CAPÍTULO 6: ELECCIONES

Brigit se sorprendió de haberse quedado dormida tan rápidamente, estaba convencida de que apenas sería capaz de pegar ojo. Sin embargo, despertó de súbito y con sudores fríos recorriendo su espalda. Llevaba una temporada despertando así, a veces incluso tenía dolor de cabeza durante un rato. Esperaba que el comenzar con la rutina de esa nueva vida que no pidió le ayudase a que remitiera. Miró la hora y vio que todavía eran las 5 y media de la mañana, sus compañeras –incluida Caterina– estaban profundamente dormidas. La primera clase no sería hasta las 8, por lo que se volvió a arropar e intentó dormir un poco más. Pero ahora su mente estaba despierta, por lo que se pasó la siguiente hora dando vueltas en la cama. Finalmente, cansada ya, decidió levantarse y vestirse. Se sorprendió al ver dos paquetes junto a una nota sobre el baúl que se hallaba a los pies de su cama. La nota era del dependiente de la tienda Túnicas Ideais que decía: Aquí tiene las túnicas reglamentarias de la casa Moura, junto con el atuendo para la ceremonia mensual. Esperamos que sean de su agrado.

Abrió el abultado paquete y sacó tres túnicas de color verde esmeralda con ribetes plateados en los bordes de las mangas y la parte baja de las mismas. El otro paquete no lo abrió, pues todavía no sabía cuándo sería la famosa ceremonia de la que tanto había oído hablar. "Luego le preguntaré a Caterina", se dijo mientras guardaba dos de las túnicas y el otro paquete en el baúl. Aprovechó también para sacar el resto del uniforme para empezar a prepararse. Se puso el pichi de falda plisada de color gris claro, la camiseta blanca de manga larga, los calcetines blancos y esos anticuados zapatos negros de punta redonda. Cuando tuvo todo el conjunto se miró al espejo y se vio extraña. Nunca en la vida había llevado uniforme y verse con uno se le hacía en extremo raro. Con un suspiro se encogió de hombros y se puso la túnica para completar el conjunto. Lo cual no ayudaba a mejorarlo la verdad.

-Qué madrugadora.- escuchó a sus espaldas una voz soñolienta- ¿No podías dormir?

Se giró para ver a Caterina desperezándose en la cama. Tenía el pelo tan revuelto como si se hubiese puesto delante de un soplador de hojas. Le resultó gracioso verla desperezarse, pues se restregaba los ojos y bostezaba como un gatito.

-Buenos días, Brigit.- le dijo Caterina con una sonrisa adormilada.

-Buenos días, Caterina.- contestó ella conteniendo la sonrisa- Lo cierto es que me he despertado pronto y no he conseguido volver a dormirme.

-Qué mala pata... Yo he dormido como un lirón.- comentó mientras se estiraba y tomaba finalmente la decisión de salir de la cama- Veo que te han dado ya las túnicas.

-Sí, cuando me he despertado había un par de paquetes y una nota de la tienda sobre el baúl. No sé cómo habrán llegado ahí. Yo no pedí que me mandasen nada.

-Habrá sido maese Pazo.- supuso Caterina mientras empezaba a vestirse.

-¿Quién?- repuso Brigit confusa.

-¿No te hablé de ella anoche?- preguntó ella aún semidormida, Brigit negó con la cabeza- La profesora Luar Pazo Ulloa es la jefa de nuestra casa y enseña Artes Mágicas Celtas.

-Oh, ya veo. Creo que teníamos hoy clase con ella. ¿Da la clase avanzada no?

-Y la básica también.- aclaró mientras sacaba la túnica de su baúl. El resto de compañeras ya se estaban levantando también- ¿Sabes qué clase tenemos primero?

Brigit negó con la cabeza y se acercó a su mesilla de noche, donde la noche anterior había puesto el horario que le habían dejado sobre su cama. Lo revisó y dijo:

-Tenemos clase de Pociones, seguida de Historia de la Magia.- informó.

-Bueno, al menos no comenzaremos el día roncando a coro. Quedaría feo.- comentó en broma otra de las chicas mientras se vestía.

Caterina terminó de vestirse y juntas se dirigieron a la salida de la sala común para ir hacia la Bóveda para desayunar, mientras sus compañeras se terminaban de vestir y/o despertar. Por el camino no se cruzaron con el chico rubio tan desagradable de la noche anterior. Se encontraron a Ismael a la salida de la sala común y fueron juntos a desayunar. Como la noche anterior, el hermano de Caterina apenas cruzó un par de frases con ella. El desayuno fue tan espectacular como la cena. Multitud de zumos, bollos, frutas y panes llenaban la mesa. Comió con ganas. Iba a necesitar fuerzas para afrontar el día que le venía encima. En un momento dado, alzó la vista y notó que la estaban observando con fijeza. Se trataba de la chica de melena caoba cuyo hermano fue el último en ser seleccionado. Sus ojos azul claro no apartaban la vista de ella. Le parecía raro que mostrara ese repentino interés puesto que la noche anterior no le dirigió la palabra, ni siquiera en los dormitorios. Sintiéndose muy incómoda, intentó ignorarla y centrarse de nuevo en la conversación con Caterina. Una vez terminado el desayuno, se levantaron para dirigirse a la clase de pociones que se encontraba en tercera planta de la torre oeste.

-En esa torre también se encuentra la sala común de la casa Nixe.- le comentó Caterina.

-¿Y también tienen que encontrar hadas para entrar?- preguntó Brigit.

-¿Hadas?- replicó Caterina con expresión confusa.

-Como para acceder a nuestra sala común.- explicó ella.

Para su sorpresa, Caterina soltó una sonora carcajada. Ismael, por otro lado, tan solo sonreía con deferencia. Con un gesto de disculpa, Ismael le miró y le dijo:

-No son hadas, Brigit. Son mouras.

-¿Qué diferencia hay? Son exactamente igual a la hadas.- respondió ella a la defensiva.

-Tienes la imagen de las hadas tal y como las conciben los no-magos. Pero la realidad es que se parecen bien poco.- le explicó él- Te recomiendo que leas el libro de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, de Newt Scamander. Te ayudará a conocer las criaturas mágicas.

-¿Ahí explican la diferencia entre las hadas y las mouras?- le preguntó.

-No, porque las mouras son unas criaturas que están únicamente presentes en la península ibérica. Y no creo que llegase a verlas o, si lo hizo, no lo documentó en ese libro.

-Si tanta curiosidad tienes,- interrumpió Caterina- ventea la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas de la profesora Sánchez. Seguro que resolverá todas tus dudas.

Mientras hablaban llegaron a la torre y comenzaron a ascender por las escaleras camino al tercer piso. A cada paso que daban, el corazón de Brigit se aceleraba un poco más. Esa iba a ser la primera experiencia real como bruja que iba tener. Dudaba que los escasos dos meses que había pasado leyendo libros y elaborando algunas pociones fuera a servir de mucho. "Apenas he aprendido lo básico hasta el tercer curso", pensó abatida, "Seguro que me habré dejado muchas cosas en el camino". Llegaron a la tercera planta y, con un suspiro, avanzó hasta la puerta de la clase. Cuando la abrieron vio una clase ovalada y de gran tamaño, con amplias mesas de trabajo y ventanales con detalladas vidrieras. En la esquina junto a la puerta de entrada, había un cuenco de piedra para que los estudiantes pudieran lavarse las manos y los calderos. Se podían encontrar también multitud de estantes con diversos ingredientes y libros de aspecto antiguo. La mesa del profesor estaba un poco más elevada, pues encontraba sobre una especie de tribuna tras el cual había una gran pizarra flotante.

Ya había algunos alumnos en la clase charlando animadamente mientras se ponían al día tras las vacaciones de verano. Por los colores de sus capas, azul verdoso con ribetes dorados, dedujo que serían de la casa Nixe. Se sentó junto a Caterina e Ismael en la primera fila, aunque no le hacía demasiada ilusión. Pero menos ilusión le hacía irse sola más atrás y todavía no tenía suficiente confianza con ellos como para proponérselo. Aunque las mesas eran amplias tan sólo había cuatro sillas en cada una.

-Necesitamos espacio para trabajar sin molestarnos.- le indicó Ismael cuando le preguntó.

Mientras iban preparando el libro, sus pergaminos y sus calderos fueron llegando poco a poco más alumnos. Entre ellos estaba el rubio de la noche anterior, quien miró en su dirección y les dedicó una sonrisa altanera. Caterina, tal como hizo anteriormente, bajó la mirada pero Brigit le dedicó una mirada de soslayo y le miró de arriba abajo para finalmente soltar un bufido despectivo. Sonrió para sus adentros con gran satisfacción al ver que esa acción suya lo había molestado. A su lado, Caterina le miraba sorprendida e Ismael luchaba por contener la risa. Ella se limitó a encogerse de hombros. Ya había alrededor de una veintena de alumnos. La mayoría de los que había en esa clase eran de las casas Moura y Nixe, pues esa asignatura era obligatoria para ellos, si bien había algún que otro alumno de las otras cuatro casas restantes. Justo cuando se oía el timbre que anunciaba el inicio de las clases apareció el profesor.

Era un hombre de unos 60 años con una rolliza panza que vestía una raída túnica de distintos tonos de marrón. Su cara era redonda, ojos pequeños y marrones, grandes orejas, marcadas arrugas en la frente y bajo su alargada nariz había un tupido mostacho. Estaba calvo en la mitad superior de la cabeza y en la inferior tenía una escasa mata de pelo gris. Llevaba un gorro marrón oscuro con la punta algo caída. Dejó los libros sobre la mesa y se puso unas grandes gafas redondas.

-Buenos días alumnos. Espero que hayan renovado energías este verano.- dijo con voz monótona- Como sé que hay nuevas incorporaciones me presentaré. Soy el profesor Mateo Martín Menéndez. Siéntanse libres de acudir a mí si tienen cualquier duda o dificultad.

Eso último lo dijo mirando disimuladamente a Brigit, lo que hizo que se revolviera incómoda en su silla. Caterina le apretó el brazo a modo de apoyo, gesto que agradeció. Sin embargo, no sirvió de mucho tras escuchar una serie de risitas sofocadas al fondo del aula. Brigit supuso que se trataría del rubio y otra panda como él. El profesor Martín miró severamente en su dirección y las risas desaparecieron de inmediato.

-Parece que el ocio veraniego no les ha abandonado del todo.- comentó- Supongo que no debo recordarles que aquí no se viene a reír. ¿No es así, señor Porto?

-No, maese Martín.- respondió el rubio a desgana.

-Como sé que hay mucho revuelo debido a tan... excepcional acontecimiento, espero que me permitan aclarar algo. Señorita Castro, si tengo su permiso...

El profesor la miró significativamente haciendo que el corazón le diera un vuelco. Le miraba intensamente, pidiendo permiso para continuar hablando si ella estaba dispuesta. Deseando que terminase cuanto antes, asintió levemente.

-Todos sabemos que lo ocurrido este verano es un hecho sin precedentes. Nunca antes habíamos tenido el caso de que una bruja o mago, nacido o no de no-magos, no fuese detectado antes de los once años.

La pobre Brigit intentó no escurrirse por debajo de la mesa. Sentía todos los ojos clavados en ella y eso le incomodaba enormemente. Tan sólo quería que acabase lo antes posible.

-Sé que es algo que ninguno ha vivido antes, pero no quita el hecho de que ahora se encuentre entre nosotros. Por ello les pido, ahora más que en ninguna otra ocasión, que se comporten debidamente. Pero también les digo que nadie será tratado de manera especial, al menos no en mi clase. ¿Entendido?

-Sí, maese Martín.- dijo la clase al unísono.

-Bien, espero que así sea.- dijo asintiendo mientras se giraba para coger el libro.

A pesar de todo, hubo algunos murmullos entre los alumnos, además de alguna que otra risita. Pero unos golpes llevaron la vista de nuevo al frente. El profesor Martín había cogido una vara de madera larga y fina con la que estaba golpeando la mesa, haciendo que los murmullos cesasen ipso facto. Se pasó los siguientes veinte minutos haciendo una serie de preguntas sobre temas de los que Brigit no tenía ni idea. "Esto va a ser aún más duro de lo que creía", pensó alicaída. La hora transcurrió con gran lentitud y, gracias a Ismael, no cometió ningún destrozo durante la elaboración de la poción. Al terminar, se encaminaron a la clase de Historia de la Magia. Le resultaba raro tener que estar cambiándose de clase a cada hora, pues ella estaba acostumbrada a que fuesen los profesores y no los alumnos los que se fuesen moviendo. La siguiente hora, aunque muy aburrida, no se le hizo tan pesada ni tan desalentadora como la anterior. Al fin y al cabo se trataba de historia, por lo que lo único que debía hacer era recordar hechos y fechas. Ese día al parecer tenían únicamente las asignaturas comunes. Conoció también a la jefa de su casa, la profesora Pazo, quien le aconsejó cómo organizarse para asistir a las diferentes clases optativas de modo que pudiera escogerlas así como las clases de refuerzo que debería realizar para ponerse al nivel de sus compañeros.

Los siguientes días transcurrieron de manera similar, sin demasiadas sorpresas. Lo único que le estuvo molestando fue que la nueva alumna parecía no quitarle el ojo de encima en ningún momento. En cada clase que tenían, ella se sentaba detrás. La sensación de incomodidad de Brigit se fue incrementando con el paso de los días. Cuando se dirigían durante el descanso de mediodía al patio interior para relajarse hasta su próxima clase advirtió que nuevamente les seguía. Brigit, ya cansada, se giró sobre sus talones sorprendiendo tanto a sus acompañantes como la joven que les seguía haciendo que todos se pararan en seco.

-¿Se puede saber qué tienes conmigo?- le confrontó. Varias personas de alrededor se giraron curiosas y sorprendidas al oír su tono recriminador.

-Nada.- respondió simplemente la chica de melena caoba.

Brigit la miró con curiosidad mientras alzaba una ceja ante su respuesta. Si bien no hablaba mal español, se notaba claramente que no era su lengua materna. Tenía un marcado acento que no recordaba dónde lo había escuchado.

-Disculpa, no he presentado.- dijo con una sonrisa- Me llamo Margaret Webster, aunque todos llamar Maggie. Vengo de Escocia.- se presentó, entonces Brigit recordó dónde había oído ese acento- Acabo de mudar. Hasta el otro curso he estado en Hogwarts.

Hubo un gran revuelo al hacerse esa revelación. Todos los alumnos que se hallaban por allí empezaron a murmurar y mirar a la otra recién llegada con renovado interés. Bueno, todos a excepción de Brigit que no entendía el motivo de tal agitación. Miró a Caterina e Ismael, pero ambos estaban centrados en la chica mirándola con la boca abierta. Ella, sin embargo, tenía sus ojos celestes centrados en Brigit.

-Lamento si he molesto.- se disculpó Maggie- Pero sentía mucha curiosidad por el caso tuyo... no puedo evitar. Porque, aunque no sea mi casa, soy Ravenclaw.- proclamó como si eso fuese suficiente explicación.

-¿Eres... qué?- replicó Brigit mientras cruzaba los brazos delante del pecho.

-Ravenclaw,- repitió con una sonrisa- una de las casas de mi escuela. Allí escogen personas que, como su fundadora, son inteligentes, creativas y sabias. Por eso tengo curiosidad natural para analizar lo que no conozco.

Brigit alzó una ceja al escucharla. Entre separar a la gente según su pueblo o si era inteligente no estaba segura de con cuál quedarse. Pero, a pesar de que esa chica no parecía tener más que curiosidad por su caso, eso no justificaba su comportamiento.

-Me parece muy bien que sientas curiosidad,- comenzó a decirle escogiendo las palabras con cuidado- pero tampoco hace falta que me sigas como si fueras una acosadora.

-Perdón...- se volvió a disculpar- pero no sabía cómo acercar...

-La próxima vez puedes probar con un "Hola".- replicó Brigit mientras se daba la vuelta para irse- Inténtalo. Seguro que te sorprenderá el resultado.

Y sin decir nada más siguió su camino hacia los jardines interiores. Aunque sorprendidos, Ismael y Caterina tardaron poco en alcanzarla. Había sido muy borde, lo sabía, pero esa chica llevaba toda la semana detrás de ella. Como si fuese una reportera del National Geographic y ella una extraña especie recientemente hallada en la selva. Decidió no pensar más en ella y siguió su camino. Unos minutos más tarde, estaba pasando por los arcos de la entrada sudoeste para adentrarse en el lugar donde residía aquel centenario avellano. El diseño del lugar le recordaba a los patios andaluces, esa curiosa la fusión arquitectónica del mundo romano y musulmán que era el centro de todas las miradas cada año en Córdoba con su concurso.

Justo frente a ella se alzaba la torre de la biblioteca, cuya parte de abajo estaba cubierta por una enredadera ahora desprovista de hojas. Justo enfrente también, en el centro, se alzaba glorioso el avellano. Éste se encontraba rodeado de un estanque artificial cuya agua provenía de una fuente que se hallaba construida en la torre de la biblioteca. En la entrada, había una serie de piedras blancas que llevaban hasta un camino, igualmente de piedra blanca, que recorría todo el patio y en cuyos huecos había cuidados jardines. A Brigit le pareció que el camino parecía seguir un patrón, pero estando a ras de suelo no era posible asegurarlo con certeza. En la mayoría de los jardines había plantas con flores y varios árboles y arbustos que parecían el lugar idóneo en el que sentarse en los soleados días de verano. A pesar de ese clima otoñal que comenzaba a instalarse, había muchos alumnos sentados en el césped o en los arcos que formaban una especie de ventanas. Fascinada, Brigit siguió a los hermanos hasta el que era su lugar predilecto el cual se encontraba cerca de la fuente. Estaban llegando cuando se oyó a alguien gritar:

-¡Alto! Santo y seña, señor y señorita Ferro.

Brigit giró la mirada en dirección de la voz, descubriendo una figura semioculta entre los arbustos del lateral izquierdo de la biblioteca. Caterina soltó una pequeña carcajada mientras que Ismael ponía los ojos en blanco, si bien esbozaba una sonrisa.

-Cristian... Sal de ahí, pedazo de idiota. ¿Es que sólo sabes hacer el ridículo?- dijo Ismael en dirección al arbusto.

Entonces de detrás del arbusto salió un chico de rostro sonriente. Era bastante alto y tenía un caminar desgarbado. Llevaba su pelo castaño oscuro suelto, el cual caía en ondas hasta casi los hombros. Sus ojos de color miel tenían una alegría y viveza contagiosa. Vestía una túnica negra, cosa que a Brigit sorprendió muchísimo puesto que parecía tener aproximadamente su edad. Y, por lo que acababa de ver, era conocido de sus compañeros por lo que no podía ser un nuevo alumno al cual no le hubiese llegado la túnica. Además, no había estado con ella en la ceremonia de selección.

-¿Se puede saber qué has hecho ahora con tu túnica?- le preguntó Ismael mientras suspiraba.

-Accidente en Pociones.- respondió el chico simplemente. Entonces posó sus ojos en Brigit y sonrió- ¿Y quién es este cachorrillo desvalido que habéis traído?

-No me puedo creer que todo el colegio no sepa quién soy a estas alturas.- respondió Brigit algo sorprendida con esa familiaridad con la que le trataba.

-Es por romper el hielo.- le dijo mientras le guiñaba el ojo- Mira, te lo pongo fácil... Me llamo Cristian Núñez García. ¿Y tú...?- comenzó dejando la frase en el aire.

-Brigit Castro Loch. -respondió ella imitándole, lo que hizo que su sonrisa se ensanchara.

-Bien, señorita Castro.- le dijo con solemnidad mientras pasaba un brazo alrededor de sus hombros- Como pronto sabrá, soy una autoridad por estos lares...

-Sí, del escaqueo.- soltó Ismael con una media sonrisa.

-Y de la vagancia.- siguió Caterina.

-Por no olvidar su poca o nula afinidad al trabajo.

-Ni que decir queda, su afición por los caramelos de la fiebre...

-Vale, vale... ya basta. Los dos.- cortó Cristian a los mellizos, haciendo que sus sonrisas se ensancharan- ¿Qué imagen va a tener de mí ahora el cachorrillo?

-¿Podrías no llamarme "cachorrillo"?- le pidió Brigit.

-Sus deseos son órdenes, mi señora.- respondió guiñándole un ojo.

En ese momento se giró hacia Ismael y se acercó a él con gesto cómplice. Cristian pasó el brazo alrededor del cuello y lo acercó a él. Ismael sólo soltó un suspiro pero sonrió. Brigit frunció el ceño al ver esa actitud. Se le hacía raro pensar que un chico tan serio y formal como Ismael fuese amigo de un chico tan jovial y desenfadado.

-¡Isma! Tengo que enseñarte una cosa genial que me he traído de Londres. Ven conmigo un momento. ¡Te va a encantar!

Cristian prácticamente arrastró a Ismael hacia la salida mientras Caterina y ella los observaban marcharse como si fueran un par de cómplices de un crimen. Se sentaron a esperarlos en la zona de los arbustos desde la cual Cristian los había "emboscado". Mientras descansaban Caterina le contó que eran amigos de Cristian desde primer curso. Y, aunque él estaba en segundo, casi desde el principio se hizo inseparable de su hermano. "Nunca habría dicho que es un año mayor que nosotros", pensó Brigit. Era una buena persona aunque travieso por naturaleza. Le encantaba hacer bromas y, en especial, inventar mil maneras para saltarse las clases.

-Alguna vez nos ha dicho que su meta es escribir un libro con sus mejores jugadas.- comentó Caterina mientras se reía.

Por otra parte, aunque no lo pareciera, Ismael era su compañero de bromas. A pesar de las apariencias, Caterina le confesó que su hermano normalmente no era tan serio y que de hecho su carácter era más parecido al de Cristian. Solo que, a diferencia de él, su hermano se comportaba en clases y se esforzaba por obtener buenas notas. Ese solía ser un motivo de discusión entre ambos, puesto que Ismael le argumentaba que el sacar buenas notas no debería estar reñido con pasarlo lo mejor posible en la escuela. Aún y todo, ambos eran muy buenos amigos e Ismael no hacía demasiados ascos a acompañarle en alguna que otra broma. Sin embargo, Cristian solía excederse a veces y le dedicaba más tiempo a bromear y/o a buscar nuevos métodos para saltarse las clases que a estudiar. Al parecer era un poco zote en lo que a estudios se refería y había ido pasando los cursos casi de milagro. Además, estaba pidiendo ayuda constantemente a Ismael para los trabajos y en época de exámenes.

-Pero si Ismael va un curso por detrás, ¿cómo es que le ayuda con sus trabajos y temario para examen?- preguntó Brigit sorprendida.

-A mi hermano se le podría calificar de cerebrito. Podríamos decir que es el mejor alumno de la escuela, es el número 1 en prácticamente todas las clases.- le explicó con un deje de orgullo.

Brigit se sintió muy impresionada con él, ahora entendía que le hubiese estado haciendo tan bien de tutor a lo largo de toda la semana. Ya llevaba varios años de práctica. Charlaban animadamente sobre anécdotas varias del dúo mientras esperaban a que volviesen, cuando un grupo de cinco chicas pasó por su lado. Una de ellas, la que iba en cabeza de grupo, aspiró exageradamente por la nariz.

-¡Uf!- casi gritó mientras se tapaba la nariz con un gesto dramático- Ya decía yo que notaba el ambiente enrarecido, viendo los desechos que hay por aquí...

Las otras chicas rieron la "gracia" e imitaron el gesto de la otra. Brigit se giró, estupefacta, para echarles un vistazo. La mayoría de las chicas llevaban túnicas de color marrón y ribetes gris oscuro, identificativo de la casa Basajaun, y había dos de otras casas (por los colores, una de la suya propia y la otra creía que de la casa Ataecina). Sin embargo, puso mayor foco en la que había hecho el comentario. Ésta era de la casa Basajaun. No era muy alta y llevaba su pelo castaño, tan oscuro que casi parecía negro, recogido impecablemente en un moño alto. Sus oscuros ojos marrones brillaban con altivez. Su sonrisa era despectiva y fría. Daba el pego como la típica niñata creída y consentida.

Caterina apartó la mirada con rapidez a la vez que luchaba con todas sus fuerzas para contener las lágrimas. Brigit la miró sorprendida. ¿Cómo podía permitir que la tratasen así? No la conocía más que desde hacía unos días pero, por alguna razón, sentía que debía de dar la cara por ella. Del mismo modo que ella fue la primera que se levantó cuando nadie más parecía dispuesto a hacerlo. Y eso hizo. Se levantó y enfrentó al grupo con la cabeza bien alta. Todas se mostraron bastante sorprendidas por su actitud. Evidentemente esperaban que ella también agachase la cabeza.

-Sin duda hay una gran cantidad de ellos...- comenzó a decirles, mirando directamente a la chica del moño- Aunque es la primera vez que los veo caminar.

A sus espaldas, escuchó a Caterina contener el aliento. Las chicas, líder incluida, tenían la boca abierta por el asombro y sus rostros se teñían poco a poco de rojo debido a la ira. La indignación por su osadía brillaba con fuerza en sus ojos. Y no ayudó que muchas personas de alrededor riesen por lo bajo tras el contraataque de Brigit. La cabecilla del grupo dio de inmediato un paso adelante para enfrentarla.

-¡¿Pero cómo osas dirigirte a mí?!- casi gritó con indignación- Mugrienta sangre su...

-¿Qué ocurre aquí?- la interrumpió una voz conocida desde atrás.

La chica del moño se giró. A sus espaldas estaba Ismael junto a Cristian, ambos con semblantes serios y autoritarios. La chica soltó un leve bufido y, sin mediar palabra, hizo un gesto con la mano a sus acompañantes y todas se marcharon alzando la cabeza con prepotencia.

-¿Quién era esa niñata?- preguntó Brigit a los recién llegados una vez las chicas se marcharon.

-Pues has tenido el discutible honor de conocer a la excelsa Araitz Uriarte Munibe.- le dijo Cristian- Y a su siempre fiel comitiva.

-¿Y hay algún motivo por el que se lo tenga tan creído?

-Se podría decir que pertenece a la aristocracia de los magos. A un grupo selecto de la alta nobleza, me atrevería a decir incluso... O al menos eso piensan ellos claro.

-¿Hay nobles entre los magos?- preguntó Brigit.

-En realidad no.- contestó Ismael- Pero así se consideran a ellos mismos.

-No me extrañaría que llamasen "señor duque" o "señora condesa" en sus fiestas.-soltó Cristian.

-Ajá... Antes iba a soltarme lo que creo que era un insulto relacionado con mi sangre. ¿Qué iba a decirme?- inquirió Brigit.

-Sangre sucia.- respondió Cristian visiblemente incómodo-Es un término despectivo que usan los magos "puros" como ella para referirse a magos nacidos de muggles.

Ninguno quiso aportar ningún dato más al respecto, pero no hizo falta. Durante los días siguientes al encuentro, no volvieron a cruzarse con ella ni con su séquito. Si bien era más complicado librarse del rubio, que finalmente se enteró que se llamaba Breogán Porto Santamaría, puesto que estaban en la misma casa. Los días se le iban pasando de manera cada vez más monótona a Brigit. Asistía a sus clases obligatorias de quinto curso por las mañanas, se presentaba a clases de refuerzo de cursos pasados por las tardes e iba cada día a diferentes clases opcionales para elegir las que cursaría. A lo largo de las primeras tres semanas en la escuela ya casi había asistido a una clase de las opcionales para su casa, entre las que se incluían el estudio y práctica de las magias ancestrales de los respectivos pueblos: árabe, íbera, celtíbera, germana y vasca. Todas ellas tenían diversas peculiaridades que le llamaron mucho la atención.

Las magias íbera y vasca estaban fuertemente ligadas a la tierra, si bien la íbera estaba más ligada con la comunión y vínculo con ésta mientras que la vasca era más "tosca" pues se basaba en la obtención de su inconmensurable fuerza. La celtíbera era una curiosa combinación de las magias íbera y celta, la cual obtenía su fuerza de la tierra y los bosques, así como la comunicación con los animales (en especial los equinos). La germana se basaba principalmente en la magia de las runas, si bien ahondaban aún más en ese aspecto en la asignatura Estudio de Runas Antiguas (obligatoria para ellos y la casa Ifrit). Finalmente, la árabe estaba fundamentada en la magia astral y la alquimia.

Y hablando de alquimia... Resultó que el profesor con el que se "juntó" en el autobús el día de su llegada era quien impartía dicha clase. No estaba muy convencida de ir, pero Ismael le insistió puesto que era, literalmente: "Una asignatura fascinante que contaba con una de las grandes eminencias mundiales en la materia". Resultaba obvio que él había escogido dicha asignatura como una de sus opcionales. Con mucha reticencia, asistió a la clase. Curiosamente tuvo que darle la razón a Ismael puesto que, a pesar de sus excentricidades, el profesor Artefi era un experto en la materia que sabía hacer gala de su talento. Salió de aquella lección bastante congratulada y pensando seriamente en escogerla como una de las opcionales. Y no debía tardar mucho en hacer dicha elección, pues la profesora Pazo le había recordado que el plazo estaba a punto de expirar. La fecha límite era justo tras la primera ceremonia mensual del año. La profesora le explicó que, de ese modo, podía hacerse una mejor idea de qué implicaría tomar ciertas asignaturas. Brigit no le entendió muy bien pero ella le dijo que lo comprendería mejor durante la ceremonia. Unos días antes de ésta, en aquella ocasión por insistencia de Caterina, fue a la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas de la profesora Sánchez... y no pudo escoger mejor día que el de la investigación de campo. Ese día en concreto irían a una zona del bosque que lindaba con las montañas que rodeaban el valle. A decir verdad a ella le gustaba ir por el bosque, le hacía sentirse más cerca de su casa y más ella misma. Aunque el día estaba nublado no hacía frío y resultaba agradable pasear por allí. La profesora Sánchez abría el paso con su habitual sonrisa y alegría natural.

-Hoy nos codearemos con una espectacular criatura que tal vez muchos ya conocerán, aunque sólo sea de vista.- les indicó cuando estaban ya cerca de las montañas.

-¿De qué se trata maese Sánchez?- preguntó un chico de la casa Ifrit.

-Pronto lo sabrán...- respondió con una enigmática sonrisa- Si bien no solamente lo veremos a él, sino a otra pobre criatura de la cual se está haciendo cargo.

Y, con esas palabras, vieron a lo lejos la entrada a una cueva en las montañas justo a la linde del bosque. Unos alumnos de la casa Basajaun al verla, sonrieron cómplices y se adelantaron sorprendiendo un poco al resto. La profesora, lejos de enfadarse, soltó una carcajada. Los tres alumnos se apostaron en la entrada y a coro soltaron un fuerte irrintzi[1]. El grito resonó con grandes ecos dentro de la cueva. Pero lo más sorprendente fue oír una respuesta gutural desde el interior de la misma. Era una especie de gruñido grave y áspero. Con cierta reticencia el resto de alumnos se fue congregando cerca de la entrada. Al poco rato, de entre las sombras apareció un una enorme figura humanoide de más de 3 metros de altura, con el cuerpo cubierto de pelo y una melena muy larga que le llegaba hasta los pies de color marrón oscuro y con unos ojos grandes y pardos. Caminaba de forma humana aunque ligeramente encorvado. Al verlo algunos alumnos emitieron un grito ahogado e incluso dieron un paso atrás disimuladamente.

-Alumnos, les presento a nuestro guardabosque. A veces también llamado el "Yeti vasco". El gran señor del bosque: Basajaun.- anunció la profesora Sánchez.

Todos miraban a aquella impresionante criatura de aspecto amenazante con la boca abierta y cierta desconfianza. Si bien los alumnos de la casa Basajaun parecían interactuar con él con bastante familiaridad. Hecho que ayudó a relajar el ambiente.

-A pesar de lo que parece, lejos de ser agresivo, es protector de los bosques y siempre prefiere asustar a aquellos que intentan dañarlo antes de atacar.- comenzó a explicar la profesora-Lo cual hace sólo cuando ve que no le queda más remedio. O bien siente amenazado su hogar y/o progenie. Son seres pacíficos y de una inteligencia considerable.

-Además es capaz de crear algunas herramientas rudimentarias, así como de cultivar varios tipos de vegetales, hortalizas y cereales.- comentó una alumna de la casa Basajaun.

-Son bastante cercanos a los humanos primitivos, pues se les considera una especie cazadora-agricultora.- dijo otro alumno- Entre sus presas más comunes se suelen encontrar las betizu[2], las liebres y los jabalís.

-Aunque también se sabe que algunos ejemplares las han domesticado y cuentan con pequeños rebaños de betizu.- explicó el tercer alumno que estaba saludando al basajaun.

-Bueno, bueno... ¿quieren dar ustedes la clase?- comentó en broma la profesora.

Los tres alumnos se sonrojaron ligeramente pero seguían sonriendo mientras se relacionaban con aquel tranquilo gigante. La profesora también se comenzó a acercar a él así como el resto de alumnos que ya estaban más tranquilos. Ella les siguió explicando más cosas sobre el basajaun y de su labor como el guardabosque de la escuela. En un momento dado, el peludo gigantón alzó la vista y a Brigit le pareció que clavase sus enormes ojos terrosos en ella. Se sintió como si estuviera analizándola y empezó a sentirse ligeramente incómoda. De pronto, sorpresivamente, realizó una leve inclinación de cabeza lo que le sorprendió bastante. Sin embargo, considerando lo que había comentado la profesora y los alumnos, pensó que la habría reconocido como una alumna nueva y que la estaba saludando. Por ello también inclinó ligeramente la cabeza para devolver el saludo. Tras un rato, la profesora comenzó a hablar al basajaun en una lengua extraña que tenía un sonido bajo y gutural. Éste emitió un leve gruñido de respuesta y comenzó a adentrarse en el bosque. La profesora Sánchez esperó a que se adelantara un poco y después hizo una señal para indicar a los alumnos que lo siguieran.

-Ahora vamos a ver a nuestra siguiente criatura.- comenzó a decir en voz baja- Sin embargo, es muy tímido y desconfiado de los humanos. Por eso debemos evitar que nos vea.

Al cabo de un rato, la profesora se paró e hizo señas para que todo el mundo se fuese escondiendo entre los árboles y arbustos con sigilo, pero lo bastante cerca como para poder escuchar sus explicaciones. El basajaun estaba parado frente a un gran árbol que parecía tener una madriguera entre sus raíces. Emitió un suave gruñido y al poco, de debajo del árbol, emergieron dos cuernos. De ahí salió un ser bípedo de torso velludo y espesa cabellera que a Brigit le pareció un fauno. Las patas eran de cabra mientras que el rostro, el torso y los brazos presentan rasgos similares a los humanos. No era muy alto, medía poco más de 1 metro (sin contar los cuernos que le añadirían una media de 15 centímetros más).

-Lo que tienen ante ustedes es un busgosu.- susurró la profesora Sánchez-En general, es un animal gentil y tranquilo que cuida con mimo los árboles del bosque en el que vive, lo cual coincide con la leyenda no-maga que lo considera como un señor del bosque. Aunque lo más correcto sería calificarlo como un guardián del bosque.

Brigit se fijó que el animal se acercó al basajaun cojeando ligeramente y entonces recordó que la profesora había comentado que se estaba haciendo cargo de una criatura.

-¿Esta es la pobre criatura de cual se estaba haciendo cargo el basajaun?- preguntó en voz baja.

-Eso es.- confirmó ella- Es habitual ver a los basajaun "haciendo uso" de los busgosu para que le ayuden a cuidar el bosque que habitan. Por eso, cuando enferman o están heridos, tienden a cuidar de ellos para que se recuperen cuanto antes.

-O sea que tienen una relación simbiótica.- comentó Caterina fascinada.

Tan fascinada estaba que no se dio cuenta de que se había movido más de la cuenta y que había empujado a Brigit hacia delante. Ni sus compañeros ni la profesora llegaron a tiempo para agarrarla y se precipitó hacia delante, traspasando por completo el arbusto. Tanto el basajaun como el busgosu se giraron hacia ella. Todos pensaron que el busgosu iría a huir o incluso atacar debido a la desconfianza que solían sentir hacia los humanos. Sin embargo, para sorpresa de todos los presentes, con timidez y su leve cojera se acercó a ella. Le miró directamente con sus ojos de color del musgo y restregó su rostro suavemente contra el de ella. Seguidamente se volvió y se metió de nuevo en la madriguera.

Tras esa clase, para su desgracia, fue la comidilla durante el resto de la semana. Aún la noche en que subieron para prepararse para la ceremonia mensual, Caterina seguía explicando la increíble experiencia que habían tenido aquel día. Brigit intentó ignorarla y abrió su baúl para abrir finalmente el paquete con su ropa para la tan esperada ceremonia. En su interior había un par de túnicas largas (al estilo del péplum romano) de color blanco impoluto, un cinturón fino de plata, un manto o sagum también plateado para poner sobre los hombros y un saquito para colocar en el cinturón denominado pouch. "Parece que nos vayamos a vestir de druidas", pensó Brigit. Y en efecto eso es lo que le vino a la cabeza nada más verse en el espejo después de terminar de vestirse, con ayuda de Caterina por supuesto. Se cruzaron con Ismael mientras bajaban, él y los otros chicos vestían exactamente igual que ellas. A la salida de la sala común les esperaba la profesora Pazo. Iba vestida igual que ellos pero con más ornamento, como indicando un estatus superior. Llevaba su pelo rubio suelto que caía en ondas sobre sus hombros y adornado con una guirnalda de muérdago. Sus ojos azul celeste estaban rodeados de pinturas con motivos tribales, así como el resto de su rostro y cuello. Les indicó que se agruparan y ordenaran por cursos, cosa que se apresuraron en hacer. Una vez organizados emprendieron su marcha hacia el exterior del castillo. Camino hacia el Pórtico Principal se fueron encontrando con otras casas.

Los primeros con los que se cruzaron fueron a los de la casa Nixe, liderados por la profesora Sánchez. Los chicos llevaban pantalones anchos y largos a rayas con adornos serrados, camisa de manga larga atada con botones a la cintura y una especie toga sobre el hombro derecho. Las chicas vestían una minifalda confeccionada con cordones de lana con una falda interior larga, camisa de manga larga y con un manto anudado sobre el hombro derecho. Todos sostenían los pantalones y faldas con sendas correas de cuero. La indumentaria de la profesora Sánchez destacaba por su enorme hebilla de bronce pulido, con cuidados detalles y símbolos que asemejaban a una serpiente, y diversos adornos de metal en la cabeza y los brazos.

Los siguientes fueron la casa Oricuerno con la profesora Bermúdez a la cabeza. Era una de las jefas más jóvenes (30 años), sólo superada del jefe de la casa Ifrit. Era profesora de Encantamientos y, por lo que le habían contado a Brigit, una metamorfomaga. Solía haber apuestas sobre qué color llevaría ese día a clase su rizado cabello en tirabuzones (su color natural era castaño). Curiosamente, nunca cambiaba sus ojos con heterocromía (el izquierdo avellana y derecho azul oscuro). Todos llevaban algún collar y/o brazalete de bronce. Los chicos llevaban un grueso calzón hasta las rodillas, sandalias, gordos calcetines de lana y sagum o sayo atados con fíbulas de bronce. Las chicas vestían túnicas con mantos sobre los hombros de colores claros y sendas hebillas de bronce. La profesora llevaba el pelo adornado con de hilos de bronce trenzados y rematados en cabezas de serpiente.

A continuación se cruzaron al profesor Baeza –hombre de unos 50 años, pelo negro rizado con pronunciadas entradas, pequeños ojos marrones y bastante bajito– y a toda la casa Ataecina tras él. Todos vestían una túnica de lino con manga larga, ellas hasta los tobillos y ellos hasta las rodillas (complementada con un pantalón de lana debajo), decoradas con cenefas pintadas y adornos bordados ceñidos con un cinturón simple de cuero. Estaban cubiertos con una capa de lana abrochada en el lado derecho del hombro, sujeta mediante una fíbula de metal. Las chicas usaban peinetas, diademas y mitras, altas o bajas, colocadas según el gusto de cada una; mientras que los chicos usaban cordones de cuero cruzados sobre el pecho haciendo diversos dibujos y formas. El profesor Baeza llevaba distintos adornos de metal cosidos a esos cordones y una hebilla de metal en el cinturón con lo que parecía la silueta de la cara de una cabra.

Justo después vieron a los de la casa Basajaun junto al profesor Barandiarán, quien llevaba su pelo negro muy corto y tenía sus ojos castaños oscuros semicerrados porque siempre estaba frunciendo el ceño. Las chicas llevaban falda larga, camisa de manga larga con un manto de lana sobre los hombros y un zapi o pañuelo en la cabeza; mientras que los chicos vestían un pantalón largo, blusón de manga larga, chaleco de lana negro y txapela o boina. Ambos usan abarkas o alpargatas y gruesos calcetines de lana blancos. El profesor Barandiarán llamaba la atención por llevar un simple cinturón de tela rojo.

Finalmente, ya justo cuando los primeros empezaban a salir por la puerta, Brigit vio acercarse a la casa Ifrit con su jovencísimo jefe de casa. El profesor Abdalahi, de tan solo 28 años, tenía enamorado a la gran mayoría de las alumnas de la escuela (y se rumoreaba que también a las profesoras). Obviando el hecho de que era encantador, era un hombre bastante atractivo. Era bastante alto, su tez algo morena, ojos de un color a caballo entre el marrón y el verde, de pelo negro liso que parecía llevar desenmarañado y con una sonrisa cautivadora. Fijándose en la vestimenta, ellos lucían una túnica larga de mangas estrechas un poco por encima de las rodillas que se ceñía hasta la cintura y luego se abría, unos calzones anchos y holgados que llevaban metido dentro de las botas y una especie de capa que iba desde los hombros hasta casi rozar el suelo. A Brigit le recordó a las imágenes que había visto de la Guardia Mora. Por otro lado, ellas iban con una túnica larga hasta los tobillos con escote redondo y amplias mangas, un par de brazaletes dorados en cada brazo y llevaban una especie de chal largo sobre los hombros que pasaban por delante del cuello. Ambos lucían turbantes con los que se cubrían la cabeza, cinturones de tela anchos que ajustaban sus túnicas a la cintura y botas de punta puntiaguda. El profesor Abdalahi se distinguía por llevar colores más vivos y que sus mangas llevaban un impresionante tiraz[3].

Al salir al exterior a Brigit le impactó en la cara el frío viento nocturno lo que le hizo temblar involuntariamente. Sobre ellos en el cielo se alzaba, hermosa y brillante, la luna llena. Ismael le explicó el día anterior que la ceremonia siempre se realizaba las noches de luna llena. Bajaron por el camino de piedra, viendo varias de las casas de los profesores, camino al bosque. Esa noche el cielo estaba despejado y la luna iluminaba bastante. Todos avanzaban en ceremonioso silencio. Al adentrarse en el bosque, avanzaron hasta un claro en donde estaba la directora ataviada con el traje de la casa Moura pero con una guirnalda de hojas de roble y una capa roja sujeta con fíbulas doradas que caía desde sus hombros hasta el suelo. Brigit quedó impresionada con su largo pelo, el cual caía liso y lacio hasta sus caderas. En ese primer claro se quedaron todos los alumnos de primer curso. Según le susurró Ismael, era tradición que en la primera ceremonia los nuevos alumnos estuvieran junto a la directora. También le indicó que la zona del bosque a la que les estaba permitido entrar dependía del curso, a mayor curso mayor era la profundidad del bosque a la que podían acceder. A medida que se adentraban más en el bosque iban viendo varios claros en los que había distintos profesores. Poco a poco, cada curso iba pasando al claro que le correspondía. Al llegar el turno de los de quinto curso se encontraron con tres profesores liderados por el profesor Artefi. Todos se fueron colocando alrededor de un montón de madera que Brigit supuso que sería para hacer una hoguera.

-Bueno mozalbetes,- comenzó a decir el profesor Artefi cuando estuvieron todos colocados- como este año hay un par de nuevas incorporaciones voy a hacer una breve introducción. Esta ceremonia está inspirada en los cónclaves de los druidas.

Brigit confirmó entonces sus impresiones iniciales al evocar a los druidas nada más verse en el espejo. El profesor continuó su explicación:

-Como espero que sepáis,- dijo mirando significativamente a la audiencia- la historia de nuestra escuela se inicia con estos cónclaves de magos druidas que quisieron hacer gala de su magia con otras tribus de la península. Tras muchos años, a estos cónclaves asistieron: íberos, celtíberos, árabes, germanos y vascos entre otros tantos que finalmente no se quedaron. Tal es el origen de nuestras casas. Por eso nosotros, en conmemoración a estos orígenes, realizamos mensualmente esta ceremonia en la cual cada casa va mostrando al resto lo que ha aprendido para que el resto pueda aprenderlo también. Pues esta es nuestra base: el compartimiento del conocimiento para crecer más fuertes juntos.

La joven pelirroja se dio cuenta de que estaba conteniendo el aliento con las palabras del profesor. Pero había tanto convencimiento que se sentía que había quedado atrapada en su discurso. Aunque bien sabía, por lo que había visto, que muchos no compartían esa visión.

-Bien y ahora, como es costumbre, que los delegados den un paso al frente.- ordenó y todos los prefectos de las 6 casas dieron un paso al frente en perfecta sincronía- Varitas a punto...- todos sacaron sus varitas apuntando a la madera-¡y fuego!

Todos movieron sus varitas a la vez y gritaron Incendio prendiendo fuego a la madera. Y, con la hoguera ya encendida, se dio por comenzado el cónclave. No estuvo segura de cuánto tiempo pasó, pero a Brigit se le pasó volando. Miraba fascinada y maravillada las demostraciones de sus compañeros. Antiguos hechizos, conjuros, pócimas y encantamientos varios le estuvieron cautivando en todo momento. Todos hablaban en casi todo momento en los antiguos idiomas de sus pueblos ancestrales, los cuales habían ido aprendiendo en años anteriores. Tras cada demostración miembros de otras casas mostraban cómo, a pesar de pertenecer a casas/pueblos distintos, podían aprender y replicar a sus compañeros aunque no cursaran asignaturas relacionada con sus respectivas magias. Ismael, y para su desgracia Breogán, fueron de los más impresionantes de su casa. Poco antes de finalizar, por indicación del profesor Artefi todos los alumnos volvieron a su formación e inclinaron la cabeza en señal de respeto. A continuación, profesores incluidos, sacaron sus varitas apuntando al cielo pronunciando un hechizo (que había estado practicando con Ismael y Caterina) que comenzó a iluminar la zona al mismo tiempo que las últimas ascuas de la hoguera se extinguían.

Poco a poco fueron abandonando el lugar, guiados por los profesores, y se fueron encontrando con el resto de cursos hasta que finalmente estuvieron todos en la entrada del bosque. Se volvieron a organizar por casas y, ordenadamente, comenzaron su camino de vuelta a la escuela y sus respectivas salas comunes. Cuando llegó a los dormitorios, Brigit seguía emocionada y estuvo hablando muchísimo con Caterina del tema e incluso Maggie, con quien había arreglado las cosas pocos días antes, quien también estaba visiblemente entusiasmada. Aún cuando se puso el pijama y se metió en la cama sentía los nervios y la agitación a flor de piel. Solo que en aquella ocasión era por algo bueno.

Al día siguiente por la tarde se reunió con la profesora Pazo en su despacho, quien volvía a llevar su túnica habitual y su pelo recogido. Finalmente, debía comunicarle sus elecciones respecto a las asignaturas opcionales.

-¿Qué le pareció la ceremonia de ayer, señorita Castro?- comenzó con una leve sonrisa.

-Fue... mágico.- respondió ella a falta de un término mejor que definiese lo que había sentido la noche anterior. La profesora Pazo, habitualmente seria y callada, mantuvo su sonrisa.

-Me alegra que vaya integrándose. ¿Y ha decidido qué quiere cursar?

-Sí.- asintió vehementemente- Aunque me gustaría escoger más, como tengo clases de refuerzo, me limitaré a las dos que tengo obligación de escoger.

-Es una decisión muy lógica.- aprobó la profesora.

Si bien su rendimiento en dichas clases no era malo, tampoco quería excederse puesto que lo más importante por el momento era ponerse a la altura de sus compañeros de curso. Además, la ceremonia mensual le permitiría aprender aquello de lo que sintiese curiosidad.

-¿Y cuáles serán?- inquirió la profesora Pazo.

-Cuidado de Criaturas Mágicas y Alquimia.- declaró ella.

-Buena elección la Alquimia.- reconoció la mujer- Y sin duda se ve que maese Sánchez ha sabido encandilarla lo suficiente para atraerla a sus huestes.

Brigit se sonrojó ligeramente con el comentario, no estando segura de si era bueno o malo. La profesora se dio cuenta y añadió:

-Considerando su caso, creo que es mejor que no escoja asignaturas que le impliquen excesivo esfuerzo lectivo. Recuerde que el resto de compañeros estarán igualmente en mayor nivel, por lo que deberíamos incluir dichas clases a sus refuerzos diarios.

-Sí, eso pensé maese Pazo. Además...- añadió tímidamente- me he enterado que hay un club de música en la escuela...

-¿Y estaría interesada en apuntarse? Tenga en consideración que podría quitarle tiempo.

-Lo sé pero antes de venir aquí asistía al conservatorio y me gustaría no dejar de lado mis clases.

-Comprendo.- respondió simplemente- Mientras no le afecte al rendimiento en sus estudios, no tengo inconveniente alguno.

-Gracias maese Pazo.

Tras eso Brigit salió de su despacho y se encaminó a los jardines donde había quedado con Caterina, Ismael y Cristian. Por primera vez desde que había comenzado aquella nueva vida se sentía bastante emocionada, hasta podría decirse que contenta. "Tendré que escribir a mis padres para que me manden mi flauta", pensó alegremente mientras cruzaba el umbral de los jardines para reunirse con sus nuevos amigos.


[1] Grito en euskera. Es un grito agudo, estridente y largo que se usaba en el País Vasco entre pastores y gentes del campo para darse señales haciéndolo resonar en los flancos de las montañas. En la actualidad se utiliza como manifestación de alegría.

[2]Del euskera behi izua ("vaca huidiza"), es el nombre que recibe una raza de vaca semisalvaje, de color rojizo, autóctona del norte de España y el país vasco francés.

[3] Taller musulmán dedicado a la confección de tejidos de lujo, adornados con hilatura de oro, que eran empleados en ceremonias reales.