Título: Me, me, he.
Personajes: Arthur, Molly, Bill, Charlie, George, Ron y Ginny Weasley. Menciones de Fred y Percy, además de otros personajes de fondo y OC.
Resumen: Después de la Segunda Guerra Mágica, he incapaz de soportar la culpa por la muerte de Fred, Percy volvió a dejar a su familia. Pasados seis años intento volver, pero una tragedia golpea nuevamente a la familia. ¿Cómo reaccionaran los Weasley ante la pérdida de un nuevo hermano?
Aclaraciones: No soy dueño del universo de Harry Potter. Los personajes le pertenecen a Jotá Ká Roulin,
Advertencias: Muerte de personaje, drama, angustia, hurt/comfort, menciones de pensamientos suicidas.
Probablemente OCC (cambio involuntario de las personalidades).
Notas del autor: Espero que este capítulo sea de su agrado, prometo intentar actualizar al menos una vez a la quincena, los invito a leer mi otro fanfic centrado en Percy: "I'd Rather Be Free".
Dejen sus reviews que eso siempre anima, nos leemos.
Bill pasó una hora y media encerrado en el quirófano, no permitía que nadie entrara Las razones que los médicos trataban de darle caían en oídos sordos, ya nada era importante, sí tenían que usar el quirófano, levantar un informe policiaco o preparar el cadáver de Percy. Su hermanito estaba muerto por la incompetencia de todos, incluyendo la suya propia, quizá con un hechizo podría haberle dado suficiente tiempo para llegar al hospital, pero él hubiera no existe, su hermano había muerto.
Todo parecía ser una mala broma del destino, una jugarreta cruel. Fueron casi diez años sin mantener una conversación real, sin verse fijamente o estar cara a cara y cuando quisieron arreglarlo Percy tuvo que morir.
Cada minuto que pasaba el ambiente se tornaba más pesado, ya no estaba el molesto sonido de la maquina o los golpes a la puerta con un hechizo de protección, era el ruido de sus sollozos inconsistentes. Sus dedos quitaban delicadamente los risos ahora negros que se pegaban a la frente de Percy.
Se veía tan pacifico, ya no tendría que cargar el peso de un trabajo dado a una edad muy precoz, la culpa por las acciones anteriores a la guerra... o posteriores. Tal vez estaba con Fred ahora, por un momento quiso creer que sus hermanitos se habían reencontrado en el más allá, pero algo en su pecho le impidió perder la esperanza.
—Percy... despierta, por favor. —suplicó por milésima vez.
El golpe fuerte en la puerta regreso, cosa que le hizo fruncir el ceño, estaba harto de gritarle a los demás que se largaran, que lo dejaran con su hermano y su dolor, pero parecían no entender. Iba a volver a gritar, pero la voz de una mujer lo detuvo.
—Señor Weasley, por favor... necesitamos el cuerpo de su hermano. —dijo para desagrado de Bill, pero antes de tener la oportunidad de quejarse o callarla, la mujer de voz suave siguió hablando. —El señor Percival es donador, sino preparamos el cuerpo pronto podríamos perder los órganos. Es doloroso, pero ¿está dispuesto a sacrificar la voluntad de su hermano por el dolor? —habló con una voz convencida. —Ha muerto, no va a volver, pero puede hacer algo para darle un propósito a su muerte.
Parpadeó varias veces. El primer instinto de Bill era gritarle a la mujer por su insolencia, ¿cómo se atrevía a cuestionarlo o querer apartarlo de su hermano? En el mundo mágico no era necesaria la donación de órganos, a menos hasta donde sabía. Sí existen pociones para crear huesos de la nada, ¿por qué no órganos? Sin embargo, se contuvo y volteó a ver a Percy.
Había cambiado mucho en los últimos diez años, pero quizá no tenía una noción clara de cuanto, nunca pensó que él haría algo as, claro, la personalidad de su hermano solía ser la de un presumido, pomposo e imbécil, sin embargo, jamás fue una mala persona. Antes de la pelea se preocupaba por sus hermanos al punto de parecer asfixiante, seguramente esa era la razón principal por la que chocaba con los gemelos, dos chiquillos que no medían las consecuencias de sus actos contra alguien que sobre pensaba demasiado las cosas.
La cabeza de Bill daba vueltas, estaba triste, cansado, enojado, frustrado, con demasiadas emociones mezclándose en su pecho. No podía hacerles frente a todas de golpe, la realidad era difícil de procesar por si misma, pero tenía que hacer lo correcto, por mucho que no comprendiera los últimos deseos de su hermanito.
Levantó el brazo con falsa seguridad, abrir la puerta era darle entrada a una realidad cruel, no sabía si al enfrentar esos sentimientos saldría airoso, no después de haber perdido un hermano, no ahora.
—…— movió la mano en silencio e hizo magia no verbal, desprendiendo los seguros mágicos que impedían a la gente pasar.
Escondió su varita para volverse a hincar frente al cadáver de su hermano, dándole una última caricia en el cabello y un beso en la frente.
—Volveré pronto, Perce, te amo. —su voz se quebró.
Los médicos se apresuraron a entrar a la sala, mirando al cadáver con un gesto extraño antes de poner manos a la obra. Tenían el tiempo contado para retirar los órganos que podrían salvarle la vida a alguien.
—¡Vamos! —se escuchó una voz femenina.
Una enfermera dio unos pasos a la cama, su voz fue la misma que lo llamó antes de abrir, parecía ser una mujer del tipo que manda cadenas de gatitos cada mañana, pero ahora las cosa eran ciertamente diferentes, su cara parecía severa, pues como siempre cuando hay un caso así, iban contra reloj.
Inhaló antes de encaminarse a la salida, pero la menuda mujer puso una mano en su hombro antes de decir un: "gracias" y volver a trabajar.
Caminó por el umbral de la puerta, las personas que lo miraron por el pasillo quedaron impactados, no todos los días ves a un pelirrojo manchado de sangre hasta el rostro. Bill no le prestó atención a las miradas confundidas o preocupadas que encontró, tenía asuntos más importantes en los que pensar.
Solo había una familia que no lo volteó a ver, por muy extraño que luciera, una mujer, un hombre mayor y dos niños, todos hablando con un médico de aspecto viejo.
—¡NO! —escuchó la voz angustiada de la mujer. —NO MI MARIDO. —ignoró el ahora grito para seguir caminando.
Había olvidado que más personas había muerto en ese tiroteo, más gente perdió a sus seres queridos, porque el mundo es así, incluso cuando estas sufriendo lo inimaginable, no se detiene, sigue girando y personas a tu alrededor comparten tu dolor, sin siquiera saberlo.
Bill sacó su varita antes de desaparecer, tenía que ir con sus padres, tenía que contarles todo, pero cuando estuvo frente a la puerta de la madriguera se quedó ahí... escuchando la risa de su madre antes de romper en llanto otra vez.
