Los libros originales son de E.H. yo adecúo nombres, descripciones y situaciones según corresponda a los personajes de Twilight que dicho sea de paso pertenecen a S.M
Capítulo 16 Con la ayuda de amigos
Ante las palabras de El Sincero, el malvado brujo enfureció. Alzó los brazos y lanzó
un terrible hechizo sobre el soldado, convirtiéndolo en estatua de piedra.
El brujo lo colocó en el jardín de tejo, entre los demás guerreros de piedra. Y allí se
quedó, días tras días, mes tras mes, año tras año, mientras los pájaros se posaban en
sus hombros y las hojas muertas caían a sus pies. Su cara inmóvil contemplaba el jardín
y lo que le pasaba por la cabeza, yo no lo sé. Incluso los pensamientos se habían
convertido en piedra...
De El Sincero
Alice no era precisamente respetable. A Jasper no se le había ocurrido hasta que subieron los escalones de la casa de lord Vale. No debería haberla traído para una cita de tarde con los vizcondes, pero le había dicho que era amiga de lady Vale, así que era absurdo dejarla en el hotel.
Por suerte, el mayordomo abrió la puerta en ese momento. Les preguntó sus nombres y los acompañó hasta un gran salón. Al cabo de poco, Vale entró en el salón.
—¡Withlock! —Exclamó Edward, adelantándose y dándole la mano—. Santo Dios, hombre, creía que serían necesarios explosivos para sacarte de ese viejo castillo tuyo.
—Casi —murmuró Jasper, que apretó la mano de Vale con fuerza para que no se la rompiera—. ¿Conoces a la señora Alice Brandon?
Edward era un hombre bastante alto con unas manos y unos pies que parecían demasiado grandes para su cuerpo. Tenía la cara alargada, llena de arrugas verticales que, en reposo, hacía que su semblante pareciera perpetuamente triste. En cambio, su expresión habitual era casi graciosa, alegre y abierta, que provocaba que más de un hombre tuviera una falsa sensación de superioridad.
Sin embargo, ahora mismo, su expresión se había teñido de curiosidad ante la presentación de Alice. Jasper se preparó. Necesitaba la ayuda de Vale pero si el otro hombre decidía insultar a Alice, la defendería a toda costa. La tensión de sus músculos fue instintiva.
Sin embargo, Vale dibujó una sonrisa, dio un paso adelante, tomó la mano de Alice y se inclinó sobre ella.
—Un placer, señora Brandon.
El vizconde se incorporó justo cuando Bella, lady Vale entró en el salón.
A pesar de lo sigilosa que había sido, Vale pareció percibir la presencia de su mujer de
inmediato.
—Mira quién ha venido a visitarnos, esposa —exclamó—. Withlock ha abandonado sus
deprimentes paredes y ha venido hasta el bonito Londres. Creo que deberíamos invitarlo a cenar. — Se volvió hacia Jasper—. Vendrás a cenar, ¿verdad, Withlock? Y usted también, señora Brandon. Si no, moriré de la decepción.
Jasper asintió con elegancia.
—Estaríamos encantados de cenar contigo, Edward, pero esta tarde quería comentar contigo un asunto de negocios. Es urgente.
Vale ladeó la cabeza, como un perro inteligente.
—¿Urgente?
—¿Quiere que le enseñe el jardín, señora Brandon? —murmuró lady Vale.
Jasper le dio las gracias con un gesto de cabeza y observó cómo las señoras salían del salón.
Cuando se volvió, se encontró que los perspicaces ojos de Vale lo estaban mirando.
—La señora Brandon es una mujer encantadora.
Jasper contuvo una respuesta franca.
—En realidad, te quería hablar de ella.
—¿Ah, sí? —Vale se acercó hasta un decantador de licor y lo levantó—. ¿Brandy? Es un poco temprano, lo sé pero, por tu expresión, quizá lo necesitemos.
—Gracias. —Jasper aceptó el vaso de brandy y bebió un trago, mientras notaba cómo el
ardiente licor le bajaba por la garganta—. Lister ha secuestrado a los hijos de Alice.
Edward se detuvo con el vaso a medio camino de la boca.
—¿Alice?
Jasper lo miró fijamente.
Edward se encogió de hombros y bebió un trago de brandy.
—Imagino que también son hijos de Lister, ¿cierto?
—Correcto.
Vale arqueó las cejas.
Jasper meneó la cabeza con impaciencia.
—Ese hombre no está interesado en los niños; quiere a Alice. Intenta recuperarla a la fuerza a través de los niños.
—E imagino que no quieres que regrese a los brazos de Lister.
—No. —Jasper se bebió el brandy de golpe e hizo una mueca—. No quiero.
Esperaba que Vale hiciera algún comentario sarcástico, pero éste parecía pensativo.
—Interesante.
—¿Tú crees? —Se acercó a una estantería llena de libros y se quedó mirando los títulos,
ausente—. Lister no quiere recibirme. A Alice no le importa verla, pero no quiero que se acerque a ese desgraciado. Necesito saber dónde tiene a los niños. Necesito saber cómo alejarlos de él y necesito poder hablar con él.
—¿Y hacer qué? —preguntó Edward, con calma—. ¿Pretendes razonar tranquilamente con él o retarlo en duelo?
—Dudo mucho que responda a razonamientos. —Se quedó mirando la librería—. Si tengo que retarlo a duelo, no tengo ningún problema en hacerlo.
—No es demasiado sutil, amigo mío —murmuró el vizconde—. Sueles ser más astuto.
Jasper se encogió de hombros, porque era incapaz de explicarse sus sentimientos ni siquiera a sí mismo.
—No puedo evitar preguntarme qué significa esa mujer para ti. ¿Es tu amante, por casualidad?
—Yo... No. —Se volvió y frunció el ceño hacia Vale—. ¿No te dijo tu mujer que había enviado a la señora Brandon a mi castillo para que fuera mi nueva ama de llaves?
—Es bastante increíble lo que una esposa le puede ocultar a su marido —reflexionó Vale en voz alta—. Perdí toda mi inocencia a partir de nuestro matrimonio. Pero, sí, al final se dignó a explicarme por qué estaba tan feliz últimamente. —Edward se sirvió más brandy—. Ahora bien, la distancia que has recorrido para ayudar a tu ama de llaves hace que me pregunte sobre la situación del servicio en Escocia. Debe de haber poca mano de obra. —Vale abrió los ojos y bebió un trago.
—Para mí, es algo más que mi ama de llaves —gruñó Jasper.
—¡Maravilloso! —Edward le dio una palmada en la espalda—. Ya era hora. Empezaba a
preocuparme por si tus partes importantes se habían atrofiado y se habían caído por desuso.
Jasper experimentó un extraordinario calor en la garganta.
—Masen...
—Por supuesto, esto significa que mi esposa estará casi imposible —dijo, con el vaso en la
boca—. Se pone como loca de contenta cuando cree que ha emparejado a dos personas y, a estas alturas, estoy seguro de que sabes que envió a la señora Brandon a tu castillo con un objetivo.
Jasper sólo gruñó y levantó el vaso. Las mujeres y sus mecanismos ya no lo sorprendían.
Vale se lo llenó enseguida.
—Háblame de esos niños.
Jasper cerró el ojo y respiró hondo, recordando esas caritas. La última vez que había visto la cara de Charlotte, estaba roja de ira y llena de lágrimas. Maldición, quería una oportunidad para compensarlo. Ojalá Dios quisiera concedérsela.
—Son dos, un niño y una niña, de cinco y nueve años respectivamente. Nunca se han separado de su madre. —Abrió el ojo y miró a su amigo con franqueza—. Necesito tu ayuda, Masen.
—Así que el duque de Lister te ha encontrado —murmuró Bella.
—Sí —dijo Alice. Bajó la mirada hasta el delicado juego de té que tenía en las manos.
Lady Vale había pedido que les llevaran té y galletas al jardín. A su alrededor, estaba lleno de flores y las abejas revoloteaban de una a otra. Era un lugar muy bonito. Sin embargo, Alice tenía que hacer grandes esfuerzos por no llorar.
Lady Vale apoyó una mano en su brazo.
—Lo siento.
Alice asintió.
—Creí que me había ido lo suficientemente lejos para que no nos encontrara, ni a mí ni a los niños.
—Yo también. —Bella bebió un pequeño sorbo de té—. Sin embargo, creo que entre sir
Jasper y mi marido, hay esperanza de que recuperes a tus hijos.
—Dios lo quiera —dijo Alice, con fervor. No sabía qué haría sin sus niños; no se imaginaba la vida sin volver a verlos—. Lister me ha ofrecido devolvérmelos si regreso con él.
Lady Vale se quedó inmóvil, con la espalda recta y sus ojos marrones limpios y fijos en Alice.
Aunque no era una mujer guapa, ya que tenía una cara de lo más común y un tono demasiado ordinario, su semblante era agradable. Además, estaba más serena que la última vez que la había visto, hacía poco más de un mes.
—¿Volverás con él? —le preguntó.
—Yo... —Alice descendió la mirada hasta la taza de té—. No quiero, claro. Pero, si es la única manera de volver a ver a mis hijos, ¿cómo no voy a hacerlo?
—¿Y sir Jasper?
Alice la miró sin decir nada.
—Me he fijado en que... —Lady Vale dudó unos segundos—. No he podido evitar fijarme que sir Jasper ha venido a Londres por ti.
—Ha sido muy amable con los niños —dijo Alice—. Creo que les ha cogido cariño.
—¿Y a ti? —murmuró la vizcondesa.
—Quizá.
—En cualquier caso, creo que debe tener una opinión sobre este asunto.
—No le gusta la idea, naturalmente. —Alice miró a la vizcondesa con franqueza—. Pero,
¿debería importar? Mis hijos me necesitan. Y yo los necesito.
—Pero, ¿y si consigue rescatarlos?
—Entonces, ¿qué? —Susurró Alice—. ¿Qué clase de vida tendría con él? No quiero ser la
amante de otro hombre y, sin embargo, parece que no hay otra forma de estar juntos.
—¿El matrimonio?
—No lo ha mencionado. —Alice meneó la cabeza y sonrió—. No puedo creerme que esté
hablando de esto contigo tan abiertamente. ¿No me desapruebas?
—En absoluto. Recuerda que fui yo quien te envió a su castillo.
Alice se la quedó mirando. Lady Vale tenía el ceño ligeramente fruncido entre las cejas rectas y se estaba frotando la tripa con una mano. Pero cuando vio que Alice la estaba mirando, levantó los ojos y sonrió.
Alice abrió los ojos.
—¿Tú...?
Lady Vale asintió.
—Por supuesto.
—Pero... ¡Pero si ese castillo estaba hecho una pocilga!
—Pero imagino que ya no —respondió lady Vale, complacida.
Alice resopló.
—Casi todo. Todavía hay rincones a los que no me acerco sin un cubo de agua hirviendo y
jabón. No puedo creerme que me enviaras allí sabiendo lo horrible que era.
—Te necesitaba.
—Su castillo me necesitaba —la corrigió Alice.
—Creo que sir Jasper también —dijo lady Vale—. Cuando lo vi, me pareció un hombre muy solo. Y ya has conseguido un milagro; has logrado que venga a Londres.
—Por mis hijos.
—Por ti —dijo lady Vale, con dulzura.
Alice volvió a deslizar la mirada hasta la taza de té.
—¿Lo crees de veras?
—Lo sé —añadió la vizcondesa—. He visto cómo te miraba en mi salón. Ese hombre te aprecia.
Alice bebió un sorbo de té sin decir nada. Aquello era tan personal, tan nuevo y tan confuso, que todavía no estaba segura de querer hablarlo con otra persona, aunque fuera Bella, que había sido tan amable con ella.
Por unos segundos, las dos señoras sorbieron el té en silencio.
Y entonces Alice recordó algo. Dejó la taza.
—¡Ah! Me olvidaba de decirte que ya he terminado de copiar el libro de cuentos sobre los
cuatro soldados.
Lady Vale sonrió complacida.
—¿De veras? ¿Y lo has traído?
—No, lo siento. Lo olvidé por... —Iba a decir «por la preocupación por mis hijos», pero se calló y meneó la cabeza.
—Lo entiendo —dijo la vizcondesa—. Además, en cualquier caso, tengo que encontrar a alguien que me lo encuaderne. ¿Te importaría guardármelo y ya te escribiré cuando tenga una dirección donde puedas enviarlo?
—Por supuesto —murmuró Alice, pero su cabeza estaba con Charlotte y Peter. ¿Estaban
calientes y a salvo? ¿Lloraban por ella? ¿Volvería a verlos algún día en esta vida?
De repente, el té sabía a bilis. «Por favor, Señor, déjame volver a ver a mis hijos.»
—El conde de Blanchard da una comida en honor al rey —dijo Vale—. Y Lister está entre los invitados.
Todavía estaban en el salón, y Edward iba por el tercer vaso de brandy, aunque no demostraba ningún síntoma de ebriedad.
—Blanchard. —Jasper frunció el ceño—. ¿No era el título de Emmett St. Aubyn?
Emmett St. Aubyn era el capitán del 28° Regimiento de a Pie. Buen hombre y gran líder, había sobrevivido a la masacre de Spinner's Falls, aunque después cayó prisionero y murió en el campamento indígena. Jasper se estremeció. St. Aubyn era el hombre del que le había hablado a Alice, al que habían crucificado y quemado vivo.
También había sido un gran amigo de Edward.
Vale asintió.
—El hombre que ostenta el título actualmente es un primo lejano, viudo. Su sobrina ejerce de anfitriona en estas fiestas.
—¿Cuándo es?
—Mañana.
Jasper se quedó mirando el vaso vacío que tenía en la mano. A la mañana siguiente llegaría el barco de Etienne, aunque sólo estaría en Londres unas horas. ¿Sería capaz de ver al duque de Lister y a Etienne en el mismo y breve periodo de tiempo? Seguramente, no. Si iba a la comida, se arriesgaba a no llegar a tiempo para hablar con Etienne. Sin embargo, si tenía que elegir entre los niños y datos nuevos sobre Spinner's Falls, claramente ganaban los niños. ¿Cómo no iban a hacerlo? Significaban la vida mientras que el traidor significaba la muerte.
—¿Supone algún problema? —preguntó Vale.
Jasper levantó la cabeza y miró a los perspicaces ojos del vizconde.
—No. —Dejó el vaso—. ¿Estás invitado a esa gran comida?
—Por desgracia, no.
Jasper sonrió.
—Perfecto. Entonces, puedes hacer algo por mí mientras yo me cuelo en la fiesta de Blanchard.
