Sakurafubuki
Capítulo 3
–¿Es necesario que hagamos esto? –preguntó Hibiki moviéndose inquieta en el asiento trasero al automóvil.
–Es muy necesario. –contestó Miku amablemente ocupando el lugar del copiloto.
–Pero la comida ahí sabe mal. –se quejó Shirabe.
–¡Y también es muy aburrido! –exclamó Kirika.
–¿Por qué hacen tanto alboroto? –Chris ya había llegado al límite de su paciencia con sus comentarios, eran molestas mientras manejaba– No vamos a estar ahí por mucho tiempo, simplemente vamos a una revisión médica, no a internarnos. ¡Ya dejen de quejarse, mocosas!
Las tres chicas hicieron muecas listas para protestas, pero se detuvieron al ver la mirada de advertencia de Chris por el espejo retrovisor, sabiamente permanecieron en silencio el resto del camino. Minutos después entraron al estacionamiento del hospital donde Kanade y Tsubasa ya las esperaban afuera de su respectivo automóvil.
–¡Son tan lentas, enanas! –exclamó Kanade caminando hacia la entrada cuando todas descendieron del coche.
–Tú eres la que conduce como loca. –recalcó Chris siguiéndola– Ni siquiera siendo policía respetas las leyes de velocidad.
Cuando entraron hablaron con una de las chicas de recepción y fueron enviadas al segundo piso para realizar los análisis correspondientes. Era algo rutinario que hacían cada tres meses a petición de la corporación y generalmente esas pruebas las realizaban en el cuartel general, pero por causas de un experimento realizado por Ryoko y su equipo el generador de la unidad médica se había dañado y estaban reparándolo.
Así que cuando le recordaron sobre las exámenes médicos les programo una cita a las ocho de la mañana en el hospital Regional para hacer las pruebas de sangre y condición física sin arrepentimiento alguno por lo que hizo.
Por eso estaban ahí tan temprano.
–Todo el mundo nos está viendo. –comentó de pronto Shirabe.
–Sería raro si no lo hicieran. –habló Tsubasa luego de presionar el botón del ascensor– Llevamos los uniformes y somos muchas.
Tsubasa maldijo internamente por ese gran descuido, se suponía que no debían llamar la atención pero todas pasaron por alto el hecho de que llevaban puestos los uniformes ya que antes habían tenido que llegar a la comisaria y ahí siempre tenían que portarlos. Al ver que casi era la hora de la cita salieron rápido sin tomar en cuenta cómo iban vestidas. Sólo les quedaba mantener un perfil bajo y terminar con esto pronto.
–Oh, que interesante es esto. –habló de pronto Hibiki adoptando un semblante serio cuando unas personas se acercaron para esperar el elevador– El criminal esta en los pisos superiores.
–Procederemos al arresto cuando lleguemos al cuarto donde está. –Kirika se unió al juego agarrando las esposas que tenía atadas a un costado del cinturón– No hay que confiarse.
El fuerte golpe que recibieron ambas en la cabeza gracias a la mano de Chris les arrancó un gran quejido.
–¡Dejen de estar asustando a la gente! –dijo arrastrándolas de las orejas al interior del elevador cuando las puertas se abrieron.
Y así se fueron por la borda todos los planes de Tsubasa sobre la discreción de su visita…
–No se preocupen, no es nada de eso. –se apresuró a explicar Miku al ver las caras preocupadas de los que las rodeaban– Sólo estamos aquí por una revisión médica.
Shirabe y Tsubasa entraron en silencio, avergonzadas por el comportamiento de sus amigas, mientras que Kanade no hacía nada para ocultar su diversión. Finalmente Miku entró detrás de ellas luego de disculparse con los presentes otra vez.
–¡En qué demonios estaban pensando! ¿A caso son idiotas? –Chris seguía regañándolas, por suerte eran las únicas ahí.
–¡Fue la emoción del momento! –habló Hibiki nerviosa– Nos dejamos llevar.
–¡No queríamos hacer nada malo! –secundó Kirika en el mismo tono– Sólo pasó.
–¡Por cosas como esa pueden poner en peligro la imagen de la policía local! –se cruzó de brazos molesta– ¡De verdad que son un par de idiotas!
–Lo sentimos mucho. –dijeron al unísono agachando la cabeza.
–Muy bien, ya es suficiente, Chris. –intervino Kanade sonriendo, debía salvar a su pequeñas compañeras del gran demonio rojo– Ya se disculparon y no lo volverán hacer, ¿verdad?
Ambas asintieron aún con la cabeza agachada.
Chris suspiró resignada cuando el elevador se detuvo en el segundo piso. Sin importar lo que hiciera sabía que ese par no tenía remedio. Lo único que le quedaba era seguir tratando de mantener un ojo sobre ellas para que no se descontrolaran. Después de todo era su labor cuidar a las más jóvenes.
–Las perdonaré por ahora, vamos.
Chris salió de elevador siendo seguida por Shirabe, Tsubasa y Miku. Hibiki y Kirika caminaron junto a Kanade para agradecerle su ayuda. Siempre podían contar con ella para calmar a Chris, ya que era la única a la que escuchaba sin refunfuñar tanto.
Al llegar a la central de enfermeras una de ellas las acompañó hasta la sala de exanimación.
Dicha habitación estaba dividida por cortinas en cuatro secciones, cada una de ellas con su propio material de curación, camilla y otros equipamientos. La enfermera les entregó un pantalón y una blusa holgada para que se cambiaran, así como un casillero para que guardaran sus uniformes mientras llegaba las enfermeras y el doctor a cargo para atenderlas.
Una vez listas no pasó mucho tiempo cuando tres enfermeras cruzaron la puerta, y luego de presentarse comenzaron a preparar el material que utilizarían.
–La doctora vendrá enseguida. –habló una de ellas– Sólo fue por unos formularios.
Minutos después la puerta fue abierta nuevamente por una persona ya conocida por todas las agentes.
–Maria. –dijo Tsubasa asombrada viendo a la recién llegada.
Ella sonrió en respuesta.
Cuando la llamaron para preguntarle si podía hacerse cargo de las pruebas leyó el nombre de Tsubasa en primer lugar de la lista de pacientes y no dudó en aceptar. Era agradable tener la oportunidad de saludarla de nuevo y a las otras agentes también después de una semana. Le alegraba saber que había logrado sorprenderla.
–Hola, Tsubasa –la saludó antes de girarse hacia las demás– Buenos días, mi nombre es Maria Cadenzavna Eve y estaré a cargo de sus análisis. Si les parece bien comenzaremos enseguida.
–Te lo agradeceríamos ya que debemos volver al trabajo, pero ¿por qué tanta formalidad? –habló Kanade de buen humor– Ya nos conocemos desde antes como para que nos trates de esa manera tan distante.
Sus compañeras asintieron en acuerdo. Especialmente Tsubasa que no dejaba de verla.
–Lo siento, quizá es sólo la costumbre del trabajo. –asintió– No lo haré más.
Sin más demora las tres enfermeras se ocuparon cada una de dos agentes, llevándolas a los cubículos de las cortinas. Maria guió a Tsubasa al último, ella la atendería personalmente.
Le pidió que se sentara en una de las sillas para comenzar.
–Supongo que esto puede ser la retribución de mi trato especial en la comisaria. –dijo Tsubasa mientras le colocaba la liga en el brazo para extraerle las muestras de sangre– Doctora.
Maria rió.
–Podría ser. –dijo después de ocupar otra silla frente a ella y colocarle la aguja en la vena para tomó tres muestras en diferentes tubos– O sólo quería ver la cara que ponías al verme.
–Bueno, creo que lograste tu objetivo. –sonrió– Aunque ya me habías aclarado que no eras repostera secretamente seguía albergando la esperanza de que lo fueras.
–¿En serio? –preguntó poniéndoles el nombre en las etiquetas– ¿Por qué?
–Porque así podía ir a comprar postres muy buenos al local en el que trabajaras. –luego de que le retirara la aguja dobló el brazo cuando le puso un algodón con alcohol– Y también porque así podría ir a verte.
Sus miradas se encontrar luego de sus palabras. La honestidad en su voz fue muy notoria para Maria y la hizo pensar por un momento que esa idea no sería desagradable si fuera posible.
–Puedes venir a verme al hospital siempre que quieras. –dijo sin pensar y arrepintiéndose de ello enseguida.
¿A quién rayos le gustaría venir a un hospital sólo para verla? Además, cuando estaba ahí ni siquiera tenía tiempo para recibir visitas sin una cita previa, ya que si no estaba dando consulta o en alguna operación se la pasaba metida en el laboratorio.
Estaba por retirar la invitación pero se detuvo desconcertada al ver la cara entusiasmada de Tsubasa.
–Si lo dices en serio entonces lo intentaré. Puedo hacer una excepción con el Regional.
Maria arqueó una ceja confundida.
–¿A caso odias los hospitales?
No lo hacía, pero prefería las unidades médicas del cuartel general, ahí estaba Ryoko y médicos que conocía desde hace tiempo.
–No son mi lugar favorito en el mundo, pero si estás tú aquí entonces no tengo problema. –se encogió de hombros y una sonrisa juguetona se formó en sus labios– A partir de ahora seré tu paciente, así que cuida bien de mi, Maria.
Ella rió.
–No te preocupes, seré amable contigo. –le pidió que se subiera a la báscula– ¿También quieres que te tome de la mano cuando te revise?
Esta vez fue el turno de Tsubasa de reír.
–Eso sería bueno.
Repentinamente la cortina se abrió de un lado mostrando la cara de Kanade.
–Podrías no reírte tan fuerte, Tsubasa. Estás en un hospital. –dijo en tono burlón intercalando su mirada de una a la otra– Además podemos escuchar todo lo que dicen.
Maria se sonrojó tanto al darse cuenta de que había olvidado por completo que más personas estaban en la habitación, y que una simple cortina era la barrera que las separaba de las demás. Desvió la mirada al ver el rostro risueño de la enfermera al lado de Kanade. Ese comportamiento tan relajado sólo lo mostraba cuando estaba cerca de Carol, debía parecerle algo tan inusual verla hacer lo mismo con un paciente.
–Vuelve a tu lado, Kanade. –sin inmutarse Tsubasa le arrojó el algodón que anteriormente tenía en el brazo.
–Tampoco contamines el lugar. –remarcó luego de atraparlo en el aire, y finalmente cerró la cortina de nuevo.
Un pequeño silencio se formó entre ellas mientras revisaba su peso y estatura, así como las pruebas de la vista y el oído.
–Lamento lo que dijo Kanade. –mencionó Tsubasa harta del silencio. Más tarde golpearía a su prima por arruinar el ambiente tan agradable que tenían– Sólo quería fastidiarme.
–No te preocupes. –contestó sin verla mientras escribía los datos en el formulario– Ella tiene razón, estábamos hablando muy fuerte.
No quería ver a Maria así de incómoda, le parecía molesto el hecho que evitara su mirada y permaneciera callada, era mejor cuando estaban riendo y jugando. Así que una idea pasó por su mente para remediar la situación. Levantándose de la silla que ocupaba se acercó.
Al sentir la mano de Tsubasa en el hombro Maria se giró para verla, fue una gran sorpresa observarla inclinarse sobre ella, cosa que la dejó inmóvil. ¡Estaba demasiado cerca! Sin poder contenerse se sonrojó tanto que sintió su cara arder. Iba a protestar cuando Tsubasa comenzó a susurrarle algo al oído.
–¿Recuerdas que tenía información para compartir contigo?
Maria sólo pudo asentir, aunque en realidad no sabía a lo que se refería.
–La verdadera identidad de Pipo-kun es… –se tomó un momento para crear una sensación de confidencialidad– Kanade Kazanari.
Tras la revelación pasaron algunos segundos mientras asimilaba lo que acababa de escuchar, entonces la imagen mental de Kanade adentro del traje hizo que los hombros de Maria comenzaron a temblar mientras intentaba contener la risa.
Esa cara risueña era la que quería ver Tsubasa, se levantó satisfecha de lograr su cometido.
–Gracias por la información. –comentó Maria una vez que se calmó un poco– Creo que ya estamos a la par por lo de hace un momento.
–También tengo fotos. –dijo en tono malicioso– Por si quieres verlas.
Y nuevamente Maria se vio forzada a contener la risa.
–Por favor muéstramelas cuando estemos lejos del hospital, me gustaría reírme sin preocupaciones.
Salieron de la habitación para ir a otra sala a realizarle rayos x, así como sus pulmones. Posteriormente finalizaron con un electrocardiograma en otro cuarto. Cuando regresaron nuevamente a la primera habitación las demás ya estaban ahí, y al ver a Kanade no pudieron evitar compartir una sonrisa cómplice antes de que Maria las dejara para que se cambiaran.
Una vez que todas tenían sus uniformes puestos la llamaron para terminar. Las enfermeras ya se habían despedido de ellas para llevar las muestras de sangre al laboratorio y los demás estudios al consultorio de la doctora.
–Eso sería todo por ahora. –dijo Maria de pie frente a ellas, revisó el reloj en la pared, marcaba después de las nueve– Los resultados estarán listos a las tres de la tarde, ¿desean hacer una cita para leerlos a esa hora?
Unos toques en la puerta las interrumpieron, Maria respondió y la puerta se abrió dando paso a otro doctor. Yuuto Amou era un médico general que tenía dos años trabajando en el hospital. A Maria le caía muy bien, pues a pesar del semblante serio que tenia era una persona muy divertida y relajada, llevaba el cabello negro ligeramente largo, dándole un toque rebelde pero confiable.
–Buenos días. –saludó antes de girarse a Maria– Disculpa que te interrumpa pero necesito tu opinión.
–Permítanme un momento, por favor.
El doctor le pasó el contenido del gran sobre que llevaba en la mano y ambos se acercaron al negatoscopio*, Maria encendió la luz antes de colocar la placa del TAC* en él.
–¿Es el paciente del que me hablaste ayer? –preguntó mientras leía la hoja de conclusiones. El chico tenía un tumor alojado en el hemisferio izquierdo del cerebro.
–Así es.
Volvió a meter la hoja en el sobre y se dedicó a examinar cuidadosamente la radiografía, concentrada en cada pequeño detalle.
–Está alojado en una zona difícil de operar. –concluyó con semblante calmado.
–Lo suponía. –suspiró frustrado– ¿Crees que debamos proceder?
–Es difícil, pero no imposible. –apagó la luz y guardó nuevamente la radiografía en el sobre para entregárselo– Reúne a su familia, iré a tu consultorio en cuanto termine aquí y hablaremos con ellos. Si acceden a la operación yo la realizaré.
–Te lo agradezco. –se giró nuevamente para ver a las agentes, su mirada se demoró un poco más de tiempo en Kanade– Lamento haberlas interrumpido, mi Nombre es Yuuto Amou, mucho gusto.
Maria se encargó de realizar las presentaciones de las agentes, y luego de unas cuantas palabras más el doctor Amou se despidió de ellas, no sin antes compartir una última mirada con Kanade.
–¿Estás bien? –fue la pregunta de Tsubasa al ver a Maria tan callada.
–Sí, lo siento. Sólo me quedé pensando un momento. –su mente ya estaba trabajando en las opciones que podían seguir durante la intervención del otro paciente– Volvamos a lo nuestro, ¿desean que reserve la cita?
–¿No supondrá un problema? –preguntó Chris– Dijiste que tendrías esa operación.
–No hay problema, si su familia la autoriza se realizara hasta mañana, debemos de prepararlo.
–¿Se pondrá bien esa persona? –Hibiki estaba genuinamente preocupada.
Maria sonrió intentando tranquilizarlas.
–Haré todo lo que esté en mis manos para que eso pase.
–¡Tu puedes, Maria! –exclamó Kirika.
–¡Ánimo! –secundó Shirabe.
–Se los agradezco. –dijo Maria al tiempo que acariciaba sus cabezas, su entusiasmo le recordó al de Serena y no había podido contenerse. Al par de agentes más jóvenes no les importó, de hecho estaban felices al recibir tal trato.
–Entonces aceptamos la hora de la cita. –habló Miku.
–Yo vendré por ellos. –se ofreció Tsubasa enseguida antes que alguna de sus compañeras lo hiciera.
Ninguna protestó pero Kanade se le quedó viendo fijamente. Esa iniciativa en tu prima no era muy usual para cosas cotidianas, pero le restó importancia al asunto pensando que simplemente se trataba de su reciente amistad con la doctora lo que la impulsaba hacerlo.
–De acuerdo. –Maria apuntó la cita en su agenda– Mi consultorio está en este piso al final del pasillo, si tienes problemas para encontrarlo puedes preguntar en la central de enfermería.
–Entendido.
Se pusieron de pie para salir de la sala de revisión siendo acompañadas por Maria, se despidieron en la puerta y fueron hasta al ascensor. Mientras iban entrando al elevador Tsubasa pudo ver como otro doctor se acercaba a Maria, intercambiaron unas cuantas palabras a lo que ella asintió. Era notoria la familiaridad con la que se trataban, muy diferente al encuentro con el doctor Amou.
Lo último que Tsubasa alcanzó a ver antes que las puertas se cerraran fue la amable sonrisa que Maria le dirigió a él.
–¡Ah! ¡Por fin acabamos con esto! –comentó Kanade una vez que subieron al coche en el estacionamiento.
Chris y las demás ya estaban en marcha a la comisaria en su propio vehículo.
–Sí. –contestó simplemente Tsubasa.
–Quien hubiera pensado que Maria resultara ser una doctora. –se abrochó el cinturón de seguridad– Debe ser muy buena para que otros le pidan su opción, creo que la admiro.
–Sí.
–¿Pasemos a comprar algo de comer? tengo el estómago vacío por culpa de estos análisis.
–Sí.
–¿Qué demonios te pasa? –preguntó Kanade harta de escuchar las respuestas monosílabas de su compañera– ¿Por qué estas así?
Tsubasa la miró confundida.
–¿Así cómo?
–Mejor olvídalo. –suspiró, su prima a veces llegaba a ser muy distraída e inconsciente sobre sus reacciones– Si ya te arrepentiste por ofrecerte a recoger los resultados lo siento, pero nadie va a venir en tu lugar.
–No es eso, no es nada importante. –igualmente se abrochó el cinturón de seguridad, sin saber por qué quería regresar al hospital y buscar a Maria para corroborar la hora de la cita– Se nos hace tarde, vámonos.
–Bueno, qué más da. –se encogió de hombros para después encender el motor y salir del estacionamiento. Tomaron la avenida principal– Por cierto, ¿Qué fue todo ese flirteo entre Maria y tú?
–¿Flirteo? –volteó a verla con el ceño fruncido– Sólo estábamos platicando normalmente.
Eso le recordaba que tenía que hacer pagar a su prima por interrumpirlas, pero decidió que lo haría en otro momento que no estuviera manejando. No quería causar un accidente.
–Lo mismo podría decir yo. –continuó Tsubasa– ¿Crees que no vi las miradas que intercambiaste con Amou? Tú si estabas flirteando.
Kanade sonrió. En realidad era raro que hiciera algo así, pero no había podido evitarlo.
–Es bueno para la autoestima y él era bastante guapo. Hacerlo de vez en cuando no le hace daño a nadie.
–Eso suena complicado. –fue la exclamación del acompañante de Maria luego de explicarle el caso del doctor Amou.
Ryusei Ishikawa caminaba junto a ella. A pesar de lo intimidante que podía parecer el médico familiar con su uno noventa de estatura, sus amables ojos y su sonrisa tranquila le daban una apariencia amigable, al igual que el cabello corto y castaño hacían perfecta armonía con su bien parecido rostro. Era cinco años mayor que Maria.
Después de encontrarse en el pasillo había decidido acompañarla hasta el consultorio del otro doctor.
–Puede ser, pero estoy segura que todo saldrá bien en la operación.
–Si tú estás a cargo entonces así será. –dijo Ryusei cuando giraron por el pasillo de los consultorios.
–Te lo agradezco.
Se conocieron cuando fueron enviados por sus respectivas universidades a Nagoya para realizar sus prácticas durante un año en el hospital local, en ese tiempo de convivencia se hicieron buenos amigos. Al terminar su plazo él regresó a Yokohama y Maria a Tokio, pero continuaron estando en contacto por teléfono ocasionalmente. Fue una sorpresa para ella cuando le informo que había conseguido una vacante en el hospital Regional, recentrándose nuevamente seis meses atrás luego de varios años sin verse.
–¿Crees que podríamos ir a comer más tarde? –preguntó Ryusei de pronto cuando llegaron al pasillo de los consultorios.
Maria revisó mentalmente su agenda, tenía toda la tarde ocupada, sólo contaba con un espacio que dejó específicamente para almorzar.
–Estaré libre dentro de una hora, si te parece bien esperarme con gusto te acompañaré.
–Lo haré. –por supuesto que la esperaría.
Cuando llegaron con la secretaria del doctor Amou le informaron a Maria que ya la estaban esperando.
–Nos vemos luego, Ryusei. –dijo antes de caminar a la puerta.
–Te veré después.
Estaba plenamente consciente que Maria no sentía lo mismo que él, incluso Carol le había dicho en reiteradas ocasiones que se diera por vencido, que simplemente su amiga no podía quererlo de la forma que él deseaba. Aún así no podía aceptarlo tan fácilmente hasta que pudiera decírselo directamente. Planeaba invitarla al cine el fin de semana durante la comida.
Faltaban quince minutos para las tres de la tarde cuando Tsubasa salió del elevador del hospital en el segundo piso, a diferencia de la mañana esta vez las personas no se le quedaban viendo. Aprendió la lección y optó por cambiarse el uniforme antes de salir de la comisaria, e igualmente le pidió prestado el coche a Kanade ya que su motocicleta estaba en el taller para un cambio de llantas.
Recordando lo dicho por Maria fue hasta el final del pasillo, topándose en el camino a una de las enfermeras que las atendió en la mañana. Ella le indicó que puerta era exactamente el consultorio. Luego de agradecerle fue hasta ahí, estaba por tocar cuando escuchó voces al otro lado, suponiendo que se trataba del paciente anterior decidió ir a sentarse en la sala de espera a que terminaran pero se detuvo al escuchar un fuerte estruendo proveniente del interior del consultorio. Sin importarle lo más mínimo las cortesías Tsubasa abrió la puerta de golpe y entró.
Un hombre de cabello canoso visiblemente furioso estaba parado en medio del lugar, su silla estaba tirada en el suelo y repetía un montón de imprecaciones. Al otro lado del escritorio Maria permanecía inmutable observándolo.
–¿¡Quién demonios eres tú!? –cuestionó el sujeto cuando se dio cuenta de su presencia– ¡Estas interrumpiendo algo importante!
–¿Hay algún problema, doctora? –preguntó Tsubasa ignorando las palabras del hombre pero sin quitarle la mirada de encima.
Maria sólo se movió para poder verla.
–No te preocupes, todo está bien. –nuevamente se dirigió al otro ocupante del consultorio– Doctor Ver, creo que fui lo suficientemente clara respecto a mi decisión, y no pienso cambiar de parecer. También le recuerdo que esto es un hospital y si no puede controlarse entonces le pido que se retire de aquí inmediatamente.
–Me iré por ahora, pero volveré y haré que cambies de opinión cueste lo que cueste. –apoyó las manos sobre el escritorio tratando de intimidarla– ¡No creas que te libraras de mi tan fácilmente!
¡Estaba amenazándola delante de ella con todo el descaro del mundo! Su instinto protector despertó como una fiera desbordante lista para atacar, ordenándole que alejara el peligro de Maria inmediatamente.
Dio un par de pasos más cerca llamando la atención del doctor Ver.
–Será mejor que se retire ya. –el filo en su voz y la frialdad de su mirada eran terriblemente amenazantes, revelando que ante el mínimo movimiento mal intencionado podría tomar una acción más temible– No me obligue a sacarlo yo misma.
Podía ver la sorpresa en los ojos del tipo que retrocedió sin ser consciente de ello, segundos después se recompuso cambiando su expresión por una más controlada. Los guardias de seguridad llegaron en ese momento luego del llamado de una de las enfermeras, así que el doctor Ver tomó el abrigo que estaba tirando en el suelo junto a la silla y simplemente se marchó en silencio con ellos.
Todo el tiempo Tsubasa lo tuvo bajo su estricta vigilancia, e incluso después de que se fueron siguió viendo la puerta completamente alerta por si se le ocurría regresar.
–Tsubasa. –el llamado de Maria al igual que la mano que colocó en su hombro fueron los que finalmente la hicieron relajarse.
Se giró enseguida para verla de arriba abajo en busca de alguna herida. Si la había lastimado no existiría lugar en el mundo donde pudiera esconderse y ella no lo encontrar.
–¿De verdad estás bien, Maria? –preguntó luego de no encontrar nada.
–Te juro que estoy perfectamente bien. –contestó percibiendo su inquietud– No te preocupes.
Pasaron unos segundos de silencio antes de que asintiera. Regresó para cerrar la puerta y después levantar la silla mientas Maria ocupaba su lugar al otro lado del escritorio.
–Lamento que presenciaras eso. –mencionó molesta después de dar un largo suspiro.
–Eso no importa, de hecho me alegro de haber estado aquí.
Probablemente los guardias se hubieran podido encargar del asunto sin problema, ya que por ahora sólo representaba una amenaza verbal, pero esa clase de personas eran muy peligrosos si no se tenía la precaución de vigilarlas.
–¿Ya había pasado algo así con él?
–Ha venido muchas veces para hablar de un asunto conmigo, pero es la primera vez que pierde el control así.
Así que estas cosas podían haber pasado antes. Quizá debía hablar seriamente con el personal de seguridad para que no lo vieran como un accidente aislado y estuvieran alertas sobre la seguridad de Maria.
–¿Quién es?¿Qué es lo que quiere?
Ahora podía ver que Tsubasa no era ninguna policía novata como le hacía creer a todo el mundo, no sólo por sus preguntas hechas con un semblante tan serio, sino por la manera de moverse y actuar ante la situación. Quizá por eso en sus anteriores encuentros sentía que no concordaba del todo con el trabajo tan monótono que seguramente tenía en la comisaria. Tsubasa parecía ser más como un lobo astuto y sigiloso con unos poderosos colmillos listos para atacar en cualquier momento que fuera necesario.
Y por alguna razón descubrir esa faceta suya le pareció encantador.
–Maria. –esta vez fue el turno de Tsubasa para llamarla al verla tan distraída.
–Lo siento. –ya tendría tiempo de pensar más sobre su interlocutora en otra ocasión, primero debía responderle– Su nombre completo es John Wayne Vercingetorix, mejor conocido como doctor Ver, es el director del hospital Frontier que está al norte de la ciudad. Busca una asociación con nosotros.
Recordaba el otro hospital, era mucho más pequeño que el Regional y sobre todo menos equipado. Si esa unión se llegaba a realizar el único beneficiado seria él, teniendo acceso a tecnología y suministros enormes, e igualmente ganando un prestigio mayor al convertirse en una rama del Regional. Estaba claro el motivo por el que valdría la pena insistir tanto.
Pero había otra cosa que la inquietaba y sólo Maria podía aclararle.
–¿Por qué te estaba buscando a ti? ¿Qué no se supone que eso lo debe de hablar con el director?
Maria dudó por un momento antes de contestar.
–Digamos que mi opinión es muy valorada por la junta directiva. –dijo antes de ver el reloj en la pared, ya eran las tres y media, ¿en qué momento había pasado tanto tiempo? Abrió uno de los cajones de su escritorio para sacar los resultados y estudios de las agentes– Vamos a dejar ese tema de lado y continuemos con nuestros asuntos.
A pesar de querer indagar más en lo sucedido decidió aceptar lo dicho por Maria, después de todo debía regresar a la comisaria y pedirle a Kohinata que buscara información del doctor Ver. Asintió en acuerdo esperando pacientemente el diagnostico de sus análisis.
–Debo decir que como doctora estoy muy complacida con sus resultados. –mencionó tratando de recuperar el buen humor– Todas están en perfectas condiciones, no hay ni una sola anomalía en ninguna.
A Tsubasa no le sorprendía tanto el resultado pues siempre se mantenían en un constante entrenamiento adecuado a cada una de ellas. Aun así agradeció ver la alegría de Maria cuando le entregó todo. Debía llevárselos a Ryoko para que los registrara en sus archivos médicos.
–No tengo nada más que decir al respecto. –continuó Maria– Sólo que continúen exactamente con lo que ya están haciendo, les funciona muy bien.
–Te lo agradezco.
–De cualquier forma si tienen alguna duda pueden buscarme, ya saben en donde estoy.
–Lo haré.
El teléfono del escritorio sonó, era una llamada de la central de enfermería.
–Permíteme un momento.
Mientras Maria atendía la llamada Tsubasa se dio el tiempo de observar el consultorio, en realidad estaba demasiado vacío careciendo del aire personal que podía esperar, pero por las ligeras marcas en las paredes y estantes se dio cuenta que anteriormente había cosas ahí. En un rincón en el suelo también estaban un par de cajas, encima de una de ellas divisó un portarretratos con una fotografía de Maria y Serena. Iba acercarse para verla cuando escuchó que colgaba el teléfono.
–Creo que debo irme. –dijo Tsubasa poniéndose de pie, consciente de pronto que quizá habría otros pacientes esperando por una cita después de ella– Probablemente estés ocupada.
Maria la imitó.
–No te preocupes, de hecho mi turno ya terminó. –sonrió– Eras mi última consulta, ya puedo irme.
Tsubasa guardó silencio un momento.
–¿Vas a tu casa? –Maria asintió– Si no tienes en que irte no tengo ningún problema en llevarte.
–No te preocupes, me iré en autobús. Además no quiero causarte molestias.
–Voy a la comisaria y creo recordar que vives cerca de ahí, será más rápido si te llevo. Y aunque no fuera para allá te llevaría de todos modos, no es ninguna molestia.
Si lo pensaba bien no tenía ninguna razón para no aceptar su ofrecimiento, y si era sincera quería hacerlo.
–¿De verdad está bien? –dijo un poco avergonzada.
Tsubasa sonrió al verla un poco sonrojada.
–Por supuesto, además, –nuevamente esa expresión seria apareció– Puede que ese tipo, Ver, esté por los alrededores. Aún debe estar enfadado y no pienso darle una oportunidad para que se acerque a ti. Puede que parezca una exagerada pero no voy a permitir que estés en peligro.
Una agradable sensación creció en el pecho de Maria ante la preocupación de Tsubasa. Y aunque lo agradecía no quería que siguiera sintiéndose así, por ello aceptaría definitivamente su invitación.
–Entonces iré contigo, sólo debo ir a dar unas indicaciones y nos vamos.
Tomando su bolsa y el cuaderno de notas siguió a Tsubasa afuera del consultorio. Habló con uno de los enfermeros y posteriormente continuar su camino al estacionamiento. Ahí abordaron el automóvil que Kanade tanto adoraba y pronto estaban en la calle hacia su destino.
–Por cierto, me estaba preguntando desde hace rato –habló Maria en el trayecto– Dijiste que regresabas a la comisaria, pero no llevas puesto el uniforme, ¿por qué?
–Debía pasar desapercibida después del alboroto que causamos esta mañana. –sonrió– Pero aun estoy laborando.
Recordaba haber escuchado sobre eso en la cafetería del hospital, debió ser un malentendido para quienes las vieron pues hablaban sobre un criminal que estaba en una de las habitaciones.
–¡Es cierto! –rió al recordar la forma tan exagerada en la que un chico le relataba a alguien de su familia lo sucedido– Fueron el tema del día.
–Hubiera preferido que no. –suspiró al recordarlo.
Se detuvieron en un semáforo esperando el cambio de luz.
–Cambiando de tema. –continuó Tsubasa– ¿Qué pasó con la cirugía del chico? ¿La harás?
No vio problema en comentarle el caso.
–Sí, su familia aceptó. Será una operación larga pero creo que lo lograremos.
–Ya veo. –una sonrisa juguetona se formo en sus labios– No sé si deba decir esto porque según mi tía los médicos se basan más en hechos científicos que en la fortuna, pero te deseo suerte en la operación. ¿O mejor debería decir éxito?
Nuevamente la alegre risa de Maria se escuchó en el aire. Era muy relajante estar con Tsubasa y poder permitirse hacer esas cosas.
–Bueno, al menos para mí la ciencia y la fortuna en ocasiones van de la mano, así que todos tus buenos deseos son bien recibidos. –dudó un momento antes de seguir hablando, pero luego de pensarlo decidió que podía preguntarle libremente a Tsubasa cualquier cosa. Le respondería honestamente– ¿No te parece extraño que sea yo quien haga la cirugía?
–¿Por qué debería? –se giró para verla– Si lo dices por lo joven que eres no creo que eso sea importante. Estoy segura que has trabajado duro demostrando tus capacidades para llegar al lugar que ocupas ahora, si no fuera así otros médicos no pedirían tu opinión o aceptarían que realizaras las cirugías de sus pacientes. Quien se atreva a subestimar tu trabajo simplemente por tu apariencia entonces es un idiota.
Era la primera vez que alguien le decía algo como eso, y fue tan reconfortante que sintió la necesidad de abrazar a Tsubasa. Afortunadamente logró controlar el impulso.
–De verdad agradezco mucho tus palabras. –su hermosa sonrisa fue especialmente para Tsubasa– Son muy importantes para mí.
Se quedó completamente absorta en Maria por unos segundos hasta que el automóvil de atrás sonó el claxon para que avanzara luego del cambio de luz. Reaccionando hizo avanzar el coche mientras continuaron conversando.
–¿Hacia dónde debo ir? –preguntó Tsubasa cuando ya estaban por entrar a las calles aledañas del parque.
–Gira a la derecha en la siguiente intersección hasta el final, y después a la izquierda. Sobre esa calle está mi casa.
–Entendido.
Pronto se detuvieron frente al portón azul de la casa. Maria tomó su bolsa después de desabrocharse el cinturón.
–Gracias por traerme. –sonrió.
–Ha sido todo un placer. –imitó su gesto– Te veré después.
–Espera un momento. –exclamó Maria cuando se bajó– No vayas a irte.
Dio media vuelta, abrió la puerta del portón y entró. Unos minutos después regresó con una pequeña caja en la mano.
–Ayer hicimos gelatinas. –le entregó el regalo a través de la ventana– Espero te gusten.
Pudo ver el brillo en los ojos de Tsubasa al recibirlas, ¡esa expresión era adorable!
–Muchas gracias, estoy segura que así será.
Esperó hasta que Maria entrara otra vez a la casa para irse. En cuanto llegara a la comisaria se comería algunas de las gelatinas.
–Oye Tsubasa, ¿esto es tuyo? –preguntó Kanade mostrándole la libreta que traía en la mano.
Ya eran las nueve de la noche y ambas se encontraban en el estacionamiento de la comisaria listas para irse, el resto de sus amigas ya habían partido a sus casas. Para alegría de Tsubasa habían traído su motocicleta por la tarde.
–No. –contestó dejando el casco sobre el asiento para agarrar la libreta– ¿Dónde lo encontraste?
–Estaba entre el asiento del copiloto y la puerta.
Mientras lo hojeaba encontró el nombre de la dueña escrito con una preciosa caligrafía.
Maria Cadenzavna Eve
–Seguramente lo olvidó cuando la llevé a casa. –mencionó más para sí que para su interlocutora.
–Con que es de Maria, si sabes donde vive deberías ir a entregárselo. –dijo Kanade yendo a la puerta de su coche– Tengo cosas que hacer, así que nos vemos luego.
Pronto se vio sola en el estacionamiento.
Al parecer era algo importante, ya que por los apuntes que alcanzó a leer se trataban de notas sobre casos de pacientes. Regresó a la comisaria en busca de una bolsa para evitar que le pasara algo. Encontró una en los cajones del escritorio de Kanade, también encontró un pequeño objeto que la hizo sonreír. Al final decidió tomarlo para llevárselo a Maria. Metió la libreta en la bolsa antes de guardarla en maletero de la motocicleta, se puso el casco y salió en dirección a la casa de Maria.
Cinco minutos después estaba frente al portón donde la había dejado, tocó el timbre y espero la respuesta. Mientras lo hacía le llamó la atención el apellido grabado en la placa de la pared. Le pareció extraño que dijera Kolski en lugar de Cadenzavna.
–Buenas noches. –escuchó decir desde el comunicador– ¿Qué se le ofrece?
–Buenas noches, soy la agente Tsubasa Kazanari, he venido a entregarle algo a Ma… a Cadenzavna que olvidó.
Le pareció más prudente llamarla por su apellido.
–Un momento, por favor.
Poco después la puerta se abrió, dejándole ver el amable rostro de la señora Nastassja.
–Lo lamento, pero mi hija está dormida. –una ligera desilusión llegó a Tsubasa luego del aviso– ¿Sería posible que yo pudiera recibir lo que trae?
–Por supuesto. –regresó a la motocicleta para tomar la bolsa. Sacó del bolsillo una pluma y el paquete que tomó del cajón de Kanade. Esperando que Maria no se enojara, arrancó un pequeño pedazo de papel de la última hoja para escribir algo. Cuando acabó metió todo a la bolsa y volvió junto a Nastassja– Hasta hace un momento me di cuenta que estaba en el choche, lamento haber tardado en traerlo.
La mamá de Maria sonrió tomando la bolsa.
–Muchas gracias, deberíamos ser nosotras las que se disculpen por las molestias que te causó traerlo.
–No ha sido nada.
–¡Es Tsubasa!
Serena apareció corriendo detrás de Nastassja luego de aquel grito.
–Hola, pequeña. –Tsubasa estaba feliz de verla– ¿Te has portado bien?
Serena asintió varias veces.
–Lo he hecho.
–Es bueno escucharlo. –sonrió.
–¿Has venido de visita? –preguntó entusiasmada– ¿Te quedaras un rato?
–Esa es una buena idea. –intervino de pronto Nastassja– ¿Te gustaría quedarte a cenar?
La repentina invitación desconcertó a Tsubasa. Sus interlocutoras esperaban su respuesta sin presionarla, pese a ello no le parecía del todo correcto aceptar, y siendo franca, le daba algo de vergüenza. Así que se obligó a calmarse para contestarles.
–Se los agradezco mucho, pero me temo que no puedo quedarme. –al ver la cara desilusionada de Serena se sintió culpable, no podía dejarla así– Pero con gusto vendré otro día, lo prometo.
Para alivio de Tsubasa la alegría regresó a la expresión de la pequeña.
–¡Sí! –exclamó sonriendo– ¡Te estaremos esperando!
Tsubasa no pudo evitar acariciar la cabeza de Serena ¡Era demasiado tierna! Nuevamente se dirigió a Nastassja.
–Debo irme, salúdeme a su hija, por favor.
–Yo le diré. Muchas gracias.
Encendió la motocicleta antes de colocarse el casco. Despidiéndose por última vez de ellas siguió su camino.
Al regresar al interior de la casa, Serena se quedó en la sala viendo una película mientras Nastassja iba a servir la cena. Estaba pensando en ir a despertar a su hija cuando la encontró en la cocina sirviéndose un vaso de agua.
–Creí que seguías dormida.
–Lo estaba hasta hace un momento, Carol me llamó para preguntarme algo de un paciente.
En realidad su mejor amiga le había hablado para preguntarle sobre lo sucedido con el doctor Ver, y por supuesto reclamarle por haberse enterado por terceras personas y no por ella.
–Al menos bajaste justo a tiempo para la cena. –sacó los platos de la alacena.
–Sí, la verdad tengo mucha hambre. –tomó los vasos para llenar dos con té helado y otro de jugo de uva para Serena.
–Por cierto, Tsubasa acaba de irse, te trajo algo que olvidaste. –mencionó mientras servía la comida– Está en la mesa de la sala.
–¿Algo que olvidé? –curiosa por ello fue a ver de qué se trataba.
Cuando entró a la sala Serena corrió a su encuentro, luego de una lluvia de besos y cosquillas su hija regresó su atención a la película mientras ella se sentó en el sillón para abrir la bolsa.
–Mi libreta.
Recordaba que cuando se subió al coche la tenía en la mano, pero la puso en la orilla del asiento para abrocharse el cinturón, después estaba tan centrada en la conversación con Tsubasa que simplemente la olvidó.
–Me hubiera gustado verla otra vez. –susurró.
Estaba por guardar la bolsa cuando se dio cuenta que había algo más en el interior. Sacó un pequeño paquete con un colgante para el celular de Pipo-kun junto con una nota.
Quería entregártelo personalmente por eso lamento mucho no haber podido verte, de cualquier forma espero que te haga reír un poco cada vez que lo veas.
P.D. Las gelatinas estaban deliciosas, muchas gracias.
Tsubasa K.
Sin poder contenerse Maria comenzó a reír.
–¿Qué pasa, mamá? –preguntó Serena.
–Lo siento, amor. –respondió después de calmarse– Es sólo que Tsubasa me dio un regalo y me recordó algo. Fue muy lindo.
La pequeña sonrió acercándose a ella, se subió a sus piernas para sentarse y abrazarla. Fue correspondida enseguida.
–Tsubasa dijo que vendría otro día.
–Veo que te agrada.
Serena asintió.
–Sí, ella es muy amable con nosotras. Además ayuda a la gente como a mí cuando me perdí. Me da mucho gusto haberla conocido y que sea nuestra amiga.
Ella también se alegraba de haberla conocido, generalmente las personas de su edad se sentían abrumadas al conocer un poco más sobre la vida de Maria, por ello en realidad no tenía muchos amigos más que Carol y un número reducido de personas cercanos a su familia. Los demás eran simples conocidos que mantenían la distancia con ella sin dejar de lado la cortesía. Tsubasa por el contario proyectaba un aura de seguridad en sí misma enorme, cosa que captaba el interés de Maria ya que la hacía sentirse cómoda cuando hablaban. De ahí surgía su buena química cuando estaban juntas.
Quería ser más cercana a Tsubasa.
–Así que te dijo que vendría. –mencionó Maria alejando un poco a su hija para poder verla pero sin romper el abrazo– En ese caso hagámosle algo de comer ¿Qué te parece?
–¡Hagámoslo!
Mientras proponían platillos para preparar Nastassja las llamó para que fueran a cenar.
–Dile a la abuela que enseguida voy. –dijo bajando a su hija para ponerse de pie y tomar sus cosas– Iré a llevar esto a mi cuarto.
Serena salió corriendo feliz de cumplir con el pedido de su mamá. Maria subió al segundo piso y entró a su habitación, dejando la libreta sobre el escritorio fue hasta el buró al lado de la cama para tomar su celular. Pronto el regalo colgaba de una esquina del mismo.
Sonrió, en lugar de hacerla reír le recordaría a Tsubasa cada vez que lo viera.
Dejó el casco sobre la mesa de la entrada, al igual que sus llaves. Quitándose los zapatos se adentró en el departamento.
Ocupaba completamente el séptimo piso del edificio, la mayoría del tiempo pensaba que era demasiado amplio para ella sola, aun así lo que más disfrutaba era la vista que tenía desde el balcón, sobretodo de noche. Las luces eran preciosas para contemplar al igual que los amaneceres.
Encendió la luz de la sala y pronto su chaqueta fue descartada despreocupadamente sobre el sillón. En realidad pasó de largo hacia el cuarto, ignorando el desastre que había en la sala y cocina. Ropa, libros, latas de bebidas y algunos paquetes de comida estaban por todos lados. Debía llamar al equipo de limpieza mañana ya que las labores domesticas nunca había sido lo suyo.
En su habitación encendió el televisor para escuchar las noticias mientras buscaba un cambio de ropa. Chris le había enviado un mensaje informándole que las rondas nocturnas fueron canceladas, así que ya no tenía motivos para salir de casa hasta mañana que fuera a trabajar. Estaba abriendo la puerta del baño cuando el presentador comenzó hablar sobre los terroristas, recordaron a las víctimas y criticaron a las autoridades por su aparente indiferencia de dar con los responsables a un mes y medio del último atentado.
Tsubasa no podía culparlo, pero se enfadó al escuchar sus declaraciones. ¡Demonios! ¡Estaban haciendo todo lo que podían! Por eso la frustración que sentían al toparse con callejones sin salida en cada pequeña pista que tenían era mayor. Ese sujeto no tenía ni idea de nada. Terminó por apagar el televisor antes de entrar al baño para ducharse.
Todo el equipo de S.O.N.G. sabía que esta aparente tranquilidad sólo era el preámbulo a la catástrofe, y la única opción que tenían por ahora era salvar a cuantos pudieran mientras descubrían la cara oculta detrás de la organización.
Tenía que hacerlo, después de todo había prometido visitar a Maria y Serena pronto.
¡Hola a todo el mundo!
Pues aquí me tienen con el otro capítulo, ¿Qué les pareció? Aparecieron unos cuantos personajes más, ¿Qué piensan de ellos? Además tenemos más momentos entre nuestras protagonistas, poco a poco se van acercando, veamos como continua su relación.
¡Muchas gracias a quienes dejaron sus comentarios! Son una gran motivación para seguir escribiendo. No duden en dejarme un nuevo comentario en este capítulo.
¡Nos leemos en el próximo!
Fava.
Negatoscopio* Es el aparato que utilizan los doctores para ver las radiografías que cuenta con un sistema de iluminación. Seguro que todos lo han visto alguna vez en un consultorio.
TAC* Tomografía Axial Computarizada, es un estudio detallado que emplea imágenes precisas para realizar un mejor diagnostico sobre algún padecimiento o daño en órganos internos, huesos, tejidos y vasos sanguíneos.
