CAPÍTULO 7: DEMOSTRACIÓN DE PODER

Aquel domingo Brigit estaba descansando tumbada en su cama mientras esperaba a Caterina para ir al campo de Quidditch. Le había explicado unos días antes, con marcado entusiasmo, en qué consistía aquel popular juego. El día anterior le había pedido que la acompañara a ver el entrenamiento de su casa, pues el primer partido de la temporada contra la casa Ataecina estaba a la vuelta de la esquina y quería ver qué tal iba el equipo. Si bien sentía curiosidad por ver dicho juego, no le hacía demasiada ilusión pues Breogán había sido nombrado ese año capitán y no tenía especial gana de verlo pavonearse de su nuevo puesto. Sin embargo, había decidido ir a animar a Ismael quien era el guardián principal del equipo desde el año anterior y ya desde que entrara en el equipo en segundo curso había demostrado con creces sus capacidades. Aún y todo, estuvo a punto de pasar del plan por seguir estudiando para ponerse al día lo antes posible con sus estudios. En especial desde que Ismael le habló del DEP, o Diploma de Encantamientos Principal, un examen que los alumnos de quinto debían realizar a final de año. Debían realizarse hasta un máximo de 12 DEP (8 de las asignaturas obligatorias y hasta otras 4 dependiendo de las asignaturas optativas que hubieran cursado desde tercero). La calificación que se obtenía en dicho examen determinaría las clases que podría seguir cursando en los años siguientes. Y eso lo cierto era que inquietaba mucho a Brigit. Pero al comentarlo, la profesora Pazo señaló que estaba avanzando más rápido de lo esperado y que por tomarse algún fin de semana libre no iba a acabarse el mundo. Estaba mostrando muy buenos resultados y los profesores, por regla general, estaban satisfechos con su rendimiento. Claro que, pensó Brigit, gran parte de ese rendimiento había corrido a cargo de la inestimable ayuda de Ismael.

Mientras esperaba, se posó tímidamente en su hombro la mascota de Caterina: Pompón. Ella lo miró de reojo aún poco acostumbrada a aquel extraño animal, si bien no hizo ningún movimiento para permitir que éste se acurrucara. No hacía mucho que conocía a Pompón pues había estado enfermo y se encontraba en el veterinario mágico. Todavía recordaba el día en que Caterina le había hecho la "presentación formal".

Esa tarde Caterina apareció en la biblioteca visiblemente emocionada. Brigit estaba sentada junto a Ismael y Cristian, repasando unas lecciones de encantamientos. Los tres se giraron al verla entrar casi dando saltitos de alegría.

-¿Se puede saber qué pasa?- preguntó Cristian con curiosidad.

-Mamá acaba de venir...

-¿Y eso? No me había dicho nada.- la interrumpió Ismael.

-... con mi pequeño Pompón.-concluyó ella echándole una mirada envenenada por su irrupción.

-¿Quién es Pompón?- le preguntó Brigit.

-Mi mascota. Estaba enfermo así que no pude traerlo conmigo el primer día...- le explicó con expresión apenada- Pero ayer recibí una carta de mi madre y me dijo que ya está bien, así que hoy lo ha traído. ¡Y aquí está!- dijo señalando a su bolsillo- Sal a saludar Pompón.

Entonces del su bolsillo de su túnica emergió tímidamente una figura de forma esférica y cubierta por un pelaje suave de color blanco. Parecía una pequeña bola esponjosa. Brigit no había visto algo así en la vida.

-¿Qué es eso?- preguntó a Caterina.

-Es un micropuff, un puffskein en miniatura que se vende en una tienda de artículos de broma muy popular en Londres.- le explicó su amiga.

-Es genial. Cada vez que voy, vuelvo bien surtido.- comentó Cristian con una sonrisa pícara.

Tanto Brigit como Caterina pusieron los ojos en blanco mientras que Ismael, centrado de nuevo en su trabajo de Runas Antiguas, tan solo esbozó una media sonrisa cómplice.

-Me suena haber leído algo sobre los puffskein en el libro ese que me recomendasteis.- comentó Brigit ignorando deliberadamente a Cristian- Pero no se mencionaba nada de estos.

-Es que sólo los venden en esta tienda. Los crearon y crían ellos mismos.

-¿Pero eso no sería una violación de la prohibición de cría experimental?

-Son puffskein.- comentó Ismael sin levantar siquiera la vista de su libro- Es una criatura dócil que no se opone ni siquiera a que la gente juegue con él lanzándolo por los aires. Dudo que esto cuente como un delito a tener en cuenta.

-Visto así...- coincidió Brigit.

-Además es muy fácil de cuidar y, cuando está contento, emite un ronroneo.- continuó explicando Caterina, mientras acariciaba aquella bolita blanca que ahora estaba en su hombro para demostrar su suave ronroneo.

-¿Y es albino? Es que había leído que los puffskein eran de color natillas.

-Sí, pero los micropuff son diferentes. Normalmente éstos tienen tonos de rosa y morado, pero mi Pompón fue un "fallo". Nadie le prestaba atención al pobre... Aunque a mí me dio igual, de hecho me pareció más especial.

Brigit sonrió al escuchar su historia. Aunque era un animal un tanto peculiar, en cierto modo le parecía bastante mono y adorable. Rebuscó en su bolsillo y sacó su móvil ante la mirada perpleja de sus compañeros. Seleccionó la cámara y dijo:

-Sonríe.- y sacó una foto a Pompón y Caterina.

Miró la foto y, a pesar de la expresión extrañada de Caterina, le pareció que estaba bastante bien. Al guardar el móvil vio que los tres, incluido Ismael que había apartado la vista de su libro de runas, la miraban como si hubiese hecho algo imposible.

-¿Qué ocurre?- preguntó algo inquieta.

-¿Qué era eso?- preguntó a su vez Cristian.

-Es mi móvil.- respondió extrañada.

-¿Es un aparato muggle?- continuó preguntando, Brigit asintió- ¿Cómo es que puedes usarlo?

-Ah, perdón.- dijo comprendiendo de pronto- No sabía que no podíamos usar objetos no-mágicos en la escuela...

-Esa no es la cuestión Brigit.- intervino Ismael mirándola muy serio- El problema es que no deberías ser capaz de usarlo.

-¿A qué te refieres?

-A que se supone que ningún aparato no-mágico funciona en la escuela ni en sus terrenos.- le explicó Caterina.

-Bueno, es cierto que no suelo tener buena cobertura. Pero pensé que era por estar en medio de las montañas. Me cuesta mucho encontrar un sitio para hablar con mis padres...

Después de esa frase, recordó Brigit, se armó un verdadero revuelo entre sus compañeros. Casi como si fueran un resorte, se levantaron y le dijeron que debían ir a ver en seguida al profesor Alfredo Alcoholado Albiol, quien impartía la clase de Estudios Muggles a los estudiantes de sexto y séptimo curso y era conocido, de manera bien merecida, por su carácter estrafalario. Si bien todos lo consideraban como un gran experto en materia no mágica. "Es un hombre bastante extraño", pensó Brigit al recordar la visita que hicieron.

Los cuatro acudieron rápidamente al despacho del profesor Alcoholado, situado en el sótano de la torre este. Al llegar vieron la puerta abierta y Cristian fue el primero en entrar llamando al profesor. Brigit frunció el ceño al ver el lugar, el cual estaba repleto de una gran colección de aparatos electrónicos, especialmente enchufes y baterías, y en el que había montones de notas y papeles esparcidos. Al parecer el profesor recogía toda serie de artículos no mágicos para estudiarlos en su "laboratorio". Por lo que le había contado Cristian, que asistía a su clase, estaba fascinado con la forma en la que los muggles eran capaces de seguir con su vida sin usar magia de ninguna clase. Cada vez que se encontraba cerca de ellos, apenas podía reprimir su entusiasmo. Era por eso que le hacía especial ilusión juntarse con los alumnos nacidos de muggles para que le explicaran cualquier cuestión por la que en ese momento sintiese curiosidad. Brigit pensó que era raro que nunca se le hubiese acercado a preguntarle nada, aunque lo atribuyó a que él debió de pensar que estaría demasiado abrumada con su radical cambio de vida y que por eso había tomado la decisión de no molestarla. Al menos por el momento...

-¿Hola? ¿Maese Alcoholado está usted aquí?- preguntó a viva voz por enésima vez Cristian.

-Sí, sí... No seas impaciente muchacho.- respondió una voz a sus espaldas sobresaltándolos.

Todos se giraron a la vez para ver a una figura emerger de dentro de un frigorífico que había medio escondido en una esquina de la estancia. De ahí surgió la figura un hombre bajito y la cabeza completamente rapada, con orejas de soplillo, marcadas arrugas alrededor de los ojos y con gafas de culo de botella que hacían que sus ojos marrones parecieran enormes. Su tez tenía un tono paliducho poco saludable y su gran boca de labios finos no ayudaba a mejorar el conjunto de su aspecto. Además, vestía una extraña túnica multicolor bastante hortera.

-O sea que la función de esta máquina es la de la refrigeración. Bien, bien...

-Disculpe, maese Alcoholado.- le llamó Cristian. El profesor le ignoró.

-Está impulsada por un motor eléctrico que hace que se genere frío dentro de ésta.- murmuraba el profesor, quien tiritaba levemente, mientras paseaba hasta su escritorio y escribía en un ajado cuaderno- Interesante, muy interesante...

-Maese Alcoholado, por favor, tenemos que hablar urgentemente con usted.- insistió Ismael.

-Además, tenía varios estantes y compartimentos.- continuó él ignorándolo- ¿Para qué serán? ¿Cuál es la función principal de esa máquina?

-Es un frigorífico.- le cortó Brigit- Sirve para enfriar bebidas y conservar alimentos.

Esto sirvió para que el profesor se parase y, finalmente, se diese cuenta que realmente había gente a su alrededor. Entonces, como si sus palabras fuesen una revelación, se le iluminó la mirada y sonrió dejando ver unos dientes torcidos y levemente amarillos.

-¡Comida! ¡Claro! Tiene sentido... ¿sino para qué querrían un aparato tan grande?

-Discúlpenos maese Alcoholado,- volvió a hablar Ismael captando finalmente la atención del profesor- pero hemos venido aquí debido a una emergencia.

-¿Emergencia? ¿Para qué clase de emergencia vendríais a verme a mí antes que a vuestro jefe de casa o la directora?- preguntó con expresión confusa.

-Brigit ha traído consigo un aparato no mágico...- comenzó a explicar Caterina.

-¡¿En serio?!- cortó el profesor Alcoholado, girándose para mirar a Brigit con la mirada brillante de un niño en el día de Reyes- ¿Qué clase de aparato es? ¿Cómo funciona?

-Maese Alcoholado, eso no es lo importante.- dijo Ismael armándose de paciencia- El problema es que está funcionando.

En ese momento el hombre se quedó callado y les miró sin estar seguro de haber entendido bien la frase. Abrió y cerró la boca en varias ocasiones sin encontrar las palabras.

-Debe de haber algún error.- logró decir al fin- El único lugar en la escuela en la que funcionan los aparatos no mágicos es aquí, en mi laboratorio. Es en la única parte del castillo en la que no se aplica el hechizo que los inhabilita.

-Pues hace un rato ella lo ha usado en la biblioteca.- le indicó Cristian.

-Déjamelo muchacha.- dijo el profesor muy serio tendiendo la mano a Brigit.

Ella, con grandes recelos, tendió su móvil a aquel insólito personaje. Él, con sorprendente delicadeza, lo cogió y comenzó a examinarlo. Había una gran perplejidad en su rostro, como si fuese la primera vez que veía un aparato similar. Comenzó a toquetear la pantalla y a pulsar cuantos botones veía. Brigit se ponía cada vez más nerviosa al verlo manosear así su teléfono, temiendo lo que pudiese llegar a hacer por ser demasiado brusco. Finalmente, no pudo resistirlo más y dijo:

-Maese Alcoholado, si quiere saber lo que es y cómo funciona, yo se lo puedo explicar. Pero por favor deje de pulsar todo de ese modo.

-Oh, sí. Mis disculpas.- dijo aún mirando el aparato como si fuese un ente extraño.

Recuperando su móvil (y su tranquilidad) procedió a explicarle cómo funcionaba y enseñarle alguna función. El profesor Alcoholado la escuchaba con atención, con el ceño fruncido, mientras le hacía alguna pregunta ocasional. Tras unos momentos, se quedó callado como analizando toda aquella nueva información.

-Mucho me temo,- expuso muy serio- que este nuevo tipo de aparatos sólo son afectados en parte por nuestros hechizos anti-muggles.

-Entonces...- comenzó a decir Ismael.

-Este tipo de hechizos afectan a la percepción de los muggles.- le cortó- Pero bien es cierto que aquellos que inutilizan sus aparatos son un tanto "anticuados" y se remontan al inicio de la industrialización. Es posible que varios de estos nuevos artilugios no se vean tan afectados... o puede que nada en absoluto.

-¿Y cómo es que nunca se han dado cuenta?- planteó Brigit- Hay hijos de no-magos aquí.

-Todos asumen ya antes de entrar que dichos aparatos no funcionan aquí. Por ello, aunque los usen en sus casas, a ninguno se le ha ocurrido traerlo a la escuela.- explicó el profesor- Esto abre una gran brecha en nuestra seguridad.

-¿Y tan grave es que use aquí mi móvil?- cuestionó la pelirroja.

-Según me has explicado, esto te permite obtener tu ubicación. ¿Es así?- le preguntó, ella asintió- Pues ahí lo tienes.

-Pero...- comenzó a protestar.

-De acuerdo al Estatuto Internacional del Secreto,- le cortó- debemos tomar las medidas necesarias para salvaguardar a la comunidad mágica y ocultar su presencia al mundo en general. Lo lamento pero he de informar de esto. No tomarán medidas contra ti- la tranquilizó- pues no sabías nada. Pero no puedes volver a usarlo en la escuela.

Después de aquello, le obligaron a enviar su móvil en un paquete a sus padres y mandarles una carta para explicarles el motivo por el que no podía usarlo. Seguía pensando que esa medida era una idiotez. ¿Quién iba a pararse a ver la ubicación de su teléfono? Pero lo cierto era que se armó un gran revuelo. Hasta la prensa unos días más tarde sacó un artículo alabando a los alumnos y al profesor que detectaron ese "gran fallo en la seguridad" que "podría poner a muchos magos y brujas en serios apuros". No dieron muchos detalles, pero parecía que iba a ser una revolución a nivel mundial dentro de la comunidad mágica.

Pompón se puso a ronronear y Brigit le dio unos mimos. De pronto, justo cuando se preguntaba dónde se había metido Caterina, la puerta se abrió y oyó unos gritos.

-¡Brigit! ¡Aparta a esa mala bestia!

Al darse cuenta de lo que pasaba, Brigit puso los ojos en blanco. Por la puerta entró corriendo una gata blanca de profundos ojos azules. Rápida y ágil, se fue corriendo hasta la cama donde estaba Brigit y de un salto se puso en su regazo buscando mimos. Ella acarició la cabeza de la gata que se puso a ronronear. Caterina, al entrar en la habitación y verla, soltó un quejido sordo y torció el labio.

-¿Por qué no la has apartado?- preguntó consternada.

-Ya sabes que no va a hacer nada a Pompón.- intentó razonar ella.

-¡De eso nada! Siempre se le lanza a golpearlo con sus patas, pasándosela de una a otra como si fuese un juguete... Esa fiera debería haberse quedado en casa.

Brigit luchó con todas sus fuerzas para no poner los ojos en blanco. La gata, llamada Neve[1], era la mascota de Ismael y por lo que le habían contado tenía una parte kneazle, una criatura mágica similar a un gato (cosa que se hacía notar con ciertas actitudes del animal). Era una gata bastante tranquila y mimosa, algunas veces arisca (con gente que no le gustaba) pero bastante juguetona. Y al parecer uno de sus pasatiempos favoritos era atrapar a Pompón y jugar como había dicho Caterina. No le daba fuerte, ni le hacía daño. De hecho, parecía que también Pompón se divertía con esa forma de jugar de Neve. Pero a Caterina le llevaban los demonios cada vez que la gata se acercaba. Desde que su querido Pompón estaba con ella, tenía múltiples riñas con su hermano para que alejase a "esa bestia".

-Bueno, no te preocupes.- dijo calmando los ánimos- Yo me quedo con Neve mientras tú coges a Pompón. Así lo puedes apartar y ya no hay problema ¿no?

A regañadientes, asintió y cogió a su mascota mirando con mala cara a la gata. Salió de la habitación y bajó a la sala común. Luego Brigit cogió a Neve y la soltó en las escaleras diciéndole que fuera de nuevo al cuarto. La gata, obediente, maulló y se marchó camino al cuarto de los chicos. Tras eso se reunió con Caterina y juntas se dirigieron al fin al campo de Quidditch. Éste se encontraba en la zona noreste del valle, cerca de la cordillera montañosa que rodeaba casi por completo el castillo y sus terrenos. Aquel día de octubre se notaba un bajón en la temperatura y estaba nublado, parecía que fuese a llover en cualquier momento. Se notaba que el otoño ya estaba bien asentado. Cuando llegaron al campo, siguió a Caterina hasta las gradas para poder ver el entrenamiento. Todos los miembros del equipo estaban ya allí y estaban organizándose para hacer un partido de entrenamiento.

Para Brigit aquel estadio de forma ovalada con tres aros a distintas alturas ubicados a cada lado del mismo le parecía demasiado grande. Al formar los equipos, Ismael y Breogán se pusieron en equipos contrarios. Cuando estuvieron todos en el aire, un alumno que estaba allí abajo soltó bludgers y la snitch dorada, que salieron disparadas como locas, y seguidamente lanzó la quaffle dando así comienzo al partido.

-¿Qué me he perdido?- soltó de repente una voz tras ellas sobresaltando a Brigit y Caterina.

Ambas se giraron a la vez para ver a Cristian sonriendo con picardía. Brigit resopló y Caterina le dio un golpe en el hombro.

-Idiota.- le dijo- Y respondiendo a tu pregunta, acaban de empezar.

-Genial. Esperemos que el "grandísimo capitán" no haga alarde de su magnificencia.

-Esperas en balde.- dijeron las chicas al unísono.

-Lo sé, pero me gusta soñar. Lo que realmente quiero es que don Perfecto nos deleite con un buen espectáculo.- comentó sonriendo mientras observaba a Ismael.

Brigit observó a Cristian con curiosidad. Él también formaba parte del equipo de Quidditch y por lo que le había dicho él era uno de los tres cazadores de su casa. Solía tener a menudo piques con Ismael debido a que era un gran guardián. Había una sana competencia entre ambos y solían hacer apuestas de cuántos goles conseguiría colarle Cristian durante el partido. Ambos amigos se forzaban a mejorar y se lo pasaban en grande jugando entre ellos. Breogán, por el contrario, era muy competitivo y tenaz en los partidos... pero en especial con Ismael. Casi pareciera que fuese también del equipo contrario. A Brigit le sorprendía enormemente que con esa actitud hubiese conseguido el puesto de capitán. Tenía serias dudas de que sus capacidades fuesen tan notables como para compensar esa falta de coordinación con algunos miembros de su equipo. Sin embargo, tal y como le indicó Cristian era un buen estratega y por lo que veía, muy a su pesar, debía admitir sabía dar correctamente instrucciones al equipo.

-Su mayor defecto es que tiene demasiada inquina a Ismael. Tiene demasiadas ganas de estar por encima de él en todo.- le explicó Caterina- Y muchas veces eso puede más que sus ganas de ganar el partido.

-Pero, ¿por qué esa animadversión hacia vosotros?- le preguntó Brigit frunciendo el ceño- Es algo que me pregunto desde hace tiempo y, la verdad, no logro explicármelo. Ya sé que no he visto qué ha sucedido entre vosotros años anteriores, pero...

-No le des demasiadas vueltas a la cabeza.- contestó con una sonrisa cansada- Todos nuestros roces ha sido porque somos sangre sucia.

Cristian compuso una mueca de hastío al oír esa denominación. Brigit por su parte se quedó callada y sorprendida, mirándola sin comprender.

-Si me dijiste que, aunque vuestro padre no lo es, vuestra madre es una bruja. ¿Así que por...?

-Porque mi madre es nacida de muggles. Así que, a sus ojos, nosotros seguimos siendo san...

-No lo repitas.- cortó Cristian- Vuestra madre es bruja y vosotros también. Fin del asunto.

Tras esas palabras volvieron a centrarse en el partido. Como era de esperar, Breogán no dejaba de criticar a Ismael a pesar de que estaba jugando magníficamente bien y apenas habían conseguido colarle un par de goles. Cuando ya llevaban una hora de partido comenzó a llover profusamente y tuvieron que suspenderlo. Breogán consiguió bastante rápidamente la snitch dorada para volver a guardar todas las bolas de nuevo en la caja. Brigit se quedó con ganas de saber si podría haber acabado antes el partido o si aquella captura había sido pura suerte.

-o-

El día del partido entre las casas Ataecina y Moura finalmente llegó. Aunque estaba nublado y hacía algo de frío, no había previsiones de lluvia en el horizonte. Todos los alumnos y profesores se encontraban en el campo, emocionados y expectantes. Aunque esa emoción ya estaba en el ambiente desde la noche anterior en la sala común, donde hubo mucho más ruido y bullicio que el habitual. Brigit, Ismael y Caterina estaban sentados juntos en los sillones que había cerca de la chimenea. Estaban repasando los deberes de Historia de la Magia en España. Al parecer a Ismael le relajaba revisar los trabajos antes de los partidos, le obligaba a mantener la mente ocupada y no ofuscarse demasiado con lo que depararía el día siguiente. Si bien Brigit se preguntó si realmente se sentía inquieto, pues tenía la misma mirada serena y segura de siempre. Incluso aquella mañana en la Bóveda se mantuvo tan tranquilo como de costumbre.

A las once de la mañana, como un reloj, los miembros de ambos equipos salieron entre vítores al campo de Quidditch. Muchos tenían prismáticos pues a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo. Caterina, Maggie y Brigit se sentaron en la grada más alta. Habían hecho una pancarta con una moura que Maggie había dibujado y hechizado para que brillara y se moviera, junto con el texto: "Moura campeón". El profesor Gonzalo Garza Luján, un hombre alto y rechoncho que enseñaba vuelo a los alumnos de primer año, hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano. Brigit se cuestionaba seriamente que esa escoba pudiese soportar el peso de aquel profesor, así como cómo enseñaría a volar a los alumnos.

-Bien mozos, quiero un partido limpio y sin problemas.- dijo cuando estuvieron reunidos a su alrededor ambos equipos.

El profesor miró significativamente al capitán de la casa Moura, Breogán, quien era bien sabido su afán por ponerse más competitivo de lo recomendable durante los partidos y en especial con cierto miembro de su equipo.

-Montad en vuestras escobas, por favor.- les dijo mientras tomaba la quaffle.

Todos subieron a la vez a sus escobas. El profesor Garza dio un largo pitido con su silbato y quince escobas se elevaron en el aire muy alto. Los cazadores se colocaron en el centro del campo, los guardianes tomaron sus posiciones frente a los aros, los golpeadores se pusieron en la retaguardia esperando la liberación de las bludgers y los buscadores se elevaron para tener una vista más amplia del campo. Una vez todos en posición, las bludgers y la snitch dorada fueron liberadas. El profesor puso la quaffle en posición, emitió un nuevo pitido y lanzó la quaffle al aire dando por comenzado el partido. Una gran ovación sacudió entonces el estadio.

-¡La quaffle está en el aire! Y es atrapada en un visto y no visto por Bruno Llagaria Bru de Ataecina. ¡Qué portento de cazador! ¡Qué estilazo, qué pelazo! ¡Qué cuerp...!

-Llagaria...

-Ya paro, directora Moura.

El comentarista del partido, Blasco Llagaria Sorní, era el primo del mencionado cazador y le tenía vigilado muy de cerca la propia directora. Sin embargo, le habían comentado a Brigit que sus ocurrentes comentarios era de lo que más solía gustar durante los partidos. Y todos parecían preguntarse qué ocurriría después del año próximo tras su graduación.

-¡Pero qué bien golpea Alicia Álvarez Nova! Parece que esta chica hubiese nacido para aporrear bludgers. Qué maravillosa incorporación al equipo de la casa Moura. El gran descubrimiento del capitán Ricitos de Oro...

-¡LLAGARIA!- le reprendieron varios profesores.

Pero ya era demasiado tarde. El comentario ya estaba hecho y todo el campo prorrumpió a carcajadas. Brigit no estaba segura de qué hacer. Por un lado, quería dejar salir la risa que luchaba por contener puesto que el capitán Ricitos de Oro no era santo de su devoción. Pero por otro lado, se iba a reír de una burla a alguien de su propia casa. Sin embargo, sus dudas se despejaron al ver a varios compañeros de casa reírse también, incluida Caterina. Así que optó por acompañarles.

-Otra vez el encantador Llagaria se hace con la quaffle. Va a lanzar y… ¡NO! Ha cogido la quaffle el gran amado del campo. ¡Este Ismael Ferro Campo nos tiene locos a todos con esos movimientos! Especialmente a ellas...

-Llagaria, se está pasando.- le advirtió la directora.

-Mis disculpas directora Moura. Pero todos sabemos quién es hoy el favorito...- respondió Blasco con una sonrisa pícara- Aunque es evidente que el mejor pelazo es el de los Llagaria.

El estadio seguía animado entre risas y la emoción del partido. Incluso algunos profesores luchaban por mantener la compostura por los comentarios de aquel simpático alumno.

-Óscar Otero Varela vuela como un ruc en busca de su presa. Está a punto de... ¡Toma! Lo detiene con una excelente jugada nuestra golpeadora estrella y capitana: Isabel Pérez de Cabrera, que casi hace que el pobre Óscar se quede sin dientes. Moura ha perdido la quaffle y vuelve a estar en posesión de Ataecina. Está la cazadora Carola Blanco Benítez demostrando un excelente vuelo sobrepasando al equipo rival. Se eleva del terreno de juego y... ¡Auch! Eso ha tenido que dolerle. Un golpe de bludger en el hombro propiciado por la imparable Alicia. La quaffle en poder de Moura de nuevo. Adrián Pereira Arias va cogiendo velocidad hacia los postes de gol, evita una bludger de Isabel por los pelos, los postes de gol están ahí... La guardiana Mercè Moreno Torres se lanza... no llega y... ¡GOL DE MOURA!

Los gritos de la casa Moura llenaron el lugar, junto con los silbidos y quejidos de Ataecina. Por encima de ellos, Breogán volaba sobre el terreno juego esperando alguna señal de la snitch. Eso y quejándose de las paradas de Ismael. El partido siguió su curso y estaba bastante reñido entre ambos equipos. Su casa iba ganando con una notable diferencia, principalmente porque Ismael (por más que se quejase Breogán) paraba prácticamente todos los tiros. Aunque Moura había pasado a la ofensiva en más ocasiones, la golpeadora Isabel iba rauda y certera a por las bludgers para cortar sus ataques. Brigit se fijó por primera vez en la chica. Aunque compartían algunas clases, nunca se había parado a observarla. Lo único que sabía de ella era que era andaluza, de Almería concretamente. No era muy alta pero tenía un cuerpo atlético, tez morena, ojos marrón oscuro y pelo negro ondulado que ahora llevaba recogido en un moño. Si bien varios mechones se le habían escapado debido al ajetreo del partido. A Brigit le parecía una chica bastante guapa. Daba órdenes a su equipo de manera eficaz y decidida. Al contrario que el capitán de su equipo que ahora estaba más centrado en recriminar las acciones de Ismael que en buscar la snitch. De hecho, el profesor Garza ya le había llamado la atención en un par de ocasiones para vergüenza de su casa.

-Ataecina retoma posesión.- decía Blasco con tono emocionado- El cazador Adrián esquiva la bludger con gran maestría buscando robar la quaffle a la elegante Carmen... ¡Un momento! ¿Habéis visto un destello dorado?

Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrián conseguía arrebatar la quaffle a Carmen e iniciaba el contraataque junto con los otros dos cazadores de Moura. Brigit creyó haber visto en efecto un destello dorado. Con la esperanza de que Breogán hubiese dejado su estupidez a un lado echó un vistazo para ver si iba tras aquel fulgor dorado. Tal fue su decepción al ver que estaba sermoneando a Ismael por su lentitud al parar el último tiro que no pudo evitar gritarle con todas sus fuerzas a pleno pulmón:

-¡Espabila, Ricitos de Oro!

El joven rubio se giró nada más oírla con chispas en los ojos, especialmente tras las risas que siguieron a su comentario. Ella, sin dejarse amilanar por su mirada envenenada, señaló al lugar en que había visto aquella centella dorada volar a toda velocidad. Él a regañadientes miró de refilón y entonces fue consciente de que realmente estaba allí y se lanzó en picado a por la snitch. Pero el buscador de Ataecina, Rafael Romero Ruiz, también la había visto y le llevaba la delantera. A toda velocidad, ambos se lanzaron hacia la snitch. Breogán era más veloz que Rafael, pero éste había tomado la delantera al ir primero a por ella. Podía ver la pequeña bola agitando rápidamente sus alas volando hacia delante y dando giros veloces hacia los lados como intentando despistarles. Breogán aumentó su velocidad para ponerse a la altura de su rival y ya estaba por alcanzarle cuando...

-¡PUM! Por los pelos de oro...- oyó decir a Blasco.

Por poco recibió un golpe de una bludger lanzada por Isabel, pero fue rápidamente repelida por Alicia y Mateo Martínez Iglesias, el otro golpeador de Moura. Breogán se giró y vio la mirada de suficiencia de Isabel. Eso le molestó casi tanto como el mote por el que se referían a él. Con un resoplido de indignación, y sin siquiera dar las gracias o felicitar a sus golpeadores por su rápida intervención, se lanzó de nuevo a toda velocidad a por la snitch. Estaba a punto de alcanzar a Rafael cuando éste dio un extraño giro y oyó al insufrible Blasco gritar:

-¡GOL DE MOURA Y RAFAEL SE HACE CON LA SNITCH!

Los vítores llenaron el campo. Breogán se paró en seco y maldijo en silencio. No sabía el resultado, pues no había estado demasiado atento a las puntuaciones. Sólo se había preocupado de que cada uno hiciera exactamente lo que él les había dicho que hiciera.

-Ha sido un partido muy emocionante y reñido. Y, con todo el pesar de mi corazón, debo anunciar el resultado final... ¡Moura 210 – Ataecina 200! Ese gol final ha asegurado, por los pelos, la victoria de la casa Moura. ¡Enhorabuena! ¡Habéis sido unos dignos rivales!

Hubo una gran ovación llena de aplausos y felicitaciones sinceras de ambas casas. Breogán sintió un sabor agridulce con aquella victoria, pero alzó la cabeza con orgullo y saludó a la afición. En las gradas, muchos miembros de la casa Moura respiraron aliviados. Brigit sentía una mezcla de alivio y disgusto. Si Breogán hubiese estado atento a lo que tenía que hacer, en vez de criticar sin parar, podrían haber ganado el partido antes. Estaba convencida de que ni siquiera se había molestado en buscar la snitch. "Tenía que dárselas de 'gran capitán' y eso no incluye cumplir su cometido al parecer", pensó disgustada. Muchos de sus compañeros de casa estaban precisamente comentando lo mismo que ella pensaba. Que "otra vez igual" o "si es que siempre con lo mismo" o incluso "esta vez ha sido por los pelos". Eso no hizo sino acrecentar su irritación. Siguió a Caterina hasta la zona por la que salían los jugadores, donde se encontraron con Cristian que les dedicó una sonrisa y una sincera felicitación.

-A ver qué tal lo hacéis contra nosotros.- comentó juguetón- Recordad que tenéis que tener cuidado. Puede que sólo tengamos un cuerno, pero está retorcido y es puntiagudo.

Esa referencia al animal que representaba su casa, el oricuerno, hizo que Brigit pusiera los ojos en blanco pero sonrió de todos modos. Tras unos minutos empezaron a salir los jugadores. La mayoría se iba con su grupo a charlar y discutir sobre el partido, pero las "grandes estrellas" de aquel encuentro iban siendo paradas tanto por miembros de sus casas como del resto. Ismael, al salir, se topó con un gran corrillo de gente a su alrededor alabando que, gracias a su increíble habilidad parando casi todos los tiros, había sido posible esa victoria. Él humildemente les daba las gracias pero recordaba que, sin todos los puntos que habían sido capaces de conseguir los cazadores, de poco habría servido su capacidad parando tiros. Estaba rodeado de multitud de chicas que le miraban con ojitos de corderillo.

-Siempre igual.- dijo Cristian por lo bajo mientras reía.

Brigit había notado que muchas chicas andaban rondando a Ismael, era bastante popular. Pero, aunque debía admitir que no era feo, tampoco es que fuera su tipo así que no le había prestado demasiada atención a su aspecto. Entonces vio salir a Breogán acompañado de su "comitiva" habitual y lanzarle una mirada emponzoñada a su amigo. Esa fue la gota que colmó el vaso. La joven sentía la sangre hervirle por dentro. Por poco habían perdido por su culpa y, encima, tenía que aguantar verle mirando a su amigo como si hubiese sido él la causa. Justo cuando estaban a punto de pasar por su lado mientras iban encaminándose de nuevo al castillo, Brigit no pudo morderse más la lengua y le soltó:

-Espero que estés orgulloso... Ricitos.

Breogán se paró en seco y se giró para mirarla a la vez que componía una mueca de rabia. Su melena, ahora húmeda tras refrescarse un poco en los vestuarios, estaba más rizada que como solía estar normalmente con sus ondas naturales. Brigit le sostuvo la mirada sin amilanarse ni retractarse. Escuchó a Caterina contener el aliento y notó a Cristian tensarse a pesar de ver que estaba sonriendo.

-No te atrevas a volver a llamarme así.- le advirtió él.

-¿Por qué?- repuso ella desafiante- Parece que sólo cuando te llaman así reaccionas. Como antes cuando ni te has dado cuenta de la snitch que ha pasado delante de tus narices.

-¿Ahora te las vas a dar de entendida del Quidditch?- respondió con una mueca burlona y mirándole por encima del hombro- Si hasta hace unos meses pensabas que las escobas sólo servían para barrer.

Sus amiguitos se rieron burlonamente e hicieron el gesto de barrer acompañado de una especie de bailecito, pero eso no sirvió para que ella se avergonzase y agachase la cabeza. Más bien produjo el efecto contrario y la cabreó más. Sin embargo, no fue ella quien saltó.

-E-esto no v-va de saber d-de Quid-Quidditch.- tartamudeó Caterina, dando su mejor esfuerzo para hacerle frente. Brigit la miró sorprendida, nunca le había visto plantarle cara.

-N-no m-m-me di-digas.- replicó Brais, uno de los seguidores de Breogán, mofándose- ¡P-por favor n-no me hagas da-daño! Mami, la sangre sucia me da miedo... ¡Buuaaa!- continuó mientras el resto reía. Caterina con cada palabra parecía ir empequeñeciendo.

-Sigue así y te mostraré que no necesito una varita para hacerte una cara nueva.- le amenazó Brigit dando un paso adelante.

-¿Ah sí?- replicó él mirándola por encima del hombro- Pues yo te mostraré una lección que no olvidarás, asquerosa sangre sucia.- le dijo mientras sacaba su varita.

Al tiempo que él sacaba su varita y empezaba a pronunciar su hechizo, Brigit sacó rápidamente su propia varita. En la mente de la joven emergió un hechizo que había visto hacía poco en uno de sus libros de Encantamientos. "Protego", fue la palabra que cruzó su mente mientras movía su varita del modo indicado en el libro. Un instante más tarde frente a ella, aunque invisible, un muro reflejó la luz del hechizo lanzado por Brais. Tras eso, todos los allí congregados quedaron en silencio. Brigit se giró para ver a sus amigos. Ismael, que había llegado poco después de que Brais comenzara a burlarse de su hermana, estaba al lado de ésta abrazándola. Ambos miraban a la joven pelirroja con marcada sorpresa y sin terminar de creérselo. Cristian por su parte, a pesar del asombro, la contemplaba maravillado. Breogán y sus acompañantes también parecían haberse quedado mudos por la impresión. No tuvo tiempo de preguntar qué les ocurría puesto que en ese momento aparecieron la profesora Pazo y el profesor Baeza.

-¿Se puede saber qué están ustedes haciendo?- preguntó muy seriamente la profesora.

-¿Qué clase de comportamiento es este?- inquirió el profesor casi al mismo tiempo.

-Verá maese Pazo, nosotros sólo estábamos...- comenzó a intentar excusarse Breogán.

-No quiero oír sus historias, señor Porto.- cortó la profesora, conteniendo su enfado- En especial si, como sospecho, están usted y el señor Ferro implicados.

-Maese Pazo, Ismael no...- empezó a decir Cristian.

-Como bien ha señalado maese Pazo,- le interrumpió el profesor Baeza- no queremos historias. El hecho es que han iniciado una disputa y han llegado a las varitas. Si acaso es que nosotros estamos confundidos, es ahora cuando deben explicar lo sucedido.

Silencio. Todos sabían que, independientemente de su implicación, entre ambos bandos había iniciado una pelea y habían hecho uso de sus varitas.

-Bien. Como veo que nadie me contradice, no tengo más remedio que castigarles.

-¡Pero maese Baeza, nosotros no...!- intentó protestar Quirce, pero se calló de inmediato al ver la mirada del su jefe de casa.

-Sus casas perderán 50 puntos por cada uno y deberán prestar servicio a los profesores que se les asignen mañana en el despacho de sus jefes de casa.- concluyó la profesora Pazo.

Ismael consiguió quedar exento del castigo después de que el profesor Baeza convenciera a la profesora Pazo que él se percató precisamente al ver a Ismael corriendo a la escena. En total entre los 8 estudiantes sancionados perdieron 800 puntos: Moura 200, Oricuerno 50, Ataecina 100 y otros 50 Nixe. "Pero él fue el que me atacó, yo sólo lo hice para defenderme", pensó Brigit rumiando que aquello era una injusticia. Antes de poder intentar decir nada, notó que alguien la tomaba por los hombros y la alejaba silenciosamente de allí. Vio a su lado al profesor Artefi quien, lejos de parecer enfadado, se le veía un extraño brillo en la mirada.

-¿Gran maese Artefi, qué sucede?- le preguntó confusa.

-Sólo maese.- corrigió y añadió- ¿Sabes lo que acabas de hacer, neskatxa?- le respondió él con otra pregunta y lanzándole una mirada indescifrable.

-Pues ser castigada por defender a mis compañeros y a mí.

-¡No, no! Kontxo[2]!- contestó chasqueando la lengua- Me refiero a cuando te has defendido de ese cabeza de chorlito.

-¿Se refiere al encantamiento?- preguntó aguantándose la risa- He leído que no es uno de los encantamientos de protección más potentes, pero no recordé ningún otro...

-Que haya otros encantamientos no es la cuestión.- dijo mientras suspiraba- Lo que has hecho se llama magia no verbal, neskatxa. Consiste realizar un hechizo sin decir el conjuro en voz alta... y no se comienza a enseñar hasta sexto curso debido a su dificultad.

Brigit se quedó sin palabras. Ahora entendía todas aquellas miradas de sus compañeros. En ese momento no había pensado, se podría decir que sólo actuó por instinto. Pero, si realmente ese tipo de magia era tan compleja, ¿cómo había ella conseguido realizarlo?

-o-

Unas figuras se movían al abrigo de la oscuridad de la noche. Debían de realizar una reunión de emergencia, pues un acontecimiento inesperado había requerido atención. Cuando los cinco llegaron al lugar acordado se respiraba la tensión en el ambiente.

-Hermanos,- comenzó una voz masculina con marcado seseo- os he pedido que acudáis con tanta urgencia porque creo que tenemos una importante pista para nuestra misión.

-¿Está relacionado con ellos?- inquirió una alta figura femenina.

-Todo parece apuntar que sí.- afirmó asintiendo- Cada día que pasa estoy más convencido.

-¿Es lo que nos has estado hablando últimamente Melquíades?- preguntó una voz masculina con marcado entusiasmo. Él asintió nuevamente.

- Si son ciertas tus sospechas, deberíamos movernos de inmediato.- sugirió una de las figuras, con voz grave y urgente- Nunca antes habíamos estado tan cerca de nuestra misión.

-Todo a su tiempo.- replicó Melquíades- Si nos apresuramos demasiado, puede que los aliados de nuestro Enemigo hagan su jugada.

-Llevan una temporada muy activos en las tinieblas. Convendría no llamar su atención por el momento.- coincidió la otra figura femenina.

-Seguiré vigilante. No podemos permitirnos que nuestros enemigos den un paso en su dirección.

Todas las figuras asintieron gravemente. Sabían que un error podía ser fatal. Conocían a sus enemigos y sabían que no tenían ni tendrían piedad alguna. Tras unas breves palabras más de Melquíades explicando todas las novedades y sus próximos pasos. Todos le desearon suerte para su próxima misión y se propusieron vigilar los movimientos de aquellos que se ocultaban en las sombras más profundas. Al concluir alzaron sus varitas al cielo para que su símbolo les iluminara en su camino de vuelta y les guiara en su misión...

Una estrella de doce puntas.


[1] Nieve en gallego.

[2] Expresión de disgusto en euskera o vasco. Equivalente a decir: ¡Carajo!, ¡Ostia!, etc.