CAPÍTULO 10: RÍO DE PLATA
Los exámenes habían ido mucho mejor de lo que Brigit esperaba y, aunque no se había conseguido librar todavía de las clases de refuerzo, la profesora Pazo le aseguró que como máximo las tendría hasta febrero. Para la vuelta a casa en Navidad, por fortuna, no había tenido que tomar la ruta inversa a su llegada sino que se habilitaron chimeneas especiales en la escuela para volver mediante algo que llamaban polvos flu. A Brigit no le hizo demasiada ilusión la idea, por lo que agradeció que Caterina le ofreciera ir con ella e Ismael hasta el Mercado do Castro donde se había establecido uno de los destinos de la Red Flu para la vuelta a casa. Desde allí bien se podía coger el TrasnoBus o encontrarse con sus familiares. Esto debía ser indicado a los correspondientes jefes de casa para poder establecer las paradas que debía de realizar el TrasnoBus y asegurar que todos los estudiantes llegaban a salvo a sus destinos.
El viaje con polvos flu le resultó muy extraño y no le entusiasmó para nada lanzarse hacia un montón de llamas verdes, por más que no quemasen. Eso sí, debía reconocer, que era un método de viaje la mar de rápido. Al llegar conoció a la madre de los mellizos, una mujer encantadora y de sonrisa amable que se ofreció a llevarla hasta su casa. Ella declinó su oferta puesto que ya había indicado que tomaría el TrasnoBus hasta Santiago. Llegó a la misma estación desde la que había viajado en septiembre. Sus padres, obviamente, no estaban en la estación esperándola pues habría sido un tanto complicado explicarles cómo llegar al "andén 0". Le hizo mucha ilusión volver a casa, no era consciente hasta qué punto echaba de menos a sus padres hasta que volvió a verlos. Les dio un abrazo tan fuerte al encontrarlos que le extrañó no haber escuchado un "crack" al hacerlo. De igual forma le produjo una gran alegría volver a ver a sus amigos y olvidarse, aunque fuera por unos días, de ese nuevo mundo mágico que había cambiado tan drásticamente su vida. Si bien no dejó de cartearse con sus nuevos amigos, pues para ellos el tema del móvil parecía ser demasiado novedoso. Incluso escribió a Airón a pesar de las dudas que tenía al principio. La suya era la respuesta que más ansiaba recibir y la que mayor ilusión le hizo cuando vio aparecer a su lechuza.
Durante sus vacaciones también aprovechó para ver a sus amigos, ya que Caterina le escribió sorpresivamente diciendo que un antiguo alumno de la escuela iba a abrir su propia tienda en el Mercado do Castro. Consideró que esa sería una buena oportunidad para "introducir" a sus padres en el mundo mágico. Habló inmediatamente con sus padres y contestó ese mismo día a Caterina y quedaron en ir todos a la inauguración.
Aquel día llovía a mares, pero no le importaba. Estaba más preocupada por la reacción de sus padres, quienes hasta el momento habían permanecido bastante al margen de todo lo relacionado con la magia, que por el tiempo. Miraba por la ventana esperando ver aparecer a sus amigos mientras ojeaba constantemente el reloj para cerciorarse de la hora. Observó a sus padres quienes, a pesar de sus sonrisas, se les notaban los nervios. Habían manejado lo mejor que sabían el haber descubierto que su hija era una bruja y que la magia existía. Brigit esperaba que la excursión de aquel día fuese para bien. Su padre parecía ser el que mejor lo llevaba, estaba sentado en el sofá leyendo un libro y parecía bastante interesado en ver un antiguo castro reconvertido en mercado. Su madre, por el contrario, si bien no había puesto pega alguna estaba paseándose constantemente. Intentaba mantenerse ocupada con la más mínima cosa que se le cruzara por delante. Un vaso fuera de su sitio, reorganizar la alacena, un poco de polvo en la estantería...
Llamaron al timbre y Brigit fue corriendo a abrir la puerta. Misteriosamente, había dejado de llover. De frente se encontró con la sonrisa de Caterina. Había venido con Ismael y sus padres. "Su padre es un no-mago, quizás eso ayude a mis padres con la situación", pensó con un deje de esperanza. Brigit presentó a todos y se saludaron con amabilidad. Observó también que el gesto de su madre se había relajado un tanto al ver al padre de los mellizos, puesto que no iba vestido con túnicas ni sombrero de pico como seguramente había imaginado.
-Usaremos un traslador para ir al mercado.- anunció la madre de Caterina.
Sus padres no pusieron buena cara al escucharla. Ella, si bien estaba nerviosa, al menos en aquella ocasión sabía de qué hablaban pues había leído sobre trasladores en uno de los libros de la biblioteca. La madre de Caterina sacó con cuidado un pequeño cuenco de su túnica así como su varita. Su marido y sus hijos en seguida agarraron el cuenco, pero sus padres la miraron con cierta reticencia. Brigit les indicó que debían aferrarlo para viajar y, aunque pudo ver el escepticismo en sus ojos, obedecieron. Una vez todos los presentes sostuvieron alguna parte del cuenco, la madre de Caterina pronunció "Portus" y al instante siguiente sintieron como si un gancho tirara de ellos. Al segundo siguiente comenzaron a oír un bullicio. Sus padres miraron a un lado y a otro intentando ubicarse. Parecía como si quisieran cerciorarse de que ya no estaban en su casa. En aquella ocasión les transportaron directamente en la zona de la entrada del mercado, en lugar de la parte baja de la colina por la cual había ascendido con Graciela meses atrás. Ellos ya estaban en la cima del cerro frente a los dos árboles doblados en forma de arco. Tampoco veían los restos ruinosos de un castro celta, sino la versión reconstruida del mismo pues habían pasado a la "parte mágica" de la puerta.
-Bienvenidos al Mercado do Castro.- dijo Brigit a sus padres- Como veis, debe su nombre a que se parece a un antiguo castro celta.
-Es... magnifico.- consiguió decir su padre admirando aquel castro reconstruido.
-Sabía que te gustaría.- sonrió Brigit.
-Si quieren podemos venir más tarde, pero ahora debemos dirigirnos a la Estrada nova que es donde está la tienda.- comentó la madre de Caterina.
Con cierta reticencia en los ojos de su padre, pues se le veía con ansias de ver aquellas construcciones, Brigit y su familia siguieron el pequeño camino de subida donde había una zona de construcciones que parecían más recientes. El mercado se encontraba dividido en dos partes: O mercado vello donde se hallaba el castro al cual debía el nombre y la Estrada nova que era la zona "nueva". En seguida localizaron la tienda, pues estaba lleno de gente que se arremolinaba con gran expectación a la espera de ver abrir sus puertas. Se encontraron allí con Cristian que los estaba esperando y se acercó a ellos nada más les vio aparecer. Tenía una gran sonrisa pintada en su rostro como siempre. Vieron entre la muchedumbre caras conocidas, parecía haberse corrido la voz entre los alumnos de la escuela y muchos habían acudido en masa para la inauguración. Vista desde fuera no parecía una tienda muy grande, tenía un diseño con motivos árabes de colores vivos y llamativos. Encima de la puerta se veían unas enormes letras doradas y brillantes que parecían recubiertas de purpurina: Mil y una noches – Alfombras voladoras. Cristian les explicó que, aunque aquella era su primera tienda, los dueños ya llevaban tiempo vendiendo sus productos y eran conocidos. Sin embargo, fabricaban todo en un pequeño taller propiedad de un familiar mientras se iban dando a conocer y ahorraban para abrir su propia tienda. El negocio fue fundado por un exalumno de Ifrit llamado Ibrahim al-Rashid, quien tuvo la idea cuando comenzó a reparar las alfombras voladoras que usaban en clase de vuelo.
Al abrirse las puertas aquello fue un caos. "Parecen las rebajas", pensó Brigit. A duras penas consiguieron entrar, el lugar estaba abarrotado. La decoración interior seguía la estética de la fachada, arcos árabes y colores vivos. Había multitud de alfombras de intricados diseños y cuidadosamente elaboradas. A pesar de la marabunta, se cruzaron con el dueño y su esposa Zobeida. Se les veía a ambos muy ilusionados con el hecho de que alumnos de su escuela hubiesen acudido a mostrar su apoyo. Fueron encantadores y hablaron un rato con ellos. Les contaron que él era quien diseñaba y elaboraba las alfombras y ella quien impartía clases de vuelo y le ayudaba a gestionar la tienda. Al parecer usaba un componente que las hacía especiales: las plumas del roc que vivía en las montañas que rodean la escuela.
Salieron un rato más tarde, abrumados por la cantidad de gente que había en la tienda. Al salir, Brigit se chocó de frente unos ojos aguamarina que conocía muy bien. Por un instante, se quedó callada mirándole como una idiota. En especial cuando él le sonrió.
-Hola Brigit. Qué alegría encontrarte por aquí.- dijo Airón.
-Ya...- fue lo único que dijo.
Entonces, recordando que no estaba sola, carraspeó intentando recomponerse y no actuar como una idiota delante de todo el mundo.
-Me alegra que al final hayas podido venir. No estaba segura de que mi carta hubiese llegado a tiempo.- le comentó ella. Habría preferido que también hubiera podido venir su hermanita, pero en su última carta Airón le dijo que estaba con gripe en la cama.
-Bueno, el servicio de lechuzas suele ser rápido. Y de todos modos debía venir para comprar una cama a Rayitas.- le contó. Brigit soltó una carcajada.
-¿Al final Sirona ha conseguido convencer a tu madre?
-Puede ser muy persuasiva. Aunque con las crías...- comentó Airón meneando la cabeza. De pronto la miró muy serio y añadió- Cuidado por si vuelves por casa, es probable que pretenda que te quedes con alguna.
Brigit se empezó a reír. Se imaginaba que Sirona intentaría por todos los medios engatusar a quien estuviera a su alcance con tal de quedarse con todos los ramidrejus. Estaba tan centrada en el chico que olvidó que no estaba sola hasta que oyó entonces un discreto carraspeo a sus espaldas. Se giró y vio a todos sus acompañantes mirándoles fijamente. La mirada de Caterina parecía decir "más te vale contarme todo luego", Cristian sonreía picaronamente y le guiñó un ojo e Ismael estaba serio como siempre. Su madre le miraba alzando una ceja y su padre parecía analizar a Airón como si tuviera un escáner en los ojos. Brigit se enrojeció involuntariamente y se sintió inmediatamente incómoda.
-¿No vas a presentarnos, cariño?- preguntó su padre.
-Eh... esto, sí. Este es Airón, un compañero de clase. Es hijo de la profesora a la que he estado ayudando.- explicó ella intentando no mostrar su reciente nerviosismo.
-Ah, ya recuerdo. Lo comentaste en tus cartas.- dijo su madre en un intento de cerrar el asunto.
Brigit agradeció en silencio la intervención de su madre. Todos juntos se fueron entonces a la zona antigua del mercado, primero para que su padre pudiera centrarse en las construcciones del castro y para que Airón fuese a la tienda de mascotas. Fueron a una de las tiendas más antiguas llamada "Amigo del brujo" cuyos dueños criaban ellos mismos varios ejemplares de lechuzas y búhos nacionales, así como otros acompañantes comunes para los magos tales como gatos, sapos o kneazles.
-Aquí compré a mi fiel mochuelo Athene.- les contó la madre de los mellizos- Quizás deberías aprovechar y comprar uno, jovencita. Son la mar de útiles.
-Por el momento voy bien con las lechuzas de la escuela.- respondió Brigit.
A decir verdad no le apetecía tener un búho o una lechuza por más útiles que fueran, ni siquiera un gato. Ya tenía bastante con las mascotas de Caterina e Ismael. "Si tuvieran móviles sería mucho más sencillo", pensó algo molesta. No entendía ese rechazo a usar objetos no-mágicos. Ni que les fuese a pasar algo... ¿Es que no podía haber una simbiosis entre ambos mundos? ¿Acaso sólo podía ser el uno o el otro?
El resto del día lo pasó bastante bien. Su padre estaba encantado por ver aquel castro reconstruido, aunque se mostraba un tanto decepcionado al entrar en algunas tiendas y ver que el interior no era como se suponía que debía ser. Le alegró ver que su madre parecía más relajada y que parecía haberle caído bien sus amigos. Por sugerencia de Airón, ambos compraron un par de capas marrones en Túnicas Ideais como las que usaba su madre cuando iba por el bosque en invierno. Mientras paseaban se cruzaron con la señora Pazo, la dueña de la tienda de varitas, que le comentó sonriente a la joven haberse enterado de sus "proezas" y que estaba encantada por ello. Les tuvo que explicar luego a sus acompañantes la historia de la varita y que había decidido investigar un poco sobre ella.
-Estamos esperando a que nos traigan más libros.- concluyó.
-¿Estamos?- preguntó Cristian mirando con una "disimulada" sonrisa a Airón.
Los dos jóvenes se pusieron algo rojos. Airón apartó la mirada de inmediato y Brigit le lanzó una mirada de pocos amigos a Cristian. Pero se repuso y respondió rápidamente:
-Sí, cuando se lo comenté a Airón a él también le dio curiosidad y me dijo que me ayudaría a investigar sobre Jerk el Excéntrico y su varita.
-Vaya, qué amable.- dijo Cristian con una enorme sonrisa.
En ese momento Caterina, en un alarde de compañerismo, le dio un codazo disimuladamente en la cintura y cambió rápidamente de tema. No sin antes dirigirle a Brigit otra mirada pidiendo ampliar dicha información. Ya estaba anocheciendo cuando se despidieron de Airón y de Cristian que debían volver antes de que cerraran la Red Flu a la escuela. Ellos también regresaron con el traslador que les había llevado hasta allí y se despidieron de Caterina y su familia. No sin que ella le susurrara "espero tu carta" al oído mientras se daban un abrazo de despedida. Suspiró disimuladamente. Al parecer no se iba a librar de la "charla de chicas".
Brigit volvió a suspirar al recordar aquel día. A pesar de haberle contado a Caterina todo lo que quería saber (le había hecho toda clase de preguntas en sus cartas posteriores a aquel día), no se libró de seguir hablando del tema aún cuando volvieron a la escuela tras las vacaciones. Y para su desgracia se sumó a su "deseo de conocimiento" Cristian. Parecía encantado con que le contara cualquier minúsculo detalle de sus encuentros con Airón. Precisamente por eso era por lo que Brigit no les había comentado nada. No le gustaba hablar de ese tipo de cosas. Es más, no le gustaba ni que otros le hablasen sobre ello. Siempre había evitado ese tipo de conversaciones con sus amigos. Los líos de faldas, o pantalones o lo que fuera, siempre le había traído sin cuidado. Por suerte Ismael no se metió para nada en el asunto, ni siquiera preguntó. Algo que Brigit le agradeció sinceramente. Pero quitando esa repentina nueva diversión de Cristian, la monotonía de las clases se les hizo bastante pesada a todos (menos Ismael, claro está). Lo único que les animaba era la próxima llegada del partido de Quidditch entre Oricuerno y Nixe. Cosa que Cristian no perdió la oportunidad de comentar.
-Suerte que Airón no está en el equipo. Así podré estar seguro de tu apoyo.
-Sigue así y te haré boicot.- le advirtió Brigit- Iré a contarles todos tus puntos débiles.
-Desde luego, qué cruel eres...- respondió poniendo pucheritos.
Brigit puso los ojos en blanco e intentó ignorarle. Aunque sabía que no iba a parar. No había más que ver cómo tenía a Ismael con sus pullitas. Al pobre no le daba cuartel, pero es que era bastante popular y tenía una ristra de animadoras detrás de él. No obstante él ya tenía práctica en quitárselo de encima o hacer que le dejase en paz pero, claro, tenía más años de experiencia que Brigit. Por eso agradecía cada vez que intervenía para que parase. "Debo aprender de él", se dijo en una de esas ocasiones. No iba a conseguir que parase para siempre, pero con tal de acallarle unos minutos se conformaba. Había cosas que no se podían cambiar. Y entre esas cosas anti-cambios estaban Breogán y sus camaradas descerebrados, así como Araitz y su séquito de niñas petulantes. "Si Cristian supiera que está colada por Ismael...", pensó una ocasión en que la vio marcharse alzando, como siempre, altivamente la cabeza. Tembló imperceptiblemente nada más ese pensamiento cruzó su mente. Si ya se ponía muy pesado con sus actuales fans, si se llegase a enterar a la excelsa Araitz Uriarte Munibe le gustaba su amigo a pesar de ser un "sangre sucia"... No, desde luego que por ella no se enteraría. Pobre Ismael. Lo que le faltaba por aguantar.
Una de las cosas que menos le gustó de su vuelta fue enterarse que ya le habían levantado el castigo. Se enteró cuando durante la segunda semana se cruzó con la profesora Sánchez y le preguntó cuándo necesitaba que fuera a ayudarle. Por desgracia para ella, parecía que las cosas se habían calmado y que no era necesario que le siguiera ayudando. Brigit hizo todo lo que pudo por ocultar su decepción. Le gustaba mucho ayudar a la profesora y estaba aprendiendo mucho de ella. Siempre le habían gustado mucho los animales y el hecho de que fuesen ramidrejus o gorriones para ella no suponía ninguna diferencia. De hecho, antes de enterarse de que era una bruja tenía claro que quería estudiar algo relacionado con los animales. Sus principales opciones eran veterinaria o abogada medioambiental como su madre. Además, disfrutaba yendo al lago para hablar con la familia de la profesora. Aquella noticia le supuso un gran fiasco e incluso sus amigos notaron que algo le pasaba.
-¿Por qué no hablas con maese Sánchez?- le preguntó Caterina cuando les contó lo que le pasaba- Puede que encuentre algo con lo que le puedas ayudar.
-Ya me ha dicho que todo está más tranquilo y que no ha habido más incidentes últimamente, así que no necesitan asistencia extra.- le dijo la joven pelirroja algo alicaída.
-Siempre puedes hablar con Airón para ir a dar un paseo por el lago.- comentó picaronamente Cristian. Las dos chicas le dieron un puñetazo cada una en un brazo.- ¡Au!- se quejó.
-Esto no tiene que ver con ir al lago, idiota.- le espetó Brigit.
-Vale, vale.- dijo masajeándose allí donde le habían golpeado.
-Postúlate como ayudante.- sugirió Ismael.
Todos le miraron. No había intervenido en ningún momento mientras hablaban. Es más, ni siquiera estaban seguros de si estaba escuchando porque estaba muy centrado en un trabajo de Runas que debía entregar la semana siguiente. De hecho, ni siquiera había levantado la mirada de su pergamino.
-¿Puedo hacer eso?- preguntó esperanzada.
-Deberías hablar con maese Pazo, ya que esto debe gestionarse por los jefes de casa.- le explicó mientras revisaba unos símbolos en su libro- Aunque es probable que lo rechacen.
-¿Y para qué va a solicitarlo entonces, oh gran delegado?- preguntó Cristian.
-Porque, oh gran pesado, ya ha empezado el curso y eso se gestiona al inicio como ya deberías saber. Pero lo puede hacer de cara al curso que viene.- respondió Ismael.
-Ah, es verdad.- dijo Cristian. Ismael puso los ojos en blanco pero ni se dignó a contestar.
-Bueno a mí me gustaría seguir ayudando este año, pero si no queda otro remedio iré a hablar con maese Pazo. Gracias Ismael.- le agradeció Brigit con una sonrisa.
Él hizo un simple asentimiento de cabeza y siguió con su trabajo. A pesar de que era sábado, tomó la decisión de ir inmediatamente a hablar con la profesora. No sabía si estaría en su despacho pero al menos lo intentaría. El corazón le latía a mil por hora y, aunque pareciera mentira, se aceleraba cada vez más a medida que se acercaba al despacho. Sin embargo, no tuvo suerte y no la encontró allí. La estuvo buscando durante un buen rato por la escuela pero con el mismo resultado. Al final, decidió que lo mejor sería dejarlo para el lunes pues tenía clase con ella. En el camino de vuelta a la sala común iba caminando cabizbaja, había tenido la ciega esperanza de que encontraría a su jefa de casa y que, milagrosamente, aceptarían que siguiera ayudando a la profesora Sánchez como hasta antes de navidades. Estaba tan ensimismada que se chocó con alguien al girar una esquina.
-¡Lo siento! No estaba mira...- y de pronto se quedó callada.
Frente a ella esa persona le miraba con una dulce sonrisa. Intentó por todos los medios no sonrojarse y actuar con normalidad.
-Parece que hemos cogido la extraña costumbre de chocarnos.- comentó divertido.
-Y-yo... e-esto... lo siento.- repitió avergonzada evitando mirarle a los ojos.
Airón soltó una carcajada y ella le echó una mirada de reojo. ¿Por qué no podía actuar con normalidad delante de él?
-¿Qué te tiene tan desanimada?- le preguntó amablemente.
-¿Tan evidente es?- preguntó ella a su vez.
-Tu cara es un libro abierto.- respondió simplemente. Brigit se envaró. ¿Habría notado algo más?- Venga, cuéntame qué te pasa.
-No quiero molestarte...
-Tampoco es que tenga gran cosa que hacer.- le dijo guiñándole un ojo.
No tuvo que insistirle más. Fue paseando con él hacia la salida más cercana, la del puente que llevaba a las escaleras que bajaban hasta el muelle. Mientras andaban por la pasarela de piedra le contó que ya no iba a estar ayudando a su madre. También le dijo lo molesta y decepcionada que se había sentido puesto que le gustaba mucho lo que había estado haciendo. No mencionó, por supuesto, que el hecho de que eso le permitiera coincidir más a menudo con él era un aliciente. Lo que sí le dijo era su intención de solicitar el puesto de ayudante y que había estado buscando a la profesora Pazo para poder gestionarlo. Airón estuvo escuchando sin decir nada, sencillamente le estaba dejando que se desahogara. Su único comentario fue que intentaría ver si su madre podía hacer algo. Cuando terminó de hablar se quedaron en la muralla exterior, justo al lado de las escaleras, mirando en silencio todo el valle que rodeaba la escuela. La marisma estaba en marea alta, las cimas de las montañas estaban recubiertas de una espesa niebla y el bosque parecía aún más enorme desde allí arriba. No era capaz de ver el final del mismo, apenas podía intuir en donde se encontraba exactamente el lago. A Brigit le parecía muy curiosa la forma de aquel valle, casi como si se hubiera hecho así a propósito. Era una extensión casi redonda, forma que le daba la cordillera montañosa, y justo en el lugar donde no había monte era donde se extendía el centenario bosque cuyos árboles llegaban hasta las mismas faldas de las montañas. También se preguntaba a qué distancia estarían del mar, puesto que recordaba que habían estado largo rato vagando por las cuevas submarinas y además el agua de la marisma era salada. Volvió su vista al bosque.
-Es una vista preciosa.- comentó más para ella que por iniciar una conversación.
-Sí, sin duda lo es.- coincidió Airón- Aunque el clima hoy no acompañe demasiado.
Ella miró por un instante el cielo gris. Una fina llovizna había comenzado a caer hacía un rato pero a Brigit no le importó demasiado. Su mirada retornó al bosque. Aunque ya estaban en invierno, algunos árboles se resistían a deshacerse de sus hojas y todavía había un manto vegetal que luchaba por dar un toque de color en el cada vez más baldío valle.
-El otoño es mi estación favorita.- musitó con su vista fija en la arboleda- Me gustan mucho las tonalidades de rojo, marrón y amarillo de los árboles en esa época. Me parece mil veces más bonito que los miles de colores que dan las flores en primavera.
-Pues aquí vamos a tener un debate,- rebatió Airón- porque a mí me parece mucho más bonito un árbol en flor que cuando sus hojas empiezan a cambiar de color y caerse.
-¿Quieres tener un debate sobre qué estación es la mejor?- rio Brigit.
-Si eso te hace sentir mejor, sí.
A Brigit le dio un vuelco el corazón al escucharle y se giró para mirarle sorprendida. Se había acercado a ella sin que se diera cuenta. Le miraba intensamente y ella se sintió hechizada por esos ojos aguamarina que le habían fascinado desde el principio. Sintió que se perdía en esa mirada que le recordaba al mar. No apartaban la vista el uno del otro y, sin darse cuenta, se fueron acercando poco a poco. Cada vez más, un poco más. Cada vez más cerca.
-Brigit, ¿qué haces ahí empapándote?
Esa voz le hizo volver a la realidad. Se giró y vio a Ismael mirándole con seriedad. Casi como un resorte, los dos jóvenes se apartaron visiblemente avergonzados. Intentó parecer lo más natural posible cuando le respondió.
-No he encontrado a maese Pazo y he salido a tomar el aire.- le dijo. Ismael alzó una ceja, era evidente que no se lo tragaba- ¿Qué haces tú aquí?- le espetó intentando no sonar muy borde.
-No sé si te has dado cuenta de la hora pero ya van a servir la cena y, como no volvías, hemos salido a buscarte.
-Oh.- fue lo único que pudo decir. A decir verdad se había olvidado por completo de la hora.
-En tal caso, será mejor que volvamos a nuestras salas comunes.- intervino Airón- A lo tonto nos hemos mojado con esta llovizna.
-Ah, sí. Es verdad.- coincidió ella después de notar su túnica bastante mojada.
-Nos vemos Brigit.- se despidió Airón.
-Hasta pronto.- le dijo ella un tanto desilusionada.
Él le sonrió antes de marcharse. Al pasar al lado de Ismael, realizó una leve inclinación de cabeza y siguió su camino. Ella no dijo nada en el camino a la sala común. Fue a su cuarto, se cambió de ropa y bajó a cenar. Ni ella ni Ismael hicieron ningún comentario al respecto. Y sinceramente lo agradeció. No tenía ganas de tener una charla de chicas con Caterina... pero le atraía mucho menos la idea de que se enterase Cristian.
-o-
El último fin de semana de enero se celebró el partido entre Oricuerno y Nixe. Cristian había estado entrenando mucho desde que volvieron de las vacaciones. Brigit y sus amigos habían ido a menudo para apoyarlo. La joven había descubierto que se había vuelto una forofa de aquel deporte. Si bien declinó la oferta cuando le ofrecieron jugar con ellos. Ni siquiera había aprendido a volar en escoba todavía, puesto que no habían visto como prioritario que lo aprendiera cuando tenía que adelantar tanto temario de cursos anteriores. La mañana del partido vio a Cristian realmente emocionado. Había mucha agitación en la mesa de Oricuerno. Parecían tener los ánimos hasta arriba y se les veía dispuestos a dar guerra. Brigit miró discretamente a la mesa de Nixe. No había vuelto a cruzarse con Airón, solo se habían visto en las clases y aparte de saludarse y tener alguna pequeña charla trivial no se habían relacionado mucho. Para su decepción, no vio a Airón en la mesa por lo que supuso que habría ido al lago. Lo más probable es que quisiera aprovechar el máximo tiempo posible con su hermano mayor, pues le había dicho que volvería a irse en breve. "Yo también debería ir a despedirme", se dijo.
En el campo de Quidditch se palpaba la emoción. Las dos casas se jugaban pasar a la ronda final y la tensión se notaba en sus rostros. Cristian estaba inusualmente serio. Después de aquel partido debían enfrentarse con la casa Basajaun y luego debía haber un último partido entre Basajaun y Nixe. El que obtuviera una mayor puntuación entre los tres partidos sería el que se clasificaría para la ronda final. El profesor Garza haría de árbitro como siempre. Hubo una gran ovación cuando soltó las pelotas y dio comienzo el partido.
-¡Y ahí salen volando nuestros audaces jugadores!- oyeron decir a Blasco- Se nota la presión, pues ambos se juegan mucho. Seguro que será un partido la mar de emocionante.
La directora Moura miraba muy de cerca a Blasco, controlando cada una de las palabras que salían por su boca. Brigit se preguntaba cómo el chico podía soportarlo, aunque probablemente no le importaba nada que la misma directora le vigilara. Puede que incluso considerase que eso le daba cierto "caché". Él seguía comentando animadamente el partido:
-Y ahí va el bueno de Cristian Núñez García volando a toda velocidad hacia los postes de Nixe y esquivando a cuantos rivales se cruza por delante. No parece que haya nadie capaz de detenerlo. ¡Uf! Esquiva una bludger por los pelos pero ¡ha perdido la quaffle! Suerte que la audaz Emilia Bazán Egea ha acudido al rescate y continúa el ataque de Oricuerno. Pero ahí está Matías Malasaña Oñoro con cara de poco amigos. Parece decirnos sin palabras: "por mis postes, no". Se prepara, lanza y... ¡Lo para! Lástima... Ha estado cerca.
Hubo una gran ovación en la sección de Nixe y un montón de aplausos por la parada del guardián, mientras que en la zona de Oricuerno abundaban las miradas de desaliento. El partido continuó bastante igualado, Cristian estuvo sembrado y ayudó a parar varios de los ataques de Nixe. También su buscadora, Elisa Elía Enciso, estuvo en una ocasión a punto de atrapar la snitch pero uno de los golpeadores de Nixe, Fernán Fagúndez Bermúdez, le golpeó en la escoba y estuvo a punto de tirarla. Pero los de Oricuerno les devolvieron la jugada cuando su propia buscadora, Greta Guzmán Gómez, se lanzó a por la snitch. Solo que a ella en aquella ocasión la paró Elisa cruzándose en su camino. Por más que intentaba escaparse ella la cercaba y le cortaba el vuelo. Siguió así hasta que les lanzaron una bludger, momento que Elisa aprovechó para apartarse con gran maestría y haciendo que la bludger golpeara a Greta.
-¡Menudo golpe se ha llevado la pobre Greta! Espero que siga entera...- comentó Blasco- Ha sido sin duda una jugada magistral de la pícara Elisa. Ahora mismo los marcadores están: 120 Oricuerno – 90 Nixe. Estáis cerca, pececillos, ¡pero hay que nadar más rápido! Porque ya sabéis que los oricuernos, aparte de daros una cornada, os pueden sobrevolar con sus alitas.
Greta se mantuvo en su escoba como pudo, la bludger le había dado en el brazo y se notaba que debía dolerle bastante. Apenas podía sostenerse en su escoba. Por suerte para ella, y mala suerte para su equipo, Elisa no tardó en hacerse con la snitch. Hubo un gran grito de alegría que inundó todo el campo, originado por los alumnos de Oricuerno. Cristian estuvo exultante (y hasta molesto) durante toda la semana siguiente.
El mes de enero terminó antes de que se dieran cuenta y entraron en febrero con todos los árboles habiendo perdido sus hojas. Solo la parte del bosque perenne con las coníferas, como los abetos o cipreses, y otros árboles como los alcornoques o las mimosas daban un toque de vida al bosque ahora lleno de altos árboles desnudos. El tiempo también se había vuelto más invernal con el paso de las semanas. No había habido un día en que superaran los 10 ºC y era raro el día en que no llovía, aunque fuera solo unas pocas horas. Le habría gustado que nevase pues se imaginaba que el paraje nevado sería precioso. Si bien habían tenido algunos días con temperaturas bajo cero, la nieve sólo se había asentado en las cumbres de las montañas puesto que no nevó durante suficiente tiempo para que cuajara. Tuvieron varios días de fuertes vientos en los que, aun estando protegido el valle por aquella cordillera, se vieron obligados a suspender alguna de las clases de campo de la profesora Sánchez y a posponer el partido entre Basajaun y Nixe por seguridad. No pudo hablar con la profesora Pazo, pues parecía estar ocupada y nunca podía atenderla. Pero la primera semana de febrero iban a comenzar con las reuniones de orientación de cara a los DEP, lo cual determinaría si debía elegir diferentes asignaturas en los cursos siguientes. Brigit se decidió a aprovechar dicha reunión para plantearle el tema de ser ayudante de la profesora Sánchez. Si bien se sentía nerviosa, no por plantear aquello, sino por la reunión en sí. No sabía qué podía esperar de la misma. El día de la reunión se movía nerviosamente esperando a decidirse a entrar en su despacho. Finalmente, se dio ánimos mentalmente y golpeó la puerta.
-Pase señorita Castro.- oyó decir.
Respiró hondo y giró el picaporte cerrando luego la puerta tras de sí. Se acercó al escritorio de la profesora y se sentó en la mesa frente a ella. Golpeaba nerviosamente los talones contra el suelo y apretaba la falda de su vestido a la altura de las rodillas. Esperó a que la profesora pusiera en orden algunos papeles frente a ella. Por lo poco que pudo ver Brigit, eran resultados de sus exámenes y algunas notas de otros profesores.
-Bien señorita Castro,- comenzó a decir- debo felicitarle por sus progresos. Nos ha sorprendido gratamente a todos con sus exámenes. Si bien le quedan algunas cosas por pulir, me alegra anunciarle que ya no es necesario que siga tomando clases extra por las tardes.
-Gracias, maese Pazo.- le dijo soltando un suspiro aliviado.
-Entiendo su nerviosismo.- observó la profesora- Sé que para usted todo esto sigue siendo nuevo y no hay nada que le sirva de referencia para el objetivo de esta reunión.
-Así es maese.- confesó ella- Lo cierto es que no tengo ni idea de a qué trabajos podría aspirar o si alguno de ellos podría atraerme lo suficiente.- agachó la cabeza y se mordió el labio con nerviosismo- Ni siquiera sé si sabré hacerlo...
-No debe preocuparse tanto.- le tranquilizó la profesora- Somos conscientes de su situación y haremos cuanto esté en nuestra mano para allanar el camino.
-Gracias maese Pazo.
-Tendremos varias reuniones de aquí a final de año.- le indicó- En ellas le iré explicando las distintas labores que podrá encontrar en la comunidad mágica. Además, le iré aconsejando de acuerdo a las capacidades que yo misma y el resto de docentes observemos en usted.
-La verdad es que eso me vendría muy bien. Lo cierto es que estoy bastante perdida.
-Lo imagino.- asintió la profesora, pero le sonrió alentadoramente- Debo admitir que la mía es una de las asignaturas en la que más ha destacado.- reveló con cierto deje de orgullo- Pero también se ha mostrado diestra en Herbología e incluso, si bien a nivel teórico, en Alquimia.
-Es que el maese Artefi es un gran maestro.
-Gran maese.- corrigió la profesora.
-Sí, disculpe. Es que el gran maese siempre nos corrige. No parece que le guste demasiado que se refieran a él así.- se justificó un tanto sonrojada.
-Lo sé, pero usted debería referirse a él como se debe.
-Lo haré, disculpe maese.
Estuvo la siguiente hora y media explicándole sobre distintos trabajos del mundo mágico, todos ellos relacionados con el Ministerio de Magia. Brigit se imaginó que iría dándole información de distintos grupos a modo general, por eso le sorprendió que le explicara cada uno con todo lujo de detalles. Intentaba poner atención pero, llegado un punto, empezó a aburrirse de sobremanera. Hasta que llegó al Departamento de Control de Criaturas Mágicas. La profesora se percató que aquello había captado su atención.
-Parece que maese Sánchez la ha enganchado por completo en su red.- comentó con una sonrisa.
Brigit se sonrojó con ese comentario. Pero lo vio como su oportunidad para comentarle lo que llevaba tiempo queriendo decirle.
-Lo cierto es que disfruté mucho ayudándole.- declaró- Siempre me han gustado mucho los animales. Mi madre es abogada especializada en derecho medioambiental y era uno de los trabajos que me planteaba hacer antes de...
Se calló de pronto pensando que podía decir algo que no debía, pero la profesora sabía cómo terminaba aquella frase. Antes de saber que soy bruja. No creía que eso le fuera a sentar mal, de todos modos era lógico que aún le costase asimilar que lo que había planteado para su futuro ya no tenía validez.
-Comprendo.- fue lo único que dijo.
-Por eso me preguntaba si... bueno, esto...- comenzó a decir poniéndose muy nerviosa por la mirada inquisitiva de la profesora Pazo- si yo, bueno...- tomó una bocanada de aire intentando tranquilizarse- ¿podría ser la ayudante de maese Sánchez?
Silencio. Ya estaba. Lo había dicho. Pero ahora la profesora Pazo la miraba sin decir una sola palabra. ¿Le habría molestado? ¿Es que acaso pretendía atraer su interés hacia otro tipo de trabajo y ella volvía a las criaturas mágicas? Sin embargo, tras unos instantes sonrió.
-Me temo que ahora mismo no es posible, pero puedo gestionarlo para el curso que viene.
-Comprendo. Gracias maese Pazo.- le dijo un tanto decepcionada.
-Creo que por hoy ya hemos tenido suficiente. Puede retirarse.
Brigit ya se estaba levantando y girando el picaporte para marcharse cuando escuchó a la profesora Pazo decirle:
-Hablaré con maese Sánchez para que le contacte si necesita ayuda.
-Se lo agradezco maese.- le dijo sinceramente intentando contener la emoción.
La profesora realizó una leve inclinación de cabeza y Brigit, tras darle de nuevo las gracias, se marchó camino a la biblioteca donde había quedado con sus amigos. Tenía unas noticias excelentes que contarles.
-o-
Un día en que estaba lloviendo a mares durante la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, Brigit se encontraba muy concentrada leyendo el libro "Criaturas Mágicas de la Península Ibérica" escrito por un magizoologo llamado Manel Ferrándiz Gómiz. Estaba realmente fascinada con una criatura que, incluso entre los magos, era considerada como mitológica: el dip, una especie de perro malvado y peludo. Se decía que se alimentaba chupando sangre, especialmente del ganado. Al parecer sólo salían de noche y entre sus víctimas había borrachos noctámbulos que iban a las tabernas. Si bien se contaban con ciertos registros en los que se recogían testimonios de algunos magos y brujas que parecían describir a tan temible criatura, no había pruebas fehacientes de la existencia de este ser. Uno de ellos estaba incluido en el libro y relataba la perturbadora historia de un joven mago que Brigit leía con creciente interés:
31 de julio de 1819
Recibimos una lechuza urgente a altas horas de la madrugada de un joven mago llamado Miguel Casals Sánchez. Se encontraba de visita en la granja de sus progenitores, muy cercana al municipio de Pratdip. La carta tenía escritura casi ininteligible, en la que vagamente se distinguía las palabras "ojos rojos" y "dip". Se tomaron medidas cautelares por si algo grave sucedía y se tomó la decisión de acudir a la granja esa misma noche.
Era una noche oscura y bastante fría, el joven mago y su familia parecían compungidos. Tras tomarle declaración, el señor Casals nos indicó que se quedó despierto estudiando para sus exámenes de Sanador. Hacia la medianoche notó una extraña agitación en las cuadras. Pensando que sería un molesto nogtail del que le habían advertido sus padres, nos indicó que salió decidido a espantarlo y de avisar a primera hora al Departamento. Con su varita en alto entró en la cuadra esperando ver un animal parecido a un lechón mamando de su cerdita Bolita. No obstante, lo que halló fue una figura oscura junto al sangrante animal.
La figura, la cual describió como "una especie de masa peluda y negra con brillantes ojos de sangre", salió disparada al ver su varita iluminada. La criatura desapareció en la oscuridad de la noche en cuestión de segundos. Una vez superado el impacto inicial ante tal escena, el joven acudió a curar a la cerda la cual apenas respiraba.
Inspeccionamos la cuadra, la puerta estaba destrozada. Los animales aun estaban nerviosos y se agolpaban en un intento de protegerse. Encontramos 3 gallinas y una oveja muertas, todas desangradas, y varias huellas de sangre que parecían de un canino que finalizaban en un charco de sangre donde se encontró a la cerda. Se inició en ese mismo instante un protocolo de búsqueda de ese ser. Fuese realmente un dip o cualquier otro ser, había que asegurar que no atacaba a nadie más. Animal o no.
Sin embargo, tras meses de búsqueda dieron el caso por cerrado pues no se halló ni la más mínima pista del dip. Tras ese suceso, no se contaban con más registros de esta criatura. Por ello se asumía que, en caso de que hubiese existido realmente, es muy probable que se hubiese extinguido. Brigit sintió un escalofrío al terminar de leer. Sinceramente esperaba que realmente no existiera. De pronto, la profesora Sánchez atrajo la atención de la clase.
-Disculpad que interrumpa vuestra lectura alumnos, pero debo anunciarles algo que afectará a la nota final del curso.
Todos dejaron lo que estaban haciendo y se miraron con nerviosismo. La profesora Sánchez sonreía tranquilizadoramente como siempre. Brigit y Caterina eran de las pocas que esperaban con expectación lo que les iba a decir la profesora. Llevaba unos papeles en la mano que comenzó a repartir entre los alumnos.
-Deberán escoger un animal de entre los de esta lista sobre el cual realizar una investigación de campo. Todos viven en los alrededores de la escuela, la mayoría de ellos en el bosque.
-Pero no podemos acceder a todas las áreas del bosque.- protestó un alumno de Basajaun.
-Descuiden, todos ellos están dentro de la zona correspondiente a quinto curso.- les tranquilizó- Y si precisasen de un permiso especial, podrán solicitarlo para acudir conmigo a la zona.
Brigit analizó la lista. Había muchísimos animales, pero entre ellos no estaban los nixe. Frunció el ceño. Había leído que las costumbres de la Gente del agua, así como los centauros, estaban envueltas en el misterio y que poco se conocía de su organización y hábitos. A pesar de su desilusión por no poder escoger a los nixe, hubo varios que le llamaron la atención. Decidió revisarlo con Caterina.
-¿Hay alguno que te resulte interesante?- le preguntó.
-Sí, lo cierto es que tengo interés en los busgosus y las anjanas.- comentó analizando el listado- También estaría interesante estudiar a los bowtruckle, pero son tan difíciles de detectar...
-Coincido contigo, aunque a mí la verdad me llaman más la atención...
-Dense prisa en elegir, por favor.- oyó decir a la profesora, la cual acalló las conversaciones de la clase- Los trabajos no pueden ser sobre la misma criatura.
Entonces todo el mundo pareció correr para ir a apuntar su elección en la lista de la profesora, como si sus asientos les quemaran. Brigit y Caterina no fueron menos y se presentaron tan rápido como se lo permitieron frente al escritorio de la profesora.
-Bien, díganme qué han elegido.- les dijo con una sonrisa.
-Pues había pensado en los busgosus.- le dijo Caterina.
-Lo lamento, ya lo han escogido.- reveló la profesora tras revisar la lista.
-Vaya... ¿Y las anjanas?
-Ese todavía está disponible. Se lo apunto. ¿Y usted señorita Castro?
-Las mouras que veo que nadie las ha escogido todavía.
-Estupendo, pues se lo anoto.- respondió con una sonrisa.
Quizás, pensó Brigit, no había sido muy original al escoger el animal. Pero al fin y al cabo, era el animal que representaba a su casa así que no estaría de más aprender un poco sobre él.
-o-
Aquel sueño era diferente. No estaba segura de por qué, pero de algún modo lo sabía. Esa voz seguía sonando lejana y no comprendía sus palabras, pero sí los sentimientos que ésta le transmitía. Intentaba recordar de quién era pero no era capaz de acordarse. Seguía habiendo un deje de urgencia le instaba a ir más rápido, a que llegara hasta ella. Todo estaba oscuro y seguía notando que había algo siniestro en aquel lugar. Pero ya era capaz de distinguir más cosas que en otras ocasiones. Ahora veía que se hallaba en un bosque, pero no veía hacia dónde debía dirigirse puesto que no veía mucho más allá de un par de metros delante de ella. Y ese extraño ser seguía al acecho. Lo sentía. Intentó que el miedo que le helaba la sangre no le dominara. Se centró en la voz que insistía, cada vez con mayor apremio, a que llegara hasta ella. Debía conseguir de una vez llegar hasta la voz.
Sus pasos eran rápidos y constantes. Ese ser no le daba cuartel. Seguía cada uno de sus pasos luchando por darle caza. Su respiración se hizo muy pesada y su corazón latía con fuerza en su pecho. De pronto ahí estaba: esa tímida luz de la última vez apareció justo frente ella. Sólo un último esfuerzo, un último sprint y nada más. Pero notó a su lado una respiración que no traía nada bueno consigo...
-o-
Brigit abrió los ojos de sopetón y se levantó casi de un salto de la cama. Miró a su alrededor confundida y asustada. Estaba temblando y sudaba. Cuando fue consciente de que estaba en su habitación y que allí no había nadie más aparte de sus compañeras, las cuales todavía dormían plácidamente, comenzó a relajarse. El corazón le latía desbocado y comenzó a palparse como queriendo asegurar que estaba despierta. Que aquello no había sido más que una pesadilla y que estaba bien. De pronto miró sus manos con expresión confundida. Tenía la varita entre sus manos. ¿Cómo había llegado ahí? La notaba arder entre sus dedos, como si estuviera lista para lanzar un hechizo en cualquier momento. O peor, como si ya lo hubiese lanzado. Comprobó rápidamente que todo en la habitación estaba como debería estar. Respiró aliviada al hacerlo, todo parecía en orden. Se centró de nuevo en la varita. Solía guardarla en el cajón de su mesilla de noche. Miró el cajón y vio que estaba abierto. ¿Lo habría abierto en sueños? Confundida y un tanto asustada, volvió a guardarla e intentó conciliar el sueño. Tuvo un sueño ligero y sin más visiones extrañas ni voces que le llamaban. Cosa que, a pesar de no haber descansado apropiadamente, agradeció.
-o-
Ese día había amanecido con una gran helada. No parecía el mejor día para iniciar con su trabajo de investigación, pero al menos había dejado de llover y querían comenzar cuanto antes con el trabajo. Tenían un plazo bastante razonable, pues debían entregarlo antes de que se iniciaran los DEP, pero no tenían permitido buscar información sobre las criaturas que habían escogido. Así que cada oportunidad de salir a investigar debía ser aprovechada. Después de comer se fue junto a Caterina. Por el camino se cruzaron con otros dos compañeros, Aimón Alvarado Arnaud de Nixe y Altair Alcántara Assad de Ifrit, que iban camino al bosque. Todos habían escogido criaturas que vivían en distintas zonas del mismo. Aimón concretamente fue quien "arrebató" a Caterina la posibilidad de hacer el trabajo sobre los busgosus. Salieron bien abrigados y con sus cuadernos a punto para anotar todo cuanto observasen de las criaturas que habían escogido. Por fortuna ninguna de éstas hibernaba, si bien no estaban demasiado activas durante el invierno. Como Brigit aún no había terminado de aprenderse del todo las zonas del bosque, sus compañeros le guiaron hasta su zona. Por el camino, procuró fijarse en la ruta a fin de ser capaz de volver en caso necesario. Se despidió de ellos, se ocultó tras el de grueso tronco de un fresno desmochado cercano al riachuelo y espero. Esperó, esperó y esperó.
El paso de las horas se le hacía eterno y notaba el frío calado en los huesos. En varias ocasiones pensó que se había equivocado de lugar. Se suponía que estos seres moraban cerca de pequeñas lagunas, ríos e incluso castros o túmulos pero ninguno pasó por allí. Dos horas más tarde, ya tomada la decisión de marcharse al calor de la chimenea de la sala común, escuchó un agudo parloteo. Justo tras un joven olmo vio aparecer un par de criaturas que recordaban a las hadas de los cuentos. Su torso, cabeza y extremidades parecían cortadas por el mismo patrón que el de las personas y tenían 3 pares de grandes alas de insecto. Sus ojos eran grandes y brillantes de color verdes esmeralda (incluida pupila e iris) y sus orejas eran ligeramente puntiagudas. A la joven le recordaron a los elfos. Sus cabellos eran largos y negros así como sus alas, las cuales a pesar de ser transparentes también tenían un tinte negro. Vestían unas prendas de "ropa" compuesta por hojas y lo que parecía seda de telas de araña. Ambas criaturas miraban de un lado a otro, parecían estar revisando el terreno. Brigit se acuclilló dentro del hueco del fresno intentando hacer el menor ruido posible. Cuando las dos mouras parecieron cerciorarse de que el lugar era seguro emitieron un aviso con esa delicada y aguda voz.
En ese momento aparecieron varios individuos más, Brigit contó un total de 11 mouras. Salió con mucho cuidado de su escondite para ver mejor y comenzó a anotar todo lo que iba observando en su cuaderno. La mayoría de los individuos tenía el pelo dorado o rojo, habiendo sólo unos pocos con el cabello negro o blanco. El color de las membranas variaba dependiendo del color del pelo coincidiendo con éste, a excepción de las de pelo blanco que poseían membranas iridiscentes. Observó que el color del pelo parecía simbolizar el estatus que tenían dentro de la colonia. Las mouras de pelo blanco se dedicaban a coordinar al resto, las de pelo negro andaban alerta vigilando los alrededores, las de pelo rojo recolectaban el poco alimento que eran capaces de encontrar (como alguna bellota o piñones de los abetos cercanos, así como el agua del arroyo) y las de pelo dorado usaban las hojas recogidas para elaborar esos curiosos "ropajes" que usaban todas. Por más que lo intentó, le resultó imposible distinguir entre machos y hembras. Eran demasiado parecidos como para distinguirlos.
Tuvo incluso la suerte de ver a las mouras en acción, lo que por poco se perdió pues a media tarde había hecho un descanso para comer algo. Se escuchó un ruido que puso a toda la colonia en alerta, tras un arbusto vio aparecer un enorme gato blanco con un cuerno de color oscuro la plena frente. Aquel gato tenía un tamaño algo mayor de un lince adulto y, como éste, tenía unas patillas que colgaban de sus mejillas y orejas puntiagudas terminadas en un pincel de pelos negros. Las mouras de pelo negro fueron directas a él y conjuraron un potente rayo de luz que cegó a su enemigo, incluso a Brigit que tuvo que taparse los ojos debido al fulgor. Oyó gruñir al animal que volvió sobre sus pasos y se marchó tan rápido como había aparecido. Al conseguir recuperar la vista maldijo para sus adentros pues las mouras habían desaparecido. Por suerte para ella, al cabo de un rato las vio aparecer de los troncos de los árboles pues habían conjurado un hechizo que les había hecho mimetizarse perfectamente con los troncos de los árboles cercanos. Estaba tan concentrada escribiendo en su cuaderno que casi pegó un grito cuando Caterina tocó su hombro.
-Lo siento.- le susurró.
-No te preocupes. ¿Qué pasa?- preguntó Brigit intentando no alzar la voz.
-Nosotros nos volvemos ya.- le dijo señalando también a Aimón y Altair- No hemos tenido mucha suerte con nuestros animales. Se han pasado gran parte de la tarde durmiendo o recogiendo un poco de comida. ¿Te vienes con nosotros?
-No, quiero ver si consigo recopilar algo más de información.- les dijo enseñando su cuaderno.
-Menuda suerte has tenido.- comentó Aimón mirando sus notas con cierta envidia.
-Ya te digo.- coincidió Altair- Yo apenas he podido rellenar una página.
-¿Seguro que sabes volver sola?- preguntó Caterina algo preocupada.
-Sí, me he ido fijando por el camino. Podéis marcharos tranquilos.
Tras tener que prometer a Caterina que volvería antes de ponerse el sol, ya que estaba prohibido estar en el bosque de noche, Brigit se despidió de sus compañeros y continuó con su tarea. Lo cierto era que, a pesar del frío, se lo estaba pasando bastante bien con ese trabajo. "Aunque seguro que será más divertido cuando no corra el riesgo de convertirme en un muñeco de nieve", pensó cuando una repentina ráfaga helada le golpeó en la cara. Brigit se centró en intentar ordenar y revisar todo lo que había estado observando a lo largo de la tarde. Se fijó en que ya estaba oscureciendo así que tomó la decisión de marcharse. Al levantarse se quedó muy quieta pues se encontró de frente con una moura que le miraba fijamente. La moura tenía el pelo blanco, ojos rojos escarlata y 2 pares de alas iridiscentes. Se quedó quieta sin saber muy bien qué hacer. Había visto que, en caso necesario, eran bastante capaces de defenderse y no le hacía especial gracia volver a quedarse momentáneamente ciega. La moura, que parecía bastante anciana, inclinó la cabeza mientras la observaba. Brigit comenzó a ponerse nerviosa e hizo lo primero que se le pasó por la cabeza.
-Hola.- le dijo a la moura de blancas melenas.
-Hola.- respondió la moura. Brigit se quedó boquiabierta.
-¿Entiendes lo que te digo?- preguntó sorprendida.
La moura no respondió, sino que empezó a volar a su alrededor. Poco después el resto de mouras comenzaron a hacer lo mismo. Se le quedaban mirando, decían "hola" con sus agudas vocecitas y volaban a su alrededor. Brigit se quedó fascinada con ese comportamiento y perdió por completo la noción del tiempo.
-o-
Caterina acababa de salir de los baños y bajaba la escalera a los dormitorios. Se había dado un largo baño de espuma para recuperarse del frío que había pasado aquella tarde. Los baños se hallaban en la misma torre de la sala común, a los que se accedía pasando por la puerta que se encontraba al final de cada dormitorio. Desde ahí había que subir hasta el final de la torre desde donde había grandes cristaleras con vistas al bosque y la marisma, además de tener el techo hechizado con un conjuro que simulaba el cielo exterior. A Caterina le encantaba darse largo baños con sales perfumadas y espumas de colorines, pero era rara la ocasión como aquella en la que tenía el baño entero para ella sola. Por lo que lo aprovechó al máximo. Solo se marchó cuando vio que el cielo del techo mostraba que ya había anochecido. Cuando pasó por la puerta de los dormitorios de quinto curso vio que la mayoría de sus compañeras se estaban preparando para bajar a cenar. Pero no vio a Brigit entre ellas y sintió que el corazón le daba un vuelco. Por asegurar, preguntó a Maggie y a las otras si la habían visto llegar o si estaba en la sala común, pero ninguna de ellas le había visto. Posó la vista a la ventana y lanzó una mirada preocupada al bosque. Sabía que la zona en la que se tenían que internar era bastante profunda, pero Brigit le había asegurado que se había fijado en el camino para la vuelta. Mientras se vestía Caterina sentía una opresión en el pecho. "Debería haber insistido en que volviera con nosotros", pensó angustiada. Cuando terminó de vestirse Brigit seguía sin aparecer. Se acercó a la ventana con sus prismáticos de Quidditch. No eran muy buenos pero le permitirían ver mejor el bosque, pues estaba bastante alejado del castillo. Enfocó la linde del bosque y vio una figura envuelta en una capa marrón que salía en dirección a la escuela. Aunque no podía distinguir quién era, su capa se parecía a la de su amiga. Suspiró aliviada. Seguramente se había despistado y se le había hecho más tarde de lo que esperaba. Bajó a la zona de la sala con la intención de esperarle allí pero su hermano le convenció para bajar a la Bóveda.
-Seguramente querrá darse un baño y cambiarse de ropa.- argumentó Ismael.
Ella no pudo quitarle razón. Así que ambos bajaron a la Bóveda con intención de esperarle para la cena. Si bien no le vieron cuando entraron, pero claro desde el bosque hasta el castillo había un buen trecho y tardaría un rato en llegar.
-o-
Ya había anochecido y Brigit estaba cada vez más agobiada. Al final se había despistado con las mouras que parecían estar fascinadas con ella y se le hizo más tarde de lo que pretendía. Para colmo se había perdido. Como todo estaba oscuro no fue capaz de orientarse y no sabía en qué punto se había equivocado de camino. "Y ni siquiera me acuerdo del hechizo para lanzar una señal y que vengan a buscarme", pensó angustiada. Había llegado un momento en que se planteaba intentar hallar las montañas y seguir su curso hasta salir del bosque. Pero había un problema con ese plan y era que los árboles, aun habiendo perdido sus hojas, eran demasiado altos y no era capaz de ver dónde se hallaban los montes y menos con aquella oscuridad. Otra de las opciones que valoraba era probar a llegar hasta el lago y pedir ayuda a la profesora Sánchez o Alfeo, si es que todavía estaba por allí. Sería mejor pasar la noche en su casa y enfrentarse a una sanción por la mañana que andar vagando por el bosque de noche. Al final optó por esa segunda opción, pues era más probable que llegados a ese punto encontrase el lago a la salida del bosque y no tenía más que seguir el riachuelo que tenía cerca para hallar el río principal. Una vez localizado, solo tenía que seguirlo hasta llegar al lago.
Iba con su varita en alto iluminando el camino, mirando nerviosamente a su alrededor especialmente cada vez que oía un ruido. No sabía qué había en el bosque pero si estaba prohibido adentrarse en este de noche por algo sería. Y, a decir verdad, ella no quería averiguar qué era ese algo. Además, el motivo principal por el que se sentía nerviosa era que eso se parecía demasiado a sus pesadillas. "No seas tonta", se decía, "No son más que sueños... Además, no hay ninguna voz llamándote". Tardó un rato pero finalmente oyó el rumor del agua a lo lejos. Esperanzada apretó el paso.
-o-
Todos los alumnos y profesores se habían sentado y había comenzado la cena, pero seguía sin haber rastro alguno de Brigit. Caterina se sentía cada vez más preocupada y se empezó a preocupar más a medida que la cena iba finalizando. ¿Y si se había equivocado? ¿Y si la persona que había visto acercarse a la escuela no era su amiga? Ismael notó su ansiedad e intentó tranquilizarla. A lo mejor estaba todavía en la sala común, o dándose un baño o incluso cambiándose y bajando mientras ellos hablaban.
-Puede que esté cansada y no quiera cenar.
-No sé... Será mejor que vaya a ver.- dijo levantándose de la mesa.
Su hermano suspiró, pero se levantó también. Al otro lado de la Bóveda, Cristian les vio y se levantó de su mesa para preguntarles qué les pasaba. Cuando Caterina le explicó sus miedos, el joven coincidió con su amigo en que no debía preocuparse. Pero ella no estaba convencida e insistía en comprobar que al menos hubiese llegado a la sala común. Nada más salir se dieron de bruces con Airón. Venía con las botas llenas de barro y la parte de abajo de la túnica marrón empapada. Caterina palideció ante el horrible presentimiento.
-Airón, no quiero ser indiscreta, pero...- tragó saliva antes de preguntar- ¿vienes del bosque?
El joven frunció el ceño ante su pregunta. Notó que su hermano y su amigo se tensaban.
-Sí, vengo de allí.- confirmó- Mi hermano mayor se irá mañana, por eso me he despistado y se me ha hecho tan tar...
Caterina dejó al chico con la palabra en la boca. Salió corriendo como una exhalación hacia la torre camino a la sala común. Llegó hasta allí y encontró a la moura solicitada por los druidas en tiempo récord. Aunque estaba casi sin aliento, subió corriendo a los dormitorios. Bajó a la sala común mucho más pálida que antes, si es que eso era posible. Se fijó en que incluso Airón le había seguido corriendo. Los tres chicos respiraban rápidamente pues habían ido corriendo tras ella, sus caras tenían expresiones de preocupación.
-N-no es-está.- fue lo único que salió de sus labios.
-o-
El sonido del río era cada vez más fuerte, no debía de quedar mucho para llegar. Solo tenía que llegar hasta allí y desde ahí el camino hasta el lago sería sencillo. No sabía cuánto tardaría pero por lo menos estaba segura de que llegaría. El cielo estaba despejado y sin una sola nube, podía ver algunas estrellas entre las espesas ramas del bosque. Aunque tampoco es que ayudase mucho puesto que había luna nueva y la mayor luz en aquel lugar era la de su varita. Brigit llevaba un rato sintiendo una inexplicable opresión en el pecho y un pavor incomprensible se apoderaba de ella cada vez que oía el más insignificante ruido. Aquello se seguía pareciendo demasiado a su sueño, tenía una extraña sensación de déjà vu. Desde hacía bastante rato notaba una insólita vibración y sensación de calor procedente de su varita. Aunque esa sensación bien podía venir de sus ya entumecidas manos debido al frío. El ruido de las aguas era ya bastante intenso, no podía estar más de unos metros de distancia del río pero de pronto, sin saber por qué, se quedó muy quieta. Se quedó mirando fijamente en un punto a sus espaldas. Le pareció oír algo, pero podría ser su imaginación que llevaba un rato muy desbocada. Se quedó muy callada, con la varita en alto, intentando captar hasta el más mínimo murmullo.
-A... Ay... Ayuda.
Sin pensárselo dos veces, aun incluso sabiendo que estaba cerca de su objetivo, Brigit se salió de la ruta y acudió en auxilio de esa voz. No sabía quién era pero, si había alguien más perdido en el bosque a esas horas y necesitaba ayuda, no iba a ser ella quien le dejase tirado. A pesar del pavor que sentía a medida que se alejaba de esa "ruta segura", se dejó guiar por esa voz. Era apenas un susurro, pero había escuchado claramente su petición de socorro. Se adentró de nuevo en el bosque, se movía torpemente entre la maleza y los árboles intentando hacer el menor ruido posible para que, lo que sea que pudiera haber por allí, no diera también con ella. Unos minutos más tarde, su varita iluminó algo que le hizo fruncir el ceño. En un tronco había un líquido de color plata azulada que brillaba de manera extraña a la luz de su varita. Brigit se preguntó qué podría ser. Su varita comenzó a sentirse extraña. Ahora esa vibración que llevaba rato sintiendo era mucho más intensa.
A medida que avanzaba, comenzó a ver gotas y pequeños charcos de aquel líquido. Hasta que llegó un punto en el que se encontró siguiendo una especie de río plateado, el cual le llevó hasta una zona repleta de álamos blancos ahora desprovistos de hojas. Escuchó a algo moverse rápidamente pero no movió la varita lo suficientemente rápido como para llegar a ver de qué se trataba. Se adentró en la chopera con precaución, mirando en la dirección en la que había oído moverse a lo que fuera que momentos antes estuviera ahí y con la varita en alto ardiéndole entre los dedos. Se sobresaltó cuando escuchó un quejido a sus espaldas. Pero lo que realmente le turbó fue que ahí, al final del río plateado y sobre un enorme charco del mismo color, había un equino con cascos dorados de un color tan blanco que podía hacer parecer gris a la nieve y un cuerno en la frente. Frente a ella yacía agonizante un unicornio. El pobre animal respiraba con dificultad y de manera superficial. Tenía una fea herida que parecía hecha por una dentellada en una de las patas delanteras que sangraba profusamente, también tenía otras laceraciones menores que se asemejaban a mordeduras a lo largo del torso. Y, para mayor consternación de la joven, estaba encinta. Cuando se acercó un poco y vio asomar algo, no se lo pensó y se fue corriendo a asistir al parto de la pobre madre. Tenía una cierta experiencia con eso pues sus tíos criaban caballos que luego usaban para sus clases en la escuela de hípica y en alguna ocasión había echado una mano en el cuidado de los mismos, partos incluidos. Si bien no habían sido muchas ocasiones. Esperaba que fueran suficientes.
Se colocó tras ella y se puso nerviosa al ver que estaban visibles las patas pero no la cabeza, no era una buena señal. Sin tiempo que perder introdujo las manos dentro del unicornio palpando para encontrar la cabeza. Una vez la halló, la sujetó con fuerza y tiró. Casi enseguida consiguió sacar la cabeza y se relajó bastante al ver que comenzaba a respirar. En pocos minutos consiguió sacar al potrillo. Se miró consternada las manos recubiertas de aquella sangre plateada y no mejoró al ver que había dejado tirada su varita en un reguero de sangre. Rompió el cordón umbilical como pudo y se apresuró a intentar ayudar a la madre, mientras su dorada cría hacía sus primeros esfuerzos por ponerse de pie.
-Shhh, tranquila. No voy a hacerte daño.- le dijo con voz suave.
-Ve-vete...- respondió mirándole a los ojos. Brigit se apartó de un salto por el susto que le dio- Huye... Llévatela, p-por favor, a-antes de que vu-vuelva...
Brigit no tuvo ocasión de decir nada más porque tras de ella escuchó un gruñido que le hizo temblar de puro terror. Casi por acto reflejo tomó su varita, que ahora vibraba de manera espectacular, y apuntó su haz luminoso hacia los árboles mientras intentaba abarcar con sus brazos a madre e hija, en un vasto intento por protegerlas. Hacia ella se acercaba una masa negra y peluda por cuyas fauces resbalaba un líquido plateado.
De entre las sombras emergieron unos brillantes ojos rojos como la sangre.
