CAPÍTULO 8: SAMAÍN

La historia de su "hazaña" corrió como la pólvora en el colegio. Notó cierto cambio de actitud en ciertas personas, muchos cuchicheos acompañados de risitas o miradas de pena se tornaron de la noche a la mañana en incredulidad o hasta admiración. No estaba segura de qué situación prefería. Lo único bueno de aquello es que Breogán y su panda estuvieron bastante tranquilitos durante un par de semanas. Si bien tampoco les duró demasiado, pues asumieron que la demostración de magia no verbal de Brigit de aquel día, lejos de ser una proeza, era producto de la casualidad. Así que no tardaron en volver a sus quehaceres habituales, esto es, a atacarlas a ella y Caterina si veían la más mínima oportunidad. Brigit les plantaba cara y comprobó, no sin cierta satisfacción, que había un brillo de prudencia en sus ojos cada vez que les insultaban o intentaban ningunear. Caterina, sin embargo, no había osado volver a replicarles por lo que Brigit estaba siempre dando la cara por ella. Su casa había sido la más perjudicada por el altercado, pues fueron 4 de los implicados y les restaron 50 puntos por cada uno. Al día siguiente, todos ellos –Brigit, Caterina, Breogán y Brais– fueron uno a uno entrando en el despacho de la jefa de casa para que les asignara el castigo adicional a su pérdida de puntos.

Brais fue el primero en entrar y le dirigió una mirada envenenada aunque con cierta aprensión debido a su demostración de magia no verbal. Estuvo riéndose bien a gusto cuando días más tarde se enteró que tendría que estar ayudando al profesor Alcoholado con sus funciones de Estudios Muggles durante todo el mes. Caterina entró después y se le asignó ayudar en la clasificación y ordenación de unos nuevos ejemplares recientemente traducidos para la biblioteca. Breogán entró justo después con cara de preocupación, seguramente inquieto por si el castigo consistía en tener que dejar el equipo o ser sancionado durante algunos partidos. Sin embargo, la profesora Pazo le encomendó la limpieza del almacén de pociones sin magia. Al fin le tocó el turno de saber su castigo, recordaba que estaba bastante nerviosa. Al entrar vio a la profesora Pazo sentada en su escritorio con gesto serio. Estaba escribiendo algo en unos papeles. Alzó levemente la vista para mirarla.

-Siéntese señorita Castro.- le dijo en tono serio la profesora.

Ella se sentó muy erguida y tensa en la silla frente al escritorio de la profesora esperando que ésta terminase de escribir. Fueron apenas dos minutos pero se le hicieron eternos. Esperó pacientemente a que la profesora hablase.

-Bien, señorita Castro,- le dijo al fin mirándola directamente a los ojos- espero que sepa que, si bien soy consciente de que usó la magia para protegerse, eso no le exime de culpa. Ya que, por lo que me han corroborado todos los testigos, usted inició la trifulca con el señor Porto.

-Lo sé, maese Pazo. Pero es que se comportó como un bebé durante el partido y cuando miró a Ismael como si la culpa fuese suya yo...

-No crea que no entiendo su rabia y frustración.- cortó la profesora- Pero debería ser lo suficientemente madura como para aprender a superarlo.

-Nunca pensé que llegarían a...

-Lo supongo.- volvió a cortarle- Pero sigue sin liberarle de culpa.

-Lo entiendo, maese Pazo.- se limitó a decir, si bien no estaba de acuerdo.

-Ahora debo asignarle un castigo oportuno a lo que ha hecho.- comentó.

Brigit se tensó en ese instante. Era consciente que la profesora, si bien parecía conocer bien a Breogán y su panda, había dejado bien claro que ella había iniciado la discusión. Por lo que deducía que obtendría un castigo en consecuencia.

-Maese Sánchez está teniendo numerosos problemas en atender ciertos... incidentes que están ocurriendo desde hace un par de semanas por el bosque.

-¿Incidentes?- repitió Brigit frunciendo el ceño.

-Parece que un espécimen no identificado se ha adentrado en el bosque y está ocasionando problemas a las criaturas que ahí habitan.

-¿Debo ayudar a maese Sánchez a encontrarlo?

-¡No, no! Menudo disparate... Sería una irresponsabilidad dejar a un alumno realizar algo tan peligroso. Pero sí que necesitará de su ayuda con sus quehaceres, tanto a ella como a nuestro guardabosque. Esas pobres criaturas no van a cuidarse solas.

Brigit frunció el ceño y miró confusa a la profesora Pazo. ¿En serio le estaba diciendo que ayudar a cuidar a unos animales heridos era su castigo?

-Espero que este castigo le enseñe a cuidar de un mejor modo a aquellos que la rodean. Y ahora, retírese.- concluyó.

Ella se levantó sin saber muy bien qué decir. ¿Era su modo de decir "sé que no pretendías que acabara así, así que te asigno esto porque es lo mejor que se me ha ocurrido"? Brigit no estaba segura, pero no se atrevía a replicar. Sin embargo, al poner la mano en el pomo de la puerta se atrevió a girarse y preguntar:

-¿Hasta cuándo debo realizar esta labor?

-Hasta que maese Sánchez se haya liberado del suficiente trabajo como para llevar a cabo sus labores habituales sin necesidad de asistencia.- sentenció la jefa de la casa Moura.

Y ahí estaba ella, dirigiéndose un día más a cumplir su "castigo". Ese día había quedado con la profesora Sánchez en la parte de la llanura donde el río que desembocaba en la marisma se perdía entre la espesura del bosque. Había quedado allí puesto que aquel día debían dirigirse al lago que había en medio de la arboleda y la manera más fácil de llegar era siguiendo el curso del río. Por lo que sabía aquella zona era sólo accesible sin supervisión a los alumnos de sexto y séptimo curso, aunque de vez en cuando se permitía el acceso a cursos inferiores con delegados en ocasiones especiales. Ismael le había explicado que el lago era el hogar de una colonia de nixe, una subespecie de aguas dulces de la Gente del agua. Al parecer, siglos atrás, el entonces director de la escuela decidió crear un lago artificial en medio del bosque para que los nixe que habían migrado allí tuvieran un lugar donde vivir más cómodamente. Así que en el lugar donde el río que provenía de la cordillera montañosa se juntaba con el río principal que venía de más allá del bosque y desembocaba en la marisma, creó el gran lago de frías aguas cristalinas que tanto se parecía al lugar de origen de los nixe. Cuando se lo dijo, Brigit se puso a investigar en la biblioteca acerca de la Gente del agua y de los nixe en particular.

Los nixe eran originarios de países norteños (escandinavos y Alemania principalmente) pues preferían habitar en aguas más bien frías, si bien se sabía que varias colonias se habían trasladado al sur del continente europeo. Aunque esta subespecie vivía en ríos y lagos de agua dulce, podían estar en aguas saladas pero sólo por un tiempo determinado. De hecho, sólo accedían al mar buscando expandirse a nuevos territorios cuando se veían incapaces de hacerlo únicamente nadando por aguas dulces. Curiosamente, aun proviniendo de aguas frías no guardaban apariencia con los selkies o merrow sino que poseían un mayor parecido con las sirenas tan conocidas por la mitología griega, pues al igual que éstas eran excepcionalmente bellos. Como es común en toda la Gente del Agua compartían un gran amor por la música. Era habitual ver a los tritones o nix tocando algún instrumento, acompañados de la melodiosa voz de las sirenas o nixie en los arroyos, los lagos y las cascadas para gran deleite de aquellos afortunados que lo escucharan.

Brigit se preguntaba si tendría la suerte de conocer aquel día a alguno de esos nixe y escucharlos cantar. Con esa idea en mente, aceleró un poco más el paso hasta el lugar acordado con la profesora. No obstante, al llegar allí no la vio sino a un chico de más o menos su edad. De lejos no supo reconocerle, pero no le dio demasiada importancia porque aún no se había quedado con muchas caras y, debía confesar, que no solía fijarse mucho en la gente. Al llegar el chico se giró para mirarla y Brigit contuvo el aliento. Era bastante alto y aunque no parecía muy musculoso daba la impresión de estar en forma. Su pelo era negro con cierto destello verde oscuro, largo hasta debajo de los hombros y con ondas pronunciadas. Su piel era extremadamente pálida, Brigit nunca había visto una piel tan blanca como la de aquel chico, casi parecía estar hecha de porcelana. Pero lo que verdaderamente le dejó sin habla fueron sus ojos. Éstos eran de color aguamarina, un tono azul verdoso, que brillaban como si de dos joyas se tratasen. Era un brillo tan impresionante que daba la impresión de ser "poco humano". El chico le sonrió y comenzó a acercarse a ella. Entonces fue consciente de que estaba con la boca abierta. Dándose cuenta de su grosería, cerró la boca levemente sonrojada y esbozó una sonrisa de disculpa. Sin embargo, el chico no pareció tenerlo en cuenta.

-Hola Brigit.- le saludó, su voz era suave y agradable- Maese Sánchez ha tenido que atender un asunto urgente. Me ha pedido que te guíe hasta el lago.

-Vale.- fue lo único que fue capaz de articular.

El chico volvió a sonreír y le indicó que le siguiera. Se adentró en el bosque tras él como un corderillo siguiendo a su pastor. No sabía lo que le pasaba, nunca antes había reaccionado así con nadie. Había visto cosas de lo más increíbles desde que había descubierto que era una bruja, pero a pesar de todo lo que le había dejado sin habla era fijarse en ese chico. Se sentía fascinada por el aspecto tan poco común. Cuando ya llevaban un trecho avanzando en silencio, se dio cuenta de que no se había presentado (aunque era evidente que él ya la conocía) y que ni siquiera le había preguntado su nombre. Le pareció muy maleducado por su parte.

-Perdona...- consiguió decir tras un rato, el chico giró la cabeza para mirarla con esos ojos tan inusuales. A Brigit le dio un pequeño vuelco el corazón- Lamento no haberlo preguntado antes pero, ¿cómo te llamas?

Lejos de parecer enfadado o molesto por su falta de educación, una chispa de diversión hizo brillar aún más sus ojos aguamarina.

-Me llamó Airón.- le dijo- Estoy en Nixe en quinto curso.

-¿Estás en el mismo curso que yo?- repuso ella sorprendida.

Brigit trató de hacer memoria con todas sus fuerzas. Su casa compartía varias asignaturas con la casa Nixe, si estaban en el mismo curso debería de haberle visto antes en clase. Sin embargo, por más que se esforzase no era capaz de recordar a ese chico. "Si le hubiese visto antes lo recordaría", pensó convencida. El joven pareció ver su esfuerzo por recordar y soltó una melodiosa carcajada.

-No te preocupes.- la tranquilizó mientras sonreía- Suelo sentarme al final de la clase y no hemos llegado a cruzarnos antes.

-Ya, pero aún así...

-Además,- continuó él- siempre estás con Caterina y, como mucho, con Ismael y ese chico de Oricuerno. Por lo poco que he visto, no te relacionas demasiado con el resto de la gente.

Eso era cierto. A parte de no fijarse demasiado en la gente en general, no era muy amiga de andar hablando y relacionándose con todo el mundo. No le gustaba. Aunque podía ser muy sociable, sólo lo era con aquellos con los que se sentía cómoda. Era una persona bastante desconfiada e introvertida. Pocas eran las ocasiones en la que, de buenas a primeras, se ponía a charlar animadamente con alguien que acababa de conocer. Caterina fue una de esas excepciones, pero claro ella había sido la primera persona que se había dignado a hablar con ella cuando llegó allí. Prosiguieron caminando un rato en silencio, siguiendo el curso del río entre los árboles. Brigit tuvo un recuerdo del bosque al lado su casa por el cual solía ir a caminar, claro que allí era un poco más costoso moverse ya que era un monte. Caminar en el bosque siempre le había tranquilizado, le ayudaba a despejar la cabeza cuando sentía que ya no podía más o cuando necesitaba un respiro. Sentía una sensación de sosiego aunque no había comprendido nunca el motivo de sentirse de aquel modo.

La joven pensó que le gustaría poder dar caminatas también por aquel bosque. Le habían explicado que, si bien estaba prohibida la entrada por la noche, los alumnos tenían libertad para moverse por allí. Solo que, según el curso, podían adentrarse más en éste. Brigit quería aprenderse hasta dónde llegaban los límites de su zona para poder retomar sus paseos habituales. Hasta el momento no se había animado a adentrarse, pues el bosque era bastante extenso y tampoco le hacía demasiada ilusión perderse. El límite para los alumnos de séptimo era los alrededores del lago, a donde ella se dirigía en esos momentos. Sentía una especie de satisfacción de poder ir a una zona "reservada" a los alumnos mayores. Claro que eso se debía a que estaría allí con la profesora Sánchez... y con Airón al parecer. A Brigit le dio un pequeño vuelco el corazón nada más ese pensamiento pasó por su cabeza.

-Ya estamos.- dijo Airón de pronto sobresaltándola.

En efecto, vio ante ella cómo el río "nacía" de una amplia extensión de agua limpia y clara que ahora se veía grisácea debido al reflejo del cielo nuboso de aquel día. Lo siguiente que captó su mirada y su atención fue que, en la zona en la que el río se juntaba con el lago, había una casa de madera. No era muy grande y estaba hecha de gruesas tablas de olmo macizo, con un alero frontal con gruesos pilares que creaban un pequeño porche. Era de una única planta y tenía una chimenea de piedra en el lateral opuesto al lago. Daba la impresión de ser la típica cabaña de verano del lago que aparecía en series y películas. Aunque se veía que no era nueva, tenía un aspecto cuidado. Brigit se preguntó quién viviría allí pues los profesores y resto de personal de la escuela vivían o bien dentro de castillo o en el pequeño "pueblo" que había en las empinadas callejuelas de piedra del monte donde se alzaba el castillo. Sabía que había un guardabosque, el basajaun, que vivía en una cueva a la linde del bosque, por lo que pensó que seguramente allí estaría su equivalente para la zona del lago. Cuán grande fue su sorpresa cuando vio a la profesora Sánchez aparecer por la puerta.

-¡Ah, hola señorita Castro!- la saludó con una sonrisa- Lamento no haber ido a buscarla, pero me ha surgido un pequeño... compromiso en casa. Muchas gracias por traerla Airón.

Brigit frunció el ceño por dos motivos: primero porque la profesora era la última persona que se le había ocurrido que viviera allí, y segundo porque acaba de llamar a su acompañante por su nombre. Le echó una mirada interrogativa, pero él la apartó un tanto incómodo. Cuando la profesora se acercó se fijó un poco más en detalle en ambos y una sospecha empezó a burbujear en su mente. Sospecha que fue confirmada a los dos segundos.

-¡Mami, hermanito! ¡Venid rápido!- gritó una niña desde el interior de la vivienda- ¡Ya están llegando los bebés!

Tanto la profesora como Airón salieron corriendo en dirección a la casa. Brigit no estaba segura de qué hacer, pero finalmente optó por seguirlos. Tuvo dudas de entrar sin ser invitada así que se quedó un rato esperando en la puerta sin saber qué hacer. A la izquierda de la entrada había una amplia sala de estar donde se hallaba la chimenea y, al lado de ésta, tres figuras se encontraban sentadas en el suelo alrededor de algo que era capaz de ver desde su posición. La profesora alzó la cabeza y la vio dudando en el umbral.

-Pase, no se quede ahí.- le dijo sonriendo.

Con cierta timidez, entró en la vivienda y se acercó a la profesora, Airón y la niña que estaba con ellos. Al acercarse vio en una improvisada cama hecha con cojines a un animal de lo más extraño. Recordaba a una comadreja pero su cuerpo delgado y alargado era de color verdoso con rayas negras. Sus ojos eran de color amarillo chillón y su hocico era bastante parecido al de los jabalíes. El animal estaba bastante herido. Tenía una pata rota, multitud de rasguños y le faltaba una oreja. Además, se estaba retorciendo debido a las contracciones que estaba teniendo. Al parecer iba a tener un parto difícil. A Brigit se le encogió el corazón al verla.

-¿Qué puedo hacer para ayudarle, maese Sánchez?-le preguntó sobrecogida.

-Lo está pasando muy mal, con esas heridas y esas contracciones... No han podido llegar en peor momento estos pequeños.- respondió ella, entonces la miró muy seria- Voy a necesitar preparar ungüentos y pócimas para aliviarle. O ella y sus crías podrían estar en serio peligro.

-Dígame lo que necesita y lo haré.- asintió Brigit muy seria.

-Gracias.- sonrió la profesora con sinceridad- Sirona, cariño, llévala hasta el armario de pociones y traedme poción calmante y los ingredientes necesarios para hacer bálsamo de Asclepias tuberosa.

-Claro mami.- respondió la niña con voz delicada, sonaba hasta musical- Vamos, sígueme.

En ese momento la niña se levantó y se giró para mirarla. Si antes había sentido que se quedaba sin aliento al ver a Airón, ahora definitivamente estaba a punto de esfumarse por completo. La niña debía tener entre los 9 y 10 años. Como su hermano, su piel era increíblemente pálida y parecía hecha de la más fina porcelana. Su pelo era rubio oscuro como el de su madre, el cual era largo –casi le llegaba a la cintura– y caía en unas hermosas ondas que le daban aspecto muñeca. Pero sus ojos... sus ojos sin duda eran lo que le hacían destacar, como pasaba con su hermano. Eran de un color blanquecino con brillos azulados que poseían un fulgor que no parecía de este mundo, a Brigit le recordaba a la piedra de luna que había visto hace unos años en una joyería. Iba vestida con un sencillo vestido recto en color azul oscuro de mangas hasta el codo y unas bailarinas negras. Cuando la niña le hizo un gesto para que le siguiera, Brigit sintió como que salía de una ensoñación. Fueron hasta la parte trasera de la casa donde estaba la cocina, allí había una puerta que daba a una alacena. Ésta estaba repleta de frascos con distintas formas y tamaños llenos de pociones de distintos colores, así como varias hierbas y otros ingredientes varios para elaborar pociones. La niña cogió un pequeño caldero que había en el suelo y empezó a llenarlo con distintos ingredientes.

-Hay algunos sitios que yo no alcanzo.- le dijo mirándole con esos ojos brillantes- Yo te digo dónde están y tú me los alcanzas, ¿vale?

-Claro. Dime qué necesitas.

-Primero en esa caja hay un montón de flores de color amarillo o anaranjado. Toma esta bolsita y llénala. Y justo al lado hay un frasco redondo con un líquido rosáceo, esa es la poción que necesita mamá.

Brigit le fue alcanzando todo lo que le pedía. En poco rato ya tenían todo lo que necesitaban y se fueron rápidamente de vuelta con la profesora Sánchez y Airón. Estuvieron dos horas ayudando a aquel animal a dar a luz. Mientras Airón con la asistencia de Sirona iba preparando el bálsamo, Brigit ayudó a la profesora a mantener lo más quieta posible a la criatura para que tomara la poción que le ayudaría a relajarse. Tuvieron que disolverla con agua porque, como señaló la profesora, aquella poción estaba pensada para los humanos y si bien le iban a dar sólo una gota era probable que fuera mucho para el animal. Podría afectar incluso a las crías, le dijo, así que debían ser precavidos. Cuando Airón y su hermana terminaron de preparar el bálsamo, la poción estaba empezando a hacer efecto y sus espasmos por las contracciones eran menores. Le aplicaron aquel bálsamo que ayudó a superar los múltiples dolores que tenía. Tras mucho esfuerzo, finalmente nacieron 7 crías pero 2 murieron a los pocos minutos. La profesora Sánchez tuvo que consolar a su hija ya que comenzó a llorar desconsoladamente. La niña fue con su hermano a enterrarlas bajo un árbol. Mientras tanto Brigit se quedó en la casa con la profesora que estaba monitorizando a la nueva mamá y sus crías sobrevivientes.

-Lamento haberle involucrado en esto.- se disculpó- Mi hija la ha encontrado hoy al salir a jugar y hemos tenido que correr para evitar que algo peor le pasase.

-No se preocupe maese Sánchez.- le respondió ella- No me molesta. He aprendido mucho hoy.

-Me alegro.

-A todo esto, ¿qué animal es este?

-Es un ramidreju, un curioso animal nacido fruto de un experimento que se produjo durante el siglo VII cruzando comadrejas y garduñas con escarbatos.- le explicó.

-¿Experimento? ¿Por qué?

-Querían usarlos para rastrear tesoros. Un grupo de magos conocido por ser parte de una de las mayores bandas de cuatreros del país, con idea de aprovechar las "habilidades busca tesoros" de los escarbatos, quisieron crear su propia criatura domesticable para ese fin.

-¿Y qué ocurrió? ¿Se escaparon y se asilvestraron?- preguntó ella intrigada.

-Sí, eso es.- asintió la mujer- Poco después de su creación dieron con la banda y sus miembros fueron arrestados, pero durante la contienda varios ejemplares escaparon.

-Vaya... Menudos inicios más trepidantes para la especie.- comentó Brigit.

-Sin duda.- rio la profesora.

También le explicó que los resultados del aquella experimentación hicieron que esos animales fueran bastante codiciados. Primeramente porque su piel era mágica y tenía la capacidad de curar diversas enfermedades, malestares y padecimientos. Pero la razón principal fue su capacidad de encontrar cualquier tesoro oculto con facilidad, sin importar lo bien escondidos que estuvieran. La captura de estas criaturas llegó a tal punto que el Ministerio de Magia tuvo que controlar y sancionar a cazadores furtivos. Poco tiempo después se crearon criaderos pues en toda la península se había extendido el uso de estos animales como mascotas ya que, al igual que el escarbato, eran criaturas muy apacibles y afectuosas con sus dueños. Sin embargo, al contrario que los escarbatos que podían destruir sus pertenencias en busca de cosas que brillan, el ramidreju al ser creado con el propósito de buscar tesoros solamente "registraba" la casa en caso de que su dueño se lo indicara. Esto los hacía los acompañantes ideales para magos y brujas "despistados" con los objetos de valor, así como personas con problemas de salud pues con su pelaje se podían elaborar diversos medicamentos.

-Sin embargo, es extraño que esta hembra estuviera preñada...- comentó frunciendo el ceño.

-¿Por qué maese Sánchez?

-La época de reproducción es entre marzo y mayo, en casos muy excepcionales puede darse en junio. Y, aunque tienen implantación diferida, no se ha visto ni un caso de hembras que hayan mantenido el zigoto más de dos meses.

-¿Dura mucho la gestación?- preguntó, la profesora negó con la cabeza.

-Unos 60 días... pero estas crías son prematuras. Es extraño, muy extraño.- repitió.

-¿Podría ser que haya un criadero cerca de aquí y se haya escapado?- planteó Brigit.

La profesora comenzó a negar con la cabeza pero de pronto se quedó pensativa. Tras unos instantes de reflexión, se giró para mirarla.

-Tiene sentido ya que un ramidreju salvaje no le habría permitido a mi hija acercarse. Y menos estando herida y embarazada. Puede que haya una granja ilegal por aquí cerca.

En ese momento volvieron Airón y Sirona que todavía tenía restos de lágrimas en sus preciosos ojos. Su hermano había puesto una mano en su hombro para consolarla. Cada vez que miraba a los hermanos, más fascinada se sentía. ¿Cómo era posible que tuvieran ese aspecto? ¿Por qué sus ojos tenían esos colores y parecieran brillar como joyas? ¿Y por qué tenían esa piel tan blanca de apariencia de porcelana? Su aspecto parecía casi irreal. Sin embargo, no se atrevía a plantear sus preguntas en voz alta porque le parecía meterse demasiado en el terreno personal y no quería ser indiscreta. A pesar de todo, la profesora Sánchez vio la curiosidad en su rostro a pesar de lo mucho que se esforzaba la joven por fingir que no se moría de la curiosidad. Así que, tras comprobar que el ramidreju y sus crías dormían apaciblemente, se levantó y les indicó que la siguieran. Salieron al exterior y caminaron por la orilla del lago. Brigit vio que se acercaban a un pequeño muelle que se adentraba en el mismo.

-¿Vamos a ver a papá?- preguntó de pronto la niña un poco más animada.

-Sí, ¿quieres llamarle, cielo?

Sirona sonrió y corrió hasta la plataforma situada al final del muelle de madera. Se situó en el borde y comenzó a hablar en un extraño idioma que la joven no había escuchado nunca. Era una tonalidad suave y melodiosa, casi como un arrullo. Brigit miró sin comprender. Al poco rato llegaron hasta la niña que miraba con gran atención el agua. Un par de minutos más tarde, vio unas sombras moverse bajo el agua. Contuvo el aliento. Miró a la profesora y luego a Airón, quien desvió la mirada notablemente incómodo. ¿Acaso era posible? Entonces del agua surgieron, justo frente a ellos, tres figuras: dos hombres y una mujer. El hombre más mayor tenía la piel muy pálida (de un blanco casi translúcido), branquias, manos palmeadas con finas membranas entre los dedos, pelo gris oscuro con mechas en distintos tonos de verde largo y ondulado y brillantes ojos color aguamarina. El chico más joven, que no debía de ser mucho mayor que ella, tenía los ojos grises, pelo rubio oscuro largo con una mecha verde oscura, piel muy pálida y con branquias. Y la mujer que parecía bastante joven tenía los ojos grises, pelo gris oscuro con mechas verdes en diferentes tonos, piel tan pálida que parecía traslúcida, con branquias y manos palmeadas con finas membranas.

-Le presento a mi marido, Velës, y a nuestros hijos mayores Élivágar y Vimur.

-Falta mi hermano mayor Alfeo, pero se ha ido de viaje.- comentó Sirona.

Brigit luchaba con todas sus fuerzas por no ser maleducada y quedarse con la boca abierta, pero aquella revelación le había dejado sin palabras. Era cierto que su apariencia le había parecido demasiado irreal para ser humana, pero no se había imaginado que fuesen medio nixe. Vio que Airón a su lado estaba revolviéndose incómodo. Brigit se preguntó qué le pasaría. El marido de la profesora Sánchez se acercó a la plataforma donde estaba su hija. Tendió sus manos hacia ella y ésta se agachó para que su padre pudiera tomar su rostro entre sus manos. Hubo un intercambio de palabras en esa extraña lengua que casi pareciera que estuvieran cantando una suave melodía. La joven pelirroja los miraba con fascinación, totalmente maravillada por lo que estaba presenciando, cuando de pronto notó que estaba siendo observada. Se volteó para mirar al lago y vio que la hija de la profesora la miraba con los ojos entrecerrados. Sintió como si su mirada la taladrara analizándola e intentado averiguar algo que no alcanzaba a entender. Se empezó a sentir terriblemente incómoda, como si su simple presencia fuese non grata. La joven nixie comenzó entonces a acercarse a la tarima, al llegar posó sus manos sobre las tablas de madera y se posó sobre ésta con delicadeza y elegancia. Todos sus movimientos parecían hipnóticos, se movía con una gracilidad que nunca antes había visto. Brigit se fijó entonces que tenía su pelo ondulado larguísimo, bastante por debajo de sus caderas. Su cola era de lisas y brillantes escamas plateadas. Parecía sacada de un cuadro. Si bien sus hermanos la habían impresionado, no alcanzaban el nivel de belleza de su hermana mayor.

-¿Quién eres?- preguntó mirándola directamente a los ojos.

Aunque su voz era suave y delicada, con un curioso acento que le daba un toque más exótico, su tono era frío y hasta con un punto hostil. Asimismo sus ojos brillaban con suspicacia y recelo. La joven se sintió un tanto molesta. No comprendía su actitud. No había hecho nada que mereciera que ella le mirara de ese modo. Antes de que pudiera responder, Airón se adelantó para hablar con su hermana.

-Se llama Brigit.- le dijo mirándola muy serio- Ha entrado este año en la escuela.

-Oh, ¿la no detectada?- preguntó, tanto Brigit como Airón asintieron- Llevas un par de semanas ayudando a nuestra madre. Te describe como una joven franca.- dijo alzando la ceja incrédula.

-¡Sí, es muy maja!- afirmó Sirona con voz alegre- Nos ha ayudado a cuidar a Rayitas.

-¿Ya le has puesto nombre?- se rio su madre.

Con eso la mirada de la nixie se suavizó un poco. Pasó el resto de la tarde con ellos. Los hermanos mayores de Sirona estaban bastante recelosos con ella pero, poco a poco, se fueron acercando y estuvieron charlando cordialmente. Tuvo hasta la suerte de escuchar cantar a Velës y su hija Élivágar, mientras su hijo Vimur les acompañaba tocando una especie de pequeña arpa. Airón comentó que su padre poseía una de las voces más hermosas de la colonia. Brigit no dudó de su palabra. Cuando ya empezaba a oscurecer se despidió de la profesora Sánchez y de su familia, no sin antes prometer a Sirona que volvería a ver a Rayitas. Airón, al ser estudiante, tenía la obligación de residir en el castillo así que ambos tomaron el camino de vuelta a la escuela. Como faltaba poco para la hora de la cena, tuvieron que atajar por el bosque ya que el camino que tomaron siguiendo el curso del río era más largo. Estuvieron caminando bastante rato sin hablar. Ella, aunque tenía muchas preguntas, no se sentía segura de plantearlas porque no tenía mucha confianza con él. Se pasó mucho rato intentando sacar algún tema de conversación que le permitiera saciar su curiosidad pero sin ser una metomentodo.

-Ayer leí un libro que decía que el sirenio suena muy rudo fuera del agua.- comentó intentando romper el hielo- ¿Cómo es que vuestro idioma suena tan... delicado?

-Es cierto que la mayoría de los dialectos del sirenio suenan toscos fuera del agua. En ocasiones es hasta desagradable para el oído humano. Pero el dialecto de los nixe es una de las pocas excepciones a esa regla.

-Ya veo. ¿Y tú lo hablas?

-Claro. Aunque mi padre conoce varias lenguas humanas, prefiere hablar en su idioma.

-Es normal. Mi madre es irlandesa y normalmente habla inglés e irlandés conmigo en casa.

-Así que tú también eres políglota.- le comentó Airón con una media sonrisa.

-O al menos lo intento.- repuso sonriendo- ¿Y cómo es que Sirona y tú no tenéis branquias ni membranas en los dedos de las manos?

La sonrisa de Airón se esfumó al instante, se removió un poco y compuso una mueca. No duró más de un par de segundos pero Brigit la vio perfectamente.

-Perdona.- se disculpó rápidamente- No quería meterme en temas personales.

-No, no te preocupes. Es solo que... no me gusta demasiado hablar de mi familia. Solo eso.

Aunque la joven se preguntó el motivo, no quiso seguir insistiendo. Era cierto que le había visto bastante incómodo toda la tarde. Si bien no entendía el por qué. Para desviar un poco el tema le estuvo hablando de cómo descubrió que era bruja. Airón contuvo el aliento cuando le contó que fue "a las bravas" derecha hacia el caballo alado. Ella le contó que, a pesar de que había descubierto cosas nuevas y fascinantes, muchas veces seguía imaginando que nada de aquello era real y que volvería a su vida de antes. Con sus amigos, sus clases sin calderos burbujeantes ni objetos que se transforman y sus paseos por el bosque. Él le escuchó sin interrumpirla, si bien le hizo alguna pregunta ocasional. No la juzgó en ningún momento por desear volver a su vida anterior, sino que más bien se mostró compresivo. Le dijo que había sufrido un cambio de vida demasiado drástico como para aceptarlo todo así por las buenas. Llegaron justo a tiempo para ir a asearse antes de bajar a la Bóveda para cenar. La casa común de Moura estaba en la torre exterior sur, cerca del pórtico principal, y la de Nixe estaba en la torre exterior oeste que estaba siguiendo varios pasillos desde la torre sur.

-Siento mucho haberte dado la chapa durante el camino.- le dijo cuando llegaron a la entrada de la torre sur- No pretendía soltarte todos mis problemas.

-Descuida.- le dijo él amablemente- La verdad es que tu historia con el granian ha sido de lo más interesante. Y lo de tu varita también. Tiene unos orígenes cuanto menos peculiares.

-Sí, la verdad es que siento curiosidad de saber algo más de Jerk el Excéntrico.

-Lo cierto es que yo también.- coincidió Airón.

-Si quieres podríamos quedar un día para investigar en la biblioteca.- sugirió.

Los ojos aguamarina de Airón se abrieron debido a la sorpresa. Brigit pensó que no debía atraerle demasiado la idea de pasar su tiempo libre investigando... y con ella.

-B-bueno, so-solo si te apetece claro.- se apresuró a decir- Si no quieres no pasa nada.

-No, no. Lo cierto es que estaría bien.- repuso con una sonrisa encantadora.

Brigit también sonrió y se dispuso a marcharse.

-Entonces, vamos hablando ¿vale?- se despidió.

Airón, todavía sonriendo, se acercó a ella y tomó su mano. Brigit sintió un repentino escalofrío y se le quedó mirando con los ojos muy abiertos. Él acercó su mano a los labios y le dio un sutil beso en la palma.

-Nos vemos en clase.- le dijo, soltó su mano y emprendió la marcha a su sala común.

Brigit se quedó unos instantes ahí parada, con la mano en alto, mirando como aquel chico se marchaba. De pronto comenzó a escuchar las voces de los primeros estudiantes que bajaban a cenar y fue consciente de que se había quedado allí parada a la entrada de la torre, con la mano alzada como una idiota. Sacudió la cabeza y se dio la vuelta para ir lo más rápidamente a cambiarse antes de dirigirse a la Bóveda. Se cruzó con Caterina pero apenas le hizo caso. Ni siquiera cuando comenzó a quejarse cuando Neve volvió a colarse en la habitación en busca de Pompón. Bajó con ella y con Ismael casi como si fuera una autómata. Intentó con todas sus fuerzas en centrarse en la conversación que tenía con sus dos amigos. Pero durante toda la cena permaneció con la cabeza burbujeándole y estuvo conteniéndose tanto podía para evitar mirar a la mesa de Nixe en busca de unos ojos aguamarina.

-o-

Los días iban pasando y notaba que sus progresos eran cada vez mayores. Sus profesores y compañeros de clase estaban verdaderamente asombrados con sus avances. La jefa de su casa, maese Pazo, le había dicho que si continuaba a aquel ritmo para navidades habría alcanzado el nivel necesario para no precisar más clases de refuerzo de años anteriores. Eso le hizo sentirse muy bien pues les dijeron que en breve harían una simulación del DEP. Así que librarse de tener que realizar clases extra le vendría muy bien para centrarse en dicho examen. Además éste determinaría qué oportunidades de trabajo podría tener en el futuro. Aquel año también era cuando los estudiantes recibían orientación vocacional por parte de sus jefes de casas. Brigit se preguntaba de qué le serviría dicha reunión, ni tan siquiera conocía qué trabajos podía realizar ni si alguno le atraería. "Lo cierto es que no he pensado más allá de asistir a la escuela", pensó algo preocupada. ¿Habría algún trabajo del mundo mágico que realmente le atrajera?

-Una aerea por tus pensamientos.- susurró una voz en su oído sobresaltándola.

Brigit, que estaba totalmente sumida en sus pensamientos, dio un salto debido a la sorpresa. Se estaba ya dando la vuelta para echarle una mirada asesina a Cristian, cuando se quedó helada en el sitio al ver que quien estaba tras ella no era otro que Ismael. En los ojos de éste había un marcado brillo de diversión y luchaba por contener la risa. Era una actitud que no solía ver a menudo, a pesar de que Caterina juraba y perjuraba que podía ser tan guasón como Cristian o incluso más. Brigit resopló y replicó con voz gruñona:

-No vendo mis pensamientos tan baratos.

-Ah, pues dos entonces.- repuso Ismael.

Brigit puso los ojos en blanco y volvió a sentarse en la ventana que daba al jardín. Estaba cerca de la entrada noroeste, la más cercana a la torre de la biblioteca. Se había quedado ahí esperando a que Caterina terminase su servicio, pues aquel era el último día de su castigo. Ismael, que estaba en la ventana del lado del jardín, dio un salto y se sentó en la ventana con ella.

-¿Qué te preocupa?- le preguntó, iba a responder cuando él se adelantó y le advirtió- Y no me vengas con "nada". Si no me lo quieres contar, no importa. Pero no me vengas con cuentos.

-No es nada... grave.- añadió rápidamente al ver el ceño fruncido de Ismael- Solo pensaba en qué sería de mí después de la escuela.

-O sea que los DEP te han dejado pensando.- supuso él.

Ella asintió. En realidad muchas más cosas rondaban por su cabeza, pero tampoco quería aburrirle con sus problemas y "dramas". Suspiró por enésima vez aquel día. Ismael, al verla, le dio un golpecito en la frente.

-¡Au!- se quejó ella.

-No tiene sentido que te comas la cabeza por esto ahora.

-Pero los DEP...- comenzó a protestar.

-Eso no importa ahora.- repitió y sonrió con amabilidad- Tú céntrate en seguir avanzando. Lo estás haciendo genial pero no debes dormirte en los laureles. Qué será de los DEP y tu futuro profesional es algo que podrás pensar en otro momento.

-La verdad no esperaba oír eso de ti.- le confesó- Pareces el típico que diría: ve a la biblioteca y no salgas de ahí hasta que tu cerebro reviente.

Ismael empezó a carcajearse. No era habitual verle reír. Para Brigit verle tan jovial todavía le resultaba raro. Quizás se debía a que ya tenían mayor confianza. Sería cuestión de acostumbrarse a ver ese otro lado del joven.

-No te voy a negar que pasar tiempo en la biblioteca no te vendría mal.- comentó sonriendo cuando terminó de reírse- Y ya sabes que si necesitas ayuda, no tienes más que decirlo.

Brigit se lo agradeció sinceramente. Había sido gracias a él que había podido avanzar tanto en tan poco tiempo. Había perdido mucho tiempo enseñándole y ayudándole con el temario que tenía atrasado. Pensó que debía buscar algún modo de agradecerle su ayuda. Tras hablar un rato más se despidieron pues había quedado con Cristian en el campo de Quidditch. Siguió a lo suyo leyendo un libro de adivinación de cuarto curso, "El sendero del bosque: La xilomancia" de Selina de Arce Blanco, cuando fue de nuevo interrumpida.

-Cúchame, pelirroja.- le dijo una voz femenina de acento almeriense.

Brigit alzó la cabeza y vio frente a ella a Isabel, la golpeadora y capitana de Ataecina. Le estaba mirando con cara de pocos amigos, en sus ojos marrones había una chispa de desafío. "¿Pero qué bicho le ha picado a esta?", pensó molesta. Estuvo a punto de contestarle en consecuencia pero se mordió la lengua... un poco.

-¿Puedo ayudarte en algo... morena?- le respondió.

-No te me venga de graciosa.- replicó ella molesta- Que tú y yo sabemo qué pasa aquí.

-¿Ah, sí?- preguntó alzando una ceja. En serio, ¿qué demonios pasaba con esa chica?

-No me haga que te tenga irritación.- le advirtió Isabel- Puede que Ismael no se haya dao cuenta, pero yo te tengo calá.

Brigit frunció el ceño. ¿Ismael? ¿Qué tenía que ver él con esto? Entonces, como si se accionara un interruptor, la chispa de la compresión se encendió en la mente de la joven.

-Me da un yonosequé cada vez que lo veo contigo.- continuó diciendo Isabel- Pero contrimás te esfuerces tú, yo lo haré el doble.

-Me temo que te estás confundiendo.- se intentó explicar ella.

-¿Tengo cara de tonta?- preguntó molesta- Puede fingir lo que quiera, pero a mí no me engaña.

-De verdad que no...

-No sé si me ves cara de estar apoyardao,- cortó la joven almeriense irritada- pero a mí no me la da pelirroja. Que te veo de vení.

Brigit respiró profundamente intentando calmarse, pero lo cierto es que la chica era tan tozuda que le estaba costando una barbaridad no soltarle alguna grosería. Iba a contestarle cuando Isabel la señaló con el dedo en modo acusador.

-Arremate verás que seré yo quien se lo conquiste.- proclamó con convicción.

Se dio la vuelta y se marchó tan rápido como había aparecido. Brigit resopló por su actitud. Le parecía estupendo que le gustase Ismael, pero había que ser muy idiota para pensar que ella podía estar interesada en él. Era cierto que se había hecho más cercana a él últimamente y que habían pasado juntos mucho tiempo, pero se debía a que le había estado ayudando a ponerse al día con sus estudios. Y seguramente no lo habría hecho de no ser porque el primer día Caterina decidió hablar con ella. Esperaba que aquello no fuese más que un caso aislado. Lo último que le faltaba ahora era tener que aguantar a las hordas de fans de Ismael.

-¿Por qué se ha marchado así Isabel?- escuchó decir cerca de ella.

Se giró y vio a Caterina que parecía que acababa de llegar. Le estaba mirando con curiosidad e interrogativamente. Brigit sonrió y se acercó a ella.

-Parece que no le gusta que esté cerca de tu hermano.- respondió.

-Oh.- dijo abriendo los ojos sorprendida- Vaya, así que era eso.

-¿Lo sabías?- inquirió Brigit.

-Lo sospechaba.- sonrió Caterina- Aunque él no se entere, mi hermano está bastante codiciado.

Brigit se echó a reír. Era cierto que Ismael no parecía el típico que se preocupa por amoríos y cosas por el estilo. Aunque ahora comenzaba a conocer más facetas del que había conocido como el "serio delegado" y "estudiante modelo" así que, ¿cómo podía asegurar hasta qué punto estaba él enterado de las cosas?

Aquella noche cuando entró a la Bóveda acompañada de los mellizos, justo cuando pasaron al lado de la mesa de Ataecina vio a Isabel por el rabillo del ojo echando chispas. "Muy discreta, sí señor", pensó mientras se contenía por poner los ojos en blanco. Decidió ignorarla y seguir su camino hasta la mesa de su casa. Con tan mala suerte que se toparon con Breogán y Brais justo antes de sentarse.

-Vaya... Pero si es el trío sangre sucia.- soltó Brais despectivamente.

-Vaya...- replicó rápidamente Brigit imitándole y mirándoles por encima del hombro- Pero si son Ricitos de oro y su osito faldero.

Ismael empezó a reír a mandíbula batiente, así como otros alumnos que estaban cerca. Aunque se veía que muchos de ellos, incluyendo a Breogán y Brais, no habían entendido la referencia que acaba de hacer Brigit, eran plenamente conscientes de que había sido un insulto en toda regla. Los ojos de ambos muchachos brillaron con furia.

-¿A quién llamas "faldero", maldita san...?- comenzó a replicar Brais.

-Es curioso,- le interrumpió Ismael después de dejar de reír- pero más que "osito faldero" parece su fiel y domado puffskein.

Ese comentario sí que lo entendieron todos los presentes y varios alumnos, incluso de otras mesas, comenzaron a reírse de manera mucho menos disimulada que antes. Ese comentario de Ismael hacía referencia a la forma esférica de la cara de Brais y a su pelo de color natillas que era tan fino que, con la humedad que había en la zona, hacía que pareciera una bola amarilla y esponjosa. Era raro que Ismael se metiera en el "juego" de Breogán y su panda, pero las pocas veces que Brigit lo había visto les solía dejar para el arrastre. Por eso era poco habitual que se atrevieran a meterse con él y, por ende, iban a por Caterina cuando no estaba en compañía de su hermano porque ella no era capaz de replicarles. Brigit estaba haciendo todo lo que estaba en su mano para ayudarle a que ella tampoco precisase de su ayuda o la de cualquiera otra persona para enfrentarse a ellos, pero sabía que después de tantos años le iba a costar mucho. Antes de que Brais o Breogán pudieran decir nada oyeron un suave carraspeo a sus espaldas. Los cinco se giraron y vieron a la profesora Pazo lanzándoles una mirada de advertencia. Sin decir una palabra, pero lanzándose unas miradas agrias, todos se sentaron.

Todos los alumnos y profesores habían llegado ya y se estaban sentando. Cuando todos se acomodaron, la directora se levantó de su asiento y la Bóveda se sumió inmediatamente en el silencio. Por más que lo viera, a Brigit le seguía impresionando el aura de autoridad que rodeaba a la directora y ese respeto que era capaz de transmitir. Al hablar, lo hizo con voz firme y clara.

-Buenas noches, alumnos. Antes de comenzar con la cena debo anunciarles algo. Esto ya lo saben nuestros alumnos mayores y, sin duda, los recién llegados seguramente ya han oído hablar de ello. Pero permítanme que realice el anuncio oficial.

Brigit le escuchaba intrigada. Se preguntó de qué estaría hablando.

-Como bien saben, una vez al mes celebramos nuestro cónclave para mostrar a las otras casas los conocimientos que hemos adquirido. Pero este mes es uno de los especiales, pues se celebra el Samaín[1].

Todos los alumnos comenzaron a hablar animadamente ante la expectativa del próximo acontecimiento, pero fueron acallados rápidamente por una simple mirada de la directora.

-Como todos los años,- prosiguió- realizaremos un cónclave especial. Así que les pido que el día 31 acudan todos al banquete especial ya ataviados con sus ropas para la ceremonia, pues justo tras la cena les conduciremos hasta el lugar de reunión.

Y con esas palabras, junto a la gran expectación que generaron, la directora Moura se sentó dando así por iniciada la cena que estuvo llena de animadas conversaciones que giraron en torno a adivinar qué realizarían aquel año.

-El año pasado estuvo genial.- comentó alegremente Caterina- Nos llevaron a las montañas a una llanura rocosa entre dos de sus picos desde donde se veía todo el valle.

-Además, tuvimos mucha suerte porque estaba despejado.- agregó Ismael.

-¡Cierto! La verdad es que el cielo estrellado era precioso...

-Eso sí, hacía un frío de narices. Y encima allí en las montañas era más acusado y el viento daba gusto.- comentó su hermano con cierta ironía.

Brigit soltó una carcajada. Le estuvieron comentando otras ceremonias especiales que tuvieron para Samaín. Una que le gustó especialmente fue la preferida de Ismael que sucedió durante su segundo año, en la que se fueron en barca hasta las grutas de acceso a la escuela y estuvieron al abrigo de las rocas fluorescentes. Sentía una gran expectación por saber qué harían en aquella ocasión. En un momento dado de la conversación, alzó la vista y a lo lejos vio unos llamativos ojos de los cuales le costaba apartar la mirada. El chico desvió la mirada para toparse con la suya, haciendo que su corazón diera un brinco. Con cierta timidez, alzó un poco la mano y le saludó. Él, imitando su gesto, le devolvió el saludo. Ella sonrió como una tonta y no pudo evitar acordarse de la tarde que pasaron un par de días antes en la biblioteca.

Como habían hablado el día que se conocieron, quedaron para investigar sobre el creador de su varita: Jerk el Excéntrico. No hablaron mucho sobre temas personales, pero Brigit pasó una tarde muy agradable con él. Era amable, ocurrente e inteligente. Sus notas no eran las más altas de la escuela, ahí estaba Ismael luchando por mantener su puesto número 1 imbatible, pero se encontraba entre las más altas de su casa. Se pasaron toda la tarde sumergidos entre tomos y tomos de libros sobre varitas famosas, métodos de fabricación y fabricantes destacados. Pero no encontraron ni rastro de Jerk, si bien sí que habían encontrado una breve historia sobre su varita aunque ésta no era mucho más extensa que la que ya le contó la señora Pazo meses atrás. Por ello decidieron acudir al bibliotecario, un hombre mayor de marcadas arrugas y pelo canoso con gesto afable. Les confirmó que efectivamente no había libros sobre él, al menos en la zona en la que podían acceder los de su curso. Pero les prometió revisar en los pisos superiores por si hubiera alguna referencia y, si no era el caso, intentaría buscar algún libro para traérselo. Ellos le agradecieron su amabilidad y acordaron pasarse de vez en cuando para ver si ya tenían su tan ansiado volumen.

La joven se mordió disimuladamente el labio inferior. Sin duda la investigación en la biblioteca había sido un pretexto excelente, pero ahora que estaba parado se había quedado en pausa. Y ahora sólo le daba vueltas a la cabeza pensando en una nueva excusa.

-o-

Apenas una semana más tarde se encontraba frente al Pórtico Principal esperando a Airón para ir al lago. Después de comprobar, decepcionada, que no volvió a verle durante sus "castigos" decidió aprovechar lo que más tenía a mano. Y no era otra cosa que la promesa de volver a ver a Rayitas. Se le ocurrió justo cuando la profesora Sánchez le comentó que las crías y la madre evolucionaban favorablemente. Así que, cuando "casualmente" se topó con Airón en la clase de Herbología, aprovechó para comentárselo y pedirle que la acompañara para "guiarla" hasta el lago por si se perdía. Le parecía una excusa un tanto pobre, pues siguiendo el curso del río no había pérdida posible para llegar hasta allí. Pero el joven aceptó y ese sábado por la mañana quedaron para ir a ver a su hermana Sirona y a Rayitas. El corazón de Brigit estaba acelerado y hacía un gran esfuerzo por controlar su respiración agitada y sus latidos desbocados. Al ver a Airón acercarse, no obstante, no pudo evitar sonreír como una tonta.

-Buenos días, Airón.- le saludó intentando contener su entusiasmo.

-Hola, Brigit.- saludó él con una sonrisa amable- ¿Y eso?

Airón señaló al estuche alargado rectangular de color negro con detalles en verde oscuro que llevaba colgado del hombro. Ella sonrió un tanto avergonzada.

-Es la funda de mi flauta travesera. Sé que no toco ni la mitad de bien que tu familia, pero quería compensar por algo por lo del otro día.

Él no dijo nada sino que se limitó a sonreír, pero ella alcanzó a ver había un intenso sentimiento en lo profundo de sus ojos. Si bien no supo identificar cuál. Así juntos se encaminaron a la casa de la profesora. Brigit estuvo hablando de asuntos sin importancia, como de su amiga Rosa que en esos momentos estaba estudiando música en Alemania. Al llegar a la cabaña vieron a la profesora Sánchez cuidando de su pequeño huerto de plantas para pociones. Ellos la saludaron y se encaminaron a la casa. Airón pasó sin llamar siquiera. Nada más cruzar el umbral, Brigit oyó una voz repleta de alegría.

-¡Has venido!- gritó Sirona al verla.

La niña se levantó del suelo y fue corriendo hasta ella. Brigit seguía fascinada con la gracilidad de sus movimientos. Definitivamente, parecía una muñequita. Sirona la tomó de la mano y la llevó hasta el lugar donde Rayitas estaba ahora amamantando a sus crías. La pequeña comenzó entonces a revelarle con tono jovial todos los nombres que había puesto a cada uno de los cinco cachorros. Brigit no pudo evitar sonreír al verla tan animada. Un rato más tarde entró la profesora y fue a cambiarse pues estaba llena de barro. En ese momento la niña se fijó en la bandolera que llevaba Brigit.

-¿Qué es eso?- le preguntó.

-Es mi flauta travesera. Como el otro día estuvisteis tocando música para que yo la escuchara, he pensado en hacer yo lo mismo.

Los ojos de la joven nixie brillaron como dos estrellas en medio de la oscuridad. Cuando volvió su madre de cambiarse, fue corriendo hasta ella y comenzó a dar saltitos de alegría.

-¡Mami, corre! Vamos a ver a papi. ¡Que Brigit nos va a dar un concierto!

-Bueno, tanto como eso...- susurró ella sonrojada.

-Has abierto la caja de los truenos.- rio Airón por lo bajo.

La joven bruja comenzó a arrepentirse de su idea. Rápidamente se encaminaron al lago, a la misma plataforma en la que estuvieron el otro día. Como entonces, la pequeña Sirona se acercó al borde y llamó a su padre y sus hermanos mayores. Los tres aparecieron a los poco minutos y la niña, visiblemente emocionada, les dijo que Brigit había venido para darles un concierto en agradecimiento por el que ellos le dieron la vez pasada. Los tres la miraron con repentino interés y se acercaron para quedar sentados sobre la plataforma de madera. Sirona también se sentó con las piernas cruzadas y una enorme sonrisa justo al lado de su padre. Airón y maese Sánchez también se sentaron. Todos la miraron con expectación. Había leído que la Gente del Agua sentía un gran amor por la música y que ésta estaba fuertemente presente en sus vidas y, en especial, durante sus celebraciones. Ella empezó a sentirse mucho más nerviosa, más incluso que cuando tenía que ir a algún concierto o recital del conservatorio donde daba clases. Se esforzó por respirar con normalidad. Miró disimuladamente a Airón quien le sonrió y moduló con los labios "ánimo". Eso le ayudó a sentirse mejor. Así que sacó su flauta, la armó y se puso en pie frente a su improvisado público. En esos momentos deseaba haberse pensado mejor qué iba a interpretarles. Así que, sin pensarlo demasiado, se decidió por tocar una de sus piezas favoritas de Händel el aria "Lascia ch'io pianga" de la ópera Rinaldo. Aunque la canción comenzó como una zarabanda[2] en la ópera Almira, Händel la usó por primera vez con letra en otra de sus obras y luego la modificó para su ópera Rinaldo (ópera con la que el aria es asociada por lo general). Era una pieza más bien lenta, pero a Brigit siempre le ponía los pelos de punta en especial cuando escuchaba la interpretación de la gran mezzosoprano Cecilia Bartoli.

Al terminar, la familia Sánchez al completo aplaudió complacida. Empezó a notar más sombras moviéndose en el agua y algunas otras cabezas asomarse a la superficie. Intentando ignorarlo, continuó tocando en esta ocasión "Der Vögelfanger bin ich ja" de la ópera La flauta mágica de Mozart. Poco a poco, más nixe fueron emergiendo del lago para acercarse a escucharla. Algunos se acercaban más a la plataforma y el muelle, mientras que otros preferían escuchar a una distancia "prudencial". Tras un rato tocando, empezó a relajarse e iba interpretando pieza tras pieza con fluidez sin importarle el público que tenía. Estaba terminando de interpretar la sonata "Claro de luna" de Beethoven cuando Sirona se levantó de un salto dando un gritito.

-¡Mami, papi! ¡Es Alfeo! ¡Ha vuelto!

Y se marchó corriendo por el muelle en dirección a un joven que se iba acercando a ellos. Brigit se dio la vuelta para ver al recién llegado. Ese debía ser el famoso hijo mayor de la profesora Sánchez que le había dicho su hermanita que se encontraba de viaje. Su aspecto era de lo más curioso. Tenía bastante mezcla de ambas especies. Sus ojos eran color aguamarina, pelo largo gris oscuro con mechas verde oscuro que llevaba recogido en una coleta, piel tan pálida que parecía traslúcida y con branquias. Sus manos parecían más humanas, pues no tenían esas finas membranas que tenían sus otros hermanos. Sirona llegó corriendo hasta él y dio un salto para agarrarse de su cuello. Él la atrapó con una carcajada y le dio un fuerte abrazo mientras se iba acercando. Su madre y su hermano Airón también se levantaron para abrazarle y saludarle, si bien fue un tanto complicado puesto que Sirona se negaba a soltarlo. Cuando se acercó a donde estaba ella, le sonrió con amabilidad.

-¿Y quién es esta encantadora joven cuyo concierto, groseramente, he interrumpido?- dijo con voz suave y musical.

-Es Brigit. Ha estado ayudando a mamá con su trabajo. Y hoy ha venido a darnos un concierto de flauta.- respondió Sirona antes de que pudiera hablar.

-Vaya, qué agradable por su parte.- dijo sonriendo- Encantado de conocerla, señorita Brigit, me llamo Alfeo. Para servirla.

Y tomó su mano para darle un suave beso en la palma. Brigit sonrió ante su galantería, que obviamente hacía para contentar a su hermana pequeña que reía jocosamente y se abrazaba a él con fuerza como si llevase años sin verlo. Se acercó a su padre y sus hermanos que lo saludaron alegremente así como otros nixe que había cerca.

-Bueno, si me lo permitís, siento que me estoy deshidratando así que voy a ponerme cómodo.

Dicho esto, se quitó los zapatos que llevaba y se subió los pantalones hasta las rodillas dejando ver sus piernas. Solo que no eran unas piernas humanas, sino que parecía más bien como si su cola de nix se hubiese dividido en dos. Sus "piernas" estaban cubiertas de lisas escamas plateadas y tenía unos pies palmeados. Seguidamente metió los pies y parte de las piernas en el agua y exhaló un suspiro de alivio. Brigit lo miraba incrédula. Alfeo captó su mirada y le sonrió con gentileza. Ella se atrevió a preguntar:

-¿Has dividido tu cola con magia para andar por tierra?

Sus hermanos, menos Sirona, se tensaron ante la pregunta pero él continuó sonriendo.

-No, nací así.- le contestó- Aunque gran parte de mi cuerpo es humano, mis piernas están cubiertas de escamas y mis pies están palmeados. Es como si tuviera una cola divida.

-Guau... Como mola.- dijo Brigit con sinceridad.

A su lado su hermana Élivágar abrió los ojos con sorpresa y empezó a mirar a Brigit con otros ojos. Su hermano Vimur le sonrió entonces abiertamente y los ojos de Velës y la profesora brillaron con calidez. Airón, por su parte, la miraba fijamente con expresión indescifrable. Brigit no entendía esa repentina actitud. Pero notó un increíble cambio a partir de ese momento, en especial por parte de Élivágar y Vimur. De hecho, Élivágar hasta se ofreció a darle clases de sirenio porque le había visto muy interesada cada vez que ellos hablaban. Pasó una tarde fantástica con la familia de Airón y los otros nixe. Estuvieron tocando y cantando hasta la caída del sol, momento en el que la profesora Sánchez les recordó que debían volver al castillo para la cena. En aquella ocasión ella les acompañó puesto que su hijo Alfeo iba a quedarse con Sirona y tenía una reunión con la directora. Después de despedirse y prometer nuevamente a la pequeña de los Sánchez que volvería de visita, se encaminaron los tres de vuelta al castillo. En el camino Airón se mantuvo muy callado, parecía estar profundamente sumido en sus pensamientos. Pero la profesora Sánchez sí que estuvo muy parlanchina.

Le indicó que habían averiguado que, como había sospechado, había una granja ilegal de ramidrejus al otro lado de la cordillera no muy lejos de la escuela. Habían informado al Departamento de Control de Criaturas Mágicas y habían procedido a la detención de las personas implicadas así como al cierre del criadero. Habían llevado a los animales a unas instalaciones especiales para su recuperación y posterior puesta en libertad. Brigit se sintió muy contenta de escucharlo. Aquella noche durante la cena les contó a los mellizos todas sus andanzas de aquel día. Ambos le escucharon con atención e intentó no emocionarse demasiado cada vez que hablaba de Airón. Mientras hablaba notó un extraño brillo en los ojos de su amigo, pero no le dio mayor importancia. Ella no podía dejar de pensar en las ganas que tenía de volver a pasar un día en el lago como aquel.

-o-

Al fin llegó el tan esperado día, ya había llegado Samaín y la emoción se notaba en el ambiente. Las clases se les pasaron a todos como si fueran a cámara lenta, no veían el momento en que escucharían la campana por última vez aquel día que significaría que ya no quedaba nada para el gran acontecimiento. Muchos alumnos habían hecho apuestas sobre qué se haría en aquella ocasión. Había ideas de lo más locas. Desde ir volando sobre caballos alados para dar la ceremonia en los cielos, hasta ir a habitaciones secretas dentro del castillo. A Brigit realmente no le importaba qué fueran a hacer. Si tan solo llegaba al nivel de su primera ceremonia, para ella ya sería increíble. Antes de bajar a cenar, tal y como les habían pedido, se puso su traje de Panoramix (como lo había bautizado) y bajó con Caterina a la Bóveda. Sentía que aquel día nada podía estropear con su buen humor, hasta que tuvo la desgracia de cruzarse con Araitz y su "noble séquito". Para variar, compuso una mueca de repulsión al verlas. Gesto que ella imitó, pues la falta de aprecio era mutuo.

-¡Uf! Con lo bien que iba mi día.- comentó con ese tono despectivo que le caracterizaba- Y estas sangres sucias han tenido que venir a apestarlo con su mugre.

-Si tan potente es ese mal olor que notas, es porque está muy cerca de tu nariz.- repuso Brigit.

-¡Maldita insolente!- replicó ella echando chispas por los ojos- ¿Cuándo vas a aprender dónde está tu lugar?

-Cuando te bajes del pedestal al que te has subido.- le dijo mirándola desafiante- Y como eso no va a pasar pues...

-Voy a tener que enseñártelo entonces.- declaró mientras llevaba la mano a su bolsillo.

-Está muy bien aprender, pero las lecciones han finalizado por hoy.- dijo una voz seria.

Todas se giraron y vieron a Ismael mirándolas con gesto serio. Cristian que estaba a su lado también estaba increíblemente serio. Ambos se acercaron a ellas y notó que Araitz se removía visiblemente incómoda. Ismael clavó en ella sus ojos verdosos.

-¿Hay algo en tu bolsillo que nos quieras enseñar?

-N-no, no es na-nada.- tartamudeó ella bajando la mirada.

-Bien entonces id yendo todos a la Bóveda. Cuanto más tardemos en la cena más tardaremos en ir a la ceremonia.

Ella asintió dócilmente, apartó la mano del bolsillo y tras alzar nuevamente la cabeza con ese gesto altanero se marchó de allí seguida de su comitiva. Brigit se fijó en que, si bien fue sólo un instante, Araitz volteó la mirada hacia atrás para mirar a Ismael de una manera que nunca le había visto. Luchó con todas sus fuerzas para no soltar una exclamación de sorpresa. No podía ser... De todas las personas ella era la última que hubiera esperado que estuviera enamorada de Ismael. Ya había notado en alguna que otra ocasión que, cuando él estaba cerca, actuaba de otro modo aunque siempre lo atribuyó a que no se atrevía a atacarlas estando él presente puesto que era un delegado. Pero esto... esto sí que era inesperado.

Tras esto se dirigieron a la Bóveda y Brigit soltó una exclamación de asombro al verla. La habían adornado con calabazas flotantes con una vela encendida en su interior, cada una con una cara diferente. Unas con sonrisas alegres, otras siniestras y otras tristes. Había también serpentinas colgantes y murciélagos de papel volando por la estancia. Brigit se quedó muy sorprendida de ver también volando nabos tallados con velas en su interior flotando junto a las calabazas, pues la costumbre original de los celtas era vaciar nabos. Las calabazas no se usaron hasta más tarde debido a una tradición irlandesa. La comida fue incluso más espectacular esa noche. Se prepararon deliciosos platos, tartaletas y pasteles (tanto dulces como salados) inspirados en Samaín. Brigit comió a destajo. El ánimo festivo se notaba en el ambiente. Al finalizar la cena cuando vieron levantarse ceremoniosamente a la directora, cayó el silencio en la estancia lleno de expectación e intriga. Los jefes de casa acudieron a las mesas de sus casas e indicaron a los alumnos que se ordenaran por años. Los profesores, precedidos por la directora se dirigieron a la salida de la Bóveda. Los primeros en salir fueron los de Basajaun liderados por maese Barandiarán, los más cercanos a la puerta, seguidos de Nixe. Luego fue Ifrit, Ataecina, Moura y finalmente Oricuerno. Algunos profesores se quedaron esperando en la puerta y cerraron la marcha tras los alumnos de séptimo de Oricuerno. Aquella noche tuvieron suerte pues el cielo estaba estrellado y despejado, lo cual resultaba increíble ya había estado todo el día nublado y lloviendo a ratos. De hecho, el suelo todavía estaba encharcado. Brigit se preguntó si los profesores habrían usado algún hechizo para cambiar el clima. Si bien no sabía si eso existía, aunque no le importaba.

Se adentraron, como era costumbre, en el bosque. Varios alumnos comenzaron a cotillear intentando adivinar su destino. La miraba de Brigit se iluminó cuando a lo lejos vio el lago, ahora aún más hermoso si cabe pues reflejaba, como si de un espejo se tratase, todas las estrellas del firmamento. Se colocaron en una zona alejada del muelle y de la casa de la profesora que, sorpresivamente, tenía las luces apagadas. Los profesores estaban en fila de espaldas al lago, con la directora justo en el centro. Frente a ellos había una enorme pila de madera. Los alumnos se fueron colocando formando un semicírculo alrededor de aquella pila, que se fueron distribuyendo en filas por curso (los de primero al frente hasta llegar a séptimo). De izquierda a derecha, las casas estaban situadas de la siguiente manera: Basajaun, Ifrit, Ataecina, Oricuerno, Nixe y Moura. Una vez todos se colocaron, con sus jefes de casa al frente de todos ellos, la directora dio un paso al frente y comenzó a hablar:

-Al fin ha llegado el tan esperado día. Muchos de ustedes miran con expectación deseando saber qué les hemos preparado este año. Por ello, no voy a extenderme en explicaciones innecesarias y procederé al inicio del cónclave de Samaín. Por favor, que los delegados y los jefes de casa den un paso al frente.- todos dieron un paso al frente- Preparen sus varitas y digan...

-¡INCENDIO!- gritaron múltiples voces en la oscuridad.

La madera entonces prendió y una enorme fogata iluminó el lugar. Y con la hoguera ya encendida, se dio por comenzado el cónclave. En aquella ocasión las demostraciones no estuvieron a cargo de sus compañeros, sino que fueron los profesores a los que les tocó dar muestras de su maestría. Eran verdaderamente impresionantes y la directora fue incluso más espectacular. Parecía realizar cualquier hechizo sin esfuerzo, sin importar de qué casa fuera originario. Hacía ver como si todo fuese muy fácil. Brigit sintió una gran admiración por ella. A pesar de todo, ellos mismos también estuvieron participando en el cónclave. Aunque, claro, su nivel dejaba mucho que desear en comparación al de sus profesores. Cuando la luna estaba ya en su cénit, la directora Moura alzó los brazos indicando a todo el mundo que se detuviera. Los jefes de casa acudieron entonces a volver a poner en formación a sus alumnos y colocarse al frente de éstos. Una vez todas las voces cesaron, la directora tomó la palabra.

-Y ahora, como evento especial de este día, cedo la palabra a nuestros anfitriones.

Todos empezaron a mirarse confusos entre ellos. Entonces los profesores se hicieron a un lado, dejando a la vista el lago. De sus aguas surgieron varias figuras, eran los nixe que se acercaban a ellos. Brigit consiguió distinguir a la hermana de Airón, a la que saludó con la esperanza de que la viera. Tuvo suerte y recibió una sonrisa en respuesta. Un nixe mayor de piel casi traslúcida se acercó y movió sus manos hacia arriba. Un chorro de agua le elevó un poco del agua y le mantuvo ahí para poder ver a los allí congregados. Hubo muchos murmullos y exclamaciones de asombro, aunque Brigit tuvo la mala fortuna de oír a Brais.

-Genial, ahora tenemos que aguantar a los "cerebro de pez".- le susurró a alguien que le acompañaba con una risita burlona.

Brigit les lanzó una mirada de advertencia pero ellos fingieron no verla. Por desgracia, ella estaba a la esquina de su fila y quedaría muy poco discreto que se moviera para darle la colleja que se merecía a ese imbécil. Se fijó entonces que a su lado estaba Airón que había bajado la mirada y apretaba los puños con rabia. Entonces entendió muchas cosas de su actitud en lo que respectaba a su familia, así como el recelo de sus hermanos mayores. En ese momento, tuvo aún más ganas de romper la formación para hacerle una cara nueva a ese espécimen. No obstante, llamó discretamente la atención de Airón y le susurró:

-Mejor tener un cerebro de pez que ser una ameba. O no tener nada como es su caso.

Él le sonrió agradecido y se centraron entonces en el nix que se alzaba sobre la columna de agua. Su pelo era largo de color azul verdoso, ojos dorados, manos palmeadas, branquias y cola de suaves y lisas escamas plateadas.

-Buenas noches alumnos.- les dijo con ese exótico acento- La colonia os desea un feliz Samaín y esperamos de corazón que lo que os hemos preparado sea de vuestro agrado.

Brigit contuvo el aliento y tembló de la emoción. ¡Iban a escuchar un concierto de los nixe! ¡Eso sí que era una grata sorpresa! De pronto notó que alguien tiraba de su manga. Al bajar la mirada se encontró con la radiante sonrisa de Sirona.

-¿Pero qué haces aquí?- le dijo su hermano al verla.

-Alfeo me ha ayudado a colarme para ver el concierto.- respondió con inocencia.

Airón miró hacia atrás y vio a su hermano sonriendo con complicidad. Soltó un resoplido y Brigit una carcajada. Sin duda, a pesar de su apariencia angelical, esa niña era todo un trasto.

-¿Puedo quedarme aquí contigo?- le preguntó mirándola con esos ojos brillantes.

-Claro. ¿Quieres que te coja para ver mejor?

-¡Sí, gracias!- respondió una sonrisa radiante.

Cogió a la niña en brazos y se sorprendió de lo liviana que era. El concierto comenzó y hubo una gran exclamación de admiración. Todo el lugar quedó en silencio pues no querían perderse una sola nota ni de los instrumentos ni de las voces que los acompañaban. En un momento dado unos profesores alzaron las varitas al cielo y aparecieron varias figuras como si fueran fuegos artificiales. Solo que éstos se movían y sus formas eran de distintos animales mágicos, los cuales danzaban grácilmente en el firmamento. Sirona miraba al cielo con expresión risueña y se le veía emocionada.

-Cuando sea mayor yo también lo haré- le susurró al oído en un momento dado.

-Seguro que es mucho más genial.- le dijo Brigit- Ya estoy deseando verlo.

-El año que viene ya empiezo a la escuela. Espera y verás lo que puedo hacer.

-Lo estoy deseando.- contestó sonriendo.

La niña también sonrió satisfecha y volvieron a centrarse en el concierto y las figuras danzantes del cielo. A su lado, Airón le lanzó una mirada de agradecimiento por su amabilidad. Brigit deseaba que eso no acabase. Se fijó en que varias personas ni siquiera estaban interesadas en los fuegos artificiales, pues estaban tan fascinados por la música que habían cerrado los ojos y sonreían con expresión apacible. Pudo ver a duras penas a Élivágar cantando quien, al verla, le sonrió y le guiñó un ojo. Su hermano estaba cerca de ella tocando la pequeña arpa de la última vez. Brais podía decir lo que quisiese, pero cualquiera de esos nixe tenía más talento en la punta de la cola que él en todo su ser. Echó una mirada de reojo a Airón que había fijado su vista en el cielo para ver las sirenas que ahora danzaban al ritmo de la música. Bajó su mirada y vio que su palma estaba extendida, ya no apretaba los puños con rabia. Parecía haberse olvidado de esos idiotas y estaba disfrutando. Brigit se quedó mirando su mano y tuvo que luchar fuertemente contra la tentación de agarrarla. No lo hizo.

A duras penas, pero no lo hizo.


[1] Samhain o Samaín, también conocido como Halloween, es la festividad de origen celta más importante del periodo pagano, en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre se celebraba el final de la temporada de cosechas y era considerada como el "Año Nuevo Celta", que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición (paso de un año a otro) como de apertura al otro mundo. Su etimología es gaélica y significa "fin del verano".

[2]Danza lenta del período barroco desarrollada durante los siglos XVI y XVII, escrita en un compás ternario (característica de la música barroca) que se distingue en que el segundo y tercer tiempo van a menudo ligados, dando un ritmo distintivo de negra y blanca alternativamente.