa situación, se sentía encerrada en un laberinto dentro de su propia mente y corazón, y del cual no podía escapar; por un lado sentía culpa porque consideraba que los actos de Ayame eran una consecuencia de su irresponsabilidad, por otro lado sentía ira hacia Itachi por culparla únicamente a ella de la rebeldía de Ayame, y a la vez sentía que era una víctima de sacrificio porque Itachi estaba ninguneándola a propósito al planear viajar a Fez solo, algo que jamás había hecho desde que estaban casados…Alah, no sabía qué hacer.


Todas las personas cometían errores a lo largo de su vida, crecer era un proceso que nunca tenia fin y eso era algo que Izumi comprendía bien y sin embargo en ese momento no entendía que error tan grande había cometido para que Itachi se indignara con ella, ni siquiera le había dirigido la palabra en días desde que había recibido esa llamada de tío Homura que la tenía con el alma en vilo, imaginando lo peor. Sentía miedo por el futuro de su hija, siempre había admirado el coraje de Sakura, su valor y su inteligencia, ella era mucho más culta, era más determinada porque había crecido en occidente y con disfrutando de una educación completa, incluso Sasuke no había objetado en dejarla entrar a la universidad y graduarse, y por lo mismo es que Izumi había aceptado criar a sus hijos en occidente, porque había esperado que Ayame, Rai, Yuudai y Hana pudieran ser personas de bien como ella, pero esto...Alah, ¿haba sido tan grande su error al criar a su hija? Sentada a solas en su cama, Izumi se secó las lágrimas de miedo que resbalaban por sus mejillas, miedo de perder a sus hijos si Itachi decidía divorciarse de ella, miedo de que su Itachi buscara una segunda esposa y la olvidara, pero no se atrevía a culpar a Ayame de todo. Como si supiera que era evocada con el pensamiento, Ayame ingreso en la habitación de su madre, trayendo consigo una taza de té de manzanilla que dejo sobre la mesita de noche para ayudarla a calmarse, sentándose delante de ella y contemplando su rostro surcado de lágrimas.

-¿Cuándo se va papá?— pregunto Ayame, no sabiendo que más decir en ese momento.

-Mañana— contesto Izumi en un suspiro, limpiando distraídamente las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. —Ayame, tengo tanto miedo de que Itachi consiga una esposa en Fez, no estaré ahí para vigilarlo— confeso sabiendo que podía ser honesta con su hija.

-Pero tío Hiruzen estará ahí al igual que tía Sakura— intento tranquilizar la Uchiha, buscando esperanza a la cual asirse, porque sabía que sus tíos harían que su padre entrara en razón.

-También estará tío Homura, y él siempre tuvo la manía de querer hacer que Itachi tomara una segunda esposa— puntualizo la pelicastaña sin ver esperanza en esa situación.

-¿Pero porque?— cuestiono Ayame, porque si ella se casaba jamás aceptaría compartir a su marido con nadie.

-Porque para él es bonito que un hombre tenga más de una esposa, él vive según las antiguas costumbres, nunca ha visto más allá de eso— explico Izumi vagamente, igual de en desacuerdo que ella con esa idea.

Con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, lágrimas de dolor, angustia y culpa por ver a su madre atravesando por semejante tristeza únicamente por su causa, Ayame abrazo a su madre con todas sus fuerzas; tal vez habría sido mejor que se hubiera callado a sus opiniones y rebeldía porque jamás había deseado causarle sufrimiento a su madre a quien consoló acariciándole amorosamente el cabello como su madre había hecho tantas veces con ella desde que era pequeña, ¿pero que podía hacer para enmendar la situación? Todo lo que deseaba era proteger a su madre, porque por Alah como testigo que huiría de casa si su padre tomaba una segunda esposa o si tan siquiera pensaba en divorciarse, ella solo permanecería en esa casa si su madre también lo hacía y si no lloraba, era una promesa. En ese instantes y con las manos en las caderas, como jarra, Emi ingreso en la habitación de su cuñada a quien encontró llorando y siendo abrazada por Ayame, deseaba poder consolarla en su tristeza y decirle que todo estaría bien más en ese momento la Uchiha no permitió que aflorase su lado más sentimental, ¿Por qué debía hacerlo? Nadie se preocupaba, nadie pensaba en ella que había entregado su juventud a la crianza de sus hermanos, se había desvivido buscando el mejor futuro y ahora que ellos eran felices no pensaban en ella, ¿eso era justicia? No, no dejaría que otros fueran felices en tanto ella no lo fuera, no importa que su corazón se rompiera en el proceso, no cedería.

-¿Ya estás haciendo el equipaje, Izumi?— pregunto Emi, manteniéndose indiferente al sufrimiento de su cuñada.

-Doña Emi…hable con Itachi, por favor— rogó Izumi, no teniendo otra esperanza, dependiendo por completo de ella.

-¿Ya ves cómo es duro quedarse seca y sola?— obvio la Uchiha, sosteniéndole la mirada. —A nadie le interesa que yo me quede sola, a nadie, podría arder en el mármol del infierno y a nadie le importaría— menciono con una sonrisa carente de humor ante su suerte y que realmente era triste a comparación de la suya, —pero cuando una de ustedes cree que van a quedarse sin marido, reaccionan así— comparo absteniéndose de entornar los ojos.

-Nadie quiere tanto como yo que usted se case, doña Emi— recordó la pelicastaña en su defensa, porque sí que había intentado convencer a Itachi de dejar que se casara con un occidental convertido en musulmán…pero el Corán y su religión no lo permitían.

-Eso es verdad, tía— asevero Ayame, intentando convencer a su tía para hacer que recordase que tenía un corazón y sentimientos como mujer.

-Me lo dijiste a mí, Izumi, no al ingrato de tu marido—diferencio Emi sin inmutarse, dándole la espalda y abandonando la habitación.

-Alah…— jadeo Izumi al verse sola y sin nadie que la ayudara ahora que más lo necesitaba.

Sin poder aguantarlo por más tiempo, Izumi rompió en llanto, enterrando su rostro entre sus manos, abrazando sus piernas hacia su pecho mientras era abrazada por Ayame, y sin embargo se sentía completamente sola, ansiaba poder tener a su prima a su lado en un momento así, Sakura sabría qué hacer, ella de alguna forma inexplicable siempre había conseguido hacer feliz a Sasuke y contar con su aprobación a causa de su inteligencia pero ella no podía, en ese momento se sentí como un verdadero fracaso. Abrazando a su madre en silencio, Ayame dejo que las lágrimas resbalaran por sus mejillas, llorando de culpa y tristeza porque no quería ver a su madre así, y lo peor es que Ayame sabía que era su culpa, que su madre estuviera sufriendo era su culpa.


El silencio y la paz reinaba en el hogar de los Uchiha mientras Sarada leía una historia para Mikoto y Shina que la escuchaban atentamente mientras que Daisuke y Sanosuke leían en silencio acompañados por Kagami que intentaba entender lo que leía en uno de los libros de historia de sus hermanos mientras eran observadas por sus padres que permanecían sentados uno al lado del otro en uno de los divanes. La pelirosa vestía una sencilla blusa rosa pálido de una sola manga que cubría su brazo derecho ciñéndose holgadamente a la altura de su muñeca donde se encontraba una pulsera de oro, y dejando completamente expuesto su brazo izquierdo en que portaba un brazalete de oro, larga falda de velo rosa brillante en un hermoso degrade que mezclaba el rosa y fucsia hasta asemejarse mucho al violeta, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, enmarcando un par de largos pendientes de oro en forma de sarcillos y sin otra joya alrededor de su cuello más que su collar de jade. Había que saber aprovechar estas oportunidades en que su padre estaba en casa con motivo del embarazo de su madre ya que con seguridad tendría que viajar fuera de Marruecos dentro de poco ya que la sociedad a la que pertenecía estaba planeando una asociación con unos exportadores de telas de Singapur con él como diplomático, eso y que su padre aun no decidía con quien viajaría esta vez pero no con Sarada ya que ella había decidido permanecer en casa junto a su madre.

-¿Itachi quiere casarse de nuevo?— repitió Sakura luego de que su esposo le explicase todo lo que estaba sucediendo…más o menos.

-No quiere, piensa hacerlo por disgusto— corrigió Sasuke, igual de confundido que ella por esta decisión tan arbitraria

-¿Pero por qué?— cuestiono ella intentando entender la situación aunque fuera de lo más confusa.

-Ayame no quiere usar velo, e Itachi culpa a Izumi por ello— explico él ya que aunque quisiera dar más detalles no los tenía, —cree que ella no le enseño nada y que Ayame acabara abandonando la religión y pisoteando el nombre de nuestra familia— incluso a él le parecía que Itachi estaba exagerando pero no podía entrometerse, no le competía hacerlo.

No era ningún tonto, puede que ambos—Sakura, él y sus respectivas familias—pertenecieran a una de las religiones más machistas y retrogradas en la historia, pero Sasuke en lo personal no tenía nada contra el feminismo sino que lo consideraba lo más normal del mundo, ¿cómo no hacerlo si tenía tres hijas y todo lo que quería era el mejor futuro para ellas? Las mujeres merecían igual de oportunidades y libertades que los hombres, por ello es que alentaba a sus hijas a obtener una carrera y a casarse al ser ya mayores de edad, para que pudieran tomar sus propias decisiones, algo que otros hombres y de estar en su lugar no considerarían, si él hacia eso viviendo en Marruecos donde las libertades se suprimían, ¿Cómo es que Itachi no podía ser más tolerante viviendo en Brasil? Sus hijos veían las libertades todo el tiempo en la calle, era normal que quisieran ser como el resto de la gente. Estar en occidente era toda una experiencia y que se merecía disfrutar, pero…había libertades que no era bueno imitar, estaba bien querer encajar pero no necesariamente ser igual a todo el mundo, porque si todos fueran iguales desgraciadamente el mundo sería muy aburrido y ni aun así se alcanzaría la paz, y eso era algo que Sakura sabia por experiencia propia, hoy podía ver eso a pesar de que en su día hubiese sido casi tan rebelde y transgresora como Ayame, podía entender sus razones para oponerse a usar el velo pero eso no significaba que compartiera su visión de oponerse a su religión solo por un elemento.

-Es normal, cuando vivía en Brasil, a su edad, en ocasiones solía quitarme el velo cuando salía a la calle— recordó la pelirosa en voz alta, dándose cuenta de lo que había dicho, —ser diferente era doloroso, todos se me quedaban viendo como si fuera algo extraño y no me sentía bien al no poder encajar en ningún lugar, Ayame debe sentir lo mismo— explico ante la duda en la mirada de Sasuke que siempre se preocupaba por ella. —Claro que ahora no me imagino no llevando el velo, vivir aquí me ayudo a entender que me sentía así porque quería encajar, no porque fuera lo correcto comportarme como una occidental— puntualizo tranquilizando el temor de él que siempre buscaba hacerla feliz.

-No culpo a Itachi por enojarse, pero debería ser más tolerante— confeso el Uchiha sabiendo que podía ser honesto con su esposa y que ella entendería bien el porqué, —está en Brasil, allá todo es diferente, no lo mataría ser un poco permisivo— ellos habían crecido en occidente y asistido a la universidad, y eso no era ningún pecado.

-¿Dejarías que Sarada no usara velo?— cuestiono Sakura frunciendo ligeramente el ceño, divertida al no saber si creerle.

-Aquí; ni muerto, en Brasil…no lo sé, debería pensarlo— confeso ante la divertida mirada de Sakura que se mordió el labio inferior para no reír, —además conozco a mi hija, sé que nunca traicionaría las costumbres— obvio ya que de igual modo había permitido que Sakura se graduara de la universidad ya estando casada con él, —siento que Itachi no tiene fe en sus hijos y de ser así el problema es culpa suya, no de Izumi— conocía bien a Izumi y sabía que era una madre ejemplar, como Sakura.

No iba a negar que le resultaría extraño que su propia hija no llevara velo, porque Sarada había sido criada según las costumbres y la religión, pero occidente era un mundo aparte y que debían tolerar por lo que si Sarada le hubiera pedido no usar velo durante su estadía en Rio de Janeiro, él no tendría problema en permitírselo y a Sakura igual, aunque ella siempre decía sentirse muy cómoda con llevar el velo, de hecho ambos vivían muy bien y como una familia normal pese a las muletillas o rasgos que habían aprendido de occidente en sus respectivos pasados, por eso les permitían tantas libertades a sus hijos y no dejaban que nadie se entrometiera en sus vidas. En ninguna parte del Corán se consideraba al velo como una imposición para la mujer y eso Sakura lo sabía bien porque se había leído el Corán entero, además ni siquiera ella había usado el velo al llegar a Marruecos como una imposición personal sino que su tío le había dicho que era "conveniente" usarlo al salir a la calle, era un símbolo de respeto y religiosidad al igual que las mujeres que caminaban por la medina con el rostro cubierto por una cofia que tan solo hacia visibles sus ojos o ni tan siquiera eso, era una cuestión de moral personal y no una obligación, Ayame confundía eso porque tal vez sus padres no habían sabido enseñárselo a diferencia de Sasuke y Sakura que jamás les habían impuesto a sus hijas llevar el velo, esa era una decisión propia e individual de cada una de ellas por respeto a su fe.

-Itachi se va a arrepentir de esto, cuando se toman decisiones estando enojado, siempre hay consecuencias— reflexiono Sasuke, negando en silencio ante lo que estaba haciendo su hermano. —No lo digo por experiencia— obvio ante la atenta mirada de su esposa.

-Lo sé, por eso te dejo discutir solo cuando estás enojado, si te confrontara ya me habrías repudiado— recordó Sakura con una sonrisa por lo mismo. —Pobre Izumi— suspiro con lastima hacia su prima y lo que estaba atravesando, —pero ya veremos quien tendrá que pedir perdón— menciono sin adjudicarles culpa a nadie, no hasta tener todos los detalles.

Contemplando el único e incomparable cuadro que representaban sus hijos juntos—Sarada sonriéndoles a Mikoto y Shina que escuchaban con suma atención la historia que leía, y Daisuke, Sanosuke y Kagami leyendo en silencio—y en completa paz, Sasuke y Sakura entrelazaron una de sus manos entre sí, ella apoyando su cabeza contra el hombro de él que le beso la frente mientras le acariciaba la mejilla: había que saber valorar la paz que tenían y de la cual podían disfrutar, porque había quienes estaban demasiado ciegos como para verla, porque ser musulmán no era una imposición, no era un yugo del cual se deseaba escapar, era una forma de vida.


PD: Saludos, mis amores, prometi actualizar este fin de semana y lo cumplo tras mi primera incursión en el mundo laboral, porque tengo trabajo :3 las siguientes actualizaciones serán "El Clan Uchiha" a mas tardar el miércoles, posiblemente "El Siglo Magnifico: El Sultan & La Sultana" a mas tardar el viernes y "El Velo del Amor" a mas tardar el domingo, lo prometo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicándole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Tio Abdul como Homura Mitokado

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Samira Rachid como Ayame Uchiha

Curiosidades y Diferencias:

Religión y Exigencias: a diferencia de como se suele creer, en el islam el velo no es una imposición dada por la religión, de hecho si hoy se viajara a occidente y se pudiera hacer una encuesta a las mujeres musulmanas ella contestarían que llevan el velo cubriendo sus cabezas como un símbolo de su fe pues cuando mas cubierta se encuentre una mujer, mas religiosa y virtuosa es ya que reserva su belleza y encantos únicamente para su marido y no para los ojos de los demás. Para quienes somos occidentales el tema del pudor y recato al vestir sin exhibir mucha piel es una exigencia de la religión a la que pertenecemos o por libre albedrío mientras que en el Corán (libro sagrado para los musulmanes) no se señala en ninguna parte que la mujer "debe" usar velo, es una opción que cualquier puede aceptar o rechazar en la medida que lo estime conveniente y por lo mismo es que hay diferentes maneras de llevar el velo y que cubren mas o menos el cabello de las mujeres, pero la rebeldía de Ayame es una muestra de lo que muchos piensan hoy en día de occidente y la religión que es el islam, y aunque yo no soy musulmana debo confesar que me habría encantado nacer en oriente porque es una religión que admiro y cuya cultura deseo poder conocer en persona algún día.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3