Si bien esta escrita ha sido escrita por mi, esta levemente inspirada en la telenovela brasileña de 2001 El Clon, también llamada O Clone, protagonizada por Giovanna Antonelli y Maurilo Benicio, esta inspirada principalmente en la cultura musulmana y en el islam como dedicatoria a esta fascinante cultura que mi madre y yo conocimos cuando era una niña. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimo pero su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta. Les sugiero oír "Nour El Ain" de Amr Diab para la escena de la fiesta, perteneciente al sountrack de la novela original "El Clon/O Clone" de 2001, "A Thousand Years" de Christina Perri para Sasuke y Sakura, "A Whole New World" de Zayn Malik & Becky G para Itachi e Izumi, así como para Ayame y Haruto, "Black Sea" de Natasha Blume para Arsen y Emi, y "Sawaj" de Tony Mouzayek & Mario Kirlis para Sarada y Boruto.


-Silencio, Anko, por el profeta, tío Hiruzen también te vistió de seda el día que se casó contigo— replico Izumi, intentando ser de lo más cordial que le fue posible ante los gritos de las tres esposas de su tío.

Mantener a raya y en calma a las esposas de su tío durante el resto de la celebración de la boda resulto ser toda una odisea para Izumi, no iba a negar que comprendía bien los celos e ira de aquellas mujeres por tener que compartir a su esposo con otra mujer, ella había reaccionado peor y ni siquiera se había concretado dicha situación, pero esa era otra historia, además Biwako jamás sería una enemiga para Mito, Naori o Anko, siendo esta última quien principalmente siempre parecía vivir en disputa con todo lo que no estaba de acuerdo con sus opiniones, y tener a Biwako como aparente rival parecía hacerla sentir amenazada, a ella y a las otras dos. Considerando que la fiesta ya había durado suficiente, Hiruzen fue el primer en levantarse de su lugar de honor, tendiéndole la mano a Biwako que acepto su ayuda con gusto a la par que los músicos continuaban tocando y una de las odaliscas se acercó a ambos para guiarlos a su habitación en un magnifico ritual. En medio de esta despedida, Sakura inclino la mirada con una sonrisa al ver pasar a su tío y Biwako quienes le sonrieron distraídamente en respuesta a ella y a Sasuke que se encontraba a su lado…se veían realmente enamorados, era una pena que su tío no hubiera comprendido sus sentimientos mucho antes, tal vez la felicidad de Biwako seria aun mayor de la que era ahora, pero nada de eso importaba, solo que ambos estaban juntos, Alah sabía cómo escribía el destino, en tanto ella los felicitaría a primera hora de la mañana, una virtud de vivir tan cerca.

-Ven, quiero que hablemos— menciono Sasuke, entrelazando una de sus manos contra la suya mientras la guiaba hacia uno de los divanes.

-¿Qué pasa?— pregunto Sakura, acomodándose la falda al sentarse a su lado, cuando Sasuke usaba ese tono ella sabía que se trataba de algo serio.

-Uno de los inversionistas con los que trate en El Cairo, está interesado en casarse con Mikoto— revelo él por fin, viendo a su esposa fruncir levemente el ceño con desconfianza ante tal propuesta, —establecí bien las condiciones, no te preocupes, pero el contrato solo espera mi aprobación para pactarse— aclaro sabiendo bien cuáles eran los temores de Sakura. —Se trata Kakashi Hatake— alzo la mirada hacia donde se encontraba el peligris para que su esposa lo reconociera.

-¿Busca una primera esposa?— cuestiono ella, porque no entregaría a su hija a menos que estuviera convencida de que sería primera esposa.

-Enviudo de su primera esposa hace algunos años, y no quiere dejar su hogar desatendido— asintió Sasuke, brindándole la explicación que ella merecía tener.

-Quiero estudiarlo primero— contesto Sakura por fin, sin negarse ni aceptar tampoco, precisaba de tiempo para saber con quién estaban tratando.

Los matrimonios de esa índole eran de lo más comunes, lo importante no era el amor al momento de casarse sino que una mujer entrase en un buen matrimonio, con una buena familia que pudiera protegerla si quedaba a la deriva por enviudar, una familia que pudiera velar por ella como si fuese su propia sangre, pero tampoco es como si le hiciera mucha gracia entregar a su aun inocente hija a un matrimonio—cuando fuese mayor de edad, no antes—con un hombre que era casi más veinte años mayor, más afortunadamente tenía tiempo de sobra para saber a qué clase de hombre habría de llamar yerno algún día. Sasuke y Sakura tenían muy claro el destino que querían para sus hijas; ninguna seria segunda esposa, había nacido con privilegios los mantendrían hasta el final de sus vidas, ellos se encargarían de que así fuera, por eso querían que se casaran al alcanzar la mayoría de edad y no antes, para que pudieran tomar sus propias decisiones sin permitir que nadie se metiera en sus vidas. Tal vez fuera porque tanto Sasuke como Sakura habían pasado gran parte de sus vidas en occidente o bien porque se habían casado bajo los mismos principios, el compromiso se había acordado entre sus familias pero ambos había tenido la voluntad de casarse, no habría podido ser de otro modo. Celebrando como siempre que su esposa se adelantase a sus pensamientos con su excepcional inteligencia, Sasuke sonrió ladinamente, entrelazando una de sus manos contra la de ella y haciéndola sonreír ante su silente cumplido.

-Dejo eso en tus manos— lego el Uchiha con total confianza en su criterio, como siempre. —Por otra parte…— añadió en un susurro haciendo que Sakura arquease una ceja en respuesta.

-¿Qué estas tramando, Sasuke?— inquirió la pelirosa, anticipándose a lo que sea que fuera a decir.

-Naruto se interesó por Sarada— informo él calmadamente, absteniéndose de emitir una carcajada ante su pregunta.

-Oh, no, mi hija no será segunda esposa de nadie— protesto Sakura sin siquiera considerarlo, eso hasta que escucho a su esposo reír por lo bajo a su lado, —¿Qué?— pregunto sin saber que le causaba tanta gracia.

-No es Naruto quien quiere casarse, está buscando una esposa para su hijo— explico Sasuke, carraspeando ligeramente para dejar de reír.

-No me asustes así— regaño ella, golpeándole ligeramente el hombro, cubriéndose distraídamente los labios para sofocar una prístina carcajada, —¿y aceptaste?— indago seriamente, más resulta al recobrar la calma.

-Lo considere mucho y es una buena oferta, por eso te lo estoy mencionando— asintió él sinceramente, y merecía la pena intentar ver aquello como una oportunidad.

En cierto modo Naruto había llegado como caído del cielo a Marruecos, Sasuke no iba a negar que la lista de espera de pretendientes que tenía su primogénita no hacía sino crecer día con día, pero muchos de quienes esperaban ser considerados eran completos desconocidos para él, no conocía bien a las familias o simplemente no había tenido ocasión de estudiarlos sumarios apropiadamente, mientras que ni siquiera tenía que estudiar a Naruto o a su hijo a quien ya había conocido personalmente, conocía a Naruto desde que era niño y nunca se habían guardado secretos entre sí, eran prácticamente hermanos, podía confiar tan ciegamente en él como en Itachi y tal vez incluso más, estaba convencido de que él protegería a Sarada si algo le sucedía, además aumentar el capital de su empresa con una nueva sociedad era algo que nunca estaba de más. Sin apartar su mano de la de Sasuke, Sakura no pudo evitar observarlo largamente ante su planteamiento y que si bien tenía como base su preocupación paternal también iba de la mano con su interés en los negocios, para cualquiera parecería un hombre cruel e indiferente que no pensaba en su familia más Sakura sabía bien que esto no era así, Sasuke siempre pensaba en su familia, eran su mayor preocupación, pero lo que si la desconcertaba era su elección del candidato que quería se convirtiera en esposo de su hija, básicamente se trataba de un occidental o más bien un musulmán muy alejado de las costumbres, como si el prestigio y la opinión de la gente no le importaran, era cuando menos divertido.

-Me sorprendes y desconciertas al mismo tiempo, Sasuke— confeso Sakura, intercambiando una ligera sonrisa con su esposo. —Pensaba que querrías que Sarada se casara con un hombre apegado a las costumbres, de gran prestigio y que probablemente fuera mucho mayor que ella— la mayoría de los matrimonios entre musulmanes se hacían siguiendo esa regla, por muy indignante que pareciera. —Naruto, es casi un occidental y se ha alejado de las costumbres, aunque yo no soy quien para hablar— obvio en voz alta ya que ella tenía copa que le pisaran si esa era la cuestión.

-No niego que esa habría sido mi intención, en su mayoría, pero no le haría eso a nuestra hija— prefería que sus hijas fueran felices, y tampoco es como si se ciñera a "lo habitual" dentro del islam, prefería seguir su propio juicio. —Prefiero que Sarada entre en una familia conocida y donde sepa que estará a salvo, Naruto y yo hemos sido amigos desde niños, le confiaría mi vida— Sakura sabia eso y sería mejor para todos poder confiar en l familia a quien entregasen a sus hijas. —Además, ambos obtendríamos beneficios si nos asociáramos— obvio con aparente indiferencia aunque su esposa sabía que solo hacia eso para no parecer preocupado.

-Todos salimos ganando, entonces— sonrió Sakura, completamente de acuerdo con sus decisiones. —Cierra el acuerdo, yo hablare con Sarada— consintió antes de levantarse del diván, volviendo el rostro por encima de su hombro tras dar un paso. —Sasuke, ¿acordaras que la boda tenga lugar cuando Sarada cumpla dieciocho?— inquirió viéndolo asentir en respuesta. —Lo sabía— asumió en voz alta y con fingida arrogancia.

Satisfecha ante esta habilidad especialmente que ambos tenían de leerse el pensamiento con una sola mirada, Sakura le obsequio una última sonrisa a Sasuke antes de internarse en el centro de la fiesta en busca de su hija para darle la buena noticia, aunque tuviera que esperar para celebrar realmente. No podría ser de otro modo, era decisión de ambos mantener a su hijas a su lado hasta que dejaran de ser tan inocentes y tuviera la edad apropiada para descubrir el mundo por sí mismas, además aún faltaban tantos meses para que Sarada cumpliera dieciocho años como los que hacían falta para que su embarazo terminara, tendrían tiempo de sobra para planearlo todo debidamente y para celebrar un nuevo nacimiento, y Sakura ya estaba cruzando mentalmente los dedos para que esta vez fuese otro niño. Disfrutando del curso de la fiesta, Sarada aplaudió distraídamente mientras veía danzar a las odaliscas, sonriendo ante el cadencioso ritmo de la música, estaba alegre, realmente alegre porque Biwako ahora formase parte de su familia como esposa de tío Hiruzen, aunque de todas formas siempre la había visto como la abuela que nunca había tenido, había ayudado a criarla y educarla después de todo, se merecía esa felicidad más que nadie. Más por muy alegre y ensimismada que se encontrase Sarada, nada le impidió percibir el momento en que su madre se situó a su lado, volviendo la mirada a su espalda, dirigiéndole una inmediata sonrisa al verla tan hermosa como siempre, era la mujer más hermosa de todo Marruecos después de todo.

-Sarada, tu padre está cerrando tu acuerdo de matrimonio— revelo Sakura en un quedo susurro para no hacer el asunto de dominio público.

-¿Qué?, ¿Con quién?— pregunto la Uchiha sin saber si estar emocionada o preocupada aunque una parte de su subconsciente deseaba estar muy feliz.

-Ese joven, el rubio de ojos azules— contesto la pelirosa con una maternal sonrisa, alzando la mirada hacia donde se encontraba la familia Uzumaki en compañía de su hijo. —Es hijo de un empresario que es amigo de tu padre y que tiene una larga cadena de clubs a lo largo de El Cairo, Brasil y ahora aquí en Fez— informo ante el evidente interés en la vida mirada de su hija. —Está buscando esposa y quiere saber si estás disponible— obvio ya que no se cerraría ningún acuerdo en cuanto ella no estuviera de acuerdo.

-¡Sí!— respondió Sarada en casi un chillido, cubriéndose los labios ante su propio exabrupto, —perdón, sí— se corrigió apropiadamente, sintiéndose como una boba.

Desde su lugar y cruzando nerviosamente las manos cobre su regazo, Sarada esbozo una tímida sonrisa al encontrar su mirada con la del hombre que habría de ser su futuro esposo y que resultaba encantadoramente atractivo y tan joven como ella, cumpliendo todas sus expectativas, ¿le agradaría?, ¿estaría complacido con ella? Si, se dijo Sarada mentalmente, ella haría que lo estuviera, había heredado el carácter de su padre y la perseverancia de su madre, si deseaba ser feliz solo precisaba desearlo y lo sería. Su madre ya se había acercado a hablar con él para decirle que ya habían encontrado una esposa para él, sin embargo a Boruto no le pareció en lo absoluto tal decisión…hasta que alzo la mirada en dirección hacia donde le señalo su madre; su largo cabello azabache se encontraba cubierto por un velo azul claro y que le facilitaba estudiar su delicado rostro de facciones angelicales, profundos ojos oscuros como dos ónix, piel blanca como el alabastro y expresión de ingenio, con las cenas naturalmente curvas y labios rosados que le resultaron arrebatadoramente deseables. Era ella, la misma mujer a quien había visto danzar día atrás, solo que ahora sabía su nombre. Mi corazón pide perdón por latir en presencia de mi amada, solo le pido a la noche que se alenté al pasar, porque solo tengo esta noche, recito el Uzumaki en su mente al encontrar su mirada con la de ella, prendándose de su sonrisa, hazme promesas, no importa que no pretendas cumplirlas, porque la religión del amor perdona las mentiras de la mujer amada, nunca había creído en el amor, no hasta esta noche, estaba viendo a la razón de su vida a los ojos…

Sarada Uchiha, era hermosa como una diosa.


Las horas suficientes habían pasado, las horas suficientemente apropiadas para que los novios se retirasen a su habitación privada para completar el ceremonial, e inevitablemente nerviosa es que Biwako ingreso en la habitación ya cambiada de ropa en una sencilla bata y camisón de seda blanca, con su largo cabello castaño claro ligeramente encanecido y cayendo libremente sobre sus hombros, ¿quién era ella? una simple mujer cualquiera, alguien insignificante, sin poder, valor, posición ni nada que la hiciera digna de alguien como Hiruzen a quien consideraba un príncipe y que sin embargo se mostraba más cercano que nunca, ataviado en camisa y pantalones de seda blanca, dedicándole una cálida sonrisa que le llego al corazón ante el más leve contacto entre sus ojos. Sin dejar de sentirse nerviosa, Biwako sostuvo el borde de la falda de su camisón para no tropezar al avanzar hacia su señor y ahora esposo quien le tendió la mano, y correspondiéndole es que entrelazo su mano contra la suya y se dejó guiar hacia la cama. Sentándose sobre la cama que se encontraba repleta de pétalos de rosa, resultando tan sublime como las demás flores que adornaban como enredaderas las paredes de la habitación, Biwako intento protestar en cuanto Hiruzen se arrodillo delante de ella con el propósito de llevar a cabo el ritual del lavado de pies y ante el que ella se consideraba indigna, insignificante y poca cosa, prefería prescindir de ello de serle posible.

-Ya no soy más el señor Hiruzen, desde hoy soy tu marido, Biwako— recordó el Sarutobi en voz alta, no era preciso realizar el ritual pero él si deseaba hacerlo para demostrarle su afecto.

-Para mí siempre será el señor Hiruzen— negó ella con renuencia, acataría sus deseos pero eso no quitaría que se considerase indigna de su afecto.

Llevaba toda la vida a su lado, desde que había sido una niñita, siempre seria su fiel amiga y compañera en todo cuanto a él le placiera, él siempre seria su señor, siempre el dueño de su corazón. Sonriendo ante las palabras de Biwako, Hiruzen la despojo con sumo cuidado de los zapatos antes de situar el pequeño recipiente bajo estos y deslizar agua de rosas con la jarra mientras pronunciaba una plegaría tanto en su mente como en voz alta. No hay balanza que pese mi tesoro, la primera mirada vino de los ojos de la amada, es como el espíritu; sobre la faz de las aguas, que dio origen a los cielos y a la tierra. Alzo la mirada hacia Biwako que lo observaba con los ojos relucientes de lágrimas de emoción que lo conmovieron a más no poder, ¿Cómo es que nunca antes había reparado en ella? Era simplemente la mujer perfecta, siempre lo había sido, Alah, bendice mi unión con esta mujer, haz que Biwako me quiera y me traiga paz y alegría en mi vida, oró sin dejar de agradecer que a pesar de todo Biwako siempre hubiera estado a su lado o no habría podido tomar buenas decisiones, ella era en gran parte responsable de toda la harmonía de su vida y lo seguiría siendo, ya no importaba el pasado sino solo el presente y futuro, desde hoy hasta el final de su vida ella sería su esposa, solo eso era importante, nada más.

Un nuevo camino se abría, en las vidas de todos.


Una boda...ja, a lo que Emi realmente creía haber acudido era a un funeral, el funeral de sus esperanzas y sueños, el funeral en que enterraba todas sus posibilidades de ser feliz, ¿a qué más? Biwako era mayor que ella y encima de todo era básicamente una donnadie—sin intención de ofender, claro—, alguien sin poder, sin apellido, sin posición, sin legado, sin nada, y aun así el señor Hiruzen la había elegido y la había convertido su esposa, ¿por qué nadie la veía a ella? Si Biwako si había conseguido un ápice de felicidad tan cerca del final de su vida, ¿qué esperanzas tenía ella? iba a morir seca y sola, tras criar a los hijos de sus hermanos y que nunca habían desatendido sus cómodas vidas para pensar en ella, eran egoístas, ¿cómo no sufrir así, con semejante destino en frente? Al parecer no le quedaba otra opción más que resignarse mientras caminaba por la vacía medina a esa hora de la mañana en que el sol apenas y había despuntado hace menos de una hora, dirigiéndose hacia hogar del señor Hiruzen y donde se estaba quedado, sintiéndose cansada por la fiesta que había durado casi toda la noche en el hotel, tan solo deseando cerrar los ojos y dormir para olvidar los últimos acontecimientos, pues cuanto más frescos los tuviera en la mente, peor se sentiría. Sabía que era egoísta, pero...¿estaba siendo tan exigente?, ¿estaba pidiendo tanto realmente? solo exigía amar y ser amada por igual, el derecho de toda mujer, eso no era algo imposible ni un crimen, ¿entonces porque le era negado?

-Nunca más vengo a alegrar la fiesta de otros, siempre dándoles gusto a ellos— reflexiono Emi en voz alta, negando para si con ira, —y ahora tuve que venir al matrimonio de Biwako, hasta ella se casa, ¿y yo que?— pregunto al aire como si esperase que Alah le contestara.

-¡Emi!— llamo una voz, haciéndola estremecer al reconocer el tono y vibrato, no podía ser…¿o sí?

Montado sobre un caballo blanco, como si fuera uno de esos príncipes retratados en los cuentos, Arsen apareció en la medina portando las tradicionales vestiduras árabes que usaría alguien en el desierto y con un turbante en la cabeza, sonriendo tras nada más verla…su sola imagen y el modo en que estaba vestido eran una declaración; lo había hecho, se había convertido, ya no era más un occidental, ahora podía casarse con ella y saberlo hizo sonreír aún más a Emi quien se sintió flotar entre nubes, completamente obnubilada. Desde su lugar sobre su caballo, Arsen observo a Emi de arriba abajo y tuvo que admitir que, de ser posible, se veía más hermosa que nunca, ataviada en un exquisito vestido de seda fucsia brillante, de escote en V y mangas que se ceñían hasta los codos para abrirse como lienzos, bordado en oro en el contorno del escote, el centro del corpiño, la caída de la tela y las mangas, a juego con el velo que cubría su cabello y que enmarcaba su rostro, parecía un princesa sacada de un cuento, una imagen simplemente perfecta y que Arsen podría haber pasado su vida entera contemplando. Por ella se había convertido al islam, para ser digno de ella, más sabía que el tiempo de vida que les restaba para disfrutar juntos era escaso y la familia de ella se opondría a que estuviesen juntos, pero nada de eso importaba en ese momento, solo que ambos quisieran ser felices y que estuvieran dispuestos a dar el todo por el todo, por ello es que Arsen había aceptado viajar a Marruecos, para lograr ser digno de ella, y verla era simplemente perfecto.

-Arsen…— reconoció la Uchiha con un hilo de voz, apenas y creyendo lo que veían sus ojos.

-¿Nos vamos?— pegunto Arsen directamente y sabiendo bien que ella lo tomaría muy enserio, y él también estaba hablando en serio.

-Claro— acepto Emi de inmediato, dejando de contener la respiración mientras asentía repetidamente sin dejar de sentirse abrumada.

Llevaba toda la vida esperando por ser feliz, ¿Por qué continuar esperando ahora que tenía la oportunidad delante? Todos a su alrededor eran felices menos ella, nadie pensaba en ella ni aun cuando sollozara por ayuda y clemencia, y no pensaba continuar quedándose rezagada y sin hacer nada ahora que Arsen era un musulmán, no un occidental, el matrimonio entre ambos era perfectamente posible y ella quería casarse ¡ya!, ¿qué importaba lo que dijeran sus hermanos? Oh, no pasa nada, a nadie le importa un comino lo que haga, se dijo Emi con una permanente sonrisa, aproximándose al caballo y entrelazando una de sus manos contra la de Arsen quien la ayudo a subir con un solo movimiento, chillando ligeramente a causa de la emoción al acomodarse a su espalda, alisando la falda de su vestido cuando él le sostuvo ambas manos, indicándole que lo abrazara y no se soltara, algo a lo que acepto de inmediato. Habiendo sido dejados atrás por doña Emi a propósito, resulto algo simplemente increíble para Itachi, Sasuke, Sakura e Izumi y sus hijos ver a doña Emi sobre un caballo, abrazando a un desconocido y con claras intenciones de marcharse, ¿qué creía que estaba haciendo? Sus hermanos claramente estaban indignados y eso Emi pudo verlo mientras el caballo se volteaba antes de comenzar a alejarse a trote, por otro lado sus cuñadas parecían felices por ella, a buenas horas, sonrió Emi, mordiéndose ligeramente el labio inferior y sin dejar de abrazar a Arsen, tan dispuesto a marcharse de allí cuanto antes, como ella.

-No voy a ser el camello de sus casas nunca más— proclamo Emi en voz alta antes de alejarse junto a Arsen, sin voltear ni una sola vez porque no iba a arrepentirse de nada.

-¡Que el viento te lleve, Emi!— condeno Itachi, tan furioso como su hermano Sasuke por la locura que Emi estaba cometiendo, incapaz de creer que ella fuese su hermana.

-Que sea muy feliz— suspiro Izumi con un hilo de voz y sin que nadie alcanzara a oírla, cubriéndose los labios tras nada más decir aquello.

Negando en silencio a causa de su propia incredulidad, Sakura e Izumi se sonrieron la una a la otra lo más discretamente que les fue posible, comprendían bien las razones de sus esposos para estar enojados e indignados por el comportamiento de Emi así como por traicionar las costumbres y fugarse delante de sus ojos con un occidental a quien encima de todo desconocían por completo, pero ella no iba a condenarla ni culparla, por un lado siempre habían deseado que Emi se marchara de sus vidas más pronto que tarde e hiciera la propia pero no era por eso que estaban felices mientras contenían sus sonrisas, observando el camino delante de sus ojos y por donde Emi había desaparecido junto a aquel hombre llamado Arsen, Emi había sido un tormento en sus vidas pero también la razón de alegría en las vidas de ambas; de no ser por ella, Sakura nunca se habría casado con Sasuke, y de no ser por ella Izumi habría tenido que tolerar a una segunda esposa con quien compartir a Itachi. Si, en el fondo y a pesar de la antagonista que había sido en sus vidas, iban a extrañarla, porque ya no tendrían que discutir en vano día sí y día también, pero en el fondo cada día que pasaran ambas orarían porque fuera donde sea que estuviese, fuese tan feliz como las había hecho a ambas por planear sus matrimonios.

Si alguien merecía ser feliz a pesar de su difícil carácter, ese alguien era Emi Uchiha, y por fin había escapado de las cadenas que la habían aprisionado para ser feliz, era admirable…


Rio de Janeiro, Brasil

Era señal de madurez, benevolencia y buen juicio que una persona reconociera cuando cometía un error, e Itachi sabía mejor que nadie que tal vez era más humano que su hermano menor, le costaba entender cuándo es que se equivocaba, había estado a punto de tomar una segunda esposa tan solo por causa de su ira y orgullo herido, más en esta oportunidad el Uchiha agradecía de todo corazón haber abierto su corazón y mente al joven occidental a quien tenía el gusto de llamar por su nombre; Haruto, y que en ese momento se encontraba leyendo el Corán sentado en la sala como uno más de sus hijos, porque lo trataba como tal. Occidente era un mundo corrupto, eso es lo que Itachi siempre había oído desde que tenía memoria, se suponía que el mundo del islam era la virtud y dignidad personificadas, el pueblo que Alah había elegido para abrir los ojos al mundo a su voluntad, pero incluso entre sus propios compatriotas Itachi había visto disidencia, caos, deslealtad, ¿no existía acaso la posibilidad de que existiera un punto intermedio? Nunca había considerado esa posibilidad hasta que Haruto había entrado en su casa para pedir que le enseñara el Corán y así ser digno de Ayame para casarse con ella en el futuro, inicialmente solo le había dado oportunidad de intentar demostrar si sus intenciones eran honestas como decía que eran, y los meses bajo su tutela lo habían demostrado ampliamente, pronto les haría saber a ambos que daba su consentimiento para que se casaran, pero en Marruecos.

Izumi e Itachi son felices, el tiempo que cambia todo lo que existe, que quita hasta las montañas y los mares de lugar, también hizo a Itachi más tolerante, ahora admite que Haruto es un buen musulmán y será un buen marido para Ayame.

Sentada sobre el diván a varios pasos de distancia y que su padre consideraba lo suficientemente prudente, Ayame sonrió para sí mientras su madre envolvía uno de sus brazos a su alrededor y el otro alrededor de Hana que apoyaba su cabeza contra su regazo mientras sus hermanos Rai y Yuudai estudiaban en silencio, sentados sobre la alfombra. Las cosas habían cambiado mucho, ya no podía ver a Haruto a solas como antes ni podían salir a cualquier lugar o tener una cita, pero a cambio su relación ya no era un secreto para nadie y si podía continuar viéndolo todos los días solo que en presencia de sus padres y hermanos, después de todo si Haruto quería casarse con ella lo apropiado era que no pudieran tener privacidad o intimidad de ninguna clase porque sería mal visto, al fin y al cabo el noviazgo no existía para los musulmanes…pero para ellos sí. Aun no cedía en su decisión de usar velo, más debía reconocer que estaba comenzando a considerar bien si no usarlo definitivamente era apropiado, el tiempo y Alah le darían la respuesta, y su padre estaba dispuesto a ser paciente y aguardar por su decisión final. Sabiéndose observado, Haruto volvió la mirada por encima de su hombro hacia el señor Itachi que se sentó a su lado para supervisar sus estudios como cada día y a quien saludo con una ligera sonrisa, regresando su atención a la lectura no sin antes dirigirle una distraída mirada a Ayame, ambos siendo observados por Itachi e Izumi que intercambiaron una sonrisa entre sí, parecía como si su felicidad fuera un sueño, algo imposible, y sin embargo la tenían delante de los ojos.

Tantas dificultades habían válido la pena, la felicidad era aún más satisfactoria cuando se sufría para alcanzarla.


Doña Emi y Arsen viven las mil y una noches…

Estirándose somnolienta, Emi sonrió con la cabeza apoyada contra la almohada de su habitación, envuelta tan solo en una ligera sabana, contemplando el sol inundarlo todo y haciéndola revivir un cuento de hadas ante el dosel beige de su cama, como una princesa en un cuento de hadas, y se sentía así, se sentía y era ama y señora en su propia casa como siempre había anhelado con su alma, y su felicidad no hizo sino tonarse aun mayor cuando la puerta se abrió revelando a Arsen quien ingreso con una bandeja repleta de comida. Sonriendo aún más, la Uchiha se irguió sobre la cama, envolviendo distraídamente la sabana alrededor de su cuello y acomodándose el cabello justo antes de recibir un beso en los labios de su parte…que maravillosa podía ser la vida, ¿verdad? Años y años en soledad, años en que ambos habían creído que estaban solos en el mundo e incapaces de encontrar a alguien que los comprendiera y amaran como sentían merecer, pero todo eso había cambiado, ahora todo era diferente porque ya estaban casados. El mismo día de su huida y ante un sheikh habían contraído matrimonio en tal vez la ceremonia más sencilla que pudiera existir pero cumpliendo todos los requerimientos como lo era la presencia de testigos y un contrato por escrito, Arsen había hecho buenos amigos al viajar a Marruecos para trabajar y emprendido un negocio firme, tendrían un buen futuro y eso estaba claro aunque su huida hubiera sido en cierto modo un arrebato de liberación personal y no solo por amor como había parecido.

Hasta ahora no había intentado contactar con sus hermanos en persona pero si lo había hecho por cartas, era lo mínimo ¿no? Le importaba un comino si ellos no querían volver a verla pero seguiría siendo su hermana y estaría ahí para ellos siempre que la necesitaran solo que ahora tenía su propia vida y se sentía plena por ella, con quien si se había encontrado era con Sakura que la visitaba cada semana junto a sus hijos, pidiendo su ayuda para la creación el ajuar de novia de Sarada y planear parte de su fiesta de matrimonio que estaba cada vez más próxima, lo cual la honraba, esa niña era una buena mujer y Emi agradecía poder llamarla su amiga por primera vez luego de tantos años a falta de Izumi quien permanecía en Rio de Janeiro junto a Itachi. ¿Qué pensarían sus padres si la vieran hoy? Emi había dejado de hacerse aquella pregunta hace ya mucho tiempo, solo se lastimaría a sí misma y se impediría ser feliz que era algo de vital importancia para ella, si sus padres vivieran estaba convencida de que desearían que fuera feliz como sus hermanos que habían acabado por perdonar su decisión de huir, el propósito de la humanidad era obtener la felicidad y la alegraba que sus hermanos la entendieran, especialmente Sasuke quien le había enviado una invitación para verla personalmente en la boda de Sarada junto a…Arsen, por lo visto estaba dispuesto a aceptarlo. Entrelazando distraídamente una de sus manos contra la de Arsen, pegando su frente a la suya y sin dejar de sonreír, Emi por fin sintió que el peso que había llevado sobre sus hombros ya no existía, y eso era magnifico.

La felicidad si podía alcanzarse, no era una imposibilidad como se le había hecho creer desde que tenía memoria, hoy era feliz junto a Arsen y lo sería por mucho tiempo más, hasta que Alah decretase lo contrario.


Cerrando la puerta tras de sí al entrar, Sasuke descarto su portafolios sobre uno de los divanes junto con su chaqueta, subiendo apresuradamente las escaleras, había estado fuera de Marruecos por menos de una semana para lidiar con los pormenores de la inminente boda entre Sarada y Boruto, había estado a punto de tomar el avión cuando Tenten le había informado que Sakura había entrado en labores de parto, dos semanas antes de lo esperado y lo cual inevitablemente había despertado su preocupación, más en cuanto cruzo el umbral de la puerta de la habitación de su esposa es que su preocupación se convirtió en alegría ante el escenario que encontró sobre la cama. Los malestares de Sakura tenían nombre; embarazo de mellizos. Recostada sobre la cama y con una radiante sonrisa iluminando su rostro, Sakura acuno en ambos brazos a sus dos pequeños, un niño y una niña, incluso ella había sentido algo de miedo porque el parto se hubiera adelantado pero su felicidad no podía ser mayor, había deseado otro niño y lo tenía, pero una niña…esa sí que era una sorpresa gratamente inesperada, idéntica a su prima con su corto cabello castaño y en honor de quien había decidido nombrarla, Izumi por una gran mujer, y el niño se parecía muchísimo a Sasuke pero tenía cierto aire diferente, más quedo y sereno, mas afable aunque no es que Sasuke no lo fuera, había decido nombrarlo Itachi por un gran hombre y que si bien tenía sus arrebatos de cólera, sabía reconocer cuando cometía un error.

Y si bien algunos de sus hijos han dejado de ser niños para comenzar a formar sus propias vidas, todo en su hogar renace día a día.

Con lentitud, casi como si temiera romper por la impoluta perfección de aquel cuadro que en su mente deseo poder retratar en un lienzo para no olvidarlo jamás—aunque dudaba que pudiera olvidar tan sublime imagen si no había olvidado los nacimiento de sus otros hijos—, Sasuke se aproximó a la cama, no sabía si ambos bebés eran niños o niñas, o si uno era niño y el otro una niña, solo le importaba saber que ambos estaban bien y que Sakura también, saberlo era la razón de su alegría. Sakura y Sasuke tienen todo lo que se podría desear; un hogar feliz, lleno de alegría y risas, su amor probo ser más fuerte que cualquier ley u obstáculo, ambos son una verdadera prueba de amor verdadero e incondicional, por eso tienen el privilegio de ser felices. Apartando finalmente la mirada de sus dos pequeños hijos y que dormitaban en sus brazos con sus pequeñas cabecitas pegadas a su pecho, Sakura sonrió a su esposo con lágrimas en los ojos, recibiendo un cálido beso en la frente y que la hizo suspirar al sentirse plena…lo había entrañado mucho, estar sola durante el parto, sin él cerca, había sido su propia tortura, pero ahora que él estado a su lado ya nada podía perturbar su tranquilidad mientras lentamente le tendía a uno de los bebés para que pudiera cargarlo, sonriendo aún más ante el deje de vacilación que percibió en él ante lo abrumado que se sentía, tanto como ella, habían esperado un hijo, no dos, pero tener a un nuevo integrante en la familia no era motivo de disgusto sino todo lo contrario.

Su alegría continuaría creciendo día a día, Alah mediante.


Como una mujer en un mundo tan restrictivo como lo era la sociedad musulmana, Sarada siempre se había preguntado cómo sería su vida cuando se casara, deseaba mantener su libertad e independencia tal y como había hecho desde niña gracia a la educación que sus padre le habían dado, y en esta que era su noche de bodas, se sentía libre, libre porque el hombre a quien ahora podía llamar gratamente su esposo era un hombre de mente abierta y que había vivido en occidente como sus padres, y como sinónimo de libertad e indecencia es que en lugar de cambiar su ajuar de novia por un camisón y bata siguiendo los usares tradicionales, Sarada ingreso en su habitación vistiendo un elaborado traje de danza del vientre que se componía de un top negó de profundo escote en V que se amoldaba a su figura, bordado en oro para replicar ondas, con decenas de pequeños sarcillos con cuentas en forma de monedas que pendían sobre el vientre y sobre los hombros a imagen del caderin hasta los muslos y falda de velo hasta los tobillos, con un collar de oro de inspiración egipcia—su regalo de compromiso—alrededor de su cuello a juego con un par de largos pendientes en forma de argolla y de los que pendían cinco perlas en forma de lagrima, parcialmente ocultos por su largo cabello azabache que caía tras su espalda como una cascada de rizos hasta la altura de sus caderas, sosteniendo dos espadas, una en cada mano y que envolvía alrededor de su figura como si se tratase de una cortina de velo mientras sonreía.

Sentado sobre la cama tal y como Sarada le había pedido que aguardase a que ella estuviese lista, Boruto sonrió inevitablemente al verla entrar en la habitación, y todavía más al contemplar lo hermosa que se veía sin el ostentoso y regido ajuar de novia, no es que no se hubiera visto hermosa de esa forma, pero así y danzando para él con una sonrisa en su rostro se veía libre, en su propio elemento, esa era su esencia; la libertad, esa era ella, así es como la había conocido y así era como siempre la llevaría en su memoria, hasta el final de su vida. Había visto a muchas mujeres ejecutar la danza del vientre desde que tenía memoria, los clubes de su padre trabajaban con odaliscas y utilizaban sus encantos como entretenimiento pero Boruto jamás había contemplado tanta perfección y belleza en toda su vida, tanta maestría mientras la Uchiha sostenía ambas espadas, envolviéndolas alrededor de su figura como si fueran una extensión de sí misma en un cadencioso vaivén, acercándose y alejándose de la cama, rehuyendo de su mirada con seductora tortura, resultando aún más deseable al parecer inalcanzable. Disfrutando de sentirse observada, de ser el centro de atención, la Uchiha marco el ritmo de la música con el atrayente movimiento de sus caderas, no era tan singular e inigualablemente talentosa como su madre si, y lo sabía, pero había aprendido lo suficiente de ella como para que el viven de sus caderas resultase hipnótico, como el movimiento que ejecutaría una serpiente al moverse.

En movimientos fluidos, como si ambas espadas entre sus manos fueran dos serpientes que se envolvían a su alrededor como un remolino, Sarada sonrió distraídamente al poder palpar la desesperación y pasión en la respiración de Boruto, no necesitaba estar cara a cara con él para saberlo, solo lo sabía, sus ojos se lo decían mientras se envolvía con las espadas y que lentamente dejo sobre el basto cofre tras la cama antes de tomar el velo que había prendido de su falda y en el cual se envolvió, entrelazando sus manos con la tela y con la que formo remolinos entorno a su persona como si se tratase de un abanico, sonriendo. Se sentía libre, no había venido a parar a una prisión como podía parecer, tenía el control de lo que sucedía a su alrededor, ¿Cómo se podía tener control del destino? A través del amor, estaba tan segura de los sentimientos de Boruto por ella que sabia y sentía tener la felicidad al alcance de la mano, solo debía ser lo suficientemente astuta para saber utilizar sus sentidos en servicio de su inteligencia, como su madre le había enseñado. Deshaciéndose de la última barrera infranqueable entre ambos, Sarada se envolvieron una vez más en el velo que dejo caer delante de ella como un muro que se derrumbaba delante de ambos, avanzando lentamente hacia la cama sobre la cual se sentó, exactamente delante de Boruto que se encontraba completamente incapaz de quitarle los ojos de encima, alzando delicadamente una de sus manos para acariciar el rostro de ella que cerró los ojos ante la placentera sensación de su tacto, inclinando su rostro hasta encontrar sus labios con los de él…


Por primera vez en su vida Hiruzen realmente tenia razones para celebrar, se encontraba sentado amenamente sobre uno de los divanes de la sala y rodeado por sus cuatro esposas, Biwako a su diestra en compañía de Anko, y a su izquierda Mito y Naori, por primera vez desde que se había casado con ellas podía tenerla a las cuatro bajo un mismo techo y la única responsable de tal milagro era Biwako quien había tomado el mando de su vida con idéntica presteza que como haría si se encargara de su cocina, y aquello era digno de admirar, ni siquiera Anko discutía ahora, todo era paz y harmonía. Yo también fui bendecido con mi Biwako, ella manda a las otras esposas y no me deja olvidar ser justo con ninguna de ellas, no deja que sucedan tempestades dentro de mi casa. Era Biwako quien llevaba las riendas de su vida, podía seguir vistiendo de forma sencilla y comportándose como si ella fuese la sirvienta y él su señor, pero en el fondo sabía el lugar especial que tenía en la vida del señor Hiruzen, él siempre se lo recordaba, puede que fuera tan solo su cuarta esposa pero en privado y confianza él siempre la trataba como si fuese la primera, la más importante, y aunque fuera egoísta de su parte Biwako se sentía insuperablemente feliz por ello, sentía que no importaba cuantas veces hubiera acallado sus sentimientos en el pasado, el pasado era polvo que se llevaba el viento y que no podía recoger otra vez, pero el presente era suyo para disfrutarlo, para pasar el resto de su existencia junto a su señor, y lo haría gustosamente controlando a esas fieras en el proceso.

-Tío Hiruzen— llamo una conocida voz desde el umbral de la sala, irrumpiendo inconscientemente en la conversación.

Levantándose del diván tras tan solo escuchar aquella voz, Hiruzen sonrió gratamente sorprendido al ver a Sarada ingresar en la habitación en compañía de su esposo Boruto, con una radiante sonrisa iluminando su rostro. Su luna de miel había terminado y ahora la Uchiha se encontraba de regreso en Marruecos, la cuna de su nacimiento, insuperablemente bella con su largo cabello azache cayéndole sobre los hombros como una marea de risos en cuanto se quitó el velo dorado que los cubría y haciendo estacar unos largos pendientes de oro e forma de lagrima con un diamante ámbar en el centro, blusa marrón pardo de escote en V sobre el cual caía un medallón de oro adornado un diamante que brillaba contra la luz, y que cubría holgadamente su figura, ciñéndose a la altura de las muñecas donde se encontraban una serie de pulseras de oro a imagen del fajín de velo a la altura de su cadera y cómodos pantalones blancos, realmente el matrimonio le había sentado divinamente, se veía más hermosa que nunca. Ya había visitado a sus padres y hermanos, pasando especial tiempo con sus hermanos pequeños, pero necesitaba visitar a tío Hiruzen, ¿Cómo no hacerlo? Puede que su padre fuera el gran responsable de su felicidad por acordar su matrimonio con Boruto, pero Sarada bien sabía que no existiría de no ser por su tío, él había hecho que sus padres se casaran, y eso era algo que agradecía cada día, abrazándolo efusivamente en cuanto lo tuvo delante, mordiéndose el labio inferior para no chillar a causa de la emoción.

Rompiendo el abrazo, Hiruzen acuno cuidadosamente el rostro de la Uchiha entre sus manos, analizando a la niña que había dejado de ser y en la mujer en que se estaba convirtiendo, tan parecida a Sakura y sin embargo tan diferente al mismo tiempo, en el mejor de los sentidos. Sonriéndole a su tío, Sarada se aproximó a Biwako a quien abrazo con todas sus fuerzas, refugiándose en su calor maternal y que se asemejaba tanto al amor que su madre le había brindado durante su amoroso encuentro hace menos de una hora. Qué bueno era estar en casa, era una sensación simplemente indescriptible. Al tiempo le gusta contar muchas veces la misma historia; ahora es el turno de Boruto y Sarada de contar su propia historia. En cuanto el abrazo se rompió, Sarada volteo a ver a tío Hiruzen quien con confianza situó una de sus manos tras su espalda al igual que hizo con Boruto, teniéndolos a ambos uno delante del otro, intercalando su mirada con grata alegría, casi le parecía estar reviviendo todo de nuevo, la misma alegría y amor incondicional que había visto en Sasuke y Sakura estaba en los ojos de Boruto y Sarada, ¿viviría para ver el final de aquella historia?, ¿viviría para ver el final de la historia de Sasuke y Sakura? No, nada de eso importaba, el destino estaba en manos de Alah, el presente solo era un regalo del que podían disfrutar si sabían valorar sus gracias, y él lo haría.

Para eso fue que Alah creo a los humanos, para que fueran felices.


PD: ¿qué les puedo decir, mis amores? Me duele tanto como a ustedes tener que cerrar esta historia pero debía tener un final como todo, aunque si por mi fuera no la habría terminado nunca, más estén al pendiente que como prometí continuare actualizando el resto de mis historias e iniciare algunas nuevas, aunque para esto debo terminar un par a las que solo les faltan sus capítulos finales, por lo que manténganse cerca :3 Esta historia esta dedicada a Adri-ojousama, Amairani Sima, BrandiMyu, Butterfly735, DULCECITO311, Gaby Chanii, Kohana, Lucienn21, Lexy15, Maria Fernanda365, RIPmylove, Sevilland, WendySxS, aitza, arantxagodinez, bam.haruno, drsmione, katyvalee, kerencita D Uchiha, starfantasi492, Maria Camila818, MiiA 02 y Natsumi Takahashi a quienes agradezco sinceramente por seguir la historia o considerarla su favorita, realmente lo aprecio y esto es por ustedes, queridos y queridas míos :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Jade El Adib como Sakura Haruno

-Said Rachid como Sasuke Uchiha

-Latifa El Adib como Izumi Uchiha

-Mohamed Rachid como Itachi Uchiha

-Tio Ali como Hiruzen Sarutobi

-Zoraide como Biwako Sarutobi

-Nazira Rachid como Emi Uchiha

-Khadija Rachid como Sarada Uchiha

-Samira Rachid como Ayame Uchiha

-Miro como Arsen Namiashi

-Ze Roberto como Haruto Gekko

-Zein como Naruto Uzumaki

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3