Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Just Like Fire" de Pink para Izumi, "Black Sea" de Natasha Blume para Sakura, "Into The Nothing" de Breaking Benjamin para Sasuke, "Latsadigui" de Tony Mouzayek perteneciente al soundtrack original de la novela "El Clon/O Clone" de 2001, para las escenas de la fiesta, "Faded" de Sara Farell para Itachi e Izumi, y "Paper Love" de Allie X para la ultima escena.
En compañía de tío Hiruzen en quien siempre sentía que podía encontrar el mejor de los consejos y tal vez el más imparcial de todo Marruecos, Itachi recorrió la medina en un intento por alejarse de los pensamientos que rondaban su mente, suspirando profundamente por millonésima vez; sabía que había cometido un error al conocer a Eshima, estaba alentando esperanzas a algo que nunca sería posible, si, era una joven encantadora y joven, lozana y muy bella pero no le despertaba absolutamente nada, claro que habían hombres que tomaban otra esposa sin reparo alguno pero él no podía entender esa lasitud de comportamiento, nunca había querido tomar una segunda esposa y esta vez en nada era diferente...pero estaba tan enojado con Izumi, estaba molesto porque ella intentara mediar entre Ayame y él para arreglar las cosas en lugar de estar de su lado como debería que él quería hacerle ver su propio error y tal vez la forma fuera tomar otra esposa, su tío Homura creía que si e Itachi también comenzaba a creerlo. Como buen musulmán y hombre justo que se considera, Hiruzen tenía que mantener obligatoriamente la mente abierta ante la perspectiva de Itachi y ayudarlo a tomar una buena decisión sobre cómo habría de actuar de ahora en más, no importa que Izumi fuese su sobrina y la amara como a una hija, los sentimientos no podían tomar partido en decisiones como ella, no importa que Itachi estuviera completamente errado, nada lo haría cambiar de opinión mientras siguiera enojado, debía serenarse primero para decidir bien cómo proceder.
-Entiendo que estés enojado con tu hija, Itachi— garantizo Hiruzen tras escuchar toda la explicación que él le había dado.
-Ayame pretende arrastrar mi cara por la medina, ya puedo ver a la gente juzgándome— suspiro el Uchiha negando para sí, incapaz de ver más allá de eso.
-¿Y crees que resolverás el problema tan solo por casarte de nuevo?— cuestiono el Sarutobi, deteniendo su andar y volteando a verlo. —No necesitas decirme que Izumi no educo a tus hijos, yo sé la verdad— él había educado a su sobrina, había estado ahí para verla convertirse en una buena mujer al igual que Sakura, él sabía quién era su sobrina.
-No les enseño nada— protesto Itachi para nada de acuerdo, porque si Ayame había acabado desviándose de las costumbres y la religión no era por motivos al azar, debía haber una razón detrás de ello y un culpable.
-Díselo con palabras y no casándote con otra mujer, si quieres paz el camino no es teniendo dos esposas— obvio él intentando que recapacitara de esa idea mientras aun había tiempo. —Mira a tu hermano, tiene la familia más envidiada de todo Marruecos y vive en paz, todo teniendo una sola esposa— contuvo su orgullo al mencionar a Sasuke y Sakura cuyo matrimonio era la admiración de todos a lo largo de Marruecos. —Alah hizo el matrimonio para que los humanos fueran felices, no para crear tempestad— recordó ya que el fin del matrimonio era obtener armonía, no tempestad como él estaba haciendo ahora.
-Sasuke es muy diferente de mí, y Sakura es muy diferente de Izumi— puntualizo el pelinegro, sus familias eran muy diferentes. —Izumi entiende y apoya a Ayame, quiere que entienda a una hija que no usa el velo— no estaría tan disgustado si Izumi lo apoyara en lugar de Ayame, pero lo no estaba haciendo, ese era el problema.
Había criado a su Ayame como una princesa, le había permitido estudiar e incluso entrar a la universidad porque no era negativo en lo absoluto que una mujer fuera inteligente y desarrollase sus habilidades y conocimientos a través de la educación, ¿y para eso?, ¿para que su hermosa hija se convirtiera en una mujer exhibicionista?, ¿qué ejemplo le daría a Hana que aún era tan pequeña y aprendía todo lo que veía como lo más normal del mundo? Nada era capaz de sosegar su ira no importa que tanto intentaran hacerlo cambiar de parecer o entrar en razón, había necesitado que Izumi estuviera de su lado y ella simplemente había preferido mantenerse neutral lo cual era un error que él no conseguía tolerar, sabía que no arreglaría todo el problema casándose con otra mujer pero tal vez así se sentiría respaldado para que Izumi hiciera lo que creyera mejor respaldando los errores de sus hijos pero él tendría en su hogar a una buena esposa. Hiruzen no podía mentir; todo lo que un hombre intentaba encontrar en un matrimonio era una buena mujer, una compañera incondicional de vida que lo comprendiera, apoyara y acompañara en todo, en cierto modo Itachi tenía razón de estar enojado con Izumi pero no del todo, Izumi no había hecho nada malo, solo estaba protegiendo a su hija y eso era algo que cualquier madre haría de estar en su lugar, Sakura tendía a ser mucho más irracional cuando se enfadaba y Sasuke siempre acababa cediendo a su voluntad en pro de mantener la harmonía en sus vidas y él era testigo de ello.
-Itachi…— intento protestar Hiruzen, conocía al Uchiha, sabía que era un hombre de buenos sentimientos, solo necesitaba hacerlo entender
-¡Itachi!— llamo Homura con gran entusiasmo al ver a su sobrino, abrazándolo al instante. —Le agradaste mucho a la familia de Eshima, y a ella, salieron de aquí con muy buena impresión— celebro de forma infaltable, intentando acercar a esa bella y religiosa joven al corazón de su sobrino.
-Homura, Itachi no te pidió negociar su casamiento aun— protesto el Sarutobi, para nada de acuerdo con esa forma tan conspirativa e instigadora de proceder por su parte.
-Pero el padre de Eshima si, él me encargo que llevara la respuesta de Itachi, Eshima tiene muchos pretendientes y él prefirió darle un lugar de honor a nuestra familia— explico el Uchiha, haciendo oídos sordos de cualquier acusación de su amigo. —¿Cuál es tu respuesta, Itachi?— pregunto volviendo a concentrar su atención en su sobrino.
-Me caso— contesto Itachi sin siquiera dudarlo, una parte de él quería negarse mientras que la otra quería continuar con todo hasta el final.
-Piénsalo bien, Itachi, no hagas algo de lo que te vayas a arrepentir— aconsejo Hiruzen para darle tiempo de arrepentirse, no era sensato utilizar la inteligencia al servicio de los sentidos.
-Me caso, Izumi fue quien no lo pensó— insistió él, confiando y creyendo en el criterio de su tío Homura.
Como una oscura premonición y tan pronto como acepto el compromiso, Itachi se arrepentido al instante, sintió un frió susurro contra su nuca como una advertencia y un peso contra el centro de su pecho, ¿a quién quería engañar? no quería casarse, no quería tomar otra esposa, solo estaba haciendo todo aquello guiado por la ira y para desquitarse, pero aun había tiempo de retractarse o eso creía. Tan pronto como enfoco la mirada hacia donde había estado tío Homura para decirle que cambiaba de parecer es que se percató que él ya no estaba se había ido y a su lado tío Hiruzen simplemente negaba con desaprobación ante su decisión, helándole la sangre cuando llego a una conclusión; había dado su palabra de que se casaría, tío Homura ahora se dirigía a darle la respuesta a la familia de Eshima, ¿en que se había metido?
Rio de Janeiro/Brasil
En silencio y completamente concentrada en lo que estaba haciendo, Izumi intercambio una vaga mirada con sus hijas Ayame y Hana que la ayudaban a guardar sus mejores blusas y velos dentro de su maleta, llevaba ropa suficiente para una semana y un poco más en caso de que tuviera que quedarse por más tiempo de lo planeado en vez, afortunadamente estaba en Brasil donde no precisaba de autorización para viajar a alguna parte como si sucedía en Marruecos pero si precisaba dinero para comprar su pasaje, cosa que el primo Kagami—quien quedaría a cargo de la tienda y de sus hijos junto con Emi—no había dudado en proporcionarle encomendándole que hiciera entrar en razón a Itachi y lo trajera de vuelta por que dudaba pudiera encontrar a otra mujer tan maravillosa como Izumi a quien veía como una hermana. Ayudando a su madre a cerrar la maleta, Ayame se negaba a perder la esperanza, había heredado el carácter tempestuoso y orgullo de los Uchiha al igual que su padre y su tío, sabía que su padre solo estaba enojado, nunca podría tomar una segunda esposa, desde que ella y sus hermanos tenían memoria era evidente que su padre solo amaba a una mujer y esa mujer era su madre, hasta un ciego podría ver lo mucho que se amaban…pero eso no quería decir que su rebeldía hubiera cesado, haría entender a su padre con el tiempo y eso sucedería tarde o temprano, solo necesitaba ser paciente, aunque en ese momento ocultara sus intenciones mientras veía a sus hermanos.
-¿No vamos contigo, mamá?— pregunto Yuudai sentado sobre la cama junto a su hermano mayor, observando atentamente a su madre.
-No, se quedaran al cuidado de tía Emi— negó Izumi, no era aconsejable hacer un viaje así con sus hijos, Itachi ya estaba enojado y no quería hacerlo enfadar aún más.
-¿Y si papá llama?— inquirió Rai, porque si iban a mentir debían hacerlo bien, de otro modo su padre se daría cuenta de la treta.
-Diremos que mamá está durmiendo— contesto Ayame intercambiando una vaga mirada con su hermano con quien había establecido un alto al fuego en su riña personal.
-¿Cuándo llegaras a Fez, mamá?— curioseo Hana para saber cuándo podría llamarla por teléfono ya que la extrañaría muchísimo.
-El viernes— calculo Izumi, esperando que no tuviera lugar ningún contratiempo que la hiciera llegar tarde, cada segundo de tiempo era vital.
-El taxi ya llego— anuncio Emi al ingresar en la habitación con una expresión de completa seriedad.
-Gracias— sonrió la pelicastaña mientras se acomodaba el velo para salir a la calle. —Doña Emi…— le faltaron las palabras para agradecerle no estar sola en ese momento tan crucial.
-No digas nada, solo te ayudo porque no elegí a esa otra mujer, porque si yo la hubiera elegido todo sería distinto— acallo la Uchiha, no quería sentimentalismo en ese momento, de otro modo se pondría a llorar.
Tío Homura era muy insistente cuando se lo proponía y no en el mejor de los sentidos, los años que Emi llevaba en occidente le habían permitido comprender a las mujeres egoístas que querían tener a su marido solo para ellas y a Izumi, no estaba mal que ella no quisiera que Itachi tomara una segunda esposa y a decir verdad Emi le había tomado mucho cariño a Izumi a lo largo de los años que la conocía, era muy dulce, amable e inocente, no tenía malos sentimientos hacia nadie y todo lo que pedía era ser feliz junto a Itachi, es más, incluso la había ayudado largamente a intentar hacer que Itachi permitiera que se casar con un occidental, sin éxito pero esa era otra historia, por lo que ayudarla a hacer entrar en razón a Itachi era algo en lo que no dudaba en colaborar, cuidando su hogar junto al primo Kagami y su esposa. Con lágrimas en los ojos, Izumi envolvió sus brazos alrededor de Izumi en un incontenible abrazo, la consolaba saber que no estaba sola, claro que tenía enemigos—tío Homura y quien sea que fuera esa mujer que quería convertirse en la esposa de Itachi—pero sus preocupaciones eran mínimas, incluso doña Emi se había convertido en una gran amiga para ella sin importar que en un principio hubieran sido enemigas. Sonriendo ligeramente, Emi rompió el abrazo, sujetando a Izumi por los hombros para recordarle que no era momento de quebrarse, necesitaba ser fuerte para enfrentarse a Itachi una vez llegara a Marruecos, tenía que ser fuerte por sí misma y por sus hijos.
-Nos veremos pronto— se despidió Izumi, inclinándose para abrazar a Hana y besar la frente a Yuudai antes de ser abrazada por Ayame y Rai, los extrañaría muchísimo. —Obedezcan a tía Emi en todo, ¿sí?— indico con voz seria, confiando en que sus hijos mayores ayudarían a la Uchiha a mantener el orden mientras ella no estuviera.
-Puedes viajar tranquila, comandare tu casa mejor de lo que tú misma lo harías— garantizo Emi con una sonrisa arrogante y zarandeándole ligeramente los hombros para infundirle ánimo.
No importa que tanto tiempo pasase Izumi en Fez, una semana, dos, lo que fuera pero ella cuidaría de su hogar como si fuese el propio, por lo que ambas mujeres se sonrieron la una a la otra antes de que la pelicastaña sostuviera su maleta y le diera la espalda a sus hijos y cuñada para abandonar la habitación, no podía volver a tras ni quería hacerlo. Se iría, sí, pero teniendo el corazón apretado en todo momento al no saber qué es lo que encontraría en Marruecos, pero dirigiéndole una última mirada a la sala de su hogar, de pie ante el umbral de la puerta principal, Izumi se infundió valor, no conseguiría nada permaneciendo en casa y con el corazón en vilo sin hacer nada, necesitaba hacerlo, necesitaba ser fuerte...
En la cocina y acompañada por sus hijos, Sakura cerro el horno, sonriéndole a Sarada que la había ayudado a preparar las galletas y cuernos de gacela que estarían listos muy pronto, antes de que Kin y Tenten regresaran con las compras. La pelirosa vestía una sencilla blusa purpura oscuro que cubría holgadamente su figura y de hombros ligeramente caídos, las mangas se ceñían ligeramente a la altura de las muñecas y la altura de la cintura se encontraba un holgado fajín violeta oscuro que parecía una falta transparente hasta las rodillas sobre unos cómodos pantalones de velo, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, con su collar de jade adornando su cuello, unos largos pendientes de oro en forma de lagrima decoradas en el centro por una amatista, un brazalete en su brazo izquierdo y una pulsera gemela en su muñeca derecha. Volviendo la mirada hacia la mesa, limpiándose las manos aun manchadas con harina en el delantal que se quitó en ese momento, Sakura no pudo evitar reír al ver a Mikoto y Shina casi completamente cubiertas por harina al igual que Kagami, mientras Daisuke y Sanosuke llenaban uno de los moldes para preparar un pastel...era hermoso poder disfrutar de estos días de silencio y tranquilidad en compañía de sus hijos, era todo lo que podía pedir. Escuchando que llamaban a la puerta, la Uchiha abandono la cocina, alisándose la ropa antes de abrirla la puerta, sorprendiéndose al encontrarse con su cuñado.
-Itachi— saludo Sakura, ocultando su sorpresa con una amable sonrisa, siempre era un buen motivo recibirlo en su hogar.
-Sakura— correspondió el Uchiha con una ligera sonrisa, —¿Sasuke, esta?— consulto apretando disimuladamente las manos a causa de la incertidumbre.
-Sí, es su despacho, sígueme— índico la pelirosa antes de hacerse a un lado e invitarlo a pasar.
Ingresando con confianza en el hogar de su hermano que veía tan propio como Sasuke haría de estar en su casa, Itachi cerró la puerta tras de sí antes de seguir los pasos de Sakura hacia el despacho de su hermano donde esperaban pudieran hablar a solas, sorprendiéndose por la quietud y silencio reinante en la casa y que solo era roto por las ligeras carcajadas provenientes de la cocina y que parecían pertenecer a Mikoto y Shina, era un ambiente muy ameno y sereno el que tenía su hermano en su hogar, incluso envidiable para él que había perdido la harmonía en el último tiempo. Sentado en silencio delante de su escritorio, Sasuke cambio con sumo cuidado la página del Corán que estaba leyendo, no le habría molestado ayudar en la cocina pero Sakura le prohibía entrar, tal vez porque no quería quedar en ridículo ya que él era tan bueno cocinando como ella o porque no quería tener competencia, pero disfrutando del silencio y quietud existente en casa el Uchiha supo aprovecharla a solas en su despacho, hoy no tenía documentos de ninguna clase que leer, revisar o firmar lo cual era un gran respiro de aliento, aun no se confirmaba donde tendría lugar la reunión con los exportadores de telas de Singapur por lo que podía disfrutar plenamente del tiempo libre de estar en casa junto a Sakura y sus hijos. Concentrado como estaba en la lectura, nada le impidió alzar la mirada al percibir movimiento justo antes de que la puerta de su despacho se abriera y por donde Sakura asomo la cabeza con una ligera sonrisa.
-Sakura, ¿Qué pasa?— inquirió el Uchiha levemente confundido ya que ella solía llamar a la puerta cuando sucedía algo, todos lo hacían antes de entrar a una habitación.
-Itachi vino a hablar contigo— contesto la pelirosa al ingresar y abrir la puerta. —Pasa, prepare té— se excusó dirigiéndole una última mirada a su cuñado antes de abandonar el despacho.
-¿Estás bien, Itachi?— pregunto Sasuke, invitando a su hermano a tomar asiento delante de su escritorio, notándolo inusualmente pálido.
-Hermano, no quiero casarme, estoy arrepentido— confeso el pelinegro con casi un hilo de voz, —no quiero a otra esposa más que a Izumi— añadió con más certeza al saber que podía hablar con honestidad con su hermano menor.
-Te dije que debías pensarlo muy bien antes de tomar cualquier decisión, te lo dije— suspiro el azabache, llevándose una mano a las sienes, había intentado hablar con él anteriormente y en vano.
-Si, ya me di cuenta— obvio Itachi, dando todo de sí para no perder la paciencia porque le recordar sus errores. —Nunca quise a Eshima— añadió antes de que su hermano pretendiera restregarle aún más en la cara sus errores.
-No, pero tienes que casarte, la palabra de un hombre vale un contrato— concluyo Sasuke en voz alta, en ese punto el compromiso no era evitable en lo absoluto. —Tío Homura hablo con la familia en tu nombre, tu palabra quedo comprometida, te tienes que casar— no importa que su hermano clamara por ayuda con su mirada, no podía ayudarlo, nadie podía deshacer el error que él mismo había causado.
Siempre había considerado a su hermano mayor como alguien sumamente inteligente pero ahora no, Itachi había puesto la inteligencia al servicio de los sentidos, había cometido una estupidez y no sabía cómo salir de ella, además no es como si realmente pudiera salir del problema en el que se había metido, en el islam la palabra de un hombre era algo sagrado, equivalía a su firma legal en un contrato, retirar la propuesta de matrimonio que tío Homura ya había concretado resultaría ser una ofensa imperdonable para el apellido Uchiha, algo que todos querían evitar desde luego. En un comienzo Itachi había querido creer que podría zafarse del compromiso pero cuando su tío lo había llevado al mercado de la medina horas atrás para escoger una joya que obsequiarle a Eshima como regalo de compromiso es que Itachi se había dado cuenta de que no había forma de retroceder el tiempo o por lo menos no que él conociera, no quería obsequiarle oro ni dirigir su afecto hacia otra mujer que no fuese Izumi y a cada se recordaba más y más eso pero no importa cuánto se lo recordase, no podía escapar del compromiso. Por eso había acudido a su hermano menor, Sasuke ciertamente nunca había tomado una segunda esposa pero su tío había tentado comprometerlo tantas veces hasta casi llegar a la boda que esperaba él pudiera decirle que hacer para salir de este enlace que no deseaba con su orgullo y dignidad intactos, de ser posible claro, aunque nada le era más importante que la felicidad y bienestar de Izumi y su familia.
-¿Cuándo es la fiesta?— pregunto Sasuke en un vago suspiro, para romper la tensión e intentar ayudarlo de serle posible.
-El viernes— contesto Itachi con la mirada baja, avergonzado como un niño pequeño, porque sabía que había cometido un grave error.
La rabia era un sentimiento subversivo, no se podía resolver nada estando dominado por ella, creaba nudo en la comprensión humana y cubría los oídos; Sasuke había intentado hablar con su hermano desde su llegada, ¿para qué? Itachi estaba actuando como un hombre tonto pese a ser su hermano mayor, todo por un velo, se había enemistado con su hija y su esposa por la rebeldía de Ayame que era una adolescente tempestuosa, debería haber pensado más las cosas pero no lo había hecho, era un haram—un pecado—hacer un matrimonio por causa de un velo y si Itachi solo ahora se daba cuenta de su error ese era su problema y de nadie más.
Itachi estaba solo, solo con su error.
La fiesta de compromiso tenía lugar en el hogar del señor Hiruzen como intermediario, con las odaliscas y músicos traídos desde El Cairo para alegrar la festividad en espera de la llegada de la joven, mas aunque se mostrase sereno, Hiruzen se sentía preocupado ante la reacción que tendría Izumi cuando descubriera la verdad, por lo que estaba dispuesto a viajar a Brasil tras la fiesta de compromiso para hablar con Izumi y hacerle entender la situación, para que no se enemistara más de lo que ya estaba con Itachi, por ello es que Biwako tampoco la había llamado, decirle tal cosa por teléfono resultaría ser un golpe demasiado duro para el frágil corazón de su inocente sobrina. Tras cruzar el umbral de la puerta principal, Izumi se sonrió ligeramente a Tokuma, el ayudante de su tío quien no dudo en ayudarla con su equipaje, el viaje había resultado a meno y ahora en casa de su tío esperaba poder hablar con él y solicitar su ayuda para tratar de reconciliarse con Itachi, más la serenidad que había embargado el corazón de Izumi se esfumo cuando cruzo el umbral de la sala y se encontró con una festividad en pleno apogeo, una festividad de compromiso, lo percibió en cuanto entro, sintiendo el corazón oprimírsele mientras veía a Itachi en el otro extremo de la habitación. ¿Qué le voy a decir? se preguntó el Uchiha, completamente aterrado al ver a Izumi ingresar en la sala, incapaz de enfadarse con ella por viajar sin su permiso sino que aproximándose con lentitud hacia su esposa que le sostuvo la mirada con sus ojos negros cagados de inocencia.
-¿Hay un compromiso aquí?— noto Izumi recibiendo un vago asentimiento de su esposo como respuesta, —¿y…quien es el novio?— pregunto en espera de eliminar su mayor temor.
-Yo— contesto Itachi bajando la cabeza con vergüenza, deseando haberse dado cuenta de su error mucho antes…pero no lo había hecho.
-Dijiste que el novio…— la pelicastaña comenzó a sentirse ida, no podía creer lo que acababa de oír, su mente no lo asimilaba.
-Soy yo— ratifico el Uchiha sin encontrar su mirada con la de ella, su vergüenza era demasiado grande, se sentía completamente indigno de su amor.
-Alah…— suspiro ella, sintiéndose mareada, perdida, completamente herida por esa respuesta y que había pasado toda su vida rogando no oír.
-Mi amor— en ese momento Itachi se olvidó completamente de su ira pasada contra Ayame y contra ella, todo lo que deseaba era regresar a casa y dejar atrás todo eso, nada más.
Desde su lugar en la fiesta, Hiruzen contemplo con silente preocupación a su sobrina al mismo tiempo que Biwako, mientras que Homura frunció el ceño temiendo que sus planes se vieran arruinados por esa mujer escandalosa y que era tan defectuosa como la esposa de su otro sobrino. Atestiguando todo desde una distancia suficiente para no oír la conversación pero intuyendo lo que ambos se estaban diciendo, Sakura se llevó una mano al centro del pecho, mordiéndose al labio inferior al conocer mejor que nadie la angustia y el dolor que Izumi estaba sintiendo, ella la había vivido muchas veces por causa de tío Homura en el pasado pero ya no más, gracias a Sasuke a quien en ese momento volteo a ver ese temor se había extinguido por completo, pero no para Izumi y ambos se dijeron eso al encontrar sus miradas, preocupados por lo que iba a pasar, porque habían intentado mediar entre ambos. Acallando un sollozo que muro entre sus labios, Izumi abandono la sala tan pronto como le fue posible, seguida por Itachi que se negó a dejarla sola hasta llegar a la habitación que en el pasado le había pertenecido, paseándose dentro de la habitación como una leona enjaulada, furiosa e inconmensurablemente herida, Itachi había tenido el valor de apuñalarla por la espalda y eso era algo que dolía más que cualquier herida en el mundo porque jamás había esperado que él tuviera el coraje de hacerlo, había esperado un golpe así de muchas personas, incluso de doña Emi pero nunca de él, jamás de él que decía amarla tanto.
-Itachi, te atreviste…te atreviste a traicionarme así— Izumi por fin capaz de recuperar el habla sin importar que su voz se quebrara a causa de los sollozos que su labios pedían liberar.
-Mi amor, no…— negó Itachi, intentando pensar en cómo hacerla comprender que estaba arrepentido, —mi amor, no quiero casarme— aseguro dispuesto a hacer lo que ella le pidiera para demostrárselo.
-Me lo prometiste cuando Rai nació, me lo prometiste— recordó ella en voz alta, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas más limpiándolas casi al instante, no queriendo darle el gusto de verla débil.
-Lo hice por rabia, por causa de que Ayame no quiere usar el velo, dije que quería casarme, pero cuando me dijeron que iban a acordar el matrimonio me di cuenta de que me estaba equivocando— explico él, le faltaban las palabras para expresar lo arrepentido que estaba y como deseaba cambiar la situación pero era imposible, era muy tarde. —No puedo arrepentirme, mi palabra vale un contrato— cito en voz alta esperando que ella entendiera y se resignara al igual que él.
-Me diste tu palabra y eso no vale un contrato, menos ha de valerlo para ella— chillo Izumi, completamente furiosa e incapaz de creer en su arrepentimiento. —Dile a esa mujer que no quieres casarte— impuso si quería que le creyera, de otro modo pediría el divorcio y haría que su tío lo lograra, mentiría de ser preciso.
-Si no me caso, caeremos en la vergüenza— obvio el Uchiha, deseaba hacer eso pero no podía, pisotearía el apellido de su familia si lo hiciera.
-Alah…que suerte tan triste la mía— sollozo ella, dejándose caer sobre la cama, sentía débiles las piernas, ni siquiera podía estar en pie.
-Mi amor…— Itachi se arrodillo delante de ella, alzando una de sus manos para intentar acunar el rostro de ella.
-No te me acerques— se apartó Izumi, sentía desprecio de su presencia, de su voz y de su tacto, no quería verlo ni quería oírlo, mucho mejor dejar que la tocara, —abrigue una víbora en mis brazos— acuso con veneno, era la primera vez en su vida que realmente quería odiar a alguien aunque fuese a quien más amaba en el mundo.
-Izumi, no…— veía en los ojos de su inocente Izumi una mirada que lo asustaba, jamás la había visto tan molesta, era más que eso, parecía como si lo odiara, —incluso pedí la ayuda de Sasuke, pero nadie pudo ayudarme— aseguro como prueba, aunque en nada había servido recurrir a su hermano, Sasuke siempre había tenido mejor juicio y control sobre sus emociones y por ello es que Sakura y él tenían un matrimonio tan envidiable.
-Confié tanto en ti, Itachi, confié en ti— negó la pelicastaña, sin mirarlo siquiera, no soportaba verlo, todo lo que quería era matar ese amor que sentía por él pero no podía y eso es lo que más le dolía.
-No quiero casarme, Izumi, lo juro por el profeta— prometió Itachi, estaba tan desesperado por encontrar una salida que incluso sintió deseos de llorar, había empujado a Izumi al mayor de los dolores que podían existir, había sido tal su ceguera que ese odiaba tanto como ella lo odiaba a él en ese momento.
Debía haber otra forma de salir de esta situación, debía poder hacer algo pero nada lo zafaría del compromiso, solo quedaba que Eshima desistiera, ¿pero cómo si desde el comienzo parecía estar encantada con la idea de casarse? Ni siquiera Sasuke había podido ayudarlo, nadie podía ayudarlo. Demasiado herida y ofendida, Izumi enterró su rostro entre sus manos, sollozando de decepción y desesperación, desesperación al no saber qué hacer para liberar a su esposo de ese compromiso y regresar a casa como si nada hubiera pasado, aparentemente forzada a tener que recibir en su hogar a otra mujer, una completa extraña con quien habría de compartir a su esposo.
Que suerte tan triste la mía, sollozo Izumi, negando en silencio para sí.
-La novia llego— informó Tokuma, ingresando en la sala para informar al señor Homura y el señor Hiruzen.
-Hay que avisar a Itachi— índico el Sarutobi a Natsu, porque no quería que Biwako se escapara de su vista, era mejor que dejasen a Itachi e Izumi hablar a solas.
Mientras Natsu subía la escalera hacia el segundo piso, Eshima ingreso en la sala en compañía de su padre, siendo inmediatamente bienvenida al hogar del señor Hiruzen por él y el señor Homura que al instante la hizo sentir como una hija que regresaba a casa, cualquiera que hubiera visto a Eshima se habría sentido vasallo con su belleza, vestía una elegante túnica de seda gris perla hasta los tobillos y de mangas acampanadas, bordada en hilo de plata y diamantes en los bordes de las mangas, la caída de la tela y el frente, con un velo blanco aperlado cubriendo su largo cabello negro y cruzado para ocultar parte de su escote, haciendo más deslumbrante su inocente y encantadora sonrisa, era imposible no halagar su belleza. Dentro de la habitación, Izumi se mantenía sentada sobre la cama y con la mirada baja, con sus manos cruzadas a la altura de su regazo, visiblemente triste más negándose a llorar menos aun con aspavientos, Sakura no era la única que podía ser fuerte y determinada cuando se lo proponía, ella también podía ser de hierro con solo desearlo aunque su corazón sufriera por ello pero no iba a llorar, no delante de Itachi que se paseaba en círculos dentro de la habitación y delante de ella, intentando pensar en una salida más nada le resultaba lo suficientemente convincente para intentarlo y no caer en la vergüenza, no había escape posible, entonces fue cuando Natsu ingreso, no sabiendo si estaba bien dar una noticia que sabía entristecería a Izumi, pero le habían ordenado que lo hiciera.
-Itachi, la novia llego— anuncio Natsu al ingresar en la habitación, evitando la mirada de Izumi quien sintió como si no pudiera respirar ante esa sola noticia.
-Iré en seguida, Natsu— contesto el Uchiha permitiéndole a la criada retirarse como si jamás hubiera estado ahí. —¿Qué hago, Izumi?— pregunto aterrado, no queriendo ofenderla. —Mi amor…— su Izumi se negó a oírlo, apartando la mirada con desprecio.
Haciendo oídos sordos de las palabras de su esposo, demasiado enojada y ofendida, Izumi abandono la habitación rumbo a la sala sin voltear en ningún momento, descendiendo lentamente por las escaleras hasta fijar su mirada en la joven que habría de ser su rival, la futura segunda esposa de Itachi, ¿Que tienes tu que no tenga yo? se preguntó Izumi con una dolorosa punzada en el centro de su pecho al verla, sonriente, alegre, bella y joven, casi veinte años menor, ¿cómo no sentirse mal? Se sentía horrible y más al saber que Itachi había permitido que se concretara el compromiso por sentir rabia contra ella, que más desearía ella que devolverle el golpe pero no podía. Aparentemente calmado en el exterior, Itachi siguió los pasos de Izumi al retornar a la sala, sintiéndose entre la espada y la pared al ver a Eshima quien sonrió llena de alegría al verlo, desviando con sutileza la mirada hacia Izumi quien mantenía la mirada en un punto invisible de la nada para no atestiguar lo que iba a pasar…no quería casarse, no quería una segunda esposa pero tampoco sabía cómo escapar de aquella situación. Contemplando a la bella Eshima quien vestía una elaborada túnica de seda gris perla bordada en plata y con un largo velo blanco cubriendo su largo cabello, Homura se aproximó lentamente hasta situarse a la diestra de su sobrino que parecía estar congelado en su lugar, una conducta que no era para anda digna de admirar, parecía como si se hubiera arrepentido y él no lo permitiría.
-Dale la joya que compraste— recordó Homura en un susurro para hacer reaccionar a su sobrino.
La mente de Itachi sabía que debía acatar las palabras de su tío, pero su miedo y preocupación por Izumi era tan grande y se encontraba tan aprisionado entre lo que quería contra lo que debía hacer que en ese momento el Uchiha simplemente sucumbió a sus nervios y se desplomo sobre el suelo completamente inconsciente ante la aterrada mirada de todos los presentes. Olvidándose por completo de la ira que sentía contra Itachi hasta ese momento, Izumi se arrodillo a su lado sobre el suelo, acunando su cabeza sobre su regazo, desviando muy sutilmente la mirada hacia Eshima quien se arrodillo a su lado igualmente preocupada; era una intrusa y no quería saber nada mas de ella, habían pospuesto el compromiso...por ahora.
Para nadie de los invitados a la fiesta había resultado posible siquiera imaginar que una festividad tan amena y bonita terminase de ese modo, bueno, no terminar literalmente porque como Hiruzen era el anfitrión él dejaría que la celebración continuase hasta el final pero ya no era una festividad con motivo de un compromiso ya que no se había concentrado nada, solo era una festividad más ya que Itachi se mantuvo inconsciente mientras Tokuma—la mano derecha del señor Hiruzen—ingreso en la habitación de huéspedes ayudado por algunos de los invitados a la fiesta, recostando a Itachi sobre la calma, por lo visto lo sucedido no era nada serio sino que un simple desmayo por lo que no necesitarían llamar al médico. Ingresando en la habitación y sin que nadie lo viera, Hiruzen le guiño un ojo a Biwako quien hizo igual, sonriendo cómplice ante la felicidad que intentaban acallar o esconder, felicidad porque el compromiso no hubiera tenido lugar. Tan pronto como Itachi fue recostado sobre la cama, Izumi se sentó a su lado, alzando una de sus manos para apartarle cuidadosamente el flequillo del rostro para palparle la frente y asegurarse de que estuviera bien, afortunadamente lo estaba, solo algo pálido pero eso era normal teniendo en cuenta que se había desmayado, lo que la dejaba mucho más tranquila pero molesta consigo misma por preocuparse por él con quien debería estar enojada, y no lo estaba, o al menos ya no más porque temporalmente se había cancelado el compromiso.
-Déjenlo dormir, es bueno que duerma— índico Hiruzen permitiendo que los invitados regresaran a la sala en compañía de Tokuma, respirando mucho más tranquilo al verlos partir. —Qué pena que este desmayado, despertara deprisa— aprecio esbozando una ligera sonrisa antes de volver la mirada hacia su amiga, —Biwako, ¿y si preparas esa hierva que tranquiliza a las personas?— sugirió con toda intención de sacar partido de la oportunidad que Alah les había dado.
-Lo haré en seguida— asintió ella con una sonrisa antes de abandonar la habitación rumbo a la cocina.
-¿Dónde estoy?— pregunto Itachi, recuperando vagamente la conciencia, intentando erguirse con ayuda de sus brazos.
-En la fiesta de tu compromiso— contesto el Sarutobi con sencillez, intuyendo o más bien sabiendo el efecto que eso tendría.
Creyendo lo que oía y sintiendo el mismo abominable terror adueñarse de él, deseando escapar desesperadamente y creer que aquello era un sueño con suma desesperación, Itachi volvió a desplomarse inconsciente sobre las almohadas ante la atónita mirada de Izumi quien ahogo una carcajada de sarcasmo, propinando un certero golpe en el pecho a su esposo mientras cruzaba los brazos sobre su pecho con una expresión enfurruñada, realmente deseaba odiarlo y estar furiosa con él pero no podía, después de todo había cumplido su palabra, él compromiso no se había concretado...por ahora.
Al margen de lo que sucedía en la habitación de huéspedes donde Itachi permanecía inconsciente, en la sala principal la fiesta continuaba como si no hubiese sucedido absolutamente nada, más de todas formas inquieta e intentando calmar su preocupación, Eshima se paseó nerviosamente en la sala ante la atenta mirada de su padre, intentando frenar sus sentimientos y actuar dignamente pero le resultaba tremendamente difícil, no es que pretendiera ser arrogante ni anda parecido pero era del conocimiento de todos la larga fila de pretendientes que tenía esperando conseguir su mano en matrimonio e Itachi que estaba tan interesado no había hecho sino desmayarse en momento tan crucial como lo era presentar su regalo de compromiso…Por Alah, ¿y si esto era una señal? Podían acusarla de supersticiosa pero tenía miedo, miedo de que el compromiso se viera estropeado no por causa de Itachi sino suya, ¿acaso estaba condenada a no poder casarse? No, Alah, que suerte más triste seria esa. Sintió como un auténtico bálsamo para sus preocupaciones el regreso del señor Homura que se había aproximado a Natsu—una de las criada del señor Hiruzen—para saber cuál era la condición de Itachi, y por la expresión en su rostro Eshima creyó o al menos quiso creer que su prometido estaba bien, tal vez ella había hecho algo para ofenderlo o disgustarlo y de ser así se arrepentía de todo corazón, prometiendo aprender a agradarle y ser una buena esposa, ese era su papel después de todo.
-¿Y mi novio, señor Homura?— consulto Eshima sin conseguir ocultar su preocupación por Itachi, esperando que estuviese bien.
-Fue demasiada emoción, te vio y se emociono, entraste en su corazón— garantizo Homura con una ligera sonrisa, porque era imposible que Itachi se hubiera desmayado por otra razón.
-Él también entro en mi corazón— aseguro ella con una sonrisa, tener un marido guapo y joven no era algo que todas pudiera celebrar.
-Se recuperara pronto, tendrás un marido muy guapo, Eshima— garantizo el Uchiha, no existiría mejor matrimonio que el de su sobrino con esa bella y virtuosa joven.
-Alah mediante, señor Homura— asintió Eshima, intentando no decepcionarse ante los recientes acontecimientos.
Estaba preocupada, si, y también algo inquieta por lo que todo esto podía significar pero nada era lo suficientemente preocupante para aterrarla, el matrimonio ya había sido acordado, Itachi había aceptado, tarde o temprano iba a casarse con él, solo debía ser paciente y esperar, nada podía ser tan terrible para hacerla desistir. Si quieres y aplicas todo tu esfuerzo, hasta un ratón se come un gato, reflexiono Hiruzen para sí y con una ligera sonrisa que supo ocultar al regresar en la sala, mentir y fingir estaba mal y lo sabía pero de todas formas pretendió sentirse triste o abatido al momento de situarse a la diestra de Homura y ante Eshima quien se mostraba visiblemente preocupada, era una pena que una joven tan bella, inocente y encantadora que tenía todo el futuro por delante fuera utilizada de ese modo por el Uchiha para un truco tan sucio como era menospreciar a Izumi y hacer que Itachi se enemistara con ella, cualquier hombre querría tener por esposa a una joven tan bella, pero Itachi no, aunque él no pensaba decirlo de viva voz u ofendería a todo el mundo. Volvió ligeramente la mirada hacia Biwako quien con el sigilo y silencio de un espectro cruzo la sala hacia las escaleras sosteniendo una taza de té cuya procedencia él conocía y que lo hizo sonreír de forma casi imperceptible, confiada en que ese té tranquilizante habría de estar lo suficientemente fuere para hacer que Itachi durmiera profundamente toda la noche y un poco más, mañana ya pensarían en qué hacer.
-¿Cómo esta Itachi?— consulto Homura, Natsu le había dado muy poca información a decir verdad.
-Calmado, cuando despierte estará bien— contesto Hiruzen, empujando el remordimiento por mentir a lo más hondo de su mente, —se durmió así que tendremos que resignarnos— revelo confiando en que eso sería motivo suficiente para postergar el compromiso hasta nuevo aviso…si no se cancelaba irremediablemente, claro.
-Esto no es una buena señal— suspiro Eshima, preocupada por lo que esto podía significar, —aunque estas cosas pueden suceder— se dijo de todas formas, intentando no desesperanzarse por un hecho al azar.
-Podríamos hacer otra fiesta, hasta sería más bonito un compromiso con dos fiestas—sugirió Homura para no entristecerla, eso y porque aún no se daba por vencido ni lo haría.
-Si— asintió ella, aferrándose a la esperanza, espantando su miedo y dejando a Alah la resolución de lo que fuera a suceder.
Tal vez esto no era una mala señal como hasta ahora aprecia ser, Eshima intento convencerse de que tal vez esto era un buen augurio disfrazado, pero necesitaba mantener la fe y la esperanza muy en alto para ver cuando eso se develara, por lo que no podía rendirse a la apatía e infelicidad, no aun. Intercambiando una vaga mirada con su tío que asintió en silencio, y llegando a la conclusión de todo lo acontecido en cosa de segundos, Sakura esbozo una radiante sonrisa en su rostro antes de dejar que el ánimo festivo de la fiesta la guiara, sintiéndose lo suficientemente feliz de danzar sin importar que esa mujer llamada Eshima empañara su buen humor; la pelirosa vestía una sencilla blusa rosa pálido sin mangas y que se anudaba tras el cuello para dejar complemente expuestos sus brazos, con una pulsera de oro en su muñeca derecha y un brazalete de oro en su brazo izquierda, larga falda rosa brillante que se envolvía alrededor de sus piernas como un velo mientras danzaba, largos pendientes de oro en forma de flor de jazmín decoradas con escenas de pequeños diamantes que brillaban contra la luz y su largo cabello rosado oculto bajo un largo velo rosa pálido que colgaba de su hombro izquierdo, había demasiadas personas presentes que le eran extrañas, de ahí que cubierta su cabello bajo el velo, de otro modo no lo estaría usando, ¿estaba en una fiesta o no? Pues tenía todo el derecho del mundo a divertirse y compartir la tranquilidad que su prima ahora sentía, aunque solo fuese temporal.
-Creí que no tenías ánimos para bailar— menciono Sasuke con una sonrisa ladina, maravillado y confundido por su buen humor y que siempre conseguía distraerlo.
-Ahora sí— afirmo Sakura con una deslumbrante sonrisa, alzando una de sus manos para acariciarle la mejilla, danzando a su alrededor en el proceso.
Quería estar feliz, quería celebrar, quería danzar y sonreír, no solo por su propia felicidad—al no tener necesidad de ver a Eshima como un peligro ya que tenía un contrato por el que Sasuke no podría ni quería tener otra esposa—sino la paz de su prima que por ahora tendría la oportunidad de respirar con tranquilidad, ¿no era acaso esa razón suficiente para estar feliz? Para Sakura quien en ningún momento dejo de danzar y sonreír con total alegría, encontrando su mirada con la de Sasuke, no existía alegría mayor.
A Izumi simplemente la tenía sin cuidado la festividad que estaba teniendo lugar en la sala, su ánimo no era lo suficientemente alegre para querer participar de ella, se sentía cansada por el largo viaje en avión y completamente abatida por descubrir que Itachi había roto por su promesa, por rabia y estaba arrepentido pero lo había hecho de todas formas. Habían llamado a un médico para que examinara a Itachi luego de que Biwako preparase el té tranquilizante que ella le había dado de beber a Itachi por lo que el diagnostico había sido dejarlo dormir hasta el día siguiente cuando con seguridad ya tendrían un plan sobre qué hacer para escapar del compromiso, pero debían idearlo pronto o de otro modo al día siguiente a primera hora tío Homura y esa mujer llamada Eshima estarían de pie en la puerta como verdugos. Sentada sobre la cama a la diestra de Itachi, acunando su cabeza sobre su regazo, deseo que estuviera consiente y muy despierto para abofetearlo e insultarlo, realmente deseaba desquitar la ira que sentía contra él por su error pero nada de eso tenía caso, además no conseguiría nada, todo lo que ahora quería era regresar a Rio de Janeiro y fingir que nada de eso había sucedido. Acompañada por el señor Hiruzen, Biwako ingreso en la habitación, los invitados ya se estaban retirando ahora que la fiesta había llegado a su fin y era el momento perfecto para que ellos tres discutieran a solas—Itachi estaba inconsciente así que no contaba—que es lo que harían para escapar de tío Homura y sus planes.
-Los invitados ya se van— anuncio Hiruzen al entrar, situándose de pie tras la cama y desde contemplo a Itachi, había tenido suerte de escapar del compromiso por ahora, solo eso.
-Alah…— agradeció Izumi en un suspiro, mucho más tranquila, bueno, en parte, —tengo tanta rabia contra Itachi que no me da pena verlo así— confeso regresando la mirada a su esposo cuya cabeza apoyaba en su regazo.
-Tampoco yo— respaldo Biwako de pie junto al señor Hiruzen, completamente de acuerdo en su perspectiva.
-Tío, ¿Itachi tendrá que casarse?— pregunto la pelicastaña por fin, intentando pensar en algo que pudiera librar a su esposo del compromiso.
-Dio su palabra, no puede desistir— afirmo el Sarutobi viéndola negar en silencio. —Pero ella sí— aclaro ya que el matrimonio debía contar con la aprobación de ambas partes.
-No lo hará, está encantada con Itachi— protesto Biwako de inmediato, ella había visto a la joven, claramente estaba encantada con la idea de casarse, e Itachi le gustaba.
No era la intención de Biwako sonar pesimista ni nada pero estaba claro para ella y para todos que Eshima no renunciaría, era joven, bonita y el señor Homura había idealizado la imagen de Itachi en su mente a tal punto que cualquier mujer de estar en su lugar lucharía hasta las últimas consecuencias para lograr casarse. Hiruzen realmente deseaba poder ayudar más a su sobrina pero estaba limitado, tenía las manos atadas a la espalda literalmente, solo Izumi podía encontrar una salida, al no ser de la familia Hiruzen no tenía jurisdicción ni voz ni voto para intervenir como Homura sí, pero quería creer y sentía que su sobrina daría con la solución apropiada, ciertamente Izumi era menos ingeniosa y despierta que Sakura quien merecía ser admirada por su agudo intelecto, pero ambas pertenecían a la misma familia y no dudaba de que ella también sabría cómo volcar la situación a su favor. Tal y como había sucedido con Itachi antes, Izumi se sintió entre la espalda y la pared, ¿qué podía hacer? Itachi estaba inconsciente y eso le daba tiempo pero ningún plan parecía lo suficientemente bueno para dar resultados, y todo lo que ella deseaba era abordar el primer avión de regreso a Brasil y...un momento, esa era la solución, si Itachi y ella regresaban a Brasil antes de que tío Homura se presentase con Eshima a la mañana siguiente, podrán escapar del compromiso, pero ella no podía realizar ningún viaje sin la autorización de Itachi quien estaba inconsciente y no podría firmar, peor había alguien más quien sí; su tío.
-Tío, necesito que me dé una autorización para que Itachi viaje, así, debe ser tratado en Brasil, estamos acostumbrados a nuestro hogar— solicito Izumi por fin, ocultando su propia vanidad ante tan maravillosa idea y que no poseía quiebre alguno.
-Preparare más té— menciono Biwako con una cómplice sonrisa antes de abandonar la habitación rumbo a la cocina.
Sonriendo pícaramente, Hiruzen le guiño un ojo a su sobrina como si le dije; bien hecho, también lo creo, antes de retirarse y seguir a Biwako hacia la cocina, necesitaba desesperadamente un café para despejarse y dejar atrás todos los recientes acontecimientos. Ya a solas con su esposo, Izumi irrefrenablemente se inclinó para depositar un beso sobre su frente, sonriendo ligeramente ante su propia victoria, según la religión o la machista forma de pensar de los musulmanes una mujer debía ser alguien de cuidado porque era capaz de todo solo con su voluntad e intelecto—Sakura era la prueba, aunque ella jamás intentaría emular todo de lo que su primera si era capaz—y no se equivocaban. Itachi no había encontrado una forma de escapar del compromiso con Eshima pero ella si, mantendría su lugar como su única esposa y protegería a sus hijos a como diera lugar, era una promesa.
PD: Saludos mis queridos lectores, aquí me tienen nuevamente actualizando otra de mis historias, había prometido actualizar este fin de semana y lo cumplo, casi amarrándome al computador para terminar a tiempo pero lo cumplo :3 las siguientes actualizaciones serán "El Emperador Sasuke" a lo largo de la semana y "El Velo del Amor" el fin de semana, a mas tardar el domingo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicándole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Tio Abdul como Homura Mitokado
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Zuleika como Eshima
Curiosidades y Diferencias:
Compromiso y Escape: las escenas de este capitulo son casi en su totalidad una transcripción original de gran parte de los capítulos 219, 220, 222 y 223 de la novela original "El Clon/O Clone", donde Mohamed se compromete por rabia contra Latifa y luego se arrepiente de su decisión sin ser capaz de resarcir el daño y acabando todo en un desmayo que posterga el compromiso, temporalmente. En la cultura musulmana tal y como mencione en el capitulo anterior la palabra de un hombre vale un contrato, por lo que si antes Sasuke solo necesito crear un documento redactado para Sakura asegurándole que no tomaría otra esposa eso equivale a un juramento en presencia de testigos y ante la ley de los hombres y de Dios ya que esta por escrito, en este caso si Itachi dice que se casa o que quiere casarse y varias personas se encuentran presentes al momento de decirlo, equivale a un juramento y es deshonroso que un hombre no cumpla con su palabra por lo que tiene que casarse, o su apellido caerá en la vergüenza. Entre los musulmanes hay dos tipo de matrimonio; el concertado por bienes y conveniencia a través de las familias y donde no importa la voluntad o parecer de los novios sino los beneficios que se vayan a obtener, y el de mutuo acuerdo donde tanto el novio como la novia deben brindar su consentimiento por lo que en este caso no basta conque Itachi no quiera casarse si Eshima si quiere.
Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
