Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Wraal Al Chajar" de The Mousayek Arab Ensemble para la escena de danza, "All For Love" de Michael Bolton, perteneciente al soundtrack de la telenovela "El Clon/O Clone" de 2001 para Sarada y Boruto, "Laily Lail" de Mario Reyes & Carole Samaha para Ayame y Haruto, "Mabruk" de Giselle Bomentre y "Azez Alaya" de Tony Mouzayek para la escena de la fiesta.


Rio de Janeiro/Brasil

Todo lo ocurrido en los días anteriores ahora no parecía sino una pesadilla que jamás había sido real; Eshima, su padre y tío Homura habían regresado a Marruecos junto a tío Hiruzen y Biwako que habían prometido vigilar arduamente al Uchiha para que no se le ocurriera hacer algo así otra vez, e Itachi había aprendido la importante lección de nunca más despertar la ira de Izumi tras haber visto una cara de ella que no sabía que existía, no era solo inocente y dulce sino que valiente y determinada como una leona, un aspecto de ella que lo había enamorado todavía más de ser posible. En ese momento ambos se encontraban sentados en uno de los divanes de la sala, Itachi con uno de sus brazos alrededor de la cintura de Izumi que apoyaba su cabeza contra su hombro, acompañados por Rai, Yuudai, Hana que veían televisión mientras doña Emi se limaba distraídamente las uñas sentada en el diván contiguo a su hermano e Izumi, todos formando un perfecto cuadro familia. Todos se encontraban formando parte de ese cuadro tan dulce cuando la puerta principal se abrió permitiendo el ingreso de Ayame que minutos atrás había salido con la excusa de saludar a su tío Kagami en la tienda, aunque hubiera sido una mentira, y tras ella ingreso Haruto quien cruzo las manos tras la espalda mientras Ayame cerraba la puerta a su espalda. Habían sucedido muchas cosas en el último tiempo pero tanto Ayame como él habían decidido que ya era momento de hacer oficial su relación y presentarse ante sus padres.

-Ayame— Itachi se levantó del diván al igual que Izumi, observando con evidente confusión a su hija y al joven que la acompañaba, —¿Qué pasa?— pregunto esperando que nos e tratara de algo malo.

-Papá, él es Haruto— presento la pelicastaña con un tono sereno y uniforme, —quiere hablar contigo— añadió, cediéndole la palabra a su novio, secreto hasta ahora.

-¿Hablar conmigo?, ¿Por qué?— inquirió el Uchiha frunciendo el ceño con extrañeza antes de centrar su mirada en el joven que dio un paso al frente.

-Señor Itachi, amo a su hija y quiero casarme con ella— declaro Haruno con sinceridad y la frente en alto. —Me convertiré a la religión, si usted me ayuda, así no habrá ningún impedimento para casarnos— ya había sido suficiente de esconderse, amaba a Ayame y quería que todos lo supieran, partiendo por su familia.

No tenía miedo, no dudaba, amaba a Ayame, estaba completamente seguro de sus sentimientos por ella y de que era la mujer de sus sueños, no era un niño inocente, tenía casi veinte años, estaba cursando la universidad y tenía un trabajo de medio tiempo con el que costeaba su carrera, era un donnadie en esencia pero que si el señor Itachi le daba la oportunidad estaba dispuesto a convertirse en el hombre que Ayame necesitaba que fuera, abrazaría el islam como no había abrazado ninguna creencia hasta el día de hoy, estaba ávido de aprender y conocer ese mundo del que solo había oído y leído, lo haría por Ayame, esa era su prueba de amor para con ella, quería hacer las cosas bien y la respetaba tanto que estaba dispuesta a luchar por ser digno de ella. Ante semejante confesión, todos—Izumi, Emi, Hana, Rai y Yuudai—abrieron la boca de par en par, como peces boqueando fuera del agua, atónitos y sin palabras, centrando su mirada en Itachi y en lo que fuera a contestar. Tras escuchar aquello e intercalando brevemente su mirada entre su Ayame y este muchacho que le era completamente desconocido pero valiente, Itachi pensó de inmediato que había oído mal, debía haber un error, más la sonrisa nerviosa que su hija esbozo ante su mirada y su silencio le dio a entender que aquello era verdad, y tras nada más entenderlo es que sintió que el suelo transformarse en arena movediza y ante la que se desvaneció de golpe, cayendo inconsciente sobre el suelo ante la atónita mirada de todos los presentes.

-¡Itachi!— jadeo Izumi, arrodillándose a su lado y acunando su cabeza sobre su regazo, zarandándole los hombros.

Sin dejar de acunar la cabeza de su esposo en su regazo y sintiendo rodeada por doña Emi y sus hijos, Izumi alzo la mirada hacia Ayame que apretó nerviosamente los dientes en una sonrisa, sosteniendo una de las manos de Haruto que se sintió desconcertado a la par que culpable, más ella se encargó de hacerle saber que aquello no era su culpa. Su padre tendía a ser algo...dramático en el plano emocional, su anterior error era la prueba, y al menos en esta oportunidad Ayame quería creer que su padre la escucharía y entendería antes de juzgarla, eso esperaba. Sin apartar sus ojos de su hija mayor, negando en silencio y llevándose una mano a la frente, Izumi no supo si felicitar a su hija por su valentía o bien regañarla por su excesiva sinceridad, aunque ya era un poco tarde para recriminarle algo.


En un cuadro de lo más común para cualquier infante y mientras su madre se encontraba de visita en casa de tío Hiruzen, Mikoto y Shina desordenaron la habitación de sus padres—en realidad era la de su madre, pero sus padres no tendían a dormir en habitaciones separadas por lo que literalmente era de los dos—, indagando en todo en todo lo que veían, tanto las elaboradas joyas guardadas en estuches dentro del armario o en el cofre de oro que su madre poseía como los velos bordados en oro, hasta que algo que encontraron llamo verdaderamente su atención, se trataba de un brasier...bueno, al menos lo parecía, a juego con una larga falda, ambos adornados por finas cuentas color jade de idéntico color que la tela que lo componía y que se asemejaba mucho a otros conjuntos que yacían colgados de diferentes percheros dentro del armario, pero ni Mikoto ni Shina habían visto nunca a su madre usando algo así, ¿qué era? Confundida ante tanto silencio, Sarada ingreso en la habitación de sus padres en busca de sus hermanas, paralizándose en el umbral de la puerta, indignándose ante semejante desorden, vistiendo una holgada blusa blanca de hombros caídos y cuyas mangas se ceñían a la altura de las muñecas, y larga falda de velo azul pastel hasta los tobillos, con su largo cabello azabache cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda, casi ocultando un par de largos pendientes de oro en forma de sarcillos. ¿Qué creían que estaban haciendo esas dos? Es habitación ni siquiera era suya para que lo desordenaran todo como dos animales salvajes.

-¿Qué creen que están haciendo?— chillo la Uchiha en voz alta, sobresaltando a sus hermanas que voltearon a verla con expresión culposa pero que no la toco emocionalmente. —Saben que no deberían estar aquí, no es correcto revisar la habitación de nuestros padres— regaño, apresurándose en guardar los estuches con joyas en el armario junto con los velos.

-Perdón— contesto Shina con la mirada baja, ayudándola de forma inmediata para no meterse en problemas.

-Sarada, ¿tú sabes qué es esto?— pregunto Mikoto aun sosteniendo en sus manos la ropa que Shina y ella habían encontrado dentro del armario, y que nunca habían visto.

-Ropa de danza del vientre— aclaro la azabache, quitándole de las manos ambas piezas de ropa con la clara disposición de regresarlas al interior del armario.

-Es muy bonita— menciono la pelicastaña, fascinada por la forma en que las cuentas parecían brillar contra la luz.

-Si— asintió la pelirosa antes de que se le viniera una idea la mente. —Póntela y baila para nosotras— pidió cruzando las manos en forma de plegaría.

-Baila para nosotras, por favor— respaldo Shina, casi brincando de emoción ante la idea de ver bailar a su hermana mayor.

Esperando que aquella era una broma, Sarada emitió una seca carcajada más lejos de ser una treta de la cual burlarse más tarde, sus dos hermanitas permanecieron delante de ella, rogándole con ojitos de cachorro que accediera y se vistiera con esa ropa de danza del vientre, haciéndola sudar frío por un momento, ciertamente sabía danzar apropiadamente pero nunca se había vestido para hacerlo, siempre acudía a las fiestas y se comportaba dignamente, pero esa ropa…estaría casi desnuda, por lo que bajo la mirada a sus manos, analizando la ropa y analizando la idea en su mente, no sabiendo porque pero sintiéndose a gusto con ella, después de todo su madre no tenía por qué enterarse. Por fin y asintiendo, Sarada acepto viendo a sus dos hermanas brincar de la emoción, más pronto les indico que bajaran a la sala y que ella iría cuando estuviera lista. Tan rápido como les fue posible, Mikoto y Shina tomaron asiento sobre uno de los divanes de la sala, intercambiando una mirada cargada de emoción antes de dirigir su atención a la escalera por donde descendió Sarada solo segundos después, sintiéndose expuesta en tan revelador atuendo; un brasier verde jade del que pendían tres hileras de cuentas—una bajo el valle entre sus manos, y dos a los costados—a modo de sarcillos hasta casi la altura de vientre a imagen de los sarcillos que adornaban la larga falda, con un velo a juego cruzado por sobre sus hombros para cubrirla aunque fuer de forma temporal y su largo cabello azabache cayendo libremente tras su espalda.

Mas haciendo a un lado la timidez, Sarada descarto el velo sobre uno de los divanes antes al arrodillarse delante del equipo de música, buscando la melodía favorita de su madre y con la que había aprendido a bailar desde que era una niña, irguiéndose en cuando la pista comenzó a sonar y teniendo como espectadoras a sus dos hermanitas que le sonrieron en todo momento, dejando que el rítmico vaivén de la música guiara el movimiento de sus caderas de izquierda a derecha de forma lenta y marcada antes de acelerar el movimiento a tal punto que sus dos hermanitas pronto se observaron entre sí con la boca abierta. La danza del vientre no era algo ajeno para Sarada, casi tenía dieciocho años y no de tonta, su madre se la había enseñado personalmente y después de todo nadie bailaba mejor que ella, por lo que fue simplemente fácil para la bella Uchiha dejarse llevar por la música, trazando ligeras ondas contra el aire ante el cadencioso movimiento de sus manos mientras sus caderas marcaban el ritmo, no bailando como lo haría en una fiesta sino que haciéndolo para sí misma, para su propia alegría y sin inhibiciones...lo cierto es que si bien su madre le había enseñado a danzar, nunca lo había hecho usando un traje así, y ya sea que fuera arrogante o no en ese instante Sarada se sintió capaz, fuerte, como si estuviera observándose ante un espejo y sintiera que era quien deseaba ser, dejando fluir el lento vaivén de sus caderas, de adelante hacia atrás, en circulo tal y como había aprendido.

Acercándose al diván para tomar su velo y sin dejar de danzar en ningún momento, Sarada extendió el velo entre sus manos, permitiendo que se arremolinara a su alrededor ante su movimientos como si se tratara de un remolino, jugando con uno de los extremos para cubrir y descubrir su figura, sonriendo con toda la intención, ¿era esa clase de emoción la que su madre sentía cuando estaba danza?, ¿Sentía que era una con la música? Era una sensación indescriptible, magnifica en realidad, como si por un instante pudiera ser banal y vanidosa, admirándose a sí misma sin necesidad de estar ante un espejo y contemplando su reflejo, sonriendo ante cada movimiento, danzando para sí misma...con las manos en los bolsillos, Boruto paseo por las calles de la medina, su padre estaba trabajando por lo que no pasaba mucho tiempo en casa y su madre estaba ocupada preparando a Himawari quien ya estaba comenzando a tener más de un pretendiente en la puerta esperando por ella aunque no parecía hacerle caso a ninguno con su cruel inocencia, aunque de inocente no tenía nada, él por otro lado aun no decidía si casarse, ya tenía dieciocho años y si bien había conocido a vario chicas en Rio de Janeiro en el pasado, ninguna lo suficientemente interesante para llamar su atención o que llegara a su corazón, ¿cómo creer en el amor así? Parecía como si—fuera de la prueba diaria que veía al contemplar a sus padres—no existiera, parecía un mito sacado de los libros de aventuras románticas que había leído, un sueño nada más.

Alzo la mirada al pasar fuera del hogar de la familia Uchiha, conocía de memoria la dirección ya que el señor Sasuke y su padre eran amigos, pero no consiguió evitar fruncir el ceño con extrañeza al escuchar música proviniendo del interior, y curioso cómo era es que se acercó hacia una de las ventanas que permanecía entre abierta, conteniendo el aliento ante lo que vio; dándole la espalda, al menos desde su lugar, se encontraba una bella figura femenina de largo cabello azabache que le rosaba la altura de las caderas, ataviada en un traje de danza del vientre color jade como los que había visto usar a las odaliscas que actuaban en el club de su padre pero ninguna tenía el magnetismo que esa mujer a quien no le veía el rostro, de movimientos elegantes pero seductores mientras se envolvía con un largo velo y que parecía transportarlo a una de las románticas historias que había leído, como si estuviera dentro de un sueño. Como si supiera que la estaba contemplando, la hermosa figura se volvió fugazmente permitiéndole ver su rostro, de facciones dulces y delicadas, con profundos orbes ónix y mirada ingeniosa, etérea en su perfecta belleza y que no tenía comparación con ninguna otra y deseable al encontrarse tan expuesta, como si fuera una diosa, eso era para él que se había convertido en su vasallo, una diosa que le impedía moverse de donde estaba aunque supiera que podría ser descubierto en cualquier momento, contemplándola como si fuera la mayor maravilla del mundo, y lo era para él.

Jugando con el velo entre sus manos, Sarada envolvió la suave tela a su alrededor como si se tratara de un remolino, cubriendo y descubriendo en un juego que sin saberlo hizo sonreír a Boruto, ¿quién era ella? Sentía como si pudiera permanecer toda la vida admirando su belleza, más ansioso por saber su nombre, necesitaba saberlo. Sintiendo como la música lentamente llegaba a su fin, la Uchiha cruzo las manos tras su espalda, envolviéndose una última vez con el velo como si se tratara de una pared invisible, volviendo el rostro hacia una de las ventanas que vio entreabierta, pero no había nadie. Dejando caer el velo al suelo y descubriendo su figura una vez que la música termino, escuchando los plausos de sus hermanas, Sarda contuvo la respiración sin saber porque, habiendo estado segura de ver a alguien en la ventana, alguien observándola danzar como nunca lo había hecho para nadie más, y sin saber porque una parte de ella deseo pedirle que se quedara…


Rio de Janeiro/Brasil

Frotándose los parpados, Itachi abrió lentamente los ojos, dándose cuenta de que se encontraba recostado sobre su cama, se había quedado dormido pero no sabía cómo ni cuándo, había tenido un sueño de lo más extremo en que Ayame le presentaba a un muchacho occidental que decía ser su novio y que quería convertirse en musulmán para casarse con ella, ¿es que podía existir un sueño más irrisorio que ese? nunca había tenido un sueño tan loco en su vida, haciéndolo reír tras nada más relatárselo a Izumi que estaba incondicionalmente a su lado al momento de despertar, o creyó que había sido un sueño hasta que la expresión en el rostro de su hija se lo dijo todo; no había sido ningún sueño, era la realidad, Ayame tenía un novio occidental y había estado escondiéndolo a sus espaldas durante todo ese tiempo. Sin pensarlo dos veces y aun sintiéndose tambaleante a causa de su desmayo, Itachi se levantó de la cama tan pronto como le fue posible pese a las protestas de Izumi que le aconsejo permanecer recostado por al menos unos minutos más, pero no podía hacerle caso sin importar cuan tentadora parecía la idea. Dejando que Izumi le permitiera apoyar uno de sus brazos alrededor de su hombros hasta sentirse completamente estable en sus dos pies, Itachi lentamente se dirigió hacia la sala una vez su esposa le dijo que Ayame y ese muchacho occidental aún se encontraban en la sala aguardando a que él se despertase, y él ya tenía muy claro que iba a decirles, porque bajo ningún concepto permitiría un matrimonio semejante.

-Itachi, ten paciencia con ella— pidió Izumi, no deseando atravesar por otra pelea de la que sabía su esposo acabaría arrepintiéndose, ya lo había vivido con Eshima hace apenas una semana.

-Le arrancare los ojos y la piel, la romperé en pedacitos— declaro el Uchiha entre dientes y con ella como testigo, porque podía tolerar que no usara el velo pero no esto.

Había sido tolerante con Ayame, había escuchado sus argumentos sobre porque había decidido no usar velo pese a lo que creía su familia—le había citado el párrafo exacto en que, en el Corán, Alah y el profeta citaban como "conveniente" que una mujer se cubriera la cabeza al salir a la calle o estar ante un hombre que no fuese su marido, más no obligatorio—, y había aceptado que tal vez, con el tiempo y una vez hubiera aprendido más de la religión bajo la cual vivían, Ayame acabaría aceptando el velo por su propia voluntad una vez fuera mayor, pero casarse con un occidental estaba totalmente fuera de discusión, era algo que no iba a permitir jamás, y nadie podría hacerlo cambiar de opinión. Hasta ese momento y sentada en silencio sobre uno de los divanes de la sala junto a su hermana Hana, siendo observada por sus hermanos Rai y Yuudai que no sabían que decirle al igual que su tía Emi que mantenía una sonrisa en su rostro y permanentemente de brazos cruzados, la pelicastaña se levantó del diván al ver a su padre ingresar en la sala apoyándose en su madre para caminar, sintiéndose pequeña e indefensa ante sus ojos una vez se soltó del agarre de su madre y situó delante de ella, luciendo imponente al erguir la espalda y observarla, haciéndole sentir como si volviera a ser la niña de cinco años que en el pasado lo había bombardeado con preguntas para aprender y que en ese momento cruzo las manos por sobre su vientre, sosteniéndole con timidez la mirada, esperando que el hablase primero.

-Ayame, acepto que no lleves velo hasta que aprendas más de la religión— recordó Itachi en voz alta, viéndola esbozar una ligera sonrisa, —pero no acepto que tengas un novio occidental— aclaro percibiendo como la sonrisa se desvanecía lentamente.

-Papá, no soy novia de nadie, solo nos estamos conociendo— puntualizo ella…si, Haruto y ella se habían besado, eran novios, pero ese término no existía para los musulmanes por lo que se ceñiría a esas reglas para contentar a su padre, en parte.

-Oh, solo eso— suspiro él con falso divertimento, volteando a ver a Izumi que se mordió el labio inferior por nerviosismo. —Ayame, tu deber es casarte según las costumbres— estableció inamovible como ya se había mostrado respecto del asunto del velo anteriormente.

-El amor nace de la convivencia, tu padre y yo no nos amábamos cuando nos conocimos— intento ayudar Izumi, observando seriamente a su hija para que desistiera de aquello siendo que hace poco habían salido de un problema como para ahora entrar en otro.

-Pero hoy no podemos vivir separados— asintió Itachi con una ligera sonrisa al encontrar su mirada con la de ella, su relación había comenzado como un matrimonio por conveniencia y hoy era amor verdadero.

-Pues yo amo a Haruto— protesto ella igual de inamovible y deseando vivir el amor que había visto en ellos desde que tenía memoria, pero solo lo haría si conseguía ser libre.

-No voy a admitir a un occidental en esta familia y no hay más que hablar— se negó él de inmediato, acortando con un paso la distancia entre ambos, sosteniéndole la mirada.

-Prefiero morir seca, lo prefiero— contesto Ayame sin titubeo, porque no iba a tolerar que nadie se entrometiera en su vida, ni siquiera su padre.

No estaba mintiendo ni dejándose guiar por su orgullo, amaba a Haruto, no podría vivir en un matrimonio sin amor porque quería ser libre, ella quería poder decidir sobre su destino y no dejaría que nadie, ni aun su propio padre, le dijera que hacer ni cómo vivir, no lo toleraría, quería vivir y ser dueña de su propia vida como hacían las occidentales y solo lo conseguía si salía victoriosa ahora, porque si se resignaba y cerraba los ojos como si nada, no podría ser libre jamás, y quería serlo. Escuchando que llamaban a la puerta en medio de ese debacle, Rai se levantó del suelo a toda prisa y sin pedir el permiso de nadie, abriendo la puerta y encontrándose con una imagen que lo dejo sin palabras, a él y a todos los presentes una vez vieron entrar a Haruto, primero porque no sabrían que es lo que Itachi decidiría con respecto a él y a Ayame, y en segundo lugar porque por sobre la ropa vestía una capa de tipo túnica, de cortas mangas y que permanecía abierta mientras en sus manos sostenía con sumo cuidado el Corán en árabe, cualquier que lo hubiera visto—incluso Ayame que esbozo una distraída sonrisa al estudiarlo de arriba abajo—habría pensado que era un verdadero musulmán, humilde y penitente mientras avanzo hasta estar a tan solo dos pasos delante del señor Itachi—quien lo observo en silencio y sin tan siquiera pronunciar una palabra—a quien de hoy en más debería su eterno respeto, era el padre de Ayame y si era querido para ella también lo seria para él, y no se casaría con ella sin su consentimiento.

-Señor Itachi, fui con el sheikh como me dijeron, y me convertí— informo Haruto, rompiendo con el silencio que se había formado tras su llegada, —vine con usted para que me enseñe el Corán— añadió tendiéndole el Corán con ambas manos, esperando contar con su aprobación.

-¿Yo?— repitió Itachi casi con un hilo de voz, no sabiendo si sentirse halagado por su respeto o indignado por su valor.

-Tío Hiruzen siempre dice que no debemos negarle a nadie la enseñanza de la religión, es pecado— menciono Izumi en un susurro a su espalda, cubriéndose los labios para no dejar en evidencia que estaba sonriendo.

Sonreía de alegría aunque Itachi pudiera pensar que estaba en su contra, apretándose las manos y mordiéndose el labio inferior, expectante y gratamente sorprendida de que ese joven era diferente, había temido que la historia de su hija acabara como había sucedido con el romance de Sakura con...el innombrable, pero estaba equivocada, Haruto incluso se había convertido al islam con tal de poder casarse con ella y siguiendo las costumbres es que ahora estaba presente en su hogar y con respeto, solicitando que Itachi lo instruyera en el conocimiento y estudio del Corán. Atónito, sin palabras, Itachi no pudo negarse, recibiendo el Corán de manos de ese joven que con la frente en alto y una templanza simplemente admirable, esperando pacientemente a contar con su aprobación. Volviendo brevemente el rostro hacia Ayame a su diestra, Itachi suspiro antes de asentir en silencio, invitando al muchacho a tomar asiento sobre el diván ante la atenta mirada de todos. Se reservaría su juicio al respecto de ese muchacho, por ahora, primero lo conocería y luego decidiría de forma imparcial. Respirando mucho más tranquila y sonriendo sin que su padre se diera cuenta, Ayame no aparto en ningún momento sus ojos de Haruto que se mostró indiferente en apariencia, pero centrando su mirada en ella cada vez que su padre no se daba cuenta.

Esta era su victoria, de ambos, porque su padre no había dicho que no.


En compañía de Biwako quien al igual que ella había sido informada por Natsu de que su tío requería su presencia, Sakura descendió lentamente por las escaleras, esbozando una ligera sonrisa a modo de saludo al ingresar en la sala, observando a su tío que al igual que en los últimos días se mostraba particularmente reflexivo, como si debatiera largamente una idea y que hasta ahora no había compartido con nadie. La Uchiha vestía una sencilla blusa rosa pastel de una sola manga que se ceñía a la altura de la muñeca derecha y que cubría holgadamente su figura haciendo ligeramente notorio su vientre de embarazo de casi cuatro meses, larga falda rosa brillante de velo bordada en oro, con una sencilla guirnalda de oro reposando alrededor de su cuello a juego con un par de largos pendientes de oro en forma de sarcillos, con un brazalete de oro en su brazo izquierdo y una pulsera gemela en su muñeca derecha, con su largo cabello rosado cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda en una cascada de ondas mientras sostenía la mano de Masumi, esposa del primo Shisui y que se encontraba a su lado, vestía un elegante vestido de tipo túnica hecho de seda esmeralda de cuello alto y mangas acampanadas, bordado en oro para recrear bordados florales a lo largo del dobladillo de la caída de la tela a juego con el velo dorado que cubría su cabello oscuro, ella le estaba haciendo compañía durante la ausencia de Sasuke, y en ausencia de su querida prima Izumi, se había convertido en una buena amiga la que recurrir en momentos de necesidad y soledad, y viceversa.

-Tío, ¿llamaste?— consulto Sakura por educación, esperando que no se tratara de algo malo.

-Si, siéntense— invito Hiruzen, considerando que tal vez lo que fuera a decirles fuera sorpresivo, —tengo algo importante que decirles— advirtió una vez su sobrina y la azabache se encontraban sentadas delante de él.

-¿Ocurrió algo malo, tío?— inquirió Masumi, igual de preocupada que Sakura con quien intercambio una mirada casi imperceptible.

-No, al contrario, es algo muy bueno— sosegó el Sarutobi con una sonrisa, intercalando su mirada entre las tres mujeres presentes. —Me voy a casar de nuevo— declaro con una ligera sonrisa.

-Señor Hiruzen…— suspiro Biwako, absteniéndose de entornar los ojos, cruzando los brazos por sobre su pecho.

-¿Y con quien te vas a casar, tío?— curioseo Sakura, no sabiendo si sentirse feliz o preocupada por su decisión.

-Con la esposa correcta— contesto centrando su mirada en Biwako que parecía disgustada, ajena a su decisión.

-Siempre dice eso, señor Hiruzen— menciono la pelicastaña, pudiendo gozar de la confianza suficiente para hablar con libertad.

Aunque pareciera disconforme y en cierto modo e sentía así, una parte de Biwako quería estar feliz por el señor Hiruzen a quien conocía desde que era niña, porque en tanto él fuera feliz ella también lo seria, pero, y era un gran pero...lo había visto y oído discutir tanto con sus tres esposas que no podía tener fe en que él encontrara a una mujer buena, prudente y amigable por su cuenta, todas siempre eran celosas y armaban riñas día sí y día también, impidiéndole vivir en paz como merecía, le resultaba triste que él hombre más justo de todo Fez, no, de todo Marruecos no pudiera tener a una buena mujer a su lado y que velara incondicionalmente por su felicidad, de ahí su disgusto ante su declaración, ya pudiendo predecir que erraría en elegir a su cuarta esposa. Mientras sonreía ante las palabras de Biwako, Hiruzen se sentía como un tonto, había pasado casi toda su vida buscando a la mujer apropiada con quien compartir la vida, y siempre la había tenido a su lado, nunca había valorado a Biwako realmente, al menos no hasta ahora, tenía tres esposas pero ninguna le hacía compañía, solo se acercaban para traerle tempestades y disgustos, siempre había anhelado y necesitado a una compañera, alguien que lo escuchara y aconsejara, que lo hiciera sonreír, nadie más que Biwako, ella lo conocía mejor que nadie, solo ella podía hacerlo feliz; mi lago de miel, reflexiono Hiruzen al observar a esa mujer que si bien no era joven como sus otras esposas, aún era bella, solo ella podía hacerlo feliz, nadie más.

-Una mujer que sea mi compañera y mi amiga, seguidora de las costumbres y la religión, ¿y porque no? También muy bonita— menciono Hiruzen a modo de descripción, confundiendo a Sakura y Masumi que se observaron entre sí con una sonrisa cargada de confusión.

-¿Podemos saber quién es esa mujer?— inquirió Biwako aparentemente indiferente y con un tono de voz neutro.

-Eres tú, Biwako— contesto el Sarutobi por fin para incredulidad de las tres mujeres, especialmente Biwako que volvió el rostro hacia él al oírlo decirla aquello, —quiero casarme contigo— reitero sin apartar sus ojos de ella que no conseguía salir de su estupor.

Una mala broma, solo eso podía ser, Biwako intento convencerse de ello mientras dejaba caer pesadamente sus manos a cada lado de su cuerpo, con los labios entreabiertos a causa de la sorpresa, intentando pronunciarse, decir que aquello no le hacía gracia pero la mirada y sonrisa del señor Hiruzen le hicieron entender que aquello no era ninguna broma, dificultándole hablar o tan siquiera articular palabra, ¿el señor Hiruzen quería casarse con ella?, ¿podía ser verdad aquello? Sentado sobre el diván, Hiruzen sonrió esperando a ver alegría en el rostro de Biwako, esperando darle la misma alegría que ella siempre le brindaba, pero para su incredulidad es que Biwako se desmayó en cosa de segundos, siendo atrapada a tiempo por Sakura y Masumi que habían sopesado que eso podría ocurrir ante semejante sorpresa y de la cual no había podido salir. Más por muy preocupado que estuviera Hiruzen en ese momento, arrodillándose junto a Biwako, palpándole la frente y zarandeándola ligeramente para hacerla reaccionar, una pregunta resonó en su mente; con su reacción y ese desmayo…

¿Biwako había dicho que sí o no?


Despertar había sido una tortura para Biwako quien se dejó guiar por Sakura y Masumi a la cocina, sentándose delante de la mesa…no alcanzaba a entender en su cabeza como es que de alguna forma burda e incongruente el señor Hiruzen le había propuesto matrimonio, era impensable, más en ese momento se sentía mejor en cierto modo, aceptando el té de manzanilla que Masumi le tendió antes de sentarse a su lado a la par que Sakura quien la abanico ligeramente para no permitirse que se sofocara, ambas muy al pendiente de que no fuera a desmayarse otra vez o reaccionar aun peor, y no era para menos tras recibir semejante noticia. Llevándose una mano a las sienes, Biwako aún no era capaz de entender cómo es que al señor Hiruzen se le había ocurrido bromear de esa forma, jugar con sus sentimientos y su corazón, como si ella fuera una muñeca de trapo y su corazón una pelota insignificante...estaba enojada, enojada porque aquello fuera una broma, broma que por cierto no le causaba la menor gracia. Cerrando el abanico que había estado sosteniendo, esbozando una ligera sonrisa al momento de volver el rostro hacia Masumi a su lado, Sakura contuvo su felicidad por la noticia de que su tío Hiruzen las había hecho participes, quería casarse con Biwako, con la mejor mujer que podía existir en todo Marruecos, la más bella, sabía, dulce y de buen corazón, el alma más bondadosa a quien Sakura hubiera conocido, la mujer perfecta, y sin embargo Biwako no parecía muy feliz con la idea del matrimonio.

-¿Estas mejor, Biwako?— consulto Sakura, estrechando una de las manos de ella entre las suya, haciéndole saber que no estaba sola.

-Jugar de ese modo con mi corazón, como si fuera una pelota— suspiro ella, negando para sí mientras apartaba su mano de su frente. —Imagínate, ¿un hombre como el señor Hiruzen casándose conmigo?— era una mala broma, de pésimo gusto porque no la hacía reír en lo absoluto. —No— semejante matrimonio sería lo mismo que la unión entre un príncipe y una esclava, algo imposible.

-¿Y por qué no?— inquirió Masumi, sonriéndole a Sakura que asintió completamente de acuerdo. —Ay, Biwako— rió antes de abrazarla amorosamente.

-¿No sientes amor por tío Hiruzen, Biwako?— cuestiono la Uchiha en caso de que se tratara de eso, nadie la culparía por negarse al no corresponder a los sentimientos de su tío.

-Siempre lo sentí, desde pequeña— confeso Biwako finalmente, esbozando una incontenible sonrisa, de nada le servía negar lo que llevaba sintiendo desde siempre.

-¿Entonces?— obvio Sakura con una sonrisa al verla titubear ante su propia indecisión. —Biwako, solo se vive una vez, tú lo dijiste— ella había encontrado el amor y había sido feliz, Biwako también merecía vivir el amor, más que nadie.

-Si, Biwako, cásate— asintió Masumi, sabiendo bien al igual que Sakura que si alguien merecía ser feliz, ese alguien era Biwako.

Había estado junto a Biwako durante años, ella siempre había velado por su felicidad y por la felicidad de Izumi, por la felicidad de todos quienes conocían, jamás pidiendo nada para sí misma, ¿es que acaso ahora no se merecía ser egoísta y vivir en paz lo que le restaba de vida? Sakura sonrió mientras abrazaba a Biwako como haría con su madre, porque la veía como su madre, merecía ser más feliz que nadie sobre la tierra, porque nadie tenía un corazón tan bondadoso como el suyo. Correspondiendo al abrazo de Sakura con una ligera sonrisa, Biwako acepto que si deseaba casarse con el señor Hiruzen, porque lo amaba después de todo, ¿Cómo no amarlo? Toda la vida había pensado que sus sentimientos por su amigo y señor estaban destinados a vivir en secreto, a abarcar la nada que era el espacio, contemplándolo en silencio, encargándose del orden de la casa y sintiéndose plena al verlo sonreír y ser feliz hasta por el hecho más insignificante. Había sido una niña de solo siete años cuando había llegado al hogar de los Sarutobi tras vivir en las caravanas de los beduinos, cargada de supersticiones y el señor Hiruzen había sido un adolescente de doce años, había estado ahí para verlo casarse y formar una familia con Mito, luego con Naori y finalmente con Anko, siempre pensando que él jamás la miraría, que correspondería a lo que sentía...pero lo hacía, tanto que ahora le parecía estar dentro de un sueño, no podía creer que el señor Hiruzen, su señor, quisiera casarse por ella, le resultaba inimaginable pero era verdad.

Si, quería ser egoísta, y quería casarse con el señor Hiruzen, su señor Hiruzen.


Rio de Janeiro/Brasil

Calmado y con las manos cruzadas tras su espalda, Itachi se paseó dentro de las inmediaciones de la tienda, analizando todo cuanto veía con la mirada de forma juiciosa, llevando nota en su mente de que elementos debía solicitar a su hermano Sasuke en Marruecos–cuando regresara de El Cairo—ante la grata demanda de parte de los consumidores, centrando entonces su mirada en Haruto quien termino de ordenar los tapetes junto al primo Kagami. ¿Cómo es que Haruto había terminado por formar parte del negocio? Era algo divertido en realidad luego del rechazo que había mostrado por él al entrarse de la relación que tenía con Izumi, más Itachi se había encariñado y acostumbrado tanto a la presencia del joven brasileño en su casa que fuera del tiempo que pasaba enseñándole las palabras del profeta y el Corán, necesitaba tenerlo vigilado y saber que realmente se estaba convirtiendo en un buen musulmán, además la ayuda dentro de la tienda siempre era bien recibida, por lo que le había sugerido la opción de trabajar junto a él, el primo Kagami y el resto de la familia, propuesta que Haruto no había dudado en aceptar. Mientras que Rai ingresaba en la tienda silbando cantarinamente y saludando con la mirada a Haruto como siempre que lo veía en la tienda, Itachi se acercó lentamente al muchacho, observándolo en silencio antes de que él advirtiera su presencia y volviera el rostro con una ligera sonrisa a modo de saludo, permanentemente sereno e imperturbable como siempre.

-¿Cómo estuvieron las ventas el día de hoy?— consulto Itachi serenamente, como si no estuviera realmente interesado.

-Vendí dos docenas de velos— contesto Haruto con una contenida sonrisa, pudiendo jactarse de ello más sin hacerlo realmente.

-¿Haruto trabaja con nosotros ahora, padre?— inquirió Rai ya que no había estado al tanto de aquello, había creído que él solo los estaba ayudando.

-Si, ¿por qué?— pregunto el Uchiha en caso de que su decisión no fuera del agrado de su hijo.

Inicialmente había tenido sus dudas sobre si sería prudente incluir a Haruto en el negocio familiar porque apenas y se había convertido en musulmán hacia una semana, pero hoy Itachi veía que de nada habían servido sus temores, Haruto era alguien digno de confianza y que día con día demostraba estar dispuesta a tranzar cualquier adversidad con tal de ser digno de Ayame. Sin tener protesta alguna que dar, Rai se encogió de hombros despreocupadamente ante la mirada de su padre, formando una ligera sonrisa con la comisura de sus labios al intercambiar una mirada con Haruto que asintió en silencio; como el hombre de mayor edad en su familia después de su padre, Rai estaba completamente de acuerdo en que Ayame se casara con ese occidental, pasar su vida viviendo en Rio de Janeiro le había permitido abrir la mente y ver que los occidentales y los musulmanes no eran tan diferentes, si se tenía oportunidad de entrar en comunión y conocerse todos podían vivir en armonía, además si todos aprobaban ese matrimonio probablemente se evitarían muchos dolores de cabeza que Ayame les causaría si no hacían las cosas a su modo. Volviéndose parte de la conversación, Kagami envolvió uno de sus brazos alrededor de los hombros de aquel muchacho que tan diligentemente estaba aprendiendo del negocio, utilizando su indudable carisma para atraer a clientes, sabiendo cómo ser un buen negociante, era un muchacho simplemente excepcional, digno de alabanzas.

-Itachi, este muchacho es un gran negociante, una mina de oro— celebro Kagami, abrazando por la espalda a tan talentoso muchacho a quien disfrutaba tener cerca.

Levemente avergonzado ante esos elogios, Haruto bajo la mirada, aun no merecía ser considerado de tal manera, tenía mucho que aprender, solo estaba comenzando, y estaba dispuesto a convertirse en un buen musulmán. Sin importar los prejuicios que hubiera tenido y aún mantenía sobre los occidentales y su estilo de vida disoluto, Itachi no podía negar que Haruto era diferente y en el mejor de los sentidos, inicialmente había tenido sus dudas sobre si serviría de algo enseñarle el sagrado Corán y por lo que había sido muy estricto con el joven que ahora se encontraba bajo su tutela, enseñándole con firmeza y pulcritud los mandamientos de Alah y las enseñanzas del profeta durante largas horas de cada día para que no tuviera tiempo de estar a solas con Ayame y corromperla, pero increíblemente Haruto podía pasarse la tarde entera a su lado y aprendiendo tanto de las costumbres como del idioma, reservándose a saludar y despedirse de Izumi con una sola mirada, sin palabras o actos que él considerara impropio, y cuando estaba bajo su vigilancia se dedicaba a leer el Corán en árabe y no una traducción, solicito y hambriento de conocimiento a través de sus enseñanzas, había probado ser un joven lleno de sorpresas y a quien Itachi admiraba en silencio, tenía una oportunidad insuperable y que no estaba dispuesto a dejar ir, podía forjar al hombre que habría de proteger a su hija, podía forjar el futuro que tanto asustaba a cualquier padre y saberlo lo hizo sonreír ligeramente.

Consentiría el matrimonio entre Ayame y Haruto, pero no hoy, en unos meses o un año tal vez, pero no hoy.


La felicidad podía alcanzarse, eso es lo que Emi vivía como filosofía día sí y día también, porque a pesar de que ya no fuera una niña romántica pero ya que nunca había podido vivir el amor ni saber que era realmente, para su religión y familia eso estaba prohibido, quería ir contra todo lo establecido de ser posible con tal de ser feliz, ¿no es por eso que Alah había creado a los humanos? Tenía casi cincuenta años, si no era feliz ahora, ¿cuándo? Esa era la pregunta que se repetía mientras veía como se le pasaba la vida delante de los ojos con miedo a morir en soledad, soledad que ahora estaba viviendo. Arsen se había marchado de Rio de Janeiro, apenas y había pasado una semana desde que habían acordado casarse y ahora ya no estaba, ¿y que le había dejado? Una carta diciendo que había tenido que viajar por trabajo a Marruecos para actuar como personal trainer de un hombre de gran fortuna, pero que volvería a más tardar dentro de un mes. Era tan indignante para la Uchiha que, de haberse encontrado encerrada en su habitación, se levantó de la cama dejando la carta sobre esta mientras se dirigía a la sala donde Izumi e Itachi estaban discutiendo sobre cuando sería mejor celebrar la boda entre Ayame y Haruto. Si, ese joven occidental estaba aceptando el islam y su forma de vida con tanta devoción que parecía haber nacido en ella, dentro de un año o dos tendría tal conocimiento del Corán y las enseñanzas del Profeta que pasaría por un perfecto y bien educado musulmán, ¿era posible que un milagro así sucediera? Parecía ser que sí.

-Ustedes arruinaron mi suerte de nuevo, Arsen se fue— acuso Emi nada más ingresar en la sala, confundiendo a Itachi e Izumi.

-¿Por qué gritas, Emi?— cuestiono el Uchiha emitiendo una seca carcajada, arqueando una ceja ante sus palabras.

-Hacen de mí un tapete, ¿y aun se preguntan por qué grito?— desafío la Uchiha a punto de cometer un crimen, cegada por la ira. —Mentí porque ustedes me pidieron ayuda arrojándose a mis pies como ovejas— eran demasiado injustos con ella, eran incapaces de pensar en su felicidad.

Que injusticia más grande, su felicidad volvía a desaparecer en cosa de un parpadeo por causa de su ingrata familia que no velaba por su felicidad, su egoísta hermano y su malvada cuñada, todos ellos eran unos malagradecidos que no valoraban lo que hacía, había mentido por ellos para que Itachi no se casara, ¿y eso había servido de algo? Ya sentía deseos de enviarle una carta a Eshima para decirle que Itachi y ella no eran hermanos de leche y podían casarse, solo por el egoísta placer de ver a Izumi bufar de ira, porque si ella no era feliz no estaba dispuesta a dejar que nadie fuese feliz. Apretando fuertemente las manos sobre su regazo, Izumi no supo que pensar, apretando los labios en un línea recta a causa de su temor, casi dando por hecho que si doña Emi no era feliz ella tampoco lo seria, después de todo ambas habían llegado a un acuerdo hace poco tiempo, ¿yo qué hice? Se preguntó Izumi en un suspiro, cubriéndose el rostro con ambas manos, temiendo volver a pasar por toda esa odisea otra vez y tener que compartir a Itachi con otra mujer, todo por causa de su vengativa cuñada siendo que ella no era culpable en lo absoluto de que Arsen no estuviera en Rio de Janeiro. Negando en silencio ante los desvaríos de su hermana que continuaba soñando despierta con ese occidental con quien no dejaría que se casara ni estando muerto, Itachi vio como una señal que el teléfono comenzara a sonar en ese momento, tomando el auricular para contestar antes de que su furiosa hermana se le abalanzara a causa de su ira.

-Déjenme contestar, por favor— solicito Itachi haciendo un llamado a la calma antes de regresar al auricular contra su oído. —¿Hola? Tío Hiruzen, ¿se va a casar?— comprendió con una inmediata sonrisa que contagio a su Izumi, —¿con Biwako?— casi jadeo al oír aquello.

-Por Alah…— chillo de emoción Izumi, cubriéndose los labios con las manos para no gritar.

-¡No!— protesto Emi, dejándose caer sobre uno de los divanes, —hasta Biwako se casa, menos yo— esa era la gota que rebalsaba el vaso, no podía ser cierto.

¿Es que su suerte podía ser aún más triste?, ¿es que Alah podía ser más cruel con ella? Biwako era mayor que ella y de todas formas el señor Hiruzen, un hombre rico y admirado por todos a lo largo de todo Marruecos iba a casarse con ella, ¿acaso estaba destinada a morir en la tristeza y la soledad? Ajena a la tristeza de su cuñada a propósito, al menos en ese momento y ante tan maravillosa noticia, Izumi brinco de emoción, cubriéndose los labios con ambas manos para no chillar de emoción mientras Itachi le sonreía, escuchando lo que tío Hiruzen le estaba contando; viajaran a Marruecos, ninguno de ellos iba a perderse ese matrimonio…


Fez, Marruecos

Tan solo fue necesaria una semana para que Biwako accediera verbal y personalmente a la propuesta de boda del señor Hiruzen, para que todos los familiares, amigos y conocidos fueran invitados a la boda y que los músicos y bailarinas de El Cairo viajaran cuanto antes para la ceremonia de boda que si bien se celebró en el hogar del señor Hiruzen ahora había dado paso a la recepción en el prestigioso hotel Riad Braya y que se encontraba en pleno apogeo. Desde su lugar al lado de Sasuke de quien se mostraba inseparable tras su regreso de El Cairo el día anterior, Sakura sonrió radiantemente, aplaudiendo ante el ritmo de la música mientras observaba a su tío y a Biwako en el lugar de honor de la fiesta. La pelirosa portaba un elegante vestido de seda malvada bordado en oro que brillaba contra la luz, de escote corazón y con una capa superior de una sola manga que cubría su brazo derecho, obsequio de Sasuke y traído especialmente desde El Cairo, alrededor de su cuello reposaba una hermosa guirnalda de oro que dejaba caer un sinfín de cuentas ámbar, diamantes y cristales hasta la altura de su escote a juego con un par de largos pendientes en forma de sarcillos, con su largo cabello rosado peinado en un elegante recogido bajo el largo velo purpura que lo cubría, con un brazalete de oro en su brazo izquierdo y una pulsera en su muñeca derecha. Y si bien a su lado Sasuke compartía su felicidad, no podía evitar sentirse sorprendido, apenas había regresado el día anterior y ya se había encontrado con la boda a punto de celebrarse, todo un acontecimiento.

-Imagine muchos descabellados escenarios a mi regreso, pero no encontrarme con un matrimonio— confeso el Uchiha en completa confidencia con ella, ¿Qué pasaría la próxima vez se ausentara? Ya no sabía que pensar.

-Quien sabe que sucederá en el siguiente viaje— advirtió Sakura con una divertida sonrisa, recibiendo un beso en la frente y que la hizo recargar su cabeza contra el hombro de él.

-Yo quiero acompañarte, papá— declaro Shina a la diestra de su padre, porque no quería que solo sus hermanos pasaran tiempo junto a su padre, ella también quería viajar con él.

Asintiendo en silencio y en una ligera sonrisa, Sasuke rodeo a su hija con uno de sus brazos, intercambiando una mirada con Sakura que sonrió radiantemente claro que en el próximo viaje ella también lo acompañaría, ya no estaría embarazada para entonces. Plena de felicidad al igual que su prima, Izumi disfruto del cadencioso ritmo de la música, aplaudiendo y sin dejar de sonreír mientras volvía el rostro hacia Sakura de quien se encontraba a tan solo dos pasos de distancia, sonriéndose la una a la otra ante la imperdible ocasión de ver a Biwako consiguiendo la felicidad que tanto se merecía. La hermosa pelicastaña portaba un elegante vestido holgado de seda marfil bordado en plata y que se ceñía a su figura por un delicado cinturón dorado adornado por diamantes, sin mangas y que dejaba expuesto uno de sus brazos, alrededor de su cuello se encontraba una opulenta guirnalda de cuentas de oro de dos vueltas y de la que pendían decenas de cuentas en forma de monedas hasta la altura de su pecho por obra de finos hilos de oro a juego con un par de largos pendientes, un par de pulseras gemelas de oro en ambas muñecas y un largo velo plateado cubría su largo cabello castaño que caía como una cascada tras su espalda. Más por muy felices que ambas se encontrasen, no pasó inadvertida la presencia de un ser "indeseable" en la fiesta, se trataba de Eshima que si bien ya no era una amenaza para Izumi, si lo era para Sakura quien entorno disimuladamente los ojos, dándose cuenta de que esa mujer estaba interesada en Sasuke pero ni muerta dejaría que se le acercara.

-Que arpía, no se da por vencida— mascullo Sakura en casi un susurro para que su esposo no la escuchara.

-Yo ya lidie con ella, prima, ahora es tu turno— delego Izumi resignada a no luchar contra la corriente, no ahora que su familia por fin volvía a tener paz.

-Pero a diferencia tuya, yo tengo un contrato— puntualizo la Uchiha con una sonrisa antes de abrazar a Sasuke para marcar su presencia ante quien osara ponerle los ojos encima.

Con silente envidia, Izumi solo pudo entornar los ojos en silencio para sí, negando para sí ante la triunfal sonrisa en el rostro de su prima; a eso sí que se le llamaba tener suerte. Desde la distancia y acompañado por su esposa Hinata, Naruto contemplo largamente a la que era la hija primogénita de su mejor amigo, Sasuke, ¿Qué razones tenia para hacerlo? Tenía un hijo de ya dieciocho años y que se negaba a casarse con una mujer a quien jamás hubiera visto, razón de más para asistir a la fiesta de matrimonio del señor Hiruzen Sarutobi de quien tanto había oído hablar. Ajena a que era objeto de observación, Sarada se mantuvo de pie a la diestra de su madre, vestía una elegante blusa de gasa turquesa bordada en oro, de escote corazón y mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas, larga falda de velo celeste claro que formaba un hermoso degrade casi blanco a juego con el lienzo azul claro que cubría su largo cabello azabache que caía tras su espalda, con una pulsera de oro decorada por cristales aguamarina en forma de enredadera en su muñeca derecha y alrededor de su cuello una pronunciada guirnalda de oro de la cual pendían finos sarcillos hasta la altura de su vientre a imagen de los largos pendientes que casi le rosaban los hombros. El nombre de los Uchiha resonaba en todo Marruecos a causa de la reputación de Sasuke y su hermosa esposa, cualquiera desearía asociarse con ellos y como amigo es que Naruto había sido el primero en poner la oferta del nombre de su hijo sobre la mesa.

-Confía en mí, Naruto, esa chica es un tesoro, una joven bien educada y muy virtuosa, bien relacionada— garantizo Hinata contemplando con una sonrisa a la bella joven de cabellos azabache.

-Lo sé, Boruto seria bendecido si se casara con ella— asintió el Uzumaki con una ligera sonrisa, permanentemente de acuerdo con ella como siempre, especialmente en esta decisión.

¿Pero querría hacerlo? Boruto tenía la mentalidad de un occidental pero el corazón de un buen musulmán, seguía las costumbres y tal vez era precisamente aquello lo que le había impedido encontrar o desear hallar una buena esposa en Rio de Janeiro o en El Cairo, pero en Marruecos...tanto Hinata como él esperaban que por fin sentara cabeza con una joven apropiada, y si alguien encabeza la lista de posibilidades ese alguien era Sarada Uchiha. En medio del quedo ambiente de la fiesta, Mikoto se alejó de sus padres para ver mejor a las odaliscas que habían sido traídas desde El Cairo y que bailaban divinamente, dejándose llevar por la música, aplaudiendo mientras danzaba distraídamente, ajena a la mirada de alguien que se situó dos pasos de pie tras suyo, esbozando una ligera sonrisa mientras la contemplaba en silencio. ¿Quién era una buena esposa? Aquella era una interesante pregunta, pero no era fácil de contestar, especialmente por parte de alguien como Kakashi Hatake que ya había estado casado hace varios años atrás y que hoy estaba buscando a una mujer que fuera su compañera y llenara el vacío que había en su vida, ¿la joven Mikoto Uchiha se convertiría en esa mujer? El Hatake esperaba que lo fuera, aún era solo una inocente adolescente de casi catorce años pero él estaba dispuesto a esperar a contar con la aprobación de la petición de matrimonio que le había hecho a Sasuke Uchiha para solicitar la mano de esa bella joven cuyo rostro se iluminaba ante su encantadora y cándida sonrisa.

-Mikoto— llamo Kakashi haciendo que la pelirosa volteara a verlo. —¿Eres Mikoto, hija de Sasuke?— pregunto pese a ya saber la respuesta de antemano.

-Si— asintió la Uchiha sin hacer desaparecer su sonrisa, —¿usted conoce a mi padre?— indago con curiosidad ya que nunca lo había visto antes.

-Lo conozco— corroboro el Hatake con una ligera sonrisa. —Tengo un regalo para ti— informo percibiendo el brillo que adquirían sus ojos ante sus palabras.

Ya había solicitado la mano de esa encantadora joven en matrimonio, presentar su respeto y devoción con un presente no era un atrevimiento de su parte y por lo que Kakashi no dudo en exponer el estuche que hasta ese momento había mantenido oculto por una de sus manos tras su espalda. Curiosa ante este hombre, Mikoto descendió la mirada hacia sus manos para ver un estuche que abrió a sus ojos, casi jadeando al ver un hermoso collar de oro solido de inspiración egipcia con una figura en forma de amapola con una mariposa en el centro y adornada por diamantes, era una joya simplemente maravillosa y que la dejo sin palabras, incapaz de moverse mientras veía al peligris abrir el broche que cerraba el collar y con sumo cuidado situarlo alrededor de su cuello con tal respeto que por un momento Mikoto se sintió flotar en una nube, llevándose una mano al cuello para sentir tan hermoso presente y que parecía irreal, pero lo era, era real, lo tenía alrededor de su cuello, y alzando la mirada para encontrar sus ojos con los profundos pozos oscuros de aquel hombre, la pelirosa no pudo evitar sonreír ante tanta galantería, era un hombre mayor y que bien debía tener la misma edad que su padre pero sin embargo era tan guapo y amable que Mikoto se sintió como dentro de un cuento de hadas y del cual no quería salir, absteniéndose de suspirar soñadoramente mientras le sonreía y él a ella, ¿Quién era ese hombre? Ni siquiera lo sabía pero no le importaba, a sus casi catorce años nunca la había mirado así, como si fuera la mayor maravilla del mundo.

-Es precioso, Shukran— agradeció ella, casi sintiendo que le faltaba el habla, —pero, ¿Por qué me lo da?— inquirió confundida más profundamente halagada.

-Lo entenderás pronto— contesto él, inclinando la cabeza a modo de despedida.

Siguiendo con la mirada ese hombre hasta perderlo de vista, Mikoto se mordió el labio inferior mientras palpaba el hermoso collar alrededor de su cuello, ¿Cómo les diría a sus padres de donde lo había sacado? No le importaba en lo absoluto; ojala y algún día pudiera casarse con un hombre así, ese sería su sueño hecho realidad…pero, primero debía terminar de estudiar, claro. Por otra parte y apartado de la fiesta como intelectual que era, Daisuke se quedó sin aliento al contemplar a alguien que repentinamente atrapo su atención por completo, se trataba una joven realmente bella y que estaba a menos de un metro de distancia suya, debía tener su misma edad si es que no era un año menor cuando mucho, de rostro lozano, con facciones dulces y angelicales, ojos esmeralda, largo cabello castaño oculto por un velo ámbar bordado en oro y que se encontraba cruzado por sobre el escote del bello vestido ocre que usaba y que brillaba contra la luz a juego con los largos pendientes de oro en forma de lagrima con una esmeralda en el centro, poseía una piel blanca como el alabastro con un sonrojo adorable y la sonrisa más bella que Daisuke hubiera visto en su vida. Lo tomo por sorpresa el momento en que la hermosa chica volvió el rostro en su dirección, incapaz de saber que hacer salvo esbozar una ligera sonrisa ladina a la cual ella correspondiendo sonriendo radiantemente, sin apartar sus ojos de los suyos y sin dejar de danzar, un cuadro curioso para Sakura quien contemplaba todo desde la distancia.

-Sasuke, ¿sabes quién es esa joven?— curioseo ella en voz alta, porque nunca recordaba haber visto a esa muchacha en ninguna fiesta, hasta hoy.

-Aratani, la hija del exportador de telas Inabi— contesto él reconociendo a la muchacha al instante, su padre y él tenían negocios en conjunto.

-Es bellísima, y danza muy bonito— observo Sakura desde su lugar, volviendo brevemente su rostro hacia el de su esposo. —A Daisuke parece gustarle— obvio aunque él ya debía de haberse dado cuenta.

-Fue criada de acuerdo a las costumbres, y tiene muchos pretendientes— menciono Sasuke con una sonrisa ladina, teniendo la misma idea que ella en la mente, —pero según trate el asunto, su padre estaría dispuesto a ignorar todas las propuestas en favor de la palabra de nuestra familia— Daisuke aún era joven pero nunca era tarde para planear el futuro que sus hijos tendrían.

-Como veo que te adelantaste a mis pensamientos, entonces mantén las negociaciones abiertas, estoy segura de que Daisuke querrá casarse con ella— consintió la pelirosa, entrelazando una de sus manos contra la de él.

En respuesta ante las palabras de Sakura, Sasuke sostuvo la mano de ella entre las suya, alzándola para besar el dorso de ella y acariciarle la mejilla…ya no eran tan jóvenes como antes, había llegado la hora de empezar a dejar ir a sus hijos y mejor que fuera de la mano de personas dignas de confianza, no se casarían hoy ni mañana, pero si pronto y ellos se encargarían de que fueran tan felices como ellos lo eran día a día. Siendo joven como era, próximo a cumplir dieciséis años el mes siguiente, no resultaba para nada extraño que Daisuke no supiera que era el amor, si, lo había visto en sus padres a lo largo de toda su corta vida hasta hoy, pero no lo había experimentado, tanto por su religión como por estar mucho más concentrado en estudiar, y conociendo bien a su hijo como lo conocía es que Sakura asintió en silencio para sí ante el intercambio de miradas que veía entre él y esa bella joven llamada Aratani; consultaría el asunto con Daisuke desde luego, pero algo le decía que diría que si al matrimonio.


PD: saludos, mis amores, fielmente actualizo este fin de semana, alertándolos que el próximo fin de semana se viene el final de esta historia, por lo que les sugiero no mantenerse muy lejos si quieren saber como terminara todo :3 las siguientes actualizaciones serán "Más que Nada en el Mundo" entre el miércoles al viernes, "El Siglo Magnifico: Mito Mei & Mikoto" de serme posible, y "El Velo del Amor" el próximo domingo :3 como siempre este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a Mila (dedicándole cada capitulo y esperando que cada nuevo capitulo sea de su agrado) a Guest (dedicándole cada nuevo capitulo y esperando que sea de su agrado), a Adri-ojousama (dedicándole cada nuevo capitulo para agradecer sus palabras) a abrilfrijo03gma (dedicándole cada capitulo de esta historia a modo de agradecimiento por leer a este despreciable intento de escritora),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Khadija Rachid como Sarada Uchiha

-Samira Rachid como Ayame Uchiha

-Ze Roberto como Haruto Gekko

-Zein como Naruto Uzumaki

Curiosidades y Diferencias:

Danza que Enamora & Conversión: la escena mítica de Jade danzando para su destino y siendo contemplada por Lucas y veinte años después por Leo, marco la vida de muchos quienes vimos la novela original en su día y aunque la pareja no sea de mi agrado tenía que representar esta escena en un momento de la trama y decidí hacerlo con Sarada y Boruto aunque no de la misma forma. Tanto en la la historia original como en la versión de Telemundo, Ze Roberto se convierte al islam por Samira y para hacer oficial su relación, y comienza a trabajar en la tienda del señor Mohamed, por lo que esta es una transcripción literal de la historia original pero profundice mas en la personalidad de Haruto y en como aprende del mundo del islam, a esto me refería cuando dije que Ayame no tendría la misma suerte trágica de Sakura. La escena de Kakashi dándole una joya de compromiso a Mikoto y deseando casarse con ella esta inspirada en la escena de Zein regalándole a Khadija un amuleto de buena suerte durante la boda entre Sidi Ali y Zoraide, y es una representación de la realidad de muchas mujeres dentro de oriente y que en ocasiones son mucho menores que sus esposos, más tienen la opción de elegir si aceptar un matrimonio así, no como en Japón o China donde se acuerdan matrimonios por dinero y si el consentimiento de la novia. Además la escena entre Daisuke y Aratani esta inspirada en el encuentro de miradas entre Said y Zuleika en una de las escena del capitulo 249 de "El Clon/O Clone".

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3