Sakurafubuki

Capítulo 6


Tenía la vista borrosa, sus pasos un tanto irregulares la hicieron trastabillar unas cuantas veces mientras seguía avanzando. ¿A dónde había ido toda esa agilidad de la que todo el mundo hablaba que poseía? Tenía claro que la mayoría había sido drenada con el flujo de sangre que manaba de la herida en su abdomen.

Estaba en un serio problema, pues aunque se alejara todo lo que pudiera sabía que el rastro de manchas rojas que iba dejando en el suelo guiaría a sus perseguidores directamente hasta ella. Aún así no podía detenerse a tratar la herida, tenía que seguir adelante.

Este panorama tan desfavorable era el resultado de la misión a la que había sido asignada. Una misión que llevaba un tiempo siendo cuidadosamente planeada y terminó fracasando en el último momento.

La operación comenzó ocho meses atrás cuando uno de los agentes del Equipo Especial Antidesastres se infiltró en las filas de una organización de traficantes de droga, gracias a su habilidad escaló posiciones poco a poco y logró conseguir información de un gran cargamento que pronto llegaría al puerto de Tokio.

En un momento de exaltación por obtener dichos datos se apresuró a contactar con sus superiores, siendo muy descuidado a la hora de hacerlo. Sus apresuradas acciones ocasionaron que uno de los sujetos con los que trabajaba lo escuchara hablar por teléfono. Ese fue el hecho que desencadenaría el terrible resultado de la misión.

La noche indicada cuando supuestamente se entregaría el cargamento llegó y Tsubasa era integrante de una de las unidades que llevaría a cabo el operativo. Su equipo formaba el primer escuadrón de choque. Pero en cuanto pisaron los alrededores de la zona del puerto fueron emboscados por un gran escuadrón de los traficantes, seis de los quince agentes que la acompañaban murieron en el primer ataque mientras otros tres resultaron heridos. El resto se había dispersado para cubrirse y repeler la agresión.

Eran superados en números de una manera abrumadora, las líneas de comunicación estaban caídas debido al bloqueo de señal que los traficantes usaron y tenían compañeros que necesitaban ser tratados urgentemente así que la única opción viable era escapar hasta un lugar seguro y esperar la llegada de refuerzos. Desafortunadamente tanto el líder del equipo como el segundo al mando estaban tirados sin vida en el piso a unos metros de ellos.

Tras la falta de iniciativa de los demás agentes para tomar el liderazgo de la unidad Tsubasa se dio a la tarea de hacerlo, aunque la mayoría de ellos no quería aceptarlo debido a su juventud y; según sus criterios, falta de experiencia se vio obligada a recordarles que era un agente de élite muy superior a ellos. Ella no era la clase de persona que hacia ese tipo de declaraciones pero les diría lo que fuera necesario con tal de sacarlos de ahí con vida.

Sabía que podía hacerlo pues para ella era un hábito inquebrantable prepararse antes de sus misiones analizando las áreas donde se llevarían a cabo. Minuciosamente estudiaba el terreno para establecer rutas de escape y preparar equipo de apoyo. Así que rápidamente dio instrucciones a sus compañeros para tomar la ruta más cercana.

Tsubasa se quedó en la retaguardia para cubrir la retirada de los demás. Pronto se reunió con ellos y nuevamente encabezó la huida, sin embargo, antes de llegar al lugar designado se encontraron con uno de los escuadrones de búsqueda del enemigo, así que acabó con los cuatro que la integraban y continuaron. Pronto llegaron a una de las bodegas para esconderse y tratar las heridas de los agentes con el equipo de primeros auxilios que había ocultado ahí.

–Debemos darnos prisa. –dijo Tsubasa a sus compañeros mientras vigilaba– No tardarán mucho en darse cuenta de la ausencia de esos cuatro.

Poco después los agentes estaban listos para marcharse así que Tsubasa se encargó de continuar la retirada. Conforme seguían avanzando se encontraron con más frecuencia al enemigo, si continuaban así pronto estarían rodeados. Era el momento de tomar una decisión.

–Debemos separarnos. –sentenció Tsubasa– Yo seré la distracción mientras ustedes continúan por el camino que les indiqué.

–No vamos a dejarte sola, Kazanari. –habló uno de los agentes con firmeza.

–Tienen que hacerlo. –observó a sus compañeros heridos– Si no reciben atención médica pronto morirán. Deben de llevarlos a salvo a casa, yo puedo arreglármelas sola.

El agente estaba por replicar pero no tuvo tiempo ya que uno de los traficantes apareció frente a ellos, Tsubasa rápidamente se encargó de él pero sabía que pronto llegarían más.

–¡Váyanse, ahora! –exclamó antes de salir al descubierto para llamar la atención de sus atacantes y llevarlos en dirección contraria a la de los agentes.

Sin tener más opción el resto de la unidad de agentes se apresuraron por el camino que Tsubasa les indicó, debían enviar a los refuerzos hasta ella.

Por su parte Tsubasa se sintió mejor estando sola, ahora podía dejar salir todos sus instintos y luchar libremente. Debía de ganar todo el tiempo que pudiera para que sus compañeros se alejaran.

Con sus increíbles habilidades fue acabando con un enemigo tras otro reduciendo sus números a una velocidad sorprendente. Cuando los cargadores de sus pistolas se acabaron cambió sus armas por el par de cuchillos largas que llevaba ocultos en los antebrazos y reanudó su ataque.

Calculando el tiempo que llevaba luchando estaba segura que los integrantes de la unidad ya habían llegado a encontrarse con los refuerzos, así que era momento de retirarse. Dio media vuelta y emprendió su camino de huida. Sin embargo, después de haber mermado tanto las fuerzas enemigas quedaba claro que no la dejarían ir tan fácilmente, así que fueron tras ella.

Estaba cubriéndose para emboscar a uno de los sujetos que la seguía cuando vio a uno de sus compañeros de unidad salir detrás de uno de los edificios. Era el agente que no quería dejarla sola, sin duda admiraba su lealtad pues a pesar de todo había regresado para apoyarla, aun así, estaba furiosa por verlo ahí. En seguida salió para reunirse con él pero cuando llegó a su lado uno de los traficantes salió detrás del otro agente.

–¡Maldición! –sin pensarlo se interpuso entre ellos para cubrirlo mientras lanzaba sus cuchillos al atacante.

Dieron directo en la garganta del sujeto pero a pesar de ello el tipo había logrado accionar su arma en el último momento, una única bala que Tsubasa pudo haber esquivado, pero si lo hacía entonces el otro agente moriría, por ello no se movió y recibió el disparo en la parte izquierda del abdomen. Suprimió el dolor al escuchar más pasos acercándose a ellos, pelear con esa herida ya no era una opción si quería que ambos salieran con vida.

–¡Vamos! –empujó al otro agente para que corriera mientras ella hacía lo mismo.

Nuevamente Tsubasa se vio obligada a tomar una decisión, debía alejarse de su compañero pues correría más peligro si se quedaba a su lado. Así que le ordenó ir por un camino que lo llevaría directo a una zona más transitada, estaba segura que los traficantes no lo seguirían hasta ahí, y sin esperar su respuesta ella tomó otra ruta.

De esa manera había llegado a esta situación. Todavía continuaba alejándose sin saber cuánto tiempo llevaba caminando o si su compañero estaba a salvo.

Lo único de lo que si era muy consciente era del incremento del frío que comenzaba a sentir con cada paso que daba, el cuerpo comenzaba a pesarle y respirar resultaba cada vez más complicado. Extenuada finalmente se desplomó al lado de un contenedor de basura en un sucio callejón.

Le pareció extraño el silencio que la rodeaba pues ya se había alejado lo suficiente del bloqueo de señal, así que sacó el comunicador de su oído y sonrió ligeramente al verlo roto, ¿en qué momento pasó? Aunque no debía de sorprenderle, en realidad el equipo que usaban en la Unidad Especial Antidesastres era tan anticuado y obsoleto si lo comparaba con los equipos desarrollados por su tía Ryoko. Lanzó el comunicador lejos de ella para después mirar al cielo.

En esa parte de la ciudad las estrellas se veían mucho mejor, al menos si esos eran sus últimos momentos tendría un paisaje bonito para contemplar.

–Seguramente Kanade se enojará cuando me encuentren. –murmuró. Sólo podía pedirle una disculpa mental a su prima por su falta de voluntad.

Una parte de ella sabía que podía forzarse a seguir adelante, lo había hecho incontables veces a lo largo de su vida para sobrevivir, pero esta vez estaba demasiado cansada, su voluntad se había doblegado a raíz de todos los sucesos recientes en su vida. Su muerte pondría fin a tantas cosas de una vez por todas.

Sería una despedida honorable en el campo de batalla. Así que en silencio cerró los ojos y esperó a que el Dios de la muerte viniera por su alma.

Pronto el sonido de unos pasos acercándose interrumpieron su tan anhelada paz ¿Esos sujetos no podían esperar un poco a que muriera tranquila? Por lo menos intentaría llevárselos con ella al infierno, todavía tenía una daga oculta en el costado de la pierna. Llevándola a su mano reunió las pocas fuerzas que le quedaban y se agazapó contra el contenedor lista para atacar a quien se acercaba.

Cuando el hombre pasó de largo se dio cuenta que no era ninguno de los sujetos que la seguían, sin embargo, tampoco se podía fiar de que no era un enemigo. Antes de tomar cualquier acción debía de cerciorarse de su identidad, así que comenzó a acercarse sigilosamente a él.

–No te muevas. –susurró Tsubasa colocándole el cuchillo en la garganta.

El sujeto no se resistió y con calma levantó las manos para mostrarle que estaba desarmado.

–Sólo quiero ayudarte. –dijo con voz tranquila y permaneciendo inmóvil– Sé que estás herida, vi la sangre.

–¿Crees que voy a confiar en ti fácilmente?

–Soy médico, mi cartera está en el bolsillo de mi chaqueta, puedo mostrarte mi identificación para que compruebes que digo la verdad.

Antes de que pudiera decir algo más un fuerte mareo le sobrevino y soltó el cuchillo antes de caer de rodillas al suelo, las arcadas llegaron pocos segundos después haciéndola vomitar un charco de sangre. Lo último que alcanzó a ver fue aquel hombre acercándose a ella antes de que todo se volviera oscuro.


Abrir los ojos nunca había sido una tarea tan difícil como en aquel momento le parecía a Tsubasa. Sus párpados pesaban demasiado, sentía incluso agotadora la simple idea de intentarlo. Pero tenía que hacerlo, ese molesto y constante sonido no la dejaba tranquila. ¿Así de ruidoso era el otro mundo?

Después de un par de intentos finalmente lo logró, parpadeó unas cuantas veces por culpa de la deslumbrante luz que la cegó. Cuando por fin se acostumbró al brillo pudo distinguir el foco en el techo. ¿En dónde demonios estaba? Intentó moverse para ver los alrededores pero el cuerpo no le respondió como normalmente lo haría.

La ansiedad comenzó a crecer en ella pero inmediatamente se ordenó mantener la calma. Incluso si hace poco le dio la bienvenida a la idea de morir ahora no podía aceptarlo al sentirse tan vulnerable.

Al menos iba elegir cómo dejar este mundo.

Cerró los ojos otra vez para concentrarse, debía reunir todas sus fuerzas para intentar moverse. Con ligeros movimientos fue recuperando poco a poco el control de su cuerpo, después de un tiempo incluso intentó sentarse pero el dolor en el abdomen se lo impidió. Dejando ese detalle de lado al menos sabía que estaba entera y todo funcionaba adecuadamente. Eso era suficiente para ella.

Una vez logrado eso se dedicó a observar la habitación en donde estaba. Parecía ser una especie de clínica por todos los aparatos que tenía conectados, pero estaba segura que no era dentro de las instalaciones de la Unidad Especial. ¿Cómo había llegado ahí?

Unos ligeros toques en la puerta se escucharon antes de que fuera abierta. Un hombre entró junto con una mujer que por su ropa no había duda de que era una enfermera.

–Por fin despiertas. –mencionó el hombre sonriendo, llevaba una bata blanca puesta sobre su ropa.

Al escucharlo hablar en seguida distinguió que se trataba de la misma persona con la que se encontró en aquel callejón. Gracias a la luz de la habitación ahora podía ver claramente su cabello rubio con algunos reflejos de canas, así como el color verde azulado de sus ojos. Su expresión amable era muy tranquilizadora. Con que era un extranjero, no se había dado cuenta de eso en el callejón ya que hablaba perfectamente bien japonés.

–Soy el doctor Konrad Kolski, estás en el hospital Regional. Estás a salvo. –acercándose realizó un examen de sus pupilas con una pequeña lámpara. Asintió para sí al comprobarlas bien– ¿Puedes oírme?

Ah, entonces era verdad eso de que quería ayudarla, que bueno que no lo mató.

–Si. –respondió ¿Esa voz tan débil y rasposa era suya? Supuso que si ya que vio al doctor sonreír satisfecho.

–¿Recuerdas cuál es tu nombre?

–Tsubasa. –fue todo lo que pudo decir, era agotador hablar.

La enfermera llegó junto al doctor para entregarle un informe con los reportes de los monitores. Después de leerlos los firmó para regresárselos, posteriormente centró su atención nuevamente en ella.

–Bien, Tsubasa, debo decirte que tienes cinco días inconsciente. Logramos controlar la hemorragia que tenías con la operación, así como extraer el proyectil. –revisó la vía del suero antes de seguir hablando– Afortunadamente no dañó ningún órgano vital y compensamos la pérdida de sangre con transfusiones. Puede que aún te sientas desorientada pero es completamente normal.

Sacó del bolsillo de su bata una pequeña bolsa transparente con un proyectil adentro para mostrársela.

–Tal vez quieras conservarla como recuerdo. –colocó la bolsa en la mesa de noche al lado de la cama– No todos los días sobrevives a una herida de bala como esa.

¿Conservarla? Lo primero que haría cuando saliera de ahí seria tirar esa cosa a la basura. Había dolido como el infierno. Pero antes de llevar a cabo su plan necesitaba algo para aliviar la resequedad en su garganta.

–Agua. –balbució esperando que cumplieran su petición.

Para su fortuna así fue, la enfermera sirvió un vaso de agua mientras el doctor elevaba el respaldo de la cama para dejarla en una postura más apropiada para que bebiera. A pesar del ofrecimiento de la enfermera para darle el agua a Tsubasa fue el mismo Konrad quien sostuvo el vaso mientras ella tomaba con la ayuda de un popote.

No le permitieron beber tanto como quería pero al menos ya había calmado un poco el dolor. Nuevamente colocaron la cama en la posición anterior cuando acabó.

–En un momento te realizaremos estudios para asegurarnos de que no haya consecuencias posteriores. –sonrió– Pero antes de eso dejaré entrar a tu familia, si la chica pelirroja se entera que despertaste y no le permití verte volverá amenazarme de muerte.

Si, sin duda veía a Kanade haciendo eso. Sus tíos también debían de estar muy preocupados por ella. Quería verlos a todos para calmarlos.

–Gracias. –mencionó Tsubasa con una voz más clara.

Konrad se dirigió a la puerta para ir a buscarlos, antes de salir volvió a girarse para verla. Esa chica, con tan sólo quince años, era una agente de operaciones especiales trabajando para el gobierno. De no haber sido confirmado esto por su tío; bajo una estricto contrato de confidencialidad que firmó, jamás lo hubiera creído. No sabía las circunstancias que la habían hecho tomar ese camino a tan temprana edad pero a estas alturas eso ya no le interesaba, lo único que importaba era verla con vida.

–Bienvenida de nuevo al mundo de lo vivos, Tsubasa. –murmuró para si antes de abandonar la habitación.


Kanade entró corriendo a la habitación y de no haber sido porque Genjuro la detuvo a tiempo se hubiera lanzado sobre su prima para abrazarla.

–¡Eres una maldita idiota, Tsubasa! –mencionó entre aliviada y molesta luego de comprobar que estaba bien– ¿Sabes lo mucho que nos asustamos cuando papá dijo que no te encontraban luego de esa misión? ¡Te buscamos por dos días! ¡Dos días!

Si su prima no hubiera aparecido pronto estaba más que dispuesta a ir detrás de cada uno de los traficantes restantes para buscar a Tsubasa. Conocerían el verdadero infierno si le habían hecho algo.

–Ya basta, cariño. –intervino suavemente Ryoko calmando a su hija. Se acercó a la cama y tomó con cuidado la mano de Tsubasa entre las suyas– Todos estábamos tan preocupados por ti, mi niña. Gracias por permanecer con nosotros.

Genjuro estiró la mano colocándola sobre la cabeza de su sobrina para despeinarla. Una típica caricia muy propia de él.

–No te preocupes por nada, sólo recupérate tan pronto como puedas. Te estaremos esperando.

Sintió una punzada de culpa al recordar lo dispuesta que estaba a morir. Sabía que su familia se sentiría sumamente dolida si al menos no hubiera intentado acercarse a ellos en busca de ayuda, pero en ese momento le era difícil hablar de tantas cosas que prefería mantener una cierta distancia de la gente. Las únicas que superaban esa pared a su alrededor eran Kanade y Chris. Así que debía de disculparse apropiadamente con ellos en cuanto saliera de ahí.

–Lo lamento. –contestó Tsubasa con los ojos llorosos– Lo siento mucho.

–Tranquila, todo estará bien. –dijo Kanade mientras limpiaba el par de lágrimas que Tsubasa no había podido contener– Lo importante es que estás aquí con nosotros. –sonrió– Ya podré llamar a Chris para decirle que despertaste. Todavía está en el extranjero con sus papás continuando su entrenamiento pero no ha dejado de hablar para saber tu condición. –su semblante cambió a uno más serio– Los agentes que te acompañaron están a salvo y en casa gracias a ti. Por ahora toma las cosas con calma, yo protegeré a todos mientras vuelves, y cuando eso pase formaremos una unidad tú y yo, esta vez sólo bajo las órdenes de papá. Nadie volverá hacerte esto.

Esas últimas palabras fueron dichas con una furia contenida que todos en la habitación sabían perfectamente contra quien iba dirigida, pues era el responsable de integrar a Tsubasa a esas misiones tan peligrosas sin alguien que tuviera el mismo nivel de entrenamiento que ella para fungir como su compañero directo. Estaban claras las intenciones que tenía al enviarla prácticamente con novatos en contra del enemigo, el sentido del deber haría que Tsubasa protegiera a los demás a costa de su propia seguridad.

Pero ahora eso estaba por terminar y todo gracias a la insistencia de Genjuro con sus superiores. Con su asignación de comandante consiguió la autorización para transferir a Tsubasa a su recién formado equipo en la Segunda División, en cuanto ella se recuperara entraría en función la unidad de élite que llevaría por nombre Zwei Wing. También asistiría a la preparatoria Lydian donde Kanade ya cursaba el segundo año.

La vida de su prima estaba por cambiar para mejor, y aunque sabía que el camino que debían recorrer para aliviar el dolor de Tsubasa era difícil estaba segura que en esos tres meses que tenían viviendo por fin juntas habían avanzado en muchas cosas. Seguiría dando todo su esfuerzo para seguir apoyándola en el futuro.

–Creo que es momento de irnos. –dijo Genjuro a pesar de no querer separarse de su sobrina– El doctor sólo nos permitió entrar unos minutos.

–Eso me recuerda que debo disculparme con él. –mencionó Kanade un poco avergonzada– Cuando te encontramos no nos dejó verte porque estabas en terapia intensiva, estuve a punto de golpearlo hasta que me enteré que fue él quien te salvó.

–Si no hubiera sido por su ayuda… –Ryoko negó con la cabeza sin poder terminar la frase– Aún con todos los riesgos que pudiera correr te llevó hasta su camioneta y condujo como un desquiciado hasta el hospital para atenderte.

–Gracias al reporte que hicieron a la policía pudimos encontrarte. –le explicó Genjuro– Estaremos eternamente agradecidos con el doctor Kolski por salvarte.

Tsubasa estaba de acuerdo con su tío, en cuanto lo viera se lo diría personalmente.

Una enfermera llamó a la puerta antes de entrar, disculpándose por interrumpir les pidió amablemente salir de la habitación pues tenían que preparar a Tsubasa para realizarle una serie de análisis y exámenes físicos. Su familia se despidió de ella prometiéndole regresar en cuanto tuvieran autorización.


Un par de horas después Tsubasa se encontraba otra vez en su cuarto, le habían hecho pruebas rigurosas de todo tipo para descartar cualquier problema, debía admitir que estaba un tanto cansada de tanto moverse pero agradecía poder hacerlo. Sentía sus músculos un poco más fuertes y eso le daba una sensación de tranquilidad enorme. Ahora estaba esperando que le trajeran algo de comer, se había alegrado mucho cuando la enfermera le informó eso ya que era una fuente más de energía para recuperar su fuerza.

Escuchó la puerta abrirse pero para su desilusión no se trataba de la comida sino del doctor Konrad.

–Veo que ya estás mejor. –dijo acercando una silla al lado de la cama para después ofrecerle el vaso que tenía en la mano– Te traje un poco de jugo de manzana, te hará bien hasta que llegue tu cena.

–Gracias. –contestó Tsubasa agarrando el vaso.

Agradecía que tuviera una tapa pues todavía sentía sus manos un poco torpes y temía derramarlo. Después de darle un trago descubrió que estaba muy bueno, así que continuó tomando.

–Debo decirte algo. –dijo de pronto Konrad llamando su atención– Viendo lo estable y lúcida que estás me sería difícil creer la condición en la que llegaste si no la hubiera visto con mis propios ojos. –cruzó los brazos sobre el pecho– Todavía debemos esperar los resultados de tus pruebas pero; descartando la fatiga normal por los días que estuviste inconsciente y teniendo en cuenta el tiempo que tarde la herida en tu abdomen en cerrar, me atrevería a decir que estás en perfectas condiciones. –sonrió– Nunca había visto algo así, tu capacidad de recuperación es sorprendente.

El asombro del doctor era algo justificado pues era muy consciente que no cualquiera podía sobrevivir a lo sucedido. En su caso, su cuerpo estaba mejor preparado para ello ya que, como futura líder del Clan, desde los cuatro años se vio sometida a entrenamientos espartanos, había sido obligada a llevar a su cuerpo más allá de sus límites. Tenía claro que pese a eso no era alguien infalible, simplemente era muy difícil de matar.

Pero no estaba dispuesta a dar detalles de su vida, tenía otras cosas en las cuales pensar.

–Puedo preguntarle algo, doctor. –dijo en cambio tratando de desviar el tema de su condición física.

Esto fue muy obvio para Konrad, pero decidió respetar sus deseos.

–Por supuesto. Pregúntame lo que gustes.

–Me parece raro que estuviera en los alrededores de ese callejón, no es una zona para que cualquiera esté paseando en medio de la noche. –lo observó. Había estado pensando en eso mientras le hacían los estudios– ¿Puede decirme qué hacía ahí?

Konrad sonrió, le parecía muy gracioso e interesante que Tsubasa se preocupara por esos detalles en lugar de su salud. Fue un claro recordatorio de que era un agente especial con una misión. No podía culparla por sospechar de él, como bien había dicho no era un sitio por el que se transitaba comúnmente, así que sólo le quedaba aclarar sus dudas al respecto.

–Seguramente conoces la condición económica de la gente que vive cerca de la zona del puerto, así que dos veces por semana voy a ese lugar a dar consultas gratis y llevarles medicamentos. –dijo con seriedad– Generalmente no me quedo tan tarde pero ese día la familia de un paciente me invitó a cenar, no quería aceptar porque no me gusta que se limiten en su alimentación por darme algo. Sin embargo, fueron tan insistentes que no pude seguir negándome y los acompañé. Cuando ya iba de regreso a mi camioneta encontré el rastro de sangre y me di cuenta que estaba fresca, así que la seguí para ver si podía ayudar, fue como te encontré. –nuevamente sonrió– O mejor dicho, caí en tu emboscada.

Tsubasa se encontró sonriendo también. Al menos se tomaba con humor ese pequeño suceso. Sólo por eso el doctor le agradó más.

Y ahora que recordaba, durante los días previos a la misión en los que investigaba la zona había escuchado rumores sobre una persona que prestaba servicios médicos gratuitos en los barrios cercanos desde hace tiempo. Con que se trataba de él, era bueno saber que entre tantas carencias que pasaban esas personas al menos había alguien que intentaba ayudarlos.

Sin embargo, parecía ser algo descuidado con respecto a su seguridad al atreverse a caminar por esos callejones en medio de la noche. Tanta amabilidad podía costarle la vida.

–Respeto enormemente la labor desinteresada que realiza, doctor. –comenzó a decir Tsubasa– Pero aún así debe pensar en el peligro al que se expuso al ir a ciegas por esas calles, yo misma pude haberlo herido de gravedad.

Eso sin contar que sus perseguidores pudieron haberlos matado si llegaban a encontrarlos.

–Soy muy consciente de ello, pero eso no me va a detener si sé que alguien necesita mi ayuda. –mencionó Konrad con calma– No conozco los detalles de cómo terminaste así, sólo sé que estabas en una misión. –al ver que Tsubasa iba hablar levantó la mano para tranquilizarla– Tu tío se vio obligado a contarme ciertas cosas cuando me negué a darles información de ti. Tus heridas me hicieron pensar que quizá sufrías de abusos en tu familia y como eres menor de edad mi deber era salvaguardar tu integridad.

Eso explicaba por qué no la cuestionó sobre todo lo sucedido.

–Pero pese al peligro tenía que ir. –continuó Konrad– Desafortunadamente hay varias pandillas en la zona y suelen tener enfrentamientos donde obviamente resultan heridos. –suspiró– Conozco a la mayoría de esos jóvenes así que siempre los auxilio sin importar a que bando pertenezcan, ellos respetan eso y soy algo así como un territorio neutral en sus disputas, por eso seguí el rastro de sangre. –una sonrisa amable se formó en sus labios– Agradezco tu preocupación pero voy a continuar ayudándolos. Debo cerciorarme de que todos regresen a casa a salvo, hay quienes esperan por ellos, justo como lo hace tu familia por ti o lo hacen mi esposa e hija por mí.

No podía refutar sus palabras, pues ella había hecho exactamente lo mismo con sus compañeros de unidad. De verdad el doctor era una gran persona.

–Lo entiendo, sólo tómelo como una sugerencia. Tenga un poco más de precaución de ahora en adelante.

Esta chica sin lugar a duda era precavida, pero al pensarlo detenidamente llegó a la conclusión de que se tratara de un hábito desarrollado a causa de su trabajo.

–Así lo haré.

–También hay algo más que quiero decirle. –debido a la herida en su abdomen no podía hacer una reverencia formal como hubiera deseado, por ello se inclinó todo lo que fue capaz– Le estoy sumamente agradecida por todo lo que hizo por mí, jamás tendré forma de pagarle por ello.

Konrad suspiró al verla, sin importar el tiempo que tuviera viviendo en Japón pensaba que jamás podía acostumbrarse del todo a esas costumbres tan formales.

–Por favor levanta la cabeza. –pidió amablemente. Tsubasa así lo hizo– No tienes nada que agradecer, sólo intenta vivir tu vida plenamente a partir de ahora. Con eso me basta.

Tsubasa lo observó por varios minutos en silencio.

–Me temo que no soy capaz de prometerle eso. –respondió por fin desviando la mirada– Mi vida no me pertenece, así que nunca he tenido el derecho de decidir qué hacer con ella.

Sus palabras sorprendieron a Konrad volviéndole a recordar que esa chica no era alguien con una vida normal como la de los demás. No tenía ni idea de cuál era el peso que cargaba sobre sus hombro, sin embargo, no podía tolerar escucharla decir que no tenía el poder de decidir. Si el problema era que no se consideraba dueña de sí misma entonces él tenía una salida para resolverlo.

–En ese caso ya has encontrado una solución a esa cuestión. –dijo Konrad llamando la atención de Tsubasa– Puedo decirte con certeza que esa vida que no era tuya ya ha terminado.

–¿A qué se refiere? –preguntó confundida.

–No pensaba decírtelo pero después de escucharte creo que es necesario. –la vio directamente a los ojos– Cuando llegamos al hospital tu corazón dejó de latir por cinco minutos. En pocas palabras moriste. –su tono solemne no cambió– Gracias a tu fuerte voluntad de vivir respondiste al RCP y te llevamos directo al quirófano. –estiró la mano para colocarla sobre la de Tsubasa– Te aseguro que ésta es una nueva vida, una a la que te aferraste con todo lo que tenías. Por eso ahora te pertenece sólo a ti y a nadie más.

–Yo…estuve muerta. –exclamó aturdida.

Pese a lo extraño, y debía decirlo; un tanto aterradora, que le parecía la idea de haber dejado este mundo por unos minutos, inesperadamente sintió un enorme alivio al escuchar esa noticia. Sin darse cuenta las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas y se aferró a la mano del doctor.

En realidad mentía al decir que quería morir, lo que realmente deseaba con toda su alma era acabar con la vida que tenía hasta ese momento. Quería dejar de sentirse la marioneta del Clan Kazanari, quería poder disfrutar los días al lado de Kanade, Chris y sus tíos, quería tomar sus propias decisiones, quería ser libre de todo, quería ser simplemente Tsubasa.

–¿De verdad está bien que piense así? –susurró con la voz entrecortada– ¿De verdad… nadie se enfadara conmigo si intento ser yo misma?

Konrad sintió una opresión en el pecho al verla tan angustiada, ahora si parecía tener quince años, con los mismos miedos y dudas como cualquiera. Le recordó un poco a su pequeña Maria, a veces insegura y un tanto llorona pero capaz de mostrar una voluntad y fortaleza inquebrantables cuando era necesario.

–Te aseguro que tus tíos y tu prima estarán felices si lo haces. Acércate a ellos y cuéntales cómo te sientes, no tengo ninguna duda de que siempre estarán para apoyarte y acompañarte en el camino. –En esos días que conversó con ellos se dio cuenta de cuánto amaban a Tsubasa, así que tenía claro que no eran los causantes de los temores de esta chica. Sonrió ligeramente antes de continuar– Seguramente tu vida no debió de ser sencilla pero hay muchas cosas buenas esperando por ti a partir de ahora, te lo aseguro. Sólo debes dar un paso a la vez, poco a poco a tu ritmo y disfrutar el viaje hasta que llegues al lugar que deseas.

Incluso con todas sus dudas Tsubasa sabía que tenía que ser valiente y seguir adelante. Debía seguir avanzando si quería encontrar su lugar en el mundo. Dio un largo suspiro y tomó una decisión, ese día estaría marcado para siempre como el inicio de su nueva vida.


–Esas fueron las circunstancias en las que conocí a tu padre. –dijo Tsubasa sentada junto a Maria– Él me salvó de muchas formas, no sólo físicamente.

Ambas permanecían en la sala, Serena había ido acompañar a su abuela mientras cenaba pues Nastassja había llegado a casa poco después de que la película que estaban viendo acabara. Una vez a solas Maria aprovechó el momento para pedirle que le contara la historia de su encuentro con Konrad.

–Debo confesar que me parece algo increíble. –contestó Maria– Me sorprende un poco que papá nunca me lo contara.

–Seguramente quería hacerlo pero no podía. –dejó sobre la mesa de centro su vaso de té– El contrato de confidencialidad que firmó no le permitía revelar ningún detalle de lo sucedido.

–¿Y está bien que me lo cuentes? –preguntó Maria con seriedad– Tu encuentro con papá, la misión fallida y el hecho de que eres un agente especial de élite. No he firmado ningún contrato y no quiero que eso te vaya a generar un problema ni que sea un impedimento para que ya no podamos vernos.

Sabía que podía haber omitido esa parte, podía incluso haber inventado alguna otra historia sobre su identidad pero su interior le pedía a gritos que no le ocultara esa parte de su vida a Maria. Y al escuchar sus palabras supo que había tomado la decisión correcta.

–No hace falta. Confío plenamente en ti. –la observó a los ojos– Y no te preocupes, jamás permitiría que algo como esto me alejara de ti.

Una muy agradable sensación de calidez surgió en el pecho de Maria ante esas palabras. Admitía que la revelación de su verdadero trabajo en un principio la había tomado por sorpresa pero también debía decir que no era algo que la inquietaba. Tenía muy claro que Tsubasa no dejaba de ser ella misma sólo por eso, tampoco iba a permitir que nada ni nadie interferiría entre ellas.

–Te lo agradezco mucho, Tsubasa. –ahora era su turno de hablar de un tema importante para ella– Y también quiero disculparme por no haberte contado nada sobre mi verdadera posición dentro de la mesa directiva cuando ocurrió el problema con el doctor Ver. –suspiró– Es sólo que después de la muerte de papá hubo mucha conmoción a nuestro alrededor, yo apenas tenía seis meses de haberme unido al personal del hospital y hubo muchas personas que intentaron aprovecharse de mí pensando que el dolor nublaría mi juicio. Afortunadamente siempre he tenido a mis amigos y familia para apoyarme.

La mayoría de los antiguos jefes de especialidades querían manipularla para que les entregara el puesto de director del hospital a alguno de ellos, pero Maria pronto entendió sus intenciones así que no dudó ni un segundo en despedirlos.

–A raíz de esa mala experiencia mi prioridad más grande fue proteger a Serena y a mamá de otra situación parecida. –continuó– Por ello se convirtió en un hábito para mí ocultarlo de todos aquellos que no estuvieran relacionados a la junta directiva para mantenerlos alejados de nosotras. –observó a su interlocutora– Sé que tú no eres para nada como esas personas. Confío muchísimo en ti, así que lamento mucho no habértelo contado antes.

Tsubasa negó con la cabeza.

–No tienes que pedirme disculpas, su seguridad es lo más importante. De haber estado en tu lugar yo hubiera hecho exactamente lo mismo. –una sonrisa juguetona surgió en sus labios– Lo hiciste tan bien que ni siquiera un agente especial como yo se dio cuenta de la situación, tienes mis más sinceras felicitaciones. Creo que podrías ser un buen agente, ¿no te gustaría ser parte de mi unidad?

Maria rió. Le encantaban esas pequeñas bromas que Tsubasa soltaba para tratar de animarla cuando la situación parecía estarla abrumando un poco.

–Me siento muy honrada por la invitación pero lamentablemente no puedo aceptar ninguna propuesta. Tengo un hospital que dirigir en el futuro. –mencionó riendo ligeramente– Y volviendo a tu encuentro con papá, dime, ¿Cuánto tiempo permaneciste internada?

–Diez días más. –suspiró– La recuperación no fue tan lenta pero mis tíos querían asegurarse de que no hubiera ninguna consecuencia a largo plazo. Me desesperaba un poco seguir ahí cuando sentía que estaba lo suficientemente bien para irme a casa, pero las conversaciones con tu padre lo hicieron más fácil de sobrellevar. –sonrió– Eran muy entretenidas y diversas, creo que gracias a ellas comenzamos a ser amigos.

–Puedo imaginarlo hablando de tantas cosas. –rió recordando las miles de platicas que tuvieron en ésta misma sala– Era un gran conocedor de todo tipo de historias, tenía una forma muy peculiar de acercarse a las personas.

–Sí, tenía un aura especial para llevarse bien con cualquiera. –un nuevo suspiro escapó de sus labios– Aunque a veces pensaba que era alguien muy imprudente precisamente por eso. Sé que en los barrios cercanos al puerto lo respetaban pero en ocasiones le pedía que desconfiara un poco más de ellos. Unas cuantas veces lo acompañé a dar consultas cuando sabía que las cosas estaban un poco agitadas en ese lugar.

–¡Con que tú eras la asistente temporal que me remplazó! –proclamó Maria con diversión– Yo solía acompañarlo si tenía un poco de tiempo libre en la universidad, y cuando me fui a Nagoya papá me habló de ti vagamente un par de veces, pero no recuerdo que me dijera tu nombre alguna vez. Ahora que sé de la existencia del contrato de confidencialidad entiendo por qué no lo hizo.

Tsubasa asintió.

–Esa también fue la razón del por qué tampoco me dijo tu nombre o me mostró tu fotografía, aunque en ocasiones me hablaba de ti. Siempre se veía tan orgulloso cuando lo hacía, se notaba lo mucho que te quería. –sonrió– Confieso que me causabas mucha curiosidad pero nunca pude preguntarle algo más allá de lo que él me contaba.

Aunque en realidad no lo hacía porque la detuviera el contrato de confidencialidad, sólo temía que a su vez él tratara de preguntarle cosas de su vida. No estaba dispuesta a abrir esa posibilidad.

–Me hubiera gustado mucho que nos conociéramos en aquella época. –mencionó Maria después de un pequeño silencio– Pero pienso que no era el tiempo adecuado para ello. –dijo antes de verla. La expresión tan tierna en sus ojos así como su brillante sonrisa deslumbraron completamente a Tsubasa– Creo que al final el destino nos hizo esperar hasta este momento de nuestras vidas porque nos estaba preparando para que nos encontráramos.

En esos años donde sólo sabían de la existencia de la otra a través de las pocas palabras de Konrad se habían enfrentado a tantos cambios en sus vidas. Cambios que les tomó un tiempo asimilar para así poder dirigir sus caminos hacia la dirección que deseaban. Ahora eran libres de tantas dudas y pesares, ahora más que nunca estaban preparadas para conocerse plenamente.

Tsubasa estiró la mano para tomar la de Maria y entrelazar sus dedos. Fue tan agradable sentir como estrechaba su agarre.

–Sí. –sonrió– Tienes mucha razón.


–¡Tsubasa!

El grito de Kirika fue tan fuerte y tan cerca de su oído que por un momento la aturdió.

–No había necesidad de hacer eso, Akatsuki. –dijo volteando a verla– Estaba justo aquí.

–¡Te he estado llamando muchas veces y nunca me contestaste! –reclamó preocupada– No es propio de ti estar tan distraída antes de una misión, ¿ocurrió algo?

Una pequeña sonrisa surgió en los labios de Tsubasa, tampoco era usual ver a su enérgica y alegre amiga tener un semblante tan serio.

–Discúlpame por preocuparte. –colocó la mano sobre la cabeza de Kirika– No es nada, sólo estaba recordando una conversación que tuve anoche con Maria.

–¡Maria! –exclamó recuperando su semblante sonriente– Ahora recuerdo que Shirabe quería pedirle la receta de uno de los postres que te regaló cuando pasó lo de Serena. Creo que era el de limón.

Recordaba perfectamente ese postre, había tenido la oportunidad de comerlo otra vez en casa de Maria, y sabía incluso mejor que la ocasión anterior.

–Le pediré la receta cuando hable con ella. –prometió Tsubasa. Debía dejar sus asuntos personales para después, ahora tenía un trabajo que hacer– Lamento mi distracción de antes, no volverá a pasar. Ya casi es la hora de irnos.

–¡Entendido, capitán! –Kirika observó la entrada del edificio del cuartel– No deben tardar en salir.

Ellas estaban en el estacionamiento esperando a Kanade y Ryoko, la cita con el especialista seria pronto. Los minuciosos preparativos de Tsubasa ya estaban hechos y con el apoyo de Miku siguiéndolas desde el centro de operaciones del cuartel todo estaba listo.

Minutos después la puerta se abrió para darle paso a Kanade y Ryoko, esta última llevaba el libro adentro del portafolio que sostenía. A decir verdad, su prima no había estado contemplada en la misión en un inicio pero su insistencia fue tan grande que no le quedó más remedio que aceptarla. Sabía que no podía detenerla si la seguridad de su mamá estaba de por medio, pues aunque conociera perfectamente las habilidades de combate que Ryoko poseía gracias a la instrucción de Genjuro, era un poco sobreprotectora con ella.

Las vio abordar el segundo vehículo para después hacerlo ella, Kirika ya ocupaba el asiento del copiloto. Salieron de las instalaciones del cuartel rumbo a su destino. El viaje transcurrió sin ningún inconveniente, aun así ninguna de las tres bajó la guardia.


Dejaron los coches en el estacionamiento más cercano al edificio donde estaba la oficina del especialista. La asistente Leiur Darahim las recibió y les pidió esperar mientras terminaba la anterior asesoría. Diez minutos después un par de chicas salieron de la oficina, las estudiantes agendaron una nueva cita antes de retirarse. Leiur hizo una breve llamada por el teléfono para anunciar su llegada, fue entonces que les permitieron pasar. Kirika permaneció afuera mientas Tsubasa y Kanade entraron con Ryoko.

Del otro lado del escritorio Nastassja Kolski las recibió con una tranquila y amable sonrisa, las invitó a tomar asiento pero sólo Ryoko lo hizo. Ellas debían mantener su posición en caso de surgir cualquier eventualidad.

–Muchas gracias por recibirnos, profesora. –dijo Ryoko viendo a quien varias veces fue su maestra de historia cuando realizó algunas de sus especialidades. Una gran y querida consejera que se convirtió en una buena amiga– Sé que tiene mucho trabajo, así que agradezco que hiciera este espacio en su horario para nosotras.

–Es un placer para mí ayudarte, lo sabes bien. –observó primero a Tsubasa y después a Kanade– La primera vez que nos vimos no relacioné su apellido con Ryoko debido a lo sucedido con mi nieta. Fue hasta que llegué a casa que recordé todo.

La noche anterior en casa de Maria, Serena le había dicho a su abuela que Tsubasa conocía a su abuelo, fue entonces que Nastassja les reveló que ella sabía sobre las circunstancias de su encuentro, pues pese a su contrato de confidencialidad Konrad no podía ocultarle nada a su esposa. Ella era con la única que podía desahogarse de todo lo que vivía en el hospital. También la profesora les contó sobre la larga amistad que tenía con Ryoko. Eso explicaba el trato tan familiar y cariñoso que siempre le brindaba cuando las visitaba.

–Jamás imaginé que también conociera a mamá antes del accidente de Tsubasa. –comentó Kanade– Créame que el mundo me resultó muy pequeño cuando me hablaron de todo esto.

Nastassja sonrió. Recordaba haber visto a esa chica siendo a penas una bebé de seis meses. Ryoko la había llevado a su casa para que la conociera.

–Sin duda toda esta situación resulta un poco sorprenderte. –observó a su antigua alumna– Pero me alegra que ahora volvamos a reunirnos.

–Ya lo creo. –contestó Ryoko sonriendo para después ver a su hija y sobrina– La profesora y yo nunca perdimos contacto pero desafortunadamente no podíamos vernos con regularidad por culpa del trabajo. Si las cosas hubieran sido diferentes ustedes dos y Chris serían amigas de Maria desde pequeñas.

–Realmente había tantas formas de conocernos. –mencionó Kanade suspirando– Y pensar que nos encontramos de la manera menos esperada, todo gracias a su nieta.

Si, era sorprendente todo lo que las unía antes de lo sucedido con Serena, pero como bien había dicho Maria, al final de todo el destino las había hecho recorrer un camino por separado en el pasado para poder reunirse en este momento de sus vidas.

–Espero puedan visitarnos pronto. –dijo Nastassja– En casa podemos hablar con más calma.

–Estaremos encantadas de aceptar. –respondió Ryoko feliz.

Leiur llamó a la puerta en ese momento, se disculpó por interrumpirlas pero habían llegado unos documentos muy importantes del museo que Nastassja estaba esperando y había dispuesto que se los entregara en cuanto llegaran. Esto sirvió para recordarle a Ryoko que su visita era un asunto oficial y debían de estar ahí el menor tiempo posible.

–Creo que es momento de entrar al tema que nos trajo aquí. –mencionó una vez que Leiur salió de la oficina. Sacó el libro del portafolio y se lo entregó a la profesora.

Nastassja permaneció en silencio mientras cuidadosamente lo hojeaba.

–Este es el libro del que le hablé, está escrito en sumerio y aunque es una lengua que puedo ser capaz de comprender parece que no tiene sentido alguno lo que dice. –continuó Ryoko– Es como si fueran símbolos escritos aleatoriamente. He meditado la posibilidad de que quizá sea una variación del lenguaje que no conozco, ¿Qué opina?

–No, no es nada de eso. –contestó Nastassja con calma– Es sólo que no estás leyéndolo de la manera correcta.

–¿A qué se refiere? –preguntó confundida.

Colocando el libro abierto frente a Ryoko, Nastassja avanzó un par de hojas ignorando completamente los primeros símbolos. Sabía que no tenían relevancia alguna.

–El libro inicia aquí, contiene veintitrés capítulos, y cada uno de ellos consta de veintisiete páginas. Todos tienen su forma particular de ser leídos. –explicó llevando el dedo índice a la parte inferior de la hoja izquierda– En el primer capítulo debes comenzar a leer desde aquí, de derecha a izquierda y continuas leyendo en zigzag en el siguiente párrafo de forma ascendente. La siguiente hoja lo haces a la inversa y repites el proceso en páginas posteriores hasta terminar el capítulo.

Aún desconcertada por el rápido análisis Ryoko hizo lo que la profesora le indicó, mayor fue su sorpresa al comprobar que tenía razón.

–¿Cómo sabía que debía hacer eso? –exclamó completamente perpleja viendo a Nastassja.

–Porque hace más de cuarenta años yo encontré las tablillas Yantra Sarvasva en las que está basado este libro durante una excavación a la que acudí en las ruinas de Babilonia. –cruzó las manos sobre el escritorio– ¿De dónde lo sacaron?

–Lo siento, esa información es confidencial. –contestó Tsubasa un poco contrariada– ¿Podría hablarnos más sobre su descubrimiento?

Nastassja asintió sin insistir pues aunque Ryoko no le había pedido firmar ningún contrato de confidencialidad sabía que no podía indagar en lo que estaban haciendo.

–Eran alrededor de setenta y nueve tablillas, las encontré cerca de lo que parecía ser un templo. Me tomó cinco meses darme cuenta de la forma en la que estaban escritas y alrededor de seis más en traducirlas. Hice dos libros, uno de ellos traducido al inglés y el otro lo trascribí exactamente igual que las tablillas, pues quedé fascinada con lo peculiares que eran y no quise que quedara en el olvido. –observó el libro– La expedición fue financiada por un particular pero debíamos de entregara cualquier descubrimiento al museo de historia del país, así que tuve que renunciar a parte del material que tenía. –nuevamente regresó su mirada a ellas– Después me enteré que mi traducción fue desestimada y nunca mencionaron mi nombre como parte del equipo de la expedición. Los ejemplares del Yantra Sarvasva permanecieron como únicas copias y nunca fueron exhibidos al público, las tabillas se conservaron como parte del tesoro de Babilonia.

–Si hay algo que detesto es ver cómo algunos sujetos tiran por la borda el trabajo duro de otras personas. –mencionó Kanade molesta– Lamento mucho que no recibiera el crédito que merecía.

–Te lo agradezco. –dijo Nastassja con una amable sonrisa– Aunque eso pasó hace mucho tiempo, así que no te preocupes.

–¿Qué es lo que dicen las tablillas? –intervino Ryoko con seriedad.

–Hablaban sobre una civilización llamada Lulu Amelu, una que sería precursora de los Sumerios. –continuó Nastassja– Describían detalladamente su estilo de vida, así como la importancia que tenían respecto al desarrollo de la ciencia y tecnología. Era una cultura que sería considerada muchísimo más avanzada que la nuestra, y todo esto se debía a su contacto cercano con los dioses que veneraban, los Anuunakis.

–Pero si era una civilización que podría ser la primera en la humanidad entonces ¿por qué los historiadores la dejarían en el olvido? –esta vez fue Tsubasa quien preguntó.

–No es que la descartaran por completo, simplemente asumieron que algunas cosas que describían las tablillas coincidían con la información que ya se tenía de la civilización Sumeria. Se podría decir que fusionaron ambas culturas y descartaron el nombre de los Lulu Amelu, así como los detalles de su desarrollo tecnológico considerándolos imposibles. Al menos esa fue a la conclusión a la que llegó el director de la expedición después de que le mostrara la traducción terminada.

Vino a su mente aquel viejo recuerdo de su colega mofándose de ella, e insistiéndole que no perdiera el tiempo con ese relato fantasioso y se centrara en ayudar a los demás con su trabajo.

–Pese a que le intenté mostrar más datos descritos en las tabillas siguió ignorándome. Después de todo en esa época yo era una recién egresada de la universidad y era la primera expedición a la que asistía. –continuó Nastassja– Pero no quería que eso fuera un obstáculo, por eso intenté buscar más pruebas que hablaran de los Lulu Amelu en las ruinas de Babilonia pero no encontré ninguna otra cosa que los volviera a mencionar. Cuatro meses después la expedición llegó a su fin y tuvimos que desalojar la zona.

–Pero incluso si no encontró nada más en las ruinas quizá había algún indicio en las tablillas. –mencionó Ryoko muy interesada en el tema– Si era una civilización más antigua que los sumerios quizá no se desarrollo del todo cerca de Babilonia, tal vez emigraron de otra región y por eso no encontró más pruebas de su existencia.

Nastassja sonrió ligeramente, no le sorprendía para nada que su brillante alumna llegara a esa conclusión tan rápido.

–Así es, los Lulu Amelu no progresaron ahí. Después de un suceso catastrófico que devastó a la mayoría de la población dejaron atrás sus raíces y emigraron de su lugar de origen. –abrió el libro para mostrarles las últimas páginas– Las tablillas explican un método para observar la posición de las estrellas, ellas dan unas coordenadas que señalan un punto en el Polo Sur. Hoy en día ese lugar estaría muy cerca del Lago Vostok, en las profundidades se encuentra algo que nombran Féretro, y es muy probable que sea ahí donde están las ruinas de su civilización. –suspiró– Desafortunadamente sin otras pruebas encontradas en Babilonia que los mencionaran no logré hacer que los arqueólogos que nos acompañaban sintieran interés en el descubrimiento, así que me fue imposible conseguir financiamiento para una expedición a la Antártida.

–Pero hablamos de la Antártida, hay hielo por todos lados. –exclamó Kanade– ¿Cómo es que los Lulu Amelu vivían en ese lugar tan frío?

–La Tierra cambia constantemente debido a un sinfín de fenómenos naturales que pasan todos los años. –intervino Ryoko– Hace mucho tiempo no existía hielo en la Antártida. Pero si ese fuera el caso entonces ¿cómo es que los Lulu Amelu eran precursores de los Sumerios? Habría una diferencia de milenos entre ambas culturas.

–Por supuesto, y es ahí cuando el contacto con sus dioses cobra importancia. –nuevamente hojeó las páginas del libro hacia el principio– Los Anuunakis, al crearlos les brindaron su bendición haciéndolos seres más allá del horizonte del tiempo. Aunque no eran ajenos al concepto de muerte. Es decir, eran una clase de semidioses, así que sus vidas eran muchísimo más largas que las nuestras. Dejaban de envejecer al llegar a la edad adulta, pasaban cerca de mil años así y posteriormente se convertían en almas que esperaban su regreso a la tierra en el otro mundo. Sin embargo, todo eso acabó cuando su civilización fue en declive. Esto sucedió en una era más cercana a los sumerios.

–Me cuesta creer que una civilización tan impresionante fue destruida por algo. –habló Kanade otra vez– ¿Qué fue lo que les pasó?

–Como la mayoría de las grandes civilizaciones, su destrucción se debió específicamente a las ambiciones de una sola persona que se aprovechó de muchos sucesos trágicos. –dijo Nastassja con calma– El representante de los Lulu Amelu era un hombre llamado Balal, un tipo que no era lo que pretendía ser. Su hija era la suma Sacerdotisa al servicio de los creadores que fungía como puente entre el mundo divino y el terrenal. Sólo ella tenía permitido entrar al templo de Marduk y tener contacto directo con el Dios que los Anuunakis habían elegido para entregar sus conocimientos a la humanidad.

Esa historia permanecía muy clara en la mente de Nastassja a pesar de los años que habían pasado.

–Debido a la cercanía que el Dios y la Sacerdotisa mantenían surgieron sentimientos entre ellos. –continuó Nastassja– Así que ignorando completamente las consecuencias de su unión comenzaron una relación en secreto. Sin embargo, una de las sirvientas de la Sacerdotisa los descubrió, y temiendo por el alma de su señora al pensar que los dioses la destruirían si se enteraban que corrompió a uno de los suyos, decidió ponerle fin a su vida.

Kanade y Tsubasa hicieron una mueca, Ryoko permaneció inmutable esperando el resto del relato.

–Devastado y furioso por la pérdida de su gran amor el Dios le arrebató la vida a la sirvienta para otorgársela a la Sacerdotisa y le brindó parte de sus poderes divinos para retener la fuerza vital en el cuerpo de su amada, convirtiéndola en una especie de diosa artificial. –prosiguió la profesora– El suceso tan único horrorizó al resto de dioses así que los llevaron a ambos al mundo divino para ser castigados. Fueron sentenciados a vivir encadenados en la misma celda, sin tener ningún tipo de contacto físico ni verbal. Sólo se verían el uno al otro siendo consumidos por el anhelo y dolor de su separación por toda la eternidad.

–Ahora entiendo a que se refería con sucesos trágicos. –mencionó Kanade en voz baja.

–Balal, al enterarse del destino de su hija encontró la excusa perfecta para manipular a su pueblo, pues sabía del gran amor que todos le profesaban a la Sacerdotisa. Así que en secreto incitó a su gente para a crear una poderosa arma a la que nombraron Kadingir. Con ella atacarían el reino divino y destruirían a los Anuunakis, sin ellos él se convertiría en el único que liderara a la humanidad como su Dios.

–Que sujeto tan despreciable. –masculló Tsubasa molesta– Supongo que ese fue el inicio del suceso catastrófico que mencionó antes.

Nastassja asintió.

–La guerra se desató y pese a tan poderosa arma que poseían, no fueron rivales para los dioses. Balal y su ejército sucumbieron rápidamente y Kadingir fue destruido. –continuó–Todos esos acontecimientos llenaron de furia a los Anuunakis así que tomaron la decisión de abandonar a los Lulu Amelu. Y para que no olvidaran su atrevimiento fueron despojados del privilegio de la longevidad y castigados con la maldición de Balal, el estigma que les arrebataría el entendimiento mutuo para siempre. A raíz de esto comenzaron los conflictos entre ellos diezmando aun más la población y devastando la tierra en la que vivían. Ante tanta destrucción los pocos sobrevivientes no tuvieron más opción que enterrar su pasado y partir de ahí sin ninguno de los privilegios que habían gozado. En su largo peregrinaje llegarían a lo que conocemos como Mesopotamia, donde los descendientes de los primeros Lulu Amelu iniciaron una nueva civilización, los Sumerios.

–Eso explicaría como es que también fueron tan avanzados. –nuevamente habló Ryoko– Usaron parte de los conocimientos de sus ancestros para su desarrollo.

–Así es. –concordó la profesora.

–Que historia tan interesante. –dijo Kanade– Me gustaría escuchar más de esto.

–Es sumamente interesante. –exclamó Ryoko entusiasmada. Colocó la mano sobre la de Nastassja– Una vez que termine con mi labor principal me pondré a investigar a fondo sobre esta civilización. Espero que si la oportunidad se da acepte trabajar conmigo en esto, profesora. Quiero que todos reconozcan su descubrimiento.

Si, quizá Ryoko conseguiría llegar más lejos de lo que ella pudo.

–Te lo agradezco, y por supuesto que acepto tu invitación. –sonrió colocando su otra mano sobre la de su alumna– Estaré encantada de ayudarte.

Tsubasa no tenia duda de que era una investigación arqueológica muy importante y deseaba fervientemente que tanto la profesora como su tía tuvieran la oportunidad de participar en ella, pero aun no le quedaba clara la relevancia que todo este descubrimiento tenía en el caso de los terroristas. Pues surgía una interrogante importante, el cómo una copia del Yantra Sarvasva había llegado a manos de Yamada si de acuerdo a lo dicho por Nastassja sólo existieron dos ejemplares y nunca fueron expuestos al dominio público. Necesitaba respuestas para esa incógnita también.

Al menos ya sabía que su tía podría encargarse de la traducción ya que por más tentador que fuera pedirle su colaboración a la profesora para acelerar el proceso no quería involucrarla más de lo necesario en esto. Se odiaría si llegaban a convertirla en un objetivo del enemigo.

Por otro lado había algo que quizá tenía relevancia en el caso y no podía esperar.

–Hay algo que me gustaría preguntar, profesora. –dijo Tsubasa acercándose.

–Adelante.

Tomando el libro fue hasta la página donde Shirabe había encontrado aquella nota en japonés para mostrársela.

–Aquí mencionan algo llamado Zesshuo y Noise, ¿sabe qué es? ¿O a caso esta frase es la traducción de este párrafo?

–No, no es la traducción. Aunque lo que está marcado si es el cántico del Zesshou. –respondió Nastssja– La suma Sacerdotisa lo cantaba para reconfortar las almas de los muertos en las ceremonias fúnebres. Con su canción también llamaba a los Noise, ciertas deidades menores, que los guiaban y protegían de cualquier amenaza en su camino al otro mundo. Sin embargo, cuando comenzaron sus conflictos fue empleado como una mantra por los guerreros que iban al campo de batalla.

–¿Y con respecto a Babel? –preguntó de nuevo Tsubasa– Lo primero que me viene a la mente al escuchar eso es sobre la leyenda de la Torre de Babel.

–Bueno, al final de cuentas los acontecimientos narrados en las tablillas Yantra Sarvasva son muy similares a los descritos en la doctrina judeocristiana. –dijo la profesora– Kadingir era un cañón tan alto como una torre, fue destruido por los dioses y la humanidad terminó condenada a perder el entendimiento mutuo. Como ves, es prácticamente lo mismo que dice la leyenda, y como se cree que dicha torre fue construida en las tierras de Babilonia es razonable que guarden cierta relación con los descendientes de los Lulu Amelu. –suspiró– Con respecto a la última frase como tal, en este momento no puedo recordar si tiene conexión con algo más que digan las tablillas. –sonrió ligeramente– Quizá mi memoria no es tan buena como antes.

–¡¿Qué su memoria no es buena?! –exclamó Kanade sorprendida– Después de todo este tiempo recuerda perfectamente bien toda esa información del libro sin volver a leerlo, ¡eso es asombroso!

Ryoko secundó a su hija provocando la ligera risa de la profesora. Empujadas por la curiosidad ambas comenzaron a hacer algunas preguntas sobre los Lulu Amelu y los lugares de la expedición de Babilonia mientras Nastassja respondía a todas ellas con calma. Tsubasa debía admitir que todo este relato también había despertado su curiosidad, sobre todo con algo en concreto que quería preguntar.

–Una cosa más. –volvió hablar llamando la atención de las presentes– Hay algo que no logro entender todavía.

–Trataré de responderte. –dijo Nastassja.

–Recuerdo que en la leyenda de la Torre de Babel mencionan que Dios confundió la lengua que hablaban y por eso se crearon los idiomas. ¿Los Lulu Amelu se refieren a lo mismo al decir que perdieron el entendimiento mutuo?

Nastassja negó con la cabeza.

–En este caso ellos hablan de la comprensión que tenían sobre las emociones. Los dioses confundieron sus corazones creando un lenguaje incompleto, impidiéndoles con ello expresar correctamente lo que sentían. Por eso, al perder algo tan valioso se llenaron de dudas y pánico, entrando así en conflicto consigo mismo y los demás.

–Ya veo. –dijo Tsubasa– Así que por eso la humanidad se confronta todo el tiempo, porque no entiende lo que siente.

–Ciertamente sería bueno que pudiéramos entendernos de nuevo. –mencionó Kanade, una sonrisa traviesa apareció en sus labios– Pero si las cosas fueran tan sencillas entonces relacionarte con otras personas para conocerlas no sería tan divertido.

Sin duda alguna esa chica era hija de Ryoko, tenían el mismo carácter despreocupado.

–Concuerdo contigo. Los corazones de la humanidad siguen avanzando y conectándose de alguna manera. –Nastassja sonrió– Aunque sea difícil lo importante es que siempre tratamos de entendernos y acercarnos. Gracias a ello logramos encontrar muchas cosas que nos unen y que son más fuertes que cualquier cosa. –dirigió una mirada nostálgica hacia el libro para después velas– Les agradezco enormemente haberme dado la oportunidad de volver a ver uno de mis primeros hallazgos.

Sabía que era imposible pedirles una copia, pero a Nastassja le reconfortaba saber que al menos el libro estaría cerca de su querida alumna.

–Le prometo que buscaré la manera de realizar una expedición a la Antártida. –dijo Ryoko con seriedad– Verá con sus propios ojos lo que hay en esas coordenadas que tenemos.

–Lo estaré esperando. –contestó sonriendo.

Hablaron un poco más sobre algunas especificaciones del libro que Nastassja recordaba para ayudarle a Ryoko en su trabajo de traducción. Fue entonces que el comunicador de Tsubasa se activó para escuchar la voz de Kirika, era momento de que regresaran al cuartel.

–Lamento interrumpirlas, pero es tiempo de retirarnos. –habló Tsubasa de nuevo. Hizo una pequeña reverencia– Le agradecemos mucho su ayuda, profesora.

–Gracias por tan interesante clase de historia. –comentó Kanade sonriendo.

–Ha sido una conversación muy útil, realmente se lo agradezco, profesora. –luego de guardar el libro nuevamente en el portafolios Ryoko se puso de pie– La llamaré otro día para acordar nuestra visita a su casa.

–Me alegra haberles sido de ayuda. –poniéndose de pie rodeó el escritorio para acompañarlas a la puerta– Esperaré tu llamada.

Kirika saludó a la profesora cuando salieron, tras otra breve despedida las cuatro partieron con rumbo hacia el cuartel general. Nastassja intercambio unas cuantas palabras con Leiur para después regresar a su oficina.

–Hace tanto tiempo que no pensaba en los Lulu Amelu. –aunque había tantas cosas que le llegaron a la mente después de decir esas palabras sabía que no era el mejor momento para pensar en ello, tenia cosas por hacer– Quizá en mis viejos diarios pueda encontrar apuntes que le sirvan a Ryoko.

En cuanto llegara a casa iría a buscarlos al almacén del jardín.


Luego de regresar al cuartel Ryoko se había encargado de informarles a las demás integrantes de S.O.N.G. sobre la reunión con la profesora, una vez que terminó se fue directo a su oficina para comenzar a trabajar en la traducción. Al no haber más asuntos urgentes que atender las chicas tuvieron el resto de la tarde libre, esto las frustraba un poco, pero como Genjuro les había dicho, también era parte de su trabajo descansar para estar listas en el momento que fueran requeridas.

Resignadas a las órdenes del comandante todas las chicas se despidieron después de decidir lo que harían. Tsubasa había permanecido en las instalaciones del cuartel ya que debía esperar a que Maria terminara su turno en el hospital para ir a verla.

Ya estaba anocheciendo cuando Tsubasa salió de ahí, Maria ya estaba en casa y la estaba invitando a cenar, así que se dirigía para allá. Antes de llegar decidió pasar a comprar unas porciones de pudin para Serena. Si mal no recordaba cerca de esa área había una pequeña cafetería que Chris le había recomendado hace tiempo.

Tardó un poco en encontrarlo pero al final logró hacerlo, dejó su motocicleta en el estacionamiento e ingresó al local. Para su sorpresa en una de las mesas se encontraba Matsumoto, Tsubasa dudo en acercarse pues a juzgar por los dos platos que estaban en la mesa quedaba claro que no estaba solo, y estaba segura de quién lo acompañaba. Aunque anteriormente había pensado en molestar a Chris sobre este tema jamás lo haría en un lugar público, iba a respetar su decisión de guardar silencio, así que dio media vuelta para salir de ahí. Desafortunadamente las cosas no salieron como esperaba pues se encontró de frente con Yukine.

–¿¡S-senpai!? –exclamó completamente sorprendida. Pronto el sonrojo se apoderó de sus mejillas– ¿Q-qué haces aquí?

Podía darse cuenta de lo nerviosa que Chris estaba pues hacía años que no la llamaba así. Lo mejor era hacerle pensar que no había visto a Matsumoto, aunque no tenía duda que él ya se había dado cuenta de su encuentro pues podía verlo de reojo por el reflejo de la ventana observándolas.

–Voy a cenar con Maria y quería comprar pudin para llevarle a Serena; le encantan, así que recordé que dijiste que en este lugar preparan unos muy buenos. –dijo con calma– No tenía idea de que estabas aquí.

Sabía que podía confiar en Tsubasa, ella nunca se prestaría a seguirla como podrían hacerlo las demás. Eso sin contar que en el muy extraño caso que lo llegara hacer si tenía en cuenta las habilidades de su senpai jamás se hubiera percatado de su presencia. Ahora estaba titubeante en lo que debía hacer, Ryoko y Genjuro fueron los primeros en enterarse de su relación, pues desde que había perdido a sus padres en aquella misión en Val Verde ellos habían llenado ese vacío en su corazón con todo su amor y comprensión. Quizá ya era el momento de compartir su alegría con el resto de su familia. Discretamente volteó a ver a Takumi para saber su opinión. Él solo asintió para después regalarle una amable sonrisa que la ayudó a calmarse.

Desde que lo conoció hace tres años durante una misión a la que ambos fueron asignados siempre había tenido esa reacción cuando estaba a su lado. Fue algo que llamó su atención pues en esa época todavía le causaba incomodidad interactuar con los hombres, atribuyéndole esa cualidad a la gran paciencia y amabilidad que tenia. Siguieron en contacto después que acabó su colaboración y con el paso del tiempo ambos terminaron sintiendo algo por el otro. En medio de un total nerviosismo Takumi se confesó cinco meses atrás, sin embargo, Chris no contestó de inmediato, le tomó cerca de un mes tener el valor de darle una respuesta. Desde entonces habían avanzado a su propio ritmo sin presionarse, construyendo una relación sumamente preciada y feliz para los dos.

Nuevamente vio a Tsubasa lista para decírselo, la verdad es que agradecía que por el momento sólo fuera a ella a quien se lo dijera, al menos no armaría tanto alboroto ahí como estaba segura que lo harían las demás.

–En realidad estoy saliendo con Takumi. –dijo muy sonrojada haciendo un pequeño gesto con la mano para señalarlo– Estamos en una c-cita.

Una pequeña sonrisa surgió en los labios de Tsubasa, se sintió muy orgullosa de la valentía de su amiga, pues por un momento pensó que diría cualquier excusa para salir de esta situación. Por respeto a su esfuerzo decidió omitir el comentario de haberlos visto en los elevadores del cuartel días atrás.

Se giró un poco para poder saludar a Matsumoto y después ver de nuevo a Yukine.

–Me alegro mucho por ustedes, Chris. –su sonrisa se amplió– Cuentas con todo mi apoyo.

–Esto es vergonzoso. –igualmente sonrió aunque el sonrojo en sus mejillas no despareció del todo– Pero te lo agradezco.

Luego hablaría con Matsumoto con más calma, después de todo debía de advertirle de la resistencia que muy probablemente Akatsuki y Tsukuyomi tendrían ante la idea de sentirse separadas de Chris. No la tendría fácil con ellas pero confiaba en que les demostraría que podía hacer feliz a su mejor amiga.

–No quiero interrumpirlos más, así que me iré. –mencionó Tsubasa dispuesta a salir de ahí. Otro día pasaría por el local para llevarles los postres.

–Primero compra el pudin para Serena. –contestó Chris deteniéndola– Si realmente le gustan tanto como dices quedará fascinada con los que venden aquí.

Al final accedió y fue a la caja para hacer su orden mientras Yukine regresaba a su mesa. Una vez con su pedido en mano Tsubasa se dirigió a la puerta despidiéndose de ellos con un ademan de la mano antes de salir.

Chris y Matsumoto podrían ser una pareja un poco difícil de imaginar teniendo en cuenta la personalidad de ambos, pero como bien había dicho la profesora Nastassja, pese a las dificultades que podían haber enfrentado para llegar a compaginarse habían encontrado algo que los unía más allá que cualquier cosa.


¡Hola a todo el mundo!

Ha pasado un largo tiempo, espero que aun haya alguien por aquí esperando este nuevo capítulo. Si es así créanme que agradezco profundamente la paciencia que han tenido en toda esta espera.

Había dos razones principales por las que detuve la historia, la primera de ellas fue para esperar el estreno de la quinta temporada, me dio muchos detalles que me ayudaron a pulir partes de esta historia que ya tenía en mente. Y la segunda razón fue, como le sucede a la gran mayoría, que no había tenido tiempo de ponerme a escribir como deseaba, pero haré un mayor esfuerzo para poder escribir todo lo que pueda en mis tiempos libres, así que no se preocupen, la historia seguirá su curso.

Con respecto al capítulo, creo que hubo bastante información en esta ocasión, así que no voy a hablar mucho de eso aquí porque ya escribí lo suficiente. Solo esperaré a saber sus opiniones al respecto.

¡Muchas gracias a quienes dejaron sus reviews en el capitulo anterior! Son una gran motivación para seguir escribiendo. No duden en dejarme otro en esta nueva entrega.

Lamento mucho no poder contestar los reviews de personas que no tienen cuenta, pero créanme que me alegran muchísimo, a todos ellos ¡muchas gracias!

¡Nos leemos en el próximo!

Fava.