Sakurafubuki

Capítulo 5


–Esto no está yendo nada bien. –se quejó Ryoko ocupando la silla frente a su escritorio, tomó la taza de café, la quinta de ese día, y observó alrededor de su laboratorio.

Había un caos de papeles y libros por todos lados y parecía que nada ayudaba para que pudiera avanzar en su investigación. El resto de su equipo se dedicó a trabajar en las muestras y cosas que habían tomado del departamento de Yamato, y ella se centró en analizar el libro que Shirabe le entregó.

Quizá la distribución de trabajo podía parecer desigual pero Ryoko era la única que podía entender lo que estaba escrito ahí. O al menos eso pensaba ya que después de trabajar varios días en ello sólo había concluido un par de cosas.

Primero, la escritura cuneiforme* provenía del sumario, y segundo, a pesar de entenderlo y poder traducirlo le parecía que nada de lo que decía tenía sentido alguno. Frustrada por ello había llegado incluso a apoyarse en las pequeñas anotaciones en japonés de Yamato, pero sabía que tampoco eran fiables pues parecía que alguien más le interpretó lo que estaba escrito y él sólo lo había anotado para no olvidarlo.

Aun así no pensaba darse por vencida, las cosas no podían quedarse estancadas así, sus conocimientos en historia no podían perder contra ese libro. Dejó la taza vacía a un lado y nuevamente tomó las notas que había hecho para analizarlas.

Llevaba cerca de una hora con su labor cuando la puerta se abrió para darle paso a Genjuro.

–¿Encontraste algo interesante? –preguntó dejando sobre el escritorio una bolsa antes de acercar otra silla para sentarse junto a Ryoko.

–Que tal vez tiene una variación de lenguaje con el que no estoy familiarizada. –contestó suspirando– Y que quizá necesite ayuda.

–Entiendo. –para que Ryoko admitiera eso era porque realmente estaba perdida– ¿Quieres que busque a alguien?

Ella se tomó unos minutos para pensar, posteriormente negó con la cabeza.

–No será necesario, hay alguien ideal para el trabajo.

–¿Es confiable?

–Por supuesto, sólo a esa persona podría creerle cualquier cosa que diga. –mencionó mientras abría la bolsa para sacar las cajas de obento del interior– Además conoces bien al especialista.

Genjuro asintió entendiendo de quién se trataba.

–Entonces llámalo, no tenemos mucho tiempo.

–Lo sé.

El departamento de Yamato estaba custodiado desde el día que lo aseguraron, la discreción era lo más importante pues no querían alertar a algún integrante de la organización en caso de que fuera a buscar algo a la casa. Sin embargo, nadie se presentó al departamento en los siguientes días, sólo las personas que vivían ahí y sus acostumbradas visitas eran los que transitaban los alrededores. Eso indicaba que Yamato solamente era un miembro desechable que cumplió con el propósito para el que la organización lo habían aceptado en sus filas.

Intentando investigar más sobre la vida de Yamato, Genjuro había ido personalmente a Niigata para informarle a su familia sobre el deceso del chico, no pudo evitar sentir pena al ver a sus padres llorar desconsolados tras recibir la noticia. Ellos no tenían idea de todo el daño que su hijo causó y por respeto a ellos prefirió mantenerlo en secreto, no quería que el shock en sus vidas fuera aún mayor.

Luego de hablar con los padres del chico entendió que eran personas amables y sencillas que amaban mucho a su hijo y trabajaban duro en el campo para costear su educación. Jamás entendería las razones de Yamato para dejar todo lo que le importaba y enlistarse en la organización que sin duda tenían un objetivo, pero hasta ahora parecía que lo único que buscaban era lastimar a los demás por diversión.

Ryoko alzó la mano para dibujar con el dedo el ceño fruncido de su esposo, llamando así su atención.

–No pongas esa cara. –después bajó la mano hasta tocar la mejilla de Genjuro– Sé que tienes muchas cosas en las que pensar, pero no debes cargar con todo solo.

–Lo siento. –alzando su propia mano la colocó sobre la de Ryoko para girar un poco la cabeza y poder darle un suave beso en la palma de la mano– No quise preocuparte.

Ryoko sonrió.

–Sólo quiero que no olvides que estoy aquí para ti.

Genjuro negó con la cabeza.

–Jamás lo olvidaría. –así como nunca se olvidó de ella desde el momento que se conocieron.

Su primer encuentro había sucedido cuando ambos eran adolescentes, Genjuro, que en ese entonces tenía diecisiete años, acompañó a su padre a uno de los cuarteles de investigación especial pertenecientes al clan Kazanari en Matsushiro. Ese día Ryoko estaba acompañado a sus padres quienes eran parte del equipo que participaba en la investigación sobre nuevo equipo militar. A sus quince años Ryoko se desenvolvía en el campo científico de una forma extraordinaria, siendo incluso capaz de aportar sus conocimientos a la investigación.

Fueron presentados antes de comenzar la exhibición y al finalizar Fudou le ordenó a Genjuro permanecer en las instalaciones mientras él se reunía con Haruno y Ryoma para hablar más detalles sobre el equipo que estaban desarrollando. Mientras los padres de Ryoko tenían dicha conferencia con Fudou le pidieron a su hija que acompañara a Genjuro.

Ninguno de los dos tuvo problema en permanecer juntos pues congeniaron enseguida, creando un ambiente muy agradable mientras recorrían las instalaciones. Cuando sus padres terminaron su reunión a Genjuro se le informó que permanecería en Matsushiro para supervisar la investigación. Esta vez estuvo feliz de acatar esa orden.

Su amistad continuó durante los siguientes seis meses logrando hacerse más cercanos con cada día que pasaba. Sin embargo, el proyecto llegó a su fin y tuvieron que separarse, ya que Genjuro regresó a Kamakura donde estaba la casa principal de los Kazanari y la familia de Ryoko fue transferida a las instalaciones de Hokkaido para realizar otra investigación, perdiendo todo contacto en el proceso.

No volvieron a verse hasta cuatro años después, cuando Genjuro fue transferido a la unidad de respuesta contra desastres en Tokio, siendo Ryoko la jefa del área de desarrollo de armamento en dicho lugar. Su reencuentro había llenado de alegría a ambos haciéndolos retomar su amistad, y con la convivencia diaria los sentimientos que habían estado guardando durante todos esos años volvieron a despertar.

Comenzaron a salir luego de dos meses de su encuentro y no pasó mucho tiempo para que Genjuro le pidiera matrimonio, a lo que Ryoko aceptó enseguida, pues ambos sabían que querían estar juntos el resto de sus vidas.

Se casaron cuatro meses después en una tradicional ceremonia en la casa principal de Kamakura. La noticia de la llegada de Kanade sucedió luego de un año, haciéndolos completamente felices.

Durante todos esos años habían pasado por una gran cantidad de situaciones difíciles, pero lograron superarlo todo gracias a ese apoyo incondicional que se tenían el uno al otro. Y ahora no sería la excepción.

–Nunca olivaría que somos compañeros.

–Bien, espero que así sea. –dijo Ryoko sonriendo.

–Por lo pronto vamos a comer, aún tenemos trabajo por hacer.

–Por supuesto. –le acercó la caja del obento– Necesito que recuperes fuerzas ya que esta noche vamos a volver a casa y pienso pedirte una recompensa por todos mis esfuerzos.

Genjuro sonrió, el humor de Ryoko era ese momento de tranquilidad y diversión que necesitaba a lo largo del día.

–Me aseguraré de que la recompensa sea muy generosa. –contestó acercándose a ella para besarla.

–Sólo hay un pequeño problema. –mencionó antes de que Genjuro uniera sus labios– ¿Qué haremos con nuestra adorable hija? Seguramente estará rondando la casa.

–La enviaré a una misión especial de vigilancia durante toda la noche.

Ryoko rió, era un plan excelente.

–¡Me alegra tanto que seas el comandante!

Entonces se perdieron en un profundo beso.


–¡Ah, eso fue muy relajante! –exclamó Kirika feliz saliendo del área de dormitorios junto a sus compañeras.

Luego de terminar su entrenamiento diario habían ido directo a las duchas para bañarse. Todas estaban listas para irse ya que al no tenían una pista clara para seguir se les había dado el resto de la tarde libre.

–¿Qué haremos ahora? –preguntó Hibiki mientras caminaban por los pasillos del cuartel– ¿Quieren ir algún lado?

–Espera un momento. –exclamó Miku– No podemos hacer eso, tenemos cosas que hacer, ¿o a caso ya olvidaste que tenemos que ir al supermercado a comprar la despensa?

–¡Es verdad! –rió con nerviosismo al ver el suspiro resignado de Miku– Lo siento.

–Te compadezco por tener a ésta despistada a tu lado. –dijo Kanade bromeando– Tal vez deberías buscarte a alguien más sensata y responsable.

Sin darle tiempo a responder, Hibiki se abalanzó sobre Miku para abrazarla.

–¡No la escuches, no sé qué haría sin ti! –replicó con voz suplicante– ¡Te prometo no volver a olvidar nada!

Miku sonrió sabiendo que dicha promesa sólo duraría un par de días pues la mente de Hibiki siempre estaba divagando en alguna forma para ayudar a quienes lo necesitaran. Ese buen corazón era una de las cosas que más amaba de ella. Así que correspondió su abrazo para reconfortarla.

–Sabes que eso no pasará, yo sólo te quiero a ti.

–¡Miku!

Hibiki estaba por besarla en la mejilla cuando el fuerte empujón de Chris la envió directo al suelo.

–¡Oigan, no hagan eso aquí! –gritó muy sonrojada– ¡Váyanse a su casa!

Las carcajadas que soltaron Kanade y Kirika resonaron en todo el pasillo, Tsubasa simplemente se llevó la mano a la cabeza en un gesto de cansancio.

–Tan tímida como siempre, Chris. –exclamó Hibiki riendo siendo ayudada a levantarse por Miku y Shirabe.

Chris sólo hizo un gesto de fastidio y no dijo nada más, pero el sonrojo en su cara aún no desaparecía. Dichas peleas eran normales en ellas, así que en realidad ninguna se molestaba por las acciones de la otra.

Para nadie era un secreto la relación amorosa que mantenían Hibiki y Miku, incluso desde hace un año vivían juntas, y los anillos en sus dedos anular eran la prueba de su consolidación como pareja. Tanto los padres de Miku como la mamá y abuela de Hibiki las apoyaban y eran felices por ellas.

El padre de Hibiki, un sujeto alcohólico y apostador, las había dejado cuando Hibiki era una niña, a raíz de eso fue que se mudaron con su abuela que estaba cerca de la casa de Miku. Se hicieron amigas enseguida y con el tiempo en su último año de secundaria habían aceptado lo que sentían la una por la otra y comenzado así su relación. Durante una de sus citas se vieron involucradas en una situación de rehenes en una plaza comercial, donde un grupo de sujetos habían robado un banco cercano y se atrincheraron en una de las tiendas de ropa del lugar.

Ahí habían conocido a Tsubasa y a Kanade, quienes se infiltraron al local para sacarlas, abatieron al sujeto que las custodiaba en el área de los probadores e iniciaron su escape por los ductos de ventilación. Tsubasa y Miku salieron primero, pero otro de los compañeros del asaltante apareció al no escucharlo, capturando en el proceso a Hibiki. De no haber sido por la intervención casi suicida de Kanade al enfrentarse cuerpo a cuerpo con los sujetos restantes ambas hubieran muerto.

Desde ese día Hibiki quedó tan impresionada de su trabajo que decidió inscribirse en la preparatoria de Lydian al terminar la secundaria, y Miku eligió recorrer el mismo camino que ella. Al ver el potencial que ambas tenían en sus respectivas áreas quedaron bajo la supervisión de Genjuro y Ryoko hasta que terminaron el curso, uniéndose a S.O.N.G. después de ello.

–Debemos irnos. –mencionó sonriendo Miku tomando la mano de Hibiki– Nos vemos después chicas.

–¡Nos vemos! –secundó Hibiki de buen humor.

–Es lindo ver lo bien que se llevan. –dijo Kanade mientras las veía alejarse hablando sobre lo que comprarían.

–Tienes razón. –concordó Tsubasa sonriendo.

–Bien, yo me iré a casa a dormir un rato, el comandante acaba de decirme que tengo una misión en la noche. –no tenía idea de cuál era el punto de su papá para pedirle eso, y solamente a ella, pero debía seguir las ordenes que le daban– Si quieren ir algún lado puedo llevarlas.

–¡Hay una película que quiero ver! –comentó Kirika viendo a Shirabe– ¡Vamos, por favor!

–Me parece bien. –se giró para hablar con Chris– ¿Quieres ir con nosotras?

–Y-yo ya tengo planes. –maldijo internamente ese titubeo. Era momento de escapar– Nos vemos más tarde.

Antes de que pudiera hacerlo Kanade se acercó a ella para rodearle los hombros con un brazo.

–Oh, es inusual que hagas algo sin nosotras. –cuestionó con curiosidad– ¿Se puede saber a dónde vas?

–¡No tengo por qué decírtelo! –¡Maldita sea! ¿Cómo demonios Kanade había logrado mover tan rápido? Debía intentar soltarse.

–¡Vamos! No seas así, Chris. –hizo más fuerte su agarre, no la dejaría ir tan fácilmente– Sólo quiero saber.

–¡Suéltame!

Y la discusión siguió por varios minutos más, Tsubasa sabía que si no intervenía seguirían peleando. Así que resignada alejó a Kanade de Chris, acción que esta última aprovechó para huir por el pasillo.

–¡Y no trates de seguirme porque me daré cuenta enseguida! –gritó molesta antes de doblar en la esquina y finalmente perderse de vista.

En eso tenía razón, Chris poseía una vista y un oído muy agudo y podía descubrirlas si se acercaban lo suficiente. La única excepción a sus habilidades era Tsubasa pero estaba segura que su prima no se uniría a su juego de investigación, eso sin contar el hecho de que Chris estaría más alerta que nunca, así que debía pensar en una estrategia diferente de acción.

Y tenía a las aliadas ideales para el trabajo.

–Bien, tengo una misión para ustedes. –dijo Kanade observando a sus compañeras más pequeñas– Ya que viven con Chris se encargaran de vigilarla, así podrán…

–Si Yukine se entera que les estás dando ideas raras te matará. –la interrumpió Tsubasa.

–¡No seas aguafiestas! –protestó chasqueando la lengua– Además no finjas que no tienes curiosidad.

No, no podía negarlo, pero aun así…

–Aunque la tenga eso no me da el derecho de seguirla para ver lo que hace.

–Sólo lo hago porque estoy preocupada por ella. –se encogió de hombros– ¿Qué tal si está metida en algo peligroso y no se atreve a pedirnos ayuda?

Ese último comentario estaba intencionalmente dirigido a Kirika y Shirabe ya que sabía lo protectoras que eran con Chris.

–¡Si está en problemas haremos lo que sea para ayudarla! –exclamó Shirabe decidida.

–¡No permitiremos que nadie le haga daño a Chris! –secundó Kirika.

Se sintió triunfante al ver el resultado que tanto deseaba.

–No esperaba menos de ustedes. –Kanade rodeó los hombros de cada una con un brazo– Ahora hagamos un plan mientras las llevo al cine.

Tsubasa las vio alejarse sumidas completamente en la creación de su estrategia. No quería ni imaginar el alboroto que armaría Yukine cuando se enterara de esto, sería mejor permanecer lejos de ella ese día. Le deseó suerte a su prima, ella misma estaba caminando directo hacia la guarida del temible demonio rojo.

Dio media vuelta para regresar a los laboratorios, Ryoko le había pedido que fuera a verla en cuanto acabara el entrenamiento.

Se dirigió a los elevadores que estaban en el área menos transitada, a decir verdad no le gustaba estar en un espacio tan reducido en compañía de mucha gente, sus instintos de supervivencia saltaban en alerta al sentirse acorralada. No es que la gente de la segunda división no fuera fiable, pero sólo podía estar en esos espacios reducidos con gente en la que confiaba plenamente su vida, como era el caso de los miembros de S.O.N.G.

Antes de llegar vio a Takumi Matsumoto parado junto a la puerta de uno de los ascensores. Le pareció extrañó encontrarlo ahí ya que él estaba asignado a otra unidad de la segunda división. Tsubasa sabía que desde el lugar en el que estaba se creaba un punto ciego para él, por ello se quedó observándolo. El alto agente de cabello negro y ojos verdes tenía un semblante amable, si mal no recordaba tenía la edad de Kanade y poseía ascendencia inglesa.

Habían trabajado juntos en un par de misiones tiempo atrás, era un agente confiable y responsable, su paciencia y amabilidad lo convertían en un buen compañero de trabajo, sin duda podía contar con él.

Luego de unos minutos estaba por acercarse a saludarlo cuando un destello de ropa roja proveniente del otro pasillo llamó su atención. Una sonriente Chris se acercaba a Matsumoto, intercambiaron unas cuantas palabras y pronto vio a Yukine sonrojarse por algo que le dijo. Riendo, Matsumoto atrapó el papel que le lanzó antes de huir por el pasillo, Chris lo siguió sin poder disimular la sonrisa que tenía a pesar del rubor en sus mejillas.

Decir que Tsubasa estaba perpleja ante la escena que acababa de presenciar era poca cosa, nunca había visto esa expresión en su mejor amiga. Lucía tan feliz y brillante que parecía alguien diferente de la persona de la que se despidió quince minutos atrás.

El sonido de su celular fue lo que la hizo reaccionar, era un mensaje de Kanade preguntando la ubicación del local de ramen al que habían ido una semana atrás. Luego de responderle fue hasta el ascensor a esperarlo. Mientras descendía fue asimilando poco a poco lo que acababa de ver.

–Jamás imaginé ver a Chris así. –murmuró para sí sonriendo.

Ahora que lo pensaba bien se alegraba de haber sido la única que los encontrara pues podía imaginarse el revuelo que harían las demás si se llegaban a enterar de esa manera. Así que por el bienestar de la relación de Chris y Matsumoto, porque estaba claro que Yukine nunca se comportaría así con alguien que no fuera especial para ella, guardaría el secreto hasta que su amiga decidiera decirles. Sin embargo, cuando estuvieran solas debía advertirle a su amiga que el lugar designado para sus encuentros secretos no era tan seguro como imaginaba.

Su sonrisa se ensanchó, sería muy divertido ver su reacción cuando hablaran.


–Me alegra que llegaras, Tsubasa. –dijo Ryoko haciendo a un lado los papeles que leía– Siéntate, por favor.

Asintiendo siguió la indicación.

–¿Qué sucede, tía?

A Ryoko no le gustaba que la llamaran así, pero Tsubasa era la excepción a esa regla, ya que por la severa educación que había recibido, y al ser familiares, le era difícil dirigirse a ella de otra manera.

–Hay una misión de protección. –fue la contestación de Ryoko.

–Entendido, ¿Qué es lo que tenemos que custodiar?

–Al libro que me entregaron. –cruzó las manos sobre el escritorio– Debo decirte que he tenido dificultades para traducir algunas partes, así que llamé a una persona para consultarlo con ella. Es alguien muy ocupada pero como nos conocemos desde hace años me programó una cita para mañana, pero debemos de ir a su oficina. Todavía no estamos seguros si el libro tiene relevancia o no en el caso, pero quiero que el traslado sea de la manera más discreta posible.

Sin contar que no podía permitir que ese libro sobrepasara sus conocimientos. Pero su sobrina no tenía por qué saber que su orgullo se había visto afectado.

–De acuerdo. –asintió, su semblante serio– Necesito los detalles del lugar al que vamos.

Era necesaria esa información para trazar las rutas de acceso y de escape que podían seguir. También debía elegir a los miembros del equipo que las acompañarían. No pensaba poner a nadie en peligros innecesarios.


–Eso sería todo, pronto vendrá la enfermera para retirar el suero. –dijo Maria feliz– Ya puedes volver a casa.

–Muchas gracias, doctora.

Luego de un par de palabras más de agradecimiento finalmente salió de la habitación para que se prepararan para marcharse. La chica que acababa de dar de alta era una de las afectadas por el atentado, sus heridas ya estaban lo suficientemente bien para seguir el proceso de recuperación en casa. Después debía volver para revisiones periódicas pero no tendría consecuencias secundarias.

Aunque Maria se lamentaba por aquellas personas que perdieron la vida, y por quienes aún estaban luchando por aferrarse a ella, no podía evitar sentirse feliz por cada víctima que enviaban a casa. Sentía que al menos ganaban una batalla contra los atacantes y su organización.

Caminaba por el pasillo hacia su consultorio cuando su celular sonó. Al sacarlo del bolsillo encontró un mensaje de Tsubasa. Enseguida lo abrió.

Maria, ¿Estás ocupada? ¿Sería prudente si te llamo?

No habían tenido oportunidad de volver a verse desde el ataque seis días atrás. Sin embargo, durante todo ese tiempo habían intercambiado una gran cantidad de mensajes y llamadas. Pero generalmente hablaban en la noche cuando ambas estaban en casa, por eso le pareció extraño que la buscara a esa hora.

Quizá se trataba de algo relacionado con las víctimas, esa fue la única conclusión a la que pudo llegar. Así que decidió ser ella quien realizara la llamada.

–Maria. –respondió al instante.

–Tsubasa, ¿ocurre algo?

–En realidad no es nada urgente. –titubeó unos segundos. Tal vez no había sido una buena idea llamarle sabiendo que Maria estaba en el trabajo, pero qué más daba, ya lo había hecho así que era momento de actuar– Terminé mi trabajo y quería saber si estás libre más tarde, me gustaría verte.

La emoción se apoderó de ella, de igual manera tenía muchas ganas de verla, pero a pesar de querer salir con Tsubasa había algo mucho más importante que debía hacer.

–Mi turno termina en media hora, pero debo ir a casa con Serena, mamá tiene clases en la tarde.

–En ese caso las invito a comer. –insitió– Después podemos ir al parque o algún lado para que ella juegue, ¿Qué te parece?

–¿Lo dices en serio? –exclamó sorprendida.

Sinceramente nunca se esperó ese tipo de atención para ella y su hija.

–Por supuesto, además le había prometido a Serena que las visitaría y yo siempre cumplo mis promesas, pero no había podido hacerlo con todo lo que pasó. –Maria no tenía duda de eso, Tsubasa era una persona muy confiable–¿Qué me dices, aceptas?

Agradecía que Tsubasa las tomara en cuenta a ambas, ya que algunas personas desistían de invitarla algún sitio si su hija estaba de por medio. Estaba claro que esto no pasaba con sus amigos más cercanos, pero el resto de personas simplemente veían a Serena como un obstáculo para llegar a ella. A Maria no le interesaba la gente que hacia menos a su hija, prefería mantenerse alejada de esa clase de personas, pues Serena era lo más importante que tenía.

–¡Por supuesto que acepto! –contestó feliz.

–Perfecto. –la alegría también era notoria en la voz de Tsubasa– Entonces, ¿te parece bien si nos vemos a las tres en la entrada de la estación cerca de tu casa?

Eso sería dentro de dos horas, tiempo suficiente para acabar su trabajo e ir a casa para prepararse.

–Ahí nos vemos.

Luego de despedirse Maria retomó su camino al consultorio, su sonrisa más deslumbrante que antes. Estaba segura que Serena se alegraría mucho al saber que saldrían con Tsubasa, y para qué negarlo, ella misma estaba emocionada por pasear con ambas.

Estaba terminando de actualizar unos historiales cuando alguien llamó a su puerta. Ryusei entró después de que le permitiera pasar.

–Hola, Maria.

–Hola, toma asiento. –dijo indicándole la silla frente al escritorio. Agradeciéndole, Ryusei siguió su petición– ¿Se te ofrece algo?

–Quería invitarte a salir. –él también ya había terminado su guardia– Hace poco se estrenó una película que deseo ver y tengo dos boletos de entrada para hoy, ¿me acompañarías?

Maria suspiró internamente. La ocasión anterior que la invitó al cine se le había confesado una vez que la función terminó, esto no le sorprendió pues era muy consciente de sus sentimientos desde que estaban en Nagoya, por ello había disminuido su comunicación cuando se separaron. Ahora le quedaba claro que eso no había funcionado, pues después de todo ese tiempo Ryusei seguía sintiéndose igual. Sin embargo, a Maria no le quedó más remedio que rechazarlo ya que no sentía por él algo más allá de una amistad.

Eso no había bastado para desanimarlo pues le había asegurado que no se daría por vencido tan fácilmente poniendo a Maria en un dilema. Lo estimaba como amigo, sin mencionar que también eran compañeros de trabajo, no quería que eso afectara las cosas a su alrededor. Quizá era momento de guardar nuevamente las distancias, principalmente porque si él no llegaba a entenderlo sólo terminaría lastimado.

–Te agradezco la invitación pero ya tengo planes. –contestó Maria mientras continuaba escribiendo. Necesitaba acabar su trabajo a tiempo.

–¿Irás algún lugar en especial? –quizá podría acompañarla si se prestaba la oportunidad.

–Saldré con Serena. –fue todo lo que dijo. Aunque fueran amigos no tenía por qué contarle detalles de lo que hacía.

–Ya veo. –sin duda se esperaba esa respuesta pues sabía que Maria siempre ponía como prioridad a su hija. Su idea de acompañarla desapareció tan rápido como llegó. Era momento de retirarse e intentarlo en otra ocasión, después de todo la vería mañana y tendría otra oportunidad de hablar con ella. Se puso de pie– Entonces nos vemos luego, descansa.

–Igualmente, nos vemos mañana.

Al quedarse nuevamente sola pudo relajarse, esperaba que Ryusei entendiera pronto las cosas o sus encuentros serian cada vez más incómodos.


Una vez frente al portón de su casa pulsó el botón del control remoto para abrirlo y estacionarse adentro. Sacando las llaves de su bolsa descendió del coche para ir a la puerta y abrirla.

–Estoy en casa. –dijo Maria mientras se quitaba los zapatos en el recibidor.

Los pequeños pasos de su hija al acercarse la hicieron sonreír, pronto Serena apareció en el pasillo corriendo hacia ella.

–¡Mamá! ¡Bienvenida!

Dando un pequeño salto Serena se arrojó a sus brazos para después darle un sonoro beso en la mejilla. ¡Cómo no adorar a su hija si la recibía de esa manera! También besó las mejillas de Serena.

–¿Dónde está la abuela, mi amor? –preguntó Maria adentrándose en el pasillo, aún llevándola en brazos.

–Hablando por teléfono en la sala.

Al entrar a dicha estancia Nastassja pidió un momento a su interlocutor para poder saludarla, y después siguió atendiendo su llamada. Luego de unos minutos finalmente colgó para hablar con su hija.

–Lo siento, pero debo irme ya. –comentó Nastassja– Tengo que revisar unos papeles antes de mi clase.

–Sé que amas tu trabajo, –mencionó Maria observando el semblante un poco cansado de su mamá– Pero no te presiones mucho, por favor.

–Estoy bien, me hiciste exámenes completos hace poco. –dijo mientras guardaba sus documentos en el portafolios– Sabes mi condición.

Maria frunció el ceño, no podía refutar esa respuesta, los análisis de su mamá habían sido excelentes.

–De cualquier manera no te excedas.

–Lo prometo. –tomó el portafolios y fue hasta ellas para darles un beso en la mejilla a cada una– Llegaré en la noche, mi última clase es a las ocho así que no me esperen para cenar. Si necesitan algo llamen a mi oficina.

–De acuerdo, nosotras también saldremos en un rato.

–¿A dónde vamos a ir, mami? –preguntó curiosa Serena.

Maria sonrió.

–Tsubasa nos invitó a comer y después iremos de paseo.

–¡Sí! –exclamó entusiasmada removiéndose en los brazos de su mamá– ¡Quiero ver a Tsubasa! ¿Podemos irnos ya?

–Primero debemos despedir a la abuela. –contestó riendo, acompañaron a Nastassja a la puerta. El automóvil de su secretaria ya la esperaba afuera– Ten cuidado, mamá.

–¡Vuelve pronto, abuela!

–Ustedes también diviértanse, salúdenme a Tsubasa, por favor.

La vieron subir al coche para después irse, fue entonces que nuevamente entraron a la casa.

–Bien, ahora vamos a prepararnos. –dijo Maria a Serena sonriendo– No queremos hacer esperar a Tsubasa.


Revisó la hora en el gran reloj de la entrada de la estación, aún faltaban diez minutos para la hora que habían acordado pero Tsubasa estaba ahí desde hace cinco minutos. Había mucha gente caminando por el área, le alegraba que poco a poco las personas fueran reanudando sus rutinas luego de la tragedia pero le preocupaba que Maria no lograra encontrarla entre la multitud, así que se dedicó a prestar atención para localizarlas.

Unos minutos después las divisó, venían tomadas de la mano conversando alegremente. Sonriendo se acercó a ellas, en cuanto Serena la vio le dijo algo a Maria a lo que ella asintió y después salió corriendo a su encuentro.

–¡Tsubasa!

–Hola, Serena. –la alzó en el aire sonriendo– Estás más grande que la última vez que te vi.

La alegre risa de la pequeña fue la respuesta que obtuvo. ¡Era adorable!

Cuando Maria llegó junto a ellas nuevamente la bajó.

–Muchas gracias por venir. –mencionó Tsubasa sonriendo. Era tan agradable volverla a ver.

–Gracias por invitarnos. –le extendió la bolsa que traía– Aquí está tu chaqueta, lamento haber tardado tanto en devolvértela.

Maria había terminado llevándose la prenda por estar medio dormida, ni siquiera se dio cuenta de ello hasta la mañana siguiente y llamó a Tsubasa para disculparse por su descuido. Riendo, ella la tranquilizó diciéndole que no tenía problema con que la tuviera, ya se la daría cuando se encontraran.

–No te preocupes. –la sacó de la bolsa para ponérsela ya que no quería llevarla en la mano. En cuanto se la puso un suave olor a rosas la rodeó. Sonrió, era el mismo aroma que siempre envolvía a Maria– Gracias por lavarla, aunque no tenías que hacerlo.

–Era lo mínimo que podía hacer después de todo este tiempo.

–Mamá, ¿a dónde iremos a comer? –preguntó Serena tomándola de la mano.

–Hay un lugar al que siempre voy y me gustaría llevarlas. –respondió Tsubasa– Pero está a unas dos estaciones de aquí.

–Vayamos entonces. –dijo Maria sonriendo– Me gustaría conocerlo.

Caminaron al interior de la estación y abordaron el tren, sólo había un asiento libre que Maria y Serena terminaron ocupando luego de la insistencia de Tsubasa, que se quedó de pie frente a ellas. Veinte minutos después llegaron a su destino.

Se adentraron en el distrito comercial hasta detenerse frente a la puerta del restaurante que todas las agentes de S.O.N.G. adoraban. Entraron a Flower y se sentaron en una mesa libre.

–Veo que no exagerabas al decir que lo frecuentabas mucho. –comentó Maria luego de la bienvenida tan familiar que le brindó la dueña del local y los tres meseros.

–He venido desde que estaba en la preparatoria, Tachibana nos trajo un día después de clases y no salimos de aquí desde entonces.

Maria sonrió al escuchar el tono afectuoso en el que Tsubasa contaba eso.

–Es un lugar muy agradable, siempre es bueno tener un punto de reunión así para estar con los amigos. Carol y yo salíamos frecuentar mucho una cafetería cerca de la universidad, ahora por el trabajo y las niñas no podemos ir tan seguido pero cuando tenemos oportunidad lo visitamos. –su sonrisa se ensanchó– Prometo que te llevaré un día.

–Lo estaré esperando. –sin dudarlo aceptaría la invitación.

–Mamá, ¿ya podemos comer? –intervino Serena– Tengo hambre.

–Por supuesto, veamos. –tomó la carta del menú para ver los platillos– ¿Qué deberíamos pedir?

Afortunadamente Serena no tenía problema con respecto a la comida, siempre probaba toda clase de platillos y en pocas ocasiones solía pedir el menú de niños para ella. Sin embargo, al ser un lugar al que Maria nunca había ido no tenía idea de qué platillo ordenar.

–Creo que necesitamos tu opinión de experta. –comentó haciendo a un lado el menú para ver a Tsubasa– ¿Qué nos recomiendas?

–El okonmiyaki es la especialidad de la casa, estoy segura que les encantara. Yo pediré uno de cangrejo.

Era una excelente opción, tenían tiempo de no comerlo y a Serena le encantaba así que seguiría el consejo de Tsubasa.

–Muy bien, entonces pediremos uno de pollo para Serena y otro de carne para mí.

Tsubasa llamó a la mesera para hacer su orden, unos minutos después la chica regresó con su pedido. Tenían una vista espectacular y un olor exquisito que Maria sintió unas ganas enormes de comenzar a comer, pero debido a su escasa capacidad para soportar la comida caliente debía esperar un poco a que se enfriara. Aunque Serena era mucho más tolerante que ella para comer así, de igual manera esperó el mismo tiempo que su mamá. Cuando estaban listos cortó el okonomiyaki de Serena para que le fuera más fácil comer.

–Gracias por la comida. –dijeron ambas antes de dar el primer bocado.

–¡Está delicioso! –exclamó Maria maravillada.

–¡Que rico! –Serena volvió a tomar una gran porción de comida sin decir nada más.

Tsubasa las observaba complacida por su reacción. ¡Eran tan lidas! Necesitaba volver a ver esa cara tan feliz de Maria.

–Puedes probar mi okonomiyaki. –dijo Tsubasa dejando un pedazo en el plato de Maria– Y no se contengan, si quieren más solo pídanlo, yo pagaré.

–Pero eso…

Maria no pudo continuar al ver el gesto de negación de su interlocutora.

–No aceptaré ninguna objeción, yo las invité así que sólo disfrútenlo y ya.

Era muy notorio que de nada serviría intentar persuadirla así que esta vez aceptaría, ya tendría oportunidad de devolverle la invitación.

–Gracias, Tsubasa.

Continuaron comiendo mientras se sumergían en una agradable conversación, las tres estaban pasándola muy bien


–Toma, mamá. –dijo Serena entregándole el último pedazo de crepa– Ya no quiero.

–¿Estás segura?

Serena asintió.

–¿Puedo ir a jugar ahora? –preguntó mientras Maria le limpiaba los restos de chocolate de la cara con un pañuelo.

–De acuerdo, pero no te alejes mucho.

Rápidamente se puso de pie y corrió a los juegos, la gran resbaladilla en forma de dinosaurio fue su primer objetivo.

–¿No se sentirá mal si corre mucho después de todo lo que comió? –preguntó Tsubasa observándola subir las escaleras.

–Ya pasó un tiempo desde que salimos del restaurante y la crepa no es tan pesada, así que no hay problema.

Habían pasado cerca de una hora y media en Flower, posteriormente recorrieron las calles de las inmediaciones del distrito comercias para llegar al área donde estaban unos cuantos juegos mecánicos para niños, lugar que emocionó a Serena. Ahora estaban sentadas en una de las bancas del parque disfrutando de unas deliciosas crepas que no tuvieron la voluntad de ignorar cuando pasaron frente al local que las vendía.

–¿Quieres ayudarme con la mitad? –preguntó Maria extendiéndole lo que había dejado Serena.

Tsubasa no tomó lo que le ofrecía, sino que agarró delicadamente la mano de Maria para acercarla y poder darle una mordida a la crepa. Fue un movimiento tan natural para ambas que ninguna de las dos dijo nada, simplemente lo aceptaron como si siempre lo hubieran hecho. Siguieron repitiéndolo hasta que terminaron.

–Muchas gracias, Tsubasa. –dijo Maria cuando regresó de tirar la basura.

–No tienes que agradecerme por ayudarte a terminar una crepa.

Maria rió.

–No me refiero a eso. Estos días han sido muy pesados en el trabajo y no había tenido mucho tiempo para estar con Serena, cuando llegaba a casa ya estaba dormida y lo mismo pasaba antes de irme. –la pequeña las saludó desde lo alto de la resbaladilla. Correspondieron su saludo– Como hoy tenía la tarde libre quería que hiciéramos algo divertido para compensarle todo ese tiempo, pero no tenía idea de a dónde llevarla. –sonriendo giró un poco la cabeza para verla– Tu invitación llegó en un momento muy oportuno, te lo agradezco mucho.

–Soy yo quien debería agradecer por acompañarme, créeme que también lo necesitaba. –le recordaba que debía seguir esforzándose en la investigación, debía proteger esta paz– Espero que salgamos de paseo otra vez.

–Claro que si, o simplemente podemos pasar el rato en mi casa. Estoy segura que las cosas volverán a la normalidad en el hospital dentro de poco, así que podré preparar algún postre. Te enviaré un mensaje para que cuando salgas de la comisaria vayas directo a comer.

Estaba por aceptar cuando recordó la conversación que tuvo con su tío antes de salir del cuartel. Al día siguiente regresarían a las instalaciones del cuartel y retomarían sus funciones normales en S.O.N.G. Hasta ese momento nunca le habían molestado las decisiones del comandante, siempre se dedicaba acatarlas sin problema pero ahora el saberse lejos de la comisaria le molestaba un poco.

Debía decírselo a Maria.

–Sobre eso, tengo que contarte algo. No me será posible ir desde la comisaria a verlas.

–¿Por qué? –preguntó confundida.

–Mi traslado terminó. –suspiró, tenía que explicarle las cosas sin revelar muchos detalles– Sólo estaba ahí temporalmente como una medida preventiva en contra de los atentados. Con lo sucedido en Shibuya debemos replantear las cosas, así que mis superiores me ordenaron regresar nuevamente a mi área correspondiente.

La sorpresa que sintió Maria al escucharla poco a poco se fue transformando en desilusión. Desde la visita del jardín de niños adquirió la costumbre de ver hacia la comisaria cuando pasaba por ahí, alegrándose cada vez que lograba divisarla a través de las puertas de vidrio. Enterarse que a partir de ahora Tsubasa ya no estaría tan cerca la entristecía.

–Ya veo. –contestó apartando la mirada– Si es por petición de tus jefes no hay nada que se pueda hacer.

De nuevo ese semblante decaído apareció en el rostro de Maria, no quería que ese día tan agradable que estaban teniendo terminara así.

–Si me llamas, iré. –exclamó Tsubasa atrayendo la atención de su interlocutora– Tardaré un poco más en llegar pero definitivamente estaré en tu casa.

La honestidad era tan clara en sus ojos que Maria comprendió que hablaba muy en serio. Nuevamente la alegría que sintió toda la tarde regresó a ella.

–Te estaremos esperando. –contestó con una gran sonrisa.

Ver esa expresión tranquilizó a Tsubasa, así es como siempre deberían ser las cosas. Ahora tenía una promesa con Maria, una que sin duda estaría feliz de cumplir.

Comenzaron a platicar de trivialidades hasta que el reloj del parque marcó las siete de la noche.

–Creo que es momento de regresar. –mencionó Tsubasa muy a su pesar– Ya está oscureciendo y todavía nos espera el viaje en tren.

–Tienes razón. –ambas tomaron sus cosas y se pusieron de pie para ir a buscar a Serena.

La pequeña aceptó irse sin protestar, sintiéndose feliz al saber que regresarían en otra ocasión. Así que tomando a su mamá y a Tsubasa de las manos se dirigieron a la estación del tren.


El trayecto de regreso fue más tranquilo, ahora las tres pudieron ir sentadas gracias a que había menos gente en el vagón y sin problema bajaron en el andén que les correspondía.

–Antes de llegar a casa necesito comprar las cosas para la cena. –mencionó Maria al salir de la estación.

–En ese caso las acompañaré.

–Por supuesto que lo harás. Después de todo te quedaras a cenar y necesito saber qué es lo que quieres comer.

–¿Qué? –exclamó Tsubasa sorprendida.

–¿A caso tienes algo que hacer? ¿Tienes que volver a casa pronto?

–No, pero no quiero importunarlas.

–Eso no pasará, por algo te estoy invitando. –además era su forma de compensarla por llevarlas a Flower. Sonrió– ¿Qué me dices, vendrás con nosotras?

–¡Si, Tsubasa! –dijo Serena– ¡Ven a nuestra casa!

No tuvo argumento alguno que ofrecer para declinar la invitación, se habían confabulado para atacarla con ese par de ojos idénticos viéndola con expectativa. Al final asintió para alegría de ambas y obedientemente las siguió al distrito comercial a dos calles de ahí. Entraron al supermercado y tomaron un carrito y subieron a Serena a la silla. Aunque la pequeña no se quejara seguramente estaba cansada por todo lo que habían caminado.

–Y bien, ¿Qué es lo que se te antoja cenar? –le preguntó Maria antes de recorrer los pasillos– Cocinaré lo que sea que quieras.

No pudo evitar emocionarse ante esa idea. Si los postres que hacía Maria eran deliciosos la comida debía ser igual de exquisita. Por ello estaba en un dilema, pues no quería pedir algo que fuera complicado de preparar.

–Cualquier cosa que tú elijas está bien. –dijo al final sin lograr decidirse.

Maria suspiró.

–Piensa un poco más, por favor.

Como nuevo intento observó lo que había alrededor en busca de algo que pudiera elegir. Fue así que llegó a un estante con bolsas de fideos para yakisoba, demorándose unos segundos viéndolo.

–Con que yakisoba. –dijo Maria al seguir su mirada– ¿Quieres eso?

–Si les parece bien. –era un platillo que le gustaba mucho y no era difícil de preparar. Así que era una buena opción.

–Entonces será yakisoba. –alegremente fue hasta el estante para tomar tres bolsas y ponerlas en el carrito.

Después fueron en busca de las verduras y la carne, aprovechando para comprar un poco de té helado y jugo, al final se dirigieron a la caja para pagar. Mientras Maria se encargaba de esto último, luego de ganar la pequeña discusión sobre ello, Tsubasa y Serena estaban sacando un gashaponde Anpanman* en una máquina que encontraron en la entrada.

–¡Mira, mamá! –exclamó Serena enseñándole los premios cuando llegó con ellas– ¡Son Chiizu y Batako-san!*

–Oh, que bonitos. –sonrió– Asegúrate de cuidarlos muy bien.

–¡Sí! –abrazó las pequeñas figuras– Los cuidaré mucho porque son un regalo de Tsubasa.

Eso fue un golpe directo de ternura para la aludida mientras tomaba las tres bolsas que cargaba Maria. Lamentablemente ya no tenía más monedas para conseguir los demás, y se vio tentada a cambiar un billete, pero era mejor esperar, después de todo planeaba salir con ellas en más ocasiones.

–La próxima vez buscaremos más. –contestó con una pequeña sonrisa.

A Maria le alegraba mucho ver lo bien que congeniaban Serena y Tsubasa. Pues a pesar de que su hija era alguien muy amigable con las personas si alguien no le agradaba o la hacía sentir incomoda simplemente se alejaba de ella. Podía ver que con Tsubasa no tenía ningún problema, y del mismo modo Tsubasa siempre le prestaba atención a Serena, jugaba con ella y tomaba en serio sus preguntas. Le daba la impresión que había llegado a sus vidas para quedarse, y eso la hacía muy feliz.

Tomó la mano de su hija para después voltear a ver a Tsubasa.

–Bien, vamos a casa.


–Disculpen la intromisión. –mencionó Tsubasa después de quitarse los zapatos en el recibidor.

El interior de la casa era completamente diferente a lo que se había imaginado al verla por fuera. Por un momento pensó que se parecería a la casa principal de los Kazanari, pero para su agradable sorpresa no fue así. La mayoría de las decoraciones eran occidentales pero ninguna entraba en conflicto con la elegante construcción tradicional japonesa, dándole un toque único y acogedor. Sin duda alguna le gustaba más la casa de Maria.

Serena había ido a su habitación a traer otros juguetes y Tsubasa siguió a Maria hasta la cocina para dejar las bolsas de las compras en la mesa. Después regresaron a la sala.

–Ahora quédate aquí y espera a Serena. –mencionó Maria luego de encender el televisor– Las llamaré cuando todo esté listo.

–Déjame ayudarte en algo. –protestó Tsubasa enseguida– Puedo ayudarte a cortar las verduras.

Maria negó con la cabeza.

–Te lo agradezco, pero por hoy no quiero que hagas nada. Eres nuestra invitada y quiero que disfrutes tu visita.

–Maria…

–Aquí están. –dijo Serena llegando con una gran caja de Legos– Vamos a construir algo.

Sabiendo que Tsubasa no se negaría a jugar con Serena aprovechó la oportunidad.

–El yakisoba estará listo dentro de poco. –comenzó a caminar a la cocina– Así que jueguen tranquilas hasta entonces.

Resignada, Tsubasa se sentó en el piso junto a Serena para comenzar a jugar. Pronto se vio completamente concentrada en la construcción de un castillo, planeando después la conquista del reino vecino que a Serena se le ocurrió, olvidándose así del paso del tiempo.

Lograron su objetivo justo cuando Maria las llamó para cenar, así que se pusieron de pie y fueron hasta el comedor de la cocina. Serena se sentó en su lugar habitual, y asumiendo que Maria se sentaría al lado de ella fue que Tsubasa decidió tomó la silla frente a ellas.

–¡Ganamos, mamá! –anunció mientras Maria dejaba su plato en la mesa.

–¿En serio?

–Sí, fue una larga batalla de asedio al castillo. –mencionó Tsubasa sumamente orgullosa– Pero el rey enemigo cayó con honor en la batalla.

Sin poder contenerse Maria rió después de dejar el plato de Tsubasa.

–Parece que se divirtieron mucho. –dijo riendo tomando asiento.

–¡Si, fue my divertido, quiero que Tsubasa venga a jugar de nuevo!

–Ya la escuchaste. –observó a la aludida sonriendo– ¿Qué dices?

–Con gusto vendré otro día. –sonrió– Pero la próxima vez también debes jugar con nosotras.

–Es un trato.

Era una sensación muy agradable saber que era bienvenida, sin duda regresaría.

–Ahora vamos a comer. –dijo Maria.

–Gracias por la comida. –mencionaron Tsubasa y Serena al unísono.

Pronto Serena agarró el tenedor y comenzó a comer, Maria igualmente tomó los palillos para comenzar pero se detuvo al ver inmóvil a Tsubasa.

–¿Qué pasa? ¿No te agrada cómo quedó?

–No es eso. –se apresuró a explicar– No es nada de eso, lo que pasa es que hace mucho que no comía algo preparado en casa. –la vio directamente a los ojos –Estoy emocionada por esto.

Sin agregar nada más agarró los palillos y tomó una porción de yakisoba para llevarla a su boca.

–¿Qué tal? –preguntó Maria visiblemente inquieta. Era obvio que estaba nerviosa después de lo que dijo.

–¡Está delicioso! –respondió sonriendo antes de continuar comiendo.

Al escucharla decir eso por fin pudo relajarse. Le alegraba tanto que le gustara, y sin darse cuenta se quedó observándola un momento. Los gestos que hacia eran adorables provocándole una sonrisa. Así que feliz también continuó comiendo.

Cuando las tres acabaron, Tsubasa se ofreció a lavar los platos y a Maria no le quedo más remedio que aceptar su ayuda debido a su insistencia, gracias a ello terminaron mas rápido su labor.

–Me permites tu baño. –pidió Tsubasa mientras Maria preparaba palomitas, ya que Serena quería que vieran una película.

–Claro. –indicó la puerta que daba al otro pasillo– Sigue hasta el final y da vuelta a la derecha. Es la segunda puerta de la izquierda.

Siguiendo sus indicaciones llegó fácilmente al baño. Al salir fue cuando se permitió curiosear un poco más los alrededores, había visto en el pasillo un pequeño librero con fotografías, así que se dispuso a verlas.

En la primera aparecía Serena, de unos dos o tres meses, siendo sostenida por Maria. Esa imagen le robó una sonrisa, tanto madre como hija eran adorables. Maria tenía unos veinte años.

En la siguiente estaban Nastassja y Serena al lado de las muñecas del Hinamatsuri* al parecer el evento de este año debido a la apariencia de Serena.

Vio la siguiente fotografía donde Maria y Carol posaban detrás de Serena y Elfnein, festejando el cumpleaños de esta última. Sin duda los genes de sus mamás eran fuertes en ambas pequeñas.

También había otra de Maria junto a Saint Germain y dos mujeres más que no conocía, lo que más le sorprendió fue la apariencia de Saint Germain ya que se veía exactamente igual mientas Maria tendría unos doce años.

Siguió su recorrido pero el último portarretratos la dejó inmóvil al ver a la persona de la fotografía. Luego de unos segundos de desconcierto estiró la mano para tomar el cuadro y poder verlo de cerca.

Jamás podría olvidar al hombre que estaba junto a Nastassja, sin duda era él.

–Con que aquí estabas. –dijo de pronto Maria apareciendo por el pasillo– Ya está todo listo para comenzar la película, sólo vamos a…

Al darse cuenta que Tsubasa no la estaba escuchado se detuvo.

–¿Tsubasa? –la llamó un poco más fuerte, logrando por fin llamar su atención.

Acortando la distancia que las separaba, Tsubasa levantó el retrato para mostrárselo.

–Maria, ¿Qué relación tienes con esta persona? –preguntó señalándolo en la foto.

Extrañada por la actitud tan seria de Tsubasa, vio la fotografía para después regresar su mirada a ella.

–Es mi papá.

La placa de la casa marcada con el apellido Kolski, ese color de ojos de Maria tan peculiar y conocido, así como el suceso con el doctor Ver, la hicieron unir conjeturas rápidamente haciendo que todo tomaran sentido.

–¿Lo conociste? –preguntó Maria luego de un momento, teniendo ya una idea del por qué Tsubasa parecía sorprendida.

–Si, llegué a conocerlo. –contestó después de un pequeño silencio– Fue un buen amigo y consejero.

Konrad Kolski había sido un doctor muy reconocido en el mundo de la medicina en Japón debido a sus investigaciones y tratamientos médicos, así como por ser el fundador y dueño del Hospital Regional. Fue una pérdida muy grande cuando murió en un accidente automovilístico cuatro años atrás. Tsubasa había llorado mucho al enterarse de lo sucedido.

–Me lo imaginaba. –Maria sonrió acercándose más a Tsubasa– Sabes, perderlo fue terriblemente doloroso pero no tenía mucho tiempo para hundirme en la pena, tenía muchas responsabilidades que asumir y lloraba cuando podía. Pero siempre me reconfortaba mucho poder hablar con las personas que se encontraron con él. Es lindo saber que papá tocó la vida de muchas personas que lo recuerdan con cariño. Soy sumamente feliz al saber que lo consideras un amigo.

–Para mí es un honor poder llamarlo así, créenme que estoy muy agradecida con él. Lamentablemente no me enteré del accidente hasta tres meses después cuando regresé de una misión fuera del país. Quise buscar a su familia para presentarles mis condolencias pero ya no me pareció prudente hacerlo después de todo ese tiempo. –fue nuevamente al librero para dejar la fotografía en su lugar– Aunque ahora veo que muchas cosas me señalaban que ustedes estaban relacionadas con él no les presté atención debido a la forma en la que nos conocimos. –sonriendo, se giró para verla– Pero me alegra mucho no haberlo notado porque gracias a ello pude conocerte a ti, a Maria, y no a la hija del doctor como tal. Estoy completamente feliz de que las cosas sucedieran así.

Un sentimiento muy cálido se asentó en el pecho de Maria al escuchar sus palabras, haciéndole sentir un deseo enorme de abrazarla, pero le avergonzaba un poco hacerlo, por eso fue hasta ella y la tomó de la mano.

–Estoy igual de agradecida por ello, Tsubasa, como no tienes idea. –sonriendo la instó a caminar–Vamos, Serena nos está esperando.

Tsubasa ya estaba acostumbrándose a ese gesto de tomarse las manos, de hecho le gustaba. Así que estrechó un poco más su agarre y se dejó llevar por Maria.

Mientras iban por el pasillo volvió a recordar a Konrad Kolski, el hombre que años atrás salvó su vida.


¡Hola a todo el mundo!

Pues nuevamente estoy aquí con otro capítulo. Creo que este fue un capitulo mucho más tranquilo que el anterior, era necesario un poco de paz para nuestras protagonistas. Y conocimos un poco más de todos los demás personajes ¿Qué piensan de ellos?

¿Alguien esperaba ver una cita entre Tsubasa y Maria? Pues se les concedió. Además ¡volvió aparecer Serena! Ustedes no tienen idea de lo mucho que me gusta escribir cosas de ella :3

¡Muchas gracias a quienes dejaron sus reviews en el capitulo anterior! Son una gran motivación para seguir escribiendo. No duden en dejarme otro en esta nueva entrega.

Lamento mucho no poder contestar los reviews de personas que no tienen cuenta, pero créanme que me alegran muchísimo, a todos ellos ¡muchas gracias!

¡Nos leemos en el próximo!

Fava.


Escritura cuneiforme* Es considerada una de las formas más antiguas de escritura que se realizaba en tablillas de de arcilla, originalmente eran pictogramas que representan palabras y objetos, y posteriormente se comenzó a utilizar símbolos con valor fonético silábico para poder escribir conceptos abstractos.

Anpanman* Publicada primero como libros y posteriormente siendo animada, es una serie infantil muy popular entre los niños japoneses, los personajes de Chiizu y Batako-san son parte del la historia.

Hinamatsuri* Una tradición japonesa que se lleva a cabo el tres de marzo y es conocido como el día dedicado a las niñas. Se exponen unas muñecas que representan a la corte imperial en una plataforma de cinco o siete pisos y se colocan de acuerdo a su orden jerárquico, estas van pasando de generación en generación.