Sakurafubuki

Capítulo 2


Los días seguían pasando y aún no habían encontrado algo relevante que las ayudara avanzar en el caso, pero lo que más las preocupaba era la tensa pausa que los terroristas se estaban tomando. Estaba por cumplirse un mes de su último ataque y no habían hecho movimiento alguno desde entonces, y no eran lo suficientemente optimistas para pensar que las medidas tomadas al desplegar sus unidades hubieran servido para frenarlos.

Ese era el tema principal durante la junta matutina de ese día.

–Por más recursos que pudieran tener debieron acabar con la mayoría después del último ataque, y quizá se están reabasteciendo –fue la conclusión a la que llegó Kanade– Aunque saber eso tampoco es algo bueno.

–Si ese fuera el caso, –reflexionó Hibiki– ¿Cómo es que tienen la capacidad para consiguen el material para hacer los explosivos? La segunda división ha cortado muchas líneas de entrada clandestina de mercancías peligrosas en los mercados negros en los últimos años, así como capturado a algunos de sus líderes.

–Es verdad que muchos de los traficantes más habilidosos estén bajo nuestra custodia pero eso no quiere decir que los tengamos a todos. –dijo con calma Shirabe– Sabes que siempre habrá gente nueva que descubra otra manera de hacer las cosas.

Lamentablemente todas tuvieron que darle la razón a su compañera más joven.

–Hay una idea que ha estado rondando en mi mente sobre el silencio que están guardando los terroristas. –habló Tsubasa– Quizá alguien se está beneficiando de los daños colaterales que están provocando.

–No había pensado en esa posibilidad. –intervino Chris, para después voltear a ver a Miku– Podrías investigaras a los propietarios de edificios asegurados que se vieron afectados por todo esto.

–Déjenmelo a mí.

–¿Seguiremos con los patrullajes nocturnos? –preguntó Kirika– No siento que estén ayudando de alguna forma.

–Concuerdo con ella. –Shirabe volvió a tomar la palabra– No podemos seguir yendo de un lado a otro sin una dirección especifica, sólo estamos gastando energía en una tarea que no está dando resultados.

Kanade asintió.

–Tienen razón, hablaré con el comandante sobre ello. –por la tarde iría al cuartel general y buscaría a su papá para pedir la cancelación de dicha tarea– Bueno, creo que eso sería todo lo que teníamos que tratar por ahora, vayamos a cumplir con las obligaciones de los policías normales.

–Espera Kanade. –habló Miku antes de que se levantaran de las sillas– No hemos decidido nada de la visita escolar del próximo viernes.

–Ah, es verdad. Lo había olvidado. –se cruzó de brazos pensativa– ¿Qué se supone que tenemos que hacer?

Miku suspiró resignada, sabía que no era un tema que tuviera prioridad para ellas, pero tenía tres días comentándoselo a Kanade y ella había jurado que preguntaría sobre qué trataba todo. Afortunadamente Miku ya había previsto este olvido y se dio a la tarea de averiguar con los otros policías sobre cómo llevar a cabo dicha excursión. Tenían experiencia pues el jardín de niños solicitaba realizar dicha actividad al comienzo del curso escolar con los alumnos de nuevo ingreso.

–Tenemos que preparar material didáctico para explicarle a los niños normas básicas de seguridad en los alrededores. –explicó Miku.

–¡Yo quiero participar! –dijo alegremente Kirika– Creo que será divertido hacer cosas para ellos.

–Ayudaré con el material también. –se ofreció Shirabe sabiendo que tenía que vigilar de cerca a Kirika para que no hiciera un desastre.

–Necesito a alguien más que de la conferencia conmigo.

Hibiki alzó la mano.

–Esa seré yo.

–Bien resuelto eso hay otra cosa más. –Miku se tomó un minuto para observar a sus tres compañeras restantes. Si no usaba bien sus siguientes palabras obtendría una serie de negativas para la siguiente tarea– Hay una misión especial durante la actividad, ¿alguien quiere hacerla?

–¿De qué se trata? –preguntó Chris interesada. Los niños no le molestaban, pero la misión sería una buena opción para quitarse la frustración de estar en la comisaria los últimos días.

–Camuflaje y resistencia. –respondió vagamente desviando la mirada, cosa que fue pasada por alto por sus compañeras.

–Eso suena interesante. –Kanade sonrió– Yo lo haré.

–¡Oye!, fui yo quien preguntó primero.

–Lo siento Chris, pero debes ser más rápida.

La discusión se prolongó por unos minutos más sin llegar a nada. Conociendo a esas dos era difícil que alguna cediera, así que sólo quedaba una cosa que siempre las ayudaba en esta situación.

–Suficiente. –intervino Tsubasa– Resuélvanlo con piedra, papel o tijera, la ganadora será la que haga la misión.

–Me parece bien. –Kanade lucia muy confiada– ¿Dos de tres?

–De acuerdo. –accedió Chris sonriendo con desafío– Te aplastaré.

Se levantaron de sus asientos y comenzaron su importante duelo bajo la atenta mirada de sus amigas. El último turno fue el decisivo, concediéndole la victoria a Kanade.

–¡Sí, en tu cara! –celebró burlándose de su compañera

–¡Maldita sea! –exclamó Chris molesta.

Posteriormente Kanade se giró sonriente para hablar con Miku.

–Ahora dime, ¿de qué se trata la misión?

La aludida sonrió con inocencia, se puso de pie para ir hasta Kanade y colocar una mano sobre su hombro. Internamente disfrutando lo que vendría tras su revelación.

–Muchas felicidades, Pipo-kun*, cuento contigo para entretener a los niños.

Un segundo de silencio antes de que todas rompieran en grandes carcajadas ante la conmocionada cara de Kanade. El espectáculo de verla disfrazada como la curiosa mascota de la policía de Tokio sería memorable.

–¡Me niego rotundamente hacerlo, Miku! –reclamó enseguida– ¡Me engañaste!

–Es tu culpa por no pedir detalles. –retrocedió lo suficiente para permanecer lejos del alcance de Kanade. Una simple precaución nada más– Y no te engañé, dije la verdad sobre el camuflaje, es decir el disfraz y resistencia, necesaria para soportar el calor adentro del traje.

–¿¡No puedes decirlo en serio!? ¡Es una injusticia que no lo aclararas desde el principio! Deberías hacerlo tú.

–El traje es demasiado grande para mí y también seré la que hable con los niños, es imposible que yo lo haga. –se encogió de hombros para restarle importancia al asunto– Además no sé por qué te quejas tanto, nadie te verá la cara, sólo nosotras sabremos que estás ahí adentro.

–Eso es precisamente lo que no quiero. –se pasó la mano por el cabello exasperada, desordenándolo más.

Ese intento de consuelo que Miku estaba tratando de darle era peor que una burla, sabía que sus amigas no pararían de molestarla por un largo, largo tiempo.

–Ríndete de una vez. –Tsubasa por fin logró tranquilizarse lo suficiente para poder hablar, pero la diversión seguía en su voz– No puedes decepcionar a los niños, Pipo-kun.

Kanade volteó a ver a sus compañeras. Sin importar lo que hiciera estaba claro que Chris y Tsubasa se negarían a cubrirla, así que sólo le quedaban las tres chicas más jóvenes para tratar de convencerlas. Y solamente tenía un recurso para tentarlas.

–Si alguna de ustedes cambia de lugar conmigo prometo pagarle las comidas durante cuatro meses, incluyendo todos los postres que quieran.

Las tres intercambiaron una mirada. Era una gran oferta pero ¿valía la pena toda esa comida en lugar de ver a Kanade con el traje de Pipo-kun?

La respuesta era muy clara para todas.

–¡Nos negamos! –dijeron al unísono.

Y así se fue su última esperanza.

Muy bien, entonces sólo tenía una opción. ¡Sería el mejor Pipo-kun de la historia!, porque si había algo que Kanade Kazanari siempre hacia era terminar sus misiones con éxito.

–¡Maldita sea, Kohinata! Lo haré pero me las pagarás.

Miku asintió satisfecha, cuando la llamaba por su apellido de verdad le recordaba que era prima de Tsubasa.

–Resuelto eso entonces podemos continuar con lo demás. A pesar de que las maestras y algunas mamás no acompañarán quiero que todas vigilen que ningún niño salga de la comisaria. Si surge algo externo a la visita, Chris y Tsubasa se encargaran de ello. ¿De acuerdo?

–Sí. –fue la contestación general.

–Regresemos a nuestras actividades.

Todas se pusieron de pie para cumplir sus labores, sin contar a Kanade, las integrantes de S.O.N.G. en la comisaria esperaban con ansias el espectáculo que presenciarían al terminar la semana.


El camión del jardín de niños se detuvo frente a la comisaria y un emocionado grupo de niños bajaron de él. Miku y Hibiki salieron para recibirlos, y en un orden sorprendente entraron guiados por un par de maestras. Detrás de ellos el grupo conformado con varias mamás entró después. Afortunadamente la comisaria era lo suficientemente grande para que todos estuvieran cómodos, así que les pidieron a los niños que tomaran asiento sobre los tapetes que previamente habían colocado para ellos.

Tsubasa veía admirada desde el otro lado de su escritorio como las dos profesoras controlaban a los niños, indicándoles amablemente donde acomodarse. Una niña se giró hacia ella y para su sorpresa se trataba de Serena, ella dijo algo a la niña de cabello rubio cenizo a su lado y posteriormente ambas la saludaron agitando las manos. Les correspondió el saludo.

Si Serena estaba aquí quizá…

Buscó entre el pequeño grupo de mamás y ahí estaba quien ocupaba sus pensamientos últimamente.

Maria conversaba tranquilamente con una de las otras mujeres, aún sin reparar en ella. Así que Tsubasa aprovechó para tomarse el tiempo de observarla detenidamente.

Sus facciones extranjeras en conjunto con el particular color de ojos y el largo cabello ligeramente ondulado, que llevaba suelto ese día, le conferían un hermoso rostro. Los centímetros extras que la hacían un poco más alta que ella le otorgaba una elegante y estilizada figura. Sin duda era lo suficientemente hermosa como para capturar la atención de muchos al entrar algún lugar.

Después de unos minutos Maria finalmente se giró hacia ella, probablemente al sentir su mirada, y sonrió al reconocerla. Hizo un pequeño ademán con la mano a modo de saludo.

Tsubasa quería acercarse para hablar con ella, pero debía esperar ya que Miku las llamó para que todas se presentaran ante los visitantes. A excepción de Kanade, una por una fueron pasando al frente. Hablaron a grandes rasgos de ellas pareciendo un poco nerviosas, era fundamental la actuación en su trabajo para no levantar sospechas en ninguna misión. Al final fueron consideradas como agentes recién egresadas o aún en formación, como fue el caso de las dos integrantes más jóvenes.

Después de esa breve introducción inició la explicación por Miku acompañada de Hibiki, siendo asistidas por Shirabe y Kirika para representar algunos ejemplos que daban sobre alguna situación determinada. Alejándose, Chris ocupó de nuevo su lugar en el mostrador en espera de atender alguna emergencia, y Tsubasa provecho para discretamente ir hasta donde estaba Maria, ella se había quedado de pie junto a la puerta mientras las otras mamás tomaban asiento un poco más atrás de sus hijos en las bancas que dispusieron para ellas y las maestras.

–Buenos días. –saludó Tsubasa en voz baja acomodándose a su lado– Bienvenida.

–Buenos días. –respondió Maria en el mismo tono para no interrumpir la presentación. –Gracias por venir a recibirme personalmente, me haces sentir especial el hecho que me recuerdes después de un mes sin vernos.

Sonrió ante el comentario juguetón de su interlocutora. Al parecer Maria no tenía ni idea de lo inolvidable que podía ser.

–Por supuesto que la recordaría sin importar el tiempo que haya pasado, por eso tiene un trato especial sólo para usted, Cadenzavna.

Maria hizo una mueca al escucharla dirigirse a ella tan formal.

–Sólo soy dos años más grande que tú, no es necesario que me hables de esa forma. –cuando Tsubasa pasó a presentarse dijo que tenía veintidós años– Preferiría que me llamaras por mi nombre.

Guardaron silencio cuando Miku les hizo una pregunta a los niños. Una vez concluida Tsubasa habló nuevamente.

–¿De verdad está bien que lo haga?

Era raro que llamara por su nombre a alguien que no fuera lo suficiente cercano a ella, incluso a sus amigas en S.O.N.G. sólo las llamaba así en contadas ocasiones. Aun así no veía razón alguna para rechazar la oportunidad que le estaba ofreciendo, admitía que pronunciar su apellido la hacía sentir muy distante de ella.

–Por supuesto, después de todo soy la que te lo está pidiendo, Tsubasa.

Era justo que también ella hiciera lo mismo, y sinceramente le había agradado escucharla pronunciarlo.

–De acuerdo, Maria.

Esta vez Hibiki pidió la ayuda de un niño para realizar una actividad y Serena fue la primera en levantar la mano para pasar al frente. Maria veía sonriendo la participación de su hija, se desenvolvía sin vergüenza alguna contestando fácilmente lo que le preguntaban. Agradecía haber tenido la oportunidad de acompañarla, aunque lamentaba que Carol no hubiera podido venir para estar con Elfnein.

–Sabes, no tenía idea que vendríamos precisamente aquí. –comentó Maria cuando Serena ocupó de nuevo su lugar– Creí que iríamos a la otra comisaria que está más cerca de la escuela, me sorprendí cuando tomamos el camino para acá.

Tsubasa había estudiado meticulosamente el mapa de este distrito asignada a S.O.N.G. Con el nombre de la escuela de Serena la ubicó sin dificultad, así como la comisaria a la que se refería Maria.

–Los asignaron aquí porque la otra es mucho más pequeña, no era posible que estuvieran adentro de forma cómoda y segura.

Era tan pequeña que máximo podía haber dos policías adentro. Donde estaban ellas era unas diez veces más amplia por ser un punto turístico gracias al parque al otro lado de la calle.

–Aunque fue una sorpresa, –continuó Tsubasa, girando un poco la cabeza para verla– Me alegra verlas de nuevo.

No sabía por qué había hecho ese último comentario, pero realmente se sentía de esa manera.

Su interlocutora sonrió.

–A mi también me da mucho gusto verte.

En ese momento Maria recibió una llamada al celular, disculpándose con ella salió de la comisaria para contestar. Esa había sido la razón por la que se quedó cerca de la puerta.

Mientras Tsubasa la esperaba puso atención a la presentación. Tsukuyomi y Akatsuki habían hecho un gran trabajo con el material didáctico tan bien ilustrado, y con la explicación tan clara de Kohinata acompañada de los espontáneos comentarios de Tachibana que los hacían reír les sería fácil de recordar a los niños.

Desvió su mirada hasta Yukine cuando Kohinata le hizo una señal, con una sonrisa maliciosa se puso de pie y salió por la puerta que conectaba a los cuartos de atrás. Igualmente sonrió al imaginarse cuál era su destino, seguramente iría a los vestidores para ayudar a la estrella de la presentación antes su aparición.

Poco después entró de nuevo Maria ocupando su lugar al lado de ella.

–¿Está todo bien?

–Sí, no te preocupes. Sólo era una llamada del trabajo.

Asintió sin preguntar nada más, no quería parecer una entrometida. Además había otra cosa muy importante que quería decirle.

–Por cierto, acabo de recordar algo. Los pasteles que nos regalaste estaban deliciosos.

Otra sonrisa de Maria. Tenía una sonrisa muy linda, decidió Tsubasa.

–Me alegra mucho que les gustaran.

–Más que gustarme me fascinaron. –confesó– En pocas ocasiones puedo darme el tiempo de comer cosas dulces, pero me gustan mucho y créeme, nunca había comido algo tan bueno en mi vida.

Maria se sonrojó tanto que Tsubasa temió que se desmayara, y aunque lo intentó no pudo contener una pequeña risa causando que un par de mamás se giraran a verlas. Les aseguró que no pasaba nada luego de disculparse.

Se quedaron varios minutos en silencio mientras ambas se recuperaban de sus respectivas reacciones.

–Exageras. –por fin Maria logró articular palabras, consciente que en su rostro todavía quedaban rastros del sonrojo.

–Lo digo completamente en serio. –contestó Tsubasa sonriendo– Todas dijeron lo mismo, incluso que estabas al nivel de una profesional, ¿o es que a caso te decidas a ello?

Maria negó con la cabeza.

–Es sólo un pasatiempo, a Serena le encantan las cosas dulces y de vez en cuando le preparo alguna cosa. –Se quedó un momento pensando, esperaba que lo que iba a decir no la incomodara– Si no te molesta, podría traerte más la próxima vez que haga algo.

Pudo ver el cambio en los ojos de Tsubasa al decir aquello, el brillo casi infantil que adquirieron la enterneció. Definitivamente le regalaría más postres.

–Eso sería grandioso, muchas gracias.

Finalmente Miku acabó con la presentación, los niños habían aguantado perfectamente los treinta minutos que habían pasado entre explicación, actividades y rondas de preguntas. Ahora era el turno del personaje que todos estaban esperando, especialmente las seis agentes restantes de S.O.N.G.

–Muy bien niños, hoy tenemos un invitado muy importante que ha venido especialmente a saludarlos. –hizo una pausa para crear más emoción– ¿Alguno de ustedes conoce a Pipo-kun?

Un colectivo y entusiasmado si resonó en el lugar.

–Entonces llamémoslo todos juntos para que venga. A la cuenta de tres. Uno, dos, tres…

–¡Pipo-kun!

El grito al unísono dio paso a la llegada de la emblemática mascota de la policía en Tokio. Los niños se pusieron rápidamente de pie para ir hasta ella.

Por su parte, todas las agentes de S.O.N.G. hacían un esfuerzo sobrehumano para no romper en carcajadas, que se volvió peor cuando Kanade habló alterando su voz para saludarlos acompañado de extraños movimientos que provocaba la risa de los niños.

–Demonios. –masculló Tsubasa desviando la mirada, sus hombros temblaban por culpa de intentar contener la risa.

Intrigada por su reacción, Maria no pudo detener su curiosidad.

–¿Qué pasa?

–No es nada. –controló una carcajada a duras penas cuando Kanade hizo el saludo oficial– Es sólo que pienso que quizá la persona ahí adentro está disfrutando esto.

–Eso parece. –le agradaba la forma en la que interactuaba tan amablemente con los niños– Por lo visto es alguien que conoces.

–Así es. –compartió una sonrisa cómplice con su acompañante antes de acercarse un poco– Después te diré de quién se trata, pero será cuando no esté ella porque estoy segura que nos escuchará. Será información confidencial entre las dos.

Maria rió, disfrutando del agradable momento.

–Lo estaré esperando.

Al otro lado de la habitación Chris había sacado su celular para tomarle video a Kanade, aunque su cara no se veía seria un material fabuloso para molestarla. Hibiki siguió su ejemplo con la excusa de conmemorar la visita, al igual que las fotos que Kirika tomaba.

Cuando la introducción de Pipo-kun terminó llegó el momento de que los niños que así lo quisieran se tomaran fotos con él. Muchos pequeños se integraron a la fila para esperar su turno, Shirabe los ayudaba a ponerse los sombreros de policías para su respectiva foto.

–¡Mamá, mamá! –llegaron corriendo Serena y Elfnein– ¡Tómanos una foto con Pipo-kun, por favor!

–Claro, vamos.

Sonriendo Maria fue con ellas siendo acompañadas por Tsubasa. Eran las últimas en la fila, y cuando las demás agentes la vieron la saludaron. Se avergonzó un poco al escuchar todos los elogios sobre los pasteles, pese a ello disfrutó el conversar con ellas mientras esperaban.

Cuando llegó su turno las pequeñas se acomodaron felices junto a Pipo-kun luego de que Shirabe les colocara los sombreros. La cámara que tenia Kirika y el celular de Maria, capturaron la imagen.

–¿No va a tomarse una foto con ellas? –preguntó Shirabe– Las otras mamás lo hicieron.

–No es necesario.

–¡Si mamá!, sal con nosotras. –la animó Serena, pero repentinamente se dio cuenta que faltaba una cosa fundamental– Ah, pero no tienes un sombrero.

–Eso se arregla fácilmente. –intervino Tsubasa antes de quitarse el suyo y acercarse para ponérselo a Maria– Listo, ahora toma la foto, Tsukuyomi.

Maria estaba por protestar pero al final no lo hizo, sólo faltaban ellas para terminar y si se ponía a discutir nada más retrasarían a los demás. Así que resignada le dio su celular a Shirabe y fue a ocupar el lugar junto a las niñas.

–Muchas gracias. –dijo Maria al tomar su celular, después se quitó el sombrero girándose para regresárselo a su dueña. Pudo verla sin él, el cabello suelto le quedaba muy bien– También te lo agradezco.

–No fue nada. –nuevamente lo tomó para ponérselo.

La familiaridad con la que Tsubasa trató a Maria no pasó desapercibida por sus amigas, pero no hicieron comentario alguno al respecto. A veces solía ser muy amable con las personas que le agradaban, y Maria era demasiado agradable para todas, así que no les extrañó su reacción.

Para finalizar la visita tomaron una foto grupal, y Miku con ayuda de Chris, entregaron una bolsa de regalo con un par de libros ilustrados sobre seguridad, un paquete de galletas hechas por ellas y un pequeño peluche de Pipo-kun para cada niño. Después los acompañaron afuera, atentas para que ningún niño se apartara distraído por algo mientras abordaban el autobús de la escuela.

–Espero la pasaran bien. –mencionó Tsubasa junto a Maria antes de que subieran a su transporte.

–Mucho, gracias por todo.

–Nos vemos después. –por alguna razón que no entendía le pareció que estaba haciendo más una petición que despidiéndose, pero no le importó.

Maria asintió sonriendo.

–Por supuesto que sí. –después de todo tenía que llevarle el postre que prometió.

Desde sus asientos al lado de la ventana las tres se despidieron de ella cuando se alejaban.


–¡Fue muy divertido! –dijo Hibiki minutos después de terminar de limpiar.

–¡Si, la pase muy bien! –secundó Kirika comiendo las galletas que Miku había llevado para ellas.

–Creo que los niños lo entendieron muy bien. –comentó Shirabe satisfecha.

–Sí, no tengo duda de ello, muchas gracias a todas. –habló Miku– Hicieron un gran trabajo.

–Sobre todo la estrella del show. –la burla era obvia en la voz de Chris– Lo hiciste muy bien, Pipo-kun.

Al otro lado del mostrador Kanade ya se había quitado la cabeza del disfraz, pero no lograba abrir el zipper por culpa de las manos del traje. Había tenido que seguir usándolo por unos veinte minutos más gracias a que muchas personas que pasaron cuando estaban despidiendo a los niños la vieron y pidieron tomarse fotos con la querida mascota de la policía.

–Podrían callarse y ayudarme a salir de aquí. –dijo cansada, aunque todavía había un poco de aire frío en el ambiente adentro del disfraz hacía un calor infernal. No tenía ni idea de cómo lo soportaban las personas que trabajaban diario haciendo eso. Ahora tenían todo su respeto.

En lugar de ayudarla todas sus amigas, sin excepción, sacaron sus celulares para tomarle fotos, su cara era lo único que hacía falta para inmortalizar el suceso. Kanade no protestó, de nada serviría, tomaría venganza cuando le tocara ser la supervisora del entrenamiento. Ojalá que disfrutaran las dos semanas que faltaban para eso porque las haría sudar el triple de lo que ella había pasado en el disfraz.

–Si ya terminaron, ayúdenme.

Para su fortuna Tsubasa se apiadó de ella y por fin se vio libre del traje. Quizá su prima no sufrirá tanto como las demás.

–¡Oye! No hagas eso aquí. –exclamó una sonrojada Chris al ver lo despreocupada que Kanade estaba sólo con un short de lycra y un top deportivo.

–Nadie puede verme, el mostrador y ustedes me tapan fácilmente. –contestó encogiéndose de hombros– Además no podía estar un segundo más dentro de esa cosa.

–¡Ve a ponerte algo encima, ya!

–Sí, sí, lo que digas.

Kanade desapareció por la puerta a los vestidores haciendo oídos sordos a los comentarios de Chris sobre la decencia y el pudor.

Riendo, Tsubasa disfrutó ver a ese par pelear. Valoraba a todas sus amigas, pero tanto Chris; que sólo la llamaba así cuando estaban las tres solas, y Kanade; más allá de su lazo sanguíneo, eran sus más cercanas y mejores amigas desde pequeñas.

–¡Que bien salimos! –exclamó Hibiki llamando la atención de todas– ¡Miren!

Les enseñó la foto grupal impresa. Miku estaba enviando el resto de fotos al correo del jardín de niños. Cuando llegó a manos de Tsubasa no pudo dejar de ver a Maria y Serena, estaban cerca de ella.

Recordó la conversación con Maria, se sintió tan relajada y natural como si tuvieran mucho tiempo de conocerse. No sabía a qué se debía tan peculiar suceso pero le alegraba congeniar con ella tan fácilmente.

–Ojalá que pronto nos volvamos a encontrar. –ese pensamiento rondó en su cabeza antes de devolverle la foto a Hibiki.


–¡Hasta mañana! –se despidieron al unísono Serena y Elfnein de su maestra.

–Tengan cuidado en el camino a casa.

Luego de hacer lo mismo que las niñas, Maria tomó la mano de cada una para ir al estacionamiento donde estaba su choche.

–¿Se divirtieron? –les preguntó mientas terminaba de abrochar el cinturón de seguridad de la silla de Serena.

–¡Mucho!, ¿verdad?

–¡Sí! –secundó Elfnein ya lista en su respectiva silla– ¡Quiero mostrarle la foto a mamá!

–Se la enviaremos en cuanto lleguemos a casa. –volvió hacer una última comprobación de ambos cinturones– Todo listo, vámonos.

Ocupando su lugar detrás del volante encendió el motor y partieron a su destino. Quince minutos después se detuvo frente a su casa. Una construcción de dos pisos de estilo tradicional japonés. Parecía una pequeña mansión debido a lo grande que era y al amplio jardín que la rodeaba. Sus padres la compraron cuando llegaron a Japón provenientes de Polonia hace más de dos décadas.

Accionó el control remoto del tablero para abrir el portón y estacionarse adentro. Bajó a las niñas que corrieron directo a la puerta de la casa siendo recibidas por Nastassja. Entusiasmadas la llevaron a la sala para contarle sobre su excursión y mostrarle los regalos que les habían dado.

–Perece que se divirtieron mucho, mis pequeñas. –contestó Nastassja sonriendo amablemente– Me alegra.

–¡Si, abuela! –Serena dio pequeños saltos entusiasmada– Además también estaba Pipo-kun, ¡enséñale la foto, mamá!

Maria así lo hizo, e igualmente le reenvió la imagen a Carol por petición de Elfnein.

–Mamá dijo que le gustó. –mencionó Elfnein feliz cuando escuchó el mensaje de voz de Carol.

–Entonces, para terminar muy bien esta excursión vayamos a comer, ya esta lista. –dijo Nastassja cuando las niñas terminaron con su plática– Vayan a lavarse las manos.

–¡Sí!

Fueron corriendo al baño seguidas de cerca por Maria, si no las acompañaba seguramente se pondrían a jugar. Al regresar ocuparon un lugar en las sillas del comedor, Nastassja había hecho hamburguesas, así que las tres recién llegadas comieron felices.

Cuando terminaron Serena y Elfnein se fueron a jugar al cuarto.

–¿Quieres un poco de té? –preguntó Nastassja a su hija, aun sentadas frente al comedor.

–Por favor.

Con tranquilidad preparó la infusión, agregando un poco de miel al final como sabía que le gustaba a Maria.

–Aquí tienes. –dijo entregándole la taza.

–Gracias, mamá.

La puso sobre la mesa esperando que se enfriara más, no era buena a la hora de consumir bebidas o comida caliente. Carol solía molestarla diciéndole nekojita*

–Por cierto, fuimos a la comisaria del parque. –rió– De haberlo sabido no me hubiera llevado el coche y me hubiera ido directo allá para esperarlos.

Después de todo vivían a quince minutos caminando de ahí.

Nastassja contempló el semblante de Maria, parecía estar de muy buen humor, más de lo normal.

–Veo que también disfrutaste de la excursión.

Su hija asintió.

–Sí, fue muy entretenido e informativo. También volví a ver a Tsubasa y a las demás.

–¿Tsubasa?

–La oficial Kazanari. –aclaró antes de tomar la taza para soplar un poco de aire al té– ¿No la recuerdas?

–Claro que lo hago, pero no sabía que se llevaban tan bien como para que la llames por su nombre.

Maria se encogió de hombros.

–Bueno, ella me cae bien así que comenzamos a tutearnos hoy. –con cuidado dio un sorbo al té, aún debía esperar– Fue agradable saludarla.

Al parecer su hija había encontrado una buena compañía en Tsubasa. No tenia duda de ello.

–Espero que sigan llevándose bien. –Nastassja sonrió sin comentar nada más.

Continuaron hablando sobre trivialidades hasta que terminaron sus respectivas tazas de té. Maria las llevó al fregadero para comenzar a lavar los platos.

–Iré a jugar con las niñas. –anunció minutos después al terminar su labor.

–Yo terminaré de revisar las investigaciones de mis estudiantes. –se puso de pie– Si me necesitan estaré en mi despacho.

Nastassja era una arqueóloga de renombre en gran parte de Europa y Asia. Durante muchos años participó en diversas excavaciones alrededor del mundo haciendo aportaciones históricas muy importantes. Con el tiempo se había retirado de esa actividad para tomar el cargo de profesora de dicha materia en la Universidad de Tokio. Sin embargo, había continuado con sus aportes e investigaciones, siendo de igual manera asesora del Museo Nacional de Antropología e Historia de Tokio, y apoyando a algunos colegas más jóvenes que buscaban su consejo.

–Sí, mamá. No te sobre esfuerces.

Se separaron en el pasillo, Maria fue al segundo piso a la habitación de Serena y las encontró acostadas en el suelo dibujando.

–¿Puedo jugar también? –preguntó sentándose junto a ellas.

–¡Sí! –contestaron, Serena le entregó un cuaderno y Elfnein le acercó los colores.

Estuvieron jugando toda la tarde a diferentes cosas, después salieron de paseo y comieron helado en un local cercano, finalmente pasaron por el distrito comercial para comprar los ingredientes para preparar curry a petición de las niñas.

Cuando regresaron a casa Maria y Nastassja comenzaron con los preparativos de la cena, fue rápido terminar de cortar y preparar todo entre las dos, sólo restaba esperar a que terminara de cocinarse.

–Iré a preparar mis cosas. –anunció Maria quitándose el delantal.

–Procura descansar un poco.

–Sí.

Fue hasta su cuarto, que estaba al lado del de Serena. Las comprobó cuando pasó por enfrente de su puerta, pero ninguna de las dos le prestó atención porque estaban completamente concentradas viendo la película de El Rey León. Prefirió no molestarlas y seguir su camino.

Al entrar a su habitación fue directo al armario para sacar su mochila y un cambio de ropa, doblándolo lo guardó en el interior. Salió nuevamente para ir al baño en busca de su set de aseo personal y regresó. Metió cuidadosamente unas carpetas con papeles y su cuaderno de notas. Revisó que su cartera estuviera en la bolsa de mano y finalmente las dejó sobre el escritorio listas para llevarlas abajo.

Terminada su labor se acostó en la cama a descansar. El reloj en la pared marcaba las siete de la noche así que aun faltaba dos horas para irse, debía matar el tiempo de alguna forma antes de la cena. Agarró su celular y se puso a ver las fotos que había tomado durante el día con las niñas, se detuvo cuando llegó a las de la comisaria, específicamente en la foto grupal que le habían enviado por correo. Amplió la imagen para ver mejor a la persona que le interesaba. Tsubasa sonreía amablemente a la cámara, muy cerca de ellas.

Sus delicadas facciones y la fuerza en su mirada atraían su atención, eso en conjunto con su cabello largo y liso le daban un toque imponente, al igual que el delgado pero estilizado cuerpo que poseía. Era muy linda.

No sabía a qué se debía la facilidad con la que trató con ella ya que solía ser muy reservada con la mayoría de las personas, pero Tsubasa había superado eso en un tiempo record con una conversación muy fluida y casual.

–Espero que la próxima vez que nos veamos sea igual.

Con esas susurradas palabras al aire dejó el teléfono a un lado cuando su mamá la llamó para que fuera a cenar.


Se detuvo en el estacionamiento exclusivo para empleados, tomó su maleta y descendió del coche. Después de saludar al guardia camino hasta las puertas del edificio que se alzaba frente a ella.

El Hospital Regional de Tokio era un enorme complejo de siete pisos, dividido en cuatro secciones con especialidades de todo tipo y con el mejor equipo de tecnología. Contando con una plantilla de más de trescientas personas en las diversas especialidades médicas y otras áreas. Sus amplios y cuidados jardines proporcionaban un poco de confort tanto a los pacientes como para sus familiares. Ese era el imponente lugar donde Maria trabajaba.

Entró al área de recepción y saludó a las chicas al otro lado del mostrador. Había pocas personas en los pasillos, a esas horas lo más seguro era que se trataban de familiares de pacientes internados. Un par de enfermeros que trasportaba una camilla también la saludaron antes de que llegara al cuarto del personal al final del pasillo.

Una vez ahí fue hasta su casillero para dejar la maleta y ponerse el traje quirúrgico, había llegado el turno de cubrir la última de las tres guardias nocturnas que tenía que tener al mes.

Para muchos, Maria podía perecer una practicante recién egresada en el campo de la medicina por sus escasos veinticuatro años, por eso se llevaban una gran sorpresa al enterarse que era una cirujana completamente formada y reconocida. La mayoría de ellos desconocía que se le catalogaba como un genio al haber saltado grados e ingresar a la facultad de medicina con apenas trece años. A los dieciocho había egresado de la universidad de Tokio con una gran cantidad de menciones honorificas y continuado con su especialidad en neurología y neurocirugía.

A pesar de todo eso, el factor de su juventud llegaba a veces a generar desconfianza en algunos pacientes y sus familiares, incrédulos ante sus logros. Ella lo tomaba con calma, entendiendo su preocupación, y demostrándoles sus capacidades. Asiéndose así un lugar en el mundo de la medicina.

Acababa de terminar de cambiarse cuando la puerta se abrió, dando paso a una de las doctoras. Carol Malus Dienheim, una hermosa mujer nacida en Alemania pero criada en Japón, brillante cirujana especialista en cardiología e investigación química. Y sobre todo su mejor amiga.

Carol era mayor que ella por cinco años, se habían conocido en la universidad al comienzo del semestre, ella había sido la que se acercó a Maria semanas después, y cuando le preguntó por qué lo hizo simplemente se encogió de hombros y respondió que no podía dejar sola a una mocosa brillante pero ingenua como ella en un lugar lleno de gente maliciosa que querían obtener beneficios a su costa. Desde ese entonces se convirtieron en grandes amigas, lazo que se había estrechado al descubrir que sus respectivos padres, ambos médicos también, eran buenos amigos y trabajaban juntos.

–Buenas noches. –la saludó Maria.

–Hola, me alegra verte antes de que me vaya. –Le pasó un reporte general de los pacientes mientras buscaba su ropa en el casillero para cambiarse– ¿Lista para relevarme?

–Por supuesto, y qué me dices de ti. –la vio desatarse la trenza que llevaba, el largo cabello rubio dorado onduló por su espalda– Las niñas te esperan en mi casa.

Elfnein parecía una réplica exacta de su mejor amiga. Dominik, el esposo de Carol, solía bromear diciendo que si no fuera por el color de cabello igual al suyo pensaría que su hija era solamente de su esposa.

Carol rió.

–Aún puedo seguir, no te preocupes. –se quitó la parte superior del uniforme para remplazarlo por una blusa, posteriormente fue el turno de los pantalones para terminar de cambiarse– Gracias por dejar que Serena se quede en mi casa hoy. Elfnein se siente un poco decaída cuando su papá sale de viaje.

Dominik era abogado y a veces debía salir de la ciudad para representar algún cliente o evaluar alguno de los bienes que poseían necesarios en el caso. Por suerte esta vez era un viaje corto que terminaría al día siguiente, regresaría a casa por la noche.

–No hay problema, ellas son las más felices con ello. Espero no te cause problemas.

–Jamás. –finalmente se recogió el cabello sujetándolo en la nuca– Por cierto, ¿Qué crees que sea bueno para la cena?

Mientras hablaban, Maria se había sentado en uno de los sillones para sacar las carpetas con los historiales médicos que traía al igual que su cuaderno de notas.

–Sobre eso, mamá y las niñas dijeron que te esperarían para cenar, así que ve directo a mi casa.

–¿Alguna vez te he dicho lo mucho que adoro a la profesora? –tomó su bolso y cerró el casillero– Tal vez deberíamos ser Elfnein y yo las que nos quedemos con ustedes.

Maria rió alejando la mirada de las hojas que leía para verla.

–Son bienvenidas cuando gusten, estaremos felices de recibirlas.

Su interlocutora suspiró resignada.

–Lamentablemente no puedo hacerlo, tengo cosas que hacer en casa. Será la próxima vez. –se acercó a Maria para posar la mano en su hombro– No te sobre esfuerces mucho, nos vemos mañana.

–Claro, descansa.

Nuevamente se quedó sola cuando Carol se fue. Terminó de revisar sus notas y se puso de pie para ir a su consultorio antes de comenzar sus rondas.

Salió para tomar el elevador al segundo piso, giró al final del pasillo y llegó hasta la puerta que tenia la placa con su nombre y entró. Dejó sus cosas sobre el escritorio y tomó el estetoscopio de uno de los cajones, estaba por irse cuando vio las fotos en los estantes detrás de su silla. Las imágenes de sus padres, los rostros sonrientes de ella y Serena juntas, así como las de Carol y su familia, la hicieron sonreír. Se recordó que debía imprimir la que tomaron en la comisaria con las niñas.

Mientras caminaba por los pasillos de hospital no pudo evitar recordar a cierta agente de policía que tenía información secreta que compartir con ella. Sonriendo llegó a la habitación del primer paciente.


¡Hola a todo el mundo!

Pues aquí me tienen con el segundo capítulo, ¿Qué les pareció? Ahora vemos un poco de la vida de Maria, así como pequeños momento entre nuestras protagonistas, y rematando con los sucesos alrededor de la comisaria. A ver que nos depara el tercer capítulo.

¡Muchas gracias a quienes dejaron sus comentarios! Son una gran motivación para seguir escribiendo. No duden en dejarme un nuevo comentario.

¡Nos leemos en el próximo capítulo!

Fava.


Pipo-kun* Es un personaje real, y como bien dije, la mascota oficial de la policía de Tokio, pueden buscarlo y desatar su imaginación sobre la pobre de Kanade encerrada ahí.

Nekojita* Significa literalmente "Lengua de gato" y es una forma común que tienen los japoneses de llamar a las personas que no soportan las comidas o bebidas caliente y deben esperar para consumirlo. Para ellos no es nada raro comer o tomar las cosas de esta forma por eso lo hacen sonar como una burla al compararlos con la sensibilidad que tiene los gatos en la lengua.