Cuando Tweek regresó a su país se prometió muchas cosas, una de ellas fue tener tiempo para sí mismo ya saben, esas cosas tontas como encontrar tu centro, sobre todo porque el miedo lo paralizaba ahora. Tenía que relajarse y estar en un ambiente que no le llenase de estrés.
Obviamente cuando le dio el sí a todos los planes disparatados del detective Tucker mandó todo eso por la borda, y ahí estaba él persiguiendo y tratando de salvar a aquel idiota imprudente, perdiéndose en una edificación que bien podía ser un laberinto y encontrándose con una encrucijada.
Porque justo ahora se hallaba en otro edificio que daba a la ventana de la otra construcción donde Craig Tucker veía amenazada su vida, el rubio podía sentir el peso de su arma en su bolsillo que se hacía cada vez más y más pesada conforme los segundos pasaban, congelado, justo como su terapeuta le dijo. Tenía que hacer algo cada segundo contaba, podría ser la última oportunidad de que el detective saliera ileso.
Tenía que encontrar su valentía, esa parte de él que le gritaba siempre que era mucho más de lo que las personas le daban crédito, más inteligente, más valiente, esa parte que le decía que era más que sus problemas y enfermedades. Esa parte que era capaz de tomar una bazuca y apuntar al enemigo sin dudar.
Tomar, apuntar, disparar.
El sonido del cristal rompiéndose y el enemigo cayendo al piso lo devolvió a su realidad donde era un ser humano de carne y hueso, pudo ver a Craig levantarse el brillo de sus ojos, orgulloso, pero incrédulo, viendo que su vida había sido salvada por un hombre que no olvidaría. Tweek corrió hacia Craig.
Sintió como sus piernas temblaban en cuanto llegó a la habitación, el moreno lo miraba igual de impresionado, sus ojos mantuvieron contacto visual como tratando de comunicar algo.
—¿Y bien? ¿Descubriste algo? —jadeó Tweek en parte porque había corrido y estaba cansado y también porque se le dificultaba respirar.
—Eric Cartman— respondió el detective—, es un nombre que probablemente escucharemos seguido.
—Oh.
—Me salvaste— exclamó Craig como si aún no pudiera creerlo.
—Sí, si que lo hice— el rubio se rio sin saber si había perdido la cabeza— ¿A qué no dedujiste eso?
Craig hizo algo impresionante, algo que el rubio pensó que no sería capaz de hacer gracias a todos aquellos comentarios negativos de su persona, sonrió y se rio, esa noche el rubio descubrió que el detective Tucker poseía una risa gangosa muy graciosa.
—Sí, definitivamente no lo hice— bromeó— ¿Estás bien?
—No a decir verdad creo que necesito sentarme— confesó Tweek exhalando bruscamente—. Creo que se me bajó la presión.
—Puedes sentarte llamaré a Donovan.
Después de lo que casi fue una hora esperando, los elementos policiales comenzaron a llegar, el detective tuvo la decencia de comprarle a Tweek una Coca-Cola de la máquina expendedora en lo que esperaban, definitivamente era una persona extraña. Como sea, Tweek mantuvo agudizado el oído para escuchar lo que Craig le decía al oficial de policía y como se resolvía el caso.
Sin embargo, fue la silueta de una chica lo que le llamó la atención, una con el cabello rubio afresado, sin pensarlo corrió hacia ella.
—¿Cómo es que tú…?
Sus palabras se vieron interrumpidas por la misma chica a la que se dirigía.
—Hiciste un buen trabajo, Craig descubrió todo sí, pero definitivamente tú fuiste un héroe y buen amigo.
Tweek estaba a punto de contradecir sus palabras, hasta que vio como aquel detective de la gabardina se acercó, sus ojos olivo miraron con claro hartazgo a la chica.
—Tricia— dijo el moreno, bueno, al menos Tweek ya sabía su nombre.
—Hermano— saludó esta con una sonrisa petulante, el rubio casi podía sentir como su mandíbula se aflojaba.
—¿¡Son hermanos!?— exclamó incrédulo— ¡¿No eran archienemigos?!
—No veo por qué no podemos ser los dos.
—Oh, vamos Craig sólo estas celoso porque mamá me quiere más y tengo un mejor trabajo que tú.
—Claro, como si ser el perro faldero de seguridad nacional fuera un buen trabajo— torció los ojos el moreno—. Y mamá me quiere más.
—Ah…— Tweek se hallaba sin palabras.
—Está claro que Tweek no quiere presenciar esta conversación Tricia.
—¡Por favor Craig! Creí que observabas mejor, mira todos los signos es obvio que está en shock aun, disparó a alguien— Tricia se enfrascó en toda una deducción de su persona que le hizo pensar a Tweek en la paciencia de su madre como para soportar a dos personas claramente, muy parecidas— Deberías preocuparte más por tu amigo.
—No soy su amigo, Craig no tiene amigos— cortó Tweek a este punto, exasperado—. Me voy a casa, demasiada adrenalina por un día.
El rubio no esperó respuesta y decidió caminar solo, aunque muy pronto descubriría que ya no iba solo, Craig estaba justo detrás de él y en un par de zancadas más, a su lado, Tweek maldijo sus piernas largas y todo su ser larguirucho. No hizo esfuerzo por entablar conversación, no tenía energía, su estómago rugía y solamente deseaba un buen trozo de pizza y su cama mullida.
—¿Sabes? Lo que dije lo dije en serio— rompió el silencio Craig, para sorpresa del hombre más bajo.
—¿Qué?
—Yo no tengo amigos, Tweek— confesó el moreno, no obstante, la mirada intensa que le dio le hizo darse cuenta de un nuevo significado—. Sólo uno.
El hombre parpadeó unos segundos tratando de darles sentido a esas palabras, sus mejillas comenzaron a tornarse rojas antes la connotación, para ser Craig eso resultaba jodidamente entrañable, Tweek esbozó media sonrisa.
—Bueno amigo, vamos a casa y ordenemos una pizza que tú pagaras porque me debes una cena.
—Hecho— aceptó el moreno reflejando la misma sonrisa.
En un par de horas estuvieron cada quien en su sillón con una rebanada de pizza y un mal programa en la tv haciendo ruido, ambos tenían la cabeza en distintas cosas, y estaba bien.
—Craig— se animó a decir Tweek, el moreno lo miró enfatizando que estaba escuchando— ¿Cómo lo haces?
—¿Cómo hago qué?
—Deducción que casi parece que te metes a la cabeza de la persona, llevándote toda su historia e intenciones.
—Soy un buen observador— respondió con simpleza el detective.
—¿Qué más puedes decir de mí?
Craig lo miró, tratando de descifrar el por qué de su pregunta, o tal vez tratando de reunir información para responderlas, eso no lo podía saber Tweek con certeza, después de lo que pareció un minuto Craig comenzó a hablar.
—A pesar de tener un estrés postraumático pudiste manejar muy bien una situación de estrés como la de esta noche, al principio pensé que toda la ansiedad sería producto de eso, sin embargo, vi los medicamentos y las tomas, esos medicamentos me indican que no sólo se trata de estrés ¿no? Tienes un trastorno— comenzó ya dejando al chico sin palabras—. Mencionaste que tocabas el piano y te dije que ya sabía, para comenzar tienes los dedos de un pianista, cuando te estresas parece que tamborileas los dedos, pero en realidad estas tocando notas. La emoción con la que lo dijiste me revela que quizá tu verdadera vocación o lo que te apasionaba era la música. No obstante, eres doctor y fuiste a la guerra ¿Por qué? Considerando que no hablas de tu familia y parece que acerté con lo de tu mala relación con ellos podría llegar a la conclusión de lo hiciste para huir de ellos.
—Brillante— no había nada que Tweek pudiese decir, Craig sonrió engreído.
—¿Y bien? —ante la mirada de incertidumbre del pecoso agregó— ¿tengo razón?
—Sufro de ansiedad oficialmente desde los doce años quizá desde antes— confesó—. La razón por la que no habló de mis padres es justamente eso y su obsesión con las drogas.
La sonrisa de Craig se desvaneció, claramente al no saber cómo se supone debía reaccionar.
—Buenas noches, detective Tucker— se despidió el rubio para ir a su alcoba.
Mas no fue exactamente a dormir, por primera vez había encontrado algo que quería expresar algo de lo que quería hablar en el blog que su terapeuta le encomendó, el titilo era sencillo: Las aventuras de Craig Tucker o el Sherlock Holmes de la vida real.
