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Poema 10: Versos de orquídea centelleante
Algún día soleado en Cromópolis. Las Cefalopop anunciaron el regreso del Gran Siluro y Callie, además de un fuerte candidato para ingresar a los E-Sports: 007 o Yesayd, quien estaba viendo esa misma retransmisión desde el salón de su apartamento, mientras mecía a su dormida niña, hasta que sonó el timbre.
- Oh... Realmente es idéntica a mí – Dijo Callie en cuanto Yesayd la abrió las puertas, y vio a la niña tan profundamente dormida, enternecida por esa escena.
- Sí... Realmente ha salido idéntica a su madre, y si ha heredado tu descaro, será la bomba criarla – Asintió Yesayd ladinamente.
- ¿Te estás burlando de mí? – Preguntó Callie un tanto molesta.
- No, es parte de tu encanto, como las centelleantes orquídeas que hablan y juzgan en silencio – Contestó Yesayd sacándola un leve sonrojo.
- ¿...Crees que estamos aún a tiempo de darla a la niña una infancia feliz? – Preguntó Callie mientras observaba a su retoño, clavadita a ella misma.
- Si quieres intentarlo, estaré dispuesto a hacerlo – Contestó Yesayd – Nosotros cuatro somos los únicos que sabemos la verdad, y por ello mismo puedo olvidarme de la remuneración, aunque al menos tu prima me ha pagado lo atrasado a Hacienda, y ha logrado acercarme a mi meta como prometió...
Unos dieciséis años más tarde... En las pantallas se retransmitía un Combate Territorial, parte de los E-Sports, donde participaba un veterano Yesayd, sacándole una sonrisita a una curiosa Inkling.
- Ji, ji... Ahí va padre otra vez – Dijo la Inkling, de unos diecisiete años, era clavada a su madre, si no se tomaba en cuenta que era rubia y tenía los ojos carmesíes de su padre, además de la tez clara. Vestía un chándal morado que escondía una camiseta blanca de tirantes, aderezada con una bufanda de tono vino, una linda falda plateada que llegaba hasta la mitad después de pasar sus rodillas, unas medias negras de pierna completa y un par de botines negros con tacón blanco cristalino, sin poder contener su sonrisa.
- ¿Por qué papá se entinta tanto, Aori-chan? – Preguntó otra Inkling, de unos seis años que compartía parecido con su madre y los colores de su padre, además de tener la tez tan clara como su hermana. Vestía una camiseta negra de manga corta aderezada con un mono vaquerizo añil, unas medias blancas de pierna completa y un par de botines blancos de poco tacón, aupada en los hombros de la susodicha.
- Es como cuando jugamos a entintarnos Hotaru, pero en escala mundial – Explicó Aori de forma resumida a su hermanita.
- No estoy segura de entenderlo... ¡Pero adoro entintar a mi hermana mayor! – Clamó eufóricamente Hotaru, presa de su dicha infantil.
- Aunque no lo seamos 100%... – Pensó Aori, al recordar descubrir que Hotaru era su media hermana pequeña, por la paliza que su viejo recibió por parte de sus dos madres – ¿Te apetece un maxigofre rebozado con nata en el local de Adolfrito?
- ¡Vale! – Asintió la pequeña Hotaru, mientras su hermanita mayor la llevaba en hombros.
Fin de la transmisión.
Y se acabó.
Han sido diez largas y loquísimas semanas, en las que han pasado de todo, tanto en este Fanfic como en la realidad. Hace un año vivía una pesadilla infinita de la que no podía escapar, e incluso llegué a albergar levísimos pensamientos suicidas, pero ahora... Ahora todo está como debió haber estado desde el principio, e incluso he conseguido mucho más de lo que hubiera podido pedir, y aquellos oscuros días han quedado ya MUY atrás en mi memoria. Realmente es impresionante como me ha cambiado la vida en apenas un año.
Y sobre el fanfic, bueno, pues aquí concluye las chorradas del Agente 4, y vemos que sus desinteresados cortejos a Marie provocaron una catástrofe (y recibir una paliza monumental de ambas primas por burro). Y sobre el remake de DLAD, sinceramente creí que lo terminaría teniendo a tiempo, pero lo tengo aún a mitad y por tanto diré: llegará cuando deba llegar, la prisa es una mala consejera.
