Los libros originales son de E.H. yo adecúo nombres, descripciones y situaciones según corresponda a los personajes de Twilight que dicho sea de paso pertenecen a S.M
Capítulo 20 La temida esperanza
El brujo abrió las puertas a la princesa Compasión enseguida, pero cuando ella le
dijo a qué había venido, él se rió. La acompañó hasta el jardín de tejo y le enseñó dónde
estaba El Sincero, frío e inmóvil.
—Aquí tienes a tu caballero —dijo el brujo—. Puedes recurrir a la poca magia que
sepas para salvarlo pero, te aviso, sólo tienes el día de hoy. Si cuando se ponga el sol
sigue siendo un hombre de piedra, te convertiré en su mujer de piedra y decoraréis mi
jardín para la eternidad.
La princesa aceptó el trato puesto que si quería que El Sincero volviera a ser un
hombre de carne y hueso, no tenía otra opción. Durante todo el día, realizó los hechizos
y conjuros que había traído, pero cuando los rayos del sol empezaron a desaparecer, El
Sincero seguía siendo de piedra...
De El Sincero
Tres días después, a Jasper lo despertó un alboroto en la planta principal del castillo. Alguien estaba gritando, muy alterado. Gruñó y escondió la cabeza debajo de la almohada. Levantarse temprano ya no era una prioridad en su vida. De hecho, ya no tenía prioridades. Podía pasarse perfectamente todo el día en la cama.
Sin embargo, el alboroto fue a más, como una tormenta de verano hasta que, sin saber cómo, estaba frente a la puerta de su habitación. Acababa de destaparse la cabeza cuando su hermana entró en la habitación.
—Jasper Michael Withlock, ¿acaso has perdido la cabeza? —le espetó Sophia.
Él se sujetó la sábana en el cuello, como una inocente damisela, y frunció el ceño hacia su hermana.
—¿A qué debo el honor de tu visita, querida hermana?
—A tu propia estupidez —dijo Sophia, sin contemplaciones—. ¿Sabes que me encontré a la señora Halifax en Castlehill, en Edimburgo, ayer mismo y me dijo que os habíais separado?
—No. —Jasper suspiró. Tejón también se había despertado con el escándalo y avanzó por la cama para lamerle los dedos—. ¿Y también te dijo que su nombre real no es señora Halifax?
Sophia, que hasta ahora iba de un lado a otro de la habitación, se detuvo, con expresión de alarma.
—¿No es viuda?
—No. Es la antigua amante del duque de Lister.
Sophia parpadeó y luego frunció el ceño.
—Pensaba que quizá todavía estaba casada. Si ha dejado a Lister, quien fuera antes poco
importa. —Ignoró el escandaloso pasado de Alice con un movimiento de la mano—. Lo que importa es que te vistas ahora mismo y vayas a Edimburgo y te disculpes con ella por lo que sea que hayas dicho o hecho.
Jasper miró a su hermana, que estaba abriendo las cortinas con brío.
—Te agradezco que des por sentado que la separación es por mi culpa.
Ella se rió.
Él continuó.
—Pero, ¿qué crees que debería hacer después de disculparme? No aceptará vivir aquí.
Ella se volvió hacia él y apretó los labios.
—¿Le has pedido que se case contigo?
Jasper apartó la mirada.
—No.
—¿Y por qué no?
—No seas estúpida, Sophia. —Le dolía la cabeza y sólo quería volver a la cama y dormir... quizá para siempre—. Ha sido la amante de uno de los hombres más ricos de Inglaterra. Ha vivido toda su vida en Londres o cerca de la capital. Deberías haber visto las joyas y el oro que Lister le regaló. Quizá no te hayas dado cuenta, pero soy un tipo deformado y con un solo ojo que se acerca a la cuarentena y que vive en un sucio y viejo castillo en medio de la nada. ¿Por qué demonios iba a querer casarse conmigo?
—¡Porque te quiere! —gritó Sophia.
Él meneó la cabeza.
—Quizá diga que me quiere...
—¿Lo admitió delante de ti y no hiciste nada? —Sophia parecía escandalizada.
—Déjame terminar —gruñó él. Le dolía la cabeza, todavía tenía el sabor en la boca de la
cerveza que se había bebido la noche anterior y no se había afeitado desde que Alice se había ido. Sólo quería terminar con todo eso y volver a la cama.
Su hermana apretó los labios y agitó una mano con impaciencia para que continuara.
Él respiró hondo.
—Puede creer que me quiere, pero ¿qué futuro va a tener aquí conmigo? ¿Qué futuro tendría yo si se cansa de mí y me deja?
—¿Qué futuro tienes ahora? —respondió Sophia.
Él levantó la cabeza muy despacio y la miró. La expresión de su hermana era feroz pero detrás de los cristales redondos de las gafas sus ojos estaban tristes.
—¿Pretendes pasar el resto de tu vida viviendo solo? —le preguntó Sophia, despacio—. ¿Sin hijos, sin amigos y sin una amante o compañera con quien hablar por las noches? ¿Qué vida es esa que proteges tan desesperadamente del abandono de Alice? Jasper, debes tener fe.
—¿Cómo puedo hacerlo? —susurró él—. ¿Cómo puedo hacerlo cuando, en cualquier
momento, todo puede cambiar? Cuándo puedo perderlo todo —Se acarició las cicatrices—. Ya no creo en los futuros felices, ni en la buena suerte, ni en la fe. Perdí la cara, Sophia.
—Entonces, eres un cobarde —dijo su hermana, y fue como una bofetada.
—Sophia...
—No. —Meneó la cabeza y estiró los brazos hacia él—. Sé que será más duro para ti que para la mayoría. Sé que no te quedan ilusiones sobre la felicidad, pero maldita sea, Jasper, si dejas que Alice se vaya, ya puedes morirte hoy mismo. Te rendirás y reconocerás no que la felicidad es caprichosa, sino que no tienes ninguna esperanza de felicidad.
Él respiró hondo con mucho dolor. Notaba como si tuviera el pecho lleno de cristales clavados y que cortaban y se abrían camino hacia su corazón. Lo desangraban.
—No puedes cambiar tu cara, igual que ella no puede cambiar su pasado —dijo Sophia—.
Ambas cosas están ahí y no desaparecerán. Pero tienes que aprender a vivir con tus cicatrices, igual que Alice ha aprendido a vivir con su pasado.
—He aprendido a vivir con mi cara. Quien me preocupa es ella. —Cerró el ojo—. No sé si puede vivir conmigo. No sé si soportaría que no pudiera.
—Yo sí lo sé. —Jasper la oyó acercarse—. Puedes soportar cualquier cosa, Jasper. Ya lo has
hecho. Un día le dije a Alice que eras el hombre más valiente que había conocido. Y lo eres. Te ha pasado lo peor y no tienes ilusiones en la vida. Ni siquiera me imagino el valor que necesitas cada día para levantarte de la cama, pero ahora te pido que busques y encuentres un valor mucho mayor.
Él meneó la cabera.
La cama se hundió y Jasper abrió el ojo y vio que su hermana estaba a su lado, con las manos delante del pecho como si estuviera rezando.
—Dale una oportunidad, Jasper. Dale una oportunidad a tu vida. Pídele que se case contigo.
Jasper se trocó la cara con las manos. Dios, ¿y si tenía razón? ¿Y si estaba tirando por la borda una vida junto a Alice por tener miedo?
—De acuerdo.
—Bien —dijo enseguida Sophia, que se levantó de la cama—. Ahora levántate y vístete. Mi
carruaje nos está esperando. Si nos damos prisa, pódenos llegar a Edimburgo esta misma noche.
Alice estaba comprando en High Street, cuando oyó un grito. Hacía un día soleado y precioso y la calle estaba abarrotada. Cuando llegaron a Edimburgo, había decidido quedarse unos días y comprar ropa nueva para Charlotte y Peter. A Peter le empezaban a asomar las muñecas por debajo de los puños del abrigo. Estaba absorta en las telas, los cortes y el escandaloso precio de unos zapatos para niño, así que no se volvió de inmediato para ver qué había pasado.
Al menos, no hasta el segundo grito.
Entonces, se volvió y vio a una joven que se desmayaba con mucha gracia en los brazos de un sorprendido caballero que llevaba un precioso abrigo de color burdeos. A su lado estaba Jasper, mirando con el ceño fruncido a la chica, que se había asustado de forma muy teatrera cuando le había visto la cara.
Jasper levantó la mirada y la vio y, por un momento, su expresión se quedó vacía. Y entonces empezó a abrirse paso entre el gentío hacia ella, sin dejar de mirarla ni un segundo.
—¡Es sir Jasper! —exclamó Charlotte, cuando al final lo vio.
Peter tiró de la mano de su madre.
—¡Sir Jasper! ¡Sir Jasper!
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó Alice cuando lo tuvieron delante.
En lugar de responder, se arrodilló frente a ella.
—¡Oh! —Alice se apoyó una mano encima del corazón.
Él le entregó un ramo de flores silvestres marchitas y las miró con el ceño fruncido.
—Hemos tardado más en llegar a Edimburgo de lo que imaginaba. Toma.
Alice las aceptó y se las colocó en el hueco del codo como si fueran las rosas más preciosas del mundo.
Él la miró, con el ojo marrón firme y centrado exclusivamente en ella.
—Te dije que si algún día te cortejaba te traería flores silvestres. Pues bueno, ahora te estoy cortejando, Alice Carter. Soy un hombre solitario y deformado, y mi castillo es un desastre, pero espero que algún día aceptes ser mi mujer a pesar de los pesares, porque te quiero con todo mi pobre y abatido corazón.
A esas alturas, Charlotte casi estaba dando brincos de emoción y Alice sabía que tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Oh, Jasper.
—No tienes que responder ahora mismo. —Se aclaró la garganta—. De hecho, no quiero que respondas todavía. Me gustaría tener tiempo para cortejarte en condiciones. Para demostrarte que puedo ser un buen marido y que tengo fe en el futuro. En nuestro futuro.
Alice meneó la cabeza.
—No.
Él se quedó inmóvil, con la mirada fija en su cara.
—Alice...
Ella alargó la mano y le acarició la mejilla deformada.
—No. Me has hecho esperar mucho tiempo. Quiero casarme contigo enseguida. Quiero ser tu esposa, Jasper.
— Lo siento mi señora.
La abrazó y le dio un beso poco casto en medio de High Street, delante de Dios, de la
boquiabierta muchedumbre y de sus hijos.
Y Alice nunca había sido tan feliz.
Seis semanas después…
Alice estaba tendida en la enorme cama de la habitación de Jasper, que ahora era su
habitación, y se desperezó lujuriosamente. Era oficialmente, desde las diez de la mañana, lady Withlock.
Habían celebrado una pequeña ceremonia con la familia y unos cuantos amigos, pero su padre había podido asistir, y también habían venido lord y lady Vale, los cuales en realidad, eran los únicos que importaban. Vio que su padre se había emocionado cuando la había visto salir de la iglesia de Glenlargo.
Se quedaría con ellos una semana o diez días, y estaba en una habitación en el piso inferior.
Charlotte y Peter estaban exhaustos después de un día tan lleno de emociones. Estaban en la habitación de juegos, un piso por encima de ellos, con Meg Campbell, antigua doncella que había sido ascendida a la categoría de niñera. Jasper ya estaba hablando de contratar a una institutriz para los niños. Tejón había doblado su tamaño en el último mes y medio y, seguramente, estaría dormido en la habitación de Peter, aunque se suponía que tenía que dormir en la cocina.
—¿Admirando tus nuevas cortinas? —La voz grave de Jasper llegó desde la entrada.
Ella giró la cabeza y le sonrió. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con una mano detrás de la espalda.
—El azul queda precioso, ¿no crees?
—Creo —dijo él, mientras avanzaba hacia la cama donde se encontraba ella—, que lo que yo crea no va a tener ningún peso en la decoración de mi castillo.
—¿De veras? —Alice abrió los ojos—. Entonces, sin duda no te importará que pinte tu
despacho de color castaño rojizo.
—No tengo ni idea de qué color es ése, pero no suena demasiado bien —dijo, y apoyó una
rodilla en el colchón—. Además, creía que habíamos acordado que podías hacer lo que quisieras con el resto del castillo siempre que dejaras mi torre al margen.
—Pero... —empezó a decir ella, que pretendía seguir tomándole el pelo.
Él pegó los labios a su boca y la silenció con un largo beso. Cuando levantó la cabeza, ella lo miró a la cara como si estuviera en un sueño y susurró:
—¿Qué tienes detrás de la espalda?
Jasper se tendió a su lado, apoyado en un codo.
—Dos regalos, uno pequeño y otro un poco más grande. ¿Cuál quieres primero?
—El pequeño.
Alargó el puño cerrado, lo abrió y le enseñó un limón.
—En realidad, es un regalo que viene con una condición.
Ella tragó saliva, porque recordó la última vez que utilizaron un limón para evitar la concepción.
—¿Cuál?
—Sólo lo utilizaremos si tú quieres. —La miró a los ojos y vio una esperanza reprimida—. Estoy feliz de quedarnos como estamos, con Charlotte y Peter, durante el poco o mucho tiempo que quieras. Pero, si decides renunciar a esto —añadió, jugueteando con el limón entre los dedos—, me harías muy feliz.
Ella se echó a llorar como una boba.
—Entonces, creo que prefiero utilizar el limón para hacer limonada.
Jasper no respondió, aunque el apasionado beso que le dio lo dijo todo. La idea de tener un hijo en común, en algún momento, le encantaba.
Cuando pudo recuperar el aliento, Alice pregunto:
—¿Y el otro regalo?
—En realidad es más un ofrecimiento. —Sacó un ramo de flores silvestres—. Al menos esta vez no están marchitas.
—Me encantan las flores marchitas —dijo ella.
—Soy muy afortunado por tener una mujer que se conforma con tan poco —Se puso serio—. Me gustaría hacerte un regalo de boda. Quizás un collar, un vestido nuevo o un libro especial.
Piénsatelo y ya me dirás que has decidido.
Alice había sido la amante de un duque. La había inundado de joyas y vestidos, y todo eso no la había hecho feliz. Ahora ya había aprendido la lección.
Alargo la mano y le recorrió las cicatrices de la mejilla.
—Sólo quiero una cosa.
Él volvió la cabeza para besarle la mano.
—¿Y qué es?
—A ti —susurró, antes de que él se colocara encima de ella—. Solamente a ti.
Epílogo
La princesa Compasión levantó los ojos hacia el cielo vio que había
fracasado. Dentro de poco se uniría a su héroe en un sueño petrificado.
Desesperada, abrazó la fría cintura de piedra de El Sincero y le dio un beso
en los congelados labios.
Y entonces, sucedió algo muy extraño.
El color y la calidez invadieron el rostro gris de El Sincero. Sus
extremidades volvieron a ser de carne y hueso y su pecho se hinchó,
llenándose de aire.
—¡No! —gritó el brujo, y levantó los brazos para lanzarles un hechizo a
los dos.
Sin embargo, un grupo de golondrinas apareció de repente y se abalanzó
sobre él, picoteándole los ojos y la cabeza. El Sincero sacó la espada y, con
un único movimiento, le cortó la cabeza.
En ese mismo instante, las golondrinas cayeron al suelo y se convirtieron
en hombres y mujeres que se arrodillaron ante El Sincero. Hacía mucho
tiempo, habían sido criados del castillo, antes de que el brujo se lo robara a
un príncipe y los hechizara. Al mismo tiempo, las estatuas de los caballeros
y guerreros cobraron vida, y resulta que eran hombres que habían
intentado rescatar a la princesa y no lo habían conseguido. Se arrodillaron
a la vez y prometieron servir a El Sincero.
El Sincero dio las gracias de forma solemne a los criados y a los
caballeros y luego se volvió hacia la princesa. La miró a los ojos y dijo:
—Ahora tengo un castillo, criados y caballeros, y antes sólo tenía la ropa
que llevaba. Pero renunciaría a todo por tu amor, porque te quiero.
La princesa Compasión sonrió y le acarició la cálida mejilla.
—No tienes por qué renunciar a tu recién adquirida riqueza. Ya tienes mi
corazón, y es tuyo desde el día que me entregaste el anillo del brujo y no me
pediste nada a cambio.
Y entonces le dio un beso.
FIN
Si llegaste hasta aquí te doy infinitas gracias porque se que con esta última parte me retrase bastante sin embargo te agradezco el seguir con estas historias y tenerme paciencia!
Como de costumbre nos acercamos al final… nos queda la última historia (que emoción!)
Te dejo aquí el tráiler del próximo libro… como seguramente has sospechado desde Tentación americana, Licencioso Pecador y con someter a un salvaje sabremos que sucedió en spinners falls y quizás descubramos al traidor, les dejo el tráiler:
Emmett St. Aubyn se ha pasado los últimos siete años en un infernal cautiverio. Ahora,
medio atormentado por las fiebres, llega a su hogar reclamando sus derechos. ¿Puede este
hombre con esa apariencia salvaje ser el heredero del último conde, aquél al que todos
daban por muerto a mano de los indígenas años atrás?
Sólo Rosalie puede ver tras ese salvaje al noble hombre que hay en su interior. Por su parte,
Emmett no puede evitar sentirse atraído por esa preciosa dama, aunque sospecha que le es
leal a su tío. Pero, ¿podrá el amor de Rosalie apaciguar a un hombre que no se detendrá ante
nada con tal de recobrar lo que es suyo, incluso si eso implica sacrificar su inocencia?
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