Sakurafubuki

Capítulo 4


La última caja había sido finalmente desocupada y Maria se dio el tiempo de contemplar satisfecha el resultado de su trabajo. Todos sus utensilios y muestras de medicamentos estaban acomodados en los cajones del estante, así como las fotografías de su familia y reconocimientos en su respectivo lugar en el nuevo consultorio.

Las labores de construcción del nuevo edificio de tres pisos en el ala oeste del hospital concluyeron una semanas atrás pero había tomado otra semana para instalar todo y dejarlo en funcionamiento. Por eso la ceremonia de inauguración se había llevado a cabo esa mañana de forma breve y sólo asistió el personal del hospital, algunos representantes del Ministerio de Salud, así como un par de medios locales para cubrir el evento, no querían causar incomodidad a los pacientes y familiares de otras áreas llamando a una gran cantidad de medios.

Hicieron un recorrido por las nuevas instalaciones, ahora tenían más habitaciones y quirófanos, los especialistas estarían en los nuevos consultorios y eso permitiría que contrataran otra plantilla de médicos para ocupar los anteriores. Y por si eso fuera poco, en la rueda de presa se anunció el siguiente proyecto que tenían en puerta, la consolidación de un convenio con la Universidad de Tokio para que dentro de un par de años también fungieran como lugar de enseñanza para los futuros médicos en la realización de sus prácticas. Sin duda alguna el Hospital Regional se ampliaba cada vez más.

Ahora Maria sentía que debía dar mucho más de sí para todo el trabajo que llegaría, y estaba feliz de hacerlo. Paseándose un poco por su consultorio contemplar el recién adquirido equipo médico y mobiliario, esperaba ayudar a muchas personas con ellos. Avanzó hasta abrir la puerta del fondo, esa habitación adjunta era la que más le gustaba de todo, pues a partir de ahora tendrá un espacio exclusivo para ella que funcionaría como su laboratorio, y estaba tan emocionada por ello que se sentía como una niña pequeña en una juguetería con pase libre para comprar lo que quisiera.

Cerrando nuevamente la puerta observó el reloj en la pared, ya eran las diez de la mañana y debía ir almorzar porque después del mediodía comenzarían a realizar las consultas que ya tenían citadas. Tomando su bolsa salió al pasillo para tocar a la puerta de alado, Carol también estaba en la plantilla de los trasferidos así que quería ir con su mejor amiga a celebrar los nuevos consultorios. Pronto estuvieron ocupando una mesa en la cafetería del hospital.

–¡Está delicioso! –exclamó Carol luego de probar el karaage que Maria había preparado.

–Come todo lo que gustes. –dijo Maria– Traje suficiente para las dos.

–Eres tan buena. –suspiró– A veces creo que debí casarme contigo cuando tuve oportunidad.

–Deja de decir tonterías y come. –rió tomando un poco de tamagoyaki del bento de su amiga– Además, no recuerdo haberte pedido matrimonio alguna vez.

Antes de que lograra llevar la comida a su boca un par de manos cubrieron sus ojos.

–Te encontré, mi querida niña. –le susurró cerca del oído una alegre voz.

Una sonrisa se dibujo en los labios de Maria, pues siempre había compartido ese pequeño juego con esa persona. Bajó los palillos con cuidado para dejar su comida en el plato.

–Me sorprendiste con la guardia baja, así que por esta vez admito mi derrota. –contestó colocando las manos sobre las otras para retirarlas y poder ver a su interlocutora– ¿Quieres acompañarnos?

–Sabes que iba hacerlo aunque no se lo pidieras. –mencionó Carol luego de terminar otra porción de karaage– Sientate de una vez, Cagliostro.

Cagliostro di Alessandro era una hermosa y extrovertida doctora italiana especialista en medicina intensiva. Había dejado su país de origen poco después de terminar su carrera para aprender lo que pudiera de su especialidad alrededor del mundo. En algún momento de su viaje había llegado a Japón y al asistir a un congreso de medicina encontró un motivo para ponerle fin a su vida nómada y asentarse definitivamente ahí.

–Por supuesto, nunca me perdería la comida de mi dulce niña. –Cagliostro le regaló un guiño antes de correr la silla para sentarse.

–Por cierto, ¿dónde están esas dos que siempre andan contigo? –preguntó Carol.

La respuesta llegó con el ligero golpe que recibió en la cabeza.

–Esa no es forma de referirte a tus superiores. –sentenció la recién llegada parada detrás de ella.

–Tan formal como siempre, Prelati. –exclamó riendo Cagliostro.

Prelati François, era una brillante doctora especialista en Hematología e Investigación Farmacoquimica proveniente de la misma nación que Cagliostro. Cuando la empresa en desarrollo farmacéutico en la que trabajaba abrió una sede en Japón había sido enviada como parte del personal. Durante una muestra de medicamentos que realizaron en el Regional había conocido a la persona que la llevó a dejar el puesto que tenía en la empresa para formar parte de la plantilla del hospital.

–Creo que ya es un caso perdido, Prelati. –dijo una segunda persona entregándole a Cagliostro una de las dos charolas de comida que traía– Aunque debemos asegurarnos que no contagie a Maria con su impertinencia.

–Tienes razón, Saint Germain. –concordó Prelati dejando su propia charola de comida sobre la mesa antes de tomar asiento– Quizá deberíamos ponerla en cuarentena como una medida preventiva.

Saint Germain Rákóczi era una de las mejores cirujanas del país y especialista en Genética y Toxicología. En sus primeros años como doctora ella y su madre Amelia se vieron obligadas a dejar atrás Rumania para buscar refugio en Japón tras un enfrentamiento civil en el pequeño pueblo en las montañas donde vivían. Sin embargo, Amelia se vio afectada por dicho conflicto pues fue expuesta a un tóxico que complicó su salud a los pocos días de pisar tierras niponas.

Sin una fuente de ingresos y sabiendo que dicha enfermedad superaba en ese momento sus conocimientos del tema Saint Germain buscó ayuda en diferentes lugares, topándose con muchas puertas cerradas. No fue hasta que llegó al Regional donde consiguió la tan buscada ayuda. El padre de Maria, con su buen corazón, se dedicó a tratar a la madre de Saint Germain sin esperar pago alguno y poco a poco Amelia fue recuperando la salud. Pero la ayuda del doctor no terminó ahí, pues días posteriores de que Amelia fuera dada de alta llamó a Saint Germain para avisarle que al día siguiente se presentara a su nuevo trabajo en el hospital.

Saint Germain nunca olvidaría la amabilidad del doctor, por ello se prometió dar todo de sí en su trabajo y ser un buen ejemplo para la pequeña Maria. Un año después conoció a Cagliostro y Prelati quienes se volvieron su familia.

–¿Podrían dejar de hablar de mí como si fuera un virus? –mencionó Carol viendo a Saint Germain mientras se sentaba.

–No eres un virus. –tomó los palillos para tomar una porción de ramen– Si realmente lo fueras sería mucho más fácil para nosotras tratar contigo.

La risa de Cagliostro fue acompañada por la de Maria, de igual manera Prelati no pudo disimular una ligera sonrisa. Carol continúo reclamándole a Saint Germain después de ello, siempre era el mismo ambiente tan agradable y familiar para todas.

A Maria le encantaba convivir con las tres veteranas doctoras ya que disfrutaba mucho de sus largas pláticas sobre sus experiencias de vida así como las enseñanzas de sus respectivas especialidades. Desde que era una niña las adoraba, pues aunque no lo pareciera las tres eran mucho mayores que Maria, al menos el doble de su edad, generando toda clase de rumores en el hospital.

Algunos iban desde los que aseguraban que Saint Germain descubrió la fórmula para conservar su juventud durante sus investigaciones en genética, hasta los que decían que, usando como referencia su ciudad de origen, Transilvania, pensaban que se trataba de un vampiro que convirtió a Cagliostro y Prelati. Ellas nunca habían intentado detener los rumores, ya que Prelati decía que no serviría de nada y según Cagliostro era más divertido e interesante que tuvieran ese halo de misterio a su alrededor. Saint Germain siempre se mantenía callada replicando que no le debía explicaciones a nadie.

Sea cual fuera la verdad a Maria en realidad no le importaba en lo más mínimo pues era feliz con el simple hecho de poder tenerlas a su lado.

Continuaron comiendo mientras hablaban de trivialidades hasta que terminaron. Cuando estaban guardando sus cosas para regresar a los consultorios los altavoces del hospital se encendieron y la calmada voz de Izak Malus Dienheim, director del hospital y padre de Carol, se escuchó.

–A todo el personal disponible, hay un código blanco, repito, código blanco. Se necesita su presencia en las entradas de urgencias. A todo el personal disponible…

Ese protocolo sólo se activaba cuando ocurrían desastres naturales que originaban el ingreso de una gran cantidad de heridos. Como las alarmas de terremoto o tsunami no se activaron en los celulares nadie sabía que pasaba, no fue hasta que un enfermero señaló el televisor que tenían en la pared del comedor, que comprendieron la situación. El noticiero interrumpió la programación para informar sobre un nuevo atentado registrado en el corazón mismo de Shibuya. El helicóptero sobrevolaba el lugar enviando imágenes en vivo.

Maria y todas las ocupantes de la mesa se pusieron de pie, yendo directamente a la puerta de urgencias del ala oeste. Muchos miembros más del personal ya estaban preparados con camillas y equipos de soporte para el ingreso masivo de personas.

–Me alegra saber que ya podemos usar los quirófanos de esta zona. –dijo Carol acercándose a un equipo de enfermeras.

Cagliostro y Prelati hicieron lo mismo.

–Nunca me imaginé que esta clase de actos seria lo primero que atendiéramos en el nuevo edificio. –comentó Maria al lado de Saint Germain.

–Tampoco me agrada este tipo de inauguración. –contestó con un semblante muy serio– Pero para esto existe el hospital, ahora es momento de salvar tantas vidas como podamos.

Las sirenas de las ambulancias se escuchaban cada vez más cerca.


Las agentes de S.O.N.G. bajaron de la que camioneta que las trasportaba hasta Shibuya, siendo recibidas por los gritos y caos que retumbaban en el lugar. Había muchas personas heridas y destrucción por todos lados.

–Ya saben qué hacer. –escucharon las palabras del comandante a través del comunicador en sus oídos– ¡Muévanse!

–¡Entendido! –exclamaron todas y rápidamente se desplegaron en una perfecta coordinación.

Miku fue directo con los policías para instruir a las personas y evacuarlas a una zona seguro. Kanade y Hibiki se encargaron de ayudar a los que estaban atrapados bajo los escombros. Tsubasa, Chris, Kirika y Shirabe fueron en busca del algún rastro de los responsables, tomando una dirección diferente cada una para cubrir más terreno.

Conforme avanzaba Tsubasa no pasaba por alto ningún detalle a su alrededor, pero la mayoría de cosas que veía sólo eran las miradas llenas de suplica por ayuda de las personas. Detuvo su búsqueda un momento para auxiliar a un hombre que tenía un profundo corte en la pierna. Quitándose la corbata del uniforme le hizo un torniquete para contener la hemorragia, gracias a eso otras personas lo llevaron hacia una ambulancia mientras ella continuó su labor.

Al seguir su camino logró percatarse de la inevitable caída de la fachada de un restaurante afectado por una explosión, una mujer junto con su hijo corría en busca de refugio cerca de ahí, así que sin dudarlo se abalanzó sobre ellos para cubrirlos cuando el letrero se vino abajo. Después de unos segundos Tsubasa se levantó para revisarlos. El pequeño lloraba en los brazos de su madre pero afortunadamente ambos estaban ilesos, así que luego de indicarles por dónde ir siguió avanzando. En el trayecto ayudó a unas cuantas personas más, aún si eso implicaba darles a los responsables una valiosa ventaja para huir jamás se perdonaría ignorar a los heridos.

Continuó buscando por más tiempo sin resultado alguno. Sabía que las bombas pudieron ser colocadas con anticipación y detonadas a la distancia, pero sus años de experiencia como agente le habían enseñado que a muchos criminales les gustaba ver en primera fila la destrucción que causaban, por ello no quería detenerse todavía.

–Tsubasa. –nuevamente el comunicador se encendió, esta vez se trataba de Kanade– Regresa, no hay nada que podamos hacer. Debemos ir a recabar información de los testigos, tanto los ilesos como los que ya fueron trasladados a los hospitales.

–¡Maldita sea! –masculló frustrada luego de cortar la comunicación.

Se detuvo y contempló el panorama. Los daños materiales eran cuantiosos pero podían repararse en un corto período de tiempo, sin embargo, las secuelas emocionales y físicas que dejaría este suceso en la población demorarían mucho más en sanar. Dio media vuelta para volver con sus compañeras, una fría furia invadía su cuerpo.


Horas después los pasillos a las afueras de las salas de emergencias estaban abarrotados de gente, algunos buscaban a sus familiares y otros salían luego de recibir tratamiento tras leves heridas y crisis nerviosas.

Maria salió del quirófano tras una cirugía de dos horas, fue a la sala de descanso para tomar agua y recibir un reporte de los ingresados y su situación actual. Al terminar se dirigió a la central de enfermeras para seguir ayudando, pero jamás se imaginó que se encontraría con un pequeño caos frente a las pizarras donde estaban las listas de los pacientes que habían logrado ser identificados. Al ver la situación intervino ayudada por cuatro policías que una enfermera acababa de llamar.

–Por favor, mantengan la calma. –pidió llamando la atención de los presentes– Entiendo perfectamente su preocupación pero no se resuelve nada si no tenemos un control. –señaló a los policías– Los oficiales los ayudaran a buscar el nombre de la persona que buscan, si su familiar esta aquí por favor pase a la sala de espera que esta al fondo, pronto les daremos noticias. Si no es el caso pueden ir al área de recepción y pedir informes de los demás hospitales a los que fueron trasladados los heridos.

Dejándoles el trabajo a los agentes se giró para ir con las enfermeras.

–Maria. –se detuvo ante el llamado de esa voz.

Tsubasa se acercaba a ella acompañada de otros agentes que nunca había visto, y a los que en realidad no les prestó atención pues su mirada fue directamente a la mancha de sangre en la desgarrada manga derecha del uniforme de Tsubasa. Tenía polvo y suceded en la cara.

–Estás herida. –fue lo primero que dijo Maria cuando llegó junto a ella

Fue hasta ese momento que Tsubasa se dio cuenta de ello ya que no sentía dolor alguno. Seguramente fue cuando protegió al niño y su mamá.

–Es sólo un rasguño. –descartó rápidamente la herida, debía encargarse de varias cosas antes– Necesitamos hablar con los testigos que ya fueron atendidos, ¿crees que sea posible?

Maria la contempló en silencio por varios segundos antes de asentir.

–Sígueme. –comenzaron a caminar por el pasillo hasta llegar al área de la sala de emergencias– Pueden hablar con cualquiera de estas personas,

Luego de darles indicaciones a los agentes que la acompañaban Tsubasa estaba lista para hablar con alguien pero fue detenida por Maria cuando la sujetó de la muñeca.

–¿Qué pasa, Maria? –preguntó un poco confundida.

–Tú vas a venir conmigo. –dijo jalándola para que la siguiera, ignorando campalmente sus protestas.

Pronto estuvieron en su antiguo consultorio.

–Siéntate ahí. –señaló la silla mientras iba a uno de los estantes– Voy atender tu herida.

Ahora agradecía que el consultorio aún estuviera abastecido con todo el material de curación que necesitaba.

–Ya te dije que estoy bien. –contestó Tsubasa todavía de pie.

Continuando con su labor Maria reunió lo que buscaba y fue a sentarse en otra silla para después ver a Tsubasa a los ojos.

–Aunque me digas eso yo no podría estar tranquila hasta que te atienda. –volvió a señalar la silla frente a ella– Por favor, siéntate.

No le quedó más remedio que hacer lo que le pidió, no podía decirle que no a esa mirada tan preocupada. Fue recompensada por una hermosa sonrisa.

Con la eficiencia que otorga la práctica, Maria fácilmente se colocó los guantes y cortó la manga de la blusa para retirarla con cuidado. No era un herida tan profunda como para necesitar suturación, pero si lo suficiente como para que fuera mucho más que un rasguño como lo había llamado Tsubasa. El tejido estaba completamente expuesto.

–¿De verdad no te duele? –preguntó al no escucharla emitir ninguna queja mientras limpiaba la herida.

Tsubasa negó con la cabeza.

–No. –dijo simplemente.

Gracias a su duro entrenamiento era capaz de suprimir el dolor de heridas mucho peores que esa y continuar de pie, después de todo, su vida dependía de su resistencia. Pero por la cara sorprendida de Maria eso no parecía muy común.

–Si llega a dolerte eres libre de quejarte conmigo. –mencionó Maria sin pedir más explicaciones– Nadie nos está viendo.

Esta era la segunda vez que tenía a Maria tan cerca, así que Tsubasa se dio el gusto de contemplarla fijamente mientras continuaba con la curación. Su toque era suave y gentil; y sobre todo muy eficiente, claramente sabía evitar a toda costa movimientos que incrementaran el dolor de la herida. Sin duda tuvo que haber invertido horas de estudio y práctica para lograr dicha hazaña. Otro mérito que sólo la hacía ver más impresionante ante sus ojos.

Pronto terminó de curarla, le colocó la gasa y finalmente la vendó.

–Listo. ¿No está muy apretado?

Tsubasa movió el brazo para comprobarlo. No le molestaba en absoluto.

–Está perfecto. Muchas gracias.

Esas palabras fueron un gran alivio para Maria pues al ver la sangre en la ropa de Tsubasa un extraño miedo se había alojado en su corazón. Por un momento pensó que podría ser de alguien más cuando la vio demasiado tranquila, pero conforme se acercaba pudo ver el inicio del corte en su brazo. De algún modo se contuvo para no correr junto a ella y arrastrarla directo al consultorio para atenderla.

–¿Podrías hablarme de los afectados que hay aquí por la explosión?

Maria asintió.

–Ingresaron ciento cuarenta y seis personas. Desafortunadamente veinticinco han muerto, quince están en terapia intensiva, otros seis están en cuidado intermedio y once todavía siguen en quirófano. El resto sólo tienen lesiones menores que no ponen en peligro su vida.

Se puso de pie para desechar los materiales que utilizó, después buscó un pañuelo en el estante y fue al baño para mojarlo un poco, posteriormente volvió a ocupar el lugar frente a Tsubasa.

–Sé que como policía tienes que investigar esto, –prosiguió hablando mientras cuidadosamente limpiaba las manchas de tierra en la cara de Tsubasa– pero por favor ten mucho cuidado. No quiero que te pase nada malo.

¿Cómo es que las palabras y acciones de Maria le resultaban tan cálidas?

Tsubasa alzó la mano para tomarla delicadamente de la muñeca. Estar cerca de ella despertaba sensaciones que no conocía, pero a pesar de lo extrañas que le parecían las atesoraría para siempre.

–Muchas gracias por preocuparte por mí, Maria. –dijo viéndola a los ojos sin soltarla.

La mirada de Tsubasa era tan intensa que hizo saltar su corazón, el sonrojo pronto tiñó sus mejillas y fue incapaz de moverse. En realidad no quería hacerlo. Esa reacción que tenía cuando estaba con ella se estaba volviendo más frecuente, no tenía ni idea del por qué pasaba eso pero sentía que ahora ocupaban un lugar especial en su corazón.

Tsubasa abrió la boca para decir algo cuando alguien tocó la puerta. Renegando internamente se vio obligada a soltar a Maria, fue hasta ese momento que la aludida se percató del llamado de la otra persona permitiéndole entrar.

–Disculpe la interrupción, doctora Cadenzavna. –dijo el enfermero, llevaba una carpeta en la mano– Me dijeron que estaba aquí con un paciente y quería saber si después de atenderla podría realizar una operación. La mayoría de los cirujanos siguen en quirófano.

Maria volteó a ver a Tsubasa en una disculpa silenciosa. Ella asintió entendiendo la situación.

–Lo haré. –contestó– ¿Tienes el historial médico?

Le pasó la carpeta y rápidamente leyó el contenido. Era una operación para reparar los ligamentos del hombro.

–Preparen al paciente y llévenlo al quirófano que esté disponible. En seguida voy.

–Entendido. –contestó el enfermero tomando la carpeta para después retirarse.

Repentinamente el cansancio recayó en Maria. Su trabajo era salvar tantas vidas como le fuera posible, y aunque era plenamente consciente que no podía ayudarlos a todos, seguía siendo difícil ver a tantas perderse ese día.

–¿Estás bien? –preguntó Tsubasa acercándose al ver su semblante pálido– Quizá no deberías hacer esa cirugía.

–No te preocupes, estoy bien. Además tengo que hacerlo. –suspiró– Es sólo que me es complicado ver este tipo de actos. –entre las víctimas y heridos había niños pequeños– Puedo entender cuando alguien muere por causas naturales o porque pasa algún desastre, pero me cuesta aceptarlo cuando es originada por las ambiciones o caprichos de algunas personas.

–Hay mucha maldad en el mundo, Maria.

–Lo sé, pero eso no quiere decir que esté bien con ello.

Esa tristeza no concordaba con Maria, debería sonreír siempre. Así que dio un paso más cerca y la abrazó, si necesitaba un respiro del mundo ella se lo daría. No la dejaría pasar por esto sola.

El calor que desprendía el cuerpo de Tsubasa se sentía fuerte y seguro, lleno de vida. Era el bálsamo reconfortante que su alma tanto buscaba en ese momento para seguir enfrentando el dolor y muerte que impregnaba el aire afuera del consultorio.

Se aferró a ella sin dudarlo.

–Te prometo que encontrare a los responsables y los haré pagar por esto. –declaró Tsubasa con un gran convicción– No te preocupes, confía en mi.

–Lo hago. –estrechó su agarre– Sé que podrás hacerlo.

Permanecieron abrazadas por varios minutos, llenándose de fuerza para continuar con todo lo que tenían que hacer. Sólo se separaron cuando llamaron por los altavoces a Maria.

–Debo irme.

–También debo regresar con mi unidad. –Tsubasa se quedó un momento pensando antes de continuar– ¿Podrías prestarme tu celular?

–Claro. –Maria sacó el aparato de su bolsillo para entregárselo.

El colgante de pipo-kun apareció frente a los ojos de Tsubasa haciéndola sonreír por primera vez en todo el día.

–Lindo adorno.

Maria también sonrió.

–Gracias, es un regalo muy importante.

Complacida con la contestación Tsubasa tecleó un número y lo guardó antes de regresárselo.

–Ese es mi teléfono personal, si necesitas algo no dudes en llamarme.

Sin decir nada Maria lo marcó y pronto el celular de Tsubasa sonó.

–Ese es el mío. –dijo antes de que salieran del consultorio– Por favor guárdalo.

Tsubasa asintió.

–Lo haré.

Se despidieron en el pasillo cuando nuevamente llamaron a Maria por los altavoces.


Había mucha movilización en el cuartel cuando llegó. La mayoría de las unidades que fueron desplegadas estaban regresando, ya no podían hacer nada más que seguir custodiando los hospitales y la zona del atentado. Esta última seguiría restringida por un par de días más.

Luego de mostrar su identificación en recepción fue hacia el elevador, tecleó su código personal en la pantalla y comenzó a descender. Las verdaderas instalaciones de S.O.N.G. eran subterráneas, el edificio de dos pisas bajo el que estaban era un simple camuflaje donde se llevaban a cabo tramites burocráticos.

Los laboratorios de desarrollo, salas de reuniones y entrenamiento, así como los dormitorios estaban distribuidos entre los cuatro pisos de abajo. Una vez que las puertas del elevador se abrieron dirigió sus pasos a los dormitorios, tenía que cambiarse el desgarrado uniforme de policía y ponerse el de S.O.N.G.

Una vez lista fue a la sala de reuniones, Ryoko y sus compañeras ya estaban ahí.

–Lamento la tardanza. –dijo Tsubasa al comandante.

Genjuro Kazanari se giró para verla.

–Lo importante es que ya estás aquí. –no pasó por alto el vendaje en su brazo, pero un gesto de su sobrina bastó para saber que estaba bien. Esperó hasta que Tsubasa tomara asiento junto a Kanade– Ahora podemos empezar.

La pantalla central se encendió mostrando una serie de imágenes del terror vivido en Shibuya.

–Hubo tres explosiones que hasta el momento han dejado ochenta y dos muertos. –habló de nuevo Genjuro– Lamentablemente sabemos que la cifra aumentará ya que hay muchos heridos de gravedad en varios hospitales.

La frustración y tristeza se sentía en el ambiente.

–Las detonaciones siguen el mismo patrón de ataque de la organización. –continuó Genjuro– Sin embargo, esta vez Miku encontró algo en un video de seguridad. –las imágenes en la pantalla cambiaron, mostraban el video de una persona con sudadera negra y tres maletas– Él lleva los explosivos.

Avanzaba por la calle principal de Shibuya deteniéndose por varios minutos en alguna banca, casualmente dejaba una maleta en el lugar para después seguir caminando.

–Pero lleva cubrebocas y lentes. –mencionó Shirabe molesta– No podemos ver su cara.

–Conociendo al viejo estoy segura que ya sabe quién demonios es el atacante. –intervino Chris impaciente– Si no fuera así no nos estaría mostrando esto.

El comandante asintió.

–Su nombre es Hiroshi Yamato, veinte años y estudiante universitario de historia. –las imágenes cambiaron para mostrar el rostro descubierto del mismo sujeto.

–Se descuidó por un momento cuando dejó su bicicleta. –explicó Ryoko– Se quitó el cubrebocas para tomarse unas pastillas y revisar un papel que llevaba. Suponemos que no se dio cuenta de la cámara porque según la declaración del encargado del estacionamiento la instalaron media hora antes de los sucesos.

Esta vez fue dicho video de seguridad el que vieron en la pantalla.

–Bien, hay que ir por ese bastardo. –habló Kanade sonriendo– Estoy segura que ya tienen la dirección así que…

–Está muerto. –la interrumpió Genjuro– Una de las bombas explotó a medio metro de él.

El video de la pantalla cambió mostrándoles el momento exacto donde Yamato murmuraba algo y segundos después se producía la primera explosión, después el humo cubrió toda la grabación.

–¡Maldita sea! –bramó Chris fúrica– Hemos perdido una valiosa fuente de información.

–Tenemos una opción. –mencionó Genjuro– Tienen una misión que cumplir.

Todas las integrantes de S.O.N.G. se pusieron de pie y perfectamente alineadas esperaron las indicaciones del comandante.

–Partirán al departamento de Yamato, revisen hasta el más mínimo rincón del lugar y asegúrenlo. El equipo de Ryoko entrará después para buscar evidencia a fondo. –observó a su esposa y después regreso su atención a las chicas– Protocolos de restricción dos y cuatro desactivados, pueden usar cualquier tipo de medida que vean necesarias. No mueran por ninguna tontería. ¡Ahora vayan!

–¡Si, señor! –contestaron al unísono.


Antes que el equipo de S.O.N.G. llegara a la dirección dada por el comandante ya se había notificado al resto de residentes de los departamentos así como a las personas de las viviendas a cien metros a la redonda que salieran del lugar por un espacio de cuatro horas. Todo perfectamente encubierto detrás de un aviso del ayuntamiento para el mantenimiento y revisión de los conductos de agua y electricidad.

Así que tenían vía libre para moverse por el lugar sin temor a que ningún civil resultara herido. Ese era el procedimiento que debían seguir para que los que vivían en la zona no se enteraran que su vecino era un maniático que hacia bombas. No querían propagar más el pánico que ya había en la ciudad.

La camioneta que las transportaba se detuvo una calle antes de llegar. La residencia no era muy grande, sólo tenía dos pisos y diez departamentos pequeños.

–¿Están listas? –preguntó Tsubasa.

Sus compañeras asintieron.

Ya habían terminado de ponerse sus trajes y comprobado sus armas y herramientas. La ropa en tonos negros era flexible, permitiéndoles la movilidad necesaria para un combate cuerpo a cuerpo de ser necesario. El material del que estaba compuesto era muy resistente, y estaba personalizado especialmente para cada usuaria y sus armas.

El equipo de alta tecnología era posible y exclusivo para S.O.N.G. gracias a las investigaciones de Ryoko. El traje, al que nombraba Gear, era una de sus creaciones más valiosas y que constantemente estaba mejorando, ya que de él dependía la seguridad de sus amadas niñas.

–¿Cuál es el plan? –habló Kanade a Tusbasa, su prima era la experta en esa materia.

–Es un lugar pequeño, dos de nosotras se infiltraran en el departamento y las demás cubrirán el perímetro. Las cerraduras de este lugar son eléctricas y no tenemos la llave, así que Tsukuyomi vendrá conmigo. No quiero arriesgarme a tirar la puerta y activar algún otro explosivo. –Shirabe asintió, no existía candado alguno que no pudiera abrir– Yukine cubrirá el norte, Akatsuki cubrirá el sur, Kanade el oeste y Tachibana el este. Kohinata se quedará aquí como miembro de apoyo manteniendo las comunicaciones.

–¿Qué pasa con el balcón? –preguntó Kirika, después de todo estaba ubicado en el área que le correspondía

En el camino todas habían estudiado los planos del edifico así que conocían la estructura del lugar.

–Mantenlo vigilado hasta que te lo indique. Según la información Yamato vivía solo pero no sabemos si hay alguien más ahí.

–Entendido.

Se giró para hablar con Chris.

–Yukine, también mantén vigilado el almacén que tenía asignado en el jardín. En cuanto terminemos con el departamento lo abriremos.

–De acuerdo.

–Sistemas comprobados. Ninguna frecuencia o señal anormal sale del edifico. –escucharon todas las voz de Miku por el comunicador. Observó el reloj– Sincronización, cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡Ahora!

–¡Comienza la misión! –dijo Tsubasa– ¡Todas las usuarias, saliendo!

Ella fue la primera en bajar seguida de cerca por Shirabe. Con sus armas listas avanzaron hacia las escaleras cubriendo la espalada de la otra. Kanade y Chris fueron las siguientes, escudriñaron los alrededores para después dirigirse cada una a su lugar asignado. Al final Hibiki y Kirika descendieron para tomar su posición, listas para enfrentar cualquier enemigo.

Todas las direcciones estaban siendo custodiadas cuando Tsubasa y Shirabe llegaron a la puerta marcada con el número doscientos tres perteneciente a Yamato.

–Ame no Habakiri, en posición.

Tsubasa informó por el comunicador completamente alerta de su alrededor pues debía proteger a Shirabe mientras trabajaba.

–Shul Shagana, comenzando infiltración. Treinta y cinco segundos.

Enfundando su pistola sacó de su traje dos estuches circulares del tamaño de la mano. Luego de que ambos leyeran sus huellas dactilares se abrieron, uno contenía varias herramientas y el otro era una pequeña computadora portátil. Estudió brevemente la cerradura para entender lo que debía hacer. Primero tomó dos herramientas del estuche, haciendo palanca con un plano desarmador pudo introducir la fina aguja por un costado hasta tocar el interruptor que abría el panel de control.

Una vez expuesto comprobó que había sido modificado por Yamato, emitiría una señal de advertencia hacia algún lado si no tenia cuidado, pero incluso si ese tipo creía que había hecho un buen trabajo eso sólo era un juego para Shirabe. Cambiando el desarmador por unas pinzas especiales cortó el cable del sistema y lo conectó a su computadora, introdujo una combinación de códigos hasta obtener la confirmación que buscaba y desactivar la señal. Finalmente insertó la aguja en el mecanismo principal inutilizando definitivamente el candado. Así la cerradura se abrió.

–La jaula está abierta. –exclamó Shirabe guardando sus estuches y colocándose al otro costado de la puerta. Su arma nuevamente estaba en su mano.

–Reporte. –ordenó Tsubasa.

–Gungnir, despejado. –dijo Kanade

–Ichaival, asegurado. –contestó Chris.

–Durandal, sin avistamientos. –mencionó Hibiki.

–Igalima, libre. –Kirika se posicionó cerca del muro para estar en un punto ciego desde el departamento– Balcón bajo la mira.

–Shen Shoujing, central óptima. –respondió Miku.

Comprobado eso era momento de avanzar.

–Manténganse alerta. –hizo una señal a Shirabe antes de poner la mano en la chapa y abrir la puerta.

Con las armas en alto entraron al departamento, mientras Tsubasa se adentraba en el pasillo, Shirabe fue rápidamente a comprobar la habitación más cercana que resultó ser el baño, al encontrarla vacía regresó para abrir otra, esta vez se topó con la cocina. De nuevo nada.

–Libre. –mencionó alcanzando a su compañera.

Tsubasa ya había registrado el living y la recamara principal, encontrándolas igualmente vacías. El balcón había tenido el mismo resultado. Ahora sólo quedaba una habitación por revisar. Al tratar de abrirla se dieron cuenta que estaba cerrada, pero gracias a las grandes habilidades de Shirabe fue abierta diez segundos después.

En el interior de la habitación encontraron altas columnas de libros apilados por todo el suelo, así como pedazos de papeles con notas esparcidos por todas partes, y por último una pizarra al fondo con fotos pegadas en el.

–Hay todo tipo de libros de historia de diferentes culturas. –mencionó Shirabe leyendo los títulos de los lomos– Tal parece que su carrera universitaria le apasionaba.

–No nada más le apasionaba eso al maldito. –masculló Tsubasa viendo las fotos en la pizarra.

Eran de Shibuya, específicamente del lugar del atentado, algunas tomadas de diferentes ángulos para ubicar las cámaras de seguridad de los locales y otras de distintas horas y días para conocer el flujo de personas que transitaban por ahí.

Shirabe se acercó para ver las fotos.

–Estaba buscando las mejores localizaciones para las bombas. –apretó los puños a los costados– Quería causar el mayor daño posible.

Tsubasa guardó silencio un momento en solidaridad a su amiga, pues sabía que había sido obligada hacer ese mismo trabajo antes de llegar a S.O.N.G.

Siendo unas niñas, Shirabe y Kirika fueron secuestradas por una organización en el extranjero cuando sus familias vacacionaban en grupo. Sus padres habían sido asesinados y ellas obligadas a trabajar para la organización, de ahí venían sus sorprendentes habilidades en el campo de batalla. Por años fueron buscadas por el gobierno japonés hasta que encontraron su localización. S.O.N.G. se encargó del rescate seis años atrás y finalmente consiguieron liberarlas del yugo de la organización.

Sin tener una familia a la cual regresar, Genjuro y Ryoko se convirtieron en sus tutores. Pero no fue sencillo para ellas adaptarse a la bondad y buenos tratos que les otorgaban, derivando en una serie de conflictos con ellos. Y nadie las culpaba, después de todo pasaron por muchas cosas terribles para lograr sobrevivir, sólo su vínculo tan único y especial mantuvo sus almas intactas motivándolas a seguir adelante. Aun así nadie se dio por vencido con ellas y gracias al apoyo de sus amigas, especialmente de Chris, lograron aceptar su nueva vida.

Después de un par de meses comenzaron asistir a Lydian, la escuela especializada en la formación de nuevos policías, y que secretamente era manejada por la segunda división, ellas entraron a la división de secundaria. Al ingresar a la preparatoria pidieron unirse a las filas de SONG, esto había sorprendido a todos sus integrantes pues esperaban que siguieran un camino diferente hacia el futuro, obteniendo una respuesta negativa. Les otorgaron la tan esperada aceptación después de que le explicaron a Genjuro que querían enfrentar su pasado usar sus habilidades para ayudar a las personas.

El tiempo habían pasado rápido, Kirika había concluido sus estudios en Lydian un año atrás y Shirabe acababa de graduarse esa misma primavera. Actualmente vivían con Chris a quien adoraban y trataban como su hermana mayor.

Ahora eran felices y tenían el control de sus vidas, por eso Tsubasa no quería que su amiga volviera a recordar esos malos momentos, así que fue hasta ella y tocó su hombro.

–Debemos continuar, Tsukuyomi. –dijo alejándose de la pizarra.

Shirabe asintió siguiéndola.

–No hay nadie aquí, ahora comenzaremos la inspección. –informó Tsubasa por el comunicador a sus compañeras– Akatsuki, ve con Yukine y ayúdala a revisar el almacén, tiene el nombre en la placa. Kanade y Tachibana regresen a la camioneta y escolten al equipo de Nehushtan cuando se los diga.

–¡Entendido! –contestaron todas.

Ambas sacaron un par de guantes para realizar su labor, Tsubasa salió de la habitación dejando a Shirabe ocuparse de ese lugar. Ella buscaría en otros sitios del departamento alguna trampa o interruptor que pudieran activar.

Minutos después regresó.

–Todo parece estar normal adentro. –mencionó– Tampoco hay rastros de los productos que utilizó para fabricar los explosivos.

–Quizá no los hacía aquí. –aventuró a decir Shirabe mientras revisaba ahora los libros. Ya había hecho lo mismo con el resto de la habitación.

La mayoría de los trozos de papel en el piso eran frases o citas extraídas de los libros, algunas hojas contenían información sobre un tema en especial que investigaba o simples notas para recordarse algo. Estaba por rendirse y dejar los demás al equipo de Ryoko cuando al tomar otro libro de la columna que revisaba encontró una pequeña ranura en la pared. Para los ojos de muchos no sería más que algún hueco hecho accidentalmente por algo, pero para Shirabe eran algo importante, después de todo en ocasiones servían como un buen escondite para cámaras o micrófonos.

Con cuidado tocó la zona, escuchándola hueca, así que hizo a un lado el resto de libros para tener un espacio mejor para maniobrar. Tomando sus escuches sacó un audífono especial sensible a los sonidos más suaves, nada parecía fuera de lo normal así que tomó uno de los delgados cuchillos que llevaba y lo introdujo en la muesca, hizo presión y abrió una trampilla. En su interior encontró una caja metálica cerrada con un candado que pronto fue abierto para mostrar otro libro adentro.

–Yantra Sarvasva –era el título en letras plateadas, el encuadernado estaba gastado, señal de que lo habían usado muchas veces.

Al abrirlo una serie de símbolos aparecieron ante sus ojos, todos imposibles de entender para ella. Al seguir pasando las hojas encontró algunas notas en japonés escritas en los bordes.

El Zesshou resonará para llamar a los Noise a su encuentro… –leyó en voz alta uno de los apuntes que estaba al lado de una serie de símbolos encerrados en un círculo rojo– La destrucción significa comienzo, sólo así se puede ascender a Babel…

–¿Zesshou? ¿Babel? –Tsubasa se había acercado al escucharla.

–Esas palabras están escrita muchas veces. –mencionó enseñándole varias hojas del libro– También en muchas de las notas que están en el suelo, pensé que se trataba de alguna investigación que estaba haciendo.

Tsubasa se tomó un momento para pensar. Lo único que podía relacionar con esa palabra era aquel relato de la torre de las leyendas. Quizá y sólo se tratara de eso, después de todo la misma Shirabe lo había dicho, y teniendo en cuenta que Yamato era un estudiante de historia tenía sentido, sin embargo, había algo que no estaba bien.

–Incluso si este libro fuera valioso podría haberlo guardado en un lugar mejor. –expresó Tsubasa– Sin mencionar todo el trabajo que le costó hacer esta trampilla. No te tomas esta clase de molestias por algo como esto.

Shirabe asintió.

–Sólo lo haces cuando tienes algo que de verdad no quieres que nadie descubra. –Kirika y ella solían hacer este tipo de cosas para ocultar comida– Algo no está bien.

–No tengo idea de que tan importante sea este libro, pero debemos averiguarlo y saber qué es lo que dice, así que se lo entregaremos a mi tía. –dijo poniendo la mano en la cabeza de Shirabe– Buen trabajo, Tsukuyomi.

Si bien Chris era su ejemplo a seguir eso no desestimaba la alegría que sintió al recibir los elogios de Tsubasa, siendo un agente tan formidable sus palabras tenían un gran significado para todos.

–Gracias. –contestó sonriendo ligeramente.

–Tsubasa, Shirabe. –ambas escucharon la voz de Kirika– Acabamos de encontrar material de fabricación en el almacén.

Con que ahí estaba, al menos Yamato no era tan estúpido como para hacerlo directamente en su casa, si alguien llegaba a visitarlo de improvisto no tenia que ocultar nada ni actuar nervioso.

–Vamos para allá.

Llevando el libro con ellas fueron al encuentro de sus compañeras.

–Es la materia prima. –explicó Kirika cuando llegaron– Por los restos de empaques que quedaban debió gastarse la mayoría de los productos en el ataque de Shibuya.

–Lo que queda no es suficiente para crear otro explosivo. –intervino Chris molesta– Parece que quiso dar todo de si el bastardo.

Incluso con su muerte jamás pagaría el sufrimiento que le causó a toda esa gente inocente.

Pese a todo su enfado Chris continuó con su trabajo, haciéndole saber que ya se había encargado de verificar que no existiera algún mecanismo que provocara una explosión si movían algo. Así que todo era seguro.

–Kanade. –esta vez fue Tsubasa quien habló por el comunicador– El camino está libre para Nehushtan.

–Entendido.

Ahora Ryoko se encargaría de buscar más pistas a fondo.

–Por cierto, encontramos esto. –dijo Kirika mostrándoles una bolsa trasparente con lo que parecía ser un diario quemado– Estaba en una lata de pintura, la mayoría de las hojas se deshacían cuando las tocábamos pero había algunas en mejores condiciones.

–No tienen coherencia ya que sólo leímos frases sueltas. –explicó Chris– Pero hablaba sobre ascender y que algo llamado Noise lo llevaría alguna parte.

Tsubasa intercambio rápidamente una mirada con Shirabe; y ella a su vez apretó más el libro entre sus manos. Quizá habían encontrado lo que tanto habían buscado, el primer indicio para acercarse a su enemigo.


Ya eran poco más de las diez de la noche cuando Tsubasa atravesaba las puestas de entrada del hospital Regional. Los pasillos estaban más tranquilos comparados al caos que presenció en la tarde, sólo parecían estar los familiares de los heridos que aun estaban internados y algunos policías locales que resguardaban el lugar. Los agentes de la segunda división estarían en los alrededores patrullando sin ser vistos.

Estaba ahí porque Ryoko las había enviado a recibir un informe médico a los cinco hospitales donde los heridos estaban ingresados. Cuando le asignaron el Regional estuvo de acuerdo pues de todos modos pensaba ir ahí. Había estado preocupada por Maria desde que se despidieron.

No dudaba que Maria tenía un temple firme para cualquier clase de emergencia, pero como se había prometido esa tarde, no la dejaría pasar por esta situación sola. Así que sin pensarlo mucho había seguido el impulso de ir a buscarla en cuanto pudiera.

Mientras caminaba a la central de enfermeras la repentina idea de que Maria podría haberse ido a casa hizo que un sentimiento de decepción se apoderara de ella. Aunque no duró mucho ya que ante esa posibilidad tendría una excusa para enviarle un mensaje, después de todo tenía el número de su celular.

–Buenas noches. –saludó una vez que estuvo frente al mostrador. Sacó su placa para mostrárselas– Soy la oficial Kazanari, vengo por un reporte médico de los heridos por los sucesos de esta mañana.

–Un momento por favor, llamaré al doctor de guardia.

Asintiendo esperó y pocos minutos después llegó un médico, para su sorpresa se trataba del hombre con el que Maria estaba hablado luego de irse el día que fueron a los exámenes.

–Buenas noches oficial. Soy el doctor Ryusei Ishikawa, lo lamento pero el doctor Nakamura está ocupada, así que seré yo quien la atienda, espero no tenga ningún inconveniente.

–Agente Tsubasa Kazanari, no tengo ningún problema.

Pese a la insistencia de Ishikawa recibió el parte médico ahí, no quería perder el tiempo teniendo que ir a los consultorios del segundo piso.

–Eso sería todo. –finalizó Ryusei– Estamos haciendo todo lo posible por quienes aún están internados.

–Estoy segura de ello. Muchas gracias por su trabajo. –contestó Tsubasa.

Lamentablemente la cantidad de víctimas mortales aumentó con tres personas. Debía de llamar al cuartel para informarles de esto, pero había una persona con la que quería hablar también.

–Disculpe doctor Ishikawa, sabe si la doctora Cadenzavna aún está aquí.

Ryusei la miró confundido.

–¿Maria? ¿Para qué la necesita? ¿A caso tiene alguna duda sobre lo que le dije?

Tsubasa frunció el ceño al escucharlo llamarla por su nombre. Y ¿el tipo estaba nervioso o era sólo su imaginación? Sea lo que fuera en realidad eso no le importaba mucho, lo único que quería era encontrar a Maria.

–No es nada de eso, pero necesito hablar con ella. –dijo sin revelar nada. Después de todo era un asunto personal.

Él permaneció en silencio por varios minutos, Tsubasa le sostuvo la mirada sin inmutarse.

–Aun esta aquí, –habló por fin Ryusei con calma– Pero no sé en dónde está.

–Creo que dijo algo sobre tomar aire fresco en el jardín. –mencionó uno de los enfermeros al otro lado del mostrador.

Luego de agradecerles su atención partió hacia allá, estaba tan concentrada en encontrarse con Maria que no se dio cuenta que no tenía idea de dónde estaba exactamente hasta que salió. El jardín era demasiado grande como para buscarla al azar. Afortunadamente tenía una forma rápida para averiguarlo, así que sacó su celular y buscó entre sus contactos el número.

Maria contestó pronto, al enterarse que estaba en el hospital insistió en ir a su encuentro pero Tsubasa logró persuadirla de lo contrario, sólo bastaba con que le dijera en que área estaba. Accediendo le indicó el camino que debía seguir y le hizo prometerle que la esperaría ahí antes de colgar.

Guardando nuevamente su celular en el bolsillo decidió pasar rápidamente por un lugar antes de ir con Maria, se escuchaba cansada y quería hacer algo para que al menos recuperara un poco de energía.

Una vez terminada su labor en el primer sitio fue recorriendo el camino pavimentado hasta que divisó a Maria sentada en una de las bancas. La luz de la luna iluminaba su silueta en compañía de la suave brisa que hacia oscilar su cabello, tarareaba una dulce melodía mientras contemplaba el cielo. El momento atrapó por completo a Tsubasa, dejándola inmóvil observando el suceso que sólo lograba describir como etéreo.

Probablemente Maria sintió su mirada pues giró un poco la cabeza y al verla una sincera sonrisa apareció sólo para ella.

–Hola.

Al escucharla hablar Tsubasa logró salir del estupor en el que estaba. Admití que se sintió completamente hechizada por la imagen que se había grabado en su cabeza para siempre.

–Hola. –contestó acercándose a ella.

Maria se movió un poco para que se sentara. Estaba tan feliz de verla otra vez.

–Creí que no lograbas encontrarme, iba a llamarte.

Sin ser consciente de ello una sonrisa se formó en los labios de Tsubasa.

–Lamento la tardanza, pasé a comprar unas cosas. –levantó un poco la bolsa que traía en la mano para sacar dos latas– ¿Quieres de chocolate o fresa?

–¿Malteadas? –exclamó Maria riendo.

La sonrisa de Tsubasa se amplió.

–Mi intención era traerte un café, pero el konbini de enfrente parecía saqueado y las maquinas expendedoras estaban igual.

–Créeme, prefiero por mucho la malteada de fresa. Ya he tenido suficiente café por hoy.

–Aquí tienes. –dijo entregándosela. Volvió a meter la mano en la bolsa– Y como no sabía si ya habías cenado te traje comida, hay un onigiri de atún, también yakisoba pan y melón pan, puedes elegir lo que quieras.

Pronto las manos y el regazo de Maria estuvieron llenos de cosas. Estaba por decirle a Tsubasa que quizá había exagerado con la cantidad cuando se detuvo al ver su sonrisa.

–Te lo agradezco mucho.

–No ha sido nada. Te escuchabas cansada y, según Tachibana, la comida siempre es la mejor forma para recuperarse.

–La verdad es que no he comido nada desde la mañana. –confesó Maria.

Había tenido tantas cirugías y cosas por hacer que simplemente se olvidó de cenar, pero con toda esa comida su apetito había regresado.

–Entonces no te contengas. –dijo Tsubasa ayudándole abrir el onigiri– Está mal que te mal pases así.

–¿Tú no vas a comer?

–Comí antes de la nueve, es mi hora límite. –levantó la lata de malteada–Tomaré esto, tu come lo que quieras, no te preocupes.

Ella tampoco comía tan tarde, pero de verdad el estómago le dolía un poco por el vacío que ahora sentía, así que todo era más que bienvenidos.

–Entonces, gracias por la comida.

Ese primer mordisco fue exquisito, volvió agradecerle mentalmente a Tsubasa mientras continuaba comiendo. No pudo resistirse a la tentación que era el melón pan, así que sólo quedó el yakisoba pan que guardaron nuevamente en la bolsa. Al final las latas de malteadas fueron abiertas y se enfrascaron en una amena conversación, olvidando por un momento lo sucedido ese día.

Maria le contó muchas anécdotas sobre Serena, y Tsubasa hizo lo mismo sobre sus amigas.

–Me gustaría que conocieras a Carol. –dijo Maria luego de terminar una de sus historias– Es mi mejor amiga y la mamá de Elfnain, la compañera de Serena.

–Me encantaría. –quería conocer muchas más cosas de ella.

Una pequeña corriente de aire frío ocasionó que Maria se estremeciera, cosa que no pasó desapercibida para Tsubasa. Por supuesto que tendría frio, después de todo sólo traía una ligera blusa de marga corta. Frunció el ceño molesta consigo misma por no darse cuenta del descenso de la temperatura. Pronto su mano fue al zipper para quitarse la chaqueta y ofrecérsela.

–No es necesario. –Maria comenzó a protestar enseguida– Estoy bien.

–Acabo de verte temblar.

–De verdad no es nada, además ¿qué pasaría si te enfermas? Con esta situación seguramente te necesitan en el trabajo.

Tsubasa la vio un momento antes de suspirar.

–Tu trabajo es más importante en este momento, estás salvando vidas y tus pacientes necesitan que estés bien. –colocó la chaqueta sobre los hombros de Maria para después verla a los ojos– Además, si te resfrías no podré concentrarme en el trabajo por lo preocupada que estaría por ti, y tampoco creo que a Serena le guste verte enferma.

Cualquier protesta que pudiera tener se vino abajo, ¿cómo podía seguir negándose luego de esas palabras? Y esa mirada tan sincera de Tsubasa era otro punto a su favor. Había perdido completamente esa batalla.

–Muchas gracias. –dijo Maria poniéndose la chaqueta.

La calidez de Tsubasa que conservaba la prenda la rodeó, esa sensación le trajo el recuerdo del abrazo que se dieron en la tarde. Había sido tan agradable y reconfortante, se sonrojó al pensar en lo mucho que le gustaría que volviera a pasar.

–¿Qué pasa, Maria? Tu cara esta roja. –preocupada Tsubasa levantó la mano para ponerla en la frente de su interlocutora– ¿A caso te dio fiebre?

–¡No es eso! –exclamó enseguida desviando la mirada– No te preocupes.

Tsubasa bajó la mano un poco confundida por su comportamiento. Decidió no insistir, pues no quería incomodarla.

A Maria le tomó unos minutos controlar su sonrojo pero cuando finalmente lo hizo volvió a verla. Al no traer la chaqueta puesta el vendaje en el brazo de Tsubasa quedó expuesto a sus ojos.

–¿Cómo está tu herida? –con cuidado estiró la mano para colocarla en el brazo de Tsubasa.

–Bien, no me duele.

–¿Cambiaste la venda? –al verla negar se puso de pie– Vamos adentro para curarte.

–Descuida, yo puedo….

–No era una sugerencia. –la interrumpió, después de todo el tiempo que había pasado no podía dejarla así– Vamos.

Dicho esto tomó la bolsa del konbini y emprendió el camino hacia la puerta del hospital. Resignada Tsubasa la siguió, al parecer no tenia poder alguno para negarle nada a Maria cuando tomaba esa actitud.

–Jamás me imagine que fueras tan terca. –mencionó cuando la alcanzó.

–Tampoco pensé que fueras tan descuidada sobre tu bienestar.

–No lo soy. Iba a cambiarlo cuando llegara a casa.

–¿Y tienes todo lo necesario para hacerlo?

Tsubasa guardó silencio unos momentos.

–Iba a pasar a la farmacia antes de llegar a casa.

–¿Lo ves? –negó con la cabeza– No vas a esperar. Aquí hay todo y no te dejaré ir hasta que te cure.

Eso no sonaba tan mal, le gustaba estar con ella.

–Bien. –aceptó antes de intentar tomar la bolsa de la mano de Maria, pero ella se negó diciendo que no tenia problema con llevarla– Si, realmente eres terca.

–¿A caso intentas comenzar una pelea? –preguntó viéndola.

–Eso sería divertido, pero hoy no lo haré. –sin embargo, eso no quería decir que no la molestaría un poco, por alguna razón conocer su terquedad incitaba su espíritu de lucha. Así que dio un paso más cerca mientras una sonrisa juguetona apareció en sus labios, misma que captó completamente la atención de Maria– Me gusta que seas terca, te hace ver más linda de lo que ya eres cuando te pones seria.

Maria agradeció que estuvieran solas pues el nuevo sonrojo que tiñó sus mejillas fue tan intenso que sintió que podía iluminar todo el jardín.

–¡Tú no eres para nada linda! –gritó provocando la risa de Tsubasa.

A pesar de la vergüenza que a veces le hacía sentir le encantaba compartir estos momentos divertidos al lado de Tsubasa.


Tuvieron que detenerse en la central de enfermeras cuando una de ellas llamó a Maria para hacerle unas preguntas sobre un paciente. Mientras daba instrucciones Carol atravesó la puerta del área que daba a los quirófanos.

–¿Acabaste? –le preguntó Maria entregándole una botella de agua que le pasó una enfermera.

–Debo de supervisar la recuperación. –contestó luego de darle un trago– Al menos una hora, ¿aun quieres esperarme?

–Por supuesto. –observó a Tsubasa que regresaba de tirar a la basura los empaques vacíos de comida– Por cierto, hay alguien que quiero que conozcas.

Le hizo un ademán a Tsubasa para que se acercara a ellas. Primero señaló a su mejor amiga.

–Mira, ella es Carol Malus Dienheim, quien te mencioné antes. –después se dirigió a Carol– Y ella es Tsubasa Kazanari, una buena amiga.

–Mucho gusto. –contestó Tsubasa con una ligera sonrisa.

–Un placer. –correspondió el saludo, sonriendo de igual manera.

La presentación tan informal por parte de Maria le resultó de lo más interesante a Carol, pues en muy raras ocasiones su mejor amiga actuaba así. Sin mencionar el hecho de que había nombrado amiga a esta chica tan fácilmente. Sin duda alguna debía de saber más cosas acerca de Tsubasa.

Lamentablemente sus intenciones se vieron refrenadas cuando un mensaje del enfermero de su equipo llegó a su celular.

–Debo irme. –dijo después de leerlo. Se dirigió a Tsubasa– Espero que la próxima vez que nos veamos tengamos oportunidad de hablar.

–Así será. –asintió.

–Te llamo cuando termine, Maria. –luego de esa despedida se dirigió al área de recuperación.

Después de terminar de hablar con la enfermera Maria y Tsubasa siguieron su camino.

–Si quieres irte a casa yo puedo llevarte. –mencionó Tsubasa mientras caminaban por el pasillo.

–Te lo agradezco pero no quiero dejar que Carol se vaya sola, está cansada y tiene que manejar, como vivimos muy cerca al menos si vamos las dos podemos ir hablando y evitar dormirnos. –se detuvieron frente al almacén de suministros– Espérame un momento mientras voy por unas cosas.

Al abrir la puerta se sorprendió al ver a Saint Germain ahí.

–Creí que ya te habías ido. –dijo Maria adentrándose al almacén.

–Estoy a punto de hacerlo, sólo vine a buscar un medicamento para un paciente.

Ella había tenido que quedarse a una intervención de emergencia. Cagliostro y Prelati ya estaban en casa.

Revisando la lista del inventario por fin dio con el medicamento, lo tomó para después girarse hacia Maria.

–¿Tú qué haces aquí? –preguntó frunciendo el ceño– No pensarás quedarte toda la noche, ¿o sí?

–No, quiero ir a casa con Serena, necesito verla y abrazarla después de todo esto. Sólo voy atender a una amiga y a esperar a Carol, nos iremos juntas. –tomó una venda, un par de gasas y demás material de curación.

¿Una amiga? Eso si era algo nuevo en Maria. Sintió curiosidad por saber de quién se trataba pero supo contenerse para no preguntar nada.

–Está bien. –contestó Saint Germain– Tengan cuidado cuando regresen a casa.

–Sí, tu también.

Registraron en la base de datos lo que habían tomado y se dirigieron a la puerta. En el pasillo Tsubasa estaba recargada en la pared esperándola, Maria se encargó de realizar las presentaciones correspondientes.

Con que esa agente de policía era su amiga. Saint Germain ya la había visto, ella estaba dando instrucciones a una enfermera cuando Tsubasa llegó, si hubiera sabido que era amiga de Maria se habría encargado de atenderla ella en lugar de Ryusei.

Ahora al verlas juntas no pasó por alto el hecho de que Maria llevaba puesta la chaqueta de la agente y parecía demasiado cómoda con ella al lado. Eso la alegró e inevitablemente una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

–Bien, me voy. Fue un gusto conocerte, Tsubasa Kazanari. –dio media vuelta para marcharse. Debía ir a contarles de este suceso a Cagliostro y Prelati– Cuida bien de tú nueva amiga, Maria. Nos vemos mañana.

Un poco extrañada por la misteriosa sonrisa de Saint Germain, Maria llevó a Tsubasa hasta el cuarto de descanso del primer piso. Afortunadamente no había nadie ahí pues pronto iba a ser remodelado, así que le pidió que se sentara en el sillón mientras preparaba todo. Con la misma eficiencia y cuidado de antes reemplazó el vendaje, colocando esta vez una protección especial contra el agua para que pudiera bañarse si así lo deseaba en cuanto llegara a casa.

–Terminamos. –dijo Maria quitándose los guantes.

–Te lo agradezco.

Poniéndose de pie fue a tirar lo usado al contenedor especial, antes de irse le pediría a alguien que pasara a limpiarlo.

–Ahora puedes irte a casa.

Si, era cierto que ya no tenía ningún motivo para seguir en el hospital, pero todavía no quería volver a su departamento por una simple razón.

–Quiero quedarme contigo un poco más. –contestó Tsubasa. Sorprendida Maria se giró para verla– ¿Te molesta la idea?

–¡No, claro que no! –replicó enseguida– Es sólo que no me lo esperaba.

Incluso a ella le resultaba un poco sorprendente su decisión, sin embargo, sólo sabía que quería hacerlo.

–¿De verdad quieres quedarte? –preguntó tímidamente Maria.

–Sí, quiero estar contigo. –fue la respuesta sin vacilación.

Una gran alegría surgió en el pecho de Maria, también quería que estuvieran un poco más de tiempo juntas, aunque para ella era más difícil decirlo en voz alta, admiraba la valentía de Tsubasa para estos casos. Así que sonriendo se sentó a su lado.

Conversaron sin ser consientes del paso del tiempo, pero conforme este avanzaba hacia estragos en Maria que no podía negar.

–¿Sabes? En realidad estoy muy cansada. –mencionó de pronto recargando su cabeza en el hombro de Tsubasa– Pero quiero seguir hablando contigo.

–Entonces duerme. –contestó apoyando un poco su cabeza sobre la de ella– Tendremos muchas más oportunidades para hablar después de que descanses.

–¿Vas a irte? –preguntó ya incapaz de permanecer con los ojos abiertos.

Tsubasa sonrió, su voz adormilada era linda.

–No. Me quedaré hasta que te vayas, así que duerme tranquila.

Con esas susurradas palabras se dejó llevar al mundo onírico, sintiéndose plenamente segura al lado de Tsubasa.


¡Hola a todo el mundo!

Pues nuevamente estoy aquí con otro capítulo, ¿Qué les pareció? Creo que tuvimos un poco de todo así que espero que disfrutaran leyéndolo tanto como yo lo disfruté escribiéndolo. Y también ¡Aparecieron nuestras tres queridas alquimistas! ¿Alguien las esperaba? Me gustaría mucho saber todas las impresiones que tuvieron de este capítulo.

¡Muchas gracias a quienes dejaron sus comentarios! Son una gran motivación para seguir escribiendo. No duden en dejarme un nuevo comentario en esta nueva entrega.

Por cierto, lamento mucho no poder contestar los reviews de personas que no tienen cuenta, pero créanme que me alegran muchísimo, a todos ellos ¡muchas gracias!

¡Nos leemos en el próximo!

Fava.