Las Superheroicidades de Haruhi Suzumiya

Escrito por FoxOnPie, traducido por Fox McCloude

Disclaimer: Haruhi Suzumiya, My Hero Academia y todos sus personajes respectivos son propiedad de Nagaru Tanigawa y Kouhei Horikoshi. Todos los derechos reservados.


Episodio 3: Sibila.


Después de desmayarme en el primer día de nuestro entrenamiento, Haruhi y yo trabajamos juntos para mejorar su, entre comillas, plan maestro. Ya que en realidad eran ejercicios básicos, no había tanto que tuviéramos que hacer, así que simplemente tomamos a pecho el consejo de su padre y decidimos descansar entre actividades. Haruhi quería que los descansos fueran de solo un minuto, pero me las arreglé para que usara la lógica y que aceptara que fueran al menos de cinco minutos.

Obviamente, tomar unos pocos descansos no convirtió todo ese entrenamiento en un simple paseo por el parque, pero al menos se tornó en algo que era manejable. Los suplementos que el padre de Haruhi me sugirió tomar también me ayudaron bastante. Pude sentir que mi resistencia iba aumentando, y antes de darme cuenta, fui capaz de seguir todo el programa sin siquiera sentir que iba a colapsar. Desde luego, incluso con eso, nunca era capaz de seguirle el paso a Haruhi; ella siempre dice que nunca ha hecho ejercicios en serio hasta ahora, pero eso tiene que ser mentira. Y por el bien de mi orgullo, espero que sea una simple mentira.

Como sea, el entrenamiento iba bastante bien. O al menos, lo suficientemente bien para mí. Haruhi, sin embargo, hizo muy aparente su insatisfacción con el mundo, y esta existía debido a una razón a la cual se aferraba con mucha fuerza.


- ¡Necesitamos un maestro de artes marciales! – dijo Haruhi en una tarde del mes de Junio.

- Llevas diciéndome eso al menos una vez al día desde hace un mes y medio. – dijo Midoriya mientras pasaba su almuerzo.

- ¡Porque es importante! ¡No importa lo fuertes que nos hagamos de nuestro entrenamiento, eso no significará nada si no podemos dar un buen puñetazo, y no se puede aprender mucho en internet o en la biblioteca, por eso necesitamos a alguien que nos enseñe cómo hacerlo!

- Ya lo sé, pero no es que no hayamos encontrado a alguien por falta de esfuerzo, sino más bien porque no encontramos a nadie que cumpla con tus locos estándares.

- Mis estándares no son locos. – dijo Haruhi. Midoriya soltó los palillos y le dio toda su atención.

- Suzumiya-san, cuando fuimos al estudio de artes marciales de Gunhead, te frustraste tanto que lo llamaste un torpe que habla como rarito e hiciste que nos echaran.

- Tengo todo el derecho de haberme enfadado con él. Solo nos estaba enseñando a hacer llaves, pero uno no se salva de todo solo con agarres. Se supone que los héroes hacen mucho más que eso, están más equilibrados.

- ¿Y qué tal ese otro lugar donde conocimos a la chica con el Quirk de manos gigantes? Podríamos haber aprendido buen karate y kung-fu, pero tú no dejabas de quejarte de lo aburrido que era.

- ¡Porque era muy aburrido! Saber solo karate y kung-fu ya es muy repetitivo, y me rehúso a caer en ese cliché. Además, no me gustaba el pelo de esa chica.

- Solo era una coleta, no tenía nada de malo. – Sin avisar, Haruhi agarró el bento de Midoriya y se zampó todo el resto de su almuerzo en su boca. – Bien, creo que ya con eso no comeré más.

- Mira, Midoriya, todos esos lugares a los que fuimos no nos servían de nada porque eran muy simples, de una sola nota. Si queremos llegar a ser héroes sin Quirk, ¡no sacaremos nada hasta que aprendamos diez millones de técnicas!

- "¿Y después de eso qué, vamos a ir a España a buscar a alguien con un nivel de poder de diez millones?" – pensó Midoriya.

- No me veas así. ¿Crees que podremos cerrarle la bocota a tipos como Bakugou si nos limitamos solo a hacer lo que cualquier persona puede hacer? – Haruhi obligó a Midoriya a girar la cabeza hacia la izquierda, que casualmente era la dirección donde estaba Bakugou en aquel momento. Bakugou quizás se estuviera metiendo menos con él desde que tuvo su pelea con Haruhi, pero su relación difícilmente se podría llamar cordial, así que no fue una sorpresa que el rubio le echara una mirada asesina a Midoriya hasta que este volvió a voltear.

- ¿Y qué es lo que estás buscando, entonces?

- ¡A alguien que nos pueda enseñar todo lo que el mundo tiene para ofrecer! ¡Alguien que tire las precauciones por la ventana y nos eche todos los libros locos hasta que seamos los mejores de los mejores entre los mejores! ¡Si no podemos encontrar un maestro que sea así, no tiene sentido darle a nadie el beneficio de la duda, Midoriya, ningún sentido en absoluto!

En aquel momento, se acabó la hora del almuerzo y sonó la campana para empezar la siguiente clase. Midoriya dio un suspiro de alivio, ya que eso significaba que tendría que esforzarse por continuar la conversación. Aunque tratar de pensar fuera de la caja para aprender a pelear no era una mala idea, sus estándares eran demasiado altos para hacer otra cosa que impedir el progreso. Él, mejor que nadie en el mundo, entendía cómo se sentía Haruhi, pero no llegarían a ninguna parte si tenían que seguir moviéndose acorde con sus caprichos repentinos.

Después de todo, solo porque Haruhi deseaba algo, no significaba que lo iba a obtener.


Una vez que terminó la escuela, Haruhi arrastró a Midoriya al parque para que pudieran hacer su entrenamiento de ese día. En cuanto concluyeron, Midoriya regresó a su apartamento y dejó que su cuerpo adolorido colapsara sobre su cama. Apenas le tomó cerca de media hora dejar de sentirse exhausto; un nuevo récord. Desde allí, Midoriya siguió con su rutina: (hacer la tarea, cenar, jugar con su hermana, lo de siempre) todo el rato pensando en lo que podría suceder si el deseo de Haruhi de un maestro erudito en las artes marciales. Haruhi podría ser solo una niña, pero tenía la ferocidad de un adulto ya crecido, así que no había forma de saber lo que pasaría si llegaba a sus límites. Tales pensamientos se quedaron con Midoriya incluso mientras se bañaba en la noche, y solamente fueron interrumpidos por algo igualmente confuso.

- ¡Hey, sal de aquí! – Específicamente, su hermanita que irrumpió sin avisar en el baño.

- ¡Pero Deku-kun, tu teléfono estaba sonando, lo contesté y es alguien que quiere hablar contigo, y es una chica! – dijo su hermanita, riendo como un payaso demente.

- ¡Todavía estoy en el baño! ¿Y quién te da derecho de responder a mi teléfono? – exclamó Midoriya, y ella simplemente se encogió de hombros.

- ¡Como sea, aquí tienes! – La hermanita de Midoriya le arrojó el teléfono. A pesar de que casi se le va de las manos, Midoriya se las arregló para atraparlo y evitar ser electrocutado. Naturalmente, su hermanita ya había salido corriendo antes de tener oportunidad de regañarla como era debido.

- Siempre haciendo lo que le da la gana; no me sorprende que a Kacchan le agrade tanto. ¿Y quién me llama tan tarde, de todas maneras? ¿Haruhi? ¿La tía Rika? – El identificador de llamadas decía "Número desconocido". Midoriya esperaba que su hermana pequeña no le hubiera interrumpido su baño solo para hablar con un vendedor telefónico. – ¿Hola?

- ¿Hola? – repitió la otra persona como un loro. En verdad era una chica, aunque si Midoriya tuviera que adivinar, sonaba más a que era una mujer joven.

- Um, ¿quién habla?

- Soy yo. Y-O. ¡Yo! – Eso difícilmente era una respuesta. – ¿Oh, estás en el baño ahora? Perdón por eso. ¿Quieres que te llame más tarde?

- N-No, está bien. ¿Puedo saber quién habla, por favor?

- ¿Y qué habría de divertido en eso? Estoy segura de que lo sabrás un día de estos, pero no tiene por qué ser hoy.

- ¿Qué? ¿Qué quiere decir con…? ¿Para qué me está llamando?

- Si soy honesta, solo quería escuchar la voz del chico con el sueño inspirador. Y eso es todo.

- ¿Qué? – Midoriya casi dejó caer el teléfono dentro del agua. Él solo tenía un único sueño, y no solo había muy pocas personas que creían que era inspirador, sino que lo que todas esas personas tenían en común era que Midoriya las conocía. No había causa, motivo, razón o circunstancia para que una mujer extraña comentara al respecto de ninguna forma.

- Probablemente nos conoceremos el futuro, así que de antemano gracias por seguirme el juego. ¡Espero que nos llevemos tan bien que podamos terminarnos los sándwiches del otro! ¡Adiosín!

- ¡Espere un momento! – La línea se cortó. Parecía que aparte de ser misteriosa y siniestra, la mujer que acababa de hablar con él además era increíblemente grosera. La cereza proverbial sobre el pastel proverbial, como si lo fuera.

- "¿Qué se supone que haga con esto? – se preguntó Midoriya. – "No tengo número registrado, así que no puedo rastrear a esta mujer. Si le digo a mi mamá, seguro empezará a preocuparse, y si le digo a Suzumiya-san… no quiero ni pensar lo que podría hacer. – Con eso en mente, Midoriya optó por guardarse esa conversación para sí mismo.

De verdad tenía la esperanza de que no volviera después para atormentarlo.


El resto de la semana continuó como normalmente lo haría. Haruhi siguió dándole lata a Midoriya sobre cómo tenían que encontrar un maestro de artes marciales, y Midoriya seguía simplemente asintiendo, pues había poco más que pudiera hacer. Lo único que lo hacía diferente era que todavía tenía grabada en su cabeza la misteriosa llamada telefónica. Seguía sin tener idea de quién sería esa persona, y ya que solo había dicho que se conocerían en el futuro, eso quería decir que podría aparecerse en cualquier momento. Una vez que le sobrevino ese pensamiento, Midoriya no pudo sacudirse de encima la sensación de que estaba siendo observado, de que había gente oculta entre las sombras observando cada uno de sus movimientos. Quería decir algo, pero sabía que no le podía decir a nadie sobre algo que podría haber sido una simple llamada de broma y que luego se volviera una espiral fuera de control, así que no le quedó más que apretar sus dientes y soportarlo.

Eventualmente, el fin de semana llegó, y con dos días libres de la escuela, Haruhi apareció en la puerta de Midoriya temprano en la mañana del sábado para arrastrarlo al parque para el entrenamiento.

- Estás escondiendo algo, ¿verdad? – dijo Haruhi mientras abordaban el tren.

- ¿Discúlpame? – preguntó Midoriya.

- Estos últimos días has estado actuando muy raro, y estoy cansada de eso. Más te vale que me digas lo que te pasa, o te pondré a trabajar tan duro hoy que tus huesos quedarán hechos polvo.

- ¿Y eso en qué se diferenciaría de cualquier otro día?

- ¡Ya, solo confiesa de una vez! – El tono de la voz dejó muy claro que Haruhi estaba lista para hacer esa declaración demasiado literal.

- Es solo que, bueno, um… Kacchan otra vez ha estado metiéndose conmigo, y eso me tiene un poco mal últimamente. Eso es todo.

- ¿Lo dices en serio? ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Si hubieras venido a mí desde el principio, con gusto le habría dado en toda la cara a ese patán!

- Más o menos por eso fue que no lo hice.

- Bueno, la próxima vez que te haga algo, ven directo conmigo. Diablos, ven a verme cuando tengas cualquier problema, y lo volaré hasta el olvido. Ya sabes que soy ese tipo de chica, ¿no?

- Sí, ya lo sé. – Midoriya tendría tiempo de sentirse mal por arrojar a Bakugou debajo del autobús más tarde. Por ahora, estaba demasiado ocupado sintiéndose mal por mentirle a una persona tan fuerte.


El entrenamiento resultó tan bien como de costumbre y duró lo mismo que siempre duraba. Al final de la carrera de diez kilómetros (divididos en pequeñas partes para que Midoriya no corriera riesgos de morirse) Midoriya y Haruhi se sentaron para comerse algo, aunque la mayor parte del tiempo lo que hicieron fue hablar sobre cómo necesitaban un maestro de artes marciales. No se quedó tan metida en eso como los otros días, sin embargo, probablemente porque su conversación en el tren dirigió su atención a querer darle una paliza a Bakugou. Midoriya no estaba muy de acuerdo con eso, pero sabía que era mejor no comentar al respecto.

Los dos no llevaban muchas golosinas, así que se las acabaron bastante rápido. Ya casi era hora de almuerzo, así que el plan era volver a casa de Haruhi para que su padre les hiciera algo para comer.

Dicho plan fue interrumpido por un kunai que fue lanzado a un árbol, fallando la cabeza de Midoriya por apenas unos pocos centímetros.

- ¿Qué? – fue todo lo que Midoriya logró decir mientras saltaba alejándose del árbol.

- ¡¿Qué demonios?! ¡¿Nos está atacando un ninja?! ¡Muéstrate! – gritó Haruhi, sujetando su botella de agua mineral de Mirko como una daga. Midoriya eligió no señalar que un ninja no se mostraría si intentaba asesinar a alguien, pero eso no les ayudaría de ninguna manera. Como fuera, no había señales de nadie atacándolos en el área inmediata, lo que quería decir que el agresor estaba oculto en alguna parte, o tenía un Quirk que le permitía atacar a distancia.

- ¡¿A quién le importa?! ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Si alguien está tratando de atacarnos, tenemos que salir de aquí lo más rápido posible! ¡No, espera, primero tenemos que alertar a las demás personas en el parque! ¡Ah, ¿pero qué pasará si eso esparce el pánico y hace que esta persona haga alguna locura?! ¡Si eso pasa entonces…!

- Hey mira esto, hay una nota atada a esta cosa. – Para cuando Midoriya se dio la vuelta, Haruhi había removido un pergamino de papel del extremo del kunai. – Izuku Midoriya y Haruhi Suzumiya, humildemente solicito que me busquen en el extremo más opuesto del parque desde su locación actual en diez minutos, para que nuestros destinos puedan cruzarse apropiadamente. Vengan solos si saben lo que es bueno para ustedes. Posdata: La última parte no es por amenazarlos, solo es para que piensen sobre lo que sería mejor para su desarrollo. Pero en serio, mejor que vengan solos.

- Oh Dios mío.

- Lo sé, ¿verdad¡ ¡Es una carta de desafío real! ¡Alguien nos busca por declaración de guerra!

- "¿De dónde sacaste esa idea? ¡¿Y por qué suenas feliz por eso?!" – pensó Midoriya.

- ¡Esto es increíble! ¡Pensar que alguien reconozca nuestros talentos en una etapa temprana de nuestras carreras! Bueno, no le hagamos esperar.

- ¡Suzumiya-san, no podemos ir a ver a esa persona! ¡Lo que deberíamos hacer es llamar a la policía!

- ¡No podemos hacer eso! Aunque la nota no dijera específicamente que fuéramos solos, tenemos que estar allá en diez minutos antes de que se vaya.

- ¡Yo no quiero ir a ver a una persona que por poco me abre un sexto agujero en la cabeza!

- Hey, si de verdad hubiera querido hacer eso, ya lo tendrías. – El que Haruhi señalara eso no sirvió de nada para hacerlo sentir mejor. – Además, no creo que esta persona quiera lastimarnos.

- Pues podría haberme engañado.

- Lo digo en serio, Midoriya. No puedo explicarlo, pero cuando leí esa nota, tuve el presentimiento de que quienquiera que la haya escrito no tiene malas intenciones con nosotros. Sé que suena extraño, pero eso fue lo que pasó por mi cabeza, y me aferraré a ello. – Las palabras de Haruhi junto con su rostro no demostraban menos convicción que en cualquier otra ocasión. Era difícil no encontrar todo eso intoxicante.

- ¿Pero y si te equivocas?

- Como dije antes, cuando tengas un problema, ¡lo mandaré a volar hasta el olvido! – La forma en como Haruhi sonreía hizo que Midoriya creyera que eso no era una hipérbole.


Con solo algunas reservas que no pudo quitarse de encima, Midoriya y Haruhi se dirigieron al extremo más opuesto del parque desde donde estaban; ninguno de los dos estaba completamente seguro de a qué se referían, así que simplemente se dirigieron al noreste de su locación y esperaron que todo funcionara. A pesar de que el parque era bastante grande de por sí, pese a que los dos acababan de terminar un entrenamiento muy pesado, llegaron hasta la parte donde la cerca rodeaba el extremo noroeste del parque en unos pocos minutos. Midoriya se alegró de ver que de verdad su entrenamiento estaba dando resultados, pero ahora difícilmente era momento de estar emocionado por algo como eso.

- Muy bien. Solo fueron ocho minutos desde que leíste la nota. ¿Dónde está esa persona? – preguntó Midoriya.

- No te preocupes, sé que vendrá. No es el tipo de persona que haría un gran alboroto con algo para después no cumplirlo. – dijo Haruhi.

- Sin duda tienes muchas opiniones sobre alguien que nunca has conocido.

- Se llama optimismo, Midoriya. – Él tenía sus dudas respecto a eso.

- ¡Sí, y les agradezco mucho por eso! – gritó una voz femenina que no pertenecía a ninguno de los dos. Esa debía ser la persona misteriosa que quería hablar con ellos, y aun así no había revelado su presencia.

- Antes de que sigamos, ¿cree que por lo menos se podría disculpar por casi perforarme los sesos hace un rato? – preguntó Midoriya.

- Hey, si realmente quisiera hacer eso, ya habría pasado. – le dijo. Y la mirada de "te lo dije" de Haruhi difícilmente estaría justificada.

- Como sea, ya deja de ocultarte como cobarde. Tú fuiste quien nos desafió a una pelea, ¡así que sal de una vez y déjanos que te la demos! – dijo Haruhi.

- ¿Una pelea? Oh, non, non, non. Aquí no vamos a agarrarnos a puños con nadie, mis pequeños. No si puedo evitarlo, de cualquier manera.

- ¿Y para qué nos llamó entonces? ¿Quién es usted de cualquier manera?

- ¿Quién soy? ¿Preguntas quién soy YO? ¡Soy el terror que aletea en la noche! ¡Soy el corsé que realza el busto de la justicia! – Una explosión de humo apareció en la copa de uno de los árboles. – ¡Yo soy La Kagemusha—whoa, whoa, whoa! – La mujer misteriosa apareció en medio del humo, rápidamente perdió el equilibrio y se cayó de narices en el suelo.

- ¿S-se encuentra bien? – preguntó Midoriya.

- Sí, solo que… auch. Justo encima de mis llaves. Pero sí, yo soy La Kagemusha. Encantada de conocerlos. – La mujer misteriosa, aparentemente llamada Kagemusha, se levantó del suelo, y Midoriya finalmente pudo darle una buena mirada. Era una mujer bastante alta que parecía estar entre finales de sus veinte y principios de sus treinta, con la cabeza llena de pelo castaño rizado adornado con un sujetador con carita sonriente, y un casco adornado de pelaje blanco del tipo que llevaría Takeda Shingen. Su cuerpo estaba esculpido como el de una supermodelo (pechos grandes, cintura estrecha, abdomen tonificado, muslos gruesos y sanos, todo eso) y estaba cubierta con sarashi, con unas chaparreras con los colores de la bandera de los Estados Unidos, y una chaqueta que usaban los animadores en las escuelas sobre los hombros como una capa. Tal vez hubiese más, pero Midoriya no tuvo el valor de mirarla por más de unos pocos segundos.

- Pues vaya, alguien aquí no es nada tímida, ¿eh? – preguntó Haruhi.

- Y-y bien, Kagemusha…

- No, soy LA Kagemusha.

- Eso fue lo que dije. Kagemusha. – dijo Midoriya.

- No, no, mi nombre es LA Kagemusha. Es como "A Tribe Called Quest", tienes que decirlo completo.

- ¿Y no podemos decirte solo "Kagemusha" para abreviar? – Kagemusha hinchó las mejillas y empezó a dar pisotones como niña pequeña.

- ¡No, idiota! ¡Les digo que mi nombre es LA Kagemusha! ¡LA! ¡Kage! ¡Musha!

- La Kagemusha. – En cuanto Haruhi dijo eso, La Kagemusha se calmó y miró a Haruhi con ojitos inocentes. – Si no estás aquí para pelear con nosotros, ¿para qué nos querías? ¿Y cómo es que nos conoces, de cualquier manera?

- Permítanme explicarles, niños. Para comenzar, soy una de las personas en este mundo que ha hecho el esfuerzo necesario para convertirse en un héroe.

- ¿L-lo eres? – preguntó Midoriya.

- Es comprensible si no han escuchado de mí. Tiendo a hacer mi trabajo manteniendo un bajo perfil, así que realmente casi nunca estoy bajo los reflectores.

- Creo que eso explica por qué hasta un fanboy de los héroes como Midoriya no te reconoció a primera vista. – dijo Haruhi. Esa era una buena excusa, si bien tal vez un poco conveniente. Aun así, Midoriya rápidamente descubrió que, para su gran sorpresa, sí sentía algo de familiaridad con La Kagemusha. Tal vez la vio una vez en televisión o leyó un reportaje sobre ella surfeando por la web en algún momento; no podía recordarlo con exactitud. Al menos, su voz sonaba extrañamente familiar.

- Así que ahí estaba, haciendo mi patrulla matutina por este vecindario, cuando me encuentro con dos pequeños niños (que serían ustedes) haciendo más ejercicio del que se esperaría de alguien de su edad. Tuve curiosidad, y decidí observarlos mientras lo hacían, y fue así como supe que ustedes dos eran un par de niños sin Quirk, ¡que intentaban ser héroes! Al principio pensé que era algo estúpido…

- "Por supuesto." – pensó Midoriya.

- … pero luego de pasar unos días observándolos, ¡no pude evitar sentirme conmovida por lo comprometidos que estaban con su meta! ¡Había algo realmente romántico con todo eso que hizo que mi corazón empezara a volar!

- Vaya, muchas gracias. ¡Eso es exactamente lo que queríamos hacer! – dijo Haruhi. Midoriya se preguntaba dónde estuvo cuando Haruhi decidió ese aspecto de su entrenamiento.

- Sin embargo, luego de tantas semanas de observarlos mientras lo hacían, supe que no podía seguir limitándome a ser una observadora. No, necesitaba involucrarme directamente con su proceso, ¡tenía que hacerlo! – La Kagemusha señaló hacia el cielo y posó dramáticamente. – ¡He decidido que me voy a convertir en su maestra de artes marciales!

- ¡Wow, eso es genial!

- ¡No, no lo es! ¡Necesitamos algo directo primero! – dijo Midoriya.

- Tienes razón. ¿Qué es lo que planeas enseñarnos, La Kagemusha? Si solo tienes un arte marcial bajo tu cinturón, ¡ya puedes irte olvidando!

- "¡Eso no fue lo que quise decir!" – pensó Midoriya.

- Por favor, ya es muy aburrido ser tan monótono. No, yo soy el tipo de mujer que tira las precauciones por la ventana y les echará encima todos los libros locos, ¡hasta que sean los mejores de los mejores entre los mejores! Les voy a enseñar todo lo que hay que saber bajo el sol, empezando con cosas como lucha libre, aikido, y mientras estoy en ello, tal vez hasta un poquito de Bartitsu. ¡Todo eso y mucho más estará disponible para ustedes en el segundo que comencemos a trabajar juntos! – Los ojos de Haruhi se veían como si tuvieran literalmente estrellas en ellos. Por su parte, Midoriya no podía creer que estuviera conociendo a alguien que estaba en total sintonía con Haruhi, especialmente tratándose de una mujer ya adulta.

- U-Um, Señorita… La Kagemusha. No es que no sea una oferta tentadora, pero no creo que podamos aceptar este trato así como así.

- Oh, ya lo entiendo. ¡Dudan de mis habilidades y quieren ver realmente lo fuerte que soy!

- Eso no es lo que…

- ¡Bien pensado, Midoriya! ¡No es suficiente con decir que es una erudita con las artes marciales; tiene que demostrárnoslo! – dijo Haruhi.

- Eso no fue lo que…

- ¡Entonces vengan por mí! Si cualquiera de los dos es capaz de acertarme un solo golpe, entonces no podré enseñarles nada y me aseguraré de dejarlos solos. – dijo La Kagemusha.

- Eso no es por lo que… – Antes que Midoriya pudiera terminar, Haruhi ya estaba cargando contra La Kagemusha, gritando a todo pulmón como un guerrero vikingo lanzándose a la batalla. Intentó golpear a La Kagemusha con su botella de agua de Mirko, pero La Kagemusha dobló su cuerpo a un ángulo imposible para esquivarla, atrapó con sus piernas a Haruhi, y la lanzó contra Midoriya, haciendo que los dos colapsaran llenos de raspones y chichones.

- Tu turno, Midoriya. – dijo La Kagemusha.

- Por razones obvias, elijo no hacerlo. – dijo Midoriya.

- ¡¿Qué diablos, Midoriya?! ¡Tienes que vengarme! – dijo Haruhi quitándosele de encima.

- Véngate a ti misma.

- ¡No!

- ¡Jajajajaja! Ahora están más que convencidos de mi asombrosa fuerza, ¿verdad? ¿Verdad? – preguntó La Kagemusha. – Estoy seguro de que lo están, pero por mucho que quisiera que se comprometan a venir conmigo, me queda una última demostración de fuerza que quiero hacerles antes de que firmen en la línea punteada. Pero no podemos hacerla aquí, así que acompáñenme, ¿de acuerdo?

- ¡De acuerdo! – Llegados a ese punto, Midoriya había decidido darse por vencido en protestar y se permitió caer en el mismo flujo que Haruhi y La Kagemusha, a dondequiera que lo fuese a llevar.


La Kagemusha guio a Midoriya y Haruhi fuera del parque y de regreso hasta la estación de Koyoen, abordando los tres el primer tren que llegó. Todo el camino hasta la estación y durante la travesía en el tren, nadie a quien le pasaron cerca siquiera le echó una mirada a La Kagemusha; el hecho de que una mujer mayor podía caminar con un atuendo tan provocativo y sin atraer atención a sí misma tenía que ser la prueba de que era una heroína.

Los tres pasaron en el tren cinco paradas completas. Midoriya no reconoció la ciudad en donde estaban, pero Haruhi dijo que recordaba haber leído que se trataba de un vecindario rico que estaba bajo una rama del Yamaguchi-gumi. El corazón de Midoriya podría haber pasado de saber ese segundo dato de información.

La Kagemusha pasó unos treinta minutos dirigiéndolos fuera de la parte principal de la ciudad y hasta el pie de las montañas. Había una señal de madera que tenía grabada la imagen de una grulla que pescaba un dragón desde los cielos; la montaña claramente pertenecía a alguien, pero en caso de que no fuera lo bastante claro, había un letrero que directamente denotaba que era propiedad privada. Naturalmente, Haruhi y La Kagemusha ignoraron eso y se metieron a los terrenos de una familia que no se había molestado en poner una cerca alrededor de su propiedad y probablemente le importaban muy poco los invasores. Midoriya de verdad quería señalar todo lo malo que estaba con eso, pero Haruhi ya lo había agarrado por la mano y lo había convertido en cómplice de su crimen.

- Muy bien, esto luce excelente. – dijo La Kagemusha después de pasar veinte minutos caminando por un sendero aparentemente poco definido.

- ¿Excelente para qué? ¿Qué estamos haciendo aquí? – preguntó Midoriya.

- Ustedes dos no harán nada. Yo, por otra parte, les voy a mostrar la cúspide de mi poder, poder que, con algo de suerte, estarán listos para obtener para cuando estén listos para ir a la U.A. – La Kagemusha observó el área por un rato antes de salir corriendo cerca de una enorme roca que estaba a unos metros de ellos. – Y antes de que se les ocurra, no tengo un Quirk que incrementa mi fuerza de ninguna manera.

La Kagemusha adoptó una postura que parecía guardia de boxeador, pero mantuvo un brazo pegado al pecho y el otro estirado enfrente de ella. Tomó un profundo respiro y le asestó un puñetazo a la roca que fue demasiado rápido para que Midoriya pudiera seguirle el paso completamente. El resultado final (la roca hecha añicos después de un solo golpe) fue completamente visible, sin embargo.

En un instante, Midoriya se encontró demasiado asombrado con La Kagemusha para sentirse tan suspicaz como debería haberlo estado.

- ¡Eso fue increíble! ¡Absolutamente, positivamente increíble! – dijo Haruhi.

- ¿Asumo que eso significa que pasé la entrevista?

- ¡Con honores, La Kagemusha!

- ¿E-estás diciendo que nosotros podremos hacer ESO algún día? – preguntó Midoriya.

- Definitivamente. – dijo La Kagemusha. – Sir Roland de Matter of France empuñaba la espada Durandal, una hoja indestructible capaz de destruir rocas gigantes con un solo golpe. Cuando haya terminado con ustedes, se convertirán en un par de Durandals irrompibles. ¿Qué tal les suena eso? Genial, ¿verdad? – Haruhi ya estaba asintiendo con la cabeza, y si Midoriya quería ser honesto, también quería hacer eso.

- ¿Podrías al menos decirnos tu nombre? ¿Tu verdadero nombre? Si vamos a trabajar juntos, por lo menos creo que merecemos saber eso sobre ti.

- Me atrevo a discrepar, pero ustedes mandan. Todavía prefiero que me llamen La Kagemusha, pero mi verdadero nombre es Yasumi Watahashi. Si deciden usarlo, no olviden que se pronuncia como se escribe en katakana.

- ¡Entendido! – dijo Haruhi. Midoriya no se sorprendió de que fue Haruhi la que le dio sentido a eso, y prefirió no comentar al respecto.


Si soy perfectamente honesto, nunca creí que encontraríamos a alguien que nos enseñara artes marciales. Con los estándares locos de Haruhi, debería haber sido imposible encontrar a alguien remotamente compatible con ella. Aparentemente es imposible que yo tenga razón con algo, ya que completamente de la nada, Yasumi Watahashi, quiero decir Kagemusha, quiero decir La Kagemusha nos cayó del cielo y marcó cada una de las casillas en la loca lista de Haruhi. Claro, yo quedé muerto de cansancio al punto que después no pude quejarme, pero sigue siendo una locura que realmente haya pasado algo como eso.

Es en momentos como esto que me sirven como buena citación a la idea de que el mundo giraba alrededor de Haruhi.

Esta historia continuará…


Notas del traductor:

Me pregunto, ¿valdrá la pena seguir traduciendo esta historia? Casi nadie la está comentando, digo. Así uno no se motiva, ¿o es que por ser un crossover con Haruhi casi nadie le estará parando?

Bueno, a mí personalmente me gustó este capítulo. Por fin Izuku y Haruhi encuentran alguien para que los entrene en artes marciales. Antes había escuchado el dicho de que "cuando el alumno está preparado, el maestro aparece", pero aquí se lo tomaron muy literal. Y vaya, ¿resultó ser ELLA de todas las personas? Quienes hayan leído las novelas de Haruhi sabrán lo que significa su nombre, y por qué apareció cuando más la necesitaban. Hablando de referencias, ¿captaron esas dos que hizo La Kagemusha al presentarse, y luego cuando aceptó entrenar a nuestros héroes?

Bueno, creo que ya no me queda nada que decir. Sin comentarios pues no hay agradecimientos para reviews en el capítulo anterior (no sean malos digan algo, sino para qué me mato traduciendo esto), así que, ¡superen los límites, PLUS ULTRA!