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Las caras del arte histriónico

Haciendo mutis

East Lansing, Michigan

18 de septiembre de 2029

10:34 pm

En plena autopista

Pocas veces, la vida nos da una fuerte cachetada que sacude los cimientos de nuestra vida, nuestro credo de vida. No la creencia religiosa o el pensamiento que rige la primera parte del día, sino la idea rectora de nuestras vidas.

Y hay veces en que esa cachetada se presenta en formas extrañas.

Eso es lo que piensa Luan Stein mientras manejaba hasta hace poco con destino a su primer hogar. ¿Qué la traía de regreso o qué asunto tiene en Royal Woods? Eso bien puede responderlo su atuendo.

Normalmente volvería en pantalón y abrigo amarillo y blusa blanca con una liga rosada, dispuesta a traer risas en cada lugar en el que se presente. Ya sea como acróbata, payasa, mimo o simple comediante en el negocio de fiestas que ha llevado desde su juventud, la sonrisa en su cara es casi perenne.

Por desgracia, el asunto que la convocó es muy distinto. Y el pantalón y camiseta celestes están cubiertos de sangre. La sonrisa había desaparecido para dar paso a una mueca inexpresiva, demasiado impropia de ella.

Mirando el asiento trasero, miró a su marido, agonizante.

Benny había recibido varios disparos. Por proteger a su esposa, recibió no pocos disparos durante un asalto en un restaurante de carretera afuera de Meridian en un asalto en el que sólo se vieron envueltos por las circunstancias.

En ese sentido, Luan no era muy religiosa. En su infancia y primera juventud sus padres no tenían tiempo ni ganas de brindar una enseñanza en la que Dios esté implícito, dejando que cada quién eligiera su camino. Salvo ella, creyente presbiteriana, y Lori, católica conversa por matrimonio, la familia tiene una vaga formación teológica. Sin embargo, la presente situación le está dejando en claro que, si hay un Dios presuntamente bueno en algún lugar del cielo, debe de estar riendo en su trono por la cruel broma que le jugó el destino.

No es la primera vez que pasa por un tiroteo. El año de su graduación de la preparatoria un inmigrante chino desquitó su frustración y el abuso del que había sido objeto por dos años matando a tres estudiantes, a la anciana maestra Vaporciyan e hiriendo a otras cinco personas, Lincoln incluido, antes de pegarse un tiro frente a ella. A su hermano, por suerte o por mala puntería del tirador, le dio en la pierna derecha, dejándole impedido para caminar con normalidad. Por ello, trató el tiempo que le quedó en casa de hacer lo posible para que no terminara con una sensación de inutilidad, dividiendo su tiempo entre él, su familia y su hoy cónyuge, dando preferencia al primero.

Trataba de mostrarse fría, pero lo cierto es que no tiene la sangre fría para mantener la calma.

Se supone que pasarían la noche en un motel entre Meridian y Williamston, sitios de paso en la ruta desde Grand Rapids. Dormirían, desayunarían y se encontrarían con la familia en el viejo restaurante, no en el hospital universitario de East Lansing.

.

Amanece. Apenas y responde gran cosa después de haberlo registrado e internado. Consternada, leyó el documento con el que fuera ingresado a quirófano.

Nombre: Benjamin Stein

Edad: 27 años

Estatura: 5' 2''

Peso: 173.25 lbs

Cabello: castaño

Ojos: marrones

Tipo de sangre: A+

Razón de ingreso: heridas múltiples de bala

Fecha y hora de ingreso: septiembre 18 2029 – 23:37

Estado: crítico

Antecedentes…

No tiene muchas esperanzas, en realidad. Antes de perderlo en una zona a la que su acceso está restringido, la mirada que creyó percibir perdía color.

Estando afuera, se vio tentada de encender un cigarrillo. En su condición, con dos meses de embarazo, no es lo más idóneo, mucho menos en el área del hospital. Dicha noticia no era sino el motivo de su proyectada reunión en familia, mas este golpe borró toda la esperada alegría.

-¿Supiste del chico que recién ingresó? -oye a un par de cirujanos residentes.

-Ese tipo ya está más muerto que vivo. ¿Para qué arriesgarse? -dijo una voz femenina.

-Taryn, recibió varios disparos. ¿Por qué no se dieron prisa? -cuestionó el primero.

-No fui quien lo recibió, ¡dile eso a Goldstein! -reprochó la llamada Taryn- Sabes que al jefe no le importa tonar una o dos cosas prestadas de sus pacientes, nada de importancia que vaya a extrañar.

-Ya que lo dices, ¿qué tenía que se puede rescatar?

-Por aquí han escaseado los hígados y…

Reacia a seguir escuchando, se retiró del lugar. ¡Es tan inhumano e injusto! Su juramento, lo entiende porque Lynn empezó sus estudios en posgrado de medicina del deporte, es inquebrantable, infranqueable, como para que se tomaran la libertad de hablar de órganos como si de un mercado se tratara.

Queriendo reportarlos, una enfermera le dio alcance en cuanto se dirigía a recepción.

-Disculpe, señora Stein -dijo la enfermera, una mujer afroamericana algo escuálida pero servicial-, ¿tiene un momento? -Luan asintió- Necesito que firme esta responsiva y esta declaración.

-¿Qué se supone que sea?

-La responsiva es para el descargo de responsabilidad jurídica -responde la enfermera-. Ya sabe, cosas del seguro de vida, gastos… dice que estuvo en un tiroteo?

-U-un asalto -dijo Luan con voz cascada.

-Tendrá que ir a una comisaría a declarar. ¿Tiene algún familiar cerca?

-Mi… mi hermana menor Lucy… -respondió la acanelada-… pero está e-en Lansing. Dijo q-que nos alcanzaba mañana en Royal Woods.

-Puedo llamarla si gusta. El otro oficio -continúa la enfermera- es una declaración de donación de órganos, aunque en su actual estado es muy difícil asegurar si hay esperanza de que se salve. No es obligatorio.

Sabe que no está en sus facultades mentales plenas. Con el ánimo destrozado, la charla de aquellos residentes carniceros aún fresca y con aquella mirada vacía, rehusó a firmar cualquier papel.

En las últimas, decidió cumplir con los votos que Lucy le escribió. Ambos eran de grupos sanguíneos compatibles, y si era necesario, mandará al carajo su propia condición aunque sea por extender un poco más una vida a punto de perderse.

"Todo sea por nuestro amor", pensó antes de recibir una negativa que cambió su vida.

~o~

A ambos lados, una pareja de hermanos la acompañó al parque local.

Odia admitirlo. Detesta el día del padre. Cada vez, desde que tiene memoria, Lara miraba con envidia a sus amigos y compañeros, siendo recogidos por su padre o por ambos. ¿Ella? O su madre o su tío, mismo con quien guarda una relación poco más que tibia.

Mirando de reojo a su madre, la mira encanecida y cansada. No la culpa, y menos cuando ha tenido pleitos serios sobre aquella media con ojos a la que llamó "Benjamin" en la escuela.

Volteando a su tío, le desconcierta. Aquél hombre de cabello blanco hace dos meses que salió de prisión. Sus abuelos nunca se animaron a decirle porqué, y sus tías restantes evaden el tema cuando lo toca. Empero, las pocas veces que pudo ingresar lo veía como un hombre bueno al que le sucedieron cosas malas. Hasta que encuentre un trabajo, el tío Lincoln se quedará con ellas.

-¿Falta mucho? -preguntó Lara.

-Ya casi llegamos, cariño -respondió Luan, recargando su peso sobre su hermano.

-Ya falta poco -secundó Lincoln-. No porque quieras llegar rápido estaremos allí de una vez.

La pequeña lápida a la que llegaron está atestada con viejas ofrendas florales. Unas más recientes que otras, pero que el velador simplemente dejó que se acumularan.

-¿Necesitas estar a solas? -preguntó Lincoln.

Un mudo asentimiento bastó como respuesta.

-Vamos, nena -indicó amable el peliblanco-. Mamá necesita un minuto sin que la escuchemos.

Una vez que se aseguró de que Lincoln y Lara se alejaron lo suficiente, Luan depositó un ramillete de margaritas y flores de manzano.

-¿Adivina quién llegué? -rió, aunque fue una risa desprovista de alegría-. ¿Sabes? Es apenas el primer mes que Lincoln conoce a Lara, y ya ambos empiezan a llevarse bien. Ya empezaron con algunas de tus cosas, y… al menos ella intenta ser feliz aunque le falta un padre.

Con voz quebrada, no dudó en llorar. Le es imposible no romperse ante esa lápida.

-¿Qué hay de mí? -continúa- Trato de seguir como puedo. Mis hermanas nos han ayudado como pueden, aún cuando supieron que Lincoln mató por accidente a ese… a ese monstruo que se decía jefe de residentes. ¡¿Cómo pudo hacerlo, si a Lucy casi le sacan un riñón cuando según fue a donar sangre?! ¡¿Cómo?!

'Te sigo extrañando, mi vida. Salvo cuando salió Lincoln, no he salido con nadie. No se lo he dicho ni a Luna, pero… él lo necesitaba. Yo lo necesité. Fue una sola vez, pero… pero…'

-¿Papá está bien?

La voz de Lara la sacó de su doliente reflexión. La niña, inocente aún sobre la vida y la muerte, apenas entendía un poco lo que dijo.

-Si, Lara -contestó Luan-. Sólo quería hablar con él.

~o~

A veces me odio por finales como este.

Les recuerdo. Este seriado NO está relacionado ni a Serial Jordancoln ni a Semana Luaggie. Mucho menos a Viaje para dos, ya que ese es un universo distinto al resto.

Ya falta poco. Por desgracia, son días en los que no podré destrozar a Benny como hoy.

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