Haikyuu! y todos sus personajes son obra exclusiva de Haruichi Furudate. Sólo escribo por diversión.
Keiji Akaashi no lo quería reconocer abiertamente, pero estaba nervioso. No, la palabra para describir con mayor acierto lo que sentía en esos momentos era ansiedad. A medida que aquel partido progresaba y Tenma Udai y él lo disfrutaban desde las gradas discutiendo cuál estrategia hubiese sido la más conveniente o qué jugada había sido la mejor del juego, Akaashi se había aferrado a uno de los apoyabrazos de metal y lo había estado apretando con fuerza de manera inconsciente; sorprendido, lo soltó como si el metal quemara sus palmas de repente, extrañado y molesto consigo mismo.
Porque sabía lo que le sucedía, más no quería admitirlo.
EL MSBY Black Jackals había ganado finalmente el partido. Akaashi nunca había expresado dudas con respecto al resultado del partido -lo cual era estirar demasiado la verdad, porque lo había pasado bastante mal y tenso casi hasta el último saque - y se había sorprendido gratamente con los avances de Hinata Shōyō, había disfrutado de la adrenalina de vivir - no simplemente presenciar - un partido de vóley de las grandes ligas, de la frustración de cada punto perdido, de la alegría de cada set conseguido y de la euforia por el triunfo del equipo.
Sin embargo, aquella ansiedad que se acompañaba de una sensación extraña en la boca del estómago no desaparecía incluso cuando la gente comenzó a abandonar el estadio. Akaashi se quedó de pie observando sin ver realmente el movimiento de las personas al retirarse por las puertas laterales, las risas y las conversaciones sin contenido que no alcanzaba a oír realmente, su cuerpo debatiéndose entre lo que su corazón le exigía y su mente le ordenaba que hiciera. Sus ojos se desviaron una vez más a la cancha sin jugadores, ahora ocupada por el personal de limpieza y otras personas que no alcanzaba a reconocer, pero que parecían pertenecientes al equipo directivo de la organización.
¿Cómo iba a reconocerlos, si él ya no formaba parte de aquel mundo?
Akaashi suspiró, una sensación nostálgica y pesada instalándose sobre su cabeza. Había decidido dedicarse a la edición, le iba bien y se sentía cómodo y afortunado por el trabajo y el sueldo que tenía pese a que le hubiese gustado pertenecer a otra rama de especialización. Llevaba una vida dentro de todo tranquila, sin demasiados sobresaltos ni exabruptos.
A Keiji Akaashi siempre le había gustado mantener las cosas que lo rodeaban en armonía y cierto control; le gustaba la rutina, la tranquilidad y mantenerse en comunicación con su círculo de amistades. Actual y antiguo.
Y era por eso que se encontraba allí. Si bien era cierto que había adquirido un ritmo de vida pausado, Akaashi sentía a veces la necesidad de realizar actividades impulsivas o de sentir en su cuerpo y mente cierto grado de ansiedad. Había disfrutado y sufrido a partes iguales de aquello en la preparatoria pero, ahora que carecía totalmente de esas sensaciones se sentía, en ocasiones, un poco vacío.
Y aquel vacío podía llenarse de muchas maneras. A Akaashi se le ocurrían cientas de formas para hacer correr la adrenalina dentro de su cuerpo, desde realizar un viaje no programado hasta saturarse de trabajo y no dormir durante días enteros.
Pero, por supuesto, su corazón había sobrepasado y ganado a su mente a la hora de elegir, y antes de lo que le hubiese gustado admitir, había contestado aquel mensaje de texto inesperado que le había llegado hacía unos días atrás.
Akaashi se atrevió a bajar la escaleras del estadio, ahora prácticamente desierto; las luces aún se hallaban encendidas y las pocas personas que aún se hallaban allí no registraban su presencia, por lo que se sintió seguro de lo que estaba haciendo, sus pies moviéndose por voluntad propia.
¿Aquella ansiedad que experimentaba se debía acaso al furor del partido? No, no iba a mentirse a sí mismo. Aquella sensación opresiva y ansiosa la había estado sintiendo hacía días y, conforme se había acercado la fecha del enfrentamiento, Akaashi había notado que ya incluso se había exteriorizado alterándolo aquella mañana en el trabajo.
Aquella euforia, aquella sensación de nerviosismo que se entremezclaba sutilmente con una placidez y cierto júbilo que apenas y le daba vergüenza admitir que sentía, se debían al mensaje que su ex capitán del equipo de preparatoria le había enviado.
Para qué iba a mentirse. Lo había leído varias veces cerciorándose de que se trataba de Bokuto, de que se lo había enviado a la persona correcta y que, después de varios meses de extraño silencio por parte del mayor, le estaba demostrando que aún no se había olvidado de él.
Porque Akaashi le temía al olvido, a que el fino hilo que todavía unía a algunos integrantes del Fukurodani de aquella época se terminara de cortar y que aquellos tres años quedaran finalmente en un simple y grato recuerdo. Y sólo eso. Hasta experimentar el alivio que había sentido al contestarle el mensaje y confirmar que, en efecto estaba dirigido a él, Akaashi no se había percatado hasta qué punto el temor de que alguien como Bokuto Koutarou se olvidara de él lo estaba afectando.
Tampoco podía culpar al pobre hombre. Hacía demasiado tiempo que no se veían cara a cara y unos meses que no se escribían, pero Akaashi creía conocer bien a Bokuto. Sabía que, a diferencia de su vida rutinaria y monótona, su ex capitán llevaba una vida agitada llena de entrenamientos, viajes y partidos, ningún hueco en ella.
Ni siquiera para él.
Chasqueó la lengua cuando aquel pensamiento fortuito lo invadió de la nada misma; había llegado hasta la cancha de vóley sin percatarse realmente de que lo había hecho; repentinamente nervioso por estar invadiendo un territorio privado y siendo sólo un simple espectador, Akashi se alejó de la baranda que lo separaba del suelo de concreto. Uno de los empleados finalmente se percató de su presencia y se acercó a su posición; Akaashi le había hecho un simple gesto para que no lo hiciera, pero ya había sido demasiado tarde.
— ¿Busca a alguien, señor?
— No, sólo...deseaba ver más de cerca la cancha, es todo.
— Ex jugador, ¿eh?
El hombre le sonrió de manera casi cómplice, pero Akaashi fue incapaz de devolverle el gesto. La opresión se volvió más fuerte en su estómago y aquello provocó que, más que una sonrisa, en su rostro se dibujara una mueca que seguro se veía un tanto extraña.
— Sí, nada serio.
— Yo también jugaba en la preparatoria.
Akaashi estuvo tentado en preguntarle a qué preparatoria había asistido porque parecía de su misma edad, pero el hombre se había perdido en sus pensamientos mientras observaba la red. Finalmente suspiró y le devolvió otra sonrisa, ahora un tanto nostálgica. En ese momento, Akaashi se preguntó si aquel sujeto sentía algún remordimiento o si tenía conflictos psicológicos parecidos a los que él estaba sufriendo.
— ¿A quién has venido a apoyar?
Por un momento, el corazón de Akaashi comenzó a latir más deprisa cuando malinterpretó la pregunta; había entendido que le preguntaba por alguien en particular, pero el pobre sujeto le indagaba sobre el equipo. Como si temiera que el otro se percatara de su repentina incomodidad, Akaashi respondió rápidamente.
— Al Black Jackals.
— ¡¿Verdad que son mejores?! Quiero decir, tienen más espíritu.
— Claro.
Akaashi iba a agregar algo más para rellenar el espacio vacío en aquella conversación sin sentido, y justo en ese momento, su teléfono celular vibró en su bolsillo, sobresaltándolo. Lo sacó rápidamente y su corazón comenzó a tamborilear otra vez, ansioso.
"¿Has venido, Akaashi? No te he visto, ¿ya te has ido? ¿me has visto jugar, has visto ese último remate? No voy a permitir que Hinata me robe popularidad."
Era innecesario leer el remitente. Sin proponérselo realmente, las comisuras de sus labios se tensaron hacia arriba mientras decidía qué pregunta contestar primero. ¿Era posible que su verborragia también fuese escrita? Mientras escribía la respuesta más sintáctica que había podido encontrar, se descubrió deseando oír su voz otra vez. Incluso había podido oírla al leer el mensaje que le había enviado.
"Si, no y sí. Estuviste increíble, Bokuto-san."
Aquel sujeto encargado del estadio había seguido hablando, pero Akaashi apenas había registrado su voz. No había prestado atención a lo que estaba diciendo, y para cuando había respondido el mensaje e intentó recuperar el hilo de la conversación, el aparato había vibrado nuevamente con una rapidez inusitada.
Sin embargo, esa vez no se trataba de un mensaje.
Por todos los dioses, no sabía si estaba listo para aquello. Hizo una seña al hombre frente suyo y atendió la llamada, alejándose un poco de la cancha.
— Bokuto-san.
— ¡Akaashi! ¡Tu voz no ha cambiado nada, pero absolutamente nada! Es más, ¡ya estoy esperando que me regañes!
Bokuto Koutarou era eso. Una tormenta, un huracán. Jamás parecía perder las energías, ni en el vóley ni en la vida misma. Arrasaba y golpeaba a su paso con su ímpetu a todo y todos, les cayera bien o mal. Y había pocas personas que podían soportar ese tipo de intensidad en forma crónica.
Y Akaashi Keiji tenía una maestría en el tema.
Mientras apoyaba la espalda en una de las paredes de las gradas y la luz de los reflectores dejó de golpearlo de lleno, se sintió seguro en la semi penumbra al sonreír como un tonto. Si él no había cambiado su voz, Bokuto mucho menos. Aquel tono rasposo que empeoraba cuando se ponía a gritar - como ya lo estaba haciendo, y acababa de contestar la llamada - trasladaron a Akaashi muy lejos de ese estadio, de esa época. Obligó a su mente a quedarse en el presente y a recordarse a si mismo que ya era un adulto, maldita sea.
Sin embargo, le costaba admitirse a si mismo la felicidad que había sentido expandirse por todo su ser al oír su nombre pronunciado de aquella forma tan especial para él, una vez más.
Por favor, que todo siga siendo igual.
Aquel deseo tonto e imposible seguía latente en su mente pese a que intentaba sepultarlo con todas sus energías. No iba a hacerse ilusiones utópicas, estaba claro que ya las cosas no eran las mismas. No habían sido las mismas desde que Bokuto se había graduado y Akaashi había ocupado su lugar en el equipo como capitán; no eran ni siquiera parecidas cuando el tiempo y los años empezaron a transcurrir y la comunicación entre ellos se volvió más alejada y escasa. Bokuto parecía haber mantenido su carácter avasallante durante todo ese tiempo, pero…¿si se trataba de una ilusión a la que Akaashi se aferraba internamente? ¿Y si realmente había cambiado?
— Ya estamos grandes para que te regañe, Bokuto-san.
— Bueno, Atsumu sí que regaña, ¡y bastante feo! ¡Tendrías que oírlo!
Ah, allí estaba.
Su mayor miedo plasmado a menos de 30 segundos de iniciar una llamada telefónica con Bokuto. ¿Tenía algún radar mental para saber qué era lo que no debía decirle...y hacerlo igual? El temor a la comparación con el nuevo setter de Bokuto surgió otra vez; a ese sentimiento sí había logrado sepultarlo, pero si la otra persona se esmeraba y daba justo en el clavo sin proponérselo - estaba seguro de ello, Bokuto era así - estaba más que claro que iba a resurgir, y con todas sus fuerzas.
¿Por qué Akaashi pensaba que ya estaba comparándolo? No lo sabía. Paranoia, creía.
— ¿Y cómo te sientes tú con respecto a eso?
— Mal. Quiero decir, coloca bien, pero…— Bokuto detuvo su hablar explosivo y Akaashi tuvo el reflejo de presionar el teléfono sobre su oreja, temiendo perderse hasta el más mínimo sonido. Lo oyó mascullar sin hablar realmente, y supo que estaba debatiéndose consigo mismo si seguir hablando o no.— ¿Dónde estás? Yo aún en el vestuario.
— Bokuto-san…
Akaashi quería decirle muchas cosas. Sí, quería regañarlo por interrumpirlo cuando iba a hablarle, quería hacerle saber que era de mala educación gritar a la edad que tenían, y deseaba fervientemente que terminara la frase que había empezado y que parecía dudar en continuar. Quería echarle en cara cosas que Bokuto no sabía ni podía manejar, como sus celos infundados a un jugador que no conocía en persona y que no representaba ninguna amenaza real para él. ¿Amenaza de qué, en primer lugar?
Pero se contuvo. ¿Realmente iba a iniciar una discusión en línea con la persona que había ansiado escuchar y ver durante tanto tiempo?
— Estoy en el estadio aún.
— Voy a buscarte. Realmente hace demasiado tiempo que no nos vemos, ¡¿cuánto hace ya?! Akaashi, ¿por qué no me lo dijiste?
— Porque íbamos a vernos hoy, ¿no es así?
— Sí, claro. Escucha, ¿has podido ver ese remate de Ushijima? Cómo lo detesto, no es posible que…
Y hacia allá iba.
Akaashi soltó el aire que había estado reteniendo producto de la incertidumbre mientras Bokuto literalmente no respiraba comentándole jugadas que Akaashi ya había podido ver bien desde otro ángulo. Oyó el sonido de una cremallera, ruidos de puertas y pasos, ecos y otras voces mientras el mayor seguía hablando sin, al parecer, poder detenerse. Mientras lo oía con atención y soltaba monosílabos cuando Bokuto frenaba el monólogo un segundo para tomar aire y seguir, Akaashi se preguntó cuánto tiempo hacía que Bokuto no podía expulsar todos sus pensamientos de manera comprimida como aquella, como él estaba acostumbrado. Ni siquiera había dudado cuando Akaashi le había sugerido la obviedad de un pequeño encuentro luego del partido y eso lo puso, como mínimo, feliz. En el fondo de su mente albergaba la esperanza de poder estar junto a él aunque fuesen sólo unos minutos, pero confirmar que Bokuto deseaba lo mismo, por muy tonto y obvio que fuese, le generaba un placer que no podía describir bien.
Ni siquiera le había preguntado dónde debía aguardarlo o si realmente iba a ir hacia allá, incluso su mente estaba trayendo a colación detalles ridículos como la forma de saludar después de tanto tiempo a Bokuto, ¿debía darle la mano o simplemente saludarlo de manera verbal?...le estaba dando demasiadas vueltas a la cuestión. Era sólo una simple reunión entre dos personas que habían disfrutado jugar juntos en la preparatoria, nada más, maldita sea…
— ...pero si Sakusa también se comunicara un poco más, no…¿has visto la flexibilidad de sus muñecas, acaso? Ah, ¡Akaashi!
El aludido había estado absorto oyendo a Bokuto y delirando al mismo tiempo. Por eso, cuando el último grito lo había aturdido tanto en el teléfono como detrás suyo luego de oír como una puerta se azotaba al ser abierta, no supo cómo reaccionar y apenas pudo girar el torso.
Allí estaba, al fin. Lo que Akaashi veía parecía incluso una epifanía un tanto violenta: la mayoría de las luces del estadio ya estaban apagadas y las gradas a oscuras, por lo que cuando Bokuto abrió una de las puertas laterales - mejor dicho, golpeó la misma y ésta rebotó contra la pared - la luz de los corredores ingresó de lleno, la sombra de Bokuto proyectándose casi hasta donde se encontraba Akaashi, toda su figura entera resplandeciendo por los focos artificiales.
Sobre todo su ancha sonrisa. Pero para eso no necesitaba ninguna luz artificial.
Akaashi retiró lentamente el teléfono móvil de su oreja y lo guardó otra vez en el bolsillo; Bokuto parecía no terminar de comprender que la persona con la que estaba platicando estaba frente suyo, y aún mantenía el aparato fuertemente adherido al costado de su cabeza.
— Bokuto-san.— fue todo lo que Akaashi pudo decir cuando vio al otro avanzar hacia su posición a grandes zancadas mientras dejaba su bolso olvidado en el suelo. Ladeó el rostro y vio de reojo como el muchacho con el que había estado hablando los observaba interesado desde una distancia prudencial.
— ¡Ya deja los honoríficos! Esas gafas te sientan bien, ¿eh? ¿Ya las usabas antes? Creo que no, ¿o sí?
— Yo…
Bokuto no se limitó a detenerse una vez estuvieron frente a frente, sino que, contrario a todos los debates internos que él había sufrido segundos atrás, el mayor ni siquiera había dudado al acercarse y envolverlo con sus brazos. Akaashi se sintió sobrepasado, atrapado, asfixiado y feliz, todo al mismo tiempo. Apenas y pudo devolverle el saludo porque sus brazos habían quedado literalmente apresados por el abrazo ajeno, fuerte e irrompible. Con una calma que no sentía, se limitó a apoyar el mentón sobre el hombro de Bokuto durante aquellos segundos de contacto. Alcanzó a olfatear un aroma agradable, no sabía si era perfume, un shampoo o simplemente el olor natural del otro.
— ¿Cómo has estado? Hace meses que no te veo. ¿Llegaste desde el comienzo? No te pude llamar antes porque bueno, ya sabes, esto del equipo profesional a veces no es tan agradable como quisiera pero no importa, los demás ya se retiraron, ¡¿puedes creerlo?! Ganamos, pero cada uno se fue a su casa. Bueno, o quizás iban a juntarse en algún lado y yo no los oí, pero no escribieron nada en el grupo de line. Da igual, caminemos hacia la salida, aquí me da calor, ¿no tuviste calor durante el partido? No estaban funcionando bien los acondicionadores centrales...ah...Akaashi, creo que ese chico te está haciendo señas a ti, ¿lo conoces?
— ¿Eh?
Akaashi no sabía si realmente sentirse aliviado o agobiado al comprobar que, en efecto, Bokuto seguía exactamente igual que siempre. Se había mareado con todo lo que acababa de soltarle y, cuando soltó la última pregunta casi conectada al comentario anterior, no le entendió de buenas a primeras. Al final, se percató de que no se había despedido del muchacho que le había hablado antes y, antes de salir por la puerta, volteó a saludarlo.
No iba a poder hacer más que aquello, Bokuto lo estaba jalando de la cazadora que traía puesta.
— ¡No me has dicho tu nombre!
— Keiji Akaashi. Hasta la próxima…
Todo había sido demasiado rápido, y Akaashi se descubrió ya en el corredor con Bokuto soltando bufidos molestos por un calor que sólo él experimentaba, avergonzado por no haberle podido saludar a aquel muchacho correctamente. Ni siquiera le había podido preguntar su nombre, cortesía que el otro sí había tenido tiempo de hacer.
— ¿Lo conoces?.— de repente, el tono de Bokuto cambió y llamó la atención de Akaashi.— Tienes los lentes torcidos.
—Ah, sí…— Akaashi acomodó sus gafas a punto de caerse por el puente de su nariz, probablemente movilizados por el ajetreo de hacía unos momentos.
— ¿Quién es?
— ¿Quién es quién?
— Ese chico.
Increíblemente, Bokuto había soltado a Akaashi y éste lo había seguido rumbo a la salida del predio de manera inconsciente, como si fuese la maldita polilla atraída por una luz que para ella resultaba incandescente. La comparación le causó cierta gracia hasta que notó el entrecejo de Bokuto levemente fruncido, un signo de mal augurio a experiencia de Akaashi.
— No, no sé quién era. No pude preguntarle su nombre.
— ¡Pero me acabas de decir que lo conocías!
Salieron del complejo y, en ese momento, Akaashi podía llegar a darle la razón a Bokuto. La brisa nocturna era refrescante en comparación con el clima un tanto sofocante del lugar del que acababan de surgir. Bokuto volvió a bufar mientras bajaba otro par de escaleras; Akaashi no sabía bien adónde se dirigía el mayor en esos momentos, pero aún así lo siguió sin preguntar.
— Lo siento, malinterpretaste mi expresión. No lo conozco.
— Ah.
— ¿Tú?
— ¿Yo? No, yo no.
Bokuto se dirigió hacia el sector de aquel predio reservado para el aparcamiento de vehículos. Como iba rápido y Akaashi apenas podía mantenerle el paso, no pudo ver la expresión de su rostro en el momento en el que había soltado aquella mentira. Porque lo conocía, porque sabía que había dicho aquello demasiado rápido y en un tono un tanto esquivo que sólo luego de un par de años Akaashi había sabido diferenciar del resto. Entrecerró los ojos pensando qué sentido tenía ocultarle cualquier cosa, como si aún fuesen adolescentes vergonzosos…
— Bien, ¿adónde vamos? ¿Quieres ir a algún lugar especial, o vamos a mi departamento? Me mudé hace poco así que no esperes encontrar demasiado orden…¿o quizás quieres que vayamos a tu casa?
— Espera, ¿qué?
Aquello sí que no se lo esperaba. Bokuto frenó de repente y fue imposible para Akaashi esquivar su amplia espalda contra la que chocó de lleno; alcanzó a apoyar ambas manos en la parte posterior de sus hombros para no estrellar la nariz contra Bokuto, pero el impulso igualmente lo obligó a descansar la frente en su espalda. Una extraña sensación en la boca de su estómago, muy diferente a la anterior se instaló provocándole escalofríos.
— ¿No íbamos a cenar algo después del partido?
La voz rasposa de Bokuto resonó en su caja torácica y la vibración se transmitió a la cabeza de Akaashi como si fuera una caja de resonancia. Cerró los ojos, disfrutando de manera insólita de aquel momento. El mayor no había hecho ademán alguno de apartarlo, ni siquiera parecía haberse percatado de que su detención repentina había provocado que el otro colisionara contra él. Ni siquiera se había movido una pulgada por el golpe. Con mayor atrevimiento y ganando coraje de no sabía bien dónde, Akaashi ladeó el rostro y apoyó su mejilla contra la amplia espalda, acercándose un poco más al otro.
Su corazón trabajaba a toda potencia dentro de su pecho y Akaashi temía que en breve se le escapara por la boca. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué aquella cercanía que nunca habían tenido de repente se sentía tan bien?
— ¿Por qué nunca puedo recordar de qué lado aparqué…? Akaashi, ¿estás bien?
— Ajá.
Como si de un adicto se tratase, Akaashi comprendió de repente y con horror interno que no podía separarse de Bokuto. No, no quería hacerlo. El contacto de sus dos manos en los hombros ajenos se afianzó un poco más, apretando. Aspiró otra vez aquella fragancia mientras apoyaba sutilmente la nariz contra la camiseta de Bokuto, embriagándose y obnubilándose un poco más. Ni siquiera se había colocado la chamarra del equipo; osó aproximarse un poco más si era posible, adosando ahora también su torso contra la espalda del mayor. Percibió un movimiento en Bokuto, pero no quiso tampoco abrir los ojos.
Un silencio para nada incómodo se instaló entre ambos adultos en la mitad del aparcamiento, aquella noche de brisa fresca.
De repente, Akaashi sintió el calor de la mano de Bokuto sobre la suya; un suave apretón lo trajo en forma violenta a la realidad, dándose cuenta de lo que estaba haciendo. Aún así, su cuerpo parecía no querer obedecer a su mente y sólo despegó el rostro de la camiseta, observando el hombro derecho del mayor. Su mano aún sujetaba firmemente a Bokuto, y la mano de éste, más grande que la suya, descansaba sobre ella. Akaashi tardó varios segundos en reaccionar ante la visión que sus ojos le brindaban y que su cerebro parecía no querer procesar.
— ¿Si?
— Encontré el automóvil.— Bokuto susurró aquello y a Akaashi le costó entender a qué se refería.— Si estás muy cansado, podemos dejarlo para otra oportunidad.
En ese instante comprendió que Bokuto había malinterpretado su enajenación mental por él como si fuera cansancio. Por eso había murmurado aquello y no había gritado como antes; la decepción se filtró levemente en el tono de Bokuto y Akaashi no supo si sentirse molesto, confundido o enternecido por la conducta del mayor.
— Estoy bien, Bokuto-san. Vamos a tu departamento.
— ¡¿De verdad?! Ya te digo, está todo un poco desordenado todavía, pero es habitable, ¿quieres que llamemos al delivery? No sé si ahí hay algo decente para comer…
— Bokuto-san, ¿vives sólo?
Ninguno de los dos se había movido pese a que el tiempo parecía haber empezado a correr otra vez; de la nada misma, el pensamiento inquieto e irritante de que Bokuto conviviese con otra persona le enervó la mente, y era la primera vez que se le cruzaba por la cabeza pensar en algo así.
— Claro, desde que me fui de casa vivo solo. ¿Por qué?
— Curiosidad.
Bokuto finalmente había volteado y encarado a Akaashi; éste tuvo que retroceder un paso para no toparse de frente con el rostro del otro, pese a que seguía siendo más alto que él. ¿Era su impresión, o era aún más alto que antes? Bokuto lo observaba con una mezcla de confusión y frustración en el rostro, y Akaashi hubiese pagado lo que fuera por saber qué era lo que estaba pensando o qué era lo que le generaba ese debate interno. Un alivio que fastidió a Akaashi recorrió todo su cuerpo después de la respuesta de Bokuto. Bien, parecía ser un terreno seguro. Al final, el otro pareció decidir que no valía la pena y sonrió, retrocediendo un paso hacia el aparcamiento.
— Bueno, vamos.
Bokuto tenía una particularidad que Akaashi siempre había resaltado: poseía la habilidad inherente y propia de sorprenderlo de un momento a otro, como fuera, en donde fuera y de la manera que sea. Akaashi estaba un poco alterado por el contacto anterior y quizás por eso percibió cierta nota personal e íntima cuando dijo aquello en un tono de voz más profundo y bajo. Era eso, o el hecho de que Bokuto había decidido por cuenta propia arrastrarlo otra vez, ahora hacia el vehículo.
Sólo que en esa oportunidad había decidido tomarlo de la mano y llevarlo consigo.
Akaashi se vio jalado hacia el interior del aparcamiento mientras intentaba controlarse un poco. Con la mano libre se acomodó otra vez las gafas mientras intentaba seguirle el paso a Bokuto, presionando su mano sin querer. Por la velocidad que había adquirido Bokuto en esos momentos, no tardaron demasiado en llegar al vehículo en cuestión.
Bueno, Akaashi esperaba encontrarse con algo como aquello. Bokuto soltó su mano mientras desactivaba la alarma de la gran camioneta negra - que podía llegar a parecer incluso un camión pequeño - al tiempo que abría una de las puertas traseras y lanzaba el bolso dentro como si no pesara nada. De repente, la mano de Akaashi se sintió fría y tuvo la necesidad de esconderla dentro de su cazadora mientras aguardaba a que el otro terminara de revisar los espejos laterales.
— Como es un poco grande, a veces tienden a chocarla.— su tono rencoroso indicaba que no era la primera vez que ocurría.— ¡Sube!
Akaashi se tomó su tiempo para subir al enorme vehículo; cuando se acomodó en el asiento del acompañante y logró encontrar el cinturón de seguridad, echó un vistazo general al panel del coche descubriendo con grata sorpresa que estaba todo bastante acomodado para tratarse de Bokuto.
— …podemos pedir incluso en la pizzería que está a unas cuadras de casa, ya las he probado y soy muy buenas, ¿o tú quieres comer algo en especial? A mi ya la verdad a ésta hora me da lo mismo.
— Lo que tú quieras está bien para mi, Bokuto-san.
— Akaashi.
Otra vez, esa molesta sensación en su estómago se instaló al oírlo pronunciar su nombre. Tuvo que aferrarse al apoyabrazos de la camioneta porque Bokuto no sólo había arrancado, sino que ya estaba saliendo del aparcamiento a una velocidad que no le generaba demasiada confianza a Akaashi. ¿En qué momento Bokuto había aprendido a conducir?
— Dime.
— ¿Sucede algo? ¿Tienes sueño o he dicho algo malo? Hablo demasiado y no me doy cuenta, lo lamento.
Akaashi lo miró por el rabillo del ojo; por suerte, Bokuto no lo estaba mirando a él sino que tenía la vista concentrada en la calle. Aún así, Akaashi supo que su ceño y su barbilla fruncidos obedecían a la pregunta que le había hecho y no a la concentración de la conducción. Los ojos del menor se deslizaron hacia abajo al percibir un movimiento a su izquierda; Bokuto había tomado la palanca de cambios en forma brusca. Había cambiado de tercera a cuarta.
Y, movilizado por un impulso desconocido, Akaashi estiró la mano otra vez.
Algo en su fuero interno necesitaba sentir otra vez ese extraño calor que se había extendido por su brazo.
Cuando posó su mano sobre la de Bokuto, sintió la diferencia de temperaturas. La suya estaba demasiado fría, la del otro muy caliente. El mayor le echó un simple vistazo levantando levemente las cejas, relajando el ceño. No le dedicó demasiada atención, volviendo su vista a la carretera otra vez; nuevamente y ante la falta de un rechazo explícito, Akaashi presionó su mano sobre la otra, aún en la palanca. Ante semejante acción, podía sentir su rostro enrojeciéndose por el calor que estaba experimentando en sus mejillas, agradeciendo la oscuridad que había en la cabina.
— No has hecho ni dicho nada malo, Bokuto-san. Aún.
— ¿Cómo que aún? Dame una chance, he madurado. Un poco.
Bokuto se rió de su propio comentario y Akaashi sintió la tensión abandonando el cuerpo de ambos. Su mano hubiese deseado seguir allí, pero el mayor tuvo que detenerse en un semáforo y cambiar la velocidad. Retrajo la mano otra vez al bolsillo suspirando, frustrado.
— Déjame demostrártelo.
Akaashi se sobresaltó al oírlo, no porque sus palabras en sí le sorprendieran, sino por el tono y el volumen en el que había sido pronunciadas. Lo había dicho tan bajo y con tanta convicción, que Akaashi pensó realmente que había pensado en voz alta, porque luego de aquello ya no volvió a emitir sonido, repentinamente concentrado en el tráfico.
Sí, Akaashi realmente deseaba que Bokuto le demostrara aquello, si es que era posible. Ahora, ¿él sería capaz de demostrarle todo lo que estaba sintiendo en aquellas últimas horas?
