Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiere oír "Castle" de Halsey para el contexto del capitulo, "¿Con Quién Se Queda el Perro?" de Jesse & Joy para Itachi e Izumi, "How Soon Is Now" de tATu para Sakura, "To Be Human" de Sia para Ayame, y "Espacio Sideral" de Jesse & Joy para Sasuke y Sakura.
Los musulmanes tenían en muy alta estima el concepto de las visitas, por lo que al recibir huéspedes en su casa era la costumbre brindar un ambiente acogedor y hacer que esa persona se sintiese bienvenido, era una costumbre y modal maravillosa porque de esa forma y al salir de casa alguien se sentía transportado a un mundo que lo recibía como hijo prodigo, con cánticos, bailes y una festividad aguardando para recibirlo, por lo que Itachi sonrió de forma prácticamente inmediata al cruzar el umbral del hogar de tío Hiruzen y escuchar la música de una festividad que se encontraba en pleno apogeo, siendo prontamente abrazado por su tío Homura así como por tío Hiruzen. Desde su lugar a un par de pasos de distancia, Sakura contemplo todo con una expresión de total seriedad y de brazos cruzados, vestía una holgada blusa aguamarina de escote inclinado y cortas mangas abiertas hasta los codos y que expuesto su hombro derecho, cómodos pantalones blancos de gasa y fajín transparente de igual color que la blusa y que formaba una especie de falda hasta la altura de sus rodillas, con su largo cabello rosado recogido en una coleta alta que dejaba caer sus rizos a la altura de su nuca, usaba una bella cadena de oro alrededor de su cuello a imagen de los largos pendientes de oro en forma de zarcillos y finalmente un brazalete de oro en su brazo izquierdo y una pulsera gemela en su muñeca derecha. A su derecha e izquierda se encontraban Biwako y Sarada, igualmente recelosas ante la llegada de Itachi.
-Tío Homura— saludo Itachi con una cálida sonrisa antes de desviar la mirada al señor Hiruzen, —tío Hiruzen— correspondió, inclinando ligeramente la cabeza.
-Trajiste la paz a nuestra casa— garantizo el Sarutobi al momento de abrazarlo, recibiéndolo como si fuese su propio hijo.
-Trajiste la alegría contigo— secundo Homura, pleno de alegría al volver a ver al mayor de sus sobrinos.
-Biwako, Sakura, Sarada— saludo el Uchiha, sosteniendo una de las manos de su cuñada entre las suyas y sonriéndole a su sobrina.
-¿Dónde está Izumi?— indago Biwako, camuflando sus intenciones bajo una expresión pétrea.
-Estoy muy disgustado con ella— contesto él sencillamente, no queriendo profundizar en el tema.
-Vamos a entrar— invito Hiruzen, rodeando los hombros del Uchiha con uno de sus brazos.
Prefiriendo ignorar cualquier posible pensamiento negativo que pudiera venir a su mente al recordar el conflicto que tenía con Izumi por causa de Ayame, Itachi se dejó guiar al interior de la casa por tío Hiruzen y tío Homura, dándole la espalda a la negatividad y solo queriendo vivir una estadía feliz mientras permaneciera en Marruecos. De pie en su lugar al lado de su madre, Sarada contemplo la partida de su tío a la par que su madre y Biwako que estaban a su lado, la Uchiha contemplo con recelo la partía de su tío en compañía de tío Hiruzen y tío Homura, vestía una holgada blusa blanca sin mangas que se anudaba en la espalda y de inclinado escote que dejaba completamente expuesto uno de sus hombros, con larga falda de velo blanco de múltiples capas hasta los tobillos, su largo cabello azabache caía libremente tras su espalda y sobre sus hombros, alrededor de su cuello se encontraba una hermosa guirnalda de oro de inspiración egipcia de la que pendían un dije de diamante en forma de flor de cerezo, a imagen de la pequeña serie de dijes que pendían de las pulseras gemelas que usaba en ambas muñecas, permanentemente desganada y ofendida por esta actitud tan irracional de parte de su tío, esperando o más bien orando en silencio porque su padre no cometiera el mismo error al siquiera pensar en tener una segunda esposa, porque si eso pasaba ella y sus hermanos huirían sin pensarlo dos veces para hacerlo entrar en razón, nadie más que su madre podía ser la dueña de la casa.
-Izumi no debió dejarlo venir solo— negó Biwako para sí, contemplando la espalda del Uchiha hasta perderlo de vista.
-¿Y qué podía hacer, Biwako?— cuestiono Sakura, ya que a su entender su prima no había hecho nada malo
-No lo sé, enfermarse, desmayarse…algo— enumero ella, a modo de sugerencias en caso de que alguna de las dos las necesitase más tarde.
-Alah, si me caso haré que se escriba muy bien en el contrato de casamiento que mi marido solo será mío, de nadie más— declaro Sarada cruzando los brazos por sobre su pecho, determinada a no tolerar algo así.
Ella no correría la misma suerte que su tía estaba viviendo ene se momento y no sería tan ingenua ni confiada, seria posesiva si hacía falta pero no dejaría que-cuando llegase la hora de casarse—su marido tuviera otras mujeres, nunca, y como seguro para ello haría que se redactara clara e infaltablemente en su contrato de matrimonio que ella sería la única esposa, porque el hombre que se casara con ella debía tener muy presente su valor, y debía estar dispuesto a poner el mundo a sus pies, no menos.
Rio de Janeiro/Brasil
Tenía más de cuarenta años, por Alah, y sí; había criado y educado personalmente a sus dos hermanos, pero no podía creer que por fin alguien le encomendase la comandancia de su hogar para que hiciera y deshiciera a su antojo, era maravilloso…aunque la alegría de Emi no tardo en esfumarse al recordar que si Izumi se encontraba tan deprimida y encerrada en su habitación, era por causa de su necio hermano Itachi. La Uchiha portaba un sencillo vestido violeta claro de escote redondo y mangas holgadamente ceñidas a la altura de las muñecas y que se amoldaba elegantemente a su figura, con un top superior de gasa y chiffon azul pastel que enmarcaba su figura como una especie de corsé, si mangas y de escote en V que se erraba bajo su busto, a juego con los cristales azul topacio que pendían de la guirnalda de oro alrededor de su cuello y los largos pendientes de oro que se dejaban entrever en medio de sus largos cabellos azabache que caía libremente tras su espalda y sobre sus hombros. Por muy enojada que estuviera con Izumi y Sakura, porque ellas eran felices mientras ella no, no podía calumniarlas, eran excelentes madres y esposas, y ninguna se merecía pasar un disgusto como el que Izumi estaba viviendo. Ayudada por sus sobrinos, Emi termino de secar y guardar los platos, les había dado de cenar como Alah mandaba, lástima que Izumi no hubiera abandonado su tristeza ni tan siquiera para comer un poco de lo que ella había preparado con tanto esmero.
-¿Y su madre no piensa comer?— cuestiono Emi, más bien a modo de afirmación. —Con lo que me esmere preparando una deliciosa cena para que ella no sepa valorarla— mascullo para sí, camuflando su preocupación como siempre.
-No está de humor, tía— obvio Rai al cerrar las gavetas a la par que su hermano. —Se ha pasado el día encerrada y llorando en su habitación— eso todos lo sabían pero nunca era tarde para recordarlo.
-¿No crees que se pueda hacer algo?— inquirió Yuudai, confiando en el "buen juicio" de su tía, tenía sus momentos de cordura después de todo.
-Si hubiera algo que hacer, yo ya habría intervenido— comparo la Uchiha, cruzando los brazos por sobre su pecho, —su padre es un hombre muy paciente cuando se lo propone, pero cuando algo cruza su límite…nada lo puede controlar, en eso es diferente de su tío, Sasuke es capaz de hacer lo que sea para vivir en armonía con su odalisca— dijo esto último con un tono sutilmente airoso, por obvias razones.
En definitiva Sakura y ella no se llevaban bien porque ambas tenían personalidades muy fuertes y disputaban continuamente por el lugar más importante en la vida de Sasuke, pero una cosa si era segura; Sakura era una buena esposa, merecía el afecto que Sasuke le tenía, había dado a luz seis hijos sanos y estaba esperando el séptimo, era una buena mujer que seguía las enseñanzas de Alah y las costumbres, que apoyaba a Sasuke cuando él necesitaba sentirse respaldado emocionalmente y nunca permitía que errara como Itachi si estaba haciendo ahora, la verdad es que Sasuke estaba más y más enamorado de ella cada día y tenía razones para hacerlo, ambos eran felices y vivían en harmonía…que no haría ella por encontrar la misma felicidad y por, en ese momento, hacer que Itachi entrara en razón y valorara la buena mujer que era Izumi. Apoyando su mentón contra la palma de su mano con una expresión pensativa en el rostro, Ayame simplemente asintió en silencio, sabía bien que sus padres se amaban y mucho pero ene se punto su padre estaba dejando que la ira guiara sus acciones y eso tarde o temprano traería consecuencias, afortunadamente sus tíos y primos estaban en Marruecos, y a través de ellos tenía fe de que su padre acabaría aceptando que había cometido un error y pronto regresaría a casa con su madre, porque si cometía el error de tomar una segunda esposa, ella huiría sin pensarlo dos veces antes que permitir que otra mujer llegara a su casa.
-Tía, ¿es verdad que papá va a casarse de nuevo?— pregunto Hana, aterrada de esa sola posibilidad, porque sabía que su madre sufriría por eso.
-No lo sé— confeso Emi, abandonando la cocina rumbo a la sala y siendo seguida por sus sobrinos, —pero les prometo que voy a averiguarlo, apenas sepa la verdad se los diré— se comprometió, tomando asiento sobre uno de los divanes e invitando a sus sobrinos a unirse.
-¿Y cómo vas a saberlo, tía?— cuestiono ella, sentándose junto a su tía y no sabiendo si creerle, ¿Cómo hacerlo?
-Ustedes saben que la tía Emi se ingenia para averiguar las cosas los saben bien— obvio la Uchiha arqueando una ceja al recorrer con la mirada a sus sobrinos, —les contare una historia, acomódense, les contare una historia muy linda sobre una princesa— indico viendo a Ayame sentarse a su lado y Rai y Yuudai en el suelo, sobre la alfombra. —Érase una vez una princesa muy, muy hermosa, llamada Emi; era tan hermosa que todos los hombres de los reinos vecinos hablaban de su belleza, comentaban lo hermosa que era, y pretendientes de todo el mundo viajaban tan solo para verla, volviéndose locos por ella al solo verla danzar— relato viendo a sus sobrinos sonreír por primera vez al escucharla. —La belleza de la princesa Emi hacia que las princesas odaliscas se murieran de la envidia, y conspiraban contra ella— sin poder evitarlo pensó en Sakura e Izumi, imaginándolas como las "villanas" de su historia. —Un día llego al palacio el hombre más guapo que se pueda imaginar sobre la faz de la tierra, él venía buscando una esposa para casarse— se imaginó a Arsen como su propio príncipe, y en cierto modo lo era.
-¿Y vio a la princesa Emi?— pregunto Ayame, suponiendo que su tía les estaba relatando una especie de cuento de hadas.
-No, ¿saben por qué?— plateo ella viendo negar en silencio a sus sobrinos que la escuchaban con suma atención, —porque las princesas odaliscas habían llamado a los verdugos, y ellos encerraron a la princesa Emi en una torre muy alta, ellas no querían que el príncipe viera a la princesa Emi, condenándola a permanecer encerrada en la torre, desesperada y sin saber qué hacer— en su mente imaginativa, sus hermanos no eran otros que los verdugos, los responsables de su infelicidad.
-¿Y no gritaba, tía Emi?— inquirió Hana, apoyando su cabeza contra uno de los brazos de su tía, que acaricio sus cabellos.
-Claro que gritaba, gritaba pero su voz no se oía porque la torre era muy alta, Hana— aseguro acunando la cabeza de su pequeña sobrina hasta situarla sobre su regazo. —Y mientras tantos las princesas odaliscas se desvivían por exhibirse ante el príncipe. Bailaban para él, no sabían qué hacer...competían entre ellas, cada una de ellas quería ser la escogida, pero el príncipe no entendía, se sentía engañado al verlas porque ninguna de ellas era tan hermosa como le habían dicho que era la princesa— era vanidosa, si, y quería ser la heroína de la historia. —Encerrada en la torre, la princesa Emi oía la música del palacio y se sentía muy triste, hasta que un día, vio una botella en una esquina, la tomo y se dio cuenta de que estaba vacía, loca por la curiosidad, abrió la botella y del interior emergió un genio enorme— recorrió con la mirada a sus sobrinos que escuchaban atentamente su relato, presas del suspenso.
-Que miedo— suspiro Yuudai desde su lugar, intercambiando una mirada con su hermano.
-Y ella le pidió tres deseos...— prosiguió Emi con una sonrisa al poder distraerlos, eso y ser el centro de atención.
-Ya sé; la llave para abrir la puerta— supuso Rai, anclándose ante la racionalidad que veía.
-No, los genios no necesitan de llaves para abrir una puerta, ellos pueden hacerlo con el pensamiento— negó la Uchiha señalando lo obvio ante su incrédulo sobrino. —La princesa Emi era mucho más inteligente que eso, ella pidió una alfombra mágica y una barita paralizante— nombro viendo a todos fruncir el ceño y sonreír con extrañeza.
-¿Qué es eso, tía?— cuestiono él, comenzando a creer que había perdido un tornillo, otro más.
-No me interrumpas, Rai— acallo ella, cansada de interrupciones sin sentido. —La princesa Emi logro escapar de su calabozo, regresando al palacio ante las incrédulas princesas odaliscas que llamaron desesperadamente a los verdugos, pero el príncipe Arsen ya había visto a la princesa Emi y se enamoró de ella nada más verla— detuvo brevemente su relato para saberse oída y sonrió al confirmarlo. —Con la barita paralizante en la mano, la princesa Emi se defendió y paralizo a las princesas odalisca y a los verdugos, y el príncipe Arsen y la princesa Emi se casaron, viajando muchos días en la alfombra mágica hasta llegar al reino del príncipe, donde fueron felices para siempre— concluyo con una permanente sonrisa…ojala y la vida fuese así de sencilla para ella.
-La historia estuvo maravillosa, tía, gracias— Hana alzo la cabeza del regazo de su tía, abrazándola y besándole la mejilla.
Con una ligera sonrisa adornando su rostro, Emi envolvió con sus brazos a sus sobrinos, dejándose abrazar por ellos mientras suspiraba soñadoramente para sí, un día esta historia de cuento de hadas ya no sería solo un relato infantil para sus sobrinos, un día sería una realidad a la que podría asirse, Emi contaba con ello con todas sus fuerzas, pero por ahora seguiría soñando…
El motivo de la fiesta no era algo al azar, ciertamente los musulmanes no necesitaban de mayores motivos para organizar festividades, pero esta vez había un trasfondo; tío Homura había hablado con la familia del orfebre Hiroshi Namiashi que tenía una hija de dieciocho años llamada Eshima y para quien estaba buscando esposo, y luego de plantearle el asunto a Itachi, Homura había conseguido su aprobación para aprovechar la festividad y presentarle a la joven, asegurando que su hogar se llenaría de paz si la convertía en su esposa. La fiesta era simplemente magnifica, adornada por las mejores odaliscas y músicos de Fez como entretenimiento principal mientras se aguardaba la llegada de la invitada de tío Homura. De pie junto a su esposo y su hija mayor mientras que sus hijos estaban en el segundo piso, Sakura portaba una sencilla blusa azul claro con un hermoso degrade del celeste a azul con líneas ligeramente más oscuras en A desde los hombros al final de la tela y de mangas holgadamente que se ceñían por encima de las muñecas, larga falda negra de velo que hasta los tobillos y su largo cabello rosado se encontraba peinado en un sencillo recogido que hacia caer sus cabellos tras su espalda, alrededor de su cuello se encontraba su collar de jade, en su brazo izquierdo un brazalete de oro y en la muñeca derecha una pulsera gemela, observando con cautela la serenidad que mostraba el rostro de su esposo, no sabiendo cómo interpretarla, si positiva o negativamente.
-No sabes lo que te costara el mantenerte tan tranquilo— advirtió Sakura sencillamente y sin perder detalle alguno de sus expresiones
-No pretenderás que convierta esto en un campo de batalla, es noche de fiesta— obvio Sasuke, ya había pospuesto hablar con su hermano por causa de su decisión, pero tendrían que dirigirse la palabra el uno al otro eventualmente.
-Se ve que quieres una segunda esposa— menciono en un susurro y con el veneno de una serpiente, camuflando su miedo al sentirse ofendida.
-Sakura…— suspiro él, cerrando brevemente los ojos y clamando silenciosamente por paciencia para no matar a su hermano, si estaba en esa situación era por su culpa, —si quieres lo escribo en un contrato, sabes que jamás rompo mi palabra, menos contigo— recordó, dispuesto a poner el mundo a sus pies si ella así se lo pedía.
-Mira lo fácil que resulto para Itachi romper su palabra— aprecio la Haruno desde donde estaba, señalando su razón para no tener esperanza.
No iba a mentir, pero honestamente Sasuke ya estaba hasta la coronilla con el asunto de la segunda esposa, desde luego que Sakura y él no eran tan jóvenes como lo habían sido hace caso veinte años al momento de casarse, y probablemente este su ultimo hijo, pero Sasuke no tomaría una segunda esposa jamás primero porque no veía sentido al tener más hijos, menos con otra mujer, y segundo porque él solo tenía ojos y corazón para amar a una sola mujer, solo podía dirigirle todo su afecto a una sola mujer y esa era Sakura, nadie más. No estaba poniendo en duda la promesa de Sasuke, eso nunca, pero si Itachi quien siempre había dicho amar a Izumi más que nada en el mundo, no se lo había planteado dos veces antes de buscar una segunda esposa al entrar en conflicto con ella, ¿Qué le aseguraba a ella que por instigación de tío Homura, Sasuke no acabara haciendo lo mismo? Una persona siempre hacia las cosas que decía que jamás haría, así funcionaba el mundo, era mera lógica. Que fácil era para Itachi poner el amor en una balanza y darle el precio de una moneda de cambio, que descartable era su querida prima para que en un parpadeo Itachi ciegamente considerara sustituirla por otra mujer como si nada, aunque Itachi no pensaba así en ese momento, acompañado por tío Homura y tío Hiruzen, la verdad es que extrañaba muchísimo a Izumi, pero el peso de la ira que sentía por la rebeldía de Ayame podía más que su veneración por la mujer que amaba.
-Es una pena que no hallas traído a Izumi y los niños— menciono Hiruzen, deseando que su sobrina y sus hijos pudieran estar ahí con él.
-Ya hablaremos sobre eso, tío Hiruzen, después— postergo Itachi, apartando los pensamientos desagradables lo más posible para vivir el presente.
-Lo haremos— acepto el Sarutobi si eso es lo que él quería. —No vayas a tomar actitudes precipitadas, el enojo no es buen consejero— aconsejo ya que nadie podía olvidar que el cementerio estaba lleno de gente apresurada.
-Ella es Eshima— señalo Homura por fin y tan pronto como su invitada apareció en la sala, situándose a la diestra de su sobrino.
Hasta entonces, Itachi se había mostrado por demás reservado al enlace que su tío Homura estaba tramando, pero en ese momento lo venció la curiosidad, haciéndolo desviar la mirada hacia donde se encontraba esa mujer de la que su tío tanto le había hablado; Eshima. Era una belleza más bien común, no destacaba en particular por alguno de sus rasgos, de piel blanca como el marfil, dulce mirada de ojos oscuros, rostro angelical, una sonrisa cautivante y largo cabello liso y negro como la tinta, que se mantenía oculto por un velo dorado bordado en oro, a juego con la elegante túnica azul oscuro que cubría su figura, de escote en V, ceñido favorecedoramente a su figura por un fajín igualmente bordado en oro, mangas acampanadas y largo hasta el suelo, plagado de elaborados bordados de oro a lo largo de la tela, con una sencilla cadena de oro de múltiples vueltas adornando su cuello a imagen de los finos sarcillos que pendían de los largos aretes de oro que estaba usando. No, Itachi no podía negarlo, era la única que había conocido en su vida—hasta ahora—que era casi tan hermosa como Izumi, casi…más al pensar en esto es que al instante Itachi intento apartar su mente de ese recuerdo, porque no estaba ahí para pensar en Izumi sino para concentrarse en la mujer que estaba viendo y que sonrió al encontrar su mirada con la suya, tenía que reconocerlo, era muy bella, lo suficiente como para que cualquier hombre se sintiera vasallo al tenerla delante.
-Es muy bella— observo Itachi desde su lugar, porque sería un completo tonto si no supiera apreciar la belleza cuando la veía.
Desde donde estaba, Sasuke contemplo sin interés a la mujer que su tío había conseguido para que fuese la segunda esposa de Itachi, era bonita y no iba a negarlo, pero nada tan exagerado como para mantener su vista sobre ella por mucho tiempo, observando a su hermano en su lugar, incrédulo ante sus decisiones…pero claro que Sakura y Sarada no vieron el eje de su mirada de la misma forma. De pie a la izquierda de su padre, Sarada no dudo en sostenerle el mentón y hacer que volviera el rostro en otra dirección para no contemplar a esa mujer, por muy bella que fuera, porque ella no toleraría ni muerta que su padre tomara una segunda esposa. La Uchiha vestía una elaborada túnica de seda y chiffon planteado mezclado con un rosa suave, y que se anudaba en su espalda, de una sola manga acampanada y transparente que cubría su brazo izquierdo, mientras que su brazo derecho se encontraba complemente expuesto, alrededor de su cuello se encontraba una guirnalda de oro en forma de enredadera y de la que pendían múltiples cristales en forma de lagrima que brillaba contra la luz a imagen de los largos pendientes de oro de inspiración egipcia que usaba, y una serie de pulseras de oro y plata adornando ambos brazos, haciendo juego con su largo velo rosado bordado en plata que caía sobre su hombro derecho, cubriendo su cabello. Su tío podía tomar una segunda esposa, era su decisión, pero ella no toleraría ni muerta que otra mujer ocupase el lugar de su madre.
-Mira hacia otro lado, papá— reprendió la Uchiha apretando los dientes para contener un gruñido de disgusto.
-No estoy haciendo nada— protesto Sasuke, prefiriendo no imaginar la clase de ideas que rondaban su mente.
-Mentiroso— contesto Sarada sin creerle en lo absoluto, la palabra de un hombre era igual de cuestionable que la de una mujer, por eso.
-¿No bailas, Sakura?— pregunto Hiruzen al aproximarse hasta su sobrina que se mantenía inusualmente seria y callada. —Siempre eres la primera en bailar en las fiestas— menciono esperando que no hubiera sucedido nada malo para apagar su alegría.
-Ahora no, preferiría arrancarme los ojos— esto último lo pronuncio en casi un susurro y tan solo para que Sasuke la escuchara. —Sarada, vamos arriba— indico por fin, no teniendo razón para permanecer en esa fiesta.
-Sakura…— Sasuke intento detenerla, porque no valía la pena que pelearan por causa de la tozudez y necedad de Itachi.
-No te oigo— protesto la pelirosa mientras veía a su hija abandonar la sala rumbo al segundo piso. —Recuerda mis palabras; volteas a ver a otra mujer y me marcho— advirtió a modo de recordatorio antes de seguirla y abandonar la fiesta.
Los musulmanes consideraban que si un marido era bueno para una mujer, bien podía serlo para dos, tres o incluso cuatro, según eso se justificaba el permiso para que los hombres se casaran hasta cuatro veces, pero eso no quería decir que las mujeres-como Sakura en ese momento-aprobasen compartir a sus esposos con mujeres ajenas en su casa, compartiendo la misma mesa...Alah, que destino más triste. Claramente preocupada por los pensamientos que podían estar rondando la mente de su madre, Sarada volvió la mirada por el rabillo del ojo para contemplar el rostro de su madre que claramente intentaba mantener la calma, pero ella no la juzgaría por enojarse, cualquier mujer lo haría de estar en su lugar y siempre había visto a su madre como su mejor amiga, siempre podrían ser sinceras la una con la otra. Al llegar a lo alto de la escalera, Sakura se masajeo distraídamente las sienes, sintiendo una jaqueca por tan solo enfadare un poco, porque el temor revoloteaba en su mente y nada podía espantarlo, mas intento hacerlo por el bien de sus hijos al cruzar el umbral de la habitación; Daisuke y Sanosuke se encontraban leyendo sentados sobre la cama en compañía de Kagami que estaba sentado entre ambos mientras que Mikoto y Shina se encontraban sentadas delante del tocador, rodeadas de lienzos de diversos colores y jugando con ellos al situarlos sobre sus cabezas, por encima de sus cabellos como harían si no estuvieran dentro de casa, un cuadro enternecedor y adorable de contemplar.
-¿Qué están haciendo?— curioseo Sarada al momento de quitarse el velo, sonriendo al ver a sus inocentes hermanas.
-Probándonos los velos— contesto Mikoto, sonriendo al ver su reflejo, prendándose de la idea de cómo se vería cuando fuese mayor, deseando crecer lo más pronto posible.
-¿Cómo debo ponerlo, mamá?— consulto Shina, sosteniendo el velo entre sus manos, acercándose a su madre.
Olvidando por un breve instante sus temores, sus preocupaciones y la fiesta que tenía lugar en la sala, Sakura sonrió al pensar que al margen de cualquier negatividad siempre podría refugiarse en sus hijos que en ese momento le permitieron crear un margen entre lo que sentía con lo que quería disfrutar, no importa que tan malas fueran las cosas siempre tendría a sus hijos, nada ni nadie iba a quitarle eso sin importar lo que pasara y esa era la mayor verdad del mundo. Sonriendo, Sakura se arrodillo inclino delante de Shina, tomando el lienzo de entre sus manos y situándolo con sumo cuidado sobre su cabeza, acomodándolo sobre su cabello y dejándose distraer por su sonrisa.
Tenía a todo un mundo apoyándola, tenía a sus hijos y eso valía más que cualquier tesoro en el mundo.
Rio de Janeiro/Brasil
En el hogar de los Uchiha reinaba un silencio sepulcral, casi absoluto o al menos era lo que parecía en ese momento, doña Emi había asistido al gimnasio, aprovechando la ausencia de su hermano como una oportunidad para finalmente acercarse a Arsen o eso pretendía mientras que en ese momento y en la sala de la casa se encontraban reunidos los cuatro hermanos; Ayame, Rai, Yuudai y Hana, leyendo algún libro o estudiando en el máximo silencio posible para no molestar a su madre que continuaba triste y encerrada en su habitación, apenas y comía y no pronunciaba palabra alguna, preocupando enormemente a sus hijos que eran incapaces de saber qué hacer para ayudarla, forzados a simplemente observar su sufrimiento, sabían que su madre solo volvería a ser feliz y que se reconciliaría con su padre una vez la llamase o cuando regresara…pero de preferencia, no con una segunda esposa, eso lo empeoraría todo. Nadie quería adjudicar culpas a nadie, no sin pruebas y tanto porque este era un asunto que solo concernía a los adultos de la familia—sus padres—, pero interrumpiendo su lectura, Rai le dirigió una severa mirada a su hermana Ayame que simplemente fingió o pretendió ignorarlo, no importaba que le dijesen, nadie podía sacarle la idea de la cabeza a Rai que estaba convencido de que la única culpable del sufrimiento de su madre no era otra que su hermana mayor, Ayame había iniciado todo con su rebeldía.
-Todo esto es culpa tuya, Ayame, mamá está sufriendo por ti— acuso Rai sin pensarlo dos veces, molesto por ella por enemistar a su padre de ese modo.
-Tía Sakura se crió aquí y aun así usa el velo— respaldo Yuudai, igualmente del lado de su hermano. —Si papá toma una segunda esposa será tu culpa— nunca volvería a dirigirle la palabra a su hermana si su padre decidía traer a otra mujer a casa.
-Ya basta, no quería que sucediera esto— acallo Ayame, cansada de sentirse culpable porque nunca había querido ocasionar esa situación, ¿Cómo desear ver sufrir a su madre?
Intercambio una vaga mirada con Hana, tanto en busca de apoyo y auxilio como porque ella conocía sus razones para actuar con rebeldía, sus secretos y su relación con Haruto, pero estando mucho más preocupada por su madre y asustada del hecho de que su padre pretendiera regresar a casa con una segunda esposa, la menor de la familia se mantuvo permanentemente cabizbaja, triste, y sin otro remedio—sabiéndose vulnerable ante las acusaciones de sus hermanos—es que Ayame se levantó de su lugar en uno de los divanes de la sala, dirigiéndose con inevitable cautela a la habitación de su madre, ya habiendo tenido suficiente con verla sufrir de ese modo. Demasiado triste para hacer nada sino secar las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, Izumi no noto en absoluto la presencia de su hija mayor que contemplo con enorme preocupación su palidez y lágrimas así como sus ojos que se encontraban rojos a causa de las lágrimas, lágrimas de angustia por la partida de Itachi, lágrimas de temor ante la idea de que tomase una segunda esposa y dejara de amarla, temor por perder al hombre que amaba e ira por no poder hacer nada ni ser tan valiente como Sakura para pelear. Tomando el toro por los cuernos, por decirlo de algún modo, y olvidando por completo la cautela, Ayame ingreso en la habitación, sentándose en la cama delante de su madre y estrechando sus manos entre las suyas, sufriendo por verla así por su causa, porque aunque no quisiera aceptarlo sabía que todo era su culpa.
-Mamá, no llores— consoló Ayame, alzando una de sus manos para secarle las lágrimas, teniendo un nudo en el centro del pecho al verla sufrir de ese modo.
-Itachi no me ha llamado— aludió Izumi para justificar la razón tras su tristeza, —está solo en Fez…y no me ha llamado, no me ha avisado si llego bien, nada— jamás había hecho eso y estaba provocando una angustia terrible en su corazón al no saber de él.
-¿Y si llamamos a Fez?— sugirió la pelicastaña, golpeándose mentalmente la frente por no haber pensado en eso antes, —yo marco y tú hablas— determino finalmente, teniendo una idea de cómo enmendar la situación.
Frunciendo ligeramente el ceño ante aquella idea, Izumi no tuvo tiempo de protestar pues en un parpadeo Ayame abandono la habitación rumbo hacia la suya para buscar su teléfono ante la confundida mirada de sus hermanos, y regresando con él en cosa de segundos, marcando el teléfono del hogar de tío Hiruzen lo más rápido posible y entregándoselo a su madre que si bien aún se encontraba sorprendida, lo recibió con una ligera sonrisa, alentada por el valor que le infundía su hija con su sola presencia. Aun no era tarde, aun podía enmendar todo, aun había esperanza…
-A Itachi le gusto Eshima— observo Homura desde donde estaba, sonriendo al ver como algo prácticamente concreto la formalización del compromiso entre Eshima y su sobrino.
-Itachi está gobernado por la rabia— opino Hiruzen con menos alegría que su amigo, —la rabia no es buena para la gente, nos hace hacer cosas que no queremos hacer— recordó preocupado por lo que pudiera salir de esto.
El cementerio estaba lleno de gente apresurada y pensando en ese antiguo dicho es que Hiruzen temía por lo que Itachi pudiera decidir, contemplando con contenida preocupación a Itachi y Eshima que se encontraban en el otro extraño de la habitación, claramente Eshima era una joven encantadora y muy bella pero no sentía afecto real por ella, estaba fascinado por la idea de comenzar de nuevo y con un futuro en blanco, estaba dejando que su ira contra Ayame le impidiese recordar y valorar la real importancia que tenía Izumi en su vida y eso era un error. Los matrimonios entre musulmanes generalmente eran concertados, en concreto era un acuerdo entre dos familias bajo la promesa de un hombre, por lo que no era por demás extraño que en un matrimonio el novio y la novia no pudieran conocerse en profundidad para evitar el surgimiento de pasiones temporales pudieran ofuscar la razón y buen juicio, así que no resulto nada extraño que en pleno apogeo de la fiesta Itachi y Eshima por fin pudieran encontrarse a solas uno delante del otro, permaneciendo en silencio y sonriéndose entre sí. La atracción física era lo menos importante en un matrimonio, lo verdaderamente era el respeto, confianza y afecto que surgiera durante la convivencia y no antes, un vínculo sólido y duradero. En medio de este complejo ritual de cortejo es que Biwako se hizo presente, teniendo que irrumpir en el momento que ambos estaban compartiendo.
-Hay una llamada para ti, Itachi— informo Biwako y ante lo que el Uchiha se excusó respetuosamente para abandonar la sala y contestar la llamada. —Son los hijos de Itachi— mentó viendo sonreír gratamente a la pelinegra por la aclaración, —sufren mucho, él no quiere sustentar a sus hijos, Izumi tiene que pedir dinero al señor Hiruzen para dar ropa y comida a sus hijos, incluso la golpea y no le da nada de oro— sabía que era pecado mentir, pero en ese momento y por proteger a Izumi se sentía capaz de todo.
-Alah…— suspiro Eshima, blanca como un papel, mas intentando mantener su mente neutral, pensando que tal vez esto no era más que una prueba para ver su auténtico interés por casarse con Itachi. —Perdón por la indiscreción, pero el señor Homura dijo que Itachi tenía un hermano que buscaba una segunda esposa— comento para barajar otra posibilidad en caso de que no se concretase un compromiso con Itachi.
-Es él, Sasuke— asintió ella desviando la mirada hacia el otro extremo de la sala donde el Uchiha estaba hablando con tío Hiruzen y tío Homura. —Pero es mentira lo de una segunda esposa, en la noche de bodas le dio por escrito a Sakura que solo tendría una esposa— no era del todo una mentira, después de todo Sasuke siempre aseguraba que no quería tener una segunda esposa.
-Que mala suerte— negó la pelinegra, observándolo desde donde estaba, —es muy guapo— observo con sana envidia por la mujer que tuviera su corazón.
No estaba desconforme con su prometido ni nada de eso, no, ni soñarlo, Itachi de por sí solo tenía su propio encanto con la cálida sonrisa y temple sereno que mostraba ante todo, pero su hermano menor era otra historia a parte, ciertamente ambos eran muy aparecidos y evidentemente atractivos, pero Sasuke era más distante, serio, reservado, un reto que ella quiso comprender o por lo menos eso intento al observarlo largamente desde su lugar, sonrojándose inevitablemente por pensar así…era una verdadera lástima que u hombre así de guapo solo tuviera una esposa, y esa mujer era sumamente afortunada de ser la única que tuviera su corazón. Suspirando profundamente para sí, Sasuke deseo marcharse de allí cuanto antes, las fiestas no era precisamente lo suyo o por lo menos no si no involucraban a su familia y si había asistido a esta, únicamente lo había hecho para intentar hacer que su hermano recobrase el buen juicio y recordara que ya tenía una esposa y familia que en nada desmerecían su amor como él parecía pensar, pero al no haber conseguido tal propósito, ya no tenía ninguna razón de peso para permanecer allí, en lugar de eso prefería dirigirse hacia donde estaba Sakura—y sabía bien donde estaba—para sosegar sus temores y preocupaciones, porque sabía bien que las tenía y por su causa. Además nada lo obligaba a permanecer allí de todos modos, la fiesta era por Itachi y Eshima, no por él.
-¿Ya te vas, Sasuke?— noto Hiruzen, percibiendo y comprendiendo bien sus intenciones, así que no lo retendría en absoluto.
-No es una fiesta de mi agrado— asintió el Uchiha, teniendo muy presente hablar más tarde con su hermano, —llámeme cuando Itachi recobre el juicio, estaré arriba— aclaro con una ligera sonrisa a la que correspondió el Sarutobi.
Claro que quería hablar con Itachi y hacerlo entrar en razón por el bien de todos, pero eso ciertamente podía esperar por ahora, su hermano estaba gobernado por la ira y su propia necedad, y para que un necio entrara en razón era preciso que errara todavía más y él dejaría que lo hiciera, por el momento. Alah establecía claramente en el Corán que un hombre podía tener más de una esposa solo si estaba convencido de ser equitativo con cada una de ellas, de otro modo y al no ser capaz de entregar su afecto por igual entre sus mujeres, Alah recomendaba que un hombre no tuviera más de una esposa, por ello es que Sasuke se negaba con tanto empeño a aceptar tener una segunda esposa porque no seguiría las normas, volcaría todo su afecto y deseo hacia Sakura, siempre seria así. Dándole la espalda a la fiesta, Sasuke se dirigió hacia el segundo piso de la casa, sabiendo bien que allí encontraría a Sakura…
Rio de Janeiro/Brasil
Con el corazón latiéndole desbocado dentro del pecho, Izumi aguardo en silencio y sentado en su cama, ya había llamado al hogar de su tío y hablado con Biwako quien le había asegurado que en cosa de segundos Itachi le devolvería la llamada y es por lo mismo que aguardo en silencio a que eso sucediera, contemplando el teléfono entre sus manos, mordiéndose el labio inferior al imaginarse mil y un posibilidades de lo que podía estar sucediendo en Fez en ese momento, ¿y si Itachi estaba buscando una segunda esposa?, ¿y si se casaba con otra mujer? Alah, no, ¡no! No podía imaginarse eso, no sin tener pruebas, no era justo para nadie, además Itachi le había prometido por escrito que jamás tendría otra esposa más que ella, ¿Por qué rompería su promesa?, ¿Solo por la rebeldía de Ayame? No, eso no era posible, le había prometido mirándola a los ojos que nunca amaría a otra mujer más de lo que a ella y que ni siquiera intentaría sentir algo más por otra mujer. Tuvo que cubrirse los labios para no gritar al ver que alguien estaba llamándola por teléfono, mirando a cualquier lado en busca de auxilio y sabiéndose a solas antes de proceder a contestar, cerrando los ojos un momento y serenando sus pensamientos antes de contestar, congelándose en su lugar al escuchar una melodía festiva en el ambiente…no podía ser verdad, ¿o sí? No podía equivocarse, estaba teniendo lugar una fiesta y tan solo saberlo la hizo enfadar al instante y todavía más escuchar la voz de Itachi del otro lado de la línea.
-¿Hola?— contesto el Uchiha, ajeno a la persona que podía estar detrás de esta llamada que no estaba esperando.
-Itachi, ¿hay una fiesta?— demando saber Izumi, reemplazando su añoranza por él con la ira. —Escucho la música desde aquí—aclaro en caso de que él pensara mentirle.
-Sí, hay una fiesta— contesto Itachi, lamentando que su buen ánimo se empañara por su causa, también la extrañaba pero seguía molesto con ella.
-Sé muy bien que la mujer que tío Homura quiere casar contigo está en esa fiesta— advirtió la pelicastaña teniendo un nudo en la garganta, —¿Quién es ella?, ¿ya la viste?— cuestiono furiosa contra él y contra la mujer que osara intentar ocupar su lugar
-No puedo hablar, Izumi, me están esperando— se excusó él para colgar y evitar contestarle o todo se complicaría aún más.
-¿Ella te está esperando?— desafío Izumi, interpretando bien sus palabras aunque él pretendiera controlarlo todo. —Si te casas de nuevo, no me encontraras en casa cuando regreses, me iré muy lejos— amenazo claramente y muy decidida a cumplir con su advertencia.
Pudiendo escuchar como los latidos de su corazón retumbaban contra sus oídos y dominada por una ira muy parecida a la que había cegado a su esposo al momento de decidir viajar a Fez, Izumi colgó la llamada, sintiéndose increíblemente bien al amenazar a Itachi de ese modo y dejar las cosas muy claras, haciéndole saber que no sería ninguna tonta sumisa al aceptar su resolución de tener una segunda esposa, casi pudiendo palpar su respiración entrecortada a través de la línea del teléfono, preocupado por sus palabras, sabía que Itachi la amaba y que no quería perderla y estaba dispuesta a jugarse todas sus cartas para no perder a su marido, incluso huiría con sus hijos de ser preciso pero no soportaría que otra mujer entrara en su casa y no era una idea vaga en su cabeza sino que era una promesa. Incluso segundos después y cuando Itachi volvió a llamarla para intentar dialogar, Izumi se negó a contestar, ella también tendría voluntad de hierro y pelearía por su lugar, ella también estaba enfadada por las acciones de Itachi y demandaba ser tratada como merecía; como su primera y única mujer.
No habría segunda esposa en su casa, no mientras estuviera viva.
Apática, desganada, preocupada al mismo tiempo—si es que no paranoica…no, aun—, Sakura se mantuvo en el segundo piso de la casa de su tío, fuera de la habitación que en su día les había pertenecido a Izumi y a ella, en una época cuando todo había sido muy diferente de cómo era hoy y donde ahora se encontraban jugando sus hijas en tanto ella apoyaba ambos brazos en el barandal de la escalera, recargando su cabeza por encima de sus manos, suspirando sonoramente y contemplando la nada en un intento por distraerse de la fiesta que tenía lugar, más le resultaba enormemente difícil ya que sin problema alguno escuchaba claramente la música desde donde estaba. Ella no haría lo mismo que Izumi estaba haciendo, no se conformaría ni resignaría sin importar lo que pasara, no callaría a sus opiniones ni dejaría que Sasuke tomara una segunda esposa. Pensando precisamente en Sasuke, Sakura no pudo evitar alzar la mirada y sorprenderse al encontrarla con la de Sasuke, reprendiéndose por no advertir su llegada hasta que él se detuvo en silencio y a su lado, observándola como si fuese todo lo que necesitara en el mundo, como si fuese única para él; mas en ese momento no se sentía feliz como siempre lo hacía, su presencia solo le evocaba continuamente el temor de que hubiera puesto sus ojos en esa mujer llamada Eshima, y que si Itachi no quería casarse con ella, él si querría hacerlo, ese era su temor.
-¿Aburrida?— más bien afirmo Sasuke por la expresión en su rostro, eso y que estaba haciendo nada antes de que él llegase.
-Tú dímelo— desafío Sakura, necesitando una respuesta de su parte para mantener tranquila.
-No mire a esa mujer— aseguro él sin apartar en ningún momento su mirada de la suya como prueba, eso y estando dispuesto a hacer lo que ella le pidiera.
-No sé si creerte— confeso ella con un nudo en la garganta tanto a causa de sus hormonas como de su propia inseguridad.
No quería creerle a Sasuke, le creía con todo su corazón y su alma, y lo peor es que eso es lo que más le dolía, él siempre había cumplido todas y cada una de sus promesas, jamás prometía algo que no pudieran cumplir y cuando no lo prometía hacia posible ese ideal a cualquier costo, confiaba en Sasuke más que en nadie en el mundo, eso estaba fuera de debate, el tema en cuestión era que sin importar las promesas que le hiciera, él siempre tendría la posibilidad de tener una segunda esposa y tío Homura continuaría insistiendo hasta que lo hiciera tal y como había hecho con Itachi, no se trataba de que Sasuke quisiera una segunda esposa porque en ese plano ella no tenía competidoras; ¿Quién iba a quitarle su lugar en la mente, vida, cama y corazón de Sasuke? Nadie, pero la sola idea de que él pudiera tener otra esposa le crispaba los nervios por completo, le resultaba inadmisible. Sonriendo ladinamente ante la indecisión que veía en los ojos de su esposa, Sasuke entrelazo una de sus manos con la de ella, guiándola al interior de la habitación donde Sarada, Mikoto y Shina jugaban con los velos ante del espejo; se detuvo delante del escritorio y buscando lápiz y papel no dudo ni por un momento en redactar un escueto y sencillo escrito. Para los musulmanes la palabra verbal o escrita de un hombre equivalía a un contrato inquebrantable ante la ley, ante Alah y ante los hombres, por lo que ante la confusa mirada de su esposa, Sasuke no dudo en leer lo que acababa de escribir.
-Yo, Sasuke Uchiha, hijo de Mikoto y Fugaku Uchiha, declaro por mi palabra indisoluble que, mientras viva, solo tendré una esposa; Sakura Haruno, y que solo ella tiene permiso para hacer y deshacer sobre mi vida como le parezca— leyó el Uchiha en voz alta ante la atónita y sorprendida mirada de su esposa y sus hijos. —¿Es suficiente o debo añadir algo más?— enrollo el documento, dejándolo en una de las manos de Sakura que apenas y podía respirar a causa de la impresión
Claramente sorprendida, esperando que ese fuera un hermoso sueño del cual más pronto que tarde iba a despertar, Sakura pensó abofetearse e incluso pellizcarse, pero descarto ambas posibilidades de su mente, sosteniendo el documento entre sus manos y leyéndolo varias veces en silencio antes de encontrar su mirada con la de Sasuke quien simplemente asintió como prueba de que aquello era real, y con la sonrisa más deslumbrante que le fue posible realizar, Sakura abrazo a su esposo con todas sus fuerzas, besándolo una y mil veces mientras chillaba de emoción. Nunca le había pedido nada a Sasuke, nunca se había sentido con el derecho, pero nuevamente él le daba el mundo entero a través de su amor…lo que le había dado era la prueba irrefutable de ello, un contrato, un juramento indiscutible que ella sería su única esposa. Correspondiendo a su afecto, Sasuke envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su esposa, besándole la frente al verla así de alegre y más aún al saberse motivo de ello, si le hubiese pedido aquello, le habría dado ese contrato hace ya muchísimo tiempo, porque era inmensamente feliz con tenerla a su lado y pertenecerle tanto como ella le pertenecía a él.
Todos lo sabrían y verían, porque ella era y siempre seria su única esposa.
PD: Hola, hola, mis amores, prometi actualizar este fin de semana y lo cumplo sin falta :3 las siguientes actualizaciones serán "El Siglo Magnifico: El Sultan & La Sultana" a mas tardar el miércoles, "Mas Que Nada En El Mundo" a mas tardar el viernes y "El Velo del Amor" a mas tardar el domingo, lo prometo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicándole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Tio Abdul como Homura Mitokado
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Samira Rachid como Ayame Uchiha
-Khadija Rachid como Sarada Uchiha
-Zuleika como Eshima
Curiosidades y Diferencias:
Matrimonio & Segunda Esposa: la poligamia es vista como algo aceptable para el islam pero no se alienta necesariamente, se sugiere a un hombre justo que tenga mas de una esposa para hacer felices a otras mujeres y para proteger a viudas que se encuentren en penurias económicas, un hombre musulmán solo puede tener dos esposas o mas si se considera realmente capaz de dividir su amor, afecto y pasión entre cada una de ellas por igual, no puede amar ni preferir a ninguna por encima de la otra, de no poder hacerlo Alah permite a un hombre vivir monógamamente con una sola mujer, alentándolo a ser fiel y devoto de su esposa. Eshima es una bella joven de dieciocho años, pero Itachi no esta enamorado de ella ni nada por el estilo, solo esta confundido, su ira contra Ayame ha hecho que entre en conflicto con Izumi y que escuche las sugerencias de tío Homura de que tomar una segunda esposa es lo correcto, pero a la larga esto tendrá nefastas consecuencias. Inicialmente no sabia como adaptar la historia de la "princesa Nazira" que es relatada en la telenovela original y la versión de Telemundo, ni siquiera planeaba incluirla y de hecho la agregue de ultima hora pero me alegra haberlo hecho y espero que también sea del agrado de ustedes.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
