CAPÍTULO 9: ECOS LEJANOS

Aquella semana tendrían su primera simulación del DEP y Brigit había estado de los nervios desde que se lo anunciaran el viernes justo al finalizar su última clase del día. Había pasado un horrible fin de semana al que se le juntaron los súbitos despertares de sueños que le hacían sentirse turbada durante largo rato. Su corazón latía a toda velocidad, tenía intensos dolores de cabeza y sudores fríos recorriendo su espalda. Sin embargo, no entendía el motivo de dicha alteración puesto que, por más que se esforzara, era incapaz de recordar nada de esos sueños. De hecho, eso le provocaba una mayor jaqueca. Estuvo valorando pasarse por la enfermería, pero en seguida lo descartó achacándolo al estrés. Lo único que le hacía sentirse un poco mejor era que esa semana tenían otra de las clases de campo de la profesora Sánchez. En aquella ocasión les comunicó que irían a las montañas puesto que, recientemente, había migrado allí una manada de oricuernos.

Pero para llegar esa nueva "excursión" debía pasar por esa semana de simulación de exámenes, ya que la profesora también realizaría su propio examen ese martes. En aquella semana se centrarían en la parte teórica del DEP. Todos los profesores escogerían un día al alzar para que realizaran su examen y serían cronometrados. Según les explicaron, no era necesario ni sería penalizable que terminaran el examen pues el objetivo era que aprendieran a gestionar su tiempo durante el mismo. El primer examen sorpresa vino de la mano de la profesora Laurel, una mujer menuda de cerca de 50 años, pelo castaño con abundantes canas, ojos pequeños color marrón claro y con una soporífera voz baja y monótona. El examen resultó ser realmente largo, con preguntas tanto de Historia de la Magia mundial como española. Si bien alguna de ellas era común a ambas, por ejemplo sobre la Segunda Guerra Mágica. La mayoría de los alumnos se centró en dicha pregunta pues era la que más puntos daba, pero cayeron de lleno en la trampa de la profesora y no les dio tiempo a responder muchas más preguntas aparte de esa. Ismael y Breogán fueron de los pocos que no cayeron y que casi terminaron el examen. Brigit rio internamente al ver la expresión de derrota en el rostro del engreído Ricitos de oro cuando la profesora anunció que Ismael había obtenido la nota más alta. Ese día también tuvieron una simulación de examen de Transformaciones, si bien el profesor Albarracín fue más "piadoso" con ellos. Brigit, antes de ese examen, se cruzó con Isabel en la entrada. Apreció que la chica quería tener otra "charla" como la vez anterior, así que sencillamente la ignoró al pasar por su lado. Sin embargo, fue peor el remedio que la enfermedad pues se quedó esperando a cruzarse con ella en un momento en que Ismael no estuviese presente. Y no ayudó precisamente que Brigit hubiese obtenido una mejor puntuación en el examen.

-Si te cree que me voy a amilaná por esto, ¡vas lista!- le dijo con un tono de desafío.

-No sé cómo tengo que decírtelo,- respondió ella con hastío- no me interesa Ismael.

-A mí no me engaña. Siempre te anda a su lao.

-Porque es mi amigo y me ha ayudado a ponerme al día con el temario.

-Ya, ya... La excusa típica.- le espetó mirándola alzando la ceja incrédula.

-Piensa lo que quieras, me da igual. Pero si tanto te interesa y eres tan lanzada como para venir a molestarme, ¿por qué no vas a confesarte?

Tras esa pregunta la chica se quedó muda, como si la simple idea le produjese auténtico pavor, pero en seguida le soltó que lo que quería era confundirla para que diera un paso en falso con Ismael. Así que se dio la vuelta ofendida y se marchó de allí. Brigit puso los ojos en blanco por su actitud. Cuando se lo contó a Caterina ésta se empezó a reír mientras llamaba a Isabel su "rival en el amor" para disgusto de la joven. No sabía qué más tenía que hacer para que la almeriense la dejara en paz. El resto de la semana transcurrió de manera similar, con varios exámenes aleatorios y resultados diversos. Sus mejores puntuaciones fueron en Cuidado de Criaturas Mágicas, Magia celta y, curiosamente, Alquimia. Este último le sorprendió bastante, aunque pensó que había sido por pura casualidad.

Brigit finalizó aquella semana con bastantes más ánimos de los que había esperado, pues no había resultado tan catastrófico como había temido. Sin embargo, esos sueños recurrentes que estaba teniendo no disminuyeron. Si bien seguía siendo incapaz de recordar nada de éstos tan pronto como despertaba.

-o-

Finalmente llegó el día de su expedición a las montañas, la cual desgraciadamente debieron suspender la semana anterior debido a las intensas lluvias y el viento. Brigit temió que no pudieran ir tampoco esa semana puesto que se presentó igual de lluviosa que la anterior. Pero tuvieron suerte aunque debían de andar con cautela puesto que el terreno estaba un poco resbaladizo. Caminaban a paso lento y cuidadoso. Al llegar a una pequeña llanura rocosa no muy elevada, la profesora les indicó que se quedaran muy quietos. Poco rato después oyeron un extraño relincho a lo lejos y el trote irregular de unos cascos sobre las rocas.

-El Oricuerno, también conocido como Alicornio, se parece mucho a su primo-hermano el unicornio,- les explicó la profesora- con la excepción del cuerno retorcido y las alas en las patas a la altura de las pezuñas.

Todos comenzaron a mirar alrededor, intentando encontrar al animal. No eran capaces de verlo pero sí que lo estaban oyendo cada vez más cerca. Y cada vez más relinchos y trotes.

-Al contrario de lo que pueda parecer,- continuó explicando- esas alas no le permiten volar sino elevarse y planear un poco. Suelen emplearlas sobre todo para "propulsarse" al correr o huir de un enemigo planeando entre zonas rocosas o montañosas donde otros seres no puedan moverse con tanta libertad.

Y entonces, como si estuviese planificado, uno de esos animales apareció en el pico de enfrente dando ágiles saltos entre los riscos. A diferencia del unicornio, que es de un blanco puro, el pelaje del oricuerno es de un tono marfil y concretamente el animal que acababa de hacer su aparición tenía mechas en su espesa crin de color morado oscuro. Sus ojos eran de color azul intenso y recordaban a un zafiro. Su cuerpo era el de un caballo grande y de fuertes músculos, en especial en los cuartos traseros. Recordaba levemente al caballo andaluz, sólo que el oricuerno era más alto y no tenía una figura tan arqueada.

-Este animal comparte con el unicornio que su pelaje tiene grandes propiedades mágicas, de hecho es un material habitual para el uso de varitas. Sin embargo, no ocurre lo mismo su cuerno ni su sangre. Es más, el cuerno del oricuerno tiene la capacidad de repeler la mayoría de los hechizos y encantamientos.

-¿En serio?- preguntó asombrado un alumno de Nixe.

-En efecto.- asintió la profesora Sánchez- Es un bien preciado por los contrabandistas. Sin embargo, como el unicornio, son muy veloces y difíciles de atrapar.

-Además, al sentirse acorralados, poseen una especial fiereza y enfrentan al atacante usando su cuerno para repeler sus conjuros.- comentó una alumna de Oricuerno con cierto halo de orgullo en su voz.

-Cierto, señorita Serra, conoce usted bien al representante de su casa. ¿Puede contarnos cuál es la mayor cualidad del oricuerno?

-Por supuesto, maese Sánchez.- respondió conteniendo la emoción- A pesar de su fiereza es un animal tranquilo, manso y bastante más "confiado" que su primo el unicornio. Y es que parece que tiene cierta capacidad de percibir qué personas son dignas o no de su confianza.

Nada más pronunció esa frase, una ristra de comentarios y miradas escépticas se cruzaron entre los presentes. La profesora Sánchez sonrió y les relató que a mediados del siglo IX, un grupo de aurores de la época trasladaban a un mago tenebroso a prisión y uno de los miembros de la comitiva se adelantó para registrar el terreno cuando se encontró con un oricuerno pastando. El animal al verlo, lejos de parecer asustado y huir como habría hecho un unicornio, se mostró bastante confiado e incluso interesado por el mago y comenzó a acercarse a él. El mago, como era obvio, se sintió pasmado por esa conducta poco común y decidió acercarse también. Pero justo cuando estaban muy cerca, sus compañeros se acercaron con el prisionero y el animal, tras posar sus ojos en éste, comenzó a alejarse a trote a toda velocidad. Por ese motivo, el auror dedujo que estos animales poseían la capacidad de sentir a aquellos magos que usaban magia tenebrosa. Este era el motivo por el cual es bastante sencillo conseguir pelo de oricuerno. Dado que este animal abunda en la mitad norte de la península, éste desarrolla un espeso pelaje en invierno para soportar las bajas temperaturas.

-Por ello,- concluyó la profesora- cuando llega la primavera y deben deshacerse de ese pelaje, si alguien a quien consideran confiable se acerca a ellos con un peine se dejarán cepillar de buen grado, pues parecen preferir esto a tener que restregarse contra los árboles o rocas.

-La verdad es que esa capacidad que tienen es increíble.- comentó Caterina sonriendo.

Todos los alumnos asintieron conformes con dicha afirmación. Que un animal fuese capaz de ver dentro de una persona y supiera en ese instante si era o no digna de confianza resultaba prodigioso. La profesora entonces les lanzó una mirada enigmática y les dijo:

-¿Quieren probar si ustedes son lo bastante confiables?

Hubo todo tipo de reacciones tras la pregunta, desde un marcado entusiasmo a una palpable preocupación. Varios alumnos, entre ellos Brigit y Caterina, se alejaron un poco con intención de llamar la atención de algún miembro de la manada. La profesora Sánchez les aconsejó que no estuvieran juntos pues, aunque realmente fueran confiables, no se sentían cómodos acercándose a grupos. Así que Caterina y Brigit se separaron aunque estaban lo bastante cerca para verse la una a la otra. Brigit se colocó en una zona un poco más elevada desde la cual veía a gran parte de sus compañeros y varios de los oricuernos que se hallaban pastando la pobre vegetación de las montañas, donde destacaba el brezo rubio con sus características flores púrpuras las cuales parecían devorar con ansia. La joven se preguntaba por qué se hallarían ahí arriba en vez de bajar al bosque donde aún podrían encontrar mayor cantidad de alimento. Estuvieron largo rato quietos, intentando no hacer movimientos bruscos que espantaran a los animales o, peor aún, que los hicieran ponerse agresivos. Sin embargo, parecía que sencillamente los ignoraban y se centraban en buscar con ansia cualquier bocado que llevarse a sus hocicos. Cuando la alumna de Oricuerno preguntó con evidente preocupación si es que los consideraban "peligrosos", la profesora se echó a reír.

-Deberían preocuparse si, al verles, salieran corriendo.- les dijo en tono jovial.

Brigit los observaba con atención, pero empezó a aburrirse. Realmente había esperado que alguno de ellos se fijara en ella. "No se están acercando a nadie así que, ¿por qué iba a ser yo diferente?", se preguntó un tanto decepcionada. Entonces, justo cuando decidió levantarse para volver a la llanura, lo vio. Era un ejemplar joven con la crin con mechas en varios tonos de púrpura, la miraba con especial atención con esos brillantes ojos como zafiros. Se acercó un poco, tímidamente, hasta quedarse a escasos centímetros de su rostro. Ambos se miraron directamente a los ojos durante unos instantes, entonces fue cuando el oricuerno hizo algo de lo más inesperado. Inclinó su cabeza hasta posar su cuerno sobre la coronilla de Brigit y cerró los ojos. Ella con ciertas dudas alzó la mano para acariciar al animal, el cual aceptó las caricias de buen grado. La pelirroja sonrió y, por extraño que pareciera, sintió como si el oricuerno sonriera a su vez. Ese momento, no obstante, no duró demasiado. De pronto toda la manada alzó la cabeza en señal de alarma y comenzó a dar golpes contra el suelo mientras miraban en dirección a los alumnos. El oricuerno que estaba junto a Brigit también se puso tenso, le dio un suave empujón con el hocico y la miró intensamente. Sus ojos parecían decir "Huye".

Sin saber muy bien por qué, se dio rápidamente la vuelta y volvió tan rápido como pudo junto a sus compañeros y la profesora. Se le veía visiblemente preocupada. Parecía no comprender el repentino cambio de comportamiento de los oricuernos. Varios de ellos incluso, junto con el oricuerno que estuvo junto a Brigit, se acercaron a la llanura y comenzaron a moverse nerviosamente hacia los humanos. Parecía como si intentasen que se alejaran de allí. Miraban inquietamente hacia atrás, como si esperasen que algo emergiese en cualquier momento de entre las rocas. Todos los alumnos comenzaron a descender la montaña con la profesora a la retaguardia varita en mano. Lo último que alcanzó a ver Brigit, fueron a los oricuernos marcharse rápidamente del lugar tan pronto ellos abandonaron la llanura.

Una vez todos bajaron la profesora les ordenó volver al castillo y acudió rápidamente a hablar con la directora, cuando los alumnos estaban subiendo por la cuesta vieron salir a la profesora junto con el resto de jefes de casa y la directora Moura varitas en alto en dirección a las montañas. No sabían si esa acción debía hacerles sentir mejor o alarmarles. Aquella noche durante la cena, todos observaron con gran turbación el gesto grave de los profesores. Hubo múltiples murmullos preocupados entre los alumnos, en especial entre los más jóvenes. La agitación era tal que la misma directora tomó la palabra para tranquilizar a los presentes. Pero, si bien nadie quería dudar de sus palabras, todos se preguntaban lo mismo. ¿Qué podía ser aquello que había provocador que hasta la misma directora acudiera?

-o-

El mes de noviembre avanzaba lenta pero inexorablemente. Las temperaturas descendieron, los días eran cada vez más lluviosos y había ocasiones en la que el viento pareciera intentar levantar las piedras del castillo. Muchos árboles ya habían tornado sus hojas a esos colores marrones y rojizos, algunos incluso comenzaban a perderlas. El avellano de los jardines interiores ya tenía sus hojas de un tono rojizo-amarillo y todavía algunos frutos tardíos estaban terminando de madurar. No volvieron a tener una clase de campo, pues los profesores querían asegurarse que los alrededores eran seguros para los alumnos. Les anunciaron que tendrían una nueva simulación del DEP, solo que en aquella ocasión lo que realizarían sería la parte práctica del examen. Brigit y sus amigos tuvieron un encontronazo con Brais y Breogán el día en que lo anunciaron. Ambos se le acercaron mientras estaban en su zona preferida de los jardines interiores, aprovechando que ese día no llovía, practicando unos encantamientos básicos que solían solicitar en el DEP. Como siempre estaban mirándole por encima del hombro y la joven ya sabía que iba a ser complicado obviar sus estupideces.

-Ha llegado el momento en que nos muestres tus prodigiosas virtudes.- comentó altivo Breogán.

-Seguro que nos sorprende con sus habilidades de sangre sucia.- intervino Brais riendo.

-Después de ver sus avances, me parecen muy pretenciosos vuestros comentarios.- les dijo Cristian echando chispas por los ojos.

-Ni que hubiera habido algo especialmente destacable.- señaló Breogán ninguneándole.

-¿Te olvidas lo que sucedió tras el partido?- preguntó Ismael sin dignarse a mirarles.

-Coincidencia.- respondió Breogán moviendo la mano como restándole importancia.

-Solo procura no hacer explotar nada.- soltó Brais.

Ambos se marcharon riendo y dejando a Brigit apretando su varita con fuerza, deseando que todo se le torciese durante los exámenes. El primer examen que tuvieron en aquella ocasión fue el de Pociones. Brigit se quedó verdaderamente impresionada cuando Caterina finalizó con éxito el filtro de paz que les indicó el profesor Martín. Lo acabó en tiempo récord, obteniendo una puntuación casi perfecta, incluso mejor que su hermano. Ya sabía que Caterina destacaba en pociones, pero aquella vez hasta el profesor la alabó cuando vio que de su caldero brotaba un vapor plateado. Se acercó a examinar la poción, asintió satisfecho y felicitó sinceramente a la joven por su impecable labor.

-Las instrucciones para elaborar la poción son muy detalladas.- comentó a la clase- Los ingredientes deben agregarse en el orden exacto y las cantidades especificadas. De lo contrario, las consecuencias podrían ser...

No pudo terminar la frase pues del caldero de Brais comenzó a emanar un olor sulfuroso y hubo una pequeña explosión que le quemó la túnica a él y Breogán que estaba a su lado. Éste tuvo incluso la mala fortuna de golpear su caldero y derramar su contenido por el suelo. Su poción, al no finalizarse correctamente, en pocos segundos tomó una consistencia similar al cemento que hizo que el profesor compusiera una mueca disgusto y se quejara de la dificultad de arreglar aquel desastre, algo muy inusual en él. Tuvieron que suspender el examen debido a que los vapores emitidos por el caldero de Brais empezaban a resultar peligrosos. Pero no fue el único altercado que sufrió esa semana, para gran disfrute de Brigit y sus amigos. También tuvo un incidente en Herbología cuando un geranio colmilludo le mordió la nariz por echarle un fertilizante que no le gustaba, lo que hizo que se tropezara con un cubo de hongos saltarines que estuvieron dando botes por el invernadero. No sabían el motivo de esa especial torpeza, aunque nunca había sido especialmente diestro, pero disfrutaron de cada una de sus meteduras de pata en especial por ese comentario que le hizo a Brigit antes de iniciar los exámenes. Aunque lo mejor vino el miércoles de esa semana durante el examen de Encantamientos.

-En esta ocasión,- les dijo la profesora- evaluaré la eficacia de sus encantamientos.

Todos se tensaron nada más escucharla. La profesora Calipso Coiro Arribes, aparte de dar clases de Encantamientos, dirigía el Club de Duelo de la escuela pues era gran aficionada a éstos. Era una mujer gallega de 38 con fuerte acento, gran entusiasmo por su trabajo y que siempre prefería las clases prácticas a las teóricas. Era muy enérgica y vivaz, generalmente alegre pero con muy mal carácter si no se atendía en clase. Aquella mañana llevaba su pelo castaño claro de rebeldes rizos totalmente revuelto como de costumbre. Sus ojos azules centelleaban tras sus gafas cuadradas. Aquella clase la compartían con los de Ifrit, en la que alguno de ellos asistía al club de duelo y sonreían con cierto entusiasmo.

-Lo primero que deberán de realizar es el encantamiento antialohomora.- les anunció.

En varios alumnos hubo un leve brillo de decepción ante tal anuncio. Sin embargo, la profesora Coiro les indicó que ése sería el primero de una serie de encantamientos básicos, entre los cuales habría otros más "emocionantes". Para ese primer encantamiento colocó en la sala diversos objetos: un armario, un arcón, un joyero, etc. A cada alumno se le iba asignando al azar uno de dichos objetos a los cuales se les debía aplicar el encantamiento anti-apertura y la profesora seguidamente intentaría abrirlos con su contrahechizo, es decir, el encantamiento de apertura o alohomora. Uno por uno fueron ejecutando el encantamiento, Ismael y Breogán estuvieron a la par como en otras ocasiones. Caterina no tuvo tanta suerte en aquella ocasión, pues el cofre que le tocó hechizar se abrió parcialmente. Al llegar su turno, Brigit se colocó frente a un antiguo armario y la profesora Coiro.

-Recuerde el movimiento. Primero justo al contrario que alohomora, seguido un rápido cruce en diagonal desde la derecha a la izquierda y diga claramente: Otálohomora.- le recordó mientras realizaba el movimiento, tal y como había hecho con el resto de alumnos.

Ella imitó el movimiento de la profesora mientras pensaba en el encantamiento y entonces se oyó el "clac" que habían realizado el resto de objetos durante la prueba. Todos miraron a Brigit algo confusos. "No es posible", pensó la joven mientras veía a la profesora acercarse y realizar el hechizo de apertura. Las puertas del armario ni tan siquiera hicieron la tentativa de abrirse. La profesora Coiro se giró hacia ella con una gran sonrisa.

-¡Muy bien! ¡Magnífico! No era necesario el uso de magia no verbal, pero sin duda una excelente labor señorita Castro. Esto merece una recompensa, ¡20 puntos para Moura!

Varios de sus compañeros comenzaron a aplaudir con entusiasmo y a felicitarla. "Si ni tan siquiera estaba intentando realizar el hechizo, solo imitaba a maese Coiro...", pensó mientras volvía junto a Caterina. Sintió que se sonrojaba un poco debido a la "ovación" que estaba recibiendo e intentó con todas sus fuerzas ocultarse tras sus amigos. Lo único que le gustó fue ver las caras de rabia de Breogán y Brais, a quien le tocaba justo después de ella y le lanzó una mirada envenenada antes de ponerse frente a la puerta de hierro que le tocó. Como con el resto, la profesora le repitió las instrucciones. Brais movió su varita rápidamente y sin pronunciar el encantamiento en voz alta, pero sus movimientos no fueron correctos y lo que se oyó en el aula no fue un "clac" sino un sordo gemido. La profesora Coiro acudió con presteza hacia Brais y bufó con hastío.

-Me parece estupendo que quieran practicar la magia no verbal, pero hay que ser muy burro para intentar realizarla como si fuese una nimiedad.- comentó con irritación.

Al girarse Brais cuando era conducido hacia la enfermería, todos los alumnos vieron el motivo de enojo de la profesora. Los labios de Brais estaban tan pegados entre sí que parecía que fuesen uno solo. En un intento por hacer magia no verbal se había sellado sus propios labios. Los alumnos estuvieron largo rato conteniéndose la risa hasta que estuvieron lo bastante seguros de que la profesora no les oiría. Esa noche en la cena gran parte de la Bóveda se reía, más o menos discretamente, cuando veía pasar al grupo de Breogán. La mayoría de ellos evitaba mirar con reproche a Brais por el hazmerreír en el que los había convertido con su bravuconería, pero no lo conseguían. El mismo Breogán incluso parecía incómodo con él cerca. El culmen fue cuando a finales de esa misma semana realizaron nuevamente el examen de Pociones. Esa vez realizaron la poción agudizadora del ingenio por considerarla el profesor "menos propensa a los accidentes". Si bien esa estrategia no le funcionó pues Brais, en lugar de remover en sentido contrario a las agujas del reloj, lo hizo al sentido de las agujas haciendo que el aula adquiriera un intenso olor a bilis de armadillo. Por suerte la práctica totalidad de la clase había logrado finalizar la poción y la había vertido en un frasco para dejarla añejar durante un día.

Brigit se sintió muy feliz por dos motivos: primero, había conseguido unas puntuaciones más que decentes en la simulación (tanto en la parte teórica como práctica) –habiendo destacado en especial con Herbología, Magia Celta y Encantamientos, si bien en Adivinación no tuvo mucha suerte en ninguna de las dos pruebas (tenía esa asignatura atravesada, pero es que le aburría de sobremanera)– y con ello había sorprendido gratamente a sus profesores con sus avances; y segundo, Brais se había llevado una buena lección en los morros por sus comentarios y su actitud engreída. No supo decidirse cuál de los dos le produjo mayor satisfacción.

-o-

Una voz le apremiaba a avanzar y, sin saber muy bien la causa, decidió aproximarse. No entendía claramente lo que decía, pero de algún modo sabía que era una voz conocida. Una nota de urgencia le apremiaba a ir más rápido, así que aceleró el paso. Pero, por más que avanzara, era incapaz de saber hacia dónde se dirigía. Todo estaba oscuro y había algo siniestro en aquel lugar. Algo sombrío y terrorífico. Aunque no veía nada, sabía que algo estaba al acecho. Su corazón se aceleró debido al miedo que se apoderó de su cuerpo. La voz seguía instándole a seguir avanzando, pero por más que sus pasos iban hacia delante no sentía que se aproximase lo más mínimo a ninguna parte. Comenzó a desesperarse y una sensación de agobiante asfixia invadió su ser. La voz insistía e insistía, cada vez con mayor apremio. Había miedo en aquella voz. Esto hizo que sus ya desbocados latidos fueran incluso más intensos.

Lo que fuera que se ocultaba en las tinieblas estaba cada vez más cerca. No podía verlo ni oírlo, pero tan bien como sabía que estaba ahí era consciente de su cercanía. Comenzó a correr con la esperanza de que no fuese demasiado tarde. Le pareció empezar a distinguir algunas siluetas entre las sombras. Seguía sin estar claro lo que eran, pero era un comienzo. La voz pareció sonar más cerca, lo que le animó. Pero lo que fuera que le perseguía lo detectó también y aumentó su ritmo. Sintió que le faltaba el aire. Debía llegar hasta la voz. Si lo lograba estaría a salvo. Pero eso no le daba cuartel. Las sombras parecían cada vez más claras. Intentó fijarse, quizás si descubría dónde se hallaba podría ayudarle a salir de ahí y llegar hasta la voz. Eran altas columnas, unas más rectas que otras con líneas de distintos tamaños en distintas alturas de las mismas. ¿Árboles? ¿Estaría en un bosque?

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un grito de alarma. Aunque seguía sin distinguir sus palabras, supo que la voz le apremiaba que corriera más deprisa. Sintió una opresión en el pecho y un miedo tan intenso que hizo que se le helara la sangre. Mientras intentaba averiguar dónde se encontraba, eso había tomado velocidad y sentía que lo tenía prácticamente encima. E hizo lo que cualquiera, forzó sus piernas al máximo para salvarse. Su respiración se hizo muy pesada y su corazón estaba por salirse de su pecho. Pero no se detuvo. Sabía qué le ocurría si lo hacía. Sentía los ánimos de la voz, impulsándole a realizar un último esfuerzo. Estaba a escasos metros de su destino, lo sentía. Una tímida luz apareció justo de frente. Allí estaba su destino al fin. Un último esfuerzo más y llegaría. Al fin a salvo.

No obstante, un pestilente aliento llegó hasta su nariz. Un hálito que traía promesas de dolor, sufrimiento y muerte. Palideció de puro terror. Estaba tan cerca, solo unos pasos más. Justo en el momento decisivo cuando hasta la más mínima decisión afectará el resultado, desoyó la desesperada advertencia de la voz. Y miró atrás. El gran error fatal. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Había estado tan cerca, nada más que unos pasos.

Lo último que se oyó fue un grito desgarrador. Su último grito...

-o-

-¡BRIGIT! ¡BRIGIT DESPIERTA!

Caterina se apartó cuando su amiga se incorporó casi de un salto en la cama. La joven abrió los ojos de sopetón y comenzó a mirar a todos lados desesperadamente buscando algo, aunque no sabía exactamente el qué. Se le veía alterada, con la frente cubierta de sudor y respiraba de manera superficial y aceleradamente. De pronto, como si acabase de ser consciente de su presencia, se giró hacia ella. Si bien parecía como si no la viese del todo o no fuera capaz de analizar lo que veían sus ojos. Caterina estaba preocupada. Había notado que Brigit llevaba una temporada durmiendo mal, sus ojeras habían aumentado y algunas noches había notado que se removía incómoda en la cama mientras murmuraba palabras inconexas que no alcanzaba a entender. Pero aquel día había sido distinto. Aunque aquel domingo era el partido entre Oricuerno e Ifrit, había decidido dejar dormir a su amiga porque habían tenido una semana intensa con la simulación del DEP y seguro que descansar le vendría bien. Al terminar de desayunar, cogió algo de comida para ella para que al menos fuese al partido con el estómago lleno. Su hermano la acompañó argumentando que quizás necesitaría de un balde de agua fría para echarla de la cama, así que se ofreció "amablemente" a cumplir con dicha labor. Cristian tuvo que "rechazar el trabajo" puesto que debía ir a prepararse para el partido, pero le pidió a Ismael que le diera otra ración de su parte. Ella puso los ojos en blanco nada más escucharlos. A pesar de su guasa, su hermano le ayudó a llevar la comida para Brigit. Cuando llegaron a su cuarto con intención de despertarla, se la encontraron dando vueltas sobre la cama, totalmente cubierta de sudor y removiéndose como si intentase escapar de algo. Por un instante no supo qué hacer hasta Brigit comenzó a gritar con desesperación muerta de miedo. Rápidamente se acercó para gritarle "¡Despierta!".

Tras unos instantes, su respiración comenzó a ralentizarse un poco y parecía no estar tan pálida. Pero seguía temblando imperceptiblemente. Miró a su hermano, tenía un gesto grave y pensativo. ¿Tendría alguna sospecha de lo que le pasaba? No le había contado nada de lo que ella había observado en Brigit, pero no sería de extrañar que su hermano se hubiese percatado de algo. Sin decir una palabra tomó la taza de té con leche que le habían traído y sacó su varita para calentarla un poco. Se acercó a Brigit y le puso la mano sobre el hombro. Ella le miró como si le viera por primera vez.

-Bebe.- le dijo con amabilidad tendiéndole la taza humeante.

Ella obedeció dócilmente y comenzó a beber a sorbitos el té. Sus ojos parecían seguir perdidos en un punto indeterminado de la pared. Poco a poco se fue relajando hasta volver a tener el mismo aspecto de siempre, sólo que con el pelo más revuelto y con ojeras más pronunciadas que de costumbre. Caterina estaba sentada junto a ella en la cama mientras le acariciaba la espalda. No dijeron nada hasta que ella por fin preguntó:

-¿Qué ha pasado exactamente?

Esa pregunta les extrañó a los mellizos. Pareciera que no hubiese despertado del todo o no estuviera del todo convencida de estar despierta. Ellos le contaron que estaba teniendo una pesadilla y que estaba gritando. Ella les escuchó sin decir una palabra con un gesto de concentración, como si se esforzase por comprender lo que le decían. Tras unos instantes se levantó sin decir una palabra y fue a asearse. Les acompañó al partido arguyendo que deseaba despejarse. Los hermanos se miraron no muy convencidos, pero accedieron pues no querían presionarla para que les hablara del sueño que la había perturbado. No parecía muy centrada pero sin duda notaron una mejoría.

El partido, no obstante, no fue muy largo y Cristian no tuvo grandes oportunidades de lucirse, puesto que la buscadora de Ifrit demostró una vez más su innegable pericia. Fátima Lehebib Hamdidaf de 17 años, entró en su segundo año como la buscadora de su equipo. La joven saharaui hizo gala de un gran talento para el Quidditch desde el principio, aunque siempre se negó a ser capitana. Nadie sabía el motivo. A pesar de todo, varios equipos nacionales e internacionales habían hecho cola para llevarla a sus filas, pero finalmente había fichado por un equipo de su país: los Zorros de la Arena. Llevaban apenas 45 minutos de partido cuando localizó y atrapó la snitch sin darle siquiera tiempo a reaccionar a ninguno de los dos equipos. Muchos debatían que era posible que la tuviese en el punto de mira desde el principio y que solo esperó al momento oportuno para ir a por ella. El caso fue que Ifrit ganó y Oricuerno maldijo su mala suerte por enfrentarse a aquel portento del Quidditch. Cristian salió un poco decepcionado por no haber podido tener más oportunidades de demostrar sus habilidades.

-No pasa nada.- comentó alegremente sin embargo- Esta es la primera ronda de enfrentamientos entre casas, así que aún tenemos una oportunidad. De todos modos, debimos intentar conseguir más puntos para intentar desbancar a Ataecina.

-¿Te refieres a los puntos que se obtienen en los partidos?- quiso saber Brigit.

-Eso es.- confirmó Ismael- Los tres equipos con la mayor puntuación estamos a salvo, pasamos directamente a la ronda final.

-Pero los tres con peores marcas podemos pelear para estar entre los cuatro mejores.

-Entonces, ¿podéis seguir en la competición?- preguntó Brigit.

-Eso espero.- le contestó- Los tres equipos a la cola ahora tenemos que enfrentarnos entre nosotros para ir a la ronda final.

Eso significaba que, tras las vacaciones de navidad, las casas Oricuerno, Basajaun y Nixe que eran las que habían perdido con menos puntos en su marcador debían enfrentarse entre ellas para poder aspirar a la ronda eliminatoria final. La casa que obtuviera más puntos tras los dos partidos sería la clasificada. Ya en la ronda final que se celebraría tras las vacaciones de semana santa, con las 4 casas finalistas, quien perdiera saldría de la competición. Cristian debatía alegremente sobre qué estrategia seguir para poder enfrentarse a Ismael en la ronda final. Brigit apenas les escuchaba y se separó del grupo alegando que le dolía la cabeza y que iba a ir a la enfermería para que le dieran algo. Se negó a que le acompañaran y ellos no insistieron. Sin embargo, a donde se dirigió fue a los jardines interiores. Las plantas de invierno como la prímula y el alelí comenzaban a florecer pero no se fijó en ellas. Se dirigió casi como una autómata hacia la torre de la biblioteca, cerca de la fuente, y se sentó apoyada contra el muro de piedra. Cerró los ojos y se centró únicamente en el murmullo del agua.

No supo cuánto tiempo estuvo allí, solo esperaba que esa intranquilidad que sentía se esfumase de una vez. Aquel sueño le había parecido tan real que le había asustado. Pensó que yendo al partido y estar con sus amigos le ayudaría, pero no sirvió de mucho. Se sentía mejor, cierto, pero aún estaba turbada. Así que decidió probar a estar un rato a solas. Era la primera vez que recordaba uno de esos sueños, más bien pesadillas, que llevaba meses teniendo. Siempre se despertaba nerviosa pero casi enseguida se recuperaba y lo olvidaba. Pero aquella vez había sido diferente. "¿Por qué?", se preguntó por enésima vez aquel día. Tenía la sensación de que ese sueño era algo más, aunque que no conocía su significado. Con todo, no era más que una intuición. Pero, ¿con quién podría consultarlo? Llevaba tiempo pensando en hablarlo con Caterina, pero sin duda le diría que no eran más que sueños.

-¿Qué haces aquí tan sola, ma chère?

Brigit abrió los ojos y, al ver a quien le había hablado, se puso de pie de un salto.

-Gran maese Laveau.- le saludó.

La anciana le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, a pesar de que sabía que no podía verla. Cécile Laveau era una de las profesoras de Adivinación, muy respetada entre sus colegas y uno de los pocos Grandes Maeses de la escuela. Daba clase a sexto y séptimo curso, si bien ocasionalmente impartía alguna lección a cursos inferiores. A pesar de ser argelina recibió la carta de Huestantiqua, pues su familia se trasladó al Sahara unos años antes de que estallase la guerra de independencia. Según se decía a instancias de una visión de maese Laveau.

-Algo te atormenta.- afirmó la anciana.

-¿Cómo sabe...?

La anciana profesora la acalló con un gesto y extendió sus manos para tomar el rostro de la joven. Su mirada era tan fija e intensa que Brigit tenía la sensación de que realmente era capaz de verla. Parecía estar analizándola, como si pudiera ver más allá a pesar de su ceguera.

-Mientras el miedo te domine,- declaró tras unos instantes- no podrás liberar todo lo que hay en tu interior. Abre los ojos, no te ciegues a ti misma. Ábrelos antes de que sea demasiado tarde, ma petite.

Y tras pronunciar esas enigmáticas palabras, soltó su rostro y se marchó tan silenciosamente como había venido. Dejando a su vez a Brigit aún más confusa que antes, mientras una sombra que había observado todo se alejaba silenciosamente por los pasillos.