Siente culpa; se desvanece. Siente satisfacción; se desvanece. Vuelve a empezar, termina igual.

¿Por qué tiene que estar atrapado en ese círculo vicioso?

Mira sus manos. Aparta la mirada y las deja caer devastado. Sus ojos opacos en un vacío y su alma perdida en sí misma. ¿Seguir o no? ¿Qué hacer, qué querer?

Está bien.

No, no lo está.

Sí, lo sé.

"En algún momento, abandonarás a Gon y lo dejarás morir".

El abrupto filo de sus zarpas se adhiere violentamente en la piel de sus palmas al contraer sus dedos en un vehemente puño. Sus párpados se dilatan y el opaco mar se contrae. Sus labios se entreabren y recitan petizas palabras con matiz macabra.

—Hazlo, Killua. Y jódete.

"Sólo debes concentrarte en tu especialidad. La amistad no existe. El amor no te dará fuerza".

—Sólo muérete, Illumi.

"Espero lo traiciones muy pronto. O él te traicionará a ti".

—Cállate.

"Supongo que está bien. Tú has decidido no seguir el camino de tu familia, entonces, ¿por qué las personas optarían por temerte?"

Su pulso calmó. Sus ojos dudaron. El miedo llegó.

"Entonces… ¿Por qué sigues matando?"

Abrió los ojos cuando lo vio, ahí, parado, despreocupado.

No pudo moverse, ni siquiera fue capaz de desviar su mirada, entre la gente él resaltaba y reconocerlo es parte de lo que su cerebro está compuesto. Incluso cuando varias personas lo rodearon para seguir su camino debido a que se encontraba paralizado a mitad de la banqueta, simplemente lo ignoró. No lo notó.

¿Qué hacía Killua ahí?

No estaba listo para verlo, no aún.

Y esa mirada azul ya estaba sobre él, y así fue como un escalofrío lo recorrió y lo hizo echar un pie hacia atrás. El que el otro abriera sus ojos con suma sorpresa por fin le hizo espabilar y retroceder otro paso, para después dar media vuelta y comenzar a correr.

—¡Gon! —tras unos segundos, la voz de Killua resonó lejos a sus espaldas, lo que le hizo acelerar el paso y esquivar a muchas de las personas que transitaban por las calles. No quería mirar atrás y darse cuenta de que Killua estaba persiguiéndolo.

Pero tampoco quería asegurarse de que lo dejara ir otra vez.

Huyó hacia el primer callejón que encontró, doblando hacia él y saltando hacia el borde de uno de los contenedores de basura y saltando de nuevo, esta vez hacia el alto muro y perdiéndose tras éste, esperando así deshacerse de su perseguidor, si es que éste lo seguía.

Pero Killua se rindió desde que le dio la espalda y se alejó, y aunque lo que más había deseado durante los últimos 5 años era arreglarlo todo… Simplemente no se sentía con el derecho de intentar recuperarlo.

Sólo pudo dejar de admirar el sendero de miedo que dejó Gon, para mirar sus propios pies y horrorizarse aún más.

Gon fue acortando el paso poco a poco, avanzando más lento cada vez hasta simplemente caminar, bajando la mirada que antes no mostraba más que miedo y confusión. Metió las manos en los bolsillos de su gran chaqueta verde, no sin antes acomodarse la bufanda atada alrededor de su cuello, posando parte de la cálida tela sobre su nariz.

Sólo podían verse sus melancólicos ojos cafés, apuntando hacia el suelo. Cualquiera que lo mirase pensaría dos cosas; una, hacía frío pero no el suficiente como para llevar ropa tan bultosa, y dos, acaba de tener una ruptura amorosa.

Y bueno, no estaban tan lejos de la realidad respecto a ello, sólo que su ruptura fue ya hace largos cinco años.

Y dándole igual las miradas ajenas, simplemente continuó caminando, sin atreverse a mirar atrás. Nadie lo detuvo, nadie lo alcanzó. Killua no gritó su nombre una vez más hacia su espalda.

¿Por qué seguía siendo el mismo niño indeciso? Él ya no lo amaba, ese amor fue la causa de tanta mierda en el pasado. Entonces, ¿por qué seguía decepcionándolo no ser perseguido?

Nunca hubo amor de verdad, todo fue una obsesión enfermiza que terminó arrastrándolo. Nunca le dolió terminar con todo eso, nunca se arrepintió.

Y es entonces ahí, cuando se da cuenta de que no comprende por qué, realmente no entiende el porqué.

Estaba llorando en silencio, y eso no podía compararse con aquella vez que gritó destrozado "terminó". Odia ser un indeciso mentiroso.

"No eres indeciso, simplemente intentas engañarte".