Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír: "Desert Moon" de Mena Massoud & Naomi Scott para Itachi e Izumi, "I Was Here" de Beyonce para el encuentro entre Izumi y Eshima, "Rich Girl" de Gwen Stefani para Emi, "Chikyuugi" de mi compatriota chilena Simone Weber para la escena de Sakura y sus hijos, "I Don't Wanna Live Forever" de Zayn Malik & Taylor Swift para Emi y Arsen, y "Temple Of The King" de Blackmores Night para la escena final entre Sakura, Biwako y Hiruzen.
Rio de Janeiro/Brasil
La presencia de tío Homura en casa de Itachi era de lo más confusa para toda la familia, su llegada a Brasil ya de por si había sido un golpe en el estómago para todos, sorpresivo y desagradable a no dudar, pero tampoco es como si quedase mucho de donde elegir para aferrarse a una esperanza que no hacía sino desvanecerse más y más, Itachi estaba atado de manos y nadie podía ayudarlo a salir de aquel predicamento, estaban contra la espalda y la pared, literalmente y eso Biwako lo sintió en cuanto abrió la puerta para el señor Homura, sonriendo a pesar de que por dentro no desease sino arrancarse los ojos, hacer algo para proteger a Izumi, ¿pero qué? esa era la cuestión. Sentado sobre uno de los divanes de la sala, Rai frunció inevitablemente el ceño, si bien saludando con la mirada a tío Homura, sintiendo un escalofrió y no precisamente agradable al contemplar a la joven que lo acompañaba, tenía edad para ser su hermana o tal vez un poco mayor pero era encantadora, bella y de largo cabello oscuro bajo un velo color durazno oscuro que se encontraba cruzado sobre su pecho de forma recatada, vistiendo una elegante túnica bordada en oro, de mangas acampanadas y larga falda hasta los tobillos, con largos pendientes de oro enmarcando su rostro, ¿qué hacía esa mujer en su casa y con tío Homura? Perspicaz, Rai acallo el silente temor de que su padre hubiera cometido un error imperdonable y tomado una segunda esposa, porque de ser así él no lo toleraría, ni muerto, y su hermano y hermanas igual.
-Señor Homura— saludo Biwako, haciendo forzosamente a un lado para permitirle pasar, sin demostrar su disgusto.
-Biwako— saludo el Uchiha, inclinando ligeramente la cabeza en respuesta, ingresando con confianza en el hogar de su sobrino.
-Biwako— sonrió Eshima al entrar, —¿cómo está mi novio? Estoy afligida por él— consulto incapaz de ocultar su preocupación, esperando que Itachi estuviera bien.
-Está bien…— contesto ella con una amable sonrisa, sintiendo lastima por la joven y su desdichada suerte. —Rai, ve a llamar al señor Hiruzen— índico al joven Uchiha que se encontraba sentado sobre el diván.
Claramente confundido, Rai no dudo en obedecer a Biwako, levantándose del diván y dirigiéndose hacia la habitación de sus padres y donde en ese momento se encontraba tío Hiruzen, para informarlo de la llegada de tío Homura y su desconocida visitante, ¿había escuchado bien?, ¿esa joven había dicho la palabra "novio"? Ese extraño escalofrió nuevamente le recorrió la columna más ignorándolo adrede, rogando en silencio porque su padre no hubiera cometido el error que él comenzaba a sopesar. En su habitación y aun sin tan siquiera arreglarse pese a saber que llegaría tío Homura y Eshima, Itachi se paseó nerviosamente tras su cama, con el cuello de la camisa abierto y la corbata desanudada, intento encontrar alguna salida al inevitable compromiso que se avecinaba, y con una mujer por la que no sentía absolutamente nada, Izumi se encontraba sentada sobre la cama y con las manos cruzadas sobre su regazo, negando en silencio para sí, suspirando de vez en vez para no ahogarse con su propia respiración, luchando por no llevarse una de las manos a la sienes al sentir una dolorosísima jaqueca habiéndose instalado en su cabeza y para quedarse, escuchando el debate que Itachi y tío Hiruzen habían sostenido durante toda la tarde, sin encontrar salida al asunto del compromiso, no existía precedente que le permitiera salir indemne, podía romper el compromiso pero de hacerlo pisotearía su honor y la dignidad del apellido Uchiha, e Izumi lo entendía, pero eso no remediaba la situación en que estaba por su causa.
-No puedo ayudarte— protesto Hiruzen pese a ser en semejante desosiego al Uchiha, —o te casas o arrastras tu rostro por el suelo de la medina— obvio en voz alta tanto para él como para Izumi.
-Tío Hiruzen— se anunció Rai para terror de todos, —tío Homura llego y quiere que usted baje, y trajo una mujer cuyo novio está enfermo— menciono con el ceño ligeramente fruncido, —¿sabe quién es el novio?— pregunto en espera de una explicación, aunque algo le decía que no la recibiría.
-Dile a Homura que iré en seguida— contesto el Sarutobi con un asentimiento y a lo que Rai no presento protesta alguna, retornando a la sala.
-¿Con que cara mirare a Ayame, Hana, Rai y Yuudai?— pregunto Itachi en voz alta, intercalando su mirada entre Izumi quien se levantó de la cama y tío Hiruzen.
Sin una respuesta que aportar, Hiruzen negó en silencio antes de hacer abandono de la habitación, siguiendo los pasos de Rai para dialogar con Homura e intentar ganar tiempo en caso de que pudieran valerse de alguna estrategia, la esperanza es lo último que se pierde, se dijo el Sarutobi mentalmente. Una cosa era pisar su honor y declarar—una vez estuviera en presencia de su tío Homura y de Eshima—que no quería casarse, pero otra muy distinta era tener que verse forzado a casarse por causa de su error, ¿cómo ver a sus hijos a los ojos, obligado a formar una familia con otra mujer que no era Izumi? De nada serviría el honor, dignidad y prestigio que tenía su apellido, nada era más importante que su familia, debía haber algo que se pudiera hacer. En silencio e igualmente sin respuesta al igual que su tío Hiruzen quien había abandonado la habitación, Izumi se reservó a negar en silencio, situándose delante de su esposo, cerrándole el cuello de la camisa y acomodándole la corbata; no tenían otra salida salvo mantener la farsa, al menos hasta tener una vaga idea de que hacer, pero ese momento no era ahora. Sentada sobre uno de los divanes de la sala en compañía de tío Homura, Eshima disfruto de la taza de té que Biwako acababa de servirle, admirando en silencio el hogar del hombre que pronto sería su esposo, más su concentración no le impidió ver a Izumi aparecer en el umbral del pasillo, sonriendo y levantándose del diván para saludarla a la par que tío Homura, aunque él lo hizo por obligación.
-Salam Alaykom— saludo Izumi, esbozando la sonrisa más creíble que le fue posible en ese momento.
-Alaykom Salam— correspondió Homura, sosteniéndole la mirada, dudando en si ella ya se había rendido o pensaba protestar por el compromiso de Itachi.
-Ustedes trajeron la alegría— garantizo la pelicastaña amablemente y a modo de elogio. —Ayame, Rai, lleven a sus hermanos arriba— indico a sus hijos que se encontraban presentes en la sala.
-Si, mamá— asintió Ayame, callando su recelo e inquietud ante tan extraña situación, al igual que sus hermanos.
Ayame, Rai, Yuudai y Hana podían ser jóvenes e inocentes pero la presencia de tío Homura en su hogar y en compañía de una mujer a quien no conocían era por demás inquietante, de entre todos sus hermanos Ayame en especial temía porque su padre fuera a tomar una segunda esposa por causa de sus acciones, porque si esto sucedía ella no lo pensaría dos veces antes de huir, y no necesitaba leer las mentes de sus hermanos junto a quienes en ese momento abandono la sala hacia sus habitaciones, para saber que ellos pensaban lo mismo que ella. No era la primera vez que Eshima veía a Izumi, ya había podido verla días atrás durante la fiesta en Marruecos, pero entonces no había podido prestarle al debida atención a causa del desmayo que Itachi había sufrido, más ahora sí; era encantadora, claramente mucho mayor que ella claramente pero hermosa con su largo cabello castaño cayendo como una cascada sobre sus hombros y tras su espalda, vistiendo una sencilla falda verde oliva hasta los tobillos y blusa de encaje blanco de cuello en V, cerrada por seis botones color dorado y de mangas acampanadas que se abrían a la altura de los codos para exponer parte de sus brazos, con una sencilla guirnalda de oro alrededor de su cuello y de la que pendían un dije en forma de flor de jazmín a imagen de un par de largos pendientes y con su rostro lozano adornado por un lunar como marca de belleza bajo su ojo derecho, era lo suficientemente hermosa para que Eshima se sintió insignificante en su presencia.
-Nosotras seremos como hermanas, Izumi— aseguro Eshima con una sonrisa, tomándose el atrevimiento de tutearla, deseando que ambas pudieran ser amigas.
-Estoy convencida de que lo seremos— asintió Izumi con una sonrisa, mordiéndose interiormente la lengua para no rebatir sus palabras con insultos.
No importa que tan disgustada se sintiera, ese no era el momento de pelear, aun no y eso Izumi lo recordó en silencio, intercambiando una vaga mirada con su tío Hiruzen que se mantuvo a su lado en todo momento para infundirle ánimo. Solo Alah sabía el enorme esfuerzo que Izumi estaba haciendo en ese momento por contenerse lo mejor posible y no cometer un crimen del que sabía podría arrepentirse, si, Eshima era un mero juguete de tío Homura, estaba destinada a irritarla, pero ella no le daría esa satisfacción, esforzándose desmedidamente pro mantener la sonrisa en su rostro en todo momento aunque fuese falsa, porque ni muerta podría tolerar que Itachi tuviera otra esposa, no podía ni quería verle la cara a esa mujer todos los días ni compartir a su marido, se negaba a aceptarlo. Con el corazón latiéndole desesperadamente en el centro del pecho y apretando fuertemente las manos que mantenía empuñadas, Itachi ingreso en la sala ante la atenta mirada de todos, agradeciendo que sus hijos no se encontraran presentes, más nada pudo evitar la extraña situación de tener delante a la mujer más importante de su vida y a una mujer que tal vez-hasta ahora-y de forma irremediable se convertiría en su segunda esposa...si salgo de esta y no me caso, dejare que Ayame no use el velo, prometió Itachi a Alah en silencio, solo con sus pensamientos, confiando en que aunque fuera de último minuto, algo sucedería y lo salvaría de cometer la peor ofensa del mundo contra su amada y perfecta esposa, y contra sus hijos.
-Eshima estaba muy afligida, le pido a Alah por tu salud, y ahora estas como nuevo— asevero Homura en representación de Eshima que bajo la mirada con un deje de vergüenza.
-Gracias a Alah— contesto Homura en nombre de Itachi que si bien sonrió ligeramente, se sentía incapaz de hablar.
Nervioso y terriblemente incomodo, Itachi correspondió a la sonrisa de Eshima por mera cortesía y amabilidad, sufriendo horrores para no voltear a ver a Izumi quien se encontraba a su lado, sabía bien que Eshima era una piedra preciosa, una mujer religiosa, educada dentro de las costumbres e incorruptible, era una mujer envidiada por cualquiera, deseada por cualquier matrimonio, pero para Itachi no existía joya más preciosa en el mundo que su Izumi, él no quería a otra esposa, y por más que la oportunidad estuviera sobre la mesa, él no iba a tomarla y nada ni nadie lo haría cambiar de opinión. Debía encontrar una salida, tenía que encontrarla y lo haría, antes que casarse estaba dispuesto a dejar que su hija Ayame traicionara las costumbres y se volviera una exhibicionista, pero no se casaría otra vez, por Alah que no lo haría.
Tan pronto como tío Homura se marchó con Eshima, y una vez Itachi se retiró a su habitación para no sentirse aún más mal de lo que ya se sentía ante las fuertes emociones a las que se había estado exponiendo desde antes de su regreso a Brasil como ahora, Izumi se paseó de forma incesante por la sala como si de una leona enjaulada se tratase, apretando fuertemente las manos a cada lado de su cuerpo antes de empuñarlas una contra la otra hasta sentir que se lastimaba las palmas de las manos con las uñas pero sin preocuparse por el dolor, necesitaba desahogar el torrente de ira que sentía de alguna forma que no fuera física o acabaría lastimando a Itachi, y él ya de por si estaba cargando con su propia culpa, porque él sería el único responsable de lo que fuera a suceder y eso ya parecía ser carga suficiente para él a ojos de Izumi. Sentado sobre uno de los divanes en la sala, Hiruzen aparto la mirada de sus sobrina, si continuaba siguiendo sus pasos aunque fuese con la mirada terminaría completamente mareado, quería ayudarla pero estaba en una verdadera encrucijada; por un lado si la ayudaba estaría mintiendo, estaría condenándose al infierno, y por otro lado estaría traicionado los designios de Alah, ¿y si él quería que este matrimonio sucediese de todas formas?, ¿Cómo saber que estaba bien y que estaba mal? Este debate tan inevitable dentro de su mente lo hacía suspirar quedamente para sí, intentando encontrar sosiego, más su sobrina no se lo hacía para nada fácil al pasearse delante suyo como si de un animalillo enjaulado se tratara.
-Esa mujer es una exhibicionista— crítico Izumi en voz alta, deteniéndose por fin y llevándose una mano a la altura del mentón, —le arrancare toda la piel y la freiré como un carnero— se prometió, porque no creía ser capaz de evitar saltarle encima como una fiera a esa mujer.
-Sakura y tu harán que llegue como un condenado ante Alah en el día del juicio, yo que siempre seguí la religión, seguí todas las enseñanzas, las costumbres…— enumero Hiruzen, enterrando el rostro entre sus manos, tomándole el peso a sus actos, y es que fácilmente Sakura e Izumi podrían ser sus hijas ante todo lo que había hecho por ambas, —tengo miedo de perder el paraíso por culpa de ustedes— confeso negando en silencio antes de correr el ultimo riesgo, por ahora, en favor de sus queridas sobrinas. —Harás lo siguiente; mañana llamaras a Eshima, la invitaras a cenar y le preguntaras solo una cosa— indico por fin, haciendo a un lado el arrepentimiento y concentrándose en lo importante.
-¿Qué cosa?— cuestiono ella, ansiosa por oírlo y recibiendo como respuesta una indicación de su tío para que se sentara a su lado.
Nunca era la intención de Izumi obligar a su tío hacer nada, Sakura era quien conocía a la perfección el arte de manipular y no ella, pero en ese instante la pelicastaña no dudo en sentarse al lado de su tío sobre el diván e inclinar su cabeza contra su hombro para escuchar en susurro sus indicaciones, cómplices porque no podían dejar que nadie salvo ellos supiera de su plan. Como siempre su tío ya tenía una estrategia para ayudarla, Izumi nunca conseguía decepcionarse de él, jamás. Si, Hiruzen tenía un plan, por Alah que era un pecado mentir pero todo lo que estaba haciendo era por el bien de su sobrina; hasta ahora Itachi se había desentendido de su error o eso pretendía a su entender, parecía querer dejar el pasado atrás y enterrado como si nada de eso hubiera sucedido jamás, pero las cosas no eran tan sencillas. Este compromiso aparentemente inevitable era una trampa, bueno, Homura realmente si quería casar a Itachi con Eshima, pero Hiruzen ya tenía planeada una forma para impedir el matrimonio, la misma forma en que el matrimonio entre Sasuke e Izumi se había impedido en su día hace ya casi veinte años, solo que por ahora el simple hecho de que Itachi supiera que estaba obligado a casarse era un castigo, una lección para que viviera su propio infierno y aprendiera a no seguir su vanidad y orgullo herido, si no era castigado ahora, volvería a cometer el mismo error si entraba en cólera otra vez, si lo había hecho una vez, fácilmente podía repetirse una segunda.
Puede que se condenara al infierno por proteger a sus sobrinas, pero si algo era seguro es que sus sobrinas serían felices y llegarían al paraíso, por Alah que las ayudaría.
La noche anterior, cuando su tío le había dicho que invitara a Eshima para reunirse antes de la cena de esa misma noche, Izumi había querido creer que se trataba de una broma, porque no se sentía capaz de hacer algo así, era demasiado emocional a diferencia de su prima, Sakura era quien podía ocultar eficazmente sus emociones y sabía utilizar su inteligencia menor que nadie, no ella, más, sentada en una banca dentro del centro comercial, Izumi se sorprendió al quitarse las gafas de sol y guardarlas dentro de su bolso de mano antes de cruzados cruzar ambos brazos por sobre su pecho, ocultando todo lo que sentía bajo una máscara de dignidad e indiferencia. La Uchiha portaba uno de sus mejores atuendos; una holgada blusa violeta brillante bordada en oro, de una sola manga que se ceñía en la muñeca derecha y exponía su brazo izquierdo, larga falda purpura hasta los tobillos hecha de velo, cómodas sandalias color marfil, un largo velo índigo cubriendo su largo cabello castaño y cayendo tras su espalda, con una guirnalda de oro alrededor de su cuello y de la que pendía un soberbio dije de oro en forma de diamante con una amatista en el centro y dos pequeñas en forma de lagrima bajo el dije con el que jugueteo distraídamente. Para Eshima que había pasado toda su vida en Marruecos, Brasil era un mundo completamente desconcertante y fascinante al mismo tiempo pero que estaba dispuesta a conocer, sonriendo al llegar a lo alto de la escalera del segundo piso y por fin avistar a Izumi sentada sobre una de las bancas.
-¡Izumi!— llamo Eshima, sintiendo reconfortada al tratar con familiaridad a la esposa de su prometido quien se levantó para recibirla con una sonrisa. —Salam Alaykom— saludo con una inmediata sonrisa, correspondiendo a su amabilidad.
-Alaykom Salam— correspondió Izumi, recordando las palabras de su tío; cuando te enfade, piensa en algo bonito, y eso hizo o de otro modo parecía el demonio en persona.
-Tuve miedo de perderme, de no encontrarte— confeso ella, divertida ya que este país aún le resultaba muy extraño, y porque su padre y tío Homura estaban en el piso inferior y solo se había alejado de ellos prometiendo ver alguna cosas y luego unírseles.
-Sentémonos, ¿sí?— sugirió la Uchiha señalando la banca donde se había encontrado, les resultaría más cómodo hablar de esa forma
-Claro— asintió Eshima de inmediato, sosteniendo su bolso entre sus manos al momento de sentarse a la par que Izumi.
Sonriéndose la una a la otra con falsa camaradería, ambas mujeres se sentaron en silencio, disfrutando de la extraña quietud que en ese momento imperaba en el centro comercial, toda una rareza y que en lugares como ese siempre reinaba el ajetreo, pero ene se instante no. Ya sea que estuviera bien hacerlo como si no, Izumi escaneo con la mirada a la mujer delante de ella, recatada e inocente en un elaborado vestido de seda azul pastel de tipo túnica, de escote redondo y bordado en oro a todo lo largo pero centralmente en el dobladillo de la tela para recrear capullos de rosa, de mangas ceñidas y falda de velo de múltiples capas, con un largo velo celeste cubriendo su largo cabello negro y cruzado sobre su pecho, con una sencilla guirnalda de oro alrededor de su cuello y a imagen de unos pendientes en forma de lagrima, por un momento Izumi sintió lastima y envidia, lástima porque Eshima fuera una víctima en este juego cruel por obra de tío Homura, pero envidia por lo joven y bella que era, a su edad Izumi había aceptado la primera propuesta de matrimonio que se había encontrado sobre la mesa que había sido Sasuke, y luego Itachi al ver que el primer compromiso no era posible, nunca había tenido una fila de pretendientes esperando por ella, claro que agradecía su presente y lo inmensamente feliz que era con Itachi, pero…eran tontos celos femeninos y sin fundamento, más celos que Izumi no pudo evitar sentir, trastabillando, a punto de sentirse insignificante delante de esa niña, pero se contuvo para no demostrarlo.
-Estoy muy feliz de tu invitación, así podremos conversar mucho— inicio Eshima, rompiendo el silencio y esperando no ser demasiado impetuosa a ojos de Izumi. —Por favor, Izumi, dime todo lo que le gusta a Itachi, quiero agradarle mucho— solicito, tan solo deseando interpretar lo mejor posible su papel y ser una buena esposa para Itachi.
-Te lo diré todo, tranquila— garantizo la Uchiha, manteniendo la sonrisa en su rostro, aunque solo Alah sabía lo que le costaba hacerlo.
Es tan ingenua que casi me da algo de lastima, casi, se dijo Izumi al mantener la sonrisa en su rostro, Eshima era más de diez años menor que ella, poco mayor que Ayame, era una niña inocente y que estaba siendo manipulada por tío Homura, pero aun sabiendo esto Izumi no sintió arrepentimiento por mentir, nadie la protegería ni a sus hijos salvo ella misma, y tenía que aprender a pelear sus propias batallas, Sakura ya lo había hecho al enfrentarse al pasado para lograr el presente feliz que hoy tenía junto a Sasuke, y ahora era su turno de enfrentarse al presente para proteger a sus hijos y a Itachi; sentía miedo, sí, pero no podía dejar que eso la detuviera, tenía que ser más fuerte que sus propios miedos.
Sin animo alguno, Izumi termino de arreglarse delante del espejo de su tocar ante el cual se encontraba sentada, cuando su tío le había dicho que había ordenado que prepararan una fiesta para celebrar el compromiso entre Itachi y Eshima, Izumi había querido creer que se trataba de una broma pero no lo era, si iban a intrigar y mentir, debían hacerlo hasta las últimas consecuencias sin importar lo doloroso que fuera para ella en ese momento, sus hijos no eran tontos, Izumi no les había preguntado ni dicho anda pero ya tenía claro que ellos sabían que Eshima había sido traída a Brasil para convertirse en la esposa de su padre, ¿cómo habían llegado a eso?, ¿cómo es que Itachi había podido equivocarse tanto? Ni siquiera el Uchiha era capaz de encontrar una respuesta, paseándose como león enjaulado dentro de su habitación, terminando de cerrarse el cuello de la camisa, alisándose distraídamente el cabello con las manos antes de tomar la corbata que hacia sobre la cama al igual que su chaqueta que no tardo en colocarse. Ni siquiera había podido ver a sus hijos a la cara desde su regreso, sentía culpa y vergüenza, no tenía derecho siquiera de recriminar a Ayame que saliera de casa sin usar el velo, no sentía derecho de nada porque los errores que sus hijos pudieran cometer no eran ni tan siquiera un ápice tan grandes como el suyo, si Izumi se veía triste o estaba sufriendo era únicamente por su culpa, solo había reparado en su error ya habiéndolo cometido y ahora no sabía cómo escapar del inminente matrimonio.
-Alah me está castigando porque no tuve paciencia con Ayame— suspiro Itachi en voz alta, terminando de ceñirse la corbata, —pero si Alah me libera de la segunda esposa, consentiré que Ayame no use el velo— prometió en voz alta y sin arrepentirse, sería capaz de tolerar cualquier error de su hija con tal de no casarse, y lo juraba por Alah.
-Itachi…— jadeo Izumi, volteando a verlo y sin levantarse del tocador, sonriendo ligeramente, viendo lo verdaderamente arrepentido que estaba.
-Los invitados llegaron— anuncio Hiruzen en ese momento, ingresando en la habitación. Sintiendo que podría ahogarse con su respirar, Itachi se acomodó la chaqueta del traje antes de abandonar la habitación rumbo a la sala. —Sonríe, Izumi, recibe a Eshima como recibirías a una hermana, vamos, Izumi— aconsejo, sosteniendo las manos de su sobrina entre las suyas antes de guiarla hacia la sala, escoltándola en todo momento para reconfortarla.
Con fuerza, Izumi apretó distraídamente la tela de su vestido, no sabía si sería capaz de soportar lo que estaba por venir, era una farsa pero que no sabía podría mantener, no era Sakura, no podía ser tan fuerte como ella. A propósito y con motivo de la fiesta, Izumi había elegido sus mejores sedas y oro para presumir de quien era; la esposa de Itachi, su primera esposa y nada ni nadie iba a quitarle ese lugar, no importa que, se lo juraba con el alma. Digna y con una falsa sonrisa adornando su rostro, Izumi ingreso en la sala del brazo de su tío, un hermoso vestido índigo de seda cubría su figura, de escote corazón y mangas de velo que se abrían a la altura de los hombros para exponer los brazos y larga falda hasta los tobillos que formaba un degrade del índigo al celeste grisáceo a imagen del largo velo que cubría su largo cabello castaño, portando unos largos pendientes de oro y diamante en forma de sarcillos a imagen de la opulenta guirnalda alrededor de su cuello. Delante de ella y con una sonrisa sincera, Eshima portaba un elegante vestido de tipo túnica color aguamarina de cuello alto y en V, mangas acampanadas y larga falta hasta los tobillos, que estaba bordado de oro en diferentes puntos de la tela, en el frente y en el dobladillo para replicar aves en pleno vuelo, con un largo velo dorado cubriendo su largo cabello negro y que se encontraba cruzado por sobre su pecho de forma recatada, sosteniendo entre sus manos un estuche al igual que Izumi que lo ocultaba bajo su velo, todo fuera por mentir, aunque no quisiera estar allí.
-Salam Alaykom— saludo Izumi amablemente, dando la bienvenida a los invitados, apretando fuertemente una de sus manos contra la otra, todo esto bajo su velo.
-Alaykom Salam— correspondió Eshima con una sonrisa, dando un paso al frente para estar más cerca de ella. —Ya que seremos como hermanas, traje un obsequio para ti, Izumi— presento tendiéndole el estuche que se había encontrado en sus manos.
-Shukran— contesto la Uchiha por obligación, abriendo el estuche y contemplando la guirnalda de oro en su interior. —También tengo un obsequio para ti— añadió tendiéndole el estuche que había sostenido, por obligación claro está.
-Que hermoso…— -jadeo ella, absolutamente fascinada por el juego de collar y pendientes de oro adornados pro diamantes dentro del estuche, era algo simplemente hermoso, —gracias— sonrió casi sin palabras, apresurándose en contestar para hacer presente su agradecimiento.
-Eshima, ¿siempre fuiste criada en Líbano?— pregunto Hiruzen, rompiendo con toda posible tensión en el ambiente para desarrollar la conversación.
-Hasta los tres años— afirmo la pelinegra, asintiendo ante sus palabras, —y mi ama de leche se llamaba Toka, hija del ebanista Butsuma— añadió, no teniendo problema alguno para hablar de su infancia.
-Alah, por el profeta— se quejó el Sarutobi en voz alta para extrañeza de todos los presentes. —Toka fue el alma de leche de Itachi— explico el porqué de su reacción, haciendo jadear a todos ante lo que eso significaba.
-No…— negó Eshima, aterrada ante tan infausta posibilidad, Alah no podía ser tan cruel para someterla a semejante situación.
-Si, lo fue— contesto Itachi tan pronto como entendió lo que tío Hiruzen estaba tramando hacer, había dado resultado con Sasuke e Izumi, ¿por qué no con Eshima y él?
-Son hermanos de leche, no pueden casarse— declaro el Sarutobi de forma inquebrantable, y casarse de todas formas sería un pecado a ojos de Alah.
-Llamen a Emi— ordeno Homura, no estando seguro si creer en lo que estaban plasmando, solo Emi podría afirmar o negar aquello.
Debía haber un error, Homura esperaba que se tratara de otra mujer de nombre Toka, porque de no ser así, el matrimonio se anularía al instante, el libro sagrado prohibía que dos individuos alimentados por la misma nodriza en su infancia se unieran entre sí, era un pecado, como si fueran hermanos de sangre. Con esperanzas renovadas, Izumi se retiró de la sala hacia la habitación de doña Emi, intercambiando una ligera sonrisa con Itachi, Alah mediante podrían escapar de las maquinaciones de tío Homura y terminar con este compromiso, pero todo dependía de una sola persona, doña Emi.
Vanidosa como ella sola, Emi se hizo esperar con todo la intención de ser el centro de las miradas una vez ingresara en la sala, sentada delante de su tocador, delineando con sumo cuidado sus ojos para hacerlos resaltar con profundidad. Un elegante vestido de seda beige cubría su figura, de escote en V, mangas de velo que se abrían a la altura de los codos para exponer los brazos y larga falda hasta la altura de los tobillos, bordado en oro a lo largo de la tela para que brillara contra la luz, con una cadena de oro alrededor de su cuello y de la que pendían un dije en forma de rosa adornado por diamantes como amuleto, largos pendientes de oro con una perla en forma de lagrima y una serie de pulseras de oro adornando ambas muñecas, con un hermoso velo carmín bordado en oro cubriendo su largo cabello azabache, no era su intención estar feliz como parecía por su atuendo, pero era una fiesta a la que iba a acudir y no quería deslucir. Ella no había elegido a Eshima como segunda esposa de su hermano, si ella lo hubiera hecho tal vez no dudaría en recibirla con los brazos abiertos, pero que Itachi hubiera hecho todo a sus espaldas y la de Izumi era suficiente para que ella se opusiera a este matrimonio. La Uchiha se encontraba impregnando el costado de su cuello con un poco de perfume cuando Izumi ingreso en la habitación sin tocar, arrodillándose a sus pies como haría una esclava con una reina, un cuadro que enalteció el ego y orgullo de Emi pero que la confundió al mismo tiempo, ¿Qué es lo que estaba pasando?
-Doña Emi, sálveme, por favor— rogó Izumi, sosteniéndola la mirada a la Uchiha, entrelazando sus manos contra las suyas, desesperada por su auxilio.
-¿Qué pasa?— pregunto Emi, aún más desconcertada ante su tono de voz y que temblaba tanto como ella misma con quien tenía entrelazas sus manos.
-Usted debe decirle al tío Homura que la ama de leche de Itachi fue la libanesa Toka, si usted no dice eso, Itachi se casara con Eshima— explico la pelicastaña a toda prisa, necesitando que mintiera, de otro modo no se salvaría ni Itachi tampoco.
-¿Qué gano yo con eso?— cuestiono la Uchiha con una pícara sonrisa, si tenía que mentir entonces debía tener un seguro a cambio, no lo haría de otro modo.
-Haré lo que quiera, por favor— contesto Izumi sin pensar en nada que no fuese la seguridad de su familia, dispuesta a hacer lo que hiciera falta para retribuirle el favor.
Prefiriendo creer en la promesa de Izumi, sin importar que fuera pronunciada en un momento de desesperación absoluta, Emi rompió el vínculo entre sus manos antes de levantarse lentamente el tocador sin apartar su mirada de la de ella, hasta darle la espalda y abandonar con lentitud la habitación, sin darle respuesta alguna para mayor suspense. Temerosa, Izumi se levantó del suelo, alisándose la falda y acomodándose el velo que caía tras su espalda antes de seguir los pasos de su cuñada, cruzando las manos sobre su vientre y apretándolas a causa de su nerviosismo, aferrándose a la esperanza y creyendo en ella, porque no tenía otra opción. Cuando todos necesitaban de Emi, se convertían en ovejitas, y cuando no la trataban como a un tapete sobre el que bailaban, pero a diferencia de como sucedía con el resto del mundo, Emi sabía bien que Izumi era de confianza, por lo que se mantuvo en silencio mientras ambas retornaban a la sala con expresión serenas y tranquilas, Izumi conteniendo su nerviosismo, esperando a que doña Izumi pronunciara las palabras que la salvarían mientras la Uchiha contemplaba largamente el rostro de Eshima, una muchacha tan bella y joven, encantadora, pero que sin embargo no tenía cabida en su familia ni en la vida de su hermano, nadie más que Izumi podía ni podría ser la esposa de Itachi, ella no lo toleraría de la misma forma en que Sasuke tampoco podría tener otra esposa que no fuese Sakura, se había encariñado con esas odaliscas después de todo, ¿qué le iba a hacer?
-¿Es cierto Emi?, ¿Toka, la hija el ebanista Butsuma, fue la ama de leche de Itachi?— pregunto Homura, rompiendo con el silencio, demandando una respuesta.
-Lo fue, es una lástima— contesto la Uchiha con una expresión de aparente resignación más por dentro celebrando poder demandar lo que quisiera como compensación.
-Que suerte tan triste la mía…— suspiro Eshima, desconsolada, enterrando el rostro entre ambas manos.
-Gracias, doña Emi, gracias— agradeció Izumi tan pronto como le fue posible, conteniéndose para no saltar y abrazarla en ese mismo momento.
-Te prefiero a ti en lugar de a la fiera de tu prima, solo por eso te ayude— puntualizo Emi con frialdad, no precisando de tanto agradecimiento, —no te acostumbres— añadió a modo de advertencia aunque no fuese necesario.
Asintiendo con vehemencia y sin importarles las consecuencias o el precio que tuviera que pagar, Izumi abrazo con todas sus fuerzas a doña Emi que si bien entorno disimuladamente los ojos para finalmente esbozar una ligera sonrisa al corresponderle, envolviendo uno de sus brazos tras su espalda con camaradería o amistad, a Izumi necesitaba protegerla pero no así a Sakura, la ingeniosa pelirosa se bastaba por si sola para enfrentarse al mundo de ser necesario y salir victoriosa, y continuaría haciéndolo en tanto Izumi la necesitara, pero eso no significaba que fuera a dejar no valoraran su ayuda, esto no saldría barato, exigiría algo para sí misma, merecía demandar algo para sí, y para Arsen; ya era tiempo de casarse y por Alah que lo conseguiría.
Estar sola en casa no era una sensación particularmente agradable para Sakura, pero a decir verdad con el pasar de los años se había acostumbrado, por su trabajo dentro de la sociedad de exportadores de telas, Sasuke tenía que viajar continuamente fuera de Marruecos y su hubiera sido su deseo esta vez podría haberlo acompañado pero prefería quedarse en casa y pasar sus primeros meses de embarazo en paz, se merecía ese gusto al menos. Dejando su bordado sobre la mesa de la sala, Sakura se levantó del diván al escuchar que llamaban a la puerta, vestía una holgada blusa aguamarina de profundo escote en V y mangas que se abrían a la altura delos hombros como lienzos para exponer sus brazo y cuya caída no ocultaba su vientre de embarazo que comenzaba a hacerse notar, fajín jade claro a la altura de la cintura, cómodos pantalones de velo color blanco, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda para enmarcar el collar de jade alrededor de su cuello, largos pendientes de oro en forma de sarcillos decorados por perlas, un brazalete en su brazo izquierdo y una pulsera en su muñeca derecha. El embarazo le sentaba divinamente bien, se veía alegre, sonrosada, sus ojos brillaban y su piel se mostraba más lozana que nunca, era una mujer realizada y feliz, algo que no cualquiera podía conseguir. Más por muy serena que se mostrase la Uchiha, insuperable fue su sorpresa tras nada más abrir la puerta y encontrarse cara a cara con la última persona que habría pensado le haría una visita; Biwako.
-¡Biwako!— chillo Sakura, abrazándola efusivamente y con todas sus fuerzas. —Pasa, entra— alentó, rompiendo el abrazo e invitándola a pasar, cerrando la puerta tras de sí. —¿Cuándo llegaste?— pregunto ya que hasta antes de su llegada había creído que su tío y ella seguían en Brasil.
-Esta mañana, deje todo listo en casa del señor Hiruzen y vine a verte tan pronto como pude— contesto Biwako con una sonrisa ante su efusividad y el indiscutible brillo en sus ojos, —¿y Sasuke?— inquirió ante el silencio reinante en la casa y que no era el mismo de siempre.
-En El Cairo— respondió la Uchiha con una sonrisa de añoranza, extrañando a su esposo, —está expandiendo el negocio con unos comerciantes de telas de Singapur, y Daisuke y Sanosuke viajaron con él— añadió ya que sus niños tampoco estaban presentes.
Se había negado a acompañar a Sasuke en este viaje, primero por su embrazo y segundo porque el viaje a Brasil le había enseñado que—por muy machista que sonara, porque tenía sus razones para pensar así—estaba mejor en casa en lugar de exponiendo a sus hijos a múltiples entornos en muy poco tiempo, Mikoto había contraigo Dengue, y solo Alah sabía que más podía pasar si no cuidaba debidamente de sus hijos que eran su mayor responsabilidad. Como siempre y para el viaje a El Cairo, Sasuke había destinado que Sarada lo acompañase, era la mayor de la familia y estaba más acostumbrada a ser sus ojos y oídos en asuntos de negocios, pero esta vez Sarada se había negado, consideraba que era más importante y necesaria en casa, ayudando a su madre que estaba entrando en los cuatro meses de embarazo, auxiliándola en todo y aligerando la carga que en ocasiones podían significar sus hermanos. Daisuke y Sanosuke podían tener solo dieciséis años, pero le pareciera a quien le pareciera, ellos serían quienes se encargaran del negocio y no sus hermanas por lo que lo mejor era que cuanto antes se familiarizaran con sus responsabilidades, incluso Sakura veía eso, aunque no iba a negar que extrañaba a sus hijos, Sarada, Mikoto, Shina y Kagami estaban en casa pero no era lo mismo que tener a toda su familia reunida, más Alah mediante Sasuke y sus hijos regresarían pronto, eso era todo lo que podía pedir. Intuyendo los pensamientos de Sakura, Biwako esbozo una triste sonrisa, pudiendo leer en sus ojos lo que sentía.
-Debes sentirte sola— supuso ella en voz alta, llevaba años a su lado para saber mejor que nadie que solo se sentía feliz cuando Sasuke estaba a su lado.
-Sí, pero luego de lo ocurrido en Brasil, prefiero quedarme y ocuparme de la casa— tranquilizo Sakura calmadamente, y es que nadie de su familia quería revivir esa experiencia, —bueno, no mucho— añadió señalando con la mirada su vientre de cuatro meses, Sarada era muy sobreprotectora en cuanto a lo que le permitía y no le permitía hacer.
-¿Y los niños?— curioseo Biwako, había disfrutado de ver a Ayame, Rai, Yuudai y Hana en Brasil, pero quería ver a Sarada, Mikoto, Shina y Kagami, los había extrañado mucho.
-Ven— contesto la Uchiha con una sonrisa, indicándole con la cabeza que la siguiera.
Sosteniendo una de las manos de Biwako entre las suyas, Sakura se dirigió hacia la biblioteca, que ella se hubiese encontrado bordando en silencio en la sala hasta hace unos momentos atrás no significaba que sus hijos estuvieran ahí y lo probo al abrir la biblioteca; en el interior Sarada leía quedamente una historia para Kagami que a nada parecía estar a punto de dormirse con la cabeza apoyada contra su regazo como si se tratase de una almohada, mientras a su lado Mikoto y Shina ojeaban los libros de Daisuke y Sanosuke, aprovechando su ausencia para profundizar en aprender más conocimientos y alcanzarlos, aunque ellos claramente fueran mayores. No estaba sola, o por lo menos Sakura no tenía oportunidad de sentirse así, contemplando el incomparable cuadro que formaba su familia desde el umbral de la puerta, intercambiando una sonrisa con Biwako, sus niños eran su mundo, su mayor alegría después del amor de Sasuke, ¿quién podría no sentirse afortunado así? Ella si se sentía afortunada, cada día.
Rio de Janeiro/Brasil
La inteligencia era la virtud muy importante dentro del ser humano, y por mucho que Emi habitualmente tendiera a comportarse como tonta, riñendo a sus hermanos por todo lo que hacían, e incluso aparentemente por respirar, Emi sabía muy bien cómo aprovechar las oportunidades que tenía delante de ella; ahora Izumi estaba obligada a ayudarle a encontrarse a solas con Arsen, era lo justo al fin y al cabo había mentido para salvarla a ella, y ahora podía disfrutar plenamente de ello. A solas y en su propio mundo, Arsen y ella se encontraban reunidos a solas en un restaurante cualquiera para pasar algo de tiempo juntos, no estaban haciendo nada malo al fin y al cabo la religión permitía que un hombre y una mujer se conocieran antes de casarse, pero solo si realmente iban a unir sus vidas y ambos ya estaban considerando seriamente ese futuro. Si bien en su pasado había sido un mujeriego que nunca terminaba nada y no se tomaba en serio las cosas, esta vez Arsen estaba sobradamente dispuesto a asumir con todas su letras que se había enamorado de Emi, si, no era ningún abroma, estaba dispuesto a convertirse al islam y casarse con ella, solo hacía falta que el dijera donde y cuando y él haría lo que fuera, obnubilado como estaba y sosteniendo las manos de ella entre las suyas, Arsen apena y fue capaz de contenerse, inclinando su rostro hacia el de ella que al intuir lo que iba a hacer volvió con ligera el rostro hacia la dirección contraria, por mucho que quisiera corresponderle, aun no era apropiado.
-No, Arsen, solo después de casarnos— protesto Emi para decepción de él que contuvo un anhelado suspiro.
-Emi…— intento protestar él en vano, ya le había dado su promesa de casarse con ella pero sabía que eso no era suficiente, aun.
-No quiero arder en el mármol del infierno— recordó la Uchiha, porque por muy enamorada que estuviera, quería hacer las cosas bien y seguir los preceptos de su religión. —¿Sabes que podemos hacer? Nos casamos y vamos juntos a Marruecos— sugirió ya que una vez Arsen se hubiera convertido y casado con ella, nadie podría oponerse
-Acepto— asintió Arsen de inmediato, dispuesto a acceder a todo lo que ella le pidiera con tal de hacerla su esposa.
¿Por qué esperar más?, ¿Por qué decir no a la hermosa flor del desierto que tenía delante? Arsen no era ningún niño inocente ni ingenuo, había vivido a su antojo desde que tenía uso de razón y memoria, siempre había hecho su voluntad y jugado con los sentimientos de las mujeres, viviendo el ahora y sin enamorarse, no había creído en el amor, pero todo había cambiado desde el primer instante en que había conocido a Emi, algo en ella lo había obnubilado y ese algo se mantenía hasta hoy, quería casarse, quería hacer todo lo que nunca había hecho con nadie más, y si para pasar el resto de su vida con ella debía convertirse al islam y viajar a Marruecos; sea. Ahogando una carcajada de alegría, Emi se mordió ligeramente el labio inferior mientras sonreía, bajando la mirada hacia sus manos que se mantenían entrelazadas contra las de Arsen, todo parecía tan novedoso, tan maravillo e increíble, porque al margen de todo lo que había creído a lo largo de los años y lo mucho que se había decepcionado...la felicidad si podía alcanzarse, y ella estaba a tan solo un paso de ser feliz.
Ingresando en el hogar de su tío Hiruzen, Sakura se quitó el largo velo de seda color mantequilla que habría estado cubriendo su largo cabello rosado, y a su lado se encontraba Biwako a quien había acompañado a hacer las compras para tomar un poco de aire mientras que Sarada cuidaba de casa y sus hermanos. La Uchiha portaba un sencillo vestido de seda amarilla sin mangas de escote en V que se anudaba tras la espalda, con larga falda de velo de múltiples capas, bordada en oro a la altura de la cadera para formar un falso fajín que resaltaban su esbeltez, con una cadena de oro adornada por diamantes alrededor de su cuello y largos pendientes de oro en forma de sarcillos que casi rosaban sus hombros, con un brazalete de oro en su brazo izquierdo y una pulsera gemela en su muñeca derecha, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda. Ahora que Biwako estaba de nuevo en Fez y su tío también, Sakura en cierto modo se sentía más feliz y tranquila, tenía a quienes acudir cuando añorase desesperadamente a Sasuke quien sabia regresaría pronto, y penando precisamente en Sasuke es que Sakura no pudo evitar recordar la discusión que él había tenido con Emi antes del viaje a El Cairo, ¿es que esa mujer de carácter tan difícil no iba a casarse nunca? Todo sería mejor si Emi lograba casarse y ser feliz, porque de otro modo ella sería su verdugo durante todas sus vidas, y no conseguirían lograr paz en ningún momento, y a Sakura le preocupaban las consecuencias de eso.
-Todo lo que quiero es que doña Emi se case y pronto, de lo contrario reducirá la expectativa de vida de Sasuke con los disgustos que provoca— deseo Sakura en voz alta, ingresando en la sala en compañía de Biwako, dejando las bolsas sobre el suelo para proceder a sentarse sobre uno de los divanes y recuperar el aliento.
-Que Alah te escuche, Sakura— correspondió Biwako, velando por la felicidad de su niña, —es muy triste el destino de una mujer sin marido, doña Emi aún puede casarse, pero yo moriré seca— sentía una sana envidia de doña Emi, ella aún era joven y podía casarse mientras que ella no.
-Biwako, aun puedes casarte— protesto la Uchiha, intuyendo las palabras que intentaba ocultar pero que ella veía de todas formas.
-¿Quién va a quererme a mí habiendo tanta muchacha linda y rica?— cuestiono ella en desacuerdo, no molestándose en aferrarse a tan irrealizable esperanza. —Cada uno con su suerte, si Alah lo quiso así—afirmo a modo de aliento para ella y para Sakura que sonrió tristemente, —¿Qué se puede hacer? Él es el dueño de todos los destinos— nadie podía escribir encima de lo escrito por Alah.
Lo que Sakura estaba diciendo era, a entender de Biwako, una mala broma, ella no podría conocer jamás la felicidad que Izumi si, que Sakura si, o que doña Emi buscaba tan desesperadamente...ni siquiera tenía edad para tener hijos, esa edad había pasado hace ya mucho tiempo, su único destino en el mundo era servir al hogar del señor Hiruzen a quien apreciaba muchísimo, él era su única familia en el mundo, pero nunca podría encontrar otra realidad, esa era su vida. Tal vez y si ambas se hubieran encontrado más atentas al entorno, se había dado cuenta que oculto en el costado del umbral de la sala, Hiruzen escuchaba toda su conversación con interés y confusión, interés por la sabiduría de Biwako más confusión porque nunca le había prestado atención de la forma en que lo estaba haciendo en ese instante. Alah era testigo de que llevaba casi veinte años buscando una cuarta esposa, una mujer con quien realmente pudiera compartir la vida en lugar de discutir como hacía con Anko o simplemente cumplir una obligación como hacía con Mito y Naori, una mujer que pudiera ser su compañera y amiga, y no es hasta ahora que se daba cuenta de que esa mujer que tanto había buscado siempre se había encontrado exactamente a su lado y él no la había visto; era Biwako, una perfecta dueña de su casa, una consejera y amiga a quien todos valoraban y obedecían, una mujer con carácter y que sin embargo jamás osaba revelarse al destino, alguien en quien confiaba cada aspecto de su vida como no hacía con nadie más, ¿Cómo había tan ciego para no verla?
-¿Pero nunca sentiste amor por nadie, Biwako?— curioseo Sakura al tener la oportunidad de preguntar aquello, jugando distraídamente con el dobladillo de la falda de su vestido.
-El amor no se habla, si tienes amor, tienes que guardarlo dentro del corazón o puede escaparse— corrigió Biwako en respuesta, sin precisar de contestar realmente la pregunta de Sakura sino enseñarle la esencia misma del amor.
El amor desesperado que los jóvenes sentían a diario y por el que decían que podían morir era algo que Biwako consideraba fútil y falso, el amor verdadero era aquel que escapaba de los celos, que no precisaba de mayores muestras de afecto, que siempre estaba presente, que era incondicional y que gran parte de la gente había olvidado que existía o no le tomaba valor, pero ella no, para ella el amo era el afecto e incondicionalidad más pura, nada más. Oculto en el umbral de la sala, Hiruzen sonrió ligeramente para si al oír esa respuesta, perfecta para cualquiera que la escuchara y aún más para él que gracias a ella llego a una irrefutable conclusión antes de retirarse en dirección a su despacho con idéntico sigilo al que se había encontrado presente; ya había llegado a una decisión, ya sabía que mujer se convertiría en su carta esposa…
PD: saludos, queridos míos, aquí me tienen actualizando en este ultimo fin de semana de febrero, esperando que este y todos los capitulos que crea este pobre intento de escritora crea sean de su agrado :3 las siguientes actualizaciones serán "Titanic Naruto Style" antes del miércoles, "Queen: The Show Must Go On" a más tardar el viernes de serme posible, y "El Velo del Amor" el próximo domingo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicándole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Jade El Adib como Sakura Haruno
-Said Rachid como Sasuke Uchiha
-Latifa El Adib como Izumi Uchiha
-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha
-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi
-Tio Abdul como Homura Mitokado
-Zoraide como Biwako Sarutobi
-Nazira Rachid como Emi Uchiha
-Zuleika como Eshima
Curiosidades y Diferencias:
Ruptura del Compromiso: según la costumbre musulmana, los niños pueden ser criados por su madre a la par que por una nodriza, habitualmente proveniente del Líbano donde pasan su infancia, es una practica común en oriente pero que no todos siguen, más en caso de que dos personas se comprometan y resulten haber sido amamantados por la misma mujer, son considerados hermanos de leche y el Corán estipula que eso es un pecado tan grande como si dos hermanos de sangre se casaran entre si. Si bien el islam permite el matrimonio entre primos, no permite el vinculo carnal entre hermanos ya que implica incesto. Recordemos que al inicio de este fic, Sasuke e Izumi estaban comprometidos para casarse, pero afirmo Emi, ambos tenían en común a la misma ama de leche y por ende eran hermanos, un impedimento absoluto para el matrimonio, tanto en la telenovela "El Clon/O Clone" y su versión de Telemundo, así como en esta historia no se sabe si Emi dijo la verdad o mintió para impedir el matrimonio, pero en este caso si mintió para evitar que Itachi y Eshima se casaran así como para ayudar a Izumi. En la novela original, Nazira también miente para ayudar a Latifa, pero se desconoce si realmente Said y Latifa eran hermanos de leche como se afirma en la novela o si todo fue una treta de Nazira. El viaje de Sasuke a El Cairo es una referencia a uno de los capítulos de la novela "El Clon/O Clone" de 2001, donde Said viaja brevemente a Sao Paulo por negocios.
Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
